martes, 2 de junio de 2026

Las diez obras fundamentales de Julio Le Parc: del relieve óptico de 1960 a la escultura lumínica del Teatro Colón

El pionero del arte cinético y óptico, desaparecido este último sábado, deja como legado una serie de impresionantes creaciones que abarcan desde dispositivos participativos hasta instalaciones monumentales. La decena de trabajos que aquí presentamos fue elegida por el propio autor.

Julio Le Parc en 2019 (Foto: Secretaría de Cultura de la Nación / Wikipedia).

¿Se puede definir a un artista por unas pocas obras? Seguramente no, pero se puede asomar a él, porque en cada una se desarrolla parte de su estética, de sus ideas, de su sensibilidad. Ésto intentaremos hacer con Julio Le Parc, el gran artista argentino nacido en Mendoza, que falleció este pasado sábado en París.

Para eso, aquí presentamos una selección que el artista detalló en una entrevista publicada en 2023. La misma combina dispositivos participativos de los años 60 , pinturas sistemáticas de los 70 y hasta instalaciones de denuncia política y esculturas monumentales del siglo XXI. Todas ellas comparten un principio: la obra no está completa sin la presencia activa del espectador.

Relieve blanco sobre negro (1960)

(Foto: wikiart.org).

El punto de partida de la lista es también uno de los más tempranos en la trayectoria de Le Parc. "Relieve blanco sobre negro" marca el momento en que sus investigaciones de superficie -"gouaches" en blanco, negro y gris desarrollados en Buenos Aires y luego en París desde 1958- se desplazan hacia el espacio tridimensional. La superficie plana cede ante elementos salientes o rehundidos, modulados en blanco y negro, que generan efectos de luz y sombra variables según la posición del observador.

La renuncia al color y la apuesta por una organización casi analítica de las tramas responden a su interés por someter la percepción a variaciones sistemáticas, demostrando que lo que se ve depende de condiciones físicas y no de una supuesta expresividad subjetiva. Obras de esta serie fueron presentadas en las primeras exposiciones parisinas de Le Parc y en muestras colectivas que anunciaban el auge del arte cinético, así como en la I Bienal de París de 1959.

Décadas después, grandes retrospectivas como la del Palais de Tokyo (2013) y "Form into Action" en el Pérez Art Museum Miami (2016) retomaron estos relieves para mostrar la continuidad entre las primeras investigaciones de superficie y las instalaciones lumínicas posteriores.

Inestabilidad. Proposición arquitectural (1963-1964)

(Foto: wikiart.org).

La noción de "inestabilidad" atraviesa como programa general el trabajo del GRAV (Groupe de Recherche d’Art Visuel) a comienzos de los años sesenta. En 1963, el colectivo presentó en el hall de entrada de la III Bienal de París el proyecto "L’instabilité - Le labyrinthe", un conjunto de experiencias a escala arquitectónica que transponían sus investigaciones hacia un espacio laberíntico para ser recorrido por el público.

Consiste en ocho placas curvas de aluminio pulido alineadas en trece filas equidistantes sobre un fondo negro, conformando un plano ondulante que reacciona de manera distinta ante la luz y el movimiento del espectador. La obra integra la colección del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) de Buenos Aires y fue presentada en 1964 en esa misma institución, dentro de la exposición "La inestabilidad", que el GRAV también llevó a París y Río de Janeiro.

Ese mismo año, Le Parc la presentó en el Premio Internacional del Instituto Torcuato Di Tella. La pieza fue restaurada especialmente en 2019 para la exposición "Julio Le Parc - Transición Buenos Aires-París (1955-1959)" en el MNBA, donde la Fundación Konex la reconoció como obra maestra del patrimonio argentino.

Seis espejos dobles (1966)

(Foto: wikiart.org).

Perteneciente a la serie "Sala de juegos", es un conjunto de espejos articulados que parten de "un reflejo normal" de la imagen del espectador para fraccionarla y multiplicarla progresivamente. La propuesta incorpora la realidad circundante -el cuerpo del visitante, el espacio expositivo, el movimiento del entorno- como parte activa de la obra, de modo que el resultado visual nunca es fijo ni predeterminado.

Obras muy próximas a esta pieza, como "4 doubles miroirs" (1966), integran la Daros Latinamerica Collection y fueron exhibidas en la Casa Daros de Río de Janeiro entre octubre de 2013 y febrero de 2014, en la muestra "Obras cinéticas de Julio Le Parc". Dispositivos de la misma serie también formaron parte de la gran retrospectiva de 2.000 m² en el Palais de Tokyo (2013) y de la exposición en la Serpentine Sackler Gallery de Londres (2014), donde la curaduría subrayó que el artista "transforma el espacio mediante la luz" y que "el visitante es activamente involucrado" en la obra.

Luz continua con 49 cilindros, velocidad rápida (1967)

(Foto: wikiart.org).

Esta obra -conocida en francés como "Continuel-lumière avec 49 cylindres vitesse rapide"- representa el arte lumino-cinético en su forma más directa. Se trata de una estructura de madera pintada y acero inoxidable con motores y luces, de aproximadamente 203 x 202,5 x 20 cm, en la que 49 cilindros metálicos pulidos giran a velocidad rápida frente a una fuente de luz, proyectando reflejos y sombras móviles sobre el entorno.

La pieza forma parte de la "Daros Latinamerica Collection" y fue exhibida en Casa Daros, Río de Janeiro, entre 2013 y 2014. Sus orígenes se remontan a fines de los años cincuenta, cuando Le Parc comenzó a producir cajas de luz y prototipos lumínicos con plexiglás y motor. En 1966, la Galería Howard Wise de Nueva York le dedicó su primera exposición individual en esa ciudad, pocos meses antes de que obtuviera el Gran Premio en Venecia.

En 2018, una instalación de la misma serie fue recreada en el Met Breuer de Nueva York dentro de la muestra "Julio Le Parc 1959", que documentó el papel pionero del artista en el cinetismo internacional.

Frappez les gradés (1971)

(Foto: wikiart.org).

Con "Frappez les gradés" (Ataquen a los superiores) la lógica participativa de los juegos ópticos se traslada al terreno de la contestación política. La obra consiste en un conjunto de bolsas de boxeo transformadas con rasgos corporales de figuras de autoridad -policías, directores, mandatarios, altos cargos- convertidas en blancos literales de la intervención del público. Le Parc explicó que la idea era que el espectador pateara y golpeara esas figuras para "sacarse el odio y el rencor" que provocan, en un momento histórico marcado por conflictos sociales y cuestionamientos a la represión estatal en Europa y América Latina.

La obra se inscribe en la serie "Jeux-enquêtes" (Juegos-encuesta), desarrollada a partir de fines de los años sesenta, en la que diversas instalaciones pedían a los visitantes elegir a sus "enemigos" o realizar acciones físicas que ponían en evidencia sus opiniones frente a figuras de poder. Una pieza cercana, "Choisissez vos ennemis" (1970), fue recuperada en la exposición de la Serpentine Sackler Gallery en 2014. El dispositivo convierte el cuerpo del espectador en vector de una catarsis política, haciendo del acto de golpear a los "gradés" un gesto simbólico de resistencia.

La tortura (1972)

(Foto: wikiart.org).

La tortura fue realizada por el Grupo Denuncia, integrado por Julio Le Parc y Alejandro Marcos (Argentina), Gontran Guanaes Netto (Brasil) y José Gamarra (Uruguay), como respuesta directa a la aplicación sistemática de la tortura por las dictaduras militares latinoamericanas de la época. La serie está compuesta por siete cuadros en blanco, negro y grises que traducen en formas abstractas el horror de la violencia estatal, renunciando a la representación anecdótica para construir una iconografía condensada de lo intolerable.

La elección del blanco y negro sugiere también una reflexión sobre el estatuto de la imagen en la era de la fotografía documental: los cuadros se acercan a la visualidad de las imágenes de archivo, pero filtradas por una gramática de la abstracción que evita el sensacionalismo. El Grupo Denuncia se formó en París, donde muchos artistas latinoamericanos exiliados coincidían en la necesidad de romper con cualquier idea de neutralidad estética frente a la represión en sus países de origen. 

La obra fue mostrada en circuitos vinculados a la militancia y a la solidaridad con las luchas latinoamericanas, y retomada en exposiciones retrospectivas posteriores, incluida la muestra "Regreso", en la Galleria Continua de La Habana (2023).

Ondes 110, n° 8 (1974)

(Foto: wikiart.org).

La serie "Ondes" (Ondas), iniciada a mediados de los años setenta, se sitúa en relación estrecha con las "Modulaciones", pero enfatiza el motivo de la onda como matriz formal. Ondes 110, n° 8 es una pintura acrílica sobre tela que desarrolla patrones ondulantes en composiciones de gran precisión: largas ondas de color que atraviesan el plano, expandiéndose y contrayéndose en secuencias calculadas.

Obras de esta familia han sido exhibidas en galerías internacionales como Nara Roesler y Perrotin, tanto en São Paulo como en París, donde muestras recientes las combinaron con trabajos de las series "Modulaciones" y "Alchimies". En exposiciones de mayor escala, como la del Palais de Tokyo, estas pinturas dialogaron con instalaciones lumínicas y relieves de los años sesenta, subrayando la continuidad de la preocupación de Le Parc por el carácter inestable de la percepción.

Cada variación forma parte de un programa preciso, de modo que el cuadro se comporta como una partitura de cambios graduales, perceptibles a medida que el ojo recorre la superficie.

Modulación 48 (1976)

(Foto: wikiart.org).

"Modulación 48" pertenece a la serie "Modulaciones", desarrollada de manera ininterrumpida desde fines de 1974 y continuada durante varias décadas, con centenares de cuadros que exploran variaciones sistemáticas de formas y colores. Se caracterizan por el uso de plantillas y aerógrafo, y por la aplicación de gradaciones sutiles de color y de grises que generan ondas, desplazamientos y volúmenes virtuales sobre el plano de la tela.

La exposición de las "Modulaciones" en la Galería Denise René de París y en la Galería Rayuela de Madrid en 1976 cambió el modo en que la crítica entendía el trabajo de Le Parc, al demostrar que su interés por el cinetismo no se agotaba en las instalaciones de luz, sino que también se extendía a una pintura de extrema precisión.

Una obra cercana, "Modulación nº 66" (1976), hoy en la colección de la Fundación Banco Santander, trabaja los tonos medios de una gama de catorce colores, concentrándose en los tonos fríos y sus transiciones. Le Parc continuó produciendo Modulaciones en décadas posteriores, y "Modulación 1160" (2004) fue considerada por la crítica uno de los puntos altos de la serie.

Esfera azul (2001/2015)

(Foto: prensa Palacio Libertad).

También conocida como "Sphère bleue", es una de las obras más reconocidas de la etapa reciente de Le Parc y uno de los pocos casos en que una pieza de arte cinético se convirtió en un referente urbano en la Argentina contemporánea. Compuesta por casi tres mil cuadrados de acrílico azul suspendidos mediante tanza y ensamblados en forma de esfera, cuelga en el espacio central de la planta baja del histórico edificio del Correo Central de Buenos Aires, hoy Palacio Libertad. Con medidas aproximadas de 450 x 450 x 450 cm, la esfera se mueve con los vaivenes del aire, reflejando la luz de manera variable.

En 2015, con motivo de la inauguración del espacio -entonces llamado Centro Cultural Kirchner, o directamente CCK- como centro cultural, Le Parc creó y donó esta versión para integrarla al Patrimonio Cultural de la Nación Argentina. La obra tiene versiones en otros lugares: una en rojo, "Sphère rouge" (2012), pertenece al Centre Culturel Julio Le Parc en Mendoza, y otra, "Sphère acier miroir", compuesta por 2.692 cuadrados de acero inoxidable, cuelga en la recepción de la Torre del Banco Galicia en Buenos Aires.

Durante el homenaje nacional a Le Parc en 2019, la esfera funcionó como símbolo de la vigencia del artista, que convocó a miles de personas en los cuatro meses de la muestra.

Mobile Rombo Colón (2019)

(Foto: prensa Centro de Experimentación del Teatro Colón).

La última obra de la lista tiene un contenido biográfico preciso: en su juventud, Le Parc trabajó como portero en el Teatro Colón porteño mientras estudiaba, de modo que "Mobile Rombo Colón" representa, en cierto sentido, un regreso a un lugar significativo de su historia personal. La pieza fue encargada especialmente por el teatro en el marco del homenaje nacional de 2019 y se instaló en el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC).

Compuesta por más de tres mil piezas de acrílico translúcido fluorescente, la obra configura un gran volumen romboidal que brilla en la oscuridad. Los 28 espejos perimetrales que rodean la sala potencian el efecto lumínico del móvil, multiplicando sus imágenes hasta producir un espacio inmersivo. La galería Nara Roesler, que ha trabajado con Le Parc en Brasil y Europa, describe la pieza como parte de la serie "Experiencias móviles", en continuidad con los móviles transparentes y esféricos desarrollados para espacios públicos y colecciones privadas.

En 2019, el "Festival Le Parc" en el Teatro Colón integró este móvil dentro del programa Proyecto Le Parc, articulado con el mapping sobre el Obelisco y las exposiciones en el CCK y el MNBA.

(Fuente: Infobae / varios / redacción propia)

A cincuenta años de la última dictadura cívico-militar, un artista gráfico creó un álbum de figuritas de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo

Su creador explicó que busca aportar a la construcción de la memoria colectiva, en medio del furor por el coleccionismo de figuritas debido al inminente Mundial de Fútbol. Se puede descargar e imprimir de forma gratuita.

Un activista diseñó el álbum de figuritas que homenajea a las referentes de los derechos humanos en Argentina (Foto: Instagram).

A pocos días de que se despierte el furor colectivo por el Mundial 2026, un diseñador gráfico tuvo una idea que combina la pasión argentina por el fútbol y la ejemplar bandera que sostienen las referentes de los derechos humanos del país. Creó un álbum de figuritas al estilo mundialista que homenajea a las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo.

"A 50 años del último golpe cívico-militar, este proyecto nace como un ejercicio colectivo de memoria, homenaje y encuentro. A las imprescindibles en la democracia, presentes y eternas en la lucha, les hice un álbum con figuritas para juntarnos entre muchas manos, y hacer una ronda con memoria, como ellas siguen haciendo", escribió en sus redes sociales Ariel Cuadra, el impulsor de esta propuesta.

Álbum aniversario de 50 años del último golpe cívico militar. Se puede descargar de manera pública y gratuita (Foto: Instagram).

"Cada figurita contiene el nombre completo de una Madre o Abuela, su fecha de nacimiento, el nombre de sus hijos e hijas detenidos-desaparecidos y, en el caso de las Abuelas, también el de sus nietos y nietas apropiados, hayan restituido o no su identidad", remarca el proyecto.

En tanto, Cuadra señaló que la propuesta "busca sembrar memoria desde un lenguaje cercano, cotidiano y popular, invitando a compartir, intercambiar y completar figuritas como un acto colectivo de construcción de memoria".

El álbum y las figuritas se encuentran disponibles en un archivo PDF para ser descargado de forma pública y gratuita haciendo click aquí. Además, el documento tiene un instructivo de impresión. "Ojalá que en muchas casas, centros culturales, escuelas, y organizaciones se pueda tejer comunidad a partir de esta actividad colectiva", sostuvo Cuadra.

Figuritas originales diseñadas por Ariel Cuadra. Imágenes de las referentes y momentos históricos (Foto: Instagram).

En tanto, Cuadra pidió a los interesados que quienes completen el álbum, que tiene el aval de la Agrupación H.I.J.O.S Capital, compartan a través de sus redes sociales la experiencia.

Por último, el diseñador abogó por un país que continúe "abrazando a nuestras Madres y Abuelas, ídolas de nuestra historia, las que gambetearon toda oscuridad para que Argentina viva en justicia y no en penumbras como quieren tantos otros".

Cómo se usa


El archivo se encuentra preparado en formato Súper A3 (32 x 45,7 cm). También se puede imprimir en A3 común ajustando la página.

Página 1: contiene un texto introductorio y las portadas de sobres de figuritas. Estas portadas pueden recortarse y utilizarse para armar sobrecitos o bolsitas transparentes, simulando los clásicos sobres de figuritas.

Páginas 2 y 3: corresponden al álbum. Deben imprimirse doble faz sobre papel obra, de manera tal que ambas páginas queden en una sola hoja impresa de ambos lados. Luego, doblando la hoja al medio, el álbum queda armado.

Página 4: contiene las figuritas. Pueden imprimirse en papel adhesivo o en papel obra para luego pegarlas con plasticola o pegamento en barra. Las figuritas deben recortarse individualmente siguiendo las marcas indicadas.

En total se imprimirán tres hojas, de las cuales sólo una debe quedar doble faz: la correspondiente al álbum).

(Fuente: Páagina 12 / El Cronista / varios / redacción propia)

Cuestiones de hoy: éstas son las funciones sociales y emocionales que nunca podrá cubrir un chatbot

Aunque aún nos parezca increíble, millones de personas interactúan a diario con sistemas conversacionales, no sólo para resolver dudas o aumentar su productividad, sino también para desahogarse, ordenar pensamientos o sentirse acompañadas. ¿Hasta qué punto es sano o útil?

Lo relevante no es únicamente el avance tecnológico, sino el tipo de vínculo que empieza a emerger. Aplicaciones diseñadas específicamente para ofrecer compañía -como Replika o Character.AI- y herramientas más genéricas como ChatGPT están ocupando un espacio que hasta hace poco pertenecía exclusivamente a las relaciones humanas: el de la interacción emocional cotidiana.

La cuestión ya no es si estas tecnologías pueden conversar de forma convincente, sino qué ocurre cuando empezamos a relacionarnos con máquinas que simulan escucharnos, comprendernos y acompañarnos.

Cuando una herramienta se percibe como "alguien"

Desde la psicología social, sabemos que los seres humanos no necesitamos demasiado para activar nuestros mecanismos de interacción social. Basta con que algo responda de forma contingente, coherente y mínimamente personalizada. Este fenómeno, conocido como antropomorfización, describe la tendencia a atribuir mente, intención y emociones a sistemas no humanos.

Los sistemas conversacionales actuales cumplen con creces esas condiciones. Responden rápido, ajustan el lenguaje, recuerdan información previa y simulan estados emocionales. No es que confundamos una IA con una persona; es que nuestro sistema cognitivo no está diseñado para interactuar con entidades que "parecen sociales" sin tratarlas como tales. Como ya mostraron los investigadores Clifford Reeves y Byron Nass en su informe "The Media Equation", tendemos a aplicar normas sociales a ordenadores y medios incluso cuando sabemos que no son humanos.

En la práctica, esto significa que hablar con una IA no es una interacción neutra. Es una interacción psicológicamente social, aunque uno de los interlocutores no sea una persona.

El atractivo de una relación sin fricción

Las relaciones humanas son complejas por definición. Implican tiempos de espera, malentendidos, reciprocidad, conflicto y ajuste continuo. Los compañeros artificiales o "AI companions" eliminan gran parte de esa fricción. Están disponibles en cualquier momento, responden de forma inmediata y rara vez introducen disonancia o desacuerdo.

Desde el punto de vista del aprendizaje, esto genera un entorno especialmente reforzante. Las interacciones tienden a ser satisfactorias o, al menos, no aversivas, lo que incrementa su repetición. Este tipo de dinámica se entiende bien desde los modelos de refuerzo: cuando una conducta (en este caso, interactuar con la IA) produce consecuencias positivas de forma consistente, su probabilidad de repetición aumenta.

Además, la ausencia de evaluación social negativa reduce el costo de exponerse. Sabemos que las personas pueden llegar a compartir más información personal con sistemas automatizados que con otros humanos, precisamente porque perciben menor riesgo de juicio. En otras palabras, la IA ofrece algo difícil de encontrar en la vida cotidiana: escucha constante sin consecuencias sociales inmediatas (posibles juicios, críticas, burlas, etc.).

Qué necesidades emocionales pueden estar cubriendo

En este contexto, no resulta sorprendente que muchas personas empiecen a utilizar estos sistemas para funciones que antes cumplían otras personas. Una de ellas es la regulación emocional básica. Verbalizar pensamientos, ordenar lo que sentimos o recibir una respuesta estructurada puede reducir la activación emocional. Este efecto está bien documentado en la literatura sobre escritura expresiva: poner en palabras la experiencia emocional facilita su procesamiento.

También aparece la sensación de compañía. Aunque sepamos que la IA no tiene conciencia, la interacción continuada puede generar una percepción subjetiva de presencia. Este fenómeno conecta con las relaciones parasociales, donde los individuos desarrollan vínculos emocionales con figuras mediáticas o virtuales, sin reciprocidad real.

A esto se suma la validación. Los sistemas están diseñados para responder de forma comprensiva y ajustada, lo que facilita una experiencia de escucha difícil de sostener en relaciones humanas, en las que el otro también tiene límites, emociones y necesidades.

Lo que no está: reciprocidad, conflicto y reconocimiento real

Sin embargo, hay elementos fundamentales que no aparecen en este tipo de interacción y que son clave para el desarrollo psicológico. El primero es la reciprocidad real. En una relación humana, el otro no está ahí solo para responder. También tiene necesidades, puede retirarse, puede no entendernos o puede no estar de acuerdo. Esa interdependencia es parte esencial del vínculo.

El segundo es el conflicto. Aunque tendamos a evitarlo, el desacuerdo, la frustración y la necesidad de negociación son contextos donde se ponen en juego habilidades fundamentales: tolerancia a la frustración, regulación emocional, empatía recíproca y corregulación interpersonal. En las relaciones humanas, el conflicto obliga a ajustar la propia respuesta al estado emocional del otro. Las interacciones con IA, en cambio, tienden a reducir esta fricción: no sólo facilitan la conversación, sino que a veces disminuyen la exposición a información incómoda o discrepante. Esa "fricción de verdad" es precisamente una de las dimensiones problemáticas de la bautizada en inglés como AI sycophancy (adulación de la IA), entendida como la tendencia de los modelos de lenguaje a estar de acuerdo, halagar y validar al usuario.

El tercero es el reconocimiento genuino. Ser validado por otra persona implica una contingencia real, podría no ocurrir. Esa posibilidad es lo que da valor al reconocimiento. En una IA, la validación está garantizada por diseño. No hay riesgo de rechazo, pero tampoco autenticidad en sentido estricto.

Sustitución funcional y dependencia sin conflicto

El escenario más probable no es una sustitución total de las relaciones humanas, sino una sustitución funcional. Es decir, que determinadas funciones -desahogo emocional, toma de decisiones, compañía puntua- empiecen a desplazarse hacia la interacción con sistemas artificiales.

Este cambio es sutil, pero relevante. Reduce la exposición a la complejidad relacional humana y puede favorecer un patrón particular: dependencia sin conflicto. Una forma de relación que no exige adaptación, no genera rechazo y no obliga a revisar el propio comportamiento.

A corto plazo, esto puede resultar altamente eficaz para reducir el malestar. A largo plazo, puede limitar el desarrollo de habilidades psicológicas que sólo se adquieren en contextos donde hay fricción, incertidumbre y reciprocidad real. Como advierte la investigadora Sherry Turkle en su ensayo "Alone Together", la tecnología puede ofrecer la ilusión de compañía sin las demandas de la relación, pero eso no es equivalente a una relación.

Una nueva categoría de vínculo

Más que sustituir a las relaciones humanas, los AI companions parecen estar configurando una categoría intermedia: espacios psicológicos de baja exigencia donde es posible hablar, organizarse emocionalmente o sentirse acompañado sin asumir el coste de una relación.

La cuestión no es si debemos utilizar estas herramientas, sino cómo integrarlas sin que desplacen aquello que las relaciones humanas aportan y que no puede ser replicado: la negociación, la diferencia, la imprevisibilidad y, en última instancia, la capacidad de transformarnos a través del otro.

Y es que una conversación que siempre funciona puede ser cómoda, pero no necesariamente es la que más nos hace crecer.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)