martes, 15 de septiembre de 2026

La violencia machista en todo su esplendor: ¿cuál es el límite de la literatura para retratar un femicida?

En su nuevo trabajo, "Las máscaras de la bestia", el escritor argentino Gonzalo Unamuno propone una travesía hacia las zonas más descompuestas de la condición humana. Ya se encuentra disponible en librerías y puede descargarse en formato digital desde este post. 

(Foto: composición propia).

Gente mala que hace cosas horripilantes hay en todos lados. De hecho, el autor escribió una antología de cuentos, "Tu jardín salvaje", que retrata y muy bien ésto. Pero en "Las máscaras de la bestia" (Galerna), hablamos de otra cosa. Una que multiplica la apuesta por mil y nos deja sin aliento. Porque es imposible imaginar un protagonista tan retorcido, asqueroso y vil como el de este libro. Pero Gonzalo Unamuno lo hizo y además lo puso en papel.

El escritor entra en la cabeza del monstruo para entender cómo se construye el mal y cuando lo logra, lo hace novela. Hay personajes que se leen. Y hay otros que se sufren, se padecen. Germán Baraja entraría en la segunda categoría. Es un asesino de mujeres, un femicida. Narcisista, autodestructivo. Un perverso atravesado por el odio. Peor tipo no había. 

"Es un ex militante político, nihilista, adicto, resentido, misógino, cobarde, escéptico, ruin, alienado, manipulador, perverso, incapaz de adaptarse a su entorno y de resolver cualquier obstáculo de la vida adulta. Esta suma de características que le endilgué -dice el autor en el prólogo- me dieron por resultado un mutilado emocional, un desgraciado y también un personaje inimputable".

"Las máscaras de la bestia" reúne cuatro textos protagonizados por este sujeto deleznable: las novelas "Que todo se detenga" (2015) y "Lila" (2018), y los cuentos "Sacar la basura" y "Tu jardín salvaje". El eje central de la publicación es la construcción de la voz y la subjetividad de un hombre de unos treinta y pico, que en apariencia parece normal, que le gusta la buena vida pero que en verdad es un ser nefasto, un tipo inmundo, cruel y miserable. Es el personaje principal de las cuatro historias y nos obliga a enfrentarnos con una de las formas más incómodas de la literatura: mirar el mundo desde la perspectiva del victimario y en primera persona.

"Cuánto tengo, lo destruyo. Para qué lo hago, no lo sé. (…) ‘Por exponerme ante mí mismo’, eso, impresión o realidad, fue todo lo que logré responderle cuando segundos antes de matarla a golpes me preguntó, doblada por el dolor, por qué le hacía lo que le estaba haciendo", dice el protagonista.

Gonzalo Unamuno (Foto: prensa Galerna).

Y si bien son textos escritos en distintos momentos, están unidos por esta personalidad oscura que se convirtió en uno de los seres más perturbadores de la obra del autor. La apuesta no es sencilla. No justifica. Tampoco tranquiliza. Todo lo contrario: deja los pelos de punta como si hubieramos puesto los dedos en el enchufe, pero peor. Y camina todo el tiempo por la cornisa, de un sendero de ripio, sin señalización. Y lo hace a propósito. Baraja es un hombre que fascina y repele al mismo tiempo.

Cocainómano, desencantado, ególatra patológico y cruzado por una relación enferma con el poder. Y sí, la literatura creó monstruos de todo tipo. Pero los más inquietantes son aquellos que no lo parecen. Porque el mal no siempre tiene un rostro reconocible. Puede convivir con lo cotidiano, con la seducción, con la inteligencia, con el humor e incluso con cierta sofisticación. Es por eso que la bestia necesita máscaras.

Y el título del libro apunta hacia allí. Las máscaras no sólo ocultan a la bestia: también muestran las distintas formas que puede adoptar. El personaje de Unamuno cambia de registro, de tono y de perspectiva, pero debajo de esas transformaciones persiste una misma lógica: la de un hombre que convierte al otro en objeto y que necesita ejercer dominio y violencia para confirmar su propia existencia.

Así, la pluma maestra de Unamuno consigue que sintamos odio. Y mucho. Queremos destripar a Baraja pero, imposible. No se puede matar a un personaje de un libro. ¿O sí? Como sea, conformémonos con poder concluir la lectura y sobrevivir a este escándalo narrativo desplegado en 283 páginas. ¿Hay algo más incómodo que escuchar la voz de este miserable contando su atrocidad como si nada? ¿Cuántos tipos de carne y hueso hay por ahí que ejecutaron mujeres (porque podían y pueden hacerlo) y continúan sus vidas como si no hubieran cometido ninguna bestialidad? ¿Es Baraja producto de la fantasía o sólo un esbozo de la triste realidad? En alguna parte de la edición podría leerse: "basado en hechos reales" y a nadie le sorprendería.

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(Fuente: bajalibros.com / Infobae / redacción propia)