Esta es la primera vez que en el seno de un
procedimiento judicial
se atribuye responsabilidad directa a estas empresas por el
diseño
adictivo de sus plataformas. Las demandas alegaban que ese
diseño adictivo provocó
aislamiento social,
problemas
de sueño y
depresión en jóvenes. Los jurados de
ambos casos han establecido que, efectivamente, existe evidencia
de que dichas plataformas fueron concebidas deliberadamente para
que los usuarios
pasen conectados a ellas más tiempo del que
tienen previsto y del que resulta saludable para ellos.
En paralelo, la
Comisión Europea ha intensificado su
control sobre el diseño adictivo en relación con el cumplimiento
de la
Ley de Servicios
Digitales (DSA), no sólo en redes sociales o
plataformas de vídeo, sino
también en plataformas de comercio
electrónico, especialmente, las de
moda rápida,
Shein
como ejemplo principal.
Cuando la tecnología "engancha"
Pero ¿por qué
cuesta tanto soltar el móvil o desconectarse
de estas plataformas? ¿Por qué, aunque sepamos que deberíamos
parar, seguimos viendo "sólo un vídeo más" o revisando una y otra
vez las mismas notificaciones? Detrás de ese comportamiento, que
puede llegar a ser problemático o abusivo, hay un
diseño
intencional y deliberado basado en patrones de diseño
adictivos.
Se trata de estrategias estándar presentes en multitud de
productos y servicios digitales y
meticulosamente estudiadas
para mantenernos enganchados. Estos patrones son el
resultado de décadas de investigación en
psicología, sociología
y diseño de interfaces, combinado con una capacidad sin
precedentes para conocernos y singularizarnos.
No son un error ni una casualidad, sino el núcleo de
un modelo
de negocio que prioriza nuestra atención y nuestros datos sobre
nuestro bienestar. Y tampoco son inevitables, ya que
se
podría diseñar tecnología de otra manera.
La tecnología "persuasiva"
En los años 90 surgió el concepto de
tecnología
persuasiva, de usar el diseño para
motivar
conductas positivas, como por ejemplo dejar de fumar o hacer
ejercicio. Sin embargo, con el tiempo, este concepto
comenzó a
aplicarse a objetivos menos constructivos y de manera más oscura.
El modelo de negocio dominante en internet, basado en publicidad y
tratamiento masivo de datos,
transformó la persuasión en
manipulación.
Hoy, los patrones de diseño adictivos
no son la excepción,
sino la norma. Los encontramos en redes sociales,
plataformas de streaming, videojuegos, sitios de comercio
electrónico e incluso en apps de citas. Su objetivo es doble: que
pasemos más tiempo conectados y que lo hagamos con un mayor grado
de "compromiso" (por ejemplo, dispuestos a
saltarnos una
comida,
dormir menos o
compartir información
sensible con tal de seguir usando el producto o servicio).
Si la tecnología no nos sirve, nos está usando
Estos patrones están estrechamente relacionados con los datos
personales. Las plataformas
recogen y generan información
sobre nosotros de múltiples formas. Lo más directo es
la
información personal que compartimos voluntariamente, por
ejemplo, al crear una cuenta o al compartir contenido, como
nuestro nombre, edad o ubicación.
Pero las plataformas también trabajan con
datos de
comportamiento, de los que puede que seamos menos
conscientes: qué vemos y cuándo, cuánto tiempo pasamos en cada
contenido y cómo interactuamos con él, con quién nos comunicamos.
Por último, las plataformas infieren datos personales como
nuestras
preferencias políticas,
estado de salud o
emocional, o
vulnerabilidades psicológicas.
Los verdaderos clientes: los anunciantes
Toda esta información sirve para
personalizar los anuncios que
se nos muestran. Hay que tener en cuenta que con el modelo
de negocio actual no somos los clientes de las plataformas, sino
el producto:
nuestros datos y nuestra atención son lo que se
vende a los verdaderos clientes, los anunciantes, que pagan
por mostrarnos su publicidad de diferentes formas.
Los datos personales también se utilizan para
optimizar el
funcionamiento de los patrones adictivos. Si pasamos más
tiempo en la plataforma, efectivamente, se nos muestran anuncios
más personalizados durante más tiempo. Pero, además, la plataforma
aprende más sobre nosotros y nos ofrece un diseño o un
contenido aún más adictivo, para nosotros en concreto
(focalización). Así, pasamos más tiempo en la plataforma: es
un
círculo vicioso del que es muy difícil salir.
Cuatro estrategias de diseño adictivas
Las
cuatro grandes categorías de patrones de diseño adictivos
reflejan estrategias sistemáticas para mantenernos enganchados a
la tecnología, cada una basada en mecanismos distintos pero
complementarios.
• La primera se llama
acción forzada y obliga a los
usuarios a realizar tareas o a invertir tiempo de manera sutil,
como el
scrolling infinito, los
temporizadores y
las
recompensas periódicas en juegos. El diseño elimina
puntos de salida claros, haciendo que "sólo un poco más" se
convierta rápidamente en horas de uso.
• La segunda categoría,
ingeniería social, explota
nuestras
vulnerabilidades psicológicas, como el
miedo
a perderse algo (FOMO), la
aprobación social (likes
y notificaciones) o la
escasez artificial ("¡Últimas
unidades!"). Estos patrones
manipulan emociones para
impulsar decisiones impulsivas, como comprar, compartir o seguir
consumiendo contenido.
• La tercera categoría es la
interferencia con la interfaz:
altera el diseño para
dificultar acciones que no benefician a
la plataforma (como
dar de baja un servicio) y
facilitar las que sí, usando colores, ubicaciones o sobrecarga de
estímulos que nublan nuestro juicio.
• Finalmente, la cuarta es la
persistencia, que
aprovecha
el deseo humano de completar tareas, como no dejar vídeos o
canciones a medias, finalizar barras de progreso interminables o
lidiar con interrupciones constantes que nos impiden
concentrarnos.
Los patrones que se han identificado en estas cuatro categorías
crean un ecosistema donde la tecnología no sólo captura nuestra
atención, sino que
redefine nuestros hábitos, prioridades y
hasta nuestra salud.
Mucho más que perder el tiempo
Los efectos de este tipo de diseño van mucho más allá de una
inocente pérdida de tiempo, como en ocasiones se ha interpretado
en el pasado. Por eso, este tipo de diseño se considera, cada vez
más, un
riesgo sistémico para la sociedad, una
amenaza
para la estabilidad y el bienestar colectivo. Pensemos en
posibles impactos en nuestros derechos y libertades, como la
libertad
de información o la
no discriminación.
Y sobre todo, es el
derecho a la integridad el que se está
demostrando que sufre los mayores impactos. Ya existe evidencia
que vincula los patrones adictivos con problemas de salud mental y
física, desde los
dolores musculoesqueléticos y la
alteración
de la percepción del estado emocional hasta la
depresión,
la
ansiedad, el
estrés, la
baja autoestima,
el
insomnio y la
baja calidad del sueño.
Tecnología que priorice el bienestar
La pregunta "¿Por qué no puedo parar?" ya no es sólo una inquietud
personal, sino el
centro de un debate legal y social que cobra
fuerza: las resoluciones y sentencias que reconocen que la
tecnología se diseña para ser adictiva serán cada vez más
frecuentes, pero
su verdadero valor estará en lo que hagamos
después.
Asumir responsabilidades por el pasado, por ejemplo, mediante la
exigencia
de reparaciones a quienes se lucraron con nuestra atención y
salud, es el primer paso.
Pero el cambio real pasa por
transformar los modelos de
negocio que premian la adicción, regular con firmeza los
diseños adictivos y, sobre todo, exigir como sociedad
tecnologías
que prioricen el bienestar. La tecnología no es
intrínsecamente tóxica: es el
resultado de decisiones humanas,
y como tales,
pueden y deben cambiar.
(Fuente: The Conversation / Xataka / redacción
propia)