lunes, 26 de octubre de 2026

Agenda Cultural: una vez más, el Fondo de Cultura Económica regala libros a menores de 30 años

El FCE anunció una nueva etapa en Argentina de "25 para el 25", la iniciativa que busca promover la circulación gratuita de 2,5 millones de libros entre adolescentes y jóvenes de toda América Latina.

(Foto: prensa FCE).

Hace diez años, la casa central del Fondo de Cultura Económica, situada en la Ciudad de México, abría las puertas de la Librería del Fondo y Centro Cultural Arnaldo Orfila Reynal, su filial en la Ciudad de Buenos Aires, la primera de las diez que inauguró fuera de México. Desde entonces, en ese lugar se comparten libros, presentaciones, conversaciones y encuentros con lectores y lectoras, aparte de tener la posibilidad de degustar las delicias de su café-restaurante.

El viernes 30 de octubre, la sede festeja su décimo cumpleaños con otra edición de "25 para el 25", y una propuesta especial para celebrar anticipadamente la fecha de mayor arraigo e importancia de la cultura mexicana, el Día de Muertos.

Los y las jóvenes de entre 15 y 30 años podrán acercarse al Centro Cultural, situado en Costa Rica 4568, CABA, a retirar gratuitamente ejemplares de autores como Gabriel García Márquez, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Amparo Dávila, Blanca Varela, Juan Gelman, Juan Carlos Onetti y muchos más. La lista completa de títulos disponibles se puede ver haciendo click aquí.

Los primeros 25 se llevan 5 libros cada uno. Todos los demás, 1, hasta agotar existencias. La fila se habilita a las 16:00 y la entrega comienza a las 17:00. 

La convocatoria 2025 superó las expectativas de concurrencia (Foto: prensa FCE).

También, como cada año, México retoma la tradición de recordar y homenajear a quienes ya no están. En esta edición, será con un altar estará dedicado a Carlo Ginzburg, Griselda Gambaro y Carlos "Indio" Solari, tres figuras que dejaron huellas profundas en la cultura y en la memoria colectiva. Se podrá ver la instalación desde el 30 de octubre al 2 de noviembre, durante el horario de funcionamiento del Centro Cultural. 

(Fuente: prensa FCE / Centro Cultural Arnaldo Orfila Reynal / varios / redacción propia)

Colecciones Nacionales de Arte: las reservas del Museo Nacional de Bellas Artes y el Palais de Glace tendrán nueva sede

Será en el antiguo edificio del Archivo General de la Nación. El proyecto, presentado por la Secretaría de Cultura, destina una construcción de ocho pisos en el centro de la Ciudad de Buenos Aires a la preservación, restauración e investigación de más de 15.000 obras. 

Imagen del interior del antiguo Archivo General de la Nación, futura sede de las Colecciones Nacionales de Arte de la República Argentina (Foto: prensa Secretaría de Cultura de la Nación).

La Secretaría de Cultura de la Nación presentó este viernes el proyecto "Colecciones Nacionales de Arte de la República Argentina", una iniciativa que destinará el edificio del antiguo Archivo General de la Nación (AGN), en avenida Leandro N. Alem 246 de la Ciudad de Buenos Aires, a la conservación, investigación y exhibición del patrimonio artístico de los museos nacionales. El anuncio estuvo encabezado por el Secretario de Cultura, Leonardo Cifelli.

El inmueble, de propiedad del Estado Nacional, cuenta con más de 7.800 metros cuadrados distribuidos en 12 niveles -un subsuelo, planta baja, ocho pisos, entrepisos y azotea- con ingresos por la avenida Alem y por la calle 25 de Mayo. La construcción, de estilo academicista francés, fue diseñada por el ingeniero arquitecto Arturo Prins a comienzos del siglo XX como sede del Banco Hipotecario Nacional.

Según se informó, el edificio albergará las reservas del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), del Palais de Glace y de otros museos nacionales, y se equipará con sectores de almacenamiento diferenciado por tipo de obra, laboratorios, talleres de restauración, espacios de investigación y salas de exhibición. "Este proyecto no consiste solamente en encontrar un lugar para guardar obras. Estamos pensando en un espacio que permita preservar, conservar, restaurar e investigar nuestro patrimonio artístico con las condiciones que merece", afirmó Cifelli durante el acto.

Asimismo, calificó la iniciativa como "un hito muy postergado" y anticipó que aspira a "que el espacio cumpla con los más altos estándares internacionales, para convertirse en una referencia para la Argentina y para el mundo". Cifelli señaló que resta un trabajo de adecuación del edificio y estimó que en 2027 podrían comenzar a verse las primeras piezas en el lugar.

El secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, presentó el proyecto de una nueva sede para las Colecciones Nacionales de Arte el pasado viernes 23 al mediodía (Foto: prensa Secretaría de Cultura de la Nación).

El acervo del Museo Nacional de Bellas Artes

El MNBA, que en 2026 cumple 130 años, posee una colección de cerca de 14.000 piezas de diferentes períodos y de autores nacionales e internacionales, lo que lo convierte en una de las instituciones culturales públicas más relevantes del continente. Cada año recibe a unas 800.000 personas entre visitantes, grupos educativos y turísticos. La colección abarca desde objetos de culturas antiguas asiáticas y europeas hasta arte prehispánico, piezas del medioevo, el Renacimiento, el Barroco, el período colonial americano, obras maestras del impresionismo y todas las vanguardias del siglo XX -cubismo, abstracción, surrealismo, informalismo, arte conceptual-, de artistas argentinos y del exterior.

El museo exhibe al público entre un 10 y un 12% de su colección. El resto permanece en cinco reservas dentro de su sede de la Avenida Del Libertador 1473, CABA, que en conjunto suman 1.030 metros cuadrados, distribuidas entre el subsuelo y el primer piso. En la última década, el acervo creció con la incorporación de 2.100 obras de diversas disciplinas, producto de donaciones y del Premio Nacional a la Trayectoria Artística que otorga anualmente la Secretaría de Cultura.

El patrimonio del Palais de Glace

El también llamado Palacio Nacional de las Artes (Posadas 1725, CABA), cerrado al público hace casi una década, conserva un patrimonio de más de 1.250 piezas en diversas disciplinas: pinturas, dibujos, esculturas, grabados, fotografías, audiovisuales e instalaciones. Su colección se fue conformando a lo largo de más de un siglo a partir del Salón Nacional de Artes Visuales, el certamen artístico más longevo del país, que actualmente comprende diez categorías.

Entre los artistas premiados que integran el acervo se encuentran figuras fundamentales como Lino Enea Spilimbergo, Raúl Soldi, Alfredo Gramajo Gutiérrez, Aída Carballo, Kenneth Kemble, Sarah Grilo, Liliana Porter, Diana Dowek y referentes contemporáneos como Nicola Costantino, Marcos López, Adriana Lestido y Eduardo Stupía, entre otros.

Las reservas del Palais se encuentran actualmente en el Complejo Histórico Cultural Manzana de las Luces (Perú 222, CABA). La institución conserva además un archivo histórico con más de 7.000 legajos de artistas, muchos de ellos con biografías manuscritas, cartas, retratos y fotografías de obras, cintas magnetofónicas con discursos inaugurales del Salón Nacional y una biblioteca especializada en arte argentino con más de 3.000 volúmenes.

La Secretaría de Cultura de la Nación presentó la futura sede de las Colecciones Nacionales de Arte de la República Argentina, para albergar y exhibir al público las reservas del Museo Nacional de Bellas Artes, del Palais de Glace y de otros museos nacionales (Foto: prensa Secretaría de Cultura de la Nación).

La Secretaría de Cultura señaló que la ubicación del inmueble próxima al Palacio Libertad y al Museo de la Casa Rosada facilita la articulación con otras instituciones culturales del área. Las reservas, detalló el organismo, no se conciben únicamente como espacios de guarda, sino también como ámbitos abiertos a la investigación, la exhibición y la producción de conocimiento.

(Fuente: Infobae / Secretaría de Cultura de la Nación / varios / redacción propia)

De los pigmentos a los píxeles: ¿el color digital es también considerado color?

Durante siglos, hemos contemplado sin cuestionamientos los vestigios escultóricos de la Antigüedad en un pulcro blanco. Sin embargo, las investigaciones más recientes sobre policromía antigua han demostrado hasta qué punto estábamos equivocados.

Pinturas rupestres en la Cueva de las Manos, en el cañón del río Pinturas (Patagonia, Argentina) (Foto: Wikimedia).

Muchas estatuas griegas y romanas estuvieron cubiertas de intensos colores, pensados para transmitir información sobre identidades y símbolos. Hoy contamos con novedosas tecnologías que, mediante cámaras, escáneres, modelos tridimensionales o entornos virtuales, nos permiten conservar el patrimonio cultural con enorme precisión para tiempos venideros. Pero, ¿es un color digital realmente el mismo color original que veíamos en un objeto?

Este interrogante es el punto de partida de un estudio reciente, publicado en Digital Applications in Archaeoloy and Cultural Heritage, donde se analiza cómo el paso del pigmento al píxel prolonga el esfuerzo humano por registrar, conservar y transmitir el color.

Bisonte polícromo en la cueva de Altamira, España, datado hace unos 17.000 - 12.000 años )Foto: Museo de Altamira / Wikimedia).

El color siempre fue tecnología


Desde la Prehistoria, los grupos humanos han seleccionado minerales de diferentes colores (ricos en óxido de hierro o en manganeso, por ejemplo). Antes de aplicarlos a las producciones artísticas, eran triturados y mezclados con otros materiales, como grasa. Los estudios acerca de este proceso -sobre todo, del ocre- revelan que había planificación y conocimientos técnicos complejos ya desde la Edad de Piedra.

Con el tiempo, aparecieron los pigmentos sintéticos, como el azul egipcio -silicato de cobre y calcio-, que exigía controlar materias primas y temperaturas. Su fabricación no fue un gesto decorativo casual, sino una forma temprana de ingeniería de materiales, como demuestran investigaciones actuales que han permitido reconstruir ese proceso de producción y detectar restos casi invisibles, en estatuas halladas en Deir el-Medina, en Luxor (Egipto), datadas entre 1.550-1.077 a. C. 

Así, el manejo del color es un constante en las producciones artísticas de todas las épocas. Mientras que los pintores prehistóricos intentaban fijarlo en la roca y los artesanos antiguos buscaban pigmentos resistentes, los especialistas actuales procuran conservar y transmitir esa información. Han cambiado las herramientas, pero permanece el deseo de prolongar una experiencia visual en el tiempo.

El azul egipcio es una masa vítrea con la que se pueden producir esculturas, hacer esmaltes y fabricar pigmentos (Foto: Eduardo Zamarro). 

Una fotografía sólo captura una parte

Actualmente, registrar ese color de tiempos pasados es de máximo interés para preservación del patrimonio cultural. Sin duda, es una característica importante en cualquier proceso de digitalización, incluidos los recientes gemelos digitales de distintas obras de artes antiguas.

Sin embargo, una cámara convencional reduce la luz a tres canales: rojo, verde y azul. Aunque ésto es suficiente para producir una imagen "convincente", no sirve para describir toda la respuesta de los materiales a la luz. Para intentar solucionar esto, se usa la imagen hiperespectral, capaz de registrar decenas o cientos de bandas. Así se obtiene una "huella" de cada zona.

Esta técnica, que puede localizar pigmentos, revelar repintes y detectar alteraciones invisibles, se ha convertido en una herramienta clave para estudiar y conservar arte rupestre y otros bienes culturales. 

Otros métodos responden a preguntas diferentes. Por ejemplo, la espectrofotometría mide el color con gran precisión en puntos concretos; la fluorescencia de rayos X identifica elementos químicos, y la fotografía con iluminación variable permite observar relieves, incisiones y texturas.

Ninguna herramienta ofrece por sí sola una copia completa. Por eso, los mejores resultados combinan varios métodos.

Además, existen otras dificultades: no es fácil convertir todas esas mediciones en una imagen visible al ojo humano. Para lograrlo, es necesario elegir el tipo de iluminación, el sistema de color y determinadas características en el dispositivo empleado. Cada decisión modificará el resultado.

Espectrofotómetro (Foto: Wikimedia).

Los píxeles también envejecen

Para lograr que las reconstrucciones sean rigurosas, se deben diferenciar tres niveles. El primero es el color medido, respaldado por estudios técnicos. El segundo reconstruye ese color mediante comparaciones y simulaciones. El tercero lo interpreta y propone una apariencia posible cuando faltan datos.

En este contexto, la inteligencia artificial es una gran ayuda para clasificar pigmentos, analizar imágenes espectrales o proponer colores ausentes. Pero una predicción algorítmica no equivale a una prueba arqueológica. Debe identificarse como inferencia, es decir, como el resultado de un cálculo de probabilidades y debe conservarse información sobre el proceso que la generó.

Por otro lado, los píxeles no son eternos. Los formatos se quedan obsoletos, los metadatos -etiquetas que se añaden a un archivo- se pierden y las migraciones pueden alterar la información. Los monitores y proyectores también influyen en cómo percibimos las imágenes: un modelo calibrado hoy quizá se interprete de otra manera dentro de veinte años.

Por ello, conservar el color digital exige guardar algo más que una imagen. Hay que preservar las mediciones originales, los perfiles de color, las condiciones de iluminación, el historial de cambios y los márgenes de incertidumbre.

Los principios FAIR -acrónimo en inglés de Findable (localizable), Accesible, Interoperable y Reusable- ofrecen una guía útil para conseguirlo. Cuando los datos aplicados al patrimonio cultural cumplen estas cuatro condiciones, es más fácil que futuras investigaciones revisen una reconstrucción sin depender únicamente de su imagen final.

Preservar una forma de conocimiento

La digitalización puede acercarnos a cuevas inaccesibles, murales frágiles y objetos desaparecidos. Puede, incluso, cuestionar prejuicios heredados, como la supuesta blancura del mundo clásico. Pero también puede producir imágenes espectaculares que no se correspondan con la realidad de tiempos pasados.

El reto no consiste sólo en crear reconstrucciones más realistas. Consiste en hacerlas comprensibles y fieles a su realidad histórica. Porque conservar el color significa preservar algo más que una apariencia: significa proteger el vínculo entre los materiales, su significado, su percepción y la memoria cultural.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

viernes, 23 de octubre de 2026

Lecturas para el fin de semana: este viernes, las novedades de la editorial del Fondo de Cultura Económica

A esta altura ya considerada una de las casas editoras más prestigiosas del mundo, nos ofrece cinco de sus recientes publicaciones. Con gran presencia en librerías -y disponibles también en su propio local de la filial porteña, en Costa Rica 4568-, también facilitamos su compra y descarga en formato digital desde este mismo post. 

(Foto: composición propia).

Nacido en la Ciudad de México en 1934, el Fondo de Cultura Económica inicia su internacionalización con la inauguración, en 1945, de la subsidiaria en Argentina. Casi una década después, hacia 1954, abre sus oficinas en Santiago de Chile y, en 1961, en Lima, Perú. En 1963, da su primer gran paso en el mercado europeo al establecer oficinas en Madrid, desde donde abastece a toda España y Europa.

En 1975, crea una "agencia" en Bogotá, que en 1984 se constituye como la subsidiaria Colombia. En 1990, inicia actividades en San Diego, California, Estados Unidos, para difundir sus obras entre los lectores hispanos de Norteamérica. Cinco años después, crea la subsidiaria de Guatemala, para llegar a todo Centroamérica y el Caribe. Finalmente, en 2015, inaugura en Quito la subsidiaria FCE Ecuador.

De su extenso y apasionante catálogo, siempre en constante crecimiento, desde este espacio elegimos cinco de sus más recientes lanzamientos para proponérselos a nuestros lectores.

• Nuestras grabaciones, de Esteban Buch

(Foto: composición propia).

Con Pink Floyd, Beethoven y María Elena Walsh sonando de fondo, el autor escribe qué significa tener una colección de música, desde los discos de vinilo hasta las plataformas digitales. Lejos de la nostalgia, narra las ilusiones que vinieron con cada invento y las cosas visceralmente perdidas. Una autoficción, un ensayo tecnológico y una ofrenda al acto más presente y primitivo: el de escuchar. 

Para comprar y descargar en formato e-book, hacer click aquí.

• Cultura menemista, de Margarita Martínez

(Foto: composición propia).

Buenos Aires fue un escenario privilegiado de la transformación cultural profunda que atravesó la década del noventa. La aparición de la pantalla como un dispositivo central de la vida cotidiana, la exhibición de los cuerpos, el auge de la industria del entretenimiento, la expansión del consumo y el surgimiento de nuevos espacios como shoppings y cadenas de librerías son elementos de una superficie continua entre cultura y ciudad.

En este trabajo, Martínez reconstruye ese clima de época a partir de la lectura minuciosa de los suplementos culturales publicados en aquellos años por Clarín y Página/12. De esta manera, indaga en cómo ese presente se narró a sí mismo, en el rol que los intelectuales tuvieron en la legitimación de ciertos consumos culturales y en cómo, desde ahí, se construyeron prestigios y se influyó en los modos de experimentación de la vida urbana.

Más que un inventario de trayectorias individuales o de tendencias, este libro propone el registro de un mundo perdido del que ya nadie recuerda nada, pero que, sin embargo, encuentra en nuestros días una continuidad, una confirmación.

Para comprar y descargar en formato e-book, hacer click aquí.

• Dinero, de Luis Gonzaga Belluzzo y Gabriel Galípolo

(Foto: composición propia).

¿Es el equilibrio el estado natural de los mercados o una fantasía teórica para eludir la inestabilidad inherente al capitalismo? Ante las recurrentes crisis contemporáneas, la ortodoxia insiste en forzar la realidad dentro de modelos abstractos. Los autores desarman esos dogmas para demostrar cómo la ciencia económica intentó neutralizar las tres grandes fuerzas del sistema: el dinero, el crédito y los mercados financieros.

Con una mirada profundamente crítica e interdisciplinaria, y mediante un lenguaje accesible, los autores examinan la transición desde la represión financiera de la posguerra hasta la nueva globalización del tercer milenio. A través de este recorrido, exhiben la desconexión que impone la lógica de la "abstracción real", donde la producción ya no busca el bienestar social, sino la acumulación acelerada de dinero.

Al impugnar los cimientos neoclásicos, el libro rescata la acción política y cuestiona las creencias que presentan a la economía como un orden técnico neutral e inevitable. El resultado es un llamado a recuperar el debate democrático y a subordinar las capacidades de las finanzas al control público. Por su rigor y originalidad, este libro constituye una contribución imprescindible para comprender los desafíos económicos del presente.

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• Argentina X, de Alejandro Agostinelli

(Foto: composición propia).

Desde las jóvenes poseídas de Salavina hasta el ovni que visitó un parque de Rosario, pasando por los defensores del socialismo interplanetario o la biografía no autorizada de Fabio Zerpa, los relatos de Agostinelli son puro disfrute. En las catorce historias de "Argentina X" vuelve a aplicar su método de manera eficaz: observación personal, despliegue de datos, recopilación de testimonios, consideración del contexto.

El periodista riguroso convive con el buen escritor de manera fraterna. Su estilo es simple y directo, con abundancia de detalles, pero sin regodeos ni malabarismos. Agostinelli hace periodismo desde su primera juventud y en casi todos los formatos, siempre haciendo foco en la heterodoxia científica y en los fenómenos paranormales. Se acerca a ellos para entender, no para juzgar. Indaga sobre "la verdad de los hechos" sin temor a las consecuencias posibles que su actitud, en vías de extinción, le pueda causar. Y aunque cumple con un involuntario rol desmitificador, tiene el don de empatizar con la misma convicción con el testigo sincero o con el último de los fabuladores.

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• Cruces, de Violeta Gorodischer

(Foto: composición propia).

Laura trabaja como médica en un hospital público. Pasa sus días entre guardias, pasillos, cuerpos que duelen y preguntas que no tienen respuesta. A veces, esas preguntas vienen de los pacientes; a veces, de los familiares; otras, de ella misma. Hay muertes que no se pueden ordenar, pérdidas que no admiten protocolo.

Cuando Juanchi, un nene de ocho años internado, empieza a hablar de la muerte con una lucidez inquietante, algo se desplaza. También vuelve otra historia: la infancia en Brasil, una casa frente al cementerio, un tío que le enseñaba a convivir con los muertos, a armar altares, a no negar lo que insiste. Entre el hospital y ese pasado, Laura busca una forma de acompañar sin imponer, de cuidar sin cerrar el sentido.

En esta novela, Gorodischer narra los cruces -entre la vida y la muerte, la medicina y el ritual, la responsabilidad y el deseo- con una prosa precisa y contenida, siempre a punto de explotar. "Cruces" es el relato de una experiencia límite y, al mismo tiempo, íntima: la de alguien que intenta sostener a otros sin perderse a sí misma.

Para comprar y descargar en formato e-book, hacer click aquí.

(Fuente: bajalibros.com / Fondo de Cultura Económica / varios / redacción propia)

Preguntas para vivir un poco mejor: ¿existe un momento perfecto para despertarse?

Ni aplicaciones que detectan las fases del sueño ni ciclos de noventa minutos: estas son las claves para dormir lo justo y despertarnos frescos y descansados.

(Foto: Shutterstock).

Suena el despertador. Hay mañanas en las que abrimos los ojos, estiramos los brazos y el cuerpo responde como si llevara horas esperando. Y otras en las que la cabeza permanece en pausa, los párpados pesan y el mundo se ve a cámara lenta. Puede que hayamos dormido (casi) las mismas horas en ambas ocasiones, pero la sensación es radicalmente distinta. ¿Qué ha pasado? ¿Existe un momento exacto -ni un minuto antes ni uno después- en el que despertar y sentirnos descansados?

La respuesta corta es que no hay una fórmula mágica. La larga es bastante más interesante.

Esa "niebla" de las mañanas tiene nombre

Los especialistas en sueño llaman a ese estado de aturdimiento, torpeza y ganas de volver a la cama que sigue al despertar "inercia del sueño". Durante un rato, el cerebro se comporta como un ordenador que ha arrancado pero aún no ha cargado todos los programas. Estamos más lentos, nos cuesta reaccionar y tomar decisiones.

La buena noticia es que la niebla se disipa sola. Normalmente, recuperamos la claridad al cabo de unos 30 minutos, aunque en algunos casos, este proceso puede alargarse más. La intensidad de la inercia del sueño, además, varía mucho de una persona a otra y depende de cuánto hayamos dormido esa noche, de la hora que marque nuestro reloj biológico y de cómo nos despertemos. La falta de sueño y la presencia de alteraciones como la hipersomnolencia de origen central pueden hacerla más intensa y duradera y, a pesar de que esta inercia de sueño no es un trastorno en sí misma, puede resultar tan molesta y disruptiva que se han elaborado cuestionarios para evaluarla y orientar en la consulta clínica.

¿Importa en qué fase del sueño nos despertamos?

Dormir no es apagar el interruptor y encenderlo ocho horas después. La noche es un viaje por paisajes distintos, los de las distintas fases del sueño no REM (ligero y profundo) y el del sueño REM (del inglés "rapid eye movement", los movimientos oculares rápidos que lo caracterizan). Estas fases se encadenan en ciclos que se repiten varias veces a lo largo de la noche y, si despertamos cerca de una fase REM, probablemente nos sintamos más despejados y recordemos el sueño que acabamos de tener. Sin embargo, si nos arrancan del no REM en una fase profunda, la inercia del sueño seguramente será más intensa.

Pero la fase no lo explica todo. La deuda acumulada de sueño, la hora del día a la que nos despertamos y las diferencias entre personas en las preferencias horarias -o cronotipos- también influyen. A veces incluso más que la fase de sueño en la que suena el despertador. Por eso, despertar en una fase de sueño ligero o en REM mejora nuestras opciones, pero no nos asegura levantarnos descansados.

El mito de los ciclos de noventa minutos

Quizá hayamos leído esa recomendación que dice que, si cada ciclo de sueño dura 90 minutos, basta con contar hacia atrás desde la hora de levantarnos para calcular si despertamos en sueño REM. Seis horas, siete y media o nueve nos harían completar un número redondo de ciclos para abrir los ojos en el momento justo. Tiene la elegancia de una operación aritmética. Y justo ahí está el problema, que el sueño no es aritmético.

Esos 90 minutos son sólo un promedio. En la práctica, los ciclos de sueño en los que se suceden las distintas fases no REM y REM duran entre 90 y 120 minutos según la persona. Es más, su duración relativa varía a lo largo de la misma noche.

Mientras que al principio de la noche domina el sueño no REM, a medida que avanzan las horas, el REM va ganando terreno. Por lo tanto, no podemos saber en qué fase estamos simplemente contando el tiempo transcurrido desde que nos acostamos y, peor aún, quien sacrifique horas de descanso para encajar en un "“ciclo perfecto" puede acabar durmiendo menos de lo que necesita y provocar el efecto contrario al que buscaba.

Es preferible priorizar una duración de sueño suficiente y un horario regular. Y, en este sentido, conviene recordar que la cantidad de sueño recomendada tampoco obedece a una constante, sino que va cambiando con la edad.

¿Es mejor despertar de forma natural?

Despertarse espontáneamente, sin necesidad de alarma, suele ser un buen indicador de que dormimos lo que necesitamos. Sugiere que nuestro reloj interno, el que marca cuándo toca dormir y cuándo toca estar despiertos, se encuentra bien sincronizado con el tiempo ambiental, marcado por el ciclo de luz-oscuridad, y los horarios que seguimos. Si, además, ocurre después de haber dormido lo suficiente, es una señal de que el cuerpo ha completado su descanso a su manera.

Esa sincronía no es igual para todos. Según nuestro cronotipo, una persona "búho" (vespertina) lo tendrá más difícil para madrugar que una persona "alondra" (matutina), que a veces se despierta incluso antes de que suene el despertador.

Eso sí, no todo despertar espontáneo es buena noticia. El estrés, el ruido, el insomnio u otras circunstancias pueden sacarnos de la cama antes de tiempo. Y entonces ya no estamos hablando de un cuerpo que ha terminado de descansar, sino de un sueño interrumpido.

Y al revés, quienes necesitan levantarse a una hora concreta pueden dormir perfectamente bien con despertador y no vivirlo como una agresión. La clave no es prescindir de la alarma, sino lograr que la hora de despertar sea compatible con lo que nuestro cuerpo necesita y con nuestro reloj interno.

¿Puede un aparato elegir el momento de despertar por nosotros?

Existen aplicaciones y dispositivos que prometen detectar nuestras fases de sueño y hacer sonar la alarma en una fase superficial o ligera, dentro de una ventana horaria que fijamos. Unos se basan en los movimientos del cuerpo o en el sonido; otros incorporan sensores más sofisticados.

Estos dispositivos pueden ser útiles para observar patrones y tener una idea general de cómo dormimos. Pero sus estimaciones no equivalen a una medición clínica del sueño, así que conviene no tomarlas como una verdad infalible a la hora de señalar el instante ideal para despertar. Además, obsesionarse con los datos de estos dispositivos puede acabar generando un estrés que acabe perjudicando la calidad del descanso.

Menos fórmulas, más sentido común

Las estrategias que de verdad ayudan a despertarse mejor son más modestas, y precisamente por eso las solemos ignorar. Empiezan por mantener horarios regulares de sueño, a la vez que evitamos el alcohol, la cafeína tardía y las cenas copiosas. También es recomendable evitar siestas o muy largas o a última hora, así como reservar una ventana de tiempo suficiente para dormir. Exponerse a la luz natural por la mañana y evitarla -la artificial, sobre todo- por la noche, además de mantener el dormitorio fresco durante el descanso, también contribuye a dormir y despertar mejoré.

Sin ser una receta perfecta, se trata de hábitos sencillos, de sentido común y respaldados por la evidencia, que están al alcance de casi todos. Y tienen una ventaja sobre las fórmulas milagrosas: en lugar de generar ansiedad, nos devuelven cierto control sobre nuestro descanso.

Aunque, sin duda, la mejor hora para despertar empieza la noche anterior. Quizá la pregunta más útil no sea cuál es el minuto perfecto para abrir los ojos, sino si estamos durmiendo lo suficiente y a horas que encajan con el tempo que marca nuestro organismo. La mejor manera de comprobarlo no está en una aplicación ni en un cálculo, sino en cómo de despejados nos encontramos durante el día.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

El cambio demográfico ya llegó a Argentina: "Nos quedan 10 años", opinan los expertos

La caída de los nacimientos en el país acelera el desafío: aún existe una ventana favorable para impulsar los ingresos, pero el envejecimiento exige más inversión, empleo femenino, formación y adaptación tecnológica. Ante el fin gradual del llamado "bono demográfico", surge la denominada "resiliencia demográfica".

(Foto: composición propia).

Argentina registró 413.135 nacimientos en 2024, un 46% menos que en 2015, según datos citados durante el XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva. La caída acelera una transformación que excede la discusión sobre la natalidad: cambia de forma directa y profunda la relación entre trabajadores, niños y adultos mayores, y plantea desafíos para el empleo, las jubilaciones, la salud y la educación del futuro.

En 2015 hubo 770.040 nacidos vivos. La cifra descendió a 460.902 en 2023 y volvió a bajar en 2024. En menos de una década, el país pasó a registrar cerca de 357.000 nacimientos menos por año.

(Foto: Shutterstock).

Los próximos 10 años son clave

El fenómeno forma parte de una transición que atraviesa a América Latina, aunque con ritmos diferentes entre los países.

Un informe del economista Eduardo Levy Yeyati, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y ex economista jefe del Banco Central, junto con el demógrafo Rafael Rofman, investigador principal de CIPPEC, señala que Argentina todavía contaría con una década de impulso demográfico antes de que la proporción de población en edad de trabajar deje de crecer.

Esa ventana es limitada y está en crisis. Durante décadas, América Latina se benefició del llamado bono demográfico: aumentó la proporción de personas en edad de trabajar respecto de la población dependiente. Ésto favoreció el ingreso por habitante, incluso sin mejoras de productividad, explicaron Levy Yeyati y Rofman.

(Foto: Shutterstock).

América Latina: el bono demográfico tiene fecha de vencimiento

El ingreso por habitante en América Latina y el Caribe pasó de USD 3.336 en 1960 a poco más de USD 9.000 en el último año relevado, según los datos incluidos en el análisis Levy Yeyati y Rofman. Parte de ese avance se vinculó con la mayor proporción de trabajadores, aunque los autores advierten que ese efecto no reemplaza las mejoras de productividad, empleo e inversión.

Este mecanismo recibe el nombre de primer dividendo demográfico. Cuando crece la población en edad laboral y se mantiene estable la productividad, aumenta el Producto Bruto Interno (PBI) por habitante, porque cada trabajador sostiene, en promedio, a menos personas dependientes.

(Foto: Shutterstock).

El bono demográfico comienza a agotarse en varios países de la región

El primer dividendo demográfico termina cuando las generaciones menos numerosas, nacidas después de la reducción de la fecundidad, llegan a la edad de trabajar y aumenta el peso de la población mayor.

A partir de ese momento, la estructura etaria deja de impulsar el crecimiento del ingreso por habitante y, si no hay mejoras en productividad e inversión, puede convertirse en un freno.

Japón
, por poner un ejemplo fuera de Latinoamérica, muestra una fase avanzada de ese proceso. Entre 2000 y 2025, el cambio demográfico restó cerca de 0,57 puntos porcentuales por año al crecimiento económico, según el trabajo citado por los autores. China ya superó el máximo de su población en edad laboral y Corea del Sur avanza hacia una situación comparable.

Cálculos basados en los indicadores del Desarrollo Mundial del Banco Mundial y las Perspectivas de la Población Mundial de la ONU (revisión de 2024) Crecimiento logarítmico anualizado, 2000-2025 (Foto: Eduardo Levy Yeyati y Rafael Rofman).

En América Latina, Brasil, Chile, Colombia y Costa Rica ya alcanzaron el punto máximo de ese impulso. "Los países atraviesan etapas diferentes. Brasil, Chile, Colombia y Costa Rica ya alcanzaron su máximo impulso. Argentina tendría aproximadamente una década de dividendo demográfico creciente", explicaron Levy Yeyati y Rofman.

Además de Argentina, Ecuador, México, Panamá, Perú y Uruguay conservarían cerca de una década antes de llegar a esa instancia. En el resto de la región, el margen sería algo mayor, aunque con diferencias según la evolución de la fecundidad, la longevidad y la participación laboral.

Los autores advierten que el cambio puede tener un impacto más amplio que el que surge de medir sólo la cantidad de personas en edad de trabajar. Si el aporte de la estructura demográfica al crecimiento fuera superior al estimado, el desafío para compensar su agotamiento mediante empleo, productividad e inversión también será mayor.

(Foto: Shutterstock).

Argentina enfrenta el cambio con una fecundidad cercana a 1,2 hijos por mujer

La caída de los nacimientos se refleja en la tasa global de fecundidad. Los datos citados ubican a Argentina en torno a 1,2 hijos por mujer, lejos de los 2,1 necesarios para sostener el reemplazo poblacional en ausencia de migración. Las estimaciones pueden variar según la fuente y el período: en 2023 se informó una tasa de 1,33 hijos por mujer, mientras que mediciones anteriores la situaban cerca de 1,4.

El fenómeno excede al país. La revisión 2024 de World Population Prospects, elaborada por Naciones Unidas, estimó una fecundidad mundial de 2,25 hijos por mujer, frente a 3,31 en 1990. Más de la mitad de los países y territorios ya se encuentran por debajo del nivel de reemplazo, y cerca de uno de cada cinco registra una tasa inferior a 1,4 hijos por mujer.

(Foto: Shutterstock).

China, Italia, Corea del Sur y España integran este último grupo. La velocidad de la transición en América Latina, China y Corea del Sur suma un desafío: procesos que, en algunos países desarrollados, se extendieron durante cerca de un siglo se concentran aquí en apenas unas décadas.

Para Levy Yeyati y Rofman, el dato central no es sólo la disminución de los nacimientos, sino el tiempo disponible para adaptar la economía y las instituciones. "Aprovechar ese tiempo exige generar un segundo dividendo: invertir parte de los recursos actuales para elevar la productividad futura. El desafío consiste en equilibrar las necesidades de consumo inmediato con el ahorro y la inversión", explicaron.

El cambio demográfico exige pensar en vidas más largas, con trayectorias educativas, laborales y previsionales menos rígidas. En una sociedad con menos nacimientos y una proporción creciente de personas mayores, los sistemas de salud, cuidados, jubilaciones, educación y protección social enfrentan demandas para las que no fueron diseñados.

La llamada resiliencia demográfica implica anticipar esos cambios y reorganizar políticas públicas, estrategias empresariales y decisiones personales. Para las empresas, supone adaptar la capacitación, el empleo y la gestión de equipos de edades diversas. En el plano individual, estudiar, trabajar, actualizar conocimientos, ahorrar y planificar el retiro dejan de ser etapas completamente separadas.

(Fuente: Infobae / varios / redacción propia)

jueves, 22 de octubre de 2026

El Festival Borges celebra su sexta edición con literatura, música y encuentros internacionales

Del 26 al 31 de octubre, el encuentro reunirá a escritores y artistas en actividades gratuitas, presenciales y virtuales, a 40 años del fallecimiento del autor.

(Foto: captura de pantalla).

A 40 años de la muerte de Jorge Luis Borges, la sexta edición del "Festival Borges" reunirá del 26 al 31 de octubre a escritores, investigadores y artistas nacionales e internacionales en una programación de charlas, espectáculos musicales y actividades culturales gratuitas, con la participación de Siri Hustvedt, Mauricio Kartun, Sylvia Iparraguirre y Luisa Valenzuela, entre otras figuras.

El encuentro, organizado por Marisol Alonso y Vivian Dragna, tendrá una modalidad híbrida, con seis charlas presenciales en el auditorio de la Alianza Francesa (Av. Córdoba 946, CABA) y cuatro encuentros virtuales que se transmitirán por el canal de YouTube del festival.

Entre los invitados internacionales figuran la mencionada Hustvedt, la escritora mexicana Carmen Boullosa, su compatriota Oswaldo Zavala y el ensayista español Vicente Cervera Salinas.

Jorge Luis Borges (Foto: prensa Festival Borges).

La programación presencial contará también Juan Sasturain, Daniel Guebel, Juan Mattio, Ricardo Romero, Matilde Sánchez y Gabriela Saidón, entre otros autores.

Las actividades abordarán distintas facetas de la obra borgeana, desde el humor y el género fantástico hasta su amistad con Adolfo Bioy Casares, sus vínculos con James Joyce y Thomas Browne, la influencia de la "Odisea", el cine de Christopher Nolan y su relación con Ginebra.

Siri Hustvedt (Foto: prensa Festival Borges).

Por su parte, "Experiencia Borges" ofrecerá una entrevista al ya mencionado Mauricio Kartun, el espectáculo poético musical "La otra vereda", un recital de tango titulado "El coraje como herencia" y una caminata por las calles porteñas vinculadas con el escritor.

También habrá una presentación del artista Joaquín Fargas sobre "El libro absoluto", una creación que combina arte y tecnología inspirada en los textos "La biblioteca de Babel" y "El libro de arena".

Joaquín Fargas (Foto: prensa Festival Borges).

La programación completa del festival se encuentra disponible haciendo click aquí.

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas / Festival Borges / varios / redacción propia)