jueves, 23 de julio de 2026

El gobierno argentino quiere desregular el precio de los libros: ¿serán más baratos o desaparecerán muchas librerías?

Un anteproyecto enviado por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado -dependencia creada por el actual Presidente-, hoy a cargo del economista de derecha Federico Sturzenegger, acaba con la ley que establece un precio fijo. Aunque con matices, la gran mayoría de los actores de la industria y comercialización se oponen a la desreglamentación.

(Foto: Shutterstock).

"El proyecto se está trabajando. Todavía no está cerrado", dicen, con prudencia, desde la cercanía de Federico Sturzenegger. Es que el tema es sensible: el precio de los libros, la defensa -o desprotección- de las librerías. En un país donde la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires junta a más de un millón de personas cada año, meterse con los libros es complicado.

El gobierno quiere desregular y sostiene que así los lectores tendrán mejores precios. El sector editorial alerta que una medida así les da la estocada final a las librerías y que, sin librerías, habrá muchos menos títulos disponibles. Y que, cuando esto ocurra, los precios volverán a subir como pasó con Uber. En el medio, algunas voces del sector dicen que la ley que hoy rige sí precisa modificaciones.

En 2001 se promulgó la Ley 25.542, que establece que el editor tiene que fijar un precio para sus libros y que ese precio será el único al que se puede vender. En la ley no hay promociones, rebajas, descuentos decididos por un negocio individualmente, y hay algunas excepciones con rebajas puntuales, como ferias y otros eventos dedicados a los libros y las compras de organismos públicos. El editor puede -y lo hace- vender un libro mucho más barato, pero será igual para toda la cadena de comercialización.

Esta ley se inspira en otra, francesa, y su objetivo es que no venga un jugador grande -en su momento, los supermercados- y ponga los libros a precio de ganga para atraer clientes a los que, además, les venderá otras cosas. ¿Por qué? Porque los libros que se suelen usar para esto son "best sellers", que también son los que sostienen las librerías o ayudan a que las editoriales puedan afrontar la edición de otros títulos, valiosos culturalmente pero con poca venta. Si los que facturan, facturan en otro lado, los que venden los libros menos atractivos o publicitados, no los podrán pagar. En resumen, esa es la idea. Una idea anterior, sin embargo, al comercio online, que resultó más diverso y difícil de controlar.

En una entrevista reciente en la revista Forbes, Adolfo de Vincenzi, el CEO del Grupo ILHSA, dueño de las librerías Yenny y El Ateneo -es decir, un actor enorme en este mercado- habló contra la desregulación: "Si se desregula todo, para los supermercados el libro debe ser el 0,5% de la venta. Lo pueden regalar sin ningún problema. Este país, que se caracteriza por tener muchas librerías, pasaría a tener un negocio que agonizaría. Me imagino a los supermercados o a Mercado Libre jugando en este mercado y rompiéndolo en dos segundos. Hoy ya tenemos problemas con Mercado Libre, porque su plataforma está hecha para favorecer el precio más barato. El libro para ellos es lo mismo que cualquier cosa: te mandan al más barato. Imaginate eso con total libertad".

Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (Foto: prensa FILBA).

Mientras, el ministerio de Sturzenegger no piensa que esto sea un problema, por eso su anteproyecto contempla eliminar la ley de precio fijo. Desde allí, explican la idea: "El proyecto tiene como objetivo principal que los libros sean más accesibles para los lectores. Para lograr esto, lo que hace es eliminar una restricción que hoy impide que las librerías compitan en precios mediante descuentos, promociones u otras estrategias comerciales. Está claro que cuando hay más competencia, los consumidores tienen más opciones y mejores precios. La experiencia internacional respalda ese enfoque. No existe evidencia en el mundo de que el precio fijo sea necesario para preservar la bibliodiversidad".

Sin embargo, Juan Pablo Armenio, de la Cámara Argentina de Librerías Independientes, sostiene que la experiencia internacional va en otro sentido: "En 1995, dos grandes cadenas de Inglaterra se retiran de un pacto de precio fijo porque dicen que van a favorecer al consumidor. En un período de 10 años cerraron 500 librerías. Al principio, las independientes tenían el 20 por ciento del mercado. En 2007 bajaron al 9,6. Y la paradoja es que, una vez eliminada gran parte de la competencia, los precios de los libros subieron. Entre 1995 y 2007 los libros subieron 49,6 por ciento, con una inflación general del 27,6 en el mismo período".

Con todo, explica Armenio, algunos libros se abarataron: los best sellers. Los que subieron son los libros de catálogo: filosofía, arte, esos libros que se van vendiendo a largo plazo. "El acceso la bibliodiversidad es cada vez más lejano porque los libros bibliodiversos son los más caros".

Palabra de editor

Juan Manuel Pampín, presidente de la Cámara Argentina del Libro está seguro de que la medida es contraproducente: "En países como Chile, como Uruguay, como Ecuador, como Colombia, no tenés ley de precio fijo. Y en esos lugares hay muchas menos editoriales y muchas menos librerías".

La Ministra de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Gabriela Ricardes, en la Noche de las Librerías, un evento central de la cultura porteña (Foto: prensa GCBA).

"¿Podemos pensar una actualización? Sin lugar a dudas. Pero desregularla no es la forma de hacerlo", dijo esta semana Víctor Malumián, responsable de Godot, una editorial pequeña, y organizador de la Feria de Editores, "esa otra Feria del Libro" que protagonizan las editoriales independientes. Que desde hace 25 años han dado una respuesta propia, original y dinámica a la producción editorial en este país, y han sido el semillero de grandes nombres, que hoy son premiados por el mundo, como Selva Almada y Gabriela Cabezón Cámara.

La Fundación El Libro también se pronunció: "¿Se imaginan una Feria donde se compita por el precio del mismo libro en distintos stands?" En un comunicado, su Consejo de Administración también habló de "profunda preocupación y firme rechazo" al proyecto del gobierno. Y explicó: "Esta normativa no constituye un simple mecanismo comercial: es la columna vertebral que garantiza la diversidad bibliográfica, condiciones equitativas de competencia y la supervivencia de las librerías independientes en cada rincón de nuestro territorio".

"En caso de eliminar completamente la ley quedarían desprotegidas las librerías en general, no solamente las independientes o pequeñas. Por ejemplo, la aparición de Amazon en Estados Unidos, con fuertes descuentos, fue una de las causas del cierre de Borders -no la única, por supuesto-, una de las principales cadenas de ese país; y en Brasil, de dos de las cadenas más importantes como Cultura y Saraiva", dice mientras tanto Christian Rainone, presidente de la Fundación El Libro. "La desregulación", dice, "afectaría también a editores, que trabajan sobre todo con librerías independientes. Y eso, sostiene, es parte del capital cultural argentino", agrega.

"Los lectores terminan ganando si podemos tener un marco donde protejamos los diferentes canales. Es fundamental destacar que las librerías no son simples comercios: funcionan como verdaderos centros culturales locales que cumplen una función social irremplazable de promoción de la lectura y dinamización comunitaria, cuyo enorme aporte no pasa solo por el lado de la economía ni se puede medir en términos monetarios", termina Rainone.

(Fuente: Infobae / FILBA / argentina.gob.ar / varios / redacción propia)