viernes, 17 de julio de 2026

Lecturas de fin de semana, con foco en un autor: la propuesta de hoy se llama Osvaldo Soriano

Un post dedicado a uno de los mayores narradores argentinos, además de ser uno de los más populares y que mejor reflejó su atribulada época, haciéndola accesible al gran público mediante un lenguaje accesible y una imaginación desbordante. Van recomendados seis de sus trabajos, todos editados por Seix Barral y de buena presencia en librerías. También, como solemos facilitar desde este espacio, disponibles en formato digital desde esta misma publicación.

(Foto: composición propia).

Osvaldo Soriano fue un narrador y periodista argentino que reflejó con irónica objetividad la realidad de su país. Pasó su infancia y adolescencia en su ciudad natal -Mar del Plata- y en las provincias de San Luis y Río Negro, cuyos paisajes evocaría en su obra y en sus columnas periodísticas. Fue futbolista y, tras variados empleos, se dedicó al periodismo político, deportivo y cultural.

Forjado en las redacciones, trabajó en la revista Primera Plana y en el diario La Opinión. En 1973 publicó la novela "Triste, solitario y final"; considerada su mejor obra, todavía hoy continúa hoy reeditándose con éxito. Tras el golpe militar de 1976, abandonó Argentina y no regresó a su país hasta el advenimiento del gobierno democrático de Raúl Alfonsín. Vivió en México, Bruselas y París hasta su regreso en 1984. Desde entonces y hasta su muerte, en 1997, colaboró en el diario Página/12. 

Su narrativa se apoya tanto en los artificios clásicos del género novelesco (construcción de personajes y diálogos) como en los lineamientos del periodismo (un estilo llano y fácilmente asimilable para el lector) y en esa combinación obtuvo sus mejores trabajos literarios.

Es uno de los escritores argentinos traducido a mayor cantidad de idiomas, así como uno de los más adaptados al formato cinematográfico.

No habrá más penas ni olvido (1978)

(Foto: composición propia).

Osvaldo Soriano fue un narrador y periodista argentino que reflejó con irónica objetividad la realidad de su país. Pasó su infancia y adolescencia en su ciudad natal -Mar del Plata- y en las provincias de San Luis y Río Negro, cuyos paisajes evocaría en su obra y en sus columnas periodísticas. Fue futbolista y, tras variados empleos, se dedicó al periodismo político, deportivo y cultural.

Forjado en las redacciones, trabajó en la revista Primera Plana y en el diario La Opinión. En 1973 publicó la novela "Triste, solitario y final"; considerada su mejor obra, todavía hoy continúa hoy reeditándose con éxito. Tras el golpe militar de 1976, abandonó Argentina y no regresó a su país hasta el advenimiento del gobierno democrático de Raúl Alfonsín. Vivió en México, Bruselas y París hasta su regreso en 1984. Desde entonces y hasta su muerte, en 1997, colaboró en el diario Página/12. 

Su narrativa se apoya tanto en los artificios clásicos del género novelesco (construcción de personajes y diálogos) como en los lineamientos del periodismo (un estilo llano y fácilmente asimilable para el lector) y en esa combinación obtuvo sus mejores trabajos literarios.

Es uno de los escritores argentinos traducido a mayor cantidad de idiomas, así como uno de los más adaptados al formato cinematográfico.

No habrá más penas ni olvido (1978)

(Foto: composición propia).

Una aventura política tan absurda como brillante, donde el humor y la tragedia argentina viajan hasta el fin del mundo. Nuevas ediciones de dos obras fundamentales para redescubrir a uno de los grandes narradores argentinos.

Dice el propio autor: "Al final me salió una novela de aventuras políticas en África, ambientada en plena guerra de Malvinas. El personaje central es un cónsul argentino que se empieza a preguntar qué haría el general San Martín en su lugar. Es el primero de mis libros con verdaderos personajes femeninos y tiene, además, un grupo de locos africanos que quieren hacer una revolución del desorden. El país lo inventé y no tiene ni mar: es la miseria total. A ese país sin futuro le traspuse la realidad argentina. Y la idea que seguimos teniendo de África como el fin del mundo se une con ese otro fin del mundo que son las Malvinas".

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(Foto: composición propia).

Dos hombres, una dictadura y la dignidad como única forma de resistir. Un cantor de tangos y un boxeador llegan al mítico pueblo de Colonia Vela para sufrir las desventuras de un poder dictatorial. Galván, el cantor que fue contratado para entretener a la elite y a los militares, y Rocha, el boxeador que no imagina lo que se está cocinando en la pelea que lo tiene como protagonista, llevan una ética del compañerismo que se impone en tiempos difíciles.

Son dos héroes populares, entrañables, que despliegan una capacidad de resistencia -a pesar de los golpes, las derrotas, la decadencia-, tejida siempre desde la dignidad y ante la crueldad del poder.

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Triste, solitario y final (1973)

(Foto: composición propia).

Desde que era niño, Soriano tenía predilección por los derrotados. Eso explica su obsesión por Laurel y Hardy. La dupla cómica enfrentó el éxito de un titán: Charles Chaplin y, luego, la impiedad de la industria cinematográfica norteamericana. Soriano había visto como la inefable pareja, "El Gordo y el Flaco", había encantado al público del mundo, pasando del cine mudo al sonoro sin perder la eficacia de su humor delirante, pero también fue espectador de su paso al olvido.

Una noche, por destino y azar, se topó con Raymond Chandler: un amigo le regaló "El largo adiós" y quedó deslumbrado por su protagonista, Philip Marlowe. Ese detective duro y honesto era la pieza que faltaba en el rompecabezas que quería narrar, el indicado para investigar las desventuras de la pareja de cómicos. Soriano decidió incorporarse a la historia. Tenía sentido, el autor y sus personajes compartían una ética: gente independiente que trabaja para ser independiente, se juega por los amigos y, en todo caso, te apuñala de frente.

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Una sombra ya pronto serás (1990)

(Foto: composición propia).

Un hombre baja de un tren que se ha detenido en el medio de la nada. Y mientras se aleja con rumbo incierto, irá internándose cada vez más en un laberinto de ruta y pampa, poblado de personajes tan desorientados como él: una vidente de armas llevar y revólver a mano, un acróbata italiano que sueña con el paraíso prometido en Bolivia, el apostador con mal de amores que quiere hacer saltar la banca de un casino, un duchador de peones rurales, curas falsos que venden su perdón por monedas. Esta fauna de adorables perdedores jugará al truco sus esperanzas y recuerdos en la melancolía de la llanura definitivamente perdida.

Una fascinante pintura de la decadencia argentina que hoy, a treinta y seis años de su publicación original, parece contener las claves de la actualidad más rabiosa. Diálogos que tienen el filo del "noir" norteamericano, humor con un fondo de boca amargo y peripecias de imaginación delirante se articulan como una sinfonía perfecta en esta novela que nos interroga, con la discreción de la gran literatura, sobre el fracaso colectivo.

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Arqueros, ilusionistas y goleadores (1998)

(Foto: composición propia).

En un siglo XXI en el que el fútbol ha perdido la imaginación, los relatos futboleros de Soriano invitan a un carnaval de personajes intrascendentes pero inolvidables, como el DT que le enseñó a pellizcarse la nariz para hacer echar al rival y el arquero al que le pusieron una novia de mentira antes del penal más largo del mundo.

Casi treinta años después de su muerte, el "Gordo" nos devuelve la ilusión de rodar juntos -él, nosotros y la pelota- como cuando surcaba los potreros polvorientos de Cipolletti, soñando con ser el "centrofóbal" de San Lorenzo.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

Agenda Cultural: el Palacio Libertad, ex Centro Cultural Kirchner, propone una agenda enfocada en niños y adolescentes

El complejo cultural más importante de Latinoamérica, ubicado en Sarmiento 151, CABA, ofrece una programación multidisciplinaria totalmente dedicada a las edades tempranas. Todo, con acceso libre y gratuito para toda la comunidad.

Esenciales: Pipo Pescador

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Como una actividad especial para toda la familia en el marco de "Vacaciones en el Palacio", este concierto recorre la obra de un artista histórico de la Argentina: Pipo Pescador. Con dirección musical y arreglos de Jacques Luce y puesta en escena y dirección de Vero Pecollo, la presentación cuenta con la participación de los cantantes Julián Rubino, Nahuel Adhami, Miguel Gómez y Lucien Gilabert.

Sábado 18 de julio, 18:00 - Auditorio Nacional.

Anita te cuenta un cuento, con Ana María Picchio

(Foto: prensa Palacio Libertad).

En la obra "Anita te cuenta un cuento", la actriz Ana María Picchio relata una serie de textos seleccionados de la literatura universal, con dirección de Helena Tritek. La actividad está sugerida para todas las edades desde los 5 años.

Viernes 17 y sábado 18 de julio, 16:00 - Salón de Honor.

El Taller de los Sueños: aventura inmersiva inspirada en Pinocho

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Mediante imágenes envolventes y sonido espacial, la experiencia inspirada en el personaje de Pinocho transforma el viaje del protagonista en una aventura sensorial e inmersiva que celebra el poder de imaginar, crecer y descubrirse a uno mismo.

Martes a domingos (excepto domingo 19), 14:00 a 20:00 - Sala Inmersiva.

Héroes, villanos y mamás

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Una comedia para toda la familia, con dramaturgia de Melina Pogorelsky, dirección de Maricel Santin y estética de cómic. "Héroes, villanos y mamás" invita a reírse de los vínculos entre el bien y el mal y entre madres e hijos; y a preguntarse qué pasa cuando dejamos de lado lo que realmente queremos ser.

Viernes 17 y sábado 18 de julio, 17:00 - Sala Argentina.

Linda Conciencia

(Foto: prensa Palacio Libertad).

El centro cultural invita a chicos y grandes a disfrutar de una experiencia participativa en la que la máquina Linda Conciencia sólo puede ponerse en marcha con imaginación. El Hada Azul y los Creadores, sus asistentes, proponen participar de un recorrido lúdico para descubrir qué sucede cuando una máquina y la imaginación despiertan al mismo tiempo.

Miércoles a domingos (excepto domingo 19), 15:00, 16:00, 17:00, 18:00 y 19:00 - Sala 605.

Una sonrisa vale más que mil palabras, por Martín Garibaldi

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Este unipersonal de clown, circo y música narra la historia de Martín Garibaldi y su sueño de tener un circo propio. Con humor absurdo, rutinas con objetos, hazañas y música, la obra despliega un relato poético y sensible que, como en el circo, se completa con la participación del público.

Sábado 18, 15:00, 16:30 y 18:30 - Sala 303.

Terror adolescente: seis películas

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Un ciclo con clásicos imperdibles del terror y la ciencia ficción: "Entierro a medianoche", "La novia del monstruo", "Plan 9 del espacio exterior", "La casa en la colina embrujada", "El cerebro que no deseaba morir" y "El último hombre en la Tierra".

Viernes y sábados (excepto sábado 25), 17:00 y 19:30 - Sala Manuel Antin y Auditorio 513.

La agenda detallada puede verse haciendo click aquí.

Atelier Pinocho: taller de muñecos articulados, con Toco Madera

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Un trocito de madera con historia, hilos, palitos y alambres: todo lo necesario para que cada participante cree su propio muñeco articulado. "Atelier Pinocho" es un taller de armado de muñecos articulados coordinado por Toco Madera, colectivo de artistas dedicado a la carpintería y a la fabricación de juguetes.

Miércoles a domingos (excepto domingo 19), 14:30 a 18:30 - Sala 305.

Fantasías Inquietas: espacio para adolescentes

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Nueva edición de "Fantasías Inquietas", un espacio para que adolescentes creen, exploren y disfruten de la tarde en el centro cultural. Intervenidas por el artista visual y escenógrafo Mal Flash, las salas 606 y 607 se transforman en un bosque que invita a leer, charlar, sacar fotos y habitar el espacio con tiempo y curiosidad.

Miércoles a domingos (excepto domingo 19), 14:00 a 20:00 - Salas 606 y 607.

(Fuente: prensa Palacio Libertad / redacción propia)

Comportamiento humano: nuestro cerebro no recuerda mejor las tareas inclonclusas, pero les "da más vueltas"

Estudios demuestran que, por ejemplo, los camareros recuerdan con precisión los pedidos pendientes de pago, pero los olvidan en cuanto la cuenta queda saldada. La interpretación es que una tarea sin concluir genera una tensión psicológica que mantiene su contenido accesible en la memoria; al completarla, la tensión se libera y el recuerdo se desvanece.

(Foto: Shutterstock).

El fenómeno se conoce como Efecto Zeigarnik y su origen suele situarse en una observación del psicólogo alemán Kurt Lewin en el Berlín de los años 20. Inspirada por esa observación, la psicóloga y psiquiatra soviética Bluma Zeigarnik trasladó la cuestión al laboratorio.

En su trabajo de 1927 encargó a los participantes diversas tareas, interrumpiendo algunas a mitad de ejecución y permitiendo terminar otras. Al pedirles después que recordaran en qué habían trabajado, comprobó que las tareas interrumpidas se recordaban con mayor frecuencia que las completadas, aproximadamente el doble.

Resultados no concluyentes

El problema es que, cuando otros investigadores intentaron reproducir el resultado, la ventaja de memoria se mostró inconsistente: en unos estudios aparecía y en otros no, sin un patrón claro.

En 2025, investigadores de la Universidad de Berna abordaron este tema y, tras una exhaustiva revisión, concluyeron que no existe una ventaja de memoria para las tareas inacabadas. Al analizar los estudios hasta la fecha, concluyeron las tareas interrumpidas representaban en torno al 49 % de lo recordado, una proporción casi equivalente a la de las tareas completadas. En sus propias palabras, el efecto carece de validez.

¿Cómo se explica entonces el resultado original? Los autores señalan las condiciones particulares de los laboratorios: la autoridad del experimentador, la presión de sentirse evaluado y la implicación personal en la tarea. Cuando esas circunstancias se atenúan, el efecto desaparece. No se trataría, por tanto, de un mecanismo de la memoria, sino de un fenómeno dependiente de un contexto concreto y poco replicable en el día a día.

El "Efecto Zeigarnik" fue descrito por la psicóloga Bluma Zeigarnik en 1927, después de que ella y otros notaron que los camareros recordaban los pedidos antes de servirlos, pero luego los olvidaban (Foto: Wikimedia Commons).

Dificultad para desconectar

El estudio, sin embargo, evidenció un sesgo más: el Efecto Ovsiankina. Descrito por la psicóloga María Ovsiankina en 1928, es la tendencia a reanudar de forma espontánea una tarea interrumpida en cuanto surge la oportunidad. Aquí las cifras sí que se sostienen, con una tasa de reanudación cercana al 67 %, por encima de lo esperable por azar. Lo inacabado no nos hace recordar más, pero sí nos empuja a terminar lo que dejamos a medias

La investigación reciente documenta efectos similares, especialmente en el contexto laboral. Otro estudio, realizado este año, resaltó que las tareas que quedan sin concluir al final de la jornada se asocian con pensamientos intrusivos sobre el trabajo durante el tiempo de descanso y, de manera particular, con la rumiación. Los investigadores concluyeron que no influye tanto el recuerdo, sino la dificultad para desconectar.

Un mecanismo afín opera al alternar entre tareas sin cerrar la anterior. La psicóloga organizacional Sophie Leroy lo describió como "residuo de atención": parte de los recursos cognitivos permanecen implicados en la tarea previa, en detrimento de la actual.

Propósitos por cumplir

Conviene precisar que la evidencia en neuroimagen es limitada; no hay identificadas áreas, regiones ni redes cerebrales específicas relacionadas con el efecto Zeigarnik, ni confirmación tampoco de la noción de "tensión" cuando una tarea está incompleta. Sí están documentados otros fenómenos: las intenciones pendientes permanecen más accesibles en la memoria, la corteza prefrontal participa en el mantenimiento de los propósitos por cumplir y la rumiación se vincula a determinadas redes cerebrales.

Así, del efecto Zeigarnik pueden extrapolarse dos conclusiones. Por un lado, ilustra cómo un hallazgo intuitivo y repetido durante décadas puede no superar el escrutinio metodológico: la supuesta ventaja de memoria es, en el mejor de los casos, frágil y dependiente del contexto.

Por otro, muestra que el núcleo del fenómeno es conductual y no mnésico -relacionado con la memoria-: lo inacabado no se recuerda mejor, pero impulsa a la acción y puede interferir en el descanso.

De ahí se desprende una orientación práctica. Algunos investigadores sugieren que, aunque una meta sin cumplir genera pensamientos intrusivos que dificultan concentrarse en otras tareas, formular un plan concreto -es decir, decidir cuándo, dónde y cómo se retomará- basta para disolver esa interferencia, sin necesidad de completar la tarea.

El cierre, en definitiva, no parece imprescindible para descansar: lo es, más bien, el compromiso creíble de que ese cierre llegará.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

jueves, 16 de julio de 2026

El Mundial como "guerra sin disparos": ¿cómo influyen las metáforas en nuestra manera de vivir el fútbol?

Para cualquier aficionado al fútbol, incluso para quienes, sin serlo, siguen las vicisitudes del Mundial, que los comentaristas deportivos y los medios de comunicación se refieran al terreno de juego como un campo de batalla donde hay líneas defensivas, pugnas y estrategias no es ninguna sorpresa. De hecho, la mayoría ni pensamos en ello.

Inauguración del Mundial de 2026 en el estadio Azteca de Ciudad de México (Foto: Omar David Sandoval Sida / Wikimedia Commons).

Este tipo de metáforas frecuentes entorno a las competiciones deportivas en general y el Mundial futbolístico en particular parecen obvias y naturales. Pero su uso tiene un efecto más allá de la comprensión de lo que está pasando en cada partido. Es decir, las palabras con las que se nos cuentan los partidos afectan a cómo nuestro cerebro afronta cada eliminatoria.

En su libro "Metáforas de la vida cotidiana" (1980), George Lakoff y Mark Johnson propusieron una idea que revolucionó la forma de entender el lenguaje y el pensamiento: no sólo usamos metáforas como recurso poético, sino que pensamos y actuamos a través de ellas.

Que el lenguaje condiciona el pensamiento no es sólo una teoría filosófica. Investigaciones recientes demuestran, por ejemplo, que si a un grupo de personas se les describe el aumento de la criminalidad de su ciudad como una bestia salvaje, tienden a proponer soluciones punitivas (más policía y cárceles). Sin embargo, si ante los mismos datos exactos se les describe el crimen como un virus, los participantes proponen soluciones sociales y preventivas (más educación y sanidad).

El partido como batalla

El cerebro humano busca coherencia en el marco metafórico que se le presenta. En el caso del fútbol, el vocabulario deportivo que consumimos a diario altera nuestra reacción ante lo que vemos en el campo. 

El escritor George Orwell ya habló de las competiciones deportivas como "guerras sin disparos". Cuando un partido de fútbol se presenta como una batalla en la que hay que vencer al rival, nuestro cerebro asume inconscientemente los roles de ese escenario: el equipo contrario deja de ser un grupo de compañeros de profesión para convertirse en el "enemigo"; el campo no es una zona de recreo, sino un campo de batalla donde hay líneas defensivas, pugnas y estrategias.

Esta estructura mental legitima comportamientos que en otro contexto serían inaceptables. La hostilidad en las tribunas o la agresividad en el campo aparecen bajo el paraguas de la "defensa de los nuestros". No es sólo vocabulario: es un filtro cognitivo que determina nuestra respuesta emocional ante una victoria o una derrota.

El delantero de la selección portuguesa Cristiano Ronaldo y el jugador croata Luka Modric disputan un balón (Foto: Fanny Schertzer / Wikimedia Commons).

En el plano social, un Mundial funciona como el simulacro perfecto de un conflicto bélico mundial. Los equipos operan como ejércitos regulares respaldados por banderas, himnos y fronteras.

Al adoptar este lenguaje bélico, el fútbol canaliza instintos tribales y nacionalistas muy profundos. Nos identificamos con los equipos nacionales por una cuestión de supervivencia simbólica de nuestra identidad. Por eso una derrota en un Mundial se llora como una tragedia nacional y una victoria saca a millones de personas a celebrar en las calles; el lenguaje nos ha convencido de que estaba en juego el honor del país.

El campo de fútbol como tribunal

Recurrir a la terminología judicial para hablar de un partido de fútbol introduce una dimensión moral. En el plano cognitivo, estamos convirtiendo el terreno de juego en un tribunal de justicia. Bajo este marco mental, una falta no es una simple circunstancia del juego, sino un delito que exige un castigo o una pena máxima (el penal).

Esta metáfora explica la intensidad de nuestras reacciones: cuando el árbitro se equivoca en contra de nuestro equipo no sentimos que hayamos tenido mala suerte, sino que hemos sido víctimas de una injusticia. La reciente incorporación del VAR (el videoarbitraje) no ha hecho más que reforzar esta idea, actuando como una especie de "Tribunal Supremo tecnológico" al que se apela buscando una verdad objetiva e inapelable. 

Un juez de línea levanta el banderín por fuera de juego (Foto: Darz Mol / Wikimedia Commons).

El equipo como un edificio

En los últimos años, las retransmisiones se han llenado de equipos que construyen desde atrás, de paredes para romper líneas -tirar "túneles" es para los más habilidosos- y de muros infranqueables de equipos que han puesto el "autobús", metáfora tan visual como el "catenaccio" italiano o el "cerrojazo" español.

Los propios jugadores también tienen su papel dentro de la obra. Por eso, los jugadores más importantes son considerados los pilares fundamentales del equipo. Y para evitar que el equipo se desmorone, es necesario contar con centrocampistas destructores que presionen en la fase de construcción del rival. 

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

La Biblioteca Nacional abre una muestra sobre el trabajo invisible de la preservación de libros

La exposición recorre el detrás de escena que sostiene el acervo histórico, desde el primer examen a las intervenciones técnicas. Es en el Hall de Hemeroteca, con entrada libre y gratuita para toda la comunidad.

La Biblioteca Nacional Mariano Moreno inaugura el 18 de julio una exposición sobre conservación y restauración documental (Foto: Martin Rosenzveig).

La Biblioteca Nacional Mariano Moreno abre sus puertas el 18 de julio a una exposición que pone en primer plano el trabajo cotidiano y poco visible del Departamento de Preservación: el equipo de especialistas que frena el deterioro de los documentos que conforman el acervo histórico de la institución.

"Conservar el tiempo: el trabajo de conservación y restauración en la Biblioteca Nacional" se instala en el Hall de Hemeroteca del edificio ubicado en Agüero 2502, CABA, y podrá visitarse de lunes a viernes de 9:00 a 21:00 y los sábados y domingos de 12:00 a 19:00, con entrada libre y gratuita. La ceremonia de inauguración está prevista para el 17 de julio a las 18:00 y abre al público al día siguiente.

La muestra recorre las distintas etapas del proceso de conservación y restauración documental: desde el diagnóstico inicial de cada pieza hasta las intervenciones técnicas sobre papeles amarillentos, fotografías desvanecidas y películas deformadas. El recorrido expone también los criterios que guían cada decisión: respeto por la integridad material e histórica del ejemplar, registro exhaustivo de los tratamientos aplicados y uso de materiales compatibles y reversibles que no comprometan futuras intervenciones.

El patrimonio documental que custodia la Biblioteca no se limita al papel. El Departamento trabaja sobre fotografías, registros sonoros, materiales audiovisuales y microfilmes, cada uno con sus propias vulnerabilidades frente a los diez agentes de deterioro que la disciplina identifica: fuerzas físicas, agua, fuego, plagas, contaminantes, radiación, temperatura y humedad inadecuadas, robo y vandalismo, y pérdida de información asociada al objeto.

La muestra "Conservar el tiempo" abre al público el 18 de julio en el Hall de Hemeroteca de la Biblioteca Nacional con entrada libre y gratuita (Foto: Martin Rosenzveig).

Frente a esos riesgos, el departamento aplica dos líneas de acción. La conservación preventiva interviene sobre el entorno -condiciones ambientales, contenedores, sistemas de almacenamiento- sin tocar directamente los documentos. Cuando el deterioro ya ocurrió, entra en juego la conservación interventiva, que puede incluir limpieza en seco o húmeda, aplanado, consolidación de soportes debilitados, reparación del papel y restauración de encuadernaciones.

La exposición también aborda la relación entre la preservación física y la digitalización. Según los criterios del departamento, estabilizar un documento antes y después de su reproducción digital es indispensable: la generación de copias digitales no reemplaza al soporte original, sino que lo complementa y reduce la necesidad de nuevas manipulaciones.

La muestra plantea, además, que la responsabilidad de preservar el patrimonio documental es colectiva: recae tanto en los equipos técnicos como en quienes consultan, usan y valoran esos materiales.

(Fuente: Infobae / Biblioteca Nacional Mariano Moreno / redacción propia)

Con una campaña contra la IA, Polaroid lanzó una nueva cámara para conectar con lo analógico

Mientras la inteligencia artificial gana terreno en la creación de imágenes, Polaroid redobla su apuesta por lo analógico con el lanzamiento de la "Go Generation 3" y una campaña que invita a desconectarse de la tecnología y volver a capturar momentos reales. Ya se consigue en nuestro país.

La Go Generation 3 es la cámara analógica instantánea más pequeña creada hasta el momento (Foto: Keith Wee).

Polaroid acaba de lanzar un nuevo producto pensado para los amantes de lo analógico, acompañado por una potente campaña que hace frente a las tendencias ligadas a la Inteligencia Artificial. Se trata de la Go Generation 3, una cámara que ofrece funciones especiales y busca revitalizar el espíritu analógico.

A través de llamativos carteles, se pueden leer consignas como: "Ve a darte un chapuzón antes de que los centros de datos se lo beban todo", o "No conecta con la nube, te conecta con el otro". Luego, aparece el eslogan: "El mejor verano es el analógico".

(Foto: Keith Wee).

Así, la marca orientó su campaña publicitaria hacia una reconexión con lo real, enalteciendo la experiencia directa como la más enriquecedora, en un momento en que la IA y el mundo digital parecen devorarse toda posibilidad de experimentar y crear.

En esa línea, en su página web presentan esta cámara con la propuesta: "Deja a un lado el teléfono y vive el momento con la Polaroid Go de tercera generación: la última generación de la cámara analógica instantánea más pequeña del mundo".

(Foto: Keith Wee).

Lo mejor de esta nueva cámara

Polaroid ofrece la comodidad de un dispositivo compacto e incorpora mejoras frente a las cámaras de los teléfonos, que en los últimos años han reemplazado en gran medida a las cámaras fotográficas.

"La Go Gen 3 sigue siendo ideal para fotos de bolsillo y aventuras cotidianas, conservando todas las características que encantan de la serie Go (espejo para selfies, temporizador y modo de doble exposición). Sin embargo, también hemos mejorado los aspectos más importantes: un nuevo diseño, un objetivo renovado, un flash más potente y cinco nuevos colores vibrantes", explican.
(Foto: Polaroid).

Entre las características de esta nueva cámara se destacan un objetivo mejorado que permite crear imágenes más nítidas y claras, con mejor contraste, un flash más potente, útil cuando la luz es escasa y, por supuesto, el diseño, un aspecto en el que la marca ha sido líder desde sus inicios. Esta nueva serie puede conseguirse -inclusive ya en nuestro país- en color morado, azul claro, turquesa, negro y blanco.

(Fuente: Indie Hoy / Polaroid / redacción propia)

miércoles, 15 de julio de 2026

Ediciones imprescindibles: los cuentos "casi" completos de Ray Bradbury, reunidos por primera vez en un único y monumental libro

Siempre cercano a la imaginación y a la sensibilidad popular de lectores de tantas latitudes y generaciones, el autor de obras clásicas como "Crónicas marcianas" o "Farenheit 451" dejó una de las producciones de cuentos más impactantes por su abundancia, agrupándolos luego en volúmenes con criterios temáticos, simbólicos y hasta afectivos. Esta edición de sus relatos cortos incluye 116 organizados cronológicamente: un retorno tan imperdible como melancólico. Su edición en formato digital, disponible desde este post.

(Foto: Wikimedia).

Ternura, imaginación, maravilla, lirismo, ensueño. Son las palabras que describen de qué están hechos los relatos de Ray Bradbury, y son términos que rara vez definen a una literatura, mucho menos hoy, con toda la desesperanza, crueldad y cinismo de mucha de la narrativa actual.

La editorial Páginas de Espuma -a la cual pronto le dedicaremos un post exclusivo- acaba de publicar los "Cuentos" de Bradbury, una antología enorme -la más extensa en castellano- y, además de reparar la relativa ausencia del gran fabulista estadounidense en librerías, invita a la posibilidad de leer cuentos sobre cuestiones desesperantes y urgentes, comprometidos con la compasión tanto hacia sus personajes como hacia los lectores.

Como todo buen pesimista, Ray Bradbury sabía que la humanidad es capaz de destruirse y de, eventualmente, destruir a otros, pero esa capacidad de ruina le daba mucha pena, porque implicaba la desaparición de todo lo bueno y todo lo hermoso, que para Bradbury era mucho. Sus cuentos son ante todo éticos: se preguntan y reflexionan sobre qué está bien y qué está mal, analizan críticamente decisiones extremas.

En el lenguaje poético o en la franqueza de un relato "pulp", su estilo siempre es reconocible, lírico y dinámico al mismo tiempo, con personajes frágiles y con frecuencia solitarios. Era un poeta, decía Aldous Huxley, y también era un trabajador: cuando dejó el colegio pasó años leyendo en bibliotecas y escribiendo un cuento por semana en las máquinas de escribir de las salas de lectura. Murió a los 91 años en 2012, respetado por sus pares, amado por sus lectores, con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, un asteroide con su nombre, todos los premios posibles dentro de los géneros de sci-fi y fantasía pero ninguno de los galardones literarios legitimadores, salvo alguna mención tardía a la trayectoria y los Honoris Causa de rigor.

El mundo alucinante

Se dice que Bradbury no era un escritor de ciencia ficción, o que su trabajo trascendía el género, que es lo que se suele decir cuando un talento insólito decide escribir dentro de los géneros de la imaginación y lo hace con su voz particular e irrepetible. Escribió ciencia ficción y cuento fantástico y terror, pero lo hizo sin pensar en las convenciones genéricas, inaugurando una forma propia que clausura un estilo de "fantasía lírica" que tuvo enorme influencia y, al mismo tiempo, resulta imposible de imitar.

Escribir como Bradbury sólo puede hacerse desde la copia o el homenaje, desde la cita, y lo mismo sucede, por ejemplo, con Jorge Luis Borges, que lo admiraba muchísimo y, famosamente, prologó la primera edición en castellano de "Crónicas marcianas" en 1955 para la Editorial Minotauro, bajo la dirección de Paco Porrúa. Borges escribiría en ese prólogo: "¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y de soledad?".

(Foto: composición propia).

"Cuentos" incluye 116 relatos en 1.339 páginas, lo que es una cantidad enorme en un volumen exuberante; así y todo, los lectores pueden notar algunas ausencias como "Todo el verano en un día", "Sirena" o "El siguiente en la fila". La selección prioriza la heterogeneidad y la longevidad: hay varios cuentos escritos entre 1982 y 2009, un periodo de Bradbury que no se suele recopilar. El prólogo de Laura Fernández, una de las escritoras en español más cercanas al espíritu de Bradbury, es una delicia: "Yo, como Bradbury, considero que uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya. Y esa escritura es, primero, la escritura de los demás. Esos a los que uno busca desesperadamente. Amigos a los que conoces demasiado bien porque, como diría Stephen King, has estado en su cabeza".

De todos esos amigos, Bradbury es de los más conocidos porque sus cuentos son como canciones pop, fábricas de nostalgia y alegría inolvidables. Y por eso mismo, la nueva traducción de Ce Santiago que ofrece "Cuentos" es un tema controvertido. Los traductores más importantes de Bradbury son Francisco Abelendas, seudónimo del mencionado Paco Porrúa, Marcial Souto y Matilde Horne. Para una nueva generación, este volumen ser el primer Bradbury, pero para quienes tienen en la cabeza la música de Porrúa, Souto y Horne, la traducción será menos amigable.

Bradbury fue el primer escritor de muchos lectores, el descubrimiento de una voz y de la literatura. Sus ecos reverberan en la narrativa, desde Stephen King hasta Kelly Link o Rodrigo Fresán. Este volumen irrumpe para establecer a Bradbury, con justicia, como clásico: las otras colecciones de cuentos reunidos o completos de la editorial son de Anton Chéjov, Franz Kafka y Edgar Allan Poe. Y también abre una pregunta: ¿quiénes son hoy los lectores de la ternura y la poesía de Bradbury?

Estos textos exudan nostalgia por el siglo XX y si alguna vez se consideraron ingenuos, leídos en 2026 son desoladores en su duelo por el ser humano. Esa casa que sigue viviendo sin gente en "Vendrán lluvias suaves", una máquina habitacional en pie mientras el mundo muere, es un funeral. Las cosas quedan y no nos recordarán. El mundo y los seres humanos son hermosos, y duele perderlos. La nostalgia en sus cuentos, su tristeza por un tiempo que no se puede recobrar, está presente en la lluvia interminable de "Venus", en el hombre adicto a su cohete que no quiere estar en la Tierra ni en su casa, en una pareja que descubre el fin del amor a través del miedo. Bradbury escribió, con el pulso de la literatura popular y del género, la gran elegía a nuestro tiempo, y por eso es imprescindible.

Su edición en formato e-book se puede comprar y descargar haciendo click aquí.

(Fuente: Página 12 / Mariana Enriquez / varios / redacción propia)

Grandes farsas: frenología, la pseudociencia que pretendía leer la personalidad al palpar el cráneo

Nacida en Viena a fines del siglo XVIII, alcanzó una enorme popularidad antes de ser refutada por los avances de la neurología y la falta de evidencia experimental.

Al palpar el cráneo, según la frenología, podían determinarse características de la personalidad (Foto: Shutterstock).

Frenología es un término que viene del griego "phren", que significa mente, y "logos", que significa estudio. Lo que postulaban los especialistas de esta pseudociencia es que si un individuo tenía ciertas partes del cerebro más desarrolladas que otras impactaba en la forma del cráneo y, en última instancia, también en el comportamiento.

El padre de la frenología fue Franz Joseph Gall, un médico originario de Viena que vivió entre 1758 y 1828. Todo empezó cuando observaba a sus estudiantes, en particular a los mejores. Según Gall, todos ellos tenían ojos saltones. De allí postuló que el cerebro empujaba los ojos hacia afuera ya que en esa parte estaba agrandado. En esa zona se ubica el lóbulo frontal donde, de acuerdo a afirmaciones del médico austríaco, se alojaba la memoria verbal, entre otras cosas. Gall pensaba que el cerebro no era un órgano homogéneo, sino que estaba conformado por parches con áreas especializadas.

Hay que tener presente que, por aquellos años, se pensaba que la actividad mental se ubicaba en el corazón. Gall infirió que la mente se ubicaba en el cerebro. En sus clases explicaba que, cuando un área era más fuerte, allí el cerebro era más grande y empujaba al cráneo. Eso daba lugar a un bulto palpable; de hecho, el propio Gall identificó 27. Entre las características palpables estaban el ingenio y la capacidad para hacer bromas, la sagacidad, la imitación, la habilidad para la poesía y el instinto religioso. También había bultos para la vanidad y para el instinto de matar.

Retrato de Franz Joseph Gall (Foto: Wikimedia).

Gall no solo palpaba la cabeza de quienes se lo permitían, sino que también coleccionaba cráneos. Era tal su fanatismo que el mismísimo Emperador Francisco II, Kaiser del Imperio Austrohúngaro, le prohibió en 1802 que dicte conferencias sobre craneología (así se llamaba a la frenología por aquellos años), por considerar a la disciplina incompatible con el orden moral y la religión. Eso hizo que, en 1805, abandonara Viena y terminara en París.

En la ciudad francesa se encontró con un ambiente intelectual favorable para el desarrollo de sus teorías. El médico comenzó a dar conferencias y demostraciones públicas. También diseccionó cerebros humanos y animales y volcó todas sus investigaciones en la publicación "Anatomía y fisiología del sistema nervioso en general y del cerebro en particular". Allí afirmaba, entre otras cosas, que capacidades como la benevolencia, el lenguaje, la memoria o la tendencia al robo residían en áreas específicas del cerebro.

Oliver Wendell Holmes fue un médico, poeta y profesor de Harvard. Fue también uno de los críticos más influyentes de la frenología. Escribió en 1838 un ensayo titulado "La homeopatía y sus engaños afines", donde cuestionaba diversas pseudociencias. Respecto de la disciplina iniciada por Gall, decía: "¿Se puede saber cuánto dinero hay en una caja fuerte simplemente apretando sus pomos con los dedos? Así que, cuando un hombre me palpa la frente y habla del órgano de la individualidad, confío en él tanto como si tocara el exterior de mi caja fuerte y me dijera que hay un billete de cinco o diez dólares debajo de tal o cual remache".

A pesar de las críticas, los especialistas en frenología se multiplicaron. Sin embargo, nunca se pusieron de acuerdo en la cantidad de zonas que tenía el cerebro para explicar el comportamiento de una persona. A esto se sumó también la fisionomía, la lectura de los rasgos faciales, para agregar aún más variables y confusión. Los comportamientos ahora no sólo se explicaban a través de los bultos en el cráneo, sino que también se sumaban la forma de la frente o cuán protuberante era la nariz.

En Estados Unidos, la frenología comenzó a ser una salida laboral. Lorenzo Niles Fowler y Orson Squire Fowler empezaron con su emprendimiento en Nueva York en 1830. Orson era hijo de un granjero, próximo a convertirse en ministro de la iglesia, pero la frenología le resultó más rentable. Iba a las conferencias de esta disciplina en Amherst College y "leía" los cráneos por dos centavos. Todos los Fowler entraron en el negocio de la frenología. Escribían sus artículos en sus propias revistas científicas y no temían recomendarle a la gente cómo vivir, qué comer y hasta cómo mantener sus matrimonios e hijos.

Un anuncio, de alrededor de 1838, parecía casi una advertencia para padres preocupados: "Predicciones frenológicas. Quienes estén meditando sobre cualquier cambio importante en sus actividades o padres antes de decidir un negocio o profesión para sus hijos, deberían consultar esta ciencia, ya que su fortuna depende de que la elección se ajuste a sus predicciones. Precios: cinco chelines en adelante". En un momento era sumamente fácil conseguir a alguien que, por pocas monedas, examinara el cráneo.

Hacia la segunda mitad del siglo XIX, la frenología comenzó a declinar hasta ser descartada por la comunidad científica. Su caída fue resultado de falta de evidencia empírica, así como también del avance de la neurología. Esta última presentó resultados respecto de la anatomía cerebral. Se descubrió que algunas funciones cerebrales están ubicadas en áreas específicas, pero de formas más complejas. Por ejemplo, Paul Broca demostró que una región del lóbulo frontal es crucial para la producción del lenguaje, y Carl Wernicke descubrió la zona fundamental para la comprensión del mismo. Ninguna de las dos áreas producía protuberancias palpables en el cráneo. Por otra parte, muchos practicantes comenzaron a usar la frenología para justificar ideas sobre criminalidad, inteligencia, raza y clase social. Esto dañó aún más su credibilidad científica.

Gall estaba equivocado sobre la lectura del cráneo. Sin embargo, fue uno de los primeros en sostener que distintas funciones mentales podían estar asociadas a distintas regiones del cerebro, una idea que la neurociencia moderna desarrolló posteriormente con métodos científicos.

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ / redacción propia)

martes, 14 de julio de 2026

Un visionario: el primer científico que detectó imágenes falsas lleva veinticinco años preparándose para este momento

Mucho antes de que existiera el término "deepfake", Hany Farid ya buscaba las huellas de las imágenes manipuladas. Hoy, su laboratorio en Berkeley es una barrera clave frente a lo que en su momento fue una fantasía amenazante y hoy es cosa de todos los días.

(Foto: WIkimedia).

A principios de los años 2000, manipular una fotografía digitalmente requería muchas horas de trabajo, software especializado y, sobre todo, dejaba rastros. Rastros que un ojo experto podía detectar si sabía dónde mirar. Hany Farid, entonces profesor en el Dartmouth College de los Estados Unidos, decidió que la ciencia forense necesitaba encontrar esos rastros de forma sistemática, no intuitiva. Su pregunta era aparentemente sencilla pero carecía de respuesta: ¿cómo se demuestra, con matemáticas, que una imagen ha sido alterada?

La respuesta tardó años en construirse. Y hoy, cuando los modelos de inteligencia artificial pueden fabricar en segundos un vídeo convincente de cualquier persona haciendo cualquier cosa, esa pregunta es más urgente que nunca. Un reportaje publicado recientemente en la revista Science retrata a Farid, ahora profesor de la Universidad de California, como el investigador que construyó las herramientas antes de que existiera el problema a gran escala.

Lo que los ojos no pueden ver

Los deepfakes actuales no funcionan como el Photoshop de los años noventa. No hay un píxel fuera de lugar ni una sombra en la dirección equivocada que cualquier ojo humano, por muy entrenado que esté, pueda identificar a simple vista. Los modelos generativos modernos, basados en arquitecturas como las redes generativas antagónicas (GAN) y, más recientemente, los modelos de difusión, aprenden a imitar la realidad estadística analizando millones de imágenes. El resultado es un contenido sintético que supera con comodidad el umbral de percepción visual.

Las inconsistencias que delatan un deepfake son, en su mayoría, físicas y estadísticas, imperceptibles sin las herramientas matemáticas adecuadas. Un modelo generativo puede reproducir con fidelidad milimétrica la textura de la piel, el color del iris o el movimiento de los labios. Sin embargo, tiene serias dificultades para replicar la física completa de la luz tridimensional. Los reflejos en los ojos de una persona real siguen leyes ópticas estrictas que los modelos actuales no reproducen de forma consistente. Si analizamos la luz especular que rebota en ambas pupilas, un deepfake a menudo mostrará fuentes de luz que no coinciden geométricamente entre el ojo izquierdo y el derecho.

La frecuencia y el patrón de parpadeo tampoco suelen coincidir con los parámetros biológicos documentados. Además, la geometría tridimensional del rostro, bajo ciertos ángulos de iluminación, introduce distorsiones apenas perceptibles para el ojo, pero mensurables para un algoritmo entrenado para detectarlas en el dominio de las frecuencias espaciales. Ese es el territorio de Farid: la intersección exacta entre la física, la estadística y la visión artificial.

Representación visual de las inconsistencias físicas que los algoritmos de detección forense identifican en imágenes sintéticas generadas por modelos de inteligencia artificial (Foto: Scruzcampillo).

La ciencia de la huella digital

El enfoque del laboratorio de Farid no busca directamente lo falso, sino que persigue la ausencia de lo real. Los detectores que su equipo lleva décadas desarrollando aprenden cuáles son las propiedades estadísticas inmutables de las imágenes auténticas capturadas por sensores de hardware, y después identifican desviaciones de esas propiedades en el material sospechoso.

Una cámara digital introduce un patrón de ruido en cada fotografía de una manera específica, determinada por las características físicas del sensor de silicio y el procesado interno del dispositivo (conocido como ruido de patrón fijo o PRNU). Un vídeo real tiene una cadencia de movimiento ocular y de pulso capilar que responde a estímulos biológicos verificables. Una cara real proyecta sombras que obedecen a una fuente de luz única y geométricamente coherente en el espacio 3D. Cada uno de estos patrones constituye una firma estructural que los modelos generativos actuales no consiguen falsificar de forma perfecta y simultánea.

El trabajo de Farid ha trascendido el entorno académico puro. A lo largo de los años, ha colaborado con organismos de aplicación de la ley, plataformas digitales y entidades gubernamentales para desarrollar sistemas de autenticación de contenidos. Ha testificado ante el Congreso de los Estados Unidos sobre los riesgos estructurales de la desinformación basada en medios sintéticos.

Una carrera sin línea de meta y el dividendo del mentiroso

Aquí está la paradoja central del campo forense, y Farid ha sido explícito al respecto: cada avance en la detección provoca, de manera inevitable, un avance paralelo en la generación. Los detectores son reactivos por construcción. No pueden anticipar una arquitectura generativa que todavía no ha sido entrenada. A esto se suma un fenómeno sociológico que Farid y otros expertos denominan el "dividendo del mentiroso". Cuando el público asume que la inteligencia artificial puede falsificar cualquier vídeo o audio con facilidad, los actores maliciosos ganan una coartada perfecta. Pueden afirmar que una prueba real y comprometedora es, en realidad, un deepfake, sembrando la duda razonable en los tribunales y en la opinión pública.

Esto no convierte la investigación en un esfuerzo inútil, sino en uno cuyos objetivos deben plantearse con precisión quirúrgica. El objetivo real no es una solución definitiva que detecte todo el contenido falso. Es elevar el costo técnico de producir contenido sintético indetectable, crear fricción computacional suficiente para que los atacantes necesiten recursos crecientes, y construir una infraestructura de autenticación paralela.

Lo que la ciencia todavía no puede garantizar

Los límites de la ciencia forense digital son igualmente claros. Los sistemas actuales de detección funcionan con alta precisión sobre modelos generativos conocidos o antiguos, pero su tasa de error aumenta de forma significativa cuando se enfrentan a arquitecturas nuevas o a contenido generado con técnicas ausentes en su conjunto de entrenamiento original. La capacidad de generalización entre distintas familias de redes neuronales sigue siendo un problema técnico abierto.

Y luego están los falsos positivos. Un detector imperfecto que marca como falso material legítimo puede causar daños irreparables: la desacreditación injusta de documentos de derechos humanos, graves consecuencias legales para periodistas o testigos en zonas de conflicto, y la erosión general de la confianza en los archivos de información pública. En este ámbito de la tecnología, la transparencia sobre los márgenes de error es tan crítica como la sensibilidad del propio detector.

La apuesta por el origen y la criptografía

Ante estos retos, el trabajo más prometedor apunta hoy a un enfoque complementario a la detección a posteriori: la autenticación del origen. En lugar de intentar demostrar mediante análisis estadístico que algo es falso, la idea es construir la infraestructura técnica y legal para demostrar irrefutablemente que algo es real.

La Coalition for Content Provenance and Authenticity (C2PA), de la que forman parte actores clave de la industria, trabaja para que las cámaras, los micrófonos y las plataformas de distribución incrusten de forma nativa metadatos firmados criptográficamente. Estos metadatos certificarían de manera inalterable cuándo, dónde y con qué sensor de hardware físico se capturó un contenido audiovisual.

Si el dispositivo de captura certifica criptográficamente una imagen en el preciso momento de su creación, la carga de la prueba se invierte por completo: el contenido que carezca de certificado no tendrá ninguna garantía de autenticidad por defecto, y el contenido con firma criptográfica podrá verificarse matemáticamente sin depender de un detector reactivo entrenado sobre los modelos del pasado.

Es una carrera completamente abierta. Hany Farid lleva veinticinco años corriendo en ella, estudiando los píxeles y el ruido, y la señal de llegada no está todavía a la vista. Pero al menos, ahora la ciencia forense tiene un mapa del terreno.

(Fuente: Muy Interesante / Xataka / varios / redacción propia)