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viernes, 7 de marzo de 2025

La verdadera historia de "Aún estoy aquí", la película brasileña más taquillera en 22 años

El filme, reciente ganador del Oscar a la mejor película extranjera, cuenta la historia real de un ex legislador brasileño que fue secuestrado bajo la dictadura militar más duradera de Latinoamérica.

Cientos de soldados llegan al mitín organizado por el entonces presidente João Goulart en Río de Janeiro, Brasil, el 13 de marzo de 1964. Fue, supuestamente, uno de los motivos del golpe de Estado de 1964 que condujo a la dictadura militar brasileña, que duró 21 años (Foto: Agência Estado / AE).

En una calurosa mañana de enero de 1971, agentes de seguridad vestidos de paisano llamaron a la puerta de la casa frente al mar del ex legislador brasileño Rubens Paiva. Lo metieron en su coche, se lo llevaron a toda velocidad y nunca más se supo de él, dejando abandonados a su mujer y a sus cinco hijos.

Este es el argumento general de "Aún estoy aquí", reciente ganadora del Oscar a la mejor película extranjera, ambientada durante el régimen militar brasileño. Pero en lugar de insistir en las mazmorras de los dictadores y en los horrores viscerales de la violencia estatal, el director Walter Salles le ha dado un giro a la narración.

En su lugar, la película gira en torno a la esposa y viuda de Paiva, Eunice, que durante las cinco décadas siguientes presionó sin descanso a la obtusa junta militar para que se hiciera justicia, mientras luchaba por sacar adelante a una familia fracturada. Es una ventana íntima a la angustia, la pérdida y la resistencia colectivas de Brasil. Y la historia de fondo no es menos desgarradora.

Los archivos del Departamento de Estado de Orden Político y Social de Brasil contienen carpetas que detallan todas las investigaciones de civiles, grupos sociales y movimientos sociales durante los 21 años de dictadura militar en el país. Hay 13.500 carpetas incluidas en los archivos (Foto: Lianne Milton / Panos Pictures / Redux).

La dictadura militar más longeva de Latinoamérica

El camino hacia el régimen marcial más importante de Brasil comenzó con las frustradas ambiciones internacionales del país tras la Segunda Guerra Mundial.

Tras unirse a Occidente en su guerra contra las potencias del Eje, e incluso enviar tropas de combate a Europa, la clase política brasileña se sintió herida por la indiferencia percibida en la posguerra por parte de Estados Unidos, en particular por la negativa a respaldar la candidatura brasileña a un puesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Hombres no identificados detienen a un estudiante durante una protesta en Sao Paulo, Brasil, el 9 de octubre de 1968. Lo peor de la violencia bajo el régimen militar del país comenzó en 1968 y no hizo más que empeorar tras el ascenso de Emílio Garrastazu Médici en 1969 (Foto: Agência Estado / AP Photo).

Ese desaire alimentó la búsqueda por parte de Brasil de una política exterior independiente, con un claro giro antiamericano. Era la Guerra Fría, y el pivote hizo saltar las alarmas entre un ejército cada vez más inquieto, que maniobró para contener al presidente João Goulart, de tendencia izquierdista. El Congreso respondió, empujando a Brasil hacia una crisis constitucional. El 31 de marzo de 1964, los tanques rodaban por las calles. Goulart estaba fuera y se había instaurado la ley marcial, con la bendición de Estados Unidos.

En comparación con los brutales estándares de los tiranos sudamericanos, los 21 años de gobierno militar en Brasil podrían parecer "casi suaves". En 2014, la Comisión Nacional de la Verdad documentó 434 bajas (contando los asesinados o desaparecidos) bajo cinco gobiernos militares sucesivos. Hasta 2.000 personas fueron torturadas. Por el contrario, la dictadura chilena asesinó o hizo "desaparecer" a unos 3.000 disidentes y encarceló a otros 38.000, mientras que se calcula que aproximadamente 30.000 fueron asesinados o desaparecieron durante la salvaje "Guerra Sucia" de Agentina.

Sin embargo, el secuestro y asesinato de Rubens Beyrodt de Paiva supuso un giro nefasto en lo que se convertiría en la dictadura militar más duradera de Latinoamérica.

La vida bajo el duro régimen militar brasileño

Cuando Paiva fue secuestrado, el generalísimo al mando era Emílio Garrastazu Médici, el tercero de los cinco militares que dirigían el país, y el más duro de la línea dura del régimen.

El primer líder de la junta, Humberto Castello Branco, llegó al poder prometiendo restaurar la democracia. El segundo, Arthur Costa e Silva, habló de "humanizar la revolución", luego defenestró el Congreso por decreto presidencial y sucumbió a un fulminante derrame cerebral en 1969.

Médici fue elegido ese año por una legislatura muy vigilada, que la junta había vuelto a convocar apresuradamente para añadir un brillo de legitimidad a su unción. Asumió el cargo en medio de una agitación creciente, sin reparos en imponer un régimen autoritario. Su astuto ministro de Finanzas, Antonio Delfim Netto, impulsó el crecimiento con un gasto generoso, un torrente de inversiones extranjeras y dinero fácil de prestamistas internacionales deseosos de sacar provecho de la bonanza brasileña.

El resultado fueron unas fuerzas armadas brasileñas en su punto álgido de arrogancia, envalentonadas por el llamado "Milagro brasileño" (cinco años consecutivos de crecimiento económico sin precedentes), la gloria de una tercera victoria en la Copa del Mundo de fútbol y la Guerra Fría liderada por Estados Unidos contra el comunismo mundial.

Médici supervisó la más dura represión de las libertades democráticas hasta la fecha, incluida la censura de prensa generalizada. Cuando no se incendiaban o cerraban los periódicos, los censores acechaban en las redacciones para entintar las verdades incómodas. Decenas de periodistas fueron encarcelados o asesinados.

Fueron los "Años de Plomo" de Brasil, conocidos sobre todo por la redada que Médici lanzó en todo el país para capturar y asesinar a los opositores de izquierda al régimen. Los militantes más estridentes tomaron las armas, robaron bancos y secuestraron a altos cargos (incluido el embajador de Estados Unidos en Brasil, Charles Elbrick, en 1969) para pedir rescates.

Un niño observa a soldados y un tanque durante un mitín organizado por el presidente João Goulart antes del golpe militar de 1964. La dictadura militar gobernó durante 21 años, instaurando una represión sin precedentes de las libertades civiles y una redada nacional para capturar y asesinar a opositores de izquierdas al régimen (Foto: Domício Pinheiro / Agência Estado / AE / AP Images).

Por qué resuena la historia de Paiva en "Aún estoy aquí"

Paiva no lanzaba bombas. Era un izquierdista moderado que había sido despojado de su mandato en el Congreso cuando los militares tomaron el poder, y desde entonces se había mantenido alejado de la política militante. Más bien era un padre de familia de mediana edad, ingeniero civil de éxito y miembro acomodado de la clase bien pensante de Brasil. Su delito, aparentemente, fue servir de intermediario entre los exiliados políticos brasileños en Chile y sus familiares y colegas en su país.

Nunca se encontraron los restos de Paiva, ni nadie ha rendido cuentas por su asesinato o desaparición forzada, en gran parte gracias a la amnistía general para los delitos políticos promulgada en 1979.

Pero el goteo constante de presiones de su esposa Eunice contribuyó a corroer la moral de un régimen convencido de su misión de rescatar al país de insurrectos impíos. Sin sus décadas de perseverancia y el rastro documental que dejó en su incesante campaña para encontrar a su marido, los brasileños nunca habrían podido entender la endeble versión oficial del caso (que Paiva fue supuestamente secuestrado por terroristas) y mucho menos imaginar que el Estado asumiría algún día su papel en su violenta muerte.

En lugar de doblegarse ante los inflexibles hombres fuertes, Eunice siguió adelante, se licenció en Derecho y pasó a defender los derechos de los indígenas en peligro.

Pero, ¿por qué contar esta historia ahora? La dictadura brasileña terminó en 1985, hace tres generaciones de cinéfilos. "Los jóvenes brasileños no saben nada del periodo militar, salvo lo que leen en los libros y oyen a sus mayores", afirma Octavio Amorim Neto, analista político y estudioso de la historia militar en la Fundación Getulio Vargas.

El director Walter Salles siguió el ejemplo. Empezó a investigar sobre la película hace siete años, justo cuando la política brasileña dio un brusco giro a la derecha y la fe en la democracia empezó a decaer.

Este preocupante giro de la política brasileña contemporánea está latente, pero nunca se menciona explícitamente en la película. Sin embargo, la respuesta del público a "Aún estoy aquí" (que ya es la película brasileña más taquillera en su país y la que más ha recaudado en el extranjero en 22 años) envía un mensaje contundente: aunque los fantasmas de la dictadura sigan rondando, los brasileños no están dispuestos a mirar hacia otro lado.

(Fuente: National Geographic)

miércoles, 19 de junio de 2024

19 de junio: cumple 80 años Chico Buarque, un artista imprescindible

El cantautor y escritor brasileño, uno de los grandes intelectuales de América Latina, conjuga poesía, compromiso social, sensibilidad popular y un amor devoto por el fútbol en su magnífica obra.


Chico Buarque en concierto, año 2018 (Foto: Reuters).

Este 19 de junio, el imprescindible artista brasileño cumple 80 años de vida. Un trayecto marcado por la excelencia musical y un profundo compromiso con los derechos humanos, y que es valorado por colegas y expertos de forma transversal.

Nacido como Francisco Buarque de Holanda, la vena intelectual le vino desde la cuna. Hijo de Sérgio Buarque de Holanda, historiador, sociólogo, escritor y ya en la época una de las mayores referencias culturales de Brasil, y de Maria Amélia Alvim, pianista y artista plástica, ambos socialistas. Aun así, en su juventud llegó a cursar dos años de arquitectura, encandilado por la figura de Oscar Niemeyer, gran amigo de su padre.

Sin embargo, a inicios de los años '60 lo cautivó la bossa nova, creada por otros visitantes asiduos de la casa familiar: Vinícius de Moraes y Tom Jobim. "Dejé la arquitectura y me convertí en aprendiz de Jobim. Cuando mi música sale bien, imagino que es de Jobim, pero la música de Tom, para mí, es como las casas de Oscar", declaró hace unos años.

La Música Popular Brasileña y la resistencia a la dictadura

Está considerado uno de los grandes poetas de la música brasileña y comenzó a ser conocido a inicios de los años 60. Tuvo como plataforma unos festivales que promovían nuevos talentos y descubrieron a otras figuras emblemáticas, como Gilberto Gil, Cateano Veloso, Milton Nascimento o Elis Regina. Surgía lo que luego se conoció como Música Popular Brasileña (MPB), que pasó a tener ribetes políticos a partir de 1964, cuando un golpe militar instauró una dictadura que se prolongó hasta 1985.

La resistencia al autoritarismo lo tuvo como una de sus voces más activas y lo pagó con el exilio. Perseguido y censurado, en 1969 partió hacia Roma, pero después de 14 meses optó por volver a Brasil aconsejado por Vinícius de Moraes: "Debes seguir haciendo ruido", le dijo. Con su fama como antídoto contra la persecución, compuso en esa época algunos himnos de la lucha política contra la dictadura, como "Vai passar", entonada por la izquierda otra vez a partir de 2019, cuando el ultraderechista Jair Bolsonaro asumió la presidencia de Brasil.


Chico Buarque junto al presidente Luiz Inacio Lula da Silva durante un partido de fútbol entre amigos, en Guararema, San Pablo, diciembre de 2019 (Foto: Reuters / Amanda Perobelli).

En 2022, igual que lo había hecho desde los años '90, se sumó a la campaña que llevó al poder al actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, a quien su padre acompañó en 1980 en la fundación del Partido de los Trabajadores (PT).

La faceta intimista y literaria

Su obra a partir de la caída de la dictadura en 1985 adquirió un tono más intimista y exploró el universo femenino, pero siempre con la marca de la crítica social y su particular visión de cronista. También retomó la literatura. Había escrito ya algunos cuentos, pero desde 1991, con la publicación de "Estorvo", su primera novela, se volcó de lleno a la creación literaria.

Desde entonces ha publicado una novela cada aproximadamente cinco años, y a los premios por su música ha agregado galardones como escritor. El más importante, el Premio Camões de 2019, concedido conjuntamente por Brasil y Portugal en reconocimiento a su obra, le fue negado por Jair Bolsonaro. Acabó recibiéndolo en 2023, ya con Lula en la presidencia.

Activismo en París

La fama de Buarque no comenzó como él hubiera querido. Apareció por primera vez en la prensa el 30 de diciembre de 1961, a los 17 años, detenido por robar un automóvil junto a un amigo para "dar una vuelta". Avergonzado, lo explicó como un entretenimiento de la juventud de la clase media alta de San Pablo, donde vivía entonces. Pasó una noche en una comisaría y fue liberado, pero bajo una prisión domiciliaria parcial, que le impidió salir por la noche durante 172 días.

En esas noches se perfeccionó en la guitarra con su hermana Miúcha y compuso sus primeros poemas, que poco más tarde estarían en la boca de millones de brasileños. Con su ficha policial (RI5950) estampó en 1993 la carátula del disco "Paratodos" y aludió al hecho en la canción "A foto da capa", la cual dice que "el retrato del artista cuando mozo, no es prometedor ni cándida pintura. Es la figura del ladrón ostentoso".


(Foto: X).

Su última foto en vísperas de sus 80 años ha sido bien diferente. Se publicó el pasado fin de semana y aparece con el exfutbolista Raí (estrella del PSG en los años 90, hermano de Sócrates, otro célebre fútbolista brasileño) en protestas contra el avance de la ultraderecha en Europa, en las calles de París, donde cada año pasa unos seis meses: un retrato muy acorde a lo que ha sido su pensamiento desde que se volcó a las artes de la música y la literatura.

(Fuente: Infobae)

lunes, 10 de junio de 2024

Así es "Pomberito", el videojuego de terror basado en la popular leyenda argentina

Una desarrolladora presentó el primer avance del juego basado en el Pombero, la terrorífica leyenda del nordeste argentino, Paraguay, Brasil y alrededores.


Escultura del pombero en un centro cultural de la provincia de Chaco (Foto: Wikimedia).

En los últimos años, muchos argentinos se animaron a dar un paso en el desarrollo de videojuegos con perspectiva territorial, demostrando un claro avance en la soberanía tecnológica y digital. Ese es el caso de la casa desarrolladora Lara The Pitbull, cuya popularidad no deja de crecer en las redes desde que anunció su próximo lanzamiento: un videojuego basado en el personaje de una gran leyenda popular, pronto estará disponible en la plataforma Steam.

Ambientado en el interior rural de una provincia del noreste de Argentina, Pomberito se basa en -probablemente- la más famosa leyenda rural de la región, la del Pombero, compartida con otras regiones, sobre todo con Paraguay. El juego se desarrolla en cinco microepisodios, cada uno representando una noche, desde lunes hasta viernes. En la acción, los jugadores se ponen en la piel de un personaje local encargado de completar tareas nocturnas en la oscuridad del campo.

Mientras el protagonista navega por el campo, se encontrará con elementos inspirados en el folclore sudamericano, agregando un giro cultural único al género de terror. La atmósfera de suspenso del juego se intensifica a medida que avanza cada noche, con giros y encuentros inesperados acechando al jugador.

Una de las características más destacadas de Pomberito son sus múltiples finales, lo que permite a los jugadores explorar diferentes resultados basados en sus decisiones y acciones a lo largo de la semana. Los jugadores se esforzarán por descubrir los misterios que rodean a los horrores inspirados en el folclore rural de Argentina.

La leyenda del Pombero, un clásico del noreste argentino

El Pombero es una especie de duende o espíritu de la cultura guaraní que se encuentra en las zonas rurales del noreste argentino. Tiene el aspecto de un anciano feo, de baja estatura (algunos aseguran lo contrario), y con mucho pelo en todo su cuerpo. Claro que, al ser una leyenda, estos detalles varían de acuerdo a quien cuenta la historia.

Si bien originalmente su origen fue el del guardián de los Esteros del Iberá, la leyenda le adjudica todo tipo de atrocidades violentas. De todos modos, también se puede ser amigo del Pombero, y para ganarse su amistad hay que dejarle ofrendas por la noche, como tabaco, miel o caña, durante 30 días consecutivos. Como sea, en este juego, el peligro de su omnipresencia en los campos del noreste está latente y es la esencia misma de Pomberito.

"Cada pueblo tiene sus interpretaciones. Lo que traté de hacer para desarrollar mi juego fue tomar las referencias más genéricas y no centrarme en ninguna descripción específica, ver en qué hay más consensos", dice Manuel (prefirió no dar a conocer su apellido), creador de la marca Lara The Pitbull.

En el juego, protagonista se moverá en una atmósfera de suspenso in crescendo a medida que avanza la noche, con giros y encuentros inesperados acechando al jugador, y encontrará a su paso "elementos inspirados en el folclore sudamericano": en el tráiler, se puede ver al personaje principal interactuándo con una pava y un mate, una damajuana, y muchos otros elementos.

"Hay muchos 'easter eggs' o sorpresas en el juego", afirmó Manuel, que considera que desatarán entre los jugadores "alguna que otra carcajada". También señaló que la historia hará referencia a otra leyenda popular, que es la de la Luz Mala.

Éste es el trailer oficial del juego:


Son varios los argentinos que en el último tiempo se vuelcan al desarrollo de videojuegos de forma "amateur", ambientados en Argentina o en historias populares de la región sudamericana. Un caso resonante es el de "Bienvenidos a La Matanza", de Esteban Muñoz, escenificado en uno de los partidos más importantes de la provincia bonaerense, con claras referencias al Grand Thief Auto (GTA); o el reciente "Malvinas, la última carta", de Hernán Patané, que aborda ese conflicto bélico.

"A mí me encanta", dice el autor de Pomberito. "Cuando empecé este proyecto no estaba al tanto de videojuegos ambientados en Argentina, pero sí había escuchado de juegos desarrollados por argentinos. Me encanta que esté empezando a surgir. Todos queremos jugar juegos así", termina Manuel.

(Fuente: Página 12 / TyC)