lunes, 6 de julio de 2026

Lecturas para comenzar la semana: cuentos de Stephen King, la "locura" de Milei, un café para viajar en el tiempo y un par de sorpresas

Luego de unas breves vacaciones invernales, volvemos con ganas de recomendar libros, como hacemos generalmente los días lunes y viernes. En esta oportunidad, cinco textos que no podrían ser más diferentes entre sí: una colección de cuentos de un autor clásico, una radiografía descarnada sobre el doloroso experimento "libertario" en nuestro país, y otros tres textos sobre los que no es conveniente adelantar demasiado. Todos, como siempre intentamos facilitar, se pueden descargar en formato digital desde este post.

(Foto: composición propia).

Con energías renovadas luego de una breve semana sin publicaciones, las ganas se repartían entre hacer foco en un autor, un género, una época, una temática... pero nada de eso prevaleció: finalmente nos decidimos por la heterogeneidad. Cinco trabajos cuyo único común denominador es estar entre los más leídos de los últimos dos años. A continuación, nuestras humildes sugerencias.

Vendrán por ti, de Marcela Guilligan (Leamos)

(Foto: composición propia).

María Cameron atraviesa una crisis que lo sacude todo: su cuerpo enferma, su matrimonio se desmorona y su mundo parece quebrarse sin remedio. Sin saber bien por qué, deja atrás su vida en Buenos Aires y se lanza sola a la ruta patagónica. El paisaje árido que la rodea es apenas el comienzo de un viaje más profundo, uno que irá revelando que lo que vive no es solo una huida… es una misión. 

A medida que avanza, comienzan a aparecer señales: sueños intensos, símbolos antiguos, encuentros que no parecen casuales. María revive memorias que no le pertenecen y siente en su cuerpo una historia que no comenzó con ella. Pronto descubrirá que su linaje guarda secretos silenciados durante siglos y que una figura femenina del pasado -Catalina O’Connors, una princesa celta del año 1000- se entrelaza con su destino actual.

Desde los acantilados de la Patagonia hasta la India mística y los domos tecnológicos de Islandia, cada lugar funciona como una etapa iniciática. Cada capítulo, una pista. Cada decisión, una clave. Y en medio del camino, un amor inesperado y arrollador, que la conecta con una frecuencia desconocida, como si ya se hubieran amado antes, en otra vida.

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Distancias del corazón, de Silvina Scheiner (Leamos)

(Foto: composición propia).

Una madre sola viaja al otro lado del mundo en busca de la única conexión significativa que le queda en la tierra: su hija. Después de estar aislada tres años por la pandemia, se embarca en una travesía emocional para recuperarla y tener la conversación que evitan desde hace tanto tiempo.

Sólo al reunirse con esa niña que soltó a los seis años, encontrará la paz que tanto anhela y se reconocerá como la madre que quiere ser. Una historia de hijos afuera y padres perdidos, que toca el corazón de todos los que entregaron sus jóvenes al mundo.

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Si te gusta la oscuridad, de Stephen King (Plaza Janés)

(Foto: composición propia).

El nuevo lanzamiento del Rey del Terror es una colección de doce relatos que lo afianza, una vez más, como uno de los mejores narradores de nuestro tiempo.

"¿Te gusta la oscuridad? Perfecto. A mí también" es cómo inicia Stephen King el prólogo de este nuevo y magnífico volumen de doce relatos que se adentran en la parte más sombría de la vida. King lleva más de medio siglo siendo un maestro literario, y estas historias sobre el destino, la mortalidad, la suerte y los múltiples pliegos de la realidad son tan ricas y absorbentes como sus novelas. El autor escribe "para sentir la emoción de dejar atrás la rutina", y en este trabajo los lectores sentirán, una y otra vez, esa misma emoción.

La habilidad del Rey del Terror para sorprender, inspirar y provocarnos tanto miedo como consuelo al mismo tiempo no tiene parangón. Cada uno de estos relatos contiene sus propios escalofríos, alegrías y misterios, y todos son icónicos.

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El loco, de Juan Luis González (Planeta)

(Foto: composición propia).

Este libro quería ser una radiografía de la nueva ultraderecha que hoy tiene como líder a Javier Milei. Pero con el correr de los meses, de las entrevistas, de los encuentros "off the record", de seguir facturas, sellos y papeleríos, el trabajo pasó de ser uno de campo con ribetes casi académicos a un "thriller tragicómico", a medio camino entre los policiales negros de Raymond Chandler y "La conjura de los necios", de John Kennedy Toole.

Los secretos místicos de Milei fueron la primera revelación que obligaron a cambiar los planes. Las tres veces que "vio" la resurrección de Cristo, la muerte de su "perro hijo" Conan que oculta hace años, los clones del can que mandó a hacer, sus charlas con el animal muerto a través de una médium y de su hermana telépata y las conversaciones con seres muertos y con "el número UNO", como llama a Dios, el que le encargó "la misión" de ser presidente.

Luego la investigación se topó con la trama prohibida de un movimiento que vende sus cargos, que entabló relaciones con barrabravas involucrados en casos de asesinatos, plagó sus filas con miembros de larga data dentro del Estado y con condenas por corrupción, recibió ayudas técnicas, logísticas y monetarias de cierto sector del peronismo que dice combatir, amenazó a todos los que quisieron abrir la boca, como le pasó a una de sus propias legisladoras y, montado sobre la ilusión de una "nueva política" que esperanzó a jóvenes que habían perdido las esperanzas, oculta la manera más vieja de hacer plata y negocios de la Argentina.

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Antes de que se enfríe el café, de Toshikazu Kawaguchi (Plaza Janés)

(Foto: composición propia).

Un rumor circula por Tokio: oculta en uno de sus callejones hay una pequeña cafetería que merece la pena visitar no sólo por su excelente café, sino también porque, si elegimos bien la silla donde sentarnos, es posible regresar al pasado. Pero como incluso lo increíble está sujeto a limitaciones, no podremos salir de la cafetería mientras dure el viaje, volveremos cuando el café se enfríe y, hagamos lo que hagamos, el presente no cambiará.

A través de las emocionantes historias de cuatro clientes que se atreven a embarcarse en esta aventura por motivos diferentes, "Antes de que se enfríe el café" nos ofrece un relato atemporal sobre el amor, las oportunidades perdidas y la esperanza de un futuro que siempre está por llegar.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

Etiquetado frontal: el gobierno argentino busca derogar la ley y crece el rechazo de la comunidad científica

El Congreso tiene a consideración dos proyectos, presentados por los partidos de derecha, que apuntan a eliminar la normativa. Mientras tanto, la Sociedad Argentina de Cardiología y otras 300 organizaciones exigen mantenerla.

La Sociedad Argentina de Cardiología advirtió que la eliminación del etiquetado frontal significaría perder una herramienta que previene enfermedades cardiovasculares (Foto: AP).

La Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, conocida como "etiquetado frontal", volvió a quedar en el centro del debate. Por un lado, de manera reciente, el Gobierno Nacional envió al Senado un proyecto para derogar la normativa; en tanto que, en la Cámara de Diputados aguarda otro proyecto presentado por dos legisladores con el mismo objetivo. Por otro lado, la Sociedad Argentina de Cardiología y más de 300 organizaciones advirtieron sobre los riesgos que traería una eventual eliminación de la Ley. "Solicitamos que se priorice la evidencia científica que avala la efectividad de los sistemas de etiquetado frontal de alimentos", defienden.

La normativa, reglamentada en 2022, obliga a las empresas productoras e importadoras de alimentos envasados a rotular los alimentos y bebidas con octógonos que indiquen exceso de componentes críticos para la salud, como calorías, azúcares, grasas y sodio. Además, establece que no pueden ofrecerse ni publicitar productos con sellos en entornos escolares y que se debe incluir la educación alimentaria nutricional en la currícula.

Casi cuatro años después de su reglamentación, la discusión sobre si debe existir o no esta Ley vuelve a estar sobre la mesa. De manera reciente, el gobierno nacional envió un proyecto al Senado que busca eliminar la normativa, y que cuenta con las firmas de Javier Milei, el hoy ex jefe de Gabinete, Manuel Adorni y el ministro de Salud, Mario Lugones. Este documento plantea que los octógonos generan confusión entre los consumidores, y critica las restricciones a la publicidad.

En 2024, los diputados Alejandro Bongiovanni (La Libertad Avanza) y Daiana Fernández Molero (PRO) presentaron ante la Cámara Baja un proyecto que también busca derogar la normativa vigente. El objetivo, plantea el documento, es "la restitución de la libertad de productores y consumidores de alimentos". En diciembre de ese mismo año, también se aprobaron una serie de modificaciones a la Ley, donde se estableció que sólo iban a tener sellos con advertencia aquellos alimentos que tengan grasas, azúcares y sodio añadido, sin tener en cuenta los productos que poseen estos componentes de forma natural.

Una herramienta para informar a los consumidores

Frente a estos movimientos, médicos, científicos y asociaciones encendieron las alarmas al advertir los riesgos que tendrá una eventual eliminación de la Ley. De manera reciente, la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) lanzó un comunicado que plantea que es fundamental preservar el sistema de etiquetado frontal de advertencias al ser "una herramienta clave para la prevención de las enfermedades cardiovasculares y la promoción de hábitos alimentarios saludables en la población".

(Foto: La Nación).

Según dicen la SAC, las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en Argentina y en el mundo. "La evidencia científica demuestra de manera contundente que una alimentación caracterizada por un elevado consumo de productos con exceso de azúcares, grasas saturadas, grasas trans, sodio y calorías contribuye al desarrollo de obesidad, hipertensión arterial, diabetes tipo  2, dislipidemia y enfermedad cardiovascular aterosclerótica".

Así, con los sellos, los consumidores pueden identificar de manera rápida y sencilla qué componentes críticos posee el producto y realizar una compra de manera deliberada e informada. El comunicado manifiesta: "Si bien todo sistema regulatorio es perfectible y debe ser evaluado periódicamente a la luz de nueva evidencia científica, la discusión sobre posibles mejoras no debe confundirse con la  eliminación de una herramienta que cumple un rol preventivo fundamental. La revisión de aspectos técnicos específicos puede enriquecer la política pública, pero no debería implicar un retroceso en el derecho de la población a recibir información clara y visible sobre los productos que consume".

También, define, una eventual derogación de la Ley no sólo afectaría el etiquetado frontal, sino también otros componentes importantes para la prevención cardiovascular. Por ejemplo, la regulación de la publicidad de alimentos dirigida a niños y adolescentes, la promoción de entornos escolares saludables y las acciones de educación alimentaria y nutricional.

Además, más de 300 organizaciones científicas y académicas rechazaron el proyecto que Javier Milei envió al Senado para eliminar la normativa. En el documento se repasa el proceso legislativo por el cual pasó la Ley y aporta evidencia científica para respaldarla. Por ejemplo, un estudio realizado en 2023 por el Ministerio de Salud de la Nación observó que el 90% de las personas estaba de acuerdo con la presencia de sellos en los envases de alimentos y que estos permiten una compra informada. 

Otro estudio, realizado por Unicef y la Fundación Interamericana del Corazón, mostró que más de la mitad de la población afirmó haber modificado su intención de compra de bebidas (63%), yogures (62%) y galletitas y dulces (50%). El comunicado, entonces, concluye: "Ante el intento de derogación de la Ley, solicitamos quese priorice la evidencia científica que avala la efectividad de los sistemas de etiquetado frontal de alimentos y la implementación de la Ley de Promoción de Alimentación Saludable. Desde una perspectiva sanitaria, no existen argumentos que puedan justificar la modificación de la norma existente y menos aún su derogación". 

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / Página 12 / varios / redacción propia)

La vida relativamente efímera del rock progresivo, o la cultura de masas con voluntad de gran arte

Nacida en el Reino Unido a fines de los sesenta, la movida reunió virtuosismo, ambición artística y experimentación pero, sin embargo, con una sorprendente llegada a multitudinarias audiencias. Obras clave son las de King Crimson, Genesis, Yes, Pink Floyd y otros, aunque durante un auge que podría denominarse breve. Más allá de sus orígenes en las islas británicas, se extendió por el resto de Europa y toda América, con bandas y solistas que entendieron perfectamente de qué se trataba.

(Foto: composición propia).

Antes de que existiesen internet y las plataformas de streaming, comprar un disco de vinilo era como hacer una apuesta. A veces conocíamos el álbum o el grupo, pero otras veces no sabíamos nada y simplemente nos dejábamos seducir por las portadas. Si el disco nos gustaba o no, si era bueno o malo, sólo lo averiguaríamos al llegar a casa.

La crítica cultural que el semiólogo Umberto Eco calificó de "apocalíptica", y que encarnaba ejemplarmente el filósofo alemán Theodor W. Adorno, estableció una demarcación muy rígida entre el arte serio y la cultura de entretenimiento.

No obstante, Adorno era un observador agudo, y no pasó por alto que algunos fenómenos culturales se sustraían a esa dicotomía. Diagnosticó, por ejemplo, el envejecimiento de la vanguardia musical del siglo XX que él mismo había defendido siempre. También lamentó su transformación en una producción mecanizada y rutinaria de herméticas composiciones destinadas al reducido público de los festivales de música contemporánea. Entretenida no sería aquella música, pero tampoco era ya muy seria.

Genesis, una banda de puestas escénicas "teatrales", con uno de los disfraces de Peter Gabriel (Foto: Wikipedia).

En cambio, no previó la posibilidad de que brotasen obras genuinas, originales y estéticamente ambiciosas en el campo de la cultura de masas, un terreno que él juzgaba incurablemente estéril para el gran arte.

El origen de una fusión

¿Hubiera sabido reconocer Adorno el valor estético de un género musical que surgió en el Reino Unido en el año de su muerte y que alcanzó su efímero apogeo poco después? En 1969 vio la luz el álbum seminal de King Crimson titulado "In the Court of the Crimson King", considerado por muchos el primer disco de rock progresivo. Este álbum contenía ya los principales ingredientes del género: una estética musical más bien fría, incluso sombría, cierto barroquismo y gigantismo en las composiciones, una vocación vanguardista y experimental, y la inequívoca ambición de elevar el rock a la categoría de gran arte.

Para todo hay un precedente, y este género se inspiró en la psicodelia, el pop y el rock británicos de la década de 1960. Pero en lo sustancial fue un estilo completamente nuevo que aspiraba conscientemente a derribar la barrera entre el arte serio y la cultura de masas. Lo hacía, sin embargo, partiendo de esta última, es decir, de la cultura juvenil y de la música compuesta e interpretada con guitarras y bajos eléctricos, sintetizadores y baterías.

Yes en vivo, aquí en una presentación mucho más austera y despojada de las puestas que solían montar (Foto: Reuters).

Nada, o muy poco, tienen que ver con cualquier otra cosa compuesta antes o después los extensos y complicadísimos temas concebidos por la constelación de grupos que emergieron entonces. Muchos de ellos han caído en un relativo olvido: son pocos quienes hoy recuerdan a Gentle Giant, Soft Machine, Van der Graaf Generator, Camel, incluso a Jethro Tull y Emerson, Lake & Palmer. Pero los más importantes -Genesis, Yes, Pink Floyd y los antes mencionados King Crimson- se ganaron un puesto en la historia del rock por su brillante producción durante un breve periodo que, en ciertos casos, ni siquiera abarca toda la década de los 70.

Cada una de aquellas bandas se aproximaba a diferentes corrientes musicales de una época especialmente creativa: King Crimson orbitaba hacia el rock duro y el jazz experimental, Genesis se inclinaba hacia el glam y el pop, Yes entroncaba con el glam y el rock pero no con el pop, y Pink Floyd lindaba con el rock y el pop, pero no con el glam.

Pink Floyd en una prueba de sonido previa a un show. Destaca el impresionante kit de batería y percusión de Nick Mason (Foto: Wikimedia).

Estos parentescos más o menos lejanos no rebajan la originalidad de la música progresiva. Tampoco explican las atmósferas misteriosas e insólitas que fueron capaces de crear unos músicos que parecían abordar la composición de un álbum de rock con la misma ambición con la que Gustav Mahler componía sus sinfonías.

Auge y final del género

Ciertamente, el rock progresivo era cultura de masas, y los conciertos de estas bandas llenaban teatros y estadios. Pero la autoexigencia y el ascetismo de este género musical parecían contagiarse de algún modo a las personalidades de sus intérpretes. Estos -a excepción, quizás, de Peter Gabriel, líder de Genesis- transmitían una imagen de profesionalidad bastante alejada del histrionismo y el divismo de otras estrellas del rock de la época.

Jethro Tull, con el "juglar" Ian Anderson siempre a cargo de flauta traversa, guitarra acústica y, en ocasiones, clarinete (Foto: WIkimedia).

Esta relativa austeridad personal se correspondía con el intelectualismo y la abstracción de unas composiciones musicales que se inspiraban en la literatura y la mitología (como en Genesis), se alejaban de los temas sentimentales y eróticos omnipresentes en el rock y el pop, y se atenían a un tono emocional más bien frío (o gélido, como en Pink Floyd y King Crimson) incluso cuando eran exuberantes (como en Yes).

King Crimson en vivo. Robert Fripp, su líder y único miembro estable a través de las décadas y las distintas encarnaciones de la banda, siempre toco su guitarra sentado (Foto: AP). 

Su éxito no duró mucho. El denso material de aquellos temas, que con frecuencia ocupaban toda una cara de un disco de vinilo, fue desmembrándose en elementos más fáciles de digerir por el público. Así, el rock progresivo terminó diluyéndose en las corrientes que ejercían una mayor fuerza de atracción desde las posiciones contiguas del campo musical, como el pop y el rock.

Para confirmarlo, basta con observar la evolución de estos grupos. Peter Gabriel abandonó Genesis en 1975, y bajo el liderazgo de Phil Collins el grupo derivó lentamente hacia un estilo pop que le cosecharía sus mayores éxitos en los años 80 y primeros 90. Algo similar sucedió con Yes, cuyas composiciones pop de la década de 1980 apenas guardan relación con sus primeros álbumes. King Crimson siempre eludió esa vía, pero desde finales de los 70 su sonoridad cambió para aproximarse sucesivamente a las heterogéneas exploraciones estéticas de su inquieto líder, Robert Fripp.

Van de Graaf Generator, con su líder Peter Hammill en guitarra y, al frente, David Jackson tocando dos saxos a la vez, como solía hacer. Una de las bandas del rock progresivo inglés que nunca tuvo el lugar que le correspondió en cuanto a reconocimiento (Foto: WIkimedia).

Pink Floyd tal vez sea el grupo que mejor supo mantener su personalidad original cuando concluyó la era dorada del género progresivo. Pero su supervivencia -que atravesó incluso una traumática ruptura de Roger Waters con el resto de la banda- exigió también el pago de un tributo a la comercialidad, como muestran álbumes muy exitosos como "The Wall" (1979) o "A Momentary Lapse of Reason" (1987).

El punk, que irrumpió al final de la década, probablemente contribuyó también a la liquidación de un género cuyo virtuosismo e impronta universitaria resultaban demasiado exquisitos para un público juvenil que demandaba una música más simple, airada e irreverente.

Camel en vivo (Foto: Wikimedia).

Visto en perspectiva, el rock progresivo puede considerarse como una vía muerta, algo así como el ars subtilior de la cultura popular del siglo XX. No obstante, el oyente que se asoma a esta música a medio siglo de distancia de su fugaz apogeo siente la extraña nostalgia que a veces provocan las imágenes de ciencia ficción retrofuturista: una nostalgia de mundos que nunca existieron ni existirán, pero que podrían haber existido.

Y es que en aquella música inigualable se anunció, durante un breve periodo de tiempo, la reconciliación de la alta cultura con el arte de masas, o el surgimiento de una cultura popular que aspiraba a estar a la altura del gran arte, y que lo logró en sus mejores frutos.

(Fuente: The Conversation / Infobae / varios / redacción propia)