De Uruguay 1930 a Alemania 2006, los Mundiales aparecen como vidriera estatal. Modernidad, legitimidad y estabilidad en primer plano. La pregunta queda abierta: transformación real o maquillaje eficaz. Un historiador argentino puntualiza cinco ejemplos.
(Fuente: composición propia).
Sin perder el rigor académico, Scaglia nos invita a mirar el reverso de la copa para entender cómo cinco países jugaron sus partidos más cruciales fuera de la cancha, bajo la mirada siempre atenta y convulsa de la Argentina.
Scaglia vinculó esa lógica con la idea de "soft power" formulada por Joseph Nye, politólogo estadounidense: influir no por la fuerza, sino por la atracción cultural y la reputación. Organizar un torneo de escala planetaria, planteó, permite a un Estado decir que es moderno, capaz y estable.
El caso de mayor alcance mediático, según explicó, fue México 1970: la FIFA y la Cadena Mundovisión transmitieron el torneo a 93 países, en el primer Mundial televisado en color y en directo para todo el mundo. La operación de imagen, dijo, desplazó del centro de la escena internacional las imágenes de la Plaza de las Tres Culturas y las reemplazó por estadios llenos, multitudes festivas y el Brasil de Pelé.
(Foto: captura de pantalla).
Scaglia habló sobre Uruguay 1930, México 1970, España 1982, Estados Unidos 1994 y Alemania 2006 para mostrar un mismo patrón: cada sede usó la Copa del Mundo para proyectar estabilidad, legitimidad o poder. La tensión central, según su reconstrucción, es que el torneo puede confirmar una transformación real o funcionar como maquillaje de una crisis que sigue abierta.
Uruguay 1930 inauguró el torneo en el auge de una democracia regional
Sobre el primer Mundial, Scaglia señaló que la elección de Uruguay no fue casual. El país llegaba al centenario de su Constitución como una de las democracias más sólidas de América Latina, con el impulso reformista de José Batlle y Ordóñez, educación laica y gratuita y una clase media urbana consolidada.
La FIFA encontró allí un escenario ideal para un torneo que también quería proyectar valores. Uruguay sumaba además los títulos olímpicos de 1924 y 1928, aunque sólo cuatro selecciones europeas aceptaron cruzar el Atlántico por el costo del viaje y por la resistencia a reconocer la primacía sudamericana.
Selección de fútbol de Uruguay que conquistó el
primer Campeonato del Mundo en 1930. De pié, de izquierda a
derecha: Gestido, Mazzali, Ballesteros, Mascheroni, Andrade y
Fernández. Agachados: Dorado, Scarone, Castro, Cea e Iriarte
(Foto: X).
El contraste político apareció poco después. Menos de dos meses después de la final, el 6 de septiembre de 1930, el general José Félix Uriburu derrocó a Hipólito Yrigoyen en el primer golpe de Estado argentino, mientras Uruguay celebraba su título como confirmación de su solidez institucional.
México 1970: Pelé en el Olimpo, el PRI en el banquillo y la anestesia televisada
El Mundial de México 1970 se disputó dos años después de la matanza de Tlatelolco. El 2 de octubre de 1968, diez días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Ciudad de México, el ejército y grupos paramilitares masacraron a estudiantes y manifestantes en la Plaza de las Tres Culturas; las cifras oficiales hablaron de 30 muertos, y las investigaciones posteriores elevaron la estimación a varios centenares.
México usó el Mundial 1970 para desplazar de la
escena internacional la masacre de Tlatelolco y recomponer la
imagen del régimen mexicano (Foto: X).
El Mundial fue diseñado en esa clave. Fue el primer torneo televisado en color y en directo para todo el mundo, con transmisión a 93 países por la FIFA y la Cadena Mundovisión, y con horarios adaptados al horario central europeo aunque eso implicara jugar al mediodía en pleno verano mexicano.
2 de octubre de 1968, matanza de Tlatelolco (Foto:
X).
Las imágenes que circularon fueron las de estadios modernos, multitudes festivas y la consagración de Brasil con Pelé, Tostão, Rivelino y Jairzinho. En paralelo, según Scaglia, Argentina vivía bajo la dictadura de Juan Carlos Onganía y había atravesado en 1969 el Cordobazo, una insurrección popular que expuso la crisis del régimen.
España 1982 mostró al mundo un país distinto al que había recibido la sede
España 1982 es un ejemplo de cómo un Mundial puede cambiar de significado entre la adjudicación y su disputa. La FIFA le otorgó la sede en 1964, cuando el país seguía bajo la dictadura de Francisco Franco y el régimen veía en el fútbol una herramienta de proyección exterior.
El historiador recordó que Franco había usado antes el deporte con ese objetivo, como en la celebración política de la victoria española sobre Inglaterra en el Mundial de 1950. El torneo de 1982, dijo, nació con ese mismo propósito de normalización internacional.
El primer Mundial de Maradona, España 1982 (Foto:
EFE).
Pero entre una fecha y la otra, España cambió de régimen. Franco murió en noviembre de 1975, en 1977 hubo primeras elecciones libres tras 41 años, en diciembre de 1978 la Constitución fue aprobada con el respaldo del 87% de los votantes y en 1981 el ingreso en la OTAN consolidó la integración del país al bloque occidental.
La transición no estaba cerrada cuando llegó el Mundial. El 23 de febrero de 1981, el teniente coronel Antonio Tejero irrumpió en el Congreso de los Diputados al frente de 200 guardias civiles armados durante la votación de investidura del nuevo presidente del Gobierno, en un intento de golpe que fracasó por la intervención televisada del rey Juan Carlos I.
El teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio
Tejero, accede al Congreso de los Diputados durante la segunda
votación de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente
del Gobierno, para llevar a cabo el intento de golpe de Estado
en año antes del Mundial (Foto: X).
El torneo se jugó apenas 15 meses después de ese episodio y dos semanas antes de las elecciones que llevarían al PSOE de Felipe González al poder con mayoría absoluta. España no brilló en la cancha y quedó eliminada en la segunda ronda, pero para Scaglia el mensaje político fue: el país que recibió al mundo ya no era el de Franco, sino uno con Constitución, elecciones libres y prensa sin censura.
En esa misma edición, agregó, Argentina llegó bajo la dictadura de Leopoldo Galtieri y en plena guerra de Malvinas. La invasión de las islas, ordenada en abril de 1982 para recuperar popularidad interna, convivió con el desarrollo del torneo y la derrota de junio aceleró el colapso del régimen militar.
Galtieri saluda a la gente en la puerta de la Casa
de Gobierno en 1982 (Foto: X).
La elección de Estados Unidos como sede de 1994 como una decisión que la FIFA tomó por razones que iban mucho más allá del juego. El país no tenía liga profesional y la selección no se clasificaba a un Mundial desde 1950.
Aun así, la candidatura prosperó. El historiador recordó que Estados Unidos había fracasado en su intento de quedarse con la edición de 1986 y que obtuvo el respaldo para 1994 después de ceder apoyo a México para el torneo anterior; en la votación de 1988 se impuso a Marruecos por diez votos contra siete.
Estados Unidos 1994 convirtió al Mundial en una
declaración sobre el orden posterior a la Guerra Fría y llevó el
fútbol al mayor mercado económico del planeta. Maradona, crítico
y con dóping positivo (Foto: Simon Bruty / Allsport).
Llevar el torneo al mayor mercado económico del planeta fue, para él, una declaración simbólica sobre el ganador de la Guerra Fría. Los estadios elegidos fueron gigantescos, el Rose Bowl de Pasadena llegó a 94.000 espectadores y la asistencia total superó los 3,5 millones, un récord en la historia de los Mundiales.
Scaglia también destacó que la geopolítica se filtró en las eliminatorias y en el propio campeonato. La FIFA vetó a Libia por las sanciones sobre el régimen de Muamar el Gadafi a raíz del atentado de Lockerbie, Yugoslavia fue excluida por la guerra en los Balcanes y el torneo terminó con Brasil campeón en la primera final resuelta por penales.
Andrés Escobar quedó marcado por el gol en contra
ante Estados Unidos y su asesinato, días después de concretarse
la eliminación de Colombia del Mundial de 1994 (Foto:
Colprensa).
Alemania usó el torneo para cerrar ante las cámaras la fractura de la reunificación
En la reconstrucción de Scaglia, Alemania 2006 fue la puesta en escena de una unidad nacional que todavía arrastraba costos sociales profundos. Cuando el país obtuvo la sede, 16 años después de la reunificación formal, la integración entre Este y Oeste seguía lejos de completarse.
Alemania usó el Mundial 2006 para mostrar una
unidad nacional ante el mundo, aunque la reunificación todavía
arrastraba costos sociales y económicos entre el Este y el Oeste
(Foto: AP).
Frente a esa fractura, el mapa de sedes tuvo una carga política. Entre las 12 ciudades del torneo se incluyeron escenarios del ex bloque oriental, como Leipzig, cuyo estadio central de la era comunista fue renovado y reducido a 44.000 lugares.
La propia geografía del campeonato resumía la historia alemana del siglo XX. Berlín albergó la final en el Estadio Olímpico construido para los Juegos de 1936 bajo el nazismo, mientras otras sedes remitían a la división de la Guerra Fría y al proceso posterior de reunificación.
El resultado fue un éxito de imagen. Alemania se mostró como un país unido y capaz de recibir al mundo, cuando las heridas económicas y sociales de la reunificación seguían presentes.
La ceremonia de inauguración de la Copa Mundial
FIFA Alemania 2006 presentó a la mascota Goleo VI, un globo
terráqueo gigante, el trofeo y artistas en un estadio lleno de
aficionados bajo una lluvia de confeti (Foto: AP).
(Fuente: Infobae / varios / redacción propia)











