Injustamente opacada por las figuras de, entre otros, su esposo
Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, los años pusieron las
cosas en su lugar y hoy es considerada una de las escritoras más
importantes de la literatura argentina del siglo XX. Estas cinco
obras suyas que hoy recomendamos se encuentran disponibles en
librerías y se pueden descargar en formato digital desde este
mismo post.

(Foto: composición propia).
Silvina Inocencia María Ocampo nació el 28 de julio de 1903
en la casa familiar de Viamonte 550, en el centro de la ciudad de
Buenos Aires. Fue la menor de seis hermanas de una de las familias
más ricas y tradicionales de la Argentina. Fue educada con
institutrices
inglesas y francesas en su propio hogar, por lo que
aprendió
primero a hablar y a escribir en esos idiomas antes que en
castellano. Su infancia la pasaba entre el caserón de la
ciudad, la mansión Villa Ocampo en el partido bonaerense de San
Isidro, los campos familiares de Pergamino en la provincia de
Buenos Aires y la estancia Villa Allende, en la provincia de
Córdoba. También, una vez por año, la familia viajaba a París
acompañada de sirvientes y
llevaban una vaca arriba del barco
para que pudieran tomar leche fresca.
A los 26 años, Ocampo se fue a estudiar dibujo y pintura a París.
En la capital francesa se unió al
Grupo de París: artistas
plásticos argentinos que se habían ido a establecer allí durante
la segunda década del siglo XX. Entre ellos estaban:
Norah Borgues,
Raquel Forner,
Lino
Spilimbergo,
Horacio Butler
y
Xul Solar.
Durante su estadía en ciudad europea, Silvina tomó clases con el
pintor italiano
Giorgio de Chirico,
fundador de la
escuela metafísica, y con el francés
Fernand
Léger, figura del
cubismo. Aunque en sus dos
casas de Buenos Aires siempre tuvo un atelier, más tarde abandonó
las artes plásticas para dedicarse a la literatura.
Una vez de regreso en Buenos Aires, conoce (o se reencuentra, el
inicio de la relación no está claro) con
Adolfo Bioy Casares,
otro hijo de la clase alta argentina. La familia poseía grandes
estancias y además era dueña de la empresa láctea
La Martona,
sin embargo a este hijo de terratenientes no le interesaba ni
tenía ninguna habilidad –según él mismo confesaba– para
administrar los campos de la familia. Su principal interés era la
literatura. Y las mujeres.
Silvina y "Adolfito", como le decían para diferenciarlo de su
padre con el mismo nombre, se fueron a vivir a la estancia
Rincón
Viejo, propiedad de la familia de Adolfito, en la localidad
de Pardo, partido de Las Flores, en la provincia de Buenos Aires.
La pareja vivió allí entre 1934 y 1940, inmune a dos hechos que
podrían haber sido considerados escandalosos:
no estaban
casados y ella era once años más grande que él. Ambos lo
recuerdan como una época feliz.
Ese período fue importante para los dos, ya que por un lado, Adolfo abandonó la carrera de abogacía y se dedicó de lleno a la
literatura, cuya consagración se daría en 1940 con la publicación
de "
La invención de Morel". Y por otro, según Aldolfo, fue
el campo donde Silvina
dejó el dibujo y la pintura y empezó a
escribir. Quizás fue el lugar donde escribió los cuentos de
su primer libro, "
Viaje olvidado", que publicó en 1937.
La estancia Rincón Viejo también es muy significativa, ya que allí
es donde se consolidó la amistad de Silvina y Bioy con
Jorge
Luis Borges, que duró hasta la muerte del autor de "
El
Aleph".
El más común de los lugares comunes sobre Silvina Ocampo es
considerar que quedó a la sombra, oscurecida, empequeñecida por su
hermana Victoria, Bioy y Borges. Que la opacaron. Pero es posible
que la posición de Silvina haya sido más compleja. Quienes la
admiran fervorosamente decretan que
sin duda que fue ella
quien eligió ese segundo plano. Dicen que desde allí
podía
controlar mejor aquello que deseaba controlar. Que nunca le
interesó la vida pública sino, más bien,
tener una vida
privada libre y lo menos escrutada posible. Que, en
definitiva, ella
inventó su misterio para no tener que dar
explicaciones.
La pareja contrajo matrimonio en 1940 y uno de los testigos del
casamiento fue el propio Borges. Luego de un viaje de bodas un
tanto excéntrico –viajar en casa rodante por todo el país con unos
amigos, que terminó en fracaso y apenas llegó a Rosario y
Córdoba–, la pareja se instaló en Buenos Aires y el campo quedó
sólo para unos días en verano. Desde entonces se los empezó a
llamar "los Bioy". La vida de casados incluyó las
innumerables
infidelidades de él y rumores sobre presuntos romances de
Silvina con otras mujeres.
Recibió, entre otros, el
Premio Municipal de Literatura en
1954 y el
Premio Nacional de Poesía en 1962, como así
también la
Beca Guggenheim.
Murió a los 90 años, en Buenos Aires, el 14 de diciembre de 1993.
Fue sepultada en la cripta familiar de los Ocampo en el cementerio
de la Recoleta.
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Las invitadas (1961)

(Foto: composición propia).
Los cuentos de este volumen son una ventana abierta a un mundo
familiar y perturbador a la vez, donde la realidad más prosaica se
desliza sutilmente hacia la irrealidad o hacia esa zona de lo real
que pertenece a lo desconocido. Entremezclada con las frases donde
relampaguea un humor rebelde, la ambigüedad está acentuada por la
mirada inocente que la autora parece arrojar sobre los objetos y
las personas que la rodean, como si los contemplara por primera
vez. O como si los creara por el sólo hecho de nombrarlos.
En el relato que da título al libro, el pequeño Lucio mantiene
encuentros clandestinos con siete misteriosas invitadas que
representan los siete pecados capitales. En "
El diario de
Porfiria", una romántica institutriz inglesa es sometida a
una perturbadora metamorfosis. En otro, cuarenta niños sordomudos,
tras un accidente aéreo, se arrojan al abismo, provistos de alas,
y desaparecen en el cielo. Con estos relatos únicos en la
literatura argentina moderna, la imaginación rigurosa e incansable
de Ocampo logra, en palabras de Julio Cortázar, "
mostrarnos el
cielo para precipitarnos en el infierno".
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La torre sin fin (1986)

(Foto: composición propia).
Luminoso ejercicio de imaginación, "
La torre sin fin" narra
una aventura cuyos desenlaces pertenecen al sueño, a las menos
sospechadas regiones, climas y peripecias que los sueños
habilitan. Leandro, el protagonista, se asoma al igual que las
criaturas de Lewis Carroll -como Alicia, como Sylvia, como Bruno-
a un aspecto fantástico de lo real que no niega la realidad.
Cada una de sus experiencias, que incluyen un enfrentamiento con
el Diablo, es parte de una suerte de rito de pasaje de la niñez a
la adolescencia, narrado con una prosa resplandeciente. El genio
imprevisible de Ocampo compone así un relato -publicado casi
secretamente en España en 1986 y desconocido en nuestro país hasta
su primera reedición en 2007- en el que la sutileza perceptiva y
la captación psicológica nos conducen paso a paso por un
territorio y un tiempo legendario, inolvidable.
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Los días de la noche (1970)

(Foto: composición propia).
Es te trabajo reúne veintinueve relatos breves (uno de ellos
narrado en verso libre), escritos a lo largo de la década de 1960
y publicados originariamente en volumen en 1970. En ellos se
despliega, como en una versión rioplatense de "
Las mil y una
noches", el imaginario tumultuoso y elegíaco de Ocampo,
donde coexisten las situaciones y los sentimientos más disímiles:
vidas entreveradas de ficción, traiciones ardientes y venganzas
gélidas, espejos o sueños que reflejan fantasmas de carne y hueso.
Pero también "
lo quimérico y lo casero", en palabras de
Borges, la calma imperturbable que precede un crimen atroz, las
metamorfosis de hombres y de plantas o las biografías de todos los
perros que tuvo la autora. Y siempre la infancia, con su delicada
trama de complicidades secretas donde se entremezclan,
inextricablemente, la inocencia y la crueldad.
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Cornelia frente al espejo (1988)

(Foto: composición propia).
Publicado por primera vez en España en 1988, "
Cornelia frente
al espejo" es el último libro que Ocampo entregó a la
imprenta y es también el más libre. Lo integran cuentos en los que
la pasión por narrar desborda lúdicamente los límites impuestos
por las convenciones del género: tramas reducidas a diálogos
inquietantes, un estilo que se libera de todo lastre narrativo y
asume una rara intensidad lírica, personajes que mutan y puntos de
vista que cambian dentro de un mismo relato.
Alejada de toda forma de disciplina literaria, la autora nos
invita a regresar a un estado de inocencia sin acudir a lo naif, a
reconstruir la sintaxis de los sueños sin recurrir al automatismo.
Así, infancia y madurez, sueño y realidad, prosa y poesía borran
sus fronteras en su voz inconfundible. En esta nueva edición,
corregida mediante el cotejo con los manuscritos hallados en el
archivo de la autora, se añaden versiones alternativas de dos de
sus principales relatos, "
Diálogos de Narcisa" y "
Nos
olvidaremos de nosotros".
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La promesa (2011)

(Foto: composición propia).
Es la ficción más extensa de Silvina Ocampo y a la que se dedicó,
con intermitencias, durante unos 25 años. Una mujer se inclina
sobre la baranda de un transatlántico para recoger un broche y cae
accidentalmente por la borda. Mientras el barco se aleja, promete
a Santa Rita, la "abogada de lo imposible", que si logra
salvarse escribirá su autobiografía. Personas y lugares desfilan
ante sus ojos formando un "diccionario de recuerdos" a
menudo crueles o perturbadores, mientras el mar la rodea con toda
su furia.
Poco a poco, la imaginación de la náufraga empieza a jugar con
esas imágenes del pasado como si quisiera distraerla de los
peligros que la acechan, hasta que las fronteras entre lo vivido y
lo soñado se desdibujan en una narración que va tornándose cada
vez más exuberante, más poética, a medida que se acerca el
desenlace inevitable. Escrita a comienzos de la década de 1960 y
sometida a varias reescrituras durante las décadas siguientes,
esta novela fantasmagórica permaneció inédita en vida de su
autora. Publicada por primera vez en 2011, deslumbra por su
audacia formal, por las invenciones de su trama y por su prosa
siempre inspirada.
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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción
propia)