martes, 25 de agosto de 2026

Cuando la Argentina creyó que el futuro le pertenecía: así lo contó Beatriz Sarlo

Reeditan "La imaginación técnica", el ensayo en el que la crítica cultural reconstruyó una época de entusiasmo técnico masivo, entre los años 20 y 30 del siglo XX. Es parte del homenaje póstumo a su obra completa.

(Foto: composición propia).

Era 1927 o 1928, en la redacción de Crítica, el diario de mayor circulación de la época. Roberto Arlt había tomado la palabra y los temas literarios habían quedado en un segundo plano. Lo que le interesaba era otra cosa: "La radiovisión, como la radiotelefonía, invadirá muy pronto nuestros hogares", dijo. Y agregó que el aviador Anton Raab había firmado un contrato con la casa Opel "para lanzarse al espacio dentro de un proyectil que se está construyendo y poder llegar a la Luna". El propio Raab había aventurado un pronóstico: "Si llego a la Luna moriré", porque allí faltaba atmósfera.

La escena -rescatada por el cronista Roberto Tálice en sus memorias- podría parecer una rareza de café. Beatriz Sarlo la lee de otro modo: como una condensación. En esa mezcla de verosimilitud e invención, de ciencia y mito, estaba cifrado algo más profundo que el entusiasmo de un escritor excéntrico. Estaba cifrado el sueño moderno de la Argentina.

"La imaginación técnica. Sueños modernos de la cultura argentina", publicado por primera vez en 1992 por Nueva Visión y reeditado ahora por Siglo XXI como parte de la Biblioteca Beatriz Sarlo -el proyecto póstumo de reunir y relanzar su obra completa-, es uno de los libros más originales que Sarlo escribió.

(Foto: composición propia).

El libro fue escrito en Cambridge, cuando ella ocupó la Cátedra Simón Bolívar del Centre for Latin American Studies. Desde allí, con fuentes traídas desde Buenos Aires, reconstruyó una época en que la Argentina creyó que podía ser moderna al mismo tiempo que el resto del mundo occidental. No con décadas de retraso, no a la sombra de Europa, sino casi en simultáneo.

La pregunta que organiza el libro es, en apariencia, literaria: ¿de dónde venía el entusiasmo técnico de Arlt? ¿Era un rasgo personal, la rareza de un genio, o señalaba algo más extendido en la cultura de su tiempo? Pero esa pregunta conduce rápidamente a otra, más vasta y más inquietante: ¿cuáles eran las posibilidades abiertas en la Argentina de las primeras décadas de este siglo, probablemente un país que tuerce muy radicalmente su curso en los años cuarenta?.

La respuesta que Sarlo construye es, ante todo, empírica. Revisó números de Crítica, de El Hogar, de revistas técnicas y populares. Rastreó columnas de divulgación científica, concursos de inventores aficionados, manuales de radioaficionados, folletos de casas de aparatos eléctricos. Lo que encontró fue un fenómeno de escala: "Los medios de comunicación eléctricos a distancia se implantan en la Argentina casi al mismo tiempo que en los países avanzados de Occidente".

No había rezago, había simultaneidad. Y esa simultaneidad produjo algo particular: una cultura técnica de masas en la que participaban por igual los hijos de inmigrantes que aprendían a armar radios caseras con un puñado de componentes comprados en el mercado, los cronistas de diarios que describían los últimos inventos con la misma emoción con que cubrían un partido de fútbol, y los escritores que imaginaban cohetes, robots y transmisiones desde la Luna mucho antes de que esas cosas fueran posibles.

La radio ocupa el centro del libro. Sarlo no la analiza sólo como medio de comunicación sino como acontecimiento cultural en un sentido más profundo. "La radio es una revolución cultural por lo que directamente representa como medio de comunicación y como espacio de una cultura industrial massmediática que florecerá en los años treinta, pero también -y, diría, más profundamente- como milagro técnico: el recurso material que hace posible lo imposible".

Beatriz Sarlo escribió "La imaginación técnica" en Cambridge, donde ocupó la cátedra Simón Bolívar y revisó fuentes de Buenos Aires para estudiar la modernidad argentina (Foto: Maximiliano Luna).

Lo que la radio habilitaba, argumenta Sarlo, no era sólo el entretenimiento. Era una nueva forma de ascenso social basada en destrezas no tradicionales. "Como golpe de fortuna, el invento presenta un modelo de ascenso social basado sobre destrezas no tradicionales", escribe. El hijo de un inmigrante que armaba su propio receptor no necesitaba linaje ni tierra ni capital: necesitaba curiosidad, paciencia y un manual. La técnica era, en ese sentido, democrática. O al menos prometía serlo.

La Argentina de los años 20 y 30 pudo soñar con la modernidad técnica precisamente porque nadie sabía con certeza dónde terminaba lo posible y dónde empezaba la fantasía. En ese margen de incertidumbre floreció una cultura de la anticipación, del entusiasmo, del "¿y si..?".

Hay una pregunta que Sarlo deja suspendida a lo largo de todo el libro y que la reedición vuelve inevitable: ¿qué pasó con ese sueño?. El texto no lo dice de forma directa -no es un libro sobre el fracaso sino sobre la promesa-, pero la pregunta late en cada página. "Está claro que la preocupación que guió este trabajo remite a una pregunta (que hoy nos interesaría a todos responder) sobre las posibilidades abiertas en la Argentina de las primeras décadas de este siglo, probablemente un país que tuerce muy radicalmente su curso en los años cuarenta", reza el texto.

"La imaginación técnica" se reedita poco tiempo después del fallecimiento de su autora, en diciembre de 2024, como parte de la Biblioteca Beatriz Sarlo que Siglo XXI construye como homenaje póstumo. Leerlo hoy es leer un libro sobre la Argentina que pudo ser. Y también, aunque Sarlo nunca lo hubiera dicho así, sobre la que todavía no terminamos de ser.

Se puede comprar y descargar en formato e-book haciendo click aquí.

(Fuente: bajalibros.com / Infobae / varios / redacción propia)

La verdadera campaña del miedo: el gobierno argentino expande la vigilancia masiva sin control ni transparencia

Así lo advierte un informe de Amnistía Internacional Argentina. Ciberpatrullas, represión digital, autocensura y temor.

Javier Milei y Patricia Bullrich monitorean junto a las fuerzas de seguridad la primera Marcha Federal Universitaria (Foto: Sol 91.5).

Un informe de Amnistía Internacional advierte que el gobierno nacional utiliza cada vez más tecnologías de vigilancia masiva sin los controles ni la transparencia necesaria. Desde diciembre de 2023, el Poder Ejecutivo no sólo desarrolló una estructura con reformas políticas en seguridad e inteligencia que no se debatieron en el Congreso, sino que también destinó presupuesto para la adquisición de equipamiento y programas vinculados a reconocimiento facial y datos biométricos. Lejos de representar una solución para tener un país "más seguro", este sistema ayudó a profundizar estereotipos y estigmas en ciertos sectores de la población. En más de 30 meses de gestión, la represión digital y el aumento de la infraestructura con drones, cámaras y software tuvo efectos concretos: autocensura en redes sociales, moderación en el discurso y menor participación en manifestaciones

"En Argentina, el uso extendido de herramientas de vigilancia en los espacios físicos y digitales está teniendo graves consecuencias sobre los derechos de las personas. Estas tecnologías se están consolidando como componentes centrales de un entramado de control estatal que busca desalentar la protesta, limitar las voces disidentes y someter a una mayor vigilancia a grupos históricamente marginados", señaló Paola García Rey, directora adjunta de Amnistía Internacional Argentina, en conferencia de prensa.

En el caso de las protestas en el Congreso, en Plaza de Mayo o en el Obelisco, los operativos cuentan con cada vez más herramientas de vigilancia, entre las que se destacan los drones y las cámaras móviles. A su vez, estos equipos generan información que es procesada, en algunos casos, en tiempo real. Gracias a la tecnología, las fuerzas de seguridad pueden desarrollar perfiles sobre los manifestantes y desplegar un sistema que atenta contra la privacidad de esas personas, la libertad de expresión, la asociación y la reunión pacífica

En el plano digital, el Ejecutivo creó la Unidad de Inteligencia Artificial Aplicada a la Seguridad. Entre otras tareas, la Unidad tiene a cargo análisis de datos, monitoreo digital, reconocimiento facial y predicción del delito. Al mismo tiempo, la reforma del estatuto de la Policía Federal formalizó el monitoreo de redes sociales sin autorización judicial y estableció el ciberpatrullaje como función oficial. 

"En conjunto, estas medidas configuran la expansión de capacidades estatales de monitoreo, la incorporación de tecnologías avanzadas y la ausencia de mecanismos de control y rendición de cuentas robustos, en un contexto de crecientes acciones estatales autoritarias orientadas al control y la disuasión de la protesta", destaca el documento.

Más allá del discurso ligado a la seguridad, la implementación de esta estructura se explica a partir del programa económico que ejecuta el gobierno. Según un relevamiento de la organización Fundar, se perdieron más de 30 mil empresas desde que asumió Milei. En este aspecto, las que aún continúan operando (cerca de 481 mil) son menos de las que estaban registradas durante las restricciones sanitarias impuestas por el Covid. Es decir, el panorama es peor al de la pandemia

Además, bajo la premisa de que no hay dinero, el gobierno lleva a cabo un ajuste sin precedentes en materia de educación, ciencia y tecnología. Ante este escenario, el gobierno opta por el control social, tanto en las calles como en las redes. En este aspecto, su política es efectiva. Las personas se autocensuran en el mundo virtual y en los espacios públicos, reducen su participación en las protestas por el miedo que genera el gobierno, y toman más precauciones para planificar actividades

"Cuando las autoridades buscan eludir el escrutinio público, quienes cuestionan o exigen respuestas pueden convertirse en blanco de distintas formas de vigilancia, control y represión, profundizando prácticas de carácter autoritario", subrayó Garcia Rey.

(Fuente: Agencoa de Noticias Científicas / UNQ / redacción propia)

¿Por qué las empresas de inteligencia artificial están comprando millones de libros?

Durante años, páginas web, foros, artículos, enciclopedias y repositorios digitales proporcionaron enormes cantidades de texto para enseñar a los grandes modelos de lenguaje. Pero la red empieza a mostrar sus límites. Algunas empresas tecnológicas han buscado otra fuente de conocimiento y han encontrado la solución en los libros físicos.

Los libros de segunda mano están siendo un tesoro para las empresas de inteligencia artificial (Foto: Tom Hermans / Unsplash).

A principios de 2026, The Washington Post reveló en un artículo una de estas estrategias a partir de documentos judiciales relacionados con Anthropic, la empresa responsable del asistente de IA Claude. La investigación sacó a la luz "Project Panama", un proyecto secreto iniciado en 2024 para adquirir libros impresos a gran escala. Los ejemplares se escaneaban y sus textos se incorporaban a los procesos de desarrollo de modelos de IA. Para acelerar el proceso, millones de libros fueron cortados, digitalizados y después enviados a reciclar.

El procedimiento muestra un cambio importante en la forma de valorar el libro. El objeto físico pierde importancia frente a su contenido. El texto puede extraerse, convertirse en datos y utilizarse para alimentar modelos de inteligencia artificial.

Anthropic no es la única compañía interesada en acceder a grandes colecciones de libros. En mayo de 2026, cinco grandes editoriales estadounidenses y el escritor Scott Turow demandaron a Meta y Mark Zuckerberg. Los acusaron de utilizar millones de libros y artículos procedentes de repositorios piratas para entrenar a su modelo Llama. Otros litigios contra empresas de IA apuntan en la misma dirección.

Los libros han adquirido así un nuevo valor estratégico. Ya no son sólo objetos que contienen y transmiten conocimiento. También son grandes conjuntos de datos en la competición por desarrollar mejores modelos de inteligencia artificial.

¿Qué tienen los libros que no tenga internet?

Los grandes modelos de lenguaje necesitan enormes cantidades de texto. Sin embargo, cantidad y calidad no son necesariamente lo mismo. Internet ofrece una diversidad difícil de encontrar en otro lugar. Pero también contiene textos breves, repetidos o poco revisados.

Además, desde 2022, cada vez hay más contenidos creados con IA en internet. Un estudio publicado en 2026 analizó páginas web aparecidas entre 2022 y 2025. A mediados de 2025, alrededor del 35 % de las nuevas páginas estudiadas incluían textos generados o modificados con IA. Ésto no significa que el 35 % de internet haya sido creado por máquinas, pero sí muestra que estos contenidos tienen cada vez más presencia en la red.

El problema no es sólo distinguir quién ha escrito qué. Una investigación publicada en Nature ya mostró en 2024 que entrenar sucesivas nuevas generaciones de modelos con contenidos producidos por modelos anteriores puede provocar una degradación progresiva de los resultados.

En este contexto, los libros anteriores a la expansión de la IA generativa adquieren un nuevo valor. Ofrecen a las empresas tecnológicas contenidos extensos y estructurados que, en muchos casos, han pasado por procesos profesionales de edición y corrección. Además, han sido escritos por personas. 

Cuando el patrimonio se convierte en datos

Durante siglos hemos creado bibliotecas, archivos y universidades para conservar una parte de nuestra memoria colectiva. Estas instituciones no se limitan a almacenar sus fondos, también los catalogan, los preservan y los hacen accesibles.

La inteligencia artificial está dando un nuevo valor a ese patrimonio. No interesa el ejemplar físico, importa la información que contiene. Al digitalizarlo, el texto puede convertirse en datos y utilizarse para entrenar modelos de IA.

Desde la pasada primavera, libreros de España, Alemania, Australia y Nueva Zelanda han alertado de pedidos masivos y poco habituales realizados por la empresa canadiense Zoom Books. Esta compañía se dedica a la venta de libros de segunda mano por internet. Sus compras suelen realizarse a través de grandes plataformas como AbeBooks o Biblio. En ellas se pueden encontrar desde títulos baratos hasta ediciones raras y difíciles de conseguir.

Estos patrones de compra -y el precedente de Anthropic- han despertado sospechas. Sobre todo, por su volumen y por el interés en obras antiguas, descatalogadas o que no están disponibles en formato digital. Zoom Books niega que sea para alimentar a la IA y, por el momento, no existen pruebas concluyentes que permitan atribuirle ese fin.

Las librerías de segunda mano proveen ejemplares descatalogados, exóticos o raros (Foto: Rhamely / Unsplash).

Pero el fenómeno muestra hasta qué punto el contenido de los libros ha adquirido un nuevo valor. La información puede extraerse del objeto, convertirse en datos y circular de forma independiente. Muchos de estos textos nunca se han digitalizado, y algunos contienen conocimientos locales, especializados o publicados en lenguas con poca presencia en internet. Ofrecen información que todavía no está disponible en grandes bases de datos digitales.

Una nueva carrera por el conocimiento


Durante los últimos años hemos hablado de la carrera de la IA en términos de procesadores, energía, centros de datos y algoritmos. Pero la compra masiva de libros pone sobre la mesa otro recurso estratégico, mucho menos visible: el conocimiento humano.

Destruir un ejemplar puede parecer poco relevante cuando existen miles de copias. Pero no todos los libros están en esa situación. Muchos están descatalogados, tuvieron tiradas pequeñas o pertenecen a editoriales y ámbitos locales. Otros son difíciles de encontrar. En estos casos, cada ejemplar que desaparece dificulta el acceso a su contenido.

También importa qué libros se eligen. No todos los conocimientos están igual de representados en los datos que utilizan los modelos de IA. La selección puede reforzar desequilibrios que ya existen en internet.

La lengua es un buen ejemplo. También lo son el origen geográfico, la época o el tipo de conocimiento. Algunas culturas, perspectivas y formas de entender el mundo pueden estar muy presentes. Otras, mucho menos. Y otras pueden quedar al margen.

A esto se suma el debate sobre los derechos de autor. Escritores, editoriales y otros creadores cuestionan que sus obras puedan utilizarse para entrenar sistemas comerciales de IA sin permiso ni compensación. En Europa, por ejemplo, la normativa sobre inteligencia artificial intenta aportar algo más de transparencia. Entre otras medidas, exige a las empresas responsables de los grandes modelos informar sobre los contenidos utilizados para entrenarlos y adoptar medidas para respetar la legislación europea sobre derechos de autor.

La cuestión, en todo caso, no es sólo qué pueden aprender las nuevas herramientas tecnológicas de nuestros libros. Debemos preguntarnos qué ocurre con ellos tras su digitalización y procesamiento masivo, qué se conserva, qué puede llegar a desaparecer y qué conocimientos quedan fuera. Porque seleccionar los contenidos con los que aprende una IA también significa decidir qué voces estarán más presentes en sus respuestas y qué sesgos puede reproducir.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

lunes, 24 de agosto de 2026

Lecturas para comenzar la semana: una "ensalada" de géneros y temas para todos los gustos

Esta vez no hay hilo conductor, ni denominador común, ni hacemos foco en nada ni nadie: cuatro trabajos que no podrían ser más diferentes entre sí pero que, cada uno en su nicho, destacan por su calidad. Humor muy actual, un homenaje ilustrado, un drama familiar y un ensayo sobre la IA. De regular presencia en librerías, también se pueden descargar en formato digital desde este post.


(Foto: composición propia).

Casi todos los lunes, este espacio propone a sus seguidores algunos libros para transcurrir la semana, y solemos elegirlos bajo cierto criterio. Esta vez no lo hubo, fue como meter un montón de títulos seleccionados dentro de un bolillero y sacar cuatro al azar. El resultado no pudo haber sido más variado: un tributo ilustrado a Charly García, una cruda novela sobre asuntos familiares a través de generaciones, un ensayo sobre la polémica inteligencia artificial y -tanto para reírnos como para reflexionar- un ácido y delirante análisis sobre el fenómeno del "libertarismo", también ilustrado.

Superman murió en la ruta, de Adriana Francia (El guardián literario)

(Foto: composición propia).

Cuarenta años después de la muerte de su padre, Eli desata la cinta rosa de esa vieja caja donde conservó los restos de aquella historia imposible de olvidar. Unos anteojos de sol con un cristal roto, un disco de Sandro, una ficha de casino, un menú de una cafetería, fotografías y papeles sin valor aparente. Cada objeto abre una puerta al pasado y reconstruye el rompecabezas de Tito: seductor, jugador, carismático, un "Superman" capaz de apagar incendios ajenos mientras su propia vida se consumía en una red de secretos y ausencias.

Mientras dialoga con esa figura paterna que ya no está, la protagonista revisita su infancia atravesada por silencios, un accidente que dejó demasiadas preguntas y el legado de tres generaciones de mujeres que aprendieron a sobrevivir a su manera.

Con una narrativa que oscila entre la nostalgia y la crudeza, Adriana Francia nos invita a preguntarnos qué queda de nosotros cuando los héroes de nuestra niñez se desvanecen en el retrovisor. Una obra imprescindible para quienes entienden que la memoria no es un lugar sagrado, sino un territorio en disputa que sólo la verdad puede pacificar. 

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Charly absoluto, de Miguel Rep (Sudamericana)

(Foto: composición propia).

Vida y obra de Charly García en viñetas y postales. Un recorrido gráfico por su origen, sus influencias, su genio, su delirio, su música y sus polémicas: de Sui Generis a Serú Girán pasando por La Máquina de Hacer Pájaros, del oído absoluto a la lógica del escorpión.

¿Quién es Charly García? ¿Es hijo de John Lennon y María Elena Walsh? ¿La avenida Coronel Díaz es nuestra Abbey Road? ¿Es casualidad que comparta siglas con Carlos Gardel? ¿Cosmigonón, gisofanía, serú girán? ¿El rayo misterioso? ¿Sur, melotrón y después? ¿Alguien que alcanza la belleza para pedirle dame más? ¿Alguien que se tira desde la cima y su gracia hace que la caída parezca un vuelo? ¿No llores por él, Argentina? ¿Esquivas a tu corazón y destrozas tu cabeza? ¿Filosofía barata y zapatos de goma es todo lo que nos dio? Todas éstas preguntas quizás se vean respondidas en este bello y emotivo trabajo.

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Libertarados, de Malaimagen (Reservoir Books)

(Foto: composición propia).

Hay quienes abogan por un mundo donde el mercado sea completamente "libre" y se autorregule bondadosa y virtuosamente. estos personajes son quienes dan pie a este libro, y se hacen llamar "libertarios". Un libertario es una fascinante criatura del ecosistema político que, habitualmente, vive en redes sociales, foros de internet y convenciones en donde se venden libros escritos por economistas austríacos.

El chileno Guillermo Galindo -que firma como Malaimagen- irrumpe contra el discurso de la ultraderecha mundial, que toma el mundo por asalto al mismo tiempo que hace el ridículo. Aquí nos ilustra sobre este fenómeno y las bases de su ideología, como por ej: por qué Hitler era de izquierda, porque el feminismo es el peor enemigo del feminismo, cómo estafar con bitcoins, por qué el racismo es libertad de expresión, que el wokismo es la señal del apocalipsis y que La Sirenita era blanca y está probado científicamente.

Además, nos explica las principales teorías conspirativas que aterran a los libertarios, como la verdad, la O.N.U. (al revés es U.N.O.: Un Nuevo Orden), el cambio climático y las vacunas.

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Ignorancia artificial, de José Francisco Ruiz Casanova (Altamarea)

(Foto: composición propia).

Llevamos años oyendo hablar de inteligencia artificial como si fuera una fuerza de la naturaleza: inevitable, omnisciente, transformadora. Pero ¿qué ocurre cuando esa inteligencia no sabe contar sílabas, atribuye versos a poetas equivocados o traduce ignorando por completo que detrás de un texto hay un autor, una lengua, una historia? José Francisco Ruiz Casanova propone una respuesta incómoda: que la inteligencia artificial trae consigo, como sombra inseparable, su propia ignorancia artificial. Y que nadie, ni sus creadores, ni sus entusiastas, ni sus detractores, parece dispuesto a mirarla realmente de frente.

Desde la filología y con la distancia crítica de quien lleva años leyendo, traduciendo y pensando el lenguaje, este ensayo recorre los efectos reales de la IA sobre tres actividades que definen nuestra relación con la cultura: la traducción, la lectura y la escritura. El resultado es un libro que no profetiza apocalipsis ni paraísos tecnológicos, sino algo más difícil y más necesario: entender qué sabe realmente la IA, qué ignora y qué estamos perdiendo mientras celebramos lo primero sin preguntarnos por lo segundo.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

Bienestar cotidiano: así podemos entrenar nuestro sistema nervioso para reducir el estrés

Son las 6:30 de la mañana, suena el despertador. Antes incluso de levantarnos ya empezamos a repasar la reunión de primera hora, los correos pendientes, las tareas domésticas, las facturas, los mensajes sin responder y todo lo que tendremos que hacer y resolver. Aún no hemos salido de la cama y ya nos sentimos agotados. 

Una sesión de biofeedback (Foto: Microgen / Shutterstock).

El día acaba de comenzar, pero el sistema nervioso ya se ha puesto en modo alerta. Ni corremos delante de un depredador ni huimos de una amenaza vital, pero el cerebro activa el mismo mecanismo de supervivencia que permitió sobrevivir a nuestros antepasados durante miles de años.

Lo preocupante es que esta respuesta ya no dura unos minutos. Para muchas personas se mantiene activa durante buena parte del día, e incluso durante meses o años. Cuando el organismo pierde la capacidad de recuperar el equilibrio, el estrés deja de ser una herramienta para sobrevivir y comienza a convertirse en un problema de salud. No se trata de una situación excepcional. Es la realidad cotidiana de millones de personas y uno de los mayores retos sanitarios del siglo XXI

La pregunta, por lo tanto, ya no es si vivimos demasiado estresados. La verdadera cuestión es si podemos enseñar a nuestro sistema nervioso a recuperar la calma. La respuesta empieza con una característica extraordinaria del cerebro: su capacidad para aprender.

Igual que aprendemos un idioma, a conducir o a tocar un instrumento, el sistema nervioso también aprende a responder al entorno. Puede acostumbrarse a vivir en un estado de alerta casi permanente, pero también puede entrenarse para recuperar el estado de calma.

Durante décadas hemos intentado reducir el estrés actuando sobre nuestros pensamientos, nuestras emociones o nuestra conducta. Hoy la neurociencia propone un enfoque complementario: entrenar directamente los mecanismos fisiológicos que participan en la respuesta al estrés. Es precisamente aquí donde el biofeedback y el neurofeedback han despertado un enorme interés.

Entrenar el sistema nervioso

Las recién mencionadas son dos de las herramientas más prometedoras para entrenar la capacidad de autorregulación del sistema nervioso. Aunque comparten este objetivo, no son exactamente lo mismo. Ambas parten de una idea sencilla: convertir señales fisiológicas que normalmente pasan desapercibidas en información que la persona puede observar en tiempo real para aprender a regular su organismo.

En el biofeedback se registran mediante sensores variables como la respiración, la tensión muscular, la temperatura de la piel o la variabilidad de la frecuencia cardíaca. Esta última es un biomarcador que refleja la capacidad del sistema nervioso autónomo para adaptarse a las demandas del entorno y la recuperación fisiológica tras una situación de estrés. El neurofeedback, por su parte, utiliza la actividad eléctrica cerebral registrada mediante electroencefalografía.

En ninguno de los dos casos el dispositivo de medida actúa directamente sobre el cerebro o el organismo: funciona como un espejo fisiológico. Al observar en tiempo real cómo cambia su actividad corporal o cerebral, la persona puede identificar qué estrategias favorecen un estado de mayor equilibrio y entrenarlas de forma progresiva.

¿Funciona realmente?

Esta es la pregunta importante. Porque una cosa es que podamos observar lo que hace nuestro organismo y otra muy distinta que el entrenamiento cambie nuestra salud. La evidencia científica disponible permite responder afirmativamente, aunque con importantes matices.

La eficacia de estas técnicas depende de tres factores: el problema que se pretende tratar, el protocolo utilizado y la experiencia del profesional que dirige el entrenamiento. Por eso no es posible afirmar simplemente que funcionan o no.

En primer lugar, el biofeedback es una de las técnicas que más se ha investigado para mejorar la regulación del estrés. Los mejores resultados se han obtenido utilizando la variabilidad de la frecuencia cardíaca. Cuando la persona aprende a respirar de una forma determinada y recibe información inmediata sobre cómo responde su organismo, mejora su capacidad para regular la respuesta de estrés.

Además, también se han descrito cambios en la actividad de regiones cerebrales implicadas en la regulación emocional, la atención y el control cognitivo, lo que sugiere que sus efectos van más allá de la respuesta fisiológica inmediata.

En segundo lugar, la investigación sobre neurofeedback también ha mostrado resultados prometedores en problemas relacionados con la regulación emocional, como el trastorno por estrés posttraumático, algunos trastornos de ansiedad o el insomnio. Sin embargo, la calidad de la evidencia todavía es variable y depende en gran medida del protocolo empleado y de la población estudiada.

Eso significa que estas técnicas no son milagrosas. Tampoco sustituyen a la psicoterapia, a la medicación cuando es necesaria o a los cambios en el estilo de vida. Son una herramienta más. Cuando se utilizan bien pueden ayudar a que la persona aprenda a regular mejor su propio sistema nervioso.

La importancia de medir bien

En los últimos años han aparecido relojes, pulseras y aplicaciones capaces de registrar nuestra frecuencia cardíaca, el sueño y la actividad física. Nunca habíamos tenido acceso a tanta información sobre nuestro organismo. Pero existe un problema: medir no siempre significa comprender.

Una frecuencia cardíaca elevada puede deberse al estrés, pero también al ejercicio, al calor, a la falta de sueño o simplemente, por ejemplo, a haber subido unas escaleras. Lo mismo ocurre con muchos otros biomarcadores. Sin una interpretación adecuada, los datos pueden generar más preocupación que tranquilidad.

Por eso, el biofeedback y el neurofeedback no consisten únicamente en colocar unos sensores. Antes hay que saber qué se quiere entrenar, por qué y cómo hacerlo. La tecnología proporciona información. El profesional es quien la convierte en una intervención útil.

Mañana volverá a sonar el despertador. Seguirán esperando los correos, las reuniones y las facturas. Lo que puede cambiar es la forma en la que el sistema nervioso responde a todo ello. Y esa capacidad, como tantas otras del cerebro, también puede entrenarse.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)