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martes, 26 de noviembre de 2024

La necrópolis de Varna: el mayor tesoro de la antigüedad y el misterio de una civilización

En la actual Bulgaria se halló hace unas décadas una necrópolis que no sólo nos dio mucha información sobre una de las culturas más ricas de la época, sino también sobre un marcado capitalismo.

(Foto: Viajeaeden).

Hace más de 7.000 años, alguien colocó por accidente plomo o cinabrio cerca del fuego y descubrió que podía fundirse. Aunque ocurrió mucho antes de la invención de la escritura y quedó fuera del registro histórico, este hallazgo casual reveló que algunas "rocas" podían derretirse. Milenios después, en plena Edad del Cobre, la humanidad ya había perfeccionado la fundición de metales.

Entre los grandes maestros de este arte destacaban los antiguos habitantes de la actual Varna, en Bulgaria. Su legado quedó inmortalizado en una necrópolis descubierta en 1970, un auténtico "cementerio dorado" que contiene el tesoro de oro y joyas más antiguo conocido en el mundo.

Ubicada en la costa del Mar Negro, la de Varna es una región con una historia milenaria. Tanto que es uno de los epicentros culturales y, sobre todo, comerciales del sudeste europeo. La fertilidad de los suelos y su ubicación propiciaron que, durante milenios, los humanos se asentaran allí, convirtiendo la región en un puente entre el Mediterráneo y el norte de Europa.

Así, se convirtió en un polo cultural gracias a unas fuertes redes comerciales que propiciaron el intercambio de bienes y contacto entre pueblos. Y algo no menos importante fue la parte tecnológica, esa que los orfebres perfeccionaron durante milenios para producir armaduras, armas y joyas, dando forma a metales como la plata o el oro. Éste último no era un metal fácil de trabajar al tener unas propiedades muy diferentes a la de la plata o el bronce, mucho más maleables, pero esa experiencia de los artesanos elevó a Varna por encima de otras ciudades.

En 1972, Raycho Marinov, de 22 años, era un operador de excavadoras que estaba realizando un trabajo en las afueras de Varna cuando, de pronto y durante un día rutinario, la excavadora desenterró un conjunto de objetos nada comunes. Eran algunas piezas de artesanía en cerámica y herramientas, pero Marinov lo consideró lo suficientemente importante como para informar a las autoridades.

Así, el arqueólogo Mihail Lazarov emprendió la primera excavación y, como suele decirse, fue buscando plata y encontró oro. Resulta que lo que parecía un descubrimiento menor era, en realidad, una enorme necrópolis de la Edad del Cobre. Tenía más de 4.000 años de antigüedad y se descubrieron unas 300 tumbas. Esto era interesante, pero mucho más el tesoro que estaba enterrado.

(Foto: Mark Ahsmann).

Ese dominio del oro por parte de la sociedad de la Varna prehistórica provocó que los orfebres confeccionaran todo tipo de objetos en este material. Y lo hicieron a conciencia: en la necrópolis se hallaron cientos de objetos fabricados en oro. Sumaron más de seis kilos y también había herramientas de cobre, cuchillas de obsidiana, todo tipo de joyas, amuletos y mucha cerámica.

La más importante, al menos la más emblemática, es la que fue identificada por los arqueólogos como Tumba 43. Aparte de los restos óseos, hallaron un cetro, además de joyas y otros elementos ornamentales. De hecho, esta tumba contenía más oro del que se había encontrado en todo el resto del mundo para esa época. ¿Sería un rey o un príncipe? Eso se pensaba, pero ahora la tendencia es creer que era un herrero.

(Foto: Gabrielle Burchielli).

También había tumbas sin restos óseos, pero con piezas de oro o cualquier otro objeto, y esto habla de los complejos rituales que aquella sociedad seguía cuando tocaba dar sepultura a sus difuntos. Estos artefactos demuestran que la sociedad no sólo tenía habilidades avanzadas en metalurgia y orfebrería, sino que contaban con un sistema de creencias muy arraigado que los llevaba a depositar esos objetos en los lugares de descanso eterno.

Y había diferencias entre hombres y mujeres. Ellos eran colocados boca arriba, mientras que ellas se enterraban en posición fetal. También encontraron una evidente diferencia en las clases sociales, demostrada por la cantidad de enseres con las que era enterrado cada uno.

(Foto: Zde).

Más allá de los propios rituales funerarios, lo que la necrópolis de Varna evidenció fue que existía una fuerte estratificación social. De hecho, como cuentan algunos de los responsables del hallazgo en un artículo, los arqueólogos bromearon de la ironía. En el momento del descubrimiento, Bulgaria era un país comunista y estaban ansiosos por promocionar el país.

Sin embargo, la ironía para los arqueólogos era que ese cementerio fue el primer clavo en el ataúd de esa ideología comunista. "Demostró que, incluso hace miles de años, la sociedad estaba muy segmentada, con gente muy rica, una clase media y, en su mayoría, personas que no tenían nada más que una olla o un cuchillo que pudieran llamar suyo. Era lo opuesto a la ideología oficial", afirmó Alexander Minchev, arqueólogo de 25 años que participó en el descubrimiento de 1972.

Sin embargo, como sucedió a cada gran civilización antigua, llegó el ocaso. Los enterramientos en el sitio se produjeron en unos pocos siglos: entre 6.600 y 6.200 años atrás, pero junto a otras culturas que florecieron durante la Edad del Cobre a lo largo del Danubio, las prácticas terminaron abruptamente hace unos 4.000 años.

Se cree que una combinación de factores, como un cambio climático, convirtió las grandes áreas de tierra fértil en pantanos. Pudieron darse otros hechos que provocaran que este pueblo cambiara su forma de enterrar a sus muertos, pero los investigadores tienen claro de que la de Varna era una cultura muy avanzada a su época que, con ese desarrollo del comercio y la orfebrería, sentó las bases de las civilizaciones actuales.

(Fuente: Xataka)

lunes, 29 de abril de 2024

¿Qué sabemos de la empresa que quiere "resucitar" animales extintos?

Pensando en la aterradora palabra "extinción", científicamente hablando, estamos en grandes problemas. Y también científicamente hablando, podemos solucionarlos. Ese es más o menos el resumen de lo que cualquiera de nosotros puede pensar sobre los emprendimientos de la empresa Colossal Biosciences.


(Imagen: Mark Garlick / Science Photo Library / Getty Images).

No es otro caso de "Parque Jurásico": lo llaman de-extinción y su objetivo es volver a traer a la vida algunas de las especies extintas en los últimos años porque, en lo que respecta a las actuales, a este ritmo, el 50% se habrán extinguido en 2050.

Colossal Biosciencies no es una empresa inspirada en películas ni en Isaac Asimov, aunque quizás podría haber inspirado a ambos. Fundada en Dallas (EE.UU.) y financiada por agencias de inteligencia, particulares y corporaciones privadas, la compañía se propone resucitar a animales extinguidos debido al accionar del ser humano. No hablan de dinosaurios, pero sí de una labor que podría remontarse hasta los mamuts lanudos y el ave llamada Dodo (o Dronte).

Los investigadores han comenzado su labor junto a la Universidad de Melbourne (Australia) para resucitar al Tigre de Tasmania, especie que los colonizadores europeos mataron por ser objeto de esa aberración llamada "caza deportiva", hasta su completa extinción. Por suerte, cuentan con un ejemplar de feto de la especie, encapsulado en la institución, con la realizar esta milagrosa labor.

Con la tecnología llamada Crispr-Cas9 es posible hacer que dicha especie vuelva a habitar pronto la tierra. A pesar de la exposición a rayos UV y bacterias que descomponen el ADN, el material genético del feto continúa en buenas condiciones. El problema ahora es que la muestra es buena, pero no perfecta. Por eso ahora se trabaja por recuperar la información genética que ya no se tiene, rellenar esos huecos de la degradación y el daño producidos por el paso del tiempo.


Cuerpo preservado de un Tigre de Tasmania (Foto: The Sydney Morning Herald / Getty Images).

Lógicamente, los investigadores no planean "resucitar" animales extintos de manera literal. El objetivo es reunir y usar la mayor cantidad de su material genético posible (sus parientes cercanos también ayudan a completar los restos) e insertar estas partes de ADN en especies que sí continúan existiendo en la actualidad.

El objetivo, aún con el mismo espíritu, se plantea crear un híbrido entre la especie anterior ya extinta y las existentes en la actualidad. Es decir, más que recuperar el pasado, el objetivo es contrarrestar el problema de la extinción presente, y preservar la variedad de especies que un día poblaron el planeta.