martes, 18 de agosto de 2026

Lecturas para la semana: cuatro flamantes publicaciones en el género ficción

Tres novelas y una colección de cuentos. Un thriller, un relato de terror gótico, el drama de un viajero que regresa y un puñado de historias cortas llenas de humor negro y misterio. De buena presencia en librerías por tratarse de casas editoriales importantes, también pueden descargarse en formato digital desde este post a un precio más que conveniente.

(Foto: composición propia).

Dos plumas argentinas, una chilena y una guatemalteca componen nuestras recomendaciones para que nos hagan compañía durante la semana y aún más allá. Los cuatro trabajos son de muy reciente publicación, todos durante el corriente mes de agosto. A continuación, los títulos.

Me dijeron que se llama Tadeo, de Grimanesa Lázaro (Blatt & Ríos)

(Foto: composición propia).

Los relatos de este volumen están llenos de matices. Un humor -negro pero humor al fin- atraviesa las historias, que transcurren en diversos escenarios: desde una casaquinta rodeada de misterio en una zona rural de Tucumán hasta locaciones más urbanas y suburbanas. También hay violencia, desamparo, soledades y compañías. La paleta de personajes abarca desde niños hasta jubilados, pasando por adolescentes, repartidoras de mercadería, magos callejeros e incluso algunos fantasmas.
 
Para los lectores de Grimanesa Lazaro, este libro será una vuelta de tuerca a su narrativa anterior. Su mundo se expande, a la vez que se hace más inquietante. Para quienes nunca la leyeron, tal vez no haya mejor puerta de entrada a su literatura tan peculiar.

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Subsuelo, de Eduardo Levy Yeyati (Planeta)

(Foto: composición propia).

Es diciembre de 2001 y, mientras el país cruje al borde de una hecatombe social a Rusita -docente, crítica de cine y expatriada- persigue a un documentalista portugués que tal vez nunca existió. 
Lo que comienza como una pesquisa se transforma en un descenso al infierno. Al traspasar los umbrales de una vieja casona de San Telmo, el orden de lo natural se quiebra para siempre.

En el subsuelo la aguardan túneles, rituales jesuíticos, mutaciones neurológicas y espectros del pasado: los pliegues de un secreto de siglos. Al tiempo que la televisión emite imágenes del estallido, la protagonista ajusta cuentas con sus padres, su exmarido y su propia historia, y se pierde en la búsqueda redentora de su hijo.

Un thriller gótico singular, una experiencia alucinatoria que expande los límites del género. Una novela adictiva y elíptica, que desafía la percepción en un juego permanente entre sueño y realidad.

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La serpiente entre la hierba, de Patricia Truffello (Planeta)

(Foto: composición propia).

Tras la muerte de su marido, Fran, incapaz de escapar del dolor y los recuerdos, se refugia en su casa, que se ha vuelto enorme y ajena, mientras los días y meses transcurren en una gris uniformidad. Hasta que un hallazgo inesperado lo cambia todo: un teléfono celular cuya existencia ella desconocía. Los secretos ocultos en el dispositivo despiertan en Fran inquietantes sospechas. ¿Quién era realmente el hombre con el que compartió su vida? ¿Cuánto de su matrimonio estaba construido sobre verdades a medias?

Los muertos no regresan, pero sus secretos sí. Decidida a descubrir la verdad, Fran seguirá un rastro que la llevará mucho más lejos de lo que imaginó. Junto al detective privado Víctor Mancuso, se adentrarán en una trama de asesinatos y corrupción donde el pasado y el presente convergen, y donde cada respuesta parece conducir a una nueva amenaza.

El mal rara vez se muestra a simple vista: a veces espera, inmóvil, oculto, como una serpiente entre la hierba. Un thriller apasionante, que conecta los miedos del hogar con las complejas estructuras del poder.

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Volver, volver, de Méndez Vides (Alfaguara)

(Foto: composición propia).

El Canche Chávez emigró a Los Ángeles y se convirtió en el héroe de la Bethania, ejemplo de éxito, modelo a imitar, y también en sombra que opacó la vida de los demás. Los amigos resienten el olvido, la novia la traición porque se quedó esperando el prometido boleto de avión.

Su retorno inesperado llena de alegría al vecindario; hay júbilo en la caminata por gradas y encaminamientos hacia la casa de dos niveles que se construyó con sus remesas, y que destaca en el paisaje gris por la fachada colorida cubierta con saldos de cerámica importada. Pero la madre palpa su rostro y no lo reconoce, la hermana hurga en el equipaje, los amigos desconfían y él no se atreve a confesar cuál es el motivo de su llegada, mientras revive las causas que lo empujaron a partir.

A través de una prosa suelta, directa, y con un uso magistral de la ironía en los momentos más tensos, Méndez Vides pone al descubierto el drama de los aventureros que persiguen la suerte en otras latitudes y luego no se resignan, porque sueñan con volver.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

Conozcamos estos museos extraños y desconcertantes, donde los objetos cambian para siempre su significado

Desde una cueva con recuerdos íntimos hasta un salón médico con debates morales, varios recintos en diversos lugares del mundo muestran cómo lo extraño se vuelve patrimonio y qué reglas se aplican para exhibirlo.

Obras fallidas, mechones de cabello y esculturas que el mar modifica y devora: museos que desafían todo precepto sobre qué merece conservarse (Foto: Museum of Bad Art).

Hay rincones en el mundo donde la solemnidad cede el paso a lo inesperado: recintos que custodian no la belleza canónica sino las derivas más estrafalarias, íntimas e inquietantes del pulso humano. Son espacios donde lo olvidado, lo fallido, lo biológico o lo sumergido adquiere una categoría de culto y desafía todo precepto sobre qué merece ser conservado bajo la mirada del público.

La institución museística elevó históricamente sus muros para venerar la belleza inalcanzable, la épica de las civilizaciones extintas o el genio irrepetible. En los márgenes, sin embargo, florece una red de recintos alternativos. Colocar un objeto dentro de una vitrina -ya sea un mechón de cabello en una cueva o un tostador nacido del rencor- basta para transformar la mirada colectiva y convertir lo cotidiano en documento antropológico. Lo que sigue es un recorrido por algunos de los templos más extraordinarios de ese mapa disidente.

Más de 16.000 mechones de mujeres de todo el mundo cuelgan de las paredes de un taller subterráneo en Capadocia, cada uno con una nota manuscrita (Foto: Museo del Cabello de Avanos).

La gruta de los mil suspiros en Turquía

En 1979, el maestro alfarero Galip Körükçü recibió un regalo singular: una mujer que partía de Capadocia le entregó un mechón de su cabellera para no ser olvidada. Ese gesto melancólico fue el origen del Museo del Cabello de Avanos, conocido como la Gruta de los Mil Suspiros. En las profundidades de un taller subterráneo de piedra, más de 16.000 mechones de mujeres de todo el mundo cuelgan de paredes y techo, cada uno acompañado de una pequeña nota manuscrita. La colección obtuvo el récord Guinness como el mayor archivo biográfico de cabello humano del planeta.

Dos veces al año, Körükçü desciende a la penumbra junto al primer visitante de la mañana y selecciona a ciegas diez muestras de la pared. Las mujeres elegidas reciben un viaje con todos los gastos pagos a Capadocia, Turquía, para aprender el arte del barro. El lugar funciona como un archivo poético donde la memoria sigue viva. Las notas manuscritas guardan detalles que el museo protege con protocolos de privacidad estrictos, adoptados ante la proliferación de la fotografía digital en alta resolución.

El Mütter Museum conserva láminas del cerebro de Einstein y 2.374 objetos extraídos de vías respiratorias de pacientes a lo largo de 75 años (Foto: Mütter Museum of the College of Physicians of Philadelphia / The Washington Post).

Mütter Museum de Filadelfia

Fundado en 1863 por el Colegio de Médicos de Filadelfia, el Mütter Museum fue concebido para la instrucción científica victoriana y se consolidó como un monumento a la fragilidad humana. Entre sus estanterías de caoba y vitrinas de época descansan láminas histológicas con cortes transversales del cerebro de Albert Einstein, que permiten al visitante contemplar la materia física donde nació la Teoría de la Relatividad.

Junto a esa reliquia figura la Colección Chevalier Jackson: un mueble cuyos cajones desplegables custodian 2.374 objetos reales - botones de nácar, monedas, diminutos juguetes de plomo y hasta dentaduras- extraídos de las vías respiratorias y esófagos de pacientes a lo largo de 75 años, sin cirugía invasiva. El museo enfrenta hoy debates éticos sobre la exhibición de restos humanos, pero mantiene su postura y se define como un espacio de reverencia médica.

El Museo del Arte malo celebra el entusiasmo sincero que derivó en desastre estético y rechaza el 90% de las donaciones por no ser "suficientemente malas" (Foto: Museum of Bad Art).

• Museum of Bad Art de Massachusetts

En 1994, Scott Wilson, Jerry Reilly y Louise Reilly Sacco rescataron de un contenedor de basura una pintura titulada "Lucy in the Field with Flowers" y fundaron el Museum of Bad Art (MOBA). La institución celebra la pasión sincera de aquellos creadores cuya destreza técnica naufragó en el intento y admite sólo el entusiasmo genuino que derivó en desastre estético. Su curaduría descarta el 90% de las donaciones por no ser "suficientemente malas" y rechaza cualquier intento de ironía impostada.

La pieza central de la colección es "Eileen", una figura de rostro deformado recuperada de un camión de residuos, aclamada como "la Gioconda del arte fallido". Su historia incluye la saga de robos más descabellada del mundo del arte: cuando la sustrajeron en 1996, el MOBA ofreció una recompensa de 6,50 dólares. Diez años después, el ladrón intentó pedir un rescate de 5.000 dólares, pero ante la negativa de la institución la devolvió sin cobrar un centavo, al no encontrar comprador en el mercado negro. En otro robo posterior, el perpetrador olvidó dejar un teléfono de contacto en la nota de rescate. Las aseguradoras se niegan a tasar las obras del museo, declarando que evaluar económicamente lo "inherentemente feo" es jurídicamente imposible.

El Museo de las Relaciones Rotas abrió en Zagreb en 2010 y recibe donaciones de todo el mundo: objetos de amores truncos que no encontraban otro lugar donde ir (Foto: Museum of Broken Relationships).

• Museo de las Relaciones Rotas de Zagreb


En 2003, la cineasta Olinka Vištica y el escultor Dražen Grubišić terminaron su relación sentimental. En lugar de destruir los objetos que los unían, se preguntaron qué hacer con ellos: regalos, recuerdos y destellos de un amor trunco sin lugar donde ir. La respuesta fue un museo. En 2010, a 150 metros de la iglesia de San Marcos y a pasos del antiguo ayuntamiento de Zagreb, Croacia, abrió el Museo de las Relaciones Rotas, ganador del Premio Kenneth Hudson al Museo Europeo más Innovador.

El edificio recibe donaciones de todo el mundo. Cada envío debe incluir un relato parcial de la historia, cumplir un formulario y respetar restricciones de tamaño, valor y fragilidad. La confidencialidad está garantizada. Entre vestidos de novia embotellados y cartas desgarradoras, dos piezas concentran la atención: un hacha de carpintero con la que una mujer en Berlín destrozó metódicamente un mueble por día del apartamento de su exnovia durante dos semanas, y el célebre Tostador de la Venganza, enviado desde Denver, USA,  con una nota escueta: "Cuando me mudé al otro lado del país, me llevé el tostador. Eso te enseñará. ¿Cómo vas a tostar algo ahora?". Las pólizas de seguro del museo cubren sólo el inmueble: el valor simbólico de esas cicatrices no tiene tasación posible.

Más de 500 esculturas de concreto descansan en el Mar Caribe y se van transformando con el paso del tiempo (Foto: Museo Subacuático del Arte).

Museo Subacuático de Arte de Cancún

En 2009, el Dr. Jaime González Cano, Roberto Díaz Abraham y el escultor Jason deCaires Taylor instalaron más de 500 esculturas de concreto neutro en las aguas del Mar Caribe, frente a Cancún. El Museo Subacuático de Arte (MUSA) está concebido para transformarse: los corales de fuego, las algas y las esponjas marinas colonizan los rostros de hormigón y alteran sus expresiones con el paso del tiempo y el movimiento de las mareas.

El riesgo que enfrenta el MUSA no lo cubren los seguros comerciales. Mover bloques de cuatro toneladas bajo el agua es inviable, y los huracanes caribeños exigen una restauración botánica submarina recurrente. El arte, aquí, puede ser devorado por la naturaleza. Esa es, precisamente, su condición de existencia.

(Fuente: Infobae / varios / redacción propia)

Saber "vivir despacio": consideraciones acerca del elogio de la lentitud desde la filosofía

Vivimos corriendo, sumidos en la rapidez, la prisa y lo inmediato; correr es el epítome de nuestro tiempo. Corremos -según reza un viejo refrán- "como pollos sin cabeza", viajando hacia ninguna parte, en una rueda sin fin como ratones de laboratorio. Contra eso, nada mejor que disciplinarnos para vivir a un ritmo más lento, lo cual mejorará -sin dudas- la calidad de nuestra existencia.

(Foto: Alice Donovan Rouse / Unsplash).

Se conoce como la Gran Aceleración al fenómeno de rápidas transformaciones socioeconómicas y biofísicas que se inició a partir de mediados del siglo XX como consecuencia del enorme desarrollo tecnológico y económico acontecido tras el final de la Segunda Guerra Mundial y que ha sumido al planeta Tierra en un nuevo estado de cambios drásticos inequívocamente atribuible a las actividades humanas, dando lugar a lo que se conoce como era de los humanos o Antropoceno, caracterizada por el enorme crecimiento del sistema económico-financiero mundial, el desarrollo tecnológico y la profunda crisis ecológica y biofísica.

Ante este panorama apresurado, acelerado, necesitamos parar, sosegarnos, reflexionar, determinar fines para la vida buena, tomar perspectiva. En este sentido, la lentitud es tremendamente subversiva. Necesitamos ir más despacio para poder vivir. Mirar, contemplar, recrearse, fijarse en el detalle, caminar y no correr, y hacer camino al andar, en palabras del poeta Antonio Machado.

La razón exige demora

Decía ya hace unos años Carl Honoré que "vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir", que estamos atrapados en la cultura de la prisa y de la falta de paciencia, en un estado constante de hiperestimulación e hiperactividad que nos resta capacidad de goce, de disfrutar de la vida.

Como ha explicado brillantemente la psicología, la razón exige demora mientras la prisa nos carga de sesgos y prejuicios. Y aunque nuestro modo de pensamiento rápido pueda resultar adaptativo en muchas circunstancias, la falta de reflexión y de sosiego nos aboca a la irracionalidad y a las malas decisiones.

Ésto es realmente peligroso en todo en lo que atañe a la determinación de los fines y a la organización de la vida en común. Sesgos como los de disponibilidad, polarización grupal, confirmación, género y raciales, provocan un efecto deformante sobre el juicio humano que conduce muchas veces a un miedo excesivo hacia acontecimientos improbables y, a la vez, una confianza infundada hacia situaciones que plantean un peligro genuino.

La prisa es llenarse la vida con actividades febriles, velocidad, de modo que no queda tiempo para afrontar las verdaderas cuestiones, lo esencial. Sin embargo, la prisa en la que vivimos no responde casi nunca a que tengamos cosas importantes que hacer con urgencia, sino a los requerimientos de un modo de vida que trata de mantenernos distraídos y ocupados todo el tiempo.

La vida móvil y precaria

Por un lado, los teléfonos móviles y las redes sociales están diseñados para captar nuestra atención el mayor tiempo posible y con la mayor intensidad, a fin de mercantilizar y monetizar esta atención al máximo.

Jonathan Crary lo ha explicado con gran claridad: la vida sin pausa fomenta "una cultura vacía de autopromoción y autoabsorción, de una instantaneidad a demanda, de adquirir y tener manteniéndose aislado de la presencia física de otros y de cualquier sentido de la responsabilidad que esta pueda conllevar. El sistema 24/7 también mina la paciencia y la deferencia individuales que son cruciales para cualquier forma de democracia directa: la paciencia de escuchar a los otros y de esperar a que llegue el turno para hablar. El problema de esperar, de intervenir por turnos, está ligado a una incompatibilidad más amplia del capitalismo del 24/7 con cualquier práctica social en la que intervengan el compartir, la reciprocidad o la cooperación". 

(Foto: Sylwia Bartyzel / Unsplash).

En su libro "24/7. El capitalismo al asalto del sueño", Crary describe al sueño como el enemigo del capitalismo turboacelerado de nuestra era del Antropoceno. Dormir es subversivo, nos libera de una cantidad de necesidades simuladas y su pasividad intrínseca ocasiona incalculables pérdidas en tiempo de producción, circulación y consumo: "La mayoría de las necesidades en apariencia irreductibles de la vida humana -hambre, sed, deseo sexual y, recientemente, amistad- se han reformulado como formas mercantilizadas o financiarizadas. El sueño plantea la idea de una necesidad humana y de una temporalidad que no pueden ser colonizadas y aprovechadas para alimentar el gran motor de la rentabilidad y, por lo tanto, sigue siendo una anomalía incongruente y un lugar de crisis en el presente global".

La falta de seguridad y vínculos asociados a la esfera laboral, los turnos y los horarios intempestivos, la incertidumbre, el desajuste entre lo que se demanda que se haga, lo que se recibe a cambio y lo que se desea hacer, provocan una profunda quiebra y angustia vital.

Equivocarse está bien

Es imposible terminarlo todo en nuestras sociedades del rendimiento, da igual si nos proponemos mucho o poco. La impresión de no poder concluir nunca algo satisfactoriamente conduce a un remolino que nos hunde incesantemente. Nos falta tiempo para todo lo que hacemos, utilizamos menos tiempo y sin embargo tenemos menos tiempo que la generación anterior. Cuanto más nos apresuramos, menos tiempo nos queda. Y el tiempo se convierte en un instrumento de dominación porque hay una insatisfacción constante por el tiempo supuestamente desperdiciado.

Esto es lo que pasa con la ciencia y la investigación. Necesitan tiempo para pensar, preguntar, estudiar, experimentar, probar, proponer. Hay que enlentecer los tiempos de la investigación. La ciencia necesita tiempo para indagar y también tiempo para fallar.

El error posee un indudable valor epistémico y moral: reconocer los errores, corregirlos y repararlos es el fundamento para el cambio, la innovación y la transformación individual y social. Y es aquello que caracterizaría una racionalidad crítica y modesta, abierta a la pluralidad, la contingencia, el disenso y, en definitiva, al futuro.

El tiempo acelerado

Pero también es lo que pasa con las relaciones personales, que se han acelerado igualmente, primando el "fast sex" aunque ello lleve a un sentimiento de falta de intimidad y de conexión porque no es posible. Los seres humanos necesitamos conexiones, deseamos intimidad pero las relaciones son complejas y precisan tiempo, trabajo, dedicación y cuidado.

Apelar a la tecnología (como hacen algunos desde webs de citas y contactos) es una trampa y un engaño. Y más aún, la gente usa muchas veces sus smartphones para escapar de las demandas de intimidad. Si la primera cosa que tocamos por la mañana y la última por la noche es nuestro teléfono móvil y no a nuestra pareja, hay un problema sobre nuestras prioridades.

Las facilidades de las que disponemos hoy para comprar, movernos, trabajar, comunicarnos, son micro-liberaciones que constituyen, por otro lado, aceleraciones de un sistema que nos aprisiona más fuertemente. Aquello que parece liberarnos del tiempo y del espacio nos aliena en la velocidad y la prisa.

La ilusión de la velocidad es la creencia de que ahorra tiempo. Pero en realidad, la prisa y la velocidad aceleran el tiempo, que pasa más rápidamente, acortando los días. Estar con prisa significa hacer varias cosas a la vez y rápidamente y el tiempo se llena hasta estallar, como en un cajón mal arreglado donde metemos un montón de cosas sin orden ni lógica.

Así que, caminemos, no corramos, miremos, observemos, escuchemos, reflexionemos, durmamos, amemos (aunque no sea fácil); la vida es corta como para perderla corriendo. Nos lo jugamos todo, la vida personal y el futuro del planeta.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

viernes, 14 de agosto de 2026

Lecturas para el fin de semana: vuelven el crímen, el misterio y la aventura

Como casi todos los viernes, desde este espacio proponemos la lectura como ejercicio para ciertos momentos del descanso laboral, y en este caso no hay ensayos, historia ni nada parecido: sólo ficción y aventura, imaginación y dejarnos llevar por la intriga, el suspenso y todo eso que agrega un poco de emoción a nuestras -en general- rutinarias vidas. De irregular presencia en librerías, también se pueden descargar en formato digital desde este post. 

(Foto: composición propia).

Cuatro libros para dejarse llevar, cuatro historias ficticias pero apasionantes. Producto de la imaginación de sus escritores, aquí van los textos recomendados para atravesar este fin de semana.

Los pecados de los Apóstoles, de Carlos Salem (Editorial Alrevés)

(Foto: composición propia).

El brutal asesinato de un poderoso prestamista marca el comienzo de la peor pesadilla para el comisario Severo Justo. Junto a cada víctima, un mensaje escrito con sangre la relaciona con un pecado capital... y con uno de los miembros de la Brigada de los Apóstoles que él dirige. Cada nuevo crimen es parte de una venganza concebida para destruirlos a todos.

Justo sabe que él será el último. Pero antes, el asesino matará a su mujer y su hija por nacer. Mientras la investigación avanza, las certezas se resquebrajan y los secretos salen a la luz, dentro y fuera del equipo. Esta vez, luchan contra una mente que siempre va un paso por delante. Y quizás no haya un final feliz. 

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Aquí todos somos culpables, de Karin Slaughter (Harper Collins)

(Foto: composición propia).

Emmy Clifton ha vivido aquí toda su vida. Cree que conoce a sus vecinos. Se equivoca. Cree que es solo otra calurosa noche de verano, una noche como cualquier otra. Se equivoca.
Cuando la hija de su mejor amiga le pide ayuda, cree que solo se trata de un drama adolescente. Cree que puede esperar. Nunca ha estado más equivocada.

Mientras el pueblo se revuelve tras la desaparición de la chica, Emmy se lanza a la búsqueda. Pero entonces se da cuenta de que nunca se conoce realmente un pueblo hasta que se revelan sus secretos.

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Mantis, de Francisco Bescós (Reservoir Books)

(Foto: composición propia).

En un centro logístico situado en mitad de un páramo, en la Alcarria, a cien kilómetros de Madrid, ha muerto en extrañas circunstancias uno de sus trabajadores. Encuentran el cadáver en un bosque cercano, medio devorado por animales carroñeros. El ambiente laboral se ha ido enrareciendo en las últimas semanas y se prepara una gran huelga.

Una protagonista inesperada surge en mitad de todo el ruido. Tiene sus motivos para querer averiguar qué pasó exactamente con ese compañero, pero quizá pesa más su turbio interés por saber qué secretos se esconden en el seno del gigantesco almacén. Su nombre es Fina, pero todos la llaman Mantis, y sabe más cosas de las que debería.

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Dulce hogar, de Pablo Rivero (Suma)

(Foto: composición propia).

¿Existe el hogar perfecto? Una urbanización de lujo a las afueras de la ciudad. Una ex azafata de vuelo dispuesta a todo por concebir un hijo. Un marido ausente, un vecindario inquietante.

Con un estilo preciso y eficaz, el autor construye en este trabajo una historia perturbadora con una trama llena de aristas y personajes complejos que lo arriesgarán todo. Un thriller inquietante, una crónica social de denuncia sobre la presión hacia las mujeres y los hombres con temas como la maternidad, la cultura del éxito o la falsa felicidad. Una historia demoledora que profundiza además en el miedo, ese que nos obsesiona hasta el punto de convertirse en morbo y que a veces se convierte en terror. Sombría y pasional.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

Veamos las características de la inteligencia del elefante, uno de los animales más fascinantes

Los humanos vivimos en una sociedad antropocentrista, en la que generalmente nos creemos superiores al resto de seres vivos, debido a características intrínsecas de nuestra especie, como lo son la inteligencia y la capacidad de comunicación.

(Foto: revista Psicología y mente)

Sin embargo, conforme avanza la etología, la ciencia centrada en el comportamiento de todas las especies animales, más nos podemos dar cuenta de que estas habilidades no son exclusivas del ser humano. Especies como los cetáceos, ciertas aves y primates muestran rasgos inteligentes y formas propias de cultura y costumbres.

Destacan también los elefantes, uno de los animales más inteligentes del planeta Tierra. Este artículo se centra en ellos, señalando un descubrimiento muy reciente y otras muestras de inteligencia de los elefantes.

Así es la inteligencia de los elefantes

Recientemente se ha publicado un artículo científico en el que exponen evidencias de que los elefantes africanos usan nombres para llamarse los unos a los otros. Para realizar esta investigación, se analizaron 469 vocalizaciones de hembras y crías de elefantes africanos salvajes, habitantes de reservas naturales de Kenia entre 1986 y 2022.

En el estudio se distinguió diferentes vocalizaciones para llamar a distintos elefantes, es decir, cada elefante es llamado/a de una forma concreta. Este análisis se realizó mediante un modelo de aprendizaje automático (o machine learning), el cual hizo esta identificación a partir de la estructura acústica de cada llamada, a pesar de las similitudes entre ellas, capacidad que no tenemos los humanos de forma natural.

Gracias a este sistema inteligente, se pudo predecir cuál era el elefante receptor de cada llamada. Al mismo tiempo, los autores compararon las diferencias entre las reacciones de 17 elefantes salvajes al oír las vocalizaciones que se habían identificado como su nombre y las reacciones de estos mismos al oír una llamada a otro elefante.

De esta manera, se descubrió que los elefantes se acercaban más rápido a los altavoces y respondían más veces y con más fuerza a las llamadas dirigidas a ellos. Asimismo, se pudo observar que las elefantes adultas utilizan más los nombres de las crías, de lo que se puede intuir que requiere madurez este aprendizaje.

Los elefantes son más inteligentes de lo que se pensaba: también realizan rituales funerarios

Conclusiones del estudio

Se piensa que estos sonidos simbólicos surgieron por la naturaleza social de los elefantes (así como ocurrió con otras especies animales, entre ellas nosotros mismos) y la necesidad de comunicarse entre ellos a distancia. Es decir, permiten llamarse los unos a los otros y que puedan acudir y responder a la llamada.

Asimismo, se ha hipotetizado sobre una función añadida de estrechar vínculos sociales entre los elefantes. No obstante, aún queda mucho por explorar en este ámbito, ya que esta investigación es muy novedosa, es la primera que investiga este aspecto y ha dejado más preguntas que respuestas.

Por ejemplo, no se sabe toda la información que contienen las vocalizaciones ni si todos los elefantes de una misma familia utilizan el mismo nombre para referirse a un mismo individuo o si cada elefante tiene más de un nombre. ¿Y el resto de poblaciones de elefantes también utilizan nombres?

Lo que sí se puede concluir es que estos hallazgos pueden ayudar a entender nuestra propia evolución del lenguaje y las formas de comunicación de otras especies. Sin embargo, la investigación no está exenta de críticas. Hay quien piensa que inferir que esas vocalizaciones son nombres es un tanto precipitado o demasiado generoso, a pesar de que otros animales no humanos también usan sonidos a modo de nombres.

Los elefantes no son los únicos animales no humanos que lo hacen, pero sí que son los que utilizan una forma más similar, junto con algunos primates. Algunas especies de loros y delfines también se refieren los unos a los otros por un nombre, pero digamos que este nombre se lo pone cada individuo a sí mismo.

Cuando se comunican con otros de su especie, estos loros y delfines emiten un sonido concreto, a modo de firma o sello identificativo, que sirve para anunciarse a sí mismos y que los demás puedan identificarlos. Esa firma es la que les sirve de nombre, la cual imitan y utilizan el resto de su especie para llamarlos.

Los elefantes, en cambio, utilizan sonidos que no son producto de una imitación del individuo, sino que son arbitrarios. Los investigadores de este estudio creen que estos sonidos son nombres icónicos, que se crean para representar al individuo simbólicamente.

Otras muestras de inteligencia de los elefantes

Aun siendo recientes estos hallazgos, ya se sabía de antes que los elefantes son seres muy inteligentes y con múltiples habilidades cognitivas complejas. Por ejemplo, su legendaria memoria, incluso a largo plazo: pueden memorizar la ubicación de fuentes de alimento y agua, así como rutas de migración que no han recorrido desde hace años y son complejas.

De la misma manera, son capaces de utilizar herramientas, como ramas u otros objetos para espantar moscas, rascarse en partes del cuerpo a las que no llegan o alcanzar comidas. Estas habilidades demuestran su capacidad para comprender las relaciones causa y efecto. Esto también se ve reflejado en otras conductas de los elefantes, como utilizar el barro para protegerse del sol.

Es más, se han realizado directamente experimentos con elefantes en los que muestran que saben manipular sistemas para obtener recompensas. Y hablando de experimentos, en uno de ellos se descubrió que los elefantes son capaces de reconocerse a sí mismos en un espejo, evidenciando que tienen capacidad de autoconciencia y un sentido del yo.

Inteligencia emocional

Los elefantes no solo son inteligentes a nivel cognitivo, sino también a nivel emocional. Son capaces de mostrar emociones, así como identificar, entender y responder a las de otros elefantes de su familia. Por lo tanto, tienen además capacidad empática.

Asimismo, cuando un elefante es herido o se pone enfermo el resto de su grupo intenta ayudarles físicamente o, como poco, se quedan a su lado como apoyo. Estos comportamientos, además de ayudar a fomentar la cohesión social, favorecen la supervivencia de la familia.

Entre sus emociones y comportamientos complejos, se ha observado el duelo. Cuando un individuo fallece, el resto de elefantes muestran reconocimiento de la situación y dolor, a través de comportamientos como acariciar suavemente al fallecido con la trompa, quedarse a su lado durante largo tiempo y hacer sonidos suaves, como lamentos.

Incluso a veces lo trasladan hasta un punto concreto y lo cubren de tierra o de follaje, lugar donde siguen lamentándose. Esto puede dar la imagen de que le están dando sepultura, como si tuvieran un ritual de entierro.

Estructura social y cultura

Los elefantes son seres muy sociales, ya que viven en familia, como los humanos. En concreto, tienen una jerarquía social matriarcal, en la que las hembras más mayores son las más respetadas, siendo la mayor de todas la matriarca.

Las matriarcas son las encargadas de tomar decisiones en cuanto a la supervivencia del grupo. Por ejemplo, son las que dirigen a la manada en sus migraciones, y en las búsquedas de agua y alimentos cuando hay escasez.

Asimismo, las hembras son las encargadas de transmitir los conocimientos, habilidades, recursos y estrategias de supervivencia de generación en generación, de manera que transmiten la cultura por aprendizaje social. En el proceso, además, suelen mostrar paciencia a la hora de cuidar a las crías y enseñarles.

Estos pequeños se dedican a jugar entre ellos y con los adultos, imitándolos, lo que les permite aprender a sobrevivir mientras se lo pasan bien. La amplitud de comportamientos sociales también engloban los ya mencionados, como cuidar los unos a los otros, el duelo y la comunicación. Cuanto más se sabe de ellos, más claro está lo inteligentes que son.

(Fuente: Lucía Gómez. (2024, junio 17). La Inteligencia de los Elefantes. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/inteligencia/inteligencia-de-elefantes)