jueves, 29 de octubre de 2026

Iggy Pop, el padrino del punk que convirtió el dolor en danza ritual, según la mirada de Vera Land

Una histórica de la revista Cerdos & Peces firma “Por qué escuchamos a Iggy Pop”, un viaje por la vida y pasión de un mito de la cultura rock contemporánea. A continuación, un fragmento del libro 

Iggy Pop, el líder de The Stooges, llevó al escenario una intensidad que anticipó al punk

La iguana, el padrino del punk, una leyenda viva. A James Newell Osterberg Jr., que hoy tiene 79 años, lo conocemos por su seudónimo artístico: Iggy Pop. Su nombre genera muchas sensaciones, pero ponerlas en palabras es otra cosa. Por eso, Gourmet Musical Ediciones acaba de publicar Por qué escuchamos a Iggy Pop, de Vera Land. En sus 96 páginas hay una radiografía cultural de la figura que hizo del exceso y la energía una marca personal.

El volumen forma parte de la colección Por qué escuchamos, dedicada a músicos cuya obra sigue despertando preguntas mucho después de haber atravesado su tiempo. Land recorre la voz, el cuerpo sobre el escenario y la persistencia de Pop, desde los días salvajes de The Stooges hasta su camino solista.

Escritora, periodista y editora, Vera Land construyó buena parte de su trayectoria en la crónica cultural y la contracultura rock. Fue parte de Cerdos & Peces y La Maga, participó de la fundación del periódico chileno The Clinic y publicó, entre otros libros, Mis notas. Cerdos & Peces y otras revistas contraculturales, que reúne artículos escritos entre 1987 y 2003.

Iggy Pop es el músico estadounidense que puso al frente de The Stooges una intensidad que anticipó al punk. Más tarde, su carrera solista dejó discos como The Idiot y Lust for Life, los dos de 1977, además de canciones que siguen circulando fuera de cualquier nostalgia, como I Wanna Be Your Dog, The Passenger y Lust for Life.

A continuación, un fragmento de Por qué escuchamos a Iggy Pop.

"Por qué escuchamos a Iggy Pop", escrito por Vera Land y editado por Gourmet Musical (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los incorrectos

David, Iggy y Lou. El trío explosivo, los rebeldes, los incorrectos, los transgresores, los provocadores, cada uno con un aura única e irrepetible, cada uno con su obra determinada por una unicidad que no les impide ir de un polo a otro para construir la identidad artística. David Bowie conoció a Iggy Pop y a Lou Reed la misma noche, en una fiesta de la RCA en el Max Kansas City en Nueva York. Primero le presentan a Lou. “Enseguida empezó a contar una historia, algo típico de Lou, sobre alguien que se picaba heroína en la frente –dice David Bowie en el libro Bowie por Bowie, editado por Sean Egan–. Aparece ese tipo menudo, desalineado y gracioso, con los dientes rotos, y Lou me dice: ‘no hablés con él, es un yonqui’; era Iggy, no podés evitar amarlo, es tan vulnerable”.

Simon Reynolds en su libro Como un golpe de rayo cuenta con detalles el evento en el que el Duque Blanco expande su versatilidad estética y propone otros juegos para hablar de sus arañas de Marte: “El domingo 16 de julio de 1972 David Bowie ofreció una conferencia de prensa a la hora del té, en un lujoso hotel de cinco estrellas, el Dorchester, ubicado sobre la avenida Park Lane. Pensando ante todo en función de los periodistas que habían viajado desde los Estados Unidos para verlo tocar con su nueva banda, The Spiders from Mars, el evento le dio además la oportunidad de exhibir a sus nuevos protegidos: Iggy Pop y Lou Reed. Los dos venían de hacer, cada uno por su lado, su debut en Inglaterra la noche anterior, exactamente en el mismo lugar: el King’s Cross Cinema. Reed se paseaba por la suite del segundo piso luciendo esmalte carmesí en las uñas y lentes de sol y en determinado momento besó a Bowie en plena boca. Sentado en un rincón, Iggy también ostentaba su nueva imagen glitter: cabello platinado, ojos delineados y una remera de T. Rex. Más tarde, Reed, Iggy y Bowie habrían de posar para la única fotografía de los tres juntos que se conoce, en la que el inglés deslumbra enfundado en una túnica de mangas acampanadas confeccionada en un género rugoso y reflectante”.

El periodista musical inglés Charles Shaar Murray fue uno de los invitados a la conferencia de prensa en la que Bowie se respaldó en sus nuevos amigos norteamericanos para no estar solo en la confrontación con una sociedad que había experimentado muchas aperturas, pero que todavía mantenía prejuicios ante las temáticas de las ambigüedades sexuales. El beso que Reed le da en la boca a Bowie es natural, probablemente espontáneo. Pero en el contexto resulta una provocación. El evento es el inicio formal de mutuas influencias y colaboraciones que se plasman en los siguientes discos de Iggy, Lou y David.

El cuerpo como territorio de riesgo: Iggy Pop construyó su leyenda a fuerza de caídas, golpes y heridas sobre el escenario

En la nota para New Musical Express titulada “David en el Dorchester”, Murray aporta detalles: “Lou Reed y su banda están allí, también los Spiders y, acurrucado en una esquina, con una camiseta de Bolan, con sombra en los ojos y pelo plateado, está Iggy Pop”. La expresión glam rock todavía no se utilizaba, y en la nota mencionada Murray le pregunta: “En la actualidad, las palabras más populares para el periodismo de rock parecieran ser funk, camp y punk. ¿Hasta qué punto creés que llevaste estas palabras al uso esencial?”. Bowie contesta que se trata de la dificultad que tiene la prensa para expresarse, por eso dan vueltas en torno a tres palabras. Una típica respuesta del Bowie de la época, arrogante y a la defensiva. Pero más adelante dice algo muy encantador sobre Iggy: “Solo quedarán las pocas bandas extrañas que tengan la destreza de dominar su teatralidad. Iggy tiene el teatro al natural. Es muy interesante porque no se condice con ningún estándar o norma o estructura del teatro. Es algo suyo. Es el teatro de Detroit que lleva en sí. Está sacado de la calle”. Y sobre su propia búsqueda estética explica: “Quiero ser el vehículo para mis canciones. Quisiera colorear el material con tanta expresividad visual como fuera necesaria para la canción”.

Si pensamos en Lou Reed inyectándose heroína o fraguando inyectarse heroína en medio de una canción, con los ojos pintados, hay una teatralidad que es a la vez poner sobre el escenario un acto que está fuera del escenario –en los camarines, en los rincones, oculto en la vida real–, y convertirlo en un hecho artístico, perturbador, dramático. La teatralidad de Bowie es deslumbrante, pomposa, la de Reed es de choque, trae escenas de los márgenes del tejido social y les da centralidad, con la dureza del hombre que fue sometido a sesiones de electroshock que no lograron quitarle su sensualidad ambigua, y la de Pop, al principio con sus lanzadas al público, sus caídas, golpes, heridas, sangre, es la del peleador callejero que se entrega al riesgo y no piensa en el dolor que va a sentir al día siguiente al despertar. Pero luego pasa a un escalón siguiente y convierte toda esa energía en danza ritual y simbólica. Los guantes de trabajo pintados de plateado conectan con ese ambiente industrial de su infancia y son uno de los pocos elementos de vestuario en sus presentaciones.

En los tres hay una intención de desacralizar el escenario para llevarlo a un nuevo ritual. En los tres hay un mensaje visual contra el patriarcado, en el prisma de Bowie con sus fases femeninas, su exaltación de la masculinidad débil, sensible, Reed jugando a borrar las definiciones o límites de género y Pop invirtiendo los estereotipos heterosexuales y cambiando los roles predeterminados. La teatralidad de la que habla Bowie tiene un contenido contracultural, una forma de correr los límites conceptuales de forma estética, epidérmica. Tres camaleones inversos, que se transforman para diferenciarse del entorno.

(Fuente: infobae)

Cómo combatir la desinformación en salud: cuando verificar y corregir no basta

La desinformación sanitaria no es sólo un problema de mentiras que corregir, sino un fenómeno social que se entiende y combate interactuando con el ecosistema social y digital -a menudo polarizado- que la hace posible.

(Foto: Shutterstock).

Cuando pensamos en combatir la desinformación sanitaria, solemos centrarnos en identificar afirmaciones falsas -una vacuna que supuestamente altera el ADN, una dieta que cura el cáncer- y desmentirlas con datos. Aunque esta estrategia es necesaria, la evidencia científica acumulada en los últimos años demuestra que, por sí sola, resulta insuficiente. La información falsa no circula en el vacío, sino que forma parte de un complejo ecosistema social y digital que la produce, amplifica y sostiene. Y ese ecosistema no se desmonta a pura verificación.

En una revisión sistemática de la literatura científica, se identifica que la desinformación en salud se concentra en unos pocos ámbitos especialmente sensibles. Entre ellos destacan las vacunas, el tabaco y las drogas, enfermedades como el cáncer, las pandemias, los trastornos alimentarios o los tratamientos "milagrosos". En algunas plataformas de redes sociales, la proporción de contenidos engañosos podía ser muy elevada. Es el caso de la información sobre nuevos productos del tabaco.

El ejemplo de los cigarrillos electrónicos Juul en Estados Unidos resulta especialmente ilustrativo. Su estética juvenil y fuerte presencia en redes sociales se combinaron con estrategias de marketing e información engañosa sobre la nicotina y la seguridad de sus productos, hasta acabar en los tribunales. En 2023, la compañía aceptó pagar 462 millones de dólares tras ser acusada de contribuir al auge del vapeo entre adolescentes. 

Más que un duelo entre verdad y mentira, un ecosistema

Más allá de identificar y cuantificar los contenidos falsos, comprender la desinformación sanitaria exige explicar por qué determinados mensajes alcanzan una gran difusión e influencia social mientras otros apenas encuentran eco. Para ello, es necesario prestar atención al contexto social y digital en el que se producen, circulan y comparten.

Tanto en nuestra vida cotidiana como en el propio ámbito científico, tendemos a juzgar la información en términos de verdadero o falso. Sin embargo, esta visión binaria simplifica en exceso un fenómeno mucho más complejo. Al revisar y sintetizar cientos de estudios, la desinformación sanitaria es un sistema con varias piezas que interactúan: las fuentes que generan los mensajes, los intereses políticos, económicos o psicológicos que hay detrás, las características del propio contenido, los canales y plataformas por los que viaja, y las audiencias que lo reciben y lo comparten. Cada una de esas piezas incide en las demás y, directa o indirectamente, condicionan nuestros comportamientos y nuestra relación con la salud.

El quién y el porqué

Durante la pandemia de Covid-19 se analizó el papel de las cuentas automatizadas (bots) en las redes y se comprobó que no se comportan como el resto. Sus mensajes eran mayoritariamente políticos y estaban dominados por un tono de crítica y desacuerdo. Se orientaban a cuestionar las medidas sanitarias o la veracidad de la información oficial.

Al estudiar el uso de etiquetas (hashtags), quedo claro que los bots combinan y amplifican ciertos términos de forma estratégica, tejiendo relatos -sobre laboratorios, el 5G, Bill Gates o el origen del virus- que difícilmente surgen por azar.

Hay casos documentados de uso deliberado de la salud como arma política. Un estudio sobre Twitter/X mostró que cuentas vinculadas a la Agencia de Investigación de Internet (Internet Research Agency), una empresa respaldada por el gobierno ruso y especializada en operaciones de influencia, usaban la vacunación como tema de división política. Lo revelador es que publicaban tanto mensajes a favor como en contra de las vacunas: el objetivo no era convencer, sino fabricar una falsa equivalencia que erosionara el consenso.

Por qué la estructura social importa

Los mensajes no se difunden por igual entre toda la población, sino que lo hacen a través de la estructura de nuestras relaciones sociales. Tendemos a conectarnos con quienes piensan como nosotros, de modo que ciertas ideas se refuerzan dentro de comunidades relativamente cerradas (las llamadas "cámaras de eco") y, al mismo tiempo, se aíslan de las del resto.

Al estudiar la polarización entre comunidades en redes sociales, se encontró que es mucho más intensa en debates como el de las vacunas que en otros. Y, al examinar qué la alimenta, se comprobó que la desinformación sanitaria es sólo uno de sus motores: por delante de ella pesan la ideología política y la afiliación partidista, así como la propia dinámica de las redes sociales y la desconfianza en las instituciones.

A ello se suman condiciones crónicas de salud que pueden influir en nuestra forma de buscar, interpretar y compartir información en las redes sociales, especialmente cuando la medicina todavía no ofrece respuestas claras para abordarlas.

La forma en que recibimos la información depende, por tanto, no sólo de su contenido, sino también de quién la transmite, de la confianza que depositamos en esa fuente y del contexto social en el que circula. Y como estos factores varían entre grupos y comunidades, no existe una estrategia de comunicación que funcione por igual para todos.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

miércoles, 28 de octubre de 2026

¿Podemos saber si un texto lo ha escrito una IA? Estrategias de detección y maniobras de camuflaje

Los detectores de IA analizan patrones lingüísticos para identificar textos artificiales, pero pueden sortearse mediante distintas técnicas de camuflaje. Nosotros, como lectores, tenemos nuestras propias herramientas sin recurrir a otras externas.

(Foto: Shutterstock).

Hoy en día cualquiera escribe un libro. Muchos influencers o estrellas mediáticas los publican sin haberlos escrito. Antes eso también pasaba, pero requería del trabajo de personas en la sombra. Ahora lo hace la IA, que ha facilitado enormemente la tarea.

Tanto es así que las sospechas salpican a escritores profesionales, como ha sucedió en el caso de Thélyson Orélien, cuya novela superventas fue retirada de un certamen literario por sospecharse que estaba escrita con IA. ¿Cómo llegaron a esa conclusión? La aplicación Pangram, considerada el "estándar de referencia" de los detectores de textos escritos por IA, dio positivo. El caso ha dejado un entretenido reguero de declaraciones entre los implicados. 

La necesidad de detectar -o evitar que se detecte- el uso de la IA se extiende a otros ámbitos, como escuelas y universidades, pero… ¿se puede detectar texto escrito por IA? Si es así, ¿se puede camuflar el fraude y hacerlo indetectable? Primero hay que entender cómo escribe una IA para responder esas preguntas.

Palabra a palabra


La IA genera el texto palabra por palabra. Decimos palabra, pero en realidad es un token, que puede ser una palabra completa, un trozo de palabra, un signo de puntuación, un número o un espacio.

Para escribir, la inteligencia artificial sigue un sencillo algoritmo: lee lo ya escrito, calcula una lista de posibles palabras siguientes junto con sus probabilidades de salir elegidas, realiza un sorteo, agrega a la ganadora al texto y vuelve a empezar. Las probabilidades que reciben las palabras están relacionadas con su frecuencia de aparición en los textos con los que se entrena la IA. Por lo tanto, aunque el texto generado es el resultado de un sorteo, las palabras más frecuentes en los textos de entrenamiento tendrán más posibilidades de aparecer.

Además, la IA está optimizada para conversar con el usuario y resolverle dudas de forma clara y didáctica. Esto hace que, si no le pedimos algo diferente, de entre la variedad de tonos posibles su escritura será neutra y expositiva. 

Todo ello hace que el texto que genera la IA deje unas huellas sutiles que abren la posibilidad de reconocer su autoría.

Estrategias de detección


El entrenamiento de la IA condiciona su vocabulario priorizando términos comunes frente a otros más rebuscados. También abusa de palabras de relleno ("realmente", "simplemente", etc) o que ponen énfasis ("notable", "fundamental" u otras). De igual manera, su tono didáctico hace que recurra con frecuencia a determinadas formulas ("por lo tanto, "en resumen", "con el objetivo de", "no solo… sino también", etc) y que tienda a cerrar sus argumentos con frases a modo de resumen.

Estos patrones reducen la variabilidad del texto y dejan una impronta que se puede detectar mediante estilometría, es decir, midiendo los rasgos estilísticos del texto para ver si son similares a los de los textos las inteligencias artificiales.

Otra estrategia muy usada recibe el apropiado nombre de perplejidad. Ésta mide lo sorprendente que resulta una secuencia de texto para una IA generadora de lenguaje.

Para calcularla, se usa un detector que maneja unas probabilidades similares a las de los sistemas generadores. Este detector recorre el texto y mide cómo de sorprendente le resulta la secuencia. La perplejidad es más fiable en textos largos, ya que el texto precedente ofrece información para reducir la incertidumbre y realizar estimaciones mejor informadas. Además, en los textos generados por IA la perplejidad tiende a ser uniforme, mientras que en los textos humanos muestra mucha más variabilidad ya que, aunque nos cueste creerlo, somos más impredecibles.

Otra táctica consiste en "combatir el fuego con fuego", es decir, pedirle a una IA que verifique si el texto lo ha escrito otra IA. Se sabe que el uso de modelos comerciales, como el propio chatGPT, no da buenos resultados. Sin embargo, usar modelos entrenados específicamente en la tarea de detección es la mejor estrategia existente en la actualidad. Un ejemplo es el antes ya mencionado Pangram, un detector comercial que se entrena aprendiendo a diferenciar textos humanos de sus réplicas generadas por IA y que se reentrena poniendo el foco en los falsos positivos.

Maniobras de camuflaje

Como la detección se basa en acumular indicios, las maniobras de camuflaje se esfuerzan en hacerlos desaparecer alterando los patrones que deja la escritura.

La maniobra más sencilla consiste en pedirle a la propia IA que va a generar el texto que lo haga de una forma diferente. Ésto puede incluir decirle que lo haga siguiendo un rol (por ejemplo, "escribe como un estudiante de secundaria"), evitando usar palabras de una lista negra o intercalando frases de longitudes diversas.

Otras maniobras consisten en modificar el texto generado por la IA. Para ello, la propia persona puede inyectar su propio texto, sustituir palabras que ella no usaría o reescribir fragmentos en sus propias palabras. Si es más perezosa, puede pedirle a la propia IA que lo altere o que lo parafrasee. Estudios recientes demuestran que tras sucesivos parafraseos la eficacia de los detectores desciende sensiblemente. Aproximaciones similares, pero más creativas, consisten en utilizar los traductores automáticos para traducir el texto generado a otro idioma y traducirlo de vuelta a la lengua original.

El ojo humano

¿Y cómo de buenas somos las personas para detectar el texto generado por la IA? Nefastas… y excelentes. Un estudio revela que el factor diferencial depende de la familiaridad con la forma de escribir de la IA. Las personas sin esa familiaridad fallan mucho y muestran un exceso de confianza en sus veredictos. Por el contrario, las personas expertas son muy difíciles de engañar.

Si además se agrega el veredicto de varias de ellas, el estudio muestra que el resultado es excelente. No obstante, conviene ser cautos, pues ningún sistema de detección es infalible, por lo que siempre quedará un margen de duda.

De esta forma, mientras el texto escrito por personas tenga valor, la persecución entre el gato y el ratón continuará y las tácticas de cada bando se seguirán sofisticando. Como lectores, nuestra necesidad de conectar con la voz de otros hará que sigamos buscándolos entre líneas.

(Fuente: The Conversation / Xataka / varios / redacción propia)

martes, 27 de octubre de 2026

Agenda Cultural: el Palacio Libertad (ex Centro Cultural Kirchner) cierra el mes de octubre renovando casi por completo sus propuestas semanales

El complejo multidisciplinario más importante de Latinoamérica -ubicado en Sarmiento 151, CABA- ofrece una programación eminentemente musical, con el agregado de una puesta teatral "en verso y prosa". Todas las actividades son, como siempre, de acceso libre y gratuito para toda la comunidad.

• Lengua, lengua, lengua 

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Con dramaturgia y dirección de Carolina Mazzaferro, se presenta "Lengua, lengua, lengua", una comedia en verso y prosa que pone en primer plano el juego con el lenguaje. Edda y Rosetta, dos brujas disfrazadas de novicias, tienen una misión: deben salvar a Alba, una joven panadera.

Viernes 30 y sábado 31 de octubre, 20:00 - Domingo 1 de noviembre, 19:00 - Sala Argentina.

• Paisajes sonoros contemporáneos, por la Orquesta Nacional de Música Argentina

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Con dirección de Ezequiel Silberstein, la ONMA ofrece un concierto de música contemporánea junto a invitados: Julieta Di Fede y María Marta Ferreyra en fagotes y Daniel Lifschitz y Jorge de la Vega en flautas.

Miércoles 28 de octubre, 20:00 - Auditorio Nacional.

• 19.ª Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Llega al Palacio la Feria del Libro Antiguo de Buenos Aires, donde se podrán apreciar y adquirir desde libros antiguos hasta ediciones modernas, raras y especiales, así como ejemplares con ilustraciones originales.

Miércoles 28 de octubre a domingo 1 de noviembre, de 14:00 a 20:00 - Plaza seca y Salón de Honor.

• Seminario Internacional de Dirección Orquestal: concierto con la OSN y directores participantes

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Para terminar octubre, se celebra el concierto de cierre del Seminario Internacional de Dirección Orquestal, con la Orquesta Sinfónica Nacional y destacados directores participantes.

Viernes 30 de octubre, 20:00 - Auditorio Nacional.

• Georgina Hassan

(Foto: prensa Palacio Libertad).

La cantante Georgina Hassan celebra veinte años de carrera solista, con temas de sus cinco discos, combinando composiciones propias y de diferentes autores latinoamericanos.

Viernes 30 de octubre, 19:00 - La Cúpula.

• Diosque

(Foto: prensa Palacio Libertad).

El músico, cantautor y productor Juan Román Diosque se presenta junto a su banda para desplegar su universo sonoro donde la canción, la electrónica y la experimentación conviven sin fronteras.

Domingo 1 de noviembre, 19:00 - La Cúpula.

• Juan Pablo Alfieri presenta Imán

(Foto: prensa Palacio Libertad).

El baterista y compositor Juan Pablo Alfieri dará un concierto en el que recorre su más reciente álbum, "Imán", y repasa canciones de otros discos. Lo acompañan en vivo Mano Acosta y Arturo Martin e invitados.

Sábado 31 de octubre, 19:00 - La Cúpula.

• Canciones de colección, con Alberto Favero

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Con dirección musical de Alberto Favero, "Canciones de colección" es un espectáculo que reúne obras de grandes musicales. Cuenta con la participación de los cantantes María Rojí, Romina Groppo y Sergio Miranda.

Miércoles 28 de octubre, 19:00 - Salón de Honor.

• Los Bach: de padres a hijos, por tres pianistas y ensamble de cuerdas

Foto: prensa Palacio Libertad).

Este concierto del ciclo del Mozarteum Argentino está dedicado a la obra de la familia Bach. Akiko Ebi, François Chaplin y Marcela Roggeri se alternan al piano, con el Ensamble Eolián y la dirección de Pablo Saraví.

Miércoles 28 de octubre, 14:00 - Sala Argentina.

(Fuente: prensa Palacio Libertad / redacción propia)

Anatomía de una mente absorta: hiperfoco, neurodiversidad y también el estado "flow"

¿Qué tienen en común un programador que escribe líneas de código durante horas, un niño superdotado que no come por estar resolviendo acertijos, un atleta de élite en plena competición y un artista que siente cómo su cuerpo "desaparece" mientras pinta? Todos han entrado en un estado mental poco frecuente pero intensamente poderoso.

(Foto: Gaukhar Yerk / Shutterstock).

Este fenómeno se conoce como estado de flow, que en español puede traducirse como "flujo". El psicólogo Mihály Csíkszentmihályi ya lo describió hace medio siglo como "una experiencia óptima de conciencia". Se trata de un momento en el que mente y cuerpo se alinean con lo que estamos haciendo, sin esfuerzo aparente, en una danza perfecta entre desafío y habilidad.

El flow no es simple concentración. Es una absorción tan profunda que el sentido del tiempo se distorsiona y la acción parece fluir por sí sola. En sus estudios, Csíkszentmihályi y sus colegas observaron este fenómeno en atletas, músicos y científicos.

De la ejecución de habilidades al aprendizaje

Sin embargo, no todos lo viven igual. Los atletas y músicos suelen experimentar este estado mental durante la ejecución de habilidades que ya dominan, mientras que los investigadores lo viven en el proceso mismo de aprendizaje y descubrimiento. En este último caso, el flow está estrechamente ligado al aprendizaje autodirigido: la capacidad de explorar y aprender sin una guía externa, impulsado por la curiosidad y la motivación interna.

Otro estudio con más de 450 músicos y atletas de élite mostró que ambos grupos experimentaban flow con frecuencia, especialmente en contextos grupales, y que el equilibrio entre desafío y habilidad era el mejor predictor de bienestar y satisfacción vital. No se trata de trabajar más, sino de encontrar el punto exacto en el que la dificultad nos reta sin desbordarnos.

Flujo versus hiperfoco


Pero hay otro estado mental que, a primera vista, se le parece: el hiperfoco. También implica una atención extrema, distorsión del tiempo y una desconexión del entorno, pero su origen y su control son distintos. Mientras que el flujo es un estado voluntario y regulado, el hiperfoco es más automático y compulsivo. El cerebro se engancha profundamente con algo que despierta su interés (a veces útil, a veces no tanto) y resulta casi imposible soltarlo. Se olvida el mundo… y también comer, dormir o responder un mensaje.

(Foto: magnific.com).

La diferencia clave es el control. El flujo se cultiva, el hiperfoco nos atrapa.

Imaginemos un estudiante que dedica una tarde entera a un proyecto de clase especialmente estimulante, avanzando más en unas horas que en días de estudio convencional; en cambio, ese mismo estudiante podría quedar atrapado durante horas perfeccionando un detalle menor de otro proyecto, ignorando plazos y prioridades más urgentes. Mientras que en la primera situación el hiperfoco potencia su rendimiento, en la segunda la intensidad de la concentración desplaza tareas esenciales y genera estrés.

El placer de concentrarse, a veces hasta el agotamiento

Aunque muy diferentes entre sí, las personas en el espectro autista, con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad), altas capacidades o alta sensibilidad comparten una notable predisposición a sumergirse profundamente en aquello que les interesa. En todos estos casos puede aparecer una concentración tan intensa que el tiempo y el entorno parecen desdibujarse.

Sin embargo, el modo en que se manifiesta esa atención varía. En el espectro autista o el TDAH (de forma episódica y discontinua) es más común el hiperfoco, un estado absorbente y a menudo difícil de interrumpir, ligado a intereses específicos.

Las personas con altas capacidades o alta sensibilidad, aunque dependiendo de su perfil cognitivo y emocional, suelen acceder con mayor facilidad y más profundamente al estado de flujo, caracterizado por un equilibrio entre desafío y habilidad, disfrute y sensación de control. Pero también necesitan aprender a regular la intensidad. Es decir, saber cuándo frenar, cómo descansar, y qué condiciones facilitan (o sabotean) su bienestar mental.

Una intensidad mental poco común

Ese es, precisamente, otro aspecto en común que tienen estos perfiles: una mente que procesa el mundo con una intensidad poco común. Esa profundidad cognitiva y sensorial puede ser una fuente de creatividad y lucidez, pero también un terreno fértil para la saturación cuando los estímulos o las emociones se acumulan.

En las personas que están en el espectro autista o aquellas altamente sensibles, esa sobrecarga puede desembocar en un colapso sensorial, una especie de "apagón interno" que obliga al cuerpo y a la mente a desconectarse. En el TDAH, la consecuencia se manifiesta más como agotamiento atencional o emocional, mientras que en las altas capacidades adopta la forma de fatiga mental, fruto de una sobreestimulación constante.

En esta línea, investigaciones recientes introducen el concepto de "variabilidad de flujo", que es la oscilación entre días de altísima concentración y días de bloqueo o dispersión. Las personas con gran variabilidad de flujo tiende a mostrar menos creatividad y más fatiga mental, precisamente porque no logran mantener una estabilidad emocional y cognitiva en su rendimiento. El estado mental de flujo es frágil, depende de múltiples factores como el contexto, la motivación, la energía, las emocion, y fluctúa fácilmente. Por eso, aprender a mantenerlo estable puede ser tan importante como aprender a alcanzarlo.

(Foto: magnific.com)

El entorno importa


A diferencia del mito del genio solitario o del talento que brilla sin ayuda, lo que permite que el flujo se vuelva una práctica sostenida para cualquier persona, y no sólo un accidente feliz, es el diseño consciente del entorno y del propio ritmo de vida.

Los factores externos son decisivos: espacios silenciosos, tiempos sin interrupciones, objetivos bien definidos y una atmósfera que transmita propósito y claridad. Estos elementos no sólo reducen la distracción, sino que crean las condiciones necesarias para que la mente pueda concentrarse con profundidad y fluidez.

No se trata de eliminar el ruido del mundo, sino de configurar un contexto que lo haga irrelevante. Diseñar rutinas que incluyan pausas reales, desconexión sensorial y descansos mentales no implica trabajar menos, sino trabajar mejor: dar espacio a la mente para que recupere su capacidad natural de enfoque y creatividad.

Reconciliar intensidad con equilibrio


Si el entorno es el escenario, la mente es el instrumento. El flujo surge cuando ambos se sincronizan. Sin embargo, para quienes poseen una mente especialmente intensa, ya sea por sensibilidad, talento o neurodivergencia, esa armonía exige un trabajo interno de autorregulación y autoconciencia.

Los factores internos que sostienen el flujo incluyen la motivación intrínseca, el sentido de propósito y un equilibrio adecuado entre desafío y habilidad. Pero también requieren la capacidad de reconocer cuándo la concentración profunda empieza a transformarse en sobreexcitación o hiperfoco, estados que pueden agotar más que nutrir.

Aprender a modular la propia intensidad no significa apagarla, sino dirigirla con precisión. La verdadera maestría consiste en mantener la energía sin perder el equilibrio. Es decir, fluir plenamente sin "quemarse" en el intento. Entre la estructura del entorno y la gestión del mundo interno se encuentra el arte de trabajar y vivir con profundidad.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

Pedro Almodóvar publica su primera novela y sostiene: "La buena ficción debe ser eterna"

El cineasta español lanza "El hombre que solo escribía en los aviones", una obra protagonizada por un personaje que reescribe textos de autores admirados durante un recorrido por múltiples empleos y etapas. Ya se encuentra disponible en todos los formatos.

(Foto: composición propia).

La profunda relación del cine de Pedro Almodóvar con la literatura marca también la primera novela del realizador, que narra las vicisitudes de un "ladrón de ideas" que reescribe a sus autores favoritos -la llamada fanficción- en una huida hacia delante vertiginosa y creativa que demuestra que "el arte es una cadena interminable".

"La buena ficción debe ser eterna", reflexiona el director español nacido en 1949 en una entrevista. "El hombre que sólo escribía en los aviones" (Penguin - Reservoir Books), es su primera incursión en la novela, aunque no en la literatura, ya que es autor de otros tres libros: "Fuego en las entrañas" (1981), "Patty Diphusa" (1991) y "El último sueño" (2023).

Como su propio personaje de ficción, Almodóvar utiliza en su escritura numerosas citas, fragmentos e ideas que ha ido recopilando e interiorizando durante años, algunos propios y otros de autores como Clarice Lispector, Roberto Bolaño o Jorge Luis Borges.

Pedro Almodóvar (Foto: britannica.com).

El texto tiene un personaje principal, Flavio Guijarro. Por supuesto, hay deseo, pero no sólo deseo carnal (aunque también hay dos grandes historias de amor), porque aparece un deseo mayor: el deseo por la palabra escrita, una pasión inmensa donde la palabra es dueña y señora del relato.

Guijarro, un hombre que ha tenido mil vocaciones, que se ha entregado a la mayoría de ellas, su pasión por la literatura acaba encerrándolo en un laberinto de palabras. Las que lee y las que escribe. Así, "El hombre que solo escribía en los aviones" habla de la vocación literaria en un personaje que no tiene una cualidad especial para escribir, pero sí una enorme cualidad como lector que no soporta que las novelas que adora terminen una vez leídas, de modo que roba y tergiversa los textos que le impactan.

Almodóvar ha construido un libro en el que todo es susceptible de convertirse en material literario, una novela arrebatada, espoleada por la ansiedad y el goce lector.

El libro se lanza el próximo 29 de ocubre, pero ya hay pre-compra tanto en formato físico como digital (e-book y audiobook) haciendo click aquí.

(Fuente: Infobae / Penguin Books / varios / bajalibros.com / redacción propia)

lunes, 26 de octubre de 2026

Agenda Cultural: una vez más, el Fondo de Cultura Económica regala libros a menores de 30 años

El FCE anunció una nueva etapa en Argentina de "25 para el 25", la iniciativa que busca promover la circulación gratuita de 2,5 millones de libros entre adolescentes y jóvenes de toda América Latina.

(Foto: prensa FCE).

Hace diez años, la casa central del Fondo de Cultura Económica, situada en la Ciudad de México, abría las puertas de la Librería del Fondo y Centro Cultural Arnaldo Orfila Reynal, su filial en la Ciudad de Buenos Aires, la primera de las diez que inauguró fuera de México. Desde entonces, en ese lugar se comparten libros, presentaciones, conversaciones y encuentros con lectores y lectoras, aparte de tener la posibilidad de degustar las delicias de su café-restaurante.

El viernes 30 de octubre, la sede festeja su décimo cumpleaños con otra edición de "25 para el 25", y una propuesta especial para celebrar anticipadamente la fecha de mayor arraigo e importancia de la cultura mexicana, el Día de Muertos.

Los y las jóvenes de entre 15 y 30 años podrán acercarse al Centro Cultural, situado en Costa Rica 4568, CABA, a retirar gratuitamente ejemplares de autores como Gabriel García Márquez, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Amparo Dávila, Blanca Varela, Juan Gelman, Juan Carlos Onetti y muchos más. La lista completa de títulos disponibles se puede ver haciendo click aquí.

Los primeros 25 se llevan 5 libros cada uno. Todos los demás, 1, hasta agotar existencias. La fila se habilita a las 16:00 y la entrega comienza a las 17:00. 

La convocatoria 2025 superó las expectativas de concurrencia (Foto: prensa FCE).

También, como cada año, México retoma la tradición de recordar y homenajear a quienes ya no están. En esta edición, será con un altar estará dedicado a Carlo Ginzburg, Griselda Gambaro y Carlos "Indio" Solari, tres figuras que dejaron huellas profundas en la cultura y en la memoria colectiva. Se podrá ver la instalación desde el 30 de octubre al 2 de noviembre, durante el horario de funcionamiento del Centro Cultural. 

(Fuente: prensa FCE / Centro Cultural Arnaldo Orfila Reynal / varios / redacción propia)

Colecciones Nacionales de Arte: las reservas del Museo Nacional de Bellas Artes y el Palais de Glace tendrán nueva sede

Será en el antiguo edificio del Archivo General de la Nación. El proyecto, presentado por la Secretaría de Cultura, destina una construcción de ocho pisos en el centro de la Ciudad de Buenos Aires a la preservación, restauración e investigación de más de 15.000 obras. 

Imagen del interior del antiguo Archivo General de la Nación, futura sede de las Colecciones Nacionales de Arte de la República Argentina (Foto: prensa Secretaría de Cultura de la Nación).

La Secretaría de Cultura de la Nación presentó este viernes el proyecto "Colecciones Nacionales de Arte de la República Argentina", una iniciativa que destinará el edificio del antiguo Archivo General de la Nación (AGN), en avenida Leandro N. Alem 246 de la Ciudad de Buenos Aires, a la conservación, investigación y exhibición del patrimonio artístico de los museos nacionales. El anuncio estuvo encabezado por el Secretario de Cultura, Leonardo Cifelli.

El inmueble, de propiedad del Estado Nacional, cuenta con más de 7.800 metros cuadrados distribuidos en 12 niveles -un subsuelo, planta baja, ocho pisos, entrepisos y azotea- con ingresos por la avenida Alem y por la calle 25 de Mayo. La construcción, de estilo academicista francés, fue diseñada por el ingeniero arquitecto Arturo Prins a comienzos del siglo XX como sede del Banco Hipotecario Nacional.

Según se informó, el edificio albergará las reservas del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), del Palais de Glace y de otros museos nacionales, y se equipará con sectores de almacenamiento diferenciado por tipo de obra, laboratorios, talleres de restauración, espacios de investigación y salas de exhibición. "Este proyecto no consiste solamente en encontrar un lugar para guardar obras. Estamos pensando en un espacio que permita preservar, conservar, restaurar e investigar nuestro patrimonio artístico con las condiciones que merece", afirmó Cifelli durante el acto.

Asimismo, calificó la iniciativa como "un hito muy postergado" y anticipó que aspira a "que el espacio cumpla con los más altos estándares internacionales, para convertirse en una referencia para la Argentina y para el mundo". Cifelli señaló que resta un trabajo de adecuación del edificio y estimó que en 2027 podrían comenzar a verse las primeras piezas en el lugar.

El secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, presentó el proyecto de una nueva sede para las Colecciones Nacionales de Arte el pasado viernes 23 al mediodía (Foto: prensa Secretaría de Cultura de la Nación).

El acervo del Museo Nacional de Bellas Artes

El MNBA, que en 2026 cumple 130 años, posee una colección de cerca de 14.000 piezas de diferentes períodos y de autores nacionales e internacionales, lo que lo convierte en una de las instituciones culturales públicas más relevantes del continente. Cada año recibe a unas 800.000 personas entre visitantes, grupos educativos y turísticos. La colección abarca desde objetos de culturas antiguas asiáticas y europeas hasta arte prehispánico, piezas del medioevo, el Renacimiento, el Barroco, el período colonial americano, obras maestras del impresionismo y todas las vanguardias del siglo XX -cubismo, abstracción, surrealismo, informalismo, arte conceptual-, de artistas argentinos y del exterior.

El museo exhibe al público entre un 10 y un 12% de su colección. El resto permanece en cinco reservas dentro de su sede de la Avenida Del Libertador 1473, CABA, que en conjunto suman 1.030 metros cuadrados, distribuidas entre el subsuelo y el primer piso. En la última década, el acervo creció con la incorporación de 2.100 obras de diversas disciplinas, producto de donaciones y del Premio Nacional a la Trayectoria Artística que otorga anualmente la Secretaría de Cultura.

El patrimonio del Palais de Glace

El también llamado Palacio Nacional de las Artes (Posadas 1725, CABA), cerrado al público hace casi una década, conserva un patrimonio de más de 1.250 piezas en diversas disciplinas: pinturas, dibujos, esculturas, grabados, fotografías, audiovisuales e instalaciones. Su colección se fue conformando a lo largo de más de un siglo a partir del Salón Nacional de Artes Visuales, el certamen artístico más longevo del país, que actualmente comprende diez categorías.

Entre los artistas premiados que integran el acervo se encuentran figuras fundamentales como Lino Enea Spilimbergo, Raúl Soldi, Alfredo Gramajo Gutiérrez, Aída Carballo, Kenneth Kemble, Sarah Grilo, Liliana Porter, Diana Dowek y referentes contemporáneos como Nicola Costantino, Marcos López, Adriana Lestido y Eduardo Stupía, entre otros.

Las reservas del Palais se encuentran actualmente en el Complejo Histórico Cultural Manzana de las Luces (Perú 222, CABA). La institución conserva además un archivo histórico con más de 7.000 legajos de artistas, muchos de ellos con biografías manuscritas, cartas, retratos y fotografías de obras, cintas magnetofónicas con discursos inaugurales del Salón Nacional y una biblioteca especializada en arte argentino con más de 3.000 volúmenes.

La Secretaría de Cultura de la Nación presentó la futura sede de las Colecciones Nacionales de Arte de la República Argentina, para albergar y exhibir al público las reservas del Museo Nacional de Bellas Artes, del Palais de Glace y de otros museos nacionales (Foto: prensa Secretaría de Cultura de la Nación).

La Secretaría de Cultura señaló que la ubicación del inmueble próxima al Palacio Libertad y al Museo de la Casa Rosada facilita la articulación con otras instituciones culturales del área. Las reservas, detalló el organismo, no se conciben únicamente como espacios de guarda, sino también como ámbitos abiertos a la investigación, la exhibición y la producción de conocimiento.

(Fuente: Infobae / Secretaría de Cultura de la Nación / varios / redacción propia)

De los pigmentos a los píxeles: ¿el color digital es también considerado color?

Durante siglos, hemos contemplado sin cuestionamientos los vestigios escultóricos de la Antigüedad en un pulcro blanco. Sin embargo, las investigaciones más recientes sobre policromía antigua han demostrado hasta qué punto estábamos equivocados.

Pinturas rupestres en la Cueva de las Manos, en el cañón del río Pinturas (Patagonia, Argentina) (Foto: Wikimedia).

Muchas estatuas griegas y romanas estuvieron cubiertas de intensos colores, pensados para transmitir información sobre identidades y símbolos. Hoy contamos con novedosas tecnologías que, mediante cámaras, escáneres, modelos tridimensionales o entornos virtuales, nos permiten conservar el patrimonio cultural con enorme precisión para tiempos venideros. Pero, ¿es un color digital realmente el mismo color original que veíamos en un objeto?

Este interrogante es el punto de partida de un estudio reciente, publicado en Digital Applications in Archaeoloy and Cultural Heritage, donde se analiza cómo el paso del pigmento al píxel prolonga el esfuerzo humano por registrar, conservar y transmitir el color.

Bisonte polícromo en la cueva de Altamira, España, datado hace unos 17.000 - 12.000 años )Foto: Museo de Altamira / Wikimedia).

El color siempre fue tecnología


Desde la Prehistoria, los grupos humanos han seleccionado minerales de diferentes colores (ricos en óxido de hierro o en manganeso, por ejemplo). Antes de aplicarlos a las producciones artísticas, eran triturados y mezclados con otros materiales, como grasa. Los estudios acerca de este proceso -sobre todo, del ocre- revelan que había planificación y conocimientos técnicos complejos ya desde la Edad de Piedra.

Con el tiempo, aparecieron los pigmentos sintéticos, como el azul egipcio -silicato de cobre y calcio-, que exigía controlar materias primas y temperaturas. Su fabricación no fue un gesto decorativo casual, sino una forma temprana de ingeniería de materiales, como demuestran investigaciones actuales que han permitido reconstruir ese proceso de producción y detectar restos casi invisibles, en estatuas halladas en Deir el-Medina, en Luxor (Egipto), datadas entre 1.550-1.077 a. C. 

Así, el manejo del color es un constante en las producciones artísticas de todas las épocas. Mientras que los pintores prehistóricos intentaban fijarlo en la roca y los artesanos antiguos buscaban pigmentos resistentes, los especialistas actuales procuran conservar y transmitir esa información. Han cambiado las herramientas, pero permanece el deseo de prolongar una experiencia visual en el tiempo.

El azul egipcio es una masa vítrea con la que se pueden producir esculturas, hacer esmaltes y fabricar pigmentos (Foto: Eduardo Zamarro). 

Una fotografía sólo captura una parte

Actualmente, registrar ese color de tiempos pasados es de máximo interés para preservación del patrimonio cultural. Sin duda, es una característica importante en cualquier proceso de digitalización, incluidos los recientes gemelos digitales de distintas obras de artes antiguas.

Sin embargo, una cámara convencional reduce la luz a tres canales: rojo, verde y azul. Aunque ésto es suficiente para producir una imagen "convincente", no sirve para describir toda la respuesta de los materiales a la luz. Para intentar solucionar esto, se usa la imagen hiperespectral, capaz de registrar decenas o cientos de bandas. Así se obtiene una "huella" de cada zona.

Esta técnica, que puede localizar pigmentos, revelar repintes y detectar alteraciones invisibles, se ha convertido en una herramienta clave para estudiar y conservar arte rupestre y otros bienes culturales. 

Otros métodos responden a preguntas diferentes. Por ejemplo, la espectrofotometría mide el color con gran precisión en puntos concretos; la fluorescencia de rayos X identifica elementos químicos, y la fotografía con iluminación variable permite observar relieves, incisiones y texturas.

Ninguna herramienta ofrece por sí sola una copia completa. Por eso, los mejores resultados combinan varios métodos.

Además, existen otras dificultades: no es fácil convertir todas esas mediciones en una imagen visible al ojo humano. Para lograrlo, es necesario elegir el tipo de iluminación, el sistema de color y determinadas características en el dispositivo empleado. Cada decisión modificará el resultado.

Espectrofotómetro (Foto: Wikimedia).

Los píxeles también envejecen

Para lograr que las reconstrucciones sean rigurosas, se deben diferenciar tres niveles. El primero es el color medido, respaldado por estudios técnicos. El segundo reconstruye ese color mediante comparaciones y simulaciones. El tercero lo interpreta y propone una apariencia posible cuando faltan datos.

En este contexto, la inteligencia artificial es una gran ayuda para clasificar pigmentos, analizar imágenes espectrales o proponer colores ausentes. Pero una predicción algorítmica no equivale a una prueba arqueológica. Debe identificarse como inferencia, es decir, como el resultado de un cálculo de probabilidades y debe conservarse información sobre el proceso que la generó.

Por otro lado, los píxeles no son eternos. Los formatos se quedan obsoletos, los metadatos -etiquetas que se añaden a un archivo- se pierden y las migraciones pueden alterar la información. Los monitores y proyectores también influyen en cómo percibimos las imágenes: un modelo calibrado hoy quizá se interprete de otra manera dentro de veinte años.

Por ello, conservar el color digital exige guardar algo más que una imagen. Hay que preservar las mediciones originales, los perfiles de color, las condiciones de iluminación, el historial de cambios y los márgenes de incertidumbre.

Los principios FAIR -acrónimo en inglés de Findable (localizable), Accesible, Interoperable y Reusable- ofrecen una guía útil para conseguirlo. Cuando los datos aplicados al patrimonio cultural cumplen estas cuatro condiciones, es más fácil que futuras investigaciones revisen una reconstrucción sin depender únicamente de su imagen final.

Preservar una forma de conocimiento

La digitalización puede acercarnos a cuevas inaccesibles, murales frágiles y objetos desaparecidos. Puede, incluso, cuestionar prejuicios heredados, como la supuesta blancura del mundo clásico. Pero también puede producir imágenes espectaculares que no se correspondan con la realidad de tiempos pasados.

El reto no consiste sólo en crear reconstrucciones más realistas. Consiste en hacerlas comprensibles y fieles a su realidad histórica. Porque conservar el color significa preservar algo más que una apariencia: significa proteger el vínculo entre los materiales, su significado, su percepción y la memoria cultural.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)