Nacida en Viena a fines del siglo XVIII, alcanzó una enorme popularidad antes de ser refutada por los avances de la neurología y la falta de evidencia experimental.
Al palpar el cráneo, según la frenología, podían
determinarse características de la personalidad (Foto:
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El padre de la frenología fue Franz Joseph Gall, un médico originario de Viena que vivió entre 1758 y 1828. Todo empezó cuando observaba a sus estudiantes, en particular a los mejores. Según Gall, todos ellos tenían ojos saltones. De allí postuló que el cerebro empujaba los ojos hacia afuera ya que en esa parte estaba agrandado. En esa zona se ubica el lóbulo frontal donde, de acuerdo a afirmaciones del médico austríaco, se alojaba la memoria verbal, entre otras cosas. Gall pensaba que el cerebro no era un órgano homogéneo, sino que estaba conformado por parches con áreas especializadas.
Hay que tener presente que, por aquellos años, se pensaba que la actividad mental se ubicaba en el corazón. Gall infirió que la mente se ubicaba en el cerebro. En sus clases explicaba que, cuando un área era más fuerte, allí el cerebro era más grande y empujaba al cráneo. Eso daba lugar a un bulto palpable; de hecho, el propio Gall identificó 27. Entre las características palpables estaban el ingenio y la capacidad para hacer bromas, la sagacidad, la imitación, la habilidad para la poesía y el instinto religioso. También había bultos para la vanidad y para el instinto de matar.
Retrato de Franz Joseph Gall (Foto: Wikimedia).
En la ciudad francesa se encontró con un ambiente intelectual favorable para el desarrollo de sus teorías. El médico comenzó a dar conferencias y demostraciones públicas. También diseccionó cerebros humanos y animales y volcó todas sus investigaciones en la publicación "Anatomía y fisiología del sistema nervioso en general y del cerebro en particular". Allí afirmaba, entre otras cosas, que capacidades como la benevolencia, el lenguaje, la memoria o la tendencia al robo residían en áreas específicas del cerebro.
Oliver Wendell Holmes fue un médico, poeta y profesor de Harvard. Fue también uno de los críticos más influyentes de la frenología. Escribió en 1838 un ensayo titulado "La homeopatía y sus engaños afines", donde cuestionaba diversas pseudociencias. Respecto de la disciplina iniciada por Gall, decía: "¿Se puede saber cuánto dinero hay en una caja fuerte simplemente apretando sus pomos con los dedos? Así que, cuando un hombre me palpa la frente y habla del órgano de la individualidad, confío en él tanto como si tocara el exterior de mi caja fuerte y me dijera que hay un billete de cinco o diez dólares debajo de tal o cual remache".
A pesar de las críticas, los especialistas en frenología se multiplicaron. Sin embargo, nunca se pusieron de acuerdo en la cantidad de zonas que tenía el cerebro para explicar el comportamiento de una persona. A esto se sumó también la fisionomía, la lectura de los rasgos faciales, para agregar aún más variables y confusión. Los comportamientos ahora no sólo se explicaban a través de los bultos en el cráneo, sino que también se sumaban la forma de la frente o cuán protuberante era la nariz.
En Estados Unidos, la frenología comenzó a ser una salida laboral. Lorenzo Niles Fowler y Orson Squire Fowler empezaron con su emprendimiento en Nueva York en 1830. Orson era hijo de un granjero, próximo a convertirse en ministro de la iglesia, pero la frenología le resultó más rentable. Iba a las conferencias de esta disciplina en Amherst College y "leía" los cráneos por dos centavos. Todos los Fowler entraron en el negocio de la frenología. Escribían sus artículos en sus propias revistas científicas y no temían recomendarle a la gente cómo vivir, qué comer y hasta cómo mantener sus matrimonios e hijos.
Un anuncio, de alrededor de 1838, parecía casi una advertencia para padres preocupados: "Predicciones frenológicas. Quienes estén meditando sobre cualquier cambio importante en sus actividades o padres antes de decidir un negocio o profesión para sus hijos, deberían consultar esta ciencia, ya que su fortuna depende de que la elección se ajuste a sus predicciones. Precios: cinco chelines en adelante". En un momento era sumamente fácil conseguir a alguien que, por pocas monedas, examinara el cráneo.
Hacia la segunda mitad del siglo XIX, la frenología comenzó a declinar hasta ser descartada por la comunidad científica. Su caída fue resultado de falta de evidencia empírica, así como también del avance de la neurología. Esta última presentó resultados respecto de la anatomía cerebral. Se descubrió que algunas funciones cerebrales están ubicadas en áreas específicas, pero de formas más complejas. Por ejemplo, Paul Broca demostró que una región del lóbulo frontal es crucial para la producción del lenguaje, y Carl Wernicke descubrió la zona fundamental para la comprensión del mismo. Ninguna de las dos áreas producía protuberancias palpables en el cráneo. Por otra parte, muchos practicantes comenzaron a usar la frenología para justificar ideas sobre criminalidad, inteligencia, raza y clase social. Esto dañó aún más su credibilidad científica.
Gall estaba equivocado sobre la lectura del cráneo. Sin embargo, fue uno de los primeros en sostener que distintas funciones mentales podían estar asociadas a distintas regiones del cerebro, una idea que la neurociencia moderna desarrolló posteriormente con métodos científicos.
(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ / redacción propia)

