lunes, 6 de julio de 2026

La vida relativamente efímera del rock progresivo, o la cultura de masas con voluntad de gran arte

Nacida en el Reino Unido a fines de los sesenta, la movida reunió virtuosismo, ambición artística y experimentación pero, sin embargo, con una sorprendente llegada a multitudinarias audiencias. Obras clave son las de King Crimson, Genesis, Yes, Pink Floyd y otros, aunque durante un auge que podría denominarse breve. Más allá de sus orígenes en las islas británicas, se extendió por el resto de Europa y toda América, con bandas y solistas que entendieron perfectamente de qué se trataba.

(Foto: composición propia).

Antes de que existiesen internet y las plataformas de streaming, comprar un disco de vinilo era como hacer una apuesta. A veces conocíamos el álbum o el grupo, pero otras veces no sabíamos nada y simplemente nos dejábamos seducir por las portadas. Si el disco nos gustaba o no, si era bueno o malo, sólo lo averiguaríamos al llegar a casa.

La crítica cultural que el semiólogo Umberto Eco calificó de "apocalíptica", y que encarnaba ejemplarmente el filósofo alemán Theodor W. Adorno, estableció una demarcación muy rígida entre el arte serio y la cultura de entretenimiento.

No obstante, Adorno era un observador agudo, y no pasó por alto que algunos fenómenos culturales se sustraían a esa dicotomía. Diagnosticó, por ejemplo, el envejecimiento de la vanguardia musical del siglo XX que él mismo había defendido siempre. También lamentó su transformación en una producción mecanizada y rutinaria de herméticas composiciones destinadas al reducido público de los festivales de música contemporánea. Entretenida no sería aquella música, pero tampoco era ya muy seria.

Genesis, una banda de puestas escénicas "teatrales", con uno de los disfraces de Peter Gabriel (Foto: Wikipedia).

En cambio, no previó la posibilidad de que brotasen obras genuinas, originales y estéticamente ambiciosas en el campo de la cultura de masas, un terreno que él juzgaba incurablemente estéril para el gran arte.

El origen de una fusión

¿Hubiera sabido reconocer Adorno el valor estético de un género musical que surgió en el Reino Unido en el año de su muerte y que alcanzó su efímero apogeo poco después? En 1969 vio la luz el álbum seminal de King Crimson titulado "In the Court of the Crimson King", considerado por muchos el primer disco de rock progresivo. Este álbum contenía ya los principales ingredientes del género: una estética musical más bien fría, incluso sombría, cierto barroquismo y gigantismo en las composiciones, una vocación vanguardista y experimental, y la inequívoca ambición de elevar el rock a la categoría de gran arte.

Para todo hay un precedente, y este género se inspiró en la psicodelia, el pop y el rock británicos de la década de 1960. Pero en lo sustancial fue un estilo completamente nuevo que aspiraba conscientemente a derribar la barrera entre el arte serio y la cultura de masas. Lo hacía, sin embargo, partiendo de esta última, es decir, de la cultura juvenil y de la música compuesta e interpretada con guitarras y bajos eléctricos, sintetizadores y baterías.

Yes en vivo, aquí en una presentación mucho más austera y despojada de las puestas que solían montar (Foto: Reuters).

Nada, o muy poco, tienen que ver con cualquier otra cosa compuesta antes o después los extensos y complicadísimos temas concebidos por la constelación de grupos que emergieron entonces. Muchos de ellos han caído en un relativo olvido: son pocos quienes hoy recuerdan a Gentle Giant, Soft Machine, Van der Graaf Generator, Camel, incluso a Jethro Tull y Emerson, Lake & Palmer. Pero los más importantes -Genesis, Yes, Pink Floyd y los antes mencionados King Crimson- se ganaron un puesto en la historia del rock por su brillante producción durante un breve periodo que, en ciertos casos, ni siquiera abarca toda la década de los 70.

Cada una de aquellas bandas se aproximaba a diferentes corrientes musicales de una época especialmente creativa: King Crimson orbitaba hacia el rock duro y el jazz experimental, Genesis se inclinaba hacia el glam y el pop, Yes entroncaba con el glam y el rock pero no con el pop, y Pink Floyd lindaba con el rock y el pop, pero no con el glam.

Pink Floyd en una prueba de sonido previa a un show. Destaca el impresionante kit de batería y percusión de Nick Mason (Foto: Wikimedia).

Estos parentescos más o menos lejanos no rebajan la originalidad de la música progresiva. Tampoco explican las atmósferas misteriosas e insólitas que fueron capaces de crear unos músicos que parecían abordar la composición de un álbum de rock con la misma ambición con la que Gustav Mahler componía sus sinfonías.

Auge y final del género

Ciertamente, el rock progresivo era cultura de masas, y los conciertos de estas bandas llenaban teatros y estadios. Pero la autoexigencia y el ascetismo de este género musical parecían contagiarse de algún modo a las personalidades de sus intérpretes. Estos -a excepción, quizás, de Peter Gabriel, líder de Genesis- transmitían una imagen de profesionalidad bastante alejada del histrionismo y el divismo de otras estrellas del rock de la época.

Jethro Tull, con el "juglar" Ian Anderson siempre a cargo de flauta traversa, guitarra acústica y, en ocasiones, clarinete (Foto: WIkimedia).

Esta relativa austeridad personal se correspondía con el intelectualismo y la abstracción de unas composiciones musicales que se inspiraban en la literatura y la mitología (como en Genesis), se alejaban de los temas sentimentales y eróticos omnipresentes en el rock y el pop, y se atenían a un tono emocional más bien frío (o gélido, como en Pink Floyd y King Crimson) incluso cuando eran exuberantes (como en Yes).

King Crimson en vivo. Robert Fripp, su líder y único miembro estable a través de las décadas y las distintas encarnaciones de la banda, siempre toco su guitarra sentado (Foto: AP). 

Su éxito no duró mucho. El denso material de aquellos temas, que con frecuencia ocupaban toda una cara de un disco de vinilo, fue desmembrándose en elementos más fáciles de digerir por el público. Así, el rock progresivo terminó diluyéndose en las corrientes que ejercían una mayor fuerza de atracción desde las posiciones contiguas del campo musical, como el pop y el rock.

Para confirmarlo, basta con observar la evolución de estos grupos. Peter Gabriel abandonó Genesis en 1975, y bajo el liderazgo de Phil Collins el grupo derivó lentamente hacia un estilo pop que le cosecharía sus mayores éxitos en los años 80 y primeros 90. Algo similar sucedió con Yes, cuyas composiciones pop de la década de 1980 apenas guardan relación con sus primeros álbumes. King Crimson siempre eludió esa vía, pero desde finales de los 70 su sonoridad cambió para aproximarse sucesivamente a las heterogéneas exploraciones estéticas de su inquieto líder, Robert Fripp.

Van de Graaf Generator, con su líder Peter Hammill en guitarra y, al frente, David Jackson tocando dos saxos a la vez, como solía hacer. Una de las bandas del rock progresivo inglés que nunca tuvo el lugar que le correspondió en cuanto a reconocimiento (Foto: WIkimedia).

Pink Floyd tal vez sea el grupo que mejor supo mantener su personalidad original cuando concluyó la era dorada del género progresivo. Pero su supervivencia -que atravesó incluso una traumática ruptura de Roger Waters con el resto de la banda- exigió también el pago de un tributo a la comercialidad, como muestran álbumes muy exitosos como "The Wall" (1979) o "A Momentary Lapse of Reason" (1987).

El punk, que irrumpió al final de la década, probablemente contribuyó también a la liquidación de un género cuyo virtuosismo e impronta universitaria resultaban demasiado exquisitos para un público juvenil que demandaba una música más simple, airada e irreverente.

Camel en vivo (Foto: Wikimedia).

Visto en perspectiva, el rock progresivo puede considerarse como una vía muerta, algo así como el ars subtilior de la cultura popular del siglo XX. No obstante, el oyente que se asoma a esta música a medio siglo de distancia de su fugaz apogeo siente la extraña nostalgia que a veces provocan las imágenes de ciencia ficción retrofuturista: una nostalgia de mundos que nunca existieron ni existirán, pero que podrían haber existido.

Y es que en aquella música inigualable se anunció, durante un breve periodo de tiempo, la reconciliación de la alta cultura con el arte de masas, o el surgimiento de una cultura popular que aspiraba a estar a la altura del gran arte, y que lo logró en sus mejores frutos.

(Fuente: The Conversation / Infobae / varios / redacción propia)