lunes, 18 de mayo de 2026

Preguntas inquietantes: ¿por qué las grandes compañías de IA quieren que les tengamos miedo?

Eso es exactamente lo que la empresa de IA Anthropic nos está diciendo sobre su último modelo: Claude Mythos. La compañía asegura que la capacidad de Mythos para detectar fallos de ciberseguridad supera con creces la de los expertos humanos, y que esta tecnología podría tener consecuencias capaces de alterar el orden mundial si cayera en las manos equivocadas.

(Foto: Getty Images).

"Las repercusiones para las economías, la seguridad pública y la seguridad nacional podrían ser graves", declaró Anthropic en una entrada publicada recientemente en el blog de la empresa.

Algunos, con exagerado tono de alarma, advirtieron que Mythos pronto nos obligará a reemplazar cada dispositivo tecnológico de nuestra vida para protegernos de esta locura digital. Ciertos expertos en seguridad ponen en duda estas afirmaciones, pero dejemos eso de lado por el momento.

Los ejecutivos de los principales proveedores de IA emiten advertencias con regularidad sobre cómo los productos de su propia industria podrían acabar con la humanidad.


¿Todo ésto para qué les tengamos miedo? Es una forma extraña de referirse a su propio trabajo por parte de cualquier empresa. No es habitual escuchar a McDonald's anunciar que ha creado una hamburguesa tan aterradoramente deliciosa que resultaría poco ético cocinarla para el público.

Estrategia del miedo: una teoría


Según muchos analistas, a las empresas de IA les conviene mantenernos obsesionados con la idea del apocalipsis, ya que esto desvía la atención del daño muy real que ya están causando en el mundo. Los líderes tecnológicos sostienen que simplemente nos están advirtiendo sobre un futuro inevitable y que la seguridad es una prioridad absoluta, ya sea ahora o más adelante.

Sin embargo, otros argumentan que lo que realmente estamos presenciando es una estrategia de infundir miedo, que exagera el potencial de la tecnología y sirve para impulsar el precio de las acciones.

Elon Musk creó su propia empresa de inteligencia artificial, llamada xAI (Foto: Getty Images).

Además, fomenta la narrativa de que los organismos reguladores deben mantenerse al margen, bajo el pretexto de que estas empresas de IA son las únicas capaces de detener a los "malos" y de desarrollar esta tecnología de manera responsable.

"Si se presentan estas tecnologías como algo casi sobrenatural en cuanto a su peligrosidad, nos hace sentir impotentes, como si estuviéramos superados", afirma Shannon Vallor, profesora de ética de datos e inteligencia artificial en la Universidad de Edimburgo.

"Como si las únicas personas a las que pudiéramos recurrir fueran las propias empresas", añade.

(Foto: Getty Images).

"Riesgo de extinción"


Cientos de líderes tecnológicos -entre ellos Sam Altman, Bill Gates y Demis Hassabis, director ejecutivo de Google DeepMind- respaldaron en 2023 una breve declaración que decía: "Mitigar el riesgo de extinción derivado de la IA debería ser una prioridad global, junto con otros riesgos a escala social, tales como las pandemias y la guerra nuclear".

Ese mismo año, magnates como Elon Musk firmaron una carta en la que solicitaban una pausa de seis meses en el desarrollo de IA avanzada. Menos de seis meses después, Musk anunció su nueva empresa de inteligencia artificial: xAI.

"Esto es, sencillamente, parte de un patrón de afirmaciones infundadas sobre el poder", sostiene Emily M. Bender, profesora de lingüística computacional y procesamiento del lenguaje natural en la Universidad de Washington, y coautora del libro "La estafa de la IA". Según Bender, esta actitud no se limita a OpenAI y Anthropic; constituye la postura habitual de toda la industria de la IA.

"Vienen a decir: 'Miren hacia aquí; no presten atención a la destrucción medioambiental, a la explotación laboral ni a todos esos sistemas sociales que estamos desmantelando'. Lo único que debe preocuparnos, según ellos, es asegurarnos de que esta tecnología no se convierta en esa entidad malévola que acabe destruyendo a la humanidad", explica.

(Foto: Getty Images).

¿Es Mythos realmente tan peligrosa?

Mythos es uno de los modelos más recientes de Anthropic, desarrollado como parte de su sistema de IA más amplio llamado Claude. Este sistema engloba el asistente de IA de la compañía y su familia de modelos, compitiendo con ChatGPT de OpenAI y Gemini de Google.

Los investigadores que prueban cómo los modelos de IA manejan solicitudes o tareas específicas, conocidos como "equipos rojos", afirmaron en un informe que Mythos era "sorprendentemente capaz en tareas de seguridad informática".

Descubrieron que la herramienta podía localizar errores latentes ocultos en código de décadas de antigüedad y explotarlos fácilmente. En lugar de ponerlo a disposición de todos los usuarios de Claude, Anthropic le dio acceso a 12 empresas tecnológicas a través del Proyecto Glasswing, que describió como "un esfuerzo por proteger el software más crítico del mundo".

Entre ellas se encuentran el gigante de la computación en la nube Amazon Web Services, los fabricantes de dispositivos Apple, Microsoft y Google, y los fabricantes de chips Nvidia y BroadcomCrowdstrike, cuya actualización de software defectuosa provocó una importante interrupción global en julio de 2024 , también se encuentra entre los socios del proyecto. Anthropic afirma haber dado acceso a Mythos a más de 40 organizaciones responsables de software crítico.

"Dado el ritmo de progreso de la IA, no pasará mucho tiempo antes de que dichas capacidades proliferen, potencialmente más allá de los actores comprometidos con su despliegue seguro", sostiene también el antes mencionado informe.

Afirmó que podía localizar, sin mucha supervisión, fallos críticos que requerían una actuación inmediata en sistemas antiguos, incluida una vulnerabilidad que había estado presente en un sistema durante 27 años, y sugerir formas de explotarlos.

(Foto: Getty Images).

¿Se justifica tanto temor?

Constantemente aparecen nuevos modelos y herramientas, y a menudo vienen acompañados de promesas de revolucionar nuestras vidas, para bien o para mal. Aprovechar esta mezcla de miedo y entusiasmo por la IA y su impacto futuro se ha convertido también en un sello distintivo del sector y de sus estrategias de marketing en los últimos años.

En el caso de Mythos, todavía no sabemos lo suficiente como para determinar si estas esperanzas o temores están justificados, o si son más bien un reflejo de la exageración que rodea a la industria. En ambos casos, lo más importante que podemos hacer ahora es no entrar en pánico sino más bien centrarnos en la necesidad de garantizar una ciberseguridad básica adecuada.

Al fin y al cabo, la mayoría de los hackers no necesitan herramientas de inteligencia artificial avanzadas para vulnerar sistemas, ya que a menudo son suficientes ataques mucho más sencillos. Para algunos esto es un acontecimiento apocalíptico, para otros parece ser mucha exageración.

Esta herramienta u otras posteriores creadas por Anthropic o sus rivales, así como generan un riesgo, también abren la oportunidad de construir un mundo en línea más seguro.

(Fuente: BBC Mundo / Xataka / varios / redacción propia)

Una breve pero apasionante historia de la evolución de la visión humana: ver menos para entender más

Ojos compuestos con 30.000 facetas, retinas con 16 tipos de fotorreceptores, pupilas que detectan luz polarizada… Ante la deslumbrante diversidad de sistemas visuales del reino animal, ¿dónde quedamos nosotros con lo que tenemos? La respuesta está en una historia evolutiva larga y accidentada, en la que ganamos y perdimos capacidades según las presiones de cada época. 

(Foto: Unsplash).

Nuestra visión no es el resultado de una carrera hacia la perfección, sino el rastro de una serie de compromisos adaptativos. Entender esos compromisos dice tanto sobre nuestra biología como sobre quiénes somos.

Una herencia empobrecida

El punto de partida es sorprendente: los ancestros de todos los vertebrados poseían seis tipos de genes de opsinas -proteínas de membrana sensibles a la luz que forman pigmentos visuales esenciales para la visión en conos y bastones de la retina-, lo que probablemente les confería una visión tetracromática. Este tipo de visión se caracteriza por percibir mayor número de colores (longitudes de onda) gracias a la presencia de cuatro conos en la retina.

Muchos peces, reptiles y aves conservan hoy esa configuración. Los mamíferos placentarios, en cambio, la redujeron a dos: la opsina de onda corta, sensible al azul, y la de onda media-larga, sensible al rojo-verde, quedando así como dicromáticos; esto es, capaces de percibir los colores utilizando solamente dos tipos de conos.

La razón exacta de esa pérdida no se conoce con certeza molecular, pero la hipótesis más aceptada apunta a decenas de millones de años de actividad nocturna: en la oscuridad, los conos aportan poco y la presión selectiva dejó de mantener ese repertorio cromático. 

La recuperación: varias soluciones independientes

Como apuntábamos, los conos son los fotorreceptores que detectan los colores (captan longitudes de onda pertenecientes al rango de la luz visible). Pero en condiciones de oscuridad, los fotorreceptores que aportan más señal son los bastones, aquellos que permiten detectar la diferencia entre luz y oscuridad. Funcionan de forma distinta a los conos, que sólo se activan cuando incide sobre ellos la luz de determinada frecuencia. Los bastones se inactivan cuando llega cualquier radiación del espectro visible, y eso genera la "señal de visión" en nuestro cerebro. 

Al aparecer, los primates estaban dotados con una visión del color comparable a la de un perro. Pero la historia no terminó ahí. Cuando algunos linajes de primates volvieron a la actividad diurna en los bosques tropicales, la selección natural encontró de nuevo razones para invertir en color. Distinguir frutos rojos maduros entre el follaje verde supone una ventaja considerable para la supervivencia.

La solución fue recuperar un tercer tipo de cono, pero lo notable es que esto ocurrió varias veces y por vías distintas en diferentes linajes de primates. En los primates del Viejo Mundo (simios y monos como los macacos, los chimpancés y nosotros mismos) se produjo mediante la duplicación de un gen de opsina en el cromosoma X: una copia del gen original se duplicó y, con el tiempo, cada copia se especializó en detectar longitudes de onda ligeramente diferentes, lo que permitió distinguir el rojo del verde.

En muchas especies de monos del Nuevo Mundo (como los monos ardilla o los titíes) el mecanismo fue distinto: no hubo duplicación del gen, sino que un mismo gen existe en varias versiones o variantes dentro de la población, de forma que distintos individuos tienen distintos tipos de cono según qué variante heredaron.

Que la visión tricromática -capacidad para percibir colores basada en tres tipos de conos en la retina, sensibles a ondas largas (rojo), medias (verde) y cortas (azul)- emergiera de forma independiente en linajes separados, por mecanismos diferentes, es una señal elocuente de cuán fuerte fue la presión selectiva del bosque tropical diurno: la ventaja para la supervivencia de distinguir frutos maduros entre el follaje era tan grande que la evolución encontró más de un camino para conseguirlo.

En definitiva, cuando la evolución tropieza con el mismo problema en contextos similares, suele conducir a soluciones parecidas.

La apuesta por el cerebro

Aquí es donde la historia humana toma su giro más característico. Lo verdaderamente distintivo de nuestra línea evolutiva no está en los ojos, sino en lo que viene después. Mientras otros grupos resolvieron el problema de ver multiplicando tipos de fotorreceptores y procesando la información directamente en la retina, los vertebrados tomaron otro camino: pocos receptores, pero un sistema nervioso central capaz de hacer el trabajo pesado.

Los primates y, especialmente, los humanos, llevamos esa estrategia al extremo. Nuestra corteza visual ocupa una proporción del cerebro sin parangón entre los mamíferos. Construimos representaciones del mundo extraordinariamente detalladas, estables e interpretadas: no vemos luz, vemos objetos, rostros, expresiones, profundidad, movimiento. El ojo recoge, el cerebro elabora.

El precio de la especialización

Sin embargo, toda apuesta evolutiva tiene sus costos. La dependencia de sólo tres tipos de conos (más de los que tienen la mayoría de mamíferos, pero menos de lo que tuvieron nuestros ancestros vertebrados) hace que entre un 3 % y un 8 % de los varones humanos presenten alguna forma de daltonismo, que es la dificultad para distinguir ciertos colores, habitualmente el rojo y el verde. Lo llamativo no es sólo el porcentaje en sí, sino el contraste con el resto de primates del Viejo Mundo.

En monos cercopitécinos y colobinos, la tricromacia -capacidad de ver el mundo en tres dimensiones de color, como hacemos la mayoría de los humanos- es prácticamente universal, con casos de daltonismo tan infrecuentes que resultan casi anecdóticos, frente a la llamativa prevalencia que encontramos en nuestra especie.

Los humanos constituimos, dentro de los catarrinos, probablemente una excepción, porque al abandonar el entorno forestal hace millones de años se relajó la presión selectiva que mantenía la tricromacia bien afinada.

A eso se suman otras limitaciones: no vemos luz ultravioleta, que sí perciben abejas, aves y algunos mamíferos; y nuestro campo visual es estrecho y frontal, óptimo para la visión estereoscópica, pero pobre en periferia. Estos no son defectos de diseño, sino el precio visible de haber apostado por la profundidad de procesamiento sobre la amplitud sensorial.

La paradoja final

Es curioso que nosotros, los animales que hemos desarrollado la ciencia de la óptica, que hemos construido telescopios y microscopios, que hemos descifrado cómo ven una mantis o un águila, seamos también uno de los vertebrados con un sistema visual más limitado en términos comparativos.

Lo que nos permitió comprender la visión ajena no fue tener mejores ojos, sino tener un cerebro capaz de trascender lo que los ojos nos dan. Nuestra debilidad sensorial y nuestra grandeza cognitiva son dos caras de la misma moneda evolutiva. Ver menos para entender más.

(Fuente: The Conversation / varios / redaccción propia)

Grandes premios y expansión literaria: tres novelas coreanas que cambiaron la forma de leer en el mundo

Desde Han Kang y sus múltiples galardones hasta el impacto de Cho Nam-joo, distintas voces surcoreanas construyeron una generación que explora el trauma, el feminismo y la identidad con una proyección editorial global sin precedentes. Dado el boom, son de gran presencia en librerías pero, como solemos facilitar desde este blog, se pueden descargar en formato digital desde este post. 

(Foto: composición propia).

El reconocimiento internacional a la literatura surcoreana vive un punto de inflexión tras la obtención del Premio Nobel de Literatura por Han Kang en 2024. Este hito confirma el avance de una generación de escritores cuyas obras salieron de las fronteras nacionales y dialogan hoy con lectores de todo el mundo. El fenómeno no sólo se explica por la singularidad de las historias o la calidad de sus autores, sino también por la capacidad de estas novelas para expresar preocupaciones universales desde una sensibilidad propia.

La literatura de Corea del Sur se transformó en un espacio de exploración de temas complejos como el trauma, la identidad y la igualdad de género, al tiempo que incorpora géneros como la ficción sanadora o el realismo mágico. El equilibrio entre la crítica social y la apertura a nuevas formas narrativas permitió que estos textos encuentren eco en distintas culturas, y que el mercado editorial global los ubique entre los más leídos y traducidos.

Este fenómeno literario responde, además, a un contexto de cambios sociales y culturales en Corea del Sur. La expansión de la cultura popular coreana -de la música al cine- impulsó el interés por sus libros, y la apertura de nuevas editoriales y premios internacionales multiplicó las traducciones.

A continuación, nuestras tres sugerencias de hoy:

La vegetariana, de Han Kang (Random House)

(Foto: composición propia).

Hasta ahora, Yeonghye ha sido la esposa diligente y discreta que su marido siempre ha deseado. Sin ningún atractivo especial ni ningún defecto en particular, cumple los requisitos necesarios para que su matrimonio funcione sin sobresaltos. Todo cambia cuando unas pesadillas brutales y sanguinarias empiezan a despertarla por las noches, y siente la imperiosa necesidad de deshacerse de toda la carne del frigorífico. A partir de ese momento, Yeonghye impondrá en casa una dieta exclusivamente vegetariana que su marido aceptará entre atónito y molesto. 

Será un primer acto subversivo seguido de muchos otros que la llevarán a la búsqueda de una existencia más pura y despojada, más cercana a la vida vegetal, un lugar donde el poder erótico y floral de su cuerpo romperá las estrictas costumbres de una sociedad patriarcal y ultracapitalista. "La vegetariana" es la historia de una metamorfosis radical y un acto de resistencia contra la violencia y la intolerancia humanas. Galardonada con el Premio Booker Internacional, esta bella y perturbadora novela catapultó internacionalmente a la que es una de las voces más interesantes y provocadoras de la literatura asiática contemporánea.

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Almendra, de Won-pyung Sohn (Gran Travesía)

(Foto: composición propia).

Yunjae nació con alexitimia, una enfermedad que le impide reconocer y expresar emociones, y que está asociada a un crecimiento inferior de la amígdala cerebral, generalmente del tamaño de una almendra. Su madre soltera y su abuela hacen todo lo posible por ayudarlo a relacionarse con los demás, si bien en la escuela se enfrenta a la intimidación y al rechazo de sus compañeros por su comportamiento indolente. Pero un día ocurre la tragedia: en la tarde de su decimosexto cumpleaños, la madre y la abuela de Yunjae son víctimas de un violento ataque callejero que termina con su abuela muerta y su madre postrada en cama en estado vegetativo. Yunjae tendrá entonces que vivir solo y encargarse de la librería de libros usados de su familia.

Es entonces cuando sucede el inesperado encuentro con Gon, un chico volátil, propenso al mal humor y a las peleas, que ha sufrido una infancia traumática. Ambos son polos opuestos, pero el rechazo que sufren -cada uno por diferentes razones- por una sociedad que no los entiende, hace que pasen de ser enemigos, a cultivar una peculiar amistad. ¿Podrá la relación con Gon, el encuentro con una chica llamada Dora que sólo sueña con correr, y su intervención en una situación de vida o muerte, despertar todas las emociones que Yunjae no había experimentado antes?

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Kim Ji-young, nacida en 1982, de Cho Nam-joo (Alfaguara)

(Foto: composición propia).

Este trabajo ha pasado de ser la breve historia de una joven coreana a convertirse en un terremoto que ha sacudido a las mujeres de medio mundo. Kim Ji-young (que lleva el nombre más común entre las mujeres coreanas nacidas en 1982) es aparentemente una mujer como cualquier otra, con una juventud sin pena ni gloria, siempre a la sombra. Todo se retuerce cuando, de repente, Kim empieza a hablar con las voces de su madre, de una amiga desaparecida, de otras muchas mujeres. Lo que parecía una broma adquiere el tono de una respuesta, de una insurrección y, para los demás, el tono de una enfermedad.

Este libro ha sido una embestida para el panorama literario de todos los países en los que se ha publicado. Bajo su aparente sencillez, hay una sensación de peligro que palpita a lo largo de todas sus páginas y que ha abierto una grieta en los estándares de la literatura contemporánea.

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(Foto: bajalibros.com / varios / redacción propia)

viernes, 15 de mayo de 2026

Lecturas de fin de semana: haciendo foco en Perú, país invitado de honor en la reciente Feria del Libro porteña

De los versos rupturistas de "Trilce" a la potencia histórica de "El Espía del Inca", cuatro títulos fundamentales para entender la profundidad de las letras que se escriben en el Perú. De buena presencia en librerías, desde este post facilitamos su compra y descarga en formato digital.

(Foto: composición propia).

Este año, Perú fue el Invitado de Honor de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Por primera vez no se trató de una ciudad, sino de una país entero. Desde su stand se construyó un puente cultural que unió la tradición milenaria con las urgencias del presente. En esta literatura conviven figuras tutelares de la talla de Blanca Varela y su descarnado "Canto villano" con clásicos indiscutibles como José María Arguedas, quien en "Los ríos profundos" trazó la cartografía del mestizaje y la identidad andina.

Más allá de los nombres consagrados, la delegación ofreció una ventana hacia la diversidad geográfica y social del país, destacando especialmente la voz de la Amazonía. A continuación, cuatro obras esenciales para descubrir por qué la narrativa peruana sigue siendo una de las más vigorosas del continente.

Trilce, de César Vallejo (Linkgua)

(Foto: composición propia).

Este trabajo se ha convertido en una de las cimas poéticas más importantes en castellano. Poblado de símbolos, ruptura, caos, estremecimientos y reflexiones sobre la madre, el dolor y el estrujamiento de la condición humana, parece que en este texto confluye todo e implosiona. César Vallejo usa el lenguaje para destruirlo y fundar uno nuevo.

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Un mundo para Julius, de Alfredo Bryce Echenique (Peisa)

(Foto: composición propia).

Una de las novelas más divertidas y sutiles de la literatura latinoamericana. A través de la mirada y la sensibilidad de un niño, Alfredo Bryce Echenique describe el mundo indiferente y refinado de la oligarquía. Si bien la crítica es profunda, al mismo tiempo está matizada por un humor delicioso, una ternura discreta y una dulce nostalgia.

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El Espía del Inca, de Rafael Dumett (Alfaguara)

(Foto: composición propia).

Poco tiempo después de su primera publicación, "El Espía del Inca" se convirtió, según la crítica especializada, en la mejor novela de lo que va del nuevo siglo. Por un lado, recrea, con sólida documentación histórica pero con las licencias de la ficción novelística, el infructuoso rescate del Inca. Por otro, da nueva vida a los personajes que poblaron nuestros territorios en los instantes primeros de nuestras naciones.

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Niños del pájaro azul, de Karina Pacheco (Alfaguara)

(Foto: composición propia).

Los relatos de este libro exploran, desde la cotidianeidad, la lucidez, la fragilidad y las tensiones. La autora construye personajes de psicología compleja y realista: avanzan entre dudas, empujados por un destino que algunos intentan evadir o alterar, mientras otros terminan siendo arrastrados por éste. Estas historias recorren escenarios y preocupaciones de la sociedad peruana de los noventa: arraigados prejuicios, machismo, crímenes silenciados, pederastía y las secuelas del conflicto armado interno.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

Las gafas con IA han encontrado un público inesperado: los "manfluencers" que graban mujeres sin su consentimiento

Las utilizan para grabar interacciones con mujeres  y después lo suben a redes, generalmente para ejemplifica "tutoriales" de seducción. Ya se han dado casos de extorsiones: las personas filmadas tuvieron que pagar para evitar la difusión del contenido.

(Foto: Shutterstock).

Hay un dispositivo que está cuajando entre el gran público. Las gafas con IA son cada vez más populares y ya están siendo objeto de polémicas y debates sociales. ¿Es ético llevar una cámara en la cara que puede estar grabando sin que los demás se den cuenta? No mucho, sobre todo cuando esos vídeos se usan para extorsionar.

En BBC cuentan la historia de Alice (nombre ficticio) y como fue grabada sin su consentimiento a la entrada de un centro comercial de Londres. El hombre era en realidad un creador de contenido que daba consejos a otros hombres. Publicó el vídeo de su interacción y se viralizó hasta el punto de que llegó a la propia protagonista. Alice cuenta que se quedó en shock porque el hombre "no tenía teléfono, no tenía una cámara apuntando directamente a mi cara", según dijo.

Alice dijo sentirse humillada y contactó con la cuenta que había publicado el vídeo, solicitando que lo eliminaran, pero la respuesta no fue la esperada. El hombre que la había grabado le pedía un pago a cambio de retirar el vídeo ya que, según él, cumplía con las normas de la plataforma. Finalmente, fue TikTok quien eliminó el vídeo, pero lo resubió a otra cuenta, la cual ha sido eliminada por infringir sus normas sobre acoso e intimidación.

Y hay más

El de Alice no es el único caso de vídeos de este tipo grabados con gafas IA. En un artículo anterior, BBC narraba los casos de otras dos mujeres que también habían sido grabadas por uno de estos "manfluencers". El modus operandi es acercarse a mujeres para pedirles el teléfono o entablar una conversación y después subirlo a redes, donde a menudo se viralizan y generan todo tipo de comentarios.

Gran parte del éxito de las Ray-Ban Meta responde a que son unas gafas normales, que podemos llevar en el día a día sin llamar la atención. Su principal atractivo es, precisamente, lo que las hace perfectas para grabar sin que nadie se dé cuenta. Sí, tienen una luz LED que se ilumina cuando las gafas graban, pero se dan dos circunstancias: el LED se puede modificar y mucha gente no se da ni cuenta de que esa luz indica que los están grabando.

Reacciones

A pesar de que las gafas IA son aún una categoría de producto emergente, ya está surgiendo una ola de rechazo social y críticas, especialmente en Estados Unidos, donde son más populares. Muchas personas las encuentran invasivas y no se sienten cómodas si alguien lleva unas puestas, aunque el LED esté apagado.  También hemos visto la respuesta de la startup china Even Realities, unas gafas con IA pero sin cámara, cuyo reclamo de venta es justamente el punto débil de las gafas con cámara: ellos no te espían.

(Fuente: Xataka / redacción propia)

La ilusión de libertad en internet: ocho maneras en las que la red moldea nuestras decisiones

Nos gusta pensar que decidimos por nosotros mismos. Que elegimos qué ver, qué comprar, qué opinar. Que somos, en última instancia, sujetos autónomos navegando en un espacio lleno de posibilidades. Pero esa imagen empieza a resquebrajarse cuando observamos con más detenimiento cómo funcionan los entornos digitales en los que pasamos buena parte de nuestro tiempo.

(Foto: Shutterstock).

La sociología lleva tiempo recordándonos que la libertad nunca opera en el vacío. Como planteó el sociólogo francés Pierre Bourdieu, nuestras decisiones están siempre orientadas por estructuras previas que delimitan lo que percibimos como posible. Hoy, esas estructuras no solo son sociales: son también algorítmicas.

Internet no nos quita la capacidad de decidir, sino que hace algo más sofisticado: configura el marco dentro del cual decidimos.

Elegimos lo que vemos, pero no lo que aparece

Cuando abrimos una red social o hacemos una búsqueda, no accedemos a "todo lo que hay", sino a una selección previa. Un filtro invisible ha decidido antes qué merece nuestra atención. No sentimos que eso limite nuestra libertad porque seguimos eligiendo, pero lo hacemos dentro de un menú ya configurado.

Ahí es donde el poder se vuelve sutil, casi imperceptible. Como sugería Michel Foucault, no hace falta imponer conductas si se puede organizar el campo de lo posible.

Creemos que algo es importante porque nos lo ponen delante muchas veces

Hay temas que parecen inevitables. Están en todas partes: en titulares, en vídeos, en conversaciones digitales. Poco a poco, empiezan a ocupar más espacio en nuestra mente. No es casualidad, sino el resultado de procesos de selección que deciden qué circula y qué queda relegado.

Como explicaba Niklas Luhmann, los sistemas sociales funcionan reduciendo complejidad. Internet lo hace simplificando el mundo hasta convertirlo en aquello que aparece en pantalla. Lo que no aparece simplemente deja de existir para nosotros.

Formamos opiniones en entornos que ya están inclinados

Muchas veces creemos que nuestras opiniones son el resultado de una reflexión personal. Pero lo cierto es que solemos construirlas en espacios donde ciertas ideas ya están reforzadas. Leemos, escuchamos y vemos contenidos que apuntan en direcciones similares. Con el tiempo, eso genera la sensación de que "todo el mundo piensa así".

Eso es hegemonía en el sentido que le confería el intelectual y filósofo italiano Antonio Gramsci: no hace falta obligar a nadie a pensar algo si se logra que determinadas ideas parezcan las más razonables, las más evidentes, las más normales.

Sentimos de determinada manera porque el entorno nos empuja a ello

Internet no sólo organiza información: también organiza emociones. Hay contenidos que circulan más porque generan indignación; otros porque producen miedo; y otros porque refuerzan identidades o pertenencias. Sin darnos cuenta, nos movemos emocionalmente dentro de esos marcos. Nos indignamos cuando toca indignarse, nos alarmamos cuando toca alarmarse, e internet lo sabe porque conoce nuestros gustos.

En términos de la profesora de sociología estadounidense Arlie Russell Hochschild, podríamos decir que hay una especie de “guía emocional” implícita que orienta cómo nos debemos sentir en cada momento.

Compramos lo que creemos querer pero ese deseo ya estaba anticipado

Las recomendaciones parecen adaptarse a nuestros gustos. Y en parte lo hacen, pero también los modelan. Después de ver ciertas cosas, empezamos a interesarnos por otras similares. Poco a poco, nuestras preferencias se vuelven más previsibles y más dirigidas.

Aquí se cumple, en versión digital, una intuición clásica de Karl Marx: el sistema no solamente responde a necesidades, también las produce.

No sólo elegimos lo que queremos: terminamos queriendo lo que aparece disponible.

Pensamos rápido, pero cada vez pensamos menos en profundidad

La lógica de internet premia la velocidad. Respuestas rápidas, contenidos breves, explicaciones simples. Eso facilita el acceso, pero tiene un costo: la pérdida de matiz, de duda, de elaboración.

Como advertía el sociólogo y filósofo estadounidense Herbert Marcuse, el riesgo de una sociedad altamente funcional es la reducción del pensamiento a una sola dimensión: lo inmediato, lo útil, lo evidente. Pensar despacio empieza a parecer un lujo innecesario.

Hablamos como la plataforma permite que hablemos

No sólo cambia lo que decimos, sino cómo lo decimos. Los formatos digitales -memes, hashtags, frases cortas- condicionan el tipo de lenguaje que utilizamos. Y, con ello, el tipo de ideas que podemos expresar.

Porque, como señalaba Ludwig Wittgenstein, los límites del lenguaje son también los límites del pensamiento. Si el lenguaje se estrecha, también lo hace nuestra capacidad de imaginar otras formas de ver el mundo.

Lo más importante: todo esto nos parece completamente normal

Quizá lo más inquietante no es ninguna de las formas anteriores por separado, sino el hecho de que todas ellas han dejado de resultarnos problemáticas. No sentimos que algo nos esté condicionando, ni percibimos pérdida de autonomía, ni detectamos imposición. Simplemente, vivimos así.

Eso es lo que los filósofos Theodor Adorno y Max Horkheimer identificaron como una de las formas más eficaces de dominación: aquella que no se reconoce como tal.

Una pregunta final difícil de esquivar

Si todo lo que vemos, lo que nos interesa, lo que nos emociona, lo que deseamos -e incluso la forma en que lo nombramos- ocurre dentro de entornos previamente organizados por otros, ¿qué parte de nuestra vida seguiría siendo reconocible como "nuestra" si, de pronto, quedamos fuera de esos entornos?

Y, aún más inquietante: si no podemos responder con claridad ¿seguimos decidiendo o simplemente estamos habitando decisiones que alguien (o algo) ya tomó por nosotros?

Podemos llevarnos esta pregunta a la cama. Pero, cuidado: hay preguntas que, una vez pensadas, ya no nos devuelven la misma vida. Porque algunas preguntas funcionan como aquella pastilla roja de Matrix: no nos dan respuestas, nos obligan a ver lo que ya no podemos dejar de ver.

(Fuente: The Conversation / redacción propia)

jueves, 14 de mayo de 2026

La saga de "El Padrino" tendrá una nueva novela centrada en el presonaje de Connie Corleone

La escritora Adriana Trigiani publicará en 2027 una historia narrada desde la mirada femenina de la familia mafiosa creada por Mario Puzo.

Talia Shire interpretó a Connie Corleone en la saga de "El Padrino" (Foto: captura de pantalla).

El universo literario de "El Padrino" (The Godfather) volverá a expandirse en 2027 con la publicación de "Connie", una nueva novela autorizada por los herederos de Mario Puzo que pondrá el foco en Connie Corleone, la hija de Vito Corleone, y ofrecerá por primera vez una perspectiva íntegramente femenina dentro de la célebre saga mafiosa.

La obra estará a cargo de Adriana Trigiani, escritora estadounidense de ascendencia italiana, y será editada por Random House. El libro reimaginará los acontecimientos de la historia original desde el punto de vista del personaje interpretado en el cine por Talia Shire.

Según adelantaron medios estadounidenses, la novela explorará la vida de Connie dentro de la estructura patriarcal de la familia Corleone, marcada por la influencia de su padre, Vito, y de su hermano Michael.

Adriana Trigiani (Foto: prensa Random House).

Será el sexto libro oficial de la franquicia y el tercero aprobado por los herederos de Puzo desde la muerte del escritor en 1999. La saga ya había sumado en 2012 la precuela "The Family Corleone", aunque aquella historia funcionó como un relato paralelo y no como una continuación directa.

Trigiani explicó que el proyecto busca narrar "cómo una mujer intenta construir su propio camino en un mundo que ya decidió quién debe ser". La autora había cuestionado previamente el escaso protagonismo femenino en las novelas y películas originales.

El anuncio llega después de años de disputas legales entre el patrimonio de Puzo y Paramount Pictures, estudio responsable de la adaptación cinematográfica dirigida por Francis Ford Coppola en 1972. Ambas partes alcanzaron un acuerdo extrajudicial que habilitó nuevas publicaciones vinculadas al universo Corleone.

La trilogía cinematográfica de "El Padrino" es considerada una de las más influyentes de la historia del cine: obtuvo nueve premios Oscar y recaudó más de 400 millones de dólares en todo el mundo.

Anthony Puzo, hijo del autor original, respaldó públicamente la propuesta de Trigiani y destacó que la novela otorgará un lugar central a las mujeres de la familia Corleone, históricamente relegadas a un segundo plano dentro de la saga.

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas / varios / redacción propia)

Inteligencia Artificial en centros de salud: ¿cuáles son los derechos que podrían estar en riesgo?

La IA ya se utiliza en hospitales para priorizar pacientes, apoyar diagnósticos o recomendar tratamientos. Estas herramientas prometen mayor eficiencia y rapidez e, incluso, pueden ayudar a reducir listas de espera. Sin embargo, junto a estas ventajas surgen preguntas que no son sólo técnicas, sino también jurídicas: ¿qué ocurre si un algoritmo ignora las preferencias del paciente? ¿Quién responde cuando una decisión automatizada afecta a derechos fundamentales?

(Foto: Shutterstock).

La inteligencia artificial ya está transformando la medicina. Ahora toca preguntarse cómo garantizar que esa transformación respete los derechos de pacientes y profesionales.

Cuando el algoritmo no ve a la persona

La práctica sanitaria nunca ha sido completamente neutral. Las decisiones médicas están atravesadas por valores, creencias y preferencias personales.

Un paciente puede rechazar una transfusión de sangre, solicitar una dieta específica por motivos religiosos o expresar preferencias sobre el final de la vida. Estas decisiones forman parte del ejercicio de la autonomía personal y del derecho a la salud. Sin embargo, muchos sistemas de inteligencia artificial no están diseñados para tener en cuenta esas dimensiones. Funcionan a partir de grandes volúmenes de datos y patrones estadísticos, pero no siempre incorporan variables relacionadas con las convicciones personales o culturales.

Esto puede generar situaciones problemáticas: recomendaciones médicas que no respeten la voluntad del paciente o decisiones automatizadas que, sin pretenderlo, ignoren aspectos esenciales de su identidad.

El riesgo de una discriminación invisible

Otro de los grandes desafíos es el de los sesgos algorítmicos. Si los sistemas de inteligencia artificial se entrenan con datos incompletos o poco representativos, pueden reproducir desigualdades existentes.

Este debate ya está presente en la literatura científica y también en el ámbito divulgativo. En relación al uso de la IA para la prevención de enfermedades, surgen interrogantes sobre privacidad, equidad y control de los datos.

En el ámbito clínico, el problema puede ser aún más delicado. Una herramienta que priorice pacientes o recomiende tratamientos podría perjudicar indirectamente a determinadas minorías, si sus necesidades específicas no están contempladas en los datos de partida.

No se trataría de una discriminación directa, sino de algo más difícil de detectar: una desigualdad incorporada en el propio sistema.

¿Qué ocurre con los profesionales sanitarios?

La introducción de la inteligencia artificial también plantea preguntas para médicos y personal sanitario. ¿Y si un algoritmo recomienda una actuación que entra en conflicto con las convicciones del profesional? ¿Debe seguir la indicación técnica o su propio criterio ético?

Un sistema informático no puede sustituir el juicio clínico ni la responsabilidad profesional. Los sistemas deben entenderse como herramientas de apoyo, no como sustitutos de la decisión humana. De lo contrario, existe el riesgo de desdibujar tanto la responsabilidad como la libertad de conciencia en la práctica médica.

Datos sensibles y decisiones automatizadas

Para que la inteligencia artificial tenga en cuenta las preferencias del paciente, sería necesario incorporar información especialmente sensible, como sus creencias religiosas o convicciones personales.

Aquí aparece otro problema jurídico relevante: la protección de datos. La religión es considerada un dato especialmente protegido por las normativas y su uso exige garantías estrictas.

Esto obliga a encontrar un equilibrio complejo: cómo respetar las convicciones del paciente sin comprometer su privacidad.

Investigaciones recientes han subrayado estos desafíos, como un trabajo reciente sobre inteligencia artificial y diversidad religiosa en sanidad publicado en la revista Religions, donde se destaca la necesidad de adaptar el marco jurídico a los entornos sanitarios digitalizados e incorporar garantías frente a posibles vulneraciones de derechos.

Asimismo, otros estudios han señalado la importancia de repensar la gobernanza de la inteligencia artificial en el ámbito del derecho a la salud para evitar que la innovación tecnológica genere nuevas desigualdades o erosione la autonomía del paciente.

¿Qué garantías necesitamos?

Ante estos desafíos, la clave no es frenar la innovación, sino acompañarla de garantías adecuadas. Entre ellas, destacan la supervisión humana de las decisiones automatizadas, la transparencia de los algoritmos, la evaluación de impacto en derechos fundamentales y la incorporación de acomodaciones razonables en entornos digitales.

Esto implica diseñar sistemas capaces de adaptarse a las necesidades reales de los pacientes, incluyendo sus convicciones personales, sin comprometer la equidad del sistema sanitario.

La inteligencia artificial puede mejorar la medicina, hacerla más eficiente y, en muchos casos, más precisa. Pero también puede transformar silenciosamente la forma en que se toman decisiones sobre la salud.

Por eso, el debate no es sólo tecnológico. Es, ante todo, un debate sobre derechos. Si los sistemas de inteligencia artificial no se diseñan con estos principios en mente, corremos el riesgo de que decisiones aparentemente neutras terminen afectando a la autonomía del paciente, la igualdad o la libertad de conciencia.

La inteligencia artificial ya está en los hospitales. La verdadera cuestión no es si debemos usarla, sino cómo garantizar que refuerce -y no debilite- los derechos fundamentales que sustentan la atención sanitaria.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

Ya llega la Noche de las Ideas en el Teatro Colón: filosofía, inteligencia artificial y desafíos ecológicos

El 22 y 23 de mayo, una treintena de pensadores de Francia y Argentina protagonizarán debates sobre sociedad y tecnología entre exposiciones sensoriales y discusiones que invitan a mirar el futuro con otros ojos.

La décima edición de la Noche de las Ideas reúne a referentes de Francia y Argentina en el Teatro Colón para debatir sobre ciencias, artes y derechos humanos (Foto: prensa Noche de las Ideas).

La décima edición de la Noche de las Ideas llega el 22 y 23 de mayo al Teatro Colón de Buenos Aires -Cerrito 628, CABA- con una pregunta que atraviesa toda su programación: cómo pensar el futuro en un momento de reconfiguración del poder, la democracia y el conocimiento. El evento reúne a 35 pensadores, investigadores y artistas de Francia y Argentina en 14 actividades distribuidas entre el Centro de Experimentación (CETC) y el Salón Dorado.

La conferencia inaugural, "¿Cómo pensar el porvenir?", concentra buena parte del peso intelectual del encuentro. Los filósofos franceses Asma Mhalla, Michaël Foessel y Camille Froidevaux-Metterie abrirán el viernes 22 a las 19:00 en el CETC con un análisis de tres transformaciones que definen el presente: la del sujeto, la del poder y la de la democracia. La moderación estará a cargo del filósofo Tomás Balmaceda. Esta, y todas las actividades, contarán con traducción simultánea del francés al español.

Esos mismos nombres aparecen a lo largo de los dos días en conversaciones sobre tecnopolítica, universalismo, violencias de género y extrema derecha. Mhalla, especialista en geopolítica de la tecnología, protagonizará, junto a Flavia Costa, la charla "Tecnopolítica: el Gran Hermano te está mirando", sobre plataformas, inteligencia artificial e infraestructuras digitales como vectores de dominación. Froidevaux-Metterie, referente del pensamiento feminista, dialogará con la filósofa Daniela Losiggio sobre consentimiento y violencias de género a partir del caso Pelicot, con moderación de Ana Correa. Foessel, por su parte, interviene en dos mesas: una sobre los nuevos rostros de la extrema derecha --junto a la socióloga Melina Vázquez- y otra sobre las tensiones contemporáneas del universalismo, con el historiador Antoine Lilti.

La desinformación es otro de los ejes que vertebra la programación. El politólogo y periodista José Natanson y la investigadora Maud Quessard debatirán sobre sus efectos en la democracia desde perspectivas latinoamericana y geopolítica, con la participación de Olivia Sohr, de Chequeado. La misma organización presenta la exposición "Desinformación Ilustrada", con 25 obras visuales sobre los mecanismos de manipulación de la información, abierta al público durante el evento.

La programación ofrece talleres, performances, exposiciones y debates sobre arquitectura sostenible, desinformación y el impacto de la tecnología en la política (Foto: prensa Teatro Colón).

La relación entre Estados Unidos y América Latina en la era de Trump también tendrá su espacio: Quessard y el especialista Christophe Ventura analizarán las formas de influencia estadounidense en la región, las lógicas estratégicas y militares, por un lado; una lectura histórica y política de las relaciones interamericanas, por el otro.

La programación incluye, además, una charla sobre el aprendizaje de lenguas ante la irrupción de la inteligencia artificial; una exposición de la arquitecta Frédérique Jonnard sobre construcción sostenible y materiales tradicionales; un diálogo entre la autora Phoebe Hadjimarkos-Clarke y el biólogo Diego Golombek sobre divulgación científica en tiempos de discursos anticientíficos y una conversación entre la filósofa Emma Carenini y el filósofo Martín de Mauro Rucovsky sobre los imaginarios de la ciencia, con moderación de Nora Bar. Los desafíos ecológicos de la economía digital y sus impactos en el Cono Sur serán abordados por Cécile Diguet, Melisa Argento, Silvina Carrizo y Bruno Sirote, de Jóvenes por el Clima.

El evento se extiende durante todo mayo a otras nueve ciudades del país -Mendoza, Mar del Plata, Rosario, Santa Fe, Tandil, Córdoba, La Plata, Pinamar y Jujuy- en articulación con las Alianzas Francesas, los centros franco-argentinos, universidades y gobiernos provinciales y municipales. La Noche de las Ideas fue creada en 2016 en Francia y se organiza cada año en numerosos países. El IFA y el Ministerio para Europa y de Asuntos Exteriores de Francia impulsan el encuentro, con el apoyo de Fundación Medifé como main sponsor, y de SIPED Búzios, CFA UBA y Novotel.

El cronograma completo de las actividades a desarrollarse en las dos jornadas puede consultarse haciendo click aquí.

(Fuente: Infobae / varios / redacción propia)

miércoles, 13 de mayo de 2026

Lecturas sobre tres temas relacionados: trabajo, educación y lucha de clases, cuestiones del ahora y hoy

Marxismo, consumismo, capitalismo, socialismo suelen ser palabras difíciles de definir más allá de izquierdas y derechas. Cuatro libros que ponen un poco de luz sobre lo que nos está pasando: hay una lucha de clases y no siempre tiene que ver con ideologías, pero siempre con otras cuestiones que estos textos intentan contarnos.

(Foto: composición propia).

Historiadores, filósofos, lingüistas, sociólogos, politólogos, profesores y más: los cuatro volúmenes que sugerimos hoy en este post fueron pensados y escritos por mentes que se consagraron a reflexionar sobre cuestiones que, generalmente, suelen ser tomadas como cotidianas o menores, aisladas. Pero sucede que, analizándolas a la vez y a través de las décadas, llegamos a inquietantes conclusiones que aún marcan nuestro día a día.

Trabajo, consumismo y nuevos pobres, de Zygmunt Bauman (Herder)

(Foto: composición propia).

En una sociedad donde el valor individual se define por la capacidad de consumir, la pobreza ya no se mide por la falta de trabajo, sino por la exclusión del circuito de bienes y estilos de vida. Esta transformación marca el paso de la antigua ética del trabajo a una nueva estética del consumo, donde ya no basta con querer trabajar: lo que importa es poder comprar.

En este ensayo, Zygmunt Bauman analiza las consecuencias de ese giro profundo y cuestiona la eficacia de los métodos tradicionales para combatir la pobreza. ¿Tiene sentido seguir confiando en recetas heredadas del siglo XIX? ¿Y si empezáramos a pensar el derecho a una vida digna más allá del empleo remunerado? Una invitación provocadora a repensar la justicia social en tiempos de preocupante y creciente desigualdad.

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Lucha de clases, de Noam Chomsky (Crítica)

(Foto: composición propia).

Nuestras sociedades están hoy más divididas que nunca: la distancia que separa a los ricos de los pobres aumenta cada día, mientras la propaganda neoliberal, convertida en un eficaz instrumento de desinformación, trata de convencernos de que vivimos en un mundo feliz, y una violencia represiva creciente completa sus efectos y asegura el control social.

Noam Chomsky, una de las voces críticas más escuchadas de nuestro tiempo, analiza en "Lucha de clases", un libro de conversaciones con uno de sus más estrechos colaboradores, la realidad de un mundo presidido por el retorno del capitalismo depredador y por la pérdida de derechos sociales, y nos habla del estado, del poder real de las grandes empresas, del terrorismo, de los derechos de las mujeres entre otros muchos temas, con su agudeza habitual, evitando la retórica y aportando datos e informaciones reveladoras que nos obligan a reflexionar.

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Educación y lucha de clases, de Aníbal Ponce (Editorial Laboratorio Educativo)

(Foto: composición propia).

Ponce tenía como costumbre escribir sus cursos y publicarlos luego de confrontarlos con sus alumnos, de discutirlos junto a ellos. Así fue que en el año 1937 las conferencias fueron editadas en formato de libro con el título de "Educación y lucha de clases".

Una obra total, breve, que -a través de un riguroso y exahustivo análisis- postula a la educación como un procedimiento de dirección de las clases dominantes hacia las clases oprimidas, y reivindica que sólo en una sociedad nueva, sin clases, es posible pensar y crear una educación nueva. Ponce realiza un profundo y crítico estudio sobre la historia y la realidad social (educativa), para luego invocar a la revolución como la transformación radical necesaria.

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La lucha de clases existe... ¡y la han ganado los ricos!, de Marco Revelli (Alianza)

(Foto: composición propia).

La desigualdad creciente, la destrucción de las clases medias, el menosprecio por el medio ambiente, los retrocesos sociales hacen pensar que, efectivamente, hubo una lucha de clases que han ganado los ricos. En el modelo de desarrollo que se instauró después de la Segunda Guerra Mundial y que llevó a la sociedad occidental a un progreso y a una paz social sin precedentes, las aspiraciones eran la igualdad y el pleno empleo.

La ideología neoliberal gestada desde finales de los años 1970 marcó el comienzo de un cambio de rumbo radical y el objetivo prioritario de las políticas pasó a ser, por encima de cualquier otra consideración, el crecimiento económico. Desde entonces, las nociones de que los impuestos a los que más ganan desalientan la actividad económica y de que cierta cantidad de pobreza y de desempleo es "buena" para ese crecimiento han tomado carta de naturaleza y se han convertido en paradigma aceptado con resignación.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)