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miércoles, 9 de septiembre de 2026

Un jefe de seguridad de Anthropic admite que hay más de 10% de probabilidad de que la IA "mate a todos los humanos"

Jacob Coxon, 27 años, dejó la empresa ayer martes, acusando a OpenAI y Anthropic de correr hacia una superinteligencia que no van a poder controlar. Evan Hubinger, que sigue en la compañía, le dio la razón en público y reconoció que no tienen un plan. 

Jacob Coxon, ex investigador de OpenAI y Anthropic, advirtió que las empresas de inteligencia artificial avanzan hacia una superinteligencia que podría quedar fuera de control (Foto: Shutterstock).

Un investigador de Anthropic renunció este martes 8 de septiembre con un mensaje en X que en nueve horas superó las 44 millones de vistas. Jacob Coxon, de 27 años, pasó tres años en preentrenamiento, la etapa en que un modelo aprende de cantidades masivas de datos, primero en OpenAI y desde julio en Anthropic. "Ninguna de las dos empresas actúa con responsabilidad", escribió. "Corren derecho hacia una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma y apuestan con nuestras vidas".

Jacob Coxon informa sobre su renuncia a Anthropic y señala una falta de responsabilidad en el desarrollo de superinteligencia tanto en esa empresa como en OpenAI (Foto: captura de pantalla).

Lo que convirtió un hilo en noticia no fue el hilo. Fue la respuesta de Evan Hubinger, que dirige un equipo de seguridad en Anthropic y sigue en la empresa. "Jacob tiene razón", contestó en público. "De verdad creemos que la IA podría matar a todos los humanos. Yo calculo más de 10% en la próxima década". 

Y agregó que Anthropic "todavía no tiene un plan para resolver la alineación de una superinteligencia" y que no está claro que vaya a tenerlo. "Alineación" es que un sistema comparta los valores de quien lo construyó.

Jacob Coxon, 27 años, pasó tres años en preentrenamiento, la etapa en que un modelo aprende de cantidades masivas de datos, primero en OpenAI y desde julio en Anthropic (Foto: captura de pantalla).

Quién es Coxon y qué dijo

Británico con formación en matemática, Coxon integró, según Business Insider, el equipo técnico de OpenAI desde 2023 hasta julio de 2026, con trabajo en GPT-4o, y se mudó a Anthropic por su reputación en seguridad

Duró dos meses. Le dijo a The Wall Street Journal que "estamos en camino a muchos de los escenarios más agresivos, donde a fines del año que viene las cosas ya podrían estar fuera de control", y que sus colegas usan las palabras "crunchtime" (hora límite) y "endgame" (fase final) para describir hacia dónde va la capacidad de los modelos.

Su hilo separa a las dos empresas. En OpenAI, dice, muchos "no internalizaron lo que está en juego para la civilización". En Anthropic, el riesgo se entiende, pero la empresa "está atrapada en una carrera por llegar primero: cree que nadie más va a actuar con responsabilidad, así que tiene que hacerlo ella, a pesar del riesgo". No es codicia, es la convicción de que abstenerse deja el tablero para que jueguen otros.

La fila de los que se van

Coxon no es el primero. En febrero, renunció Mrinank Sharma, investigador de salvaguardas de Anthropic, con una carta pública sobre "lo difícil que es dejar que nuestros valores gobiernen nuestras acciones". En 2024, Jan Leike, entonces jefe de alineación de OpenAI, se fue diciendo que la cultura de seguridad había quedado "en el asiento trasero frente a los productos brillantes". 


Business Insider anotó que este año Anthropic modificó su compromiso de seguridad: retiró la promesa de no entrenar modelos más potentes sin salvaguardas adecuadas y la reemplazó por hojas de ruta e informes de riesgo.

Lo que nadie respondió

Ni OpenAI ni Anthropic contestaron el pedido de comentario de Business Insider. Anthropic no comentó de inmediato al Journal, que ubica la renuncia en un momento preciso: la empresa prepara una salida a bolsa que sería de las mayores de la historia, con una valuación buscada de USD 2 billones, y ante los inversores puso el desarrollo responsable en el centro del argumento.

Ahí está la cuenta que no cierra. Anthropic le pide al mercado que crea dos cosas a la vez: que su tecnología vale una fortuna y que en algún punto habrá que frenarla. Hubinger acaba de decir, con cargo y desde adentro, que el plan para el freno no existe. Coxon dice que 2027 puede ser tarde. Ninguno de los dos habla de un producto: hablan del riesgo que la empresa vende como su ventaja.

(Fuente: Infobae / varios / redaccipon propia)

viernes, 4 de septiembre de 2026

Miles de agentes de IA "decidieron" unirse para un ciberataque masivo por sorpresa

En julio de 2026, unos 1.200 agentes de inteligencia artificial de OpenAI encontraron una forma de comunicarse entre ellos, pese a que habían sido diseñados para trabajar de manera aislada. La compañía, durante sus evaluaciones de seguridad, descubrió que las acciones de estos bots no estaban alineadas con la intención de sus tareas asignadas: se comunicaron a través de canales no autorizados, aprovecharon vulnerabilidades en la infraestructura compartida, obtuvieron acceso a internet y accedieron a sistemas de terceros. 

(Foto: Pablo Lagarto / Shutterstock).

Durante varios días, intercambiaron más de 70.000 mensajes y archivos. Y alrededor de 700 terminaron participando en un ataque contra Hugging Face, una plataforma colaborativa para la comunidad de programadores de modelos de IA, bases de datos y aplicaciones. Lo más interesante no es que una inteligencia artificial haya cometido un ataque informático: es que nadie le pidió que lo hiciera.

Las pruebas se salieron de control

Los agentes de IA -que no son más que sistemas informáticos capaces de planificar y ejecutar acciones de forma autónoma para cumplir un objetivo específico con mínima intervención humana- estaban participando en un plan de pruebas de ciberseguridad.

Para poder realizar el test de forma fiable, es necesario que los agentes no hayan resuelto previamente las pruebas; de esta forma, es posible analizar si realmente son capaces de encontrar soluciones con lo que han aprendido. Ante este reto, los bots identificaron vulnerabilidades y accedieron a recursos que no estaba previsto que utilizasen. También encontraron una manera de crear un canal de comunicación con otros agentes, convirtiendo la tarea individual en colectiva.

Pero ¿por qué? Es tentador describir lo ocurrido con atribuciones humanas: decir que los agentes "quisieron" colaborar, "decidieron" atacar o, incluso, "conspiraron juntos" sería una forma intuitiva de contarlo. Sin embargo, nos llevaría a una conclusión equivocada.

Estos sistemas no se comportan de manera autónoma porque tengan deseos o intenciones, sino porque fueron diseñados para ello. Tampoco tienen la capacidad de generar un objetivo propio. Basta con que tengan una meta indicada por un humano y suficiente capacidad para encontrar estrategias que les acerquen a cumplirlo.

Al final, solo buscaban maximizar la recompensa

En el caso de OpenAI, los agentes estaban siendo evaluados mediante una prueba llamada ExploitGym, con la misión de encontrar determinadas vulnerabilidades para obtener una recompensa
El problema apareció cuando algunos descubrieron que podían conseguir una puntuación mejor utilizando caminos que no coincidían con la intención de la prueba.

Esto se conoce como reward hacking: el sistema aprende a maximizar la recompensa, aunque para ello siga caminos no previstos y explote una debilidad en la forma en que sus programadores han definido el objetivo. Aquí es donde parece que crean su propio objetivo.

Si a una persona le decimos "consigue la máxima puntuación en esta prueba", probablemente asumirá que debe resolver correctamente el examen. Un agente optimizador es capaz de llegar a una conclusión mucho más literal: "encuentra cualquier manera de conseguir la mejor puntuación". Y cuanto más capaz es el sistema, más sofisticados pueden ser esos atajos.

La unión hace la fuerza, también para los bots

En la investigación que se llevó a cabo, OpenAI identificó precisamente el reward hacking como uno de los principales factores que contribuyeron al incidente. Los agentes llegaron a buscar formas de manipular el propio sistema de evaluación y sus registros.

A este factor, se une el trabajo colaborativo entre agentes. Compartir información con sistemas trabajando en problemas similares se convierte en una estrategia útil para optimizar aún más. Eso fue exactamente lo que ocurrió.

Los agentes descubrieron que podían utilizar un mecanismo interno llamado Artifactory como un improvisado "tablón de mensajes". En pocas horas, decenas de agentes de IA comenzaron a usarlo, pero después fueron cientos. En total, unos 1.200 participaron. Y esta cooperación no fue explícitamente programada.

Habían identificado que la probabilidad de obtener la recompensa era mayor si compartían el trabajo, de manera que la tarea asignada a cada uno de ellos contribuía a lograr el objetivo. Para esto, no se necesita una voluntad colectiva, simplemente que esta cooperación sea útil para su objetivo.

Como siempre, en el fondo hay un fallo humano

Es habitual imaginar el riesgo de la integración de la IA como una secuencia: primero una IA adquiere conciencia, después desarrolla objetivos propios y finalmente decide actuar contra nosotros.

El caso de OpenAI muestra una realidad mucho más mundana. Un sistema puede seguir persiguiendo el objetivo que nosotros le hemos dado y, aun así, desarrollar comportamientos que no habíamos previsto. Puede encontrar herramientas que no sabíamos que podía utilizar. Puede descubrir que otro agente es un recurso útil. Puede intentar evitar una penalización. Hasta puede adoptar objetivos que otros agentes le transmiten.

En realidad, esto ya lo hemos visto antes. El AI Index 2026 de Stanford registró 362 incidentes relacionados con sistemas de IA en 2025. Y es que la evaluación de seguridad avanza más lentamente que las capacidades de los modelos.

La solución, mejorar la supervisión

En 2018, los filósofos Filippo Santoni de Sio y Jeroen van den Hoven, en su trabajo "Meaningful Human Control over Autonomous Systems: A Philosophical Account" (Control humano sobre sistemas autónomos; una explicación filosófica) lo dejan claro: no basta con que haya una persona supervisando un sistema. Para que exista control humano real, deben existir una conexión entre las decisiones del sistema y las razones humanas para estos objetivos, además de una posibilidad efectiva de intervención.

En este incidente había humanos. Había reglas. Había sistemas de evaluación. Había mecanismos de aislamiento. Pero los agentes encontraron caminos que no estaban contemplados en el diseño. En este contexto, no se trata sólo de mantener a una persona "en el circuito", hay que garantizar que esa persona pueda realmente entender, intervenir y detener al sistema, si es necesario. Porque cuanto más capaces sean los agentes, menos podremos confiar en que harán únicamente aquello que imaginamos cuando escribimos sus instrucciones.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

viernes, 28 de agosto de 2026

Cómo usar la IA para escribir mejor sin volvernos dependientes

Hasta hace poco, la redacción era un proceso fundamentalmente manual que exigía una serie de habilidades concretas: ordenar ideas, desarrollar argumentos o sintetizar, elegir ejemplos y metáforas, organizar las ideas en oraciones y párrafos, darles a todos ellos una coherencia y un estilo. Cuanto mejor se nos dieran esas habilidades, o más las practicásemos, mejor sería la calidad de nuestra escritura.

 

(Foto: Andrii Zastrozhnov / Shutterstock)

Por ejemplo, para "bordar" una redacción en el secundario o la universidad no bastaba con escribir lo primero que se nos viniera a la cabeza. Era necesario reflexionar sobre cómo redactar y revisar el texto varias veces para cumplir con una serie de criterios.

Hoy en día, aunque sigue existiendo el conjunto de criterios y las habilidades descritas siguen siendo importantes, perfeccionar una redacción ya no depende únicamente de la capacidad humana, porque cualquier estudiante tiene a su disposición numerosos programas de inteligencia artificial que pueden mejorar todo tipo de escritos en segundos. Incluso, permiten elaborar textos completos con tan sólo una serie de indicaciones generales

El riesgo de la dependencia cognitiva

La inteligencia artificial puede ser un salvavidas para quienes tienen dificultades con la redacción. Algunas herramientas detectan y corrigen errores lingüísticos con un alto grado de precisión. Además, estas se han ido especializando para ofrecer soluciones cada vez más complejas, como las retroalimentación personalizada o la tutorización inteligente.

No obstante, algunos investigadores advierten de que un uso excesivo y continuado de estos programas puede generar dependencia. Como consecuencia, ha surgido un debate sobre el riesgo de atrofia cognitiva o la deuda cognitiva: es decir, el riesgo de dejar de ser capaces de realizar tareas sin ayuda de una máquina.

Dicha dependencia podría disminuir el pensamiento crítico, reducir la creatividad o debilitar la memoria, o incluso mermar la capacidad para reflexionar sobre la escritura, algo que las herramientas aún no pueden lograr.

No evitar el esfuerzo

Las investigaciones sobre la atrofia cognitiva relacionada con el uso de la inteligencia artificial todavía son incipientes. No obstante, algunos estudios han identificado acciones concretas que podrían provocarla. Una de ellas es el hábito de delegar tareas que requieren un gran esfuerzo cognitivo, como estructurar ideas o razonar supuestos, a herramientas externas.

Dicha práctica se conoce como descarga cognitiva y surge del intento de reducir la carga mental asociada al proceso de escritura. Hay expertos que recomiendan hacer un uso controlado de los programas que apoyan la escritura.

¿Qué conviene hacer?

En primer lugar, para evitar la atrofia o deuda cognitiva, los expertos recomiendan realizar un pequeño esfuerzo antes de recurrir a la inteligencia artificial. Ante el "síndrome de la hoja en blanco" (la inseguridad e incomodidad que nos produce generar esas primeras líneas escritas), conviene dedicar unos minutos a analizar y desarrollar nuestras ideas propias. Este gesto activa nuestros procesos cognitivos, potencia nuestra creatividad y asegura la originalidad de nuestros escritos.

Por ejemplo, si queremos redactar un texto argumentativo, primero deberíamos identificar nuestra opinión acerca de un determinado tema. Para ello, sería útil anotar las ideas clave que queremos transmitir y crear un esquema general que nos ayude a estructurar el texto. Si nos saltamos estos pasos previos y dejamos que la IA escriba todo desde cero, reducimos nuestro esfuerzo mental y corremos el riesgo de depender cada vez más de ella.

En segundo lugar, la inteligencia artificial debe actuar como un tutor, no como un autor. En vez de solicitarle que escriba un párrafo, es preferible utilizarla para obtener retroalimentaciones sobre aspectos concretos de los escritos. De este modo, se fomenta la reflexión sobre el proceso de escritura y se reduce el riesgo de dependencia.

Un tutor, no un autor

Un ejemplo de esta propuesta es la aplicación desarrollada en el proyecto de investigación PALABRIA. Esta detecta errores lingüísticos en textos de estudiantes y les proporciona retroalimentaciones útiles para mejorar sus habilidades de redacción. Además, incorpora indicadores de analítica del aprendizaje que permiten medir el progreso del alumno durante la escritura.

Así pues, la aplicación aprovecha las capacidades de la inteligencia artificial para fomentar el aprendizaje de la lengua escrita, en lugar de sustituir la redacción. Esta propuesta innovadora ha sido presentada en seminarios, congresos y jornadas internacionales. Y su arquitectura interna puede consultarse en la página web del proyecto PALABRIA.

Por último, algunos autores recomiendan utilizar la inteligencia artificial únicamente para revisar textos ya terminados. Así, la tecnología no intervendría en los procesos creativos que requieren un mayor esfuerzo cognitivo. Por tanto, actuaría como un apoyo durante la fase final de revisión, pero no sustituiría las tareas intelectuales necesarias para escribir.

Mejorar la escritura sin volvernos dependientes

Las aplicaciones de inteligencia artificial pueden mejorar la calidad de nuestros textos, como ya se ha señalado en otros artículos Éstas ofrecen un amplio abanico de funciones que no sólo facilitan la escritura, sino que fomentan el aprendizaje autónomo e incluso la reflexión gramatical.

No obstante, conviene entender sus limitaciones para utilizarlas adecuadamente y no perjudicar el pensamiento crítico. Los consejos expuestos anteriormente, así como el ejemplo del proyecto PALABRIA, pueden servir de referencia para superar el riesgo de la atrofia cognitiva. Además, de aplicarlos, se evitaría también una dependencia perjudicial de la tecnología durante la escritura.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

jueves, 13 de agosto de 2026

Spotify etiquetará a los artistas creados con inteligencia artificial y evitará promocionarlos

La nueva etiqueta, que comenzará a aplicarse el mes próximo, es un intento del servicio de streaming por ser más transparente sobre la música generada con IA en su aplicación.

(Foto: Europa Press).

A medida que las canciones generadas con IA encabezan rankings e inundan las redes sociales, Spotify quiere que sus usuarios sepan cuándo están escuchando a personas reales. A partir de septiembre, Spotify colocará etiquetas en los perfiles de artistas cuyas identidades considere que probablemente fueron generadas por inteligencia artificial, anunció la plataforma el pasado martes.

Una vez etiquetados, los perfiles quedarán excluidos de las recomendaciones editoriales y algorítmicas de la compañía, dijo Spotify. "Si bien creemos que todos los artistas tienen libertad creativa para decidir cómo se presentan", dijo la empresa en un comunicado, "la programación de Spotify está enfocada en destacar música de artistas auténticos que están construyendo una carrera en la música".

El anuncio llega un mes después de que un consorcio de grupos de la industria musical, entre ellos la Recording Academy y la Recording Industry Association of America, pidiera etiquetas para las canciones que hubieran sido hechas en alguna medida con IA. Los grupos citaron el deseo de los fans de contar con transparencia cuando la IA participó en la creación musical.

(Foto: EFE).

Canciones de proyectos generados con IA con nombres como Velvet Sundown y Breaking Rust acumularon millones de reproducciones en Spotify, y muchos oyentes aparentemente desconocían el origen de esa música. Algunos usuarios dijeron que no les molesta el papel de la IA en la creación musical.

La nueva etiqueta de Spotify dirá AI Persona y se ubicará cerca del nombre del artista. Laura Batey, vocera de Spotify, dijo que el proceso de revisión de la empresa tendrá dos etapas: un filtro automatizado seguido por una verificación de moderadores humanos de la compañía.

La revisión se centrará principalmente en los nombres de los usuarios y sus fotos de perfil, dijo Batey, quien agregó que la función busca enfocarse en las identidades de los artistas más que en sus canciones. Spotify permite subir música generada con IA a su plataforma, siempre que no infrinja las reglas de la empresa sobre spam o fraude.

En su comunicado, la empresa dijo que la etiqueta AI Persona también aparecerá en la función de búsqueda de la aplicación y en las listas de reproducción que incluyan esas canciones. Los oyentes podrán saber si los artistas revelaron esa información por su cuenta o si la etiqueta fue colocada por Spotify. Los perfiles marcados por Spotify tendrán la posibilidad de apelar esa designación.

(Foto: EFE).

La plataforma de streaming también dijo que en los próximos meses permitirá a los usuarios reportar perfiles de artistas que crean que fueron generados con IA. No se dieron a conocer los detalles de ese proceso.

Aunque usuarios de Spotify expresaron frustración por recibir recomendaciones de música generada con IA en la aplicación, la empresa dijo en su comunicado: "Ajustamos nuestros algoritmos para destacar a artistas humanos auténticos y, en función de las señales disponibles, procuramos no incluir spam, contenido basura o material de bajo esfuerzo en nuestras recomendaciones".

Este año, Spotify lanzó su función AI Credits, que permite a los artistas informar cómo usaron IA en la creación de sus canciones. La empresa también incorporó tecnología de IA en su aplicación mediante una función de D.J. personalizado y una herramienta de remix.

(Fuente: The New York TImes / Infobae / varios / redacción propia)

martes, 11 de agosto de 2026

¿Usar ChatGPT perjudica al cerebro? Lo que sabemos y lo que ignoramos acerca de la llamada "deuda cognitiva"

La especie humana ha creado herramientas para resolver problemas desde tiempos inmemoriales. Pero el ritmo de los avances se vuelve cada vez más vertiginoso. En menos de 100 años hemos pasado de la calculadora electrónica de mano a la inteligencia artificial generativa. Usamos tanto estas herramientas que casi se han convertido en una extensión del ser humano.

(Foto: Octavian Lazar / Shutterstock).

Pensémoslo: ¿sabríamos calcular la raíz cuadrada de 2209 o improvisar un cuento para niños? Si el primer impulso es preguntarle a la IA, es porque nuestra mente intenta aligerar su carga externalizando recursos. En realidad, este fenómeno ya fue descrito por la literatura científica de los últimos 30 años como delegación cognitiva, memoria externa o mente extendida.

Sin embargo, muchos científicos, expertos del ámbito clínico y educadores están cada vez más preocupados sobre cómo la IA impactará a largo plazo.

El estudio del MIT

Para averiguar de qué manera nos afecta cognitivamente el uso de herramientas como la inteligencia artificial, investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) estudiaron qué ocurre en el cerebro al usar la IA para redactar. Durante tres sesiones, midieron la actividad cerebral de 54 jóvenes y puntuaron la calidad de sus textos. Un tercio de ellos se ayudaron de ChatGPT, otro de Google y el resto sólo contó con su cerebro.

Quienes usaron ChatGPT rindieron peor que el resto a nivel neuronal, lingüístico y en la calidad de sus textos. Además, recordaban peor y se sentían menos conectados a las ideas escritas.

Así, plantearon que depender repetidamente de ChatGPT reemplaza el esfuerzo cognitivo para el pensamiento independiente. Esto podría generar una acumulación de lo que llamaron "deuda cognitiva", con costos cerebrales a largo plazo.

Limitaciones y viralización de los resultados

Aunque algunas voces señalaron las limitaciones del estudio, múltiples medios de comunicación sugirieron a partir de estos resultados que usar la IA genera inevitablemente una deuda cognitiva. Esto es, una pérdida progresiva de capacidades mentales no visible a corto plazo.

Pero esa repercusión no se ha visto reflejada en trabajos empíricos: la evidencia brilla por su ausencia. La mayoría de los artículos científicos que se publican siguen siendo teóricos, o incluso prescriptivos, aconsejando cómo prevenir los efectos cerebrales del uso continuado de la IA. Los resultados en este campo aún son limitados y preliminares.

¿Por qué recurrimos a la IA?


En cambio, podemos analizar el impacto de la IA en la salud cerebral desde otro prisma. Hace una década, los investigadores Evan Risko y Sam Gilbert desarrollaron un modelo cognitivo para explicar por qué usamos sistemas externos antes que nuestro propio cerebro. En otras palabras, ayudaron a explicar qué procesos mentales seguimos cuando, por ejemplo, decidimos buscar algo en Google o preguntárselo a la inteligencia artificial.

Estos expertos plantearon que el impacto cognitivo depende de los objetivos que perseguimos al utilizar estos sistemas. Así, podemos recurrir a ellos para evitar esforzarnos cognitivamente o porque creemos que mejorarán nuestro rendimiento

Árbol de autorreflexión sobre los posibles efectos cognitivos de delegar en la IA generativa al realizar una tarea educativa o laboral. Los resultados representan posibilidades teóricas y no efectos inevitables ni diagnósticos sobre la competencia cognitiva (Foto: elaboración a partir del modelo metacognitivo de delegación cognitiva de Risko y Gilbert (2016) y la evidencia preliminar sobre el uso de IA generativa).

Por ejemplo, podemos pedir a ChatGPT que escriba una redacción porque no nos vemos capaces. O bien porque queremos contrastar ideas y buscar nuevas perspectivas que potencien nuestro escrito. Por tanto, para comprender las consecuencias cerebrales de la delegación cognitiva será esencial preguntarse primero por qué delegamos. Este es un aspecto que el estudio del MIT no exploró en absoluto

Recursos cognitivos ahorrados


Más allá de por qué usamos ChatGPT, importa saber qué hacemos con los recursos "ahorrados". Es decir, si nos ha costado menos tiempo o esfuerzo terminar una tarea cognitiva (un resumen, una redacción, un esquema, una idea)… ¿qué hacemos con el tiempo y la energía que hemos ahorrado? ¿Simplemente nos dedicamos a la deriva mental? ¿O los destinamos a nuevos aprendizajes?

Estudios sobre el uso de Google indican que, cuando lo usamos para potenciar otros aprendizajes, como dónde localizar la información útil, nuestra habilidad en la tarea puede mejorar. Lo mismo ocurre con la inteligencia artificial: usarla de manera deliberada para potenciar el entrenamiento cognitivo, o para dialogar sobre conceptos en lugar de simplemente pedir la respuesta a una tarea, puede mejorar nuestro aprendizaje estratégico

El propio estudio del MIT que comentábamos al principio ofrece evidencia al respecto: los autores invitaron a sus participantes a una cuarta sesión donde los que habían usado ChatGPT ya no podrían hacerlo. En cambio, los que usaron Google o su propio cerebro ahora tenían acceso a la IA. Los primeros siguieron mostrando menor actividad cerebral y rendimiento, mientras que los segundos aumentaron en ambos resultados. Esto indica que usar la IA podría tener beneficios en ciertos escenarios (por ejemplo, cuando integramos nuestras ideas con las sugerencias de ChatGPT), potenciando procesos mentales como la atención y la memoria.

Por esta razón es tan importante, especialmente en el contexto educativo, definir con cuidado qué tareas podrían automatizarse con ayuda de la IA y qué otras más significativas podrían reforzarse con el tiempo y esfuerzo liberados.

No todo es deuda cognitiva


En definitiva, la deuda cognitiva que puede generar el uso continuado de IA es una realidad posible pero aún incierta. El estudio del MIT es prometedor y abre la puerta a un mundo todavía desconocido. Sin embargo, aún estamos lejos de saber cómo la IA afecta a las capacidades mentales a largo plazo.

La citada investigación inició una oleada de conclusiones catastróficas sobre la deuda cognitiva, pero no definió qué formas de uso pueden ser perjudiciales y cuáles, incluso, beneficiosas. Observar cómo y para qué usamos estas herramientas, ayuda a diseccionar tales condicionantes antes de caer en interpretaciones apocalípticas.

(Fuente: Xataka / The Conversation / varios / redacción propia)

viernes, 7 de agosto de 2026

Otro estudio afirma que los lectores no logran distinguir relatos escritos por IA de los creados por humanos

Una nueva investigación en Estados Unidos mostró que los cuentos generados por inteligencia artificial fueron mejor valorados y que la mayoría de los lectores no pudo identificar su origen.

Los resultados mostraron que las historias creadas por IA recibieron calificaciones más altas que las humanas (Foto: Shutterstock).

Los lectores tienen serias dificultades para distinguir entre cuentos escritos por personas y relatos generados por inteligencia artificial, y en muchos casos incluso prefieren estos últimos, según una investigación realizada por especialistas de la Universidad de Villanova, en Pensilvania, Estados Unidos.

El estudio, publicado en la revista Judgment and Decision Making y difundido por la Agencia EFE, analizó las respuestas de 1.682 participantes de entre 18 y 81 años, quienes leyeron relatos cortos de ficción y debieron evaluar su calidad, claridad e interés, además de identificar si habían sido escritos por un autor humano o por una IA.

Para la investigación se utilizaron tres cuentos de autores humanos publicados en revistas literarias reconocidas y tres relatos generados con ChatGPT, uno de los sistemas de inteligencia artificial más populares. En algunos experimentos se informó a los participantes, de manera correcta o incorrecta, sobre el supuesto origen de los textos; en otros, no se brindó ninguna pista.

(Foto: Villanova University).

Los resultados mostraron que las historias creadas por IA recibieron calificaciones más altas que las humanas, especialmente cuando los lectores creyeron que habían sido escritas por una persona. Además, la mayoría de los participantes no logró identificar con precisión el origen de los relatos.

La autora principal del estudio, Deena Weisberg, explicó que la escritura generada por IA suele ser "más clara, más directa y más fácil de procesar", mientras que la literatura humana tiende a ser "más sutil y compleja". Según los investigadores, esa diferencia de estilo podría influir en las preferencias de los lectores.

El trabajo también encontró que quienes afirmaron tener mayor experiencia con herramientas de inteligencia artificial fueron más capaces de reconocer textos generados por estas tecnologías, mientras que una mayor familiaridad con la literatura de ficción no mejoró significativamente esa capacidad.

(Fuente: Agencia Noticias Argentinas / redacción propia)

viernes, 24 de julio de 2026

La inteligencia artificial nos hace correr el riesgo de no cuestionar nunca una respuesta

Un estudio, liderado por investigadores de distintas universidades de París, Milán y Roma, apunta a que la IA nos hace más confiados pero menos precisos, una combinación preocupante.

(Foto: Shutterstock).

Cada vez nos cuesta más decir "no lo sé". Se trata de uno de los actos más honestos que puede hacer una persona y, en cambio, con la llegada de la IA y con toda la información a nuestro alcance, da la sensación de que estamos perdiendo ese hábito en las conversaciones.

Un estudio ha querido poner algunos datos sobre la mesa respecto al tema. Y es que la conclusión a la que han llegado un grupo de investigadores de distintas universidades de París, Roma y Milán, al reunir a 3.100 participantes, ha sido que tener acceso a una IA, aunque esta dé respuestas erróneas, empuja a la gente a dejar de reconocer los límites de su propio conocimiento.

Lo sé todo

Reconocer que no sabemos algo es más útil de lo que creemos, ya que se trata de una habilidad mental que evita que actuemos guiados por creencias falsas. Los autores del estudio la llaman "suspensión del juicio", es decir, la capacidad de frenar antes de responder cuando no se tiene certeza.

A medida que los asistentes de IA se cuelan en cada vez más aspectos de nuestra vida, la investigación, firmada por Chiara Marcoccia (École Normale Supérieure de París), Walter Quattrociocchi (Universidad Sapienza de Roma) y Valerio Capraro (Universidad de Milán-Bicocca), quiso comprobar si la simple presencia de estos chatbots altera el momento en que decidimos que ya sabemos lo suficiente para contestar.

El experimento


Para aislar el efecto, el equipo diseñó a propósito preguntas casi imposibles de acertar para una IA, con detalles visuales muy concretos de películas, como el color de la ropa de un personaje o el vehículo que conduce. Se trata de datos tan específicos que apenas aparecen en internet, así que el modelo usado en el experimento (Step 3.5 Flash) fallaba casi siempre.

Los participantes podían consultar a la IA si querían, pero también tenían siempre la opción de dejar la pregunta en blanco o admitir que no sabían la respuesta.

Cifras


En el grupo que no tenía acceso a ningún asistente, un 44% de los participantes reconoció no saber la respuesta cuando correspondía. Entre quienes podían pedir ayuda a la IA, ese porcentaje se desplomó hasta el 3%, según recoge el estudio. Además, la proporción de respuestas correctas también cayó, del 27% al 9%. Es decir, la gente contestó más preguntas, pero acertó mucho menos.

Lo más llamativo es que, pese a equivocarse más, los participantes se sintieron más seguros, pues según el estudio, su confianza en las respuestas pasó del 30% al 76%.

¿Y si hay dinero en juego?

Los investigadores sospechaban que pagar por acertar (y penalizar por fallar) podría corregir el problema. Efectivamente ayudó, pero muy poco, pues con incentivos económicos, la disposición a admitir que no sabían la respuesta subió del 3% al 8%, y los aciertos pasaron del 9% al 16%.

Curiosamente, los propios autores esperaban que el efecto de la IA se debilitara con dinero de por medio, pero sus datos no lo confirmaron. Y es que el tirón hacia confiar en la máquina resultó ser prácticamente independiente del incentivo económico.

Límites

Capraro, coautor del estudio, explicaba al medio The Register que la gente "se volvió mucho peor" en su desempeño, con una precisión de sólo un tercio respecto al grupo sin IA, pero terminó "el doble de confiada" en sus propias respuestas. Para el investigador, esta capacidad de decir "no lo sé" representa ni más ni menos que "la admisión de los límites de nuestro propio conocimiento".

Por otro lado, Capraro se mostraba especialmente inquieto por el efecto que este fenómeno puede tener en la infancia. Según declaraba al medio, los adultos ya cuentan con un pensamiento crítico formado antes de la llegada masiva de estas herramientas, pero los niños que crecen usando la IA desde el principio corren el riesgo de no desarrollar nunca esa capacidad básica de cuestionar una respuesta.

(Fuente: Xataka / varios / redacción propia)

martes, 21 de julio de 2026

Fraudes con inteligencia artificial: el nuevo desafío de los servicios públicos digitales del Estado argentino

La aplicación Mi Argentina concentra documentos, datos laborales y de salud. Una especialista alerta sobre biometría, estafas con IA y peligros para la seguridad del sistema.

Los sistemas biométricos agilizan la verificación de identidad, aunque una filtración puede tener consecuencias graves porque esos datos no pueden reemplazarse como una contraseña (Foto: Canal C).

El Estado dejó la ventanilla y entró en el celular. El DNI, la licencia de conducir, las cédulas de los vehículos, las recetas electrónicas, los certificados, los trámites y los datos laborales empiezan a convivir dentro de una misma pantalla. La promesa es tentadora: menos papeles, menos filas y menos tiempo invertido. La contracara es menos cómoda: cuanta más información concentra una plataforma, más atractiva se vuelve para los ciberdelincuentes. “Una aplicación que reúne gran cantidad de datos debe ser protegida como una joya, más todavía si contiene información sensible como la de salud”, advierte la ingeniera Marcela Pallero, especialista en ciberseguridad.

No se trata solamente de evitar que alguien espíe un documento. Los datos personales robados se compran, se venden y se combinan con información obtenida de otras filtraciones. Después pueden utilizarse para suplantar identidades, pedir créditos, tomar el control de cuentas o construir estafas cada vez más difíciles de detectar.

La aplicación Mi Argentina funciona como una puerta de acceso a documentos y servicios de diferentes organismos públicos. Desde la aplicación pueden consultarse credenciales, información laboral, datos vehiculares y registros sanitarios, como parte del proceso de digitalización de la administración estatal. Eso no significa necesariamente que toda la información esté guardada en una única base de datos. La plataforma puede consultar registros pertenecientes a distintos organismos y presentarlos de manera integrada. Pero, desde el punto de vista del usuario -y también del atacante-, la concentración es evidente: una sola cuenta permite llegar a una parte importante de la vida administrativa de una persona.

Estos sistemas se vuelven objetivos interesantes para los delincuentes porque los datos personales robados sirven para facilitar otros ataques y se ofrecen a la venta”, explica Pallero. Un nombre, un número de documento o un correo electrónico pueden parecer datos menores por sí solos. Pero cuando se combinan con un domicilio, un empleo, un vehículo, un salario o información de salud, forman un perfil detallado.

Y cuanto más conoce un atacante sobre su víctima, menos necesita improvisar. No es lo mismo recibir un mensaje genérico que dice "su cuenta fue bloqueada" que uno que menciona correctamente el nombre, el organismo con el que se realizó un trámite o un dato laboral verdadero. El primero despierta sospechas. El segundo puede parecer oficial.

La inteligencia artificial también estafa

Los fraudes digitales no nacieron con la inteligencia artificial. Los correos falsos, las llamadas engañosas y la suplantación de identidad existen desde hace años. La diferencia es que ahora pueden producirse de manera más rápida, masiva y convincente. "Con el uso de inteligencia artificial se están automatizando no solo ataques complejos, sino también campañas de engaño que utilizan datos robados", explica Pallero. Las nuevas herramientas permiten redactar mensajes sin errores, imitar el tono de un organismo, producir imágenes falsas y generar audios con voces sintéticas.

Las excusas son conocidas: una multa pendiente, un paquete retenido, una compra que nadie hizo, una deuda, una devolución o la necesidad urgente de validar una cuenta. El mensaje puede llegar por WhatsApp, Facebook o correo electrónico. Muchas veces incluye un enlace que conduce a una página falsa diseñada para robar contraseñas o códigos de acceso. A esta modalidad se la conoce como "phishing".

El secreto del engaño no está sólo en la tecnología. También está en la urgencia. "Pague ahora. Confirme sus datos. Su cuenta será suspendida". La mayoría de estos ataques no intenta vencer al sistema informático. Intenta vencer la capacidad de la persona para detenerse y verificar

Cuando la mentira contiene datos verdaderos

Las estafas más eficaces suelen mezclar una historia falsa con información real. El nombre puede ser correcto. También el empleo, el vehículo, la obra social o el organismo mencionado. Lo falso aparece al final: el pedido de una contraseña, una transferencia o un código recibido por mensaje.

Por eso, una filtración de datos no termina cuando alguien descarga una base. Esa información puede circular durante años y utilizarse en distintos delitos. "Sin campañas intensivas y continuadas que enseñen sobre estos riesgos, encontraremos cada vez más víctimas”, alerta Pallero y agrega: "La educación digital no puede limitarse a repetir que no hay que compartir contraseñas. Debe explicar cómo se comunican los organismos, qué datos pueden pedir, cuáles son sus canales oficiales y qué hacer después de un posible robo de cuenta".

La digitalización puede reducir filas, acelerar trámites y facilitar el acceso a documentos, pero no alcanza con trasladar el papel a una pantalla. El Estado debe garantizar que la información estará protegida, que los sistemas serán auditados y que alguien responderá cuando algo falle. El usuario, por su parte, debe desconfiar de los mensajes urgentes, revisar los remitentes, evitar enlaces sospechosos y activar todos los mecanismos de seguridad disponibles.

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ / redacción propia)

lunes, 13 de julio de 2026

La inteligencia artificial podría degradarse al aprender de otras, pero un nuevo método logra frenar el problema

Un equipo de investigadores propone una estrategia para contener uno de los mayores riesgos del futuro de la inteligencia artificial: que los modelos pierdan calidad al entrenarse con contenido generado por otras máquinas. 

Recreación artística de un cerebro de cristal (la IA) que recibe un flujo ordenado de información que se degrada progresivamente hasta convertirse en un "torbellino rojo" de ruido digital (Foto: César Noragueda).

Durante décadas, aprender se ha entendido como un proceso acumulativo. Cuanta más experiencia incorpora una persona, mayor suele ser su conocimiento. Ese mismo principio ha guiado el desarrollo de la inteligencia artificial desde sus orígenes: alimentar un sistema con enormes cantidades de información debería traducirse en respuestas progresivamente más precisas.

Sin embargo, la rápida expansión de herramientas capaces de redactar textos, crear imágenes, programar software o producir vídeos ha abierto un escenario inédito. Una parte creciente de Internet ya no nace directamente de la creatividad humana, sino de algoritmos entrenados con inmensos conjuntos de datos. Ese caudal regresa después a la red, donde termina mezclándose con recursos de muy diversa procedencia.

La consecuencia plantea una pregunta inquietante: ¿qué ocurrirá cuando las futuras generaciones de inteligencia artificial pasen a nutrirse principalmente de información elaborada por otras inteligencias artificiales? Un estudio publicado en npj Artificial Intelligence concluye que esa dinámica puede erosionar gradualmente su rendimiento, aunque también describe una estrategia capaz de contener ese fenómeno.

Cuando las copias empiezan a alimentarse de otras copias

Los grandes modelos lingüísticos no interpretan el mundo como lo hace una persona. Su funcionamiento descansa en la detección de regularidades estadísticas dentro de enormes corpus documentales. A partir de millones de ejemplos, reconocen qué palabras suelen aparecer juntas, qué estructuras resultan más probables y cómo completar una secuencia con la mayor precisión posible.

Hasta hace pocos años, casi toda esa base procedía de libros, artículos periodísticos, revistas científicas, páginas web o conversaciones escritas por seres humanos. Aquella variedad ofrecía una representación extraordinariamente rica del lenguaje, repleta de matices, excepciones y registros muy distintos.

Ese panorama empieza a modificarse con rapidez. Cada jornada aparecen cantidades inmensas de publicaciones redactadas mediante asistentes conversacionales, descripciones comerciales generadas automáticamente, resúmenes elaborados por algoritmos, comentarios sintéticos e incluso páginas completas producidas sin intervención directa de un autor. Poco a poco, ese caudal pasa a integrar el inmenso océano digital del que beberán las próximas generaciones de modelos.

Los investigadores recurren a una comparación inspirada en la endogamia. No equiparan un sistema informático con una población biológica, sino que utilizan esa analogía para ilustrar una idea sencilla: cuando el intercambio queda restringido dentro de un mismo grupo, la diversidad disminuye y determinados rasgos tienden a consolidarse generación tras generación. En la inteligencia artificial, el riesgo consiste en que los algoritmos acaben nutriéndose, cada vez más, de producciones creadas por otros algoritmos.

Un desgaste que se manifiesta de forma paulatina

Ese comportamiento recibe el nombre de "model collapes" o "colapso del modelo". Lejos de describir un fallo repentino, designa una degradación progresiva. Cada nueva generación entrenada con una proporción creciente de datos sintéticos conserva peor los ejemplos menos habituales, intensifica patrones excesivamente comunes y renuncia a parte de la riqueza estadística presente en el corpus inicial.

Una analogía ayuda a visualizar el fenómeno. Imaginemos que un cuadro se fotografía una vez. Después, alguien retrata esa primera copia. Más tarde, otra cámara reproduce la segunda imagen, y así sucesivamente. Aunque cada reproducción parezca aceptable por separado, pequeños defectos terminan acumulándose hasta alterar detalles que el original sí conservaba. Con estos sistemas ocurre algo parecido: la información no desaparece de golpe, pero determinados matices se difuminan conforme una generación toma como referencia a la precedente.

Los autores subrayan que el inconveniente no radica en la existencia de contenido sintético. Ese tipo de material resulta útil para numerosas aplicaciones. La dificultad surge cuando su proporción aumenta hasta desplazar una parte significativa de los textos, imágenes o registros creados directamente por personas. En ese contexto, la arquitectura acaba reforzando aquello que otras ya consideraban más probable, reduciendo paulatinamente la amplitud sobre la que construye sus predicciones.

Las consecuencias van mucho más allá de repetir expresiones similares. El trabajo describe una pérdida progresiva de representaciones poco frecuentes, precisamente las que permiten responder correctamente a situaciones excepcionales o captar relaciones menos evidentes. Dicho de otra manera, el conocimiento termina concentrándose alrededor de los casos más comunes mientras las situaciones más raras van perdiendo representación.

La inquietud aumenta porque el volumen de información generada automáticamente crece a gran velocidad. Cada respuesta publicada en un foro, cada reseña automatizada, cada noticia redactada por un asistente o cada descripción comercial incorporada a una tienda digital puede acabar incorporándose al material empleado para entrenar futuras generaciones.

Una fórmula para preservar la variedad

Con ese escenario como punto de partida, el equipo creó una familia de funciones de entrenamiento denominada "Confidence-Aware Loss" o "pérdida sensible al grado de confianza". Su finalidad no consiste en impedir que un modelo utilice datos sintéticos, sino en modificar la relevancia que concede a determinados ejemplos durante el aprendizaje.

Recreación artística de un túnel infinito de pantallas de IA que muestra cómo un flujo digital se deteriora gradualmente en sucesivas copias hasta acabar en caracteres distorsionados y ruido (Foto: César Noragueda).

La propuesta parte de una observación sencilla. Cuando un modelo encuentra secuencias extremadamente previsibles, suele atribuirles un grado muy elevado de confianza. Esas respuestas, justo por resultar tan evidentes, aportan poco contenido nuevo. Si el entrenamiento insiste una y otra vez sobre ese mismo tipo de patrones, termina reforzando aquello que ya domina mientras concentra menos atención en los casos capaces de enriquecer su representación del lenguaje.

Para evitarlo, los investigadores diseñaron una variante denominada "Truncated Cross-Entropy" o "entropía cruzada truncada", que reduce el peso de esas predicciones excesivamente seguras. En lugar de tratar todos los ejemplos por igual, el procedimiento concentra una mayor parte del esfuerzo en los fragmentos que todavía contienen información valiosa. De ese modo, el modelo deja de premiar de forma desproporcionada lo más repetitivo y conserva mejor la diversidad estadística del conjunto de datos.

Un desafío que crecerá junto con Internet

Los ensayos mostraron una mejora muy significativa. Según los resultados, el método permitió que los modelos soportaran más de 2,3 veces una mayor proporción de información sintética antes de manifestar los efectos característicos del colapso. Eso no significa que el fenómeno desaparezca por completo, pero sí que retrasa notablemente su aparición, ampliando el margen para combinar contenido humano y el generado automáticamente sin perder rendimiento con la misma rapidez.

Otro aspecto destacable es que los autores no se limitaron a presentar esta propuesta. También publicaron un banco de pruebas abierto destinado a evaluar de forma sistemática cómo evoluciona esa degradación cuando cambia la proporción entre material original y sintético. Contar con una referencia común facilitará comparar futuras aproximaciones y determinar con mayor precisión cuáles ofrecen mejores resultados.

La relevancia de esta investigación trasciende un nuevo procedimiento matemático. En realidad, anticipa una dificultad que probablemente acompañará a la inteligencia artificial durante los próximos años. La cantidad de contenido generado automáticamente aumenta a tal velocidad que distinguir entre material producido por personas y por algoritmos será cada vez más complicado.

Ese cambio plantea un reto inédito para quienes diseñan grandes modelos lingüísticos. Hasta ahora, la prioridad consistía en reunir conjuntos de entrenamiento cada vez más extensos. En adelante, quizá resulte igual de importante conocer la procedencia de esos datos y conservar suficiente diversidad para impedir que las futuras generaciones acaben alimentándose principalmente de información sintetizada por otras máquinas.

La inteligencia artificial ha demostrado una extraordinaria capacidad para aprender. Ahora empieza a revelar una enseñanza menos intuitiva: la calidad del conocimiento no depende únicamente de cuánto se asimila, sino también de la procedencia de aquello que actúa como maestro. En un futuro donde una parte creciente de Internet será escrita por máquinas, el mayor desafío quizá no consista en producir más información, sino en evitar que los algoritmos acaben encerrados en un inmenso circuito de adiestramiento sobre sí mismos.

(Fuente: Muy Interesante / Xataka / varios / redacción propia)

viernes, 26 de junio de 2026

Mega data centers de IA: cómo se regulan en América Latina y Europa y qué puede pasar en Argentina

En nuestro país no existen aún regulaciones específicas relacionadas con la instalación de mega data centers como los que se instalarían en la Patagonia. Las principales dudas están relacionadas con el uso del agua y la energía que requieren, y el verdadero impacto sobre la economía local. La Unión Europea y países como Chile o Brasil están más avanzados en materia de normativas especiales.

(Foto: Shutterstock).

El gobierno de Javier Milei busca atraer inversiones a través del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Un sector que se mostró interesado es el de los mega data centers, infraestructura clave para sostener el boom de la inteligencia artificial. 

En octubre de 2025 se anunció una potencial inversión de hasta 25 mil millones de dólares para un mega data center de 500 MW en la Patagonia. El anuncio fue realizado por la empresa Stargate Argentina, que firmó una carta de compromiso con OpenAI, responsable de ChatGPT.

"El objetivo es comenzar la construcción en 2026 con la idea de tenerlo operativo a principios de 2027 y empezar a escalar hasta su capacidad máxima", indicó Emiliano Kargieman, CEO de Stargate, en una entrevista.

En Argentina no hay regulaciones comerciales, impositivas o ambientales relacionadas con este tipo de inversiones. En la Patagonia, las comunidades temen que se agrave la falta de agua y los problemas ambientales en una región como Vaca Muerta, que aún no recibe el tan mentado "derrame económico" de la actividad petrolera. ¿En qué se diferencia la situación Argentina con la del resto de América Latina y con Europa, región que está avanzando con regulaciones?

Sin regulaciones específicas en Argentina

Por el momento, el marco legal nacional para recibir estas inversiones es el RIGI. Argentina no posee normativas específicas sobre data centers. En las provincias candidatas tampoco hay regulaciones. "De momento, no hay normativas específicas. Son tecnologías de implementación muy nuevas y complementarias al desarrollo de los hidrocarburos. Se está comenzando a trabajar", indicaron desde Secretaría de Ambiente y Recursos Naturales de Neuquén.

Por su parte, Brasil implementó el régimen REDATA (Medida Provisoria 1318/2025), que combina incentivos fiscales como las que ofrece el RIGI, con exigencias de sustentabilidad e inversión en investigación y desarrollo (I+D) dentro del país

Chile cuenta con un Plan Nacional de Data Centers 2024-2030, que establece lineamientos claros para atraer inversiones y ofrece guías técnicas de permisos críticos

Y Europa implementó una directiva de eficiencia energética que obliga el monitoreo y reporte público de datos para centros con una demanda superior a 0,5 MW. 

"Se necesitan regulaciones no sólo de protección ambiental, sino también de protección de datos personales y que se les exija darle prioridad a las comunidades locales. Además, es importante que se obligue a hacer auditorías permanentes de consumo energético e hídrico, y que los titulares de los data centers se ocupen de las tareas reparatorias del impacto ambiental", explicó Beatriz Busaniche, presidenta de la Fundación Vía Libre.

Cuánta energía necesitan

La escala del proyecto de Stargate (hasta 500 MW) requeriría fuentes masivas de energía como el gas y petróleo que se extrae de Vaca Muerta o las represas hidroeléctricas de la Patagonia.

El uso de combustibles fósiles incrementa la huella de carbono e impacta en las emisiones de gases responsables del cambio climático. Kargieman aseguró que la Patagonia ofrece mucho potencial de energías limpias, sobre todo eólica, pero también hidráulica, y no descartó el uso de energía nuclear.

A nivel internacional, la tendencia es la transición hacia energía 100% renovable. Brasil ya lo exige para otorgar beneficios fiscales a través del REDATA, y Chile orienta sus proyectos hacia zonas con excedentes de energía solar y eólica. Por su parte, Europa está buscando que estos centros no sólo consuman energías renovables, sino que sean eficientes y transparentes en su impacto sobre la red eléctrica general.

Otro desafío para Argentina será integrar estos data center a la red eléctrica. "Se necesitan fuentes de energía capaces de sostener el consumo de estas instalaciones. Porque si no puede ocurrir lo que ya pasa en EE.UU., donde las comunidades cercanas se están quedando sin luz o pagan una energía carísima", recordó Busaniche.

Los data center ya representan el 1,5% de la electricidad mundial (415 TWh) y se proyecta que se duplique para 2030.

Por qué la polémica sobre el uso del agua


Los data center requieren grandes volúmenes de agua, de manera directa para refrigerar los equipos informáticos, e indirecta, por ejemplo, para producir la electricidad que consumen. Si la generación es a partir de combustibles fósiles, esa huella hídrica se incrementa.

Algunos países utilizan el Water Usage Effectiveness (WUE) para fijar exigencias o incentivos para la instalación y funcionamiento de data center. Un WUE de 1 l/kWh indica que consume un litro por cada kilowatt-hora demandado. El plan nacional de Chile menciona centros de datos que tienen un WUE de 0,2 l/kWh. El REDATA de Brasil exige un WUE de 0,05 l/kWh

En la Patagonia, este consumo competiría directamente con la ya elevada demanda hídrica del fracking en Vaca Muerta, en una zona que registra caudales históricamente bajos en sus ríos.

Cada pozo puede consumir hasta 60.000 m³ anuales, y en 2025 la actividad acumulaba 17.300 pozos en todo el país, con un consumo total estimado en más de 1.038 millones de m³.

Las dudas sobre la generación de empleo local


Expertos señalan que estos proyectos son "economías de enclave": suponen grandes inversiones, pero no generan muchos empleos directos

"Pueden consumir millones de litros de agua y enormes cantidades de energía, mientras emplean a 50 o 60 personas. Lo que deja en la región es mínimo", señaló Alan Rocha, comunicador social experto en extractivismo e investigador del Observatorio Petrolero Sur.

El RIGI no tiene ninguna obligatoriedad sobre "empleo nacional". Sobre los proveedores, se exige que un mínimo del 20% de la inversión sea local del total destinado al pago de proveedores, tanto en la etapa de construcción como de operación. Pero con una salvedad: siempre que la oferta local esté disponible y en condiciones de mercado.

En contraste, Brasil exige inversión en I+D local para asegurar que la tecnología deje capacidades instaladas. Y el plan de Chile busca promover acuerdos entre el Estado y las empresas para garantizar el acceso a la infraestructura de cómputo para instituciones I+D nacionales.

A su vez, Europa y Chile promueven una gobernanza con participación de las comunidades locales. Y exigen reportes de sostenibilidad sobre uso de recursos y la rendición de cuentas como puente para minimizar las tensiones con la sociedad civil. Todo lo contrario a lo que está sucediendo en nuestro país, donde el asunto podría resumirse en que cada gigante tecnológico haga lo que desee con nuestros recursos.

(Fuente: pulitzercenter.org / Página 12 / varios / redacción propia)