martes, 7 de abril de 2026

Agenda Cultural: el otrora Centro Cultural Kirchner, hoy llamado Palacio Libertad, renueva su abanico de propuestas polidisciplinarias

El complejo cultural más importante de Latinoamérica, situado en Sarmiento 151 de la capital argentina, ofrece citas con la música, el teatro, la danza, la fotografía y artes mixtas, siempre con entrada libre y gratuita para toda la comunidad.

Mitos y leyendas de Argentina: La Salamanca


A través de una puesta de danza-teatro que combina música original de Damián Mahler con la dirección de Daniel Fernández, se presenta "La Salamanca". Esta obra con guion original de Luis Ávila será el puntapié inicial al ciclo Mitos y leyendas de Argentina, que propone una mirada federal sobre el patrimonio narrativo nacional. La iniciativa es impulsada por la Subsecretaría de Promoción Cultural y Artística de la Secretaría de Cultura de la Nación, a través de la Dirección de Promoción de la Literatura y la Música de la Dirección Nacional de Promoción Cultural.

Jueves 9 y domingo 12 de abril, 19:00. Viernes 10 y sábado 11 de abril, 20:00 - Sala Argentina.

Feria de fotografía


La Plaza seca será el epicentro de la propuesta, con una exposición con libros, fanzines e impresiones, además de rollos, cámaras y todo tipo de insumos fotográficos. A su vez, la Feria contará con distintas talleres, que requieren inscripción previa a través de la web.

Sábado 11 y domingo 12 de abril, 14:00 a 20:00 - Plaza seca y otros espacios.
Para inscribirse en los talleres, hacer click aquí.

Obras premiadas del Concurso de arte y tecnología 2025 


La exhibición reúne las obras seleccionadas y premiadas en el certamen que galardona los proyectos más significativos de la escena del arte tecnológico contemporáneo en nuestro país: instalaciones interactivas, obras con inteligencia artificial, robótica, video, sonido y performance.

Inauguración: jueves 9 de abril, 18:00 - Miércoles a domingos, 14:00 a 20:00 - Salas 705 y 706.

Crepusculares: emociones dedicadas


La impactante cúpula vidriada del noveno piso se abre como espacio de artes escénicas contemporáneas, con la luz natural del crepúsculo como puesta. En esta ocasión, Florencia Vecino y Marcos Torino presentan un ensayo performático sobre el afecto y su carácter ingobernable.

Sábado 11 y domingo 12 de abril, 18:30 - La Cúpula.

Ópera al atardecer, con solistas del Coro Polifónico Nacional


Luca Eizaguirre, Marcos Matías Guido, Marcelo Iglesias Reynes y Pol González, integrantes del Coro Polifónico Nacional, ofrecen un recital con fragmentos de óperas icónicas. Acompañando a los cantantes, se presenta el pianista del elenco, Claudio Santoro.

Jueves 9 de abril, 17:00 - Salón de Honor.

Tardes de canciones: Noelia Recalde y Ariel Polenta


La cantautora entrerriana Noelia Recalde ofrece un concierto íntimo en el que la música se convierte en un lenguaje de sutileza. En compañía del pianista y productor Ariel Polenta, el dúo se propone recuperar la canción como un refugio de belleza.

Sábado 11 de abril, 18:00 - Salón de Honor.

Ensambles: Sebastián de Urquiza Octeto


El contrabajista Sebastián de Urquiza presenta composiciones originales junto a su octeto, que completan Juan Cruz de Urquiza y Sergio Wagner en trompeta, Lucas Goicoechea en saxo tenor, Franco Espíndola en trombón, Andrés Beewsaert en piano, Lucio Balduini en guitarra y Carto Brandán en batería.

Domingo 12 de abril, 17:00 - Salón de Honor.

Sinfónica Juvenil Nacional Libertador San Martín


El organismo dirigido por Mario Benzecry inaugura una nueva temporada con un gran concierto junto al Coro Polifónico Nacional. El programa incluye piezas de Johannes Brahms y el estreno argentino de la "Sinfonía n.° 7 en mi bemol" de Piotr Chaikovski, restaurada por Seymon Bogartyryev.

Domingo 12 de abril, 19:00 - Auditorio Nacional.

Fantasías inquietas: actividades para adolescentes


Propuestas creativas para conectar con el arte: talleres de hip hop, beatbox, danza y dibujo, además de un micrófono abierto para quienes se le animen al escenario. Los talleres de dibujo y de danza estarán a cargo de docentes hablantes en Lengua de Señas Argentina, para que las personas no oyentes también puedan formar parte de este gran espacio de encuentro.

Sábado 11 y domingo 12 de abril, 14:00 a 20:00 - Terraza del Auditorio Nacional.

(Fuente: prensa Palacio Libertad)

Leamos a una pluma en su momento no suficientemente reconocida: poniendo luz sobre Silvina Ocampo

Injustamente opacada por las figuras de, entre otros, su esposo Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, los años pusieron las cosas en su lugar y hoy es considerada una de las escritoras más importantes de la literatura argentina del siglo XX. Estas cinco obras suyas que hoy recomendamos se encuentran disponibles en librerías y se pueden descargar en formato digital desde este mismo post.

 

(Foto: composición propia).

Silvina Inocencia María Ocampo nació el 28 de julio de 1903 en la casa familiar de Viamonte 550, en el centro de la ciudad de Buenos Aires. Fue la menor de seis hermanas de una de las familias más ricas y tradicionales de la Argentina. Fue educada con institutrices inglesas y francesas en su propio hogar, por lo que aprendió primero a hablar y a escribir en esos idiomas antes que en castellano. Su infancia la pasaba entre el caserón de la ciudad, la mansión Villa Ocampo en el partido bonaerense de San Isidro, los campos familiares de Pergamino en la provincia de Buenos Aires y la estancia Villa Allende, en la provincia de Córdoba. También, una vez por año, la familia viajaba a París acompañada de sirvientes y llevaban una vaca arriba del barco para que pudieran tomar leche fresca.

A los 26 años, Ocampo se fue a estudiar dibujo y pintura a París. En la capital francesa se unió al Grupo de París: artistas plásticos argentinos que se habían ido a establecer allí durante la segunda década del siglo XX. Entre ellos estaban: Norah Borgues, Raquel Forner, Lino Spilimbergo, Horacio Butler y Xul Solar. Durante su estadía en ciudad europea, Silvina tomó clases con el pintor italiano Giorgio de Chirico, fundador de la escuela metafísica, y con el francés Fernand Léger, figura del cubismo. Aunque en sus dos casas de Buenos Aires siempre tuvo un atelier, más tarde abandonó las artes plásticas para dedicarse a la literatura.

Una vez de regreso en Buenos Aires, conoce (o se reencuentra, el inicio de la relación no está claro) con Adolfo Bioy Casares, otro hijo de la clase alta argentina. La familia poseía grandes estancias y además era dueña de la empresa láctea La Martona, sin embargo a este hijo de terratenientes  no le interesaba ni tenía ninguna habilidad –según él mismo confesaba– para administrar los campos de la familia. Su principal interés era la literatura. Y las mujeres.

Silvina y "Adolfito", como le decían para diferenciarlo de su padre con el mismo nombre, se fueron a vivir a la estancia Rincón Viejo, propiedad de la familia de Adolfito, en la localidad de Pardo, partido de Las Flores, en la provincia de Buenos Aires. La pareja vivió allí entre 1934 y 1940, inmune a dos hechos que podrían haber sido considerados escandalosos: no estaban casados y ella era once años más grande que él. Ambos lo recuerdan como una época feliz.

Ese período fue importante para los dos, ya que por un lado, Adolfo abandonó la carrera de abogacía y se dedicó de lleno a la literatura, cuya consagración se daría en 1940 con la publicación de "La invención de Morel". Y por otro, según Aldolfo, fue el campo donde Silvina dejó el dibujo y la pintura y empezó a escribir. Quizás fue el lugar donde escribió los cuentos de su primer libro, "Viaje olvidado", que publicó en 1937.

La estancia Rincón Viejo también es muy significativa, ya que allí es donde se consolidó la amistad de Silvina y Bioy con Jorge Luis Borges, que duró hasta la muerte del autor de "El Aleph".

El más común de los lugares comunes sobre Silvina Ocampo es considerar que quedó a la sombra, oscurecida, empequeñecida por su hermana Victoria, Bioy y Borges. Que la opacaron. Pero es posible que la posición de Silvina haya sido más compleja. Quienes la admiran fervorosamente decretan que sin duda que fue ella quien eligió ese segundo plano. Dicen que desde allí podía controlar mejor aquello que deseaba controlar. Que nunca le interesó la vida pública sino, más bien, tener una vida privada libre y lo menos escrutada posible. Que, en definitiva, ella inventó su misterio para no tener que dar explicaciones.

La pareja contrajo matrimonio en 1940 y uno de los testigos del casamiento fue el propio Borges. Luego de un viaje de bodas un tanto excéntrico –viajar en casa rodante por todo el país con unos amigos, que terminó en fracaso y apenas llegó a Rosario y Córdoba­–, la pareja se instaló en Buenos Aires y el campo quedó sólo para unos días en verano. Desde entonces se los empezó a llamar "los Bioy". La vida de casados incluyó las innumerables infidelidades de él y rumores sobre presuntos romances de Silvina con otras mujeres.

Recibió, entre otros, el Premio Municipal de Literatura en 1954 y el Premio Nacional de Poesía en 1962, como así también la Beca Guggenheim. Murió a los 90 años, en Buenos Aires, el 14 de diciembre de 1993. Fue sepultada en la cripta familiar de los Ocampo en el cementerio de la Recoleta.

Las invitadas (1961)

(Foto: composición propia).

Los cuentos de este volumen son una ventana abierta a un mundo familiar y perturbador a la vez, donde la realidad más prosaica se desliza sutilmente hacia la irrealidad o hacia esa zona de lo real que pertenece a lo desconocido. Entremezclada con las frases donde relampaguea un humor rebelde, la ambigüedad está acentuada por la mirada inocente que la autora parece arrojar sobre los objetos y las personas que la rodean, como si los contemplara por primera vez. O como si los creara por el sólo hecho de nombrarlos.

En el relato que da título al libro, el pequeño Lucio mantiene encuentros clandestinos con siete misteriosas invitadas que representan los siete pecados capitales. En "El diario de Porfiria", una romántica institutriz inglesa es sometida a una perturbadora metamorfosis. En otro, cuarenta niños sordomudos, tras un accidente aéreo, se arrojan al abismo, provistos de alas, y desaparecen en el cielo. Con estos relatos únicos en la literatura argentina moderna, la imaginación rigurosa e incansable de Ocampo logra, en palabras de Julio Cortázar, "mostrarnos el cielo para precipitarnos en el infierno".

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La torre sin fin (1986)

(Foto: composición propia).

Luminoso ejercicio de imaginación, "La torre sin fin" narra una aventura cuyos desenlaces pertenecen al sueño, a las menos sospechadas regiones, climas y peripecias que los sueños habilitan. Leandro, el protagonista, se asoma al igual que las criaturas de Lewis Carroll -como Alicia, como Sylvia, como Bruno- a un aspecto fantástico de lo real que no niega la realidad.

Cada una de sus experiencias, que incluyen un enfrentamiento con el Diablo, es parte de una suerte de rito de pasaje de la niñez a la adolescencia, narrado con una prosa resplandeciente. El genio imprevisible de Ocampo compone así un relato -publicado casi secretamente en España en 1986 y desconocido en nuestro país hasta su primera reedición en 2007- en el que la sutileza perceptiva y la captación psicológica nos conducen paso a paso por un territorio y un tiempo legendario, inolvidable.

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Los días de la noche (1970)

(Foto: composición propia).

Es te trabajo reúne veintinueve relatos breves (uno de ellos narrado en verso libre), escritos a lo largo de la década de 1960 y publicados originariamente en volumen en 1970. En ellos se despliega, como en una versión rioplatense de "Las mil y una noches", el imaginario tumultuoso y elegíaco de Ocampo, donde coexisten las situaciones y los sentimientos más disímiles: vidas entreveradas de ficción, traiciones ardientes y venganzas gélidas, espejos o sueños que reflejan fantasmas de carne y hueso.

Pero también "lo quimérico y lo casero", en palabras de Borges, la calma imperturbable que precede un crimen atroz, las metamorfosis de hombres y de plantas o las biografías de todos los perros que tuvo la autora. Y siempre la infancia, con su delicada trama de complicidades secretas donde se entremezclan, inextricablemente, la inocencia y la crueldad.

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Cornelia frente al espejo (1988)

(Foto: composición propia).

Publicado por primera vez en España en 1988, "Cornelia frente al espejo" es el último libro que Ocampo entregó a la imprenta y es también el más libre. Lo integran cuentos en los que la pasión por narrar desborda lúdicamente los límites impuestos por las convenciones del género: tramas reducidas a diálogos inquietantes, un estilo que se libera de todo lastre narrativo y asume una rara intensidad lírica, personajes que mutan y puntos de vista que cambian dentro de un mismo relato.

Alejada de toda forma de disciplina literaria, la autora nos invita a regresar a un estado de inocencia sin acudir a lo naif, a reconstruir la sintaxis de los sueños sin recurrir al automatismo. Así, infancia y madurez, sueño y realidad, prosa y poesía borran sus fronteras en su voz inconfundible. En esta nueva edición, corregida mediante el cotejo con los manuscritos hallados en el archivo de la autora, se añaden versiones alternativas de dos de sus principales relatos, "Diálogos de Narcisa" y "Nos olvidaremos de nosotros".

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La promesa (2011)

(Foto: composición propia).

Es la ficción más extensa de Silvina Ocampo y a la que se dedicó, con intermitencias, durante unos 25 años. Una mujer se inclina sobre la baranda de un transatlántico para recoger un broche y cae accidentalmente por la borda. Mientras el barco se aleja, promete a Santa Rita, la "abogada de lo imposible", que si logra salvarse escribirá su autobiografía. Personas y lugares desfilan ante sus ojos formando un "diccionario de recuerdos" a menudo crueles o perturbadores, mientras el mar la rodea con toda su furia.

Poco a poco, la imaginación de la náufraga empieza a jugar con esas imágenes del pasado como si quisiera distraerla de los peligros que la acechan, hasta que las fronteras entre lo vivido y lo soñado se desdibujan en una narración que va tornándose cada vez más exuberante, más poética, a medida que se acerca el desenlace inevitable. Escrita a comienzos de la década de 1960 y sometida a varias reescrituras durante las décadas siguientes, esta novela fantasmagórica permaneció inédita en vida de su autora. Publicada por primera vez en 2011, deslumbra por su audacia formal, por las invenciones de su trama y por su prosa siempre inspirada.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

Gafas inteligentes para navegar por internet sólo con pensarlo: ¿y qué hay de nuestros "neuroderechos"?

Imaginemos que vamos caminando con unas gafas de sol puestas. Una notificación brilla en la lente derecha. Sin usar el móvil ni hablar, con un movimiento desde la muñeca o la intención de mover un dedo, las gafas descartan el mensaje o permiten responderlo, quizá, mientras reproducen nuestra canción favorita. El dispositivo entiende la orden sólo con que la pensemos, antes de que los músculos terminen de contraerse.

Unas de las primeras gafas inteligentes, las Google Glasses, lanzadas en 2013, permitían responder llamadas de teléfono tocando la patilla. Desde entonces, la IA ha hecho que puedan hacer muchas cosas más (Foto: Loic Le Meur / Shutterstock).

No es ciencia ficción. Estamos pasando de una "internet de las cosas" a una "internet de los cuerpos". Y en este escenario, las gafas inteligentes ponen sobre la mesa el debate sobre los derechos neurales o neuroderechos.

Un ejemplo son las Ray-Ban Meta Display, que han evolucionado de ser simples cámaras en monturas a equipos sofisticados equipados con inteligencia artificial. Cuentan con una pantalla de "visualización cabeza-arriba" (Head Up Display o HUD), un cristal transparente que presenta información al usuario, de tal forma que éste no debe cambiar su punto de vista para verla. Y su funcionamiento se integra con la Neural Band, una pulsera de Meta que detecta las señales eléctricas de nervios humanos.

Cuando la IA lee los nervios

La banda neuronal de Meta intercepta las señales del cerebro hacia la mano a través del sistema nervioso periférico. Mediante algoritmos de IA, decodifica la intención y la traduce en comandos digitales.

Su atractivo radica en controlar la realidad aumentada sin contacto, lograr productividad fluida o superar barreras de movilidad. Sin embargo, al abrir esta puerta entregamos datos neuronales que pueden revelar nuestras acciones, estados emocionales, niveles de estrés y fatiga e, incluso, reacciones ante estímulos publicitarios.

¿Qué son los neuroderechos y por qué importan ahora?

Ante estas tecnologías para monitorizar la actividad cerebral, la comunidad científica -por iniciativa y bajo la guía de Rafael Yuste- ha propuesto un marco de Derechos Humanos, los antes mencionados neuroderechos, para proteger la privacidad mental y la integridad cerebral. En este contexto, las gafas con IA y bandas neuronales como las de Meta comprometen los cinco neuroderechos fundamentales propuestos por la fundación NeuroRights Initiative:

Privacidad mental: proteger los datos neuronales de ser utilizados sin consentimiento. Si la banda detecta reacciones ante anuncios, ¿es privado?
Identidad personal: evitar que la tecnología altere el "yo". Al conectar biología con algoritmos predictivos, la línea entre voluntad y sugerencia de IA se difumina.
Libre albedrío: preservar decisiones sin manipulación. Un sistema que reconozca impulsos nerviosos podría inducir decisiones.
Acceso equitativo: regular el aumento cognitivo para evitar brechas entre "humanos aumentados" y "naturales".
Protección contra sesgos: evitar discriminación por patrones neurobiológicos.

La IA multiplica los riesgos

El problema no reside sólo en el equipo, sino en la inteligencia artificial que lo gobierna. Al combinar lo que ven las cámaras de las gafas (el mundo exterior) con lo que siente la persona (su mundo interior), la IA multimodal puede realizar inferencias profundas.

Si, por ejemplo, la IA detecta por la banda neuronal que la atención decae, puede modificar lo visto en las gafas para reenganchar, manipulando la dopamina. Esto plantea el llamado "problema de la caja negra": la complejidad de los algoritmos impide que ocasionalmente sus creadores puedan explicar ciertas predicciones, dejando al usuario indefenso ante una eventual manipulación subliminal.

Más allá de Meta

Meta no está sola en esta carrera. El ecosistema tecnológico se divide entre enfoques no invasivos e invasivos, y todos suponen retos para los neuroderechos. Apple, con sus Vision Pro, apuesta por el seguimiento ocular. Las pupilas son una ventana al sistema nervioso, que delatan interés o carga cognitiva.

Las empresas de interfaces mente-máquina Neuralink y Synchron representan la vertiente invasiva. Neuralink implanta chips en la corteza cerebral mediante cirugía robótica, mientras Synchron usa un stent por los vasos sanguíneos. Sus fines iniciales son médicos, pero su objetivo de simbiosis con la IA plantea riesgos éticos.

Por su parte, las compañías Snap y NextMind exploran interfaces que leen la corteza visual desde la nuca para seleccionar objetos digitales. En concreto, Snap desarrolla gafas inteligentes que se integran en su ecosistema de realidad aumentada.

¿Evolución o "mercancía neuronal"?

El futuro de estas tecnologías oscila entre dos escenarios. Uno optimista, donde la neurotecnología erradica enfermedades como alzhéimer, permite a personas con parálisis comunicarse y revoluciona la educación. Y el escenario distópico, donde impulsos nerviosos se convierten en mercancía, creando un "panóptico neuronal" que permite vigilar y penalizar estados internos del individuo.

La diferencia entre ambos futuros dependerá de la regulación. Chile ha sido pionero al reformar su Constitución para proteger la integridad mental. España, mediante su Carta de Derechos Digitales y Spain Neurotech, ha marcado una hoja de ruta ética. La Unión Europea, con su Ley de IA, prohíbe técnicas subliminales que alteren el comportamiento. Pero todo está en etapa incipiente frente al arrollador desarrollo tecnológico.

Las gafas que prometen liberar a las personas de las pantallas de los móviles, también son aquellas que obligan a pagar un precio asociado a la soberanía de de la propia mente. Como sociedad, debemos asegurar que la tecnología siga siendo una herramienta a explotar, y no a la inversa.

En paralelo, urge avanzar en estrategias y acciones que permitan alfabetizar digitalmente a la sociedad de forma más efectiva y rápida, con el fin de concientizar sobre este tipo de tecnología y sus riesgos.

(Fuente: The Conversation / Xataka / varios / redacción propia)

lunes, 6 de abril de 2026

Se rescata una monumental novela de uno de últimos grandes escritores malditos: fue rechazada por decenas de editoriales y se convirtió en obra de culto

Veintiún años después de su suicidio, la figura de Tristan Egolf vuelve a cobrar relevancia y actualidad con la flamante reedición de su primer trabajo, "El amo del corral". Sumado a eso, acaba de publicarse en español una excelente biografía suya titulada "La invención de Tristan". Ambos textos se encuentran disponibles en librerías y se pueden comprar y descargar desde este post.

(Foto: composición propia).

El escritor Tristan Egolf, nacido en Madrid en 1971, se ha consolidado póstumamente como una de las voces más singulares (y también malditas) de la literatura estadounidense de finales de siglo XX, ya que supo capturar de manera rabiosa la esencia de su tiempo conectándolo con la actualidad. 

Su primera novela, "El amo del corral" (Lord Of The Barnyard, en su original en inglés), publicada en 1998, fue rechazada por decenas de editoriales estadounidenses (se habla de más de setenta) antes de lograr su reconocimiento a través de la editorial francesa Gallimard. Ahora, Seix Barral la recupera con un prólogo de Adolfo García Ortega y traducción de Jaime Zulaika.

Su muerte en mayo de 2005 en Lancaster, Pensilvania, a los 33 años, fue dictaminada como suicidio por la policía local, tras una trayectoria marcada por la creatividad y la inconformidad tanto en la literatura como en el activismo. A pesar de haber nacido en San Lorenzo del Escorial, por circunstancias familiares, Egolf pasó su infancia y juventud entre Washington DC, y un pequeño pueblo de Indiana

Del desprecio al éxito con "El amo del corral"

Su primera novela, la que aquí nos ocupa, fue rechazada por una enorme cantidad de editores estadounidenses antes de ser presentada y aceptada en París gracias a la intermediación de la hija del escritor Patrick Modiano, quien lo descubrió mientras Egolf tocaba la guitarra como músico callejero. Esta experiencia de rechazo e inesperado éxito europeo marcó su posicionamiento literario y personal.

La recepción del trabajo fue un fenómeno anecdótico pero significativo: la edición norteamericana de la novela llegó rodeada de elogios provenientes principalmente de la prensa europea, mientras que en su país la crítica fue más ambivalente. The New York Times la describió como "interesante y emocionante sin llegar a ser buena", mientras que Publishers Weekly la calificó como "un libro de ritmo salvaje". El propio recorrido editorial del manuscrito (de la indiferencia estadounidense al entusiasmo europeo) cimentó la leyenda de Egolf como escritor fuera de moldes establecidos

Tristan Egolf (Foto: archivo Le Monde).

La narrativa de "El amo del corral" se aleja deliberadamente del intimismo habitual en los debuts literarios estadounidenses de finales de siglo. Egolf retrata la saga de John Kaltenbrunner, un niño huérfano que convive con el peso del pasado en la ficticia localidad de Baker, claramente inspirada en el sur de Indiana, donde el propio Egolf pasó los veranos de su juventud.

El texto, de frases largas y sin concesiones, recuerda tanto en estilo como en ambición a autores como William Faulkner, John Steinbeck o John Kennedy Toole, y añade resonancias de Kurt Vonnegut y David Foster Wallace. Egolf utilizó la desmesura estilística como vehículo para explorar la América rural con una mirada a la vez épica y patética.

La trama de la novela gira en torno a la huelga de basureros promovida por Kaltenbrunner en una América profunda habitada por granjas avícolas y una comunidad marcada por la opacidad y el aislamiento. Esta comunidad, dominada por conflictos laborales y epifanías personales, se describe con una adjetivación y un ritmo que han sido equiparados con los de H. P. Lovecraft y que, según la crítica recogida por medios europeos, convierten sus "defectos" en virtudes estilísticas. Su carácter agudo, vital y cáustico la convierten en una obra en la que el detritus moral y físico desplaza cualquier visión idílica de la vida rural.

Del activismo a la música con Iggy Pop

La vida de Egolf tras la publicación de su primer trabajo estuvo marcada por la inestabilidad y el activismo. Egolf regresó a Estados Unidos tras una corta estancia europea e intensificó su compromiso político, sumándose a la agrupación Smoketown Six, un grupo de activistas "antibélicos" que protagonizó en 2004 una protesta contra la campaña electoral del presidente George Bush en Pensilvania, manifestación que incluyó una recreación satírica de abusos sufridos por prisioneros iraquíes y que supuso la detención, posterior retirada de cargos, y la presentación de una demanda federal por parte de Egolf y otros miembros del grupo.

En el plano literario, su segunda novela, "La chica y el violín", publicada en 2002, obtuvo una acogida menos entusiasta, con opiniones negativas que contribuyeron a acentuar el cuadro depresivo que sufrió Egolf durante el último período de vida. 

En los periodos intermedios entre estas publicaciones fundó, junto a amigos como Michael Hoober, una revista digital y una emisora de radio de carácter literario, además de colaborar en una ópera rock junto a Iggy Pop y liderar una banda musical denominada Doomed to Obscurity. Todas estas actividades coexistieron con el proceso de elaboración de su tercera y póstuma novela, "Kornwolf", que exploraba la figura del hombre lobo entre los amish y que fue editada en 2006, un año después de su fallecimiento.

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Una biografía necesaria que completa su figura

El escritor francés Adrien Bosc publicó "La invención de Tristan", donde reconstruye la figura de Egolf a partir de testimonios, entrevistas y una pesquisa personal en la que un periodista neoyorquino ficticio sigue la pista del escritor desde París hasta Pensilvania.

El libro se aleja de la mera investigación biográfica para indagar en los mecanismos que convierten a un autor en mito literario y, al mismo tiempo, traza el hilo entre la reinvención francesa del escritor y el universo de soledad que le rodeó hasta el final. Es una biografía minuciosa y bien documentada escrita como una novela, donde todo es verdad excepto el narrador.

(Foto: composición propia).

La historia de Egolf nos la cuenta el personaje ficticio Zachary Crane, un joven neoyorquino que vaga por París y que no sabe nada del escritor hasta el día en que encuentra un libro suyo. Picado por la curiosidad, se lanza a investigar la vida de ese escritor estadounidense que, sin un centavo, con un manuscrito bajo el brazo (y que no deja de reescribir), recaló en París.

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(Fuente: bajalibros.com / Infobae / Le Monde / El País / varios / redacción propia)

Una nueva función de Spotify revela detalles técnicos, autorales y artísticos detrás de cada canción

La plataforma ha comenzado a desplegar "SongDNA", una nueva función diseñada para ofrecer información detallada sobre las canciones disponibles en su catálogo. Esta herramienta busca transformar la experiencia de escucha al permitir que los usuarios no sólo reproduzcan música, sino que también accedan a datos sobre su proceso creativo y los profesionales involucrados en cada obra.

(Foto: Reuters).

La función está integrada directamente en la pantalla "Reproduciendo ahora" y se presenta como una tarjeta informativa. Al seleccionarla, los usuarios pueden consultar un desglose completo de los compositores, productores y colaboradores técnicos que participaron en la creación de una canción.

Un vistazo al detrás de escena de la música

SongDNA amplía la información disponible sobre cada pista al incluir elementos que tradicionalmente no eran visibles para el usuario. Entre ellos destacan los "samples" utilizados -fragmentos de otras grabaciones-, las influencias directas, referencias culturales y las distintas versiones que existen de un mismo tema.

(Foto: Reuters).

De esta manera, la herramienta permite comprender mejor cómo se construye una canción y cuáles son sus conexiones dentro del ecosistema musical. La propuesta apunta a enriquecer la experiencia de escucha con contexto adicional, especialmente para quienes buscan profundizar en el origen y evolución de la música que consumen.

Navegación interactiva entre artistas

Uno de los aspectos más relevantes de SongDNA es su enfoque interactivo. La interfaz permite navegar entre perfiles de artistas, productores y otros colaboradores mediante enlaces que funcionan como puntos de acceso a contenido relacionado.

Al deslizar la pantalla mientras se reproduce una canción compatible, aparece la tarjeta de SongDNA. Desde allí, los usuarios pueden explorar trabajos previos de los mismos creadores o descubrir nuevas conexiones dentro de la industria musical.

(Foto: Reuters).

Este sistema convierte cada canción en un punto de partida para explorar una red más amplia de contenido, facilitando el descubrimiento de nuevos artistas y proyectos.

Información verificada y participación de la industria

La información que ofrece combina datos oficiales proporcionados por sellos discográficos y artistas, junto con aportes verificados de la comunidad de usuarios. Para garantizar la precisión, los profesionales de la industria podrán gestionar sus créditos y menciones a través de Spotify for Artists.

Este enfoque busca asegurar que los datos reflejen de manera fiel el trabajo de quienes participan en la creación musical, al tiempo que incorpora la participación de la comunidad para ampliar la información disponible.

Despliegue progresivo

Actualmente, SongDNA se encuentra en fase de prueba y su disponibilidad se ampliará de forma gradual durante las próximas semanas. En una primera etapa, estará dirigida a suscriptores Premium que utilicen dispositivos móviles con sistemas operativos iOS y Android.

La compañía no ha detallado una fecha exacta para su lanzamiento global, pero su implementación progresiva permitirá evaluar la respuesta de los usuarios y ajustar la herramienta antes de su adopción masiva.

(Foto: Reuters).

Otra apuesta por la calidad de audio

Además de SongDNA, Spotify ha introducido recientemente otra función orientada a mejorar la experiencia del usuario: el "modo exclusivo" en su versión de escritorio para Windows.

Esta opción permite que la aplicación tome el control total del hardware de sonido del equipo, evitando interferencias de otros sonidos del sistema. El objetivo es lograr una reproducción conocida como Bit Perfect, en la que el audio se transmite sin alteraciones desde el archivo original hasta los dispositivos de salida.

Para ello, la plataforma utiliza el formato FLAC, que permite almacenar música con alta calidad sin pérdida de información, como ya venían haciendo otras plataformas como Tidal. Esto se traduce en una mayor fidelidad sonora y en la posibilidad de percibir detalles que suelen perderse en formatos más comprimidos.

(Fuente: Xataka / Reuters / varios / redacción propia)

¿Por qué escribimos como escribimos? Ortografía, normas, consensos y controversias

La mayoría de la gente aprende a escribir sin hacerse demasiadas preguntas. Nos dicen que "huevo" lleva hache, que "perro" lleva dos erres y que "baca" y "vaca" no son lo mismo. Lo aceptamos, lo memorizamos y seguimos adelante con el aprendizaje. Pero si uno se detiene un momento, surge la duda: ¿quién decidió todo eso? ¿Por qué escribimos así y no de otra forma? Y, sobre todo, ¿por qué parece tan difícil, eventualmente, cambiarlo? 

(Foto: Shutterstock).

Algo más que una serie de reglas

Básicamente, porque la ortografía no es un simple conjunto de reglas para no cometer faltas. Es algo más profundo: un código compartido que permite que millones de personas escriban y se entiendan. Gracias a ese código, un texto escrito en Madrid puede ser leído en Buenos Aires o en Medellín sin grandes problemas. Pero hay algo más: la ortografía también es memoria histórica. Así, por ejemplo, nuestra hache muda está ahí, en ocasiones, porque hace siglos sí tenía sonido.

Es como una especie de "cicatriz lingüística": ya no cumple función práctica, pero nos recuerda de dónde venimos. Al mismo tiempo, atesora una escritura de tantos años que ya forma parte de nuestra propia identidad.

Dos formas de fijar una ortografía

A lo largo de la historia, las lenguas han seguido dos caminos principales para establecer su ortografía:

• La vía institucional (esa de "esto se escribe así y punto"). Viene determinada por alguien que fija las reglas y decide qué es correcto y qué no y, de manera subsidiaria, quién escribe bien y quién no. Aquí entran las academias, los gobiernos o, como en el caso del español, una institución como la Real Academia Española (RAE). Fundada en 1713, tardó muy pocos años en publicar su "Discurso proemial de la orthographia de la Lengua Castellana" aparecido en el "Diccionario de Autoridades" (1726), que sirvió de base para la elaboración de su primer tratado ortográfico en 1741, así como del resto de textos que la convirtieron pronto en el principal órgano regulador de la escritura de nuestra lengua.

• La vía del uso (esa de "se escribe así porque todo el mundo lo hace así". Se produce cuando a las normas no las impone nadie desde arriba. Surgen poco a poco, por costumbre. El inglés es el mejor ejemplo: nadie decidió oficialmente cómo se escribe

Portada de la Orthographia Española de la Real Academia Española, de 1741 (Foto: Biblioteca Nacional de España).

Por eso, algunas de sus palabras tienen una ortografía un tanto creativa, con grafías similares a las que les corresponden muy diferentes pronunciaciones (como sucede, por ejemplo, en "through", "though" y "tough"). En este modelo, la norma nace del uso. Primero escribe la gente. Luego, si acaso, alguien lo regula.

El caso del idioma español: institucional, pero con debate

En el español triunfó claramente la vía institucional. La ortografía académica se consolidó poco a poco en el siglo XIX, tanto en España como en Hispanoamérica. A partir de 1844, su enseñanza en la escuela pública fue impuesta por el estado español y adoptada de manera general en la administración y la imprenta.

En un determinado momento, "escribir bien" (según las normas académicas) dejó de ser sólo una cuestión lingüística para convertirse en algo más serio: requisito laboral, sinónimo de educación y prestigio social y, finalmente, marca de identidad cultural. No escribir correctamente podía hacernos parecer ignorantes.

Aunque con tímidos intentos anteriores, fue a lo largo del siglo XIX cuando se intensificaron las propuestas de reforma de la ortografía del español. Algunos querían simplificarla, escribir como se habla, eliminar letras inútiles, hacer el sistema más lógico. Los argumentos eran bastante sensatos: ¿para qué sirve la hache si no suena? ¿Por qué conservar "be" y "uve" si suenan igual? ¿Por qué "ge" y "jota" se usan a veces para el mismo sonido y otras no?

Preguntas e intentos razonables, pero en la práctica enarbolados por personas sin poder y sin un modelo consensuado de reforma. Simples maestros que buscaban facilitar su enseñanza en la escuela y disminuir así los altos índices de analfabetismo. Perseguidos por el gobierno, sus intentos se apagaron pronto y se disolvieron en el silencio del olvido.

En el caso concreto de alguna república hispanoamericana, como Chile, se llegó a impulsar desde las instituciones educativas una reforma que aspiraba a reconciliar la escritura con la voz. Sin embargo, como otras tentativas, también aquella acabó cediendo ante el peso de la norma y terminó perdiéndose en la fuerza obstinada de la costumbre. 

Cabeceras de las revistas "El Clamor del Magisterio" y "Semanario de Instruczion Pública", unos de los foros de debate sobre la reforma ortográfica española en el siglo XIX (Fotos: Biblioteca Nacional de España).

La prensa, ring de boxeo lingüístico

En siglos anteriores, los debates sobre la ortografía no sólo se daban en tratados lingüísticos. Se discutían en la prensa, que funcionaba como una especie de red social de la época, pero con más tinta y menos memes. En este espacio de debate público, se enfrentaban reformistas y conservadores en auténticas batallas y ciclos polémicos en los que unos querían simplificar la ortografía y hacerla más lógica. Otros defendían las costumbres y el poder institucionalizador de la RAE en esta tarea. 

No eran discusiones menores: en ellas se dirimía quién tenía autoridad sobre la lengua y qué modelo debía enseñarse a generaciones enteras. Cada artículo, cada réplica, no sólo defendía una forma de escribir, sino también una forma de entender la lengua y su transmisión. Lo mismo ocurre en nuestros tiempos, porque los cambios en la escritura, a diferencia de lo que sucede en otras disciplinas lingüísticas, importa mucho a la gente.

¿Por qué es tan difícil cambiar la ortografía?

La ortografía no es sólo lógica, es costumbre, y cambiarla implica reeducar a millones de personas, modificar libros, sistemas educativos… Y, lo más difícil, convencer a la gente de que deje de hacer lo que lleva haciendo toda la vida. Por eso, la propia Academia viene repitiendo desde hace siglos que lo mejor es que el cambio sea introducido poco a poco por el uso. Y luego, ya iremos viendo.

La ortografía siempre ha sido y es un tema de interés colectivo, capaz de generar opiniones y controversias. Pero hoy la pregunta ya no se formula con la urgencia de otros tiempos, aunque tampoco ha desaparecido del todo. En una época atravesada por la inmediatez digital y la escritura veloz, se debate entre su función normativa y su valor simbólico. Reformarla y hacerla más sencilla podría aliviar ciertas dificultades, pero también implicaría desprenderse de capas de historia, de matices etimológicos y de una tradición compartida.

(Fuente: The Conversation/ RAE / varios / redacción propia)

miércoles, 1 de abril de 2026

Lanzamientos muy recientes: Borges y Oesterheld, en un libro de investigación que revela vínculos ocultos entre ambos en el clásico "El Eternauta"

Editado por Claridad, el texto de Martín Hadis explora el vínculo y propone nuevas claves de lectura para la icónica historieta argentina. Lo presentó este pasado lunes en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, ya está disponible en librerías y pronto en formato digital.

(Foto: composicón propia).

Un nuevo libro del investigador Martín Hadis propone una relectura de "El Eternauta", al indagar en los vínculos intelectuales entre su autor, Héctor Germán Oesterheld, y el escritor Jorge Luis Borges. La obra sostiene que la célebre historieta posee dimensiones filosóficas y literarias que habían pasado inadvertidas hasta ahora.

Según Hadis, Oesterheld no sólo fue un guionista clave de la narrativa gráfica, sino también un intelectual de vasta formación. Doctor en Ciencias Naturales, combinó ese saber con un conocimiento autodidacta de literaturas, mitologías y religiones. En ese marco, el autor subraya su vínculo con Borges, a quien describe como una influencia decisiva.

Héctor Germán Oesterheld (izq.) y Jorge Luis Borges (Foto: composición propia).

El trabajo, titulado "Borges y El Eternauta. El origen secreto de la gran odisea espacial argentina" plantea que la clásica historieta puede leerse como una obra de alta literatura, con raíces en la tradición clásica griega y atravesada por elementos presentes en la obra borgeana. Asimismo, sostiene que ambos autores se conocieron y desarrollaron una relación personal, y que la historieta incluso habría dejado huellas en la producción posterior de Borges.

Hadis es doctor en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y cuenta con una formación académica internacional que incluye estudios en el MIT, la Universidad de North Texas y la Universidad de Harvard. Entre sus trabajos se destacan investigaciones centradas en la obra de Borges, así como su participación en la traducción al inglés de "El Eternauta", publicada en Estados Unidos en 2015.

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas / redacción propia)

BAFICI 2026: cuándo comienza la venta de entradas, cuánto cuestan y cuáles son las nuevas sedes

La edición 27 del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente se realizará desde el 15 al 26 de abril, con más de 300 películas que se proyectarán en 14 salas, algunas de ellas incorporadas como nuevas sedes. 

Cinépolis Recoleta, Usina del Arte, Centro Cultural 25 de Mayo y Cacodelphia serán nuevas sedes del Bafici 2026 (Foto: Julián Bongiovanni).

La vigésima séptima edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) se celebrará del 15 al 26 de abril de 2026, con una programación que superará los 300 títulos proyectados en un total de 14 salas distribuidas en ocho sedes de la ciudad. En esta edición, el costo para acceder a las funciones oscilará entre 3.000 y 5.000 pesos, con la disponibilidad de un abono para diez funciones por 30.000 pesos y promociones exclusivas como el 2x1 para clientes del Banco Ciudad.

La mayor diversidad en sedes, la actualización en la política de precios y el regreso de destacados realizadores internacionales y locales apuntalan el carácter central de la cita anual del cine independiente porteño.

Para quienes buscan comprender el alcance de la reconfiguración en accesibilidad, el festival incorporará en 2026 cuatro nuevos espacios: Cinépolis Recoleta (salas 2 y 3), Usina del Arte, Centro Cultural 25 de Mayo y Cacodelphia (tres salas). Esta decisión compensa la exclusión de recintos emblemáticos en la edición previa, como el Gaumont 1 y las dos salas de el Centro Cultural San Martín, ambos con alta capacidad. El lunes 6 de abril se inicia la venta de entradas: de forma online por la página oficial del festival y presencial en el Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530, de 10:00 a 21:30).

Javier Porta Fouz, director de Bafici (Foto: prensa Bafici).

La programación destacada de este año cuenta con el regreso de figuras reconocidas a nivel mundial y la incorporación de ciclos conmemorativos. Entre los directores ya confirmados se encuentran Angela Schanelec, Marcelo Piñeyro, Pietro Marcello, Jaime Chávarri, Raúl Perrone, Mike Judge y James Benning. Además, el festival celebrará el centenario del cineasta catalán Pere Portabella con una retrospectiva especial denominada Portabella-100.

Las mejores películas de Bafici

Entre los títulos adelantados por la organización, se encuentran propuestas como "La verdadera historia de Ricardo III", de Marcelo Piñeyro (Argentina, 2026), en la sección Funciones Especiales, donde la cámara irrumpe en la clásica tragedia shakespeariana para crear "un territorio donde representación y verdad se reinventan", además de "El desencanto" (España, 1976), de Jaime Chávarri, que reconstruye el universo familiar del poeta Leopoldo Panero bajo la lupa de la memoria y la diferencia.

"La idiocracia" (Estados Unidos, 2006) de Mike Judge se sumará a la sección Rescates, planteando a través de la sátira una reflexión sobre "una sociedad donde la ignorancia se volvió norma". Desde el terreno experimental, "CIN3 FILI4" (Argentina, 2026) de Raúl Perrone y "Eight Bridges" (Estados Unidos, 2026), de James Benning, ofrecen, respectivamente, una exploración formal sobre la imagen y la observación del paisaje estadounidense mediante "ocho planos fijos de diez minutos" que registran tráfico, clima y sonidos.

Por otra parte, la película "Sicko" (Kazajistán, 2025) de Aitore Zholdaskali, dentro de la Sección Nocturna, aborda la desesperación social bajo el recurso narrativo de una estafa viral, mientras que "My Wife Cries", de Angela Schanelec (Alemania, Francia, 2026) y "Duse", de Pietro Marcello (Italia/Francia, 2025) forman parte de Trayectorias, presentando relatos íntimos y biográficos en contextos marcados por el trauma y la reinvención.

(Fuente: prensa BAFICI / Infobae / varios / redacción propia)