Ayer fue el Día Internacional de la Mujer. A la vez, el mundo está en plena convulsión e incertidumbre por una guerra económica, geopolítica y hasta religiosa generada, básicamente, por Estados Unidos, Israel e Irán, que aún nadie sabe cuándo ni cómo va a terminar. Cuatro novelas puras y una novela ilustrada de inusual difusión y éxito abarcan, desde diferentes lugares, esas cuestiones.
Sus historias, cuando entran en la literatura, rara vez lo hacen como una cronología de grandes hechos. Entra con el ritmo de una respiración íntima. En estos libros el amor no aparece como un lujo sentimental, sino como una zona de riesgo. No hace falta que ocurra gran cosa para que se active el castigo. A veces alcanza con una carta doblada, una conversación demasiado larga, una mirada sostenida un segundo más de lo permitido. El deseo, antes de convertirse en acto, ya puede ser acusado. Y esa es una de las revelaciones más persistentes de este conjunto de libros: en ciertos órdenes morales, amar también compromete.
A continuación, recomendamos cinco trabajos de autoras iraníes: uno de ellos en formato "historieta", y otro de ellos se puede comprar y descargar desde este mismo post.
• La joven de Teherán, de Marjan Kamali (Newton Compton Editores)
Un país se reordena, las lealtades se endurecen, las familias intervienen, los miedos de clase y las conveniencias hablan más alto que los deseos de los jóvenes. Lo que podría haber sido apenas una historia de amor frustrado se convierte, con el paso del tiempo, en una meditación sobre la libertad y ese en esta búsqueda que el impulso de reconstruir lo ocurrido busca desarmar el relato oficial que está por encima y por afuera de la experiencia personal. Reconstruir para comprender no cura del todo, pero a veces devuelve una forma mínima de soberanía sobre la propia vida.
• El libro de mi destino, de Parinoush Saniee (Salamandra)
Masumeh es una adolescente inteligente, observadora y llena de energía que crece en una familia tradicional en Teherán. A los quince años conoce a Said, un aprendiz de farmacéutico; entre ambos nace un vínculo intenso, hecho de miradas, pequeñas conversaciones y el vértigo del primer amor. Pero el romance, en esa sociedad vigilada por la honra familiar y por los hermanos varones, se vuelve peligroso: cuando la relación sale a la luz, su padre se siente humillado y sus hermanos reaccionan con violencia moral y control.
Masumeh es castigada: la encierran, la aíslan, le cortan el acceso al mundo exterior; su "culpa" no es un acto, sino el deseo. En una versión iraní y contemporánea de "Romeo y Julieta", a Masumeh, acorralada, se le presenta la única la única salida "aceptable", que es un matrimonio concertado con Hamid, un hombre culto y afable (en comparación con el entorno áspero que la rodea), pero aun así el matrimonio nace de una imposición: Masumeh entra en la adultez con una vida ya decidida por otros.
• Persépolis, de Marjane Satrapi (Penguin / Reservoir Books)
Marji vive todo eso con la
literalidad y la imaginación de la infancia: quiere ser profeta,
quiere justicia, quiere entender por qué de pronto algunas
cosas están prohibidas. Allí donde el discurso político se
reviste de solemnidad, la infancia lo vuelve literal, y en
esa literalidad se revela muchas veces el absurdo. Una niña oye
hablar de "martirio", "paraíso", "deber", "enemigo", "pureza", y toma
esas palabras en serio.
El resultado puede ser hasta cómico por momentos, pero la
comicidad se quiebra rápidamente cuando se comprende que detrás de
ese lenguaje hay cuerpos expuestos, vidas que se
pierden, adolescencias arrancadas de raíz.
• A la sombra del árbol violeta, de Sahar
Delijani (Salamandra)
Una novela coral que abre con una imagen brutal: una presa política da a luz en Evin, la prisión emblemática de Teherán. La bebé -Neda- sólo podrá quedarse con su madre unos meses antes de que se la arrebaten. Desde ahí, el libro arma un mosaico de vidas: Neda, Omid y Sheida (entre otros) crecen como hijos de una historia que no eligieron: padres encarcelados, ausentes o ejecutados; madres rotas; abuelos que crían en silencio; amistades que se forman entre visitas a prisión y rumores. En este texto todo funciona como emblema: sombra, refugio, memoria.
Delijani alterna capítulos y puntos de vista para mostrar cómo la represión no es un evento, sino un clima: afecta la escuela, el lenguaje, el amor, el humor, el futuro. En la infancia, estos niños aprenden a leer las señales: qué decir, qué callar, cómo sobrevivir a interrogatorios indirectos ("¿A qué se dedica tu padre?", "¿por qué no está?"). La novela retrata especialmente la vida de quienes no están formalmente presos pero viven como si lo estuvieran: familiares que esperan, que mandan paquetes, que sostienen hogares con miedo.
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• Leer "Lolita" en Teherán, de Azar Nafisi (El Aleph)
Nafisi cuenta su regreso a Irán durante el período revolucionario y su trayectoria como profesora: primero en la Universidad de Teherán y luego en otras instituciones; describe la presión ideológica, los códigos de conducta, el control sobre el cuerpo de las mujeres (incluido el velo) y el modo en que la universidad se convierte en un espacio de vigilancia y supuesta corrección moral.
Para cerrar este post, una reflexión
Lo más poderoso de este conjunto de obras es que ninguna acepta que sus protagonistas queden reducidas a símbolos. No son, genéricamente, "la mujer iraní", "la víctima del régimen", "la exiliada", ni "la sobreviviente". Son personas. Quieren, dudan, se equivocan, envejecen, recuerdan mal, recuerdan demasiado, aman contra su conveniencia, posponen decisiones, sienten culpa, tienen humor, se cansan. Esa restitución de la singularidad es, quizá, el gesto más radical. Porque todo poder que vigila y corrige necesita volver abstractos a los individuos: convertirlos en funciones, en ejemplos. La literatura hace lo contrario: devuelve espesura.
(Fuente: Alianza Editorial / bajalibros.com / Infobae / varios / redacción propia)










































