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Si nosotros conociéramos su personalidad,
¿podríamos anticipar
su decisión? Esta pregunta resume bastante bien uno de los
problemas clásicos de la
psicología de la
personalidad: hasta qué punto conocer cómo es una
persona
nos permite predecir cómo se comportará.
Todos tenemos un lado oscuro
El
narcisismo, el
maquiavelismo y
la
psicopatía
forman la llamada "
tríada oscura de la
personalidad". Posteriormente, se incorporó el
sadismo cotidiano,
dando lugar a la "
tétrada oscura".
Aunque están relacionados,
no describen exactamente lo mismo.
De manera muy resumida, el narcisismo se caracteriza por una
visión
exageradamente positiva de uno mismo y una importante
necesidad
de reconocimiento. El maquiavelismo implica una f
orma
estratégica y manipuladora de relacionarse con los demás. La
psicopatía incluye características como la
insensibilidad
emocional, la
dureza emocional o la
impulsividad.
Y, por último, el sadismo cotidiano añade un elemento
especialmente relevante:
obtener satisfacción provocando
sufrimiento o malestar a otras personas.
Cuando estudiamos estos rasgos en población general, no estamos
necesariamente identificando "psicópatas", "narcisistas" o
"sádicos". Estamos midiendo
dimensiones de personalidad en
las que
todos podemos situarnos en mayor o menor grado.
Numerosas investigaciones los han relacionado con comportamientos
como la
agresión, la
manipulación o
distintas
conductas antisociales. Esto significa que conocer la
personalidad nos proporciona información útil sobre la
probabilidad
de determinados comportamientos. ¿Nos permite eso
saber
con certeza qué hará una persona?
La misma persona, otra situación
Volvamos a la cartera. Supongamos que quien la encuentra
presenta
una elevada tendencia a anteponer sus intereses a
los de los demás y a
utilizar estrategias manipulativas para
conseguir sus objetivos. Ahora añadamos
una cámara de
seguridad que apunta directamente hacia ella. O hagamos que
esté acompañada por alguien cuya opinión valora mucho. O
indiquemos claramente en la cartera que
pertenece a un vecino
al que conoce. Su personalidad sigue siendo la misma y, sin
embargo, es razonable pensar que
la probabilidad de quedarse
con el dinero puede haber cambiado. Lo que hemos modificado
es la
situación.
Durante décadas, la psicología ha discutido cuánto de nuestro
comportamiento se debe a
características relativamente
estables de la persona y cuánto a las
circunstancias.
Sin embargo, resulta mucho más productivo estudiar
cómo
interactúan ambos elementos.
Así, hay situaciones muy reguladas, en las que
las normas son
claras y existe poco margen de actuación; aquí, las
diferencias individuales pueden tener
menos oportunidades de
manifestarse. En cambio, otros contextos son
ambiguos,
ofrecen distintas alternativas o proporcionan oportunidades para
obtener beneficios. En esos casos,
determinados rasgos pueden
adquirir mucha más importancia.
Esta idea está relacionada con lo que conocemos como "
activación de rasgos":
determinadas características de una situación hacen más relevante
un rasgo y facilitan
que pueda expresarse en el comportamiento.
El caldo de cultivo importa
Imaginemos dos empresas. En una de ellas, las decisiones
importantes
quedan registradas, existen
mecanismos de
supervisión, los criterios para asignar recompensas
son
transparentes y resulta difícil obtener beneficios
engañando
a otras personas.
En la segunda, las responsabilidades
son ambiguas, existe
una
intensa competición por conseguir recompensas,
la
supervisión es escasa y apropiarse del mérito de un
compañero puede proporcionar
importantes beneficios con pocas
probabilidades de sufrir consecuencias.
Una persona con una elevada tendencia a manipular a los demás
podría
trabajar en cualquiera de las dos organizaciones. Sin
embargo, las oportunidades para que esa característica se traduzca
en un comportamiento concreto son diferentes.
Internet cambia las reglas del juego
Los
entornos digitales constituyen otro buen ejemplo.
Internet ha modificado profundamente las condiciones en las que
nos relacionamos. Podemos
interactuar a distancia,
acceder
fácilmente a personas a las que de otra manera nunca
conoceríamos y, en determinadas circunstancias,
reducir
algunas de las consecuencias inmediatas de nuestras
acciones.
Además, cuando
insultamos,
humillamos o
engañamos
a alguien a través de una pantalla, no siempre observamos
directamente su reacción emocional. Nada de esto significa que
internet convierta a las personas en agresores.
Pero sí
modifica algunas características de la situación.
La
relación entre personalidad oscura y comportamiento digital
ha recibido por ello bastante atención; sobre todo, en lo relativo
al papel del
sadismo cotidiano en determinadas formas de
agresión online. Si este rasgo implica obtener satisfacción
provocando malestar a otras personas, determinados entornos
digitales
pueden ofrecer oportunidades especialmente adecuadas
para expresarlo.
Los resultados de diferentes investigaciones apuntan en esa
dirección. En
un estudio con 1.988
participantes, el sadismo fue el rasgo oscuro que
mostró una relación más relevante con la perpetración de
conductas
sexuales abusivas online.
Otra investigación con
795 participantes encontró que psicopatía y sadismo
eran los rasgos más relacionados con el
uso problemático
sexual de internet y el
consumo de pornografía violenta.
En este último caso,
el sadismo mostró la asociación más
fuerte.
Los dos estudios
muestran correlación, es decir, no
permiten afirmar que estos rasgos causen esas conductas ni tampoco
que el consumo de determinados contenidos transforme la
personalidad. Lo que señalan es
algo más prudente, pero
relevante: determinadas características personales parecen
relacionarse de manera consistente con algunas formas de
comportamiento,
cuando el contexto es favorable.
Justificación y desconexión moral
Incluso
combinando personalidad y situación, todavía
nos
falta parte de la explicación. Supongamos que un trabajador
descubre que puede atribuirse parte del trabajo realizado por un
compañero. Hacerlo aumentaría sus posibilidades de conseguir un
ascenso y la probabilidad de ser descubierto es pequeña. Su
decisión puede depender de su personalidad y de las oportunidades
que ofrece la situación,
pero también tendrá que justificarla
ante sí mismo.
Puede pensar que "todo el mundo hace lo mismo", que "si no lo hago
yo, lo hará otro", que en realidad él también ha contribuido al
trabajo o, incluso,
que su compañero merece lo que está
ocurriendo. Este tipo de razonamientos nos acerca a
otro
concepto importante:
la desconexión moral.
Las personas solemos disponer de
estándares acerca de lo que
consideramos correcto e incorrecto. Sin embargo, también
podemos
reinterpretar determinadas acciones para minimizar
sus consecuencias, desplazar nuestra responsabilidad, culpar a
quien resulta perjudicado o encontrar
una justificación
aparentemente aceptable para nuestra conducta.
La investigación comienza a mostrar que estos procesos pueden ser
relevantes para comprender
la relación entre personalidad
oscura y comportamiento antisocial. Por ejemplo, en el
ámbito de la agresión online
se han encontrado
relaciones entre psicopatía y sadismo, desconexión moral y
perpetración.
Esto no demuestra que exista
una secuencia causal universal
en la que determinados rasgos conduzcan a la desconexión moral y
esta, inevitablemente, al comportamiento antisocial. Pero sí
nos
obliga a plantear una explicación más completa.
¿Podemos predecir entonces quién se comportará mal?
Hasta cierto punto, sí. La personalidad proporciona
información útil sobre tendencias de comportamiento. Si añadimos
información sobre las circunstancias y sobre los procesos mediante
los que una persona interpreta una decisión,
nuestra capacidad
para comprender y predecir su comportamiento puede mejorar.
En la misma línea, si queremos
prevenir comportamientos
perjudiciales, centrarnos exclusivamente en identificar a
las supuestas "personas oscuras" puede ser una estrategia bastante
limitada. También podemos actuar sobre las situaciones para
modificar las probabilidades de que aparezca una determinada
conducta.
En una organización, podemos
aumentar la transparencia,
clarificar
responsabilidades,
establecer controles o
reducir
las oportunidades de obtener beneficios perjudicando a otros.
En los entornos digitales, podemos introducir
mecanismos que
reduzcan el anonimato en determinadas interacciones,
aumenten
la responsabilidad sobre las propias acciones o
faciliten
la detección de comportamientos abusivos.
Así, para comprender el lado oscuro del comportamiento humano no
basta con plantearnos quién es más narcisista, maquiavélico,
psicopático o sádico. La pregunta realmente interesante es otra:
¿qué
personas, en qué situaciones y mediante qué procesos mentales
terminan tomando determinadas decisiones?
(Fuente: The Conversation / varios / redacción
propia)