Mostrando entradas con la etiqueta Dictadura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dictadura. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de noviembre de 2025

"LS83": la película con archivo inédito que vincula imágenes de la dictadura con recuerdos de una infancia argentina

Con grabaciones desconocidas del noticiero de Canal 9 de los años '70 y la voz de Martín Kohan, un documental explora el modo en que una niñez puede quedar marcada por las escenas y los silencios de una época oscura.

Imágenes de "LS83", de Herman Szwarcbart (Foto: composición propia).

Si se deciden a verla, los más jóvenes se encontrarán con 83 minutos de una parte de la historia argentina que leyeron en los libros o sobre la que escucharon hablar intensamente a padres y abuelos en las mesas familiares. Para los mayores, el documental "LS83", dirigido por Herman Szwarcbart, será mucho más que una película ya que esas imágenes, a las que se suma la voz en off del escritor Martín Kohan leyendo frases de su libro "Me acuerdo" (Editorial Godot), cobran la fuerza de una memoria personal y colectiva, en especial para aquellos que vivieron la infancia o la adolescencia durante la última dictadura.

Fue elaborada con talento y tecnología sobre la base de documentos desconocidos: un archivo fabuloso compuesto por unas doce mil películas del noticiero de Canal 9 que fueron filmadas durante el período que va entre 1973 y 1980 y que nunca se había hecho público hasta ahora. Las latas habían quedado abandonadas en un sótano del viejo Canal 9 en el momento en que fueron mudadas sus instalaciones, a fines de los ‘90. El Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken las rescató y fue a partir del proyecto de la película de Szwarcbart que comenzaron a restaurar el material. Los primeros trabajos con el celuloide comenzaron en 2019. El libro de Kohan se publicó en 2020.

Martín Kohan y la portada de su libro (Foto: captura de pantalla).

Escenas tensas previas al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, cuando al gobierno de Isabel Perón le quedaban apenas horas, actos oficiales o escenas sociales en los que se ve a los miembros de las juntas militares -Videla llegando en auto o en primeros planos, conversando con periodistas, la visita de los reyes de España, un chispeante Galtieri compartiendo una comida con soldados- pero hay mucho de vida cotidiana: una charla con Carlos Monzón luego de un entrenamiento, la clásica nota del comienzo de clases con excitados guardapolvos blancos rodeando al movilero, un obispo asegurando a cámara que la Argentina "sólo tiene que tener vínculos con países democráticos", festejos juveniles del día de la primavera o el nostálgico hormigueo humano en la calle Lavalle cuando todavía era el reino del cine.

El film explora el modo en que una vida puede quedar marcada por las escenas y los silencios de una época oscura. Hay imágenes sin sonido original, hay otras con sonido ambiente -un sueño, o una pesadilla, que regresa- y está la voz particular de Kohan, que hace memoria y regresa a sus primeros años en la escuela, en el deporte, en la rutina familiar y en los desengaños amorosos. La intención de los creadores nunca fue que las palabras de Kohan funcionaran como epígrafes de las imágenes; algunas veces sincronizan, otras parecen impactar entre sí o directamente van por diferentes caminos, y así también va el espectador. 

Afiche de "LS83" (Foto: captura de pantalla).

Aunque las imágenes oficiales impactan por desconocidas y porque son un registro inusual del discurso público del gobierno militar de entonces, son las escenas cotidianas las que confirman una intuición inquietante: la más cruel de las dictaduras puede ser naturalizada por la población. En algunos casos seguramente hubo afinidad ideológica pero, finalmente, todos aprendemos a mirar para otro lado cuando se trata de sobrevivir.

"LS83" se puede ver todos los domingos de noviembre a las 18:00 en el Malba (Av.Figueroa Alcorta 3415, CABA). También habrá dos funciones dentro del programa Selección BAFICI: miércoles 12/11 a las 18:00 y miércoles 19/11 a las 20:00, en el Centro Cultural 25 de Mayo (Triunvirato 4444, CABA). Meses atrás ganó el Gran Premio Ciudad de Buenos Aires a la mejor película argentina entre todas las categorías en el último BAFICI y quedó seleccionada para participar en la Competencia Iberoamericana del Festival Internacional de Viña del Mar (Chile) que comienza a fines de noviembre.

El libro de Martín Kohan puede comprarse y descargarse en formato  e-book haciendo click aquí.

(Fuente: Infobae / redacción propia)

jueves, 4 de septiembre de 2025

La agrupación Hijas e Hijos del Exilio presenta el libro "Sapos de otro pozo"

El volumen reúne más de 100 relatos y otros materiales de quienes nacieron o se criaron en otro país a causa de la última dictadura cívico-militar en Argentina.

(Foto: composición propia).

La agrupación Hijas e Hijos del Exilio es un espacio que se fundó en 2006 y está integrado por quienes nacieron o se criaron en otros países a causa del terrorismo de Estado. El lunes 8 de septiembre a las 18.30, en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, se presentará el libro “Sapos de otro pozo. Cartografía colectiva de las infancias en el exilio”.

El texto reúne más de 100 relatos, testimonios, cartas, fotos y producciones artísticas de personas de todo el mundo que atravesaron el exilio durante su niñez en las décadas de 1970 y 1980. Se trata del primer material editado por los propios protagonistas junto a la editorial FiloSurfer. Aunque pasaron más de 40 años del fin de la última dictadura en Argentina, las marcas todavía perduran. En este sentido, el libro suma otra perspectiva para continuar con la reflexión y tomar dimensión de aspectos que quizás no están tan trabajados en el abordaje de ese período.

“Esta convocatoria visibilizó las voces de quienes atravesamos la infancia en el exilio. La obra recorre la experiencia de personas que estuvieron distribuidas en 27 países, y aborda cuestiones no solo desde una mirada dramática, sino que también tiene narraciones que son más simpáticas. El libro realmente es hermoso y buscamos que llegue a la mayor cantidad de gente, para que lo pueda leer y discutir”, cuenta Diego Torres, integrante de Hijas e Hijos del Exilio

El libro tiene más de 300 páginas y alberga a personas que narraron su experiencia desde formatos tradicionales hasta obras de teatro, obras plásticas y videos. Por eso, el material tiene diferentes códigos QR para que los lectores puedan acceder a esos materiales que se salen del papel. La preventa por la página web ya se agotó y en unos días  podrá conseguirse en las principales librerías del país.

Para la agrupación, la presentación del libro no es la culminación del proyecto que comenzó en 2020, sino que se trata de un nuevo punto de partida. “La idea es continuar con presentaciones en todas las provincias de Argentina, y el dinero que vamos recaudando es para sustentar este proyecto. El objetivo es un poco ambicioso, pero queremos seguir contando esta parte de la historia que se suma al recorrido de memoria, verdad y justicia”, relata Torres, quien es especialista en informática y docente de la Universidad Nacional de Quilmes, así como de la Universidad Nacional de La Plata.

Parte de los autores de "Sapos de otro pozo" en la Feria de Editores (Foto: Pamela Durán / ANCCOM).

Marcas indelebles

Torres nació en 1980 en un pueblo pequeño ubicado al sur de Italia y volvió a Argentina cuatro años más tarde. Aunque estuvo relativamente poco tiempo, las huellas todavía persisten. Desde el idioma en el jardín de infantes hasta el documento nacional de identidad, el exilio y sus consecuencias están presentes de forma constante.

“Lamentablemente, el exilio deja muchas marcas. En el caso de la identidad, aunque parece algo tonto, es sumamente importante definir quién sos, de dónde sos y por qué sos así. Crecimos en un contexto desfavorable porque nos obligaron a irnos del país para sobrevivir y sufrimos el avasallamiento de nuestros derechos. Además, la vuelta fue muy dura porque había familias en las que no se hablaba del tema y ser exiliado era un estigma a la hora de conseguir trabajo o encajar en la escuela”, explica.

Aunque la agrupación se creó en 2006, Torres se sumó antes de la pandemia gracias a una casualidad. “Nosotros nos detectamos, nos reconocemos. En mi caso, estaba llenando una planilla con el número de DNI y otros datos para un proyecto de extensión en la Universidad Nacional de La Plata. Cuando la persona recibió la planilla y miró mis datos, me dijo ‘vos naciste en el exilio’”, recuerda.

A partir de ahí, pasó un año hasta que se sumó de manera formal a la agrupación. “Me hizo muy bien porque me encontré con pares, con gente que entiende qué me pasaba de chiquito. Estamos juntos y armando una construcción ideológica cultural que la dictadura intentó desarmar”, resalta.

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ  / varios / redacción propia)

martes, 29 de julio de 2025

La noche de los bastones largos: cómo se destruyó "una cueva de marxistas"

El 29 de julio de 1966, la dictadura encabezada por Juan Carlos Onganía desalojó violentamente distintas facultades de la Universidad de Buenos Aires, ocupadas por autoridades, profesores y alumnos en defensa de la autonomía universitaria. Las increíbles imágenes recorrieron el mundo ese mismo día, pero sus consecuencias perduran hasta hoy.

La noche de los bastones largos.

Durante la aciaga noche del 29 de julio de 1966, después de intervenir todas las universidades del país, la oscurantista dictadura liderada por Juan Carlos Onganía ordenó el desalojo por la fuerza de cinco facultades de la Universidad de Buenos Aires.

Los largos palos de madera con los que las fuerzas policiales reprimieron ferozmente a estudiantes, profesores, autoridades y graduados, hicieron que este triste episodio pasara a las páginas más oscuras de la historia argentina como “La Noche de los Bastones Largos”.

Si la reforma universitaria de 1918 había sido un hito de la Argentina moderna y una de las principales herramientas de movilidad social ascendente, esa noche se consumó el retroceso más importante de la educación pública en lo que transcurría del siglo XX, y se clausuró violentamente una etapa dorada de la universidad argentina que había consolidado la práctica de la ciencia moderna, la aplicación del conocimiento científico a los problemas del desarrollo nacional y la modernización de la cultura.

El plan represivo

El ataque venía gestándose desde el golpe de Estado que el 28 de junio de ese mismo año había derrocado al honesto gobierno del Presidente Arturo Illia: se abolió la Constitución Nacional, que fue reemplazada por el Estatuto de la “Revolución Argentina”, infausto nombre con que los militares golpistas bautizaron a una nueva usurpación de la democracia.

La misma noche del golpe, las autoridades de la UBA habían consensuado una declaración que hacía “un llamado a los claustros universitarios en el sentido de que se siga defendiendo como hasta ahora la Autonomía Universitaria (…) y que se comprometan a mantener vivo el espíritu que haga posible el restablecimiento de la Democracia”.

En esa línea, cientos de docentes de la Facultad de Ciencias Exactas firmaron, además, una declaración manifestando su “irrevocable decisión de no reconocer otras autoridades de la Facultad y de la Universidad de Buenos Aires, que las que legítimamente emanan del cumplimiento del Estatuto Universitario, así como de las leyes y de la Constitución Nacional”.

Disueltos rápidamente el Congreso Nacional y la Corte Suprema de Justicia, intervenidas todas las provincias y prohibida la actividad de los partidos políticos, la Universidad permanecía aún como uno de los últimos bastiones de resistencia frente al rápido avance dictatorial sobre las instituciones democráticas.

Sin embargo, Onganía no tardaría en actuar contra lo que consideraba era “una cueva de marxistas". Así, justo a un mes del golpe de Estado, sancionó el decreto-Ley Nº 16.912 que establecía la intervención de las universidades y ponía fin a la autonomía, con el pretendido objetivo de “eliminar las causas de acción subversiva”.

Dicha norma de facto intimaba a los rectores y decanos de las ocho universidades nacionales que existían por entonces a que en un plazo de 48 horas asumieran como interventores de una institución que, por primera vez, se subordinaba directamente al Ministerio de Educación de la Nación. Asimismo, disponía el cese de toda actividad política en las universidades y la clausura de los centros de estudiantes.

Frente a ello, las máximas autoridades de las universidades de Buenos Aires, Córdoba, La Plata, Tucumán y Litoral decidieron renunciar. En la UBA, nueve decanos decidieron acompañar la dimisión del Rector Hilario Fernández Long y realizaron sendas asambleas en oposición a la intervención.

El decano Rolando García, acompañado por el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Exactas, no sólo resolvió rechazar explícitamente dicha norma, sino que decidió resistir la intervención junto a cientos de estudiantes, profesores y graduados en las instalaciones de la Facultad, por entonces ubicada en Perú 222, en la histórica Manzana de las Luces.


Como represalia, a las diez de la noche del viernes 29 de julio de 1966, tropas de Infantería comandadas por el comisario Alberto Villar, siguiendo instrucciones del jefe de la Policía Federal general Mario Fonseca, gritando consignas antisemitas y anticomunistas, arremetieron contra estudiantes, graduados y profesores con una violencia hasta entonces pocas veces vista.

Al salir por la fuerza al patio central de dicha casa de altos estudios, los estudiantes, autoridades y docentes fueron forzados a formar en doble fila, donde fueron golpeados, vejados, y sometidos incluso a simulacros de fusilamiento. El propio Decano García, al manifestarle al oficial a cargo del operativo que él era la autoridad, recibió como respuesta un brutal golpe con un bastón, cuyas consecuencias se observan crudamente en las fotos de la época.

Si bien también se registraron hechos graves en las Facultades de Filosofía y Letras, Ingeniería, Medicina y Arquitectura, no era en absoluto casual que el ataque de las fuerzas represivas del régimen tuviera su capítulo más feroz en la facultad de Ciencias Exactas, paradigma de las políticas progresistas que se impulsaron en esos años, y en la figura de su decano, decisivo impulsor de muchas ellas.

La violenta represión finalizó con más de 400 detenidos, entre ellos varios investigadores de renombre internacional invitados, como el Dr. Warren Ambrose, profesor del MIT, que en una elocuente carta titulada “Bastones largos, mentes cortas” publicada en el New York Times al día siguiente, describía en detalle la naturaleza brutal y humillante del ataque policial.

Luis Botet, el interventor de la UBA designado por Onganía, asumió con una frase que sintetizaba con particular crudeza el espíritu de la feroz represión: "la autoridad está por encima de la ciencia".

El final de la década de oro de la Universidad argentina

La intervención clausuró violentamente lo que se conoció como la “década de oro” de la universidad argentina, que se había iniciado con la gestión del Rector Risieri Frondizi durante la presidencia de su hermano Arturo.

En ese momento, la UBA disfrutaba de su mayor esplendor académico y reconocimiento internacional. De la mano de uno de los mayores presupuestos universitarios de la historia, y de la autonomía y el cogobierno, la UBA desarrolló proyectos como la editorial Eudeba; impulsó la extensión universitaria con masivas campañas de alfabetización; creó el CONICET y el Instituto de Cálculo, que fue pionero en las ciencias de la computación con la máquina “Clementina”; puso en marcha las carreras de sociología y psicología; fundó la Ciudad Universitaria; entre tantas otras iniciativas.

Se trataba de un proyecto de universidad crítica y reflexiva, donde la investigación era parte esencial de la actividad de los docentes con dedicación exclusiva.


En ese marco, la Facultad de Ciencias Exactas acumulaba el mayor caudal de conocimiento científico del país, y se erigía como el paradigma de la universidad modernizadora y cuna de dos de los tres premios Nobel del país.

Sin embargo, los móviles dictatoriales no se agotaban en el régimen de gobierno de las universidades. Eran tiempos signados por una gran conflictividad política y social, con el peronismo proscrito y el auge de los movimientos tercermundistas, las luchas por la liberación nacional, la revolución cubana y el Mayo francés.

En ese contexto de alta politización, que inevitablemente llegó a las universidades, la dictadura buscaba también silenciar el espíritu crítico y combatir la rebeldía estudiantil.

Un golpe al conocimiento

El ataque de Onganía a la universidad inició la diáspora de docentes e investigadores que condenaría a una generación brillante al exilio.

Durante los meses siguientes al ataque, aproximadamente 1500 de los mejores docentes e investigadores fueron despedidos o renunciaron a sus cátedras en las universidades nacionales. Una importante cantidad de ellos se exiliaron y fueron contratados por universidades latinoamericanas, de Estados Unidos, Canadá y Europa.

La universidad argentina era, así, vaciada de sus mejores exponentes y contenidos, iniciándose una emigración de científicos que se prolongaría hasta los albores del nuevo milenio.

La sangría privaría a la cultura del país de figuras como Manuel Sadosky, quién instaló en la UBA la primera computadora que conoció el país; el epistemólogo, físico y meteorólogo Rolando García, que en el exilio desarrolló junto a Jean Piaget la epistemología genética; el historiador y sociólogo Sergio Bagú, pionero de la teoría de la dependencia; la astrónoma Catherine Gattegno; el historiador Tulio Halperín Donghi; el epistemólogo Gregorio Klimosvsky; el geólogo Amílcar Herrera; la física atómica, Mariana Weissmann; entre tantos otros referentes de la ciencia argentina.

Un imprescindible ejercicio de memoria histórica

La “Noche de los Bastones Largos” inauguró una política de persecución, intolerancia y violencia contra el pensamiento crítico que produciría graves daños al desarrollo científico y a las instituciones de educación superior.

Es en este sentido que los episodios del 29 de julio de 1966 pueden verse como el preludio del terrorismo de Estado que se instauraría en Argentina con la dictadura cívico-militar de 1976. Ambas dictaduras identificarían en las universidades un enemigo común: pensamiento crítico, formación con valores democráticos e investigación científica al servicio del desarrollo nacional.


Al cumplirse 59 años de esta negra noche, es imprescindible reafirmar el firme compromiso con los principios de autonomía y cogobierno, pilares fundamentales de nuestras universidades nacionales, junto con la convivencia democrática, el respeto por la diversidad y el espíritu crítico.

Hoy los “bastones” pueden ser más sutiles, pero siguen siempre al acecho en los discursos que cuestionan la universalización de la educación superior, en los ajustes y recortes presupuestarios, en los intentos de desarticulación del sistema científico-tecnológico, en la falta de inversión pública en el nivel medio que condena a miles de jóvenes a la deserción escolar, entre tantas otras políticas que buscan seguir acallando esa fecunda rebeldía que caracteriza a la universidad reformista.

(Fuente: Página12)

miércoles, 28 de mayo de 2025

"La búsqueda", el sitio interactivo que recorre más de 40 años de trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense

Explora 91 centros clandestinos, espacios públicos y cementerios. Hasta ahora, se hallaron 1647 personas desaparecidas por el Estado y 838 fueron identificadas.

El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) es una institución científica que nació en 1984 (Foto: prensa EAAF).

El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) lanzó La búsqueda, un sitio interactivo que recorre más de 40 años de trabajo para buscar, recuperar, identificar y restituir personas desaparecidas por el Terrorismo de Estado argentino. Esta herramienta digital permite explorar 91 sitios, entre centros clandestinos, espacios públicos y cementerios, en los que fueron encontrados y recuperados restos óseos. A su vez, deja ver más de cerca el paso a paso del trabajo que realiza el EAAF. Hasta el momento, se hallaron 1647 personas desaparecidas por el Estado, de las cuales 838 fueron identificadas.

"La mayoría de los sitios de exhumación son cementerios donde las personas desaparecidas fueron enterradas sin identidad, pero también hay ex-centros clandestinos donde hubo hallazgos y fosas clandestinas localizadas en distintos predios. Todas están geolocalizadas y tienen fichas detalladas con el trabajo realizado" , explica Mariella Fumagalli, directora para Argentina del EAAF.

Además, el sitio web incluye la sección "Historias" que narra la evidencia forense sobre 76 víctimas de los Vuelos de la Muerte, datos que se utilizaron para demostrar que el arrojo de personas al mar fue uno de los métodos de desaparición usados durante la última dictadura militar. También, esta sección incluye la recuperación arqueológica de 245 cuerpos en el sector 134 del cementerio de Avellaneda y el análisis de 38 mil restos óseos recuperados en Pozo de Vargas, la fosa común más grande del país y donde de manera reciente se identificó a Aída Villegas, la víctima 121 de este lugar.

"El objetivo de la plataforma es visibilizar un trabajo que aporta evidencias científicas sobre la verdad de lo ocurrido, tanto para las familias como para la justicia y la sociedad, con un enfoque accesible e interactivo. La Búsqueda permite que investigadores, periodistas, estudiantes y el público general pueda acceder a datos sistematizados y georreferenciados para ampliar el conocimiento y contribuir a investigaciones", explica la antropóloga forense.

Así, desde 1984 el Equipo Argentino de Antropología Forense combina metodologías y técnicas de diferentes ramas científicas para localizar, recuperar y restituir la identidad de personas desaparecidas en contextos de violencia. Participan profesionales de la antropología, arqueología, medicina, biología, genética, física, arquitectura, informática y geografía.

De esta manera, "la plataforma también reúne información sobre los métodos científicos y estrategias de investigación utilizados en las exhumaciones e identificaciones, aportando herramientas para el análisis y la difusión del trabajo forense", describe Fumagalli.

Un trabajo de hormiga

Tal como se detalla en el sitio web, una vez que se detecta un posible lugar de inhumación, el EAAF realiza excavaciones arqueológicas para recuperar restos óseos y evidencias que permitan reconstruir las circunstancias y el contexto de inhumación, como material balístico, vestimenta y objetos personales.

Los restos óseos son acondicionados y analizados en el Laboratorio de Antropología, donde son resguardados. El análisis permite construir un perfil biológico, que implica determinar el sexo, estimar la edad y la estatura, analizar las características odontológicas, las patologías y lesiones óseas anteriores al fallecimiento y, en algunas oportunidades, brindar información sobre la causa de muerte. Cuando los restos óseos están mezclados, el Laboratorio realiza tareas de reasociación esquelética.

De estos restos óseos se toman fragmentos que se procesan en el Laboratorio de Genética Forense y es comparado con los datos genéticos que son aportados por familiares de las personas desaparecidas. A su vez, otro elemento clave son las huellas dactilares. "En muchos casos, las autoridades policiales y judiciales tomaban impresiones digitales de los cadáveres que recogían de la vía pública. Desde los años noventa, el EAAF trabaja en la recopilación y codificación de esos registros y los compara con las huellas digitales de las personas denunciadas como desaparecidas", manifiesta el EAAF en el sitio web.

Hasta el momento, fueron encontradas 1647 personas desaparecidas a partir de sus restos óseos o el registro de su asesinato por la burocracia estatal. De ellas, 838 fueron identificadas. En el sitio web, además, se puede ver la distribución de estas personas por sexo, edad, año de desaparición, causa de su muerte y año de identificación.

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ)

lunes, 12 de mayo de 2025

Juan Gelman, periodista, poeta y emblema de la lucha contra la impunidad

 

Escritor y periodista, no solo logró convertirse en uno de los autores más importantes de su generación por su producción literaria y periodística, sino también por su incansable lucha en pos de la recuperación de su nieta, los derechos humanos, y una sociedad más justa y democrática. A 95 años de su nacimiento, lo homenajeamos y recordamos en esta nota, explorando algunos de los momentos más importantes de su vida y legado.

Poeta, traductor y periodista, Juan Gelman Burichson nació en Buenos Aires el 3 de mayo de 1930. Hijo de emigrantes judíos ucranios, comenzó a escribir poemas aún siendo un niño. Se dedicó a distintos oficios y, en los años sesenta, abrazó su vocación periodística que no abandonó nunca. Tampoco lo hizo con la poesía, la cual ejerció, desarrolló y vivió de una manera intensa, íntima y personal. 

Gelman periodista

En una entrevista, Gelman contó que había elegido el periodismo “como una forma de vivir de la palabra, algo que con la poesía era imposible hacer”. Sin embargo, desde ambos lados construyó su identidad. "El autor ingresó como redactor en Nuestra Palabra, en el diario comunista La Hora, y fue corresponsal de la agencia china Xin Hua. Integró el grupo de jóvenes que se reunió en torno a la redacción de la revista Muchachos; y con David Álvarez Morgade y otros poetas, formaron el grupo El pan duro. Acerca de aquella confluencia literaria y política, "se han recordado los nombres de Héctor Negro, Hugo Ditiranto, Julio César Silvan; luego Juana Bignozzi, Navalesi, Mase, Wainer, Harispe, Santirso, De Luca, Hierba, Castelpoggi, Reches", expresó Nidia Orbea de Fontanini, en un artículo sobre la vida del escritor.

Y agregó: "Empezaron a trabajan con el propósito de organizar la venta anticipada de algunas ediciones y al mismo tiempo, difundir sus obras en sucesivos recitales públicos en clubes y bibliotecas de distintos barrios. Así fue como en el Teatro La Máscara, se relacionaron con Raúl González Tuñón que ya era un autor consagrado y decidieron nombrar La rosa blindada a la revista y la editorial que fundaron, por ser el título de uno de los libros del popular escritor".


Gelman también colaboró desde muy joven en la revista Confirmado y en el periódico Rojo y negro. Su pasión y entrega le valieron los cargos de jefe de redacción de la revista Panorama; secretario de redacción y director del suplemento cultural del diario La Opinión y otros puestos similares en la redacción de la revista Crisis y del diario Noticias. También formó parte del equipo periodístico del diario Página/12.

Los años oscuros

En 1967 se incorporó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y, cuando FAR y Montoneros se fusionaron, Gelman viajó al extranjero, ya entrados los setenta, para denunciar públicamente desde allí, la represión y violación de los derechos humanos en la Argentina. Vivió en el exilio entre 1975 y 1988, residiendo alternativamente en Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México. 

En represalia, el 24 de agosto de 1976, fuerzas militares secuestraron a sus hijos Nora Eva (20) y Marcelo Ariel (19), junto a su nuera María Claudia Irureta Goyena (19), quien estaba embarazada de siete meses. Todos ellos pasaron a engrosar la lista de desaparecidos de la más sangrienta dictadura cívico-militar argentina. 

Foto gentileza: Rafel del Río.

Gelman volvió clandestinamente al país en 1978, con el objetivo de que un puñado de periodistas pudiera ver lo que realmente estaba sucediendo. Se dice que durante esos años más que escribir, sostuvo una incansable lucha por los derechos humanos y el encuentro de sus hijos. Fue recién en 1990 cuando encontró los restos de su hijo Marcelo en un río de San Fernando, luego del hallazgo del Equipo Argentino de Antropología Forense. Ocho años más tarde, descubrió el dato de que su nuera había sido trasladada a Uruguay, además de dar a luz a una hija en cautiverio (su nieta) y que estuvieron juntas hasta diciembre de 1976.

A partir de esa información, Gelman exigió la colaboración de los estados argentino y uruguayo para  encontrarla. En el año 2000 encontró a su nieta, María Macarena Gelman García. “Podrán imaginarse lo que significa esto para cualquier ser humano. Yo mismo puedo sentirlo; soy abuelo”, expresó Gelman en aquel momento. 

Violín y otras cuestiones (1956) es el primer libro de poemas de Juan Gelman.

La poesía como crítica

Paralelamente a toda aquella trágica historia, Gelman continuaba desarrollando su producción periodística y literaria. Con los años, se convirtió en autor de más de treinta libros y fue reconocido con el Premio Cervantes en 2007, el máximo galardón de la literatura en español. También fue galardonado con el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (2000), los premios iberoamericanos de poesía Ramón López Velarde (2003), Pablo Neruda (2005) y Reina Sofía (2005). 

Como poeta, suscribió al realismo crítico y consiguió un estilo lírico muy particular, cargado de una gran crítica social y de denuncia, entre otras imágenes cotidianas y políticas que develan la indignación ante la injusticia. Entre su producción poética, se destaca Violín y otras cuestiones; El juego en que andamos; Velorio del solo; Gotán; Cólera Buey, así como Los poemas de Sidney West; Traducciones; Fábulas; Relaciones. También son notables otros libros como Exilio, que escribió en colaboración con el autor argentino Osvaldo Bayer; y otros como Hacia el sur; Carta a mi madre; y País que fue será. 

El autor, durante la ceremonia de entrega del Premio Cervantes. Foto: RTVE.es

Pesar todo: Antología fue galardonada con el premio de poesía José Lezama Lima, que concede la Casa de las Américas cubana. En 2005 publicó una nueva antología, Oficio ardiente, que reúne poemas publicados a lo largo de casi cincuenta años y algunos otros inéditos. Por otra parte, Gelman también era un apasionado de la música y se dio el gusto de escribir en estos géneros: compuso dos óperas, La trampera general y La bicicleta de la muerte; dos cantatas, El gallo cantor y Suertes, y varios LP. También había incursionado en el campo cinematográfico: fue coguionista del film Los senderos del libertador (1971), el cual dirigió Jorge Cedrón.

Con 83 años, murió el 14 de enero de 2014 en la capital de México, donde residía con su familia desde 1988. El autor había depositado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes un legado que permanecerá guardado hasta el 3 de mayo de 2050. Se trata de una de las personalidades que deja un objeto personal en la antigua cámara acorazada de la sede central de ese Instituto español. 

Algunos de sus libros (composición propia)

Algunos de sus libros (composición propia)

(Fuentes:Cultura.gov.ar/Suteba / Instituto Cervantes / SEPA Argentina.)

viernes, 9 de mayo de 2025

A 49 años de la desaparición por la dictadura argentina de Haroldo Conti: 4 libros para no dejar de leerlo nunca

Apenas pasada la medianoche del 5 de mayo de 1976, un grupo de militares irrumpió en la casa del escritor argentino, lo golpearon e interrogaron durante seis horas, robaron sus pertenencias y se lo llevaron secuestrado. En esta nota, un repaso por su vida pero también por su valiosa obra que se vio interrumpida trágicamente. 

Haroldo Conti

“Estamos en guerra. Y acá somos ustedes o nosotros y no hay que dejar siquiera la semilla”, les dijo un militar, en la noche del 5 de mayo de 1976, a Haroldo Conti y a Marta Scavac. Habían regresado del cine y al llegar a su casa de la calle Fitz Roy una patota los esperaba. Adentro, estaban sus dos hijos —una niña de siete años y un bebé de tres meses—, a quienes encerraron en una pieza para luego golpear e interrogar a la pareja durante seis horas.

De pronto, un militar dice que se llevan a Conti a un interrogatorio. Ella pidió despedirlo, entonces la llevan a, se supone, una pieza contigua. Él se le acerca, le pregunta cómo está, ella le pregunta lo mismo. “Estoy bien, no te preocupes”, responde él. “A pesar de las dos camisas, yo tenía una parte de la cara descubierta. Haroldo me da un beso justo en ese lugar y en ese momento me di cuenta de que él no estaba encapuchado, y grito desesperadamente que no se lo lleven”.

Haroldo Conti

Esa noche, cuando los militares se fueron, Marta Scavac —que murió el 11 de agosto de 2016— escapó con los dos chicos por una ventana, sale a la calle, consigue un taxi y se va a la casa de sus padres. A las pocas horas va a la redacción de la revista Crisis, lugar donde trabajaba, y realizan las denuncias internacionales. Los medios locales no publicaron nada; sólo el Buenos Aires Herald.

Dos semanas después, el cura Leonardo Castellani, amigo de Conti, asiste a un almuerzo con Jorge Rafael Videla —van también Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y Horacio Esteban Ratti— y le pregunta por el escritor desaparecido. No recibe respuestas, pero en julio Castellani ve a Conti en la cárcel de Villa Devoto. Sobrevivientes dijeron que luego estuvo en el centro de detención El Vesubio. En 1980, Videla le confirma a algunos periodistas españoles que Conti estaba muerto.

Haroldo Conti

Cincuenta años antes, en Chacabuco, Haroldo Conti nació el 25 de mayo de 1925, hijo de Petronila Lombardi y de Pedro Conti, tendero ambulante y fundador de la unidad básica del Partido Peronista en su pueblo. A los 13 entró en el Don Bosco de Ramos Mejía, un colegio religioso que le avivó la llama literaria: “en aquel tiempo no había cine, y reemplazábamos esa diversión dominical con unas funciones de títeres; yo me ocupaba de escribir los libretos”, contó.

Comenzó a trabajar de muy joven como docente en General Pirán. Ingresó en el Seminario Metropolitano Conciliar de Villa Devoto, pero abandonó en 1947 para estudiar Filosofía en la UBA, donde se recibió en 1954. En esa época trabajó de asistente de dirección de la película La bestia debe morir y se casó con Dora Magdalena Campos, con quien tuvo a Alejandra y Marcelo. Tuvo dos hijos más: María José, de una breve relación con Gloria Ana Ibañez; y Ernesto.

Cuando en 1971 conoció Cuba, al ser elegido como jurado del Premio Casa de las Américas, dijo: “Cuba es una especie de colina de América desde donde se divisa todo el continente. Desde La Habana tomé conciencia de América Latina”. Por entonces comenzó a militar en el PRT (Partido Revolucionario del Pueblo) y en el FAS (Frente Antiimperialista por el Socialismo), así como también rechazó la Beca Guggenheim por “convicciones ideológicas”.

Mucho antes, en 1960, se enamoró del Delta del Tigre, se compró una casa a orillas del arroyo Gambado —hoy es un museo— y empezó a escribir con mayor constancia ya que había obtenido algunos premios literarios. Y de pronto vendrían sus grandes libros, las novelas inolvidables, su enormes cuentos y más premios. Iniciada la dictadura, decidió quedarse en el país. Sobre su escritorio puso un cartel en latín que significaba: “Este es mi lugar de combate, y de aquí no me moveré”.

Sudeste

Sudeste

Su primer libro fue una novela. En 1962 publicó Sudeste. Hacía dos años que había comprado la casa en el Delta y ese paisaje ya lo había poseído. Boga, el héroe de la historia, está totalmente dominado por la naturaleza del río: pesca, navega, nada, se esconde entre los juncos, enciende un fuego en la orilla. La novela gana el concurso de la Editorial Fabril —sello que la publica— convirtiendo a Conti en un referente de la llamada “Generación de Contorno”.

“El genio literario de Haroldo Conti, abrazado a un idioma de necesidad narrativa que apuesta todo a la precisión descriptivista, nos cuenta la infinidad de peripecias que surgen del tedio de la vida. Pero también nos muestra que el hábito es un arte humano”, escribe Juan José Becerra sobre este libro, y agrega: “En Sudeste el hombre es la naturaleza. Los argumentos de Conti están a la vista porque para él naturaleza y hombre no se distinguen entre sí”.

En vida

En vida

Un jurado integrado por Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, entre otros, definió que En vida, la novela de Haroldo Conti, sea la ganadora del Premio Barral. En 1971 salió el libro a las calles. “El hombre en su totalidad es una causa. Mucha gente habla de revolución y olvida que las revoluciones las hacen los tipos concretos. En En vida quise hacer la radiografía de un hombre del montón, jodido por esta sociedad, castrado en sus posibilidades de elegir”, dijo en 1975.

La balada del álamo carolina

La balada del álamo carolina

Un volumen de diez cuentos, eso es La balada del álamo carolina, publicado en 1975. El relato que abre es el homónimo. Le siguen: Las doce a Bragado, Mi madre andaba en la luz, Perfumada noche, Ad astra, Devociones, Bibliografía, Los caminos, Memoria y celebración y Tristezas de la otra banda. “Pocos libros dados a conocer en la década del setenta en la Argentina deben contener tan alta carga de emotividad y explosión lírica como La balada del álamo carolina”, sostiene Claudio Zeiger.

Por su parte, Selva Almada asegura que “la prosa de Conti es sencilla al mismo tiempo que va al corazón de los asuntos; y de esta combinación resulta un libro memorable, que viene a decir algo propio sobre temas universales como la evocación, el lugar de donde venimos, quiénes o qué somos. Y sobrevolando todos los relatos, la voz del álamo carolina que nos susurra una verdad bella, poética y contundente: un día de un viejo árbol es un día del mundo”.

Mascaró, el cazador americano

Mascaró el cazador americano

Conti fue dos veces jurado del Premio Casa de las Américas. Luego quiso participar. Lo hizo con una novela que, junto a La canción de nosotros de Eduardo Galeano, resultó ganadora: La balada del álamo carolina, de 1975. “El registro verbal oscila entre lo reflexivo y lo humorístico, lo religioso y lo sexual, el lirismo y la parodia desacralizadora. Tal mutabilidad parecería indicar que casi todo es posible y conforma uno de los sentidos relevantes de esta novela”, escribió Eduardo Romano.

(Fuente: Infobae)

jueves, 8 de mayo de 2025

¿Quién fue Rodolfo Walsh? por Felipe Pigna


Compromiso. Walsh puso su prosa al servicio de la lucha política.

¿Quién fue Rodolfo Walsh? ¿Un periodista, un escritor, un militante, un intelectual que fue más allá de ese papel? "Fui lavacopas, limpiavidrios, comerciante de antigüedades y criptógrafo", decía él, queriendo alivianar esa imagen deshumanizada con la que se mira a los grandes humanos.

Sin embargo, para entender la vida de Walsh es necesario dividirla en dos partes. “Operación Masacre cambió mi vida. Haciéndola, descubrí, además de mis perplejidades íntimas, que existía un amenazante mundo exterior", dijo el hombre, refiriéndose al libro que inició el movimiento periodístico-literario de la novela testimonial.

“Después de la frustración por la impunidad de la que gozaron los autores de los fusilamientos, Walsh ya no piensa en pedir justicia, sino observar que, además de permitir obtener datos y establecer la mecánica de sucesión de ciertos hechos, la investigación se ocupa de hechos límites que movilizan y ponen en cuestión compromisos, actos, ideas. La masacre de José León Suárez fue la perfecta culminación de un sistema; el caso Rosendo García desnuda la esencia del vandorismo; el asesinato de Satanowsky proyecta luz sobre el funcionamiento de los servicios de informaciones y su conexión con los grandes diarios”, dirá Osvaldo Aguirre

Walsh se había criado en el seno de una familia conservadora, de ascendencia irlandesa. Estudió en un colegio de monjas irlandesas y fue interno en una congregación de curas también irlandeses. "Tengo una hermana monja y dos hijas laicas", se reía. A los 17 años comenzó a trabajar en la Editorial Hachette como traductor y como corrector de pruebas, y a los 20 comenzó a publicar sus primeros textos periodísticos. En 1953 publicó su primer libro de cuentos, "Variaciones en rojo", con el que había ganado el Premio Municipal de Literatura de Buenos Aires.

Cuando se produjeron los fusilamientos de José León Suárez, Walsh estaba trabajando en la compilación de cuentos de la Editorial Hachette. Una tarde de 1956, jugando al ajedrez en un bar de la Plata escuchó la frase "Hay un fusilado que vive". Nunca se le fue de la mente. A fines de ese año, comenzó a investigar el caso con la ayuda de la periodista Enriqueta Muñiz, y se encontró con un gigantesco crimen organizado y ocultado por el Estado. Walsh decidió recluirse en una alejada isla del Tigre con el seudónimo de Francisco Freyre, y con la única compañía de un revolver. El 23 de diciembre Leónidas Barletta, director de Propósitos, denunció, a pedido de Walsh, la masacre de José León Suárez y la existencia de un sobreviviente, Juan Carlos Livraga.

El resto es historia conocida.

Walsh en Cuba

Antes de partir a Cuba, publicó el Caso Satanowsky, en donde evidenció que matones de la SIDE asesinaron al abogado Marcos Satanowsky debido a oscuros intereses en torno a la propiedad del diario La Razón. En la investigación dio con los culpables.

En Cuba fundó la agencia Prensa Latina junto con su colega y compatriota Jorge Masetti. Había decidido que no sería nunca más un simple observador privilegiado del mundo, sino que quería formar parte activamente de él: como jefe de Servicios Especiales en el Departamento de Informaciones de Prensa Latina, usó sus conocimientos de criptógrafo aficionado para descubrir, a través de unos cables comerciales, la invasión a Bahía de Cochinos, instrumentada por la CIA.

A Cuba fue Walsh a respirar un poco de aire libre. Sus experiencias amorosas con prostitutas cubanas fueron para él también actos de liberación."… Después de vestirnos le digo ‘¿cuánto es?’, porque ella tiene que seguir trabajando y ella dice ‘lo que quieras’. Pero cuando le doy cinco pesos se sonríe un poco y dice ‘¿tan poco?’. Entonces invento cualquier argumento, porque no estoy resuelto a darle más, porque ahora no quiero ser engañado, ya la jauría del remordimiento y la vergüenza galopa a mis espaldas. Apenas salimos me desahogo de ella lo más pronto que puedo, y es entonces cuando empiezo a preguntarme si me habrán visto, si ella era linda o era un monstruo, y qué habrían dicho en la agencia si me vieran con una muchacha tan negra. Sí, me siento culpable de este gran acto de liberación…"

Walsh escritor

Rodolfo Walsh tuvo una tortuosa relación con la literatura, luego de haberse definido como marxista. “Soy lento, he tardado quince años de pasar del mero nacionalismo a la izquierda.” Después de publicar ¿Quién mató a Rosendo?, dijo: "las cosas cambiaron realmente en 1968, cuando la política lo ocupó todo. Entonces empecé a ser un escritor político. Mis ideas sobre la novela han cambiado".

A Walsh le faltaba la novela para consagrarse como escritor. Pero después de Operación Masacre y de su estadía en Cuba, decidió que ya en Argentina no podía desvincularse la literatura de la política. Él ya había decidido. "Empiezo a asimilar lo básico del marxismo y mi nivel de conciencia es hoy bastante mayor. No aceptaría hoy incluir una cita de un bufón como Manucho (Manuel Mujica Láinez) en la contratapa de un libro (se refiere a Un kilo de oro) ni vacilaría en rechazar una beca en USA, etc."

La novela era, para Walsh, algo así como la representación de los hechos. "Yo prefiero su simple presentación. (…) ¿Eso quiere decir que la novela es lo difícil de decir, lo que se resiste a ser dicho? ¿Lo que me compromete más a fondo? Otra variante que he pensado es que la novela es la última forma del arte burgués, y por eso ya no me satisface".

Ese mismo año, en Madrid, Perón le presenta a Raimundo Ongaro, Secretario General de la CGT de los Argentinos, y el 1º de mayo aparece el semanario CGT, que funda y dirige por expreso pedido de Perón. En 1969 empieza a militar en el Peronismo de Base. "No le entiendo nada -dijo Ongaro luego de leer unos escritos suyos- ¿Escribe para los burgueses?" "Me molestó porque sé que tiene razón", escribió Walsh, luego de este hecho.

Walsh militante

En 1973 comenzó a militar en la organización Montoneros con el grado de Oficial 2° y el alias de Esteban. Creó un sector del Departamento de informaciones de Montoneros y fue su responsable. Junto a su amigo, el poeta Francisco Paco Urondo, participa como fundador y redactor de Noticias. Este diario presentaba los puntos de vista de Montoneros. A principios de 1974, dejó constancia por escrito de sus diferencias de concepción, tácticas y estrategia con la cúpula de Montoneros, en un último intento de cambiar el rumbo, que, de seguir así, llevaba a una segura derrota. No fue escuchado. "Nosotros le decíamos traidores a ellos, a los Vandor, a los Matera, a los Remorino. Pero los traidores éramos nosotros. Porque Perón siempre los apoyó a ellos.".

Bajo el golpe de Estado encabezado por Jorge Videla, creó la Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA). "Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información."

El 29 de septiembre de 1976 murió en un enfrentamiento su hija Vicki. Tenía 26 años, una hija y era militante de Montoneros. Murió también su amigo Paco Urondo en Mendoza, perseguido por fuerzas militares conjuntas.

El 24 de marzo al cumplirse un año de la dictadura, envió su famosa Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar a las redacciones de los diarios. Nadie la publicó. El 25 de marzo, entre las 13.30 y las 16.00, Walsh fue secuestrado por un grupo de Tareas de la ESMA, comandado por el oficial de Inteligencia García Velasco. Sobrevivientes de la ESMA le acercaron a su hija Patricia Walsh una versión de lo sucedido. Según esa versión Rodolfo debía ser tackleado por el oficial de Marina y ex rugbier Alfredo Astiz, quien falló en su intento. Esto generó una momentánea confusión que permitió a Rodolfo gatillar el revólver calibre 22 que guardaba en la entrepierna. Así hirió a uno de sus agresores, que quedó rengo. A fines del ’77 ese hombre fue galardonado con una medalla en una ceremonia secreta de la ESMA.

El 25 de marzo de 1977 asesinaron al hombre que decidió para siempre ser "fiel al compromiso de dar testimonios en tiempos difíciles".

Libros publicados por Rodolfo Walsh:

· Variaciones en Rojo. Hachette1953; De la Flor 1985.

· Operación Masacre, un proceso que no ha sido clausurado. Sigla, 1957

· Operación Masacre y el expediente Livraga. Con la prueba judicial que conmovió al país, Continental Service, 1964

· Caso Satanowsky, Verdad, 1958. De la Flor agrega en 1986 un prólogo de Horacio Verbitsky .

· Los oficios terrestres, Jorge Álvarez, 1965

· Una granada. La batalla. Jorge Álvarez, 1965. de la Flor, 1988

· Un kilo de oro. Jorge Álvarez, 1967

· ¿Quién mató a Rosendo? Tiempo Contemporáneo, 1969

· Un oscuro día de Justicia. Siglo XXI, 1973

Recopilaciones póstumas

Obra literaria completa. México. Siglo XXI, 1981 · Rodolfo Walsh y la prensa clandestina 1976-1978. Ediciones de la Urraca, 1985.

· Cuento para tahúres y otros relatos. Puntosur, 1987. Reeditado por De la Flor en 1996.

· Yo también fui fusilado, Vuelve la secta del gatillo y la picana y otros relatos. Los libros de Gente Sur, 1990

· La máquina del bien y del mal. Clarín – Aguilar, 1992.

· Cuentos. Biblioteca Página/12, 1993

· Rodolfo Walsh vivo. De la Flor, 1994. compilación y prólogo de Rodolfo Baschetti.

· El violento oficio de escribir. Obra periodística (1923-1977) Espejo de la Argentina/ Planeta, 1995

· Ese hombre y otros papeles personales. Seix Barral, 1996. Recopilación a cargo de Daniel Link

· Semanario CGT. Página/12- Univ. De Quilmes. 4 libros de 86 páginas

· Textos de y sobre Rodolfo Walsh. Alianza Editorial,1999

(Fuente: www.elhistoriador.com.ar) 

miércoles, 2 de abril de 2025

Malvinas: los chicos murieron, los jefes los torturaron

Las vejaciones sufridas por soldados a manos de oficiales y suboficiales es uno de los costados más aberrantes de la guerra. Parafraseando el histórico canto “los chicos murieron, los jefes los vendieron”.

Mario Benjamín Menéndez, Gobernador de las Malvinas designado por el genocida Galtieri

Las Malvinas fueron un campo de batalla no sólo contra el imperialismo inglés. En las islas se libraba una batalla interna también en condiciones de extrema desigualdad. Soldados con escaso entrenamiento y alimentación aún más escasa, sin abrigo ni calzado acorde al frío feroz, armamento obsoleto. Luchaban, también, por sobrevivir a las condiciones que impusieron sus cobardes e irresponsables jefes.

La dictadura genocida replicaba en las islas los métodos empleados en el continente: la tortura y el encierro como disciplinadores. Los que se rindieron ante el imperialismo sin tirar un solo tiro como Alfredo Astiz, y que después pretendieron llamarse “héroes”, se jactaban de haberse hecho del poder y llevar adelante, durante seis años, un genocidio contra los trabajadores y el pueblo.

Las denuncias de los soldados dan cuenta de aberrantes métodos de tortura por parte de los oficiales, de muertes por congelamiento y por hambre. La oficialidad, en cambio, comía y bebía como si a su alrededor nada estuviese ocurriendo.

Mucho tiempo pasó luego de la guerra para que esto se hiciera público. Las Fuerzas Armadas hicieron correr el pánico para que nadie hablara. Así se entiende la tasa de suicidios entre los excombatientes. Si bien el Estado no tiene estadísticas, los excombatientes calculan que son alrededor de 500, casi tantos como los 649 que murieron en el conflicto bélico.

En 2007 se empezaron a presentar denuncias de torturas en una causa que se sigue en Río Grande, Tierra del Fuego, y que llegó a reunir cerca de 120 casos en los que se imputó a 70 oficiales y suboficiales.

La mayoría de esos testimonios relatan escalofriantes tormentos. Sufrieron congelamiento de los pies por la humedad y el frío del terreno, desnutrición, estaqueamiento, enterramiento en fosas y otros tipos de castigos físicos por haber dejado sus puestos para salir en busca de la comida que escaseaba entre los soldados.

Katz dice que sus compañeros le hicieron más llevadero el sufrimiento por las torturas infligidas por sus superiores.

Silvio Katz, uno de los conscriptos que realizó las denuncias, apuntó directamente contra su oficial Flores Ardoino. En una entrevista a Página/12 de abril de 2012 relató que a él y otros soldados Ardoino les “sacó lo que habíamos comprado para todos y nos estaqueó. Era como Túpac Amaru sin caballos. Ponen cuatro estacas en el suelo y te ponen con los brazos y las piernas estiradas a diez centímetros del suelo. Veinte grados bajo cero y vos con calzoncillos y una remera de manga corta. Y te dejan horas. A mi compañero, porque era ‘rebelde’, le puso una granada en la boca que si llegaba a escupirla volábamos los dos. Y a mí, por ser judío, me hizo orinar por mis compañeros”.

El subteniente Gustavo Malacalza del Regimiento 12 fue acusado de haber estaqueado a tres conscriptos por haber abandonado sus puestos para ir en busca de comida y revelar sus posiciones con armas de fuego. Oscar Núñez, también excombatiente, relató a varios medios que él y dos compañeros estaban carneando una oveja cuando fueron descubiertos por Malacalza, quien junto a otros militares “empezaron a patearnos y pisotearnos, finalmente llegó el estaqueo”.

“A veces matábamos una oveja; teníamos que comer la carne cruda, con la sangre que nos manchaba la cara… El hambre te hace hacer cosas que nunca pensás que podes llegar a hacer. El hambre es algo terrible”, relató el tucumano Carlos Quirós, también excombatiente, a La Gaceta en 2013.

Katz sufrió más las torturas de sus superiores que la propia guerra con los británicos.

Desclasificación de los archivos

Luego de 33 años de lucha y de denuncias, en 2015 el Estado desclasificó los archivos y se entregaron 700 actas de las Fuerzas Armadas a la Comisión Nacional de ex Combatientes de Malvinas. Muchos de esos testimonios son las “actas de recepción” que los soldados tuvieron que completar al llegar al continente una vez terminada la guerra. Allí relatan los tratos ultrajantes a los que fueron sometidos y el estado de salud en el que se encuentran.

Esa documentación fue presentada por el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (Cecim) de La Plata, querellante en la causa, como prueba en los tribunales de Tierra del Fuego.

Ernesto Alonso, integrante del Cecim, solicitó en ese momento que sean indagados cerca de doce militares, pero hasta ahora la Justicia continúa desoyendo el pedido. Alonso señaló entonces a la agencia Infojus que “a esta altura existe una clara responsabilidad del Poder Judicial. La causa cumplió diez años en el 2017. Las pruebas sobran y son oficiales. No puede ser que uno de los militares imputados haya fallecido antes de ser indagado. Hablamos ya de una impunidad judicial y biológica”.

La (in)justicia es una más de las torturas

Esta dura batalla judicial se da contra la propia Corte Suprema de Justicia de la Nación, que en mayo de 2015 decidió dar por clausurado el tema y rechazó el último pedido presentado por excombatientes para que las torturas y tratos humillantes sufridos en Malvinas sean considerados crímenes de lesa humanidad, por lo tanto imprescriptibles.

Frente a este blindaje judicial, desde el Cecim señalaron en ese momento que se quería “imponer lo que no pudieron hacer los militares durante la dictadura, que es silenciarnos”. Y agregó que el Cecim tiene “más de 125 denuncias y no vamos a dejar que queden impunes”.

Los excombatientes apelaron este fallo de la Corte ante a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), planteando una denegación de justicia por parte del Estado argentino. A partir de estos documentos se puede plantear una pelea más fuerte para que de una vez por todas se considere el carácter “imprescriptible” de estas vejaciones sufridas por los soldados en Malvinas a manos de los mismos que el continente torturaban, secuestraban y asesinaban.

Los caídos en Malvinas que aún no fueron identificados

En la Guerra de las Malvinas murieron 649 soldados argentinos. En el cementerio de Darwin están enterrados 237 de ellos, de los cuales se desconocía hasta hace poco la identidad de 123. La lucha por recuperar la identidad de los caídos enterrados como NN, que llevaba años, recién a fines de 2011 encontró algunas respuestas favorables, cuando excombatientes y familiares de los caídos presentaron un recurso de amparo ante la Justicia para que ordene su identificación.

A fines de 2016 Argentina y Gran Bretaña llegaron a un acuerdo para formar un equipo forense que identifique el ADN de los soldados enterrados. Por su parte excombatientes de Malvinas, familiares de los soldados caídos en combate, junto a organismos de derechos humanos decidieron lanzar, también a fines del 2016, una campaña para impulsar la identificación de esos 123 soldados enterrados como NN.

En este marco a mediados de marzo de 2017 viajó a las islas una delegación de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), integrada por el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, Nora Cortiñas de Madres de Plaza de MayoLínea Fundadora, el excombatiente Alonso y el sacerdote José María Di Paola, entre otros. El viaje tuvo como objetivo reclamar por la “identificación de los 123 NN. Memoria, verdad, justicia y soberanía”, pero también denunciar la violación a los derechos humanos que sufrieron los soldados por parte de los militares argentinos.

La visita de los integrantes de organismos de derechos humanos, y en particular las declaraciones de Pérez Esquivel, que reclamó por la necesidad urgente de identificar a los enterrados como NN, fue repudiada por un grupo de familiares de excombatientes a través de un comunicado donde negaron que hubieran NN, e indicaron que “no podemos permitir que el odio y el resentimiento, producto de las luchas fratricidas que asolaron a nuestra comunidad, se ensañen con la honra a nuestros seres queridos, que entregaron sus vidas por una causa justa, avalada por la inmensa mayoría del pueblo argentino”.

Y acusaron a la delegación de convertir a quienes cayeron peleando contra las fuerzas armadas británicas en “víctimas” de la última dictadura militar. “No son NN, son héroes de la patria”, gritaban.

Quienes dicen esto pertenecen a una comisión de Familiares de Caídos en Malvinas, diseñada por la dictadura a fines de la guerra, para contener los reclamos de los soldados y familiares. Desde que la Justicia falló a favor del derecho a la verdad que reclaman excombatientes y familiares de los caídos, está comisión se puso más activa para impedir que avance la identificación de los NN. Les preocupa que los forenses no sólo identifiquen los cuerpos, sino que se conozca las causas de la muerte.

Como ya informó este diario, esta “comisión” fue creada por Héctor Cisneros, un ex-miembro del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército y hermano de un militar caído. Cisneros y otras personas fueron designadas en los 90 por el Gobierno de Menem como “administradores” del cementerio de Darwin.

La lucha de familiares y ex-combatientes logró que este año se conociera la identidad de 90 soldados caídos en Malvinas. Aún hay 32 NN. El Gobierno de Mauricio Macri, aprovechó la ocasión para mostrarse comprometido con la verdad histórica y envió a Avruj con la comitiva de familiares. El 26 de marzo un total de 248 familiares aterrizaron en las Islas Malvinas y se dirigieron al cementerio de Darwin, donde yacen los cuerpos de 123 caídos en la guerra de 1982.

A 43 años de la guerra de Malvinas, el reclamo de juicio y castigo a los cobardes que capitularon ante las tropas inglesas y torturaron a los soldados argentinos, sigue más vigente que nunca.

(Fuente: La Izquierda diario)