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lunes, 24 de agosto de 2026

Bienestar cotidiano: así podemos entrenar nuestro sistema nervioso para reducir el estrés

Son las 6:30 de la mañana, suena el despertador. Antes incluso de levantarnos ya empezamos a repasar la reunión de primera hora, los correos pendientes, las tareas domésticas, las facturas, los mensajes sin responder y todo lo que tendremos que hacer y resolver. Aún no hemos salido de la cama y ya nos sentimos agotados. 

Una sesión de biofeedback (Foto: Microgen / Shutterstock).

El día acaba de comenzar, pero el sistema nervioso ya se ha puesto en modo alerta. Ni corremos delante de un depredador ni huimos de una amenaza vital, pero el cerebro activa el mismo mecanismo de supervivencia que permitió sobrevivir a nuestros antepasados durante miles de años.

Lo preocupante es que esta respuesta ya no dura unos minutos. Para muchas personas se mantiene activa durante buena parte del día, e incluso durante meses o años. Cuando el organismo pierde la capacidad de recuperar el equilibrio, el estrés deja de ser una herramienta para sobrevivir y comienza a convertirse en un problema de salud. No se trata de una situación excepcional. Es la realidad cotidiana de millones de personas y uno de los mayores retos sanitarios del siglo XXI. 

La pregunta, por lo tanto, ya no es si vivimos demasiado estresados. La verdadera cuestión es si podemos enseñar a nuestro sistema nervioso a recuperar la calma. La respuesta empieza con una característica extraordinaria del cerebro: su capacidad para aprender.

Igual que aprendemos un idioma, a conducir o a tocar un instrumento, el sistema nervioso también aprende a responder al entorno. Puede acostumbrarse a vivir en un estado de alerta casi permanente, pero también puede entrenarse para recuperar el estado de calma.

Durante décadas hemos intentado reducir el estrés actuando sobre nuestros pensamientos, nuestras emociones o nuestra conducta. Hoy la neurociencia propone un enfoque complementario: entrenar directamente los mecanismos fisiológicos que participan en la respuesta al estrés. Es precisamente aquí donde el biofeedback y el neurofeedback han despertado un enorme interés.

Entrenar el sistema nervioso

Las recién mencionadas son dos de las herramientas más prometedoras para entrenar la capacidad de autorregulación del sistema nervioso. Aunque comparten este objetivo, no son exactamente lo mismo. Ambas parten de una idea sencilla: convertir señales fisiológicas que normalmente pasan desapercibidas en información que la persona puede observar en tiempo real para aprender a regular su organismo.

En el biofeedback se registran mediante sensores variables como la respiración, la tensión muscular, la temperatura de la piel o la variabilidad de la frecuencia cardíaca. Esta última es un biomarcador que refleja la capacidad del sistema nervioso autónomo para adaptarse a las demandas del entorno y la recuperación fisiológica tras una situación de estrés. El neurofeedback, por su parte, utiliza la actividad eléctrica cerebral registrada mediante electroencefalografía.

En ninguno de los dos casos el dispositivo de medida actúa directamente sobre el cerebro o el organismo: funciona como un espejo fisiológico. Al observar en tiempo real cómo cambia su actividad corporal o cerebral, la persona puede identificar qué estrategias favorecen un estado de mayor equilibrio y entrenarlas de forma progresiva.

¿Funciona realmente?

Esta es la pregunta importante. Porque una cosa es que podamos observar lo que hace nuestro organismo y otra muy distinta que el entrenamiento cambie nuestra salud. La evidencia científica disponible permite responder afirmativamente, aunque con importantes matices.

La eficacia de estas técnicas depende de tres factores: el problema que se pretende tratar, el protocolo utilizado y la experiencia del profesional que dirige el entrenamiento. Por eso no es posible afirmar simplemente que funcionan o no.

En primer lugar, el biofeedback es una de las técnicas que más se ha investigado para mejorar la regulación del estrés. Los mejores resultados se han obtenido utilizando la variabilidad de la frecuencia cardíaca. Cuando la persona aprende a respirar de una forma determinada y recibe información inmediata sobre cómo responde su organismo, mejora su capacidad para regular la respuesta de estrés.

Además, también se han descrito cambios en la actividad de regiones cerebrales implicadas en la regulación emocional, la atención y el control cognitivo, lo que sugiere que sus efectos van más allá de la respuesta fisiológica inmediata.

En segundo lugar, la investigación sobre neurofeedback también ha mostrado resultados prometedores en problemas relacionados con la regulación emocional, como el trastorno por estrés posttraumático, algunos trastornos de ansiedad o el insomnio. Sin embargo, la calidad de la evidencia todavía es variable y depende en gran medida del protocolo empleado y de la población estudiada.

Eso significa que estas técnicas no son milagrosas. Tampoco sustituyen a la psicoterapia, a la medicación cuando es necesaria o a los cambios en el estilo de vida. Son una herramienta más. Cuando se utilizan bien pueden ayudar a que la persona aprenda a regular mejor su propio sistema nervioso.

La importancia de medir bien

En los últimos años han aparecido relojes, pulseras y aplicaciones capaces de registrar nuestra frecuencia cardíaca, el sueño y la actividad física. Nunca habíamos tenido acceso a tanta información sobre nuestro organismo. Pero existe un problema: medir no siempre significa comprender.

Una frecuencia cardíaca elevada puede deberse al estrés, pero también al ejercicio, al calor, a la falta de sueño o simplemente, por ejemplo, a haber subido unas escaleras. Lo mismo ocurre con muchos otros biomarcadores. Sin una interpretación adecuada, los datos pueden generar más preocupación que tranquilidad.

Por eso, el biofeedback y el neurofeedback no consisten únicamente en colocar unos sensores. Antes hay que saber qué se quiere entrenar, por qué y cómo hacerlo. La tecnología proporciona información. El profesional es quien la convierte en una intervención útil.

Mañana volverá a sonar el despertador. Seguirán esperando los correos, las reuniones y las facturas. Lo que puede cambiar es la forma en la que el sistema nervioso responde a todo ello. Y esa capacidad, como tantas otras del cerebro, también puede entrenarse.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

lunes, 7 de abril de 2025

Mochila de 72 horas: ¿qué alimentos debo incluir para que me ayuden a sobrevivir y a disminuir el estrés?

David Pereiras/Shutterstock

El pasado 26 de marzo, la Unión Europea publicó una guía donde instaba a los ciudadanos a disponer de un kit que permita la supervivencia de una familia durante tres días. Más allá de la alarma que provoca la posibilidad de un conflicto armado, el mensaje de la UE pretende que todos estemos preparados para una emergencia, incluyendo catástrofes naturales –como la dana de Valencia– o pandemias como la del covid-19.

La “mochila para 72 horas” no es algo nuevo. Ya existían recomendaciones desde organismos como UNICEF para países donde los desastres climáticos son frecuentes. Y el nombre no se eligió al azar: mochila porque debe ser algo cómodo de transportar, y 72 horas porque es el tiempo que tardan en llegar los servicios de emergencia.

Dentro de esa mochila debemos guardar cosas diversas, pero es muy importante incluir comida que nos proporcione la energía y los nutrientes necesarios. Además, deben ser alimentos de larga vida útil, fáciles de transportar y de consumir.

Lo más básico

El primer producto de la lista es el agua, el nutriente más necesario. Se puede sobrevivir semanas sin comida, pero sin agua sólo días. ¿Y cuánta? Pues depende de muchos factores, entre ellos el clima.

El mínimo es un litro de agua diario por persona, y se puede incluir también alguna pastilla potabilizadora. Además, hay que pensar en los elementos minerales. No sería mala idea algún sobre de suero fisiológico, o geles rehidratantes.

Por lo demás, los alimentos que elegiríamos serían principalmente liofilizados (leche en polvo, sopas de sobre, etc.) y enlatados o barritas energéticas. También debemos pensar si alguien tiene necesidades especiales, como ancianos o personas con intolerancias alimentarias. Y en caso de que haya bebés, es necesario incluir leche de fórmula.

 ¿Puede la dieta ayudarme a lidiar con el estrés?

Recordemos que es un kit básico para sobrevivir a una situación de emergencia, muy distinto a nuestra alimentación normal. Hay que revisarlo para retirar los productos que van caducando, aunque seguramente no lo tengamos que utilizar.

Pero ¿qué ocurre si nos vemos obligados a hacer uso de su contenido? ¿Pueden los alimentos almacenados ayudarnos a disminuir el estrés de la situación?

En momentos de estrés sostenido nuestro cuerpo sufre los efectos negativos del cortisol, la principal hormona que se libera. Al mismo tiempo, disminuyen la serotonina y la melatonina, responsables de nuestra sensación de bienestar y estado de ánimo positivo.

La buena noticia es que hay alimentos que bien bajan el cortisol, o bien aumentan la serotonina y la melatonina. Y podemos meterlos en nuestra mochila.

Chocolate negro: las variedades con 75 % o más de cacao contienen gran cantidad de flavonoides. Estas moléculas han demostrado disminuir el cortisol. También son unos grandes antioxidantes que ayudarán a nuestro corazón.

Frutos secos: son ricos en magnesio y potasio, que ayudan a disminuir el cortisol en sangre y, además, aumentan la melatonina.

Legumbres: no solo son fantásticas para evitar la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares, sino que también pueden mantener a raya el cortisol.

Pescado azul: sus ácidos grasos omega-3 son conocidos por sus beneficios para la salud cardiovascular, a lo que se suma su efecto modulador sobre el eje hipotálamo-hipófisis-adrenales y la liberación de cortisol.

Lácteos: ¿quién no se ha tomado un vaso de leche caliente antes de ir a la cama? Su alto contenido en triptófano, aminoácido que utilizamos para sintetizar la serotonina y la melatonina, hace que durmamos mejor y estemos más tranquilos.

En resumen, algunas latas de legumbres y de pescado azul, una tableta de chocolate negro, frutos secos y un paquete de leche en polvo pueden proporcionarnos la energía necesaria para la espera. Y también un plus de tranquilidad que agradeceremos.

Más allá de las 72 horas: alimentos para evitar las consecuencias del estrés

A menudo no hace falta experimentar una situación de emergencia: la mayoría vivimos en un estado constante de inquietud. Pero podemos conseguir que esa incómoda sensación de estrés y ansiedad se reduzca; sólo tenemos que poner un poco de nuestra parte.

Pequeños cambios en nuestros hábitos juegan a nuestro favor. ¿Qué tal si quedamos con los amigos, salimos al campo de excursión y terminamos con una buena ensalada y algo de fruta? ¿Mejor un paseo por la playa y un espeto de sardinas?. Ambas son versiones de la dieta mediterránea.

Porque el término “dieta” no sólo describe lo que comemos: también hace referencia al ambiente, el ejercicio físico o la interacción social. Todos son aspectos que han demostrado su función como antidepresivos y ansiolíticos.

Son muchos los estudios que demuestran que la dieta mediterránea es un excelente “estilo de vida” para mejorar nuestra salud física y mental. El aceite de oliva, su principal protagonista, nos aporta multitud de beneficios. Es antihipertensivo, antioxidante y también ansiolítico. Junto a una gran variedad de frutas, verduras, legumbres, frutos secos, y pescado, conforma el patrón de dieta más recomendado para mantener alejados el estrés y la ansiedad.

Una excelente elección, no solo para cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente, también el planeta. Disfruten de la buena compañía y los buenos alimentos. Es la mejor mochila para hacer frente al estrés, y estar de paso bien preparados.

(Fuente: The Conversation)