(Foto: Shutterstock).
Hoy en día
cualquiera escribe un libro. Muchos
influencers
o
estrellas mediáticas los publican sin haberlos escrito.
Antes eso también pasaba, pero
requería del trabajo de
personas en la sombra. Ahora lo hace la IA, que
ha
facilitado enormemente la tarea.
Tanto es así que
las sospechas salpican a escritores
profesionales, como ha sucedió en
el caso de Thélyson
Orélien, cuya novela superventas
fue retirada de
un certamen literario por sospecharse que estaba escrita con
IA. ¿Cómo llegaron a esa conclusión? La aplicación
Pangram, considerada el
"estándar de referencia" de los
detectores de textos escritos
por IA, dio positivo. El caso ha dejado un entretenido
reguero de
declaraciones entre los implicados.
La necesidad de detectar -o evitar que se detecte- el uso de la IA
se extiende a otros ámbitos, como escuelas y universidades,
pero… ¿se puede detectar texto escrito por IA? Si es así, ¿se
puede
camuflar el fraude y
hacerlo indetectable?
Primero hay que
entender cómo escribe una IA para
responder esas preguntas.
Palabra a palabra
La IA genera el texto
palabra por palabra. Decimos
palabra, pero
en realidad es un token, que
puede ser
una palabra completa,
un trozo de palabra,
un signo de puntuación,
un número o
un espacio.
Para escribir, la inteligencia artificial
sigue un sencillo
algoritmo: lee lo ya escrito, calcula una
lista de
posibles palabras siguientes junto con sus
probabilidades
de salir elegidas, realiza
un sorteo,
agrega a
la ganadora al texto y
vuelve a empezar. Las
probabilidades que reciben las palabras están relacionadas con
su
frecuencia de aparición en los textos con los que se entrena la
IA. Por lo tanto, aunque el texto generado es
el
resultado de un sorteo, las
palabras más frecuentes en
los textos de entrenamiento tendrán más posibilidades de
aparecer.
Además, la IA está optimizada para
conversar con el usuario
y
resolverle dudas de forma clara y didáctica. Esto hace
que, si no le pedimos algo diferente, de entre la variedad de
tonos posibles
su escritura será neutra y expositiva.
Todo ello hace que el texto que genera la IA
deje unas huellas
sutiles que abren la posibilidad de reconocer su autoría.
Estrategias de detección
El entrenamiento de la IA condiciona su vocabulario
priorizando
términos comunes frente a otros más rebuscados. También
abusa de
palabras de relleno ("realmente", "simplemente",
etc) o que
ponen énfasis ("notable", "fundamental" u
otras). De igual manera, su
tono didáctico hace que
recurra con frecuencia
a determinadas formulas ("por lo tanto, "en resumen",
"con el objetivo de", "no solo… sino también", etc) y que tienda a
cerrar sus argumentos con frases a modo de resumen.
Estos patrones
reducen la variabilidad del texto y
dejan
una impronta que se puede detectar mediante
estilometría,
es decir,
midiendo los rasgos estilísticos del texto para
ver si son similares a los de los textos las inteligencias
artificiales.
Otra estrategia muy usada recibe el apropiado nombre de
perplejidad.
Ésta
mide lo sorprendente que resulta una secuencia de texto
para una IA generadora de lenguaje.
Para calcularla, se usa un detector que maneja unas probabilidades
similares a las de los sistemas generadores. Este detector recorre
el texto y mide cómo de sorprendente le resulta la secuencia. La
perplejidad es más fiable en textos largos, ya que el texto
precedente ofrece información para reducir la incertidumbre y
realizar estimaciones mejor informadas. Además, en los textos
generados por IA la perplejidad tiende a ser uniforme, mientras
que en los textos humanos muestra mucha más variabilidad ya que,
aunque nos cueste creerlo, somos más impredecibles.
Otra táctica consiste en "combatir el fuego con fuego", es decir,
pedirle a una IA que verifique si el texto lo ha escrito otra
IA. Se sabe que
el uso de modelos
comerciales, como el propio chatGPT, no da buenos resultados.
Sin embargo, usar modelos entrenados específicamente en la tarea
de detección es
la mejor estrategia existente en la actualidad.
Un ejemplo es el antes ya mencionado Pangram, un detector
comercial que se entrena aprendiendo a
diferenciar textos
humanos de sus réplicas generadas por IA y que
se
reentrena poniendo el foco en los falsos positivos.
Maniobras de camuflaje
Como la detección se basa en
acumular indicios, las
maniobras de camuflaje
se esfuerzan en hacerlos desaparecer
alterando los patrones que deja la escritura.
La
maniobra más sencilla consiste en pedirle a la propia
IA que va a generar el texto
que lo haga de una forma
diferente. Ésto puede incluir decirle que lo haga
siguiendo
un rol (por ejemplo, "escribe como un estudiante de
secundaria"),
evitando usar palabras de una lista negra o
intercalando frases de longitudes diversas.
Otras maniobras consisten en
modificar el texto generado por
la IA. Para ello, la propia persona
puede inyectar su
propio texto,
sustituir palabras que ella no usaría
o
reescribir fragmentos en sus propias palabras. Si es más
perezosa, puede pedirle a la propia IA
que lo altere o que lo
parafrasee. Estudios recientes demuestran que
tras sucesivos parafraseos la eficacia
de los detectores desciende sensiblemente.
Aproximaciones similares, pero
más creativas, consisten en
utilizar los traductores automáticos para
traducir el texto
generado a otro idioma y traducirlo de vuelta a la lengua
original.
El ojo humano
¿Y
cómo de buenas somos las personas para detectar el
texto generado por la IA? Nefastas… y excelentes.
Un estudio
revela que
el factor diferencial depende de la
familiaridad
con la forma de escribir de la IA. Las personas sin esa
familiaridad
fallan mucho y muestran un exceso de confianza
en sus veredictos. Por el contrario,
las personas expertas son
muy difíciles de engañar.
Si además se agrega
el veredicto de varias de ellas, el
estudio muestra que
el resultado es excelente. No
obstante, conviene ser cautos, pues
ningún sistema de
detección es infalible, por lo que siempre quedará un margen
de duda.
De esta forma, mientras el texto escrito por personas tenga valor,
la persecución entre el gato y el ratón continuará y las
tácticas de cada bando se seguirán sofisticando. Como lectores,
nuestra
necesidad de conectar con la voz de otros hará que sigamos
buscándolos entre líneas.
(Fuente: The Conversation / Xataka / varios /
redacción propia)