lunes, 3 de agosto de 2026

¿Heredamos los traumas de nuestros padres? La ciencia cree que no exactamente

La idea de que los traumas "pasan" de padres a hijos resulta muy atractiva. Sin embargo, al día de hoy la neurociencia no ha demostrado que heredemos el recuerdo de una guerra, de una agresión o de una pérdida sufrida por nuestros antepasados, aunque existen estudios que indican que la biología y el entorno sí pueden influir. 

(Foto: Shutterstock).

Dicho de un modo muy general, lo que se transmite entre generaciones no es el trauma en sí, sino una mayor sensibilidad (o una adaptación) de los sistemas que regulan el miedo y el estrés, transmisión que puede producirse a través de la convivencia familiar, del ambiente prenatal y, quizá, de ciertos mecanismos epigenéticos cuya importancia en humanos todavía son motivo de debate. Además, cuando una experiencia origina un trastorno de estrés postraumático, no queda grabada en una única, digamos, "zona del miedo". 

El trauma deja huella en el cerebro

Hay estudios de neuroimagen que describen alteraciones en regiones tales como la amígdala y la corteza prefrontal. La primera está implicada en detectar amenazas y la segunda en regular las emociones y cancelar las respuestas de miedo que ya no son útiles. También participa el hipocampo, una estructura del cerebro muy importante para situar los recuerdos en su contexto.

Todas estas zonas forman parte de redes cerebrales que se activan para detectar qué estímulos son relevantes y para regular nuestra respuesta en relación con la experiencia (las llamadas redes de saliencia, de control ejecutivo y de procesamiento autorreferencial). Sin embargo, los resultados varían entre personas y estudios: no existe una firma cerebral única del trauma.

Puesto que las redes antes mencionadas están en el cerebro de la persona que vivió el acontecimiento, no en sus óvulos o espermatozoides, y dado que los recuerdos se sostienen mediante cambios de plasticidad en circuitos y en conjuntos de neuronas (engramas), es difícil imaginar -y de hecho aún no lo conocemos- un mecanismo biológico capaz de copiar una escena, una emoción concreta o un recuerdo autobiográfico desde el cerebro de un progenitor hasta el de su descendiente.

Se aprende del peligro


El cerebro infantil se construye en la interacción con otras personas. Las niñas y los niños aprenden por imitación y experiencia qué situaciones deben considerar seguras o peligrosas. Observan la expresión de la cara, las posturas, los silencios y qué nos da miedo, qué rechazamos o evitamos.

En este sentido, un metaanálisis mostró que los bebés, cuando ven a sus progenitores reaccionar con miedo ante algo nuevo, también pueden sentir más temor y evitar ese estímulo. Los efectos observados fueron pequeños o moderados, pero ayudan a entender cómo alguien que ha sufrido un trauma puede transmitir a sus hijos una mayor sensación de peligro o más dificultades para manejar las emociones.

Pero ésto no significa que los hijos inevitablemente desarrollen un trastorno. Para que ocurra es necesario que participen otros factores como el temperamento, la influencia de los cuidadores, el apoyo social, las experiencias posteriores o la capacidad del sistema nervioso para seguir cambiando.

¿Y el embarazo?

El estrés intenso durante la gestación puede modificar los niveles de hormonas, producir inflamación y alterar el metabolismo y el funcionamiento de la placenta. Esas señales forman parte del ambiente en el que madura el cerebro fetal, por lo que pueden asociarse con diferencias posteriores en la conectividad cerebral, la regulación emocional y, una vez más, la respuesta al estrés.

Sin embargo, la ciencia indica que los efectos observados en humanos pueden variar y que resulta difícil separar el estrés de otros factores como la salud de la madre, la pobreza, la nutrición o el ambiente después del nacimiento.

En todo caso, sería más preciso hablar de programación prenatal que de herencia entre generaciones. Durante el embarazo, el feto está directamente expuesto a los cambios hormonales, metabólicos e inmunitarios que se producen en el organismo materno. Por eso, si más adelante se observa alguna diferencia en el hijo, no puede afirmarse que una señal biológica se haya transmitido de una generación a otra sin exposición directa.

La epigenética

La epigenética estudia los mecanismos que regulan la actividad de los genes sin alterar la secuencia del ADN como, por ejemplo, la metilación. Existen pruebas en animales que indican que algunas señales ambientales pueden afectar a los descendientes a través los gametos.

Sin embargo, es mucho más difícil demostrarlo en humanos, pues la genética, el embarazo, la crianza, la cultura y las condiciones sociales se transmiten al mismo tiempo, mientras que gran parte de las marcas epigenéticas se reorganizan durante la formación de los gametos y el desarrollo embrionario.

Un estudio publicado el pasado año encontró, en 131 miembros de tres generaciones de familias sirias, patrones de metilación asociados con la exposición a la violencia. Aunque es un resultado cuanto menos llamativo, este trabajo no prueba irrefutablemente que se herede un trauma mental. Entre otras cosas porque se analizaron células bucales, porque el número de sujetos de estudio fue reducido y porque los propios autores indicaron que sería necesario realizar una validación. Una marca epigenética puede ser causa, consecuencia o, simplemente, un indicador de una exposición.

Heredamos posibilidades


Con todo, la conclusión más prudente es que no heredamos los recuerdos traumáticos de nuestros antepasados. Sí que podemos recibir genes que influyen en nuestra sensibilidad al estrés, sobre todo si nuestra madre vivió un embarazo complicado o, desafortunada e injustamente, crecimos en una familia que vivía bajo peligro.

Toda esa transmisión es real, pero también lo es nuestra capacidad de adaptación, tener relaciones seguras, disfrutar de mejores condiciones de vida y poder acceder a terapias eficaces que modifiquen los llamados "circuitos del miedo". La biología transmite posibilidades, no condenas.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

Con una canción inédita de Lennon y otras joyas se reedita "Rubber Soul", el disco que cambió la historia de The Beatles

Una grabación doméstica de 1965 encabeza esta edición especial, con 23 nuevas tomas, remezclas y el single "Day Tripper / We Can Work It Out". Se publica el próximo 2 de octubre en variados formatos.

(Foto: composición propia).

La maquinaria que alimenta el fuego de uno de los fenómenos culturales del siglo XX nunca detiene su actividad. Esta semana The Beatles han vuelto al centro de la conversación musical global con una revelación (otra más): una canción nunca escuchada de John Lennon titulada "Little Girl", que permaneció como un secreto guardado durante décadas. La noticia se dio a conocer al mismo tiempo que se anunció que el 2 de octubre se publicará una edición especial de "Rubber Soul", el álbum de 1965 que inició la denominada "era adulta" de la banda. Allí habrá 23 grabaciones inéditas, incluida la antes mencionada.

Pocos discos en la historia del pop permiten fechar con tanta precisión el momento en que una banda deja de responder a las expectativas del mercado para empezar a interrogarse a sí misma. Este disco, grabado en apenas cuatro semanas de octubre y noviembre de 1965, es uno de esos registros. Los Beatles llegaron al estudio con canciones que ya no encajaban del todo en el molde pop que los había hecho famosos: letras más ambiguas, arreglos que incorporaban el sitar y el armonio, estructuras que privilegiaban la atmósfera por encima del "gancho" melódico inmediato. El resultado fue un álbum que no sonaba como una ruptura deliberada sino como una consecuencia natural, lo que lo hizo más perdurable que cualquier manifiesto.

Más que un estilo, "Rubber Soul" inauguró una actitud: la idea de que un álbum de pop podía funcionar como un objeto coherente, con una lógica interna propia, y no como una colección de canciones sueltas. Esa concepción del álbum como forma artística autónoma -que luego llevarían a su expresión más elaborada en "Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band" dos años después- tiene su punto de origen aquí, en una serie de canciones que van de la ironía afectuosa de "Drive My Car" a la melancolía filosófica de "In My Life", pasando por la tensión narrativa de "Norwegian Wood". Para muchos estudiosos de la música pop del siglo XX, es el disco en que el grupo de Liverpool formuló por primera vez la pregunta que definiría la segunda mitad de su carrera: ¿hasta dónde puede llegar esto?

La versión compuesta sólo por vinilos incluye una reproducción del single original "Day Tripper / We Can Work It Out" (Foto: thebeatles.com).

Cómo son las ediciones

La grabación encontrada de Lennon, "Little Girl", es una grabación doméstica parcialmente completa realizada en 1965. Y a diferencia de “Now and Then” -la canción presentada en 2023 como el "último tema" del grupo, completada por Paul McCartney y Ringo Starr con fragmentos de George Harrison recuperados del proyecto "Anthology"- esta grabación se publica tal como Lennon la dejó, sin intervención de los miembros supervivientes del grupo.

La edición Super Deluxe incluye 20 tomas inéditas de sesión y tres demos caseros, además de una nueva mezcla estéreo del álbum original, la mezcla mono original y la versión estadounidense del sello Capitol -que en su momento circuló con una lista de canciones distinta a la edición británica-, más mezclas en formato Dolby Atmos. Las nuevas mezclas fueron elaboradas con tecnología desarrollada en la productora del director neozelandés Peter Jackson, cuya vinculación con el universo beatle se remonta al magnífico documental "Get Back". El trabajo de producción estuvo a cargo del productor Giles Martin -hijo del legendario George Martin- y el ingeniero de sonido Sam Okell, el mismo equipo responsable de las ediciones especiales anteriores de la banda.

El set incluye también "Day Tripper" y "We Can Work It Out", el single lanzado en paralelo al álbum en diciembre de 1965 pero que no formó parte de la edición original británica. Entre las grabaciones de sesión que se publican por primera vez figuran tres versiones distintas de "Norwegian Wood", dos tomas de "Nowhere Man", tres de "I’m Looking Through You" y una cinta del trabajo de composición de "Day Tripper". También se incluye un demo de "We Can Work It Out" con la voz de McCartney y un extracto de "In My Life" con un solo de órgano que no llegó a la versión final del disco

Más delicias (caras) para el fan coleccionista. La edición en caja de 5 LPs y 4 CDs viene acompañada de un libro de tapa dura de 88 páginas que incluye una introducción escrita por Paul McCartney y un prefacio compilado a partir de reflexiones de Lennon sobre "Rubber Soul" a lo largo de su vida. También habrá versiones en formato Deluxe (2 LPs / 2 CDs) y Standard (1 LP / 1 CD), así como una edición en Blu-ray con audio en alta resolución a 96 kHz/24 bits y cuatro videos. Las ediciones exclusivas del sitio oficial de The Beatles incluirán un póster y un set de tarjetas de arte, además de un "picture disc" en formato zoetrope: gira en forma circular con imágenes secuenciales, un típico efecto psicodélico.

Un brevísimo trailer publicitario del lanzamiento puede verse haciendo click aquí.

(Fuente: Infobae / thebeatles.com / varios / redacción propia)

viernes, 31 de julio de 2026

Lecturas para el fin de semana: esta vez, cuatro libros "difíciles" firmados por mujeres

Cuatro trabajos con dos denominadores comunes: su autoría femenina y ser esencialmente dolorosos. Vínculos enfermizos, traumas colectivos, duelos, enfermedad mental, el peso del silencio, la necesidad de reinventarse y otros temas de ese tenor son los que tratan estos textos, de buena presencia en librerías actualmente y, como casi siempre, descargables en formato digital desde este mismo post. 

(Foto: composición propia).

Tres autoras ya consagradas y una "misteriosa" novel que no ofrecen diversión o pasatismo, sino más bien todo lo contrario. Admitamos que el post de hoy no propone, a diferencia de algunos otros viernes, lecturas para públicos masivos. Temas fuertes pero de los cuales es necesario hablar y, eventualmente, abrevar en la experiencia ajena. A continuación, los títulos:

Corazón de perra, de Victoria Guerrero (Random House)

(Foto: composición propia).

Una poeta peruana llega a Moscú y, casi sin advertirlo, entra en una red de enfermedad, vigilancia y encierro. En nombre de la ciencia, un médico de aura siniestra y una mujer tan seductora como implacable la convierten en objeto de estudio, la rebautizan Laika y la empujan a un territorio donde el cuerpo deja de pertenecerle por completo. Entre clínicas, quirófanos, celdas y fugas, la narradora intenta sostener lo único que no puede dejarse arrebatar del todo: la memoria de sí misma, su lengua y una precaria pero feroz voluntad de autonomía.

Una novela de gran intensidad verbal y extraña belleza, donde la experiencia de la enfermedad se transforma en una indagación radical sobre el poder, el dolor y la resistencia. Victoria Guerrero Peirano construye una voz hipnótica que cruza delirio, lucidez y violencia para narrar un cuerpo intervenido, vigilado y aun así indócil.

Para comprar y descargar en formato e-book, hacer click aquí.

Mala madre, de María Paz Rodríguez (Seix Barral)

(Foto: composición propia).

A sus setenta y seis años, la vida de María Claro esta­ba llena de rutinas. Instalada en Iowa, la tranquilidad de su vejez se ve trastocada cuando una de sus nietas logra dar con su paradero. Obligada a recordar una vida que creyó haber dejado atrás, las cicatrices de María vuelven a abrirse para dejar al descubierto el doloroso significado de La Mala Madre, la instalación que le ganó su reputación como artista. En paralelo, la joven Tiny von Striker, pupila y amiga íntima de María, deberá enfrentar los verdaderos sentimientos en torno a una familia en la que nunca se sintió com­prendida y que lleva quince años sin ver.

"Mala madre" es una exploración de los vínculos familia­res enfermizos, donde la culpa, la libertad y el desarro­llo de la identidad propia serán el hilo conductor de la vida de las protagonistas y de esta poderosa novela.

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El horizonte de mi existencia, de María José de Bustos (Seix Barral)

(Foto: composición propia).

Un arquitecto uruguayo, habituado en los últimos años a levantar espacios destinados a desaparecer, llega a una playa del Pacífico chileno cargando un duelo imposible. Desde esa orilla donde el mar se vuelve confesionario y condena, reconstruye la historia de una vida marcada por las fugas, el amor desgastado, la culpa y la enfermedad mental.

Con una voz torrencial e íntima, "El horizonte de mi existencia" narra la transformación de un hombre que, tras años de sostener una existencia confortable y vacía, se ve obligado a enfrentarse al derrumbe de todo aquello que creía sólido: el matrimonio, la familia, la identidad y hasta la idea de la cordura. La aparición de Víctor -un músico español luminoso y enigmático- y el traslado a la costa asturiana abrirán, sin embargo, una inesperada posibilidad de redención.

La enigmática autora -es su primer trabajo y casi no se encuentra información sobre ella- construye una novela de gran intensidad emocional sobre la fragilidad de los vínculos, el peso devastador del silencio y la necesidad urgente de reinventarse cuando la vida parece haber terminado.

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El bosque de tu nombre, de Karina Pacheco (Alfaguara)

(Foto: composición propia).

Una novela sobre memoria, violencia política y herencia moral que reconstruye, desde la intimidad familiar, el genocidio guatemalteco y sus reverberaciones en varias generaciones. Ariel, médico inglés e hijo de un exiliado guatemalteco, descubre en un cuaderno familiar una confesión que altera su comprensión del pasado: su padre estuvo implicado en un ajuste de cuentas ligado al asesinato de una mujer desconocida. 

A partir de ese hallazgo, inicia una investigación que entrelaza memoria, culpa, violencia política y silencios heredados. Situada en el contexto del conflicto armado guatemalteco y las secuelas del genocidio indígena, la novela despliega una trama donde lo íntimo y lo histórico avanzan juntos. Karina Pacheco construye un relato de gran densidad ética y emocional, sostenido por una prosa contenida y precisa. La obra explora cómo los traumas colectivos atraviesan generaciones y cuestiona las posibilidades reales de verdad, reparación y reconciliación en América Latina contemporánea.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

El "pensamiento crítico" está de moda: ¿qué significa realmente y cómo se enseña?

En cualquier debate o reflexión acerca del impacto de la inteligencia artificial en la educación se acaba hablando de pensamiento crítico. Esta tecnología está cambiando la forma en que los alumnos aprenden y en que los docentes evalúan el aprendizaje, y ante esta transformación, el pensamiento crítico se presenta a menudo como la respuesta pedagógica adecuada.

(Foto: Shutterstock).

Pero a medida que la IA cambia la forma en que aprendemos y enseñamos, es fácil pasar por alto una cuestión crucial: ¿qué significa realmente el pensamiento crítico en el mundo actual?

Existe un peligro real de que se convierta en una palabra de moda vacía de contenido, un antídoto excesivamente simplificado y supuestamente universal contra esta nueva realidad en la que la información, las explicaciones y los resultados cada vez más sofisticados están a sólo un clic de distancia.

Ampliando las definiciones

El pensamiento crítico se entiende, en términos generales, como un conjunto complejo y valioso de habilidades y hábitos. Incluye la capacidad de evaluar pruebas, valorar argumentos, identificar supuestos, distinguir las afirmaciones más sólidas de las más débiles y extraer conclusiones razonadas.

Estas habilidades siguen siendo vitales, pero no abarcan por completo lo que los estudiantes necesitan para hacer frente a los retos cognitivos de un mundo impulsado por la IA.

Reflexión y juicio

El pensamiento crítico se desarrolla en dos pasos. El primero es la reflexión, ese micromomento vital de pausa y consideración que precede al segundo paso: la formación de un juicio.

La reflexión exige que las personas cuestionen las pruebas, examinen las suposiciones, comparen interpretaciones contrapuestas, reconozcan los límites de su propia perspectiva y estén dispuestas a revisar sus conclusiones a la luz de argumentos más sólidos o de nueva información.

Pero los espacios digitales modernos moldean agresivamente nuestra atención. Las plataformas digitales deciden qué es visible, fiable y digno de atención, y luego ofrecen contenido a los usuarios en forma de vídeos breves, reseñas cortas y feeds que se pueden desplazar sin fin.

El pensamiento crítico resulta difícil en estos espacios digitales porque desaparece el tiempo y el espacio necesarios para la reflexión. En su lugar, es probable que los usuarios pasen directamente del consumo al juicio.

La reflexión, intermedio necesario entre consumo y juicio

Sin embargo, aún podemos fomentar la crucial primera etapa de la reflexión fuera de estos entornos digitales. Y, al igual que cualquier objetivo educativo significativo, este hábito no se adquiere únicamente a través de la enseñanza. Se cultiva gradualmente mediante la práctica repetida, la retroalimentación, la reflexión y la revisión a lo largo de todo el plan de estudios.

Aunque el pensamiento crítico comienza con una reflexión disciplinada, no termina ahí. La reflexión nos prepara para ejercer el juicio.

El juicio es donde el pensamiento comienza a orientar la acción. Es donde decidimos qué merece nuestra atención, cuánta confianza depositar en nuestro conocimiento y qué responsabilidades se derivan de ello. Determina cómo participamos en última instancia junto a los demás en situaciones en las que no podemos estar seguros al 100 % de lo que sabemos.

El ingrediente clave: la humildad intelectual

Uno de los logros menos publicitados de la educación es que ayuda a los alumnos a descubrir los límites de su propia comprensión. Luchar con ideas difíciles, construir argumentos, cometer errores y revisar el propio razonamiento hacen mucho más que simplemente producir conocimiento. Estos procesos calibran gradualmente el juicio al enseñar a los estudiantes la diferencia entre llegar a una respuesta y comprender un tema de forma significativa.

Con las herramientas basadas en la IA, es más fácil que nunca producir trabajos que, a primera vista, parezcan reflexivos, persuasivos y sofisticados. Una persona puede parecer informada y elocuente sin haber realizado nunca el difícil trabajo cognitivo de desarrollar una comprensión real.

Por lo tanto, hay que enseñar a los estudiantes a distinguir entre una respuesta y la comprensión real. La capacidad de escribir un texto fluido y bien construido es una habilidad totalmente distinta a la de elaborar un argumento sólido. De hecho, una prosa ingeniosa a menudo puede enmascarar o distraer la atención de la falta de una comprensión clara.

Apariencia frente a profundidad

Pero el riesgo no es que el uso de la IA genere estudiantes incapaces de pensar. El riesgo es que cada vez resulte más fácil confundir una ejecución pulida con profundidad intelectual, tanto en nosotros mismos como en los demás.

Aquí es donde entra en juego la humildad intelectual. No se trata ni de modestia ni de falta de confianza, sino de la capacidad de reconocer los límites de la propia comprensión, estar abierto a la revisión y calibrar la confianza en función de lo que realmente se sabe. La humildad intelectual es lo que evita que el juicio se endurezca hasta convertirse en una certeza ciega.

Esta capacidad hace que el pensamiento crítico sea algo más que un conjunto de habilidades cognitivas. Se convierte en parte de un proyecto educativo más amplio, que prepara a los estudiantes para ejercer su juicio de forma responsable en relación con otras personas y con el mundo compartido en el que viven.

Más allá de una habilidad aislada

Desde esta perspectiva más amplia, el pensamiento crítico no puede reducirse a una habilidad aislada, integrarse en una sola asignatura ni medirse mediante una única evaluación. Se cultiva en todas las disciplinas, a través de experiencias que obligan a los estudiantes a revisar sus conclusiones a la luz de nuevas pruebas, a defender interpretaciones contrapuestas, a explicar el razonamiento que subyace a sus decisiones y a reflexionar con honestidad sobre los límites de su propio entendimiento.

En la práctica, esto se traduce en un experimento científico que refuta la hipótesis de un alumno, una clase de historia en la que se comparan interpretaciones contradictorias de un mismo acontecimiento o un debate literario que explora múltiples lecturas de un texto.

Este tipo de tareas exigen a los alumnos que pongan en práctica el mismo hábito: ejercer el juicio con humildad intelectual. El objetivo no es simplemente llegar a la respuesta correcta, sino aprender a reconocer cuándo su propio razonamiento debe cuestionarse, refinarse o modificarse.

En última instancia, este hábito prepara a los alumnos para el mundo real actual, donde los retos rara vez tienen respuestas claras o información completa. Al igual que todos los adultos, los alumnos tendrán que lidiar con afirmaciones contradictorias y debates públicos, a menudo en plataformas gestionadas mediante algoritmos llenas de contenido generado por IA.

En estos espacios, la confianza tiende a ir por delante de la comprensión.

Cuestionar y reconsiderar

Las sociedades democráticas necesitan ciudadanos que hayan practicado la difícil tarea de revisar sus opiniones. El aula ofrece un entorno seguro y sin grandes riesgos para entrenar esta habilidad antes de ponerla en práctica en el mundo real.

Los colegios y las universidades tienen el deber de enseñar a los alumnos a ejercer un juicio sensato ante la incertidumbre, el desacuerdo y la complejidad. Esa labor no comienza enseñando el pensamiento crítico como una habilidad aislada, sino diseñando experiencias de aprendizaje que inviten repetidamente a los estudiantes a cuestionar, revisar, justificar y reconsiderar su propio pensamiento en todas las disciplinas.

Al hacerlo, la humildad intelectual se convierte no sólo en un ejercicio académico, sino en un hábito cívico profundamente arraigado.

(Fuente: The Conversation / redacción propia)

Un documental es capaz de revivir la crisis argentina de 2001 sólo con la potencia de las imágenes

"Diciembre", la película de Lucas Gallo, prescinde de narración y entrevistas retrospectivas para apoyarse en el peso abrumador del archivo que relata aquellos agitados días.

(Foto: composición propia).

Hay un documental que no explica el derrumbe de la Argentina en diciembre de 2001: lo reproduce. "Diciembre", del director Lucas Gallo, construye su narración íntegramente con imágenes televisivas de la época, sin voz en off, sin entrevistas, sin análisis retrospectivos, confiando en que el flujo caótico de las transmisiones en vivo de aquel mes tiene, por sí solo, la densidad suficiente para restituir la experiencia del colapso.

El espectador no percibe una interpretación del levantamiento popular: percibe el levantamiento popular. Esa apuesta formal -el archivo como presencia, no como ilustración- adquiere una dimensión particular en 2026, el año en que se cumplirán en diciembre, 25 años de las jornadas que dejaron decenas de muertos, cinco presidentes en poco más de un mes y la consigna "¡Que se vayan todos!" como síntesis de una crisis de representación, social, política y económica sin equivalente en la historia reciente del país.

La película prescinde de entrevistas, expertos y carteles explicativos intermedios. Su único material es el archivo televisivo restaurado de diciembre de 2001 -en su mayoría proveniente de Crónica TV y del archivo DiFilm-, reorganizado de manera impecable por el montajista Fernando Epstein con diseño sonoro de Daniel Yafalián. El film recorre el período comprendido entre el 1 de diciembre de 2001 y el 3 de enero de 2002, cuando la sucesión presidencial se estabilizó con la llegada de Eduardo Duhalde, sin más intervención externa que un cartel al inicio y otro al final, que sitúan el marco temporal.

El director no llega a este territorio sin antecedentes. Su documental anterior, "1982", ya trabajaba con parámetros similares: archivo televisivo, ausencia de análisis ex post, confianza en la potencia de las imágenes para articular sentido sin intermediarios. Pero "Diciembre" radicaliza esa apuesta al eliminar casi por completo cualquier intervención ajena al material original. En una entrevista, Gallo planteó que "no cree que el documental deba dar respuestas y certezas sobre lo sucedido", y que su función puede ser, antes que eso, "la de interrogar el archivo y abrir preguntas". Esa posición atraviesa cada decisión formal de la película y actúa en el beneficio de su impacto.

El relato arranca con el "corralito" -el decreto 1.570 que el gobierno de Fernando de la Rúa y su ministro de economía Domingo Cavallo implementó el 1 de diciembre para restringir las extracciones de dinero y contener la corrida bancaria- y avanza, sin pausas explicativas, hacia los cacerolazos, los saqueos, la represión y las renuncias en cascada. La acumulación de imágenes construye el retrato de una medida técnica que se transformó en detonante político: de la restricción al efectivo a la fractura del vínculo entre el Estado y los ciudadanos.

Las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 ocupan el núcleo dramático del film. El anuncio del estado de sitio, decretado para frenar los saqueos, produjo el efecto contrario: una salida masiva a las calles de sectores que hasta entonces no se habían movilizado. Quienes vivimos esos días agobiantes -y no sólo por las altas temperaturas propias de la época- no podemos dejar de sentir cierta incomodidad e incluso la incredulidad propia del paso del tiempo. La película presenta aquel discurso del presidente De la Rúa como parte de la secuencia televisiva, seguido de inmediato por imágenes de las cacerolas como instrumento de protesta y multitudes desplazándose hacia plazas y avenidas de la ciudad de Buenos Aires, en un montaje que hace visible la correlación entre la palabra oficial y la respuesta de la calle.

Los cacerolazos que el film registra no eran un fenómeno nuevo en Argentina, pero en 2001 adquirieron una escala sin precedentes. Estudios académicos relevados por la hemeroteca digital Redalyc señalan que el bienio 2001-2002 constituyó el período de mayor presencia de cacerolazos en la historia reciente del país: mientras el promedio anual de la década previa fue inferior a los 100 eventos de protesta, durante esos dos años se superaron los 1.000 casos.

La sucesión de cinco presidentes en poco más de un mes -el ya citado De la Rúa, Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde- se convierte en elemento narrativo poderoso: se suceden las imágenes de juramentos y conferencias de prensa con escenas de protestas que continúan pese a los cambios de personajes, transmitiendo la sensación de que el rechazo no se agotaba en la caída de un presidente.

El trabajo de montaje y diseño sonoro es, en ausencia de narrador, la escritura política del filme. La edición del mencionado Epstein decide qué imágenes se suceden, qué fragmentos de sonido se superponen, cómo se construyen las transiciones entre escenas que en su emisión original podían estar separadas por horas. Al colocar el anuncio del corralito junto a escenas de ahorristas desesperados y cacerolazos, o al yuxtaponer declaraciones supuestamente tranquilizadoras de funcionarios con imágenes de represión, el film construye interpretaciones implícitas sobre la desconexión entre discurso oficial y realidad social sin necesidad de enunciarlas.

"Diciembre" se proyectará los viernes 21 y 28 de agosto, 4, 18 y 25 de septiembre a las 20:00 en Arthaus Central (Bartolomé Mitre 434, CABA).

El trailer oficial del filme puede verse haciendo click aquí.

(Fuente: Agencia Noticias Argentina / Infobae / varios / redacción propia)