martes, 1 de septiembre de 2026

FIBA 2026: Buenos Aires vuelve a convertirse en escenario de una fiesta internacional de las artes

El festival internacional se realizará del 9 al 20 de septiembre con una programación que reúne teatro, danza y propuestas escénicas de Argentina y otros países.

(Foto: prensa FIBA).

La Ciudad de Buenos Aires volverá a convertirse en escenario de una amplia celebración de las artes escénicas con una nueva edición del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), que se desarrollará del 9 al 20 de septiembre y reunirá producciones nacionales e internacionales en distintos espacios de la ciudad.

La programación de FIBA 2026 incluye proyectos de Argentina y de países como España, Francia, Brasil, Chile, Bélgica, Corea del Sur, Ecuador, Colombia, Suiza, Bolivia y Lituania, con propuestas que atraviesan el teatro, la danza y diferentes lenguajes contemporáneos. La selección combina obras ya estrenadas con proyectos que integran la producción local y los cruces internacionales.

Entre los títulos internacionales figuran "Cicatriz", de España; "Contre-nature", de Francia; "Dorian", de Lituania; "EDSON", de Brasil; "Except That You Cannot See Me, Vol. 2", de Corea del Sur; "Monica", coproducción entre Bélgica y España; "Vania", de Chile; y "La trocha", una producción de Ecuador, Colombia y Argentina. También forman parte de la programación "Encantado", de la compañía brasileña dirigida por Lia Rodrigues, y "NO/MAS/SACRE", de España y Brasil.

(Foto: prensa FIBA).

La presencia argentina ocupa un lugar central en la edición. Entre las obras seleccionadas aparecen "¡Oh cabezas locas de las religiosas!", de Mia Miceli; "Amanuenses", de Constanza Feldman; "Atlas de un mundo imaginado", de Silvia Gómez Giusto y Aliana Alvarez Pacheco; "El trabajo", de Federico León; "En Mitad De Tanto Fuego", de Alejandro Tantanian; "Juego del tiempo", de Margarita Bali y Gerardo Litvak; "La Gravedad de las Burbujas", de Juan Pablo Galimberti y "Menos detalles", de Gustavo Tarrío, entre otras.

(Foto: prensa FIBA).

El festival también funciona como espacio de impulso a la dramaturgia. En ese marco se realizó la 17ª edición del Premio Germán Rozenmacher de Nueva Dramaturgia, organizado junto con el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires, destinado a promover la escritura teatral de autores jóvenes.

La programación propone además un fuerte intercambio regional. En "Encantado", por ejemplo, Lia Rodrigues Companhia de Dança trabaja sobre imaginarios afroindígenas, el miedo y la construcción de lo colectivo, mientras que la música incorpora cantos del pueblo Guaraní Mbya. La obra tendrá funciones el 13 y 14 de septiembre en el Centro Cultural 25 de Mayo del barrio de Villa Urquiza.

Con una programación que cruza disciplinas, generaciones y procedencias, FIBA 2026 volverá a plantear a Buenos Aires como un territorio de encuentro para artistas locales e internacionales y como un espacio de circulación de las nuevas formas de creación escénica.

Se puede acceder a la programación completa haciendo click aquí.

(Fuente: La Nación / Agencia Noticias Argentinas / varios / redacción propia)

Cincuenta años de "El jardín de los presentes", el disco de Invisible que cambió el mapa del rock argentino

Publicado hace medio siglo, en plena instalación de la última dictadura cívico-militar, el álbum de Spinetta, Machi, Pomo y Gubitsch llevó el rock hacia el tango y el jazz y se convirtió en una obra central de la música popular.

(Foto: captura de pantalla).

Hace 50 años, mientras la Argentina atravesaba los primeros meses de la última dictadura cívico-militar, Invisible publicaba "El jardín de los presentes", un álbum que con el tiempo se convertiría en una de las obras fundamentales del rock argentino y en uno de los puntos más altos de la trayectoria de Luis Alberto Spinetta. El tercer y último disco de la banda apareció el 29 de septiembre de 1976, seis meses después del golpe de Estado del 24 de marzo, y condensó en ocho canciones una búsqueda musical que desbordaba las fronteras del rock para incorporar el tango, el jazz y una particular sensibilidad urbana.

Invisible había nacido en 1973 como trío, con Spinetta en voz y guitarra, Carlos Alberto "Machi" Rufino en bajo y Héctor "Pomo" Lorenzo en batería. Para este último trabajo se sumó Tomás Gubitsch, un guitarrista de apenas 18 años y formación jazzística cuya incorporación transformó el sonido del grupo. Su guitarra dialogó con la de Spinetta en extensos pasajes instrumentales y terminó siendo uno de los rasgos distintivos del álbum. Al año siguiente Gubitsch se incorporaría al octeto de Astor Piazzolla y se instalaría en París.

La transformación no fue solamente de formación. El disco profundizó una dirección que Invisible había explorado en sus dos discos anteriores y la llevó hacia una síntesis novedosa: rock progresivo, jazz, tango y elementos de la canción porteña convivieron sin que ninguno funcionara como simple adorno. La participación de los bandoneonistas Juan José Mosalini y Rodolfo Mederos reforzó ese cruce y ubicó al disco dentro de una escena porteña en la que el tango también estaba siendo revisado desde la vanguardia.

El contexto vuelve especialmente significativa aquella búsqueda. La dictadura había impuesto censura, persecución y terrorismo de Estado, mientras el rock era observado con desconfianza por las autoridades. En ese escenario, Invisible no produjo un disco de denuncia explícita: Spinetta eligió, como tantas veces en su obra, la poesía, la metáfora y la construcción de mundos imaginarios. Esa decisión permitió que canciones como "El anillo del Capitán Beto", "Los libros de la buena memoria", "Que ves el cielo" y "Las golondrinas de Plaza de Mayo" adquirieran, con el paso del tiempo, nuevas lecturas vinculadas con la incertidumbre, la ausencia, la libertad y la memoria.

Pomo, Spinetta, Machi y Tomás Gubitsch. Invisible en 1976 (Foto: Rubén Andón).

Canciones para toda la vida

"El anillo del Capitán Beto", que abre el álbum, convirtió a un colectivero porteño en viajero espacial y construyó alrededor de su soledad una de las grandes canciones de la música argentina. La historia mezcla elementos reconocibles de Buenos Aires con una deriva cósmica y existencial. "Los libros de la buena memoria", en tanto, incorpora el bandoneón de Mosalini y construye una de las piezas más delicadas del repertorio spinetteano.

El disco también alterna momentos de mayor intensidad. "Alarma entre los ángeles", instrumental, permite que Gubitsch despliegue su virtuosismo; "Ruido de magia" combina bajo y guitarras en una atmósfera hipnótica; "Doscientos años" vuelve a destacar la guitarra del joven músico; y "Perdonado (Niño condenado)" lleva al grupo hacia uno de sus pasajes más poderosos. El cierre llega con "Las golondrinas de Plaza de Mayo", atravesada por bandoneones y una frase que, escuchada desde el presente, adquirió una resonancia histórica inevitable: las golondrinas "sólo vuelan en libertad". La asociación con la posterior lucha de las Madres de Plaza de Mayo es frecuente, aunque Spinetta sostuvo que no había compuesto la canción pensando conscientemente en esa referencia.

La recepción inicial estuvo a la altura de la ambición artística. El disco fue presentado en el Luna Park en agosto de 1976, con una convocatoria excepcional para una banda de esas características: unas 15.000 personas asistieron al concierto, una cifra que marcó el salto de Invisible hacia una masividad que Spinetta no había alcanzado con sus proyectos anteriores.

Ese éxito no evitó que Invisible tuviera una vida breve. Las tensiones generadas por la nueva formación y la dirección musical desembocaron en la disolución del grupo a comienzos de 1977. Para entonces, "El jardín de los presentes" ya había dejado una marca: demostró que el rock argentino podía rescatar tradiciones locales sin abandonar la experimentación y que el tango podía funcionar como materia de creación contemporánea y no solamente como patrimonio.

Esa influencia excedió a Invisible. El cruce entre rock, tango y jazz que el álbum llevó a un grado de elaboración inédito en la obra del grupo tendría continuidad en distintas búsquedas posteriores de Spinetta, especialmente en su etapa con Jade, y se convirtió en uno de los caminos posibles para pensar una música argentina capaz de dialogar con lenguajes internacionales sin perder su identidad porteña.

Cinco décadas después, el disco conserva además una singularidad: es al mismo tiempo un documento de época y una obra que se resiste a quedar encerrada en ella. Grabado en los estudios CBS durante uno de los momentos más oscuros de la historia argentina, transformó la incertidumbre de aquellos años en canciones abiertas a múltiples interpretaciones. Su vigencia no depende únicamente de la memoria de la dictadura ni de la dimensión histórica de Spinetta. Está, sobre todo, en la música: en la convivencia entre guitarras eléctricas, bandoneones, jazz, tango, rock progresivo y poesía.

Se puede escuchar el álbum completo accediendo a este enlace.

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas / varios / redacción propia)

Cómo rediseñar nuestro "piloto automático" para construir hábitos saludables

A menudo planteamos el cuidado de la salud como una sucesión de decisiones correctas: desayunar bien, caminar, usar menos el móvil, comprar mejor y acostarnos a una hora razonable. El problema es que decidir bien exige atención y energía. 

(Foto: SHutterstock).

Pero ¿y si el objetivo no fuera vigilar nuestra conducta sino conseguir que algunas acciones beneficiosas aparezcan casi solas? Igual que nos lavamos los dientes sin plantearnos si merece la pena o tener siquiera que recordarlo, otras conductas saludables pueden interiorizarse hasta formar parte de nuestra rutina.

La salud también se construye en automático


Un hábito no es simplemente una actividad frecuente, sino una asociación aprendida. Ante una señal (una hora, un lugar, un objeto o una acción anterior) surge el impulso de responder de determinada manera. Por eso desbloqueamos el móvil sin recordar para qué lo hemos tomado o abrimos el armario de los aperitivos al entrar en la cocina.

Actuar de forma automática no es un defecto, puesto que nos permite realizar tareas sin analizarlas desde el principio. Lo perjudicial no es tener el "piloto automático" sino haber entrenado uno que nos lleva hacia conductas poco saludables.

Cambiar ese automatismo no significa borrarlo como si elimináramos un archivo. La respuesta antigua puede reaparecer ante el cansancio o el estrés. La estrategia consiste en practicar otra respuesta ante la misma señal y facilitar su repetición hasta convertirla en la opción habitual. Podemos favorecer el cambio si actuamos sobre las señales, las recompensas y haciendo una respuesta más fácil que otra.

La decisión importante se toma antes

Imaginemos el comienzo del día. Si el móvil duerme sobre la mesa de luz, apagar la alarma puede llevarnos directamente a abrir una red social. Si se carga fuera del dormitorio y utilizamos un despertador, la mañana empieza por otro camino. No demostramos más voluntad al despertarnos: habíamos preparado el escenario la noche anterior.

Consultamos el teléfono de forma breve y repetida durante cualquier espera o mientras hacemos otras cosas. Desactivar notificaciones, retirar accesos directos o dejarlo fuera del dormitorio reduce las señales que activan esa respuesta. Esto puede ayudarnos a reducir su uso antes de acostarnos, asociado con horarios más tardíos y peor calidad del sueño.

En la cocina ocurre algo parecido. Dejar la fruta lavada y visible o guardar algunos productos fuera de la vista no obliga a elegir una opción, pero modifica cuál aparece primero. La disponibilidad y proximidad de los alimentos influyen en lo que seleccionamos y consumimos.

Ese entrenamiento continúa en el supermercado. Llevar una lista y dejar de comprar aquello que solemos comer por aburrimiento evita tomar malas decisiones luego en casa, al abrir la despensa. La conducta saludable empieza antes del momento en que creemos estar eligiendo.

Utilizar una rutina para construir otra


Las rutinas pueden servir como anclajes. En lugar de proponernos movernos más podemos caminar después de comer o levantarnos al terminar una reunión. Una acción sirve de señal para la siguiente.

El entorno también cuenta: si las escaleras están visibles y señalizadas será más probable que las utilicemos que si permanecen escondidas junto a un ascensor fácil de localizar.

También ayudan los planes "si-entonces": "si termino de comer, caminaré diez minutos" o "si empiezo a trabajar, activaré el modo no molestar del móvil". Así, un propósito abstracto se convierte en una respuesta preparada para una situación concreta. Las investigaciones indican que estos planes pueden ayudarnos a comer mejor y movernos más.

Conviene empezar con una conducta pequeña y repetible. Preparar la ropa deportiva no equivale a hacer ejercicio, pero puede facilitar que lo iniciemos. Leer unas páginas no garantiza un sueño perfecto, pero ofrece una alternativa a seguir mirando el móvil.

Invertir la comodidad


El entorno está lleno de pequeños obstáculos y facilidades. La fruta preparada, las zapatillas junto a la puerta y el modo "no molestar" reducen los pasos necesarios para actuar de forma saludable. Retirar una aplicación de la pantalla principal, cerrar la sesión y dejar el teléfono en otra habitación añade una pausa a la conducta que queremos reducir.

No se trata de llenar la vida de prohibiciones, sino de invertir la comodidad. Que lo beneficioso quede cerca, preparado y visible. Que lo perjudicial deje de ser la respuesta inmediata. Así la voluntad no necesita librar la misma batalla cada día.

Repetir, pero sin contar hasta 21


La repetición en un contexto estable permite que una conducta se vuelva automática, pero no existe una duración universal. Un estudio de 2009 situó la mediana en 66 días (la mitad de los participantes necesitó menos tiempo y la otra mitad, más) y comprobó además que saltearse la conducta una vez no echaba por tierra el proceso.

Una revisión de 2024 confirma que existen grandes diferencias según la persona, la acción y las circunstancias. Por tanto, los famosos 21 días supuestamente necesarios para formar un nuevo hábito no son una regla científica.

Más que contar días o perseguir una cadena sin fallos importa recuperar la asociación entre la señal y la nueva respuesta y continuar practicándola.

No todos podemos diseñar el mismo entorno


Horarios laborales, ingresos, vivienda, cuidados familiares, oferta alimentaria o características del barrio determinan qué conductas resultan posibles. Estos determinantes sociales de la salud limitan el margen de elección. Rediseñar la rutina personal no sustituye la responsabilidad de instituciones, empresas y administraciones de crear entornos saludables.

Dentro del margen disponible podemos hacernos una pregunta: ¿qué acción realiza hoy mi entorno por mí y cuál me gustaría que facilitara mañana? La mejor rutina saludable no es la que nos obliga a pensar continuamente en cuidarnos, sino la que, después de diseñarla y practicarla, empieza a cuidarnos casi sin pensar.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)