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martes, 25 de febrero de 2025

Vuelve Led Zeppelin: 50 años de "Physical Graffiti" y un nuevo documental reviven el mito

El estreno del film "Becoming Led Zeppelin" y el aniversario del gran disco doble de la banda de Jimmy Page y Robert Plant, reafirman su estatus icónico en la historia del rock.

"Physical Graffiti", sexto álbum de estudio de Led Zeppelin, fue editado en Reino Unido y Estados Unidos el el 24 de febrero de 1975 (Fuente: Wikimedia).

Led Zeppelin sigue sonando como un trueno. No hay nada en su música que haya perdido fuerza con el tiempo: el golpe seco de John Bonham, el virtuosismo de Jimmy Page, las líneas de bajo de John Paul Jones y el rugido de Robert Plant. Los cuatro siguen ahí, como una tormenta atrapada en el vinilo. Y ahora, en febrero de 2025, el estreno del documental "Becoming Led Zeppelin" y el aniversario del álbum doble "Physical Graffiti", que llevó su sonido a la cima del rock, se encuentran en el tiempo, como si la banda volviera a reclamar su trono una vez más.

Pocos grupos trascienden al tiempo con el vigor de Led Zeppelin. Fueron criticados, idolatrados, y también copiados hasta la extenuación. Su música, brutal y a la vez sofisticada, desborda los límites de lo que el rock puede ser. "Physical Graffiti", publicado en 1975, no solo consolidó su reinado: lo expandió. Es un disco monumental, un mapa de todos los caminos posibles del hard rock. Medio siglo después, las imágenes y los testimonios incluidos, "Becoming Led Zeppelin" (que se estrena en salas IMAX de América latina el jueves 27 de febrero), invitan a sentir el vértigo de su sonido.

Pero Zeppelin no es sólo una reliquia dorada del pasado. Su legado se recicla y muta, atrayendo a nuevas generaciones que encuentran en su música una energía que el tiempo no ha podido erosionar. El documental y el aniversario del álbum no son un ejercicio de nostalgia: son la prueba de que el rock sobrevive a su propia historia.

50 años de "Physical Graffiti"

Cuando el doble vinilo apareció en 1975, Led Zeppelin ya no era sólo una simple banda de rock: era un fenómeno. Cuatro músicos convertidos en arquitectos de un sonido que aplastaba todo a su paso. En consecuencia, este álbum no fue una simple continuación de su éxito sino que expandió su horizonte sonoro y a la vez, fue una afirmación de poder. Un disco doble, descomunal, donde cada canción parecía escrita para desafiar las expectativas. Desde la furia rítmica de "Trampled Under Foot" hasta la majestuosidad hipnótica de "Kashmir", se atrevieron a mezclarlo todo: rock progresivo, blues, funk, folk de raíces, heavy metal primitivo.

El impacto fue inmediato. El disco con la foto de tapa de un edificio de la calle Saint Marks Place del bajo Manhattan, debutó en el número 3 de Billboard y en una semana ya estaba en la cima. Vendió un millón de copias sólo en pedidos anticipados, un récord absoluto para la época. Pero más allá de las cifras, el disco representaba algo más grande: la coronación de Zeppelin como la banda más importante de su generación. En los campus universitarios, en los autos con reproductores de ocho pistas, en los vinilos que giraban sin descanso en habitaciones cubiertas de posters de Jimmy Page empuñando su Gibson Les Paul como un arma mística. Eran omnipresentes.

Y lo sigue siendo. Medio siglo después, "Physical Graffiti" suena con la misma intensidad con la que lo hizo en su primer día. Sus canciones han sido deconstruidas, analizadas, versionadas, sampleadas, pero ninguna ha perdido su esencia. No es sólo un álbum doble de 15 canciones: es una cápsula de todo lo que Led Zeppelin significaba.

De izquierda a derecha: Jimmy Page, John Paul Jones, Robert Plant y John Bonham, la histórica formación de Led Zeppelin (Foto: Adc - Shutterstock).

Además, apareció en un momento en que el rock se encontraba en plena transformación: el glam de David Bowie y unos jóvenes Queen dominaba la escena británica, la complejidad del rock progresivo de Genesis y Yes alcanzaba su apogeo, y en Estados Unidos, la energía del hard rock de Aerosmith y Kiss comenzaba a despegar. Pero algo más se gestaba en las sombras: el desencanto juvenil que pronto explotaría en el punk.

"Physical Graffiti" representaba el último gran manifiesto de una era de excesos y grandilocuencia antes de que Sex Pistols, The Clash y The Ramones cambiaran las reglas del juego. El mundo tampoco era el mismo: la crisis del petróleo aún sacudía la economía global, la Guerra Fría endurecía sus líneas con la caída de Saigón y el fin de la guerra de Vietnam, mientras que en la cultura popular, el desencanto poshippie se filtraba en cada rincón.

"Becoming Led Zeppelin", el comienzo del mito

Se trata del primer documental autorizado sobre la banda. Dirigido por Bernard MacMahon, es una inmersión en los primeros años del grupo, desde sus raíces en la Gran Bretaña de posguerra hasta su explosiva llegada a la cima del rock a finales de los años '60. No es un retrato completo de su historia, sino un relato que se detiene en el momento en que Zeppelin se convierte en un fenómeno mundial.

En sus dos horas de duración, la película reconstruye el origen del grupo con imágenes de archivo, entrevistas inéditas y material nunca antes visto de sus primeros conciertos. Page, Plant y Jones participan como narradores de su propia leyenda, mientras que la voz de John Bonham, muerto en 1980, emerge en grabaciones de archivo que mantienen su presencia viva en la historia.

El documental de Led Zeppelin se estrena a fines de este mes en salas de formato IMAX de América Latina (Foto: prensa Sony Pictures).

La película sigue un enfoque casi arqueológico: cada influencia, cada encuentro, cada decisión que llevó a la banda a formarse, es analizada con precisión. Se muestran los años de Jimmy Page como músico de sesión, su paso por The Yardbirds, y la búsqueda de los músicos que completarían su visión. Robert Plant y John Bonham, por entonces jóvenes promesas del blues-rock británico, emergen como piezas esenciales del rompecabezas. John Paul Jones, bajista y arreglista de gran prestigio en la escena londinense, aporta la sofisticación que diferencia a Zeppelin de otras bandas.

El momento clave llega en el verano de 1968, cuando los cuatro músicos ensayan juntos por primera vez en un sótano de Gerrard Street, en pleno West End de Londres. "La habitación simplemente explotó", recuerda Jones. En ese instante, quedó claro que habían creado algo completamente nuevo.

Si bien "Becoming Led Zeppelin" es una celebración de los inicios de la banda, también es un retrato selectivo. Su decisión de detenerse en 1969, justo después del lanzamiento de "Led Zeppelin II", evita los años más oscuros y polémicos de la banda: sus excesos, mitos y una inevitable caída. La crítica ha señalado que la película es más una "hagiografía" que un documental en el sentido estricto, evitando cualquier tipo de controversia. No hay menciones al ocultista británico Aleister Crowley (una especie de gurú para Jimmy Page), a las leyendas de excesos en las giras, ni a la disolución de la banda tras la muerte de Bonham. Es un retrato limpio, pulido, casi reverencial. Y sin embargo, para muchos, ese enfoque es válido: es un documento sobre la génesis de un fenómeno, más que un análisis crítico.

El estreno del documental llega en un momento donde la nostalgia por el rock clásico convive con una nueva generación que redescubre la música de Led Zeppelin en plataformas digitales. Su lanzamiento en IMAX, un formato reservado para eventos cinematográficos de gran impacto, es una prueba de que la banda sigue siendo un imán para audiencias de todas las edades. Porque la historia de Led Zeppelin sigue despertando fascinación, y su música, cincuenta años después, sigue sonando como un trueno en la distancia.

(Fuente: Infobae)

martes, 18 de febrero de 2025

Los enigmas de "The Köln Concert": la obra maestra de Keith Jarrett, ahora revive en el cine

Una película y un documental vuelven sobre el mítico concierto en la Ópera de Colonia. "Köln 75" reconstruye el caos previo y "Lost In Köln" indaga sobre el paradero del instrumento utilizado.

Cubierta del mítico disco de Keith Jarrett (Foto: Wikimedia).

Los enigmas de "The Köln Concert", la obra maestra de Keith Jarret, ahora revive en el cine

El 24 de enero de 1975, en el escenario de la Ópera de Colonia, Alemania, Keith Jarrett se sentó frente a un piano que no quería tocar. Durante más de una hora, sus manos navegaron un instrumento defectuoso, limitado, forzándolo a reinventar su estilo. Al día siguiente, la grabación del concierto pasó casi desapercibida. Medio siglo después, su eco sigue expandiéndose.

Publicado por ECM Records, "The Köln Concert" se convirtió en el álbum de sólo piano más vendido de todos los tiempos, con más de 4 millones de copias físicas adquiridas en todo el mundo. Su impacto trasciende el jazz: ha sido venerado por músicos de música clásica, rock y electrónica; ha influenciado a artistas tan dispares como Jarvis Cocker, Chilly Gonzales y Cassandra Wilson. Hoy, en plena era digital, mantiene su vigencia: su tema más popular, la primera parte de la suite, ha superado las 130 millones de reproducciones en Spotify.

Este éxito es, en cierto modo, una anomalía. Un disco doble, sin pausas, sin un solo tema reconocible, sin hits, sin melodías premeditadas. Un trabajo completamente improvisado que, sin embargo, atrapó a millones de oyentes. Tal vez porque, bajo su aparente libertad, existe una estructura secreta, un equilibrio de fuerzas donde el lirismo y la repetición construyen una arquitectura emocional única. Es un álbum íntimo y expansivo a la vez, capaz de llenar habitaciones vacías con una sola nota sostenida.

Desde su lanzamiento en 1975, ha inspirado libros, películas, tesis musicológicas y documentales. Su historia es analizada en cursos de creatividad, en seminarios sobre improvisación, en conferencias sobre arte y resiliencia. Sin embargo, su propio creador lo rechaza. Jarrett, a sus 79 años y en recuperación de una serie de derrames cerebrales ocurridos en 2018 que lo dejaron parcialmente paralizado, lo considera una anomalía dentro de su obra, un éxito involuntario que lo persigue. En algunas de las pocas entrevistas que concede -el personaje en cuestión es bastante difícil de carácter por cierto- ha confesado que desearía destruir todas las copias existentes.

Pero el disco sigue ahí. Un testimonio de cómo la fragilidad puede convertirse en belleza. De cómo la música puede trascender incluso a su propio autor.

La película sobre el concierto que casi no fue

Keith Jarrett había llegado a Colonia después de un viaje extenuante. Viajó toda la noche desde Suiza, en un coche diminuto, doblado sobre sí mismo, soportando el dolor de espalda crónico que lo aquejaba desde hacía años. Al llegar al teatro, el piano lo desarmó: un instrumento de ensayo, pequeño, con el registro grave ahogado, sin brillo en los agudos, con un pedal defectuoso. "No tocaré con esto", dijo. Y estuvo a punto de cumplir su amenaza.

Vera Brandes, una promotora de 18 años, no podía permitirlo. Había vendido todas las localidades. 1.432 asientos ocupados por un público que esperaba lo imposible: un recital en solitario del pianista más reverenciado del momento. Brandes, que desde los 16 organizaba conciertos en Alemania, no estaba dispuesta a fallar. "Si no tocas, estaré perdida. Y tú también", se sabe que le dijo.

Lo convenció. O lo acorraló. O lo manipuló con la astucia de quien sabe que, en el fondo, Jarrett no podía resistirse a la música. Un equipo de técnicos trabajó contra el tiempo. Afinaron el piano, ajustaron lo posible, aliviaron la tensión. A las 23:30, cuando Jarrett se sentó en el banco, el destino ya estaba sellado.

Cinco décadas después, aquella noche regresa como ficción. "Köln 75", la película de Ido Fluk, tiene su estreno mundial en el Festival de Berlín. No es una biopic sobre Jarrett. Es la historia de Vera Brandes, la joven que convirtió una crisis en una leyenda. Filmada con un tono frenético y caótico, la película reconstruye las horas previas al concierto como un vértigo de llamadas desesperadas, obstáculos técnicos y decisiones de último minuto. La mirada no está puesta en el genio, sino en quienes construyen el andamiaje invisible sobre el que se sostienen los momentos históricos.

Hoy, Brandes sigue siendo una figura enigmática. Después de su carrera como promotora, dirigió un sello discográfico y luego se dedicó a la "terapia musical". En Alemania, su nombre sigue resonando en la escena del jazz como el de alguien que, con apenas 18 años, logró lo imposible: que Jarrett protagonizara una de las noches mágicas en la historia de la música del siglo XX.

El piano perdido de Colonia

Durante décadas, la historia de The Köln Concert giró en torno a su ejecución milagrosa, al acto de resistencia creativa de Keith Jarrett al enfrentarse a un instrumento defectuoso. Pero detrás de cada concierto hay un objeto, y detrás de este objeto, un misterio. ¿Qué pasó con el piano de la Ópera de Colonia? El documental "Lost in Köln", dirigido por el francés Vincent Duceau, se sumerge en esta búsqueda obsesiva, explorando no sólo el destino del instrumento, sino también las múltiples versiones y mitos que rodean aquella noche.

Duceau recorre archivos, entrevista a técnicos, afinadores y administradores del teatro. En cada testimonio, los detalles varían: algunos afirman que el piano fue devuelto a su sitio original y usado hasta el desgaste; otros sugieren que fue vendido o desmantelado. En un giro inesperado, el documental desvela que existen varios pianos con la supuesta etiqueta de "El Piano de The Köln Concert", cada uno con su propia historia de procedencia. El instrumento se ha convertido en un espectro, un símbolo más que un objeto tangible.

Pero "Lost in Köln" no es sólo una investigación técnica: es también una meditación sobre la memoria y la construcción de los mitos musicales. La película navega entre registros históricos y relatos contradictorios, evidenciando cómo la percepción de un evento se moldea con el tiempo. En el documental, el propio Jarrett es una presencia ausente: no participa, no da entrevistas, no parece interesado en revivir su concierto más famoso. Su silencio resuena como una nota suspendida.

(Fuente: Infobae)


miércoles, 27 de noviembre de 2024

Talking Heads y su abrumadora modernidad audiovisual, de regreso 40 años después

El reestreno de la película "Stop Making Sense", de Jonathan Demme, que registra un show de la banda en 1983, permite volver a apreciar no sólo grandes canciones, sino también una puesta en escena revolucionaria. 

De izquierda a derecha: Tina Weymouth, Ednah Holt, Lynn Mabry, David Byrne y Alex Weir durante la canción "This must be the place" (Foto: Jordan Cronenweth / A24).

La película fue filmada durante tres noches en el Pantages Theater de Los Ángeles, cuando la banda estaba promocionando su álbum "Speaking in Tongues", el que contenía el éxito "Burning Down the House", entre otros.

La estrella del show es, por supuesto, David Byrne, en ese momento un señor con aspecto de estudiante universitario con posgrado. Hace el paso del pato como si fuera un entusiasta imitador de Chuck Berry, salta, hace caras y se mueve por todo el escenario.

El show que registra la película es una idea suya, coreográfica, audiovisual y conceptualmente. Además, todas las canciones le pertenecen en letra y música: él las toca en guitarra y las canta, también. Queda claro que es la estrella de una banda de inspirados músicos que conectaron justo en el momento y lugar apropiado.

Al frente las coristas Ednah Holt y Lynn Mabry, detrás el guitarrista y tecladista Jerry Harrison (Foto: Jordan Cronenweth / A24).

40 años después, el film ha sido restaurado a partir de sus negativos originales perdidos hace tiempo. Esta nueva versión se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto, y desde ese momento se está proyectando en todo el mundo.

Los compromisos comerciales de este relanzamiento contribuyeron a que la banda -cuyos cuatro integrantes están vivos y en buen estado de salud- se vuelva a reunir para entrevistas promocionales más o menos formales y amables. No hay miras de una posible reunión, pero nunca se sabe, está claro.

David Byrne es la estrella de la película "Stop Making Sense", el registro de un show de Talking Heads en diciembre de 1983 en un teatro de Los Ángeles (Foto: Jordan Cronenweth / A24).

Junto con el regreso de la película, el álbum con audio remasterizado y ampliado fue editado en septiembre e incluye todo el set del concierto, con dos pistas omitidas de la película: "Cities" y un popurrí de "Big Business" e "I Zimbra".

La banda se muestra en todo su esplendor, con irresistibles ritmos funk y una profundidad conceptual en las letras que nacen de una celebración de los atributos de la vida moderna.

La mayoría de las canciones de la banda hacen, en apariencia, un relato fascinante de la rutina positiva que tiene el "american way of life" (modo de vida americano) pero en verdad, esconden una mirada sardónica, oscura inclusive, sobre esa misma vida moderna.

Una escena símbolo de "Stop Making Sense": la banda a pleno, poseída por el ritmo de las canciones (Foto: Jordan Cronenweth / A24).

La combinación con el ritmo polifónico de la banda resulta explosiva. Los músicos afroamericanos agregados al elenco estable de los cuatro integrantes originales, potencian esa sensación.

Bernie Worrell (teclados), Alex Weir (guitarra, voces), Steve Scales (percusión),  Tina Weymouth (bajo), y las vocalistas Ednah Holt y Lynn Mabry brillan en la alocada seguidilla de canciones funk con tambores, teclados y líneas de bajo que empujan -casi que obligan- a moverse.

El espectáculo coreográfico que ofrecen, si bien es simple, resulta ampliamente efectivo. La mayoría de las canciones están llenas de una energía nerviosa que, tal vez por eso mismo, son contagiosas.

La vuelta de "Stop Making Sense" a los cines del mundo es una buena noticia para los fans de Talking Heads, pero también para quienes quieran acercarse al arte de una banda de rock "inteligente": cuatro universitarios blancos que se metieron a diseccionar el sentido de la vida al ritmo de música negra para bailar.


(Fuente: Infobae/Youtube).

lunes, 11 de noviembre de 2024

Cómo funciona "Lava Genie", la guitarra sin cuerdas que promete revolucionar la música digital

Se trata de un dispositivo que fusiona tecnología y música, un instrumento único rompe con las tradiciones.

 El sistema de audio de la "Lava Genie" incluye altavoces duales de 12W y altavoz de bajos de 20W (Foto: Lava Music).

Fundada en 2013, Lava Music se introdujo al mercado de instrumentos musicales con un enfoque innovador: crear guitarras de alta calidad con un diseño único y funcional. En 2015, la compañía lanzó su primera guitarra, su modelo Lava Me, fabricado con un cuerpo de una sola pieza en fibra de carbono, el que capturó la atención de los músicos y expertos en tecnología. Este material, conocido por su resistencia y ligereza, permitió a Lava Music desarrollar instrumentos duraderos y versátiles, accesibles para distintos niveles de habilidad y adaptados a condiciones ambientales adversas.

La trayectoria de la empresa estuvo marcada por la exploración constante de nuevas tecnologías aplicadas a la música. Con otros modelos y colaboraciones con artistas como Jordan Rudess de la banda Dream Theater, la marca ganó visibilidad, posicionándose como pionera en el sector de las guitarras inteligentes. Hoy, Lava Music da un giro hacia un mercado digital con el lanzamiento de Genie, un instrumento que desafía las convenciones al eliminar las cuerdas y apostar por una experiencia táctil y tecnológica.

Las innovaciones de Lava Genie: un instrumento sin cuerdas

La Lava Genie es una guitarra digital que rompe los moldes tradicionales: carece de cuerdas y, en cambio, utiliza una interfaz sensible al tacto que permite a los usuarios tocar, pulsar y deslizar los dedos para crear sonidos. Su forma recuerda a una guitarra, pero sus características y métodos de ejecución se asemejan a los de un dispositivo de juego o un controlador de música digital. La Genie cuenta con una superficie dividida en zonas de acorde y un área para arpegios, lo que permite al usuario ejecutar secuencias de acordes y ritmos complejos con gestos simples, sin la necesidad de una técnica avanzada en guitarra.

Cinco almohadillas luminosas permiten al usuario de la Lava Genie crear ritmos en tiempo real (Foto: Lava Music).

Además de la capacidad de producir música desde cero, la Genie incorpora un controlador de cinco almohadillas luminosas que permiten lanzar secuencias, sonidos y ritmos en tiempo real. Esta combinación de tecnología táctil y elementos visuales hace que la Genie sea accesible para personas con poca o ninguna experiencia en instrumentos convencionales. Según Lava Music, es un dispositivo que permite a cualquiera "hacer música en cuestión de segundos".

Tecnología y experiencia de usuario: la aplicación y sistema de audio integrado del Genie

La Lava Genie está diseñada para usarse de manera autónoma, pero la experiencia se amplía a través de la aplicación Lava+, que ofrece un catálogo extenso de canciones, así como una variedad de sonidos y efectos personalizables. La aplicación, además, utiliza una herramienta de inteligencia artificial para ayudar a los usuarios a crear y mejorar sus composiciones, sugiriendo acordes y transiciones de manera guiada.

En cuanto a la reproducción de sonido, la Genie cuenta con un sistema de altavoces duales de 12W para rango completo en la parte frontal, y un altavoz de bajos de 20W en la parte trasera. Esto permite que el instrumento genere un audio potente sin necesidad de un amplificador externo, aunque también incluye una salida de jack para quienes deseen conectarlo a un sistema de sonido. Con una batería de seis horas de duración y carga mediante USB-C, la Genie es un dispositivo portátil y fácil de transportar, ya que se puede desensamblar para su almacenamiento en una funda de viaje incluida o en una mochila.

(Fuente: Infobae)