Nacida en el Reino Unido a fines de los sesenta, la movida reunió virtuosismo, ambición artística y experimentación pero, sin embargo, con una sorprendente llegada a multitudinarias audiencias. Obras clave son las de King Crimson, Genesis, Yes, Pink Floyd y otros, aunque durante un auge que podría denominarse breve. Más allá de sus orígenes en las islas británicas, se extendió por el resto de Europa y toda América, con bandas y solistas que entendieron perfectamente de qué se trataba.
(Foto: composición propia).
La crítica cultural que el semiólogo Umberto Eco calificó de "apocalíptica", y que encarnaba ejemplarmente el filósofo alemán Theodor W. Adorno, estableció una demarcación muy rígida entre el arte serio y la cultura de entretenimiento.
No obstante, Adorno era un observador agudo, y no pasó por alto que algunos fenómenos culturales se sustraían a esa dicotomía. Diagnosticó, por ejemplo, el envejecimiento de la vanguardia musical del siglo XX que él mismo había defendido siempre. También lamentó su transformación en una producción mecanizada y rutinaria de herméticas composiciones destinadas al reducido público de los festivales de música contemporánea. Entretenida no sería aquella música, pero tampoco era ya muy seria.
Genesis, una banda de puestas escénicas
"teatrales", con uno de los disfraces de Peter Gabriel (Foto:
Wikipedia).
El origen de una fusión
¿Hubiera sabido reconocer Adorno el valor estético de un género musical que surgió en el Reino Unido en el año de su muerte y que alcanzó su efímero apogeo poco después? En 1969 vio la luz el álbum seminal de King Crimson titulado "In the Court of the Crimson King", considerado por muchos el primer disco de rock progresivo. Este álbum contenía ya los principales ingredientes del género: una estética musical más bien fría, incluso sombría, cierto barroquismo y gigantismo en las composiciones, una vocación vanguardista y experimental, y la inequívoca ambición de elevar el rock a la categoría de gran arte.
Para todo hay un precedente, y este género se inspiró en la psicodelia, el pop y el rock británicos de la década de 1960. Pero en lo sustancial fue un estilo completamente nuevo que aspiraba conscientemente a derribar la barrera entre el arte serio y la cultura de masas. Lo hacía, sin embargo, partiendo de esta última, es decir, de la cultura juvenil y de la música compuesta e interpretada con guitarras y bajos eléctricos, sintetizadores y baterías.
Yes en vivo, aquí en una presentación mucho más
austera y despojada de las puestas que solían montar (Foto:
Reuters).
Cada una de aquellas bandas se aproximaba a diferentes corrientes musicales de una época especialmente creativa: King Crimson orbitaba hacia el rock duro y el jazz experimental, Genesis se inclinaba hacia el glam y el pop, Yes entroncaba con el glam y el rock pero no con el pop, y Pink Floyd lindaba con el rock y el pop, pero no con el glam.
Pink Floyd en una prueba de sonido previa a un
show. Destaca el impresionante kit de batería y percusión de
Nick Mason (Foto: Wikimedia).
Estos parentescos más o menos lejanos no rebajan la originalidad de la música progresiva. Tampoco explican las atmósferas misteriosas e insólitas que fueron capaces de crear unos músicos que parecían abordar la composición de un álbum de rock con la misma ambición con la que Gustav Mahler componía sus sinfonías.
Auge y final del género
Ciertamente, el rock progresivo era cultura de masas, y los conciertos de estas bandas llenaban teatros y estadios. Pero la autoexigencia y el ascetismo de este género musical parecían contagiarse de algún modo a las personalidades de sus intérpretes. Estos -a excepción, quizás, de Peter Gabriel, líder de Genesis- transmitían una imagen de profesionalidad bastante alejada del histrionismo y el divismo de otras estrellas del rock de la época.
Jethro Tull, con el "juglar" Ian Anderson siempre a
cargo de flauta traversa, guitarra acústica y, en ocasiones,
clarinete (Foto: WIkimedia).
King Crimson en vivo. Robert Fripp, su líder y
único miembro estable a través de las décadas y las distintas
encarnaciones de la banda, siempre toco su guitarra sentado
(Foto: AP).
Para confirmarlo, basta con observar la evolución de estos grupos. Peter Gabriel abandonó Genesis en 1975, y bajo el liderazgo de Phil Collins el grupo derivó lentamente hacia un estilo pop que le cosecharía sus mayores éxitos en los años 80 y primeros 90. Algo similar sucedió con Yes, cuyas composiciones pop de la década de 1980 apenas guardan relación con sus primeros álbumes. King Crimson siempre eludió esa vía, pero desde finales de los 70 su sonoridad cambió para aproximarse sucesivamente a las heterogéneas exploraciones estéticas de su inquieto líder, Robert Fripp.
Van de Graaf Generator, con su líder Peter Hammill
en guitarra y, al frente, David Jackson tocando dos saxos a la
vez, como solía hacer. Una de las bandas del rock progresivo
inglés que nunca tuvo el lugar que le correspondió en cuanto a
reconocimiento (Foto: WIkimedia).
El punk, que irrumpió al final de la década, probablemente contribuyó también a la liquidación de un género cuyo virtuosismo e impronta universitaria resultaban demasiado exquisitos para un público juvenil que demandaba una música más simple, airada e irreverente.
Camel en vivo (Foto: Wikimedia).
Y es que en aquella música inigualable se anunció, durante un breve periodo de tiempo, la reconciliación de la alta cultura con el arte de masas, o el surgimiento de una cultura popular que aspiraba a estar a la altura del gran arte, y que lo logró en sus mejores frutos.
(Fuente: The Conversation / Infobae / varios / redacción propia)







