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viernes, 19 de septiembre de 2025

El Parque Iguazú albergó a una civilización perdida que habitó en la selva hace 7.000 años: arqueólogos dan a conocer los primeros detalles.

Es uno de los míticos Patrimonios de la Humanidad pero, lejos de contentarse con ese honorable título, continúa revelándonos secretos milenarios de la especie humana. Un equipo de arqueología del CONICET y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) vienen siguiendo los rastros de una civilización perdida que data de épocas precedentes al arribo de Cristóbal Colón en América.

(Foto: argentina.gob.ar).

¿Y si las cosas no son como las creíamos? Esa es la duda que siembra y esclarece, poco a poco, la investigación que lidera el arqueólogo y antropólogo Eduardo Apolinare en conjunto con los especialistas de la UNLP Luciano Pérez Pesce, Laura Bastourre y Carola Castiñeira.

Cómo era la civilización del Parque Iguazú, hasta ahora desconocida

En realidad, el objetivo inicial del trabajo era otro: investigar los sedimentos del área, sin saber que allí mismo hallarían algo más grande. En 2019 rastrearon los primeros signos de ocupación humana de un pueblo que vivió, estiman, entre 7.000 y 2.000 años atrás. Es decir, se trata de una población prehispánica bastante densa y, a juzgar por los elementos que fueron hallando, bastante desarrollada, que era la base de las suposiciones que se manejaban hasta ahora.

En 2023 el equipo publicó un primer avance formal de Arqueología en las Cataratas, que amplía la información existente, proveniente mayormente de la arqueología brasilera, pero que ha dejado vacíos que recién empiezan a llenarse con narraciones más fieles de pueblos que habitaron tierras misioneras y la región del Litoral en general.

El antropólogo y arqueólogo Eduardo Apolinaire lidera las investigaciones arqueológicas prehispánicas en el nordeste de Misiones (Foto: argentina.gob.ar).

"Cuanto más atrás nos vamos en el tiempo, son más exiguos los restos que vamos encontrando", recalcó Apolinare, líder del equipo.

Según el especialista, la investigación en nuevos contextos arqueológicos ubicados en zonas poco exploradas se propone contar cómo avanzó la historia de estas poblaciones, cómo se adaptaron al ambiente, cómo se relacionaron con otras comunidades y echar luz sobre, por ejemplo, la tecnología cerámica y lítica, el uso del espacio y las prácticas de alimentación.

Así, empezaron el proceso de indagación con preguntas acerca de cómo se comportaban y, específicamente, cómo configuraban sus herramientas. Estos aportes ayudarían a entender si hubo continuidad entre estos aprendizajes, y también qué lazos tienen los pueblos actuales con los antiguos.

Imagen del informe "Arqueología de las Cataratas" que recoge muestras de alfarería (Foto: UNLP / CONICET).

Es algo así como reconstruir un rompecabezas con las piezas que faltan. Evidentemente, muchos objetos no podrán ser recuperados porque lo que fue hecho con madera, hueso y otros materiales perecibles no pudieron ser conservados hasta hoy. Pero otros sí: ya se recolectaron infinidad de puntas de flechas, cepillos, raspadores, cuchillos y hachas que datan de entre 2.000 y 4.000 años de antigüedad.

Los restos de carbón vegetal y las herramientas descubiertas dan indicios de que estas comunidades ya habían conocido las propiedades del fuego, y lo usaban a diario para forjar sus herramientas de caza, pero también para fabricar artesanías.

Además de lo recolectado, los hallazgos dan a interpretar que estas civilizaciones milenarias recurrían a los ríos de la selva misionera como rutas de movilidad y conexión con otros grupos, lo que también contribuye al trazado del mapa de ocupación humana.

(Fuente: UNLP / CONICET / argentina.gob.ar / redacción propia)

martes, 26 de noviembre de 2024

La necrópolis de Varna: el mayor tesoro de la antigüedad y el misterio de una civilización

En la actual Bulgaria se halló hace unas décadas una necrópolis que no sólo nos dio mucha información sobre una de las culturas más ricas de la época, sino también sobre un marcado capitalismo.

(Foto: Viajeaeden).

Hace más de 7.000 años, alguien colocó por accidente plomo o cinabrio cerca del fuego y descubrió que podía fundirse. Aunque ocurrió mucho antes de la invención de la escritura y quedó fuera del registro histórico, este hallazgo casual reveló que algunas "rocas" podían derretirse. Milenios después, en plena Edad del Cobre, la humanidad ya había perfeccionado la fundición de metales.

Entre los grandes maestros de este arte destacaban los antiguos habitantes de la actual Varna, en Bulgaria. Su legado quedó inmortalizado en una necrópolis descubierta en 1970, un auténtico "cementerio dorado" que contiene el tesoro de oro y joyas más antiguo conocido en el mundo.

Ubicada en la costa del Mar Negro, la de Varna es una región con una historia milenaria. Tanto que es uno de los epicentros culturales y, sobre todo, comerciales del sudeste europeo. La fertilidad de los suelos y su ubicación propiciaron que, durante milenios, los humanos se asentaran allí, convirtiendo la región en un puente entre el Mediterráneo y el norte de Europa.

Así, se convirtió en un polo cultural gracias a unas fuertes redes comerciales que propiciaron el intercambio de bienes y contacto entre pueblos. Y algo no menos importante fue la parte tecnológica, esa que los orfebres perfeccionaron durante milenios para producir armaduras, armas y joyas, dando forma a metales como la plata o el oro. Éste último no era un metal fácil de trabajar al tener unas propiedades muy diferentes a la de la plata o el bronce, mucho más maleables, pero esa experiencia de los artesanos elevó a Varna por encima de otras ciudades.

En 1972, Raycho Marinov, de 22 años, era un operador de excavadoras que estaba realizando un trabajo en las afueras de Varna cuando, de pronto y durante un día rutinario, la excavadora desenterró un conjunto de objetos nada comunes. Eran algunas piezas de artesanía en cerámica y herramientas, pero Marinov lo consideró lo suficientemente importante como para informar a las autoridades.

Así, el arqueólogo Mihail Lazarov emprendió la primera excavación y, como suele decirse, fue buscando plata y encontró oro. Resulta que lo que parecía un descubrimiento menor era, en realidad, una enorme necrópolis de la Edad del Cobre. Tenía más de 4.000 años de antigüedad y se descubrieron unas 300 tumbas. Esto era interesante, pero mucho más el tesoro que estaba enterrado.

(Foto: Mark Ahsmann).

Ese dominio del oro por parte de la sociedad de la Varna prehistórica provocó que los orfebres confeccionaran todo tipo de objetos en este material. Y lo hicieron a conciencia: en la necrópolis se hallaron cientos de objetos fabricados en oro. Sumaron más de seis kilos y también había herramientas de cobre, cuchillas de obsidiana, todo tipo de joyas, amuletos y mucha cerámica.

La más importante, al menos la más emblemática, es la que fue identificada por los arqueólogos como Tumba 43. Aparte de los restos óseos, hallaron un cetro, además de joyas y otros elementos ornamentales. De hecho, esta tumba contenía más oro del que se había encontrado en todo el resto del mundo para esa época. ¿Sería un rey o un príncipe? Eso se pensaba, pero ahora la tendencia es creer que era un herrero.

(Foto: Gabrielle Burchielli).

También había tumbas sin restos óseos, pero con piezas de oro o cualquier otro objeto, y esto habla de los complejos rituales que aquella sociedad seguía cuando tocaba dar sepultura a sus difuntos. Estos artefactos demuestran que la sociedad no sólo tenía habilidades avanzadas en metalurgia y orfebrería, sino que contaban con un sistema de creencias muy arraigado que los llevaba a depositar esos objetos en los lugares de descanso eterno.

Y había diferencias entre hombres y mujeres. Ellos eran colocados boca arriba, mientras que ellas se enterraban en posición fetal. También encontraron una evidente diferencia en las clases sociales, demostrada por la cantidad de enseres con las que era enterrado cada uno.

(Foto: Zde).

Más allá de los propios rituales funerarios, lo que la necrópolis de Varna evidenció fue que existía una fuerte estratificación social. De hecho, como cuentan algunos de los responsables del hallazgo en un artículo, los arqueólogos bromearon de la ironía. En el momento del descubrimiento, Bulgaria era un país comunista y estaban ansiosos por promocionar el país.

Sin embargo, la ironía para los arqueólogos era que ese cementerio fue el primer clavo en el ataúd de esa ideología comunista. "Demostró que, incluso hace miles de años, la sociedad estaba muy segmentada, con gente muy rica, una clase media y, en su mayoría, personas que no tenían nada más que una olla o un cuchillo que pudieran llamar suyo. Era lo opuesto a la ideología oficial", afirmó Alexander Minchev, arqueólogo de 25 años que participó en el descubrimiento de 1972.

Sin embargo, como sucedió a cada gran civilización antigua, llegó el ocaso. Los enterramientos en el sitio se produjeron en unos pocos siglos: entre 6.600 y 6.200 años atrás, pero junto a otras culturas que florecieron durante la Edad del Cobre a lo largo del Danubio, las prácticas terminaron abruptamente hace unos 4.000 años.

Se cree que una combinación de factores, como un cambio climático, convirtió las grandes áreas de tierra fértil en pantanos. Pudieron darse otros hechos que provocaran que este pueblo cambiara su forma de enterrar a sus muertos, pero los investigadores tienen claro de que la de Varna era una cultura muy avanzada a su época que, con ese desarrollo del comercio y la orfebrería, sentó las bases de las civilizaciones actuales.

(Fuente: Xataka)

viernes, 27 de septiembre de 2024

Un equipo de arqueólogos encuentra una "cápsula del tiempo" de 200 años que se dirige a ellos

Una excavación de emergencia en lo que fue el Campamento de César en Bracquemont durante la época de la Galia en Francia ha dado con un mensaje enterrado en 1825 por un arqueólogo que ya exploró la zona. 


El frasco en el que se ha encontrado el mensaje (Foto: Guillaume Blondel).

Rl servicio arqueológico de la ciudad de Eu (Francia) está llevando a cabo actualmente una operación de búsqueda en lo que se conoce como el Campamento de César en Bracquemont. Está situado al borde de un acantilado y bordeado por una enorme pendiente, ya que se trata de un recinto fortificado de la época de la Galia. Sin embargo, se han topado con un elemento que no esperaban y que no pertenece a la época de las construcciones que allí había.

Esta investigación arqueológica se esta llevando a cabo bajo la dirección de Guillaume Blondel, que esta realizando todo el trabajo junto a un de un pequeño equipo de voluntarios del municipio francés. No obstante, esta siendo financiada y realizándose en colaboración con el Servicio Regional de Arqueología, como parte de un proyecto que esta haciendo pesquisas y excavaciones en las zonas arqueológicas que están en peligro por el declive de la costa.

La excavación de emergencia fue ordenada debido a la erosión del acantilado en el lugar justo al norte de Dieppe. Ya ha desaparecido una parte sustancial del "oppidum" (o aldea fortificada). Blondel explica que aún queda mucho por averiguar: "Sabíamos que era un pueblo galo. Lo que no sabemos es lo que pasó dentro del pueblo. ¿Era un lugar de importancia?", dice. En la semana transcurrida desde que comenzó la excavación, se han descubierto varios artefactos que datan del período galo, en su mayoría piezas de cerámica de hace unos 2.000 años, salvo por una peculiaridad.

Una cápsula del tiempo guardada dos siglos

Las excavaciones dieron, entre otras cosas, con un testimonio "conmovedor y muy especial", conforme cuenta el Ayuntamiento del municipio en una nota. A mediados de septiembre, se descubrió un mensaje en una pequeña botella de sal del siglo XIX acompañado de dos monedas, todo ello contenido en un tarro de cerámica. Ubicada en un sector previamente investigado, se trata de una "cápsula del tiempo" enterrada hace casi 200 años.

"Era el tipo de frasco que las mujeres solían usar alrededor de sus cuellos y que contenía sales aromáticas", ha explicado el líder del equipo, Guillaume Blondel, que dirige el servicio arqueológico de la ciudad de Eu, conforme ha recogido la prensa francesa. Dentro de la botella había un mensaje en papel, enrollado y atado con una cuerda. Blondel abrió el documento, que decía lo siguiente: "P. J. Féret, natural de Dieppe, miembro de varias sociedades intelectuales, realizó excavaciones aquí en enero de 1825. Continúa sus investigaciones en esta vasta área conocida como el Cité de Limes o Campamento de César".


El mensaje descubierto por el servicio arqueológico de la ciudad de Eu, Francia (Foto: Guillaume Blondel).

Para Blondel, el hallazgo constituye una rareza: "A veces se ven estas cápsulas del tiempo que dejan los carpinteros cuando construyen casas. Pero es muy raro en arqueología. La mayoría de los arqueólogos prefieren pensar que no habrá nadie que los persiga porque ya han hecho todo el trabajo. Fue un momento absolutamente mágico", ha expresado Blondel. "Sabíamos que había habido excavaciones aquí en el pasado, pero encontrar este mensaje de hace 200 años, fue una sorpresa total", añadió.

La prensa francesa indica que Féret era un notable local, y los registros municipales confirman que realizó una primera excavación en el sitio hace 200 años.

(Fuente: Infobae)

miércoles, 21 de agosto de 2024

México recuperó 279 piezas de su patrimonio arqueológico en distintas partes del mundo

Entre los bienes se incluyen restos óseos, piezas elaboradas en jade y cerámica de distintas filiaciones culturales y temporalidades.


México repatrió 279 piezas arqueológicas recuperadas por sus embajadas en Alemania, Argentina, Canadá, España y Reino Unido, así como por sus consulados en las ciudades estadounidenses de Boston, Las Vegas, Miami, Nogales, Oxnard, Seattle y Tucson, informó el Gobierno mexicano.

En un comunicado conjunto, las Secretarías de Relaciones Exteriores (SRE, Cancillería) y de Cultura, indicaron que entre los bienes se incluyen restos óseos, piezas elaboradas en jade y cerámica de distintas culturas y épocas.

Se apuntó que la SRE, a través de su Consultoría Jurídica, entregó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) la citada cifra de bienes culturales y se señaló que, de conformidad con los dictámenes elaborados por los especialistas del INAH, se determinó que las piezas pertenecen al patrimonio cultural de la nación mexicana, protegidas por la Ley Federal del país azteca sobre monumentos y zonas arqueológicas, artísticas e históricas.

Dentro de los lotes de piezas restituidas destacan los restos óseos de un infante, los cuales datan de entre los años 800 y 500 a.C. (Montreal), un mortero trípode cuya temporalidad oscila entre los años 2.500 a.C., y 1.521 d.C. (Alemania) y una máscara tallada en jade elaborada en el periodo Clásico mesoamericano (Los Ángeles).

Además de una olla de barro creada en el área cultural del Occidente de Mesoamérica entre los años 200 y 800 d.C. (Las Vegas), un cuchillo bifacial procedente del Altiplano Central mexicano (Tucson) y 19 piezas arqueológicas elaboradas en diversos periodos y zonas del actual territorio nacional, que datan del lapso comprendido entre los años 1.200 y 1.521 d.C. (Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte).


Las dependencias indicaron que la restitución de los objetos culturales es resultado del trabajo conjunto de las autoridades mexicanas y de sus oficinas de representación en el extranjero.

"Todas estas entidades han logrado restituir patrimonio que se encontraba en posesión de particulares, ya sea a través de la actuación de autoridades locales, de incautaciones, detención de subastas, o bien, mediante negociaciones con instituciones académicas y museos que, tras el acercamiento del gobierno de México, han convenido en repatriar objetos que formaban parte de sus colecciones", declararon en un comunicado.

México ha implementado una serie de acciones y estrategias jurídicas a fin de propiciar la restitución del patrimonio cultural mexicano que se localiza ilícitamente en el extranjero, gracias al esfuerzo conjunto de las secretarías de Relaciones Exteriores y de Cultura.

En 2023 se creó la Comisión Intersecretarial Permanente contra el Tráfico Ilícito de Bienes que forman parte del patrimonio cultural para combatir la venta de material arqueológico mexicano y facilitar el diálogo con museos e instituciones privadas con la finalidad de lograr su restitución al país.

A nivel global, las embajadas y consulados de México han recuperado unas 14.000 piezas culturales durante la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, que comenzó el 1° de diciembre de 2018 y finalizará el 30 de septiembre.

El Gobierno mexicano ha combatido subastas en ciudades como Nueva York, París y Roma, en las que aparecen objetos robados o que pertenecen al patrimonio de México. Además, se intensificaron las demandas ante gobiernos extranjeros para recuperar piezas arqueológicas y artísticas.

(Fuente: Noticias Argentinas)

martes, 30 de abril de 2024

Cómo se descubrieron en China a los "guerreros de terracota", uno de los mayores hallazgos arqueológicos de la historia

Cuando el arqueólogo Zhao Kangmin contestó el teléfono un día de abril de 1974, todo lo que le dijeron es que un grupo de agricultores había encontrado algunas reliquias cuando excavaban un pozo.

 
Los 8.000 guerreros de terracota forman parte del mausoleo del emperador Qin Shi Huang.

Desesperados por encontrar agua en medio de una sequía, los campesinos habían excavado un metro cuando se toparon con tierra roja y dura. Debajo, habían encontrado cabezas de cerámica de tamaño real y varias puntas de flecha de bronce.

"Podría ser un importante hallazgo", dijo el jefe de Zhao, "así que debería ir y verlo tan pronto como fuera posible".

Zhao, un agricultor local convertido en curador de museo en la provincia central china de Shaanxi -que murió en 2018 a los 81 años- tenía una corazonada sobre qué podría ser.

La era Qin

Zhao sabía que en el pasado se habían enterrado figuras en el área cercana a la ciudad de Xian, no lejos de la tumba del primer emperador de China, Qin Shi Huang.

Una década antes, él mismo había descubierto a tres ballesteros arrodillados. Pero nunca había tenido la certeza de que databan de la época del emperador, quien unificó la nación de China por primera vez bajo la corta dinastía Qin (221-206 a.C). Pero lo que este experto estaba a punto de encontrar sobrepasaba cualquier cosa que hubiera imaginado.


Aunque nunca alcanzó fama o fortuna, Zhao parecía satisfecho con el reconocimiento que recibió.

Los campesinos habían tropezado con uno de los mayores hallazgos arqueológicos del siglo XX: un ejército de unos 8.000 soldados de terracota, diseñado a escala industrial 2.200 años antes para defender al emperador en el más allá.

Era un ejército fantasma completo, con caballos y carros, escondido bajo tierra y nunca visto por los vivos. Zhao se dirigió al lugar del hallazgo con un colega. "Estábamos tan emocionados que íbamos en las bicicletas tan rápido que parecía que volábamos", escribiría después, en un ensayo en 2014.

En una ocasión le contó al historiador británico John Man que al llegar vio "siete u ocho piezas, pedazos de piernas, brazos y dos cabezas, cerca del pozo". Dijo que inmediatamente se dio cuenta de que probablemente eran los restos de las estatuas de la era Qin.

Les dijeron a los campesinos que detuvieran sus trabajos. Ellos se habían encontrado con las piezas semanas antes y, de hecho, ya habían vendido algunas de las puntas de flecha de bronce para chatarra.

Los guerreros fueron hallados en 1974 cerca de Xian.

Se trata de uno de los mayores hallazgos arqueológicos del siglo XX.

Las reliquias fueron recogidas y llevadas al museo en camiones. Zhao comenzó a armar laboriosamente los fragmentos. Algunos, dijo más tarde, tenían el tamaño de una uña. Después de tres días de trabajo, dos imponentes guerreros de terracota estaban frente a él, cada uno de 1,78 metros de altura.

El temor

Aunque Zhao estaba animado por este increíble descubrimiento, también estaba nervioso. En 1974, China estaba en las etapas finales de la Revolución Cultural del presidente Mao, bajo la cual los temidos guardias rojos buscaban destruir viejas tradiciones y formas de pensar para "purificar" a la sociedad.

Zhao, como contó Man en su libro "The Terracotta Army" (El ejército de terracota), había sido sometido a una sesión de "autocrítica" a fines de la década de 1960, como una persona "involucrada con cosas viejas".

Así que ahora, aunque los peores excesos de ese período habían terminado, a Zhao le preocupaba qué podría pasar con las estatuas. Y decidió "mantenerlo en secreto", restaurar las piezas, y luego esperar la oportunidad de reportarlo.


Los guerreros y caballos fueron hábilmente esculpidos en el siglo III a. C. bajo el reinado de Qin Shi Huang, el primer emperador de una China unida.

Pero sus planes se vieron alterados por un joven periodista de la agencia estatal Xinhua, quien de visita en la zona se encontró con las estatuas. "Él preguntó: 'Esto parece un gran descubrimiento. ¿Por qué no lo estás reportando?".

Ignorando sus súplicas, el periodista publicó el descubrimiento, y la información llegó hasta el liderazgo del partido Comunista. Sin embargo, los temores de Zhao de que las reliquias pudieran ser destrozadas por razones políticas, resultaron infundados. Las autoridades en Pekín decidieron excavar el lugar y en los siguientes meses fueron descubiertos más de 500 guerreros.

Un enorme mausoleo

A medida que continuaba el trabajo, la extraordinaria escala de lo que el primer emperador -un hombre despiadado que derrotó a seis estados para unir a China bajo un sistema imperial que continuó hasta 1912- fue quedando claro. Había ordenado crear un proyecto subterráneo, que en total cubre 56 km cuadrados, poco después de ascender al trono a la edad de 13 años.

Los miles de guerreros fueron colocados en formación de batalla, listos para defender a su emperador de lo que pudiera esperarle en el más allá. Fue un trabajo detallado, con decenas de diferentes tipos de cabezas, y había 100 carros y decenas de miles de armas de bronce.

El descubrimiento de legiones de guerreros de terracota de tamaño natural entusiasmó a China y el mundo.

La tumba del emperador Qin Shi Huang continúa sellada. Podría haber miles de artefactos preciosos dentro. Pero el riesgo de abrirla y causar un daño irreparable a lo que haya dentro ha frenado al gobierno chino hasta el momento.

El reconocimiento internacional, pero no para Zhao

En 1975, un año después de que comenzara la excavación, se decidió abrir un museo en el lugar. Y mientras continuaban las excavaciones, durante los años siguientes, se corría la voz sobre la magnitud del hallazgo.

Dirigentes extranjeros y algunos turistas empezaron a visitar el lugar. Pero hubo que esperar algunos años para que el sitio recibiera el reconocimiento global. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987.

El expresidente de Estados Unidos Bill Clinton visitó la excavación en junio de 1998.

El Primer Ministro de India, Narendra Modi, comenzó en mayo de 2015 una gira por China en la ciudad de Xian, donde se encuentran las esculturas.

Hoy en día, los Guerreros de Terracota son ampliamente reconocidos como un tesoro nacional de China. Pero existe la sensación de que el rol personal de Zhao en el descubrimiento nunca fue completamente reconocido. Él no es para nada conocido en China.

En su lugar, uno de los campesinos, Yang Zhifa, quien se dice que desenterró la primera pieza, es presentado a los turistas visitantes como la persona que descubrió a los guerreros.

Durante años, se sentó en el Museo de los Guerreros y Caballos de Terracota, firmando libros en silencio y sin sonreír. Fue él, no Zhao, quien viajó al extranjero para contar su historia.

En 1998, cuando el entonces presidente estadounidense Bill Clinton visitó el lugar, fue Yang quien le estrechó la mano. Hace algunos años admitió que no fue a ver al ejército restaurado hasta 1995, cuando el gerente de la tienda de regalos del museo le pidió que firmara libros.

"Me dijo que me pagaría 300 yuanes (unos US$50 al mes). Pensé 'no está mal', así que vine", le contó al China Daily. Otros tres campesinos se unieron a él más tarde y su paga fue triplicada. Pero todos se quejaron de que nunca fueron recompensados adecuadamente por su hallazgo, y, de hecho, se les confiscaron sus tierras para crear el museo.

Las excavaciones continúan en los campos donde las figuras fueron enterradas.

Tres de los siete miembros del grupo original de campesinos murieron en terribles circunstancias. Uno se ahorcó en 1997, otros dos fallecieron sobre los 50 años, sin dinero para pagar atención médica, según el South China Morning Post.

Un guía local, Liu Guoyang, ni siquiera había oído hablar Zhao Kangmin, pero dijo que impostores se aproximaban a los visitantes, haciéndose pasar por Yang Zhifa o algún otro de los campesinos.

El primero que reconoció el valor del hallazgo

Zhao se enfureció cuando, en 2004, los cuatro campesinos sobrevivientes pidieron ser registrados como los descubridores de los guerreros. Ellos no recibieron una respuesta.

"Todo lo que quieren es dinero", le dijo Zhao al China Daily. "Ver no significa descubrir. Los campesinos vieron fragmentos de terracota, pero no sabían que eran reliquias culturales, e incluso las rompieron. Fui yo quien detuvo los daños, recolectó los fragmentos y reconstruyó el primer guerrero de terracota". Si él no hubiera aparecido, dijo, "hubiera sido un desastre".

Wu Yongqi, director del Museo de los Guerreros de Terracota entre 1998 y 2007, está de acuerdo. 
Sin él, dijo Wu, el extraordinario hallazgo podría haberse retrasado durante años.

Zhao recolectó los fragmentos y reconstruyó el primer guerrero de terracota.

A diferencia de los campesinos, que firmaron libros para las hordas de turistas en el museo principal de los Guerreros de Terracota, Zhao permaneció en el mucho más pequeño museo de Lintong. Incluso en sus últimos años, se le podía encontrar sentado junto a algunos guerreros que había restaurado, conversando con visitantes curiosos.

Aunque nunca alcanzó fama o fortuna, Zhao parecía satisfecho con el reconocimiento que recibió, diciendo orgullosamente que durante la excavación inicial, un enviado de Pekín le había dicho que había "hecho una gran contribución al país".

En 1990, fue reconocido personalmente por el Consejo de Estado y se le otorgó una pensión especial. Le sobreviven una esposa y dos hijos. La visión de Zhao de su propia posición icónica en la historia de China, sin importar lo que otros digan, es clara.

En el museo de Lintong, firmaba postales y libros para turistas con una descripción extravagante: "Zhao Kangmin, el primer descubridor, restaurador, apreciador, creador de nombres y excavador de los Guerreros de Terracota".

martes, 20 de febrero de 2024

Pinturas rupestres en la Patagonia transmitieron conocimientos por cien generaciones

Las pinturas rupestres en la Patagonia argentina habrían conectado a 100 generaciones. En los trazos quedaron plasmados conocimientos y estrategias de supervivencia.

 
Foto: Revista Science.

En la Patagonia argentina, se encuentra una cueva que alberga las pinturas rupestres a base de pigmentos más antiguas de Sudamérica. Hasta hace poco, los arqueólogos creían que los trazos en ese lugar, denominado Cueva Huenul 1, habían sido creados en los últimos milenios. Sin embargo, ahora sabemos que estos son más antiguos.

El estudio publicado en la revista Science ha revelado que algunas de las pinturas de la cueva datan de hace 8,200 años y fueron creadas durante la época del Holoceno tardío, que abarca desde hace 11,700 años hasta el presente. El equipo de investigadores utilizó la datación por radiocarbono para determinar la edad y determinar que este abarcó a 130 generaciones humanas.


Foto: Revista Science.

Los dibujos analizados son, en su mayoría, formas geométricas plasmadas en las rocas en diferentes momentos distanciados por cientos de años. Los científicos han identificado una continuidad en el estilo, los colores y los materiales utilizados en las pinturas, convirtiendo la cueva en un espacio que diferentes poblaciones de cazadores y recolectores ocuparon en diferentes épocas.

Los arqueólogos contaron 895 pinturas únicas agrupadas en 446 motivos o segmentos en este sitio de la provincia argentina de Neuquén. Aunque aún no han concluido sobre qué culturas crearon las imágenes, los investigadores creen que el elaborado trabajo podría haber sido utilizado para transmitir información a las comunidades y generaciones que habitaron la región.