El descubrimiento de América no sólo supuso una revolución por el hallazgo de territorios desconocidos con habitantes y culturas totalmente ajenas para los europeos. También tuvo un gran impulso en diferentes ámbitos, entre ellos el naval y el comercial.
"Marina con tres grandes barcos", de
Cornelis Verbeeck (Foto: Wikimedia Commons).
Con el objetivo de comunicar, controlar y administrar las colonias españolas del Nuevo Mundo, se creó el sistema de la Flota de Indias. Su finalidad era proteger el comercio marítimo y el transporte de las mercancías a ambos lados del océano Atlántico. Para llevar a cabo esta relación comercial, se creó la Casa de la Contratación y se centralizó toda su actividad en Sevilla. Este sistema se puso en funcionamiento en el siglo XVI y se prolongó hasta la segunda mitad del XVIII.
El influjo americano en los europeos fue muy importante con el descubrimiento de metales preciosos como el oro y la plata, alimentos como la papa y el cacao, y productos como el tabaco, que se popularizó rápidamente en el Viejo Mundo. No obstante, desde Europa también se transportaban todo tipo de bienes materiales.
Estos envíos eran necesarios porque la civilización americana era desconocida para los europeos y muchos de los productos no existían en este territorio. Además, la falta de infraestructura del continente para la fabricación de bienes hacía que fuese necesario llevar muchos de estos productos. Finalmente, servían para traer de vuelta metales como los ya mencionados oro y plata, junto a materias primas del Viejo Mundo. Por tanto, los productos se empleaban también como moneda de cambio para beneficiarse en los viajes de vuelta de los barcos. Después de todo, la Corona española impuso un monopolio comercial a las colonias, que tenían la obligación de comprar dichas mercancías.
En este sentido, los inventarios de bienes cobran una importancia fundamental porque no existía ningún otro mecanismo legal que recogiese los productos que se trasladaban y garantizase su autenticidad. Con ellos, podemos conocer la diversidad de productos que se cargaban y, de este modo, ahondar en la vida cotidiana del continente americano del siglo XVII.
Los más destacados
En el terreno de la alimentación no sólo se enviaron productos básicos como el arroz o el azúcar, que se adaptaron perfectamente al clima del continente americano. También llegaron al Nuevo Mundo especias y condimentos como el azafrán, la nuez moscada, la canela, la pimienta o el jengibre, aderezos como el aceite y el vinagre, encurtidos como la aceituna o la alcaparra, frutos secos como la castaña, la almendra o los dátiles y frutas como la manzana. Tampoco faltaron los alimentos en conserva para prolongar su vida útil.
Incluso se transportaban bebidas como el anís, el vino tinto y el vino blanco, que ya eran muy populares en el territorio europeo.
Otro ámbito importante era el textil, dado que España contaba con importantes talleres de fabricación. Se llevaban toda suerte de lienzos y telas como el angeo, la anafaya, la beatilla, el brocado, el cordobán y la estameña, entre otros. También llegaron pieles como la badana, el becerro, la cabritilla o la gamuza.
No sólo se enviaba la materia prima. Lo sabemos porque los inventarios de mercaderías están repletos de ropa ya confeccionada. Los documentos de la época reflejan almillas, basquiñas, camisas, zamarras, gorgueras o jubones. Además, se incluían prendas para la cabeza, como bonetes, gorras o sombreros, así como calzado como borceguíes o pantuflas.
La indumentaria se podía complementar con diversos adornos -como gargantillas, alamares o bordaduras- y joyas como anillos, sortijas, collares o diamantes.
En este campo destacaba la chaquira, el arte de unir cuentas de diversas materias primas para confeccionar adornos que los españoles vendían a los indígenas.
Collar de chaquira que se encuentra en el Museu
Paranaense de Brasil (Foto: Wikimedia Commons).
Asimismo, era muy común que se transportasen muebles y objetos para el hogar. Viajaban en los barcos camas, colchones, cojines, cobertores, sábanas, manteles, almohadas y espejos, pero también llaves, llaveros, cazuelas, campanillas, candeleros, botas para vino o candados. Ante la imposibilidad de encontrarlos en América, era necesario llevarlos para mantener el estatus social europeo y las costumbres del Viejo Mundo.
La escasez de industria, así como la necesidad de disponer de hierro y acero, explica nuevamente el motivo de que se trasladasen herramientas y utensilios de diverso tipo a América. Eran indispensables para la construcción, la carpintería, la metalurgia o la industria textil, e incluso para la introducción de cultivos europeos y la ganadería. Por esta razón se localizan clavos, alfileres, alquitaras para destilar, alicates, almocafres para la tierra, bisagras y navajas para peluquería.
Otros productos que aparecen en el inventario están relacionados con la pesca, la música o el mundo ecuestre, fundamental en el transporte, la guerra y el comercio. No faltaban tampoco medicamentos como la triaca, compuesto fundamentalmente de opio, o el diaquilón, un ungüento para ablandar los tumores.
El agárico para fabricar ladrillos, el aguafuerte para controlar la calidad de los lingotes y monedas que se enviaban de vuelta a España, y la caparrosa (un sulfato de cobre, hierro o zinc) para la industria textil o para fabricar tintas para escribir están también documentados. Igualmente, aparecen bienes relacionados con la pintura como el azarcón, de color anaranjado, el bol arménico, una arcilla rojiza o el génuli, un pigmento de color amarillo, que podían utilizarse para desarrollar la producción artística y artesanal en el Nuevo Mundo.
La guerra y la religión
Para atacar o defenderse, los colonos necesitaban ciertos objetos bélicos. Ahí encontramos armas como el arcabuz (semejante al fúsil), el alfanje (parecido al sable), las dagas y las espadas.
Asimismo, estaban presentes los elementos religiosos, dada la importancia de la evangelización de los pueblos indígenas. Entre ellos se incluyen el agnusdéi, un objeto de devoción, las cruces de cristal con iluminación y los cuadros con motivos católicos para decorar las nuevas iglesias y extender esa fe entre los habitantes de las colonias.
Es una breve muestra de los muchos enseres que se enviaron al continente americano desde el territorio español durante el siglo XVII. No sólo refleja la importancia de estos viajes para la economía nacional, sino, sobre todo, la profunda transformación productiva, técnica y cultural que experimentó el Nuevo Mundo.
(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

