Los casi 4.600 millones de años de la historia de la Tierra son como un gran libro de aventuras, donde cada página es una capa de rocas. Y, como toda buena novela, esta historia también está dividida en capítulos, subcapítulos, secciones, párrafos… De esta manera podemos seguir mejor el hilo narrativo, comprendiendo cómo, cuándo y por qué han sucedido todos los cambios que han modelado nuestro planeta.
Detalle de la marca conocida como "clavo dorado",
que señala sobre el terreno el punto exacto del límite. Las
perforaciones cilíndricas en los estratos por encima y por
debajo del límite corresponden a muestras tomadas para análisis
paleomagnéticos (Foto: Wikimedia Commons).
Una tabla utilizada como "calendario oficial" de la Tierra
La tabla cronoestratigráfica internacional, también llamada "tabla de los tiempos geológicos", es una escala que ordena la historia geológica de la Tierra. Para ello, emplea una jerarquía de subdivisiones temporales, de mayor a menor nivel, tal como podemos ver en la imagen de abajo y en este link.
Tabla de los tiempos geológicos, con las divisiones
de la historia de la Tierra (Foto: International Commission on
Stratigraphy).
Por tanto, estas unidades son intervalos de tiempo cuyos puntos de inicio y final se definen como edades absolutas en millones de años ocurridos antes de la actualidad. Su valor numérico se calcula gracias a la datación radiométrica de las rocas, un método que funciona como una especie de "reloj atómico", aprovechando la desintegración natural y constante de la materia.
Dividamos las unidades de tiempo en geología
Las eras geológicas son una de las unidades geocronológicas en las que compartimentamos la historia de la Tierra. En primer lugar están los eones, que abarcan periodos de cientos a miles de millones de años. Las eras propiamente dichas son las unidades de segundo nivel, y comprenden de decenas a cientos de millones de años de historia.
En la tabla cronoestratigráfica internacional más actualizada podemos encontrar diez eras geológicas que, de más antigua a más moderna, son:
• Dentro del eón Arcaico: Eoarcaica (desde hace 4 031 millones de años hasta hace 3 600 millones de años), Paleoarcaica (3 600-3 200 millones de años), Mesoarcaica (3 200-2 800 millones de años) y Neoarcaica (2 800-2 500 millones de años).
• Dentro del eón Proterozoico: Paleoproterozoica (2 500-1 600 millones de años), Mesoproterozoica (1 600-1 000 millones de años) y Neoproterozoica (1 000-539 millones de años).
• Dentro del eón Fanerozoico: Paleozoica (539-252 millones de años), Mesozoica (252-66 millones de años) y Cenozoica (66 millones de años hasta la actualidad).
¿Cómo se definen los límites entre las eras geológicas?
Al ser divisiones mayores de la tabla de los tiempos geológicos, los límites entre las eras se basan en grandes cambios en la historia de la Tierra. En otras palabras, lo que nos vamos a encontrar en las rocas a partir de este momento va a ser muy diferente de lo que hemos visto anteriormente. Además, estos cambios deben tener un registro global. Es decir, tienen que quedar preservados en las rocas presentes en todo el mundo.
Existen tres tipos de eventos globales que se utilizan para definir los límites entre las eras geológicas: los cambios biológicos, los cambios ambientales y los cambios tectónicos.
Los cambios biológicos se refieren a eventos de extinciones masivas o a grandes procesos evolutivos. Son transformaciones que quedan marcadas en las rocas gracias al contenido fósil. Este es el principal criterio para definir los momentos de inicio de las tres eras del eón Fanerozoico:
• El comienzo de la era Paleozoica se caracteriza por el evento denominado "explosión del Cámbrico", la primera aparición de organismos complejos, con caparazones robustos y capaces de enterrarse en el barro del fondo marino.
Ejemplar de un trilobites, uno de los grupos de
organismos extintos a finales de la Era Paleozoica (Foto:
Wikimedia).
• El límite entre la era Mesozoica y la era Cenozoica se define por la quinta y última extinción masiva de los últimos 500 millones de años: la extinción del Cretácico-Paleógeno. Aquí desaparecieron más del 75 % de las especies, incluido el grupo que la ha hecho famosa: los dinosaurios no avianos (los que no eran aves).
En segundo lugar, los cambios ambientales o climáticos extremos incluyen aquellos eventos que modificaron la composición atmosférica u oceánica a escala planetaria.
Formación de Hierros Bandeados, mineralizaciones de
óxidos de hierro generadas durante el Gran Evento Oxidativo de
la Era Paleoproterozoica (Foto: Wikimedia).
Y en tercer lugar, los cambios tectónicos son los procesos provocados como consecuencia del movimiento de las placas tectónicas. En especial, se refieren a la formación de grandes supercontinentes y cordilleras. El evento que define el límite entre las eras Eoarcaica y Paleoarcaica se incluye en este grupo: fue entonces cuando se formó el primer supercontinente de la historia de la Tierra, llamado Vaalbará.
Reconstrucción del supercontinente Vaalbará formado
a inicios de la Era Paleoarcaica (Foto: Wikimedia).
En la tabla de los tiempos geológicos que hemos visto, aparecen unas chinches amarillas al lado de la edad absoluta de los límites entre dos de las subdivisiones de menor nivel. Se trata de los "clavos dorados".
Clavo dorado colocado en la playa de Gorrondatxe,
Bizkaia, España (Foto: Iranzu Guede).
Este símbolo indica que, para esa subdivisión, se ha definido un estratotipo. Con este nombre se conoce a las capas de rocas que mejor registran ese límite en todo el mundo. Lo cual no es nada fácil, porque tales rocas tienen que cumplir unos requisitos geológicos muy estrictos:
• Presentar un registro temporal continuo y detallado, sin interrupciones en la historia que nos están contando.
• Estar bien conservadas y aparecer en un lugar accesible para todo el mundo.
• Registrar señales claras y reconocibles a nivel mundial, como la aparición o desaparición de ciertos fósiles, cambios químicos o eventos geológicos muy importantes.
• Poder ser datadas de manera precisa con una edad absoluta en millones de años. Así funcionan como un "reloj geológico" para el resto del mundo.
Gracias a estas características, los geólogos podemos reconocer estos cambios temporales en las rocas que encontramos en otros lugares del planeta. Y la manera de destacar estos estratotipos es colocando en ellos un clavo dorado.
Las tres eras geológicas del eón Fanerozoico tienen secciones con clavos dorados, pero para las eras anteriores aún no se han encontrado lugares donde las rocas más antiguas cumplan con todos los requisitos comentados antes. Por lo general, suelen estar muy alteradas, apenas contienen fósiles, no aparecen en secciones temporales continuas y no están bien conservadas.
Así que, a pesar de ser las que nos cuentan la mayor parte de la historia de la Tierra, se tienen que quedar sin su chinche de color amarillo.
(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)





