martes, 9 de junio de 2026

Haciendo foco en un género: cinco libros de ciencia ficción moderna que pueden convertirse en clásicos

Si bien la ciencia ficción tuvo su "época dorada" en las décadas de los 60 y 70, a la sombra de cuestiones actuales como el cambio climático, la inteligencia artificial y el preocupante giro hacia la derecha de las democracias han surgido autores con una profunda vocación humanista. Estos cinco textos que hoy sugerimos se destacan dentro de un género en el que, para bien o mal, cada vez hay menos espacio para innovar. De irregular presencia en librerías, todos pueden descargarse en formato digital desde este post. 

(Foto: composición propia).

En un principio fueron los viajes espaciales, mundos devastados y otras especulaciones. Pero desde hace pocas décadas, la ciencia ficción moderna viene encontrando cada vez más puntos de contacto con nuestra realidad e, inevitablemente, es cada vez menos "ficción". Quizás, dentro de un tiempo, el género cambiará de nombre de manera lógica y natural, aunque vaya a saber cómo lo denominaremos.

Los cinco trabajos que hoy proponemos debaten sobre los límites de la consciencia, la ética de la inteligencia artificial, cómo la tecnología redefine lo que significa ser humano, y demuestran cómo la ciencia ficción contemporánea funciona como un "espejo" para cuestionar nuestra realidad y los dilemas morales que nos deja la arrolladora innovación tecnológica.

La esfera luminosa, de Cixin Liu (Nova)

(Foto: composición propia).

El día en que cumple catorce años, Chen presencia cómo una esfera luminosa entra en su casa y calcina a sus padres. Con el propósito de encontrar algún sentido a esta extraña desgracia, decide dedicarse a descifrar el secreto del misterioso fenómeno a causa del cual quedó huérfano.

La búsqueda de esa "esfera luminosa" lo llevará lejos de casa, a perseguir tormentas en las cimas de montañas y a adentrarse en laboratorios subterráneos secretos para, poco a poco, ir descubriendo nuevos límites en la física de partículas.

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Artemisa, de Andy Weir (Nova)

(Foto: composición propia).

Jazz Bashara es una criminal... o al menos lo parece. La vida en Artemisa, la primera y única ciudad de la Luna, es difícil si no se es un turista adinerado o un multimillonario excéntrico. Así que hacer un poco de contrabando de lo más inofensivo no importa demasiado. Sobre todo cuando hay que pagar deudas y un trabajo como transportista apenas paga el alquiler.

De pronto, Jazz ve la oportunidad de cambiar su destino cometiendo un delito a cambio de una lucrativa recompensa. Y ahí empiezan todos sus problemas, porque al hacerlo se enreda en una auténtica conspiración por el control de Artemisa, que le obliga a poner en peligro su propia vida.

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Actualización, de Blake Crouch (Nocturna)

(Foto: composición propia).

Logan Ramsay es el siguiente paso en la evolución humana. Al principio no tiene claro qué ha cambiado. Solo nota detalles puntuales: se concentra mejor, es capaz de hacer más cosas a la vez, lee muy rápido, su memoria ha aumentado y no necesita las mismas horas de sueño. Poco a poco, es innegable: a su cerebro le está pasando algo. Y también a su cuerpo. Ha empezado a ver el mundo y a quienes lo rodean de un modo completamente nuevo.

Lo cierto es que el genoma de Logan ha sufrido un hackeo. Y hay una razón por la que ha experimentado esta actualización, una razón que se remonta a un horrible legado familiar. Lo que le está sucediendo es sólo el inicio de un proyecto mucho más grande y, para hacerle frente, Logan tendrá que usar sus nuevas habilidades y transformarse en algo más que él mismo. Quizás incluso en algo más que un ser humano.

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Los caballos celestiales, de Guy Gavriel Hay (RBA)

(Foto: composición propia).

El glorioso emperador Taizu de la Novena Dinastía gobierna sobre Kitai, el reino más rico y poderoso del mundo. Su poder se extiende gracias al empuje de sus ejércitos y a la burocracia de los mandarines, que han conseguido décadas de paz en el imperio para que fluyan a él todas las riquezas del mundo conocido.

En Kuala Nor, un campo de batalla remoto en medio de las montañas, Shen Tai, hijo del difunto general Shen Gao, honra la memoria de su padre enterrando a los muertos, amigos y enemigos, de incontables batallas libradas en esa llanura. Los fantasmas de los muertos le hablan por las noches, apenados o furiosos, hasta que entierra sus huesos y acalla sus voces.

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El ministerio del futuro, de Kim Stanley Robinson (Minotauro)

(Foto: composición propia).

Este libro narra, a través de testimonios ficticios, cómo nos afectará a todos el cambio climático. Su visión no es la de un mundo desolado y apocalíptico, sino la de un futuro que ya se nos echa encima y cuyos desafíos tal vez consigamos superar. Una novela actual e impactante, descorazonadora y esperanzadora a partes iguales, y es uno de los libros más poderosos y originales que jamás se hayan escrito sobre el asunto.

Creado en el año 2025, el objetivo del nuevo organismo era sencillo: defender a las futuras generaciones de la humanidad y proteger a todos los seres vivos. Enseguida empezó a ser conocido como el "Ministerio del Futuro", y esta es su historia.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

La paradoja de la cronofobia, o cómo el miedo al paso del tiempo nos hace envejecer más

Nadie sabe vivir, todo el mundo improvisa. En esta carrera, cuando aparece la fatiga, hay que parar a respirar. Entonces, al observar analíticamente el camino, descubrimos obstáculos y temores. Y entre ellos, seguramente aparecerá el tiempo. Pero ahora sabemos que deberíamos intentar no reparar demasiado en él: paradójicamente, el miedo al paso del tiempo nos hace envejecer más. 

Dentro de las múltiples formas de angustia temporal, aquello que denominamos "cronofobia", una de sus expresiones más frecuentes y estudiadas es la ansiedad ante el envejecimiento (Foto: Studio Romantic / Shutterstock).

La llamada "cronofobia" no es una etiqueta clínica, sino más bien un concepto de la cultura popular. Esa "inquietud con respecto al tiempo" se explora en muchas obras artísticas desde la década de los 60, como cuenta la historiadora del arte Pamela Lee en su libro "Cronofobia" (2006). Sin embargo, este concepto ha trascendido el arte y ha evolucionado para hacer referencia al miedo al paso del tiempo.

O, mejor, al "miedo al tiempo", porque el atributo del tiempo es pasar. Y dentro de las múltiples formas de angustia temporal, una de sus expresiones más frecuentes y estudiadas es la ansiedad ante el envejecimiento.

"La persistencia de la memoria" (Salvador Dalí, 1931) no trata específicamente sobre la cronofobia, sino que explora la relatividad del tiempo. A pesar de ello, podría ser una buena metáfora visual del concepto (Foto: Wikimedia). 

Esta ansiedad proviene del declive físico, la pérdida del atractivo y de la salud reproductiva. Como puede intuirse, es un factor de estrés psicológico particularmente acusado entre las mujeres, ya que afrontan más presiones socioculturales. La preocupación por evaluar persistentemente la identidad corporal eleva los sistemas de respuesta al estrés a lo largo del tiempo.

A estas presiones de género se añade una "narrativa edadista" instalada en la sociedad: los cuerpos envejecidos de las mujeres están biológica y socialmente devaluados. Esta imposición de "mantener la juventud" fomenta la autovigilancia crónica y aumenta el malestar psicológico a buena parte del género femenino debido al incansable trabajo por encajar en perfiles artificiales, o por luchar contra ellos

Cómo se acelera el reloj biológico

Está bien establecido que cualquier malestar psicosocial contribuye al envejecimiento biológico a través de la epigenética. Así se denomina al proceso por el que se activan o desactivan genes a consecuencia del entorno, pero sin que se altere la secuencia de ADN

Por ejemplo, la exposición a factores estresantes crónicos en la infancia es un factor de riesgo conocido para la aparición de depresión en la adolescencia a través de una reacción química, llamada metilación, que experimentan ciertos genes relacionados con el estrés. Es decir, mantener en el tiempo un estado de alerta ansiosa potencia el desgaste biológico.

Recientemente, un estudio con 726 mujeres ha revelado que el estrés relacionado con el envejecimiento, en particular el temor al deterioro de la salud, es un factor relevante asociado con un envejecimiento epigenético acelerado. La tasa de desgaste fisiológico ha quedado probada mediante un biomarcador llamado DunedinPACE.

Más obstáculos que provocan fatiga

Pero el miedo al tiempo también puede surgir por la percepción de un futuro amenazante: crisis climática, viviendas inaccesibles, aumento constante de los precios de productos básicos, salarios precarios. Es decir, la relación con el tiempo no trata sólo de una experiencia íntima, sino también social y política.

En ese sentido, la presencia de ideologías que pretenden limitar derechos civiles, coartar las libertades o abolir avances sociales previamente consolidados también genera incertidumbre ante lo que puede venir. Especialmente, en colectivos más vulnerables.

Estos obstáculos estructurales contribuyen a engendrar una sensación de "futuro abolido" que podría exacerbar el miedo al tiempo, favoreciendo la angustia e influyendo sobre los relojes biológicos del envejecimiento.

Desacelerar para encontrar el equilibrio

Entonces, ¿cómo "vivir sin desvivirnos"? Aunque no haya una respuesta única, quizás la más precisa sea afrontar los obstáculos a un ritmo propio, mientras se disfruta del placer consciente del aquí y el ahora. Así, ajustando el ritmo, se distribuye mejor el peso entre la obligación y la autonomía. Entre lo prescindible y lo esencial. Entre el deber y el ser.

Buscar "espacios de desaceleración" no implica ignorar las causas estructurales del malestar, sino impedir que colonicen nuestra experiencia del tiempo. En una sociedad atravesada por la precariedad, la hiperproductividad, las prisas y la incertidumbre constante, parar a respirar se convierte en una forma de resistencia psicológica y emocional.

Y, por encima de todo, hay que vivir sin perder de vista lo más importante del camino: somos el tiempo que nos queda.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

Un muro científico con 2.352 piedras de 16 países nos muestra cómo envejecen los edificios

El National Institute of Standards and Technology de Estados Unidos expone, desde el año 1948, rocas de 47 estados y 16 países para medir, piedra a piedra, la erosión real de los materiales de construcción.

(Foto: NIST).

Un equipo de científicos ha construido un muro con 2.352 piedras que lleva más de 75 años mostrando cómo el tiempo destruye, pule o preserva los materiales de construcción. No está en un museo ni bajo una vitrina: está al aire libre, en el campus del NIST, en Gaithersburg, Maryland. La idea parece casi poética: colocar mármoles, calizas, granitos y areniscas bajo el mismo sol, la misma lluvia y la misma contaminación para observar qué resiste y qué se rinde. Ese muro, construido en 1948, nació para estudiar la meteorización de la piedra en condiciones reales. 

Un laboratorio donde el reloj trabaja despacio

El muro del NIST contiene 2.032 muestras de Estados Unidos y 320 procedentes de 16 países, con más de 30 tipos de piedra representados. Hay rocas comunes en edificios históricos y otras menos habituales, reunidas como si fueran páginas minerales de una enciclopedia del tiempo.

Lo fascinante es que todas envejecen bajo condiciones comparables.  Esa igualdad convierte el muro en un experimento extraordinario: no se limita a decir qué piedra es "fuerte", sino cómo responde cada una cuando la humedad, la temperatura, la contaminación y los años actúan sin descanso.

(Foto: NIST).

La colección que empezó antes de ser experimento

Muchas de estas piedras proceden de una antigua colección vinculada a la Exposición del Centenario de 1876 en Filadelfia, creada en una época en la que Estados Unidos quería mostrar la calidad de sus materiales de construcción. Décadas después, aquella colección encontró un destino inesperado: convertirse en un muro de prueba.

En 1948, un solo albañil, Vincent Di Benedeto, colocó cuidadosamente las muestras. Incluso el mortero fue parte del experimento: una mitad del muro usó mortero de cal y la otra, mortero con cemento Portland, para comparar también su comportamiento.

El muro sobrevivió incluso a una mudanza. En 1977 fue trasladado intacto desde Washington D. C. hasta Gaithersburg, donde sigue expuesto. Esa continuidad lo convierte en una rareza científica: un archivo físico de erosión, manchas, grietas y resistencia.

(Foto: NIST).

Un muro importante para salvar monumentos

Cada grieta puede ser una pista para conservar catedrales, memoriales, fachadas históricas o edificios públicos. El NIST señala que el muro permite comparar la durabilidad de las piedras usadas en monumentos y construcciones comerciales o gubernamentales. La lección es útil y profundamente práctica: no todas las piedras envejecen igual, aunque parezcan similares. Algunas se disuelven, otras se manchan, otras se fracturan o pierden relieve. Saberlo ayuda a elegir materiales para el futuro y a proteger los del pasado.

A veces, el gran instrumento científico no es un acelerador de partículas ni un telescopio espacial. A veces es un muro paciente, lleno de cicatrices, donde la Tierra presta sus materiales y el tiempo escribe los resultados.

Simbolismo poético

Sin embargo, el verdadero valor de este muro no se mide en metros ni en toneladas de piedra, sino en décadas de observación acumulada. En una época dominada por la inmediatez, donde los resultados científicos suelen buscarse en cuestión de meses o incluso días, el experimento del NIST recuerda que algunos fenómenos sólo pueden comprenderse a la velocidad a la que actúa la naturaleza.

Cada mancha, cada pequeña fractura y cada grano desprendido de la superficie constituye un dato imposible de reproducir completamente en un laboratorio. Gracias a esta paciencia extraordinaria, los investigadores han podido construir una de las bases de conocimiento más valiosas del mundo sobre el comportamiento real de los materiales pétreos, una información que sigue siendo útil para arquitectos, ingenieros, conservadores y restauradores más de siete décadas después de que se colocara la primera piedra.

Finalmente, convierte algo tan cotidiano como el envejecimiento de una piedra en una lección sobre la duración, la memoria y la capacidad de la ciencia para descubrir grandes respuestas mediante la observación paciente de los cambios más pequeños.

(Fuente: Muy Interesante / varios / redacción propia)

lunes, 8 de junio de 2026

Temas de hoy: cómo las redes sociales pueden formar una opinión en apenas cinco posteos

A veces no hace falta ver cientos de videos ni leer miles de mensajes para empezar a creer algo. Un nuevo estudio advierte que, en ciertas plataformas, una idea repetida con apariencia de autoridad puede influir más que su propia veracidad. 

(Foto: Shutterstock).

En las redes sociales, una idea puede entrar despacio, casi sin hacer ruido: aparece una vez, después otra, después otra más. Al principio parece solo una publicación cualquiera. Pero, si se repite lo suficiente y suena convincente, puede empezar a formar una opinión.

Eso mostró un estudio publicado en Information Systems Research. La investigación advirtió que varias publicaciones parecidas pueden alcanzar para que una persona empiece a tener una postura sobre un tema, incluso cuando todavía sabe muy poco de eso. Los científicos quisieron entender algo que ocurre todos los días en Instagram, Facebook, TikTok o X: cómo nacen las primeras ideas cuando una persona consume información rápido, entre imágenes, perfiles, comentarios y posteos breves.

¿Cómo hicieron el estudio? Los autores realizaron tres experimentos controlados. Eso significa que no observaron simplemente lo que pasaba en redes reales, sino que crearon una situación parecida a una red social para poder medir mejor qué ocurría. Diseñaron publicaciones simuladas, parecidas a las que podrían aparecer en Instagram. Tenían formato de posteo, imagen, texto breve y señales sobre quién supuestamente publicaba esa información.

Pero eligieron muy bien los temas. No usaron política, fútbol, música o religión, porque sobre esos asuntos muchas personas ya tienen opiniones fuertes. Si alguien ya piensa algo sobre un candidato, un club o un cantante, es difícil saber si cambió de idea por el experimento o porque ya venía pensando así.

Por eso, los investigadores usaron temas poco conocidos, relacionados con partes del cuerpo humano, como el "hueso atlas" o el "nervio mentoniano". Son asuntos que la mayoría de las personas no discute en la vida diaria. Así podían estudiar algo clave: cómo se forma una opinión casi desde cero.

En los experimentos participaron distintos grupos de personas. Algunas vieron publicaciones con información verdadera y otras vieron publicaciones con información falsa. La idea era observar qué pasaba cuando esas publicaciones repetían una misma explicación varias veces.

¿El resultado? Después de unas cinco publicaciones parecidas, muchas personas ya empezaban a sentir que tenían una opinión sobre el tema. Eso no quiere decir que el quinto posteo sea mágico. No significa que todas las personas cambien de idea exactamente después de ver cinco publicaciones. Lo que el estudio mostró fue un patrón: cuando una idea aparece varias veces, de manera ordenada y fácil de entender, puede empezar a parecer creíble bastante rápido.

La verdad no siempre llega primero

La parte más preocupante del estudio fue que, al comienzo, no importó tanto si la información era verdadera o falsa. Lo que más influyó fue que el mensaje se repitiera, sonara coherente y pareciera simple. En otras palabras: si una persona ve varias publicaciones que dicen algo parecido, puede empezar a pensar: "Esto debe ser cierto". Aunque todavía no haya buscado pruebas. Aunque no haya consultado una fuente confiable. Aunque la información sea incorrecta.

Después, esa primera opinión funciona como un filtro. Si aparece una nueva publicación que coincide con lo que la persona ya empezó a creer, es más probable que la acepte o la comparta. En cambio, si aparece algo que contradice esa primera idea, puede rechazarlo más rápido.

Es parecido a lo que pasa cuando alguien se forma una primera impresión sobre una película, un videojuego o una persona. Si al principio piensa que algo es bueno, después presta más atención a los comentarios que confirman esa idea. Si al principio piensa que algo es malo, todo lo que venga después puede parecerle sospechoso.

El estudio también mostró otro punto importante: el perfil que publica la información influye mucho. Las personas confiaban más cuando el mensaje venía de alguien que parecía experto. Por ejemplo, un perfil que decía "Dr." o que mostraba una foto profesional podía parecer más confiable, aunque nadie hubiera comprobado si esa persona realmente sabía del tema.

Eso es muy importante porque en redes sociales cualquiera puede parecer experto. Un nombre serio, una foto prolija, una biografía bien escrita o una frase como "especialista en salud" pueden hacer que un mensaje parezca más verdadero de lo que es.

Por qué importa

Este estudio importa porque ayuda a entender cómo se mueve la desinformación. Muchas veces se piensa que el problema empieza cuando alguien comparte una noticia falsa. Pero la investigación muestra que el problema puede empezar antes: cuando una persona está formando su primera opinión sin darse cuenta. Si una idea falsa se repite varias veces y llega antes que la explicación correcta, puede quedar instalada. Después, aunque aparezca una corrección, quizás sea más difícil cambiar esa primera impresión.

Por eso, los investigadores advierten que no alcanza con corregir una mentira cuando ya se compartió miles de veces. Las plataformas deberían actuar antes: marcar mejor las fuentes confiables, revisar los perfiles que se presentan como expertos sin demostrarlo y mostrar advertencias antes de que la información dudosa se repita demasiado.

También importa para los usuarios. La enseñanza principal es sencilla y sirve para todos los días. Antes de creer o compartir algo, conviene frenar unos segundos, mirar quién lo publicó, preguntarse de dónde salió el dato, revisar si aparece en otros lugares confiables y comprobar si esa persona realmente sabe del tema. No todo lo que se repite muchas veces es verdad. No todo perfil que parece profesional lo es. Y no todo lo que suena lógico está comprobado.

Así, el estudio deja una advertencia clara: en redes sociales, la desinformación no empieza sólo cuando alguien comparte una mentira, sino cuando una primera impresión se forma demasiado rápido. Y en una pantalla donde todo pasa a gran velocidad, aprender a dudar un poco también puede ser una forma de cuidarse.

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / varios / redacción propia)

Lecturas de lunes: cuatro libros sobre el recientemente desaparecido Carlos "Indio" Solari, un gigante del rock argentino

El pasado viernes dejó este mundo uno de los grandes de la música nacional. Surgido de la contracultura del rock post dictadura cívico-militar, su figura creció hasta convertirse en un artista de masas, el más convocante de la historia en sus shows. Estos cuatro trabajos, que incluyen una autobiografía, echan luz sobre quien ya es una figura de culto. De poca presencia en librerías, desde este post facilitamos su descarga en formato digital. 

(Foto: composición propia).

La cultura argentina se encuentra en un estado de conmoción. El Indio Solari, la voz enigmática, el poeta de los desposeídos y el arquitecto de la mística colectiva del rock argentino, falleció el pasado viernes a los 77 años en su casa de Parque Leloir. Aquejado desde hacía una década por el Mal de Parkinson, su partida física deja un vacío imposible de llenar, pero consolida definitivamente un legado estético y político que transformó el pulso de la música latinoamericana. 

Líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y capitán tardío de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, su figura excedió por completo los límites de las canciones. Para dimensionar la profundidad de su pensamiento, la complejidad de sus letras y el impacto de un fenómeno que generó "la misa ricotera", proponemos un recorrido por cuatro libros esenciales que buscaron desentrañar el misterio de un hombre que ya es eterno.

Fuimos reyes - La historia completa de los Redonditos de Ricota, de Mariano del Mazo y Pablo Perantuono (Planeta)

(Foto: composición propia).

Publicado en 2015, este título es considerado de forma unánime como la biografía periodística definitiva sobre la mítica banda. A través de una rigurosa investigación que incluye más de un centenar de entrevistas a músicos, allegados, plomos, managers y testigos de la época, los autores reconstruyen, con ritmo de "thriller", el ascenso del grupo desde los sótanos culturales platenses hasta la masividad de los estadios y su posterior y traumática ruptura.

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Indio Solari - El hombre ilustrado, de Gloria Guerrero (Sudamericana)

(Foto: composición propia).

Escrito con una precisión acorde con el ritmo y modo en que la voz del Indio se ajusta a sus canciones, es el mejor homenaje al iluminado adalid del rock argentino, la recompensa más justa que pueden recibir una actividad y una actitud determinantes en la sociedad y la cultura. Un libro serio, con el suspenso narrativo de una novela, que se lee y se oye como un reclamo ricotero insoslayable.

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A brillar, mi amor, de Jorge Boimvaser (Sudamericana)

(Foto: composición propia).

El periodista Jorge Boimvaser publicó en el año 2000 este trabajo, el primer libro de culto dedicado exclusivamente al universo ricotero. El autor analiza el fenómeno socio-cultural desde el corazón de las tribunas, intentando descifrar la devoción casi religiosa de las bandas de los barrios periféricos y la resistencia colectiva frente al contexto del menemismo.

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Recuerdos que mienten un poco, de Carlos Alberto Solari (Sudamericana)

(Foto: composición propia).

Publicada en 2019, esta obra es la monumental y única autobiografía oficial del cantante, construida a través de profundas conversaciones con el periodista y escritor Marcelo Figueras. A lo largo de una extensa entrevista que supera las 800 páginas, el propio Solari revisa su infancia, la génesis platense del grupo, la disección tema por tema de toda su discografía y su particular mirada sobre la política, las drogas y la finitud de la vida.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

viernes, 5 de junio de 2026

Lecturas para el fin de semana: pongamos la lupa sobre Don DeLillo, un posmodernista elusivo y provocador

Con diecisiete novelas y un único volumen de relatos cortos, el norteamericano se fue erigiendo como uno de los escritores fundamentales de las últimas décadas. Oscuro, punzante y analista crítico de temas como la sociedad de consumo, la tecnología, la guerra, el terrorismo y la manipulación de las masas, desde este post facilitamos la compra y descarga en formato digital de sus siete últimos trabajos, más allá de ser un autor de gran presencia en librerías.

(Foto: composición propia).

De culto, en buena medida por su carácter introvertido, poco dado a los alardes públicos y los actos sociales, Don DeLillo (Nueva York, 1936) tampoco se prodiga en los medios. Rara vez concede entrevistas. Si acude a un acto literario en una librería, se han de imponer restricciones en el número de libros de cada lector para que los firme. Es, en parte, para evitar el "mercadeo" en internet: por un volumen con su rúbrica se paga mucho.

El trabajo de un personaje así, extraño ya a priori desde su actitud pública, es el que nos atrevimos a elegir desde este blog para proponerlo a nuestros seguidores en este primer fin de semana de junio.

Fascinación (Seix Barral, 1978)

(Foto: composición propia).

Recuperación de una novela imposible de encontrar, con uno de los argumentos más originales de toda su producción: la búsqueda de una película pornográfica protagonizada por Adolf Hitler.

La periodista Moll Robbins descubre la posible existencia de una película pornográfica rodada en el búnker nazi los últimos días antes de la caída de Berlín, y cuyo protagonista sería, ni más ni menos, que Hitler. Una persona dice tener acceso a ella, pero muchos quieren conseguirla. Desafortunadamente para Moll, en el mercado negro de la pornografía la moneda de cambio es el chantaje y la corrupción, y no hay precio demasiado alto. Mientras los personajes se olvidan de sus motivos, e incluso de su alma, DeLillo nos revela la terrible realidad de nuestra codicia.

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Los nombres (Seix Barral, 1982)

(Foto: composición propia).

James Axton, un analista de riesgo estadounidense que trabaja para una multinacional, recorre el Mediterráneo y Oriente Medio redactando informes acerca de los conflictos políticos y económicos de la zona. Estamos a finales de la década de 1970. Es la época de la Revolución islámica en Irán, los secuestros terroristas y el petróleo hostil.

En una isla del Egeo, Axton tiene noticia de un asesinato que apunta a una extraña secta de culto al lenguaje. Fascinado por esta violencia ritual, se obsesiona en encontrar una explicación. Su búsqueda nos lleva hasta los límites del lenguaje y la cultura, en un rompecabezas cuya solución se encuentra en las palabras.

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Ruido de fondo (Seix Barral, 1985)

(Foto: composición propia).

Jack Gladney, un profesor universitario, vive en una pequeña ciudad americana con Babette, su cuarta esposa, y los hijos que ambos han tenido de anteriores matrimonios. Marcados por el consumismo y el miedo a la muerte, los Gladney tratan de llevar una vida familiar tranquila cuando un terrible accidente industrial provoca un escape tóxico, una nube de gases letales que amenaza su ciudad.

DeLillo capta toda la extrañeza de la existencia humana en el mundo contemporáneo. La nube tóxica es una versión más visible y apremiante de ese ruido de fondo que rodea a los Gladney y a todos nosotros: el murmullo incesante de la televisión, las transmisiones de radio, las sirenas, las ondas ultrasónicas y electrónicas, todas esas señales omnipresentes que nos hechizan y nos paralizan.

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Submundo (Seix Barral, 1997)

(Foto: composición propia).

El autor relata en su novela más emblemática cincuenta años de historia estadounidense, y nos ofrece una visión única del alma de la sociedad moderna: sus miedos y obsesiones, sus esperanzas y deseos, sus logros y frustraciones.

Desde las grandes salas de baile de Nueva York hasta los bombardeos de Vietnam o la Guerra Fría, figuras que marcaron una época se mezclan con seres anónimos y juntos iluminan los secretos de nuestra era.

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Cosmópolis (Seix Barral, 2003)

(Foto: composición propia).

A sus veintiocho años, Eric Packer es multimillonario y asesor de inversiones. Un día de abril de 2000 se enfrenta a dos desafíos: apostar su fortuna contra la subida del yen y ganar, y cruzar la ciudad en su limusina para cortarse el pelo… y llegar con vida.

Durante su viaje, una odisea contemporánea fascinante, queda atrapado en un atasco producido por diversos acontecimientos: la llegada del Presidente a la ciudad, el funeral de un ídolo de la música, el rodaje de una película y una violenta manifestación política.

"Cosmópolis" transcurre en un solo día, el último de una época, símbolo del intervalo entre el final de la guerra fría y la actual era de terror, de los años 90, cuando el mercado financiero se desploma y la "nueva economía" inicia su agonía.

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Punto omega (Seix Barral, 2010)

(Foto: composición propia).

Richard Elster, un misterioso asesor de guerra del Pentágono, vive retirado en el desierto, donde ha ido en busca de espacio y tiempo. Hasta allí lo sigue Jim, un joven cineasta obstinado en rodar su película más ambiciosa: un plano fijo de la cara de Elster, mientras éste revela a cámara secretos de Estado y reflexiona sobre la guerra de Irak.

Los dos hombres comparten su tiempo charlando y bebiendo. Cuando la hija de Elster, Jessie, llega de visita, la dinámica de la historia se altera. Los tres pasarán horas hablando y contemplando el desolado paisaje, y establecerán unos vínculos tiernos y extraños a la vez, casi como si fueran una familia. Pero un hecho devastador pondrá esta relación en peligro.

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El silencio (Seix Barral, 2020)

(Foto: composición propia).

Año 2022. Cinco amigos han arreglado para cenar en un apartamento en Manhattan. Una profesora de Física jubilada, su esposo y su exalumno esperan a la pareja que se unirá a ellos tras un accidentado vuelo desde París. La conversación abarca desde las apuestas deportivas hasta el bourbon y el manuscrito de 1912 de Einstein sobre la teoría de la relatividad. De pronto, un apagón deja al mundo a oscuras y las conexiones digitales que han marcado nuestras vidas se cortan.

DeLillo completó esta novela pocas semanas antes del advenimiento de la pandemia de Covid-19. El silencio es la historia de una catástrofe diferente y una vuelta de tuerca al poshumanismo como tema central de su obra: si ya habíamos asimilado la tecnología como una parte esencial del ser humano, ¿qué queda de nosotros, de nuestra identidad, si nos vemos obligados a renunciar a ella?

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

La historia secreta de Mafalda, o de cómo una publicidad frustrada dio origen al icónico personaje de Quino

Lo que comenzó como un encargo comercial destinado a promocionar una línea de productos para el hogar quedó archivado durante varios años. El material reapareció en una revista de actualidad y terminó por convertirse en un fenómeno cultural que trascendió generaciones y países.

El universo de Mafalda se expandió con personajes como Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Libertad y Guille, reflejando diferentes aspectos de la sociedad argentina (Foto: elobservador.com.uy).

Mafalda, personaje que nos identifica ante el mundo si los hay, nació como parte de una campaña publicitaria que nunca vio la luz, quedó archivada durante años y estuvo cerca de convertirse en un proyecto olvidado. Más de seis décadas después, la creación de Quino vuelve al centro de la escena con una muestra inmersiva prevista para octubre en el Centro Cultural Recoleta porteño, una película en desarrollo y nuevas ediciones de la obra, en un contexto marcado por el cambio de los derechos editoriales del personaje.

Para entender el nacimiento de Mafalda hay que remontarse a comienzos de la década de 1960. Según relató la profesora y traductora Flavia Pittella, la empresa Siam lanzó una línea de electrodomésticos bajo la marca Mansfield y buscó una historieta que funcionara como soporte publicitario.

La propuesta contemplaba una familia argentina que utilizara los productos de la marca. Todos los personajes debían llevar nombres que comenzaran con la letra M. En ese contexto apareció Mafalda.

La primera aparición de Mafalda en una tira gráfica sucedió en 1964 cuando Quino recuperó el material para la revista Primera Plana (Foto:).

El autor tomó el nombre de un personaje secundario y lo incorporó a la historieta que desarrollaba para la campaña. Sin embargo, el proyecto encontró obstáculos. Los diarios no aceptaron la propuesta en los términos planteados y la historieta quedó archivada. Durante varios años, Mafalda permaneció fuera de circulación.

El destino cambió cuando la revista Primera Plana necesitó una tira gráfica. Quino recuperó aquel material guardado y le dio una nueva oportunidad. Así apareció por primera vez Mafalda en 1964.

El personaje que superó a su propio creador


La historieta nació como una tira diaria protagonizada por una niña de clase media y sus padres. Con el paso del tiempo, Quino incorporó nuevos personajes que ampliaron el universo narrativo.

Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Libertad y Guille sumaron distintas miradas sobre la sociedad argentina. Cada uno representó valores, aspiraciones y contradicciones que enriquecieron las conversaciones con Mafalda. El autor encontró en esos personajes una forma de renovar la tira cuando sentía que ya había explorado muchas de las posibilidades de su protagonista.

Mafalda nació como parte de una campaña publicitaria frustrada para promocionar electrodomésticos Mansfield en la década de 1960 (Foto:).

Mafalda logró trascender el formato de historieta porque abordó temas universales. La guerra, la política, la desigualdad, la educación, la familia y la infancia aparecieron de forma constante en sus páginas.

Del archivo a un fenómeno mundial


La popularidad de Mafalda superó rápidamente las fronteras argentinas. La obra llegó a numerosos países y se tradujo a distintos idiomas. La editora española Esther Tusquets apostó por la historieta cuando todavía pocos advertían su potencial internacional. Esa decisión permitió que la obra alcanzara nuevos mercados y consolidara su prestigio.

Muchas preguntas planteadas por Mafalda mantienen vigencia. "Leyéndola hoy, hay un montón de cosas que siguen funcionando igual y un montón de injusticias que siguen siendo las mismas", afirmó Pittella. Ese vínculo con problemáticas que atraviesan distintas épocas ayuda a explicar el renovado interés por el personaje.

(Foto: Wikimedia).

Una nueva etapa para Mafalda

La actualidad de Mafalda reúne varios acontecimientos. Por un lado, se viene la mencionada muestra inmersiva para el mes de octubre que permitirá al público interactuar con imágenes y espacios inspirados en la historieta.

Por otro, el director Juan José Campanella trabaja en una película basada en el universo creado por Quino. A eso se suma la reedición de la obra y el cambio en la administración de sus derechos editoriales.

Más de 60 años después de su creación, Mafalda conserva una presencia poco habitual para un personaje de historieta. Su historia comenzó como una publicidad frustrada. El tiempo transformó aquel proyecto descartado en una referencia cultural que continúa vigente dentro y fuera de la Argentina.

(Fuente: Infobae / varios / redacción propia)

Seis antiguas tecnologías que desconcertaron a la ciencia moderna y aún son difíciles de replicar

Secretos perdidos, misterios imposibles, saberes olvidados: ciertos logros tecnológicos dejaron perplejas a generaciones enteras durante siglos y hasta hoy, lo cual demuestra que todavía tenemos mucho que aprender de las civilizaciones antiguas.

(Foto: Getty Images).

Incluso cuando la ciencia moderna comenzó a explicarlos, no disminuyó el asombro ante la sofisticación de lo que distintas culturas desarrollaron. Todo mediante prueba y error, observación minuciosa y oficio transmitido de mano en mano, hasta dar con soluciones que funcionaban de maravilla.

Desde una copa deslumbrante hasta construcciones que resisten terremotos y la corrosión del agua marina, pasando por esferas de oro inexplicables, hojas metálicas "aguadas" y colores siempre vivos. Todo muestra un conocimiento refinado que tardamos siglos en traducir al lenguaje científico moderno. 

Estos son algunos de esos ejemplos de técnicas admirables, varias en algún momento olvidadas, pero casi todas ya descifradas. Entenderlas nos dejó con más respeto aún por los artesanos, arquitectos y químicos que las inventaron.

La copa de Licurgo - siglo IV d.C.

(Foto: The Trustees Of The British Museum).

La copa de vidrio está cubierta con diversas escenas que representan la muerte de Licurgo, el rey de los edones en Tracia, tallada a partir de una sola pieza de vidrio, con una estructura externa con hojas de vid caladas que parece flotar alrededor del vaso.

Conocidas como diatreta, eran artículos de lujo que requerían un nivel de precisión, tiempo y destreza excepcionales para fabricarlas sin romper el vidrio en el proceso. Pocas sobrevivieron y entre ellas la de Licurgo sobresale, no sólo por su estado de conservación sino por su decoración figurativa compleja.

Pero lo extraordinario sucede si se cambia la iluminación: si la luz está del mismo lado que quien mira la copa, se ve verde, pero si la luz está al otro lado y atraviesa el vidrio hacia el observador, se ve roja.

Ese comportamiento ante la luz, reflejada o transmitida, fue un gran enigma hasta que a finales del siglo XX investigadores del Museo Británico, usando microscopía electrónica, descubrieron el motivo. El vidrio contiene nanopartículas de oro y plata dispersas de forma increíblemente uniforme.

El efecto se llama resonancia de plasmones superficiales: las nanopartículas absorben y dispersan distintas longitudes de onda de luz según el ángulo de incidencia. Investigadores en óptica y biomedicina hoy aprovechan ese fenómeno.

La granulación de oro etrusca - siglos VII-IV a.C.

(Foto: Getty Images).

Si miramos una joya etrusca de cerca, veremos superficies cubiertas de cientos -a veces miles- de minúsculas bolitas de oro, de menos de medio milímetro de diámetro, dispuestas con una regularidad y una precisión impresionante.

No hay costuras visibles. No hay soldaduras que deformen las esferas. Simplemente están ahí, pegadas con una limpieza técnica que hizo que durante siglos nadie entendiera cómo. La respuesta sólo llegó en el siglo XX, cuando gracias a la arqueometalurgia experimental empezó a consolidarse la comprensión del logro de este efecto.

La explicación moderna más aceptada es que los orfebres etruscos trabajaban las piezas uniendo oro con oro a muy baja temperatura; el precioso metal se fundía consigo mismo sin llegar a derretirse del todo.

Colocaban diminutas esferas sobre la superficie y las fijaban con una mezcla casi invisible de sales de cobre y un aglutinante orgánico. Luego, al calentar la pieza en el horno, el cobre permitía que los puntos de contacto se soldaran entre sí sin que el oro llegara a fundirse por completo. Así, cada bolita quedaba perfecta y en su sitio. Elegante, sutil, efectivo.

El pigmento azul maya - siglos IX-XVI d.C.

(Foto: Getty Images).

El azul maya es uno de los pigmentos más resistentes que se conocen. Murales pintados hace más de mil años en Chichén Itzá, Bonampak o Cacaxtla mantienen su color con una vividez que desafía el tiempo, la humedad tropical, los ácidos y los álcalis.

Análisis modernos descubrieron que se trata de una combinación de índigo -el tinte orgánico extraído de la planta indigofera suffruticosa- con palygorskita, una arcilla fibrosa con una estructura porosa particular. El índigo queda atrapado en los canales de la arcilla, protegido del entorno.

La composición básica del pigmento se conoce desde hace décadas y, desde al menos 1990, varios grupos de investigación han logrado réplicas aproximadas en laboratorios.

Pero "aproximado" no es lo mismo que "idéntico", y el reto está en que la extraordinaria estabilidad del azul maya depende de detalles finos en la interacción entre el tinte y la arcilla a escala molecular.

La investigación actual se centra en comprender con precisión cómo se organiza el índigo dentro de la estructura de la palygorskita y qué factores mineralógicos influyen en su estabilidad, incluyendo el tipo de arcilla utilizada.

El concreto romano - siglos II a.C.-II d.C.

(Foto: Getty Images).

Si algo es un hecho sólido es que el hormigón romano dura milenios. No hay más que ver el Panteón, ese magnífico "templo de todos los dioses", con la cúpula de hormigón no reforzado más grande del mundo, que ha estado en pie desde el año 125 d.C.

Pero quizás aún más impresionante es lo que ocurre bajo el mar. Muelles y estructuras portuarias del Imperio sobreviven sumergidos en el Mediterráneo, mostrando una durabilidad excepcional en ambientes marinos, mientras que el hormigón moderno se deteriora en pocas décadas en esas mismas condiciones.

El mecanismo fue esquivo durante mucho tiempo porque el concreto romano no se parece al moderno, que usa cemento Portland, un material obtenido al calentar caliza y arcillas a altísimas temperaturas, generando resistencia en poco tiempo.

En contraste, el hormigón romano desarrollaba sus propiedades más lentamente, a veces durante siglos, y utilizaba puzolana, la ceniza volcánica que los romanos obtenían principalmente de la región de Pozzuoli, mezclada con cal y, en el caso de las estructuras portuarias, agua de mar.

Durante décadas, los investigadores sabían cuáles eran los ingredientes pero no terminaban de entender el resultado. Entre finales del siglo XX y las primeras décadas de nuestro siglo, equipos de universidades y centros de investigación realizaron una serie de estudios que fueron ayudando a completar el cuadro.

Resulta que la interacción a largo plazo entre la cal, la ceniza volcánica y el agua de mar favorece la formación de nuevos minerales -como la tobermorita- y otras fases cristalinas, que pueden rellenar microfisuras continuamente. El hormigón se autorefuerza. No es una metáfora: los cristales crecen físicamente dentro de las grietas y las van sellando.

El material ya ha sido replicado en laboratorio. El obstáculo para adoptarlo a escala industrial no es sólo técnico, sino también logístico y económico, pues requiere ceniza volcánica específica y procesos distintos a los habituales en la industria de la construcción moderna.

El acero de Damasco - siglos III-XVIII d.C.
 

(Foto: Getty Images).

El acero de Damasco es legendario. En el Medioevo se decía que las espadas forjadas con él "podían hasta cortar un pañuelo de seda en el aire".

Eran reconocibles por su característico patrón ondulado en la superficie, que se convirtió en su marca distintiva, y destacaban por una combinación excepcional de dureza, capacidad de corte y elasticidad que evitaba que se rompieran.

Aunque se le conoce como acero de Damasco, su origen estaba mucho más al este, en Asia del Sur, donde hábiles artesanos metalúrgicos elaboraban el material del cual estaban hechas. Era un acero de altísimo contenido en carbono conocido como wootz.

Lo hacían metiendo hierro y una fuente de carbono -como plantas o madera- dentro de un crisol que luego sellaban y calentaban hasta que todo se fundiera por completo. Así, el metal se licuaba completamente, el carbono se distribuía homogéneamente, y al enfriarse lentamente, se formaban estructuras internas extremadamente finas.

Lingotes de ese acero viajaban a través de redes comerciales hacia Medio Oriente, donde forjadores especializados los transformaban en esas espadas y dagas de gran prestigio. La técnica se perdió hacia el siglo XVIII, probablemente, según la literatura especializada, debido a una combinación de factores, entre ellos que se agotaran los yacimientos específicos del hierro indio, que era su materia prima. Sin ese mineral con su perfil exacto de impurezas, la magia dejaba de funcionar.

En la década de 1980, los metalúrgicos estadounidenses Oleg D. Sherby y Jeffrey Wadsworth (Universidad de Stanford) propusieron una explicación experimental del acero de Damasco. Mostraron que sus características podían reproducirse con aceros modernos de alto carbono, que durante el enfriamiento desarrollan patrones ondulados similares.

A partir de este y otros trabajos, el misterio dejó de serlo en su funcionamiento general, aunque no en todos sus detalles históricos. Hoy existen aceros modernos capaces de igualar o incluso superar el rendimiento de corte del acero de Damasco, pero no de borrar la imagen de una espada forjada con maestría cortando un delicado pañuelo de seda en pleno vuelo.

La mampostería poligonal inca - siglos XV-XVI d.C.

(Foto: Getty Images).

La mampostería inca desafía la intuición. Bloques de piedra de varias toneladas encajan entre sí con una precisión tal que no cabe ni una hoja de papel entre ellos. No hay mortero. No hay cemento. Sólo piedra contra piedra, ajustada con una exactitud que parece imposible para una civilización sin hierro, sin rueda funcional para transporte pesado y sin herramientas modernas.

En lugares como Sacsayhuamán o Machu Picchu, los muros no solamente encajan: resisten. Han sobrevivido a siglos de terremotos que derribaron construcciones coloniales mucho más recientes.

Las piedras no son uniformes ni rectangulares; son irregulares, con múltiples caras que encajan entre sí como un rompecabezas tridimensional. Durante mucho tiempo, la pregunta fue inevitable: ¿cómo lograron ese nivel de precisión?

La respuesta, documentada en detalle por el arquitecto e investigador Jean-Pierre Protzen en un artículo de 1985 en el Journal of the Society of Architectural Historians, es a la vez sencilla y humana: martillos de piedra dura, un proceso sistemático de prueba y error, y abrasión progresiva.

Los incas trabajaban cada bloque de forma individual: tallaban una cara, la colocaban contra la piedra adyacente para ver dónde había contacto, marcaban los puntos altos, los reducían, y repetían, hasta lograr un ajuste perfecto. Protzen lo demostró de manera práctica: replicó el proceso personalmente en el campo, con herramientas similares a las que habrían usado los canteros incas.

Aunque no hay un secreto oculto en el sentido tecnológico, sí hay algo que hoy resulta difícil de replicar a escala: el nivel de precisión y tiempo invertido por miles de trabajadores organizados en un sistema de mita, durante años o décadas, con un conocimiento del territorio y la piedra acumulado a lo largo de generaciones. 

(Fuente: BBC Mundo / varios / redacción propia)