viernes, 26 de junio de 2026

El blog se toma una semana de vacaciones de invierno

 

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Para leer el fin de semana y más allá: cuatro recomendados a los que bien podemos decirles "clásicos"

Burgess, García Márquez, Cortázar y Kafka son los nombres que proponemos para este último fin de semana de junio. Libros que para muchos serán una relectura más que un descubrimiento. Se pueden comprar y descargar en formato digital desde este post, pero se consiguen fácilmente en librerías y ferias, en sus múltiples ediciones.

(Foto: composición propia).

Hoy no hay novedades, y mucho menos sorpresas. Simplemente proponemos cuatro trabajos tan conocidos, tan familiares podría decirse, que estamos seguros de que la mayoría de nuestros seguidores habrán leído al menos un par de ellos, y quizás más de una vez. Para los neófitos, en cambio, serán quizás un maravilloso mundo en el que adentrarse, así que a ellos también va dedicado este post.

La naranja mecánica (Anthony Burgess, 1962)

(Foto: composición propia).

Al quinceañero Alex le gustan los latigazos de ultraviolencia. Junto a su pandilla de amigos, roban, matan y violan en un futuro de pesadilla, hasta que el Estado pone fin a sus desmanes. Pero ¿qué significará para él su reeducación? ¿Será, quizás, peor el remedio que la enfermedad? "La naranja mecánica" es una historia de horror distópico, una comedia negra, una exploración de la capacidad de elección, pero también es una obra llena de invención donde se creó un nuevo lenguaje para sus personajes. Fue llevada al cine por Stanley Kubrick en 1971, en una exitosa y polémica versión.

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Cien años de soledad (Gabriel García Márquez, 1967)

(Foto: composición propia).

Novela ya legendaria en los anales de la literatura universal, es una de las aventuras escritas más fascinantes de nuestra historia. Millones de ejemplares leídos en todas las lenguas y el Premio Nobel de Literatura coronando una obra que se había abierto paso "boca a boca" -como le gustaba decir a García Márquez- son la más palpable demostración de que la aventura fabulosa de la familia Buendía-Iguarán, con sus milagros, fantasías, obsesiones, tragedias, incestos, adulterios, rebeldías, descubrimientos y condenas, representaba al mismo tiempo el mito y la historia, la tragedia y el amor del mundo entero.

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El proceso (Franz Kafka, 1925)

(Foto: composición propia).

Josef K., el protagonista, es acusado de un delito que nunca llegará a conocer y se ve envuelto en una maraña de la que no podrá salir. Nadie sabe quién dirige los engranajes que propician la detención y el posterior proceso. La situación en la que se encuentra el protagonista, a pesar de ser aparentemente absurda, se nos hace muy verosímil. En la novela aparecen abogados, jueces, ujieres, guardianes que, en conjunto, dan una imagen impactante de los mecanismos de la Ley y del Estado. En Josef K. irá creciendo un sentimiento de culpa que conllevará su sumisión ante el proceso y que dará lugar al inesperado final.

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Rayuela (Julio Cortázar, 1963)

(Foto: composición propia).

Un verdadero artefacto literario que con poesía, música y originalidad recorre en un mismo viaje París, Buenos Aires y los rincones más inaccesibles de un grupo de personas que, en el afán de encontrarse, se escapan de sí mismas. Cortázar supo condensar sus obsesiones estéticas, literarias y vitales a partir de un mosaico diverso, profundo, inagotable que, a su vez, refleja de forma maravillosa lo más esencial de su época. El amor turbulento de Oliveira y La Maga, los amigos del Club de la Serpiente, las impredecibles caminatas por París -la ciudad que promete el cielo pero puede conducir al infierno-, encuentran su contracara en la aventura protagonizada por Oliveira, Talita y Traveler en Buenos Aires. Un libro único, abierto a múltiples lecturas, lúdico, complejo, lleno de riesgo y humor, de una originalidad sin precedentes.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

Mega data centers de IA: cómo se regulan en América Latina y Europa y qué puede pasar en Argentina

En nuestro país no existen aún regulaciones específicas relacionadas con la instalación de mega data centers como los que se instalarían en la Patagonia. Las principales dudas están relacionadas con el uso del agua y la energía que requieren, y el verdadero impacto sobre la economía local. La Unión Europea y países como Chile o Brasil están más avanzados en materia de normativas especiales.

(Foto: Shutterstock).

El gobierno de Javier Milei busca atraer inversiones a través del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Un sector que se mostró interesado es el de los mega data centers, infraestructura clave para sostener el boom de la inteligencia artificial. 

En octubre de 2025 se anunció una potencial inversión de hasta 25 mil millones de dólares para un mega data center de 500 MW en la Patagonia. El anuncio fue realizado por la empresa Stargate Argentina, que firmó una carta de compromiso con OpenAI, responsable de ChatGPT.

"El objetivo es comenzar la construcción en 2026 con la idea de tenerlo operativo a principios de 2027 y empezar a escalar hasta su capacidad máxima", indicó Emiliano Kargieman, CEO de Stargate, en una entrevista.

En Argentina no hay regulaciones comerciales, impositivas o ambientales relacionadas con este tipo de inversiones. En la Patagonia, las comunidades temen que se agrave la falta de agua y los problemas ambientales en una región como Vaca Muerta, que aún no recibe el tan mentado "derrame económico" de la actividad petrolera. ¿En qué se diferencia la situación Argentina con la del resto de América Latina y con Europa, región que está avanzando con regulaciones?

Sin regulaciones específicas en Argentina

Por el momento, el marco legal nacional para recibir estas inversiones es el RIGI. Argentina no posee normativas específicas sobre data centers. En las provincias candidatas tampoco hay regulaciones. "De momento, no hay normativas específicas. Son tecnologías de implementación muy nuevas y complementarias al desarrollo de los hidrocarburos. Se está comenzando a trabajar", indicaron desde Secretaría de Ambiente y Recursos Naturales de Neuquén.

Por su parte, Brasil implementó el régimen REDATA (Medida Provisoria 1318/2025), que combina incentivos fiscales como las que ofrece el RIGI, con exigencias de sustentabilidad e inversión en investigación y desarrollo (I+D) dentro del país

Chile cuenta con un Plan Nacional de Data Centers 2024-2030, que establece lineamientos claros para atraer inversiones y ofrece guías técnicas de permisos críticos

Y Europa implementó una directiva de eficiencia energética que obliga el monitoreo y reporte público de datos para centros con una demanda superior a 0,5 MW. 

"Se necesitan regulaciones no sólo de protección ambiental, sino también de protección de datos personales y que se les exija darle prioridad a las comunidades locales. Además, es importante que se obligue a hacer auditorías permanentes de consumo energético e hídrico, y que los titulares de los data centers se ocupen de las tareas reparatorias del impacto ambiental", explicó Beatriz Busaniche, presidenta de la Fundación Vía Libre.

Cuánta energía necesitan

La escala del proyecto de Stargate (hasta 500 MW) requeriría fuentes masivas de energía como el gas y petróleo que se extrae de Vaca Muerta o las represas hidroeléctricas de la Patagonia.

El uso de combustibles fósiles incrementa la huella de carbono e impacta en las emisiones de gases responsables del cambio climático. Kargieman aseguró que la Patagonia ofrece mucho potencial de energías limpias, sobre todo eólica, pero también hidráulica, y no descartó el uso de energía nuclear.

A nivel internacional, la tendencia es la transición hacia energía 100% renovable. Brasil ya lo exige para otorgar beneficios fiscales a través del REDATA, y Chile orienta sus proyectos hacia zonas con excedentes de energía solar y eólica. Por su parte, Europa está buscando que estos centros no sólo consuman energías renovables, sino que sean eficientes y transparentes en su impacto sobre la red eléctrica general.

Otro desafío para Argentina será integrar estos data center a la red eléctrica. "Se necesitan fuentes de energía capaces de sostener el consumo de estas instalaciones. Porque si no puede ocurrir lo que ya pasa en EE.UU., donde las comunidades cercanas se están quedando sin luz o pagan una energía carísima", recordó Busaniche.

Los data center ya representan el 1,5% de la electricidad mundial (415 TWh) y se proyecta que se duplique para 2030.

Por qué la polémica sobre el uso del agua


Los data center requieren grandes volúmenes de agua, de manera directa para refrigerar los equipos informáticos, e indirecta, por ejemplo, para producir la electricidad que consumen. Si la generación es a partir de combustibles fósiles, esa huella hídrica se incrementa.

Algunos países utilizan el Water Usage Effectiveness (WUE) para fijar exigencias o incentivos para la instalación y funcionamiento de data center. Un WUE de 1 l/kWh indica que consume un litro por cada kilowatt-hora demandado. El plan nacional de Chile menciona centros de datos que tienen un WUE de 0,2 l/kWh. El REDATA de Brasil exige un WUE de 0,05 l/kWh

En la Patagonia, este consumo competiría directamente con la ya elevada demanda hídrica del fracking en Vaca Muerta, en una zona que registra caudales históricamente bajos en sus ríos.

Cada pozo puede consumir hasta 60.000 m³ anuales, y en 2025 la actividad acumulaba 17.300 pozos en todo el país, con un consumo total estimado en más de 1.038 millones de m³.

Las dudas sobre la generación de empleo local


Expertos señalan que estos proyectos son "economías de enclave": suponen grandes inversiones, pero no generan muchos empleos directos

"Pueden consumir millones de litros de agua y enormes cantidades de energía, mientras emplean a 50 o 60 personas. Lo que deja en la región es mínimo", señaló Alan Rocha, comunicador social experto en extractivismo e investigador del Observatorio Petrolero Sur.

El RIGI no tiene ninguna obligatoriedad sobre "empleo nacional". Sobre los proveedores, se exige que un mínimo del 20% de la inversión sea local del total destinado al pago de proveedores, tanto en la etapa de construcción como de operación. Pero con una salvedad: siempre que la oferta local esté disponible y en condiciones de mercado.

En contraste, Brasil exige inversión en I+D local para asegurar que la tecnología deje capacidades instaladas. Y el plan de Chile busca promover acuerdos entre el Estado y las empresas para garantizar el acceso a la infraestructura de cómputo para instituciones I+D nacionales.

A su vez, Europa y Chile promueven una gobernanza con participación de las comunidades locales. Y exigen reportes de sostenibilidad sobre uso de recursos y la rendición de cuentas como puente para minimizar las tensiones con la sociedad civil. Todo lo contrario a lo que está sucediendo en nuestro país, donde el asunto podría resumirse en que cada gigante tecnológico haga lo que desee con nuestros recursos.

(Fuente: pulitzercenter.org / Página 12 / varios / redacción propia)

jueves, 25 de junio de 2026

Agenda Cultural: el Palacio Libertad, originalmente llamado Centro Cultural Kirchner, presenta sus propuestas para concluir el mes de junio

El imponente complejo multidisciplinario -ubicado en Sarmiento 151, CABA- ofrece mucha música, danza, teatro, escultura, fotografía y cine francés. Todo, como siempre, con entrada libre y gratuita para toda la comunidad.

El fantasma de la ópera, con la Sinfónica Nacional General San Martín

(Foto: prensa Palacio Libertad).

En un nuevo encuentro del ciclo "Cine mudo sinfónico", se proyecta "El fantasma de la ópera" (Rupert Julian, 1925), con música en vivo a cargo de la Sinfónica Juvenil Nacional Libertador San Martín, bajo la batuta de Santiago Chotsourian. La función contará también con la participación de Luis Caparra al frente del órgano Klais Opus 1912, y la de la soprano Sofía Drever.

Domingo 28 de junio, 20:00 - Auditorio Nacional.

Mitos y leyendas de Argentina: La Salamanca

(Foto: prensa Palacio Libertad).

A través de una puesta de danza-teatro que combina música de Damián Mahler con la dirección de Daniel Fernández, se realizan nuevas funciones de "La Salamanca". La obra forma parte del ciclo "Mitos y leyendas de Argentina", que propone una mirada federal sobre el patrimonio narrativo nacional.

Jueves 25 y viernes 26 de junio, 20:00 - Sala Argentina.
Domingo 28, 19:00 - Sala Argentina.

La Sinfónica Trágica, de Mahler, por la Orquesta Sinfónica Nacional

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Bajo la dirección de Emmanuel Siffert, el organismo estable de la Nación interpreta la "Sinfonía n.º 6 en la menor", de Gustav Mahler, obra en cuatro movimientos compuesta a comienzos del siglo XX y estrenada originalmente en 1906.

Viernes 26 de junio, 20:00 - Auditorio Nacional.

Estrenos y piezas de música argentina, por el Ensamble Viento Sur

(Foto: prensa Palacio Libertad).

La agrupación dependiente de la Orquesta Filarmónica de Río Negro da inicio al ciclo "Música de cámara federal", articulado junto a la Asociación Argentina de Compositores. El repertorio, que incluye tres estrenos, comprende obras de compositores argentinos actuales y del siglo XX.

Miércoles 24 de junio, 19:00 - Salón de Honor.

Antonio Pujía, la escultura en clave poética. Visita guiada con Andrea Wain y Sandro Pujía

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Como parte de los programas públicos de la exhibición, la curadora Andrea Wain y el hijo del artista, Sandro Pujia, realizarán un recorrido guiado para conversar con el público sobre la selección de las obras, los temas e intereses del artista y las peculiaridades del oficio de escultor.

Jueves 25 de junio, 18:00 - Sala 603.

Pista abierta, con la Compañía Nacional de Danza Contemporánea

(Foto: prensa Palacio Libertad).

La propuesta de danza que explora el movimiento lleva adelante un encuentro a cargo de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea. Con dirección de Gustavo Lesgart y subdirección de Marina Giancaspro, los bailarines exploran la danza desde el disfrute y el intercambio a través de juegos de movimiento.

Domingo 28 de junio, 17:00 - Terraza del Auditorio Nacional.

Argentinos 1995-2025. Recorrido de cierre con Maximiliano Vernazza

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Como actividad de cierre de la muestra "Argentinos 1995 - 2025", el fotógrafo Maximiliano Vernazza lleva adelante un recorrido guiado por la exhibición, en la que compartirá con el público detalles de su obra y anécdotas ligadas a ella.

Domingo 28 de junio, 17:00 - Sala 512.

Música y palabras, episodio 34. Ana Karam, Mel Muñiz y Juan Pablo de Mendonça

(Foto: prensa Palacio Libertad).

En un nuevo capítulo del ciclo "Música y palabras", se presenta "El camino del fuego", una experiencia escénica, poética y musical. Con adaptaciones y textos originales de Ana Karam, canciones e intervenciones sonoras de Mel Muñiz y el universo musical y escénico de Juan Pablo de Mendonça.

Domingo 28 de junio, 18:00 - La Cúpula.

Cine francés: ciclo Claude Chabrol

(Foto: prensa Palacio Libertad).

El ciclo realizado junto al Institut français d’Argentine ofrece cuatro películas de Claude Chabrol (1930-2010), uno de los directores referentes de la "nouvelle vague": "La ceremonia" (1995), "La esposa infiel" (1969), "El bello Sergio" (1959), "Que la bestia muera" (1969).

Domingo 28 de junio, 15:00 y 17:30 - Sala Manuel Antin.
Para ver la programación completa, hacer click aquí.

(Fuente: prensa Palacio Libertad / redacción propia)

¿Somos hemisferio izquierdo o derecho? Un libro explica por qué importa mucho más de lo que se cree

El prestigioso psiquiatra y neurocientífico británico Iain McGilchrist ilustra, mediante ejemplos cotidianos y referencias históricas y culturales, cómo el uso del cerebro influye en nuestra vida. De buena presencia en librerías, también se puede descargar en formato digital desde este post.

(Foto: redacción propia).

La exploración de la mente humana y sus mecanismos ha sido el eje de la obra del neurocientífico británico Iain McGilchrist, quien, tras décadas de investigación, ha plasmado sus hallazgos en un extenso ensayo que desafía las concepciones tradicionales sobre el cerebro.

En su libro, McGilchrist sostiene que los dos hemisferios cerebrales presentan orientaciones funcionales distintas: el izquierdo se especializa en el análisis de los detalles y la lógica, mientras que el derecho privilegia la percepción del conjunto y la creatividad. Esta distinción, lejos de ser excluyente, implica que ambos hemisferios participan en todas las actividades humanas, aunque lo hacen de formas radicalmente diferentes.

El autor ilustra estas diferencias a través de ejemplos cotidianos. Al intentar, por ejemplo, pinchar un poroto con un tenedor, el hemisferio izquierdo se enfoca en el objetivo concreto, mientras que el derecho permanece atento al entorno y a las posibles consecuencias de la acción, como la presencia de otros comensales o la oferta de más alimento. Esta dualidad no sólo se manifiesta en el plano individual, sino que también influye en el comportamiento colectivo.

Según McGilchrist, una sociedad que privilegia el hemisferio izquierdo tiende a sacrificar la empatía, descuidar el medio ambiente y perder de vista las repercusiones de sus actos egoístas, centrados en el presente. En contraste, una sociedad guiada por el hemisferio derecho buscaría estrategias que favorezcan el bienestar grupal de manera equitativa.

La atención, según McGilchrist, constituye la diferencia esencial entre ambos hemisferios. El autor afirma: "La diferencia más fundamental entre los hemisferios radica en la atención que prestan al mundo". Además, sostiene que "las cosas cambian según la actitud que adoptemos ante ellas, la clase de atención que les prestemos, nuestra disposición hacia ellas". Esta perspectiva resuena con la idea de que los seres humanos son, en palabras de Amado Nervo, los arquitectos de su propio destino.

Los dos hemisferios cerebrales presentan orientaciones funcionales distintas (Foto: Shutterstock).

El libro, titulado "El Maestro y su emisario" y traducido por Dulcinea Otero-Piñeiro, se estructura en dos partes que reflejan la propia división cerebral. La primera sección expone los avances científicos más recientes sobre la naturaleza del cerebro y los procesos neurológicos del pensamiento, así como su aplicación en las artes creativas, como la música y la literatura. McGilchrist subraya que lo relevante no es tanto la función específica de cada hemisferio, sino la manera en que cada uno aborda sus tareas.

La segunda parte, dirigida especialmente a quienes no poseen formación en ciencias biológicas, examina el papel de los hemisferios en la evolución de la cultura occidental, desde la Grecia antigua hasta la actualidad.

El análisis de McGilchrist no se caracteriza por el optimismo. El autor observa que, en épocas pasadas, las tendencias individualistas del hemisferio izquierdo se veían equilibradas por la conexión con la naturaleza, las artes y la religión

El hemisferio derecho privilegia la percepción del conjunto y la creatividad (Foto: Shutterstock).

En la actualidad, estas influencias han sido desplazadas, lo que ha dado lugar a un mundo que él describe como "cada vez más mecanicista, fragmentado y descontextualizado, marcado por un optimismo injustificado mezclado con la paranoia y una sensación de vacío". En su conclusión, McGilchrist aboga por la búsqueda de un equilibrio, recordando que "las ciencias, al igual que las artes, son hijas de ambos hemisferios". 

Para él, el valor de la ciencia reside en "prestar una atención paciente y detallada al mundo, y forma parte integrante de nuestra interpretación de él y de nosotros mismos". Esta idea se complementa con la reflexión de Simone Weil, quien definió la cultura como "la formación de la atención".

El título de la obra alude a una fábula que McGilchrist atribuye, aunque con dudas, a Friedrich Nietzsche. En ella, un maestro sabio gobierna un pequeño feudo y, al expandirse su territorio, delega la administración en emisarios. Uno de estos, dotado de inteligencia y ambición, termina usurpando el poder del maestro, engañando al pueblo y conduciendo al feudo a la ruina. Esta alegoría sirve para ilustrar el riesgo de que una parte del cerebro, o de la sociedad, asuma un control desmedido, con consecuencias destructivas para el conjunto.

Para comprar y descargar este trabajo en formato e-book, hacer click aquí.

(Fuente: Infobae / bajalibros.com / varios / redacción propia)

El 6,5% de la población argentina enfrenta riesgo de un trastorno mental, según un informe de la UBA

Un estudio del Observatorio de Psicología Social Aplicada reveló que la juventud y aquellos de bajo nivel socioeconómico muestran mayor vulnerabilidad psíquica. El acceso a la salud mental aparece como uno de los ejes más críticos: solo el 29,15% de los participantes está en tratamiento psicológico y, entre los restantes, el 50,05% considera necesitarlo, pero no puede acceder.

(Foto: Shutterstock).

La Universidad de Buenos Aires presentó un amplio relevamiento sobre el estado psicológico de la población argentina, revelando que el 6,5% enfrenta riesgo de un trastorno mental y que problemas como el acceso a tratamiento psicológico, el sueño deficiente y el uso de tecnologías digitales están profundamente ligados al malestar emocional. Este estudio, a cargo del Observatorio de Psicología Social Aplicada, se convierte en una radiografía singular del panorama psicosocial argentino de cara a 2026 y advierte sobre tendencias nuevas y persistentes que impactan a diferentes grupos demográficos.

Los investigadores analizaron los datos de 2.213 personas que respondieron un cuestionario online, cuidadosamente estratificado por regiones, edad, género, nivel educativo y percepción de clase social. El instrumento incluyó escalas estandarizadas para evaluar síntomas psicológicos, ansiedad, depresión y riesgo suicida, además de un extenso apartado sobre hábitos cotidianos y uso de redes sociales e inteligencia artificial.

El análisis arroja una conclusión: la juventud y la autopercepción de bajo nivel socioeconómico son los factores de mayor vulnerabilidad frente al malestar psicológico y el desarrollo de cuadros mentales. 

(Fuente: Observatorio de Psicología Social Aplicada - UBA).

El grupo de 18 a 29 años presenta el mayor riesgo suicida, superando de manera significativa a las personas de 60 años o más. También son los jóvenes quienes manifiestan la mayor prevalencia de ansiedad y síntomas depresivos, una correlación que se repite entre quienes se identifican como parte de sectores sociales bajos. Así lo sintetiza el informe: "A menor nivel socioeconómico y menor edad, mayor ansiedad y depresión".

Esta tendencia no es nueva en el contexto nacional, pero sí resulta notable que, tras el pico de malestar durante el inicio de la pandemia de COVID-19, los porcentajes actuales de riesgo psicológico se acercan nuevamente a los registros previos a ese evento. Según el relevamiento, "el porcentaje de la muestra actual es similar al de los primeros meses de la pandemia, lo que significa que podríamos estar acercándonos a los porcentajes previos a la pandemia".

(Foto: Shutterstock).

Acceso a la salud mental

El acceso a la salud mental aparece como uno de los ejes más críticos del informe. Sólo el 29,15% de los participantes está en tratamiento psicológico y, entre los restantes, el 50,05% considera necesitarlo, pero no puede acceder

Entre los principales obstáculos, la imposibilidad de pagar el tratamiento encabeza la lista con un 43,44%, seguida de limitaciones de horarios, falta de cobertura por parte de obra social o prepagas y la escasez de opciones gratuitas. La modalidad presencial se mantiene apenas por encima de la virtual (54,47% vs 45,52%), un dato que ilustra la acelerada transformación del modelo de atención en el país.

El buen descanso, una cuenta cada vez más pendiente

Dormir bien, un pilar de cualquier bienestar físico y mental, es una cuenta pendiente para la mayoría. El 58,69% de los encuestados reconoce sufrir dificultades frecuentes u ocasionales para dormir. Sólo el 22,29% afirma no tener problemas de sueño.

El relevamiento indaga en las formas de afrontamiento del malestar psicológico. Para el 40,87% el primer recurso es dialogar con amigos, y un 28,8% recurre a profesionales.

La práctica deportiva o de actividad física, elegida por un 21,28%, se asocia en el informe con menores niveles de ansiedad y depresión. Por el contrario, el consumo de alcohol y drogas muestra un impacto directo en el aumento del malestar emocional: el 35,71% de los participantes consume alcohol, y el 6,61% drogas, siendo la marihuana la sustancia más habitual; entre quienes consumen drogas, un 14,89% considera que tiene un problema con ellas.

En cuanto a la crisis vital, concepto transversal en la muestra, un 52,40% asegura estar atravesando una crisis personal o existencial, mientras que el 55,91% menciona una crisis económica y el 36,37% una crisis familiar. El informe destaca que las preocupaciones económicas se sitúan en el primer plano del malestar colectivo y remarca que "las crisis económicas actúan como un factor de estrés relevante y se asocian consistentemente con efectos negativos en la salud mental".

(Foto: Shutterstock).

El impacto de la tecnología en la salud mental

El relevamiento dedica un capítulo especial al impacto de la tecnología digital. El 97,19% utiliza redes sociales y un 58,98% recurre a herramientas de inteligencia artificial. Aunque la mayoría preferiría el contacto humano para recibir apoyo psicológico, un 7,37% optaría por la IA antes que por un profesional humano.

Este grupo, según los datos, tiene "mayores niveles de sufrimiento psicológico en todas las escalas evaluadas: riesgo suicida, ansiedad, depresión y severidad general". En términos generales, el uso habitual de IA se asocia con un aumento de la sintomatología ansiosa y del malestar emocional, aunque no hay diferencias significativas en síntomas depresivos respecto a quienes no la usan.

La relación entre salud, actividad física y bienestar aparece subrayada en el estudio. El 60,85% realiza algún tipo de actividad física, y el informe lo señala como un factor protector frente al desarrollo de malestar psicológico. En sentido contrario, quienes no practican actividad física presentan niveles superiores de ansiedad y depresión.

A la hora de activar recursos frente a los problemas emocionales, además de dialogar y acudir a psicólogos, también se registran prácticas como tomar medicación para dormir o bajar la ansiedad (21,28% y 18,29% respectivamente), el consumo sin receta (5,75%), y la práctica religiosa (16,79%).

Los autores del estudio remarcan la urgencia de políticas públicas activas en promoción de la salud mental, que incluyan tanto la detección precoz de síntomas como el incremento efectivo del acceso a tratamientos y la promoción de hábitos saludables.

Consideran, además, que la digitalización puede ser un arma de doble filo: si bien su uso creciente plantea riesgos de malestar emocional, también ofrece oportunidades para crear nuevas estrategias preventivas y facilitar el acceso al apoyo psicológico.

(Fuente: saberensalud.com.ar / Página 12 / Observatorio de Psicología Social Aplicada / varios / redacción propia)

miércoles, 24 de junio de 2026

Genes y gente: por qué la genética no avala el concepto de "raza" en nuestra especie

Hacia 1971, en un rincón perdido del norte de Botsuana, una mujer de unos cincuenta años le contó su vida a la antropóloga estadounidense Marjorie Shostak. Se llamaba Nisa. Había nacido en el desierto del Kalahari, en un pueblo de cazadores y recolectores que vivía como sus antepasados desde hacía miles de años. Hablaba una lengua llena de chasquidos que casi nadie fuera de allí entendía. No sabía leer, no había visto una ciudad.

Nisa, la mujer botsuana protagonista del libro "Nisa: La vida y las palabras de una mujer" (Foto: Lisa Gray, Wikimedia Commons).

Marjorie Shostak grabó durante meses esas confidencias y las reunió en "Nisa" (1981), un clásico de la etnografía que dio voz directa a la entrevistada. Y, sin embargo, lo que ahí cuenta nos toca de cerca: recuerda su primer parto, sola en el monte, tumbada en una choza, esperando con miedo a que le subiera la leche mientras la bebé lloraba de hambre. Recuerda que la casaron siendo casi una niña, y cómo se rebelaba y huía de un marido que aún le parecía un extraño. Habla del deseo, de los amantes que tuvo a escondidas, de los celos entre esposas. Habla de los hijos que enterró, uno tras otro, y del agujero que dejaron. Habla del cuerpo que envejece y de la rabia de verlo fallar. No hay una sola de esas escenas que no reconozcamos. Son las de cualquiera: nuestra madre, nuestra abuela, nosotros mismos.

Ahora, el dato que quizá nos sorprenda. Esa mujer cuya vida conmueve pertenece a uno de los linajes humanos que primero se separaron del tronco común: los pueblos khoisan del sur de África. Figuran entre las poblaciones humanas con mayor diversidad genética del planeta, y la distancia que separa su genoma del de, por ejemplo, un europeo, está entre las más grandes que existen dentro de nuestra especie. Entre Nisa y nosotros media, en términos genéticos, casi todo el ancho del árbol humano. Y, aun así, nada de lo suyo nos resulta ajeno.

La paradoja tiene explicación: somos una especie joven y homogénea. Todos descendemos de una misma antecesora africana de hace cien o doscientos mil años, la llamada Eva mitocondrial, y hace unos cincuenta o setenta mil años un grupo reducido salió de África y pobló el resto del mundo, con apenas una pizca de la variabilidad total. En ese breve lapso, hablando en términos evolutivos, no ha dado tiempo a cambiar gran cosa.

Para hacernos una idea: una sola comunidad de chimpancés guarda en su ADN mitocondrial más variación que toda la especie humana junta. Esa "máxima"distancia humana que separa a Nisa de un europeo es, vista de lejos, minúscula.

Casi toda la diferencia se encuentra dentro del grupo

La mayor parte de la variación genética humana está dentro de cada grupo, no entre los conjuntos que, por error, llamamos razas. Dos vecinos de un mismo pueblo africano pueden diferir más entre sí, en un gen cualquiera tomado al azar, que uno de ellos y un japonés. Y no es una impresión: un estudio con 377 marcadores en más de mil personas de 52 poblaciones halló que entre el 93 y el 95 % de la variación está dentro de las poblaciones, y sólo del 3 al 5 % entre los grandes grupos continentales. De hecho, las poblaciones africanas guardan más diversidad que todo el resto del mundo junto.

¿Por qué caemos entonces en la trampa de la diferencia con tanta facilidad? Porque la mayor parte de la variabilidad genética está oculta. El color de la piel y del pelo depende de un puñado de genes y responde rápido al sol y a la latitud: bastan unos cientos de generaciones para cambiarlo. Es muy llamativo y pesa poquísimo. Dividir a los humanos en razas equivale a ordenar una biblioteca por el color de las tapas de los libros: cómodo pero burdo. Confundimos una capa de pintura con una diferencia de fondo.

Lo que nos revelan las genealogías

Conviene una observación para no exagerar. Que no haya razas no quiere decir que no existan genealogías. Cada persona arrastra una historia real y rastreable: de dónde venían sus antepasados, qué caminos los trajeron hasta aquí. Esa información la genética sí sabe leerla. Pero una genealogía dice de dónde venimos, mientras que una raza pretende decir qué somos. La primera es un hecho; la segunda, una casilla inventada.

Y una última advertencia. Que la raza no exista en la biología no convierte el racismo en un fantasma. No tiene base genética, pero sí una realidad social enorme: ordena vidas, salud y oportunidades. El error no está en ver sus efectos, sino en buscar su causa en los genes. En 2018 y 2019, las grandes sociedades de antropología y de genética humana -la Asociación Americana de Antropólogos Biológicos y la Sociedad Americana de Genética Humana- lo dejaron por escrito: los humanos no se dividen en grupos genéticos raciales, y no hay base biológica para tal cosa.

Lo evidencia el testimonio de Nisa, que enterró a sus hijos y temió a la vejez igual que nosotros. Lo que compartimos -el miedo, el deseo, el duelo, las ganas de seguir viva- pesa muchísimo más que lo poco que nos separa. La raza como término, al final, dice muy poco de nuestra biología y demasiado de nuestra mirada.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

La increíble historia detrás de "Sobre héroes y tumbas", de Ernesto Sábato, a punto de desaparecer en el fuego

Hoy, a 115 años del nacimiento del enorme escritor argentino, recordamos una de sus mejores obras. Una "monstruosidad", una decisión tomada al borde del abismo, la fiebre de su esposa y su amor incondicional. 

Ernesto Sábato (Foto: cultura.gob.ar).

El fuego purifica, pero también destruye. En la fría tarde de un invierno bonaerense, las llamas devoraban un cúmulo de papeles en el patio de una vieja casona de Santos Lugares. No eran hojas cualquiera. Se trataba del borrador de una de las piezas más complejas, oscuras y magnéticas de la literatura hispanoamericana.

El hombre que alimentaba la hoguera, con la mirada perdida y el ceño fruncido por el tormento, era Ernesto Sábato. Para él, era una "monstruosidad" que debía ser reducida a cenizas.

Sin embargo, "Sobre héroes y tumbas", de esa obra estamos hablando, sobrevivió a la furia autodestructiva de su propio creador, salvada en el último segundo por el amor, la lucidez y la desesperación de una mujer. Pero miremos el cuadro completo. Estamos en 1960 y Sábato vive acorralado por sus propios demonios. Su debut literario con "El túnel", en 1948, lo había consagrado, pero la presión por su segunda novela lo sumergió en una parálisis creativa y en crisis depresivas recurrentes. 

Sábato escribía, tachaba, rompía y tiraba. No era una exageración: a lo largo de su vida, el autor destruyó decenas de cuadernos, ensayos y borradores enteros que se perdieron para siempre. Cuando dio por terminado el borrador de su nueva obra, el impacto de lo que había gestado lo aterró. La inclusión del perturbador "Informe sobre ciegos" -una sección nacida de sus propias fobias infantiles hacia la invidencia- le hizo pensar que el libro era un fracaso deforme que lo expondría al ridículo público. Y quiso quemarlo.

(Foto: composición propia).

Matilde Kusminsky Richter, esposa del escritor, sintió un frío en el pecho al enterarse de las intenciones de su marido. Ella no era una espectadora pasiva en la carrera del físico devenido en literato; era su primera lectora, su correctora más implacable y el verdadero cable a tierra de un hombre perpetuamente al borde del abismo. La reacción de Matilde no fue una simple súplica. La angustia psicológica ante la inminente pérdida de una obra maestra fue tan violenta que su cuerpo colapsó.

Cayó gravemente enferma, recluida en una cama con fiebre alta y un cuadro de profunda debilidad. Destruir ese libro, para ella, significaba destruir una parte de sus propias vidas. Años más tarde, en una célebre entrevista televisiva, el propio Ernesto Sábato recordaría aquel dramático episodio con la voz quebrada: "Yo soy un destructor, un piromaníaco de mis propias cosas", empezó diciendo.

"Escribo y quemo, escribo y rompo cientos de páginas. Con esta novela sentí que había ido demasiado lejos, que era una monstruosidad. Cuando le dije a Matilde que iba a tirarla al fuego, se puso tan mal que voló en fiebre. Pasó días en cama, enferma de la angustia. Al verla así, comprendí el valor que tenía para ella. Por amor a Matilde decidí publicar Sobre héroes y tumbas", dijo Sábato en la recordada entrevista. Quizás por eso su entorno familiar y literario siempre custodió este hito como un "milagro civil".

Matilde Richter y Ernesto Sábato (Foto: Archivo General de la Nación).

Su hijo, el cineasta Mario Sábato -quien retrató al escritor en su documental "Ernesto Sábato, mi padre"-, recordaba el rol fundamental de su madre en la preservación del archivo familiar. Matilde no sólo rescataba textos del fuego, sino que pasaba en limpio a máquina los caóticos manuscritos que un Sábato -acosado por la incipiente ceguera- dejaba esparcidos en el living. Desde la Casa Museo Ernesto Sabato, los guías y especialistas suelen recordar esa eterna batalla entre la creación y la destrucción.

Los críticos literarios coinciden en que la dedicatoria oficial del libro, publicado finalmente en 1961 por la mítica Editorial Sudamericana, es uno de los actos de gratitud más puros de las letras mundiales. Allí, el autor escribió de puño y letra: "Dedico esta novela a la mujer que tenazmente me alentó en los momentos de descreimiento, que son los más. Sin ella nunca habría tenido fuerzas para llevarla a cabo. Y aunque habría merecido algo mejor, con todas sus imperfecciones".

La novela llegó a las librerías en 1961 y cambió para siempre la narrativa en español. Con una estructura perfecta dividida en cuatro partes ("El dragón y la princesa", "Los rostros invisibles", "Informe sobre ciegos" y "Un dios desconocido"), el texto caló hondo en los lectores al entrelazar la decadencia de la familia de Alejandra Vidal Olmos con la epopeya histórica de las tropas del general Juan Lavalle. Ya pasaron 65 años de su publicación y sigue deslumbrando a nuevas generaciones.

Ernesto Sábato junto a Raúl Alfonsín (Foto: AP).

Nacido un 24 de junio de 1911 en la localidad bonaerense de Rojas, la vida de Sábato estuvo marcada por las contradicciones profundas y los giros radicales. Antes de ser el faro de las letras que hoy recordamos, fue un brillante doctor en Física que llegó a realizar investigaciones en el prestigioso Laboratorio Curie de París. Sin embargo, el contacto con el surrealismo francés y una profunda crisis existencial sobre el rumbo deshumanizante de la ciencia lo llevaron a romper con ella en 1945.

Se refugió entonces en la escritura, un territorio donde ya no buscaría certezas matemáticas, sino las verdades más oscuras del alma humana a través de ensayos filosóficos urgentes como "Uno y el Universo" u "Hombres y engranajes". Su legado literario en la ficción se erigió sobre una trilogía de novelas monumentales que marcaron a fuego el siglo XX. El fenómeno comenzó con "El túnel" en 1948, una sombría radiografía de los celos y la incomunicación elogiada por el mismísimo Albert Camus.

Tras el milagroso rescate de "Sobre héroes y tumbas" en 1961, cerró su producción ficcional con "Abaddón el exterminador", en 1974. Su ética se consolidaría en la post-dictadura argentina, cuando presidió la CONADEP y lideró la redacción del histórico informe Nunca Más. Distinguido con el Premio Miguel de Cervantes en 1984, el escritor se despidió del mundo en 2011, dejando tras de sí una obra imperecedera que hoy vuelve a encenderse en un nuevo aniversario de su natalicio. 

Casi que no hay librería argentina que no tenga entre sus estantes "Sobre héroes y tumbas", ya sea la edición de Seix Barral o algunas más viejas en librerías de usados. De todos modos, para quienes lo prefieran en formato digital, se puede comprar y descargar haciendo click aquí.

Su verdadero valor es literario y está en esas páginas de realismo gótico y en los pasajes subterráneos de la ciudad de Buenos Aires. Pero también tiene su historia detrás: el milagro de sobrevivir a la hoguera de un genio atormentado gracias al amor incondicional de una mujer que prefirió enfermar antes que permitir que el fuego devorara la belleza.

(Fuente: Infobae / varios / redacción propia)

martes, 23 de junio de 2026

No nos quedemos con lo primero que nos diga la IA: así funciona el "encadenamiento de modelos"

Cuando le pedimos algo a una IA, el modelo genera una respuesta basándose en el contexto que le hemos dado. Si el contexto que le proporcionamos es escaso, la respuesta será claramente mejorable. El encadenamiento de varias IA puede ayudarnos a conseguir el resultado más preciso y fiable. 

(Foto: generada con un prompt creado por Claude y entregado a ChatGPT).

Durante los últimos tres años los modelos de inteligencia artificial han mejorado mucho. Con frecuencia las últimas revisiones de ChatGPT, Claude, Gemini o DeepSeek nos entregan respuestas convincentes a las consultas que les hacemos o las tareas que les pedimos. Sin embargo, su primera respuesta no suele ser la mejor. Casi nunca lo es. Si nos conformamos con lo primero que nos dicen, estaremos infrautilizándolas y desperdiciando una parte de su potencial.

Afortunadamente hay una estrategia muy sencilla que puede ayudarnos no a obtener una respuesta razonablemente buena, sino a conseguir el resultado más preciso y fiable. La respuesta óptima. Y consiste en encadenar varias IA ("prompt chaining", en inglés) para que cada una de ellas refine el trabajo de la anterior. Cuando le pedimos algo a una IA, el modelo genera una respuesta basándose en el contexto que le hemos dado. Si el contexto es escaso, la respuesta será claramente mejorable.

Ahora bien, si el contexto está bien definido pero la petición es amplia, la IA tenderá a cubrir el terreno de forma razonable, aunque sin profundizar en ningún aspecto concreto. Ningún trabajo profesional se entrega en su primera versión. Siempre hay una revisión, una crítica o un ajuste. El encadenamiento de varias IA traslada exactamente esa lógica al trabajo con los modelos de lenguaje. Y, como estamos a punto de comprobar, es un aliado muy valioso.

Qué es encadenar varias IA y por qué funciona

Lo que os proponemos hacer es, sencillamente, utilizar la salida de un modelo de IA como entrada para el siguiente. En lugar de pedir a una IA que lo haga todo en un solo paso, podemos dividir el trabajo en varias fases. De esta forma una IA genera el primer resultado, otra lo critica, otra lo refina y una última lo verifica todo. En este escenario, cada modelo actúa como un especialista con un rol diferente. Y el resultado final acumula las ventajas de cada fase.

Es importante que tengamos en cuenta que los modelos de lenguaje responden al contexto inmediato que reciben, y no a un objetivo abstracto. No se trata de que una IA sea mejor que otra necesariamente. Nuestro punto de partida es que un modelo al que le pedimos exclusivamente que critique un texto es más eficaz que uno al que le pedimos que lo genere y lo critique al mismo tiempo. La especialización mejora el resultado.

Sea como sea, lo ideal es que ilustremos esta estrategia con un ejemplo práctico. Imaginemos que necesitamos redactar un correo electrónico delicado en el que pretendemos rechazar una propuesta de colaboración sin dañar nuestra relación profesional con la persona a la que vamos a enviar el e-mail. Podemos pedir a ChatGPT lo siguiente: "Redacta un correo electrónico para rechazar una propuesta de colaboración de un proveedor con el que tengo una buena relación. Quiero que el tono sea cordial, que deje la puerta abierta a futuras oportunidades y que no suene a excusa".

El resultado será un correo perfectamente válido. Quizá demasiado genérico, pero válido. Para mejorarlo podemos copiar ese texto y entregárselo a Claude con un prompt así: "Actúa como un experto en comunicación profesional. Este es un correo electrónico de rechazo que he redactado. Identifica sus tres puntos más débiles y explica cómo puedo mejorar cada uno de ellos".

Claude señalará, por ejemplo, que la apertura es demasiado abrupta, que la frase que "deja la puerta abierta" suena a fórmula vacía, y que el cierre no propone ningún paso concreto. No obstante, aún no hemos terminado. Ahora podemos pulirlo un poco más entregando la salida de Claude a Gemini con un prompt como este: "Reescribe este correo electrónico incorporando las siguientes mejoras: [aquí pegamos los tres puntos que ha criticado Claude]. Mantén el mismo tono y la misma longitud".

El resultado de este tercer paso será sustancialmente mejor que el primero. No porque ninguna IA sea más "inteligente" que las demás, sino porque cada una de ellas ha actuado con un propósito muy delimitado. En cualquier caso, no es imprescindible que recurramos a varios modelos de IA. También podemos hacer lo mismo con una única IA si cambiamos el rol en cada mensaje.

Nuestra estrategia es la misma: no pediremos a un único prompt que lo haga todo. Generaremos primero, criticaremos después y refinaremos al final. Incluso podemos añadir un cuarto paso de verificación ("¿hay algo en este texto que pueda malinterpretarse?") o de adaptación ("tradúcelo ahora a un registro más informal"). Cada paso adicional tiene un costo bajo y un beneficio alto. Invertir dos minutos más en encadenar tres prompts en lugar de usar sólo uno puede transformar un resultado correcto en uno excepcional.

(Fuente: Xataka / varios / redacción propia)

¿Nos definen los libros que leemos?: la identidad lectora y la identidad personal

En cuanto a gustos lectores, no hay nada establecido. Si leemos, es probable que hablemos de lo que leemos (y en ocasiones, también de lo que no leemos). Ello parece transmitir qué nos interesa y, muchas veces, asumimos que representa quiénes somos.

(Foto: Shutterstock).

En determinados contextos, la presión social nos obliga a opinar. Entrar en las conversaciones culturales públicas sobre literatura requiere tomar partido. Ponemos sobre la mesa nuestra ideología, creencias y pensamiento. Y, lamentablemente, este puede ser un terreno fértil para que florezcan los prejuicios.

Por ejemplo, si estamos leyendo un libro sobre determinado conflicto bélico, mucha gente puede pensar que al hacerlo es porque coincidimos con la forma que tiene el autor de entender este conflicto, que compartimos su ideología. Pero… ¿y si lo hacemos porque queremos conocer otro punto de vista? ¿Para poder corregirlo, refutarlo o, incluso, incorporarlo al nuestro

Dos identidades

Entonces, ¿"somos lo que leemos"? Lo complejo es definir la idea misma de "quiénes somos". Y ahí reside la confusión: en equiparar "interés" con "ideología", y en entender que "identidad" es sinónimo de lo que pensamos, no tanto de lo que podríamos llegar a pensar.

Definir qué es la identidad es complejo. A grandes rasgos, es un concepto que se refiere a la perspectiva que tenemos de nosotros mismos como personas. Es decir: nuestros valores, gustos, sentimientos, actitudes individuales y sociales.

La identidad lectora deriva de esto. Puede definirse como la forma en la que nos vemos como lectores: qué ideas y sentimientos nos produce leer, y qué valores y usos le asignamos. Y se basa necesariamente en nuestras prácticas. ¿Qué nos gusta leer y qué no? ¿En nuestros círculos sociales se aceptan esos libros? ¿Qué parte de esa identidad es privada y cuál proyectamos hacia los demás

Tenemos que tener en cuenta que leer es una acción consciente: para hacerlo, debemos tener predisposición a tomar un libro y dedicarle parte de nuestras horas. En un sentido práctico, leemos aquello en lo que nos interesa emplear nuestro limitado tiempo libre.

Sin embargo, la lectura no es sólo eso. Implica una curiosidad que determina qué queremos aprender, aunque el tema o el enfoque no encaje con nuestras ideas previas. En ese caso podemos hablar de que tenemos predisposición para tomar ese libro, no sólo en sentido práctico sino también intelectual

(Foto: Shutterstock).

Igualmente, qué leemos está cada vez más limitado por nuestro entorno mediático. Creemos que lo que encontraremos en él mostrará qué piensan otros, cómo reaccionan, cómo actúan. Pero las redes sociales funcionan antes como "cámara de eco" masiva y descontrolada que como vía de acceso a un conocimiento variado y múltiple.

Ésto nos encierra en un bucle continuo de autoafirmación. También los medios de comunicación que consumimos consolidan nuestras ideas, sin darnos opción a que recibamos otros puntos de vista. La "cámara de eco" sustituye a la "burbuja de conocimiento": no ignoramos involuntariamente otras voces, sino que las excluimos activamente.

Por eso, conviene reflexionar sobre si nuestro entorno refleja identidades auténticas o "fachadas". ¿Es más importante establecer "qué leemos" o "para qué leemos"?

El autor no es nadie sin el receptor


A partir de los años 60 del siglo XX, autores como Roland Barthes y Michel Foucault defendieron la "muerte del autor". Según ellos, una obra literaria tiene el sentido que los lectores le asignamos, más que el original que le dio su escritor. Umberto Eco, de hecho, aseguraba que toda obra tiene un "lector modelo". El autor escribe condicionado por quién va a leer su texto y podrá entenderlo: la literatura se sostiene principalmente sobre interpretaciones externas

Actualmente, este punto de vista se ha suavizado bastante. Es cierto que el valor de una obra literaria depende mucho de cómo se recibe. Pero también que un autor puede escribir con una intención personal, no solo limitado por el contexto y las expectativas. No está tan muerto como parecía.

La estética de la recepción parte de estas ideas para ampliarlas. Como lectores, relacionamos los textos que leemos con otros que ya conocemos. Así, nuestra identidad lectora establece un horizonte de expectativas. El contenido del texto conectará con ellas y condicionará cómo lo vamos a entender y analizar. No somos agentes pasivos, que sólo recibimos lo que un autor nos dice. Al contrario, somos miembros activos de la conversación literaria.

¿Y qué tiene que ver esto con la identidad? Mucho, en realidad. Porque las expectativas previas nos empujan a querer leer lo que nos interesa. Pero ¿nos interesa sólo lo que coincide con nuestro punto de vista, o nuestro horizonte es más amplio?

Aquí se juntan dos perspectivas. La primera, que cuantos más puntos de vista adquiramos, más complejas serán las conexiones que podamos establecer entre ellos. Y la segunda, que esto forma parte de nuestra identidad lectora, basada no tanto en qué queremos leer como en que queremos leer. Confundir esas definiciones limita enormemente la riqueza de esta forma de acceder al conocimiento.

La única conformidad de la que partimos es la de leer como acto, no la que podamos tener, o no, con el contenido de lo que leemos.

Umberto Eco firma un ejemplar de "El cementerio de Praga" (Foto: WIkimedia Commons).

Cómo entrenar nuestra identidad lectora

Las cámaras de eco preocupan en diferentes ámbitos: la política, la prensa, el entorno familiar. Pero también, y especialmente, en educación. Por ello se busca fomentar la capacidad de los alumnos de decidir autonomamente qué leer, guiándoles para que compartan sus experiencias lectoras.

El objetivo es que ya desde niños desarrollemos la identidad lectora: leer por ocio se debe mezclar con el análisis de otros textos para que, tras trabajar con lo que nos interese, podamos ir ampliando nuestros intereses hacia nuevos libros.

Y esto también se aplica al público adulto. Varios estudios sostienen que las actitudes y valores se estabilizan en torno a los 18-25 años. Pero eso no significa que la inquietud cultural se estanque. Al contrario, puede mantenerse en el tiempo si seguimos abiertos a conocer otras opiniones, aunque no las incorporemos.

Compartir ideas y contrastarlas enriquece el aprendizaje, infantil o adulto. Poco podremos avanzar si nuestra propia postura no es crítica, si nos quedamos con una única visión sobre los temas de los que conversamos, si culturalmente adoptamos bandos, no posiciones fundamentadas. En definitiva, si nuestra identidad lectora sólo coincide con una concepción limitada de nuestra identidad personal.

Por eso es bueno educar con predisposición a conocer lo nuevo, a mantener la curiosidad intelectual que debe sostener el hábito práctico de leer.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)