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lunes, 27 de octubre de 2025

Asuntos para reflexionar: nos robaron la memoria en nombre del progreso y ahora no sabemos pensar

Como tantas otras frases, a Albert Einstein le atribuyen haber dicho que la educación es lo que queda después de olvidar lo aprendido; en este caso es mentira, nunca lo dijo porque entendía justo lo contrario: que hemos aprendido a olvidar demasiado pronto.

(Foto: Shutterstock).

En las últimas décadas ha surgido la idea de que la memorización es algo negativo en educación. Algunos afirman que memorizar contenidos carece de sentido en la era de Internet, o que lo único importante es fomentar la creatividad y el pensamiento crítico en lugar de la memoria. Sin embargo, esta visión simplifica en exceso el problema y malinterpreta el papel de la memoria en el aprendizaje.

La evidencia científica muestra que la memoria no es un obstáculo para la comprensión, sino más bien un componente esencial del proceso de aprendizaje. De hecho, como veremos a continuación, sin memoria no hay aprendizaje y viceversa. Lejos de ser opuesta a la comprensión, la memoria bien utilizada es la base sobre la que construimos conocimientos, habilidades y pensamiento profundo.

Es curioso que muchas personas que denostan la memoria realizan pruebas de ideas previas, para ver el nivel de partida. ¿Qué idea previa? Si dicen que la memoria no sirve, ¿cómo pueden contestar cualquier cosa en estas pruebas? Por no poder, no podrían ni poner su nombre.

Memoria vs. comprensión: un falso dilema

Existe la creencia de que "memorizar" equivale a "recitar sin entender", y que fomentar la comprensión significa eliminar la memorización. Este es un falso dilema. La psicología cognitiva ha demostrado que la memoria no es un almacén pasivo de datos aislados, sino un proceso dinámico y reconstructivo en el corazón mismo del aprendizaje. En otras palabras, aprender algo en profundidad implica inevitablemente recordarlo de forma eficaz más adelante. Lejos de excluirse, comprensión y memoria se apoyan mutuamente: cuando comprendemos bien un concepto, lo recordamos mejor; y contar con buena memoria nos permite construir comprensiones más complejas al conectar nueva información con conocimientos previos.

Es importante distinguir entre memorizar sin sentido (aprender datos de forma mecánica y aislada) y memorizar con comprensión. La educación tradicional a veces se enfocó en la repetición sin contexto, lo que llevó a rechazar ese enfoque. Pero desechar la memoria por completo sería un error. Memorizar con significado –es decir, después de entender la materia– permite consolidar el conocimiento en el cerebro de forma duradera. Al final, tanto la memoria como la comprensión son necesarias: comprender proporciona sentido a lo que aprendemos, y la memoria lo fija para que ese aprendizaje perdure y pueda usarse en el futuro.

La memoria como base del conocimiento y el pensamiento crítico

La memoria es fundamental para el aprendizaje porque es el proceso que nos permite acumular conocimientos a largo plazo. Un estudiante no puede razonar sobre datos o conceptos que no recuerda. Los conocimientos previos almacenados en la memoria son la base sobre la cual construimos nuevas ideas. De hecho, el conocimiento previo es un prerrequisito para pensar de forma crítica y resolver problemas de forma creativa. En la práctica, ésto significa que no podemos desarrollar pensamiento crítico en el vacío: necesitamos información y conceptos memorizados para analizarlos, evaluarlos y generar ideas originales. Por ejemplo, un científico sólo puede hacer un experimento innovador si domina (recuerda) los principios científicos relevantes; un historiador sólo puede interpretar hechos si ha memorizado fechas, lugares y acontecimientos clave.

Numerosas investigaciones confirman el papel central de la memoria en el aprendizaje efectivo. Un artículo de COGx resume: "Para tener alumnos capaces de pensar de forma crítica y creativa, necesitamos darles conocimientos y esto sólo puede ocurrir a través de la memoria". En otras palabras, incluso las habilidades del siglo XXI más valoradas (pensamiento crítico, creatividad, capacidad de resolver problemas) dependen de una base de contenidos memorizados en la mente del alumno. Como ha señalado el psicólogo educativo Daniel Willingham, "la memoria es el residuo del pensamiento". Lo que razonamos profundamente termina almacenándose en nuestra memoria, y viceversa, tener conocimientos en la memoria nos permite pensar más profundamente.

(Foto: Shutterstock).

Memoria y eficiencia cognitiva

Otro motivo por el que la memoria es imprescindible en educación es por su relación con la eficiencia mental. Nuestro cerebro tiene recursos limitados a corto plazo (la memoria de trabajo). La teoría de la carga cognitiva de John Sweller explica que la memoria de trabajo puede manejar sólo una cantidad limitada de información nueva a la vez. ¿Qué implica esto? Que si un estudiante tiene que dedicar todos sus recursos mentales a recordar o deducir constantemente datos básicos, le quedará poca capacidad mental para tareas más complejas como analizar, inferir o crear. Primero debemos internalizar (memorizar) ciertos conocimientos básicos, y después podremos realizar procesos cognitivos más elevados.

En términos sencillos: la memoria libera la carga de la mente. Cuando ciertos conocimientos están automatizados o almacenados en la memoria a largo plazo, dejan de ocupar espacio en la memoria de trabajo. Esto permite afrontar problemas más difíciles sin saturarse. Por ejemplo, un niño que ya se sabe de memoria las tablas de multiplicar puede enfocarse en resolver un problema complejo sin detenerse a calcular cada multiplicación sencilla; su memoria actúa como un "almacén" rápido que le brinda datos inmediatos. Si no tuviera memorizados esos hechos básicos, la resolución del problema se volvería mucho más lenta y propensa a errores, porque estaría sobrecargando su mente con cálculos elementales.

La idea se aplica a cualquier disciplina: en lectura, reconocer palabras al instante (vocabulario memorizado) permite comprender textos sin esfuerzo excesivo; en música, memorizar escalas facilita la improvisación creativa; en química, recordar la tabla periódica básica agiliza el entendimiento de reacciones. Cuanto más conocimiento relevante tengamos memorizado, más recursos cognitivos tendremos libres para pensar, comprender y resolver nuevas tareas.

Ejemplos prácticos de la importancia de memorizar

Para ilustrar la necesidad de la memoria, veamos algunos ejemplos cotidianos en la educación:

Matemáticas básicas: aprender y memorizar las tablas de multiplicar es una práctica clásica por una buena razón. Las tablas contienen resultados que usamos constantemente en cálculos diarios; tener que recalcular cada multiplicación sería muy poco eficiente, por eso es importante poder recordar esos resultados al instante. Un estudiante que sabe que 7 x 3 = 21 de memoria puede, pensando al revés, deducir fácilmente que 21 se factoriza como 7x 3. Un conocimiento de 3º de Primaria que se usa en 5º y 6º. Del mismo modo, aunque 12 = 4 x 3 incluye un factor no primo, al conocer que 4 = 2 x 2 se puede descomponer 12 mentalmente como 22 x 3. Todo este proceso mental ágil es posible gracias a tener memorizados los números primos básicos y las multiplicaciones sencillas. Sin esa base memorística, la factorización sería un ejercicio mucho más lento y propenso a errores porque el alumno debería derivar de cero cada resultado.

Lenguas y vocabulario: para aprender un nuevo idioma es imprescindible memorizar palabras, expresiones y reglas gramaticales. La comprensión lectora o la fluidez oral dependen en gran medida de reconocer vocabulario rápidamente. Un estudiante de inglés, por ejemplo, necesita retener el significado de cientos de palabras. Si tuviera que buscar en el diccionario cada término al leer, no comprendería el texto fluidamente. Memorizar vocabulario y estructuras libera al estudiante para centrarse en el mensaje, la intención o la creatividad al usar el idioma, en lugar de atascarse traduciendo mentalmente cada palabra.

Historia y ciencias sociales: el análisis crítico de procesos históricos requiere conocer datos fundamentales (fechas, nombres, lugares, conceptos). Memorizar, por ejemplo, que la Revolución Francesa fue en 1789, o qué países conformaron cierto tratado, permite al estudiante situar los eventos en contexto rápidamente. Con esos datos almacenados, puede dedicarse a reflexionar sobre causas y consecuencias, comparar períodos o extraer lecciones. Si no recordara esa información básica, tendría que detenerse continuamente a buscarla, perdiendo el hilo del razonamiento histórico.

En todos estos casos, la memoria actúa como un andamiaje sobre el cual se construye la verdadera comprensión y habilidad. Memorizar datos esenciales no es el fin último de la educación, pero sí es un medio necesario para alcanzar objetivos más elevados. Las tablas u otros conocimientos básicos se emplean tan a menudo que tener que calcularlos cada vez sería poco eficiente. Por eso es importante ser capaz de recordarlos. En definitiva, la memorización de ciertos contenidos fundamentales agiliza el aprendizaje y el desempeño en cualquier disciplina.

(Foto: Shutterstock).

Memoria y aprendizaje significativo: cómo integrarlos


Reconocer la importancia de la memoria en la educación no significa volver a metodologías de repetición ciega sin entendimiento. La clave está en integrar la memoria con estrategias pedagógicas que promuevan la comprensión profunda. Algunas recomendaciones basadas en investigaciones actuales son:

Enseñar para la comprensión primero: introducir los nuevos conceptos de forma significativa (usando ejemplos, analogías, aplicaciones prácticas) de modo que el estudiante entienda el porqué y para qué. Esto facilita la codificación profunda de la información en la memoria, conectándola con conocimientos previos. Por ejemplo, en vez de memorizar una fórmula matemática de forma abstracta, primero explorar su derivación o utilidad práctica.

Practicar la recuperación activa: una vez que se entiende un contenido, es útil practicar recordarlo sin mirarlo, mediante preguntas, ejercicios o pruebas de recuperación. Estudios de psicología educativa muestran que practicar la evocación de la información fortalece la memoria mucho más que sólo volver a leer o escuchar pasivamente. Por ello, técnicas como cuestionarios de autoevaluación, flashcards (fichas de repaso) o ejercicios espaciados en el tiempo ayudan a fijar el conocimiento de forma duradera.

Espaciar y repetir con variaciones: la consolidación de la memoria requiere tiempo y repaso. No basta con entender algo una vez; revisitar el contenido en distintos momentos y contextos refuerza las conexiones neuronales y lo integra en la memoria a largo plazo. Los docentes pueden planificar actividades de repaso espaciado y enlazar los conceptos antiguos con nuevos, para mantener la información activa y actualizada.

Enseñar técnicas de memorización eficaces: no toda memorización tiene que ser aburrida o mecánica. Existen estrategias mnemotécnicas (asociaciones visuales, acrónimos, canciones), métodos como el palacio de la memoria o mapas conceptuales, que hacen el proceso de recordar más significativo y creativo. Incluir estas técnicas en clase no sólo facilita que los estudiantes retengan la información, sino que también les muestra cómo aprender por sí mismos de forma autónoma.

En conjunto, estas prácticas buscan aprovechar la memoria al servicio del aprendizaje profundo. Cuando la memorización se realiza después de comprender y utilizando métodos adecuados, deja de ser una tarea mecánica para convertirse en parte natural del proceso de aprendizaje. Así, el alumnado no sólo "sabe cosas" de memoria, sino que entiende, retiene y puede aplicar ese conocimiento en distintas situaciones (lo que se denomina "transferencia"). Este es el ideal de un aprendizaje significativo y duradero.

(Fuente: muyinteresante.com / varios / redacción propia)

sábado, 9 de agosto de 2025

Para detenernos a pensar: escribir a mano y hacer pausas ayuda a recordar

No todas las palabras se procesan al mismo ritmo. Quizá hayamos oído que una persona puede leer entre 200 y 300 palabras por minuto, escuchar unas 150 o leer al tacto en braille incluso menos.

(Foto: Shutterstock).

Pero esa velocidad no equivale a comprensión: de hecho, más allá de las 500 palabras por minuto, la asimilación se desploma de forma drástica. Y lo que se absorbe, ¿realmente se conserva? No necesariamente. Devorar palabras con avidez no es lo mismo que nutrirse de su esencia.

Distintas memorias en una

Para que las palabras cobren sentido y se transformen en ideas o conceptos duraderos, deben primero atravesar el espacio frágil y efímero de la memoria operativa -también llamada memoria a corto plazo-, encargada de mantener activa la información mientras el cerebro la procesa. Pero no basta.

Para que lo retenido se estabilice, la información necesita almacenarse en un tipo de memoria semántica, afectiva, espacial o temporal. Recordar unas vacaciones implica una memoria episódica, teñida de emoción y lugar; en cambio, saber que la capital de Italia es Roma remite a una memoria semántica, desprovista de contexto personal.

¿A mano o a golpe de tecla?

Cuesta encontrar, hoy por hoy, un espacio donde el teclado no haya desplazado a la tinta o al grafito casi por completo. Sin embargo, conviene recordar que la escritura a mano sigue siendo una herramienta poderosa para el desarrollo cognitivo: escribir manualmente activa una red más amplia de regiones cerebrales -motoras, sensoriales, afectivas y cognitivas- que la mecanografía. Esta última, más eficiente en velocidad, exige menos recursos neuronales y favorece una participación pasiva de la memoria operativa.

Frente a ello, el uso de la memoria operativa de forma activa (mediante herramientas analógicas) resulta más beneficioso tanto en el aula como en contextos clínicos relacionados con el deterioro cognitivo.

Las pausas son sagradas

El ritmo y la pausa son también determinantes en este tránsito de la memoria operativa a la memoria a largo plazo. Las pausas activas -momentos breves en los que interrumpimos el estudio para estirarnos, caminar o contemplar algo sin propósito inmediato- permiten al cerebro reorganizar lo aprendido y consolidarlo con mayor solidez.

Sin embargo, hoy, esas pausas suelen combinarse con actividades que implican el uso de pantallas: móviles, televisión, tabletas. Si pudiéramos hacer un símil con el ejercicio físico, podríamos imaginarnos en un gimnasio donde corremos a 10 km/h en las pausas entre series. Algo muy parecido ocurre cuando usamos los descansos para consumir vídeos rápidos, leer titulares o desplazarnos sin rumbo en redes sociales: la mente no descansa, no consolida, y la atención se fragmenta.

Trabajo durante el sueño

La neurociencia subraya también el papel crucial del sueño en la consolidación de la memoria. Durante el sueño de ondas lentas, el cerebro entra en un estado de sincronización neuronal caracterizado por la predominancia de ondas delta (0,5–4 Hz), las cuales favorecen la reactivación de trazas mnésicas, huellas que quedan en la mente después de una experiencia, y que sirven como base para la memoria y la posibilidad de recuerdo.

Estas oscilaciones lentas crean un entorno de baja interferencia sensorial que facilita el diálogo entre el hipocampo y la neocorteza. En particular, se ha observado que las ondas theta (4–8 Hz), más frecuentes durante la fase R.E.M. (Rapid Eye Movement) y también presentes en fases N.R.E.M. (Non-Rapid Eye Movement) ligeras, median esta transferencia. En concreto, permiten el paso de recuerdos desde su almacenamiento temporal en el hipocampo hacia regiones corticales de almacenamiento a largo plazo.
 
Sueño de ondas lentas en una electroencefalografía (Foto: Wikimedia Commons).

Asimismo, los husos del sueño -breves patrones de actividad cerebral que ocurren durante el sueño ligero, generadas principalmente por el tálamo- se asocian con el refuerzo de conexiones neuronales relevantes.

Diversos estudios con polisomnografía y neuroimagen han mostrado correlaciones entre la densidad de estos husos y el rendimiento en tareas de memoria episódica. Se ha propuesto que estas oscilaciones actúan como una especie de “marcador de relevancia” que selecciona qué información merece ser consolidada.

Así, mientras dormimos, el cerebro ejecuta de manera automática un proceso de reorganización y refuerzo de la memoria. Prioriza lo significativo y depura lo irrelevante. No es casual que, al despertar, una melodía o una frase aparentemente trivial retornen a la conciencia sin esfuerzo: son el eco de ese meticuloso trabajo nocturno en el que se escribe la memoria.

Retomar buenas costumbres

Comprender cómo aprendemos nos revela también cómo deberíamos vivir. No se trata sólo de reducir el uso de pantallas, sino de recuperar un ritmo más humano. Escribir a mano ayuda a activar las redes neuronales en profundidad; pensemos, por ejemplo, en los apuntes de una clase y en cómo, al releerlos, las ideas resurgen con más claridad.

Por otro lado, es recomendable retomar la costumbre de hacer pausas verdaderas, lejos de dispositivos: observar el vuelo de un pájaro, sentir la respiración, estirar el cuerpo. También es útil reforzar lo aprendido mediante breves ejercicios de recuperación activa: por ejemplo, explicar en voz alta un fragmento leído hace una hora.

Además, no debemos subestimar el papel del sueño profundo: es allí donde la memoria madura y fija lo aprendido. Sólo cuando le concedemos el tiempo necesario para descansar y procesar, el conocimiento arraiga de verdad. Así, las palabras que leemos hoy podrán convertirse en recuerdos vivos, capaces de acompañarnos más allá de los siguientes cinco minutos, quizás toda la vida.

(Fuente; The Conversation)

lunes, 21 de abril de 2025

Memoria encendida y dolorosa: cómo fue la fogata de libros que hicieron los militares en la localidad de Sarandí

Se trató de uno de los mayores ataques a la cultura nacional durante la dictadura 1976-1983. Los ejemplares rescatados se exhiben en la Secretaría de Derechos Humanos de la Municipalidad de Avellaneda.

Miles de libros y fascículos del CEAL por ser quemados (Foto: Ricardo Figueira).

En la última dictadura cívico-militar argentina se instaló un plan sistemático para eliminar todo lo que fuera en contra de su "proyecto de reorganización nacional", sean acciones sociales, políticas, gremiales, culturales o personas. En ese marco, en 1980 los militares prendieron fuego 24 toneladas de libros pertenecientes al Centro Editor de América Latina (CEAL) por considerarlos "subversivos". La institución estaba ubicada en el cruce de las calles O’Higgins y Avenida Agüero (ahora llamada Crisólogo Larralde) en la localidad de Sarandí, Avellaneda, pero la quema ocurrió en un baldío situado a unas cuadras de allí. Fue uno de los mayores ataques a la cultura nacional.

El CEAL fue fundado en 1966 por Boris Spivacow. Tras la Noche de los bastones largos, la represión que llevó adelante la dictadura del entonces presidente Onganía en las facultades en 1966, Spivacow renunció a la Editorial Universitaria de Buenos Aires y comenzó con el proyecto del CEAL. Bajo el eslogan "Más libros para más", el Centro apuntó a la divulgación y formación de un público lector. Así, hasta el último día de funcionamiento en 1995, se publicaron 79 colecciones y 5.000 títulos.

El 7 de diciembre de 1978 los depósitos del Centro fueron allanados y clausurados bajo la acusación de infringir la ley 20.840 que penaba "las actividades subversivas en todas sus manifestaciones" y que suprimía "el orden institucional y la paz social de la Nación". El gobierno consideró que parte del material que tenía el Centro era "cuestionable" y, finalmente, en 1980 el juez Héctor Gustavo de la Serna dictaminó que debía quemarse. De la Serna, aparte de abogado, era también militar y para él fue una práctica corriente ocultar y enmascarar secuestros, desapariciones y torturas.

Veinticuatro toneladas de libros ardieron en junio de 1980 (Foto: Ricardo Figueira).

Así, el 26 de junio de 1980 veinticuatro toneladas de libros fueron trasladadas hasta un baldío en la calle Ferré, donde un oficial inició la quema que duró cinco días. A su vez, la dictadura ordenó que haya testigos del Centro y que registren el momento. Ricardo Figueira, archivista y director de colecciones de la editorial, fue obligado a fotografiarla y a presenciarla junto a Amanda Toubes, otra trabajadora del CEAL.

Claudio Yacoy, secretario de Derechos Humanos de la municipalidad de Avellaneda, relata: "Lo que se buscó es cercenar la libertad de opinión, de expresión y de empresa. Este Centro imprimía obras que otras editoriales ya no vendían por miedo. Además, imprimían fascículos, lo que permitía a cualquier vecino o vecina poder adquirir estos libritos por el simple valor que tenían".

Amanda Toubes, trabajadora del Ceal, fue obligada a presenciar la quema al igual que Ricardo Figueira (Foto: Ricardo Figueira).

Y agrega: "Fue una situación que se puede emparentar con las diez quemas más importantes que habían sucedido en el mundo. Se trataban de libros que, para el juez que dictó la orden, de alguna manera representaban un pensamiento subversivo y, por lo tanto, eran susceptibles de ser destruidos".

En términos de Yacoy, abogado especializado en Lesa Humanidad, el CEAL fue una de las empresas más importantes porque imprimía lo que nadie quería y porque mostraba al mundo lo que ocurría durante la dictadura.

Las palabras sobreviven al fuego

Amanda Toubes, la trabajadora del CEAL que fue obligada a presenciar la quema, rescató junto a otros compañeros aquellos libros que fueron capaces de sobrevivir al fuego. Éstos fueron enviados a la Sociedad de Fomento Presidente Sarmiento en Sarandí, para luego ser depositados en la Secretaría de Derechos Humanos de la municipalidad de Avellaneda, donde hoy se encuentran exhibidos.

Respecto a si es posible resignificar tanto el espacio donde ocurrió la quema como donde se alojaba el CEAL, Yacoy explica: "El baldío de Ferré, donde estuvo el fuego, está señalizado. Sin embargo, es muy difícil avanzar con una política de expropiación ya que se trata de una propiedad privada, por lo que es probable que se pierda".

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ)

viernes, 21 de marzo de 2025

Los 10 films fundamentales sobre la dictadura cívico militar

De "Garage Olimpo" a "Infancia clandestina". Diez películas para entender y revisitar la historia reciente del país.

Cristina Banegas en "Infancia Clandestina"

Mucho celuloide corrió por los proyectores de la Argentina y el mundo en estas últimas décadas. Mucho se dijo, se contó y reflexionó sobre la dictadura cívico-militar que gobernó al país entre 1976 y 1983. El resultado fílmico fue irregular, con algunos ejemplos olvidables pero muchos otros que vale destacar.

¿Qué películas son las más representativas a la hora de hablar de la época más oscura de la Argentina? Estas son algunas de ellas:

-Garage Olimpo (Marco Bechis, 1999)

Es muy probable que este film de Marco Bechis sea el mejor de todos los realizados sobre la época. Por contundencia, por ser el primero que planteó el escabroso tema de los vuelos de la muerte, por contar con un elenco sin estrellas hasta ese momento pero con una potencia actoral destacable. Nunca la idea de un viaje en avión causó tanto escozor. Imperdible.

(Trailer de Garage Olimpo)

-La historia oficial (Luis Puenzo, 1985)

La historia oficial (Luis Puenzo, 1985) Fue la primera, la que marcó el camino de una teoría que aún hoy sigue en discusión: el ciudadano de a pie no sabía lo que pasaba. El relato tiene como centro de esta hipótesis a la esposa de un represor, quien no parece anoticiada de la forma en que la niña que adoptaron llegó a su hogar. Se trata de un guión pensado desde el punto de vista de una clase media que no escuchó los gritos de los campos de concentración, tapados por los goles del mundial 78 y otros trucos. ¿Una postura lavaculpas? Quizá, pero el largometraje, ganador del Oscar a Mejor Film Extranjero, fue lo primero que dijo la pantalla grande argentina sobre el tema y con una dupla protagónica de lujo: Héctor Alterio y Norma Aleandro.

(Trailer de La Historia Oficial)

-Un muro de silencio (Lita Stantic, 1993)

Un muro de silencio (Lita Stantic, 1993) En cierta forma se trata de la contracara conceptual de La historia oficial. El film cuenta el derrotero de una directora de cine inglesa (Vanessa Redgrave) que llega a Buenos Aires para filmar la historia de la esposa de un desaparecido. La mirada de los otros como faro, en parte remitiendo a una frase de Charly García de aquellas Huellas en el mar: "¿Por qué tenemos que ir tan lejos para estar acá?".

(Trailer de Un muro de silencio)

-Rojo (Benjamín Naishtat, 2019)

La otredad de Rojo inquieta desde sus primeros minutos, que entre varios aciertos dejan en claro que estamos ante un film que clava una mirada ominosa pero al mismo tiempo muy clara sobre la Argentina previa al golpe del 24 de marzo de 1976, cuando todavía reinaba José López Rega y el Estado ya ponía en marcha el escenario represivo que luego se multiplicaría. La película se alzó en San Sebastián con los premios a Mejor Dirección, Mejor Actor (Darío Grandinetti) y Mejor Fotografía.

(Trailer de Rojo)

-Argentina, 1985 (Santiago Mitre, 2022)

Cuando después de haber sobrevivido a la pandemia del covid el mundo parece inclinarse con naturalidad y entrega a los discursos más reaccionarios de los dispomibles en el menú, el cine argentino nos recuerda que el Nunca Más sigue vigente, que no fue solo una frase dicha en un alegato o el título de un informe hecho libro. Santiago Mitre y Mariano Llinás escribieron un guión que, en retrospectiva, resulta extraño que no haya sido escrito antes a lo largo de estas cuatro décadas de democracia recuperada. “Argentina, 1985” pone en primer plano la necesidad de que el Nunca Más se sostenga en la memoria y en el discurso, en la palabra viva, en el ejercicio de la historia como aprendizaje. Por todo esto el largometraje de Mitre, de Llinás, de Darín, de Lanzani es más que una muy buena película, es el testimonio que el cine argentino deja en 2022 para la historia y la discusión política.

(Trailer de Argentina, 1985)

-Infancia clandestina (Benjamín Ávila, 2011)

Uno de los trabajos más elogiados de los últimos años sobre aquella época. Benjamín Ávila, hijo de desaparecidos, retrata la dictadura cívico-militar desde el punto de vista del niño que en esos años. Sensibilidad, memoria, un guión impecable y un puñado de actuaciones igualmente memorables en el marco de un elenco en el que se destacan Natalia Oreiro y Ernesto Alterio.

(Trailer de Infancia Clandestina)ç

-La larga noche de Francisco Sanctis (Andrea Testa, Francisco Márquez, 2016)

Decía Jimmy Hendrix que la música es lo que está entre las notas y no las notas en si. Puede que La larga noche de Francisco Sanctis sea uno de esos casos en los que el cine político es eso que está entre las líneas de diálogo y las acciones de sus personajes, sutiles marcas de agua en un trabajo que apela al minimalismo narrativo y el fuera de campo como escenario del terror. El agujero negro en el que se encuentra el antihéroe del film (el Sanctis del título) es el que recorren los realizadores en un inteligente reprise a la argentina del After Hours de Scorsese, con el plus de la sangre derramada.

(Trailer de La larga noche de Francisco Sanctis)

-Kamchatka (Marcelo Piñeyro, 2002) 

Uno de los países ícono del TEG da título al film que el director de Tango Feroz dedicó a los años de plomo. Un film pequeño pero intenso en su fuera de campo, con una pareja compuesta por Ricardo Darín y Cecilia Roth que tiene muy buenos momentos en pantalla. Escapar de la represión, un juego de mesa como concepto de la estrategia de lucha y un escenario histórico abominable.

(Trailer de Kamchatka)

-Diablo, familia y propiedad (Fernando Krichmar, 1999) 

Impactante trabajo sobre las desapariciones en el Ingenio Ledesma, uno de los íconos del colaboracionismo empresarial durante los años del genocidio.

(Trailer de Diablo, familia y propiedad)

-El día que no nací ("Das Lied in Mir", Florian Micoud Cossen, 2010)

Una cineasta alemana dirigió este gran trabajo sobre una joven que viaja a la Argentina y descubre que es hija de desaparecidos. Piel de gallina y uno de los films más importantes que se hicieron sobre la época.

(Trailer de El día que no nací)

(Fuente: Infonews cooperativa)

miércoles, 3 de julio de 2024

Cuáles son los tipos de memoria y qué juegos ayudan a mantenerlas activas

Trabajar la memoria permite que un óptimo aprendizaje, ya sea académico, de nuevas habilidades físicas o incluso para retener el conocimiento básico.


La memorización no solo mejora la salud mental y cognitiva, sino que también puede retrasar el deterioro cerebral asociado con el envejecimiento.

La memoria es uno de los procesos más importantes del cerebro humano, ya que es lo que permite retener y recordar información de distintas índoles, así como formar asociaciones alrededor de estos datos. La memoria en ocasiones incluso graba cosas que no necesitaban ser recordadas, como la canción de un comercial o algún dato curioso que no es prescindible para nuestro saber; por el contrario, hay veces en las que necesitamos recordar algo y simplemente nuestro cerebro no lo memoriza.

Aun cuando es algo que tenemos de forma innata, es necesario fortalecer la memoria como si fuera un músculo más del cuerpo al que hay que darle mantenimiento y cuidado. Según el Instituto Nacional del Envejecimiento de Estados Unidos, existen diversos factores que pueden contribuir al deterioro de la misma, como la edad, el nivel de estrés y ansiedad, la depresión, una mala alimentación o el consumo de drogas y alcohol.

Y es que cuidar la memoria facilita gran parte de la vida, ya que es uno de los factores imprescindibles para aprender, adquirir algún conocimiento o ganar una nueva habilidad. De hecho, es gracias a la capacidad de memorizar que las personas aprenden a manejar, andar en bicicleta, leer o hacer operaciones de cálculo mental.

La importancia de la memoria en el aprendizaje


Existen diferentes tipos de procesos de memorización. 

Memoria y aprendizaje van de la mano. Aun cuando en la actualidad se ha desatado un gran debate en el que se rechaza a la memoria, lo cierto es que sí es una buena herramienta para adquirir conocimiento, aun cuando no sea la definitiva o la única que existe.

Si bien no es necesario que el método de enseñanza sea basado en repetir y memorizar sin conciencia los contenidos educativos, hay ciertas cosas en las que es imposible desligar el aprendizaje de la memoria. Gustavo Zorzoli, que es profesor de matemáticas, astronomía y computación, así como ex rector del Colegio Nacional Buenos Aires, dijo en una entrevista que la memoria en realidad es un gran aliado para desarrollar muchas herramientas de aprendizaje.

En su participación dentro del evento "Una Jornada de Educación Federal" que realizó Ticmas en el mes de abril, Zorzoli consideró que en cuestiones matemáticas la memoria ayuda a aprender y retener operaciones como las tablas de multiplicar, lo que más adelante permite hacer cálculos más complejos y elaborados.

"Entonces si no sé qué 7 por 8 es 56, 700 por 8 mil se hace más complicado y es un asunto de agregar ceros; y siete décimos por ocho centésimos se hace mucho más complicado; y el 70% de ocho millones se hace todavía más complicado; sin embargo, todo se reducen a 7 por 8 y algunas otras propiedades de la aritmética", destacó el especialista.

Y es que no hay un solo tipo de memoria y por ende no existe una sola aplicación de la misma para aprender algo. El proceso de aprendizaje depende en gran medida del uso y funcionamiento de diferentes tipos de memoria. De acuerdo con una investigación de Sylvie Pérez Lima, psicopedagoga especialista, y Jordi Perales Pons, profesor en Psicología y Ciencias de la Educación, se pueden identificar tres tipos principales de memoria: memoria sensorial, memoria de trabajo y memoria a largo plazo.

Actividades como manejar un automóvil, aprender a patinar o andar en bicicleta son posibles gracias a la memoria. 

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) también ha destacado que una memoria a corto plazo desarrollada es vital para el dominio de conceptos complejos en matemáticas y lectura, subrayando la necesidad de ejercicios de memoria como parte del proceso educativo. Entre adultos, la práctica de la memorización se ha asociado con la prevención del deterioro cognitivo. Investigadores encontraron que entrenamientos breves de memoria pueden mantener el funcionamiento cognitivo superior durante años, retrasando el deterioro cognitivo entre siete y 14 años.

Memoria sensorial

La memoria sensorial es un tipo de memoria inconsciente que recoge información a través de los sentidos. Esta información se envía continuamente al cerebro.

Memoria de trabajo

Contrario a lo anterior, cuando la atención se enfoca en una parte específica de esa información, la memoria se vuelve consciente y se convierte en memoria de trabajo o a corto plazo. Esta memoria es crucial en la vida diaria, ya que nos permite interactuar y procesar la información de manera efectiva.

La eficiencia de la memoria de trabajo está relacionada con la velocidad de procesamiento de la información. En el contexto educativo, algunos estudiantes tienen una mayor velocidad de procesamiento y pueden manejar más información simultáneamente, mientras que otros requieren más tiempo para procesar la misma cantidad de información. Esto no disminuye su capacidad para aprender, pero sí afecta la cantidad de información que pueden manejar en un determinado momento.

La memoria de trabajo está vinculada directamente con el aprendizaje, pues ayuda a organizar, comparar, e integrar nueva información con conocimientos previos. Los profesores pueden aprovechar esta memoria activando conocimientos previos a través de preguntas y contextos familiares, y asegurándose de que los estudiantes realmente comprenden la información. Esto promueve un aprendizaje significativo en lugar de una simple memorización.

Memoria a largo plazo

La memoria a largo plazo es habitualmente lo que entendemos comúnmente como memoria. Esta se compone de memoria declarativa (consciente) y memoria implícita (inconsciente). La memoria declarativa incluye nuestro conocimiento semántico y autobiográfico, mientras que la memoria implícita o procedimental permite el aprendizaje de habilidades mediante repetición y experiencia.

Esta última es esencial para desarrollar habilidades motoras y cognitivas, por ejemplo, aprender a conducir una bicicleta o leer. Sin un proceso automatizado, habilidades complejas como la lectura serían imposibles de dominar.

Juegos para fortalecer la memoria

Jugar ajedrez, sudoku o crucigramas ayudan a mejorar la memoria y la agilidad mental.

Investigadores irlandeses destacaron en una investigación de 2017 que los ejercicios prolongados de memorización mejoran la plasticidad neuronal, especialmente entre individuos de 55 a 70 años. La activación repetida de estructuras de la memoria ayuda al cerebro envejecido a mantener su funcionalidad. Incluso las cosas que no asociamos con un trabajo de memoria de aprendizaje funciona para nutrir esta capacidad cerebral. En una etapa más joven, la repetición de rimas y canciones infantiles ha demostrado ser una herramienta efectiva para enseñar patrones rítmicos a los niños. Esta práctica no solo ayuda con la memorización sino que también fomenta el aprendizaje de equilibrio y simetría.

Datos que se memorizan por algún pasatiempo, deja múltiples beneficios cognitivos; en ese sentido, algunos neurobiólogos sugieren que recordar datos históricos deportivos puede mejorar la agilidad mental. Un estudio de la Escuela de Medicina de Harvard reveló que caminar rápidamente dos veces al día durante una hora aumentó el tamaño del hipocampo, una región cerebral implicada en la memoria verbal y el aprendizaje. Este hallazgo subraya la importancia del ejercicio físico intenso para la salud cerebral. Por el contrario, la privación de sueño puede tener efectos negativos importantes en la memoria. una investigación conjunta entre la Universidad de Boston y Alemania encontraron que la falta de sueño afecta tareas simples como el reconocimiento facial y el recuerdo de nombres, indicando que el sueño adecuado es esencial para la memoria efectiva.

Es necesario incluir ejercicios y juegos que permitan trabajar en el ejercicio de memoria, por ejemplo, los que se proponen a continuación:

Dominó: un juego clásico que además necesitas jugar con más gente. Con este juego es necesario aplicar pensamiento estratégico, memorizar, es uno de los juegos más completos.

Ajedrez: al igual que el anterior, requiere una gran destreza estratégica.

Ludo: el más clásico de todos y uno de los más completos también para ejercitar la memoria.

Scrabble: quizás sea uno de los menos populares entre las personas mayores, pero, sin duda, es uno de los mejores para ejercitar la memoria, ya que requiere estar atento a muchos factores diferentes que harán trabajar la mente de cualquier persona.

Juegos de cartas: los juegos de cartas implican memorizar la baraja, crear estrategias mentales, contar de memoria.

Además de los anteriores, juegos como los crucigramas o los sudokus también son buenos, debido a que requieren una gran concentración. También ejercicios físicos como la práctica de yoga, el levantamiento de pesas, andar en bicicleta o bailar favorecen los procesos de memorización al reducir los niveles de estrés, mejorar la coordinación, elevar el bienestar físico y mental, así como mejorar la oxigenación del cuerpo.

(Fuente: Infobae)

martes, 28 de mayo de 2024

¿Se puede realmente tener "memoria fotográfica"? ¿O será "memoria eidética"?

Todos tenemos un amigo o familiar que afirma tener memoria fotográfica. Los hemos visto leer un texto una sola vez y poder repetirlo con asombrosa precisión tiempo después. O personas que nos recuerdan pasajes de nuestra infancia con tal claridad que es como ver una foto vieja, que poco a poco va adquiriendo nuevo brillo en sus colores y mayor nitidez ante nuestros ojos.


¿Memoria fotográfica o eidética?

Hay que comenzar por un debate inicial. ¿Es memoria fotográfica o eidética? La palabra "eidético" viene del griego "eidos" (forma) y no debe confundirse el término con memoria fotográfica, por cuanto el cerebro no funciona como una cámara y las imágenes eidéticas no son realmente como fotografías.

Si a quienes tienen memoria eidética se les muestra brevemente una imagen que no hayan visto previamente, afirman que luego pueden "ver" una imagen mental y recuerdan detalles sumamente específicos, como el número de las ventanas en una calle o de pétalos en una flor. Además, sus ojos se mueven como si estuvieran escaneando la imagen o escena que ven.

Se puede esperar que una persona que afirme ver una foto después que no la tiene enfrente, pueda recordar perfectamente la foto original. Sin embargo, la precisión de muchas imágenes eidéticas está lejos de ser perfecta.

Cuando se habla de memoria fotográfica, usualmente se alude a casos donde la persona puede conservar en su memoria escenas por mucho más tiempo, incluso hechos provenientes de otros momentos de su vida.

Se ha observado que los niños son capaces de recordar con mucha más precisión que los adultos, por lo que se piensa que a medida que crecemos perdemos la capacidad de tener memoria fotográfica y de recordar todo.

Ciertos estudios sostienen que entre el 2 y el 10% de los niños a temprana edad experimenta este tipo de memoria, pero se desvanece a los 6 años, edad en la que comienzan a aprender otros métodos para procesar la información.

La mayoría de las investigaciones demuestran que los adultos no poseen la habilidad de construir imágenes eidéticas. Al parecer, esto se debe a que en edad adulta las personas tienden a codificar lo que observan visual y verbalmente, lo cual dificulta la formación de una imagen eidética.

¿Cómo saber si tenemos memoria eidética?

Existe algo llamado Método de Extracción de Fotos para determinar si existe memoria eidética, y consiste en presentarle a una persona una foto desconocida sobre un caballete para que la observe cuidadosamente durante 30 segundos. Cumplido ese período, se retira la foto y se le pide que describa lo que observó: las personas que afirman tener memoria eidética dicen poder ver la imagen, y pueden analizarla como si en verdad estuviese puesta sobre el caballete.

Hay casos famosos en los que este don puede ser inesperado, traumático, o acarrear hasta -sí, increíblemente- problemas legales. Es el caso de Kaavya Viswanathan, autora de un libro por el cual fue acusada de plagiar 29 pasajes provenientes de otro libro escrito por Megan McCafferty.

Viswanathan reprodujo los pasajes de manera inconsciente e involuntaria, gracias a su memoria fotográfica. Ella almacenó esa información en su memoria y, al parecer, la hizo "suya" con el transcurrir de los años.

Lo mismo parece haberle ocurrido al ex Beatle George Harrison, quien siempre afirmó que nunca quiso copiarse la melodía de "He's so fine", un gran éxito del grupo estadounidense The Chiffons en 1963, cuando compuso su también exitosa canción "My Sweet Lord": simplemente olvidó que había escuchado esa canción con anterioridad.

Buena memoria


Aunque no hay estadísticas que confirmen la existencia de la memoria fotográfica, sí hay personas con buena memoria.

Se dice que Kim Peek, quien sirvió de referencia para el personaje interpretado por Dustin Hoffman en la película "Rain Man", memorizó cada página de los más de 12.000 libros que había leído. Peek dice que le toma entre 9 y 12 segundos leer una página y que cada uno de sus ojos lee una página independientemente. No obstante, nunca se han realizado pruebas rigurosas sobre la habilidad de Peek.

También está el caso de Stephen Wiltshire, quien ha sido llamado "la cámara humana" por su habilidad para crear bosquejos de escenas vistas durante unos segundos. Pero incluso en este caso no puede hablarse de una memoria fotográfica. Su mente no funciona como una fotocopiadora: se toma libertades al momento de recordar lo que vio.

Al parecer, hacen falta más estudios que permitan concluir en la existencia de estos tipos de memoria. Los investigadores están haciendo esfuerzos y es probable que pronto se produzcan nuevos hallazgos al respecto.

(Fuente: BBC Mundo / Universidad de Valencia / Wikipedia)

viernes, 10 de mayo de 2024

Cuatro malos hábitos que afectan a nuestra memoria a medida que envejecemos y cómo corregirlos

"El recuerdo es el diario que todos cargamos con nosotros": así definió el escritor irlandés Oscar Wilde (1854-1900) la memoria. Sin embargo, a medida que envejecemos, algunas de las páginas de ese registro de nuestra vida se pueden traspapelar o perder. Y esto no sólo es desconcertante sino doloroso.


(Imagen: Getty Images).

El profesor Charan Ranganath, director del Laboratorio de Memoria Dinámica de la Universidad de California (Estados Unidos) y uno de los neurocientíficos más importantes en el estudio de la memoria, asegura que el riesgo de que esto ocurra se puede minimizar.

El autor del libro "Por qué recordamos: la nueva ciencia de la memoria" identificó cuatro malos hábitos en los que la mayoría de nosotros incurrimos y los cuales, según él, afectan la capacidad de nuestro cerebro para recordar cosas.

No descansar lo suficiente

A medida que los humanos envejecen tienden a dormir menos horas y, como si esto no fuera suficiente, los problemas laborales, económicos y de salud pueden afectar la calidad del sueño, una combinación que puede ser muy perjudicial para la salud.

"Ahora sabemos que el cerebro cuenta con un sistema que drena las toxinas que se acumulan en él, incluida la proteína amiloide, la cual está implicada en la aparición del Alzheimer. Este sistema se pone en marcha durante la noche", afirmó Ranganath.

El neurocientífico, quien ha pasado 25 años estudiando cómo funciona el cerebro, explicó que el sueño también tiene una función restauradora. "Si una persona no duerme lo suficiente, la función frontal del cerebro se reduce, lo mismo que su nivel de tolerancia al estrés; y, por lo tanto, no es capaz de enfocarse debidamente", puntualizó.

Pero, durante la noche, el cerebro no sólo expulsa elementos perjudiciales y recarga las baterías, sino que también organiza nuestros recuerdos. "Durante el sueño, la memoria se reactiva y eso es a lo que muchos atribuyen el origen de los sueños (…) Dormir facilita la retención de información que hemos aprendido”, agregó el especialista.

No usar los teléfonos y computadoras, evitar las comidas abundantes y las bebidas con alcohol y cafeína antes de irse a la cama fueron algunas de las recomendaciones que Ranganath formuló para intentar tener un sueño reparador. Y para aquellas personas que, por una razón u otra, tienen problemas para dormir en la noche, el experto afirmó que una siesta durante el día también puede ser muy beneficiosa.

Hacer varias tareas a la vez

En el competitivo y ajetreado mundo actual, la posibilidad de desarrollar varias tareas a la vez se ve como algo positivo. Sin embargo, Ranganath advirtió que esto puede ser "muy malo" para la memoria.

¿El motivo? "La corteza prefrontal nos ayuda a centrarnos en lo que necesitamos hacer para alcanzar nuestros objetivos, pero esa maravillosa capacidad se empantana si saltamos contínuamente de un objetivo a otro", dijo.

Explicó que en nuestro cerebro existe una competencia entre los conjuntos de neuronas que participan en las diferentes tareas y esa competencia es lo que nos dificulta realizar varias tareas a la vez de manera correcta y eficiente. Acto seguido, el neurocientífico aseguró que revisar el correo electrónico mientras se escucha una conferencia o una clase sólo conducirá a una cosa: no recordar lo que se estaba escuchando en un primer lugar.

"Al cambiar de objetivo (comenzar a revisar el correo) las neuronas se distraen y graban recuerdos fragmentados de la conferencia, porque estás usando muchas funciones ejecutivas para gestionar el cambio entre una actividad y otra y eso dificulta la formación de un recuerdo duradero", apuntó.

Sin embargo, como sucede con toda regla, hay -al menos- una excepción: las tareas que están asociadas o relacionadas. "Si estamos horneando un pastel tenemos que precalentar el horno y luego volver a hacer la masa o algo así. Pero si unimos todas esas tareas en una gran tarea seremos capaz de hacerlo", ilustró.

Para erradicar las multitareas, Ranganath no sólo recomendó tratar de terminar una actividad antes de iniciar otra, sino evitar aquello que nos puede distraer del objetivo. Así, sugirió colocar el teléfono en silencio, en particular las notificaciones de correos electrónicos y mensajes, mientras se ejecuta una acción.

Igualmente recomendó tomar descansos para lo que comúnmente se denomina "soñar despierto" o estirar las piernas. El tema del tiempo que pasamos revisando el teléfono inteligente también abrió otra incógnita: ¿qué efectos tendrá esto para la juventud actual?

Caer en la monotonía

Contrario a lo que se pueda imaginar, el cerebro humano no está programado para recordar todo. Por el contrario es selectivo. "La mayoría de las experiencias que vivimos o de la información a la que hemos estado expuestos será olvidada", explicó Ranganath.

Solamente aquellos eventos o experiencias asociados con miedo, ira, deseo, felicidad, sorpresa u otras emociones que sean capaces de liberar químicos como la adrenalina, la serotonina, la dopamina o el cortisol en nuestro cerebro terminarán fijados en nuestras neuronas. Estas sustancias químicas ayudan a la plasticidad del cerebro, la cual es fundamental para la memoria.

"La plasticidad en el cerebro nos ayuda a realizar tareas, en especial aquellas que son repetitivas, de manera más eficiente", explicó el profesor de la Universidad de California, quien indicó que esta capacidad disminuye con la edad. Y, por ello, acciones como recordar la contraseña que acabamos de cambiar para acceder a nuestra cuenta bancaria, teléfono celular o correo electrónico se hace más difícil a medida que pasa el tiempo.

"Una vez que cambias la contraseña tendrás a las neuronas que tenían guardada la vieja contraseña peleándose con las que tienen la nueva", dijo. Romper con la monotonía y la rutina es, según el experto, la mejor manera de intentar preservar la plasticidad.

Confiarse demasiado

"Las personas creen que su memoria es muy buena hasta que en algún momento de sus vidas se dan cuenta de que no es así", afirmó Ranganath. Y no es para menos, porque de acuerdo con el experto, el cerebro no está diseñado para recordar literalmente todo lo que vivimos, algo que sería una tarea muy ardua.

"Se calcula que el estadounidense medio está expuesto a 34 gigabytes (o su equivalente: 11,8 horas) de información al día", indicó el profesor. "El propósito de la memoria no es recordar el pasado, aunque pueda hacerlo, sino tomar la información importante del pasado que necesitamos para entender el presente y prepararnos para el futuro", explicó, al tiempo que recomendó no recurrir únicamente a la memorización para aprender algo.

"El aprendizaje más eficaz ocurre en circunstancias en las que nos esforzamos por evocar un recuerdo y luego obtenemos la respuesta que buscamos", apuntó. "Por ejemplo, unos minutos después de que nos presenten a una persona, pongámonos a prueba y tratemos de decir su nombre. Y a medida que la conversación sigue, volvamos a hacerlo. Cuanto más espaciados sean estos intentos, mejor", explicó.

Otras recomendaciones


Además de combatir los cuatro hábitos antes mencionados, Ranganath aseguró que hay otras maneras de proteger nuestros recuerdos y gozar de una buena salud mental. "Hay muchas cosas obvias que la gente puede hacer para cuidar su memoria, pero no las hace porque se espera una pastilla o una vacuna, porque es más fácil y no hay que cambiar de estilo de vida", lamentó.

Pero ¿cuáles son esas cosas obvias? "A corto plazo: buscar dormir mejor, aprender a lidiar con el estrés (o intentar reducir las causas que lo provocan) y adoptar prácticas de atención plena, las cuales sirven para detectar cuándo nos distraemos”, dijo. A largo plazo, la lista es un poco más larga.

"La alimentación puede hacer mucho, la dieta mediterránea ha demostrado tener muy buenos resultados a la hora de favorecer la salud mental", expuso.

Y acto seguido prosiguió enumerando: "El ejercicio físico, en particular el aeróbico, es bueno porque aumenta la secreción de sustancias que incrementan la plasticidad y mejoran la vasculatura del cerebro".

"Una buena salud dental y auditiva también son importantes, porque los estudios han hallado que las personas con problemas de higiene dental o que no cuidan sus oídos tienden a padecer problemas cognitivos. Y, por último, las relaciones sociales y la exposición a cosas nuevas estimula la plasticidad del cerebro", remató.

Por último, el experto aseveró que estudios han revelado que estas buenas prácticas han permitido a algunas personas retener su memoria hasta una edad avanzada y reducir en un tercio los riesgos de demencia.

Los datos son esperanzadores, en especial si se toma en consideración que el 40% de las personas puede tener algún tipo de problema de memoria una vez que cumpla los 65 años, según la Sociedad Canadiense contra el Alzheimer.

lunes, 15 de abril de 2024

De lo conspirativo a lo científico: ¿qué es el "efecto Mandela"?

En la música, en el cine, en la televisión y en la cultura popular. En todos estos ámbitos se puede dar el llamado efecto Mandela, un fenómeno que sucede cuando un grupo de personas da por hecho algo que jamás ha sucedido. Esto no tiene una explicación concluyente, pero se piensa que sucede debido a que la memoria se forma, en parte, con conocimientos personales y no con experiencias.


Si nos piden describir a Mickey Mouse, seguramente incluiríamos que lleva tiradores en su ropa, mientras que si hablamos del mono Jorge el Curioso, no dudaríamos en afirmar que tiene cola. Bueno, resulta que ninguno de los personajes tienen estos elementos, por lo que en esos casos, somos víctima del llamado efecto Mandela.

¿Qué es el efecto Mandela?


Se trata de un efecto psicológico que sucede cuando un grupo numeroso de personas tiene un recuerdo, una idea o una imagen que los confunde, ya que nunca sucedió, a pesar de lo que ellos puedan creer.

El nombre de este fenómeno fue acuñado por primera vez en Internet en el 2009 por la bloguera Fiona Broome, quien notó que ella y un gran grupo de personas recuerdan la muerte en prisión de Nelson Mandela en 1980. Sin embargo, el líder sudafricano y Premio Nobel de la paz no murió en la cárcel: en realidad fue liberado y elegido presidente de su país. Murió recién en 2013.

Broone escribió sobre esto en su página web, por lo que desde en adelante se comenzó a llamar efecto Mandela al fenómeno en el que dos o más individuos (normalmente un colectivo numeroso) comparte un recuerdo que no tiene una base real, es decir, que jamás ocurrió.

Ejemplos de efecto Mandela

Eventos históricos, dibujos animados y películas, todos son ejemplos de efecto Mandela en la sociedad actual. Uno de ellos, sucede en episodio V de Star Wars. "No, yo soy tu padre", es la frase que dice Darth Vader, y no "Luke, yo soy tu padre", como millones de personas sostiene comúnmente.


Otra conocida escena que muchos recuerdan de una forma, pero que no corresponde a la realidad, es la de Tom Cruise en la película Risky Business. Popularmente se lo imita en esta parte de la película con camisa blanca y lentes oscuros pero, sin embargo, el protagonista no usa lentes y su camisa es color rosa.


Tampoco se salvan de esto los dibujos animados. Además de los ejemplos mencionados de Mickey Mouse y Jorge el Curioso, Pikachu y los Looney Tunes también son parte del efecto Mandela. El personaje de Pokémon no tiene una línea negra en su cola como algunos piensan, y tampoco la legendaria serie animada se llama "Looney Toons", como muchos sostienen.



Otros ejemplos en la historia y cultura popular

Uno de los efectos Mandela más comentados en Internet involucra al personaje del juego de mesa Monopoly. El logotipo representa a un hombre de bigotes, vestido con frac, aparentemente adinerado. Si bien mucha gente lo recuerda con un monóculo frente a uno de sus ojos, la verdad es que no lleva ni ha llevado ese objeto.



Por otro lado, muchos sostienen que el logo del chocolate Kit Kat lleva un guión entre ambas palabras que lo componen, contrario a la popular bebida Coca-Cola, que sí lo lleva, pero es omitido por gran parte de las personas.



¿Por qué sucede este fenómeno?

Si bien no existe una explicación concluyente acerca de por qué sucede el efecto Mandela, desde la psicología existen algunas ideas que pueden ayudar a entenderlo. Cuando generamos un recuerdo, activamos una red de neuronas que transfieren una información concreta a distintas partes del cerebro encargadas de almacenarla.

Debido a lo anterior, se especifica que un recuerdo no está basado en la experiencia, sino que en el proceso recién descrito, por lo que es posible crear recuerdos de hechos que en realidad pasaron.

Yendo más allá, explican que la memoria humana es constructivista en su mayoría, o sea, utiliza conjeturas lógicas y experiencias propias para complementarse, aunque no existan en la realidad. Es en este punto en que puede producirse un efecto Mandela en los recuerdos, ya que el cerebro "rellena huecos" donde no existe información.

martes, 9 de abril de 2024

Ocho consejos que Harvard da a los mayores de 60 años para estimular la memoria


Para optimizar el funcionamiento del cerebro y preservar diferentes habilidades cognitivas podemos acudir a múltiples métodos, estrategias o hábitos. Así, Harvard devela ocho consejos para mejorar la memoria de la mano de un libro elaborado por dos psicólogos y un escritor denominado "Make it stick: The Science of Successful Learning".

Para optimizar la memoria también podemos acudir una dieta de calidad, ejercicio físico, actividad recreativas y demás; sin embargo estos son los ocho consejos avalados por la Universidad de Harvard que pueden ayudar a mejorar nuestro aprendizaje y sobre todo, favorecer la memoria:

Cuidar el descanso

Contrariamente a lo que se cree, pasar un interminable número de horas  estudiando no siempre garantiza un mayor rendimiento. Por lo que, los expertos recomiendan no sacrificar horas de descanso nocturno, sino por el contrario, cuidar el descanso y hacer pausas en medio de nuestro tiempo de estudio.


Estimular la mente constantemente

Mantener a nuestro cerebro activo resulta clave para mejorar la memoria y el proceso de aprendizaje.

Así, podemos acudir actividades como escribir, pintar, leer, escuchar podcasts u otras, para mantener a nuestro cerebro en constante ejercicio y prepararlo de manera positiva para el aprendizaje y la memoria.


Escribir a mano

Para una mejor comprensión y también para retener un mayor porcentaje de la  información, resulta fundamental utilizar lápiz y papel y evitar por el contrario dispositivos electrónicos al momento de hacer resúmenes o tomar notas de aquello que debemos memorizar y aprender.

Hablar en voz alta para una mejor retención

Una buena estrategia para afirmar el aprendizaje y facilitar la memorización es verbalizar el contenido.  Es decir, escucharnos diciendo aquellos nuevos conceptos que necesitamos incorporar.

Comprender o fundamentar el contenido

El simple acto de leer o escuchar repetidamente el contenido que necesitamos  memorizar no siempre garantiza la retención. Por lo tanto, un buen recurso es comprender o fundamentar conceptos,  para facilitar la incorporación del conocimiento.

Variar las áreas de estudio

Enfocarnos en una única materia o área durante largas horas puede fatigar nuestro  cerebro y reducir al máximo nuestra concentración y motivación.

Por lo tanto, lo recomendado por estos expertos citados por la Universidad de Harvard es variar las áreas de estudio o el material y contenido que necesitamos aprender y memorizar.

Estimular el cerebro con nuevos retos

Para contribuir al funcionamiento cerebral óptimo y mantener la mente activa y receptiva, lo recomendable es desafiarla a lo largo del día.

Así, podemos por ejemplo utilizar la mano no dominante para realizar algunas  tareas cotidianas o bien, ejecutar alguna prueba física o resolver acertijos mentales que estimulen nuestras habilidades cognitivas.

Asociar el nuevo conocimiento con lo familiar

Para favorecer el aprendizaje y la memoria, asociar la nueva información que  necesitamos incorporar con algún dato o experiencia familiar, puede resultar muy favorable.