A veces no hace falta ver cientos de videos ni leer miles de
mensajes para empezar a creer algo. Un nuevo estudio advierte que,
en ciertas plataformas, una idea repetida con apariencia de
autoridad puede influir más que su propia veracidad.
(Foto: Shutterstock).
En las redes sociales, una idea puede entrar despacio, casi sin
hacer ruido: aparece una vez, después otra, después otra más. Al
principio parece solo una publicación cualquiera. Pero, si se
repite lo suficiente y suena convincente, puede
empezar a
formar una opinión.
Eso mostró un estudio publicado en
Information
Systems Research. La investigación advirtió que varias
publicaciones parecidas
pueden alcanzar para que una persona
empiece a tener una postura sobre un tema, incluso cuando
todavía sabe muy poco de eso. Los científicos quisieron entender
algo que ocurre todos los días en
Instagram,
Facebook,
TikTok o
X: cómo nacen las primeras ideas cuando
una persona consume información rápido, entre imágenes, perfiles,
comentarios y posteos breves.
¿Cómo hicieron el estudio? Los autores realizaron
tres
experimentos controlados. Eso significa que no observaron
simplemente lo que pasaba en redes reales, sino que
crearon
una situación parecida a una red social para poder medir
mejor qué ocurría. Diseñaron
publicaciones simuladas,
parecidas a las que podrían aparecer en Instagram. Tenían formato
de posteo, imagen, texto breve y señales sobre quién supuestamente
publicaba esa información.
Pero eligieron muy bien los temas.
No usaron política, fútbol,
música o religión, porque sobre esos asuntos
muchas
personas ya tienen opiniones fuertes. Si alguien ya piensa
algo sobre un candidato, un club o un cantante, es difícil saber
si cambió de idea por el experimento o porque ya venía pensando
así.
Por eso, los investigadores
usaron temas poco conocidos,
relacionados con partes del cuerpo humano, como el "
hueso atlas" o
el "
nervio mentoniano".
Son asuntos que la mayoría de las personas
no discute en la
vida diaria. Así podían estudiar algo clave:
cómo se
forma una opinión casi desde cero.
En los experimentos participaron distintos grupos de personas.
Algunas vieron publicaciones con información verdadera y otras
vieron publicaciones con información falsa. La idea era observar
qué
pasaba cuando esas publicaciones repetían una misma explicación
varias veces.
¿El resultado? Después de unas cinco publicaciones parecidas,
muchas
personas ya empezaban a sentir que tenían una opinión sobre el
tema. Eso no quiere decir que el quinto posteo sea mágico.
No significa que todas las personas cambien de idea exactamente
después de ver cinco publicaciones. Lo que el estudio mostró fue
un
patrón: cuando una idea aparece varias veces, de manera
ordenada y fácil de entender,
puede empezar a parecer creíble
bastante rápido.
La verdad no siempre llega primero
La parte más preocupante del estudio fue que, al comienzo,
no
importó tanto si la información era verdadera o falsa. Lo
que más influyó fue
que el mensaje se repitiera,
sonara
coherente y
pareciera simple. En otras palabras: si
una persona ve varias publicaciones que dicen algo parecido, puede
empezar a pensar: "Esto debe ser cierto". Aunque todavía no haya
buscado pruebas. Aunque no haya consultado una fuente confiable.
Aunque
la información sea incorrecta.
Después, esa primera opinión
funciona como un filtro. Si
aparece una nueva publicación que coincide con lo que la persona
ya empezó a creer, es más probable que la acepte o la comparta. En
cambio, si aparece algo que contradice esa primera idea, puede
rechazarlo más rápido.
Es parecido a lo que pasa cuando alguien se forma una primera
impresión sobre una película, un videojuego o una persona. Si al
principio piensa que algo es bueno, después
presta más
atención a los comentarios que confirman esa idea. Si al
principio piensa que algo es malo,
todo lo que venga después
puede parecerle sospechoso.
El estudio también mostró otro punto importante:
el perfil que
publica la información influye mucho. Las personas confiaban
más cuando el mensaje venía de alguien que parecía experto. Por
ejemplo, un perfil que decía "Dr." o que mostraba una foto
profesional podía parecer más confiable,
aunque nadie hubiera
comprobado si esa persona realmente sabía del tema.
Eso es muy importante porque en redes sociales
cualquiera
puede parecer experto. Un nombre serio, una foto prolija,
una biografía bien escrita o una frase como "especialista en
salud" pueden
hacer que un mensaje parezca más verdadero de lo
que es.
Por qué importa
Este estudio importa porque
ayuda a entender cómo se mueve la
desinformación. Muchas veces se piensa que el problema
empieza cuando alguien comparte una noticia falsa. Pero la
investigación muestra que
el problema puede empezar antes:
cuando una persona está formando su primera opinión sin darse
cuenta. Si una idea falsa se repite varias veces y llega antes que
la explicación correcta, puede quedar instalada. Después, aunque
aparezca una corrección, quizás sea más difícil cambiar esa
primera impresión.
Por eso, los investigadores advierten que
no alcanza con
corregir una mentira cuando ya se compartió miles de veces.
Las plataformas deberían actuar antes: marcar mejor las fuentes
confiables, revisar los perfiles que se presentan como expertos
sin demostrarlo y mostrar advertencias
antes de que la
información dudosa se repita demasiado.
También importa para los usuarios. La enseñanza principal es
sencilla y sirve para todos los días. Antes de creer o compartir
algo, conviene frenar unos segundos, mirar quién lo publicó,
preguntarse de dónde salió el dato, revisar si aparece en otros
lugares confiables y comprobar si esa persona realmente sabe del
tema.
No todo lo que se repite muchas veces es verdad. No
todo perfil que parece profesional lo es. Y no todo lo que suena
lógico está comprobado.
Así, el estudio deja una advertencia clara: en redes sociales, la
desinformación no empieza sólo cuando alguien comparte una
mentira, sino
cuando una primera impresión se forma demasiado
rápido. Y en una pantalla donde todo pasa a gran velocidad,
aprender a dudar un poco también puede ser una forma de
cuidarse.
(Fuente: Agencia de Noticias Científicas /
varios / redacción propia)