lunes, 13 de julio de 2026

Lecturas de lunes: hoy hacemos foco en los apasionantes y actuales ensayos de la Editorial Siglo Veintiuno

Los lectores sabemos que no todo es ficción, aventuras, historia, suspenso, romance o especulaciones distópicas. También hay momentos en los que debemos detenernos a pensar, informarnos e investigar acerca de algunos acuciantes temas del hoy y ahora, sea en nuestro país o en el mundo. Justamente estos ocho trabajos tienen ese denominador común, junto con el de haber sido publicados por la misma editorial. Fácilmente conseguibles en formato físico, también facilitamos su descarga digital desde este post. 

(Foto: composición propia).

Existen hoy en Argentina algunas pequeñas editoriales independientes -por fuera de los grandes nombres ni como "subsidiarias"- que merecen ser destacadas por su su coherencia, y una de ellas es Siglo Veintiuno. Desde este espacio recomendamos ocho textos que pueden ser difíciles de abordar, pero que nos parecen absolutamente actuales y necesarios. Con filiales en México y España, la casa central porteña se encuentra en Guatemala 4824, donde se encuentra disponible todo su catálogo, más allá de muchas librerías de todo el país. Como ellos mismos bien se definen, libros de "pensamiento crítico para interrogar el presente".

Los individualistas, de Matt Zwolinski y John Tomasi

(Foto: composición propia).

De la mano de las derechas radicales, el pensamiento libertario se hizo un lugar en el sentido común global, y nombres como Murray Rothbard, Ayn Rand o Milton Friedman -antes reservados a especialistas y militantes- se han convertido en referencias corrientes.

Pero el libertarismo es mucho más que eso: se trata de una verdadera familia de teorías políticas que nació en el siglo XIX en Gran Bretaña y Francia, llegó a los Estados Unidos en el siglo XX, y desde sus comienzos combinó elementos de una izquierda radical y una derecha reaccionaria. ¿Qué han tenido en común esas teorías, entonces? En principio, un espíritu: el libertarismo se radicaliza ante lo que percibe como una amenaza, sea la esclavitud, el socialismo o el avance de valores anti-occidentales, según la época. Y también una actitud: lleva a un extremo ciertos valores liberales clásicos (la economía de mercado, los derechos de propiedad, el individualismo) y los transforma en imperativos morales.

A través de una reconstrucción histórica minuciosa y documentada, "Los individualistas" revela las bases sobre las que descansa el discurso de muchos gobiernos del mundo contemporáneo, y a la vez logra iluminar las tensiones alojadas en el alma de ese nuevo engendro, al menos en Argentina, llamado libertarismo.

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El desprecio, de François Dubet

(Foto: composición propia).

Una caracterización imprescindible: todos en algún momento somos despreciados y despreciamos. Los pobres desprecian a los ricos y a las élites en general, porque les dan lecciones desde el pedestal y no les resuelven problemas básicos. Los sectores dominantes e incluso no pocos progresistas desprecian a la gente que a sus ojos encarna la ignorancia o el conservadurismo.

También se sienten despreciadas las profesiones que antes eran sinónimo de vocación fuerte y autoridad moral: los maestros, los médicos, los investigadores. Entre los sectores populares, están los que desprecian a quienes reciben asistencia estatal o a los extranjeros que les "roban" el trabajo. El desprecio es un sentimiento que se desprende de injusticias materiales pero no se agota ahí. Al mezclarse con la vergüenza y la indignación por ser discriminados, es una emoción que nos aplasta el ánimo y que a veces tendemos a ocultar, como si la culpa fuera nuestra por no estar a la altura.

El desprecio flota, nos afecta, no reconoce arriba ni abajo. Y lo más importante: son las derechas las que saben explotarlo, aprovechando ese odio al sistema para alimentar liderazgos autoritarios. En este libro, Dubet ofrece un ángulo nuevo para trabajar sobre nuestro propio desconcierto.

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Un fantasma recorre el mundo, de Pablo Stefanoni

(Foto: composición propia).

En 2019, un amigo le comentó al autor de este libro: "Los libertarios son como los bitcoins. No se los puede sacar de internet". Sin embargo, lograron salir. La derecha neorreaccionaria ya no sorprende a nadie, corrió todos los límites y encabeza una cruzada para resetear el sistema en un sentido antidemocrático. Llamar a eso "batalla cultural" suena a poco: es una guerra ideológica por la visión del mundo. Y, como toda guerra, tiene sus armas y sus tácticas.

En este libro esclarecedor, Stefanoni descorre el velo sobre los argumentos clave del arsenal de la derecha. ¿Estamos ante un nuevo tipo de fascismo? Si es así, ¿cómo incluir en él a los reaccionarios recién llegados, esos magnates ligados al mundo de las nuevas tecnologías y las distopías apalancadas en su riqueza? ¿Existe el wokismo, o es un invento para fortalecer la demonización de las izquierdas? ¿Por qué la derecha se volvió hipersionista y, sobre todo, cómo logró la autoabsolución de su antisemitismo clásico? ¿Tiene futuro la libertad sin democracia que proponen las derechas en el poder, por ejemplo en la Argentina?

El autor logra priorizar la información y los argumentos por sobre el griterío reaccionario, desarma los conceptos más enredados para hacerlos comprensibles y no se deja ganar por el desaliento: la historia no está escrita, y existen aquí y allá resistencias eficaces. Es hora de canalizar la indignación en un sentido opuesto.

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Una extraña derrota, de Didier Fassin

(Foto: composición propia).

En 1940, Marc Bloch, uno de los mayores historiadores franceses, escribió La extraña derrota, una intervención que dejaba al desnudo lo que entonces era un tabú: la colaboración con el nazismo de los intelectuales, dirigentes y parte de la sociedad de su país. Entendía que, sin una revisión honesta, cualquier consenso de posguerra tendría pies de barro. A Didier Fassin lo mueve un propósito similar: interpelar el silencio, el consentimiento o la complicidad de responsables políticos y élites respecto de la aniquilación de Gaza, y la condena o censura que ejercieron para acallar las voces críticas acusándolas de antisemitismo.

Nada justifica el brutal atentado de Hamás del 7 de octubre de 2023, que produjo la mayor cantidad de víctimas israelíes desde la fundación del Estado de Israel en 1948; tampoco hay modo de negar el antisemitismo y la saña con la población civil. Pero lo que siguió no puede entenderse simplemente como legítimo derecho de defensa, sino como un episodio (¿el final?) de una historia más larga en la que Israel, con la anuencia de sus aliados de Occidente y de países árabes, ha ocupado ilegalmente territorios palestinos y ha sometido a su población a segregación y violencia cotidianas.

¿Cómo harán los países occidentales, de ahora en más, para hablar como portavoces de los derechos humanos? ¿Por qué creerles, cuando casi todos asisten pasivamente o proveen armas para asesinar población indefensa (niños, sobre todo) y arrasar la infraestructura básica de la vida, desde hospitales y escuelas hasta plantas potabilizadoras, de modo que si los gazatíes no mueren por las bombas mueren por hambre, deshidratación o falta de atención médica? Este libro sienta las bases para un debate respetuoso, sin doble vara, que no tilde de "antisemitas" las peticiones para dejar de matar civiles, que no llame "respuesta" a una empresa de aniquilación, ni "guerra Israel-Hamás" a una operación militar frontalmente dirigida contra un pueblo, su historia y su cultura.

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Las cruzadas del siglo XXI, de Bernabé Malacalza

(Foto: composición propia).

Aunque nos sintamos felizmente lejos de los conflictos armados de otras latitudes, en América Latina se está librando una verdadera guerra. Sus campos de batalla son acuerdos comerciales, fondos para obras de infraestructura, gestiones en organismos internacionales, explotación de recursos naturales, redes sociales y medios de comunicación. Los contendientes son Estados Unidos y China. 
   
Este libro analiza cómo ambas potencias vienen desplegando en nuestros países estrategias alentadas por políticos, diplomáticos, tecnomagnates, académicos y activistas que se han convertido en "cruzados" contemporáneos embarcados en una batalla que ya no es solo comercial o militar, sino civilizatoria, y que se apoya en parte en teorías conspirativas y desinformación. 
   
Como muestran estas páginas, los efectos son bien concretos -instalación de puertos, rutas, bases militares y científicas, tecnología digital, explotación minera, acceso o veto al financiamiento de obras- pero sus potenciales consecuencias van más allá. El verdadero riesgo para América Latina es adoptar una mirada de corto plazo y celebrar recursos o soluciones rápidas mientras sin que lo advirtamos se van construyendo vínculos profundos con una u otra potencia, que pueden poner en riesgo nuestra capacidad de moldear el futuro.

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Policrisis, de Maristella Svampa

(Foto: composición propia).

A comienzos de los 2000, América Latina era el faro del progresismo:  la marea rosa entusiasmaba con políticas de inclusión social, distribución del ingreso y ampliación de derechos. Casi como una aguafiestas, ya entonces Svampa reconocía esos logros pero veía señales de agotamiento ideológico en el verticalismo y la ausencia de autocrítica, la apuesta por una economía extractiva a expensas de la sostenibilidad ambiental y la retórica de un Estado de bienestar que chocaba con su incapacidad de dar respuestas reales a la sociedad. Ahora, cuando el progresismo se muestra impotente frente a las ultraderechas, o retrocede y se modera aún más, este libro construye una caracterización deslumbrante de la época con la certeza de que no hay un paraíso perdido al que volver. 
   
Si la pandemia fue una crisis extraordinaria que puso al desnudo las desigualdades y habilitó la ilusión de "salir mejores", la pospandemia nos enfrenta a una policrisis sistémica, que no es una sumatoria de colapsos (ambiental, económico, político) sino un contexto nuevo y un cambio de régimen en el que "lo viejo no funciona". Las ultraderechas entendieron ésto como nadie y, mientras nos escandalizamos por sus niveles de crueldad, implementan estrategias de acumulación política que tendemos a ver como meros desbordes irracionales.  
   
Con foco en América Latina y atendiendo al panorama geopolítico global, la autora rastrea y reconstruye las experiencias de organización colectiva en las que late un proyecto contrahegemónico. Sin idealizarlas, nos invita a pensar cómo podrían potenciarse y dar un salto de escala, cuál sería la articulación con el Estado, y cómo sortear el riesgo de una autonomía funcional al neoliberalismo.

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Lo que el progresismo no ve, de Sabrina Frederic

(Foto: composición propia).

¿Qué le pasa al progresismo con la seguridad? ¿Por qué le cuesta llevar a la práctica y sostener las políticas que ese mismo espacio defiende, ligadas al uso proporcional de la fuerza pública, el respeto de los derechos humanos y criterios de equidad hacia sectores vulnerables? Habiendo tenido responsabilidades en el área bajo gobiernos de ese signo político, y con la perspectiva de años de investigación, Frederic busca que el tema no quede en el barro de las disputas personales o la autoflagelación para explicar los problemas estructurales que lo atraviesan en esta etapa de total declive del Estado benefactor. 
   
Algo está claro: el dilema entre garantismo y manodurismo no sirve para entender el fondo de la cuestión, y precisamente a eso apunta este libro. De hecho, las gestiones autopercibidas progresistas están atravesadas por contradicciones y suelen boicotear sus principios al utilizar las mismas herramientas que los sectores que identificamos como de derecha. Así, reclaman más gendarmes y más represión, y en algunos casos confían el área a personajes capaces de desplegar ante cámaras y micrófonos una performance digna de Rambo, aunque eso no sirva para resolver los conflictos. Como si importara más el desempeño mediático que los resultados efectivos. 
   
A partir de ejemplos reveladores, Sabina Frederic analiza cómo el área de Seguridad pasó a absorber la gestión de las poblaciones periféricas, ahí donde los otros brazos del Estado no llegan, y a administrar demandas irresueltas por el acceso a derechos básicos como el hábitat o el trabajo dignos. Y traza un diagnóstico que busca ser el puntapié para una discusión honesta: ¿cómo articular una política de seguridad verdaderamente progresista, capaz de jerarquizar y valorar a las policías, de priorizar la negociación y de no empujar a los márgenes a los sectores más débiles? ¿Qué lugar tendrían entonces la inteligencia y la investigación de redes criminales transnacionales? ¿Cómo ejercer la regulación de los mercados ilegales? Frente a la legítima demanda social de seguridad, este libro llama a pensar un enfoque estratégico con menos consignas y más compromiso con la protección de las mayorías.

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Ved en trono a la noble igualdad, de Pablo Gerchunoff y Lucas Llach

(Foto: composición propia).

La Argentina está maldita. Apoyada en el mito fundante de la tierra de oportunidades que recibió a los inmigrantes europeos, nuestra sociedad ha sido siempre particularmente sensible a la demanda de igualdad. Pero las políticas proteccionistas que estimularon el empleo y los salarios terminaron siendo muy costosas para el crecimiento económico. Así puede sintetizarse la maldición pendular de la economía argentina, un laberinto en el que se han perdido gobiernos de todos los colores.

En este libro, Gerchunoff y Llach recorren "el siglo XX largo" que comienza en 1880 y llegan hasta el gobierno de La Libertad Avanza para caracterizar y explicar esos vaivenes entre los requisitos del crecimiento y los reclamos de la distribución. A lo largo de este admirable análisis, en que la perspectiva de largo plazo no cae en la "nostalgia peronista" ni en la "nostalgia liberal", se preguntan si hay coyunturas excepcionales que puedan ayudar a un gobierno a evitar los atajos redistributivos del proteccionismo y de la sobrevaluación cambiaria.

Desde la crisis de 2001, la producción y el empleo se han reconfigurado, pero la Argentina sigue atrapada en su dilema histórico: como escriben los autores, "ganar elecciones es caro en dólares, ganar crecimiento es caro en votos".

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(Fuente: Editorial Siglo XXI / bajalibros.com / varios / redacción propia)

La inteligencia artificial podría degradarse al aprender de otras, pero un nuevo método logra frenar el problema

Un equipo de investigadores propone una estrategia para contener uno de los mayores riesgos del futuro de la inteligencia artificial: que los modelos pierdan calidad al entrenarse con contenido generado por otras máquinas. 

Recreación artística de un cerebro de cristal (la IA) que recibe un flujo ordenado de información que se degrada progresivamente hasta convertirse en un "torbellino rojo" de ruido digital (Foto: César Noragueda).

Durante décadas, aprender se ha entendido como un proceso acumulativo. Cuanta más experiencia incorpora una persona, mayor suele ser su conocimiento. Ese mismo principio ha guiado el desarrollo de la inteligencia artificial desde sus orígenes: alimentar un sistema con enormes cantidades de información debería traducirse en respuestas progresivamente más precisas.

Sin embargo, la rápida expansión de herramientas capaces de redactar textos, crear imágenes, programar software o producir vídeos ha abierto un escenario inédito. Una parte creciente de Internet ya no nace directamente de la creatividad humana, sino de algoritmos entrenados con inmensos conjuntos de datos. Ese caudal regresa después a la red, donde termina mezclándose con recursos de muy diversa procedencia.

La consecuencia plantea una pregunta inquietante: ¿qué ocurrirá cuando las futuras generaciones de inteligencia artificial pasen a nutrirse principalmente de información elaborada por otras inteligencias artificiales? Un estudio publicado en npj Artificial Intelligence concluye que esa dinámica puede erosionar gradualmente su rendimiento, aunque también describe una estrategia capaz de contener ese fenómeno.

Cuando las copias empiezan a alimentarse de otras copias

Los grandes modelos lingüísticos no interpretan el mundo como lo hace una persona. Su funcionamiento descansa en la detección de regularidades estadísticas dentro de enormes corpus documentales. A partir de millones de ejemplos, reconocen qué palabras suelen aparecer juntas, qué estructuras resultan más probables y cómo completar una secuencia con la mayor precisión posible.

Hasta hace pocos años, casi toda esa base procedía de libros, artículos periodísticos, revistas científicas, páginas web o conversaciones escritas por seres humanos. Aquella variedad ofrecía una representación extraordinariamente rica del lenguaje, repleta de matices, excepciones y registros muy distintos.

Ese panorama empieza a modificarse con rapidez. Cada jornada aparecen cantidades inmensas de publicaciones redactadas mediante asistentes conversacionales, descripciones comerciales generadas automáticamente, resúmenes elaborados por algoritmos, comentarios sintéticos e incluso páginas completas producidas sin intervención directa de un autor. Poco a poco, ese caudal pasa a integrar el inmenso océano digital del que beberán las próximas generaciones de modelos.

Los investigadores recurren a una comparación inspirada en la endogamia. No equiparan un sistema informático con una población biológica, sino que utilizan esa analogía para ilustrar una idea sencilla: cuando el intercambio queda restringido dentro de un mismo grupo, la diversidad disminuye y determinados rasgos tienden a consolidarse generación tras generación. En la inteligencia artificial, el riesgo consiste en que los algoritmos acaben nutriéndose, cada vez más, de producciones creadas por otros algoritmos.

Un desgaste que se manifiesta de forma paulatina

Ese comportamiento recibe el nombre de "model collapes" o "colapso del modelo". Lejos de describir un fallo repentino, designa una degradación progresiva. Cada nueva generación entrenada con una proporción creciente de datos sintéticos conserva peor los ejemplos menos habituales, intensifica patrones excesivamente comunes y renuncia a parte de la riqueza estadística presente en el corpus inicial.

Una analogía ayuda a visualizar el fenómeno. Imaginemos que un cuadro se fotografía una vez. Después, alguien retrata esa primera copia. Más tarde, otra cámara reproduce la segunda imagen, y así sucesivamente. Aunque cada reproducción parezca aceptable por separado, pequeños defectos terminan acumulándose hasta alterar detalles que el original sí conservaba. Con estos sistemas ocurre algo parecido: la información no desaparece de golpe, pero determinados matices se difuminan conforme una generación toma como referencia a la precedente.

Los autores subrayan que el inconveniente no radica en la existencia de contenido sintético. Ese tipo de material resulta útil para numerosas aplicaciones. La dificultad surge cuando su proporción aumenta hasta desplazar una parte significativa de los textos, imágenes o registros creados directamente por personas. En ese contexto, la arquitectura acaba reforzando aquello que otras ya consideraban más probable, reduciendo paulatinamente la amplitud sobre la que construye sus predicciones.

Las consecuencias van mucho más allá de repetir expresiones similares. El trabajo describe una pérdida progresiva de representaciones poco frecuentes, precisamente las que permiten responder correctamente a situaciones excepcionales o captar relaciones menos evidentes. Dicho de otra manera, el conocimiento termina concentrándose alrededor de los casos más comunes mientras las situaciones más raras van perdiendo representación.

La inquietud aumenta porque el volumen de información generada automáticamente crece a gran velocidad. Cada respuesta publicada en un foro, cada reseña automatizada, cada noticia redactada por un asistente o cada descripción comercial incorporada a una tienda digital puede acabar incorporándose al material empleado para entrenar futuras generaciones.

Una fórmula para preservar la variedad

Con ese escenario como punto de partida, el equipo creó una familia de funciones de entrenamiento denominada "Confidence-Aware Loss" o "pérdida sensible al grado de confianza". Su finalidad no consiste en impedir que un modelo utilice datos sintéticos, sino en modificar la relevancia que concede a determinados ejemplos durante el aprendizaje.

Recreación artística de un túnel infinito de pantallas de IA que muestra cómo un flujo digital se deteriora gradualmente en sucesivas copias hasta acabar en caracteres distorsionados y ruido (Foto: César Noragueda).

La propuesta parte de una observación sencilla. Cuando un modelo encuentra secuencias extremadamente previsibles, suele atribuirles un grado muy elevado de confianza. Esas respuestas, justo por resultar tan evidentes, aportan poco contenido nuevo. Si el entrenamiento insiste una y otra vez sobre ese mismo tipo de patrones, termina reforzando aquello que ya domina mientras concentra menos atención en los casos capaces de enriquecer su representación del lenguaje.

Para evitarlo, los investigadores diseñaron una variante denominada "Truncated Cross-Entropy" o "entropía cruzada truncada", que reduce el peso de esas predicciones excesivamente seguras. En lugar de tratar todos los ejemplos por igual, el procedimiento concentra una mayor parte del esfuerzo en los fragmentos que todavía contienen información valiosa. De ese modo, el modelo deja de premiar de forma desproporcionada lo más repetitivo y conserva mejor la diversidad estadística del conjunto de datos.

Un desafío que crecerá junto con Internet

Los ensayos mostraron una mejora muy significativa. Según los resultados, el método permitió que los modelos soportaran más de 2,3 veces una mayor proporción de información sintética antes de manifestar los efectos característicos del colapso. Eso no significa que el fenómeno desaparezca por completo, pero sí que retrasa notablemente su aparición, ampliando el margen para combinar contenido humano y el generado automáticamente sin perder rendimiento con la misma rapidez.

Otro aspecto destacable es que los autores no se limitaron a presentar esta propuesta. También publicaron un banco de pruebas abierto destinado a evaluar de forma sistemática cómo evoluciona esa degradación cuando cambia la proporción entre material original y sintético. Contar con una referencia común facilitará comparar futuras aproximaciones y determinar con mayor precisión cuáles ofrecen mejores resultados.

La relevancia de esta investigación trasciende un nuevo procedimiento matemático. En realidad, anticipa una dificultad que probablemente acompañará a la inteligencia artificial durante los próximos años. La cantidad de contenido generado automáticamente aumenta a tal velocidad que distinguir entre material producido por personas y por algoritmos será cada vez más complicado.

Ese cambio plantea un reto inédito para quienes diseñan grandes modelos lingüísticos. Hasta ahora, la prioridad consistía en reunir conjuntos de entrenamiento cada vez más extensos. En adelante, quizá resulte igual de importante conocer la procedencia de esos datos y conservar suficiente diversidad para impedir que las futuras generaciones acaben alimentándose principalmente de información sintetizada por otras máquinas.

La inteligencia artificial ha demostrado una extraordinaria capacidad para aprender. Ahora empieza a revelar una enseñanza menos intuitiva: la calidad del conocimiento no depende únicamente de cuánto se asimila, sino también de la procedencia de aquello que actúa como maestro. En un futuro donde una parte creciente de Internet será escrita por máquinas, el mayor desafío quizá no consista en producir más información, sino en evitar que los algoritmos acaben encerrados en un inmenso circuito de adiestramiento sobre sí mismos.

(Fuente: Muy Interesante / Xataka / varios / redacción propia)

La soledad ya no es solamente tristeza: es un problema de salud pública global

Un informe de la Organización Mundial de la Salud alerta que el aislamiento social alcanza a una de cada seis personas y eleva riesgos cardíacos, mentales y de muerte temprana. 

La soledad no siempre se ve, pero también enferma: la OMS advierte que la desconexión social afecta a una de cada seis personas en el mundo y ya es considerada un problema de salud pública global (Foto: iStock).

No provoca fiebre. No deja moretones. No aparece en una radiografía. Pero enferma. Y, en algunos casos, mata. La frase puede sonar exagerada hasta que la Organización Mundial de la Salud pone los datos sobre la mesa y cambia el tono de la conversación: la soledad dejó de ser una pena íntima, una canción triste o una escena de alguien mirando por la ventana. Ahora es un problema de salud pública.

A esa conclusión llega el informe "De la soledad a la conexión social: cómo trazar un camino hacia sociedades más saludables", elaborado por la Comisión sobre Conexión Social de la OMS y publicado en 2025. El documento parte de una idea que incomoda: la salud no es solamente ausencia de enfermedad, sino bienestar físico, mental y social. Y esa tercera pata, la social, fue durante demasiado tiempo la hermana pobre de la salud pública. Se habló de presión arterial, de colesterol, de tabaquismo, de sedentarismo. Mucho menos de quién te escucha, quién te llama, quién te acompaña o quién nota que hace días no salís de tu casa.

El dato central del informe explica que, entre 2014 y 2023, alrededor del 16 por ciento de la población mundial declaró sentirse sola. Es decir, casi una de cada seis personas. Las tasas más altas aparecen entre adolescentes de 13 a 17 años, con 20,9 por ciento, y jóvenes de 18 a 29 años, con 17,4 por ciento. Después siguen los adultos de 30 a 59 años, con 15,1 por ciento, y las personas de 60 años o más, con 11,8 por ciento. La soledad, entonces, no espera a la jubilación: también se sienta en el banco de la escuela, viaja en colectivo con auriculares y "scrollea" de madrugada.

No es lo mismo vivir solo que sentirse solo

La OMS distingue dos conceptos que suelen mezclarse. El aislamiento social refiere a una falta objetiva de vínculos, contactos o interacciones. La soledad, en cambio, es subjetiva: aparece cuando la cantidad o la calidad de las relaciones no alcanza para satisfacer la necesidad de conexión de una persona. Es decir, alguien puede vivir solo y estar bien. Otra persona puede tener familia, trabajo, grupos de WhatsApp, reuniones, redes sociales y, aun así, sentirse a la intemperie. La soledad no se mide por la cantidad de notificaciones. Se mide por la falta de vínculos significativos.

Ahí aparece una de las grandes paradojas modernas. Nunca hubo tantos medios para comunicarse y, al mismo tiempo, nunca hubo tanta evidencia sobre la desconexión humana. Se puede mandar un audio, hacer una videollamada, reaccionar con un corazón, comentar una historia y acumular cientos de contactos. Pero la conexión técnica no garantiza compañía real. El propio informe pide más investigación sobre el impacto de las tecnologías digitales, el trabajo remoto, las redes sociales y la inteligencia artificial en la desconexión social. No alcanza con culpar al celular, pero tampoco sirve hacer de cuenta que una pantalla es una plaza de barrio con mejor wifi.

La soledad tiene fama de problema emocional, pero la evidencia muestra que también impacta en el cuerpo. El informe de la OMS señala que la desconexión social se asocia con peor salud mental, mayor riesgo de enfermedad, muerte prematura y costos sociales y económicos significativos. También advierte que sus efectos van más allá del individuo: afectan a comunidades y sociedades enteras.

La explicación biológica no tiene demasiado misterio. La soledad sostenida puede alterar el sueño, aumentar el estrés, afectar el sistema inmune, empeorar hábitos cotidianos y volver más difícil sostener rutinas saludables. No se trata de una noche triste ni de un domingo sin planes. El problema es la soledad crónica: esa sensación repetida de no tener a quién recurrir cuando algo se rompe.

Y como ocurre con casi todo en salud pública, no golpea a todos por igual. El organismo estima que la soledad es más frecuente en países de bajos ingresos, donde alcanza el 24,3 por ciento, frente al 10,6 por ciento en países de ingresos altos. También advierte que las personas con discapacidad, migrantes, refugiados, minorías étnicas, pueblos indígenas y población LGBTIQ+ tienen mayor riesgo de desconexión social. La soledad, queda claro, también tiene geografía, clase social y acceso desigual a redes de apoyo.

Argentina: la soledad también tiene rostro local

En Argentina, el tema no puede leerse solo con lentes globales. Hay que cruzarlo con envejecimiento, pobreza, jubilaciones, salud mental, viudez, transporte, inseguridad, urbanización y cuidados. El país no necesita importar la preocupación: ya tiene sus propias señales.

El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) publicó el trabajo "Las personas mayores en la Argentina actual: ¿vivir solo es un factor de riesgo para la integración social?", dentro del Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores. La investigación analiza cómo los arreglos residenciales, la salud, la vivienda, la capacidad de subsistencia y las redes familiares inciden en la integración social durante la vejez.

La Fundación Navarro Viola, que trabaja en programas para mejorar las condiciones de envejecimiento de personas mayores en situación de vulnerabilidad, también reúne recursos e informes sobre bienestar, inclusión social y personas mayores.

La advertencia es que vivir solo no equivale automáticamente a sentirse solo. Puede ser autonomía, deseo, costumbre o libertad. El problema aparece cuando la vida en soledad se combina con pobreza, enfermedad, viudez, pérdida de movilidad, miedo a salir, falta de transporte o ausencia de instituciones cercanas. Ahí la soledad deja de ser una elección íntima y se convierte en una encerrona social.

No alcanza con decir "salgan más"

La salida fácil sería cerrar con una receta de manual: únase a un club, llame a un amigo, vaya a caminar, adopte un perro. Todo eso puede ayudar. Pero si la OMS habla de salud pública es porque el problema no se resuelve únicamente con voluntad individual.

El informe propone cinco áreas estratégicas: políticas públicas, investigación, intervenciones, medición y datos, y compromiso social. Recomienda que los gobiernos desarrollen políticas nacionales para promover la conexión social, fortalezcan el liderazgo, mejoren el monitoreo, financien investigación, generen campañas de concientización y construyan una agenda global sobre el tema.

El punto más potente del informe no es que la soledad exista. Eso lo sabe cualquiera que haya atravesado una pérdida, una mudanza, una enfermedad, una separación o una crisis económica. Lo nuevo es que la OMS le pone escala, evidencia y agenda política. Dice que la conexión social no es un lujo sensible ni un accesorio del bienestar. Es una condición para vivir más y mejor.

Con todo, durante años se repitió que había que comer sano, caminar, dormir bien, evitar el tabaco y controlar el estrés. Todo sigue siendo cierto. Pero falta agregar algo bastante más humano: cuidar los vínculos también salva vidas. Porque la soledad no siempre grita. A veces apenas se sienta al lado, en silencio. Y para cuando alguien la ve, ya hizo demasiado daño.

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ / varios / redacción propia)

miércoles, 8 de julio de 2026

Agenda Cultural: como todas las semanas, el ex centro Cultural Kirchner, hoy rebautizado Palacio Libertad, renueva por completo su propuesta multidisciplinaria

El complejo cultural más importante de Latinoamérica, ubicado en Sarmiento 151, CABA, ofrece mucha música, gastronomía, cine, experiencias inmersivas, baile y hasta un homenaje a los inolvidables Les Luthiers. Todo, como siempre, con acceso libre y gratuito para toda la comunidad.

Esenciales: rock nacional, el lado velado de los ‘80

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Bajo la dirección musical de Juanito El Cantor, llega un concierto único dedicado a los tesoros escondidos del rock nacional de los años ‘80, con canciones de Los Encargados, Metrópoli, Fricción y muchos grupos más de la época. En la presentación, se unirá un ensamble armado especialmente para esta ocasión junto a las voces de Maca Mona Mu, Paula Maffia, Mariano Di Cesare y Florencio Finkel.

Sábado 11 de julio, 17:00, y domingo 12, 19:00 - Auditorio Nacional.

Chisterapia: homenaje a Les Luthiers, por Humorúsica

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Humorúsica presenta "Chisterapia", un tributo teatral al humor de Les Luthiers. El grupo sienta al público en el diván para presentar una experiencia teatral que revive la magia del inigualable conjunto que combina humor, música y diálogos imperdibles en escena.

Viernes 10 de julio, 20:00, sábado 11, 18:00, y domingo 12, 19:00 - Sala Argentina.

Pleamar, experiencias inmersivas

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Última semana del ciclo de experiencias inmersivas que reúne videoinstalaciones, performances audiovisuales, charlas, seminarios y música electrónica. Nebula Estudio hará un DJ set, Ernesto Romeo presenta una sesión de escucha cuadrafónica y se ofrecen tres videoinstalaciones.

Miércoles 8 a domingo 12 de julio, 14:00 a 20:00 - Sala Inmersiva, La Cúpula y Auditorio 413.

La agenda completa puede visitarse haciendo click aquí.

Tango Coral, por el Coro Nacional de Música Argentina

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Dirigido por Emiliano Linares, el concierto contará con la participación de destacados invitados: Natsuki Nishihara en bandoneón, Hernán Maisa en contrabajo, Marina Ruiz Matta en piano y los bailarines Romina Caffaratti e Iván Vivas.

Viernes 10 de julio, 20:00 - Auditorio Nacional.

Fetiche: la vida de los otros, por Mayra Bonard 

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Como parte de los programas públicos de "Fetiche", de Cynthia Cohen, Mayra Bonard cierra la exhibición de la obra con "La vida de los otros", una coreografía de sitio específico al ritmo de un live set de música ambient y electrónica.

Sábado 11 de julio, 18:00, y domingo 12, 17:00 - Salón de las Américas.

Réquiem / Kadish, por la OSN y el CPN

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Bajo la dirección de Emmanuel Siffert, la Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Polifónico Nacional interpretan "Réquiem / Kadish", obra de Ángel Mahler -con textos de Marcelo Polakoff- compuesta en homenaje a las ochenta y cinco víctimas del atentado a la AMIA en julio de 1994.

Miércoles 8 de julio, 20:00 - Auditorio Nacional.

Cocina Abierta, edición Día de la Independencia

(Foto: prensa Palacio Libertad).

La propuesta "Cocina Abierta" realiza su "Edición Día de la Independencia". Durante la jornada, el público podrá recorrer la feria gastronómica, degustar y adquirir productos típicos. También habrá música en vivo y danzas tradicionales de distintas regiones del país.

Jueves 9 de julio, 12:00 a 19:00 - Explanada.

Florecen las Peñas, edición Nueve de Julio

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Vuelve "Florecen las Peñas", para cantar y bailar con la música argentina. En el Día de la Independencia, se presenta el grupo de Seva Castro. Como invitados especiales, se suman Pablo Farhat, Mora Martínez, Nadia Szachniuk y el Ballet Folklórico de la UNA. Además, habrá clase de baile. Musicaliza DJ Inca.

Jueves 9 de julio, 17:30 - Plaza seca.

Cine en julio

(Foto: prensa Palacio Libertad).

En el mes de las vacaciones de invierno, una programación orientada a niños y adolescentes ofrece clásicos del terror estadounidense, cine francés y japonés, películas argentinas contemporáneas y propuestas con subtitulado descriptivo, audiodescripción y Lengua de Señas Argentina.

Salas de cine en quinto y sexto piso.

La programación completa puede visitarse haciendo click aquí.

(Fuente: prensa Palacio Libertad)

Agenda Cultural: cinco obras de teatro para disfrutar durante julio en la Ciudad de Buenos Aires

Entre la enorme propuesta cultural que ofrece Buenos Aires, el teatro es una de las más destacadas. Hay muchísimas puestas, no sólo en la zona céntrica sino a lo largo y ancho de la ciudad, por lo que puede ser difícil decidirse por una. A continuación van algunas recomendadas para ver durante este mes.

(Foto: composición propia).

Amanuenses, de Constanza Feldman

(Foto: composición propia).

Un día de oficina en algún momento del siglo XX. Cuatro empleados grises trabajan maquinalmente en un caos de objetos analógicos. Su actividad no parece producir nada concreto pero, como a gimnastas, la repetición rutinaria de movimientos los ha dotado de destreza física y los convierte en ejecutores precisos de absurdas secuencias coreográficas. Con Martín Bertani, Constanza Feldman, Juan Jimenez y Emmanuel Palavecino.

Los miércoles de julio a las 20.30 en El Galpón de Guevara (Guevara 326, CABA). Para adquirir entradas, hacer click aquí.

El próximo furor, de Federico Lehmann, Matías Milanese y Los Pipis Teatro

(Foto: composición propia).

La historia de una madre y una hija que buscan comunicarse imperantemente, es la travesía de una "Boy Band" tercermundista, es un musical de fanatismo extremo, crisis, saqueos y represión. Y como siempre, una declaración de amor a nuestras formas de representarnos y encontrarnos, esta vez, con canciones. Con Martina Algan, Fran Bert, Rocío Busca, Eva Capusotto, Pedro Concetti, Ramiro Gelvez, Federico Heinrich, Malena Luchetti, Milton Novo, Ima Parise, Salvador Romano, Paloma Urquiza y Trinidad Xanthopoulos.

Viernes 3 a las 22:00 y el resto de los viernes de julio a las 21;00, en Teatro Empire (Hipólito Yrigoyen 1934, CABA). Para adquirir entradas, hacer click aquí.

El vestido de mamá, de Gustavo Tarrío

(Foto: composición propia).

La obra cuenta la historia de la exploración de un niño que juega en la soledad de su hogar. Deslumbrado por el brillo de un vestido de fiesta, pone su imaginación en acción en un momento en el que nadie lo ve. "El vestido de mamá" comparte un relato con el que es posible divertirse, emocionarse y reflexionar. Con León Hassan, Paula Beovide, Andrés Granier y Pablo Viotti.

Sábados y domingos de julio a las 17:00 en Arthaus (Bartolomé Mitre 434, CABA). Para adquirir entradas, hacer click aquí.

La campaña, de Paula Grinszpan

(Foto: composición propia).

Sergio Piazza, intendente municipal, anunciará su candidatura a presidente el mismísimo día de su cumpleaños. Porque antes era "Piazza" y ahora es "Piaza". A una zeta menos de la gente. Mucho más sencillo y más fácil de pronunciar. Cada vez más cerquita. Con Julieta Berenguer, Melanie Blumfeld, Eugenia Díaz Cosentino, Facundo Ferrari, Juan Goldberger, Florencia Harari, Juan Ignacio Ardaiz, Tomas Limansky, Horacio Nuñez Irigoyen, Axel Rovner, Laila Selci, Olivia Viggiano y Lara Zorzoli.

Jueves 16 y 23 de julio a las 21:00, viernes 17, 24 y 31 a las 22.30 y sábados 18 y 25 a las 22.30 en El Grito (Costa Rica 5459, CABA). Para adquirir entradas, hacer click aquí.

Osamenta y patria, de Andrés Binetti

(Foto: composición propia).

Una "road movie" criolla del siglo XIX. La carreta atraviesa la pampa yendo en busca de la osamenta de un "Pterodáctilo bovino", especie de vaquita voladora que -supuestamente- habitó estas tierras en el período mesozoico. Las noticias del hallazgo prehistórico conducen a la consabida zanja de Alsina, nuestra muralla china invertida en un intento de pacificar al malón. El camino traerá indios, maestras perdidas, milicos de fortín, animales que hablan y la inefable desmesura del ser nacional. Con Juan Anun, Nacho Bozzolo, Cecilia De Paoli, Virginia Flammini, Malala González, Sergio Lobo, Edgardo Marchiori y Alejandra Oteiza.

Viernes de julio a las 20:00 en Teatro del Pueblo (Lavalle 3636, CABA). Para adquirir entradas, hacer click aquí.

(Fuente: Indie Hoy / varios / redacción propia)

Una palabra que, lamentablemente, cada vez se escucha más: ¿de qué se trata el "tecnofascismo"?

Megamillonarios organizados, supremacistas y terraplanistas conforman una élite que busca suprimir los derechos sindicales y sociales, e instalar un régimen basado en algo demasiado parecido a la esclavitud.

El presidente argentino Javier Milei reunido con funcionarios junto al empresario norteamericano Peter Thiel. La ONG Amnistía Internacional advirtió el posible peligro de la llegada de Palantir Technologies, la empresa de análisis de datos perteneciente al mencionado Thiel, debido a que su sistema permite cruzar información sensible "para apoyar decisiones estatales en áreas como seguridad y migración" por lo que le recomendó al Gobierno Nacional "transparentar” cualquier vínculo con la firma" (Foto: Agencia Noticias Argentinas).

El tecnofascismo es mucho más que un grupo de megamillonarios organizados como falange de cruzados que ganan mucho dinero con alta tecnología y bajos salarios, disfrutan de una vida de reyes y propagan el supremacismo racial, de clase, sexual y nacional donde pueden

Es, sobre todo, una cofradía con un proyecto de sociedad. Eso es lo importante. No se agrupan en un partido o movimiento como el primer marxismo, pero acuden a algunos de sus recursos. Uno de ellos es que elaboraron una concepción de la sociedad basada en una gama de diferencias, que va desde lo racial a lo sexual, pasando por lo económico, espacial y de clase.  

Pero se creen algo distinto a una clase superior. Con el paso del siglo XXI, actúan como si pertenecieran a otra especie, algo biológico superior.  

Este extravío horroroso no llegó por casualidad. Es el resultado de tres siglos de acumulación de clasismo, patriarcalismo y colonialismo racista, transmutados en ideología y sentimientos durante varias generaciones. El vientre fueron sus familias, barrios, colegios y grupos deportivos. Los espacios de su clase social.  

Las biografías de la mayoría de ese grupo muestran la singularidad que tenían las antiguas castas nobles por herencia en los imperios orientales, pero también en las familias medievales europeas.   

No hay diferencia con el ciudadano o la ciudadana griega, romana o persa, de piel blanca y propietario de tierras, esclavos y ganado, que hace dos mil años pensaba que sus esclavos y esclavas eran "animales parlantes", aunque caminaran en dos piernas.  

Una parte de la sociedad actual, luego de milenios de empatía grupal, revoluciones sociales y avances culturales, alcanzaron la humanización de los perros y los gatos, como los antiguos guerreros humanizaron a sus caballos. Hoy, a diferencia de los caballos, los perros y los gatos son miembros privilegiados de la familia, dignos de atenciones envidiables.

Una nueva organización

Los tecnofascistas no desarrollan cuerpos filosóficos completos como los pensadores de la Ilustración durante los siglos XVII y XVIII, ni basan sus estudios y proyectos sociales en una clase social, como hizo la generación de Marx, Engels y los primeros marxistas.  

Pero sí desarrollan cosmogonías y concepciones sociales y económicas urbanas. Los principales representantes y figuras intelectuales del tecnofascismo promueven una nueva pero nefasta organización económico-social para la humanidad.

(Foto: composición propia).

Pero es más que una sociología urbana. Ellos creen que la humanidad actual debe estructurarse sin derechos sociales, sindicales, culturales ni políticos, normalizada mediante relaciones de propiedad de semiesclavitud y vigilada. Esto último no se atreven aún a decirlo, pero lo intentan practicar allí donde pueden.  

No es un acto casual
que primero desarrollen una teoría, luego escriban un programa y lo publiquen como el "Manifiesto Palantir". A éste hay que agregar otros documentos fundacionales publicados desde 2010, basados en el libro "La ilustración oscura", de Nick Land, quizás el jefe intelectual de ellos. ¿Es una casualidad que no haya una sola mujer entre ellos? 

Son orientados por un grupito de expertos tecnológicos, economistas, antropólogos y algunos politólogos como Steve Bannon.   

Después de ellos vienen los payasos presidenciales: Trump, Orban en Hungría, Meloni en Italia, Katz en Chile, Milei en la Argentina. También Corina Machado, el hijo de Bolsonaro y el evangélico argentino Dante Gebel.

Federico y Rosa lo avisaron

Friedrich Engels fue el primero que advirtió, dos años antes de su muerte, que el dilema futuro humano sería entre socialismo y barbarie. La polaco-alemana Rosa Luxemburgo se encargó de difundir esa idea y convertirla en popular. 

Están entre nosotros. Ya existen países convertidos en sociedades semi-bárbaras si las medimos por su consumo de energías, estándar de vida, tipo de empleo y formas de convivencia.  

Una de ellas es Haití. Pero hay reflejos de Haití en muchos países, donde el neoliberalismo se instaló mucho tiempo, o en países devastados por guerras imperiales como Irak, Afganistán, Libia, Somalia, Ruanda, Burundi y otros. Ucrania es la siguiente

O en zonas suburbanas de grandes ciudades metropolitanas como Buenos Aires, Bogotá, Ciudad de México, Caracas y San Pablo. Sus altas torres luminosas están rodeadas de miserables que comen desechos en las calles, viven bajo puentes y se trasladan con tracción animal o a pie, como hace dos o tres siglos. 

Los tecnofascistas son más que la definición académica que los reduce al "uso de tecnologías, inteligencia artificial y algoritmos como herramientas de control social, corporativo o estatal, a menudo bajo la fachada de la innovación y el progreso".  Esa es la parte instrumental de la cosa. Son mucho más y ahí está el peligro para el resto de la sociedad humana.  

Ellos representan la actual versión viva de la distopía narrada por genios literarios como el ruso Yevgueni Zamiatin y los británicos Aldous Huxley y George Orwell. Son la expresión fantástica de lo que el sistema imperialista del capital intenta desde la política y la economía desde los años 30. 

La hipótesis de Wallerstein

Un brillante historiador norteamericano de una escuela no marxista llamado Immanuel Wallerstein fue el autor de la investigación que planteó la posibilidad teórica del tipo de sociedad que proyectan hoy los intelectuales del tecnofascismo.  En su obra "El sistema mundo" (1974) desarrolló las hipótesis del paso de la sociedad feudal a otra no capitalista sin necesidad de revolución, sino basada en formas esclavas nuevas.  

Felizmente ese tránsito fue frustrado por el desarrollo industrial capitalista inglés y nórdico que reemplazó al sistema feudal. Y por la Revolución Francesa, que completó la tarea expandiendo la propiedad burguesa y su tipo de Estado a medio planeta

Pocos autores marxistas tomaron la idea de Wallerstein para vislumbrar el futuro en caso de que no triunfara una revolución socialista mundial que superase al sistema capitalista.  

Uno de los que adoptó la idea de Wallerstein fue el argentino Nahuel Moreno, un olvidado político y pensador de los años 50. Aunque murió a mediados de los 80, registró su opinión en el libro biográfico "Conversaciones con Nahuel Moreno" (1984). Allí reconoce el valor teórico del aporte de Wallerstein y lo aplica al futuro en caso de que fracase la revolución socialista. 

Antes de Moreno, el reputado historiador inglés Perry Anderson también lo trató desde la teórica de la transición en "El Estado absolutista", un libro de los años 70.   

Moreno sostiene que el sistema nazi y sus campos de exterminio fueron un serio intento de crear nuevas relaciones de producción basadas en el trabajo semi-esclavo o directamente esclavo. "El fenómeno de Hitler no ha sido estudiado a fondo por los marxistas. En el racismo hitleriano tenemos el embrión de una nueva sociedad esclavista, con los campos de exterminio y de trabajo", sostiene.

Aludiendo a la teoría de Wallerstein, el historiador de las religiones Ahdan Ahmed Husaine, de la Universidad de Queens, sostiene que no hay nada casual en la visita de Cristóbal Colón a nuestras tierras con mandato del absolutismo español: "Colón se había formado entre los franciscanos espirituales joaquinistas genoveses (…), una corriente de los siglos XII y XIII que se basaba en una visión apocalíptica y el modelo de conquista presentado a Fernando VI fue el de los cruzados", dice.

Estamos ante otra cosa 

Los amigos de Trump piensan que los valores de la Ilustración enciclopedista, los derechos humanos, sociales y sindicales, la democracia, la soberanía nacional, etcétera, son aberraciones. Habrá que retener sus nombres para comprender y combatir este proyecto milenarista: Curtis Yarvin, Peter Thiel, Marc Andreessen, Elon Musk y Alex Karp, entre unos cuantos otros.   

Son intelectuales emergentes, como lo fueron Voltaire, Diderot, D’Alembert, Monstesquieu, Rousseau, Buffon o Quesnay, pero invertidos ideológica y moralmente.  

Hay una diferencia: los actuales profetas del poscapitalismo cuentan con los recursos financieros que ningún grupo similar tuvo jamás en los últimos tiempos. Habría que viajar hasta las antiguas cruzadas financiadas por reyes, papas y otros civilizadores bíblicos para encontrar algo semejante.

Los tecnofascistas tienen un problema: este proyecto reaccionario depende del resultado en las guerras actuales en Ucrania y en Irán. Sobre todo la segunda, donde no está la mediación deformadora de la "sombra bolchevique" de la URSS. 

Si como sugiere la Cumbre de Pekín, el decadente "imperio norteamericano" resulta derrotado y agotado en el estrecho de Ormuz, los amigos tecnofascistas tendrán que convertir sus entusiastas escritos en rollos muy pequeños capaces de caber en sus bolsillos, para decirlo con delicadeza.

(Fuente: Caras y Caretas / eldiario.es / vientosur.info / varios / redacción propia)