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miércoles, 10 de julio de 2024

¿Qué le pasa a nuestro cerebro cuando rezamos o meditamos?

Al célebre escritor británico C.S. Lewis, famoso por haber creado el universo literario de Narnia, se le atribuye una frase que describe muy bien lo que para muchos significa la oración.

Oro porque no puedo evitarlo, oro porque estoy desconsolado, oro porque la necesidad de hacerlo fluye de mí todo el tiempo, despierto o dormido. Orar no cambia a Dios. Me cambia a mí", dijo el autor en alguna ocasión.

Veamos que dicen los expertos para tratar de entender lo que ocurre en el cerebro de las personas que rezan y saber si ese mecanismo está necesariamente relacionado con las creencias religiosas, o si tal vez podría estar presente en aquellos que meditan o aquellos que llevan una vida creativa.


Cuando entramos en oración, el lóbulo frontal se enciende. Pero en la oración profunda, la actividad del lóbulo frontal disminuye nuevamente.

El neurocientífico Andrew Newberg, director de investigaciones del Instituto Marcus de Medicina Integral de la Universidad Thomas Jefferson, en EE.UU., se ha dedicado a estudiar los efectos de la oración y otras prácticas religiosas en el bienestar mental de sus pacientes. A través de resonancias magnéticas, su equipo ha sido capaz de ver las áreas del cerebro que se activan en una persona que está en rezando.

"Una manera común de rezar es cuando una persona repite una oración específica una y otra vez como parte de su práctica. Y cuando uno lleva a cabo una acción así, una de las áreas del cerebro que se activa es el lóbulo frontal", le explicó el experto.

Esto no es de extrañar, ya que el lóbulo frontal del cerebro es el que tiende a activarse cuando nos concentramos profundamente en una actividad. Lo que le sorprende a Newberg es lo que ocurre cuando las personas entran en lo que sienten como "oración profunda".

"Cuando la persona siente que la oración se está casi apoderando de ella, por decirlo de alguna manera, la actividad del lóbulo frontal de hecho desciende. Esto ocurre cuando el individuo reporta sentir que no son ellos los que están generando la experiencia sino que es una experiencia foránea que les está ocurriendo", dijo el investigador.

La oración profunda, según ha encontrado Newberg, también genera una reducción en la actividad en el lóbulo parietal, más hacia la parte trasera del cerebro. Esta área recibe la información sensorial del cuerpo y nos crea una representación visual de él.

Newberg dice que una reducción de actividad en el lóbulo parietal podría explicar los sentimientos de trascendencia que reportan aquellos que oran profundamente: "A medida que la actividad en esta área disminuye, perdemos el sentido del ser individual y nos llega esa sensación de unidad, de conexión".

¿Tema de fé?


Para muchos, orar los hace sentir que son parte de algo más allá que ellos mismos, algo que también sienten las personas que meditan.

¿Podrían prácticas similares a la oración, pero sin ningún fundamento religioso, producir los mismos efectos que sienten aquellos con creencias profundas?

Para Tessa Watt, una experta en prácticas de meditación y atención plena ("mindfulness", en inglés) que ha trabajado con cientos de clientes, se puede alcanzar ese estado enfocando la atención en el presente y en las sensaciones que experimentamos.

"Creo que tanto la oración como el mindfulness ayudan a tranquilizar a una persona, para que tenga más tiempo para sí misma y, además, active el sistema nervioso parasimpático", explica Watt. El sistema nervioso está compuesto de dos sistemas autónomos distintos que son los que controlan la mayoría de las respuestas automáticas del cuerpo.

Por un lado, el sistema simpático regula lo que se conoce como respuestas de "lucha o huida", aquellas que requieren reacciones rápidas del cuerpo ante una amenaza. Por otro lado, las labores relacionadas con “el descanso y la digestión” del cuerpo están a cargo del sistema parasimpático.

"Esto quiere decir que practicando mindfulness aprendes a calmar la respuesta de lucha o huida, haciéndote más eficiente a la hora de controlar tus emociones", dice Watt.

Relación con Dios


Algunos expertos afirman que la relación con nuestros cuidadores puede tener un efecto en como vemos otras relaciones, incluida aquella que tengamos (o no) con un dios.

Para algunas personas que crecen en ambientes marcadamente religiosos, la relación con un dios puede reflejar las relaciones afectivas que tenemos con otras personas, dijo el investigador Blake Victor Kent, un sociólogo del Westmont College de California.

"La oración puede ser beneficiosa pero hay que tener en cuenta diferentes factores, particularmente cómo nos conectamos con Dios de manera emocional". Blake era pastor, y ahora se dedica a estudiar el impacto que la religión tiene sobre la vida de las personas. "Si venimos de un ambiente en el que tenemos dificultades para confiar en los demás, orar seguro nos va a resultar más difícil".

Para poder entender lo que dice de Blake, hay que hablar sobre la teoría del apego en la psicología: es la idea de que la relación que los seres humanos tienen con sus cuidadores tempranos define el tipo de relaciones que tienen en el futuro.

La teoría dice que si de niños tuvimos un cuidador presente y confiable, seguramente formaremos vínculos "seguros" de adulto, mientras que si tuvimos un cuidador inconsistente como Blake, nos será difícil desarrollar la confianza cuando crezcamos . La confianza, por supuesto, es fundamental para el desarrollo de la fe. Esto puede hacer que para algunos, generar una relación íntima con Dios sea muy difícil y que, si viven en un ambiente muy religioso, puedan sentirse culpables por no poder desarrollarla.

"Para mí", dice Blake, "orar se siente vacío, arriesgado, incierto". Blake se autodefine como una persona con apego ansioso y que sufrió mucho durante su carrera de pastor por sentir que había algo que no estaba haciendo bien cuando oraba.

"Y creo que a muchas personas en congregaciones religiosas les ocurre lo mismo y les hace sentir que están haciendo algo mal o que Dios está molesto con ellas", cuando oran y ven que no obtienen los mismos resultados que los demás a su alrededor.

Si bien tener una relación de apego inseguro a Dios podría ser nocivo, Blake dice que entender de dónde viene esa inseguridad puede ayudar. Además, los apegos se pueden modificar a través de la psicoterapia, algo que puede resultar beneficioso para la salud mental en general.

La creación


Algunos estudios muestran que la improvisación musical también disminuye la actividad en el lóbulo frontal del cerebro.

Newberg dijo que sus investigaciones revelan que hay otro tipo de momentos en los que las imágenes del cerebro, en las resonancias magnéticas, son increíblemente parecidas a las de la oración profunda.

"Ha habido estudios muy interesantes de músicos muy bien entrenados que, cuando empiezan a improvisar, frenan la actividad de sus lóbulos frontales, y es casi como si la música les llegara de la misma manera en la que ciertas personas sienten que les llega Dios", dijo el científico.

"La creatividad puede ser una práctica profundamente espiritual para muchas personas, sin importar que tengan una vida religiosa o no. Y creo que sí están relacionadas, porque el cerebro no tiene un área designada solo para la religión", agrega.

Newberg explica que los centros emocionales de nuestro cerebro se estimulan a través de experiencias trascendentales, ya sea hablar con Dios o escuchar la Novena Sinfonía de Beethoven.

"Y claro, con las prácticas religiosas y espirituales está más que comprobado que funcionan, si consideramos la enorme cantidad de tiempo que los humanos llevamos usándolas y cómo persisten más allá de los cambios políticos o de tradiciones culturales".

(Fuente: BBC News)

lunes, 8 de julio de 2024

Deja vú: la perturbadora sensación de vivir lo ya vivido

Hay diversas teorías filosóficas y psicológicas que han buscado las razones de este fenómeno de la mente y por qué se lo experimenta, aunque ninguna hasta ahora es concluyente.


(Imagen: Shutterstock).

El déjà vu es un fenómeno psicológico que consiste en la sensación de haber vivido antes una situación nueva, pero que en realidad nunca ocurrió. Hay varias teorías científicas y filosóficas que intentan explicar sus causas, pero ninguna es definitiva. El filósofo francés Emile Boirac fue uno de los primeros en estudiar este extraño fenómeno y quien le dio el nombre en 1876.

A veces se lo confunde con ciertos fenómenos precognitivos, en los que alguien cree que puede anticipar lo que va a pasar más tarde y, eventualmente, acierta. Pero una diferencia clave de este fenómeno es que el déjà vu se siente durante un evento, no antes. Las experiencias precognitivas, en cambio, si son verdaderas, revelan cosas que ocurrirán en el futuro, no algo que ya hayamos vivido. Se estima que el déjà vu sucede de vez en cuando en el 60% a 80% de las personas.

Es una vivencia que casi siempre es efímera, que surge sin aviso previo y se da al azar. La mayoría de expertos sostienen que este fenómeno es una experiencia basada en la memoria, por lo que los centros de memoria del cerebro serían en realidad los causantes de ello.

Sin duda, este tipo de planteamientos paracientíficos mantienen el interés vivo entre investigadores y psicólogos, a la vez que se intenta hallar un sentido a estas vivencias. Algunos ven los déjà vu como simples engaños de la mente, un producto habitual de las limitaciones de la memoria. No obstante, otros indagan la posibilidad de un por qué más profundo, algún significado más espiritual.


(Imagen: Shutterstock).

Sin embargo, no hay evidencia científica que respalde esa idea, por lo que las posibles interpretaciones místicas de los déjà vu quedan relegadas para la ficción. A nivel clínico, y a pesar de que los déjà vu no son indicio de nada grave- como enfermedades mentales-, sí existen algunos factores que están relacionados con la aparición de déjà vu, como por ejemplo la ansiedad, el agotamiento o el estrés. Se dice que esto ocurre porque la fatiga puede afectar tanto a la memoria a corto plazo como a largo plazo.

El pensador del siglo XIX Gaston Bachelard, al que le fascinaba estudiar la "psicología de la imaginación", sostenía que los déjà vu eran el reflejo de cómo nuestras mentes crean un sentido de continuidad ante nuevas vivencias, por lo que recurren a memorias pasadas para comprender el presente.

También hay varias teorías vinculadas a las neurociencias, que procuran explicar este fenómeno. Una de las más destacadas es la de Alan Brown, psicólogo de la Southern Methodist University y autor del libro "The Déjà Vu Experience", y de un documento en el que explicó su teoría. Este autor muestra una clasificación de las diversas explicaciones científicas en relación al déjà vu, y describió de la siguiente forma las posibles explicaciones de este fenómeno:

Doble procesamiento: la idea principal de esta posible explicación es la afirmación de déjà vu como consecuencia de dos procesos cognitivos paralelos sincronizados que se desincronizan momentáneamente.

Esta desincronización puede que se deba a la falta de un proceso cuando el otro se activa o a que el cerebro esté registrando la información y recordándola al mismo tiempo, es decir que se estén uniendo dos vías relacionadas que normalmente están separadas.

El hecho de estar viendo una imagen y a la vez estar rememorándola nos da una sensación de haber experimentado anteriormente esa situación, hecho que en general, nos provoca cierta desazón y hasta angustia.

Causas neurológicas: ll déjà vu puede ser causado por una breve disfunción / interrupción en un circuito de la corteza temporal, implicado en la experiencia de recordar situaciones vividas. Este hecho provoca un "falso recuerdo" de la situación.

Esta teoría se apoya en el estudio de enfermos de epilepsia de la corteza temporal, los cuales suelen sentir con frecuencia déjà vu justo antes de sufrir uno de sus ataques.

Mediante la medición de descargas neuronales en el cerebro de estos pacientes, los científicos han sido capaces de identificar las regiones del cerebro donde se originan las señales de déjà vu y de cómo estimulando esas mismas regiones es posible generar esa sensación.

Mnésica: lo define como una vivencia generada por las semejanzas y superposiciones entre experiencias pasadas y presentes. La psicóloga Anne M. Cleary, de la Universidad Estatal de Colorado, investigadora de las bases neurales subyacentes al déjà vu, planteó en un trabajo publicado por primera vez en 2018, que este fenómeno es un mecanismo metacognitivo normal que se produce cuando una experiencia pasada tiene un parecido con la presente y, consecuentemente, nos hace pensar que ya hemos estado allí.

A través de diversos estudios e investigaciones ha mostrado que la mente guarda trozos de información, es decir, no almacena la información completa y que, por lo tanto, cuando vemos, por ejemplo, una calle que se parece a otra o que tiene elementos iguales o parecidos, nos puede surgir esta sensación.

Doble percepción o atencional: esta teoría plantea que el fenómeno es causado como resultado de una distracción momentánea del cerebro justo después de que se haya capturado parte de la escena, una suerte de "recuerdo no explícito". Cuando esta atención es recuperada -en fracciones de segundo- y realiza una captura completa, atribuimos a esa escena un fuerte sentido de familiaridad sin ser conscientes de su origen, dando una sensación de "falso recuerdo", pues había sido registrada implícita e inconscientemente.


(Imagen: Shutterstock).

Otras posibles causas


En ocasiones el déjà vu se ha asociado con algunas enfermedades, como el caso de la epilepsia, como se mencionó antes, con la esquizofrenia y también el Alzheimer.

Cuando las personas envejecen o progresan los procesos degenerativos como el Alzheimer, se vuelve más difícil formar recuerdos únicos para lugares o experiencias parecidas. De esta forma es muy posible desembocar en la confusión del déjà vu que angustia a muchos adultos mayores y a quienes los cuidan.

Así, el déjà vu o paramnesia es, por lo tanto, un problema de memoria que ocurre en el cerebro y con el transcurso de los años este error sucede con más frecuencia. Por eso en las personas con la enfermedad del Alzheimer suele ser común.

También el físico teórico estadounidense Michio Kaku, especialista de la teoría de campo de cuerdas, dijo que el déjà vu podría ser, en realidad, el recuerdo de alguna vivencia en otra dimensión. Su hipótesis es que este fenómeno podría ser causado por la capacidad del cerebro de pasear entre varios universos paralelos.

Kaku pone el ejemplo de la radio, propuesto por Steve Weinberg, el físico estadounidense ganador del Premio Nobel en 1979. Cómo todas las frecuencias se encuentran vibrando al mismo tiempo en todos lados, habría que encontrar esa vibración única -al vez la buscada por los monjes zen- que nos haga ser junto con todas las demás cosas, ser todas las cosas, poder dejar de ser uno y comenzar a ser todo.

(Fuente: Infobae)

martes, 18 de junio de 2024

El más común de los sentidos: ¿cuán común es el sentido común?

 "El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo pues nadie quiere para sí más del que ya tiene".Con esa idea empezó su "Discurso del Método" el filósofo francés René Descartes, para quien el sentido común era una facultad innata que nos permite distinguir lo verdadero de lo falso, y juzgar correctamente.


(Imagen: Getty Images).

Ese don, no obstante, requería de un método que impidiera que la verdad y la mentira se convirtieran en objeto de meras opiniones. Poco después, en el siglo XVIII de la Ilustración, estallaría un acalorado debate sobre si llegamos al mundo como una "tabula rasa" o imbuidos con cierta sabiduría.

Fue una disputa sobre la naturaleza del conocimiento y la individualidad del hombre, de la que hoy derivamos la idea del sentido común. Es un sentido al que se apela, se recurre o del que se lamenta su falta, pero que, aunque conocemos y reconocemos, puede resultar difícil de definir.

La Real Academia Española lo describe sencillamente como "capacidad de entender o juzgar de forma razonable", similar al del Diccioario Larousse: "Capacidad de juzgar, de actuar razonablemente como la mayoría de las personas".

El Diccioario de Cambridge nos ofrece: "El nivel básico de conocimiento práctico y criterio que todos necesitamos para ayudarnos a vivir de una manera razonable y segura". Y el de Oxford, que es como una enciclopedia de significados de palabras, ha dado muchos, entre ellos: "Comprensión ordinaria, normal o promedio sin la cual un hombre sería 'tonto o loco'".

Dicho y escrito todo eso de parte de supuestos"académicos" y linguistas, hay innumerables intentos de abarcar lo que significa sentido común, pero es difícil dar en el clavo.

Sucede que esas dos palabras juntas resumen una inmensidad, que puede ir desde afirmaciones irrefutables -como que los padres son más viejos que los hijos- hasta declaraciones morales -como la de que todos los humanos son creados iguales-, con un sinfín en medio.

Cuantificablemente raro

"El sentido común es algo que todos creemos poseer, pero rara vez, o nunca, nos vemos obligados a articular cuáles de nuestras creencias consideramos 'de sentido común' o quién más creemos que las comparte", señaló Mark Whiting, científico social computacional de la Universidad de Pensilvania (USA).

Más que eso, por más que se venga hablando del tema desde, al menos, los tiempos de la Antigua Grecia, la noción rara vez se ha estudiado rigurosamente.Así que él y su colega, el profesor Duncan J. Watts, se propusieron hacer precisamente eso.

Lo primero que notaron fue que el concepto estándar suele ser un tanto circular: el sentido común es un conjunto de afirmaciones con las que las personas sensatas están de acuerdo, y las personas sensatas son aquellas que poseen sentido común.

Para empezar a experimentar, reclutaron a más de 2.000 participantes para su estudio, con miras a cuantificar el sentido común.

¿Cómo lo hicieron?


Les pidieron que calificaran 4.400 afirmaciones, desde filosóficas hasta prácticas, que cubrían conocimientos, como "un triángulo tiene tres lados", aprendizajes de la experiencia, como "las baterías se gastan", o cuestiones morales, como "todo el mundo tiene derecho a estudiar". Para tratar de entender qué se considera sentido común y hasta qué punto es compartido, analizaron la red de acuerdos para encontrar patrones de creencias comunes.


(Imagen: Getty Images).

Y llegaron a la misma conclusión a la que había llegado Voltaire 260 años antes: el sentido común no es tan común. "Nuestros hallazgos sugieren que la idea de sentido común de cada persona puede ser exclusivamente suya, lo que hace que el concepto sea menos común de lo que cabría esperar", le dijo Whiting

Sin embargo...

Quienes llevan años intentando que las máquinas aprendan a pensar como los humanos, dan fe de que ese sentido no sólo existe, sino que es crucial y ubicuo: si leemos que "Juan Pérez robó un banco y fue condenado a 30 años de cárcel", no necesitamos que os expliquen que fue atrapado, arrestado, llevado a juicio y hallado culpable.

Tampoco necesitamos que nos digan que, si bien es cierto que las rocas contienen minerales y vitaminas vitales, es descabellado recomendar que comas "al menos una roca al día", como lo hizo recientemente la herramienta AI Overviews de Google. Porque las computadoras sí necesitan explicaciones, pues no gozan de sentido común.

Dotarlas con él ha sido un reto enorme para la inteligencia artificial desde los primeros días de este campo en la década de 1950, y alcanzar una riqueza similar a la que tenemos los humanos sigue siendo, afortuadamete, una meta lejana, a pesar de tantos avances en esta disciplina.

"Es la materia oscura de la IA", le dijo Oren Etzioni, director ejecutivo del Instituto Allen de Inteligencia Artificial. "Da forma a gran parte de lo que hacemos y de lo que necesitamos hacer y, sin embargo, es inefable", añadió.

Los sistemas de IA tienden a seguir un camino, obedeciendo órdenes, detectando patrones y abordando problemas muy específicos. Para ciertos tipos de tareas, como jugar al ajedrez o detectar tumores, puede rivalizar o superar el pensamiento humano. Pero la vida cotidiana presenta innumerables circunstancias imprevistas, que a menudo muestra que, en ese terreno, la IA es inútil.

En contraste, nuestro sentido común es una amalgama de infinitos conocimientos que vamos absorbiendo con o sin intención: probamos y fallamos, estudiamos y experimentamos, reflexionamos y observamos. Si "infinitos" nos parece exagerado, pensemos en una taza de café.

Un programa de reconocimiento de objetos y aprendizaje profundo puede "reconocer" la taza de café, pero no sabe tan bien como nosotros qué es. Nosotros sabemos que esa taza sirve también para té, que se rompe si se cae al piso pero no si hay alfombra, que no puede estar triste ni contenta, etc...

Por supuesto, no solemos tener presentes la mayoría de esos conocimientos, pero nuestro sentido común nos indica cuál es relevante en una situación determinada.Si de repente una ráfaga de viento entra por la ventana, el hecho de que la taza de café puede servir como pisapapeles entra en juego.

Para que la IA lograra esa hazaña, habría que desarrollar una base de datos inmensa con todos los conocimientos de sentido común necesarios para que el sistema enfrente adecuadamente el mundo real.

Estamos hablando de toda la sabiduría que acumulamos a partir de nuestro compromiso físico con las cosas y todo el tejido de nuestra cultura codificada, junto con algoritmos para aplicarla en contexto. Eso es extremadamente complicado.

Sentido común artificial


Nuestras mentes albergan ese vasto conocimiento tácito sobre el mundo físico y su funcionamiento, además de una comprensión básica de los comportamientos humanos. Sumémos a eso habilidades sociales, nociones abstractas, y la capacidad de razonar, considerar alternativas y anticipar consecuencias.

Así, vamos dando con la fórmula que nos permite navegar por la vida sin tener que ser demasiado exactos. El sentido común es vago y, como no puede definirse mediante un conjunto de reglas, es difícil de codificar. Pero ha habido y sigue habiendo ambiciosos proyectos para crear el sentido común artificial.


(Imagen: Getty Images).

Uno de ellos lo inició un científico informático llamado Doug Lenat en 1984, cuando comenzó a desarrollar Cyc, una especie de enciclopedia de sentido común basada en axiomas o reglas que explican cómo funciona el mundo

Ese proyecto continúa y cientos de expertos en lógica han pasado décadas introduciendo decenas de millones de axiomas en el sistema. Y hay varios más que persiguen el mismo objetivo: concederles a las máquinas una virtud que nosotros damos por sentada.

Entre tanto, nosotros seguimos afrontando situaciones de la vida valiéndonos de ese poderoso conjunto de habilidades que es el sentido común. Y preguntándonos cuán común es. Quizás depende de cómo lo definamos... pero eso nos devuelve al principio.

(Fuente:BBC Mundo)

jueves, 23 de mayo de 2024

¿Podemos mejorar nuestro sentido de la orientación? Al parecer, la respuesta es: sí

Algunas personas parecen tener una habilidad natural para orientarse. Pero, ¿cómo procesa el cerebro la ubicación? ¿Se puede mejorar esta capacidad?


(Foto: Getty Images)

Agunas personas parecen tener un "sexto sentido" cuando de orientarse espacialmente se trata, capaces de embarcarse en cualquier viaje sin más guía que su instinto natural. Pero, ¿cómo lo hacen?, ¿es una habilidad que se puede aprender?, ¿podemos mejorar nuestro sentido de la orientación?

La respuesta a esta pregunta es afirmativa. Aunque algunas personas parecen tener una habilidad innata para orientarse, la capacidad de ubicarse y encontrar el camino se puede desarrollar con práctica y ciertas estrategias, según los expertos. De hecho, recientes investigaciones en neurociencia y psicología sugieren que hay muchas maneras de conseguir que la gente perfeccione sus habilidades espaciales.

¿Por qué algunas personas son mejores orientándose?

Según los expertos, el hecho de que una persona se oriente mejor que otra en un determinado contexto puede atribuirse a una combinación de factores que incluyen la experiencia temprana, el entorno en el que crecieron, el género y la práctica constante.

"Además del sexo y la edad, se sabe que la experiencia previa con el entorno y el uso de claves ambientales -como la posición del sol- influyen en la capacidad de orientación de los seres humanos", señalan investigadores del Instituto Max Planck (Alemania).

Ralph Street, un apasionado de los mapas, estudió geografía y planificación urbana. Desde muy pequeño, sus padres lo llevaban a competiciones de orientación, un deporte que consiste en correr entre dos puntos utilizando un mapa topográfico y una brújula.

"Mis padres me llevaron a una competición de orientación en la primera semana de mi vida", señala Street, que ha convertido esta formación temprana en una habilidad que le permite competir a nivel internacional desde su hogar en Oslo (Noruega).

Además, estas destrezas le han sido útiles en la vida cotidiana. Recuerda un viaje de infancia de Londres a Glasgow, donde sus amigos dependían de su habilidad para moverse en una nueva ciudad. "Generalmente tengo razón, pero a veces hacemos lo que dicen los demás y luego nos damos cuenta de que están equivocados", apunta.


(Foto: Getty Images)

Se considera crucial que los niños tengan la oportunidad de moverse de manera independiente en ambientes variados. "Los experimentos con animales sugieren que el movimiento pasivo no es tan efectivo porque no prestamos atención", añade Nora Newcombe, profesora de Psicología en la Universidad de Temple en Filadelfia (EE.UU).

Las personas que crecieron fuera de las ciudades, o en ciudades espacialmente complejas (como Praga, por ejemplo), también parecen tener mejor capacidad de navegación en la edad adulta, algo que está relacionado con las distancias recorridas y la variedad de áreas exploradas.

Incluso cuando somos adultos, "tenemos buena evidencia de que las personas que se mueven más ampliamente por su entorno tienen mejores habilidades espaciales", dice Newcombe.

Género y habilidades de navegación

Sin embargo, en muchas sociedades, las niñas y mujeres tienen oportunidades limitadas para practicar sus habilidades de navegación, lo que contribuye al mito de que las mujeres tiene peor sentido de la orientación que los hombres. A veces, las mujeres se consideran peores para ubicarse en el mapa que los hombres incluso en estudios donde su desempeño es el mismo, debido en parte a los estereotipos de género.


(Foto: Getty Images)


En general, la desigualdad de género está asociada con diferencias de navegación entre géneros, lo que subraya el papel de la cultura en la creación o percepción de tales diferencias. La investigación antropológica sugiere que en sociedades más igualitarias en cuanto al género, estas diferencias desaparecen.

De hecho, un estudio realizado por investigadores del Instituto Max Planck y publicado en 2019 sobre los cazadores-recolectores Mbendjele BaYaka en la República del Congo, quienes cazan y recolectan sin herramientas como mapas o brújulas, mostró que no había diferencias de precisión en las pruebas de orientación entre hombres y mujeres.

Cómo procesa el cerebro la orientación

Las habilidades de localización se procesan en el cerebro a través de mapas cognitivos, que son esencialmente modelos mentales del espacio. Estos mapas cognitivos residen en el hipocampo, una región del cerebro involucrada en la memoria.

Las estructuras alrededor del hipocampo también juegan un papel clave en la orientación. La región entorrinal, por ejemplo, ha sido descrita como el sitio de la "señal de dirección de objetivo".

Además, los cerebros de aquellos que mejor se orientan muestran ciertas diferencias respecto a los de los demás. Por ejemplo, un equipo del University College de Londres descubrió que la estructura del cerebro de los taxistas británicos cambia durante una prueba donde deben aprenderse el camino más rápido por la capital.

En concreto, los investigadores descubrieron que, en estos casos, las partes del cerebro relacionadas con la memoria aumentaban de tamaño. Los resultados de estos estudios sugieren que el cerebro puede adaptarse a nuevas tareas, incluso en la edad adulta.

Cómo mejorar el sentido de orientación

Existen muchos mitos sobre la orientación humana. "Un mito es pensar que no podemos mejorar", en palabras de la citada Newcombe. De hecho, los adultos pueden aprender estas habilidades a pesar de la menor plasticidad cerebral.

Newcombe también entiende que aunque las habilidades de navegación sean casi irrelevantes en la era del GPS, las baterías de los teléfonos pueden agotarse y los sistemas pueden cometer errores, como sugieren los relatos de personas que han terminado en tierra de nadie siguiendo las indicaciones de sus dispositivos.


(Foto: Getty Images)

En cualquier caso, los mapas, brújulas, arte rupestre y gráficos de palos son tipos de "artefactos cognitivos". Estas herramientas son útiles, aunque tampoco son imprescindibles. Las personas pueden entrenarse para notar mejor las señales ambientales como el viento, el sol y las pendientes, tanto en entornos rurales como urbanos.

No todos tienen los recursos o las oportunidades para participar en estas actividades, pero algunas pautas pueden practicarse simplemente caminando o moviéndose por el entorno. Como apuntan los investigadores, cambiar nuestra relación con el riesgo es crucial.

Y aunque la variación cultural hace difícil proporcionar consejos universales para mejorar nuestro sentido de la orientación, en general, cuanto más nos movamos, especialmente de maneras que sean un poco desafiantes, mejor desarrollemos nuestra orientación, coinciden, en su gran mayoría, los investigadores.

(Fuente: Muy Interesante)

sábado, 20 de abril de 2024

Los dilemas de utilizar la inteligencia artificial para "resucitar" a los muertos

 

Una campaña publicitaria que muestra a la fallecida cantante Elis Regina y a su hija Maria Rita interpretando un dúo ha provocado reacciones antagónicas en las redes sociales.

En una publicidad de Volkswagen, la cantante fallecida en los años ochenta fue devuelta a la vida mediante Inteligencia Artificial (IA). Aparece conduciendo una Kombi y cantando "Como nuestros padres", de Belchior.

Aunque muchos fanáticos e internautas alabaron y se emocionaron con el anuncio, otros cuestionaron si es ético utilizar la imagen de una persona que ya no está viva en un contexto ficticio.

El sociólogo y coordinador de impacto del Centro de Inteligencia Artificial de la Universidad de São Paulo (USP), Glauco Arbix, afirmó que el tema es controvertido, ya sea porque plantea debates sobre los efectos psicológicos de traer muertos a la vida utilizando la tecnología o porque toca temas como el consentimiento, la veracidad y la finitud de la vida.

Para Arbix, utilizar la IA de forma no transparente, informada o consciente entraña muchos riesgos, sobre todo, cuando hay desplazamiento espacial o atribución de declaraciones falsas a la persona retratada.

"No porque puedas hacerlo debes hacerlo", asegura. "Una cosa es que guardes en el cajón una película de alguien que murió para verla unas cuantas veces y otra cosa es recrear (su imagen) en nuevas condiciones, como si siguiera vivo".

Según el profesor de la USP, la sociedad no está preparada para abordar este desplazamiento espacial y circunstancial de las figuras fallecidas y hacerlo puede resultar "perturbador" para algunas personas.

"La finitud de la vida está sedimentada en la historia social. Incluso para aquellos que creen en la vida después de la muerte, siempre es algo más inaccesible y distinto de lo que vemos ahora, para lo que no estamos preparados como sociedad". Contactaron con Volkswagen para conocer su posición sobre el asunto, pero jamás recibieron respuesta.


Un anuncio de Volkswagen crea polémica al usar inteligencia artificial para mostrar a Elis Regina.

Puede destruir el nombre y la reputación

La campaña de Volkswagen no fue la primera en utilizar la inteligencia artificial para escenificar realidades con personas ya muertas. En la película "Rogue One: una historia de Star Wars", la actriz Carrie Fisher también fue recreada digitalmente para aparecer como la joven princesa Leia.

En junio, el músico Paul McCartney dijo que se había utilizado la inteligencia artificial para que la voz de John Lennon -su compañero de banda fallecido en 1980- pudiera utilizarse en una nueva canción de los Beatles. La tecnología, también conocida como deepfake, se utiliza a menudo para crear videos falsos en los que aparecen celebridades y figuras políticas.

En el caso del anuncio del fabricante de automóviles, la inteligencia artificial se entrenó para el reconocimiento facial de Elis Regina, a diferencia de lo que se hace en proyectos de IA que utilizan tecnología preentrenada a partir de datos genéricos.

De acuerdo con información divulgada por la empresa Volkswagen, la IA recibió un amplio entrenamiento con diferentes tecnologías, combinando la actuación de la doble con los movimientos e imágenes de Elis, para llegar al resultado del rostro de la cantante en el anuncio.

Aunque el video de Volkswagen fue realizado con la autorización y participación de la hija de Elis Regina, Arbix opina que esta tecnología también puede ser utilizada con fines peligrosos, distorsionando los hechos, e incluso en la industria de la pornografía o pedofilia.

"La persona puede ser objeto de una recreación que acabe destruyendo su nombre y su reputación", afirma. "pero también plantea dudas desde el punto de vista de la integridad de la vida familiar".

De acuerdo con el sociólogo, aún no hay consenso entre la comunidad médica sobre los efectos psicológicos de ver o incluso conversar a través de la IA con seres queridos que han fallecido.

Varias empresas tecnológicas, entre ellas la estadounidense HereAfter AI, han estado desarrollando tecnologías para recrear una versión digital de alguien. Así sería posible crear un diálogo artificial con una persona fallecida utilizando información personal, herramientas de voz e inteligencia artificial avanzada. "Desde el punto de vista de la psicología, hay quien dice que puede ayudar a mantener la memoria y reconfortar a la familia. Pero también hay quien está totalmente en contra", afirma Glauco Arbix.

Algunos, incluso, han intentado protegerse de ello. El actor Robin Williams, fallecido en 2014, impuso en su testamento una restricción al uso de su imagen durante 25 años después de su muerte. El estadounidense quería impedir que su figura se reprodujera mediante hologramas u otras tecnologías con fines comerciales.


No hay consenso entre la comunidad médica sobre los efectos psicológicos de ver o incluso conversar a través de la IA con seres queridos que han fallecido.

Derechos de imagen y consentimiento

En cuanto a los derechos de imagen o el consentimiento, el sociólogo Glauco Arbix cree que la legislación brasileña ya tiene todos los conflictos bien resueltos. "La legislación y la forma en que nuestra sociedad la ve dan cuenta del dilema. Las familias tienen los derechos de autor", afirma.

"Discutir si, por ejemplo, Elis Regina autorizaría el uso de su imagen en este anuncio es ingenuo, porque ella tampoco autorizó la divulgación de fotos, pero esta cuestión está prevista en la legislación".

Para Sara Suárez-Gonzalo, profesora de la Universidad Abierta de Cataluña e investigadora sobre el tema, el debate debería ir más allá. Para ella, el consentimiento de los familiares no es suficiente.

"Incluso cuando mueren, las personas no son meras cosas con las que otros pueden hacer lo que quieran. Por eso nuestras sociedades consideran que está mal profanar o faltar al respeto a la memoria de los muertos. En otras palabras, tenemos ciertas obligaciones morales hacia los muertos, en la medida en que la muerte no implica necesariamente que las personas dejen de existir de forma moralmente relevante", asegura en un artículo.

Según Suárez-Gonzalo, el debate es aún más complejo cuando se trata de bots que recopilan datos personales para replicar conversaciones con personas fallecidas, porque la personalidad de alguien "requiere grandes cantidades de información personal, como datos de redes sociales que revelan características muy sensibles".

La investigadora también destaca que otra cuestión ética que implica el uso de la IA es la responsabilidad por los resultados de la tecnología, en especial en el caso de efectos nocivos. Si un bot, un video o una imagen creados con la tecnología, por ejemplo, causan daños a la salud mental de un familiar, ¿quién será el responsable?

viernes, 19 de abril de 2024

Qué es la disonancia cognitiva: por qué a veces actuamos de manera contraria a lo que pensamos


Un poderoso fenómeno psicológico que nos afecta a todos.

El 1954 el mundo enfrentaba una crisis existencial. Al menos eso afirmaba Dorothy Martin, la carismática líder del culto The Seekers de Chicago, Estados Unidos. Había recibido mensajes telepáticos de "los Guardianes", unos alienígenas del planeta "Clarion", y profetizado un apocalipsis que destruiría el planeta en una fecha concreta: el 25 de diciembre de ese año.

El grupo, sin embargo, sería salvado del desastre por los extraterrestres, que se los llevarían en una nave espacial justo antes del ataque. Algunos de sus más fieles seguidores vendieron sus casas o dejaron a sus familias, debido a su completa fe en la líder y su profecía.

Lo que no sabían ni ella ni ellos es que entre sus filas había espías.

Los infiltrados eran el renombrado psicólogo social Leon Festinger y sus colaboradores Henry Riecken y Stanley Schachter. Festinger fue el originador de la teoría de la disonancia cognitiva, una de las facetas más intrigantes de la mente humana.

Aunque su nombre puede sonar un poco abstracto, es una tendencia que nos aflige a todos, a menudo sin que nos demos cuenta. Estamos hablando de la tensión mental que sentimos al tener simultáneamente ideas que se contradicen, o al comportarnos de manera no afín a nuestras creencias, o cuando la evidencia desafía una creencia significativa. Esa falta de armonía puede ser profundamente incómoda.

"Es un estado de impulso negativo, como el hambre o la sed extrema, excepto que tiene lugar en tu cabeza", dice el profesor Elliot Aronson, psicólogo social estadounidense, quien es el referente en este campo. "Lo que Festinger predijo fue que una vez que la profecía fallara y el mundo no llegara a su fin, eso sería extremadamente disonante para los fieles, por lo que encontrarían una razón que los haría sentir bien consigo mismos", explica.

Este es un punto sutil pero absolutamente crucial. no pensaría que el 25 de diciembre, ante la evidencia, el grupo aceptaría la realidad. Pero eso es subestimar el poder de la disonancia cognitiva. Piensa en lo mortificante que sería volver a donde sus familias con la cola entre las patas y admitir su error y haber sido víctimas de un engaño. Es más fácil encontrar la forma de racionalizar lo sucedido.

"De repente, Martin escuchó un mensaje desde el espacio exterior y le dijeron que gracias a las oraciones del culto, el grupo de alienígenas que iba a destruir el planeta decidió no hacerlo", cuenta Aronson.

En los días posteriores al apocalipsis que nunca fue, los miembros del grupo salieron a una campaña de reclutamiento. El fracaso de la predicción en vez de destruir su fe en su líder, lo había fortalecido. La actitud fue "¡Mira qué gran grupo somos. Salvamos al mundo de ser destruido!", cuenta Aronson.

                            Dorothy Martin con su seguidor más fiel, el dr. Charles A. Laughead, en víspera del fin del mundo.

Festinger, Riecken y Schachter recogieron sus observaciones y análisis en el libro "Cuando las profecías fallan", que se convirtió en un clásico de la psicología social. Y si estás pensando que eso le ocurre a otros, que vos no crees en esas cosas, recuerda que te advertimos que todos somos vulnerables.

Ejemplos más mundanos

Uno de los ejemplos más citados es el de los fumadores. "Si fumas dos o tres paquetes de cigarrillos al día, y escuchas que fumar causa cáncer de pulmón, esas dos cogniciones son realmente disonantes, asumiendo que no quieras morir de una muerte temprana horrible", ilustra Aronson "La forma más segura de reducir la disonancia es dejar de fumar. Pero a muchas personas les resulta difícil, así que intentan justificar el hacer algo realmente tonto diciendo cosas como '¿Y? Mañana me podría atropellar un auto'".

"Cuanto más desafiante sea la evidencia, más tortuosa será la justificación".

¿Aún no te das por aludido? Quizás eres un ejemplo de lo que algunos psicólogos han llamado "la paradoja de la carne". Amas a los animales, no les deseas más que bien y hasta te enternecen... pero te los comes, a pesar de que sabes no sólo que un ser vivo murió para que lo disfrutaras, sino que quizás vivió por esa razón y su vida no fue muy amable.

Tal vez sueles comprar ropa supremamente barata sin fijarte en las credenciales de los fabricantes, aunque estés consciente de que para vender a ese precio posiblemente ahorraron a costa de los empleados o el medio ambiente.O te comes esas papas fritas o no haces ejercicio hoy aunque te has propuesto llevar una vida más sana, y te dices que no es tan grave, que mañana sí...

                   ¿Cuántas veces comes algo que sabes que no es sano, luego de proponerte llevar una vida más saludable?

La lista es larga, y a veces las disonancias son más complejas, como la que experimentó durante años el historiador, autor y fundador de History News Network Rick Shenkman.

Cerrando los ojos

A principios de la década de 1970, Shenkman estudiaba en el notablemente liberal Vassar College de Nueva York, donde sobresalía como mosca en leche por su apoyo inquebrantable al republicano Richard Nixon. Pero entre 1972 y 1974, el escándalo político de Watergate reveló hechos impactantes sobre abuso de poder y múltiples encubrimientos.

A medida que las pruebas salían a la luz pública, todo el país le fue dando la espalda a Nixon, excepto Shenkman. Las revelaciones "no significaban absolutamente nada para mí. Me uní al comité para salvar la presidencia porque sentí que era realmente injusto lo que le estaba sucediendo a Nixon. Todos los días veía los titulares en los medios de comunicación. Pero eran los medios liberales, a los que yo demonizaba, y pensé que había que defender al presidente", dijo.

A más evidencia de corrpución, más se fortalecía el apoyo de Shenkman. "Me atrincheraba más y más con cada argumento". Eso es precisamente lo que predice la teoría de la disonancia cognitiva. La participación de Nixon en el escándalo Watergate se hizo innegable.

El 8 de agosto de 1974, en todas las cadenas nacionales de radio y televisión del país, el presidente caído en desgracia finalmente tiró la toalla. "Tuve que reevaluar todo. Fue una tarea de gran envergadura".Pasaron muchos años antes de que Shenkman comprendiera la razón de su terquedad.

Entretanto, los expertos siguieron estudiando el fenómeno de la disonancia cognitiva, y algunos aprendieron a aprovecharla para el bien común.


Elliot Aronson (aquí en 2011) tiene ahora 92 años, pero su estatus es legendario por su innovadora investigación sobre la disonancia cognitiva.

En 2020 Logan Pearce, estudiante de posgrado de psicología social en Princeton, realizó una investigación para mostrar que se podía usar la disonancia para motivar a la gente a seguir las directrices sobre el covid-19. En colaboración con su profesor Joel Cooper, se centraron en individuos cuyas acciones no se alineaban consistentemente con sus creencias declaradas.

"Hicimos que escribieran una declaración sobre por qué era importante seguir las pautas de covid, y les dijimos que era para ponerla en el sitio web de la Organización Mundial de la Salud. Esa parte no era cierta, pero queríamos que pensaran que estaban haciendo una declaración pública", cuenta Pearce, "luego les pedimos que recordaran un momento en el que no siguieron las reglas y escribieran por qué".

Solo a un grupo de participantes de cada tres se le pidió que escribiera las declaraciones. Una semana después, los participantes que lo hicieron tenían muchas más probabilidades de haber buscado citas de vacunación que los que no estuvieron expuestos a la disonancia. El factor fundamental para el cambio de comportamiento fue una declaración pública.

Este método, conocido como el paradigma de la hipocresía, fue probado por primera vez por el profesor Aronson en 1991, una década después de la devastadora epidemia mundial de VIH/SIDA.

"Lo que intentamos hacer fue convencer a la gente de que usara preservativos. Me pareció una estrategia útil lograr que convencieran a otros de usar condones. Cuando luego se enfrentaban al hecho de que se estaban comportando de manera hipócrita, eso hacía que comenzaran a usarlos".

Promover la consonancia cognitiva de formas específicas puede conducir a cambios duraderos y transformadores. De esa manera la disonancia puede servir como catalizador para algo positivo, en lugar de simplemente fomentar la inercia, como la que experimentó el historiador Shenkman, quien finalmente logró comprender las razones de su actitud.

Para el mejor


A veces nos aferramos a ideas para no afectar nuestra imagen.

"Tuve dos grandes eventos en mi juventud: uno fue apoyar a Richard Nixon y finalmente darme cuenta de que ya no lo apoyaba y dos, descubrir que era gay", explica Shenkman. "¿Cómo confluyeron esas dos cosas? Lo que pasaba era que sabía que era una buena persona pero tenía esta cosa que la sociedad decía que era mala. Así que la forma en la que lidié con esa disonancia fue decidiendo ser el mejor niño del mundo".

Esa frase, "el mejor niño del mundo" es un paradigma conocido por generaciones de homosexuales en EE.UU. Se refiere al joven que desvía la atención de su sexualidad invirtiendo demasiada energía en otra parte.

"No iba a seguir un camino alternativo y desviado. Mi familia era demócrata en una ciudad donde no había muchos demócratas. Para mí, ser el mejor niño del mundo en ese mundo era ser conservador".

El sinuoso camino de Shenkman hacia la aceptación social lo llevó a ocultar su verdadero yo detrás de una identidad protectora. Es solo en retrospectiva que pudo darse cuenta del alcance de su propia negación.

"He escrito 7 libros y todos ellos, en una medida u otra, han tratado el tema", dice y agrega: "Como seres humanos, una vez que tomamos una decisión sobre algo, nos apegamos a ella. No se trata de si Richard Nixon era un delincuente, o si Donald Trump es un delincuente. La cuestión es si yo, como votante, soy un delincuente".

Cuando te aferras a una creencia y la atacan, se siente como algo personal: no es la figura pública o la posición sobre un asunto lo que falló, sinonosotros. La política tiene que ver con nosotros, con nuestras historias, y con los mecanismos psicológicos que la gente utiliza para decidir si va a apoyar o no a un candidato u otro. La teoría de la disonancia cognitiva puede ser un lente poderoso para entender el mundo actual.

Se ve en la política, en las redes sociales, incluso en la ciencia, pues hasta los científicos a veces, en vez de apreciar evidencia que muestra que su hipótesis es errada, la disputan. No muchos vivimos en cultos que predicen el fin del mundo, pero sí en grupos definidos en las redes sociales donde nuestra identidad está cada vez más ligada a un partido político o tribu ideológica.

El problema no es la disonancia en sí misma. La pregunta es ¿qué hacemos con ella? Si por la disonancia cognitiva nos aferrarnos a nuestras creencias, ningún argumento nos llevará a moderar nuestros puntos de vista, sino a atrincherarnos más en ellos.

Y si todas las tribus ideológicas están haciendo lo mismo al mismo tiempo, eso conduce a una polarización cada vez mayor. Pero tal vez al reconocer que este proceso mental nos sucede a todos, puede llevarnos a considerar nuestras posiciones de manera más razonable y el autoexamen podría llevar al diálogo.