(Foto: Martín Sassone).
En una ciudad donde abundan los edificios históricos, pocos logran combinar con tanta armonía monumentalidad, belleza arquitectónica y función social como el Instituto Félix Fernando Bernasconi. Visible desde varias cuadras a la redonda gracias a la elevación natural sobre la que fue construido, el complejo educativo -ubicado en Cátulo Castillo 2750, CABA- domina el paisaje del barrio de Parque Patricios como un auténtico palacio renacentista, aunque su razón de ser siempre fue mucho más terrenal: ofrecer una educación pública de excelencia.
La historia del edificio comenzó mucho antes de su inauguración,
el 22 de octubre de 1929. Tuvo su origen en la decisión del
empresario del calzado Félix Fernando Bernasconi, hijo de
inmigrantes suizos y uno de los industriales más prósperos de
comienzos del siglo XX, de destinar toda su fortuna a la
construcción de una gran escuela pública.
Sin descendencia directa, redactó en 1905 un testamento que legaba
sus bienes al entonces Consejo Nacional de Educación para
levantar "un palacio escuela" en Buenos Aires. Falleció en
París en 1914, pero su voluntad terminó convirtiéndose en una de
las obras más extraordinarias del país.
(Foto: Martín Sassone).
Siete años después de su muerte, en 1921, se colocó la piedra fundamental del edificio proyectado por el arquitecto Juan Abel Adrián Waldorp, quien por entonces dirigía el área de Arquitectura del Consejo Nacional de Educación. Su propuesta sintetiza el espíritu de una época en la que la arquitectura escolar representaba una política de Estado: edificios sólidos, monumentales y cuidadosamente diseñados para transmitir la importancia de la educación pública.
El resultado fue la última gran "escuela palacio" construida en la Argentina. El conjunto ocupa más de dos hectáreas y se extiende sobre dos manzanas delimitadas por las calles Catamarca, Cátulo Castillo, Rondeau y Esteban de Luca. Su composición responde al lenguaje neorrenacentista italiano, con claras referencias a la arquitectura florentina: fachadas simétricas, torreones rematados por techos de tejas, galerías porticadas, amplias escalinatas de mármol de Carrara, columnas ornamentadas y un ingreso principal coronado por un gran reloj y esculturas alegóricas.
Pero la monumentalidad no fue un mero recurso estético. Cada decisión arquitectónica estuvo pensada para mejorar la experiencia educativa. Las aulas se distribuyeron alrededor de dos grandes patios interiores que garantizan iluminación y ventilación natural; los extensos corredores protegidos funcionan como espacios de circulación y encuentro, mientras que la organización del edificio permitió incorporar servicios poco habituales para la época: teatro con capacidad para 400 espectadores, comedor, laboratorios, biblioteca, dos piletas climatizadas y áreas destinadas a actividades artísticas y deportivas.
(Foto: Martín Sassone).
En esos terrenos permanece otro símbolo patrimonial: el histórico aguaribay plantado en 1872 por el perito Francisco Pascasio Moreno, considerado el primer árbol declarado histórico de la Argentina.
El Bernasconi también alberga uno de los museos pedagógicos más singulares del país. Creado por la educadora Rosario Vera Peñaloza, reúne materiales didácticos, colecciones científicas y recursos elaborados para enseñar geografía, ciencias naturales e historia, desde una perspectiva innovadora para su tiempo. Junto con su biblioteca, constituye uno de los mayores reservorios documentales sobre educación argentina.
Con el paso de las décadas, el edificio amplió sus funciones sin perder su identidad. Actualmente reúne jardines de infantes, escuelas primarias, secundaria para adultos, talleres de formación profesional, la Escuela de Coro y Orquesta Athos Palma, centros deportivos y espacios culturales por los que circulan diariamente miles de estudiantes, docentes y vecinos.
(Foto: Martín Sassone).
Declarado Monumento Histórico Nacional y protegido por la Ciudad de Buenos Aires, el Instituto Bernasconi sintetiza una época en la que la educación pública ocupaba un lugar central en el proyecto de país. Su arquitectura monumental es el reflejo de esa visión, que entendía a los edificios escolares como una expresión tangible de ese ideal.
(Fuente: Agencia Noticias Argentinas / varios / redacción propia)



