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martes, 12 de noviembre de 2024

Llegó "Metaverso Antártico", el juego que invita a explorar el continente blanco en 2035

La misión es averiguar cómo se adaptan las especies nativas para no extinguirse frente al cambio climático y la contaminación humana que acechan al planeta.

"Metaverso Antártico" es de descarga gratuita y se puede acceder desde todo el mundo (Foto: Víctor Fajnzylber Reyes).

Víctor Fajnzylber Reyes, investigador y realizador cinematográfico de la Universidad de Chile, diseñó "Metaverso Antártico", un videojuego de descarga gratuita que invita a conocer el continente blanco del 2035, el cual sufre los efectos del cambio climático y la contaminación humana. El jugador podrá explorar siete ecosistemas de la Antártida, tomar muestras de las especies nativas, completar bitácoras científicas y detectar la contaminación para resguardar la biodiversidad del lugar. La información que recolecte deberá llevarla a la imaginaria Base Internacional Metaverso, donde se almacenan las memorias de la ciencia antártica, y comprender cómo se adaptan las especies para no extinguirse.

En el juego, el usuario viaja desde Punta Arenas (Chile) hasta la Antártida para aterrizar en la imaginaria Isla Molinari, donde conocerá y realizará la actividad científica en primera persona. Allí, podrá observar y documentar ecosistemas, hacer buceo, evaluar el impacto ambiental o dialogar con hologramas de científicas y científicos que ofrecen contexto y conocimiento acumulado hasta el momento.

"La primera parte del juego sucede en la tierra y la segunda debajo del agua. En esa exploración, la jugadora o jugador escanea especies y también se topa con registros de científicas y científicos que fueron quedando en el camino. También, hay dos personajes especiales: por un lado, Karina es la jefa logística de la expedición que acompañará al personaje en todo su recorrido. Por otro lado, está Ernesto, un oceanógrafo que empieza a detectar rastros de actividades humanas ilegales", cuenta Fajnzylber Reyes.

El jugador o jugadora deberá evaluar el impacto del cambio climático y la actividad humana en las especies y en el territorio polar (Foto: Víctor Fajnzylber Reyes).

Para realizar el juego, el realizador entrevistó a catorce científicos de Chile que aportaron información sobre la vida en el continente blanco, las características de las especies que aparecen y acerca de cómo es habitar la Antártida. Asimismo, el jugador no sólo indagará en la forma de adaptación de los animales sino también en cómo el cambio climático afectó los terrenos. Por ejemplo, una parte del juego sucede en una bahía que anteriormente había sido un glaciar que se derritió.

"El juego promueve el conocimiento y la ciencia. El cambio climático es real e impacta tanto a los seres más grandes, incluyendo humanos y animales, como a los más microscópicos. Todo el juego muestra que nadie se libra de los efectos y para evitar o mejorar la situación primero debemos ser conscientes", explica Fajnzylber Reyes.

De esta manera, el "Metaverso Antártico" acerca los conocimientos y evidencias que tiene la ciencia a las personas mediante un lenguaje lúdico. Por ejemplo, el juego proporciona información de la fauna, como el Pingüino Papúa, como también de la flora, como el Liquen Antártico que domina el terreno polar. "Quienes lo jueguen harán exactamente el trabajo que hace un científico. Arriba al lugar, registrar especies, evaluar su estado, dialogar con sus pares y realizar hipótesis", detalla.

El juego se puede descargar haciendo click en este enlace.

(Fuente: agencia.unq.edu.ar)

miércoles, 7 de agosto de 2024

El iceberg más grande del mundo gira hace meses en una trampa oceánica

Es un gigante que mueve cien veces más agua alrededor del mundo que todos los ríos de la Tierra combinados.


El A23a tiene un área de 3.600 km cuadrados.

El iceberg más grande del mundo está girando en su lugar después de caer en una de las corrientes oceánicas más poderosas de la Tierra. Este extraordinario fenómeno de la naturaleza que tiene como prisionero al bloque de hielo se llama Columna de Taylor y  se sospecha que mantendrá al iceberg encerrado por varios años más.

El bloque congelado de hielo más grande del mundo, nombrado A23a, tiene un área de 3.600 km cuadrados, y se formó en 1986, cuando se liberó de la costa antártica.

Casi inmediatamente quedó atrapado en el fango del fondo del Mar de Weddell y durante tres décadas fue una "isla de hielo" estática. No se movió hasta 2020, cuando volvió a flotar y comenzó a derivar de nuevo, lentamente al principio, antes de avanzar hacia el norte, hacia aire y aguas más cálidas.

A principios de abril de este año, A23a entró en la Corriente Circumpolar Antártica (ACC), un gigante que mueve cien veces más agua alrededor del mundo que todos los ríos de la Tierra combinados. Durante meses ha estado girando en un lugar justo al norte de la Antártida cuando en realidad debería estar corriendo junto con la corriente oceánica más poderosa de la Tierra.


La Corriente Circumpolar Antártica comunica los océanos Atlántico, Índico y Pacífico (Imgen: NASA).

El enorme cilindro de agua giratoria debería haber impulsado al iceberg de casi un billón de toneladas hacia el Atlántico Sur y hacia su inevitable desaparición. En cambio, el A23a no se movió en absoluto. Permanece en su lugar justo al norte de las Islas Orcadas del Sur, girando en sentido antihorario unos 15 grados al día. Y mientras siga haciendo esto, su deterioro y eventual desaparición se retrasan haciendo que su vida en el planeta se extienda.

"Normalmente se piensa que los icebergs son cosas transitorias; se fragmentan y se derriten. Pero éste no es el caso", observó el profesor Mark Brandon, experto en geología y geografía polar. "A23a es el iceberg que simplemente se niega a morir", dijo el investigador de la Open University.

El A23a no ha vuelto a encallar, ahora hay al menos mil metros de agua entre su parte inferior y el fondo marino. El bloque de hielo fue detenido en seco por un tipo de vórtice descripto por primera vez en la década de 1920 por el físico Geoffrey Ingram Taylor. El académico de Cambridge fue pionero en el campo de la dinámica de fluidos e incluso participó en el Proyecto Manhattan para modelar la probable estabilidad de la primera prueba de bomba atómica del mundo.

Taylor demostró cómo una corriente que encuentra una obstrucción en el lecho marino puede, bajo las circunstancias adecuadas, separarse en dos flujos distintos, generando una masa de agua en rotación en toda su profundidad entre ellos.

En este caso, la obstrucción es un bulto de 100 km de ancho en el fondo del océano conocido como el Banco Pirie. El vórtice se encuentra en la parte superior del banco, y por el momento, el A23a es su prisionero.

"El océano está lleno de sorpresas y esta característica dinámica es una de las más lindas que existen", dijo el profesor Mike Meredith del British Antarctic Survey. "Las Columnas de Taylor también pueden formarse en el aire; se las ve en el movimiento de las nubes sobre las montañas. Pueden tener sólo unos pocos centímetros de ancho en un tanque de laboratorio experimental o ser absolutamente enormes, como en este caso, donde la columna tiene un gigantesco iceberg justo en medio de ella", agregó.

El profesor Meredith realizó un experimento donde colocó una boya científica en una Columna de Taylor sobre otro saliente al este del Banco de Pirie y cuatro años después el instrumento flotante continua girando en su lugar. Esto podría aportar una pista del tiempo en que el A23a podría continuar girando en la Corriente Circumpolar Antártica.

Una vez más, el comportamiento del A23a ilustra la importancia de entender la forma del fondo marino: las montañas submarinas, cañones y pendientes tienen una profunda influencia en la dirección y mezcla de las aguas, y en la distribución de los nutrientes que impulsan la actividad biológica en el océano. Y esta influencia se extiende también al sistema climático: es el movimiento masivo del agua lo que ayuda a dispersar la energía térmica por todo el mundo.

De la única manera que se puede explicar el comportamiento del A23a es  porque el lecho marino justo al norte de las Orcadas del Sur fue debidamente estudiado.

Pero esto no es así para gran parte del resto del mundo. En la actualidad, sólo una cuarta parte del fondo marino de la Tierra fue cartografiada según los mejores estándares modernos. Por lo tanto todavía queda mucho por conocer de los océanos.

(Fuente: Página 12)

lunes, 22 de abril de 2024

La telemedicina que usarán los astronautas en la Luna y Marte, a prueba en la Antártida argentina

Un proyecto de la Agencia Espacial Europea (ESA) es llevado adelante en esa región austral por las condiciones de aislamiento similar al espacio para misiones de largo alcance.


La Antártida es un escenario propicio para simular, en muchos sentidos, una estadía espacial prolongada (Foto: ESA).

El espacio es uno de los lugares más hostiles para la vida, y eso lo saben los científicos e ingenieros que están propulsando los vuelos tripulados fuera de la Tierra. Es que tener un problema médico en una tripulación en el espacio no es algo sencillo. Si un astronauta tuviera un problema de salud en la Estación Espacial Internacional (ISS), solo tardaría unas pocas horas para ser llevado a la superficie de nuestro planeta.

Pero si el problema lo tiene un astronauta en la Luna, se tardarían entre 5 y 7 días para traerlo de vuelta. Y si nos extendemos a Marte, estamos hablando de por lo menos 7 meses. Las misiones tripuladas al espacio profundo son cosa seria. No es lo mismo estar situado a una órbita baja terrestre de 400 kilómetros en la ISS, que en la superficie lunar a 400.000 kilómetros. Y ni que hablar de nuestro vecino el planeta rojo, situado a 400 millones de kilómetros de nuestra esfera azul.


Pruebas de dispositivos médicos en la Antártida Argentina (Foto: ESA).

Es por ello que el monitoreo permanente de una tripulación espacial resulta fundamental a la hora de garantizar en todo momento su salud y la misión espacial que llevan adelante. Con la amplia experiencia espacial de distintas agencias, se está buscando profundizar esos conocimientos de la biología humana en el contexto del espacio con la mira en futuras misiones exploratorias a la Luna y a Marte.

La Agencia Espacial Europea está desarrollando desde hace algunos años un proyecto de telemedicina monitoreada a distancia. Y nuestra Antártida es el laboratorio de ensayo de lo que los futuros astronautas podrían vivir en una situación de emergencia.

En vista de la cooperación existente entre Europa y Argentina, con casi tres décadas de trabajo en conjunto, una delegación de la ESA estuvo en el país para visitar reunirse con autoridades del gobierno y de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) en el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires Galileo Galilei, imaginando que serán los astronautas quienes se sirvan del valioso trabajo experimental que allí se desarrolla.


Científicos de la ESA y de Argentina posan en la base Carlini durante la prueba del sofisticado equipamiento médico (Foto: ESA).

"El trabajo nuestro es, por supuesto, seguir explorando el espacio, pero en 4D, es decir, en la exploración humana. Como es un medio ambiente agresivo que es el espacio, un medio ambiente extremo, siempre puede haber contingencias de salud. Y el problema es que a medida que se alejan los astronautas de la Tierra, tienen menos posibilidad de tener un médico, o una atención médica correcta que hasta les puede salvar la vida. Entonces nuestro concepto, nuestra idea, es crear sistemas médicos que puedan alertar tanto a los astronautas como a los centros de control en tierra cuando hay un problema de salud y una vez alertado, tener un diagnóstico correcto y una terapéutica adecuada para solucionar ese problema", explica el doctor Víctor Demaría-Pesce,  recibido en la Universidad Nacional de La Plata, y con estudios de neurología y medicina aeronáutica en el primer instituto latinoamericano de esa disciplina (Inmae), dependiente de la Fuerza Aérea.

Ese sistema de monitoreo a distancia y telediagnóstico médico se llama Tempus Pro, es probado en la Antártida desde hacer varios años y fue exhibido en el Planetario, junto a una charla magistral del experto en medicina espacial que emigró hace 45 años a Europa para profundizar sus estudios en medicina espacial en el Inserm, un instituto similar al Conicet en Francia.

"Elegimos la Antártida porque es un lugar que reúne una serie de condiciones similares a lo que pasa en el espacio, es decir, la alteración del ciclo de luz y oscuridad, el confinamiento y el aislamiento. La amplia planicie blanca donde se pierde la noción del lugar y las distancias. Entonces, nosotros elegimos la Antártida con el nombre de análogo espacial. Es decir, es una situación similar al espacio entre el trabajo que hacemos en colaboración con la dotación de hombres que vive allí. Llevamos el aparato de origen inglés en 2019 para ser probado en el continente blanco, específicamente en dos bases antárticas argentinas", dice Demaría-Pesce.


El dispositivo Tempus Pro es probado en la Antártida (Foto: ESA).

El dispositivo Tempus Pro fue probado en dos bases antárticas argentinas, Belgrano II y Carlini, y debido a su practicidad y facilidad de uso, será utilizado para más estudios científicos a cargo de la ESA e instituciones argentinas. De hecho hay un segundo aparato que permanecerá en Buenos Aires para seguir siendo estudiado.

Los tripulantes en las bases argentinas fueron y están siendo todavía monitoreados de forma remota para evaluar su régimen de ejercicio, sus órganos y cualquier aparición de enfermedades autoinmunes o alergias que puedan surgir durante su estancia en entornos remotos y estresantes.

La estación Belgrano II se encuentra a menos de 1.300 km del Polo Sur, con temperaturas que pueden descender por debajo de los -35°C. Aislado y construido sobre afloramientos rocosos, se utiliza a menudo para estudios, ya que vivir allí tiene similitudes con vivir o trabajar en la Luna o Marte. La estación Carlini, ubicada en la Isla Rey Jorge, está menos aislada y permitirá a los investigadores comparar resultados con estos entornos diferentes, pero ambos muy extremos.

La ESA está capacitando con este trabajo a expertos argentinos de la Dirección Nacional de ADN Antártico y del Instituto Antártico Argentino, así como a expertos de la Pontificia Universidad Católica de Argentina y al personal médico que permanece en Belgrano II.

Cómo funciona el Tempus Pro

Es un dispositivo portátil utilizado por médicos de todo el mundo para medir de forma remota distintos parámetros de un paciente, mientras transmite dónde se encuentra y ofrece comunicación de voz entre los médicos y el personal en el lugar de atención.

Es literalmente una central médica del tamaño de una caja de zapatos. Es un sistema de telemedicina que registra una serie de variables fisiológicas como la frecuencia cardíaca, presión arterial, frecuencia respiratoria, temperatura corporal. Además, permite hacer laringoscopías y ecografías.

En la Base Belgrano II  se simuló un enfermo al que se le realizaron distintos exámenes médicos. Cuando se hacen las medidas, los resultados se transmiten directamente en tiempo real al Centro de Astronautas Europeo (EAC), en Colonia, Alemania. Al mismo tiempo, se envía la información a la Estación Espacial Internacional, lo que probó que con una buena conexión el aparato funciona.

Se hicieron las mediciones fisiológicas en la Antártida, que se estaban monitoreando en el centro espacial en Alemania y también en el espacio. Y lo mejor es que se pueden hacer al revés, es decir, transmitir desde el espacio con un instrumento puesto en la estación orbital o en una nave camino a la Luna. Es una consulta, diagnóstico y eventual tratamiento a distancia.


Estos experimentos no solamente sirven para los astronautas de largas y complejas misiones espaciales, sino que también se prueban en tierra (Foto: ESA).

En la Antártida existen pocas opciones fiables para la transmisión de datos. Además de sus propios sistemas de transmisión base, los operadores utilizan una antena para conectar Tempus Pro a la Red de satélites Iridium que orbita la Tierra. Luego, estos satélites retransmiten los datos médicos a un receptor en una ubicación diferente.

Compuesta por 66 satélites entrecruzados en órbita terrestre baja, la red Iridium permite una cobertura global incluso cuando los sistemas tradicionales no están disponibles y permitirá a los usuarios de la Antártida comunicarse, por voz además de enviar datos, con el equipo médico de EAC como así científicos argentinos.