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jueves, 25 de junio de 2026

¿Somos hemisferio izquierdo o derecho? Un libro explica por qué importa mucho más de lo que se cree

El prestigioso psiquiatra y neurocientífico británico Iain McGilchrist ilustra, mediante ejemplos cotidianos y referencias históricas y culturales, cómo el uso del cerebro influye en nuestra vida. De buena presencia en librerías, también se puede descargar en formato digital desde este post.

(Foto: redacción propia).

La exploración de la mente humana y sus mecanismos ha sido el eje de la obra del neurocientífico británico Iain McGilchrist, quien, tras décadas de investigación, ha plasmado sus hallazgos en un extenso ensayo que desafía las concepciones tradicionales sobre el cerebro.

En su libro, McGilchrist sostiene que los dos hemisferios cerebrales presentan orientaciones funcionales distintas: el izquierdo se especializa en el análisis de los detalles y la lógica, mientras que el derecho privilegia la percepción del conjunto y la creatividad. Esta distinción, lejos de ser excluyente, implica que ambos hemisferios participan en todas las actividades humanas, aunque lo hacen de formas radicalmente diferentes.

El autor ilustra estas diferencias a través de ejemplos cotidianos. Al intentar, por ejemplo, pinchar un poroto con un tenedor, el hemisferio izquierdo se enfoca en el objetivo concreto, mientras que el derecho permanece atento al entorno y a las posibles consecuencias de la acción, como la presencia de otros comensales o la oferta de más alimento. Esta dualidad no sólo se manifiesta en el plano individual, sino que también influye en el comportamiento colectivo.

Según McGilchrist, una sociedad que privilegia el hemisferio izquierdo tiende a sacrificar la empatía, descuidar el medio ambiente y perder de vista las repercusiones de sus actos egoístas, centrados en el presente. En contraste, una sociedad guiada por el hemisferio derecho buscaría estrategias que favorezcan el bienestar grupal de manera equitativa.

La atención, según McGilchrist, constituye la diferencia esencial entre ambos hemisferios. El autor afirma: "La diferencia más fundamental entre los hemisferios radica en la atención que prestan al mundo". Además, sostiene que "las cosas cambian según la actitud que adoptemos ante ellas, la clase de atención que les prestemos, nuestra disposición hacia ellas". Esta perspectiva resuena con la idea de que los seres humanos son, en palabras de Amado Nervo, los arquitectos de su propio destino.

Los dos hemisferios cerebrales presentan orientaciones funcionales distintas (Foto: Shutterstock).

El libro, titulado "El Maestro y su emisario" y traducido por Dulcinea Otero-Piñeiro, se estructura en dos partes que reflejan la propia división cerebral. La primera sección expone los avances científicos más recientes sobre la naturaleza del cerebro y los procesos neurológicos del pensamiento, así como su aplicación en las artes creativas, como la música y la literatura. McGilchrist subraya que lo relevante no es tanto la función específica de cada hemisferio, sino la manera en que cada uno aborda sus tareas.

La segunda parte, dirigida especialmente a quienes no poseen formación en ciencias biológicas, examina el papel de los hemisferios en la evolución de la cultura occidental, desde la Grecia antigua hasta la actualidad.

El análisis de McGilchrist no se caracteriza por el optimismo. El autor observa que, en épocas pasadas, las tendencias individualistas del hemisferio izquierdo se veían equilibradas por la conexión con la naturaleza, las artes y la religión

El hemisferio derecho privilegia la percepción del conjunto y la creatividad (Foto: Shutterstock).

En la actualidad, estas influencias han sido desplazadas, lo que ha dado lugar a un mundo que él describe como "cada vez más mecanicista, fragmentado y descontextualizado, marcado por un optimismo injustificado mezclado con la paranoia y una sensación de vacío". En su conclusión, McGilchrist aboga por la búsqueda de un equilibrio, recordando que "las ciencias, al igual que las artes, son hijas de ambos hemisferios". 

Para él, el valor de la ciencia reside en "prestar una atención paciente y detallada al mundo, y forma parte integrante de nuestra interpretación de él y de nosotros mismos". Esta idea se complementa con la reflexión de Simone Weil, quien definió la cultura como "la formación de la atención".

El título de la obra alude a una fábula que McGilchrist atribuye, aunque con dudas, a Friedrich Nietzsche. En ella, un maestro sabio gobierna un pequeño feudo y, al expandirse su territorio, delega la administración en emisarios. Uno de estos, dotado de inteligencia y ambición, termina usurpando el poder del maestro, engañando al pueblo y conduciendo al feudo a la ruina. Esta alegoría sirve para ilustrar el riesgo de que una parte del cerebro, o de la sociedad, asuma un control desmedido, con consecuencias destructivas para el conjunto.

Para comprar y descargar este trabajo en formato e-book, hacer click aquí.

(Fuente: Infobae / bajalibros.com / varios / redacción propia)

miércoles, 20 de mayo de 2026

El Instituto Leloir de Argentina instaura el "Premio Leloir al Talento Joven en Neurociencias"

Con el objetivo de reconocer la excelencia, la creatividad y el compromiso científico de jóvenes investigadores e investigadoras que desarrollan su labor en Argentina, el "Premio Leloir al Talento Joven en Neurociencias" busca contribuir al avance del conocimiento sobre las enfermedades neurodegenerativas al tratar de comprender mejor sus causas biológicas y moleculares, impulsar el desarrollo de estrategias innovadoras de diagnóstico, prevención y tratamiento, así como fomentar la formación y consolidación de grupos jóvenes de investigación en el país.

(Foto: Instituto Leloir).

Instituido gracias al aporte de un benefactor que ha preferido mantener la reserva de su identidad, el premio será gestionado por nuestra Fundación y se otorgará cada dos años a un/a único/a investigador/a. El ganador o la ganadora recibirá 18.000 dólares estadounidenses o su equivalente en pesos argentinos, que deberán destinarse a la ejecución del proyecto científico propuesto

Bases y condiciones

Requisitos de elegibilidad

Podrán postularse al premio:

- Investigadores/as que residan y desarrollen su labor en instituciones públicas o privadas de Argentina.
- Que no hayan transcurrido más de quince (15) años desde la obtención del título de doctorado a la fecha de cierre de la convocatoria. A las mujeres se les considerará un año adicional por hijo. 
- Que acrediten una trayectoria destacada en investigación científica en áreas relacionadas a enfermedades neurodegenerativas.
- Que sean autores protagonistas de publicaciones o contribuciones científicas originales y de impacto en el área.

Presentación de candidaturas

La postulación deberá incluir:

- Carátula: Nombre y apellido, datos de contacto, e-mail.
- Carta de solicitud. El/la postulante describirá sucintamente la relevancia de sus logros, justificando su impacto al objetivo del Premio y otros aspectos destacados de su carrera que, a su criterio, lo hacen merecedor/a del Premio. Extensión máxima: 1 página, letra Arial 11pt, a simple espacio.
- Carta de aval institucional donde desarrollará el proyecto.
- Carta de apoyo del Director del Laboratorio al que pertenece (si corresponde). Hacer clic acá para ver el modelo.
- Currículum vitae actualizado, destacando publicaciones, formación, premios y dirección de estudiantes.
- Línea de investigación actual (máx. 2 páginas), incluyendo aportes relevantes y proyección futura.
- Proyecto de investigación, incluyendo su factibilidad (máx. 3 páginas).
- Copia del título de doctorado o constancia de la defensa con fecha.

Toda la documentación deberá enviarse en formato digital, (único PDF) a la dirección de correo especificada en la convocatoria.

Selección y jurado

La Fundción Instituto Leloir será responsable de la gestión integral del premio, incluyendo la designación de un jurado independiente e imparcial, integrado por científicos y científicas de reconocida trayectoria en neurociencias y áreas afines. El jurado evaluará las postulaciones considerando los siguientes criterios:

- Antecedentes del/la postulante.
- Impacto potencial en el área de enfermedades neurodegenerativas.
- Calidad científica del proyecto.
- Originalidad e innovación.
- Viabilidad y plan de ejecución.

El jurado elaborará un dictamen fundado y elevará su dictamen a la Dirección de la FIL. La resolución será inapelable.

Ejecución

El desembolso del premio se concretará por transferencia bancaria a la unidad administradora o la institución en donde se desempeña el investigador/a por única vez, y con posterioridad a la entrega del Premio. La institución o la unidad administradora que se designe será la responsable de administrar el Premio.

- Gastos elegibles: insumos, servicios, participación en congresos, gastos de publicación, equipamiento.
- Plazos de ejecución. El proyecto deberá comenzar a ejecutarse dentro de los 6 meses de haber recibido el Premio y tendrá un plazo máximo de ejecución de 2 años desde el inicio del mismo. En situaciones excepcionales podrá concederse hasta 1 año de prórroga adicional.
- El/la ganador/a deberá presentar un informe final detallando los resultados y la utilización de los fondos.

Publicaciones y reconocimiento

Toda publicación, presentación, comunicación científica o actividad de difusión derivada del proyecto premiado deberá mencionar el apoyo recibido a través del "Premio Leloir al Talento Joven en Neurociencias - Fundación Instituto Leloir".

La FIL podrá difundir institucionalmente el nombre del/de la investigador/a premiado/a, su trayectoria, el título del proyecto y sus resultados generales, respetando la confidencialidad de la información sensible, reservada o susceptible de protección.

Aceptación de las bases

La presentación de una postulación implica la aceptación plena de las bases y condiciones del premio y de la normativa institucional aplicable. Las personas postulantes declaran que la información presentada es veraz y completa.

Modificaciones

La FIL podrá introducir modificaciones operativas, de calendario, técnicas o regulatorias a estas Bases y Condiciones, las que serán oportunamente comunicadas por medios institucionales.

Para requerir más información, enviar un correo electrónico a premios-informes@leloir.org.ar.

(Fuente: Fundación Instituto Leloir / redacción propia)

jueves, 2 de octubre de 2025

Para sorprendernos: la neurociencia revela que los músicos sienten el dolor de forma diferente

Es bien sabido que aprender a tocar un instrumento puede reportar beneficios que van más allá de la simple habilidad musical. De hecho, las investigaciones demuestran que es una actividad excelente para el cerebro y que puede mejorar nuestras habilidades motoras finas, la adquisición del lenguaje, el habla y la memoria. Incluso puede ayudar a mantener nuestro cerebro más joven.

(Foto: Shutterstock).

Si la formación musical puede remodelar el cerebro de tantas maneras, ¿también puede cambiar la forma en que los músicos sienten el dolor? Para responder la pregunta, científicos han realizado un interesante estudio.

Así nos cambia el dolor
La ciencia sabe que el dolor activa varias reacciones en el cuerpo y el cerebro, modificando nuestra capacidad de atención y los pensamientos, así como nuestra forma de movernos y comportarnos. Si tocamos una sartén caliente, por ejemplo, el dolor nos hace retirar la mano antes de que nos quememos gravemente.

También cambia nuestra actividad cerebral. De hecho, suele reducir la actividad en la corteza motora, el área que controla los movimientos, lo que ayuda a evitar que utilicemos en exceso una parte del cuerpo lesionada.

Estas reacciones contribuyen a prevenir daños mayores si sufrimos una lesión. Pero si la molestia continúa durante más tiempo y el cerebro sigue enviando señales de “no te muevas” durante demasiado tiempo, las cosas pueden salir mal.

Por ejemplo, si nos torcemos el tobillo y dejamos de usarlo durante semanas, eso puede disminuir nuestra movilidad y alterar la actividad cerebral en las regiones relacionadas con el control del dolor, lo cual puede aumentar el sufrimiento a largo plazo.

Las investigaciones también han descubierto que el dolor persistente puede reducir lo que se conoce como el “mapa corporal”, que es desde donde el cerebro envía órdenes sobre qué músculos mover y cuándo. Y esta merma, a su vez, está relacionada con un aumento del dolor.

Pero, aunque está claro que algunas personas experimentan más dolor cuando se reduce su mapa corporal, no todo el mundo se ve afectado de la misma manera. Algunas personas soportan mejor el dolor y sus cerebros son menos sensibles a él. Los científicos aún no comprenden del todo por qué ocurre ésto.

Los músicos y el dolor

El mencionado estudio quería analizar si la formación musical y todos los cambios cerebrales que provoca podrían influir en cómo los músicos sienten y afrontan el dolor. Para ello, se les provocó dolor deliberadamente en las manos, durante varios días, tanto a músicos como a no músicos para ver si había alguna diferencia en cómo respondían.

Para imitar de forma segura las molestias musculares, se utilizó un compuesto llamado factor de crecimiento nervioso. Se trata de una proteína que normalmente mantiene los nervios sanos, pero cuando se inyecta en los músculos de la mano, provoca dolor durante varios días, especialmente al moverla. Es segura, temporal y no causa ningún daño.

Luego se utilizó una técnica llamada estimulación magnética transcraneal (EMT) para medir la actividad cerebral. La EMT envía pequeños pulsos magnéticos al cerebro que fueron utilizados para crear el mapa cerebral de la mano en cada participante del estudio.

Se crearon estos mapas antes de la inyección y luego fueron medidos de nuevo dos días después y ocho días después, para ver si el dolor cambiaba el funcionamiento del cerebro.

La estimulación magnética transcraneal consiste en enviar pequeños pulsos eléctricos al cerebro (Foto: Shutterstock).

Una diferencia sorprendente

Cuando se compararon los cerebros de los músicos y los no músicos, las diferencias fueron sorprendentes. Incluso antes de inducir el dolor, los primeros mostraban un mapa de la mano más preciso en el cerebro. Cuanto más tiempo habían dedicado a practicar, más refinado resultaba ese mapa.

Después de inducir el dolor, los músicos informaron de que sentían menos molestias que los no músicos. Y mientras que el mapa de la mano en los cerebros de los no músicos se redujo dos días después de sufrir el dolor, los de los músicos permanecieron sin cambios; sorprendentemente, cuantas más horas habían entrenado, menos dolor sentían.

Aunque en el estudio participaron sólo 40 personas, los resultados mostraron claramente que los cerebros de los músicos respondían de forma diferente al dolor. Su entrenamiento parecía haberles proporcionado una especie de amortiguador contra los efectos negativos habituales, tanto en la intensidad de las molestias que sentían como en la reacción de las áreas motoras de su cerebro.

Por supuesto, no implica que la música sea una cura para el dolor crónico, pero sí nos muestra que el entrenamiento y la experiencia a largo plazo pueden moldear la forma en que percibimos el dolor. Esto podría ayudarnos a comprender por qué algunas personas son más resistentes al dolor que otras, además de cómo podemos diseñar nuevos tratamientos para quienes viven con él.

El mismo equipo está llevando a cabo más investigaciones para determinar si el entrenamiento musical también puede protegernos de la alteración de la atención y la cognición durante el dolor crónico. A partir de ahí, se espera poder diseñar nuevas terapias que “reentrenen” el cerebro de las personas que sufren ese dolor persistente.

Y ésta es la parte más emocionante: la idea de que, como músico, lo que aprendemos y practicamos cada día no sólo hace mejorar una habilidad, sino que puede, literalmente, reconfigurar nuestro cerebro de manera que cambie nuestra forma de experimentar el mundo, incluso algo tan fundamental como el dolor.

(Fuente: The Conversation)

martes, 8 de julio de 2025

Neurocientíficos ya experimentan con cerebros humanos conectados para leer los pensamientos

Los avances de la última década han dado lugar a la primera interfaz "cerebro a cerebro" capaz de conectar simultáneamente a más de dos personas.

(Foto: Shutterstock).

La posibilidad de leer los pensamientos humanos y compartir información mental sin palabras ha dejado de ser una fantasía de la ciencia ficción para convertirse en un tema de estudio real. La colaboración entre neurocientíficos y expertos de otras disciplinas ha impulsado experimentos pioneros, donde la comunicación de cerebro a cerebro ya no sólo resulta viable, sino que inaugura un nuevo horizonte de investigación. Frente a lo que hasta hace poco considerábamos un truco de carnaval o una escena típica de historias "cyberpunk", hoy existen resultados tangibles obtenidos en laboratorios alrededor del mundo.

Estos avances plantean expectativas inéditas para la medicina, la comunicación y la sociedad, así como desafíos éticos y técnicos que apenas comienzan a explorarse. Los trabajos recientes ilustran el vertiginoso progreso del sector: desde los primeros experimentos internacionales de transmisión mental hasta sistemas más complejos diseñados para interacciones colaborativas y soluciones potenciales en el ámbito clínico.

(Foto: Shutterstock).

Del experimento cerebral a BrainNet: la nueva comunicación sin palabras

En 2014, un equipo de científicos organizó un experimento pionero que permitió la primera transmisión de palabras de un cerebro humano a otro, separados por 8.000 kilómetros, entre India y Francia. Los voluntarios, equipados con un sistema inalámbrico de electroencefalograma (EEG), participaron en un proceso que combinó dos tecnologías clave: las interfaces cerebro-computadora y las interfaces computadora-cerebro.

Mediante electrodos situados en la cabeza de cada individuo, el sistema tradujo los pensamientos en código binario. El mensaje viajó por internet y, al llegar a su destino, una computadora envió instrucciones al cerebro receptor mediante estimulación magnética transcraneal. Este impulso magnético amplificó los estímulos eléctricos en las neuronas y permitió al receptor distinguir, de forma no verbal, la llegada de información.

El resultado fue que el receptor en Francia captó las palabras “ciao” y “hola” enviadas desde la India. Esto significó la primera ocasión en la que dos personas lograron comunicarse directamente a través de sus cerebros con soporte computacional. Los investigadores resaltaron que este sistema sentó las bases para el desarrollo de nuevas aplicaciones y que, en el futuro, sería posible crear bucles cerrados en los que la información cerebral se capturará, procesará y utilizará para controlar otras áreas del cerebro, ya sea del mismo individuo o de otros. Así, se facilita la comunicación directa de pensamientos o instrucciones.

(Foto: Shutterstock).

El avance continuó en 2019 con la aparición de BrainNet, la primera interfaz cerebro a cerebro capaz de conectar simultáneamente a más de dos personas, a la manera de una red social. Al usar nuevamente la tecnología de EEG y la estimulación magnética transcraneal, BrainNet permitió a tres voluntarios colaborar de manera silenciosa para resolver juntos un juego similar al Tetris.

Dos personas funcionaron como emisores de información (mediante señales cerebrales decodificadas que se transformaron en impulsos electrónicos), mientras un receptor recibía y usaba esa información en tiempo real. Los resultados demostraron que es posible construir sistemas colaborativos basados únicamente en la comunicación mental, y los desarrolladores plantearon que la infraestructura podría ampliarse para incluir a grupos de mayor tamaño en el futuro.

Entre avances tecnológicos y dilemas éticos

El conocimiento sobre la transmisión de información entre cerebros se amplió en 2021, cuando el fisiólogo veterinario Ehsan Hosseini propuso que los débiles campos magnéticos producidos por la actividad cerebral pueden transmitir información de un individuo a otro. También sugirió que proteínas como los criptocromos, presentes en diversos organismos, serían capaces de percibir estos campos magnéticos y transformarlos en señales eléctricas reconocibles para las neuronas, abriendo así la puerta a entender fenómenos considerados paranormales, como la telepatía, desde una base científica.

En el presente, la startup Neuroba explora nuevas fronteras al buscar integrar la conciencia humana con interfaces cerebro-computadora, inteligencia artificial y comunicación cuántica. Los expertos de la empresa intentan diseñar algoritmos avanzados para decodificar, transmitir y reconstruir mensajes cerebrales con mayor precisión. Esta tecnología promete soluciones revolucionarias para pacientes con problemas del habla o movilidad, quienes podrían comunicarse sólo con su pensamiento, lo que a su vez permitió la traducción automática de sus señales cerebrales en mensajes textuales o de voz comprensibles por otros.

Pero las posibilidades no se limitan al ámbito médico. Neuroba contempla escenarios en los que las reuniones laborales o la colaboración grupal se transforman a través de conexiones cerebrales colectivas. Sin embargo, estas propuestas desencadenan dilemas éticos difíciles. El hecho de compartir pensamientos en tiempo real podría homogeneizar ideas dentro de un grupo y coartar la libertad individual, al punto de comparar el resultado con una mente colectiva manipuladora, similar a la representada en muchos relatos y filmes de ciencia ficción. Asimismo, el riesgo de acceder a pensamientos privados sin consentimiento crea la necesidad urgente de normativas claras y de un código ético riguroso.

(Fuente: Xataka / Genbeta / varios / redacción propia)

lunes, 5 de mayo de 2025

La comunidad científica coincide casi unánimemente en algo: socializar ayuda y nos salva en medio de cualquier situación crítica

En momentos de crisis, ya sean prolongados o puntuales, relacionarnos con otros -incluso con desconocidos- es clave para nuestra resiliencia psicológica. Este impulso a socializar está profundamente arraigado en nuestra biología y evolución.

(Foto: RossHelen / Shutterstock).

Los seres humanos dependemos de la cooperación para sobrevivir, sobre todo en estos tiempos de destrato y fomento del individualismo. Matthew Lieberman, director del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva de la Universidad de California, en Los Ángeles, describe el cerebro humano como "fundamentalmente social", equiparando nuestra necesidad de conexión a la de alimento o agua. Cuando interactuamos positivamente, nuestro cerebro libera oxitocina, dopamina y endorfinas, neurotransmisores que reducen el estrés y fortalecen la salud física y mental.

En la misma línea, el sistema de respuesta al estrés, regulado por el eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA), muestra una notable sensibilidad a la presencia de otros. Estudios de neuroimagen revelan que las áreas cerebrales asociadas al miedo y la incertidumbre se calman cuando estamos acompañados.

La paradoja del aislamiento

Pese a esta programación biológica, las crisis contemporáneas inducen a menudo al retraimiento. Una investigación en siete países mostró que más de un tercio de los jóvenes presenta síntomas de ansiedad social, alcanzando el 58 % en Estados Unidos. La pandemia de covid-19 agravó este fenómeno: la OMS reportó un aumento del 25 % en los casos de ansiedad y depresión globales.

Paradójicamente, en los momentos donde más necesitamos conexión es cuando más tendemos a aislarnos, lo que empeora los efectos negativos de la crisis.

Socialización contra la incertidumbre

La "intolerancia a la incertidumbre" -la dificultad para sobrellevar la falta de control- aumenta la vulnerabilidad a trastornos de ansiedad. En el polo opuesto, socializar ofrece un potente amortiguador: compartir experiencias normaliza las emociones, diversifica las perspectivas, y facilita el acceso a información tranquilizadora.

Relacionarnos con otros, incluso, con desconocidos, es clave para nuestra resiliencia psicológica (Foto: Tayfun Yaman / Shutterstock).

Por ejemplo, después del tsunami de Japón en 2011, los supervivientes con mayor apoyo social mostraron tasas significativamente menores de trastornos psicológicos, incluso teniendo en cuenta el mismo el nivel de exposición al trauma.

El poder de las conversaciones casuales

Las relaciones profundas no son las únicas que nos protegen. Los denominados "vínculos débiles" -interacciones breves con desconocidos- también tienen efectos positivos. Un estudio demostró que conversar con extraños, por ejemplo, en el transporte público, mejora el estado de ánimo, a pesar de las expectativas negativas iniciales.

Estas pequeñas conexiones activan circuitos cerebrales de recompensa y contrarrestan directamente los efectos del estrés crónico.

(Foto: Pixabay).

Tecnología: ¿puente o barrera?

Durante la pandemia, las videollamadas y mensajes permitieron mantener vínculos, ofreciendo beneficios similares a las interacciones presenciales. Sin embargo, el aumento del uso de redes sociales también se ha relacionado con mayores niveles de ansiedad social, especialmente entre los jóvenes.

El problema surge cuando la comunicación digital sustituye, en lugar de complementar, las interacciones presenciales. Tras el confinamiento, muchos han experimentado "ansiedad de reentrada social", mostrando las limitaciones de los vínculos exclusivamente virtuales.

Estrategias prácticas

Para fortalecer nuestra resiliencia social en tiempos turbulentos, podemos incluir en nuestra vida una serie de estrategias que no sólo mejoran el bienestar emocional, sino que también fortalecen la salud física a través de mecanismos inmunológicos y antiinflamatorios.

Las claves son priorizar interacciones presenciales seguras y establecer rutinas sociales regulares, como reunirnos con familia o amigos con cierta periodicidad. También es importante valorar los vínculos débiles, esos instantes en que hablamos con nuestro compañero de asiento en el tren o con el cajero del supermercado. Asimismo, es recomendable participar en actividades comunitarias, compartir progresivamente experiencias personales y limitar el consumo excesivo de noticias negativas

(Foto: Pixabay).

Por otra parte, la gestión de crisis debe integrar políticas públicas que fortalezcan la cohesión social. Las campañas de comunicación deberían fomentar valores colectivos y el apoyo mutuo. Mientas, las políticas de distanciamiento -como las que tuvieron lugar durante la pandemia- deberían contemplar alternativas seguras de conexión social.

En educación, promover competencias sociales y emocionales es esencial para preparar sociedades más resilientes ante futuras crisis.

En definitiva, cuando la incertidumbre nos invita al aislamiento, la respuesta adecuada es profundizar nuestras conexiones humanas. Desde charlas casuales hasta fuertes lazos comunitarios, cada interacción protege nuestra salud mental y física. En un mundo de cambios constantes, invertir en relaciones sociales no es un lujo: es una necesidad evolutiva y una medicina esencial.

(Fuente: The Conversation)

miércoles, 27 de noviembre de 2024

En qué consiste el "Síndrome Alicia en el país de las maravillas" y qué dice la ciencia al respecto

De repente, las cosas parecen más grandes, pequeñas o distantes. Un prestigioso neurólogo argentino explica qué sucede cuando el cerebro engaña de esa manera.

(Foto: Freepik).

Como cualquier otro día, Juan, -por así llamarlo- se levantó, se miró al espejo y, de repente, todo cambió. Su mano parecía un globo, su cara se deformaba como si fuera un cuadro cubista y el baño se estiraba hacia un túnel infinito. No, no era una pesadilla ni un sueño extraño. Era el Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas (SAPM), una condición tan desconcertante como fascinante, donde la realidad y la imaginación se mezclan de una forma surrealista.

El neurólogo Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología Buenos Aires, explica: "Las causas más comunes del Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas incluyen infecciones virales, como el virus Epstein-Barr, migrañas, especialmente en niños y adolescentes), epilepsia en el lóbulo temporal, y algunas condiciones psiquiátricas. También puede asociarse a ciertos medicamentos o al uso de sustancias alucinógenas".

Un viaje al corazón del cerebro

Aunque el SAPM parece sacado de una historia fantástica, es un trastorno neurológico real. Las causas son tan variadas como los síntomas que producen. Desde migrañas hasta infecciones virales como el Epstein-Barr, o incluso efectos secundarios de medicamentos, pueden desencadenarse por diferentes factores. Andersson detalla que "este síndrome afecta la forma en que el cerebro procesa la información visual y espacial, probablemente en áreas como el lóbulo parietal y el lóbulo temporal, que son esenciales para la percepción de tamaño, tiempo y espacio. Estas áreas pueden sufrir una especie de 'desincronización' o hiperexcitabilidad que da lugar a distorsiones perceptivas".

Para los afectados, la experiencia es como vivir dentro de una obra de Dalí, donde la realidad se retuerce y se disuelve a cada instante. Los episodios de distorsión perceptiva suelen ser breves, pero en algunos casos pueden persistir o repetirse. En ese sentido, el especialista señala que "en muchos casos, el SAPM se resuelve espontáneamente, especialmente en niños y adolescentes. Sin embargo, en algunos adultos pueden persistir y asociarse a otras condiciones neurológicas, como migrañas o epilepsia".

Diagnósticos en la sombra

El SAPM presenta una peculiaridad: no deja huellas físicas. No altera un electroencefalograma ni aparece en una resonancia magnética. Esto hace que su diagnóstico sea complicado. Andersson precisó que "no se considera en sí mismo un tipo de epilepsia, pero puede estar asociado con trastornos neurológicos, incluida la epilepsia del lóbulo temporal. Es un síndrome neurológico caracterizado por distorsiones perceptivas de tamaño, forma, distancia y tiempo, pero no involucra las descargas eléctricas cerebrales características de las crisis epilépticas".

A veces, el síndrome desaparece tan rápido como aparece, y los pacientes quedan con la sensación de que su experiencia fue algo entre lo real y lo imaginado. "El SAPM y la epilepsia comparten algunos síntomas, especialmente en el caso de la epilepsia del lóbulo temporal, en la cual los pacientes pueden experimentar alteraciones sensoriales y perceptivas similares a las del SAPM. Sin embargo, el SAPM también puede ocurrir sin relación con crisis epilépticas, y puede estar desencadenado por otras causas, como migrañas, infecciones virales o incluso episodios de ansiedad intensa", agrega.

El lado surrealista de la ciencia y sus tratamientos

Aunque no existe un tratamiento específico, Andersson explica que "se pueden implementar estrategias según la causa subyacente. Si el SAPM está vinculado a migrañas, los tratamientos preventivos para la migraña pueden ayudar a reducir la frecuencia de los episodios". Y en algunos casos, otras intervenciones pueden ser útiles: "En casos recurrentes, la terapia cognitivo-conductual puede servir para que los pacientes aprendan a manejar sus síntomas y reducir la ansiedad que estos episodios pueden generar. En situaciones graves o con síntomas persistentes, los médicos pueden considerar fármacos como anticonvulsivantes si hay una base epiléptica", comenta.

Para muchos, el síndrome es "una anécdota rara" que se cuenta entre risas nerviosas en reuniones familiares, como una historia que parece más de ficción que de realidad. Sin embargo, en algunos pacientes los episodios pueden persistir. "La duración de los episodios y la probabilidad de que desaparezcan dependen de la causa subyacente. En pacientes con episodios crónicos, el SAPM puede acompañarlos a lo largo del tiempo, aunque los episodios tienden a volverse menos frecuentes con la edad en algunos casos", concluye Andersson.

Con todo, si alguna vez se encuentra en una calle y siente que las cosas a su alrededor empiezan a moverse de una forma extraña, tal vez no sea sólo su imaginación. Quizás, por un momento, se haya adentrado en un mundo donde la ciencia y la fantasía se encuentran, y la realidad se convierte en algo tan maleable como un sueño.

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ)

lunes, 11 de noviembre de 2024

Cómo el cerebro organiza los recuerdos y los integra a lo largo del tiempo, según expertos

Los especialistas de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai (EE.UU.) postularon que algunas vivencias son almacenadas en conjuntos neuronales para incluir nueva información relevante. La palabra de los autores del estudio.


La reorganización flexible de recuerdos en el cerebro parece ser clave para adaptar la memoria a cambios del entorno, lo que facilita inferencias causales y decisiones en situaciones diversas (Foto: Freepik).

Existe un mecanismo cerebral que facilita la integración de la memoria a lo largo del tiempo? Esta pregunta se hicieron recientemente expertos de Mount Sinai. El hallazgo planteó que el cerebro reorganiza los recuerdos almacenados en conjuntos neuronales para incluir nueva información relevante, algo que los mantiene actualizados.

Este proceso, sostienen los investigadores, podría ayudar a comprender mejor tanto la memoria adaptativa, que permite realizar inferencias causales, como los procesos desadaptativos, entre ellos el trastorno de estrés postraumático (TEPT), en el que los recuerdos dolorosos afectan la percepción del presente.

Denise Cai, Doctora en Neurociencia y profesora asociada en la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, destacó cómo este descubrimiento desafía algunas creencias tradicionales sobre la estabilidad de los recuerdos.

"La opinión más extendida es que los recuerdos se forman durante el aprendizaje inicial y permanecen estables en conjuntos neuronales a lo largo del tiempo, lo que nos permite recordar una experiencia particular", afirmó Cai.


La investigación en ratones mostró que el cerebro consolida experiencias pasadas al evocarlas tras vivencias recientes, un proceso que parece facilitar la integración de memorias y eventos dispares a lo largo del tiempo (Foto: Freepik).

El cerebro almacena recuerdos y los actualiza

Sin embargo, la investigación mostró que esta visión resulta insuficiente para explicar cómo el cerebro no sólo almacena recuerdos, sino que los actualiza de forma flexible con información relevante.

"La combinación de estabilidad y flexibilidad dentro de los conjuntos neuronales es fundamental para que podamos hacer predicciones, tomar decisiones y relacionarnos en un mundo en constante cambio", subrayó la experta.

En su estudio, el equipo de investigación analizó la actividad neuronal en el hipocampo de ratones adultos mientras aprendían nuevas experiencias, descansaban entre cada evento en períodos denominados "desconectados" y, posteriormente, recordaban esas experiencias en días posteriores.

Los investigadores descubrieron que, tras cada experiencia, el cerebro consolidaba y estabilizaba el recuerdo reproduciendo la experiencia vivida. En el caso de vivencias negativas, el cerebro no sólo reproducía ese evento específico, sino también evocaciones de días anteriores, buscando aparentemente conectar eventos relacionados y facilitar la integración de los recuerdos en el tiempo.


Al analizar el hipocampo, los científicos observaron que los ratones reactualizaban recuerdos anteriores después de eventos negativos, vinculando experiencias aparentemente inconexas en la memoria (Foto: Freepik).

Una de las fases del estudio se enfocó en analizar el comportamiento de ratones que atravesaron experiencias adversas, como recibir una descarga eléctrica en un entorno particular. Los investigadores notaron que estas vivencias negativas impulsaban la reactivación de recuerdos previos "neutros" o no amenazantes.

Por ejemplo, un recuerdo de un entorno seguro y diferente donde no habían recibido ninguna descarga eléctrica se reactivaba junto al recuerdo adverso reciente.

"Descubrimos que cuando los ratones descansaban después de una experiencia altamente negativa, reactivaban simultáneamente el conjunto neuronal de esa experiencia y el recuerdo neutro pasado, integrando así las dos modalidades de memoria distintas", explicó Cai.

Los investigadores denominaron a este proceso "co-reactivación del conjunto", un mecanismo que facilitaba la vinculación a largo plazo de recuerdos que en apariencia no tenían relación.

De acuerdo a los autores, un aspecto de particular interés en este hallazgo fue que, a diferencia de estudios previos que destacaban el rol del sueño en el almacenamiento de la memoria, el equipo observó que la vinculación de recuerdos se producía con mayor frecuencia cuando los ratones estaban despiertos. Este descubrimiento planteó nuevas preguntas sobre los roles diferenciados que desempeñan la vigilia y el sueño en los distintos procesos de la memoria.

La vinculación retrospectiva de recuerdos parece depender de la intensidad del evento negativo, lo que podría explicar por qué experiencias traumáticas tienen un impacto profundo en la memoria y el comportamiento (Foto: Freepik).

El estudio también demostró que las experiencias adversas tendían a vincularse con recuerdos previos de manera "retrospectiva", al asociarse con eventos pasados, en lugar de "prospectivamente" hacia experiencias futuras. Además, cuanto más intenso era el acontecimiento negativo, mayor era la probabilidad de que promoviera la vinculación retrospectiva en el cerebro, un fenómeno que podría ayudar a entender por qué los eventos traumáticos afectan profundamente la memoria y el comportamiento.

La investigación en torno a esta co-reactivación sugiere que el cerebro emplea un mecanismo flexible y adaptable que facilita la actualización de recuerdos en función de las experiencias posteriores. Este proceso permite que los recuerdos se modifiquen, al vincular eventos nuevos con experiencias anteriores, lo cual podría influir en cómo las personas manejan sus recuerdos en un entorno en constante cambio.

Según Cai, este descubrimiento representa "un avance significativo en la comprensión de la memoria en el mundo real", ya que permite entender cómo se reorganizan los recuerdos con el tiempo para mantener la funcionalidad diaria. Cai agregó: "Nuestros recuerdos se actualizan y remodelan constantemente con la experiencia posterior, lo que nos permite adaptarnos a un entorno dinámico y cambiante".

(Fuente: Infobae)

miércoles, 21 de agosto de 2024

Nuestro cerebro tiene su propia "copia de seguridad" de cada recuerdo: ya se conoce cómo las crea

El "almacenamiento" de los recuerdos nos ayuda a aprender tomando como punto de partida nuestras experiencias. Las "copias" de un recuerdo se conservan durante diferentes periodos, porque no todas permanecen de forma indefinida.


(Foto: Anna Shvets).

Durante las últimas décadas los científicos que desarrollan su actividad de investigación en el ámbito de la neurociencia han aprendido muchísimo. Y, aun así, en gran medida nuestro cerebro sigue siendo un misterio. Y lo es debido a que su complejidad es extraordinaria. No obstante, esta dificultad no representa un obstáculo a la hora de seguir esforzándose e investigando.

El científico Flavio Donato y su equipo de investigadores de la Universidad de Basilea (Suiza) no se han dejado amedrentar por la complejidad natural de nuestro cerebro, y su esfuerzo ya está dando fruto. En el artículo que estos científicos han publicado en la prestigiosa revista Science explican con bastante detalle un mecanismo del cerebro que hasta ahora los neurocientíficos no conocían bien. Y, curiosamente, es un comportamiento que recuerda lejanamente al de la estrategia que utilizamos los seres humanos para evitar que nuestros ordenadores pierdan nuestra información más valiosa.

Nuestro cerebro se asegura de mantener a buen recaudo nuestros recuerdos

El cerebro humano tiene una capacidad de aprendizaje y una plasticidad enormes. El almacenamiento de los recuerdos es uno de los mecanismos que nos ayudan a aprender tomando como punto de partida las experiencias que hemos vivido en el pasado. Y ese aprendizaje es crucial porque nos permite adaptarnos y responder a algunos de los desafíos y las experiencias que tendremos que afrontar en el futuro. Hasta ahora los neurocientíficos desconocían cómo resuelve el cerebro humano la dinámica de los recuerdos, pero ya tenemos algunas respuestas.

El profesor Donato y su equipo han descubierto que nuestro cerebro procesa cada recuerdo vinculado a una experiencia específica con el propósito de almacenarlo en múltiples copias simultáneamente. Esto significa, sencillamente, que un recuerdo no deja una única impronta en nuestra estructura cerebral, de ahí que no resulte descabellado comparar este mecanismo con la creación de las copias de seguridad que utilizamos para salvaguardar la información más relevante que almacenamos en nuestras computadoras o móviles.

Además, estos científicos han concluido que las copias de un recuerdo en particular se conservan durante diferentes periodos de tiempo, por lo que no todas ellas permanecen de forma indefinida. De hecho, puede que en algunos casos ninguna de ellas perdure. No obstante, esto no es todo lo que han averiguado. También han confirmado que algunas copias pueden ser modificadas en cierta medida con el paso del tiempo. Lo curioso es que toda esta actividad se lleva a cabo en el hipocampo, que es la región del cerebro que se responsabiliza del aprendizaje a partir de la experiencia.

Curiosamente, cada experiencia se almacena al menos en tres grupos distintos de neuronas que se forman durante diferentes etapas del desarrollo embrionario. De hecho, las neuronas que se forman en primer lugar son las responsables del almacenamiento de los recuerdos que se preservan a largo plazo. Las neuronas que se forman más tarde tienen una capacidad de retención de los recuerdos muy fuerte al principio, pero se desvanecen con el tiempo. Y, por último, los recuerdos que se almacenan durante poco tiempo en las neuronas formadas en las últimas fases del desarrollo embrionario pueden ser modificados y reescritos con facilidad.

"El desafío al que se enfrenta nuestro cerebro en lo que concierne a la memoria es impresionante. Por un lado debe recordar lo que hemos experimentado en el pasado para ayudarnos a comprender el mundo en el que vivimos. Pero, además, necesita adaptarse a los cambios que se producen a nuestro alrededor para ayudarnos a tomar las decisiones adecuadas para garantizar nuestra supervivencia", nos explica el profesor Donato, y es apasionante. No cabe duda de que en el ámbito de la neurociencia a los científicos aún les queda muchísimo trabajo por hacer, pero gracias a descubrimientos como el de estos investigadores podemos otear el futuro con un optimismo muy saludable.

(Fuente: Xataka)

lunes, 3 de junio de 2024

​El curioso caso de Phineas Gage y la barra de metal en su cabeza

Un grave accidente laboral cambió por completo, y aún hoy inexplicablemente, la personalidad de un joven obrero en el siglo XIX.


Daguerrotipo enmarcado de Phineas Gage mostrando la barra de metal que lo lastimó (Foto: Jack and Beverly Wilgus / Wikimedia).

Phineas Gage era  un joven capataz de la línea de ferrocarriles Rutland & Burlington en Vermont (USA). Al momento del accidente, su trabajo consistía en preparar detonaciones, perforando un agujero en la roca, añadiendo explosivos, un detonador y arena, para terminar compactando esta carga con una barra de hierro.

Gage estaba realizando estas tareas alrededor de las 16:30 horas cuando (posiblemente porque se le olvidara añadir la arena),​ se creó una chispa al contacto entre el hierro y la roca que provocaría la explosión de la pólvora, expeliendo la barra fuera del agujero.

La barra tenía alrededor de 1,1 m de longitud (3 pies y siete pulgadas) y 3,2 cm de diámetro (1 y 1/4 pulgadas), y​ atravesó el cráneo de Gage, entrando por el lado izquierdo de la cara, pasando por detrás del ojo izquierdo y saliendo por la parte superior de la cabeza.

Gage se mantuvo consciente en todo momento del accidente, es así que fue capaz de describirle a los doctores que le atendieron como sucedió el hecho. Fue atendido por dos médicos, el doctor Edward Higginson Williams y el doctor John Martyn Harlow el cual, tras la muerte de Gage se dedicó al estudio de su cerebro y cómo la lesión había afectado a éste.

A primera vista: un milagro médico

La crónica de la época relata que Gage, incluso, habló a los pocos minutos. Después del accidente lo llevaron en una carreta varios kilómetros hasta el hotel de Joseph Adams en Cavendish. El doctor Williams fue el primer médico en llegar. Gage lo recibió sentado en un silla y le dijo: "Doctor, aquí hay trabajo para usted".

Una hora después, el doctor Harlow se hizo presente, y este último proporcionó la atención médica que permitiría que Gage sobreviviese al accidente.

Sobrevivir a una explosión y a una herida como esa con la rudimentaria medicina de la época y seguir siendo capaz de caminar y hablar racionalmente es sorprendente. No menos sorprendente es que dos meses después el doctor Harlow consideraría que Gage estaba completamente recuperado, dándole el alta.

La realidad: Gage ya no era Gage


Podemos reconstruir lo que ocurrió a partir del relato que el doctor Harlow preparó veinte años después. Como ya hemos dicho, la recuperación física de Gage fue completa. Sin embargo, en palabras del propio Harlow "el equilibrio entre su facultad intelectual y sus propensiones animales se había destruido".

Tras pasar la fase aguda, Gage se volvió irregular, irreverente, blasfemo e impaciente. A veces era obstinado cuando le llevaban la contraria, pero pese a que continuamente estaba pensando en planes futuros los abandonaba mucho antes de prepararlos, y era muy bueno a la hora de encontrar siempre algo que no le convenía. Esto contrastaba con el hecho de que previamente al accidente era un hombre apacible y responsable.

El final


Tras el accidente, Gage mostró síntomas como fiebre ocasionada por la inflamación, sin embargo, al poco tiempo superó todos estos síntomas y empezó a mostrar un cambio en su actitud y personalidad pasando de ser una persona bondadosa a mostrar una actitud arrogante según sus conocidos. Como consecuencia del accidente Gage sufrió obvias secuelas físicas pero, sin embargo, fue capaz de continuar con su vida. Consiguió varios trabajos y viajó por Nueva Inglaterra y Chile, donde vivió unos años, siempre acompañado por la barra de metal que lo atravesó.

Tras su vida en Chile, Phineas regresó a los Estados Unidos para instalarse en casa de su madre y su hermana. Fue allí donde falleció en 1860 tras sufrir una serie de convulsiones. Tanto el cráneo como la barra de hierro se conservan en el museo de medicina de la Universidad de Harvard.

¿Por qué es relevante el caso?

Este pequeño episodio histórico es parada obligatoria en muchas carreras universitarias relacionadas con las neurociencias y la conducta porque, de hecho, fue uno de los primeros ejemplos bien documentados en los que se vio cómo cambios materiales en el cerebro modificaban no sólo capacidades cognitivas, sino aspectos de la psicología que tradicionalmente se han asociado al "alma", es decir, a la manera de ser y la esencia de los seres humanos.

Existe la teoría de que Phineas Gage pasó a ser otra persona no ya a través de un proceso de aprendizaje o la autorreflexión, sino por un accidente muy concreto que modificó físicamente su cerebro. Lo que se comprobó después pudo haber sido un ejemplo de cómo el cerebro se reorganiza para suplir las carencias materiales producidas por la explosión a partir de los recursos más limitados de los que disponía, pero los efectos colaterales de esto se notaron en aspectos que se creía que no estaban tan sujetos al mundo material como, por ejemplo, la memoria.

De algún modo, el accidente de la barra de metal sirvió para señalar las bases biológicas en las que se sustentan procesos psicológicos más bien abstractos, como la gestión de las emociones y la toma de decisiones. Además, el caso de Phineas Gage también sirvió para reforzar la hipótesis de que diferentes áreas del cerebro se ocupan de diferentes aspectos de la conducta.

¿Posible Síndrome Prefrontal?


Hoy en día se cree que el cambio de personalidad de Phineas Gage puede ser, en realidad, un ejemplo de Síndrome Prefrontal, originado por la alteración del funcionamiento de los lóbulos frontales. La zona frontal del cerebro tiene un importante papel a la hora de vincular motivaciones presentes a objetivos futuros, lo cual incluye la posibilidad de situar las metas a largo plazo, la capacidad para renunciar a recompensas inmediatas en favor de proyectos más ambiciosos y la facultad de tener en cuenta las consecuencias que los propios actos tienen sobre la gente que nos rodea y, en general, la sociedad.

Esto explicaría que el nuevo estilo de comportamiento del Phineas Cage que había sufrido el accidente con la barra de metal se pareciera en algunos aspectos al repertorio de conductas esperables en alguien con personalidad psicopática. Los psicópatas también parecen mostrar dinámicas de activación neuronal en los lóbulos frontales distintas al resto de la población, pero en el caso de Gage esto estaría producido por la reorganización de las neuronas tras haberse lesionado el encéfalo.

Otra probable explicación para el caso


La idea de que la lesión cerebral fue la causa fundamental del cambio de personalidad de Phineas Gage está muy extendida, pero también hay otra explicación alternativa: que los cambios se debieran al impacto social que suponía estar desfigurado.

Tal y como señala el filósofo Zbigniew Kotowicz, es muy probable que al menos una parte de sus cambios de conducta se debieran al impacto social que conlleva ser visto por los demás como alguien a quien le falta una parte del cerebro.

Como siempre, es difícil desligar los aspectos biológicos de los que son de naturaleza social y cultural, y puede que al fin y al cabo a Gage le pasase lo mismo que le ocurrió al monstruo del Dr. Frankenstein en la novela de Mary Shelley: que fuese la sociedad, más que su propia naturaleza, quien lo transformara en un cuerpo extraño.

(Fuente: Psicología y Mente / WIkipedia)

Cómo las neurociencias influyen en la comprensión de la lectura

Si desde la vida escolar no se enseña de la forma correcta a leer y, sobre todo, a comprender lo que se lee, es poco probable que se logre formar un interés por aprender.


La lectura es una de las actividades más enriquecedoras que podemos realizar. Permite conocer mundos imaginarios, destacar nuevas ideas y entender perspectivas distintas a la nuestra. Sin embargo, el no tener una correcta alfabetización provoca un rezago en la forma de leer y escribir, e incluso en todo el aprendizaje que adquirimos a lo largo de la vida.

Si desde la vida escolar no se enseña de la forma correcta a leer y sobre todo a comprender lo que se lee, es poco probable que se logre formar un interés por aprender, así como un hábito de lectura. De hecho, organismos internacionales como el UNICEF han señalado que hay una crisis de aprendizajes, la cual se agrava en zonas de América Latina y países de bajos recursos, con la que los estudiantes no logran avanzar debido a su poca o nula compresión de textos.

Abordar nuevos métodos de enseñanza permite reducir estas brechas educativas que con el tiempo se transforman en desigualdades laborales, económicas y sociales. Uno de los métodos actuales que permite hacer un trabajo distinto y con buenos resultados sobre la lectura de comprensión es la neurociencia.

Por qué leer es bueno, según la neurociencia

La lectura es un hábito enriquecedor para las personas.

De acuerdo con la Universidad Anáhuac, la neurociencia es aquella disciplina que estudia el desarrollo, estructura, función, farmacología y patología del sistema nervioso. Debido a que analiza las conexiones cerebrales y su vinculación con la parte externa del cuerpo, permite que se analicen cuestiones como la motricidad, la lingüística y otros procesos que involucran diferentes áreas del conocimiento.

Estudios realizados por instituciones como la Universidad de Stanford y la Universidad de Harvard han demostrado que la lectura regular no solo estimula el cerebro, sino que también puede tener numerosos beneficios para la salud mental y emocional. Así mismo, investigaciones publicadas en las revistas científicas Brain Connectivity y Neuroimage señalan que la lectura puede reducir el estrés y la ansiedad, mejorar la empatía y la inteligencia emocional, y ayudar a prevenir el deterioro cognitivo relacionado con la edad.

Además, la exposición a diferentes puntos de vista y experiencias a través de la lectura puede ampliar nuestra perspectiva del mundo y mejorar nuestra capacidad para relacionarnos con los demás.

Aplicar la neurociencia para aprender a leer

Leer da herramientas múltiples para la vida personal y profesional. 

El rol del cerebro en la lectoescritura es esencial en la educación inicial, ya que proporciona a los docentes herramientas valiosas para mejorar el aprendizaje de los estudiantes y apoyar a quienes enfrentan dificultades, según lo evidenciado por los avances de la neurociencia. Este campo de estudio ha demostrado la conexión estrecha entre el cerebro y el proceso de la lectoescritura, revelando cómo dicha actividad estimula el desarrollo cognitivo.

Los recientes hallazgos en neurociencia resaltan cómo las experiencias de aprendizaje modelan el cerebro a través de sinapsis constantes. Este proceso, que se establece sobre todo en los primeros 15 años de vida, confiere al cerebro cierta plasticidad para seguir adaptándose y fortaleciendo las conexiones neuronales más activas.

La importancia de estas investigaciones recae en que incluso los cerebros ya maduros se alteran estructuralmente con la adquisición de conocimientos. "La lectura es un aprendizaje, no espontáneo; requiere la interacción de varias partes del cerebro que, al interrelacionarse, forman un circuito cerebral", destaca un articulo de la Fundación Germán Sánchez. Además, la lectura y la escritura como medios principales de transmisión de información en la sociedad actual subrayan la necesidad imperiosa de estas habilidades, lo que refuerza la relevancia del conocimiento docente sobre el funcionamiento del cerebro en la educación inicial.

Entender la forma en que el cerebro maneja la lectoescritura permite a los educadores brindar un mejor soporte a estudiantes con dificultades, y al mismo tiempo, comprender cómo este proceso contribuye al desarrollo cognitivo. Mientras los avances de la vida moderna y la acumulación de tensiones pueden desconectar nuestras capacidades cerebrales, el estudio de la neurociencia presenta potenciales soluciones para mejorar las prácticas educativas.

(Fuente: Infobae)

jueves, 23 de mayo de 2024

¿Podemos mejorar nuestro sentido de la orientación? Al parecer, la respuesta es: sí

Algunas personas parecen tener una habilidad natural para orientarse. Pero, ¿cómo procesa el cerebro la ubicación? ¿Se puede mejorar esta capacidad?


(Foto: Getty Images)

Agunas personas parecen tener un "sexto sentido" cuando de orientarse espacialmente se trata, capaces de embarcarse en cualquier viaje sin más guía que su instinto natural. Pero, ¿cómo lo hacen?, ¿es una habilidad que se puede aprender?, ¿podemos mejorar nuestro sentido de la orientación?

La respuesta a esta pregunta es afirmativa. Aunque algunas personas parecen tener una habilidad innata para orientarse, la capacidad de ubicarse y encontrar el camino se puede desarrollar con práctica y ciertas estrategias, según los expertos. De hecho, recientes investigaciones en neurociencia y psicología sugieren que hay muchas maneras de conseguir que la gente perfeccione sus habilidades espaciales.

¿Por qué algunas personas son mejores orientándose?

Según los expertos, el hecho de que una persona se oriente mejor que otra en un determinado contexto puede atribuirse a una combinación de factores que incluyen la experiencia temprana, el entorno en el que crecieron, el género y la práctica constante.

"Además del sexo y la edad, se sabe que la experiencia previa con el entorno y el uso de claves ambientales -como la posición del sol- influyen en la capacidad de orientación de los seres humanos", señalan investigadores del Instituto Max Planck (Alemania).

Ralph Street, un apasionado de los mapas, estudió geografía y planificación urbana. Desde muy pequeño, sus padres lo llevaban a competiciones de orientación, un deporte que consiste en correr entre dos puntos utilizando un mapa topográfico y una brújula.

"Mis padres me llevaron a una competición de orientación en la primera semana de mi vida", señala Street, que ha convertido esta formación temprana en una habilidad que le permite competir a nivel internacional desde su hogar en Oslo (Noruega).

Además, estas destrezas le han sido útiles en la vida cotidiana. Recuerda un viaje de infancia de Londres a Glasgow, donde sus amigos dependían de su habilidad para moverse en una nueva ciudad. "Generalmente tengo razón, pero a veces hacemos lo que dicen los demás y luego nos damos cuenta de que están equivocados", apunta.


(Foto: Getty Images)

Se considera crucial que los niños tengan la oportunidad de moverse de manera independiente en ambientes variados. "Los experimentos con animales sugieren que el movimiento pasivo no es tan efectivo porque no prestamos atención", añade Nora Newcombe, profesora de Psicología en la Universidad de Temple en Filadelfia (EE.UU).

Las personas que crecieron fuera de las ciudades, o en ciudades espacialmente complejas (como Praga, por ejemplo), también parecen tener mejor capacidad de navegación en la edad adulta, algo que está relacionado con las distancias recorridas y la variedad de áreas exploradas.

Incluso cuando somos adultos, "tenemos buena evidencia de que las personas que se mueven más ampliamente por su entorno tienen mejores habilidades espaciales", dice Newcombe.

Género y habilidades de navegación

Sin embargo, en muchas sociedades, las niñas y mujeres tienen oportunidades limitadas para practicar sus habilidades de navegación, lo que contribuye al mito de que las mujeres tiene peor sentido de la orientación que los hombres. A veces, las mujeres se consideran peores para ubicarse en el mapa que los hombres incluso en estudios donde su desempeño es el mismo, debido en parte a los estereotipos de género.


(Foto: Getty Images)


En general, la desigualdad de género está asociada con diferencias de navegación entre géneros, lo que subraya el papel de la cultura en la creación o percepción de tales diferencias. La investigación antropológica sugiere que en sociedades más igualitarias en cuanto al género, estas diferencias desaparecen.

De hecho, un estudio realizado por investigadores del Instituto Max Planck y publicado en 2019 sobre los cazadores-recolectores Mbendjele BaYaka en la República del Congo, quienes cazan y recolectan sin herramientas como mapas o brújulas, mostró que no había diferencias de precisión en las pruebas de orientación entre hombres y mujeres.

Cómo procesa el cerebro la orientación

Las habilidades de localización se procesan en el cerebro a través de mapas cognitivos, que son esencialmente modelos mentales del espacio. Estos mapas cognitivos residen en el hipocampo, una región del cerebro involucrada en la memoria.

Las estructuras alrededor del hipocampo también juegan un papel clave en la orientación. La región entorrinal, por ejemplo, ha sido descrita como el sitio de la "señal de dirección de objetivo".

Además, los cerebros de aquellos que mejor se orientan muestran ciertas diferencias respecto a los de los demás. Por ejemplo, un equipo del University College de Londres descubrió que la estructura del cerebro de los taxistas británicos cambia durante una prueba donde deben aprenderse el camino más rápido por la capital.

En concreto, los investigadores descubrieron que, en estos casos, las partes del cerebro relacionadas con la memoria aumentaban de tamaño. Los resultados de estos estudios sugieren que el cerebro puede adaptarse a nuevas tareas, incluso en la edad adulta.

Cómo mejorar el sentido de orientación

Existen muchos mitos sobre la orientación humana. "Un mito es pensar que no podemos mejorar", en palabras de la citada Newcombe. De hecho, los adultos pueden aprender estas habilidades a pesar de la menor plasticidad cerebral.

Newcombe también entiende que aunque las habilidades de navegación sean casi irrelevantes en la era del GPS, las baterías de los teléfonos pueden agotarse y los sistemas pueden cometer errores, como sugieren los relatos de personas que han terminado en tierra de nadie siguiendo las indicaciones de sus dispositivos.


(Foto: Getty Images)

En cualquier caso, los mapas, brújulas, arte rupestre y gráficos de palos son tipos de "artefactos cognitivos". Estas herramientas son útiles, aunque tampoco son imprescindibles. Las personas pueden entrenarse para notar mejor las señales ambientales como el viento, el sol y las pendientes, tanto en entornos rurales como urbanos.

No todos tienen los recursos o las oportunidades para participar en estas actividades, pero algunas pautas pueden practicarse simplemente caminando o moviéndose por el entorno. Como apuntan los investigadores, cambiar nuestra relación con el riesgo es crucial.

Y aunque la variación cultural hace difícil proporcionar consejos universales para mejorar nuestro sentido de la orientación, en general, cuanto más nos movamos, especialmente de maneras que sean un poco desafiantes, mejor desarrollemos nuestra orientación, coinciden, en su gran mayoría, los investigadores.

(Fuente: Muy Interesante)

martes, 16 de abril de 2024

¿Cómo se "lava" nuestro cerebro mientras dormimos?

Los neurocientíficos han mostrado el proceso que señala cómo se lava nuestro cerebro mientras dormimos, para eliminar toxinas y mantenerse saludable y en perfecto funcionamiento.


Ondas de líquido cefalorraquídeo acuoso (LCR) fluyen sobre el cerebro, según muestra un nuevo estudio, pulsando rítmicamente mientras uno duerme. Asimismo, al mismo tiempo se lava al eliminar cualquier toxina que no debería acumularse.

El equipo detrás de esta investigación explica que los hallazgos podrían ayudar en el estudio de varios trastornos neurológicos y psicológicos, especialmente en aquellos que están asociados con patrones de sueño interrumpidos.

Importancia del LCR

Estudios previos han sugerido que el LCR es importante para la eliminación de desechos en el cerebro, pero hasta ahora los científicos no sabían sobre esta acción pulsante, ni habían podido observarla.

En combinación con la actividad cerebral de onda lenta, que es en parte para arreglar nuestros recuerdos, y la disminución del flujo sanguíneo que ocurre mientras dormimos, estas ondas de LCR parecen estar eliminando proteínas innecesarias y otros desechos redundantes.


Durante el sueño, tiene lugar en el cerebro un mecanismo de "autolavado" (Animación: Laura Lewis - Boston University).

Ahora, gracias al trabajo de los científicos, es posible saber si alguien está durmiendo o tan sólo descansando con los ojos cerrados en estado de reposo. Esto se puede lograr simplemente analizando los patrones de LCR en un escáner cerebral.

La pulsación del LCR fue algo que se ignoraba que sucedía en absoluto. Ahora, podemos simplemente mirar una región del cerebro e inmediatamente tener una lectura de su estado.

Cómo se llevó a cabo el estudio

Para los fines del estudio, realizado por profesionales de la Universidad de Boston (USA), 13 sujetos de entre 23 y 33 años fueron monitoreados mientras dormían durante una resonancia magnética. Investigaciones futuras también podría analizar otros casos para tratar de detectar el deterioro en el proceso a medida que envejecemos.



martes, 9 de abril de 2024

El complejo y misterioso cerebro humano: ¿qué es la neurociencia?

¿Qué estudia esta rama de la ciencia? ¿Cuántos campos de estudio existen? Te lo explicamos todo en este post. 

La neurociencia es el estudio de cómo se desarrolla el sistema nervioso, su estructura y lo que hace. Los neurocientíficos se centran en el cerebro y su impacto en el comportamiento y las funciones cognitivas (del pensamiento), pero también investigan qué sucede con el sistema nervioso cuando las personas tienen trastornos neurológicos, psiquiátricos o del neurodesarrollo.

La neurociencia ha sido tradicionalmente clasificada como una subdivisión de la biología, pero en realidad, se trata de una ciencia interdisciplinaria relacionada estrechamente con otras disciplinas, como las matemáticas, la lingüística, la ingeniería, la informática, la química, la filosofía, la psicología o la medicina.


Los neurocientíficos estudian los aspectos celular, funcional, evolutivo, computacional, molecular, celular y médico del sistema nervioso.

Los antiguos egipcios pensaban que la sede de la inteligencia estaba en el corazón. Debido a esta creencia, durante el proceso de momificación, eliminaban el cerebro y dejaban el corazón.

Las primeras escrituras sobre el cerebro datan del año 1700 a.C., concretamente la palabra 'cerebro' se menciona ocho veces en el Papiro Edwin Smith, en relación a los síntomas, el diagnóstico y los resultados probables de dos personas que tenían heridas en la cabeza.

Desde la década de 1950 en adelante, el estudio científico del sistema nervioso experimentó enormes avances, principalmente debido al progreso en otros campos relacionados, como la neurociencia computacional, la electrofisiología y la biología molecular.

Los neurocientíficos pudieron estudiar la estructura, las funciones, el desarrollo, las anomalías y las formas en que se podía alterar el sistema nervioso.

- Neurociencia afectiva: en la mayoría de los casos, la investigación se lleva a cabo en animales de laboratorio y analiza cómo se comportan las neuronas en relación con las emociones.

- Neurociencia del comportamiento: estudio de las bases biológicas del comportamiento. 

- Neurociencia celular: el estudio de las neuronas, incluida su forma y propiedades fisiológicas a nivel celular.

- Neurociencia clínica: examina los trastornos del sistema nervioso (la psiquiatría, por ejemplo, analiza los trastornos de la mente).

- Neurociencia cognitiva: el estudio de las funciones cognitivas superiores que existen en los humanos y su base neuronal subyacente.

- Neurociencia computacional: se utilizan ordenadores para simular y modelar funciones cerebrales, y aplicar técnicas de matemáticas, física y otros campos similares para estudiar la función cerebral.

- Neurociencia cultural: examina cómo las creencias, las prácticas y los valores culturales se configuran y moldean el cerebro, las mentes y los genes en diferentes períodos.

- Neurociencia del desarrollo: analiza cómo se desarrolla el sistema nervioso sobre una base celular; qué mecanismos subyacentes existen en el desarrollo neuronal.

- Neurociencia molecular: es el estudio del papel de las moléculas individuales en el sistema nervioso.

- Neuroingeniería: utiliza técnicas de ingeniería para comprender, reemplazar, reparar o mejorar los sistemas neuronales.

- Neuroimagen: una rama de las imágenes médicas que se concentra en el cerebro. La neuroimagen se usa para diagnosticar enfermedades y evaluar la salud del cerebro, así como para el estudio del mismo.

- Neuroinformática: integra datos en todas las áreas de la neurociencia, para ayudar a comprender el cerebro y tratar enfermedades. La neuroinformática implica adquirir datos, compartir, publicar y almacenar información, análisis, modelado y simulación.

- Neurolingüística: estudia qué mecanismos neuronales en el cerebro controlan la adquisición, la comprensión y el enunciado del lenguaje.

- Neurofisiología: analiza la relación del cerebro y sus funciones, y la suma de las partes del cuerpo y cómo se interrelacionan.

- Paleoneurología: es el estudio de los cerebros fosilizados.

- Neurociencia social: un campo interdisciplinario dedicado a comprender cómo los sistemas biológicos implementan los procesos y el comportamiento social. Mediante conceptos y datos sociales refina las teorías del comportamiento social.

- Neurociencia de sistemas: sigue las vías del flujo de datos dentro del SNC (sistema nervioso central) e intenta definir los tipos de procesamiento que se llevan a cabo allí. Utiliza esa información para explicar las funciones de comportamiento.