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jueves, 28 de noviembre de 2024

Comer y beber en la antigüedad: ¿qué se servía en la mesa de las tempranas civilizaciones?

Nuevos hallazgos brindan pistas sobre, por ejemplo, el pan que se consumía hace 8 mil años. Las formas en que se producían alimentos y bebidas, sus similitudes y diferencias con la actualidad.

Focaccia en la Alta Mesopotamia y cerveza en Egipto son algunos ejemplos de los alimentos que se consumían y producían en la antigüedad (Foto: cervezaartesana.es).

El olor a pan recién horneado que sale de los comercios es fascinante. Esto que se percibe al caminar frente a una panadería en la actualidad pasa hace miles de años. Según un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona, quienes publicaron sus hallazgos recientes, el pan se realizaba en la Alta Mesopotamia durante el Neolítico Tardío, entre los años 6400 y 5900 a.C.

La Alta Mesopotamia constituye el área que se encuentra entre los ríos Éufrates y Tigris en Irak y se extiende hasta Bagdad. En ese sitio, precisamente, los investigadores españoles encontraron rastros que indicaban que el horneado de pan ya se realizaba hace más de 8 mil años. Según los especialistas, se obtenían masas simples de harinas de cereales y se usaban bandejas de cerámica conocidas como "husking trays" o "bandejas de descascarillado".

En las ciudades de Mezraa Teleilat, Akarçay Tepe y Tell Sabi Abyad se hallaron restos correspondientes a trece bandejas de descascarillado y, de acuerdo a los residuos orgánicos presentes en ellas, los especialistas afirman que allí se habrían horneado lo que hoy se conoce como focaccia.

En este pan aireado se habrían incluido también ingredientes como aceite o manteca de cerdo. Las evidencias de las bandejas y los rastros orgánicos refuerzan también la teoría de la existencia de diversas recetas para llegar a panes diferentes y contribuye al conocimiento de las tradiciones culinarias de las primeras comunidades agrícolas.

En la antigüedad también se bebía

En Egipto y la Mesopotamia se producía cerveza. Esta bebida era consumida por personas de cualquier edad y clase social y se usaba como alimento, remedio o sustento para ceremonias religiosas.

Según registros arqueológicos, la cerveza se conoce hace 13 mil años. Sin embargo, su producción a gran escala llegó con el establecimiento de las comunidades agrícolas, ya que los elementos con los que se fabricaba la popular bebida eran los mismos con los que se fabricaba el pan. El sabor variaba según el lugar: por ejemplo, en Egipto la endulzaban con higos y miel.

Aunque suene extraño, era más seguro tomar cerveza que tomar agua: la primera tenía alcohol y eso reducía el crecimiento de microorganismos, mientras que el agua provenía de ríos y era más susceptible a la presencia de bacterias y agentes que provocaban enfermedades. En Egipto, la producción la realizaba el Estado y se usaba como pago por la realización de algunos trabajos. Se la bebía también por placer, por lo que una que otra resaca no era rara en la tierra de los faraones.

Por otra parte, un grupo de científicos chinos determinaron, gracias a estudios genéticos, que los cultivos de uvas se realizan hace unos 11 mil años. Los resultados que se publicaron revelan que el vino se produce y se toma desde aquellos años. Las regiones donde se producía se ubicaban al sur del Cáucaso, una zona que se extiende entre Georgia, Turquía, Armenia e Irán. Aunque en Egipto la cerveza era más popular, también se producía y se tomaba vino.

Desde que existe el fuego, existe la cocina y desde que se estableció la agricultura aparecieron las bebidas alcohólicas. Si bien las bebidas y los alimentos no se producían ni se saboreaban como en el presente, hoy se sabe que las civilizaciones antiguas disfrutaban de una mesa bien servida.

(Fuente: unq.edu.ar)

viernes, 7 de junio de 2024

¿Cuál era la idea de felicidad de los aztecas y qué podemos aprender de ella?


Los aztecas elaboraron su propia ética de las virtudes, diferente a la de filósofos como Aristóteles o Confucio.

Había filósofos y sofistas, educación formal para enseñar valores e ideas profundas sobre la vida, todo lo cual fue plasmado en tratados, exhortaciones y diálogos. No se trata de la antigua Grecia, sino del imperio azteca.

Entre los siglos XV y principios del XVI, los aztecas montaron un imperio con una cultura de gran riqueza filosófica en lo que hoy es el centro y sur de México.

"Tenemos muchos volúmenes de sus textos grabados en su lenguaje nativo, el náhuatl", escribió Lynn Sebastian Purcell, profesor asociado de filosofía en la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Cortland, EE.UU., en un artículo publicado hace unos años en la revista de divulgación científica Aeon.

"Si bien pocos de los libros pre coloniales de tipo jeroglífico sobrevivieron a las quemas españolas, nuestras principales fuentes de conocimiento derivan de los registros realizados por los sacerdotes católicos hasta principios del siglo XVII", agregó.

Purcell ha investigado extensamente la filosofía y ética antiguas, en particular las de América Latina y los aztecas.

"Encuentro fascinante que los nahuas (aztecas) fueran otra cultura pre moderna con una ética de las virtudes, aunque bastante diferente a la de Aristóteles y Confucio", contó a la Asociación Estadounidense de Filosofía (APA, por su siglas en inglés) en una entrevista de 2017.

Sin embargo, también reconoció que le resultaba atractivo ahondar en un campo en el que, a lo largo de todos estos siglos, la academia había dejado un "evidente vacío".

Incluso agregó que los dos grandes estudiosos de la filosofía azteca, el antropólogo mexicano Miguel León-Portilla y el filósofo estadounidense James Maffie, hicieron un gran trabajo en analizar su metafísica, pero no su ética.

La buena vida

El famoso "Códice Florentino", una recopilación de conocimientos de los aztecas realizada por el misionero franciscano español Bernardino de Sahagún, reproduce el discurso de un rey antes de asumir su puesto.


Una página del famoso Códice Florentino, recopilación hecha por el misionero franciscano español Bernardino de Sahagún.

Allí habla de cómo vive un hombre "venerado": es "defensor y sustentador", dice, "como el árbol de ciprés, en el cual las personas se refugian".

Pero ese mismo hombre también "llora y se aflige". El rey entonces se pregunta: "¿Hay alguien que no desee la felicidad?".

El texto, según Purcell, muestra una de las mayores diferencias entre la filosofía de la antigua Grecia y la del imperio azteca.

"Los aztecas no creían que hubiese ningún vínculo conceptual entre llevar la mejor vida que podamos por un lado, y experimentar placer o 'felicidad' por el otro", escribió.

Es decir, para ellos tener una buena vida y ser feliz no estaban asociados, algo que puede resultar extraño dada la tradición filosófica de Occidente.

Tierra resbaladiza

En un artículo premiado por la APA como mejor ensayo sobre América Latina de 2016, Purcell explicó que esta disociación tiene su raíz en un problema existencial descrito por los filósofos o tlamatinime.

Existe un refrán azteca que resume este problema y que podría traducirse como "resbaladiza, escurridiza es la tierra".


Tenochtitlán era la capital del imperio azteca y se encontraba en donde hoy está Ciudad de México.

"Lo que querían decir es que, a pesar de tener las mejores intenciones, nuestra vida en la tierra es una en la que las personas son propensas al error, propensas al fracaso en sus objetivos y propensas a 'caer', como si estuvieran en el barro", detalló Purcell. "Además, esta tierra es un lugar donde las alegrías solo llegan mezcladas con dolor y complicaciones".

Los aztecas creían que por más bueno, talentoso o inteligente que fueras, podrían pasarte cosas malas. O incluso podrías equivocarte, resbalarte y caer.

Por eso, antes que buscar deliberadamente una felicidad que, en el mejor de los casos, sería pasajera y azarosa, el objetivo para los aztecas era llevar una vida digna de ser vivida.

Cuatro niveles

Para definir lo que es una vida que valga la pena ser vivida, los aztecas usaban la palabra neltiliztli, que puede traducirse como "arraigada" o "enraizada".

Esta vida arraigada podía alcanzarse en cuatro niveles, escribió Purcell en un artículo también publicado en Aeon en 2016.


La comunidad era de crucial importancia para los aztecas.

El primer nivel "comienza con el propio cuerpo, algo que a menudo se pasa por alto en la tradición europea, preocupada por la razón y la mente", afirmó el filósofo.

Para ello, los aztecas tenían un régimen de ejercicios diarios sorprendentemente similar al yoga.

El segundo nivel implica enraizarse con la psiquis propia, un concepto que igual no abarcaba solo la mente, sino también los sentimientos.

En tercer lugar estaba la comunidad, algo de crucial importancia para los aztecas.

A diferencia de Platón o Aristóteles, que planteaban una ética de las virtudes centrada en el individuo, esta civilización indígena ponía el eje en la sociedad.

Una vida digna de ser vivida no era posible sin lazos familiares, amigos y vecinos, esos que te ayudarán a levantarte tras las inevitables caídas en la tierra resbaladiza.

Por último estaba el arraigo a teotl, una deidad que no era otra cosa más que la naturaleza.

Es así que este cuarto nivel se lograba con los tres anteriores, pero componiendo filosofía poética se lograba aún más rápido.

Los conquistadores españoles pueden haber derrocado al imperio azteca, pero sus ideas todavía persisten.

La decisión de Ulises

A veces, las ideas filosóficas de los aztecas son recibidas con cierto escepticismo.

Tanto es así que, en sus clases en SUNY, Purcell suele usar "La Odisea" de Homero para explicar por qué esta civilización indígena tenían razón en afirmar que la felicidad es un objetivo de vida equivocado.

En un pasaje del poema épico griego, el protagonista, Ulises, lleva siete años viviendo en una isla paradisíaca con la diosa Calipso.

La diosa, entonces, le plantea una disyuntiva: puede quedarse con ella y gozar de la inmortalidad y juventud eterna en la isla, o volver al mundo real, lleno de dolores y sacrificios, pero donde también habita su familia.

Ulises "decide aventurarse en aguas abiertas en un barco desvencijado en busca de su esposa y su hijo", recapituló Purcell en el artículo de la APA.

Es entonces que les pregunta a sus alumnos qué hubiesen elegido: "Nunca hubo nadie que estuviese en desacuerdo con Ulises".

(Fuente: BBC News)

viernes, 24 de mayo de 2024

Los petroglifos de Toro Muerto, en Perú, podrían ser representaciones de danzas y canciones

Perú es, sin duda, uno de los lugares del mundo más ricos en áreas arqueológicas. Por ejemplo, el sur del país andino alberga una de las zonas más importantes de arte rupestre de toda América del Sur: el Complejo Arqueológico Toro Muerto. Localizado en la parte central del valle del río Majes, en la zona costera del extremo sur de Perú, en Toro Muerto se han localizado alrededor de 3.000 rocas volcánicas decoradas con petroglifos que fueron realizados por las diferentes culturas que habitaron la zona a lo largo de miles de años.


En esta roca de Toro Muerto (Perú) puede verse a una figura danzante rodeada por líneas rectas y onduladas con puntos (Foto: Andrzej Rozwadowski).

Los arqueólogos especulan con que muchos de estos petroglifos podrían tener entre 1.400 y 2.000 años de antigüedad, es decir, habrían sido tallados entre los años 100 a.C. y 600 d.C. por el pueblo Sihuas, una cultura local que habría recibido influencias de la cultura Nazca.

Pero un aspecto que hace únicos a estos petroglifos de Toro Muerto es la representación de figuras humanas que parecen bailar, unos personajes a los que los primeros investigadores de la zona bautizaron como "danzantes", con frecuencia asociados a motivos geométricos, sobre todo líneas en zigzag.

Danzas y canciones

Ahora, un estudio  sugiere que los petroglifos de Toro Muerto podrían ser representaciones de canciones y metáforas del viaje del alma al otro mundo. Los investigadores consideran que las líneas onduladas que aparecen en los petroglifos de Toro Muerto también son sorprendentemente similares a un tipo de arte que fue realizado en la década de 1970 por el pueblo Tucano (originario de la selva amazónica de Colombia, Brasil y Ecuador) bajo los efectos del consumo de ayahuasca. Todos estos datos fueron recopilados en su día por el antropólogo austríaco Gerardo Reichel-Dolmatoff.


Roca en la que se pueden algunos ver patrones verticales en zigzag, lineales y sinusoidales, y en cuyo centro hay una gran figura danzante (Foto: Andrzej Rozwadowski).

Andrzej Rozwadowski, arqueólogo de la Universidad Adam Mickiewicz de Poznan (Polonia), y uno de los autores del estudio, sugiere que los supuestos danzantes podrían constituir una representación de algún tipo de coreografía cósmica en la que se entremezclarían misteriosas figuras geométricas y algún tipo de baile con lo terrenal y lo divino.

Nuevas hipótesis


"Muchos de los primeros investigadores utilizaron el término ‘danzantes’, es decir, ‘bailarines’, para describir las tallas de Toro Muerto. No estaba absolutamente establecido que las figuras estuvieran bailando, pero muchas de ellas lo parecía. Un gran número de las tallas se caracterizan por poses dinámicas: las rodillas de algunos están dobladas y las de otros rectas, pero separadas, lo que sugiere movimiento", explica Rozwadowski.

Estos "danzantes", tallados en un gran número de rocas en Toro Muerto, se caracterizan, además de por su pose dinámica, por la ausencia de características explícitas de género. Según los investigadores, estas imágenes desafían las interpretaciones imperantes hasta la fecha y sugieren otro tipo de perspectiva: en opinión de los expertos sería similar a la visión cosmológica amazónica, en la que el género no está claramente definido.

"El análisis meticuloso de los petroglifos indica que las líneas en zigzag podrían haber representado canciones, mientras que los patrones geométricos simbolizaban el orden cósmico. Esta hipótesis ofrece una nueva perspectiva sobre los misterios de Toro Muerto y plantea preguntas filosóficas y cuál fue el contexto social de las civilizaciones que una vez florecieron en esta tierra ancestral", concluye Rozwadowski.

(Fuente: National Geographic)

jueves, 16 de mayo de 2024

Cinabrio, el codiciado mineral que antiguas civilizaciones usaban en rituales místicos y funerarios sin saber que era tóxico

 
El cinabrio se forma en rocas que rodean actividad volcánica geológicamente reciente, y a veces cerca de fuentes termales y fumarolas.

Hermoso y peligroso, como el fenómeno natural que suele preceder su origen: las erupciones volcánicas.El cinabrio rellena las grietas que quedan en las rocas, formando atractivas venas rojas que han fascinado durante milenios a quienes lo descubren.

Y esos han sido muchos, pues el mineral está presente en todos los lugares en los que hay o ha habido volcanes.
De hecho, como apunta Geology.com, es uno de los pocos minerales que fueron descubiertos, procesados ​​y utilizados de forma independiente por pueblos antiguos en muchas partes del mundo.

El cinabrio se podía moler fácilmente para convertirlo en un polvo fino, que mezclado con distintos líquidos se convertía en varios tipos de pintura.Además, era -y sigue siendo- la principal mena de mercurio.

He ahí el problema: su asociación con ese metal pesado hizo que el cinabrio pasara de ser muy preciado a despreciado. Pero antes de que eso sucediera, dejó una llamativa huella en varias regiones del planeta. Como pigmento -llamado bermellón-, daba tonos que iban del rojo anaranjado brillante al violeta rojizo más apagado.

Hace unos 10.000 años, los primeros artistas lo usaron para pintar imágenes de uros, el ahora extinto ganado gigante, en las paredes del antiguo asentamiento de Çatalhöyük en lo que hoy es Turquía, y en cerámicas de la cultura Yangshao en China (5000 a 3000 a.C.).


Las excavaciones en el barrio religioso de Çatalhöyük revelaron pinturas murales de excepcional brillo (7000 a.C.).

En el continente que los europeos bautizarían América, el cinabrio se encuentra en tumbas, murales, máscaras, ornamentos y sobre metales preciosos de las culturas del área Andina y de Mesoamérica.

Máscara funeraria, 900–1300 d.C., Perú.

Figura femenina sentada de la cultura olmeca, 800/400 a.C., México. Cerámica y pigmento con cinabrio.

En España, que alberga las legendarias minas de Almadén, en Ciudad Real, de donde se ha extraído la mayor cantidad de mercurio del mundo durante siglos, la presencia del pigmento más antigua que se conozca data del 6000 a.C.

Joyas de oro con esmalte de cinabrio, siglos V-IV a.C. Península Ibérica, Edad de Hierro.

La mayor parte del rojo profundo con el que, siglos después, los antiguos romanos pudientes pintaban sus paredes provenía de Almadén, y costaba el triple que el preciado azul egipcio.

La Villa de los Misterios de Pompeya, siglo I, era un escaparate del costoso pigmento bermellón elaborado con cinabrio molido.

En el Renacimiento, el cinabrio se usaba en sellos de cera para certificar documentos y como pigmento rojo brillante por artistas como Giotto, Tizano y Van Eyck.

En "La Asunción de la Virgen", del pintor renacentista Tiziano, los rojos son dramáticos.

Europa importó el bermellón de China durante años, pues se consideraba más bello y puro.

En China misma el pigmento históricamente ha tenido un lugar especial en la cultura y, además de colorear las paredes de sitios tan importantes como la Ciudad Prohibida, está presente en multitud de objetos, notoriamente en los de laca china tallada.


Peine de la dinastía Shang, siglos XIII-XI a.C., China, (ca. 1600-1046 a. C.). Jade con rastros de cinabrio.


Caja tallada en laca de cinabrio rojo en forma de balón de fútbol chino (kemari), siglo XIX.

Más que bello

Además de su uso decorativo, en arte, tatuajes, maquillaje y, en la Edad Media, como tinta para escribir, en muchas culturas el cinabrio se usó con fines medicinales, metalúrgicos y simbólicos.

Y es que tenía unas propiedades inusuales. Como el filósofo griego Teofrasto señaló, "cuando se machaca con vinagre en un mortero de cobre da plata líquida (como se le decía antiguamente al mercurio)".

Pero aún más extraño era lo que ocurría cuando se calentaba en un horno, algo que se ha hecho durante miles de años: el mercurio se escapa en forma de vapor que se condensa en mercurio líquido.

En "Alchimia" (1570), la sección "Usar la alquimia de la manera correcta" comienza con la imagen de un horno y una receta para el pigmento rojo cinabrio.

En su "Historia Natural", el escritor romano Plinio el Viejo informa que el mercurio disuelve el noble metal oro. Ese proceso de amalgamación se convertiría en uno de los principales métodos de purificación del oro a lo largo de los siglos.

Los romanos importaban cinco toneladas de mercurio al año y la mayoría se usaba con este propósito. La amalgama se podía usar para hacer objetos dorados, metiéndolos al horno para que el mercurio desapareciera y revelara una lustrosa capa del más puro oro.

Y había algo más. Los alquimistas habían descubierto que podían producir el cinabrio calentando mercurio y sulfuro.

Que el cinabrio se pudiera convertir en mercurio y volver a convertir en cinabrio era un proceso aparentemente cíclico inexplicable que para algunos era similar al de la resurrección del cuerpo, por lo que le conferían poderes especiales, apunta el químico Andrea Sella,.

En el Imperio chino, los emperadores consumían elixires de bermellón para prolongar la vida y adquirir la inmortalidad.

Y hasta el día de hoy hay alrededor de 40 medicinas tradicionales que contienen cinabrio. Desde Medio Oriente hasta Latinoamérica se usaba también en bendiciones rituales y entierros.

La Reina Roja de Palenque, México, fue cubierta con cinabrio, que se usaba para conservar los restos humanos.

Las hindúes solían aplicarse bermellón en la partición del cabello y la frente como una marca de que eran casadas.

La costumbre lleva el nombre de sindoor y está relacionada con la astrología hindú, en la que la Casa de Aries o Mesha Rashi está en la frente y se considera auspiciosa; Sindoor también se considera el símbolo de la energía femenina de Shakti.

El ritual continúa, pero el cinabrio ha sido reemplazado por otros ingredientes más seguros. Ese ha sido el destino del bermellón: su relación tóxica con el mercurio lo fue sacando de la historia.

Expertos como Terri Ottaway, curador del museo del Instituto Gemológico de América (GIA), explican que, en su forma natural, el cinabrio no es peligroso. Sin embargo, cuando las temperaturas aumentan, se libera vapor de mercurio que es tóxico si se inhala.

"Mientras el cinabrio no se caliente, el mercurio queda atrapado en el azufre, lo que hace que el cinabrio sea poco tóxico", dijo Ottaway.

Pablo Higueras, José María Esbrí y Eva M. García Noguero del Instituto de Geología Aplicada de la Universidad de Castilla-La Mancha, coinciden en que es la separación metalúrgica de los componentes del cinabrio la que pone en riesgo la salud.

Y añaden que hay otra razón por la que el mineral es indirectamente responsable de efectos malsanos: habitualmente junto con el cinabrio es común encontrar gotas de mercurio metálico.

En cualquier caso, el uso del cinabrio, aparte de en la minería de baja escala, ha ido desapareciendo y quienes se ven obligados a trabajar con él, como los arqueólogos, lo hacen con cautela.

El bermellón, que reinó como el pigmento rojo más utilizado en el mundo y el rojo más vibrante, tuvo que ceder su corona con el descubrimiento del rojo cadmio a principios del siglo XX.

(Fuente: BBC)