lunes, 27 de abril de 2026

Lecturas de lunes: Kafka y su padre, música y ruido, una novela negra y un drama de vida durante el accionar de la ETA

Fernando Aramburu, Oriol Rosell, Santiago Díaz y Franz Kafka son los nombres elegidos para recomendar a los lectores de este blog y comenzar la última semana de abril a pura lectura. De irregular presencia en librerías, es posible comprarlos y descargarlos desde este mismo post.

(Foto: composición propia).

Una vez más, desde este espacio tenemos el placer de comenzar la semana sugiriendo textos para nuestros fieles seguidores, así como de facilitar la obtención de sus versiones digitales al mejor precio posible. Hoy nos arriesgamos con lo que se trata casi de un clásico -"Cartas al padre"-, una cruda historia que transcurre durante los tiempos del accionar armado de la Euskadi Ta Askatasuna en España, un policial más que negro y, para distender y cambiar el tono, un exhaustivo ensayo sobre la que durante mucho tiempo fue la tensa relación entre el ruido y la música.

Maite, de Fernando Aramburu (Tusquets)

(Foto: composición propia).

San Sebastián, julio de 1997. Mientras su marido está de viaje por trabajo, Maite recibe a su hermana Elene, que, tras pasar largos años en Estados Unidos, vuelve a su ciudad porque la madre de ambas ha sufrido un ictus. En los días que pasarán juntas, las hermanas y la madre conviven y conversan pero rehúyen decirse toda la verdad. También evitan mirar de frente la tensión social que las rodea: ETA ha secuestrado a un concejal de Ermua, Miguel Ángel Blanco, y amenaza con ejecutarlo si no se cumplen sus demandas.

Los hechos históricos corren en paralelo a la intimidad de Maite, una mujer sensible, compasiva, atenta, pero atrapada en convenciones que le impiden abrir los ojos y afrontar la realidad. Fernando Aramburu lo ha vuelto a hacer: nos entrega una novela emocionante e inolvidable, otro hito en su narrativa, que lo afianza como uno de los grandes narradores europeos del momento; una historia que vuelve la mirada a la memoria reciente del País Vasco y cuyos personajes, retratados con hondura psicológica y profunda humanidad, nos conmueven, en especial su inmensa y memorable protagonista.

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Carta al padre, de Franz Kafka (Akal)

(Foto: composición propia).

Franz Kafka escribió en 1919 esta carta bajo el pretexto de explicarle a su padre el miedo que le inspiraba y justificarle la distancia que la vida había interpuesto entre ellos. En la redacción del texto, el autor utilizó todas sus argucias de abogado para intentar suavizar, en la medida de lo posible, la precaria relación entre ambos. Su madre, después de leer la carta, consideró que era mejor interceptarla: la Carta al padre nunca llegó a su destinatario.

Aunque Kafka encomendó a Max Brod la destrucción de su obra, Brod desoyó el deseo de su amigo y, con ella, salvó esta carta de la hoguera, ofreciendo a la posteridad la llave maestra para comprender no sólo la vida y la sensibilidad del autor, sino también el sentido de toda su producción literaria. En ella se basan todas las interpretaciones de lo que el autor denominaba "el revolverse de la mosca en la hoja de papel engomado", es decir, él mismo condenado en la casa paterna. 

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Un cortocircuito formidable, de Oriol Rosell (Alpha Decay)

(Foto: composición propia).

¿El ruido puede ser música? Esta pregunta, que tiempo atrás se habría respondido con un «no» rotundo, en las últimas décadas se ha convertido en una afirmación crucial para entender diferentes ámbitos de la creación sonora tanto en la música experimental como en la popular. Pero no es una cuestión meramente reciente: el ruido ha recorrido de forma soterrada toda la historia de la música del siglo XX, desde las primeras vanguardias que lo reivindicaron como forma artística, especialmente el futurismo, hasta la actualidad. Aspectos estéticos como la distorsión, la saturación del volumen, la superposición de capas de instrumentos hasta lograr una sensación de caos, la desafinación y la búsqueda de los límites más extremos del sonido han marcado la evolución de muchos géneros musicales, y han resultado un medio de expresión eficaz para varias generaciones de jóvenes que querían manifestar su descontento hacia el orden establecido.

En su primer ensayo, el periodista cultural Oriol Rosell lleva a cabo el ambicioso proyecto de seguir el rastro del ruido en la música popular, y lo hace de manera libre y transversal, proporcionando a cada paso un marco histórico y sociológico tan ameno como conveniente. Así, empieza con la aparición de la distorsión en el rock -a través de la banda inglesa The Kinks-, recorre la normalización del ruido en el rock independiente y expande su mirada hacia escenas como el black metal, el japanoise, la improvisación libre, la música industrial y diferentes fenómenos marginales que han provocado un cortocircuito formidable en nuestra comprensión del acto musical. Por estas páginas asoman figuras como Merzbow, Throbbing Gristle, Mayhem, The Jesus and Mary Chain y otros nombres esenciales que nos desafían a entender el sonido no sólo como fuente de placer, sino también como muestra de dolor, exceso y acto de resistencia.

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El amo, de Santiago Díaz (Alfaguara)

(Foto: composición propia).

Una fría mañana de invierno el cadáver de una adolescente aparece en una parada de autobús del extrarradio madrileño. El equipo del inspector Iván Moreno y del subinspector Jotadé Cortés, el único policía gitano de su comisaría, descubre que se trata de una joven desaparecida misteriosamente años atrás y que ha sido asesinada tras dar a luz. Es la última de una larga lista de secuestradas a las que han matado justo después de ser madres.

Jotadé tiene que enfrentarse a este nuevo caso mientras atraviesa una crisis con Lola, su pareja, e intenta al mismo tiempo ayudar a Lucía, que lidia con un nuevo y turbio incidente en el centro de menores donde ahora reside. Cuando otra chica desaparece, Jotadé tendrá que dejarse guiar por su extraordinaria intuición y mirar en su entorno más cercano, donde desde hace años se esconde una verdad terrible.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

Preguntas sin respuesta fácil: ¿por qué se ejecutaba a la gente hace mil años?

El Medievo es actualmente un periodo en controversia. Por un lado, expresiones como "barbarie u oscuridad medievales" son aún ampliamente utilizadas en los medios para describir hechos violentos o pérdida de derechos humanos. A ésto se le contraponen algunas reinterpretaciones con fines políticos que subrayan los avances intelectuales, científicos y artísticos del periodo: sus renacimientos, el legado clásico que sobrevive o la belleza de las catedrales. Por desgracia, ambos extremos apuntan a un periodo de más de 1.000 años que no se pueden definir, desde la investigación, como algo "simplemente bueno o malo". 

"La urraca sobre la horca" (Die Elster auf dem Galgen), Pieter Brueghel el Viejo, 1568 (Foto: Hessisches Landesmuseum, Darmstadt, Alemania).

Cuando alguien se refiere a la llamada "violencia o barbarie medieval", normalmente habla de los métodos que el poder utilizaba para hacer actuar la justicia. Las penas de muerte y sus diferentes formas suelen ser los mayores ejemplos de esto. Sin embargo, la Edad Media no inventó la pena de muerte, un procedimiento que ya existía en el mundo romano y que pervivió hasta no hace tanto en Europa occidental.

En una nueva investigación publicada en el libro "La horca y el fuego. Una historia social de la pena de muerte en Hispania (700-1200)", por ejemplo, se intenta arrojar luz sobre este tema, lleno de tópicos gracias a las películas, la literatura y parte de la divulgación histórica: brujas quemadas en el fuego entre gritos de júbilo, traidores ahorcados hasta que se deshacen sus cuerpos o inquisidores ansiosos de condenar a muerte son algunas de las recurridas escenas. La realidad que se puede documentar es altamente matizable. Porque… ¿qué sabemos realmente sobre esa época?

Condenas que dependían

En la Alta Edad Media (700-1200) la pena de muerte en los reinos peninsulares representó una forma compleja y su aplicación era poco común. además de complicada de estudiar por la escasez de fuentes. Principalmente se han documentado ahorcamientos, decapitaciones, despeñamientos, muertes por fuego, lapidaciones y ahogamientos en el mar, entre otras. Algunas -como los ahorcamientos- se detectan en casos particulares, leyes y hasta en representaciones de la cultura visual como los capiteles o las iluminaciones de manuscritos. Otras son, por el contrario, conocidas de forma marginal, como el ahogamiento en el mar.

Las razones que llevaban a seleccionar unas u otras formas de ejecutar dependían del crimen cometido, el origen social de los acusados, su sexo, la identidad religiosa o el periodo histórico en que se ejecutaba la pena. A veces la proximidad al poder, incluso familiar, podía ser fatal, como muestran las ejecuciones por traición o rebelión. Sin embargo, el principio de discriminación social era mayoritario cuando el dinero y la propiedad podían salvar de la pena a pesar de las amenazas. Algunas formas de muerte muy conocidas en Europa central -como el castigo de la rueda- eran, por el contrario, totalmente ajenas a los reinos peninsulares.

La crucifixión, un tipo de ejecución romana que había sido relegada al olvido durante la expansión del cristianismo, aún se practicaba ampliamente en los países de religión islámica, puede que como contrapunto al tabú de su utilización en los dominios cristianos. Su mensaje tiene, en los dominios peninsulares, una problemática propia, ya que estas condenas se siguieron utilizando en los dominios andalusíes mientras que, por el contrario, desaparecieron en los reinos cristianos. La cercanía de estos dos espacios legales y jurídicos provocó una proximidad casi única en Europa.

También es sorprendente que tanto el cristianismo como el islam y el judaísmo siguiesen utilizando la lapidación durante el periodo medieval, aunque esté poco documentada. Tal vez su antigüedad era un punto común a las tres religiones, una forma de matar que se disputa.

"Abolición de las ejecuciones por crucifixión por el emperador Constantino". Grabado sobre cobre, J. Luyken, 1690 (Foto: drouot.com).

Debates teológicos y legales

Lo interesante del primer periodo medieval es el continuo diálogo entre las estructuras sociales y legales del mundo romano desaparecido y la aparición de nuevas sociedades, nuevas organizaciones de poder y economía que no se ajustan al pasado imaginado del mundo clásico. La pena de muerte fue parte de esos debates: ¿qué legitimidad tenían el gobernante o las comunidades para aplicar ese tipo de muerte, bajo qué autoridad y en qué casos?

Las discusiones al respecto tenían carácter legal y base teológica, específicamente bíblica. A pesar de la aparente candidez del cristianismo, podían llegar a ser crueles: ¿cómo entender sin pena de muerte la frase de la Biblia que afirma que no se puede dejar con vida a los maléficos? ¿O que "sin derramamiento de sangre no hay perdón"? ¿O también "castigar a los malos no es derramamiento de sangre" según Jerónimo de Estridón?

Ejemplos de penas de muerte

Hay que tener en cuenta también que bajo el sustrato legal de la época, durante siglos las vidas de miles de personas se vieron truncadas por crímenes leves (como el robo por supervivencia) e incluso por razones que hoy ya no son siquiera delito. Desde acusaciones de magia y herejía hasta adulterio u homosexualidad.

Por ejemplo, a finales del siglo XI, el padre de dos hijas que habían robado comida en Castilla fue amenazado con ser despeñado, lanzado desde un precipicio, si no compensaba los gastos. De igual forma, a finales del siglo X, alrededor de Otero de las Dueñas (en la provincia de León), un hombre llamado Brauolio estuvo implicado en una ejecución por unos robos, entre otros asuntos.

Alrededor del año 1.100, en Nájera (La Rioja), una mujer fue amenazada con la muerte por fuego. No se saben exactamente las razones para ello, pero probablemente tuvieron que ver con motivaciones religiosas y sexuales, porque se había convertido del cristianismo al judaísmo y en la documentación aparecían varios hijos tras la muerte de su marido. La asamblea navarra la amenazó con esa muerte terrible y sólo pudo librarse porque huyó, a pesar de los esfuerzos de su comunidad judía por salvarla. La documentación de la búsqueda de ayuda y dinero para ella llegó hasta Egipto.

A principios del 1.200, el caso de una mujer y un caballero ejecutados por el fuego en León llegó hasta Roma. El caballero había castrado a un clérigo por haber mantenido una relación con su mujer. El rey, posiblemente Alfonso IX, condenó a ambos a la hoguera. Solo más tarde, debido a su castración, el clérigo narra al pontífice las circunstancias de su indeseada amputación.

"Decapitación de los profetas", Beato de Liébana, siglo X, Manuscrito Vitr. 14-1 (Foto: Biblioteca Nacional de España).

Luces y sombras

Todas estas muertes hoy se nos antojan caprichosas, irracionales y signos de la barbarie medieval. Pero los principios de actuación penal e incluso el tipo de castigos ya existían de antes y, por supuesto, durarían muchos siglos más. La pena de muerte conviviría con el Renacimiento, las grandes revoluciones científicas y hasta con las más grandes frivolidades de nuestra época. Incluso, recientemente, Israel ha establecido la pena de muerte por ahorcamiento contra los palestinos. Todos signos de que la civilización de nuestra época no se libra de las sombras atribuidas al pasado.

Es imprescindible considerar que, mientras se levantaba la catedral gótica de León, los rastros de las llamas de una ejecución se enfriaban no muy lejos. O que, cuando la magnífica poesía provenzal llegaba hasta Galicia y empataba sus poesías de amor y sátira, alguien moría ejecutado en el mar. Esta mezcla de civilización, de alta y refinada cultura con la violencia, es tan sólo un recordatorio de que la historia no puede solamente evidenciar la dimensión rosa del pasado, sino también sus sombras… como en los mejores crepúsculos.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

Tres escritoras abrieron el debate en la Feria del Libro con una charla atravesada por la política y la literatura

Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada y Leila Guerriero cuestionaron la idea de "literatura femenina" y defendieron la lectura como derecho. El evento tuvo lugar inmediatamente después del cuestionable discurso inaugural del Secretario de Cultura nacional, Leandro Cifelli, el cual recibió abucheos debido a su arenga político-electoral.

De izquierda a derecha, Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada y Leila Guerriero (Foto: prensa Fundación El Libro).

La apertura formal de la 50ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires derivó en una conversación entre las escritoras Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada y Leila Guerriero, quienes abordaron temas vinculados a la literatura, el lenguaje y el contexto social, en un intercambio atravesado también por definiciones políticas.

La charla tuvo lugar inmediatamente después del tenso discurso del Secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, interrumpido por abucheos y protestas, en un clima que marcó el pulso de la jornada inaugural y que también se filtró en las intervenciones de las autoras.

Bajo la coordinación de la periodista María O’Donnell, el encuentro reemplazó el tradicional discurso de apertura a cargo de un único autor. Desde el inicio, Cabezón Cámara imprimió un tono militante al mostrar una consigna estampada en su camisa: "El agua vale más que todo". "La Ley de Glaciares no se toca", explicó antes de leer un texto de carácter poético en defensa de ese recurso natural.

Durante ese tramo, tanto Almada como Guerriero acompañaron el gesto levantando carteles alusivos, ilustrados por Maitena, en una escena que combinó intervención artística y posicionamiento público. Luego, la conversación se desplazó hacia los ejes propuestos: los procesos de escritura, las lecturas formativas y los cruces con otras disciplinas.

Gabriela Cabez+on Cámara y su defensa de los glaciares (Foto: prensa Fundación El Libro).

Uno de los puntos centrales fue el rechazo a la categoría de "literatura femenina", que las tres autoras cuestionaron de manera explícita. "No me gusta, es algo de gueto", sostuvo Guerriero, aunque destacó la creciente visibilidad de las mujeres en el ámbito editorial. En la misma línea, Cabezón Cámara señaló: "Parece rarísimo tener que aclararlo: las mujeres somos seres humanos y los seres humanos escribimos", y amplió la discusión hacia la subrepresentación de otros sectores.

El rol de la lectura como derecho fue otro de los ejes destacados. "La lectura es un derecho", afirmó Almada, quien vinculó esa idea con su experiencia en la escuela pública y advirtió sobre el deterioro del sistema educativo. "En estos días, donde la educación pública está cada vez más desmantelada y los sueldos de los docentes son miserables, eso vulnera el derecho a la lectura de niñas y niños", sostuvo.

En esa línea, Cabezón Cámara afirmó que "la lectura me salvó la vida" y la definió como una herramienta para ampliar horizontes y construir alternativas. "Te ayuda a pensar que siempre hay otros mundos posibles", dijo. Guerriero, por su parte, recordó su formación en bibliotecas populares y describió la lectura como "una vida paralela" que permite acceder a conocimientos inesperados.

El intercambio también incluyó reflexiones sobre el clima social y el uso del lenguaje en el espacio público. Guerriero advirtió sobre una "sociedad infectada por el desprecio" y cuestionó la promoción de discursos hostiles desde el poder. "La degradación es peligro", afirmó, y propuso como respuesta el uso del sarcasmo y la ironía en lugar de la confrontación directa.

Cabezón Cámara definió el presente con una expresión contundente: "necro grotesco", al referirse a las formas de violencia que atraviesan la realidad contemporánea. Almada, en tanto, llamó a ejercer una escritura más cuidadosa frente a ese contexto. "Cuando desde el poder se es tan descuidado con el lenguaje, eso habilita ese mismo desprecio en la sociedad", señaló.

"El desafío para quienes escribimos es hacer un esfuerzo por ser amorosos", concluyó Almada, en una intervención que fue acompañada por aplausos del público.

La conversación, que combinó reflexión literaria y posicionamiento político, se inscribió así en una jornada inaugural marcada por la tensión, pero también por la centralidad del debate cultural en el principal evento editorial del país.

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas / redacción propia)

viernes, 24 de abril de 2026

Lecturas de fin de semana: tres ficciones y un manual para escribir nuestra propia película

Como solemos hacer casi todos los viernes desde este espacio, van cuatro textos para llevar de compañeros durante el descanso que significan sábado y domingo. Y, por qué no, hacerlos extensivos para la siguiente semana laboral y más allá. Con irregular presencia en librerías, se pueden comprar y descargar en formato digital desde este post.

(Foto: composición propia).

La miserable vida de un trabajador que cambia repentina e inesperadamente de manera tragicómica; un detective que, sin quererlo, descubre que el médico de una prisión está llevando a cabo un experimento con cerebros humanos; una joven india es secuestrada y obligada a relatar sus crímenes "online", para una serie de personas que fueron perjudicadas; finalmente, vamos a descubrir que para escribir un guión cinematográfico basta con tener una buena historia y la voluntad  de contarla.

Las propuestas de este viernes no podrían ser más heterogéneas pero, sin embargo, tienen un denominador común: son novedades publicadas entre marzo y el corriente mes.

Camionero, de Marco García de Novales (Letrame)

(Foto: composición propia).

Evaristo tiene cincuenta y tres años y una vida que se ha ido hundiendo con la misma elegancia que el sofá deformado donde duerme a diario. Conduce un Renault Megane del 97 que amenaza con arder cada mañana y trabaja para un jefe que le paga por firmar papeles cuya utilidad ni el propio universo parece comprender. Años atrás fue un empresario que rozó el cielo; ahora malvive, intentando sortear las broncas conyugales, las pullas de su suegra y los cafés con sabor a gasoil que le sirve su amigo Antonio.

Su existencia es tan gris que incluso soñar con vacaciones le parece una falta de respeto a su economía. Un día, tras un golpe de suerte, Evaristo hace justo lo contrario a lo que haría cualquier persona y su vida cambia por completo y para siempre.

"Camionero" es una tragicomedia tan ácida como entrañable sobre la derrota cotidiana y la remota posibilidad de redención. Con ironía y una prosa afilada, el debutante Marco García de Novales retrata una España castiza, canalla y peligrosamente reconocible. Haciendo un paralelo con el cine, se encuentra a medio camino entre el humor negro de los hermanos Coen y la sátira inmortal de Luis García Berlanga. Una novela que hace reír, incomoda y, cuando menos se espera, aprieta donde duele.

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¿Así que querés escribir una película?, de Andy Sierra (Bubok Publishing)

(Foto: composición propia).

Todo el mundo tiene una película en la cabeza: una historia que le gustaría contar, un personaje que merece ser conocido en todo el mundo, un momento de su vida que merece ser visto en la gran pantalla. Pero muy pocos se atreven a escribirla. "¿Así que quieres escribir una película?" nace de esa idea: demostrar que contar una historia para cine no es un privilegio de unos pocos, sino una habilidad que puede aprenderse.

El libro aborda los fundamentos esenciales del "storytelling": la construcción de ideas, el desarrollo de personajes, la estructura de tres actos, el uso del género y el proceso de escritura y reescritura de un guión, convirtiéndose en una guía para transformar una idea en una historia, y una historia en un guión.

A lo largo de sus capítulos, el lector encontrará explicaciones claras, ejemplos prácticos y ejercicios diseñados para aplicar lo aprendido y avanzar en el desarrollo de su propia historia. Porque escribir una película no es sólo para expertos, es para cualquier persona que tenga algo que contar.

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Animal colonial, de Rodrigo Rey Rosa (Alfaguara)

(Foto: composición propia).

Silencio viaja desde La Haya a un país imaginario de Centroamérica para investigar lo que sucede en el interior de una prisión inteligente: el Infiernón. Entre los prisioneros se encuentra Esteban, un joven estudiante de cine encerrado injustamente cuando comienza a trabajar en un documental sobre la vida de las maras.

Mientras un detective privado mete las narices -literalmente- en el alcantarillado del presidio para trazar un plan de fuga fraguado por un familiar de Esteban, La Haya ordena investigar las condiciones de la prisión. Así se descubre que el médico del recinto ha diseñado una red de cerebros interconectados que aspira a redimir a los presos, convirtiéndolos en un único organismo pensante.

Con la prosa afilada y el humor sombrío que lo caracterizan, Rodrigo Rey Rosa construye una novela vertiginosa sobre el sueño de la justicia en el trópico, donde la migración, el encarcelamiento masivo, la tecnología y el inframundo maya se entrelazan con una gracia siniestra.

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Las siete vidas de Devi, de Vikas Swarup (Destino)

(Foto: composición propia).

Una joven es secuestrada en Bombay. El hombre que la mantiene como rehén amenaza con matarla si no revela los crímenes de su turbio pasado, confesión que será grabada y transmitida en línea a diez desconocidos. Cada uno tiene una cuenta pendiente con ella y ofertará por su vida como si se tratara de una subasta. El ganador, además de recibir la prueba irrefutable de su culpabilidad, obtendrá el poder de cobrar venganza.

Convertida en la protagonista de un peculiar y mortal "reality show", Devi contará la increíble verdad detrás de sus siete vidas: la historia de la infancia y primera juventud de una niña huérfana que no solamente cambió de nombre, sino que fue capaz de estafar, robar e incluso matar en su afán por sobrevivir.

Suspenso y realismo crudo se conjugan en una insólita historia de resistencia entre los límites cambiantes del desconsuelo y la esperanza. "Las siete vidas de Devi" es una novela estremecedora que nos interna en el alma de una joven marcada por la desdicha y el abuso, pero también por el cariño y la amistad, cuyo destino se ve envuelto en una madeja de revelaciones de la que no saldrá ilesa.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

Lanzan nuevas grabaciones de Charles Mingus y Art Blakey, dos leyendas del jazz con un inmenso legado

La reedición de un show del contrabajista y el hallazgo de un registro en vivo del baterista, evidencian no solamente su virtuosismo instrumental sino, sobre todo, el enorme poder transformador que tuvieron.

(Foto: composición propia).

Con el tiempo, se abren las aguas de un océano de música que siempre guarda una sorpresa escondida. La reedición del álbum "Mingus at Monterey", de Charles Mingus y la publicación de "Strasbourg 82", de Art Blakey y sus Jazz Messengers representan un tipo de descubrimiento que nunca parece llegar tarde. Es, además, un acontecimiento relevante para amantes del jazz y una puerta entreabierta para los recién iniciados, incluso una invitación para quienes todavía no se hayan acercado a una música libre y espiritual. Ambos discos, cada uno de un hombre relevante y sus circunstancias en la historia del jazz, ofrecen una nueva perspectiva sobre la aportación de dos líderes esenciales en la evolución del género.

Charles Mingus (1922-1979) fue un contrabajista, pianista, director de banda y compositor estadounidense de jazz destacado por fusionar solos improvisados con secciones de composición libre, moldeando e incluso superando las corrientes de este género en las décadas de 1950, 1960 y 1970. Tal su relevancia.

Charles Mingus se distingue como uno de los arquitectos más versátiles y ambiciosos del jazz posterior a Duke Ellington (Foto: Wikipedia).

Art Blakey (1919-1990) fue un baterista que elevó la influencia de su rol dentro del expresivo hard bop, al punto de situar a la batería como instrumento solista. Reconocido por su destreza en los solos, desarrolló una técnica basada en contrastes: iniciaba con leves vibraciones sobre el instrumento y, en cuestión de segundos, lograba transiciones hacia secuencias energéticas y frenéticas, empleando redobles y contratiempos característicos. Su influencia resultó, a su vez, fundamental para consolidar la identidad sonora del bebop.

El valor histórico y musical de estos lanzamientos radica en que permiten revisitar instantes cruciales en las trayectorias de ambos artistas. La reedición de "Mingus at Monterey", registrada en septiembre de 1964 durante el Monterey Jazz Festival en California, revive una etapa donde el bajista y compositor desplegó una influyente creatividad. Y la aparición de "Strasbourg 82" recoge un concierto inédito de Art Blakey en Francia, un testimonio de la energía y el impulso renovador con que el baterista moldeaba a los Jazz Messengers.

(Foto: composición propia).

Mingus at Monterey

Mingus es uno de los arquitectos más versátiles y ambiciosos del jazz tras la era de Duke Ellington, a quien reconocía como su principal referente. La música de Mingus combina escritura elaborada e improvisación, integrando distintas personalidades musicales en un entorno comunitario. En este registro en vivo estuvo acompañado por el pianista Jaki Byard y el baterista Dannie Richmond, ambos procedentes de su anterior sexteto con Eric Dolphy, además del saxofonista alto Charles McPherson, el tenor John Handy y el trompetista Lonnie Hillyer.

La actuación inicia con un "medley" dedicado a Ellington: abre tocando la melodía de "I’ve Got It Bad (And That Ain’t Good)" en el contrabajo y continua improvisando sobre esa base. El segmento concluye con una vibrante versión de "Take the A Train", el himno de la banda de Ellington compuesto por Billy Strayhorn. Después, Mingus presenta sus propias piezas: "Orange Was the Color of Her Dress, Then Blue Silk", reconocida por sus constantes cambios de ritmo, y la extensa "Meditations on Integration", en la que expande el grupo a doce músicos. Concebida como protesta y plegaria en plena época de los derechos civiles, la obra une pasajes escritos y secciones improvisadas, que fusionan elementos melódicos y atonales. Libre y salvaje, con una duración cercana a los 25 minutos, genera una lógica ovación.

Art Blakey expandió los límites de su instrumento dentro del jazz hasta convertirlo en líder de banda (Foto: Wikipedia).

Strasbourg 82

Imposible hablar de Art Blakey sin mencionar a los Jazz Messengers, la formación instrumental fundada a mediados de la década de 1950 y reconocida como una auténtica "universidad" para los músicos que pasaron por sus filas: entre ellos, Lee Morgan, Freddie Hubbard, Wynton Marsalis y Terence Blanchard, todos ellos intérpretes y compositores que desarrollaron parte fundamental de sus carreras allí. He aquí un dato distintivo del legado de Blakey: favoreció que los miembros de la banda aportaran sus propias composiciones, contribuyendo así al repertorio y al crecimiento individual de cada uno de ellos.

La grabación "Strasbourg 82" ilustra el carácter de este laboratorio creativo. El concierto abre con "Little Man", obra del bajista Charles Fambrough, donde la exposición colectiva da paso a una serie de solos, todos propulsados por el liderazgo rítmico del baterista líder. Sus redobles de percusión, golpes de platillos y juego de acentos potencian el desarrollo de improvisaciones en instrumentos como el saxo alto de Donald Harrison, la trompeta de Terence Blanchard y el saxo tenor de Billy Pierce, mientras Johnny O’Neal refuerza la base armónica desde el piano.

(Foto: composición propia).

El repertorio profundiza en la memoria de antiguos Messengers con piezas como "Fuller Love", del saxofonista Bobby Watson, y "New York", creación del pianista Donald Brown. Los tributos a la célebre etapa de 1958 se presentan en las interpretaciones de "Along Came Betty" y "Blues March", ambas de Benny Golson, junto a la clásica "Moanin’" de Bobby Timmons, cuya introducción desata una inmediata ovación del público francés.

(Fuente: All About Jazz / Wikipedia / varios / redacción propia)

jueves, 23 de abril de 2026

Preguntas que inquietan: cuando la inteligencia artificial interviene en ciencia, ¿quién hace las grandes preguntas?

Además de responder preguntas o redactar textos, modelos de lenguaje como GPT, Claude o Gemini ejecutan código, analizan datos e, incluso, llevan a cabo experimentos en laboratorios robotizados. Google ha bautizado esta idea como "co-scientist": un asistente virtual capaz de diseñar, planificar y ejecutar experimentos completos a partir de simples instrucciones en lenguaje natural.

(Foto: Sergei Shimanovich / Shutterstock).

Esta tecnología ya empieza a dar resultados. En colaboración con universidades como Stanford o Imperial College, el co-scientist ha planteado mecanismos biológicos desconocidos, ha sugerido tratamientos potenciales para enfermedades como la fibrosis hepática y ha automatizado parte del proceso de descubrimiento científico. Otros proyectos como Future House siguen una línea similar, llevando la automatización de la ciencia a un nivel que hace solo cinco años habría parecido ciencia ficción.

A esta revolución se suma un cambio en los hábitos de los propios investigadores. Una encuesta reciente de la prestigiosa publicación Nature reveló que el 81 % de los científicos ya utiliza herramientas como ChatGPT en alguna fase de su trabajo: desde escribir artículos hasta generar hipótesis o redactar propuestas de financiación. La integración de la inteligencia artificial en la ciencia avanza a una velocidad sin precedentes, pero nuestra reflexión crítica sobre su impacto no lo está haciendo al mismo ritmo.

Ventajas evidentes, riesgos claros


La IA puede ayudarnos a escribir mejor, superar barreras idiomáticas y explorar datos complejos. Pero también introduce riesgos importantes.

En primer lugar, está el problema de la creatividad perdida. Un análisis de más de 45 millones de artículos y casi 4 millones de patentes mostró que, desde mediados del siglo XX, la proporción de trabajos realmente disruptivos ha caído de manera sostenida.

La ciencia avanza, sí, pero cada vez lo hace más por pasos pequeños que por saltos transformadores. Si empezamos a usar modelos de lenguaje para redactar propuestas o generar ideas, es probable que reforcemos esta tendencia: al estar entrenados en investigaciones pasadas, tienden a reproducir los enfoques dominantes y a evitar lo radicalmente nuevo.

Un modelo de IA puede llevar las leyes de Newton hasta sus límites, pero no inventaría la teoría de la relatividad. Puede escribir miles de variantes de un artículo sobre mecánica clásica, pero no preguntaría si el gato de Schrödinger está vivo o muerto porque nunca habría inventado la mecánica cuántica.

Una máquina no puede tener nuevas ideas

La innovación profunda requiere intuición, imaginación y la capacidad de desafiar paradigmas, atributos que hoy siguen siendo profundamente humanos.

Existen también riesgos éticos. La IA puede fabricar datos, exagerar resultados, o proponer experimentos basados en premisas falsas, sin que el usuario lo detecte.

Incluso, puede influir en la opinión pública y en la producción científica de forma masiva, como ya ocurrió con la industria del azúcar en los años 1960, cuando promovió investigaciones que desviaban la atención de sus efectos sobre la salud para culpar a las grasas.

Con herramientas capaces de generar texto persuasivo a escala industrial, la manipulación podría ser mucho más efectiva. Además, si las plataformas avanzadas quedan concentradas en pocas empresas o países, la capacidad de descubrimiento científico podría quedar monopolizada y generar nuevas formas de desigualdad científica y tecnológica.

¿Y si una máquina es el autor y el revisor a la vez?

Un escenario aún más inquietante es la delegación simultánea de la escritura y la evaluación de propuestas a modelos de lenguaje. No es ciencia ficción: un estudio reciente muestra que uno de cada cinco investigadores ya utiliza IA en la revisión por pares, y entre el 7 % y el 17 % de las revisiones en congresos científicos sobre IA han sido modificadas significativamente con estas herramientas.

Si una IA genera una propuesta y otra IA la evalúa, entramos en un sistema autorreferencial donde los modelos reproducen sus propios sesgos y donde la creatividad humana queda relegada. Esto podría atrapar a la ciencia en una espiral, anulando el tipo de descubrimiento transformador que ha caracterizado los grandes saltos de la historia científica.

Un marco ético para proteger la ciencia

Para evitar estos riesgos, siguen una serie de principios éticos que permitan integrar los grandes modelos de lenguaje sin comprometer la integridad científica:

Abordar los sesgos de manera sistemática. La IA no es neutral. Necesita auditorías continuas, equipos interdisciplinares y mecanismos externos que detecten sesgos invisibles para los propios expertos.

Exigir transparencia total. Los investigadores deben documentar datos, parámetros y decisiones tomadas por los modelos, además de usar técnicas de explicabilidad que permitan entender cómo se llegó a una conclusión.

Aclarar la atribución y la propiedad intelectual. La frontera entre ayuda y autoría se difumina. Necesitamos normas claras sobre qué parte del contenido es humana y cuál generada por IA.

Garantizar responsabilidad humana. Todo lo producido por IA debe ser verificado por científicos. No puede haber decisiones automáticas sin supervisión.

Proteger la investigación transformadora. Hay que evitar que la IA empuje a la ciencia hacia lo cómodo. Las agencias deben apoyar proyectos arriesgados, interdisciplinarios y radicales.

Redefinir el papel del científico. Debemos reforzar la intuición, el pensamiento crítico, la ética y la visión a largo plazo.

Crear sistemas de gobernanza adaptativos. La tecnología evoluciona demasiado rápido para regulaciones estáticas. Necesitamos supervisión continua y flexible.

Reducir la dependencia de modelos privativos. La ciencia no puede depender de unas pocas plataformas comerciales. Debemos promover ecosistemas abiertos, diversos y resilientes.

La IA puede acelerar la ciencia de forma extraordinaria. Pero, si no actuamos con cuidado, podría también empobrecerla, hacerla menos creativa, más desigual y menos confiable. En un momento en el que el planeta enfrenta desafíos urgentes, necesitamos herramientas poderosas, sí, pero también rigurosas, transparentes y profundamente humanas.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

Horror, policial, superstición y tradición folklórica mexicana: poniendo la lupa sobre Bernardo Esquinca

Escritor irreverente y arriesgado, el oriundo de Guadalajara está al frente de la movida llamada "ficción de lo extraño" y no tiene pudor de adentrarse en varios subgéneros. Todos publicados por Almadía, sus trabajos tienen irregular presencia en las librerías de nuestro país, pero desde este espacio facilitamos la compra y descarga de seis de ellos en formato digital y a un precio más que conveniente.

(Foto: composición propia).

Tres novelas y tres volúmenes de cuentos es lo que este blog propone hoy para presentar a Bernardo Esquinca, uno de los escritores actuales precursores del relato de terror en habla hispana. Creador del personaje Sarasola, un periodista torturado y venido a menos que protagoniza una saga de novelas de su autoría, se erigió desde hace unos años como un "boom" editorial con sobrados méritos para ocupar el lugar que hoy le toca. 

El coterráneo narrador y ensayista Vicente Francisco Torres dijo de su producción que "el conjunto de sus libros constituye una obra coherente porque sus temas y obsesiones reaparecen bajo una luz distinta siempre: Eros y Tánatos, los sueños, la nota roja, los insectos, la pareja amorosa, los manicomios, el mal, la ficción científica, los recursos del relato policial y de terror".

Toda la sangre (2013)

(Foto: composición propia).

El periodista Casasola (a secas) lleva a cabo una investigación sobre indigentes para el Semanario Sensacional, en las ruinas del Museo del Templo Mayor son encontrados corazones humanos. Casasola debe buscar a Quintana, reportero especial designado a estos casos, quien está perdido en una de sus parrandas alcohólicas de costumbre. Luego de que unos cadáveres mutilados sean arrojados en las ruinas de Tlatelolco, Casasola contacta a Elisa Matos, investigadora del INAH, quien le ayuda a conjeturar la personalidad y el plan del asesino. Todos los sitios prehispánicos de la Ciudad de México pronto se ven marcadas por las tétricas ofrendas del Asesino Ritual.

Hay personajes que defienden el poder de los antiguos rituales y afirman que la religión cristiana es la causa de la debilidad y decadencia del pueblo mexicano. Un antiguo e indescifrable códice prehispánico está a punto de volver al país y complicarlo todo. Los sótanos de la Catedral Metropolitana revelan un oscuro secreto que lleva años ocultándose en los túneles del sótano. Al centro de la trama, un reportero y sus ganas de contar la verdad detrás de una serie de hechos fantásticos y aterradores.

Sin duda alguna estamos ante la novela más ambiciosa del autor. De excelente factura, desarrolla una trama fundamentalmente en el presente, pero sus raíces del pasado prehispánico revelan una herencia mística y tétrica a la vez. Aparecen una serie de personajes que dotan de complejidad moral, psicológica y anímica a la trama. La prosa es clara y directa, atenta a construir la tensión característica del género negro, pero además a enriquecerse mediante la descripción de atmósferas y los discursos de los personajes. Hay una gran historia respaldada por una escritura firme, que no escatima giros novedosos, pequeñas anécdotas que completan el cuadro de una ciudad que vive sin atender su pasado.

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Carne de ataúd (2016)

(Foto: composición propia).

Eugenio Casasola, el protagonista de esta historia, perdió a su amor de juventud, la prostituta Murcia, a manos del asesino serial conocido como el Chalequero. Madame Guillot es la médium que lo ayuda a comunicarse con el espíritu de su amada, y quien lo lleva a conocer los secretos del Más Allá. Mientras tanto, la figura de Porfirio Díaz, a quien el pueblo llama el Dictador, el Déspota, para no pronunciar su nombre, se cierne sobre todas las cosas, como el ojo que todo lo ve, el juez y el verdugo de un país entero.

En ese escenario se llevará a cabo la búsqueda de un nuevo asesino que ha llevado más lejos el derramamiento de sangre, y Eugenio pronto se verá atrapado en una búsqueda de la verdad y en la lucha por su vida. La nueva novela de la Saga Casasola es una rareza en la continuidad de la serie, pues desarrolla la historia de un antepasado del periodista que hemos visto en acción en novelas como "Toda la sangre". En ella encontraremos alianzas insospechadas, peligrosas investigaciones que auguran un atisbo de verdad, una venganza en nombre de un antiguo amor, amenazas que parecen provenir del reino de los vivos, pero también de un Más Allá desconocido y aterrador.

Como en cada una de sus novelas, Bernardo Esquinca nos cuenta una historia de crimen e investigación, al tiempo que hace una crónica aguda del espíritu de la época que permite las formas de violencia que disparan la trama. En "Carne de ataúd", encontramos personajes que reflejan las polémicas de los albores del siglo XX: como Carlos Roumagnac, inspector de la policía y científico social, quien pretende confiar el futuro de la investigación y la aplicación de la justicia a teorías peseudocientíficas que criminalizan a los habitantes de los barrios bajos; y a Rafael Reyes Spíndola, director de El Imparcial, quien está convencido de que el futuro del periodismo se encuentra en el crimen, puesto que las ventas del diario se han disparado desde que Casasola sigue el caso del probable regreso del asesino conocido como el Chalequero.

Así, mientras los privilegiados leen las desgracias del populacho desde la comodidad de su hogar, en el país se fraguan las conspiraciones y las violencias que marcarán su historia para siempre.

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Inframundo (2017)

(Foto: composición propia).

Casasola, luego de enfrentar asesinos de extraña naturaleza y otros peligros fuera de este mundo, se dedica a editar el mensuario del Museo Nacional de Arte, mientras sostiene una relación con Dafne, una exbailarina metida a escort, a punto de retirarse. Al mismo tiempo, un libro legendario pugna por aparecer en el presente.

Se trata de un tomo que posee a sus dueños, y que les habla con la voz de los muertos, a la vez que los incita a cometer toda clase de crímenes. La Ciudad de México es el escenario de un enfrentamiento: los vivos y los muertos deberán librar una batalla en la que se decidirá la permanencia del equilibrio y la humanidad, o el reinado del caos. El Consejo de Periodistas de Nota Roja Muertos, encabezado por Eugenio, el abuelo de Casasola, se unirá al protagonista para frenar la amenaza que se cierne sobre el mundo.

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Demonia (2012)

(Foto: composición propia).

Un hombre está convencido de que las moscas forman una legión infernal que busca exterminarlo. La fantasmagórica sombra que espía el sueño de una joven pareja es el heraldo de una antigua maldición caribeña. Un asesino secuestra niños para torturarlos, copiando el estilo de un famoso criminal del siglo XV. Extraños seres cuyas apariciones están supuestamente relacionadas con las desgracias que ocurren en el mundo. Un grupo de amigos se enfrenta al recuerdo de la posesión satánica que desequilibró sus vidas veinte años atrás.

"Demonia" ofrece nueve relatos que recorren el amplio espectro de nuestras pesadillas y temores más arraigados. Conforme nos adentremos en el libro, encontraremos obsesiones y enigmas recurrentes con los que este autor infecta cada historia. Las formas subterráneas de los relatos nacen de las zonas oscuras de la experiencia, para volverse una forma ambigua del conocimiento. Y el mal -abstracto, sobrenatural, mítico- se presenta como un contagio del espíritu: virus perverso que potencia las pulsiones de nuestro lado oscuro.

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Mar negro (2014)

(Foto: composición propia).

Hay mucho en estas páginas: criaturas mutantes que prosperan al cobijo de la laguna de Bacalar; unos gemelos conectados con Neil Armstrong y con el lado oscuro de la Luna; una mujer empeñada en revivir -a cualquier costo- a su amante muerto; un coleccionista de muñecas embrujadas que recibe un misterioso regalo, y un vampiro que escapa de su tumba en la ciudad búlgara de Sozopol. Esta última referencia al Mar Negro representa el espíritu del libro: un estado del alma donde lo sobrenatural es posible.

Una extensión que, sobre todo, se localiza en el interior de la mente; en las supersticiones y los abismos creados por la imaginación. Para comprenderlo, es necesario nadar en las profundidades de estas aguas.

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Rey lepra (2025)

(Foto: composición propia).

Este trabajo representa la consagración definitiva de Esquinca como una de las voces más importantes del terror contemporáneo en lengua española. Esta colección de doce relatos trasciende las fronteras del género fantástico para convertirse en un diagnóstico de los males que aquejan a la sociedad global del siglo XXI.

El autor mexicano construye un atlas del horror que va desde las sabanas del Parque Nacional Kruger en Sudáfrica hasta los barrios de Guadalajara, desde los restaurantes exclusivos de Nueva York hasta las colonias marginales de la Ciudad de México. En este volumen de relatos se dan cita los extremos del consumismo gastronómico, la fascinación mórbida de las clases privilegiada por la violencia, los miedos primordiales de la infancia y cómo se transforman en traumas duraderos, los límites de la vanidad como enfermedad, asesinatos, sectas y trastornos individuales que terminan por convertirse en metástasis sociales.

La prosa de Esquinca ha alcanzado aquí una madurez excepcional. Su capacidad para crear atmósferas inquietantes a través del detalle preciso y la acumulación gradual de tensión lo sitúa entre los grandes maestros del género. Se trata de la literatura de horror como recurso para iluminar las zonas más oscuras de la experiencia humana contemporánea. 

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(Fuente: bajalibros.com / Wikipedia / varios / redacción propia)