martes, 29 de septiembre de 2026

Efemérides: 29 de septiembre, Día Mundial del Corazón

Fue instituido hace exactamente 15 años. La Federación Mundial del Corazón con el apoyo de la OMS y la Unesco eligió el 29 de septiembre de 2000 como el primer Día Mundial del Corazón. Ésto obedeció a una estrategia para poder tener la oportunidad de dar a conocer masivamente las enfermedades cardiovasculares, su prevención control y tratamiento.

(Foto: Federación Mundial del Corazón).

Las enfermedades cardiovasculares (ECV) siguen siendo la principal causa de muerte y discapacidad en el mundo de hoy: más de 17,3 millones de personas mueren por enfermedades cardiovasculares cada año y constituyen casi la mitad de los 36 millones de muertes de las enfermedades no transmisibles y se espera que el número de muertes por ECV aumente a 23,6 millones para el 2030.

Alrededor del 80% de estas muertes son prematuras, ocurren antes de los 70 años de edad, restando los años de trabajo más productivos de las personas, lo que puede tener un impacto económico y emocional devastador en las familias de países de ingresos bajos y medianos, donde los recursos humanos y financieros son más limitados para hacer frente a ellos y el costo de la inacción es inmenso.

El incremento de las enfermedades cardiovasculares en dichos países se ha relacionado con la urbanización progresiva que facilitan estilos de vida poco saludables (consumo de tabaco, dietas malsanas, inactividad física y uso nocivo del alcohol).

Para mucha más información y consejos preventivos acerca del tema, se puede acceder a la página de la Federación Mundial del Corazón haciendo click aquí.

(Fuente: World Heart Federation / La Voz / varios / redacción propia)

Científicas argentinas estudian cómo mejorar el presente de las personas en situación de calle prolongada

Las investigadoras conocieron diferentes realidades a través de entrevistas. "Comprender es lo que más nos acerca a intervenir de manera precisa y efectiva", señalaron.

(Foto: Daniel Bustos / Zuma Press / ContactoPhoto).

Milagros Dolabjian
y Solange Rodríguez Espínola, investigadoras del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), realizaron un estudio con el fin de mejorar el presente de las personas en situación de calle prolongada. Según un informe del Ministerio de Capital Humano elaborado en base a 19 provincias, hay 4.421 hombres y mujeres que atraviesan esta situación. Del total, más del 50 por ciento habitan la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Lejos del estigma y los datos numéricos, las científicas se entrevistaron de forma directa con quienes atraviesan esa realidad. A través de siete ejes analíticos vinculados a las causas y los orígenes, los por qué de las estadías extendidas, los consumos problemáticos de sustancias, el malestar psicosocial, el lugar que ocupan los vínculos afectivos y las aspiraciones de revertir el presente, el objetivo fue realizar un diagnóstico real para pensar alternativas que superen la mirada sanitaria y habitacional. Es decir, algo más que un techo, un baño y atención médica.  

"Cuanto más se ve este fenómeno, menos preocupación genera. La mirada de terceros se resume en ‘éste está mal de la cabeza’ o ‘está consumido’. Se intentan buscar justificaciones para explicar el hecho de que una persona esté tirada por ahí. Por eso, para poder hacer un cambio real, es necesario hacer un diagnóstico de la situación. Comprender es lo que más nos acerca a poder intervenir de manera más precisa", destacó Rodríguez Espínola, coordinadora del área de Capital Humano y Bienestar del Observatorio.

Por su parte, Dolabjian, quien es becaria del Conicet en la UCA, agregó: "Las políticas públicas en este ámbito deben ser integrales y no quedarse solamente en lo sanitario y lo habitacional. Es fundamental que se trabaje sobre la capacidad de recrear vínculos, los espacios terapéuticos, el apoyo comunitario, las posibilidades de trabajo. Desde el Observatorio, nos parece muy importante visibilizar las necesidades de toda la población, y más aún de los grupos más excluidos y vulnerados".

Lejos de una oficina y una computadora, las investigadoras se entrevistaron mano a mano con personas en situación de calle prolongada para llevar a cabo el estudio. En este sentido, trabajaron sobre siete ejes de análisis para conocer no sólo las causas, sino también para indagar las perspectivas a futuro.

Los tres primeros puntos giraron en torno a la llegada a situación de calle, el por qué de la permanencia larga y las representaciones sociales alrededor de vivir en la calle. Luego, los diálogos se centraron en el consumo problemático, el malestar psicosocial y las estrategias para afrontarlo. Por último, las especialistas indagaron en los vínculos afectivos, las pérdidas y las redes de apoyo, y las posibilidades de reconstruir los proyectos de vida.  

Aunque las entrevistas fueron personales, todas tienen puntos en común vinculados a violencia intrafamiliar, rupturas vinculares tempranas, consumo de sustancias, pobreza estructural, precariedad laboral, abandono escolar, debilitamiento progresivo en las redes de apoyo y circulación persistente por diferentes dispositivos asistenciales, sanitarios y penales.

"La gente suele pensar de manera recortada. Como si todas las personas que están en situación de calle llegaran a esta circunstancia por un consumo problemático, por la pobreza o porque simplemente se fueron de su casa. Lo que advertimos es que el hecho de estar en situación de calle no es algo que se da de un día para otro. Más bien, es un proceso de acumulación de desventajas a lo largo de la vida", explicó Dolabjian.

Pese a que las personas en situación de calle sufren múltiples vulneraciones a los derechos humanos, las investigadoras también muestran un costado optimista y propositivo que supera a las opciones tradicionales. "Los cambios no dependen exclusivamente de recursos materiales o intervenciones específicas, sino de la posibilidad de acceder a relaciones significativas, experiencias de reconocimiento, espacios comunitarios y oportunidades concretas para reconstruir proyectos de vida", subrayaron.

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ / varios / redacción propia)

Preguntas que difícilmente nos hagamos: ¿qué son los "cristales de tiempo"?

La física cuántica ha demostrado la existencia de estos cristales tan especiales, los investiga, y ya propone aplicaciones en computación y sensores cuánticos.

Un copo de nieve repite su patrón en el espacio. Un cristal de tiempo hace lo mismo, pero en el tiempo (Foto: Wikimedia Commons).

Todos conocemos, y usamos, los cristales espaciales: la sal común, por ejemplo, lo es. Si miramos la sal en su estructura atómica, veremos que los átomos no están distribuidos de forma homogénea, sino en un patrón geométrico rígido que se repite en el espacio. Esta estructura cristalina también se observa en los copos de nieve, los diamantes, los metales, etc.

Pero recordemos que Albert Einstein y su Teoría de la Relatividad tratan de manera equitativa al espacio y al tiempo. Entonces, si existen cristales espaciales… ¿existirán cristales temporales?

De la teoría a la demostración

Fue en 2012 cuando el Premio Nobel de Física Frank Wilczek propuso el concepto revolucionario de cristal temporal. Éstos corresponderían a una fase de la materia que se repetiría periódicamente en el tiempo, oscilando indefinidamente.

Un cristal temporal sería entonces algo parecido a un reloj que se mueve espontáneamente sin necesidad de darle cuerda: un sistema de partículas que, sin que alguien lo esté perturbando continuamente, desarrolla una oscilación autosostenida periódica en el tiempo. Técnicamente, en física se dice que se ha producido una ruptura espontánea de la simetría: un sistema que, a priori, se comportaría igual en todos los instantes del tiempo (una simetría continua) pasa a exhibir un comportamiento periódico, donde se manifiesta igual sólo a intervalos fijos de tiempo (una simetría discreta).

Hay algo más: igual que un material cristalino tiende a mantener su estructura periódica aunque se intente deformarlo, un cristal de tiempo tiende a mantener su ritmo aunque éste sea perturbado.

Contra la intuición

Intuitivamente, uno esperaría que dichos cristales no existieran, pues suenan peligrosamente como un móvil perpetuo, algo prohibido por las Leyes de la Termodinámica. De hecho, muy pronto se demostró que el ejemplo concreto originalmente propuesto por el propio Wilczek era incorrecto e incluso los físicos Haruki Watanabe y Masaki Oshikawa probaron un célebre teorema de imposibilidad de la existencia de cristales temporales. Caso cerrado… ¿o no? 

La idea seguía siendo demasiado atractiva como para abandonarla así como así. Además, como bien sabemos, hecha la ley, hecha la trampa: el teorema de imposibilidad demostraba que no podían existir cristales temporales en equilibrio. Pero, ¿y si considerásemos sistemas fuera del equilibrio? Ha sido a través de esa rendija por dónde se ha colado toda la cantidad de cristales temporales del cual disponemos hoy en día.

El primer ejemplo vino dado por los llamados cristales temporales discretos (también llamados cristales de Floquet), en los que un sistema sometido a una pulsación periódica externa oscila también periódicamente, sólo que con un período mayor al de la pulsación. Esta respuesta subarmónica rompe la simetría temporal discreta que imponía la pulsación externa.

Llegaron más

En 2017, se produjeron cristales temporales discretos utilizando centros de nitrógeno-vacante en diamante y cadenas de iones, en lo que constituyó la primera evidencia experimental de un cristal temporal. De hecho, recientemente se han realizado cristales temporales discretos utilizando láseres ópticos, un trabajo en el que participaron investigadores de la Universidad de las Islas Baleares.

Posteriormente, se identificaron variantes como los cristales temporales pretérmicos, producidos en el régimen de calentamiento extremadamente lento propio de los sistemas pulsados periódicamente a alta frecuencia, o los cristales temporales disipativos, donde el sistema oscila periódicamente al acoplarse a otro externo con el que intercambia energía.

Otra posibilidad son los cristales temporales excitados, que parten de estados cuánticos iniciales con una energía muy alta que utilizan para oscilar periódicamente de manera espontánea.

Sensores y computación cuántica


Debido a su naturaleza única, los cristales temporales poseen un gran potencial para aplicaciones en tecnologías cuánticas. Una de las más obvias son relojes, estables y robustos frente a perturbaciones externas y, aunque probablemente no tan precisos, potencialmente más fáciles de construir y transportar que los relojes atómicos.

Dicha robustez también promete aplicaciones dentro de la sensórica cuántica, la cual utiliza sistemas cuánticos para medir ciertas señales con una precisión y sensibilidad mayor que la alcanzable por sistemas clásicos.

En general, los cristales temporales representan un nuevo paradigma para la ingeniería cuántica; de hecho, una de las realizaciones más sonadas de un cristal temporal se produjo utilizando Sycamore, el procesador cuántico de Google.

Sin embargo, quizás la aplicación más interesante de los cristales temporales sea a nivel meramente conceptual, estimulando el estudio de la física fuera del equilibrio y de fenómenos temporales en general.

Todos estos cristales temporales, aunque no sean exactamente los estados de equilibrio que concibió Wilczek originalmente, ponen sobre la mesa una idea revolucionaria: el tiempo puede ser una nueva herramienta con la que se puede jugar para crear fases de la materia completamente novedosas, lejos del paradigma tradicional de los sistemas en equilibrio independientes del tiempo. 

La naturaleza cuántica del tiempo


En particular, una línea de investigación especialmente fascinante es el estudio de la naturaleza cuántica del tiempo mismo utilizando cristales temporales, un problema fundamental que sigue abierto y que podría tener implicaciones muy profundas de cara a formular la ansiada Teoría del Todo.

La provocadora propuesta de Wilczek, aunque inicialmente errada, ha pasado en poco más de una década de ser una idea teórica exótica e imposible a una realidad experimental en el laboratorio, representando ya todo un campo de investigación por sí mismo que involucra multitud de sistemas físicos: desde átomos ultrafríos a láseres ópticos, pasando por helio-3 líquido, diamantes o computadores cuánticos.

Y ahí seguirá la ciencia, esperando que una nueva equivocación nos guíe hacia lugares desconocidos.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

lunes, 28 de septiembre de 2026

Qué son las llamadas "zonas azules" del mundo y por qué sus habitantes alcanzan altos niveles de felicidad y longevidad

Aunque el enfoque de estas zonas aborde fundamentalmente la edad de sus habitantes, hay aspectos interesantes que se pueden aprender y adoptar para favorecer el florecimiento humano.

Paisajes de las zonas azules (Foto: Wikimedia / composición propia).

El mundo de hoy es caótico, tecnológico y ajetreado. En la actualidad, el multitasking, las jornadas extensas de trabajo, la precariedad laboral y la desigualdad, entre otros dilemas ocupan y preocupan a la sociedad.

Problemas como el estrés crónico u otras enfermedades, la mala alimentación, la poca o nula higiene de sueño, el sedentarismo, y otros más son producto de un estilo de vida que, muchas de las veces, consume la propia existencia. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en sus últimos datos, la esperanza de vida promedio a nivel global es de 73 años, de los cuales el promedio para hombres es de 71, mientras que el de las mujeres es 76.

Por otro lado, otros estudios mencionan que lo que determina la longevidad de una persona, se dicta 20 % por los genes y 80 % por el estilo de vida. Por esta razón, en un mundo como el de hoy, sería descabellado pensar que la esperanza de vida supere los 90 años, y que, aunado a esto, sea vivida con bienestar. Sin embargo, existen zonas específicas del mundo que son longevas, sanas y felices.

Existen zonas específicas del mundo que son longevas, sanas y felices (Foto: Getty Images).

¿Qué son las zonas azules?

Son cinco áreas geográficas específicas, las cuales comparten características en común. Fueron descubiertas gracias a Dan Buettner, investigador y escritor, en conjunto con una expedición de National Geographic, en la cual se encontraban científicos, antropólogos y demógrafos, y el National Institute of Aging.

Buettner trataba de encontrar los factores que guiaban a la longevidad. Gracias a estos investigadores se descubrieron las zonas azules, las cuales gozaban de una característica en particular: en esos lugares, las personas son nonagenarias y centenarias. Para su validación, se guiaron en diversos índices medidores de longevidad, tales como el Centenarian Prevalence, el Centenarian Rate y el Extreme Longevity Index.

Las cinco zonas azules que actualmente existen son las siguientes: Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia), Nicoya (Costa Rica), Icaria (Grecia) y Loma Linda (USA).

Cerdeña, Italia, es una de las zonas azules en donde las personas son nonagenarias y centenarias (Foto: WIkimedia).

¿Qué tienen de especial las zonas azules?

Estas locaciones comparten, según Buettner, nueve características específicas (llamadas por él mismo "The Power 9"), las cuales apoyan el entorno vital para la longevidad:

• Moverse naturalmente: gracias a sus entornos de vida, las personas de las zonas azules son muy activas físicamente debido a sus actividades diarias. Por ejemplo, cosechar, cultivar jardines, etcétera.

• Propósito: "La razón por la cual nos despertamos cada mañana". En Japón, a esto se le llama Ikigai.

• Resiliencia al estrés: las personas de las zonas azules tienen hábitos o rutinas diarias para desechar el estrés. Por ejemplo, los habitantes de Okinawa toman un momento para recordar a sus ancestros.

• La regla del 80 %: para los habitantes de Okinawa existe una regla llamada Hara hachi bu, un mantra de Confucio que indica que sólo hay que comer hasta estar 80 % llenos. Además, las personas de las zonas azules toman su último alimento al final de la tarde.

• Dieta vegana (plant slant): dietas basadas en porotos negros, soja y lenteja prevalecen dentro de las zonas azules. El consumo de carne es muy limitado en algunas regiones.

• Beber vino: se suele consumir (excepto en Loma Linda, puesto que son adventistas) moderadamente. Al respecto, varios estudios establecen que las personas que beben con moderación viven más que los no bebedores.

• Sentido de pertenencia: las personas habitantes de las zonas azules en su mayoría pertenecen a alguna organización o comunidad religiosa. Según estudios, atender algún servicio religioso aumenta la esperanza de vida entre 4 y 14 años.

• Seres amados primero: como su nombre lo indica, estas personas colocan a sus seres amados como prioridad, manteniendo cerca a sus padres y abuelos (se hacen cargo de ellos cuando el tiempo lo indica). Tienen un compañero de vida, e invierten tiempo y dinero para la crianza de sus hijos.

• Tribu correcta: tienen círculos sociales cercanos, lo cual ayuda a conservar hábitos saludables.

El envejecimiento exitoso (successful ageing) es un concepto multidimensional dentro del modelo biopsicosocial (Foto: Getty Images).

Medicina del estilo de vida y las zonas azules

La Medicina del Estilo de Vida (MEV) es definida como la práctica basada en la evidencia, de asistir a individuos y familias en la adopción y mantención de conductas que mejoran la salud y calidad de vida, tales como alimentación saludable, realización de actividad física periódica, sueño reparador, manejo del estrés, cese del uso de sustancias tóxicas y una sólida red de apoyo social.

El enfoque moderno de la Medicina del Estilo de Vida (MEV) contempla seis pilares fundamentales para la prevención y tratamiento de las enfermedades crónicas no transmisibles (ENT):

• Alimentación saludable

• Práctica regular de actividad física

• Higiene del sueño

• Evitar el consumo y abuso de sustancias peligrosas

• Bienestar emocional y manejo del estrés

• Relaciones significativas y sentido de pertenencia

Un estudio del American Journal of Lifestyle Medicine de 2022, comparó los principios del "Power 9" de Buettner con los seis pilares de la MEV, así como con investigaciones que se enfocan en la relación de los factores de conducta, la longevidad y la genética. La finalidad de esta investigación era conocer cómo estos aspectos afectan las rutas moleculares y sus consecuencias en el bienestar y la longevidad.

Como resultado, se menciona que los fundamentos clave de las zonas azules (The Power 9) y los principios de la MEV se asocian positivamente con el bienestar y la longevidad. Además, concluyen que la conducta y la genética influyen en algunos de los sistemas del cuerpo humano, tales como cardiovascular, inmune, endocrino y gastrointestinal.

¿Qué se puede aprender de esto para el florecimiento humano?

Las nueve características específicas de las zonas azules (The Power 9) tienen similitudes con los dominios del florecimiento humano, puesto que engloban una multitud de esferas que involucran al bienestar integral de una persona. Por ende, aunque no se siga una dieta vegana o mediterránea, las dimensiones descritas en las zonas azules pueden guiar hacia el florecimiento.

Recordando los dominios más actuales sobre el florecimiento humano (felicidad y satisfacción en la vida, salud física y mental, significado y propósito, carácter y virtud, y relaciones cercanas), se puede determinar que los habitantes de las zonas azules gozan de bienestar gracias a su estilo de vida, lo cual inevitablemente apoya a su florecimiento como persona.

Entonces, aunque el enfoque de las zonas azules enfatiza la longevidad, son puntos importantes de los que podemos aprender y replicar para aumentar el bienestar y empezar buenos hábitos que nos guíen y motiven hacia nuestro florecimiento.

(Fuente: Infobae / El Destape / BBC Mundo / observatorio.tec.mx / varios / redacción propia)

Cuestiones que ya son innegables: el lugar donde vivimos marca cómo envejecemos

La coexistencia de dos o más enfermedades crónicas en la misma persona es algo frecuente conforme envejecemos, pero se trata de un riesgo en el que el código postal tiene mucho que decir. 

(Foto: Andrea Leopardi / Unsplash).

Imaginemos dos personas de la misma edad. Ambas acaban de cumplir sesenta años y, sobre el papel, comparten un mismo diagnóstico de hipertensión. Sin embargo, una década después sus vidas son muy distintas: una convive con esa una única dolencia, bien controlada. La otra ha sumado a la lista diabetes, una enfermedad cardiovascular, lumbalgia crónica y depresión. ¿Por qué dos caminos tan diferentes desde un inicio tan parecido? Muchas veces atribuimos a la genética estas diferencias, pero buena parte de la respuesta está en algo que solemos pasar por alto: el lugar donde vivimos.

Las enfermedades no vienen solas

Estamos acostumbrados a pensar en la hipertensión, la diabetes y la depresión como si fueran condiciones separadas, cada una con su especialista y su tratamiento. Sin embargo, a medida que envejecemos, rara vez aparecen de una en una. Lo habitual es que, desde una condición inicial, se acumulen y evolucionen de forma conjunta.

A esa coexistencia de dos o más enfermedades crónicas en una persona la llamamos multimorbilidad. Detrás de este concepto se encuentra uno de los grandes retos de los sistemas sanitarios, diseñados para tratar dolencias aisladas -brotes agudos- más que a pacientes con varias enfermedades a la vez.

Lo interesante es que esa acumulación no es caótica. En un estudio con más de un millón de historiales clínicos identificó 25 patrones distintos de multimorbilidad. Se trata de combinaciones que se repiten, como el grupo cardiometabólico (hipertensión, diabetes, colesterol), el musculoesquelético y el de salud mental.

Las enfermedades, en definitiva, tienden a viajar juntas y a hacerlo siguiendo rutas reconocibles.

De fotografías a películas

Durante mucho tiempo la investigación se limitó a hacer una fotografía -qué enfermedades tenía una persona en un momento dado-, pero nuestra salud se parece más a una película. Con grandes bases de datos y técnicas capaces de seguir a las personas en el tiempo se ha empezado a reconstruir esos caminos de la enfermedad. Hoy se busca entender cómo se transita de un estado de salud a otro y por qué algunas personas acaban con perfiles complejos en los que se combinan varios sistemas del cuerpo.

En ese recorrido hay dolencias que actúan como puentes: patologías que conectan los patrones más sencillos con otros mucho más graves. Según datos, la disfunción hepática en los hombres y la depresión en las mujeres actúan como puntos de inflexión que aceleran la caída hacia una multimorbilidad más compleja y con mayor riesgo de mortalidad y de uso de servicios sanitarios.

El código postal, bajo la piel

Aquí es donde el entorno entra en juego. Cuando cruzamos esas trayectorias con las condiciones socioeconómicas del área de residencia, el patrón es nítido: en los barrios con menos recursos las combinaciones de enfermedades son más complejas, más graves y aparecen antes.

La revisión de la literatura científica internacional apunta en la misma dirección. La multimorbilidad puede adelantarse entre 10 y 15 años en las poblaciones con menos recursos. Dicho de otro modo: no sólo enfermamos de forma distinta según dónde vivamos, sino que también lo hacemos antes.

No se trata únicamente del dinero. El entorno social moldea la alimentación, la vivienda, el empleo, las relaciones sociales y el acceso tanto a productos nocivos como a la propia atención sanitaria. Todos esos factores se embeben bajo la piel y van trazando el camino que seguirá nuestra salud.

Más que un problema clínico

Detrás de cada trayectoria hay una persona. En un estudio con pacientes y profesionales sanitarios la multimorbilidad se describía como un ciclo de deterioro físico, vulnerabilidad emocional y, con demasiada frecuencia, desatención de un sistema fragmentado. Estos pacientes experimentan largas esperas y tratamientos difíciles de coordinar. Los cuidados recaen, sobre todo, en las mujeres de la familia. Las enfermedades no sólo se suman, sino que interactúan y se refuerzan con las condiciones sociales que las rodean.

Esto se aprecia con especial claridad en la salud mental. Cuando una enfermedad mental se combina con dolencias físicas los caminos se vuelven más enrevesados y el uso de los servicios sanitarios, más intenso. Esto revela hasta qué punto cuerpo y mente recorren juntos el mismo trayecto.

Mirar el mapa, no solo el diagnóstico


¿Por qué importa todo esto? Porque si las enfermedades siguen caminos, y esos caminos dependen en parte de dónde vivimos, también podemos intentar cambiarlos.

Comprender las trayectorias de multimorbilidad permite anticiparse. Por ejemplo, identificar antes a quién está en riesgo de dar un salto hacia perfiles más graves, actuar sobre esas enfermedades puente y adaptar la prevención a cada territorio en lugar de aplicar la misma receta para todos.

La idea de fondo es sencilla, pero cambiar la forma de mirar no lo es tanto. Para entender cómo envejecemos y enfermamos no basta con leer nuestra lista de diagnósticos. También hay que mirar el mapa. Porque la salud, más que un destino escrito en los genes, es un camino que recorremos, y ese camino empieza, en buena medida, por el lugar donde vivimos.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

¿Cuáles con los recursos renovables y no renovables más importantes de Argentina? Las cifras de un preocupante cuadro de situación

En momentos en los que los recursos naturales son materia de debate en cuanto a nuestra soberanía -o no- sobre ellos, conviene saber que los renovables incluyen la energía hidroeléctrica, la biomasa, y los recursos forestales, mientras que entre los no renovables destacan el petróleo, el gas natural y los minerales como el hoy tan preciado litio. Esta distinción es clave para comprender cómo se sustentan las actividades productivas y el desarrollo energético del país. 

Detallado mapa de los recursos renovables y no renovables de la República Argentina (Fuente: Secretaría de Energía / Ministerio de Desarrollo Productivo).

Los recursos renovables son aquellos que la naturaleza puede reponer en un corto período de tiempo, comparado con el tiempo que tarda el ser humano en utilizarlos. En Argentina, estos recursos juegan un papel fundamental, sobre todo en el sector energético y agrícola.

• Energía hidroeléctrica: nuestro país posee un importante potencial hidroeléctrico, principalmente en la región de la Patagonia y la Mesopotamia. Las centrales hidroeléctricas proveen aproximadamente el 12-15% de la matriz energética del país, siendo un recurso limpio y renovable.

• Biomasa: procedente de residuos agrícolas, forestales y agroindustriales, es un recurso renovable que se utiliza para generar energía y biocombustibles. En zonas agrícolas como la región pampeana, la biomasa es una fuente cada vez más explotada para la producción eficiente y sostenible.

• Recursos forestales: los bosques nativos y cultivados contribuyen como recursos renovables relevantes para la industria maderera, papelera y para la conservación ambiental. Argentina cuenta con aproximadamente 32 millones de hectáreas de bosques, que además desempeñan un rol importante en la captura de carbono.

• Energías eólica y solar: han mostrado un crecimiento exponencial en las últimas décadas, especialmente en la región patagónica y el noroeste del país. Estas fuentes renovables representan una alternativa estratégica para diversificar la matriz energética y reducir la dependencia de combustibles fósiles.

Los recursos no renovables son aquellos que existen en cantidades finitas y no se regeneran a corto plazo. Su explotación debe ser cuidadosa para asegurar su disponibilidad futura y minimizar impactos ambientales.

• Petróleo: Argentina tiene reservas significativas de petróleo, con yacimientos importantes en la Cuenca Neuquina y la Cuenca Austral. El petróleo es un recurso clave para la economía, energizando el transporte, la industria y la generación eléctrica.

• Gas natural: es el principal recurso energético no renovable en el país. Argentina es uno de los mayores productores de gas en la región, sobre todo en Vaca Muerta, una de las reservas no convencionales más importantes del mundo.

• Minerales:
    • Litio: Argentina forma parte del llamado "triángulo del litio" junto con Bolivia y Chile. Este mineral es crucial para la fabricación de baterías, especialmente para vehículos eléctricos y almacenamiento energético.
    • Oro y plata: la minería metalífera también tiene gran importancia, con numerosas explotaciones en el norte y noroeste del país.
    • Otros minerales: hierro, cobre, plomo y zinc son también recursos no renovables presentes en diversas regiones argentinas.

Desde la asunción del presidente utraliberal Javier Milei, las polémicas se han sucedido en torno al abandono del rol del Estado nacional como autoridad ambiental, los recortes presupuestarios en áreas de prevención y protección, la pérdida de biodiversidad y los sucesivos impactos del cambio climático son tan sólo algunos de los puntos que conforman el estado del ambiente en la Argentina actual.

A través de una nueva publicación del Informe Ambiental FARN (IAF), la Fundación Ambiente y Recursos Naturales analizó los principales puntos de la agenda ambiental, abordando la actualidad política y normativa, la ejecución presupuestaria de partidas clave para la protección del ambiente y la promoción de las energías renovables, las actividades extractivas y sus impactos en el territorio, la pérdida de biodiversidad y las consecuencias del cambio climático, entre otros temas.

Regresión normativa

El gobierno hoy en el poder adscribió al negacionismo climático y al desconocimiento del impacto de la actividad humana en el ambiente. Esta postura, asegura el informe, desconoce los acuerdos científicos que durante décadas han producido el Panel Intergubernamental del Cambio Climático y la información brindada por distintos estudios independientes a nivel internacional.

Bajo esta perspectiva, el Gobierno promovió la derogación o modificación de normas y la disolución o eliminación de entes y fondos destinados al cuidado del ambiente. Luego de la desjerarquización institucional del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, transformado en 2023 en una subsecretaría, la gestión nacional eliminó el Fondo Fiduciario de Protección Ambiental de los Bosques Nativos (FOBOSQUE), disolvió el Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (ENOHSA) y traspasó el Sistema Federal de Manejo del Fuego al Ministerio de Seguridad, entre otras medidas.

Sin embargo, el informe puntualiza en la modificación de la Ley de Glaciares como un eje clave para comprender los objetivos del Gobierno en materia ambiental. La reforma, impulsada por el Gobierno nacional y aprobada por el Congreso nacional el pasado 8 de abril, elimina el piso mínimo de protección de los glaciares y geoformas periglaciares, limitada ahora al cumplimiento de una función hídrica relevante, y otorga a las provincias la facultad de determinar qué glaciares proteger y cuáles no.

"Esta reforma sobre una ley clave para la protección del ambiente ejemplifica el desmantelamiento de la gestión ambiental en el ámbito nacional. Este desmantelamiento cuenta con dos ejes: la desaparición del rol de la autoridad ambiental nacional y la transferencia de facultades a las provincias, desplazando responsabilidades que, por mandato constitucional, corresponden al Estado nacional", indicó Pía Marchegiani, directora ejecutiva adjunta de FARN.

Recortes de hasta un 95%

De acuerdo al IAF 2026, las partidas presupuestarias socioambientales -Subsecretaría de Ambiente, el manejo del fuego, la Administración de Parques Nacionales, el Fondo de Bosques, el Sistema de Áreas Marinas Protegidas, entre otros- presentaron recortes de entre un 67% y un 95% en términos reales con respecto al 2023.

"Ésto consolida una regresión sin precedentes en la capacidad estatal para planificar, ejecutar y monitorear políticas de protección ambiental", aseguró Marchegiani.

Este achicamiento presupuestario también alcanza a la promoción de energías renovables y la eficiencia energética: entre 2024 y 2025, estas partidas cayeron un 66,4% y un 64%, respectivamente, en términos reales.

Pérdida de biodiversidad

Otro punto abordado en el informe es la reducción de áreas naturales en el país y el impacto creciente del cambio climático en el territorio.

De acuerdo a datos oficiales, entre 2022 y 2024 la Argentina registró una pérdida significativa de bosque nativo: 211.974 hectáreas en 2022, 173.816 hectáreas en 2023 y 165.061 hectáreas en 2024. Además de los desmontes, los incendios constituyen uno de los principales factores de degradación de ecosistemas, abarcando también a humedales y pastizales, y explican el 13% de la pérdida total de bosques registrada.

Los incendios forestales en Córdoba durante el 2025 y en la Patagonia en 2026, donde más de 45 mil hectáreas se vieron afectadas, alertan sobre la gravedad creciente de los impactos del cambio climático. Las condiciones meteorológicas cada vez más extremas y frecuentes, que propician sequías prolongadas y cambios en los patrones climáticos locales, son un caldo de cultivo para la propagación del fuego.

Con respecto a las sequías, el IAF 2026 destaca que, luego de la sequía histórica del 2023, con fuertes pérdidas económicas para el sector agrícola, la situación se repitió a comienzos del 2026: cerca del 30% del territorio argentino se encontraba bajo condiciones de sequía, con provincias como Córdoba, La Pampa, San Luis y Santa Fe registrando niveles de afectación superiores al 80%. De acuerdo a datos oficiales, cerca del 70% del territorio nacional corresponde a tierras secas, y más del 80% de ellas presenta algún grado de degradación.

(Fuente: Secretaría de Energía / unidiversidad.com / Pagina 12 / varios / redacción propia) 

viernes, 25 de septiembre de 2026

Lecturas de fin de semana: es el turno de cuatro inquietantes y profundas ficciones de muy reciente aparición

Como casi todos los viernes, es un placer sugerir a nuestros seguidores libros para comenzar a descubrir durante los días del descanso laboral. Dos autores prestigiosos y laureados comparten este post con dos autoras relativamente poco conocidas, pero no por ello menos recomendables. Ya disponibles en librerías, también facilitamos su descarga en formato digital a un precio más que conveniente.

 

(Foto: composición propia).

Desde luego, es un lujo tener en el mismo post al austríaco Peter Handke (Premio Nobel de Literatura 2019) y al irlandés John Banville (Booker Prize 2005). Pero como no todo son premios y trayectoria, esta vez tambíen elegimos dos autoras a cuyos textos vale la pena aproximarse: la italiana Viola Ardone -su carrera literaria comenzó allá por 2012- y la española Empar Fernández, de recorrido más extenso y con mucho material publicado, pero también de poca difusión. Los títulos son los que siguen:

• La balada del último cliente, de Peter Handke (Alianza)

(Foto: composición propia).

Gregor regresa a su tierra natal después de una ausencia prolongada pero lo que encuentra no es el refugio familiar que esperaba, sino un paisaje transformado, extraño. Las calles, las casas, incluso los recuerdos parecen haber cambiado hasta ser irreconocibles. En ese desajuste entre lo que fue y lo que es, el protagonista comienza a observar, a recordar y a cuestionarse su propia identidad.

A través de una atmósfera cargada de misterio y de tensión sutil que crece a medida que avanza el relato, donde lo cotidiano -una conversación, un gesto, un lugar- se vuelve inquietante y nada es tan simple como parece, el protagonista avanza entre incertidumbres y fugaces desvelamientos, tratando de entender qué ha cambiado realmente: el espacio de su juventud... o él mismo. 

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• Los infinitos, de John Banville (Alfaguara)

(Foto: composición propia).

El patriarca de la familia Godley, un admirado y vehemente matemático, yace en la cama en un coma profundo del que su médico asegura que no despertará. Su círculo íntimo se ha reunido en la finca familiar, encabezado por su segunda esposa, Ursula, y sus dos hijos, enfrentados desde niños por el favor de papá y hundidos en sus respectivas turbulencias sentimentales. Mientras todos repasan mentalmente las tensiones y agravios que los separan, nadie sospecha que el patriarca, lejos de ser un vegetal, tiene una conciencia bien lúcida.

La llegada inesperada de algunos visitantes con intenciones poco claras terminará de alterar el ambiente; quizá esos recién llegados sean los dioses mismos que, maliciosos y juguetones, vigilan cada uno de los actos de esta familia e incluso intervienen para guiar su curso. Una de las obras más originales de Banville, una singular exploración de nuestra mortalidad y nuestro lugar en el cosmos.

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• Tanta vida todavía, de Viola Ardone (Random House)

(Foto: composición propia).

Vita transcurre los días en silencio, acompañada de Irina, una empleada doméstica que ha aprendido italiano leyendo a Dante, y por Orietta, el nombre que le ha dado a su depresión.
Pero una mañana aparece en su puerta Kostya, el nieto de Irina, un niño de diez años que ha cruzado Europa huyendo de la guerra de Ucrania. Desde ese momento, todo cambia: estas dos mujeres deberán enfrentarse a su propia historia recorriendo un camino en el que la solidaridad se abre paso como una forma de resistencia al dolor.

Con prosa contenida, Ardone construye una novela conmovedora sobre lo que sucede en nuestras vidas cuando irrumpe lo impensable, una historia sobre madres e hijos, sobre las ficciones que nos sostienen, sobre el cuidado como lenguaje común y sobre esos encuentros inesperados que tienen la capacidad de reordenar un mundo roto.

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• La vida clandestina, de Empar Fernández (Alrevés)

(Foto: composición propia).

Una tarde de lluvia, el agua comienza a filtrarse por la escalera de un edificio de nueva construcción. El origen, al parecer, está en el piso piloto, donde se encontrará el cadáver de una mujer. Pronto el inspector Mauricio Tedesco, encargado de investigar el caso, comprenderá que más allá de las apariencias -que apuntan a un suicidio- ese fallecimiento entraña historias y motivos mucho más complejos y profundos.

Mientras la investigación avanza, salen a la luz las vidas de quienes sobreviven en los márgenes, lejos de la mirada de los demás: un inmigrante sin papeles obligado a hacerse invisible, una mujer que libra una batalla diaria contra sí misma y un hermano que lleva años sosteniéndose precariamente en un equilibrio imposible. Pero en una ciudad donde la soledad y el miedo forman parte del día a día, también hay hueco para la generosidad, la esperanza y, después de todo, pese a todo, el amor. 

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

¿La forma de ser se hereda? Un nuevo estudio analiza el ADN de más de un millón de personas

Los científicos identificaron 1.260 variantes genéticas asociadas con la personalidad. Qué peso tienen los genes y el ambiente.

La personalidad tiene un componente genético, pero no existe un único gen que determine si alguien será extrovertido, responsable, ansioso o curioso (Foto: Pexels).

Hay personas que entran a una reunión y a los cinco minutos ya hablaron con todos. Otras prefieren quedarse a un costado, mirar y escuchar. Algunas organizan cada detalle con semanas de anticipación. Otras pueden convivir perfectamente con plazos vencidos, decisiones improvisadas y agendas caóticas. Hay quienes se preocupan por casi todo. Y quienes parecen atravesar los problemas con una tranquilidad que desconcierta.

¿Por qué somos como somos? ¿Cuánto de nuestra personalidad se aprende y cuánto viene con nosotros desde el nacimiento? La ciencia intenta responder esa pregunta desde hace décadas. Ahora, el mayor estudio genético realizado hasta el momento sobre personalidad aporta nuevas pistas. El nuevo trabajo que reunió datos de 46 cohortes y de hasta 1,14 millones de personas. Los investigadores analizaron el ADN en busca de señales relacionadas con cinco grandes dimensiones de la personalidad.

El resultado fue un mapa mucho más amplio que todos los anteriores: identificaron 1.260 variantes genéticas asociadas con diferentes rasgos de personalidad. De ellas, 824 eran asociaciones nuevas. Pero el hallazgo viene con una advertencia fundamental. No existe un gen de la timidez. Tampoco uno que vuelva a alguien extrovertido, responsable o ansioso. La personalidad resulta de una combinación muchísimo más compleja.

Cinco rasgos para explicar cómo somos


Los científicos trabajaron con uno de los modelos más utilizados en psicología: los llamados "Big Five", o cinco grandes rasgos de personalidad. Incluyen la extroversión, vinculada con la sociabilidad y la energía; la amabilidad, relacionada con la empatía y la cooperación; la responsabilidad, asociada con la organización y el autocontrol; el neuroticismo, que refleja una mayor tendencia a experimentar preocupación o emociones negativas; y la apertura a la experiencia, vinculada con la curiosidad, la imaginación y el interés por ideas nuevas.

Los cinco grandes rasgos de personalidad (Foto: Wikipedia).

Lo que hicieron fue buscar pequeñas diferencias en el ADN que aparecieran asociadas con puntuaciones distintas en esos rasgos. Y ahí apareció uno de los datos más contundentes del trabajo: las regiones genéticas estadísticamente significativas vinculadas con la responsabilidad pasaron de apenas 3 en investigaciones anteriores a 131 en este estudio. Para la amabilidad pasaron de 4 a 39; para apertura, de 8 a 126; para extroversión, de 14 a 258; y para neuroticismo, de 224 a 706.

El salto es enorme. Eso no significa, sin embargo, que existan 706 "genes del neuroticismo". Significa que el comportamiento humano parece estar relacionado con una enorme cantidad de pequeñas diferencias genéticas, cada una con un efecto diminuto. Esa es, quizás, una de las conclusiones más interesantes. No hay en nuestro ADN un "interruptor" que determine si una persona será sociable, meticulosa, ansiosa o curiosa, sino miles de piezas. Cada una empuja muy poco, y aun sumándolas, los genes están muy lejos de explicarlo todo.

Las variantes genéticas comunes estudiadas permitieron explicar aproximadamente entre el 4,8 y el 9,3 por ciento de las diferencias observadas en los cinco rasgos. Los estudios clásicos realizados con familias y gemelos habían estimado una heredabilidad considerablemente mayor, cercana en muchos casos al 40% o más. La diferencia entre ambos resultados tiene que ver con la forma en que cada método captura la influencia genética. Pero ambas líneas de investigación coinciden en algo esencial: la personalidad tiene un componente heredable, pero no es un destino escrito en el ADN.

Entonces, ¿se nace tímido? No exactamente. Una persona puede nacer con ciertas predisposiciones, pero esas predisposiciones interactúan durante toda la vida con el ambiente. La crianza, la escuela, los amigos, la cultura, las relaciones, las experiencias buenas y malas: todo eso también interviene. Dos personas con predisposiciones genéticas parecidas pueden terminar desarrollando formas de ser bastante diferentes, y dos hermanos criados bajo el mismo techo tampoco viven exactamente las mismas experiencias.

Por eso, aunque la ciencia pueda detectar asociaciones entre determinadas variantes del ADN y ciertos rasgos, todavía está lejos de poder analizar el genoma de un bebé y anticipar qué personalidad tendrá cuando sea adulto. El propio estudio muestra, además, que no hay explicaciones biológicas simples. Los investigadores no encontraron evidencia suficiente para reducir grandes dimensiones de la personalidad a un neurotransmisor concreto o a un único grupo de células cerebrales. Ni serotonina, ni dopamina, ni un pequeño puñado de genes explican por sí solos por qué una persona es como es.

La personalidad también se conecta con la salud

El estudio no se quedó solamente en describir rasgos. Los investigadores analizaron también si las señales genéticas relacionadas con la personalidad aparecían asociadas con otros aspectos de la vida. Encontraron conexiones con variables vinculadas con la salud física y mental, distintos comportamientos, características sociales y otros resultados de vida. Eso abre una línea de investigación enorme.

Desde hace años se sabe, por ejemplo, que determinados rasgos de personalidad aparecen relacionados estadísticamente con cuestiones como el bienestar, algunas enfermedades, el tabaquismo, los vínculos sociales o determinadas conductas. La genética puede ayudar ahora a entender mejor por qué existen algunas de esas asociaciones.

Sin embargo, hay una diferencia importante: que dos características compartan parte de su arquitectura genética no significa que una cause necesariamente la otra. Tener determinadas variantes tampoco condena a nadie a una enfermedad, a un comportamiento o a una trayectoria determinada. La genética habla de probabilidades, no de destinos.

Tal vez ese sea el dato que mejor dimensiona la complejidad de la cuestión. Para avanzar de manera significativa en la genética de la personalidad, los científicos tuvieron que reunir información de más de un millón de personas. Y lo que encontraron fueron cientos de señales, muchas de ellas extremadamente pequeñas. Eso dice bastante sobre la personalidad humana. No parece existir una explicación única escondida en alguna región del ADN. Hay una red gigantesca de influencias biológicas que se combina, además, con todo lo que ocurre después de que nacemos.

Los genes pueden inclinar ligeramente la balanza y participar del punto de partida. Pero entre el ADN con el que llegamos al mundo y la persona en la que terminamos convirtiéndonos transcurre, justamente, una vida entera.

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ / varios / redacción propia)

Preguntas complicadas: ¿es el infinito un concepto que solamente existe en las matemáticas?

En una reciente entrevista, el físico y divulgador francés Christophe Galfard, discípulo del mismísimo Stephen Hawking, afirmaba que "el universo que observamos con los telescopios es finito. El infinito sólo existe en las matemáticas". Puede parecer una afirmación un tanto controvertida e, incluso, atrevida para alguien que se dedica a la ciencia. Aunque también es cierto que, en nuestra vida cotidiana, usamos la palabra "infinito" quizás con demasiada ligereza.

(Foto: Shutterstock).

El infinito de lo cotidiano

Muchos padres de adolescentes seguro que profesan una "paciencia infinita" para con ellos (o quizás ellos con nosotros, quién sabe). Cuando una reunión de trabajo se nos hace soporífera, decimos que "se nos ha hecho infinita". ¿Y qué hay de las "esperas infinitas" al teléfono para hablar con un humano y no con un chatbot cuando llamamos a un servicio de atención al cliente?

Normalmente, cuando usamos esta palabra, nos referimos a algo extraordinariamente grande, un número descomunal. Sin embargo, en matemáticas, esto no es del todo así.

El infinito en matemáticas

El infinito matemático no es un número, es un concepto. Todos sabemos contar: 1, 2, 3… Para ello, usamos los números, que en matemáticas llamamos números naturales. Pero ¿podemos decir cuál es el último número que conocemos? En realidad, se trata de una pregunta trampa, pues en cuanto por su mente pase un número muy grande, si le pone "más uno", ya tenemos otro más grande.

Desde esta perspectiva, podríamos decir que hay infinitos números. Los griegos clásicos -sobre todo, Aristóteles- afirmarían que "hay más números que cualquier cantidad -finita- que podamos imaginar".

La verdad es que la frase no puede ser más acertada. Porque una cosa es que una colección de objetos (o números) sea ilimitada y otra es que digamos que hay infinitos de esos objetos. Esta forma de pensar trae numerosos problemas… que ya Aristóteles vio venir cuando introdujo el concepto de infinito potencial e infinito actual.

El primero es sinónimo de lo ilimitado: hay más objetos que cualquier cantidad que podamos imaginar. Esta idea entra dentro de nuestra lógica. Nuestro cerebro está preparado para aceptarla. Sin embargo, el infinito actual es harina de otro costal. Es ese salto mortal que hay que hacer para decir que hay "infinitos números". Porque, si aceptamos decir que el tamaño de los números naturales es infinito, entonces empiezan a pasar cosas raras. La primera es tratar de responder a esta pregunta: ¿qué hay más, números naturales o números pares?

La respuesta más probable que se nos viene a la cabeza es que hay "el doble de naturales que de pares". Pero... ¿seguro?

Los tamaños de infinito

Imaginemos que metemos en un cajón los números naturales y en otro, los pares. Del primer cajón, saco un número natural. Después, busco su doble en el segundo cajón y los emparejo. Si asumimos que este proceso termina en algún momento, resulta que ambos cajones quedan vacíos a la vez. Si, en vez de números, fuesen cucharas y tenedores lo que había en cada cajón… seguro que diríamos que hay la misma cantidad de ambos. Pues con los números ocurre lo mismo.

Raro, ¿verdad? Pero la cosa no acaba aquí. A finales del siglo XIX, un matemático alemán, Georg Cantor, demostró que, aceptando plenamente el infinito actual, no hay un único infinito, sino muchos. ¿Cuántos? Más que cualquier cantidad que podamos imaginar.

Un ejemplo de cómo funciona el argumento diagonal de Cantor para probar la existencia de un conjunto no numerable. Dada la lista inicial, formada por números con alguna cifra marcada en rojo, puede probarse que ningún elemento de la lista coincide con el número cuya expresión tiene las cifras marcadas en azul, ya que dicho número difiere de todos y cada uno de los anteriores (Foto: Wikimedia Commons).

Con su método de la diagonal, Cantor demostró que el infinito de los números naturales, los de contar, es más pequeño que el infinito que surge de contar los puntos que hay en un segmento, el continuo.

Y a partir de aquí, la locura… tanto del infinito como de su hacedor, pues Cantor murió tras sufrir episodios recurrentes de depresión y hospitalizaciones en sanatorios psiquiátricos. Y es que sus revolucionarias ideas fueron duramente criticadas por algunos matemáticos de la época, incluido uno de sus profesores en Berlín, Leopold Kronecker, quien llegó a escribir que Cantor era un charlatán y que sus ideas eran más propias de un circo que de las matemáticas.

El infinito en la actualidad


Hoy en día, todos los matemáticos alaban la obra de Cantor y bendicen el momento en que creó "el paraíso infinito del que nadie será capaz de expulsarnos", como bien dijo el matemático David Hilbert en 1925.

Así, el infinito ha pasado a ser un concepto más en matemáticas. No es un número, no es una distancia… es la forma que han tenido los matemáticos de ir más allá de su mente, sin volverse locos, y trabajar con ello.

Sin el infinito, no tendríamos cálculo infinitesimal, por ejemplo. Tras su descubrimiento en paralelo por los grandes genios Isaac Newton y Gottfried Leibniz, esta herramienta llegó a su estado actual gracias al concepto de límite, que no es más que esa idea de acercarnos tanto como queramos, pero sin tocar. Y, gracias al cálculo infinitesimal y a sus poderosas herramientas (las ecuaciones diferenciales), hemos conseguido desde domesticar el comportamiento de un electrón, hasta aventurarnos a pisar la Luna o enviar una sonda más allá de los límites de nuestro sistema solar.

Pero… ¿realmente hay cosas infinitas?


Todo lo anterior se puede resumir en que el infinito es la conceptualización de lo muy grande (o lo muy pequeño). No es un número ni una distancia. Es un concepto que podemos estirar y estirar… y llevarlo todo lo lejos que podamos.

En matemáticas, los límites sólo los pone nuestra imaginación. Sin embargo, en física -las matemáticas aplicadas a la vida real-, hay limitaciones propias de nuestro universo. Por tal motivo, para encontrar algo verdaderamente infinito en el universo que habitamos sólo hay que buscar en un lugar muy concreto: la mente de un matemático.

El infinito puede no existir en la realidad, pero su estudio por parte de las matemáticas es esencial para comprender el mundo que nos rodea: de lo extremadamente grande a lo increíblemente pequeño. Cosas de la ciencia básica.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)