miércoles, 25 de febrero de 2026

Verano en Buenos Aires

Viví el verano en la Ciudad más linda: mucha música, actividades al aire libre y propuestas para toda la familia.


Llega Verano en Buenos Aires, una oportunidad para redescubrir la Ciudad de otra manera.
La rutina se relaja un poco, el ritmo se desacelera, el tránsito se diluye, las noches se hacen más largas y más luminosas.

Pero a la vez, todo sigue latiendo con el ritmo que une energía y entretenimiento con múltiples propuestas que hacen que en la Ciudad siempre haya un plan.

Verano en Buenos Aires reúne festivales, música en vivo, intervenciones espontáneas sorpresa y actividades para todas las edades, potenciando ese orgullo que nace solo, que es el de vivir en la Ciudad más linda del mundo.

  • Festival Nación Urbana BA
Trap al aire libre para seguir viviendo el verano 

El trap se adueña del Velódromo. 

Este sábado 28 de febrero, de 18 a 23:30 h, Nación Urbana BA te invita a vibrar al ritmo de la cultura urbana.

Una propuesta que une el talento local con la energía de la calle. 

Música en vivo, sets de DJs y la mejor gastronomía en un espacio pensado para disfrutar con amigos o en familia. 

El verano se vive en Buenos Aires. Vení a sentir el pulso de la ciudad más linda del mundo.

Entrada sin costo. Capacidad limitada.


  • Verano en los Anfiteatros | Parque Chacabuco

Durante todos los jueves y viernes de febrero, a partir de las 17 hs., una experiencia llena de arte y música para jóvenes en los anfiteatros renovados de la Ciudad.

Verano en los Anfiteatros

Este verano, los anfiteatros te invitan a a vivir una experiencia llena de arte, música y fandom.

Jueves 26 y viernes 27 de febrero, 17 h.

En el  Anfiteatro Parque Chacabuco | Curapaligüe y Zuviría | Parque Chacabuco 

¿Qué vas a encontrar?
  • Talleres de Rap, Breaking y  Beatbox 
  •  Batallas de Breaking y Freestyle
  • Intervenciones  artísticas y expo de Graffitis 
  • Torneo de básquet callejero
  • Shows y mucho más
  • Las noches más lindas de verano
Corrientes 24 hs



Te esperamos para disfrutar la noche en avenida Corrientes como nunca antes: shows, gastronomía, comercios y transporte con horario extendido.

 Pizzerías, bares, heladerías, cafeterías y restaurantes abiertos hasta las 3 AM con promociones y descuentos.
  • ​Música en vivo.
  • Cine bajo las estrellas.
  • Estacionamientos abiertos hasta las 3 AM.
  • Subte B hasta la 1.30 h.

Corrientes 24 HS - Día de los Enamorados

(Fuente: Buenosaires.gob.ar)

Power Glove: cómo el mayor fracaso de Nintendo impulsó la realidad virtual y los controles por movimiento

Su historia ilustra cómo las ideas adelantadas a su tiempo, pese a las limitaciones técnicas, pueden acelerar la innovación.

En el caso de Nintendo, el fracaso del Power Glove anticipó una revolución en la forma de jugar (Foto: Wikipedia).

Hablar del Power Glove es recordar uno de los experimentos más ambiciosos y fallidos de la historia de los videojuegos. Su lanzamiento en 1989 prometía un cambio radical en la forma de jugar, permitiendo controlar títulos de la NES (Nintendo Entertainment System) con simples movimientos de la mano.

Sin embargo, el Power Glove, lejos de cumplir las expectativas técnicas, terminó siendo recordado más por su legado cultural y tecnológico que por su utilidad real. Paradójicamente, su fracaso allanó el camino para el futuro de la realidad virtual y los controles por movimiento en la industria.

Qué fue el Power Glove

En plena fiebre de la innovación ochentera, el Power Glove apareció como el primer periférico masivo que apostaba por el control corporal en los videojuegos. En vez de limitarse a crucetas y botones, la propuesta era usar la mano para golpear, girar o interactuar con el entorno virtual. 

(Foto: Shutterstock).

Aunque hoy relacionamos a Nintendo con el guante, el proyecto fue ideado y desarrollado por Abrams/Gentile Entertainment y fabricado por Mattel en Estados Unidos y PAX en Japón. Nintendo se sumó tras una presentación clave, viendo el potencial revolucionario del dispositivo.

El guante utilizaba sensores de fibra óptica para detectar el movimiento de los dedos y emisores de ultrasonido para ubicar la posición de la mano. Era, en esencia, el sueño de la realidad virtual mucho antes de que la tecnología estuviera lista para hacerlo realidad.

Por qué fracasó

La idea era visionaria, pero la implementación se topó con varios obstáculos técnicos y prácticos:

Imprecisión extrema: el sistema requería instalar tres receptores alrededor de la televisión. Cualquier obstáculo, incluso un leve movimiento, hacía que el control perdiera precisión, volviendo la experiencia frustrante.

Dificultad de configuración: para cada juego, era necesario ingresar códigos complejos en un panel numérico situado en el propio guante, lo que resultaba poco intuitivo y tedioso.

Fatiga física: jugar largos periodos con el brazo extendido causaba agotamiento, un problema conocido como "efecto brazo de gorila".

Escasez de juegos compatibles: sólo dos títulos fueron diseñados específicamente para el Power Glove (Bad Street Brawler y Super Glove Ball). En los demás, el guante funcionaba como un control incómodo y poco efectivo.

(Foto: Shutterstock).

A pesar de todo, la combinación de marketing agresivo y la promesa de una experiencia futurista lograron que el Power Glove fuera un éxito comercial breve, convirtiéndose rápidamente en objeto de culto.

Por qué es recordado en el "mundo gamer"

El Power Glove se ganó un lugar en la cultura pop, especialmente tras su aparición en la película "The Wizard" (El Campeón del Videojuego) en 1989. La frase "I love the Power Glove. It’s so bad" se volvió emblemática, jugando con la ambigüedad entre lo "genial" y lo "malo" del dispositivo.

Con el paso de los años, el guante dejó de ser motivo de burla para convertirse en pieza de colección y símbolo de una era en la que la tecnología prometía cambiarlo todo, aunque no siempre estuviera lista para hacerlo.

Aunque su uso fue limitado y su desempeño decepcionante, el Power Glove dejó una huella profunda. Si bien no logró imponer el control por movimiento en su momento, sentó las bases conceptuales para lo que años después Nintendo lograría con el Wii Remote.

La idea de jugar con el cuerpo y no sólo con los pulgares evolucionó hasta convertirse en uno de los pilares de la industria, influyendo tanto en la realidad virtual como en las consolas modernas.

Hoy, la realidad virtual y los controles por movimiento forman parte integral de la experiencia en videojuegos. Accesorios como Oculus Touch, PlayStation Move o los mandos de Nintendo Switch deben parte de su existencia a aquella arriesgada apuesta de los 80.

El Power Glove es la prueba de que no todo fracaso es un final. Su historia demuestra que la experimentación, incluso cuando no alcanza sus metas, puede inspirar avances decisivos. En el caso de Nintendo, el fracaso del Power Glove anticipó una revolución en la forma de jugar, marcando el inicio de la era de los controles gestuales y la realidad virtual que hoy dan forma al futuro del entretenimiento digital.

(Fuente: Xataka / Infobae / varios / redacción propia)

Consideraciones sobre la luz y el color: una visión cuántica

Lo que conocemos coloquialmente como "el color de las cosas" es el resultado de varios procesos cuya naturaleza es, en la mayor parte de los casos, intrínsecamente cuántica. El fenómeno es producto de eventos simultáneos en ambos protagonistas: el observador y lo observado. Así, encontramos un nexo insospechado entre nuestra experiencia cotidiana del color y los principios cuánticos subyacentes responsables. 

(Foto: Dimitrij Stroganov / iStock).

Visión histórica

Nuestra concepción de la luz y el color tiene una historia larga y sinuosa. En sus orígenes, estuvo fuertemente condicionada por los caprichos de la experiencia visual subjetiva. Actualmente distinguimos sus aspectos físicos (la luz como fenómeno electromagnético y fundamentalmente cuántico), fisiológicos (su detección en el ojo y comunicación al cerebro) y psicológicos (su interpretación en términos de color). Sin embargo, en la antigüedad no estaba claro en absoluto.

Empédocles (siglo V a. e. c.) propuso una teoría integral de la luz y la visión que combinaba dos ideas: la luz es una emanación que viaja y la visión implica un rayo que sale del ojo. Es la idea de la extramisión, hoy en día equiparable a un "terraplanismo óptico". Por contraparte y en la misma época, Leucipo defendió tempranamente la idea de intromisión, según la cual los objetos emiten efluvios recibidos por el ojo, permitiendo la visión.

En el siglo XI, Alhacén explicó (con argumentos que lo acercan a la ciencia moderna) que la visión es debida a la luz reflejada en los objetos y dirigida a los ojos. Quedó pendiente, sin embargo, la discusión acerca de la naturaleza misma de la luz que, en siglos posteriores, involucró a Isaac Newton (siglos XVII-XVIII, defensor de la teoría corpuscular) y Christiaan Huygens (siglo XVII, promotor de la teoría ondulatoria), entre otros más excéntricos como el jesuita Athanasius Kircher (siglo XVII) y el poeta Johann Wolfgang von Goethe (siglos XVIII-XIX), quienes reparaban ante todo en la experiencia sensorial del color.

Luz y materia

A principios del siglo XIX, el científico inglés Thomas Young demostró que la luz era un fenómeno ondulatorio mediante una serie de experimentos de interferencia, ya clásicos, con una doble rendija. La luz consistía en ondas, ¿pero ondas de qué?

Estudios posteriores establecieron que la luz es una oscilación del campo electromagnético que se propaga en el vacío a una velocidad de aproximadamente 300.000 km/seg. La llamada luz visible, la que percibimos con nuestros ojos, no es más que una diminuta fracción de un espectro que va desde las suaves ondas de radio a los muy energéticos rayos gamma, invisibles a esos mismos ojos, pero no a otros órganos, como la piel, donde las radiaciones infrarrojas son percibidas como calor y las ultravioletas dejan su impresión en el bronceado.

Los distintos colores que observamos al descomponer la luz visible con un prisma corresponden, por tanto, a distintas frecuencias de oscilación de esas ondas. Una característica notable de la teoría electromagnética es que vincula decisivamente la luz a sus fuentes: las cargas eléctricas en movimiento.

Las radiaciones electromagnéticas son producidas por cargas eléctricas aceleradas que forman la materia misma, como los electrones o los protones, ya sea en una antena (ondas de radio o microondas), en una bombilla o un led (luz visible), en un tubo de rayos X o en un núcleo atómico que se desintegra (rayos gamma). En definitiva, luz y materia están asociadas de modo fundamental: las cargas eléctricas pueden perder o ganar energía emitiendo o absorbiendo ondas electromagnéticas. Ahora bien, ¿cómo sucede esto?

Pequeños paquetes de energía

Hacia 1900, el desafío tecnológico de convertir la iluminación de gas en eléctrica impulsó a la comunidad científica a estudiar los mecanismos de emisión de luz en los cuerpos incandescentes. En un intento por reproducir su espectro de emisión y evitar la llamada "catástrofe ultravioleta" (una emisión exagerada de radiaciones muy energéticas, predicha por la teoría clásica del electromagnetismo, que no se cumple en la práctica), Max Planck descubrió que este fenómeno requería una nueva construcción teórica en la que las ondas lumínicas fueran emitidas en pequeños paquetes de energía.

De este modo, la energía total emitida debía ser múltiplo de una cantidad mínima indivisible, que dependía exclusivamente de la frecuencia de oscilación de la luz (o, en otras palabras, de su "color"). Planck denominó "cuanto" a cada uno de estos paquetes de energía, y ya nada volvió a ser igual.

Lo que para Planck fue un artificio matemático, en manos de Einstein se convirtió en una pieza fundamental del rompezabezas de la naturaleza. Comprendió que los cuantos permitían explicar el efecto fotoeléctrico, una respuesta singular a la absorción de luz en metales según su frecuencia, que la teoría electromagnética clásica no podía explicar.

En el campo de la espectroscopía atómica -conjunto de técnicas analíticas que estudian la interacción de la radiación electromagnética con los átomos para determinar la composición elemental de una muestra-, los cuantos de luz (finalmente denominados "fotones") explicaban las líneas de emisión y absorción como transiciones de energía bien definida entre los estados electrónicos en los átomos. Más importante aún: estos fenómenos revivieron la interpretación corpuscular de la luz, pero sin desplazar sus características ondulatorias previamente establecidas. Son hallazgos centrales para entender la relación entre luz y cuántica, como veremos a continuación.

Raíces cuánticas del color

De acuerdo a lo anterior, cuando un haz de luz incide sobre un material (lo observado), los fotones que lo componen solo pueden ser absorbidos si su energía coincide con el escalón energético existente entre dos niveles electrónicos del material. Cuando esto ocurre, los electrones que se encuentran en el nivel de energía más bajo, conocido como "fundamental", pasan a un nivel superior, el estado "excitado".

Estos electrones, transcurrido un tiempo (típicamente, del orden de la milmillonésima de segundo), pueden relajarse y volver a su estado fundamental, ya sea a través de vibraciones de los átomos o moléculas que forman el material o emitiendo fotones de menor energía.

La energía inicialmente absorbida puede, por tanto, devolverse al entorno en forma de calor (disipación) o de luz (luminiscencia). Todos estos procesos tienen lugar entre estados discretos (es decir, escalonados: sistemas o variables que sólo pueden tomar valores fijos y separados, como encendido/apagado, 0 o 1) de las partículas involucradas, ya sean fotones, electrones o vibraciones, cuyas propiedades vienen establecidas por la mecánica cuántica.

Sin embargo, ¿qué ocurre con la luz incidente cuya energía no coincide con ningún salto entre niveles electrónicos del material? Simplemente, no es absorbida y, por tanto, los fotones que la componen son necesariamente reflejados o transmitidos. Son precisamente estos fotones los que llegan hasta nuestros ojos (los del observador) y determinan el color de los objetos que observamos.

Ojos cuánticos

Después de atravesar córnea, pupila, cristalino y humor vítreo, los fotones reflejados, transmitidos o emitidos por el objeto de nuestra observación, llegan a la retina. Allí, a su vez, excitan unos receptores denominados conos que contienen pigmentos encargados de absorber los fotones de los distintos colores. Esta captura se produce mediante un proceso similar al descrito para la absorción de luz que tiene lugar en el objeto observado, es decir, intrínsecamente cuántico.

Los conos convierten la señal luminosa que reciben en eléctrica y esta viaja por el nervio óptico hacia el cerebro hasta llegar a la corteza visual, que interpreta, invierte y da sentido a dicha señal. Así, los distintos colores que percibimos dependen tanto del catálogo de niveles energéticos de los objetos observados -ya que estos determinan la energía de los fotones que serán reflejados, transmitidos o emitidos- como del buen funcionamiento de los receptores en nuestra retina.

Un fallo en la detección por alguno de estos receptores (cianopsia para el azul, cloropsia para el verde, eritropsia para el rojo) da lugar a la disfunción cromática conocida como daltonismo. Tanto en lo observado como en el observador, los procesos involucrados en el fenómeno del color sólo pueden describirse adecuadamente gracias a la teoría cuántica elaborada inicialmente por Einstein y Planck para explicar el espectro de emisión de objetos, tales como lámparas o estrellas.

Colores clásicos

Si bien toda luz es de origen cuántico, así como lo son la mayor parte de fenómenos responsables del color, hay muy significativas excepciones. El blanco de las nubes, el brillo tornasolado de un escarabajo, el reflejo iridiscente de una pompa de jabón… son todas ellas expresiones del fenómeno del color que pueden explicarse considerando únicamente la naturaleza ondulatoria de la luz, ya descrita con precisión en el siglo XIX en el marco de la física clásica, sin necesidad de involucrar ningún concepto cuántico.

En todos estos casos, el color que observamos es el resultado de la forma en la que se encuentra estructurada la materia en escalas de longitud del orden de la micra (una millonésima de metro). En lugar de la absorción o emisión de luz debidas a saltos de los electrones entre niveles de energía bien definidos, indispensables en física cuántica, los procesos relevantes en estos ejemplos son la dispersión, interferencia y difracción de la luz. Éstos dependen no tanto de la estructura electrónica de los materiales, como de la manera en que varía la propagación de las ondas lumínicas al atravesar regiones de distinto índice de refracción.

Se trata de un fenómeno conocido como "color estructural", que produce algunos de los colores más llamativos de la naturaleza. La física subyacente en estos casos es, si bien conceptualmente menos compleja que la cuántica, igualmente fascinante.

(Fuente: Fundación Telefónica / The Conversation / varios / redacción propia)

Un libro para pensar el difícil presente socio-político argentino desde la psicología

"El autoerotismo libertario: escritos sobre la irracionalidad", del doctor en psicología Sebastián Plut, enlaza observaciones sobre la falta de empatía, la indiferencia, el individualismo y la ignorancia. Todo para intentar entender la subjetividad libertaria, pero también los efectos sociales de la retórica de la derecha.

(Foto: composición propia).

El nuevo libro del doctor en psicología y psicoanalista Sebastián Plut iba a tener como título "Aguafuertes de la Argentina libertaria": la idea era reunir todos los artículos que el autor había escrito en distintos medios desde que Javier Milei empezó a incursionar en política. Pero resultaba una publicación demasiado extensa. Lo tenía que reducir y, entonces, a Plut ya no le parecía que funcionaba como aguafuertes con reminiscencias "arlteanas".

De todos modos, había un concepto que el psicoanalista venía trabajando y que formaba parte de algunos capítulos: el autoerotismo. "El autoerotismo libertario" (Ediciones Topía) se titula, precisamente, su flamante libro.

"Freud señala que la cultura tiene dos enemigos: la hostilidad y el individualismo", recuerda Plut (Foto: Sandra Cartasso).

Vale recordar que el autoerotismo es una categoría psicoanalítica freudiana que a Plut le resultó bastante potente para pensar algunos problemas de esta Argentina libertaria, básicamente dos de estos. "Uno es la idea del individualismo; o sea, darle una conceptualización psicoanalítica a qué significa el individualismo porque si no, queda como una categoría moral o solamente descriptiva. Y, entonces, quería darle una profundización más conceptual y el concepto de autoerotismo me permitía pensar con más detalle qué quiere decir esta idea de que uno se baste a sí mismo donde el otro puede no importar en términos de solidaridad, de cooperación, de diferencia", detalla el autor.

"Y al mismo tiempo esta categoría, siempre siguiendo la hipótesis de Freud, permite pensar esa situación en la que cada quien puede creer en lo no creíble. Puede configurar la realidad o creer que la realidad es lo que uno piensa y no que uno tiene que pensar cómo es la realidad", agrega.

Plat recuerda algunos otros hitos que abonaron este camino: el asesor de imagen política Jaime Durán Barba afirmó que "Adolf Hitler era un tipo espectacular". Un exfuncionario del ex presidente Mauricio Macri dijo, invocando a una frase que los nazis pintaban en sus campos de concentración,  que "el trabajo nos vuelve libres”, otro se reunió con la activista pro dictadura militar Cecilia Pando y un tercero se reunió con miembros de un partido nazi. Al mismo tiempo que el también ex funcionario Darío Lopérfido ponía en duda el número de desaparecidos durante la dictadura cívico militar de Argentina, Claudio Avruj hacia lo mismo con la cifra de 6.000.000 de judíos asesinados por el nazismo.

Bajo la intendencia de un dirigente del mismo signo político se organizó un homenaje a Eva Braun, y Macri apeló a frases del libro "Mi lucha", de Hitler, como "veneno social" y "personas envilecidas". Recientemente, se hizo público un video en el que otro ex funcionario macrista expresaba su deseo de contar con una Gestapo para terminar con los derechos laborales.

Milei grita que ellos son superiores estéticamente y lanza el insulto "zurdos de mierda". José Luis Espert -ex legislador libertario, hoy defenestrado por probables vínculos con el narcotráfico- proclama su criminología del "queso gruyere" y de la opción "cárcel o bala". Patricia Bullrich invita a que quien quiera ir armado que vaya armado, y la también macrista María Eugenia Vidal discrimina por barrio y billetera el consumo de marihuana. Como se ve, no es un caso aislado, es un sistema de pensamiento.

Mentir, siempre mentir

Si nos desveló la pregunta sobre por qué y cómo tantos sujetos pudieron creer en la hipocresía neoliberal, el interrogante hoy continúa con un agregado: qué ocurre cuando la falsedad se hace evidente. ¿Qué le sucede al crédulo cuando descubre que creyó lo no creíble? Sería ingenuo esperar que quién creyó esa mentira, cuando descubrió la verdad criticará a quién le mintió. Desde Freud, con sus hipótesis sobre la desmentida, sabemos que lo ominoso trabaja de otra manera.

Los esfuerzos por desconocer la realidad no se dan fácilmente por vencidos y, además, la vergüenza es muy perturbadora. Así, quien le creyó al odio, en su cíclica inanición, pedirá más del mismo alimento vacío. Le exigirá a quien lo engañó que lo provea de nuevos argumentos para seguir creyendo y odiando.

"De todos modos, creo que lo más probable es que este gobierno libertario quedará en la memoria por un único logro: su destructividad. Si destacamos la irracionalidad, entonces, es porque este rasgo unifica a los destructores con quienes consienten ese objetivo, por satisfacción, por venganza o por indiferencia", conclye Plut.

Más allá de encontrarse ya disponible en edición física, el texto puede comprarse y descargarse en formato digital haciendo click aquí.

(Fuente: Página 12 / bajalibros.com / La Tecla Eñe / varios / redacción propia)

martes, 24 de febrero de 2026

Agenda Cultural: el Palacio Libertad (ex Centro Cultural Kirchner) cierra febrero y arranca marzo con un abanico de propuestas para todos los gustos

El complejo cultural más importante de Latinoamérica, ubicado en Sarmiento 151 (CABA), propone mucha música, danza, instalaciones y un espectáculo para los más pequeños, todo con entrada libre y gratuita.

• Orquesta Sinfónica Nacional


En su primer concierto de la temporada, la Orquesta Sinfónica Nacional se presenta bajo la batuta de su director principal, Emmanuel Siffert. El programa comprende obras de Alberto Williams, Camille Saint-Saëns, Serguéi Rajmáninov y Alexander Glazunov, con la participación del violinista Luis Roggero como solista invitado.

Viernes 27 de febrero, 20: 00 - Auditorio Nacional.

Enlazados, por el Ballet Folklórico Nacional


Con dirección de Glenda Casaretto y subdirección de Fernando Muñoz, el Ballet Folklórico Nacional presenta "Enlazados", un espectáculo que reúne adaptaciones de clásicos de la música popular argentina.

Jueves, viernes y sábados, 20:00 - Domingos, 19:00 - Sala Argentina.

Intervenciones, obras de sitio específico


El ciclo suma tres nuevas obras que dialogan con la arquitectura neoclásica del antiguo Palacio de Correos: "Un bosque en ruinas", de Juan Rey (Hall de ingreso y Hall central), "Las formas que repito en mi corazón", de Diana Ferrari (Plaza Seca), y "Hacer un paisaje", de Magdalena Molinari (cuarto piso).

Desde el jueves 26 de febrero - Miércoles a domingos, 14:00 a 20:00 - En los sitios arriba detallados.

Crepusculares: Que haya insistencia, por Una Constante



Una nueva propuesta especialmente concebida para disfrutar bajo la puesta del sol en la Cúpula. "Que haya insistencia" es una pieza de la compañía Una Constante en la cual el movimiento se traduce como una acción vital. Aquí, los cuerpos no se detienen a pesar de dificultades, cansancios y obstáculos.

Sábado 28 de febrero y domingo 1 de marzo, 19:00 - La Cúpula.

Homenaje a Hilda Herrera y Saúl Cosentino, por la Orquesta Nacional de Música Argentina


Dos figuras centrales del piano argentino serán celebradas en un concierto dirigido por Lucía Zicos. Invitados: Hilda Herrera, Diana Lopszyc, Andrés Pilar, Natalia González Figueroa, Nélida Sánchez, Daniel Goldstein y Sebastián Gangi en piano, Rafael Gíntoli en violín, Manuela Argüello y Diana María en voz.

Miércoles 25 de febrero, 20:00 - Auditorio Nacional.

Tardes de jazz: Sergio Wagner Quartet


El trompetista Sergio Wagner se presenta al frente de su cuarteto, que completan Ernesto Jodos en piano, Jerónimo Carmona en contrabajo y Eloy Michelini en batería, en el inicio de una nueva temporada del ciclo Tardes de jazz.

Sábado 28 de febrero, 19:00 - Plaza Seca.

Sensus: performance interactiva de Sares


Una performance visual inmersiva que explora las conexiones entre la emoción humana, el tiempo y la naturaleza. A través de una tecnología que analiza las caras del público, la obra reacciona en vivo a las emociones de sus espectadores, creando una sinergia entre el ser humano y el entorno digital.

Sábado 28 de febrero, 17:00, 18:00 y 19:00 - Sala Inmersiva.

Tardes del mundo; Willow celta


Entre las melodías medievales, los relatos y la herencia viva de los pueblos celtas, el trío integrado por Daniel Lyndon Lescano, Ivana Ordaz y Martín Corripio abre la temporada 2026 del ciclo Tardes del mundo con un concierto que combina las sonoridades de Bretaña, Gales, Irlanda, Escocia y Galicia.

Domingo 1 de marzo, 18:00 - Plaza seca.

Agua de sol y cuentos a cuerda: música, narración y juegos para los más chicos


Agua de Sol ofrece un espacio lúdico con instrumentos de percusión, canciones con títeres y narración de cuentos con teatro kamishibai. Mientras tanto, el dúo Cuentos a Cuerda aborda la experiencia colectiva de leer desde una perspectiva amorosa y sensible. Una invitación a cantar, bailar, jugar y compartir con otros.

Sábado 28 de febrero y domingo 1 de marzo, 16:00 y 18:00 - Sala 303.

(Fuente: prensa Palacio Libertad)

Treinta y tres años del SMS: la historia de un éxito accidental que, aún hoy, sigue ayudándonos

Hace poco se cumplieron 33 años de un hito que marcaría toda una época. Un 3 de diciembre de 1992, el ingeniero Neil Papworth envió "Merry Christmas" (Feliz Navidad) desde una computadora a un teléfono móvil. Se trataba del primer SMS, del que Papworth no recibió respuesta.

(Foto: Shutterstock).

El motivo de la "no respuesta": los teléfonos móviles de entonces sólo podían recibir mensajes, pero no responderlos. También, de forma inesperada, los SMS sobreviven en la era del internet móvil, las redes sociales y WhatsApp. ¿Cómo logró una tecnología tan limitada convertirse en un fenómeno global? ¿Por qué, tres décadas después, sigue siendo fundamental en nuestra infraestructura digital?

Un ejemplo de ingeniería eficiente

Para entender el SMS hay que entender cómo funcionaban las redes móviles de los años 90. Cuando hablábamos por teléfono, la voz ocupaba el canal principal. Para que esto fuera posible las redes tenían canales secundarios de señalización. Estos se utilizaban para hacer que el teléfono sonara cuando llegaba una llamada, o decir que había cobertura.

Los creadores del estándar de telefonía móvil GSM (2G) se dieron cuenta de que ese canal de señalización no siempre se usaba. El SMS nació aprovechando este vacío, en un ejemplo paradigmático de ingeniería eficiente. Esta naturaleza técnica definió su característica más famosa: el límite de 160 caracteres. De ahí el nombre tras las siglas: servicio de mensajes cortos (del inglés "Short Message Service").

Un éxito inesperado

Una característica muy curiosa de la historia del SMS es que no fue diseñado para la comunicación entre personas. Aquellos 160 caracteres tenían un destino puramente profesional: la telemetría y el control de flotas. 

El objetivo era la comunicación "máquina a máquina". Por ejemplo, que un camión enviara su ubicación automáticamente o que una máquina avisara al almacén central de que se había quedado sin existencias. Los SMS fueron los precursores "del internet de las cosas".

En los primeros años, muchas compañías ni siquiera tenían un sistema para facturar los SMS a particulares. El éxito fue puramente accidental y fue impulsado por los usuarios. La clave estaba en que los SMS eran discretos, asíncronos y baratos. Al menos al principio, cuando costaban menos dinero que llamar).

La limitación forzosa del tamaño de los mensajes cambió nuestro lenguaje. La necesidad de ahorrar caracteres y dinero dio lugar a la economía del lenguaje SMS: el "xq" en lugar de "porque", los emoticones hechos con signos de puntuación y la síntesis extrema de ideas. Tal fue la magnitud del fenómeno de los SMS, que la infraestructura llegaba a su límite en algunos momentos.

Los SMS hoy

Con la llegada de los smartphones y las redes 3G y 4G, aplicaciones como WhatsApp, Telegram e iMessage canibalizaron el uso personal del SMS. Eran gratis, ilimitados y permitían el envío de archivos multimedia mediante MMS (del inglés, "Multimedia Messaging Service", servicio de mensajería multimedia). Aquello podría haber significado el fin de los SMS, pero no fue así.

El SMS ha sobrevivido hasta hoy gracias a una mutación funcional. Ya no lo usamos para decir "te quiero mucho", sino como una herramienta de seguridad, aunque no exenta de vulnerabilidades.

La larga vida de los SMS se debe a dos motivos:

• Es una tecnología universal. Funciona en el 100 % de los teléfonos móviles del mundo, sean inteligentes o no, y no requiere conexión a internet (datos). Solo es necesario que exista cobertura de voz.

• Hoy la mayor parte del tráfico es generado por máquinas. Los SMS son los reyes de la autenticación de doble factor, las alertas de paquetería y las citas médicas. También son la base de los avisos de emergencia gubernamentales.

El futuro de los mensajes cortos

Hoy el SMS clásico vive una extraña dualidad. Por un lado, es la única tecnología que funciona en el 100 % de los teléfonos del mundo, siendo el estándar "de facto" para que los bancos confirmen operaciones. Sin embargo, para la comunicación entre personas, quedó obsoleto hace años. Precisamente esa obsolescencia técnica lo convirtió en el arma de una guerra comercial entre Apple y Google: la polémica de las burbujas verdes contra las burbujas azules.

Durante años Apple diferenció visualmente en su aplicación iMessage los mensajes enviados entre iPhones (azules, con todas las funciones modernas) de los enviados desde Android (verdes, que recurrían al viejo protocolo SMS/MMS). Esto provocó cierta estigmatización social al usuario de la burbuja verde (especialmente en EE. UU.) como si fuera alguien tecnológicamente inferior.

La solución a este conflicto y el verdadero heredero del SMS es el RCS (siglas en inglés de "Rich Communication Services"). El RCS es la evolución natural del estándar: permite enviar fotos en alta calidad, ver cuándo el otro está escribiendo y confirmar la lectura, pero sin depender de una aplicación privada como WhatsApp. En su lugar, funciona de forma nativa en la red de las operadoras.

Los SMS han superado la treintena de edad en un envidiable estado de salud. Su historia nos deja una lección valiosa sobre la innovación: a veces, las mayores revoluciones no surgen de una planificación corporativa perfecta, sino de usos inesperados de gente común, como cualquiera de nosotros.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

lunes, 23 de febrero de 2026

La revolución poética de Goma, una editorial de libros inusuales y voces emergentes

La originalidad y el diseño experimental son la marca de la editorial de María Antonia Rodríguez, que propone experiencias de lectura inusuales y conquista a lectores curiosos y exigentes. Una charla con su creadora.

El catálogo de Goma incluye siete títulos en su primer año, con autores argentinos y extranjeros, y géneros que abarcan poemarios y libros de fotografía (Foto: prensa Goma Editora).

Alguna vez alguien señaló el número de editoriales independientes en la Argentina. Ese número, anecdótico, que tal vez funcione para las estadísticas, es irrelevante en los hechos porque lo significativo es la identidad que poseen, lo rico de la bibliodiversidad que trae aparejado este suceso y el aporte al mapa del sector.

Hay casos en los que, por estética, por la conformación del catálogo, por temática, libros y proyectos editoriales son fácilmente identificables fuera de los estantes de las librerías, y se posicionan rápidamente en la mira de lectores exigentes.

Así sucede con Goma, de la argentino-venezolana María Antonia "Maito" Rodríguez, una editorial independiente que, como se lee en su sitio web, "cree en la belleza de la imagen poética y en el poder del libro para transmitirla a través del lenguaje escrito y visual". Con apenas un año de vida, dos premios en su haber, esta editorial nació con dos líneas editoriales iniciales: poesía y libros-obra de fotógrafos y artistas visuales.

Tienen ya publicados siete títulos: cuatro poemarios, un libro de poemas gráficos y dos libros de fotografía. Entre sus autores hay vivos y muertos: argentinos, extranjeros que viven en la Argentina y otros que producen desde diversas latitudes.

María Antonia "Maito" Rodríguez fundó Goma Editora tras una trayectoria en revistas culturales y un exitoso proyecto fotográfico personal, "Error de madre" (Foto: prensa Goma Editora).

Maito Rodríguez lleva tiempo vinculada con el mundo editorial, a través de revistas y suplementos culturales de arquitectura y arte. Cofundó el colectivo fotográfico La ONG Buenos Aires, editó en 2020 "Error de madre", un libro con fotografías descartadas de sus hijos y breves textos poéticos, que fue finalista del Premio Internacional FELIFA.

"El proceso de concebir, diseñar y editar ese proyecto resultó tan enriquecedor que decidí dedicarme de lleno al trabajo editorial. Así nació Goma Editora. En Goma busco reunir mis intereses en diseño, literatura y artes visuales, pero sobre todo experimentar con el libro como espacio de exploración formal y conceptual", cuenta. 

La editorial independiente Goma destaca en la escena literaria argentina por su enfoque en poesía y libros de arte (Foto: prensa Goma Editora).

En la charla que sigue, amplía la mirada acerca de esta editorial, que "se propone ser un laboratorio donde confluyen voces emergentes y consagradas, siempre con la intención de expandir los límites de lo que un libro puede ser", según sus palabras.

-Antes que nada, ¿cuál es el origen del nombre?

-El nombre llegó después de semanas de rumiar opciones, como una meditación en segundo plano: aparecían palabras o frases, imágenes y evocaciones, pero ninguna me resultaba del todo adecuada. En paralelo, la identidad de la editorial se iba delineando con mayor claridad, hasta que un día escuché la palabra ‘goma’ y fue un momento ¡Ah!

Goma evoca algo elástico, maleable, que se estira y cambia de forma, pero puede volver a su estado original. Esa flexibilidad es fundamental para la editorial: la posibilidad de reunir intereses diversos -la poesía, las artes visuales, el diseño, el experimento-, todo en torno a la forma libro.

Es también un sonido sencillo y directo: pocas letras, una sola palabra. Goma está lejos de la solemnidad, y eso es importante para mí: poder sostener una seriedad divertida, no banal, parecida a la que tienen los niños cuando juegan. Todas las implicancias de la palabra me resultan apropiadas para el trabajo editorial: algo que sirve para borrar, una sustancia que puede pegarse a otras, una rueda que se pone en movimiento o una teta que nutre. Un globo.

-¿Cómo nace el proyecto, que apenas cumplió un año, pero ya ha hecho olas?

-El proyecto nace de un deseo largamente postergado, que empezó a materializarse durante el año de la pandemia. En ese momento, los proyectos de los que formaba parte -ligados a la fotografía y a la enseñanza- se disolvieron en ese licuado de paranoia y parálisis que fue ese tiempo. Aproveché entonces la crisis existencial para asomarme al abismo, es decir, a los archivos desordenados de mi disco duro. Allí encontré, entre otras cosas, innumerables fotos descartadas de mis hijos.

Con ese material decidí hacer un libro que se llamó "Error de madre". Trabajé durante varios meses con un diseñador e imprimí apenas diez copias. El proceso de materializar ese libro me produjo tanta satisfacción y placer que, en medio del vértigo pandémico, decidí que este era el trabajo que quería hacer de ahora en adelante. Error de madre fue seleccionado para el Premio Internacional FELIFA 2023 y, hace apenas unos días, también quedó finalista del premio del CdF (Centro de Fotografía de Montevideo). Sigue dándome alegrías.

Luego vino un tiempo de búsqueda y definición de la identidad del sello, en el que fue fundamental mi amigo Lope Gutiérrez, de In-House International. A partir de ahí, todo empezó a ocurrir de manera bastante orgánica. Los libros comenzaron a hacerse realidad hace poco más de un año, pero el deseo de tener un sello editorial propio es mucho más antiguo. Finalmente, los senderos de mis múltiples intereses profesionales me trajeron hasta aquí.

La flexibilidad, la seriedad lúdica y la experimentación definen la identidad de Goma, en consonancia con el significado de su nombre (Foto: prensa Goma Editora).

-El catálogo apuesta por dos géneros ambiciosos: poesía y arte. ¿Cómo se sostiene en una coyuntura complicada, teniendo en cuenta que son libros de factura compleja y costosa?

-La edición independiente es siempre desafiante en términos económicos, pero también es, ante todo, una toma de posición. Editar poesía y libros de arte hoy implica decidir qué vale la pena sostener en un contexto que privilegia la velocidad, la rentabilidad inmediata y la estandarización. En ese sentido, cada editorial independiente va construyendo sus propios modos de financiamiento como parte de un modelo de trabajo.

En el caso de Goma, el proyecto comenzó con una inversión inicial importante y una curva de aprendizaje intensa. Los primeros libros tuvieron tiradas demasiado grandes, marcadas por el entusiasmo y la falta de realismo. Con el tiempo aprendimos a ajustar esas decisiones, a diversificar los puntos de venta para ganar visibilidad y a construir alianzas con otros editores, libreros, ferias, que comparten una mirada similar sobre el libro como objeto cultural.

La búsqueda de financiamientos públicos y apoyos institucionales forma parte de esa misma estrategia de supervivencia. Es un trabajo que requiere tiempo y energía, pero que a veces da frutos. Recientemente, recibimos un premio del Fondo Nacional de las Artes para editar un libro con obras de Andrea Ostera y Beatriz Vignoli, y también apoyo del Gobierno de Brasil para la traducción al español de un libro del poeta brasileño Glauco Mattoso.

Paralelamente, tenemos otros trabajos y ofrecemos asesoría editorial para proyectos por encargo, que no integran el catálogo de Goma, pero que permiten financiar los libros que sí lo conforman. Dormimos poco. Todo esto es una forma de malabarismo permanente: a veces agotador, a veces gratificante, pero siempre creativo.

Para nosotros, es fundamental que el condicionante económico no determine qué se edita y qué no. Las concesiones, cuando existen, deben darse en otros planos: reducir la cantidad de títulos por año, ajustar las tiradas o repensar los modos de producción, pero no renunciar al sentido ni a la apuesta estética. En ese margen se juega el verdadero trabajo de una editorial independiente.

Goma prioriza la sostenibilidad económica diversificando puntos de venta, alianzas y asesoría editorial, sin ceder su apuesta por la calidad y la estética (Foto: prensa Goma Editora).

-Publicaron un libro como La ciudad oculta y apostaron por hacer un ejemplar único y original (casi invisible) que, además, juega con el título. ¿Hay una búsqueda en Goma de apostar por libros en los que la materialidad no sea un ítem más en la edición?

-Sí, exactamente: la materialidad de los libros es algo que va a ser cada vez más central en el catálogo de Goma. No la entendemos como un elemento accesorio, sino como una dimensión de sentido, inseparable del texto. El ejemplo que usas es un libro que reproduce el largo poema "La ciudad", de Gonzalo Millán, en tinta reactiva a la moneda. Por eso parece un libro en blanco, que debe descubrirse raspando sus páginas con una moneda de 10 pesos chilenos incluida en la solapa. Decidimos hacer este libro ante la imposibilidad de conseguir una edición impresa accesible.

El poema fue censurado durante la dictadura de Pinochet y luego permaneció reiteradamente fuera de circulación, atrapado en burocracias. Nos interesaba trabajar sobre ese doble silenciamiento y convertirlo en una experiencia de lectura: un texto que existe, pero que hay que revelar. Al mismo tiempo, el poema -en su versión original, publicada por Millán durante su exilio en Canadá- se encuentra disponible libremente en PDF, como ocurre hoy con gran parte de la literatura.

Ese contraste nos parece clave. En nuestra era, creemos que el objeto libro tiene que sumar una capa de experiencia para ser un verdadero hijo de su tiempo. Para disputar espacio a la digitalidad, la materialidad no puede limitarse a reproducir.

La editorial ha recibido premios como el del Fondo Nacional de las Artes y apoyos institucionales que avalan su labor en la edición independiente y la traducción de obras (Foto: prensa Goma Editora).

-El catálogo es muy ecléctico, ¿cómo fueron seleccionando autores y obras?

-Los primeros títulos de poesía se los debo a mi amiga y poeta Gabriela Bejerman, que fue una especie de madrina de la editorial. Yo nací en Buenos Aires, pero crecí y desarrollé mi vida profesional en Venezuela, así que me sentía una suerte de outsider, una paracaidista. Gabriela me allanó el camino dentro de la poesía contemporánea argentina, presentándome poetas, escritores y colegas editores. De ese intercambio surgieron los primeros libros del catálogo.

Con el tiempo, los criterios editoriales de Goma se fueron definiendo con mayor claridad. Nos interesa publicar obras que asuman riesgos formales, que trabajen con el humor o la irreverencia sin perder densidad; que propicien algún tipo de juego con la materialidad del libro, como ocurrió con el proyecto de Millán. Mi formación en diseño y fotografía también atraviesa esa curaduría. Por eso, el catálogo incluye artistas visuales como Suwon Lee y Beto Gutiérrez, cuya obra dialoga con el lenguaje editorial y con una idea de libro expandido, donde texto, imagen y objeto se piensan de manera integrada.

También estoy acostumbrada a escribirle directamente a la gente que quiero publicar, simplemente porque admiro su trabajo. La mayoría de las veces los artistas están abiertos a nuevos proyectos o tienen obras inéditas, y así el catálogo se va construyendo: guiado por la afinidad, la curiosidad, la amistad y, también, por la fortuna de estar rodeada de personas talentosas.


Goma apuesta a la materialidad del libro, como en 'La ciudad oculta', donde el lector descubre el poema raspando el papel, resaltando el libro como experiencia (Animaciones: prensa Goma Editora).

-La identidad está marcada por la estética, los géneros, la factura, ¿están abiertos a más líneas editoriales?

-Somos -o tenemos- un catálogo de arte y poesía, centrado en la obra de autores latinoamericanos. Por el momento nos interesa permanecer ahí, consolidar esa línea antes de avanzar hacia otros territorios o géneros literarios. Dicho esto, por supuesto que estamos abiertos a escuchar propuestas y a conocer nuevos artistas y contextos. A expandirnos. Somos de Goma, contenemos multitudes.

(Fuente: Infobae)

Las redes sociales están muertas: ahora son solamente trampas de atención

El concepto de "redes sociales" ha quedado fosilizado en nuestro vocabulario. Lo que hoy consumimos son plataformas comerciales de entretenimiento masivo, construidas sobre una arquitectura que ya no busca la conexión entre personas, sino la retención de la atención ante un espectáculo interminable.

(Foto: Jamillah Knowles & Reset.Tech Australia).

Para comprender esta defunción es necesario mirar atrás, hacia la "arqueología" de internet. En sus inicios, plataformas como Six Degrees y, posteriormente, MySpace o el primer Facebook, tenían una misión clara: trasladar el grafo social del mundo físico al entorno virtual. El objetivo era establecer vínculos, ya fueran con conocidos o con extraños afines, y la interacción era fundamentalmente conversacional.

El usuario construía su red de forma activa y el contenido que consumía era, estrictamente, el que esa red generaba. La publicación de una fotografía o un estado era una invitación al diálogo, un nodo de conexión que fortalecía la relación entre personas.

De la red de contactos al "feed" de intereses

En el paradigma actual, no obstante, la cercanía emocional o relacional con el creador del contenido es irrelevante. Lo que prima es la capacidad de ese contenido para retener al usuario durante microsegundos. El algoritmo de TikTok, por ejemplo, no premia la amistad: se centra en mostrar contenidos inferidos a partir de microseñales (tiempo de visualización, repeticiones, pausas).

Esto ha convertido a los usuarios en espectadores pasivos de un flujo incesante de vídeos cortos, memes y opiniones de personas con las que no tienen, ni tendrán, ningún vínculo real. Facebook e Instagram han ido pasando de organizarse en torno a "personas y cuentas que sigues" a mostrar "más contenido relevante recomendado por sistemas de IA", es decir, un motor de descubrimiento. La metáfora ya no es la del club social, sino la del catálogo.

Cuando el objetivo es retener

Este cambio altera los incentivos. Publicar "para los tuyos" tiene menos sentido si la distribución depende de un sistema que premia la probabilidad de consumo, no la calidad del vínculo. En la práctica, lo relacional se desplaza hacia la mensajería privada, los grupos pequeños y los contenidos efímeros, mientras lo público se ha convertido en una mera vidriera.

En este escenario, la conversación existe, aunque deja de ser la unidad económica principal. Lo que se monetiza es la atención sostenida. Y ahí encaja la saturación publicitaria: cuantos más minutos dentro, más impresiones, más segmentación, más datos recabados del usuario.

Contenidos gratis, anuncios caros

La transformación tiene una lógica empresarial impecable. Las plataformas alojan y distribuyen una cantidad masiva de contenido producido por usuarios que, en su inmensa mayoría, no cobran nada. Ese contenido es abundante, renovable, personalizable y barato. La plataforma vende publicidad alrededor (y dentro) de esa producción ajena, sin asumir los costos propios de los grupos mediáticos tradicionales: redacciones, licencias, producción, derechos.

La monetización se expande, incluso, hacia territorios que antes parecían "puertos seguros" de lo social. Meta ya ha anunciado la introducción de publicidad y suscripciones en WhatsApp, aunque se concentre en la pestaña de "Novedades" y no en los chats. El movimiento es simbólico: la mensajería, donde todavía se conserva la intimidad del vínculo, también se integra en la lógica del producto comercial.

Incluso LinkedIn, el último bastión de la red social profesional pura, ha comenzado a contaminar su feed con contenido "inspiracional" y recomendaciones algorítmicas que poco tienen que ver con la red de contactos directa del profesional, buscando aumentar el tiempo de permanencia en la aplicación a costa de la relevancia laboral.

YouTube y la prueba evidente

En este debate conviene incluir una aclaración: a YouTube se lo ha llamado muchas veces "red social" sin haberlo sido nunca. Es, ante todo, una plataforma de entretenimiento con una leve capa social. Es posible comentar, suscribirse, dar "me gusta" o chatear en directo, pero el centro del sistema no es crear contactos, sino consumir video. Lo interesante es que muchas redes se han "youtubeado": mantienen funciones sociales, pero su corazón es la recomendación algorítmica orientada a la retención.

La paradoja es que las propias plataformas reconocen, de forma indirecta, que el cambio ha sido profundo. Meta ha empezado a probar funciones para reiniciar las recomendaciones de Instagram y recuerda que existen alternativas como el feed de "Seguidos" en orden cronológico. Si hace falta un botón para que seamos nosotros quienes gestionemos nuestra propia experiencia, es porque el algoritmo ya no es un asistente: es, por defecto, el director de programación.

¿Deberíamos dejar de llamarlas redes sociales?

Continuar llamando redes sociales a Instagram, TikTok o X es un error categórico. Son plataformas de entretenimiento algorítmico donde la interacción humana ha quedado relegada a un segundo plano, supeditada siempre al imperativo comercial de mantenernos mirando la pantalla el mayor tiempo posible.

La red, entendida como tejido humano, se ha roto. Lo que queda es una audiencia global fragmentada, sola y perpetuamente entretenida.

(Fuente: The Conversation)