Seis artistas de distintas épocas y tradiciones encontraron, en el acto de leer, un motivo tan fértil e inspirador para pintar como podría serlo cualquier batalla o paisaje.
(Foto: composición propia).
"El bibliotecario", de Giuseppe Arcimboldo,
construye un rostro humano con libros y abrió un debate entre
quienes lo leen como homenaje a la erudición y quienes lo
interpretan como burla (Foto: WIkimedia).
Se piensa que el modelo fue Wolfgang Lazius, humanista e historiador al servicio del emperador Maximiliano II. Desde su primera exhibición, la pintura dividió a los estudiosos: algunos la leen como un homenaje a la erudición del Renacimiento; otros, como una burla a quienes acumulan libros sin leerlos. El título que hoy lleva -"Bibliotekarien", en sueco- no aparece en ningún inventario anterior al siglo XX.
"Retrato de Katie Lewis", de Edward
Burne-Jones, presenta a la hija de sir George Lewis absorta en
la lectura de una edición ilustrada de "San Jorge y el dragón"
(Foto: Wikimedia).
Tres siglos después, Edward Burne-Jones eligió un tono radicalmente distinto. En "Retrato de Katie Lewis" (1886), la hija del abogado y mecenas sir George Lewis aparece recostada en un sofá dorado, vestida de negro, con un libro abierto entre las manos y un perro dormido a su lado. La niña lee con tal concentración que parece ajena al pintor.
Burne-Jones, figura central del movimiento prerrafaelista, realizó varias obras en torno a la familia Lewis durante la primera mitad de la década de 1880. Esta, en particular, fue exhibida en la Grosvenor Gallery de Londres en 1887 y donada por el artista al padre de la niña en 1897. El libro que sostiene Katie es una edición ilustrada de la leyenda de "San Jorge y el dragón".
"La reproduction interdite", de René
Magritte, muestra un espejo que refleja la nuca de un hombre
pero reproduce con exactitud un libro de Edgar Allan Poe (Foto:
Wiimedia).
René Magritte abordó la lectura de forma oblícua, como era su costumbre. "La reproduction interdite" (Reproducción prohibida) es un óleo de 1937 encargado por el poeta y mecenas Edward James para el salón de baile de su residencia en Londres.
El cuadro muestra a un hombre de espaldas frente a un espejo que, en lugar de devolver su rostro, refleja también su nuca. Sobre la repisa, sin embargo, un libro sí aparece correctamente reflejado.
Ese volumen es una edición francesa de "Las aventuras de Arthur Gordon Pym", la única novela de Edgar Allan Poe, autor predilecto de Magritte. La paradoja del cuadro reside en que el objeto inanimado obedece las leyes de la física, mientras que el ser humano las viola. La obra se conserva en el Museum Boijmans Van Beuningen de Rotterdam.
"Campesino leyendo junto al fuego", de
Vincent Van Gogh, retrata en 1881 a Cornelis Schuitemaker en una
escena de lectura ligada al realismo social en los Países Bajos
(Foto: Wikimedia).
El modelo fue Cornelis Schuitemaker, un veterano de guerra que dependía de la asistencia social. La escena es austera: un hombre sentado en una silla de paja, inclinado sobre un libro, con una chimenea encendida a su derecha. Los tonos son ocres y grises, la línea es firme. Es una obra del Van Gogh anterior a la paleta brillante, cuando todavía miraba el mundo con los ojos del realismo social.
Gabriel Picart sitúa la lectura en un ámbito íntimo
y femenino, bajo la luz natural y en una escena asociada al sur
de Europa (Foto: Wikimedia).
La imagen de David Hockney no tiene nombre y se
encuentra en el libro "Una ventana al mundo", y es la
única entre las que elegimos obtenida por medios digitales
(Foto: Wikimedia).
La última imagen pertenece al recientemente fallecido David Hockney. A partir de 2009, el pintor británico comenzó a dibujar con el dedo en la pantalla de un iPhone, usando la aplicación Brushes, y envió las imágenes resultantes a amigos y colaboradores. Cuando Apple lanzó el iPad en 2010, Hockney adoptó el nuevo dispositivo de inmediato y amplió su producción digital a flores, paisajes y naturalezas muertas.
La pintura de esta selección, que se encuentra en el libro "Una ventana al mundo" (Taschen) muestra una lámpara de escritorio que derrama luz amarilla sobre una pila de libros, con una ventana nocturna al fondo en la que se distingue una grúa de construcción. El fondo es violeta intenso, la luz es eléctrica y las líneas son rápidas. Es una imagen hecha desde la cama, en la oscuridad, con un aparato que cabe en la palma de la mano, y que Hockney convirtió en soporte artístico con la misma naturalidad con que otros eligieron el lienzo o el papel.
(Fuente: Infobae / WIkimedia / varios / redacción propia)






