Siempre cercano a la imaginación y a la sensibilidad popular de lectores de tantas latitudes y generaciones, el autor de obras clásicas como "Crónicas marcianas" o "Farenheit 451" dejó una de las producciones de cuentos más impactantes por su abundancia, agrupándolos luego en volúmenes con criterios temáticos, simbólicos y hasta afectivos. Esta edición de sus relatos cortos incluye 116 organizados cronológicamente: un retorno tan imperdible como melancólico. Su edición en formato digital, disponible desde este post.
(Foto: Wikimedia).
La editorial Páginas de Espuma -a la cual pronto le dedicaremos un post exclusivo- acaba de publicar los "Cuentos" de Bradbury, una antología enorme -la más extensa en castellano- y, además de reparar la relativa ausencia del gran fabulista estadounidense en librerías, invita a la posibilidad de leer cuentos sobre cuestiones desesperantes y urgentes, comprometidos con la compasión tanto hacia sus personajes como hacia los lectores.
Como todo buen pesimista, Ray Bradbury sabía que la humanidad es capaz de destruirse y de, eventualmente, destruir a otros, pero esa capacidad de ruina le daba mucha pena, porque implicaba la desaparición de todo lo bueno y todo lo hermoso, que para Bradbury era mucho. Sus cuentos son ante todo éticos: se preguntan y reflexionan sobre qué está bien y qué está mal, analizan críticamente decisiones extremas.
En el lenguaje poético o en la franqueza de un relato "pulp", su estilo siempre es reconocible, lírico y dinámico al mismo tiempo, con personajes frágiles y con frecuencia solitarios. Era un poeta, decía Aldous Huxley, y también era un trabajador: cuando dejó el colegio pasó años leyendo en bibliotecas y escribiendo un cuento por semana en las máquinas de escribir de las salas de lectura. Murió a los 91 años en 2012, respetado por sus pares, amado por sus lectores, con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, un asteroide con su nombre, todos los premios posibles dentro de los géneros de sci-fi y fantasía pero ninguno de los galardones literarios legitimadores, salvo alguna mención tardía a la trayectoria y los Honoris Causa de rigor.
El mundo alucinante
Se dice que Bradbury no era un escritor de ciencia ficción, o que su trabajo trascendía el género, que es lo que se suele decir cuando un talento insólito decide escribir dentro de los géneros de la imaginación y lo hace con su voz particular e irrepetible. Escribió ciencia ficción y cuento fantástico y terror, pero lo hizo sin pensar en las convenciones genéricas, inaugurando una forma propia que clausura un estilo de "fantasía lírica" que tuvo enorme influencia y, al mismo tiempo, resulta imposible de imitar.
Escribir como Bradbury sólo puede hacerse desde la copia o el homenaje, desde la cita, y lo mismo sucede, por ejemplo, con Jorge Luis Borges, que lo admiraba muchísimo y, famosamente, prologó la primera edición en castellano de "Crónicas marcianas" en 1955 para la Editorial Minotauro, bajo la dirección de Paco Porrúa. Borges escribiría en ese prólogo: "¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y de soledad?".
(Foto: composición propia).
"Cuentos" incluye 116 relatos en 1.339 páginas, lo que es una cantidad enorme en un volumen exuberante; así y todo, los lectores pueden notar algunas ausencias como "Todo el verano en un día", "Sirena" o "El siguiente en la fila". La selección prioriza la heterogeneidad y la longevidad: hay varios cuentos escritos entre 1982 y 2009, un periodo de Bradbury que no se suele recopilar. El prólogo de Laura Fernández, una de las escritoras en español más cercanas al espíritu de Bradbury, es una delicia: "Yo, como Bradbury, considero que uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya. Y esa escritura es, primero, la escritura de los demás. Esos a los que uno busca desesperadamente. Amigos a los que conoces demasiado bien porque, como diría Stephen King, has estado en su cabeza".
De todos esos amigos, Bradbury es de los más conocidos porque sus cuentos son como canciones pop, fábricas de nostalgia y alegría inolvidables. Y por eso mismo, la nueva traducción de Ce Santiago que ofrece "Cuentos" es un tema controvertido. Los traductores más importantes de Bradbury son Francisco Abelendas, seudónimo del mencionado Paco Porrúa, Marcial Souto y Matilde Horne. Para una nueva generación, este volumen ser el primer Bradbury, pero para quienes tienen en la cabeza la música de Porrúa, Souto y Horne, la traducción será menos amigable.
Bradbury fue el primer escritor de muchos lectores, el descubrimiento de una voz y de la literatura. Sus ecos reverberan en la narrativa, desde Stephen King hasta Kelly Link o Rodrigo Fresán. Este volumen irrumpe para establecer a Bradbury, con justicia, como clásico: las otras colecciones de cuentos reunidos o completos de la editorial son de Anton Chéjov, Franz Kafka y Edgar Allan Poe. Y también abre una pregunta: ¿quiénes son hoy los lectores de la ternura y la poesía de Bradbury?
Estos textos exudan nostalgia por el siglo XX y si alguna vez se consideraron ingenuos, leídos en 2026 son desoladores en su duelo por el ser humano. Esa casa que sigue viviendo sin gente en "Vendrán lluvias suaves", una máquina habitacional en pie mientras el mundo muere, es un funeral. Las cosas quedan y no nos recordarán. El mundo y los seres humanos son hermosos, y duele perderlos. La nostalgia en sus cuentos, su tristeza por un tiempo que no se puede recobrar, está presente en la lluvia interminable de "Venus", en el hombre adicto a su cohete que no quiere estar en la Tierra ni en su casa, en una pareja que descubre el fin del amor a través del miedo. Bradbury escribió, con el pulso de la literatura popular y del género, la gran elegía a nuestro tiempo, y por eso es imprescindible.
Su edición en formato e-book se puede comprar y descargar haciendo click aquí.
(Fuente: Página 12 / Mariana Enriquez / varios / redacción propia)

