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viernes, 27 de septiembre de 2024

Un equipo de arqueólogos encuentra una "cápsula del tiempo" de 200 años que se dirige a ellos

Una excavación de emergencia en lo que fue el Campamento de César en Bracquemont durante la época de la Galia en Francia ha dado con un mensaje enterrado en 1825 por un arqueólogo que ya exploró la zona. 


El frasco en el que se ha encontrado el mensaje (Foto: Guillaume Blondel).

Rl servicio arqueológico de la ciudad de Eu (Francia) está llevando a cabo actualmente una operación de búsqueda en lo que se conoce como el Campamento de César en Bracquemont. Está situado al borde de un acantilado y bordeado por una enorme pendiente, ya que se trata de un recinto fortificado de la época de la Galia. Sin embargo, se han topado con un elemento que no esperaban y que no pertenece a la época de las construcciones que allí había.

Esta investigación arqueológica se esta llevando a cabo bajo la dirección de Guillaume Blondel, que esta realizando todo el trabajo junto a un de un pequeño equipo de voluntarios del municipio francés. No obstante, esta siendo financiada y realizándose en colaboración con el Servicio Regional de Arqueología, como parte de un proyecto que esta haciendo pesquisas y excavaciones en las zonas arqueológicas que están en peligro por el declive de la costa.

La excavación de emergencia fue ordenada debido a la erosión del acantilado en el lugar justo al norte de Dieppe. Ya ha desaparecido una parte sustancial del "oppidum" (o aldea fortificada). Blondel explica que aún queda mucho por averiguar: "Sabíamos que era un pueblo galo. Lo que no sabemos es lo que pasó dentro del pueblo. ¿Era un lugar de importancia?", dice. En la semana transcurrida desde que comenzó la excavación, se han descubierto varios artefactos que datan del período galo, en su mayoría piezas de cerámica de hace unos 2.000 años, salvo por una peculiaridad.

Una cápsula del tiempo guardada dos siglos

Las excavaciones dieron, entre otras cosas, con un testimonio "conmovedor y muy especial", conforme cuenta el Ayuntamiento del municipio en una nota. A mediados de septiembre, se descubrió un mensaje en una pequeña botella de sal del siglo XIX acompañado de dos monedas, todo ello contenido en un tarro de cerámica. Ubicada en un sector previamente investigado, se trata de una "cápsula del tiempo" enterrada hace casi 200 años.

"Era el tipo de frasco que las mujeres solían usar alrededor de sus cuellos y que contenía sales aromáticas", ha explicado el líder del equipo, Guillaume Blondel, que dirige el servicio arqueológico de la ciudad de Eu, conforme ha recogido la prensa francesa. Dentro de la botella había un mensaje en papel, enrollado y atado con una cuerda. Blondel abrió el documento, que decía lo siguiente: "P. J. Féret, natural de Dieppe, miembro de varias sociedades intelectuales, realizó excavaciones aquí en enero de 1825. Continúa sus investigaciones en esta vasta área conocida como el Cité de Limes o Campamento de César".


El mensaje descubierto por el servicio arqueológico de la ciudad de Eu, Francia (Foto: Guillaume Blondel).

Para Blondel, el hallazgo constituye una rareza: "A veces se ven estas cápsulas del tiempo que dejan los carpinteros cuando construyen casas. Pero es muy raro en arqueología. La mayoría de los arqueólogos prefieren pensar que no habrá nadie que los persiga porque ya han hecho todo el trabajo. Fue un momento absolutamente mágico", ha expresado Blondel. "Sabíamos que había habido excavaciones aquí en el pasado, pero encontrar este mensaje de hace 200 años, fue una sorpresa total", añadió.

La prensa francesa indica que Féret era un notable local, y los registros municipales confirman que realizó una primera excavación en el sitio hace 200 años.

(Fuente: Infobae)

lunes, 29 de julio de 2024

Qué era el Grand Gignol, el teatro del horror parisino donde todo podía suceder

Le Théâtre du Grand  Guignol, o sencillamente el Grand  Guignol, fue una teatro que desarrolló su actividad entre 1897 y 1962, cuyas puestas estaban atravesadas por una estética y temáticas muy especiales. Los desmayos eran moneda corriente en este sombrío espacio parisino que inspiró las películas de terror que vemos hoy.


Frente original del Grand Gignol.

A comienzos del siglo XX, en las obras del Théâtre du Grand-Guignol pasaba de todo: derretían caras, cortaban cabezas, quitaban ojos de sus órbitas, desollaban viva a la gente, estrangulaban niños; había excesos: de sangre, sudor, abundaban la sífilis y la lepra, así como drogas, hipnosis, sangre de nueve colores diferentes y a chorros, locura, excitación, desmayos, gritos, sexo, risa.

Tenía su sede en una pequeña sala que, aunque ubicada en Pigalle, se encontraba muy  cercana  al  barrio de Montmartre,  participando de esta manera del ambiente bohemio, alternativo, contestatario y rebelde que caracterizaba aquella zona de París, situada a la sombra de la basílica del Sacré  Coeur (Sagrado Corazón). La sala era una antigua capilla neogótica que, aunque desacralizada,  conservaba su decoración religiosa. Esta decoración le otorgaba al local un cierto aire misterioso y lúgubre.

Se especializó en subir a escena obras de teatro breve, de tal manera que los programas que componían sus sesiones estaban constituidos por entre tres y seis obras que combinaban distintos géneros: drama, comedia, sainete, vodevil y musical. Pero el género que más caracterizó al Grand Guignol, y al que debe su fama, fue el del terror, pero no un terror cualquiera. Estas piezas no se limitaban a crear una atmósfera de tensión o a evocar cándidas fórmulas del pasado como pudieran ser, por ejemplo, las apariciones fantasmales.

En el escenario del Grand Guignol había crueldad y violencia exacerbadas en forma de mutilaciones, decapitaciones, apuñalamientos, y otros muchos actos de sadismo. Las obras en sí solían tener argumentos enormemente escabrosos y muy perturbadores  (crímenes cometidos en el seno del ámbito familiar, comportamientos violentos de enfermos mentales, torturas perpetradas en lugares exóticos, etc), pero más intimidante resultaba aún la puesta en escena, en donde no se escatimaba en trucos y efectos especiales de todo tipo para crear ambientes siniestros y, muy especialmente, para dar veracidad a los actos extremos que tenían lugar sobre el escenario.

El lugar era pequeño, y por eso funcionaba. El escenario en donde ocurrían las masacres ficticias tenía 49 metros cuadrados. Sólo 250 privilegiados eran testigos de las representaciones sin censura que sirvieron como semilla de los subgéneros del terror cinematográfico que hoy conocemos como slasher y giallo.


Oscar Metenier, creador y primer propietario del Grand Gignol.

El creador y primer propietario del teatro fue Oscar Metenier, un ex policía devenido dramaturgo que venía de haber trabajado en obras naturalistas. Lo inauguró el 13 de abril de 1897, y el lugar no discriminaba a nadie: ricos y pobres  se entremezclaban con el olor a incienso, la oscuridad y los asientos sucios.

Metenier llevó adelante representaciones que eran algo así como las fotos en movimiento de todo lo que había visto en la calle y en los periódicos. Las puestas en escena que motivaba eran como presenciar "personalmente" aquellos episodios vertiginosos protagonizados por marginados que días atrás habían sido noticia.


Todo cambió con una obra de Guy de Maupassant en donde se veía a una prostituta francesa matar a un oficial alemán. Tampoco hay que quitarle mérito al segundo dueño del teatro, Max Mauney, quien se apoderó del Guignol en 1898. La conexión entre ambos factores es simple: Mauney notó cómo la gente se excitaba al ver a la prostituta francesa asesinar al oficial extranjero y entendió que el pueblo necesitaba sangre a chorros.

Entonces recurrió al infalible melodrama y a los crímenes sangrientos. Desde Mauney, el Grand Guignol ofreció obras de terror convincentes, casi siempre basadas en hechos reales, que usualmente tenían como eje central temas relacionados a la falta de cordura y a la violencia explícita.

Una obra que ejemplifica el aura del Guignol es "Le Laboratoire des Hallucinations" (El Laboratorio de las Alucinaciones), de André de Lorde, el dramaturgo estrella del lugar. En ella se cuenta la historia de un médico celoso que se venga de un paciente volviéndolo loco. Todo termina con los dos clavándose objetos punzantes en el cráneo.



Así como para los textos estaba André de Lorde, para los efectos especiales estaba Paul Retineau. Retineau hacía magia con cualquier instrumento que tenía a mano. No se valía de grandes presupuestos para hacer globos oculares salidos de su eje, chorros de sangre incesantes, rostros desintegrados por ácido (o quemados por estufas) o cabezas cortadas que seguían convulsionando aún después de haber sido cortadas. Solo le bastaban unos pocos ingredientes e ingenio para controlar luces y sonidos.

El mejor ejemplo del buen uso que hizo de los efectos "low cost" es el de la obra breve "The Torture Garden" (El Jardín de las Torturas), en donde debían desollar vivo a un personaje. Retineau obtuvo una cinta adhesiva y pintó de rojo el lado engomado. Se lo colocó al actor e hizo que otro se lo quitara. Cuando esto suecedía aplicaba un sonido de desgarro, y con eso era sufieciente para crear un efecto convincente.

Las obras como aquella provocaban tanta algarabía en los espectadores que había cubículos especiales para quienes querían ver y no ser vistos. Eran los palcos que se parecían a confesionarios. Allí sucedían desde ruidosas escenas sexuales hasta situaciones en donde predominaban los gritos guturales. Y eran moneda corriente los desmayos.


Los palcos del teatro Grand Gignol.

En una obra se desplomaron seis espectadores a la vez. La lujuria era total: cuanta más gente se desmayaba, mejor. Mauney decía a viva voz que había hombres y mujeres que se desmayaban en su teatro, y lo hacía para provocar interés. También aclaraba que todo aquel que iba a ver sus obras tenía un médico a disposición por si le pasaba algo. Una vez, de hecho, se desmayó el médico.

Para aminorar lo sombrío de cada evento había lo que él llamaba "duchas de agua fría y caliente", que no eran más que obras cómicas de descanso. El efecto que buscaba el Guignol era el de excitar y exprimir.

Las obras eran respetadas por la crítica. Detrás de los textos había dramaturgos de renombre que sabían lo que hacían y sobre el escenario actores y actrices que estaban dispuestos a todo. Junto a De Lorde, encima, trabajaba Alfred Binet, un psicólogo experimental que le daba sustento a las ideas alocadas del dramaturgo.

La actriz que simboliza al Guignol es Paula Maxa, la primera "scream queen" (reina de los gritos),o la mujer "más asesinada del mundo". Dicen que murió alrededor de 10.000 veces de maneras distintas y que gritó "¡Ayuda!" 983 veces, "¡Asesino!" 1263 y "¡Violación!" en 1804 oportunidades.

La siguiente propietaria del teatro fue Camille Choisy, quien reemplazó a Mauney en 1914 y se hizo cargo del Guignol hasta 1930, que le restó importancia al texto de las obras e hizo prevalecer la puesta en escena. Incluso, una vez compró un quirófano entero para que todo se viera convincente.

Dos guerras y el cine

Tras la Primera Guerra Mundial, el furor por el Grand-Guignol empezó a mermar. En 1930, Jack Jouvin tomó la posta de Choisy y se enfocó en el drama psicológico por sobre lo morboso y explícito. Expulsó a Maxa por celos y con ello firmó el inicio de la debacle.

Como si no hubiera sido suficiente con la primera, la Segunda Guerra Mundial dio cuenta de que los sucesos de la vida real ya superaban con creces a los ficticios. Durante el conflicto bélico, el teatro era frecuentado por oficiales nazis que habían ocupado Francia, motivo suficiente para que el pueblo considerara que el Guignol había sido contaminado.

Todo esto hizo que los espectadores buscaran otra cosa. Estaban hartos de ver a gente real sufriendo y el Guignol lo único que podía ofrecerles era eso y poco más.


La fachada actual del Grand Gignol.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, el teatro retomó su programación habitual y lo hizo autoparodiándose y exagerando todo al punto de llegar al ridículo.

El cine, aquel arte al que terminaría inspirando, propinó el golpe final que acabó de rematarlo. El horror que ofrecían realizadores como Alfred Hitchcock hizo que el público quisiera ver a Marion Crane (peersonaje de la película "Psicosis") en lugar de a personajes como los de Maxa.

Intentando superar los efectos que provocaba el cine de terror de finales de los cincuenta y comienzos de los sesenta, el Guignol cerró sus puertas en 1962, cuando Charles Nonon era su director.

Y así, como olas que se juntan una arriba de otra y forman un tsunami, el cúmulo de inspiraciones desprendidas del Guignol inundó las salas y las plataformas que consumimos hoy en día. Quizás, al igual que los espectadores de aquel entonces, todavía haya entre nosotros sed de espectáculos de muerte.

(Fuente: Clarín / Wikimedia / otros)

martes, 18 de junio de 2024

Petit Palaise de París: cuando el arte callejero pertenece a un museo

Alrededor de 60 renombrados artistas callejeros participan de "Estamos aquí", una muestra en el Petit Palais que busca romper convenciones sobre el lugar del "street art".


Invasores en el Petit Palais: unos 60 de los artistas callejeros más renombrados del mundo han sido invitados a los confinados y exclusivos espacios de una institución parisina, aunque algunos admiten que plantea preguntas sobre si realmente pertenecen allí.

El palacio de Bellas Artes a orillas del río Sena alberga una ilustre selección de pinturas y esculturas del siglo XIX. Pero la exposición "Estamos aquí" ve a los artistas callejeros infiltrarse con grafitis, murales y gráficos dispersos entre los retratos, llegando incluso a añadir alas de dibujos animados a las estatuas.

Algunos se mezclan casi demasiado bien, como un retrato recién hecho por el artista tunecino DaBro que parece perfectamente en casa entre un grupo de escenas callejeras solemnes del siglo XIX hasta que nos damos cuenta de que presenta "break-dancers".


El alien pixeleado del artista francés Invader por encima de una puesta de sol de Monet (Foto: AFP / Petit Palaise París).

Otros son más chocantes, como el alien pixeleado del artista francés Invader por encima de una puesta de sol de Monet. Es, según algunos de los artistas, un paso lógico. "El arte callejero siempre tiene el espíritu de invasión. Siempre queremos tomar espacios que no están abiertos para nosotros", dijo Inti, un artista chileno que proporcionó un enorme mural.

Pero la exposición también le ha hecho cuestionarse a sí mismo, diciendo: "Entrar en un espacio cerrado como este es entrar en una institución, es un poco contrario a lo que intentamos hacer afuera". También le preocupa que el arte callejero se haya vuelto demasiado comercializado, socavando su espíritu rebelde.


"Love is in the Bin", una obra de Banksy que fue vendida por 25 millones de dólares en 2021 (Foto: Reuters / Tom Nicholson).

Una pintura del artista estadounidense Jean-Michel Basquiat, que comenzó en el arte callejero antes de pasar a las galerías, se vendió por 110 millones de dólares en 2017; una obra triturada del artista británico Banksy lo hizo por 25 millones en 2021.

Hush, un artista callejero del norte de Inglaterra, está de acuerdo en que los movimientos artísticos mueren cuando se vuelven demasiado aceptados por el establishment. Pero su "ethos" todavía desafía la atmósfera elitista de las galerías, dijo.

"Como un tipo de clase trabajadora, no siempre nos sentimos aceptados en los museos de arte. Con el arte callejero, todos se sienten permitidos para entrar", dijo.


60 de los artistas callejeros más renombrados del mundo participan de la muestra en el Petit Palais (Foto: Reuters / Tom Nicholson).

"Y aún podemos ser disruptivos, aún podemos divertirnos. Lo bueno de venir de esta escena es que no sentimos que tenemos que decir que sí. Significa que todavía tenemos el control".

Uno de los primeros elementos que llama la atención de los visitantes es una lata gigante de aerosol que emerge del suelo con alas de dibujos animados, cortesía del artista londinense D*Face.

"Representa el hecho de que hemos estado enterrados bajo tierra y a menudo pasados por alto, y ahora estamos emergiendo para ser vistos", dijo.


El aerosol gigate de D*Face (Foto: Reuters / Tom Nicholson).

El momento es el adecuado, agregó, con Francia sumida en la agitación política esta semana por una victoria aplastante de la extrema derecha en las elecciones europeas.

"El arte urbano es realmente el primer movimiento artístico global. Vas a cualquier parte del mundo y hay una comunidad de arte callejero", dijo D*Face. "Se trata de inclusión, mientras que la política en este momento está tratando de dividirnos".

También está presente Shepard Fairey, alias "Obey", conocido por sus carteles con la palabra"Hope" para la campaña presidencial de Barack Obama.


La "Libertad, Igualdad, Hermandad" del artista Obey muestra a la figura francesa Marianne con una lágrima roja de sangre corriendo por su mejilla (Foto: Reuters / Tom Nicholson).

Su obra "Libertad, Igualdad, Hermandad", fue hecha en respuesta a los ataques terroristas en París en 2015. "Lo que me encanta del arte callejero es que reúne a las personas, tiene un espíritu generoso", dijo. "Cualquier cosa que haga que la gente piense en su humanidad común en lugar de en el proteccionismo egoísta es muy valiosa para este momento".

Pero, ¿puede el arte callejero mantener esa relevancia política si se vuelve demasiado aceptado por la élite?

"Hemos estado diciendo que el arte callejero está muerto desde su inicio y ha seguido evolucionando", dijo Hush. "Pero ha cerrado el círculo. El arte callejero estaba en contra de quienes podían decir sí o no. Y ahora nos dicen que sí", concluye.

(Fuente:Infobae)

jueves, 2 de mayo de 2024

La Biblioteca Nacional de Francia pone en cuarentena libros decorados con arsénico

Son cuatro ejemplares impresos en Gran Bretaña y publicados en la segunda mitad del siglo XIX. El mineral era apreciado en esa época por el tono llamado "verde de Schweinfurt" o "verde de París".


Sólo cuatro libros de la BnF contienen arsénico tras un análisis.

La Biblioteca Nacional de Francia (BnF) informó que puso en cuarentena cuatro libros del siglo XIX decorados con arsénico, para evitar cualquier riesgo ante este producto tóxico. La alerta surgió a finales de la década de 2010, cuando un grupo de académicos descubrió este elemento químico en la cubierta de libros de esa época.

Un programa de investigación germano-americano llamado Poison Book Project (Proyecto Libros Envenenados) se encarga de identificar los libros afectados. La gran mayoría de los libros conocidos hasta ahora se encuentran en Estados Unidos. La BnF comparó los títulos ya identificados en otros países con su propio catálogo. Y después de efectuar los análisis correspondientes, halló que solo cuatro volúmenes, de los 28 potencialmente afectados, contenían arsénico.

"Estos libros han sido puestos en cuarentena y serán sometidos a un análisis adicional por un laboratorio externo para evaluar la cantidad de arsénico presente en cada volumen", indicó la institución. Los cuatro fueron impresos en Gran Bretaña y rara vez son consultados. Se trata de dos volúmenes de baladas irlandesas recopiladas por Edward Hayes en 1855, una antología bilingüe de poesía rumana de Henry Stanley publicada en 1856 y un compendio de trabajos de la Sociedad Real de Horticultura Británica durante los años 1862 y 1863.


Fachada de la Biblioteca Nacional de Francia.

El arsénico era apreciado en esa época por el tono llamado "verde de Schweinfurt" o "verde de París" que daba a las cubiertas, y fue utilizado entre los años 1790 y 1880, según los datos más actuales. Este pigmento se utilizaba principalmente en países de habla inglesa y en Alemania, y más raramente en Francia.

La BnF indicó que está investigando otros libros con cubierta verde "más allá de la lista del Proyecto Libros Envenenados". En teoría, los lectores que consultan tales obras corren el riesgo de sufrir malestar o vómitos. La biblioteca precisó que el riesgo para los usuarios era, a priori, muy moderado.

De hecho, no se ha registrado ningún caso sospechoso de envenenamiento en ninguna parte del mundo en los últimos años. Las bibliotecas públicas alemanas han comenzado desde marzo una amplia investigación para encontrar los libros afectados, con decenas de miles de análisis por realizar. Los resultados aún no se conocen.