Para una IA conversacional, una silla puede ser una palabra, una
definición o una imagen. Para un robot, una silla es un obstáculo
que esquivar, un objeto que mover, una superficie en la que
alguien puede sentarse. ¿En qué punto evolutivo nos encontramos?

El profesor Angelo Cangelosi, experto en
aprendizaje automático y robótica cognitiva, interactúa con el
robot humanoide iCub (Foto: manlitphil.ac.uk).
Analizando 40 estudios científicos publicados en los últimos diez
años sobre robótica cognitiva e interacción humano-robot, y la
conclusión es que todavía estamos muy lejos de que nuestra vida se
parezca a la película "
Ex Machina"
(2014). Tal y como defienden los expertos en robótica
Alessandra Sciutti,
Giulio
Sandini y
Pietro Morasso,
hemos dominado la inteligencias artificiales capaces de procesar
información, pero la cognición robótica exige algo más:
cuerpo,
acción y experiencia situada. Los robots no entienden el
mundo como nosotros; lo perciben y actúan en él
de formas
todavía parciales.
Para que los robots convivan con nosotros, no basta con que tengan
muchos datos;
necesitan entender el mundo tal y como lo
experimentamos.
La inteligencia múltiple
La robótica cognitiva busca desarrollar robots
capaces de
percibir, aprender, razonar, decidir y adaptarse en entornos
cambiantes. No se trata sólo de automatizar movimientos, sino de
construir sistemas que puedan
interpretar información del
entorno y
actuar con cierta flexibilidad.
En esta revisión sistemática se analizaron 40 estudios
científicos, pero conviene aclarar algo:
no son 40 robots
distintos. En robótica,
un mismo cuerpo puede alojar
distintas arquitecturas cognitivas: diferentes formas de
organizar la
percepción, la
memoria, el
aprendizaje, la
toma de decisiones o la
interacción.
Muestra de ello, tenemos el ejemplo del
iCub, un
ingenio humanoide del
Instituto Italiano de Tecnología,
utilizado como plataforma para estudiar
cómo se desarrollan e
integran capacidades cognitivas en un cuerpo robótico.

El robot humanoide iCub con la investigadora Giulia
Scorza, del Instituto Italiano de Tecnología, durante un
experimento sobre cómo la colaboración con robots puede
modificar la atención espacial humana (Foto: cell.com).
¿Pueden saber cuándo se equivocan?
A partir de clasificaciones previas de la cognición, se
organizaron esas capacidades en dos grandes grupos:
habilidades
cognitivas troncales y
habilidades sociocognitivas.
Las primeras son el motor básico de la inteligencia robótica.
La percepción les permite
transformar datos de cámaras,
micrófonos o sensores en información útil. Pueden decidir
qué señales importan entre todo lo que ocurre
gracias a la
atención.
La
selección de acción -el "qué hacer"- les permite elegir
si
moverse, esperar, frenar o cambiar de estrategia. La
memoria conserva información relevante y pueden
ajustar el
comportamiento a partir de la experiencia porque son
capaces
de aprender. El
razonamiento ayuda a resolver
situaciones cuando algo no encaja con el plan previsto. La
prospección
permite anticipar futuros posibles. Y por último, la
metacognición,
más ambiciosa, posibilitaría al robot
monitorizar sus propios
procesos: detectar incertidumbre, corregirse o reconocer que
puede estar equivocado.

Las habilidades cognitivas troncales permiten al
robot captar información del entorno, seleccionarla, aprender de
ella y decidir cómo actuar. Son la base operativa de la robótica
cognitiva: percepción, atención, selección de acción, memoria,
aprendizaje, razonamiento, metacognición y prospección (Foto:
manlitphil.ac.uk).
La silla de ruedas inteligente
Uno de los estudios revisados no trabajaba con un robot humanoide,
sino con
una
silla de ruedas
inteligente. Su arquitectura cognitiva buscaba ayudar
en la navegación sin quitar autonomía al usuario: asistir cuando
hacía falta, pero
sin convertir a la persona en pasajera
pasiva. En ese caso, la cognición no consistía en
"conversar" ni parecer humana, sino en decidir
cuándo
intervenir,
cómo moverse y
cómo preservar el
control de quien la usa. En la evaluación, el tiempo de
navegación
bajó de 124 a unos 72 segundos para usuarios
con menores capacidades cognitivas.
En cuanto a las habilidades cognitivas desarrolladas en los
robots, el mapa de resultados
dibuja una especie de pirámide.
En la base están las capacidades más desarrolladas:
percepción
en 35 de los 40 estudios,
atención y aprendizaje en 31, y
selección de acción en 30.
Más arriba aparecen el
razonamiento y la
memoria,
presentes en menos de la mitad de los estudios analizados. Y en la
punta quedan las habilidades más sofisticadas: la
prospección,
con 7 estudios, y la
metacognición, presente en sólo 2.
Estamos avanzando mucho en robots que perciben, aprenden y actúan,
pero
bastante menos en robots capaces de anticipar, dudar o
revisar sus propios errores. Aunque lo conseguido es mucho,
no equivale a tener robots con sentido común, comprensión social o
inteligencia humana.
Jugar a "piedra papel o tijera"
Ahora nos centraremos en las
habilidades sociocognitivas,
las que permiten al robot
funcionar en un entorno y hacerlo
junto a otros. Incluyen la
lectura de intenciones,
es decir, inferir qué quiere hacer una persona; la
comunicación,
para intercambiar información de forma comprensible; el
discernimiento
entre uno mismo y el otro, clave para diferenciar la propia acción
de la ajena; y la
atención conjunta, que permite a robot y
humano dirigir la atención hacia el mismo objeto o tarea.

RASA, el robot que juega a piedra, papel o tijera
(Foto: Researchgate).
La lectura de intenciones puede parecer abstracta, pero se
entiende muy bien con un juego. En uno de los estudios revisados,
un robot social llamado RASA jugaba a "piedra papel o
tijera" con personas. La cuestión no era ganar por reflejos, sino
probar si el robot
podía anticipar la intención humana.
Cuando funcionaba en
modo predictivo, obtenía mejores
resultados que cuando actuaba al azar, y los participantes lo
percibían como
más inteligente y atractivo.
Prueba con niños con autismo
También hay ejemplos en
robótica social y asistencial. Un
robot social
fue probado con
niños con autismo para trabajar
el
reconocimiento y la reciprocidad emocional. En estos casos,
la habilidad importante no es levantar peso ni moverse con
precisión, sino
leer expresiones,
responder con gestos
comprensibles y
sostener una interacción social
mínimamente legible.
Aquí aparece la brecha. La
lectura de intenciones y la
comunicación
aparecen cada una en 13 estudios. El
reconocimiento entre uno
mismo y el otro, en 6. La
atención conjunta, sólo en
2. Además, mientras 39 de los 40 trabajos
desarrollan al menos
tres habilidades troncales, sólo 8 incorporan
más de una
habilidad sociocognitiva.
Estamos construyendo, sobre todo, el "motor invisible" de los
robots: aquello que les permite
ver, calcular, aprender y
actuar. Pero desarrollamos mucho menos la parte que, en
nuestro imaginario, nos hace decir "ésto parece inteligente":
interpretar
al otro, coordinarse con él, comunicar dudas, anticipar gestos,
volverse legible.
Efectos colaterales
Ésto importa porque un robot puede tener muchas habilidades
cognitivas troncales y
aun así ser difícil de entender para
una persona. Puede percibir un objeto, calcular una
trayectoria y ejecutar una acción con precisión, pero
no
transmitir bien qué hará después. Puede anticipar un
movimiento humano en laboratorio, pero
no generar
necesariamente más seguridad, más confianza, menos tensión o más
sensación de control.
La
prospección y la
lectura de intenciones suelen
presentarse como
habilidades clave para robots que
comparten espacio con humanos. Sin embargo, en los estudios
revisados, estas capacidades
no siempre se traducen en mejoras
de seguridad claramente medidas o reportadas.
La historia de la automatización nos recuerda que
las
herramientas no sólo hacen cosas por nosotros, también nos
transforman. Un GPS cambia
nuestra forma de orientarnos.
Un corrector automático modifica
nuestra relación con la
escritura. Un robot cognitivo puede cambiar
cómo
prestamos atención,
cómo tomamos decisiones y
cómo
sentimos nuestra presencia en el trabajo o en la vida
cotidiana.
La pregunta importante ya no es sólo cuánto podrán hacer los
robots, sino
qué habilidades estamos priorizando y cuáles
estamos dejando atrás.
(Fuente: The Conversation / varios / redacción
propia)