martes, 20 de octubre de 2026

Agenda Cultural: el Palacio Libertad (ex Centro Cultural Kirchner) renueva sus propuestas artísticas semanales

El complejo multidisciplinario más importante de Latinoamérica ofrece mucha música, fotografía, una muestra inmersiva y un homenaje a Florencio Molina Campos, todo con acceso libre y gratuito para toda la comunidad.

• Florencio Molina Campos: costumbres argentinas

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Molina Campos construyó una de las cartografías visuales más entrañables y reconocibles del imaginario rural argentino. A cien años de su primera exposición individual, se realiza un homenaje al pintor argentino que logró capturar la cotidianeidad del campo, para transformar sus gestos y prácticas habituales en íconos de la identidad nacional.

Inauguración: viernes 23 de octubre, 18:00.
Exhibición: miércoles a domingos, 14:00 a 20:00 - Sala 206.

• Día Internacional de la Ópera

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Noche de gala con la Orquesta Sinfónica y el Coro de Cámara de Tres de Febrero, junto con Cantantes Líricos Asociados de la República Argentina (CLARA).

Domingo 25 de octubre, 19:00 - Auditorio Nacional.

• Orquesta Sinfónica Nacional

(Foto: prensa Palacio Libertad).

La orquesta presenta una nueva obra del argentino Gastón Ares, en una velada que se completa con piezas de Robert Schumann y Richard Strauss.

Viernes 23 de octubre, 20:00 - Auditorio Nacional.

• Marc André

(Foto: prensa Palacio Libertad).

El reconocido bajista francés ofrece un repertorio variado con arreglos originales de música clásica y popular, acompañado por el pianista Antonio Formaro.

Domingo 25 de octubre, 18:00 - Sala Argentina.

• Nino Cais

(Foto: prensa Palacio Libertad).

El artista presenta "Trae tu dedo aquí, mira mis manos. Extiende tu mano y colócala a mi lado", una exploración sobre la materialidad de la imágenes y su impacto en nuestra percepción.

Miércoles a domingos, 14:00 a 20:00 - Sala 504.

• Josefina Oliver y Julie Méndez Ezcurra: Geometría de la Voz

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Una exposición con fotografías y originales de dos artistas argentinas que sortearon las imposiciones sociales y retrataron con claridad sus respectivas épocas y entornos. Curaduría: Patricia Viaña y Guillermo Ueno.

Miércoles a domingos, 14:00 a 20:00 - Sala 505.

• Santiago Vázquez y Silvina Gómez

(Foto: prensa Palacio Libertad).

El dúo integrado por Santiago Vázquez (voz, set percusión, guitarra, mbira y berimbao) y Silvina Gómez (voz, teclado y bombo) presenta un concierto íntimo de canciones y música de autor.

Domingo 25 de octubre, 19:00 - La Cúpula.

• Coro Nacional de Música Argentina

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Bajo la dirección de Emiliano Linares, el programa incluye obras de Olivier Messiaen, de Gianvincenzo Cresta y de Jorge Bosso, quien actuará también como violonchelista invitado.

Jueves 22 de octubre, 17:00 - Salón de Honor.

• Confluencia: Muestra Federal de Artes Visuales 

(Foto: prensa Palacio Libertad).

Organizada a través del programa Red de Casas de la Cultura, la exhibición da cuenta de diversas escenas artísticas y expresiones contemporáneas de nuestro país.

Inauguración: viernes 23 de octubre, 17:00 - Sala 402.
Miércoles a domingos, 14:00 a 20:00 - Sala 402.

(Fuente: prensa Palacio Libertad / redacción propia)

Ropa destinada a la basura: la industria textil en la era de la moda rápida

La composición compleja de las prendas, con diferentes materiales y sustancias químicas, complica su reciclaje, y su baja calidad impide su reutilización.

(Foto: Sundry Photography / Shutterstock).

La producción mundial de fibras alcanzó los 1.132 millones de toneladas (Mt) en 2024 y continúa creciendo. Las fibras son materias primas que se hilan y tejen para fabricar ropa, calzado, textiles del hogar y productos industriales. El sector de la moda y la confección representa unos 70 Mt. El resto tiene diferentes usos: refuerzos de neumáticos, medicina, construcción o agricultura.

Las fibras sintéticas de origen fósil
dominan el mercado, con más de dos tercios de la producción, principalmente poliéster. Luego, una cuarta parte aproximadamente lo ocupan las fibras vegetales, como el algodón. Además, hay fibras artificiales, como la viscosa, y, en menor medida, animales, como la lana.

Cada año se generan unos 92 Mt de residuos textiles, pero podrían alcanzar los 148 Mt en 2030. Sólo una pequeña parte se recicla mediante procesos de ciclo abierto (downcycling), transformándose en materiales de menor valor (aislantes o rellenos). Del resto, 25 Mt anuales corresponden a residuos mal gestionados que terminan en basurales o se queman a cielo abierto. Es decir, el flujo del sector textil es predominantemente lineal porque el reciclaje de ciclo cerrado, de fibra a fibra, casi no existe.

Ciclo de vida de los textiles  (Foto: Roberto Rosal / Blanca Bagó Oría).

Por qué es tan difícil reciclar los textiles

El reciclaje de fibra a fibra presenta dificultades técnicas y económicas. Las primeras son importantes: pocas prendas están fabricadas con un único material y separar estos componentes es complejo y costoso, aunque ocupen una parte pequeña de la prenda. La mezcla más habitual es el polialgodón, en proporción 65/35. También son frecuentes las mezclas con elastano, un poliuretano que aporta elasticidad y durabilidad.

A esto se suma la gran variedad de sustancias químicas que tienen las prendas, como tintes, fijadores de color, blanqueadores, suavizantes y biocidas. Son compuestos que interfieren en los procesos necesarios para recuperar las fibras, degradan la calidad del hilo y obligan a descartar esa parte del tejido.

El método también importa. El reciclaje mecánico está más desarrollado, pero acorta las fibras y disminuye la calidad. Mientras que el reciclaje químico, que mantendría cierta calidad original, se encuentra en una fase inicial de desarrollo.

Además, los elementos ajenos, como cierres, botones, etiquetas o acabados impermeabilizantes, deben retirarse antes. Por último, la clasificación de la ropa usada sigue siendo manual y, sobre todo, cuesta más que la elección de materias primas vírgenes.

La moda de usar y tirar

Desde hace unos años, el modelo de la industria textil ha evolucionado, elevando la frecuencia de rotación y bajando los precios y la calidad. Este cambio responde a una optimización industrial orientada al consumo masivo y rápido. Además, se impulsa por la deslocalización de la producción hacia países con mano de obra barata y el uso creciente de materiales sintéticos. 

Gráfico que ilustra la correlación directa entre el aumento del volumen de fabricación y la velocidad de rotación de colecciones, marcando el cambio de paradigma desde una confección bajo demanda (artesanal) hacia un modelo de producción continua (moda ultrarrápida). Las marcas se incluyen como simple referencia informativa (Foto: Roberto Rosal / Blanca Bagó Oría).

Al respecto, resulta bastante ilustrativo el actual negocio de la moda, donde las colecciones y el volumen de fabricación rotan velozmente. Esta moda ultrarrápida (ultra fast fashion) lleva el proceso al extremo, con prendas de calidad mínima y obsolescencia estética intencionada. La logística y el análisis algorítmico de las redes sociales permiten lanzar microcolecciones semanales (o incluso diarias), y las marcas lo hacen al ritmo de las tendencias. Al final, la ropa se convierte en un producto de consumo rápidamente desechable.

Como consecuencia, muchas prendas se descartan después de utilizarse pocas veces, no sólo por exigencia de las tendencias de moda, sino también porque su vida útil es reducida debido a la poca consistencia de los tejidos, a la confección deficiente y al desgaste acelerado, lo que dificulta además su reutilización.

La segunda mano es una alternativa para la ropa que no queremos, pero su peso es limitado ya que sólo las prendas de mayor calidad y en buen estado encuentran comprador. En este sentido, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, los textiles reutilizados representan tan sólo un 10 % del consumo total en la Unión Europea. Una gran parte de los 19 kg por persona y año de ropa, calzado y textiles del hogar que se consumen en Europa tienen una calidad baja y, por tanto, una vida útil muy reducida.

El problema se agrava con el envío de esa ropa usada al sur global (casi un millón de toneladas anuales). Con bajas posibilidades de reutilización, estos envíos sólo contribuyen a incrementar montañas de residuos, como las del desierto de Atacama (Chile) o en los vertederos de Ghana, en África. Es decir, la supuesta donación sólo tiene un efecto: redistribuye basura (y problemas) hacia países con menor capacidad de gestión. Son las consecuencias ambientales y sociales de un modelo de consumo lineal.

El cambio de paradigma legal


La magnitud de ese impacto ambiental y social ha impulsado un cambio normativo en la Unión Europea. La Estrategia para los Textiles Sostenibles (2022) y el Reglamento (UE) 2024/1781 de ecodiseño para productos sostenibles trasladan progresivamente la responsabilidad hacia los productores. Entre sus medidas destaca la prohibición de destruir excedentes textiles, aplicable a las grandes empresas desde julio de 2026.

Por su parte, la Directiva (UE) 2025/1892 sobre residuos establece la recogida separada de textiles y refuerza la responsabilidad ampliada del productor (RAP), que obliga a las marcas a financiar la gestión de los residuos derivados de los productos que comercializan.

Hacia una moda circular y consciente


Hoy, la ropa, convertida en un producto efímero, representa uno de los ejemplos más extremos de economía lineal: extraer, fabricar, usar y tirar. Ante esto, el esfuerzo del legislador no es suficiente. Los modelos empresariales tienen que cambiar hacia una moda circular, transformando las cadenas de suministro. Pero también es conveniente invertir en investigación del reciclaje y, por supuesto, cambiar nuestra relación con la ropa que consumimos. Necesitamos menos, pero mejor.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

"Semana Charly": la Usina del Arte celebra los 75 años de Charly García con tres jornadas musicales

Marina Wil, Mery Granados y Joaco Burgos interpretarán repertorios del referente del rock argentino entre el 23 y el 25 de octubre, con funciones gratuitas y reserva anticipada.

Charly García (Foto: Wikimedia).

La Usina del Arte dedicará tres jornadas a la obra de Charly García con conciertos y una propuesta para público familiar, en el marco de la celebración por los 75 años del músico argentino. Las actividades se realizarán del viernes 23 al domingo 25 de octubre, con entrada gratuita y reserva previa.

El ciclo, llamado "Semana Charly", reunirá a intérpretes de distintas generaciones alrededor de canciones que forman parte del repertorio del artista. La programación combinará relecturas de sus composiciones, homenajes y un espectáculo que vincula el rock con la ficción.

La primera función será el viernes 23 de octubre a las 20:00. La cantante Marina Wil presentará "Las canciones más lindas de Charly García", acompañada por un cuarteto de cuerdas.

Marina Wil abrirá el ciclo con un cuarteto de cuerdas (Foto: prensa Usina del Arte).

Ian Schifres estará a cargo del piano, los arreglos y la dirección musical. El concierto contará además con la participación de Pablo Granados como invitado.

El sábado 24 de octubre, también a las 20:00, Mery Granados y Joaco Burgos ofrecerán "Mery Granados y Joaco Burgos le cantan a Charly". El encuentro estará centrado en obras de García y se sumará a las actividades previstas por su aniversario.

La programación concluirá el domingo 25, a las 18:00, con "Charly en el país de las maravillas", una obra dirigida al público familiar y presentada por Vanessa Alanís.

Mery Granados (Foto: prensa Usina del Arte).

El espectáculo propone un recorrido por canciones de Charly García en diálogo con el universo de "Alicia en el país de las maravillas". La puesta combina música, personajes y elementos de fantasía. Los tres conciertos serán sin costo y requerirán reserva previa a través del sitio web de la Usina del Arte.

(Fuente: Infobae / varios / redacción propia)

lunes, 19 de octubre de 2026

La "escultura más grande del mundo", en Buenos Aires: la obra que convierte datos en arte efímero

La instalación del artista Jaime de los Ríos, en MUNTREF, registra sobre un mapa las rutas que siguen los mensajes entre personas ubicadas en distintas ciudades y expone la infraestructura física de internet. 

La obra de Jaime de los Ríos visualiza las rutas de conexiones electrónicas entre personas ubicadas en ciudades distantes (Foto: prensa MUNTREF).

La obra de Jaime de los Ríos propone una escultura que dura apenas lo que tarda un mensaje en recorrer la red. "La escultura más grande jamás construida, y también la más efímera" se exhibe en el Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (MUNTREF), en la Ciudad de Buenos Aires, como parte del programa de intercambio EAS-EZE.

La instalación convierte en una línea luminosa el trayecto real de los datos que conectan a dos personas ubicadas en puntos distantes del planeta. Donostia, Viena, Riad, Sidney y Tucumán son algunas de las ciudades desde las que se realizaron los intercambios registrados por la obra.

Para activar la pieza, dos participantes que no se conocen ingresan al mismo sitio web desde sus respectivas ciudades. Uno selecciona la opción "soy el origen" y el otro "soy el destino". A partir de allí, un servidor identifica el recorrido de la comunicación entre ambas direcciones y lo representa sobre un mapa.

"Esa línea es la escultura. Dura lo que dura la conexión: unas décimas de segundo", explica el artista en sus "Instrucciones para encender un diálogo". La visualización muestra los cables, nodos y países que atraviesan los datos antes de llegar a destino.

La obra pone el foco en la infraestructura material de internet. Según plantea el proyecto, buena parte de esas comunicaciones depende de cables de fibra óptica tendidos bajo los océanos y de redes controladas por operadoras y grandes compañías tecnológicas. Los itinerarios digitales pueden coincidir con antiguos corredores marítimos, una relación que la instalación vuelve visible mediante el trazado de cada conexión.

Jaime de los Ríos es artista de nuevos medios, curador y director artístico y técnico de la New Art Foundation (Foto: prensa MUNTREF).

La exhibición incluye un video que documenta veinte conexiones entre las mismas dos personas a lo largo de varios meses. Cada encuentro se produjo desde una ciudad diferente y uno de los intentos no llegó a completarse.

De los Ríos trabaja en la intersección del arte, la ciencia y la tecnología. Es artista de nuevos medios, curador, director artístico y técnico de la New Art Foundation y fundador del Laboratorio Arteklab. Su producción incluye instalaciones, imágenes en movimiento y dibujos realizados con dispositivos robóticos, con investigaciones sobre algoritmos, sistemas generativos y la relación entre computación y espacio físico.

La curaduría está a cargo de Helga Massetani y Diana Wechsler. La propuesta establece un vínculo con "Buenos Aires. Ecologías Urbanas", la exposición de Mikel Otxoteko que también se presenta en el MUNTREF. Ambas muestras abordan, desde perspectivas diferentes, los desplazamientos históricos y contemporáneos y las redes que conectan territorios.

El programa EAS-EZE, que promueven Bitamine, el Instituto Vasco Etxepare y el MUNTREF para la internacionalización de artistas del País Vasco, cumplió diez años. La exposición puede visitarse con entrada gratuita de miércoles a domingo, de 11:00 a 18:00, en el antiguo Hotel de Inmigrantes, ubicado en Av. Antártida Argentina s/n, entre Dirección Nacional de Migraciones y Buquebus (entrada por Apostadero Naval), Puerto Madero.

(Fuente: Infobae / MUNTREF / varios / redacción propia)

Cien años de Foucault: cómo el poder habla a través de los medios

Se cumplieron cien años del nacimiento del filósofo francés Michel Foucault, cuyas teorías sobre el papel de los medios de comunicación resultan hoy indispensables para entender el presente.

Michel Foucault (Foto: donnemagazine).

Se cumplieron cien años del nacimiento del filósofo francés Michel Foucault (Poitiers, 15 de octubre de 1926 - París, 25 de junio de 1984), posiblemente el pensador más citado en las humanidades y las ciencias sociales contemporáneas. Su extensa obra abarca, entre muchas otras la pregunta por lo humano, las condiciones de posibilidad del conocimiento, el estatuto de la verdad, la relación entre sexualidad y política –la que él denominó biopolítica– o las formas que adopta el poder en la Modernidad.

Sin embargo, pocas de sus intuiciones resultan tan útiles para entender el presente como su teoría del poder y, en particular, el papel de los medios de comunicación como uno de sus dispositivos más eficaces.

Del poder que oprime al poder que produce

La interpretación clásica del poder lo concibe como una dimensión vertical, jerárquica y visible, y lo encarnan las instituciones que ostentan el monopolio legítimo de la violencia, según la formulación de sociólogo Max Weber.

Foucault cuestiona esa imagen, y sugiere que el poder no es una posesión ni una facultad estática de la que alguien dispone y otro padece. Es, más bien, un entramado de relaciones que circula horizontalmente por todo el cuerpo social. No se reduce a la represión, sino que produce normas, constituye las condiciones de posibilidad de nuestras prácticas cotidianas y moldea identidades y comportamientos allí donde actúa.

Los medios como dispositivo de poder

Los medios de comunicación convencionales encajan bien en esta rúbrica. Su capacidad de controlar el relato los convierte en actores políticos de primer orden. Este "poder blando" de configurar la mirada colectiva es, en muchas ocasiones, más determinante para la vida pública que los hechos mismos.

El politólogo Joseph Nye definió la capacidad de un actor para obtener lo que desea no mediante la coerción, sino mediante la persuasión y la construcción de un relato atractivo de sí mismo. Quien controla el discurso controla una forma de poder tan eficaz como la fuerza, aunque menos visible. Los medios producen estados de ánimo colectivos y contribuyen a fijar qué es sensato decir y qué resulta demasiado radical para ser siquiera proferido en el debate público.

Según su narrativa oficial, la función de los medios de comunicación es la de ser mensajeros neutrales, dar cuenta de aquello que sucede. Pero el modo en que se cuenta un acontecimiento es, ante todo, una forma de producirlo socialmente. El también filósofo francés Roland Barthes lo señaló en su lección inaugural en el Collège de France en 1977: la lengua no es progresista ni reaccionaria, es sencillamente un mecanismo que obliga a decir de una determinada manera. Antonio Gramsci, uno de los más brillantes politólogos del siglo XX, había mostrado décadas atrás cómo la hegemonía cultural -el sentido común que una sociedad da por evidente- se construye tanto o más en el terreno simbólico que en el económico.

Foucault no escribe como tal una teoría de los medios de comunicación, pero su concepto de discurso ofrece las herramientas para pensarlos. Para él, los discursos no se limitan a describir una realidad previa, sino que forman los objetos de los que hablan. Toda sociedad controla, selecciona y redistribuye lo que puede decirse. Para ello emplea divisiones entre lo verdadero y lo falso, así como reglas sobre quién está autorizado a hablar y hasta dónde puede decir. Es lo que se conoce como la relación entre poder-saber: cada sociedad tiene algunos discursos que acepta como verdaderos y ciertas instancias habilitadas para sancionarlos.

Retrato de Michel Foucault en La Demeure du Chaos, en el Museo de Arte Contemporáneo de Lyon (Foto: Thierry Ehrmann / Flickr).

Aplicada a los medios, esta idea desplaza la pregunta habitual: importa menos si una noticia es verdadera o falsa que quién decide qué es noticia, cuáles son las fuentes legítimas y qué vocabulario es entendido como "neutral". El poder de los medios no consiste sólo en censurar, sino en dar forma a aquello que puede ser pensable. En muchas ocasiones, este poder se organiza de forma deliberada e institucional.

Poder blando y control del relato: el caso de la Hasbará

Un ejemplo institucionalizado de este mecanismo es la Hasbará, la red de diplomacia pública del gobierno de Israel. Dependiente directamente de la Oficina del Primer Ministro, es la encargada de gestionar el relato del país en el exterior, justificar sus -en ocasiones aberrantes- prácticas militares y coordinar esta comunicación en medios extranjeros y redes sociales.

Aunque se presenta a sí misma como una labor legítima explicativa, buena parte de la literatura académica que la ha estudiado la describe, en cambio, como un aparato de propaganda estatal, destinado a naturalizar ante la opinión pública occidental su política de asentamientos en Gaza y Cisjordania que tanto el Consejo de Seguridad de la ONU en 2016 como la Corte Internacional de Justicia en 2024 han calificado de ilegal y expansionista.

El caso ilustra bien la tesis foucaultiana: el poder no necesita ocultar sus actos, le basta con controlar el lenguaje con el que se nombran.

La memoria selectiva

La historia reciente ofrece ejemplos abundantes de cómo la mirada colectiva está atravesada por lo que los medios narran, pero también por lo que omiten. Por eso es habitual asociar un lugar con un acontecimiento concreto, pero no hacer lo mismo con otros de magnitud comparable.

Así, en el imaginario global, la plaza de Tiananmén queda indisolublemente ligada a las protestas de 1989. Sin embargo, no ocurre lo mismo con Los Ángeles -ciudad célebre por la cultura del cine-, donde los disturbios de 1992 dejaron más de medio centenar de víctimas mortales. Tampoco asociamos Génova con el asesinato de Carlo Giuliani en la Piazza Alimonda por el carabinero Mario Placanica durante las protestas contra la cumbre del G8 de 2001. No es casual qué episodios de violencia quedan grabados en la memoria colectiva y cuáles se diluyen; suele depender de si el episodio confirma o desmiente el relato que la sociedad occidental sostiene sobre sí misma.

Génova durante las protestas contra el G8 en junio de 2001 (Foto: Ares Ferrari / Wikimedia Commons).

La caja de herramientas

Una imagen potente de la concepción metodológica de Foucault la encontramos en "Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones", donde propone entender su propia teoría como una caja de herramientas. La metáfora expresa una actitud práctica frente al pensamiento: más que construir un sistema cerrado, se trata de producir instrumentos útiles para analizar y transformar situaciones concretas.

Cien años después de su nacimiento, esa caja de herramientas sigue abierta sobre la mesa, demostrando que en ningún caso las prácticas discursivas son neutrales. Por eso se denomina "operación especial" a la invasión militar de un país, "intervención táctica" al secuestro ilegal de un presidente extranjero, o "acción antiterrorista" a la limpieza étnica y el genocidio.

De esta forma se pone en marcha el mismo dispositivo que Foucault se propuso desmontar: no el poder que prohíbe, sino el que produce, con el lenguaje, la versión del mundo que después llamamos "realidad".

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

viernes, 16 de octubre de 2026

Lecturas para el fin de semana: este viernes, un "mezcladito" de aventuras, terror, fantasía, suspenso y otros ingredientes, todos recién publicados

Autores consagrados y no tanto, cuento, ensayo y novela, luz y oscuridad, esperanza y desasosiego. Todo eso confluye en nuestra selección de hoy, con la única característica en común de haber visto las vidrieras de las librerías entre septiembre y comienzos de este mes. Por supuesto, como siempre que nos es posible, facilitamos su compra y descarga en formato digital desde este post.

(Foto: composición propia).

Trabajos nuevos, alguna necesaria reedición, ensayo, ficción, y hasta algo de arraigo con la realidad. Esta vez son seis nuestras heterogeneas sugerencias para animarnos a encarar durante los días de descanso laboral y que nos sigan acompañando -ojalá- aún más allá.

• El río de la ceguera, de Mia Couto (Alfaguara)

(Foto: composición propia).

En agosto de 1914, la Primera Guerra Mundial llega a África cuando Alemania ataca el puesto de Madziwa, una aldea fronteriza junto al río Rovuma, en Mozambique. Sus aguas, disputadas por los ejércitos alemán y portugués, se convierten en el escenario de un episodio misterioso: la difusión de una extraña enfermedad que empieza a afectar sólo a los colonizadores y que los priva de la capacidad de leer y escribir. Pronto ningún invasor logra descifrar el mundo mediante la escritura, y los libros, informes, documentos, fotografías y mapas les parecen descoloridos.

Amenazados por el poderío alemán y sometidos por la colonización portuguesa, los pueblos de Mozambique encuentran refugio en aquello que es imposible de borrar: el conocimiento ancestral a través de la oralidad. Pero ¿qué harán los occidentales ante esa inversión de roles? Con la ternura y la originalidad que caracterizan a Mia Couto, "El río de la ceguera" ofrece una visión muy aguda de la memoria, la cultura y la capacidad humana de enfrentarse con esperanza a la adversidad.

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• Los talleristas, de Felipe Palomeque (Tusquets)

(Foto: composición propia).

Un laberinto de pantallas, recuerdos y relatos donde la realidad empieza a imitar demasiado bien a la literatura. Entre posteos en un blog, ventanas de whatsapp y mensajes de texto, entre discos compactos usados como posavasos y consignas de un taller literario radical, se construye una novela híbrida y polifónica donde la frontera entre ficción y realidad es una ilusión.

Con la introspección de un Mario Levrero y la expansión narrativa de un Roberto Bolaño, "Los talleristas" indaga en la literatura del yo como estrategia para lidiar con los miedos y deseos que laten fuera de las páginas y las pantallas. Para algunos de sus protagonistas, la ficción no es sólo un refugio, sino una herramienta para modificar, sabotear o sustituir mentalmente aquello que no logran resolver desde la acción. Con agilidad técnica, espíritu lúdico, experimental, diálogos limpios y un marcado humor existencial, "Los talleristas" se erige como la metaficción más ambiciosa dentro de la obra del uruguayo Palomeque.

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• Los cuatro pasaron el día juntos, de Chris Kraus (Random House)

(Foto: composición propia).

En una ciudad fría y deprimida de la región minera del norte de Minnesota, tres adolescentes matan a un conocido tras pasar el día con él. Marcados por un entorno de drogadicción y pobreza, son detenidos y encarcelados de inmediato. Cerca de allí, Catt Greene y su marido viven en una casa que compraron para escapar del calor sofocante de los veranos de California. En plena crisis personal, Catt se obsesiona con la brutalidad del crimen y con la vida de los tres implicados. Poco a poco, la investigación la empuja hacia su propia historia familiar y abre una pregunta de mayor alcance: cómo se sostiene una vida en un país fracturado.

Basándose en la historia de un crimen real que sacudió Estados Unidos en 2019, Chris Kraus regresa con una novela inclasificable y subversiva escrita en tres partes. Entre el "true crime", la autoficción y un retrato de la clase obrera norteamericana desde la Gran Depresión hasta la era Trump, "Los cuatro pasaron el día juntos" es una obra sobre la violencia, la clases sociales y la intemperie emocional de nuestro tiempo: la era de las redes sociales, la conexión permanente y la distancia creciente entre quienes lo tienen todo y quienes apenas pueden imaginar un futuro.

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• Conversación con la oscuridad, de Mariana Enriquez (Páginas de Espuma)

(Foto: composición propia).

Distanciándose de las ruinas medievales y las brumas del gótico europeo, Mariana Enriquez propone un terror que surge de los traumas históricos y sociopolíticos que asedian Latinoamérica. Las cinco "vértebras" de este libro profundizan en los espacios, los tiempos, las subjetividades y los cuerpos bajo la lente de lo siniestro, constituyendo el manifiesto definitivo de su poética y un dispositivo ético sobre la memoria.

La autora congrega la alta teoría, la cultura popular, la literatura, el cine y el "true crime" para constatar que la escritura espectral es el único lenguaje honesto para testimoniar que los muertos no descansan y para comprender por qué la realidad tiene la estructura de una pesadilla. Sus fantasmas son convocados a través del ocultismo, la psicogeografía y la hauntología. Mientras leemos estas páginas, una grieta permanece abierta en la frontera entre lo que está y lo que ya no está. Esa grieta es la presencia del terror cuando funciona. Y cuando funciona, es lo más cerca que estamos de la magia. 

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• El mar vacío, de Pablo Torres (Corregidor)

(Foto: composición propia).

"Creo que soy nieto de desaparecidos". La revelación irrumpe en la vida de Ciriaco, líder de una reconocida banda de rock, justo cuando está por convertirse en padre. La certeza de que su historia personal guarda secretos lo empuja a una búsqueda urgente de identidad, mientras su padre, Ernesto, se aferra al silencio y se niega a acompañarlo.

Entre ellos se abre un conflicto que es tan personal como político: ¿hasta dónde llega el derecho a conocer la propia identidad? ¿Y acaso existe también el derecho a no querer saber? Padre e hijo se enfrentan en una disputa sin concesiones, donde cada decisión que tomen dejará una profunda huella emocional.

"El mar vacío" narra esta historia con la fuerza de una crónica periodística y pone el foco en una herida que sigue abierta. A medida que pasan los años, la búsqueda de los nietos apropiados por la dictadura cívico-militar se vuelve más difícil y las escasas certezas se desvanecen. Con un ritmo ágil y una prosa directa, la novela invita a pensar los desafíos actuales de la memoria, la verdad y la justicia, cuando el tiempo parece jugar en contra. 

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• Los suicidas, de Antonio Di Benedetto (Alfaguara)

(Foto: composición propia).

Un periodista obsesionado con la muerte desde niño cubre una serie de suicidios junto a Marcela, la fotógrafa de la que se enamora. Lo que empieza como una investigación sin rumbo termina por devorarlos a ambos. "Mi padre se quitó la vida un viernes por la tarde. Tenía 33 años. El cuarto viernes del mes próximo yo tendré la misma edad", recuerda.

Las razones o la sinrazón que llevan a una persona a quitarse la vida pueden ser tan desoladoras como intrigantes. El protagonista de esta novela (publicada originalmente en 1969 y felizmente reeditada este mes), un periodista al servicio de una agencia de noticias al que le encomiendan escribir sobre una serie de suicidios, se mueve en esa encrucijada, debatiéndose entre la curiosidad y el rechazo a un destino que de a ratos le parece inevitable.

Con admirable destreza, Di Benedetto hace valer su doble condición de periodista y narrador en un libro que funde registros tan disímiles como la crónica policial, la reflexión filosófica y la fotografía para crear una forma literaria enteramente propia. Desmenuza la obsesión por la finitud y nos pone frente al dilema existencial de un hombre que intenta huir de una herencia simbólica funesta. Es justamente en esa frialdad y en esa meticulosidad donde aflora el resabio emocional que, con magistral dote narrativa, invierte la pregunta sobre la muerte y la transforma en un alegato en favor de las posibilidades de la vida.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

¿Es posible establecer una "guía práctica" para reconocer si un libro ha sido traducido con IA? Muchos lo están intentando

Hace unos meses, un best seller estadounidense llegó a las librerías tras un proceso de traducción y revisión asombrosamente rápido. Poco después se desató la polémica entre las comunidades de lectores. TikTok se llenó de vídeos de lectoras señalando frases raras, erratas y pasajes que simplemente no sonaban a español. El debate estaba claro: ¿quién estaba detrás de la traducción, un algoritmo o una persona?. 

(Foto: Everett Collection / Shutterstock).

Aunque la editorial nunca llegó a confirmarlo oficialmente, este episodio deja una pregunta flotando en el aire: ¿cómo puede saber un lector, sin acceso al original ni conocimientos de traducción, si el libro que tiene entre manos ha sido traducido por una máquina? La respuesta corta es que no siempre se puede saber con certeza. La respuesta larga es que hay señales bastante reconocibles, si se sabe dónde mirar.

El texto es "correcto", pero no suena natural

Sería absurdo negar el inmenso avance de la traducción automática actual, y un ejemplo de ello es que ya no comete errores gramaticales evidentes. El problema es otro: genera frases que, palabra por palabra, tienen sentido, pero que ningún hablante nativo construiría así. Esto es el resultado de traducir literalmente el idioma original en lugar de reformular o sustituir por su equivalente en la lengua a la que se quiere llevar.

Un ejemplo típico: el inglés tiende a las oraciones cortas y con escasa puntuación, mientras que el español tiende a la subordinación. Cuando una traducción respeta demasiado la estructura corta del original, el texto suena entrecortado, como si le faltara el aire. Por el contrario, las frases recargadas, con información añadida que no está en el original, son señales de que el sistema "rellena" en lugar de reformular.

Las metáforas se traducen, pero no se entienden

Las metáforas, las expresiones idiomáticas o los modismos están estrechamente ligados a la cultura, al humor y a la historia de un país o comunidad, y aportan fluidez y naturalidad al texto. Son elementos retóricos con un significado figurado, su traducción palabra por palabra no es viable, porque el texto no tendría sentido, sonaría extraño y se perderían muchos detalles propios del idioma y la cultura.

Por ejemplo, si el inglés emplea una imagen ("her thoughts were way off track"), y el español traduce literalmente ("sus pensamientos se salen del carril") en lugar de buscar el equivalente natural ("estaba distraída", o "tenía la cabeza en otro sitio"), el resultado queda a medio camino entre lo comprensible y lo ridículo. Los traductores humanos reconocen estas expresiones y lo resuelven mediante estrategias de traducción; la IA tiende a traducir demasiado al pie de la letra, y como resultado el texto pierde la naturalidad del original.

Los personajes cambian de género sin explicación

El inglés no marca el género en los sustantivos. Cuando un texto en inglés se refiere a una profesión sin especificar quién la ejerce -un médico, un juez- y la traducción alterna entre masculino y femenino para el mismo personaje, es una señal casi inequívoca de traducción automática.

No es un caso aislado: varios estudios académicos recientes han confirmado que los sistemas de traducción automática siguen recurriendo al masculino genérico por defecto o resuelven el género de forma inconsistente dentro del mismo texto. Un traductor humano resuelve esa ambigüedad leyendo la obra completa atentamente; un sistema automático traduce frase a frase aplicando un cálculo estadístico, y a veces se contradice.

Mismo objeto, distintos términos

Que la misma palabra del original aparezca traducida de formas distintas -por ejemplo, una tienda que unas veces es "comercio", otras es "puesto" y otras "bazar"- suele ser un indicio de que nadie ha revisado el texto en su totalidad con un enfoque editorial coherente. Mientras que el traductor profesional mantiene un vocabulario consistente en toda la obra, el sistema automático procesa el texto por fragmentos y a veces olvida sus propias decisiones anteriores.

Erratas que no son simples erratas

Los sistemas de IA generativa a veces inventan palabras o modifican términos reales, especialmente en pasajes largos o complejos. Este fenómeno se conoce como alucinación: con tal de preservar la coherencia del párrafo, el sistema inventa una palabra o frase completa que ni tan siquiera existe en el original. Si una edición reciente de una reconocida editorial contiene errores tipográficos, impensables si ha pasado por un proceso de corrección profesional, habrá que preguntarse qué fase del proceso editorial ha fallado.

No aparece el nombre del traductor

Si los créditos de un libro no registran el nombre del traductor, es la señal más evidente de que detrás de la traducción no hay una figura humana. Toda traducción profesional debe llevar el nombre de quien la firma, tanto de acuerdo con la ley de propiedad intelectual, que reconoce a los traductores como autores de una obra derivada, como por política editorial. Si no aparece ningún nombre o sólo figura el de la editorial, es motivo suficiente para sospechar.

Por qué importa

Por separado, ninguna de estas señales demuestra nada con certeza. Un traductor cansado o con una fecha de entrega muy ajustada también puede colar una errata o calcar una metáfora. Pero cuando varias de estas señales confluyen en un mismo libro, no deja lugar a dudas.

En las redes sociales, el debate ha estallado con fuerza. Cada vez circulan más vídeos que preguntan abiertamente si la IA supone un peligro para la traducción literaria. Además, hay lectores que han escrito su propia guía movidos por la inquietud de no saber, al abrir un libro, quién lo escribió realmente en su idioma. Ambas son señales de que la preocupación ya no es sólo cosa del gremio.

Esto importa más allá de la simple curiosidad del lector; detrás de cada uno de estos detalles hay una decisión editorial de peso: cuánto tiempo y cuánto presupuesto se invierte en que un libro suene bien en otro idioma. La traducción literaria no es un trámite técnico; un libro no es sólo información, es ritmo, ironía, juego de palabras, matices culturales, es un guiño a la genialidad y sutileza narrativa del autor; y su lectura en otro idioma sólo funciona si se traslada con criterio. Cuando ese proceso se acelera o se abarata, y dejamos que la máquina lo haga todo, quien paga el precio, es, literalmente, quien compra el libro.

La traducción literaria no es pasar palabras de un idioma a otro, es un acto de expresión y creación humana. Por eso, aunque la IA ya forma parte de su presente, la pregunta es si las editoriales lo van a contar con la misma claridad con la que protegen sus derechos de autor. 

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

Agenda Cultural: del luto a la publicidad, la historia de los abanicos llega al Museo Histórico Nacional porteño

La muestra "Mensajes en el aire" reúne piezas usadas en bodas, duelos, celebraciones y campañas comerciales, desde el siglo XVIII hasta la década de 1970. 

El Museo Histórico Nacional inaugura la exposición "Mensajes en el aire" para presentar la historia del abanico (Foto: Shutterstock).

Un abanico podía acompañar a una novia, señalar un período de duelo, recordar un aniversario o servir para promocionar un producto. También se le atribuyó, durante décadas, un código de gestos para transmitir mensajes. Desde el 16 de octubre, el Museo Histórico Nacional inaugurará "Mensajes en el aire", una exposición que sigue los usos sociales, artísticos y comerciales de este objeto a través de piezas de los siglos XVIII, XIX y XX.

La muestra reúne una selección de abanicos de la Colección Histórica del Traje Argentino, con ejemplares de distintas procedencias y épocas, desde el siglo XVIII hasta la década de 1970. La exposición podrá visitarse hasta el 2 de mayo de 2027 en la sede de Defensa 1600, CABA.

El abanico evolucionó desde una herramienta para avivar las brasas hasta convertirse en un accesorio de salón (Foto: prensa Museo Histórico Nacional).

Un objeto que pasó del fuego a los salones

El origen del abanico se remonta a un gesto elemental: agitar el aire para avivar las brasas del hogar o cocina. Con el tiempo, esa acción dio lugar a un objeto que sumó materiales, técnicas y funciones, hasta convertirse en un accesorio presente en los salones europeos y en la vida social del Río de la Plata.

La exposición recupera esa transformación a través de piezas que muestran distintas formas de producción. Habrá abanicos fijos de origen chino, ejemplares plegables vinculados con la innovación japonesa y los llamados abanicos "de mil caras", fabricados en Cantón para el mercado europeo. Estos últimos incluían rostros de marfil tallados a mano.

También se exhibirán modelos asociados a determinadas modas, como el abanico Jenny Lind, denominado así por la soprano sueca que se convirtió en una referencia cultural durante el siglo XIX.

Los abanicos acompañaron ritos de la vida cotidiana como los casamientos, la infancia y los períodos de luto (Foto: prensa Museo Histórico Nacional).

Novias, niñas y duelos, los usos que marcaron al abanico

Lejos de limitarse a una pieza de lujo, el abanico acompañó instancias diversas de la vida cotidiana. "Mensajes en el aire" reune ejemplares destinados a novias y niñas, así como otros vinculados a las distintas etapas del luto.

El recorrido incluye abanicos conmemorativos, entre ellos los producidos en Argentina para el Centenario, y piezas concebidas con fines publicitarios. La variedad permite seguir cómo un mismo objeto podía funcionar como accesorio de moda, señal de pertenencia social o soporte para una imagen comercial.

La exhibición incluye ejemplares fijos de origen chino, variedades japonesas y modelos fabricados en Cantón (Foto: prensa Museo Histórico Nacional).

La muestra pondrá en duda el célebre "lenguaje del abanico"

La exposición cierra con una revisión del "lenguaje del abanico", la idea según la cual ciertos movimientos o posiciones del objeto transmitían mensajes definidos (seducción, rechazo, etc). Esa tradición será puesta en diálogo con las miradas de especialistas actuales.

La pregunta que atraviesa ese tramo final apunta a distinguir entre una práctica extendida y una construcción posterior: si esos códigos existieron de forma efectiva o si fueron parte de una estrategia comercial alrededor de un accesorio que, aun inmóvil, acumuló sentidos sociales.

Algunas de las posiciones y sus (supuestos) signficados fueron las siguientes:

• Abanicarse lentamente: estoy pensando en vos.
• Abanicarse rápidamente: estoy emocionada.
• Cerrar el abanico con fuerza: quiero que te vayas.
• Abanico cerrado apoyado en la mejilla: te amo.
• Golpear suavemente la palma con el abanico: te necesito.
• Mover el abanico rápidamente hacia arriba y abajo: estoy enojada.
• Taparse la boca con el abanico: no puedo hablar con vos aquí.
• Llevar el abanico a la boca y soplar: tenés que callarte.
• Girar el abanico con la mano izquierda: deseame suerte.
• Tocar la punta de cada abanico con el dedo índice: quiero hablar con vos.

La exposición exhibe piezas conmemorativas del Centenario argentino y modelos creados con fines publicitarios (Foto: prensa Museo Histórico Nacional).

Para resumir

Muestra: "Mensajes en el aire".
Inauguración: 16 de octubre.
Hasta cuándo: 2 de mayo de 2027.
Lugar: Museo Histórico Nacional, Defensa 1600, CABA.
Días y horarios: de miércoles a domingos - 11:00 a 19:00.
Entrada: libre y gratuita para toda la comunidad.

(Fuente: Museo Histórico Nacional / Infobae / varios / redacción propia)