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viernes, 27 de septiembre de 2024

¿Podemos superar a la inteligencia artificial?: los acertijos con los que se compararon las habilidades de la IA y de la mente humana

En los pasillos de la Universidad Libre de Ámsterdam, el profesor adjunto Filip Ilievski juega con la inteligencia artificial (IA). 

Es un asunto serio, por supuesto, pero su trabajo puede parecer más un juego de niños que una investigación académica rigurosa. Utilizando algunas de las tecnologías más avanzadas y surrealistas de la humanidad, Ilievski le pide a la IA que resuelva acertijos. "Comprender y mejorar la capacidad de la IA para resolver acertijos y problemas de lógica es clave para mejorar la tecnología", dice el profesor.

"Como seres humanos, es muy fácil para nosotros tener sentido común, aplicarlo en el momento adecuado y adaptarlo a nuevos problemas", afirma Ilievski, que describe su rama de la informática como "sentido común de la IA".

Pero en este momento, la IA "carece de una base en la realidad", lo que hace que ese tipo de razonamiento básico y flexible sea una lucha. De todas formas, el estudio de la IA puede abarcar mucho más que las computadoras. Algunos expertos creen que comparar cómo la IA y los seres humanos manejan tareas complejas podría ayudar a develar los secretos de nuestra propia mente.

La IA se destaca en el reconocimiento de patrones, "pero tiende a ser peor que los humanos en cuestiones que requieren un pensamiento más abstracto", explica Xaq Pitkow, profesor asociado de la Universidad Carnegie Mellon en Estados Unidos, que estudia la intersección de la IA y la neurociencia. En muchos casos, sin embargo, depende del problema.

Comenzaron con una pregunta que es tan fácil de resolver que no califica como una adivinanza según los estándares humanos.

La frecuencia cardíaca de una persona a las 9:00 era de 75 pm y su presión arterial a las 19:00 era de 120/80. Murió a las 23. ¿Estaba viva en el mediodía? No es una pregunta capciosa. La respuesta es sí. Pero a GPT-4, al modelo más avanzado de OpenAI en ese momento, no le resultó tan fácil.

"Basándonos en la información proporcionada, es imposible decir con certeza si la persona estaba viva al mediodía", le dijo la IA al investigador. Claro, en teoría, podría haber muerto antes del almuerzo y haber vuelto a la vida por la tarde, pero eso parece una exageración.


Un punto a favor para la humanidad

La pregunta anterior requiere un "razonamiento temporal", una lógica que se ocupa del paso del tiempo. Un modelo de IA podría no tener ningún problema en decir que el mediodía cae entre las 9:00 y las 19:00 horas, pero entender las implicaciones de ese hecho es más complicado.

"En general, razonar es realmente difícil", señala Pitkow y agrega: "Es un área que va más allá de lo que la IA hace actualmente en muchos casos".

Una extraña verdad sobre la IA es que no tenemos idea de cómo funciona. Lo que sabemos es muy superficial: después de todo, los humanos crearon la IA. Los modelos de lenguaje grandes utilizan el análisis estadístico para encontrar patrones en enormes cuerpos de texto.

Cuando hacemos una pregunta, la IA trabaja a través de las relaciones que detecta entre palabras, frases e ideas, y las utiliza para predecir la respuesta más probable a la pregunta. Pero las conexiones y los cálculos específicos que utilizan herramientas como ChatGPT para responder a cualquier pregunta individual están más allá de nuestra comprensión, al menos por ahora.

Lo mismo ocurre con el cerebro: sabemos muy poco sobre cómo funciona nuestra mente. Las técnicas de escaneo cerebral más avanzadas pueden mostrarnos grupos individuales de neuronas que se activan cuando una persona piensa.

"Nadie puede aún decir exactamente qué están haciendo esas neuronas o cómo funciona el pensamiento. Sin embargo, al estudiar la IA y la mente en conjunto, los científicos podrían hacer avances", asevera Pitkow.

Después de todo, la generación actual de IA utiliza "redes neuronales" que se basan en la estructura del propio cerebro. No hay razón para suponer que la IA utiliza el mismo proceso que nuestra mente, pero aprender más sobre un sistema de razonamiento podría ayudarnos a comprender el otro.

"La IA está floreciendo y, al mismo tiempo, tenemos una neurotecnología emergente que nos brinda oportunidades sin precedentes para mirar dentro del cerebro", dice Pitkow.

Confiar en nuestro instinto

La cuestión de la IA y los acertijos se vuelve más interesante cuando se analizan las preguntas diseñadas para confundir a los seres humanos. He aquí un ejemplo clásico:

"Un bate y una pelota cuestan u$s 1,10 en total. El bate cuesta u$s 1,00 más que la pelota. ¿Cuánto cuesta la pelota?"

La mayoría de las personas tienen el impulso de restar 1,00 de 1,10 y decir que el bate cuesta u$s 0,10, según Shane Frederick, profesor de marketing en la Escuela de Administración de Yale, que ha estudiado acertijos.

Y la mayoría se equivoca: la pelota cuesta u$s 0,05. "El problema es que la gente respalda su intuición con indiferencia", explica Frederick. "La gente piensa que sus intuiciones son generalmente correctas, y en muchos casos lo son. No podríamos vivir la vida si tuviéramos que cuestionar cada uno de nuestros pensamientos", agrega.

Pero cuando se trata del problema del bate y la pelota, y muchos acertijos similares, nuestra intuición nos traiciona. Según Frederick, puede que este no sea el caso de la IA.


Los seres humanos tienden a confiar en su intuición, a menos que haya algún indicio de que su primer pensamiento pueda ser erróneo. "Sospecho que la IA no tendría ese problema. Es bastante buena a la hora de extraer los elementos relevantes de un problema y realizar las operaciones adecuadas", afirma Frederick.

Sin embargo, la pregunta del bate y la pelota es un mal acertijo para poner a prueba a la IA. Es muy conocida en EE.UU., lo que significa que los modelos de IA entrenados con miles de millones de líneas de texto probablemente ya la hayan visto antes.

Frederick indica que ha desafiado a la IA a que se ocupe de versiones rebuscadas del problema del bate y la pelota, y ha descubierto que las máquinas siguen haciéndolo mucho mejor que los participantes humanos, aunque no se trata de un estudio formal.

Problemas novedosos

Si queremos que la IA muestre algo que se parezca más a un razonamiento lógico, necesitamos un acertijo completamente nuevo que no esté en los datos de entrenamiento.

Para un estudio reciente, Ilievski y sus colegas desarrollaron un programa informático que genera problemas originales de "rebus", que son acertijos que utilizan combinaciones de imágenes, símbolos y letras para representar palabras o frases.

Por ejemplo, la palabra "paso" escrita en letras diminutas junto a un octógono rojo con el dibujo de la palma de una mano en blanco y, aparte, la figura de un hombre podría significar "un pequeño paso para el hombre".


Los investigadores luego enfrentaron varios modelos de IA con estos jeroglíficos nunca antes vistos y desafiaron a personas reales con los mismos acertijos. Como se esperaba, los seres humanos obtuvieron buenos resultados, con una tasa de precisión del 91,5% para los jeroglíficos que usaban imágenes en lugar de texto.

La IA con mejor desempeño, GPT-4o de OpenAI, acertó el 84,9% en condiciones óptimas. No está mal, pero el Homo sapiens todavía tiene la ventaja. Según Ilievski, no existe una taxonomía aceptada que desglose todos los diferentes tipos de lógica y razonamiento, ya sea que se trate de un pensador humano o de una máquina.

Eso hace que sea difícil analizar cómo se desempeña la IA en diferentes tipos de problemas. Otro estudio dividió el razonamiento en algunas categorías útiles.

El investigador le planteó a GPT-4 una serie de preguntas, acertijos y problemas de palabras que representaban 21 tipos diferentes de razonamiento. Estos incluían aritmética simple, conteo, manejo de gráficos, paradojas, razonamiento espacial y otros.

He aquí un ejemplo, basado en un acertijo de lógica de 1966 llamado "La tarea de selección de Wason":

"Se colocan siete cartas sobre la mesa, cada una de las cuales tiene un número en un lado y un parche de un solo color en el otro. Las caras de las cartas muestran 50, 16, rojo, amarillo, 23, verde, 30. ¿Qué cartas tendríamos que dar vuelta para comprobar la verdad de la proposición de que si una carta muestra un múltiplo de cuatro, entonces el color del lado opuesto es amarillo?".

GPT-4 falló miserablemente. La IA dijo que tendríamos que dar vuelta las cartas 50, 16, amarilla y 30: totalmente equivocado.

La proposición dice que las cartas divisibles por cuatro tienen amarillo en el otro lado, pero no dice que sólo las cartas divisibles por cuatro son amarillas. Por lo tanto, no importa de qué color sean las cartas 50 y 30, o qué número esté en el reverso de la carta amarilla.

Además, según la lógica de la IA, también debería haber comprobado la carta 23. La respuesta correcta es que solo necesitamos dar vuelta a la 16, rojo y verde.

(Foto: Filip Ilievski).

También tuvo problemas con algunas preguntas aún más fáciles:

"Supongamos que estoy en el medio de Dakota del Sur y estoy mirando directamente hacia el centro de Texas. ¿Boston está a mi izquierda o a mi derecha?"

Esta es una pregunta difícil si no conocemos la geografía estadounidense pero, aparentemente, GPT-4 estaba familiarizado con los estados. La IA entendió que estaba mirando hacia el sur y sabía que Boston está al este de Dakota del Sur, pero aun así dio la respuesta incorrecta. En resumen: GPT-4 no entendió la diferencia entre izquierda y derecha.

La IA también reprobó la mayoría de las otras preguntas. La conclusión del investigador: "GPT-4 no puede razonar". Es una tarea cognitiva muy difícil mirar más allá de la información que no está justo delante nuestro, pero en cierto sentido así es como funciona la IA.

"La IA extrae información que ha aprendido en otro lugar. Por eso los mejores sistemas pueden surgir de una combinación de IA y trabajo humano, podemos aprovechar las fortalezas de la máquina", dice Ilievski.

Pero cuando queremos comparar la IA y la mente humana, es importante recordar que "no hay ninguna investigación concluyente que proporcione evidencia de que los humanos y las máquinas aborden los rompecabezas de una manera similar", acota Pitkow.

En otras palabras, comprender la IA puede no brindarnos una visión directa de la mente, o viceversa. Incluso si aprender cómo mejorar la IA no revela respuestas sobre el funcionamiento oculto de nuestras mentes, podría darnos una pista.

"Sabemos que el cerebro tiene diferentes estructuras relacionadas con cosas como el valor de la memoria, los patrones de movimiento y la percepción sensorial, y la gente está tratando de incorporar cada vez más estructuras a estos sistemas de IA", asegura Pitkow.

"Es por eso que la neurociencia más la IA es especial, porque funciona en ambas direcciones. Un mayor conocimiento del cerebro puede conducir a una mejor IA. Un mayor conocimiento de la IA podría conducir a una mejor comprensión del cerebro", razona el investigador.

(Fuente: BBC Mundo)

miércoles, 21 de agosto de 2024

Nuestro cerebro tiene su propia "copia de seguridad" de cada recuerdo: ya se conoce cómo las crea

El "almacenamiento" de los recuerdos nos ayuda a aprender tomando como punto de partida nuestras experiencias. Las "copias" de un recuerdo se conservan durante diferentes periodos, porque no todas permanecen de forma indefinida.


(Foto: Anna Shvets).

Durante las últimas décadas los científicos que desarrollan su actividad de investigación en el ámbito de la neurociencia han aprendido muchísimo. Y, aun así, en gran medida nuestro cerebro sigue siendo un misterio. Y lo es debido a que su complejidad es extraordinaria. No obstante, esta dificultad no representa un obstáculo a la hora de seguir esforzándose e investigando.

El científico Flavio Donato y su equipo de investigadores de la Universidad de Basilea (Suiza) no se han dejado amedrentar por la complejidad natural de nuestro cerebro, y su esfuerzo ya está dando fruto. En el artículo que estos científicos han publicado en la prestigiosa revista Science explican con bastante detalle un mecanismo del cerebro que hasta ahora los neurocientíficos no conocían bien. Y, curiosamente, es un comportamiento que recuerda lejanamente al de la estrategia que utilizamos los seres humanos para evitar que nuestros ordenadores pierdan nuestra información más valiosa.

Nuestro cerebro se asegura de mantener a buen recaudo nuestros recuerdos

El cerebro humano tiene una capacidad de aprendizaje y una plasticidad enormes. El almacenamiento de los recuerdos es uno de los mecanismos que nos ayudan a aprender tomando como punto de partida las experiencias que hemos vivido en el pasado. Y ese aprendizaje es crucial porque nos permite adaptarnos y responder a algunos de los desafíos y las experiencias que tendremos que afrontar en el futuro. Hasta ahora los neurocientíficos desconocían cómo resuelve el cerebro humano la dinámica de los recuerdos, pero ya tenemos algunas respuestas.

El profesor Donato y su equipo han descubierto que nuestro cerebro procesa cada recuerdo vinculado a una experiencia específica con el propósito de almacenarlo en múltiples copias simultáneamente. Esto significa, sencillamente, que un recuerdo no deja una única impronta en nuestra estructura cerebral, de ahí que no resulte descabellado comparar este mecanismo con la creación de las copias de seguridad que utilizamos para salvaguardar la información más relevante que almacenamos en nuestras computadoras o móviles.

Además, estos científicos han concluido que las copias de un recuerdo en particular se conservan durante diferentes periodos de tiempo, por lo que no todas ellas permanecen de forma indefinida. De hecho, puede que en algunos casos ninguna de ellas perdure. No obstante, esto no es todo lo que han averiguado. También han confirmado que algunas copias pueden ser modificadas en cierta medida con el paso del tiempo. Lo curioso es que toda esta actividad se lleva a cabo en el hipocampo, que es la región del cerebro que se responsabiliza del aprendizaje a partir de la experiencia.

Curiosamente, cada experiencia se almacena al menos en tres grupos distintos de neuronas que se forman durante diferentes etapas del desarrollo embrionario. De hecho, las neuronas que se forman en primer lugar son las responsables del almacenamiento de los recuerdos que se preservan a largo plazo. Las neuronas que se forman más tarde tienen una capacidad de retención de los recuerdos muy fuerte al principio, pero se desvanecen con el tiempo. Y, por último, los recuerdos que se almacenan durante poco tiempo en las neuronas formadas en las últimas fases del desarrollo embrionario pueden ser modificados y reescritos con facilidad.

"El desafío al que se enfrenta nuestro cerebro en lo que concierne a la memoria es impresionante. Por un lado debe recordar lo que hemos experimentado en el pasado para ayudarnos a comprender el mundo en el que vivimos. Pero, además, necesita adaptarse a los cambios que se producen a nuestro alrededor para ayudarnos a tomar las decisiones adecuadas para garantizar nuestra supervivencia", nos explica el profesor Donato, y es apasionante. No cabe duda de que en el ámbito de la neurociencia a los científicos aún les queda muchísimo trabajo por hacer, pero gracias a descubrimientos como el de estos investigadores podemos otear el futuro con un optimismo muy saludable.

(Fuente: Xataka)

miércoles, 10 de julio de 2024

¿Qué le pasa a nuestro cerebro cuando rezamos o meditamos?

Al célebre escritor británico C.S. Lewis, famoso por haber creado el universo literario de Narnia, se le atribuye una frase que describe muy bien lo que para muchos significa la oración.

Oro porque no puedo evitarlo, oro porque estoy desconsolado, oro porque la necesidad de hacerlo fluye de mí todo el tiempo, despierto o dormido. Orar no cambia a Dios. Me cambia a mí", dijo el autor en alguna ocasión.

Veamos que dicen los expertos para tratar de entender lo que ocurre en el cerebro de las personas que rezan y saber si ese mecanismo está necesariamente relacionado con las creencias religiosas, o si tal vez podría estar presente en aquellos que meditan o aquellos que llevan una vida creativa.


Cuando entramos en oración, el lóbulo frontal se enciende. Pero en la oración profunda, la actividad del lóbulo frontal disminuye nuevamente.

El neurocientífico Andrew Newberg, director de investigaciones del Instituto Marcus de Medicina Integral de la Universidad Thomas Jefferson, en EE.UU., se ha dedicado a estudiar los efectos de la oración y otras prácticas religiosas en el bienestar mental de sus pacientes. A través de resonancias magnéticas, su equipo ha sido capaz de ver las áreas del cerebro que se activan en una persona que está en rezando.

"Una manera común de rezar es cuando una persona repite una oración específica una y otra vez como parte de su práctica. Y cuando uno lleva a cabo una acción así, una de las áreas del cerebro que se activa es el lóbulo frontal", le explicó el experto.

Esto no es de extrañar, ya que el lóbulo frontal del cerebro es el que tiende a activarse cuando nos concentramos profundamente en una actividad. Lo que le sorprende a Newberg es lo que ocurre cuando las personas entran en lo que sienten como "oración profunda".

"Cuando la persona siente que la oración se está casi apoderando de ella, por decirlo de alguna manera, la actividad del lóbulo frontal de hecho desciende. Esto ocurre cuando el individuo reporta sentir que no son ellos los que están generando la experiencia sino que es una experiencia foránea que les está ocurriendo", dijo el investigador.

La oración profunda, según ha encontrado Newberg, también genera una reducción en la actividad en el lóbulo parietal, más hacia la parte trasera del cerebro. Esta área recibe la información sensorial del cuerpo y nos crea una representación visual de él.

Newberg dice que una reducción de actividad en el lóbulo parietal podría explicar los sentimientos de trascendencia que reportan aquellos que oran profundamente: "A medida que la actividad en esta área disminuye, perdemos el sentido del ser individual y nos llega esa sensación de unidad, de conexión".

¿Tema de fé?


Para muchos, orar los hace sentir que son parte de algo más allá que ellos mismos, algo que también sienten las personas que meditan.

¿Podrían prácticas similares a la oración, pero sin ningún fundamento religioso, producir los mismos efectos que sienten aquellos con creencias profundas?

Para Tessa Watt, una experta en prácticas de meditación y atención plena ("mindfulness", en inglés) que ha trabajado con cientos de clientes, se puede alcanzar ese estado enfocando la atención en el presente y en las sensaciones que experimentamos.

"Creo que tanto la oración como el mindfulness ayudan a tranquilizar a una persona, para que tenga más tiempo para sí misma y, además, active el sistema nervioso parasimpático", explica Watt. El sistema nervioso está compuesto de dos sistemas autónomos distintos que son los que controlan la mayoría de las respuestas automáticas del cuerpo.

Por un lado, el sistema simpático regula lo que se conoce como respuestas de "lucha o huida", aquellas que requieren reacciones rápidas del cuerpo ante una amenaza. Por otro lado, las labores relacionadas con “el descanso y la digestión” del cuerpo están a cargo del sistema parasimpático.

"Esto quiere decir que practicando mindfulness aprendes a calmar la respuesta de lucha o huida, haciéndote más eficiente a la hora de controlar tus emociones", dice Watt.

Relación con Dios


Algunos expertos afirman que la relación con nuestros cuidadores puede tener un efecto en como vemos otras relaciones, incluida aquella que tengamos (o no) con un dios.

Para algunas personas que crecen en ambientes marcadamente religiosos, la relación con un dios puede reflejar las relaciones afectivas que tenemos con otras personas, dijo el investigador Blake Victor Kent, un sociólogo del Westmont College de California.

"La oración puede ser beneficiosa pero hay que tener en cuenta diferentes factores, particularmente cómo nos conectamos con Dios de manera emocional". Blake era pastor, y ahora se dedica a estudiar el impacto que la religión tiene sobre la vida de las personas. "Si venimos de un ambiente en el que tenemos dificultades para confiar en los demás, orar seguro nos va a resultar más difícil".

Para poder entender lo que dice de Blake, hay que hablar sobre la teoría del apego en la psicología: es la idea de que la relación que los seres humanos tienen con sus cuidadores tempranos define el tipo de relaciones que tienen en el futuro.

La teoría dice que si de niños tuvimos un cuidador presente y confiable, seguramente formaremos vínculos "seguros" de adulto, mientras que si tuvimos un cuidador inconsistente como Blake, nos será difícil desarrollar la confianza cuando crezcamos . La confianza, por supuesto, es fundamental para el desarrollo de la fe. Esto puede hacer que para algunos, generar una relación íntima con Dios sea muy difícil y que, si viven en un ambiente muy religioso, puedan sentirse culpables por no poder desarrollarla.

"Para mí", dice Blake, "orar se siente vacío, arriesgado, incierto". Blake se autodefine como una persona con apego ansioso y que sufrió mucho durante su carrera de pastor por sentir que había algo que no estaba haciendo bien cuando oraba.

"Y creo que a muchas personas en congregaciones religiosas les ocurre lo mismo y les hace sentir que están haciendo algo mal o que Dios está molesto con ellas", cuando oran y ven que no obtienen los mismos resultados que los demás a su alrededor.

Si bien tener una relación de apego inseguro a Dios podría ser nocivo, Blake dice que entender de dónde viene esa inseguridad puede ayudar. Además, los apegos se pueden modificar a través de la psicoterapia, algo que puede resultar beneficioso para la salud mental en general.

La creación


Algunos estudios muestran que la improvisación musical también disminuye la actividad en el lóbulo frontal del cerebro.

Newberg dijo que sus investigaciones revelan que hay otro tipo de momentos en los que las imágenes del cerebro, en las resonancias magnéticas, son increíblemente parecidas a las de la oración profunda.

"Ha habido estudios muy interesantes de músicos muy bien entrenados que, cuando empiezan a improvisar, frenan la actividad de sus lóbulos frontales, y es casi como si la música les llegara de la misma manera en la que ciertas personas sienten que les llega Dios", dijo el científico.

"La creatividad puede ser una práctica profundamente espiritual para muchas personas, sin importar que tengan una vida religiosa o no. Y creo que sí están relacionadas, porque el cerebro no tiene un área designada solo para la religión", agrega.

Newberg explica que los centros emocionales de nuestro cerebro se estimulan a través de experiencias trascendentales, ya sea hablar con Dios o escuchar la Novena Sinfonía de Beethoven.

"Y claro, con las prácticas religiosas y espirituales está más que comprobado que funcionan, si consideramos la enorme cantidad de tiempo que los humanos llevamos usándolas y cómo persisten más allá de los cambios políticos o de tradiciones culturales".

(Fuente: BBC News)

lunes, 8 de julio de 2024

Deja vú: la perturbadora sensación de vivir lo ya vivido

Hay diversas teorías filosóficas y psicológicas que han buscado las razones de este fenómeno de la mente y por qué se lo experimenta, aunque ninguna hasta ahora es concluyente.


(Imagen: Shutterstock).

El déjà vu es un fenómeno psicológico que consiste en la sensación de haber vivido antes una situación nueva, pero que en realidad nunca ocurrió. Hay varias teorías científicas y filosóficas que intentan explicar sus causas, pero ninguna es definitiva. El filósofo francés Emile Boirac fue uno de los primeros en estudiar este extraño fenómeno y quien le dio el nombre en 1876.

A veces se lo confunde con ciertos fenómenos precognitivos, en los que alguien cree que puede anticipar lo que va a pasar más tarde y, eventualmente, acierta. Pero una diferencia clave de este fenómeno es que el déjà vu se siente durante un evento, no antes. Las experiencias precognitivas, en cambio, si son verdaderas, revelan cosas que ocurrirán en el futuro, no algo que ya hayamos vivido. Se estima que el déjà vu sucede de vez en cuando en el 60% a 80% de las personas.

Es una vivencia que casi siempre es efímera, que surge sin aviso previo y se da al azar. La mayoría de expertos sostienen que este fenómeno es una experiencia basada en la memoria, por lo que los centros de memoria del cerebro serían en realidad los causantes de ello.

Sin duda, este tipo de planteamientos paracientíficos mantienen el interés vivo entre investigadores y psicólogos, a la vez que se intenta hallar un sentido a estas vivencias. Algunos ven los déjà vu como simples engaños de la mente, un producto habitual de las limitaciones de la memoria. No obstante, otros indagan la posibilidad de un por qué más profundo, algún significado más espiritual.


(Imagen: Shutterstock).

Sin embargo, no hay evidencia científica que respalde esa idea, por lo que las posibles interpretaciones místicas de los déjà vu quedan relegadas para la ficción. A nivel clínico, y a pesar de que los déjà vu no son indicio de nada grave- como enfermedades mentales-, sí existen algunos factores que están relacionados con la aparición de déjà vu, como por ejemplo la ansiedad, el agotamiento o el estrés. Se dice que esto ocurre porque la fatiga puede afectar tanto a la memoria a corto plazo como a largo plazo.

El pensador del siglo XIX Gaston Bachelard, al que le fascinaba estudiar la "psicología de la imaginación", sostenía que los déjà vu eran el reflejo de cómo nuestras mentes crean un sentido de continuidad ante nuevas vivencias, por lo que recurren a memorias pasadas para comprender el presente.

También hay varias teorías vinculadas a las neurociencias, que procuran explicar este fenómeno. Una de las más destacadas es la de Alan Brown, psicólogo de la Southern Methodist University y autor del libro "The Déjà Vu Experience", y de un documento en el que explicó su teoría. Este autor muestra una clasificación de las diversas explicaciones científicas en relación al déjà vu, y describió de la siguiente forma las posibles explicaciones de este fenómeno:

Doble procesamiento: la idea principal de esta posible explicación es la afirmación de déjà vu como consecuencia de dos procesos cognitivos paralelos sincronizados que se desincronizan momentáneamente.

Esta desincronización puede que se deba a la falta de un proceso cuando el otro se activa o a que el cerebro esté registrando la información y recordándola al mismo tiempo, es decir que se estén uniendo dos vías relacionadas que normalmente están separadas.

El hecho de estar viendo una imagen y a la vez estar rememorándola nos da una sensación de haber experimentado anteriormente esa situación, hecho que en general, nos provoca cierta desazón y hasta angustia.

Causas neurológicas: ll déjà vu puede ser causado por una breve disfunción / interrupción en un circuito de la corteza temporal, implicado en la experiencia de recordar situaciones vividas. Este hecho provoca un "falso recuerdo" de la situación.

Esta teoría se apoya en el estudio de enfermos de epilepsia de la corteza temporal, los cuales suelen sentir con frecuencia déjà vu justo antes de sufrir uno de sus ataques.

Mediante la medición de descargas neuronales en el cerebro de estos pacientes, los científicos han sido capaces de identificar las regiones del cerebro donde se originan las señales de déjà vu y de cómo estimulando esas mismas regiones es posible generar esa sensación.

Mnésica: lo define como una vivencia generada por las semejanzas y superposiciones entre experiencias pasadas y presentes. La psicóloga Anne M. Cleary, de la Universidad Estatal de Colorado, investigadora de las bases neurales subyacentes al déjà vu, planteó en un trabajo publicado por primera vez en 2018, que este fenómeno es un mecanismo metacognitivo normal que se produce cuando una experiencia pasada tiene un parecido con la presente y, consecuentemente, nos hace pensar que ya hemos estado allí.

A través de diversos estudios e investigaciones ha mostrado que la mente guarda trozos de información, es decir, no almacena la información completa y que, por lo tanto, cuando vemos, por ejemplo, una calle que se parece a otra o que tiene elementos iguales o parecidos, nos puede surgir esta sensación.

Doble percepción o atencional: esta teoría plantea que el fenómeno es causado como resultado de una distracción momentánea del cerebro justo después de que se haya capturado parte de la escena, una suerte de "recuerdo no explícito". Cuando esta atención es recuperada -en fracciones de segundo- y realiza una captura completa, atribuimos a esa escena un fuerte sentido de familiaridad sin ser conscientes de su origen, dando una sensación de "falso recuerdo", pues había sido registrada implícita e inconscientemente.


(Imagen: Shutterstock).

Otras posibles causas


En ocasiones el déjà vu se ha asociado con algunas enfermedades, como el caso de la epilepsia, como se mencionó antes, con la esquizofrenia y también el Alzheimer.

Cuando las personas envejecen o progresan los procesos degenerativos como el Alzheimer, se vuelve más difícil formar recuerdos únicos para lugares o experiencias parecidas. De esta forma es muy posible desembocar en la confusión del déjà vu que angustia a muchos adultos mayores y a quienes los cuidan.

Así, el déjà vu o paramnesia es, por lo tanto, un problema de memoria que ocurre en el cerebro y con el transcurso de los años este error sucede con más frecuencia. Por eso en las personas con la enfermedad del Alzheimer suele ser común.

También el físico teórico estadounidense Michio Kaku, especialista de la teoría de campo de cuerdas, dijo que el déjà vu podría ser, en realidad, el recuerdo de alguna vivencia en otra dimensión. Su hipótesis es que este fenómeno podría ser causado por la capacidad del cerebro de pasear entre varios universos paralelos.

Kaku pone el ejemplo de la radio, propuesto por Steve Weinberg, el físico estadounidense ganador del Premio Nobel en 1979. Cómo todas las frecuencias se encuentran vibrando al mismo tiempo en todos lados, habría que encontrar esa vibración única -al vez la buscada por los monjes zen- que nos haga ser junto con todas las demás cosas, ser todas las cosas, poder dejar de ser uno y comenzar a ser todo.

(Fuente: Infobae)

martes, 28 de mayo de 2024

¿Se puede realmente tener "memoria fotográfica"? ¿O será "memoria eidética"?

Todos tenemos un amigo o familiar que afirma tener memoria fotográfica. Los hemos visto leer un texto una sola vez y poder repetirlo con asombrosa precisión tiempo después. O personas que nos recuerdan pasajes de nuestra infancia con tal claridad que es como ver una foto vieja, que poco a poco va adquiriendo nuevo brillo en sus colores y mayor nitidez ante nuestros ojos.


¿Memoria fotográfica o eidética?

Hay que comenzar por un debate inicial. ¿Es memoria fotográfica o eidética? La palabra "eidético" viene del griego "eidos" (forma) y no debe confundirse el término con memoria fotográfica, por cuanto el cerebro no funciona como una cámara y las imágenes eidéticas no son realmente como fotografías.

Si a quienes tienen memoria eidética se les muestra brevemente una imagen que no hayan visto previamente, afirman que luego pueden "ver" una imagen mental y recuerdan detalles sumamente específicos, como el número de las ventanas en una calle o de pétalos en una flor. Además, sus ojos se mueven como si estuvieran escaneando la imagen o escena que ven.

Se puede esperar que una persona que afirme ver una foto después que no la tiene enfrente, pueda recordar perfectamente la foto original. Sin embargo, la precisión de muchas imágenes eidéticas está lejos de ser perfecta.

Cuando se habla de memoria fotográfica, usualmente se alude a casos donde la persona puede conservar en su memoria escenas por mucho más tiempo, incluso hechos provenientes de otros momentos de su vida.

Se ha observado que los niños son capaces de recordar con mucha más precisión que los adultos, por lo que se piensa que a medida que crecemos perdemos la capacidad de tener memoria fotográfica y de recordar todo.

Ciertos estudios sostienen que entre el 2 y el 10% de los niños a temprana edad experimenta este tipo de memoria, pero se desvanece a los 6 años, edad en la que comienzan a aprender otros métodos para procesar la información.

La mayoría de las investigaciones demuestran que los adultos no poseen la habilidad de construir imágenes eidéticas. Al parecer, esto se debe a que en edad adulta las personas tienden a codificar lo que observan visual y verbalmente, lo cual dificulta la formación de una imagen eidética.

¿Cómo saber si tenemos memoria eidética?

Existe algo llamado Método de Extracción de Fotos para determinar si existe memoria eidética, y consiste en presentarle a una persona una foto desconocida sobre un caballete para que la observe cuidadosamente durante 30 segundos. Cumplido ese período, se retira la foto y se le pide que describa lo que observó: las personas que afirman tener memoria eidética dicen poder ver la imagen, y pueden analizarla como si en verdad estuviese puesta sobre el caballete.

Hay casos famosos en los que este don puede ser inesperado, traumático, o acarrear hasta -sí, increíblemente- problemas legales. Es el caso de Kaavya Viswanathan, autora de un libro por el cual fue acusada de plagiar 29 pasajes provenientes de otro libro escrito por Megan McCafferty.

Viswanathan reprodujo los pasajes de manera inconsciente e involuntaria, gracias a su memoria fotográfica. Ella almacenó esa información en su memoria y, al parecer, la hizo "suya" con el transcurrir de los años.

Lo mismo parece haberle ocurrido al ex Beatle George Harrison, quien siempre afirmó que nunca quiso copiarse la melodía de "He's so fine", un gran éxito del grupo estadounidense The Chiffons en 1963, cuando compuso su también exitosa canción "My Sweet Lord": simplemente olvidó que había escuchado esa canción con anterioridad.

Buena memoria


Aunque no hay estadísticas que confirmen la existencia de la memoria fotográfica, sí hay personas con buena memoria.

Se dice que Kim Peek, quien sirvió de referencia para el personaje interpretado por Dustin Hoffman en la película "Rain Man", memorizó cada página de los más de 12.000 libros que había leído. Peek dice que le toma entre 9 y 12 segundos leer una página y que cada uno de sus ojos lee una página independientemente. No obstante, nunca se han realizado pruebas rigurosas sobre la habilidad de Peek.

También está el caso de Stephen Wiltshire, quien ha sido llamado "la cámara humana" por su habilidad para crear bosquejos de escenas vistas durante unos segundos. Pero incluso en este caso no puede hablarse de una memoria fotográfica. Su mente no funciona como una fotocopiadora: se toma libertades al momento de recordar lo que vio.

Al parecer, hacen falta más estudios que permitan concluir en la existencia de estos tipos de memoria. Los investigadores están haciendo esfuerzos y es probable que pronto se produzcan nuevos hallazgos al respecto.

(Fuente: BBC Mundo / Universidad de Valencia / Wikipedia)

lunes, 20 de mayo de 2024

Cómo el lenguaje influye en la forma en la que percibimos el tiempo y el espacio

Si nos pidieran que caminaramos en diagonal por un campo abierto, ¿sabríamos qué hacer? O si nos ofrecieran cierta cantidad de dinero hoy o el doble de esa cantidad en un mes, ¿estaríamos dispuestos a esperar? ¿Cómo ordenaríamos 10 fotos de nuestros padres si nos pidieran que las clasificaramos en orden cronológico? ¿Las colocaríamos en forma horizontal o en vertical? ¿En qué dirección se movería la línea de tiempo?


(Imagen: Getty Images).


Estas preguntas pueden parecer simples pero, sorprendentemente, es probable que nuestras respuestas estén influenciadas por el idioma o los idiomas que hablamos. Se ha explorado los muchos factores internos y externos que influyen y manipulan la forma en que pensamos, desde la genética hasta la tecnología digital y la publicidad. Y parece que el lenguaje puede tener un efecto fascinante en la forma en que pensamos sobre el tiempo y el espacio.

La relación entre el lenguaje y nuestra percepción de estas dos importantes dimensiones está en el centro de una pregunta largamente debatida: ¿el pensamiento es algo universal e independiente del lenguaje, o nuestros pensamientos están determinados por él?

Pocos investigadores hoy en día creen que nuestros pensamientos están completamente moldeados por el lenguaje; después de todo, sabemos que los bebés y los niños pequeños piensan antes de hablar. Pero un número creciente de expertos cree que el idioma puede influir en la forma en que pensamos, al igual que nuestros pensamientos y nuestra cultura pueden dar forma a cómo se desarrolla el idioma.

Por ejemplo, sabemos que las personas recuerdan las cosas a las que prestan más atención. Y los diferentes lenguajes nos obligan a prestar atención a una variedad de cosas diferentes, ya sea género, movimiento o color.

Lingüistas, neurocientíficos, psicólogos y otros especialistas han pasado décadas tratando de descubrir las formas en las que el lenguaje influye en nuestros pensamientos, a menudo centrándose en conceptos abstractos como el espacio y el tiempo, métricas ambas abiertas a la interpretación. Pero obtener resultados científicos no es fácil.

Si sólo comparamos el pensamiento y el comportamiento de las personas que hablan diferentes idiomas, es difícil estar seguro de que las diferencias no se deban a la cultura, la personalidad o algo completamente distinto. El papel central que juega el lenguaje en la expresión de nosotros mismos también hace que sea difícil separarlo de estas otras influencias.

Sin embargo, hay maneras de evitar este enigma. Sabemos que las personas a menudo usan metáforas para pensar en conceptos abstractos, por ejemplo, un "precio alto", "mucho tiempo" o "misterio profundo". De esta manera, no está comparando personas de diferentes culturas, lo que puede influir en los resultados.

En cambio, nos estamos enfocando en cómo cambia el pensamiento en las mismas personas de la misma cultura mientras hablan de dos maneras diferentes. Por lo tanto, cualquier diferencia cultural se elimina de la ecuación.

Izquierda, derecha, arriba, abajo

Los anglo e hispanoparlantes, por ejemplo, suelen ver el tiempo como una línea horizontal. También tienden a ver el tiempo viajando de izquierda a derecha, muy probablemente en línea con la forma en que estamos leyendo el texto en esta página o la forma en que se escriben la enorme mayoría de los idiomas occidentales.

Los hablantes de hebreo, sin embargo, que leen y escriben de derecha a izquierda, imaginan que el tiempo sigue el mismo camino que su texto. Si le pedimos a un hablante de hebreo que coloque fotos en una línea de tiempo, lo más probable es que comiencen desde la derecha con las imágenes más antiguas y luego ubiquen las más recientes a la izquierda.

Mientras tanto, los hablantes de mandarín a menudo imaginan el tiempo como una línea vertical, donde arriba representan el pasado y abajo el futuro. Por ejemplo, usan la palabra xia ("abajo") cuando hablan de eventos futuros, de modo que "la semana que viene" se convierte literalmente en "semana baja".

Al igual que con el inglés y el hebreo, esto también está en línea con la forma en que tradicionalmente se escribía y leía el mandarín, con líneas verticales, desde la parte superior de la página hasta la parte inferior. Esta asociación entre la forma en que leemos el lenguaje y organizamos el tiempo en nuestra mente también afecta nuestra cognición cuando tratamos con el tiempo.


(Imagen: Getty Images).

Los hablantes de diferentes idiomas procesan la información temporal más rápido si está organizada de manera que coincida con su idioma.

Un experimento, por ejemplo, mostró que los ingleses monolingües eran más rápidos para determinar si una imagen era del pasado o del futuro (representado por imágenes al estilo de ciencia ficción) si el botón que tenían que presionar para el pasado estaba a la izquierda del botón para el futuro que si estuvieran colocados al revés. Sin embargo, si los botones se colocaron uno encima o uno debajo del otro, no hubo diferencia.

Los hablantes bilingües de mandarín e inglés también mostraron una preferencia por el mapeo mental del tiempo de izquierda a derecha sobre el mapeo mental de derecha a izquierda. Pero sorprendentemente, este grupo también reaccionó más rápido a las imágenes orientadas al futuro si el botón de futuro estaba ubicado debajo del botón de pasado, en línea con el mandarín.

De hecho, esto también sugiere que los bilingües pueden tener dos puntos de vista diferentes sobre la dirección del tiempo, especialmente si aprenden ambos idiomas desde una edad temprana.

Sin embargo, no somos necesariamente prisioneros de pensar de determinada manera. Ha quedado demostrado que se puede revertir rápidamente la representación mental del tiempo de las personas entrenándolas para leer texto invertido, que va en la dirección opuesta a la que están acostumbrados.

Entonces reaccionan más rápido a las declaraciones que son consistentes con el tiempo yendo en dirección opuesta a lo que están acostumbrados.

¿Cómo vemos el pasado y el futuro?

Pero las cosas se ponen mucho más interesantes. En los idiomas occidentales, normalmente vemos el pasado como algo que quedó atrás y el futuro frente a nosotros. En sueco, por ejemplo, la palabra para futuro (framtid), significa literalmente "tiempo de frente".

Pero en aymara, hablado por los aymaras que viven en los Andes de Bolivia, Chile, Perú y Argentina, la palabra futuro significa "atrás del tiempo". Ellos razonan que, debido a que no podemos ver el futuro, debe estar detrás nuestro. De hecho, cuando los aymaras hablan del futuro tienden a hacer gestos hacia atrás, mientras que las personas que hablan español, por ejemplo, que ven el futuro por delante, hacen gestos hacia adelante.


(Imagen: Getty Images).

De manera similar, al igual que los aymaras, los hablantes de mandarín también imaginan que el futuro está detrás de ellos y el pasado por delante, llamando al anteayer "front day" y al pasado mañana "back day". Los que hablan tanto mandarín como inglés tienden a alternar entre una concepción del futuro hacia adelante y hacia atrás, a veces en formas que pueden chocar entre sí.

Tiempo y espacio

La gente tiende a usar metáforas espaciales para hablar de duración. Por ejemplo, en inglés, francés, alemán o los idiomas escandinavos, una reunión puede ser "larga" y unas vacaciones "cortas". Quedó demostrado que estas metáforas son más que formas de hablar: la gente conceptualiza "lapsos" como si fueran líneas en el espacio.

En principio se creyó que esto era universalmente cierto para todas las personas, independientemente de los idiomas que hablaran. Pero los griegos tienden a ver el tiempo como una entidad tridimensional, como una botella, que puede llenarse o vaciarse. Una reunión, por tanto, no es "larga" sino "grande" o "mucha", mientras que un descanso no es "breve" sino "pequeño".

Estas peculiaridades del lenguaje son fascinantes, pero ¿cuánto impacto tienen realmente en nuestro pensamiento? Cuando imaginamos el tiempo en una línea, cada punto está fijo para que dos puntos de tiempo no puedan intercambiarse: hay una flecha estricta. Pero en un contenedor, los puntos de tiempo flotan y son potencialmente capaces de intercambiar lugares.

El tiempo es un problema


Daniel Casasanto, psicólogo cognitivo de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, nos dice: "Durante mucho tiempo me he preguntado si nuestra física del tiempo podría estar moldeada por el hecho de que los hablantes de inglés, alemán y francés fueron fundamentales en su creación"

Curiosamente, el tiempo es un problema cada vez más complicado en la física, que se interpone en el camino de unir sus diferentes ramas. Los físicos imaginaron durante mucho tiempo que el tiempo tenía una flecha y que avanzaba de forma fiable desde el pasado hacia el futuro, pero las teorías modernas son más complicadas.

En la Teoría General de la Relatividad de Einstein, por ejemplo, el tiempo no parece fluir en absoluto en la mayor escala del universo, lo cual es una idea extraña incluso para los físicos. En cambio, el pasado, el presente y el futuro parecen existir simultáneamente, como si fueran puntos nadando en una botella. Entonces, tal vez el tiempo como metáfora de la línea ha sido, y sigue siendo, un freno a la física.

"Ese sería un efecto bastante notable del lenguaje sobre el pensamiento", dice Casasanto.


(Imagen: Getty Images).

Los idiomas también codifican el tiempo en su gramática. En inglés, por ejemplo, el futuro es uno de los tres tiempos simples, junto con el pasado y el presente: decimos "llovió", "llueve" y "lloverá".

Pero en alemán, podemos decir "morgen regent", que significa "mañana llueve". No es necesario construir el futuro en la gramática. Lo mismo ocurre con muchos otros idiomas, incluido el mandarín, donde las circunstancias externas a menudo indican que algo está ocurriendo en el futuro, como: "Me voy de vacaciones el próximo mes".

Pero, ¿afecta esto a nuestra forma de pensar? En 2013, Keith Chen, economista conductual de la Universidad de California en Los Ángeles, Estados Unidos, se propuso probar si las personas que hablan idiomas que "no tienen futuro" podrían sentirse más cerca del futuro que quienes hablan otros idiomas.

Por ejemplo, el alemán, el chino, el japonés, el holandés y los idiomas escandinavos no tienen barreras lingüísticas entre el presente y el futuro. Mientras que los "idiomas del futuro", como el inglés, el francés, el italiano, el español y el griego, animan a los hablantes a ver el futuro como algo separado del presente.

Descubrió que los hablantes de "idiomas sin futuro" tenían más probabilidades de participar en actividades centradas en el futuro. Por ejemplo, tenían un 31% más de probabilidades de haber ahorrado dinero en un año determinado y habían acumulado un 39% más de riqueza al jubilarse.

También tenían un 24% menos de probabilidades de fumar, un 29% más de probabilidades de ser físicamente activos y un 13% menos de probabilidades de ser médicamente obesos.

Este resultado se mantuvo incluso cuando se controlaron factores como el estatus socioeconómico y la religión. De hecho, los países de la OCDE (el grupo de naciones industrializadas) con "lenguas sin futuro" ahorran en promedio un 5% más de su PIB por año.

Esta correlación puede sonar como una casualidad, con razones históricas y políticas complejas que quizás sean los verdaderos impulsores. Pero Chen ha investigado desde entonces si variables como la cultura o cómo se relacionan los idiomas podrían estar influyendo en los resultados.

Cuando tuvo en cuenta estos factores, la correlación fue más débil, pero se mantuvo en la mayoría de los casos. "La hipótesis aún me parece sorprendentemente sólida", argumenta Chen.

Orientación en el espacio

Pero los efectos del lenguaje pueden extenderse aún más a nuestro mundo físico, influyendo en cómo nos orientamos en el espacio. Diferentes lenguajes pueden obligarnos a pensar en términos de "marcos de referencia" específicos.

Los aborígenes kuuk thaayorre de Australia, por ejemplo, utilizan los puntos cardinales (norte, sur, este, oeste) para hablar incluso de cosas mundanas, como "la taza está en tu suroeste".

Esto se denomina marco de referencia "absoluto": las coordenadas proporcionadas son independientes del punto de vista del observador o de la ubicación de los objetos de referencia.

Pero muchos idiomas, incluido el inglés, usan términos bastante torpes para la orientación espacial, como "junto a", "a la izquierda de", "detrás" o "arriba". Como si eso no fuera suficiente, también tenemos que calcular en qué marco de referencia se aplican.

Si alguien nos dice que recojamos las llaves a la derecha de una computadora, ¿se refiere a las del lado derecho de la computadora o a la derecha de la computadora desde nuestra perspectiva cuando estamos frente a ella?

El primero se denomina marco de referencia "intrínseco" (que tiene dos puntos de referencia: computadora y llaves) y el segundo, marco de referencia "relativo" (hay tres puntos de referencia: computadora, llaves y observador). Y esto puede dar forma a cómo pensamos y nos movemos en el espacio.

Cada vez es más claro que el lenguaje está influyendo en cómo pensamos sobre el mundo que nos rodea y nuestro paso por él. Los hablantes de algunos idiomas también se centran más en las acciones que en el contexto más amplio.

Al mirar videos que involucran movimiento, los hablantes de inglés, español, árabe y ruso tendían a describir lo que sucedió en términos de acción, como "un hombre caminando". Los hablantes de alemán, afrikaans y sueco, por otro lado, se centraron en la imagen holística, incluido el punto final, y lo describieron como "un hombre que camina hacia un automóvil".

A medida que crece esta investigación, se vuelve cada vez más claro que el lenguaje influye en cómo pensamos sobre el mundo que nos rodea y nuestro paso por él. Lo que no quiere decir que un idioma sea "mejor" que otro.: cada lenguaje desarrollará lo que sus usuarios necesitan.

Pero ser consciente de cómo difieren los idiomas puede ayudarlo a pensar, navegar y comunicarse mejor. Y aunque ser multilingüe no necesariamente nos convertirá en genios, todos podemos obtener una nueva perspectiva y una comprensión más flexible del mundo al aprender un nuevo idioma.

(Fuente: BBC Mundo)

lunes, 15 de abril de 2024

De lo conspirativo a lo científico: ¿qué es el "efecto Mandela"?

En la música, en el cine, en la televisión y en la cultura popular. En todos estos ámbitos se puede dar el llamado efecto Mandela, un fenómeno que sucede cuando un grupo de personas da por hecho algo que jamás ha sucedido. Esto no tiene una explicación concluyente, pero se piensa que sucede debido a que la memoria se forma, en parte, con conocimientos personales y no con experiencias.


Si nos piden describir a Mickey Mouse, seguramente incluiríamos que lleva tiradores en su ropa, mientras que si hablamos del mono Jorge el Curioso, no dudaríamos en afirmar que tiene cola. Bueno, resulta que ninguno de los personajes tienen estos elementos, por lo que en esos casos, somos víctima del llamado efecto Mandela.

¿Qué es el efecto Mandela?


Se trata de un efecto psicológico que sucede cuando un grupo numeroso de personas tiene un recuerdo, una idea o una imagen que los confunde, ya que nunca sucedió, a pesar de lo que ellos puedan creer.

El nombre de este fenómeno fue acuñado por primera vez en Internet en el 2009 por la bloguera Fiona Broome, quien notó que ella y un gran grupo de personas recuerdan la muerte en prisión de Nelson Mandela en 1980. Sin embargo, el líder sudafricano y Premio Nobel de la paz no murió en la cárcel: en realidad fue liberado y elegido presidente de su país. Murió recién en 2013.

Broone escribió sobre esto en su página web, por lo que desde en adelante se comenzó a llamar efecto Mandela al fenómeno en el que dos o más individuos (normalmente un colectivo numeroso) comparte un recuerdo que no tiene una base real, es decir, que jamás ocurrió.

Ejemplos de efecto Mandela

Eventos históricos, dibujos animados y películas, todos son ejemplos de efecto Mandela en la sociedad actual. Uno de ellos, sucede en episodio V de Star Wars. "No, yo soy tu padre", es la frase que dice Darth Vader, y no "Luke, yo soy tu padre", como millones de personas sostiene comúnmente.


Otra conocida escena que muchos recuerdan de una forma, pero que no corresponde a la realidad, es la de Tom Cruise en la película Risky Business. Popularmente se lo imita en esta parte de la película con camisa blanca y lentes oscuros pero, sin embargo, el protagonista no usa lentes y su camisa es color rosa.


Tampoco se salvan de esto los dibujos animados. Además de los ejemplos mencionados de Mickey Mouse y Jorge el Curioso, Pikachu y los Looney Tunes también son parte del efecto Mandela. El personaje de Pokémon no tiene una línea negra en su cola como algunos piensan, y tampoco la legendaria serie animada se llama "Looney Toons", como muchos sostienen.



Otros ejemplos en la historia y cultura popular

Uno de los efectos Mandela más comentados en Internet involucra al personaje del juego de mesa Monopoly. El logotipo representa a un hombre de bigotes, vestido con frac, aparentemente adinerado. Si bien mucha gente lo recuerda con un monóculo frente a uno de sus ojos, la verdad es que no lleva ni ha llevado ese objeto.



Por otro lado, muchos sostienen que el logo del chocolate Kit Kat lleva un guión entre ambas palabras que lo componen, contrario a la popular bebida Coca-Cola, que sí lo lleva, pero es omitido por gran parte de las personas.



¿Por qué sucede este fenómeno?

Si bien no existe una explicación concluyente acerca de por qué sucede el efecto Mandela, desde la psicología existen algunas ideas que pueden ayudar a entenderlo. Cuando generamos un recuerdo, activamos una red de neuronas que transfieren una información concreta a distintas partes del cerebro encargadas de almacenarla.

Debido a lo anterior, se especifica que un recuerdo no está basado en la experiencia, sino que en el proceso recién descrito, por lo que es posible crear recuerdos de hechos que en realidad pasaron.

Yendo más allá, explican que la memoria humana es constructivista en su mayoría, o sea, utiliza conjeturas lógicas y experiencias propias para complementarse, aunque no existan en la realidad. Es en este punto en que puede producirse un efecto Mandela en los recuerdos, ya que el cerebro "rellena huecos" donde no existe información.