viernes, 28 de agosto de 2026

Lecturas de fin de semana: hoy las mujeres toman por asalto este espacio

Ingeniosas, ácidas, críticas, incisivas, luchadoras... muchos adjetivos pueden utilizarse para definir a las cuatro autoras cuyos trabajos elegimos para este último viernes de agosto y acompañarnos durante el descanso de sábado y domingo. De irregular presencia en librerías, también facilitamos su descarga en formato digital desde este mismo post.

(Foto: composición propia).

Novelas, relatos breves, brevísimos, ficción y esbozos de la propia realidad: todo tiene cabida en estos cuatro textos pero, sobre todo, la valentía de no callarse nada aún cuando se debe hablar de las cuestiones más difíciles. A continuación, los cuatro textos recomendados de nuestras escritoras elegidas de hoy.

Los ingleses entienden de lana y otros trucos, de Helen DeWitt (Random House)

(Foto: composición propia).

Criada en Marrakech por una madre francesa y un padre inglés, Marguerite ha aprendido a no incurrir en la menor falta de gusto. No hay que hacer trabajar a los sirvientes durante el Ramadán y, mientras ellos gozan de un permiso remunerado, hay que hospedarse en el Claridge's e instalar un piano en la suite. El tweed debe venir de las Hébridas y el mejor lino de Irlanda, pero las prendas las deben confeccionar los sastres de Londres.

Esas, y muchas otras, son las lecciones que Marguerite ha recibido de sus padres. Pero a los diecisiete años descubre que ha sido víctima de un gran engaño y tiene que guiarse por los dictados del buen gusto para defenderse sola entre los tiburones de la industria editorial.

A esta primera "nouvelle" le sigue una serie de relatos por los que desfilan escritores, artistas, músicos, editores, agentes y hombres de negocios disfrazados de promotores culturales. El genio creativo y el deseo de llevarlo a término chocan con las exigencias del mercado, la precariedad y la necesidad de ganarse la vida. Con su ironía inconfundible y su inteligencia feroz, Helen DeWitt convierte ese mundo injusto, a menudo despiadado, en un territorio tan cómico como imprevisible.

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Cuentos intuitivos, de Javiera Vega (Editorial Sonora)

(Foto: composición propia).

¿Qué haría un vagabundo si se encontrara una bolsa llena de dinero? Podemos imaginar mil respuestas a esta pregunta: lógicas o absurdas, divertidas o dramáticas. Pero acaso sólo exista una que nos retuerza por dentro con el desgarro inconfundible de lo verdadero. Javiera Vega evita los caminos narrativos trillados con una mirada muy personal, que fija su atención en lo que a la mayoría nos pasa inadvertido, en lo invisible. Su capacidad de encontrar el misterio en lo cotidiano y condensarlo en pocas palabras es tal vez el rasgo más distintivo de su escritura.

Sus cuentos, breves o brevísimos, nos inundan de sorpresa, extrañeza, humor y dolor. A menudo le bastan un par de páginas para contarnos una historia que daría para una novela entera, y sólo al volverla a leer nos percatamos de que, en su estilo aparentemente sencillo, lo que no nos cuenta puede ser más importante que lo que ha puesto sobre el papel; pues también se escribe lo inexpresado. Otras veces la condensación es tan extrema que reduce el cuento a una fotografía, un fogonazo de cuatro líneas en el que la narración la tenemos que poner nosotros.

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Entre otras, de Adriana Riva (Seix Barral)

(Foto: composición propia).

¿Qué hacer con esa certeza insondable llamada madre? "Debería haberme limitado a decir que mi madre es alguien difícil de explicar", sostiene la protagonista de esta historia. Pero ¿quién es, en verdad, la protagonista de esta historia? ¿La narradora evanescente, que sigue las huellas de la "función madre"? ¿La madre que, como idea, permea su búsqueda? Fragmentario y veloz, este libro compone un mosaico tan luminoso como desgarrador, cuyo impacto continúa tras la lectura.

Adriana Riva se sumerge en la exploración de qué es y qué significa ser madre (en abstracto) y cómo son las que existen (en concreto). Como una pescadora de perlas, reúne un sinfín de anécdotas, detalles, particularidades y peculiaridades con las que enhebra un tapiz de universalidad indiscutible.

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Brava y rebelde, de Mariana Fabello (El Guardián Literario)

(Foto: composición propia).

La vida de Isabel está marcada por un vínculo tan profundo como complejo: el que la une a su padre. De espíritu indómito y con el alma herida, vive desgarrada entre los mandatos de su tiempo y el impulso de seguir sus propios deseos. Nacida en la clase alta porteña, desafía las convenciones de una sociedad que espera de ella obediencia y resignación.

Sus amores intensos, la culpa, la maternidad y las ansias de liberación forjan una existencia signada por decisiones difíciles, al tiempo que la rebeldía de la juventud rompe el lazo determinante que mantiene con su padre, abriendo una herida que la acompañará por siempre y definirá muchas de sus relaciones.

En "Brava y rebelde", la protagonista desafía su época y a los hombres que la enfrentan, la seducen, la admiran y jamás logran olvidarla.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

Cifras dolorosas de una época: radiografía del suicidio en tiempos de ajuste

Argentina registra casi un 30 por ciento más de muertes por esta causa que el promedio global. La tasa es más elevada que durante la dictadura cívico-militar y que en la crisis del 2001. El rol de las políticas públicas y las consecuencias de la "motosierra".

La tasa de sucidios en Argentina durante 2025 superó las cifras de la dictadura y el 2001 (Foto: El Periódico).

Según un informe del Observatorio de Política Criminal (OPC), la tasa de suicidios a nivel nacional durante 2025 fue la más alta de la historia. El estudio denominado "[ayuda] Cuando matarse aparece como una opción en la Argentina" arroja el dato de que la tasa es de 11,8 casos cada 100 mil habitantes y representa la principal causa de muerte en jóvenes de 15 a 34 años. Para tener referencia, la tasa global es de 9,2 cada 100 mil habitantes. Es decir, en Argentina hay casi un 30 por ciento más de suicidios que el promedio mundial. Los número arrojados por la investigación dan cuenta que ni en la crisis del 2001, ni durante la dictadura cívico/militar, se llegó a una tasa de suicidios tan elevada. 

El documento del OPC no sólo marca un crecimiento vertiginoso respecto a años anteriores, sino que ubica a la Argentina entre las naciones sudamericanas con los registros más elevados, luego de Uruguay y Chile. En el país, el suicidio es la principal causa de muerte en jóvenes entre 15 a 34 años, desplazando a los accidentes de tránsito que históricamente fueron la principal variable de muerte en esta franja etaria. 

A la hora de indagar las causas, las políticas públicas ocupan un lugar central, ya que de forma directa o indirecta inciden en la vida de las personas. Mientras las promesas electorales suelen reducir la agenda de seguridad a la prevención del delito, se omite la urgencia de construir una red de seguridad y protección en salud mental. Esto queda en evidencia cuando la tasa de suicidios cuadriplica la de homicidios dolosos.

La masculinidad en jaque

Según el sociólogo Émile Durkheim, el suicidio no es un fenómeno individual o psicológico, sino un hecho determinado por la integración y la regulación social, que se refieren al grado de pertenencia a un grupo y al marco normativo que encauza los deseos individuales de cada persona. Por eso, analizarlo resulta complejo y necesario. 

Si bien el informe es contundente en cuanto a rango etario, análisis por provincias y comparación con los países sudamericanos, carece de una perspectiva de género que permita analizar qué está pasando en ese campo. De acuerdo al reporte del Ministerio de Salud de la Nación, en 2024 se registraron 2.892 suicidios de hombres y 720 de mujeres. Es decir, el 80 por ciento de las personas que se suicidaron fueron varones.  

Otra vez, el mandato de la masculinidad hegemónica hace estragos. No sólo se trata de varones, sino que el mayor porcentaje se concentra entre los 20 y los 34 años. El neoliberalismo pone en jaque el modelo tradicional del "deber ser", que exige que el varón sea el principal sostén económico del hogar y quiebra el proyecto de vida en su conjunto. En este sentido, la franja etaria con mayor tasa de suicidios es la que se encuentra ligada a la promesa incumplida de progreso vinculada al esfuerzo individual y al mérito

La realidad no es como la prometieron. El trabajo escasea, los que se consiguen son precarios, con salarios por debajo de la línea de la pobreza, y ya ni siquiera se encuentra en el imaginario la idea de la casa propia,  porque poder pagar un alquiler ya presenta serias complicaciones. Otra vez, lo personal es político y lo privado se vuelve público, porque dos de cada tres suicidios ocurren dentro de domicilios particulares.

Política de la crueldad

Si bien la Ley Nacional de Salud Mental (26.657) establece que el presupuesto destinado al área debía incrementarse progresivamente hasta alcanzar un mínimo del 10 por ciento, ese objetivo nunca llegó a cumplirse. Con la asunción del gobierno de Javier Milei y su política nacional de ajuste indiscriminado, las partidas destinadas a salud mental volvieron a experimentar severas modificaciones y restricciones

Para tomar dimensión, el Hospital Nacional en Red de Salud Mental y Adicciones "Lic. Laura Bonaparte" sufrió una reducción del gasto superior al 45 por ciento entre 2023 y 2026. A su vez, 2024 fue el año con el presupuesto más bajo desde que se tiene registro. Peor aún, el desfinanciamiento en el área se da en un contexto de suba de consultas e internaciones por cuestiones vinculadas a salud mental, aumento del consumo de psicofármacos, reducción en la cobertura de medicamentos y la sobrecarga del sistema público por la salida masiva de personas de las prepagas: sólo en 2024 alrededor de 200 mil personas renunciaron a su cobertura por el monto impagable de la cuota). 

A contramano del gobierno nacional, el informe del OPC propone cinco lineas de acción: incorporar el suicidio a la agenda pública, avanzar de la reacción a la prevención, reconstruir la confianza en el Estado, interpretar la baja de homicidios sin triunfalismos, y construir una estrategia comunitaria de largo plazo. Para lograrlo, es necesario fortalecer la discusión pública sobre políticas de prevención y volver a instalar que lo personal es político.

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ / varios / redacción propia)

Cómo usar la IA para escribir mejor sin volvernos dependientes

Hasta hace poco, la redacción era un proceso fundamentalmente manual que exigía una serie de habilidades concretas: ordenar ideas, desarrollar argumentos o sintetizar, elegir ejemplos y metáforas, organizar las ideas en oraciones y párrafos, darles a todos ellos una coherencia y un estilo. Cuanto mejor se nos dieran esas habilidades, o más las practicásemos, mejor sería la calidad de nuestra escritura.

 

(Foto: Andrii Zastrozhnov / Shutterstock)

Por ejemplo, para "bordar" una redacción en el secundario o la universidad no bastaba con escribir lo primero que se nos viniera a la cabeza. Era necesario reflexionar sobre cómo redactar y revisar el texto varias veces para cumplir con una serie de criterios.

Hoy en día, aunque sigue existiendo el conjunto de criterios y las habilidades descritas siguen siendo importantes, perfeccionar una redacción ya no depende únicamente de la capacidad humana, porque cualquier estudiante tiene a su disposición numerosos programas de inteligencia artificial que pueden mejorar todo tipo de escritos en segundos. Incluso, permiten elaborar textos completos con tan sólo una serie de indicaciones generales

El riesgo de la dependencia cognitiva

La inteligencia artificial puede ser un salvavidas para quienes tienen dificultades con la redacción. Algunas herramientas detectan y corrigen errores lingüísticos con un alto grado de precisión. Además, estas se han ido especializando para ofrecer soluciones cada vez más complejas, como las retroalimentación personalizada o la tutorización inteligente.

No obstante, algunos investigadores advierten de que un uso excesivo y continuado de estos programas puede generar dependencia. Como consecuencia, ha surgido un debate sobre el riesgo de atrofia cognitiva o la deuda cognitiva: es decir, el riesgo de dejar de ser capaces de realizar tareas sin ayuda de una máquina.

Dicha dependencia podría disminuir el pensamiento crítico, reducir la creatividad o debilitar la memoria, o incluso mermar la capacidad para reflexionar sobre la escritura, algo que las herramientas aún no pueden lograr.

No evitar el esfuerzo

Las investigaciones sobre la atrofia cognitiva relacionada con el uso de la inteligencia artificial todavía son incipientes. No obstante, algunos estudios han identificado acciones concretas que podrían provocarla. Una de ellas es el hábito de delegar tareas que requieren un gran esfuerzo cognitivo, como estructurar ideas o razonar supuestos, a herramientas externas.

Dicha práctica se conoce como descarga cognitiva y surge del intento de reducir la carga mental asociada al proceso de escritura. Hay expertos que recomiendan hacer un uso controlado de los programas que apoyan la escritura.

¿Qué conviene hacer?

En primer lugar, para evitar la atrofia o deuda cognitiva, los expertos recomiendan realizar un pequeño esfuerzo antes de recurrir a la inteligencia artificial. Ante el "síndrome de la hoja en blanco" (la inseguridad e incomodidad que nos produce generar esas primeras líneas escritas), conviene dedicar unos minutos a analizar y desarrollar nuestras ideas propias. Este gesto activa nuestros procesos cognitivos, potencia nuestra creatividad y asegura la originalidad de nuestros escritos.

Por ejemplo, si queremos redactar un texto argumentativo, primero deberíamos identificar nuestra opinión acerca de un determinado tema. Para ello, sería útil anotar las ideas clave que queremos transmitir y crear un esquema general que nos ayude a estructurar el texto. Si nos saltamos estos pasos previos y dejamos que la IA escriba todo desde cero, reducimos nuestro esfuerzo mental y corremos el riesgo de depender cada vez más de ella.

En segundo lugar, la inteligencia artificial debe actuar como un tutor, no como un autor. En vez de solicitarle que escriba un párrafo, es preferible utilizarla para obtener retroalimentaciones sobre aspectos concretos de los escritos. De este modo, se fomenta la reflexión sobre el proceso de escritura y se reduce el riesgo de dependencia.

Un tutor, no un autor

Un ejemplo de esta propuesta es la aplicación desarrollada en el proyecto de investigación PALABRIA. Esta detecta errores lingüísticos en textos de estudiantes y les proporciona retroalimentaciones útiles para mejorar sus habilidades de redacción. Además, incorpora indicadores de analítica del aprendizaje que permiten medir el progreso del alumno durante la escritura.

Así pues, la aplicación aprovecha las capacidades de la inteligencia artificial para fomentar el aprendizaje de la lengua escrita, en lugar de sustituir la redacción. Esta propuesta innovadora ha sido presentada en seminarios, congresos y jornadas internacionales. Y su arquitectura interna puede consultarse en la página web del proyecto PALABRIA.

Por último, algunos autores recomiendan utilizar la inteligencia artificial únicamente para revisar textos ya terminados. Así, la tecnología no intervendría en los procesos creativos que requieren un mayor esfuerzo cognitivo. Por tanto, actuaría como un apoyo durante la fase final de revisión, pero no sustituiría las tareas intelectuales necesarias para escribir.

Mejorar la escritura sin volvernos dependientes

Las aplicaciones de inteligencia artificial pueden mejorar la calidad de nuestros textos, como ya se ha señalado en otros artículos Éstas ofrecen un amplio abanico de funciones que no sólo facilitan la escritura, sino que fomentan el aprendizaje autónomo e incluso la reflexión gramatical.

No obstante, conviene entender sus limitaciones para utilizarlas adecuadamente y no perjudicar el pensamiento crítico. Los consejos expuestos anteriormente, así como el ejemplo del proyecto PALABRIA, pueden servir de referencia para superar el riesgo de la atrofia cognitiva. Además, de aplicarlos, se evitaría también una dependencia perjudicial de la tecnología durante la escritura.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

jueves, 27 de agosto de 2026

La Feria Plateada despliega este fin de semana el arte bonaerense en el Teatro Argentino de La Plata

Con 39 galerías y entrada libre y gratuita, la cuarta edición del encuentro cuenta con la participación de colectivos y proyectos artísticos de PBA. Abre sus puertas el viernes 28 de agosto y se extiende hasta el domingo 30, de 13:00 a 19:00.

La Feria presentará un nuevo diseño, en el Hall de entrada del Teatro (Foto: prensa Feria Plateada).

La cuarta edición de la Feria Plateada exhibirá una expansión que busca resolver una carencia del arte bonaerense: abrir una vía pública, gratuita y formativa entre los artistas y colectivos de la provincia y un mercado al que muchas veces no llegan. 

En ese sentido, el encuentro que se realizará el viernes 28, sábado 29 y domingo 30 de agosto, en el Centro Provincial de las Artes - Teatro Argentino de La Plata (Av. 51 702), con entrada libre y gratuita, de 13:00 a 19:00, amplia su escala de 25 galerías y proyectos, en años anteriores, para presentar 39 espacios

El cambio no será solo cuantitativo. La feria dejará la sala Pettoruti del Teatro Argentino y se mudará al hall principal y la plaza seca, una decisión que, según explicaron los curadores Virginia Martin y Facundo Belén, se centra en "conectar mejor el evento con la calle y atraer a públicos nuevos". A esa ampliación se sumará una isla editorial con 11 proyectos y un espacio gastronómico pensado para captar al visitante casual.

La feria tendrá una Isla Editorial, en la que se encontrarán editoriales y proyectos bibliográficos (Foto: prensa Feria Plateada).

Plateada es una iniciativa del estado provincial, a partir del Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires, con Florencia Saintout como presidenta del organismo, a través del Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti con Federico Ruvituso como director.

Martín y Belén definieron a la feria como "una herramienta para profesionalizar proyectos de galerías y colectivos de artistas de la provincia”, en un circuito donde, según señalaron, “muchos creadores salen de la universidad sin saber cómo vender su obra o cómo presentarse a otras ferias".

El Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti, el Centro de Arte de la Universidad Nacional de La Plata y el Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano mostrarán sus colecciones y exhibiciones (Foto: prensa Feria Plateada).

Ese aumento llegó después de una convocatoria que, según los organizadores, recibió cerca de 100 aplicaciones. La cifra fue leída como una señal de demanda en un campo todavía en construcción y con pocas instancias de visibilidad para espacios alejados de los centros de exhibición y del mercado.

La feria tendrá además premios que se entregarán el sábado: el Premio Plateada a la obra destacada, bajo la curaduría de Jimena Ferreiro y Carolina Pinciroli.

Además, habrá tres proyectos invitados -Creadores de Imágenes, Sahuet y Belleza y Felicidad Fiorito- y una Isla Editorial, en la que se encontrarán editoriales y proyectos bibliográficos como Toxicxs, Industria mínima, La disgráfica, Eloísa cartonera, Morpurgo, Ripio, Arte x arte, Ligeia revista, Imprenta cooperativa, Editorial cita y Biblioteca Turma

El evento, que se llevará a cabo los días 28, 29 y 30 de agosto, con entrada gratuita (Foto: prensa Feria Plateada).

Para más detalles y una lista completa de actividades, se puede entrar al sitio oficial de la Feria Plateada, haciendo clic aquí.

(Fuente: Infobae / varios / redcción propia)

Qué son los "kidfluencers", la nueva forma de trabajo infantil que nació con las redes sociales

Una Jueza de Familia analiza los límites legales de la exposición temprana en plataformas digitales y plantea interrogantes sobre consentimiento, huella digital y protección de derechos.

Un celular, una audiencia y una pregunta que crece: ¿cuándo una actividad infantil en redes sociales deja de ser un juego y comienza a convertirse en una actividad económica? (Foto: Pexels).

Un chico mira a la cámara, sonríe y abre una caja. Adentro hay un juguete. Lo prueba, juega unos minutos y cuenta qué le gusta. Parece una escena cualquiera de la infancia. Pero detrás puede haber una marca, un contrato, millones de reproducciones y una familia que obtiene ingresos gracias a ese momento. La pregunta que empieza a ocupar a investigadores y especialistas en derechos de la infancia es incómoda: ¿sigue siendo un juego cuando ese juego genera dinero?

Los llamados kidfluencers -niños y adolescentes que crean contenido para redes sociales y construyen grandes audiencias- se convirtieron en una de las nuevas fronteras del debate sobre el trabajo infantil. Ya no se trata solamente de chicos en fábricas, talleres o campos. La escena cambió: ahora puede ocurrir en una habitación de una casa, con un celular, una luz artificial y millones de personas mirando.

Un estudio publicado en la revista científica Journal of Business Ethics analizó este fenómeno y planteó una discusión hasta hace pocos años impensada: los chicos influencers pueden estar realizando una forma de trabajo que debe ser observada desde la perspectiva de los derechos laborales y la protección de la infancia.

Los investigadores estudiaron algunos de los canales familiares más exitosos del mundo y señalaron riesgos vinculados con la explotación económica, la pérdida de privacidad, la dificultad para construir un consentimiento real y la exposición permanente de la vida personal del menor. En paralelo, el fenómeno también empieza a interpelar al sistema judicial argentino.

Jazmín Blanchiman
, jueza titular del Juzgado de Familia N.º 1 de Quilmes, explica que la discusión central está en determinar cuándo una actividad aparentemente recreativa comienza a afectar los derechos del niño. "No toda exposición de un niño en redes sociales implica necesariamente una situación de vulneración de derechos. El punto de análisis aparece cuando esa exposición deja de estar centrada en el interés del niño y comienza a responder a intereses económicos de terceros", explica la magistrada. En este nuevo modelo de negocio, la infancia deja de ser solamente una etapa de la vida: puede convertirse también en contenido.

Cuando jugar se transforma en una actividad comercial

La frontera es difícil de marcar. Un chico puede divertirse grabando videos; puede disfrutar de tener seguidores; puede querer compartir sus juegos con otros niños. Sin embargo, la situación cambia cuando aparecen elementos propios de cualquier actividad laboral: horarios de grabación, obligaciones con marcas, repetición de escenas, contratos comerciales o ingresos vinculados directamente con su actividad.

Los investigadores utilizan un concepto que resume esta tensión: "playbour", una combinación de las palabras inglesas "play" (juego) y "labour" (trabajo). Es una mezcla nueva: una actividad que conserva la apariencia del juego, pero que al mismo tiempo produce valor económico.

Según Blanchiman, uno de los principales desafíos es identificar si existe una verdadera participación voluntaria del niño o si su imagen comienza a ser utilizada como un recurso económico. "En el caso de niños y niñas, el consentimiento debe analizarse teniendo en cuenta su edad, su grado de madurez y la posibilidad real de comprender las consecuencias futuras de aquello que se publica. No alcanza con que el niño diga que quiere hacerlo", señala la jueza.

Un video de un cumpleaños puede ser una publicación familiar, pero también puede transformarse en una acción patrocinada. Una visita a un parque puede ser un recuerdo, o puede convertirse en contenido contratado por una empresa. La diferencia está en quién decide, quién gana dinero y qué lugar ocupa el niño dentro de ese proceso.

El fenómeno tiene una particularidad que lo vuelve todavía más complejo: muchas veces son los propios padres quienes administran las cuentas. Ellos negocian con marcas, organizan las grabaciones y gestionan los ingresos. Ahí aparece un conflicto: quienes tienen la responsabilidad legal de proteger al niño también pueden beneficiarse económicamente de su exposición.

Para la jueza, este punto requiere especial atención. "Los adultos responsables tienen el deber de actuar conforme al interés superior del niño. La representación parental no puede convertirse en una autorización para disponer de la imagen, intimidad o identidad digital de un hijo como si fueran bienes propios", sostiene.

La discusión, entonces, no pasa solamente por cuánto dinero genera un chico. La pregunta es otra: ¿quién decide cuándo aparece frente a una cámara y cuándo puede dejar de hacerlo? Porque un adulto puede renunciar a un trabajo, puede cerrar una cuenta, puede empezar de nuevo. Un niño, en cambio, puede crecer y descubrir que miles de imágenes de su infancia siguen circulando en Internet.

La huella digital de una infancia

La infancia tiene una característica que las redes sociales modificaron profundamente: antes, muchos recuerdos quedaban en el ámbito privado de la familia. Hoy pueden convertirse en archivos permanentes. Un momento gracioso, una reacción espontánea o una situación íntima pueden permanecer durante años. Los investigadores señalan que la exposición temprana puede afectar aspectos como la privacidad, la seguridad, la identidad y el bienestar psicológico. Desde la Justicia, el desafío es anticipar daños que muchas veces no son visibles en el presente.

"El derecho a la intimidad de niños y adolescentes no desaparece porque exista una publicación en redes sociales ni porque sus padres hayan prestado consentimiento. La infancia tiene una protección reforzada porque se trata de personas en desarrollo", explica Blanchiman. Un menor puede aceptar aparecer en un video, pero quizás no puede anticipar qué significa que esa imagen pueda ser vista, compartida o utilizada comercialmente durante décadas.

La legislación tradicional sobre trabajo infantil fue pensada para un mundo diferente: actividades visibles, con lugares físicos concretos y relaciones laborales identificables. La economía digital abrió un escenario nuevo. Hoy un chico puede convertirse en una marca personal antes incluso de llegar a la adolescencia. Puede tener millones de seguidores, recibir productos, participar de campañas publicitarias y generar ingresos desde su casa.

Eso no significa que todos los niños que aparecen en redes estén siendo explotados. Tampoco que crear contenido sea necesariamente negativo. La pregunta que plantea la ciencia y que ahora también llega a los tribunales es otra: ¿qué ocurre cuando la creatividad de un niño se convierte en un negocio?

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ / redacción propia)