martes, 29 de abril de 2025

Semblanza de Theodor Kittelsen, el artista noruego de los bosques mágicos y aterradores

El pintor, uno de los más emblemáticos de su país, capturó como pocos la fusión entre naturaleza y fantasía, dándole vida a gnomos, bosques encantados y sombríos, y leyendas populares.

"Autorretrato", de Theodor Kittelsen (Kragerø, Telemark, 1857 - Jeløya, Østfold, 1914), considerado uno de los artistas más emblemáticos de Noruega (Foto: WIkimdia Commons).

Fallecido en Jeløya, Østfold, en 1914, Theodor Kittelsen es considerado uno de los artistas más emblemáticos de Noruega, reconocido por su capacidad para transformar la naturaleza en escenario de magia, misterio y oscuridad. Nació el 27 de abril de 1857, en Kragerø, Telemark. Aunque su nombre no alcanzó la proyección internacional de otros pintores de su época, su obra ocupa un lugar central en la identidad cultural noruega.

Kittelsen ganó notoriedad principalmente por sus ilustraciones de cuentos de hadas y leyendas populares, en especial aquellas protagonizadas por duendes y gnomos, criaturas omnipresentes en la tradición escandinava. 

"El duendecillo del agua" (Foto: WIkimdia Commons).

Su mirada sobre la naturaleza, entre el romanticismo y la pintura "naif", supo integrar elementos fantásticos en paisajes rurales y boscosos, generando imágenes que aún hoy definen el imaginario popular noruego.

De aprendiz de relojero a artista nacional

Nacido en un pequeño pueblo costero, Kittelsen enfrentó desde muy joven las dificultades económicas tras la muerte de su padre. A los once años comenzó a trabajar como aprendiz de relojero, pero su talento artístico llamó la atención de Diderich Maria Aall, quien le ofreció apoyo financiero para estudiar en la escuela de pintura de Wilhelm von Hanno en Cristianía (actual Oslo) y, más tarde, en Múnich.

"Gavillas de trigo a la luz de la luna" (Foto: WIkimdia Commons).

La falta de recursos obligó a Kittelsen a mantenerse en Alemania trabajando como ilustrador para periódicos y revistas. En 1882 obtuvo una beca para perfeccionarse en París, pero regresaría definitivamente a Noruega en 1887. Allí, inmerso en los paisajes rurales, encontró la fuente inagotable de inspiración que marcaría su carrera.

Durante su estadía en el remoto Faro de Skomvær, en las islas Lofoten, Kittelsen comenzó también a escribir textos que acompañaban sus dibujos, un rasgo distintivo de su producción posterior.

"Eco" (Foto: WIkimdia Commons).

Lauvlia: el refugio creativo

En 1899, Kittelsen se estableció con su familia en Lauvlia, cerca de Prestfoss, donde construyó una casa con su propio taller. El entorno natural, dominado por el lago Soneren y el monte Andersnatten, nutrió algunas de sus obras más recordadas. En este período, fue convocado por los folcloristas Peter Christen Asbjørnsen y Jørgen Moe para ilustrar su célebre recopilación "Norske Folkeeventyr" (Cuentos populares noruegos).

"El hada que desapareció" (Foto: WIkimdia Commons).

El trabajo de Kittelsen en Lauvlia consolidó su reputación como el gran ilustrador de la mitología y la tradición noruega. Sin embargo, pese al reconocimiento -incluido su nombramiento como Caballero de la Orden de San Olaf en 1908-, sus últimos años estuvieron marcados por dificultades económicas y problemas de salud, que lo obligaron a abandonar su hogar en 1910. Falleció en 1914, en bancarrota.

El legado de un imaginario

El arte de Theodor Kittelsen se distingue por su particular fusión entre la naturaleza real y el mundo fantástico. Sus troles, animales antropomórficos y paisajes hechizados no sólo ilustraron leyendas tradicionales, sino que resignificaron la relación entre los noruegos y su geografía.

"Doce patos salvajes" (Foto: WIkimdia Commons).

Hoy, Lauvlia funciona como un museo dedicado a su obra, con exposiciones anuales y actividades para niños, manteniendo vivo el legado de un artista que encontró en los bosques y montañas un universo mágico y a menudo inquietante.

Aunque su reconocimiento fuera de Noruega sigue siendo limitado, la obra de Kittelsen constituye una referencia insoslayable para quienes exploran la conexión entre arte, folclore y naturaleza en la cultura escandinava.

(Fuente: Infobae)

Más allá del trazo: la robótica revela nuevos secretos de la escritura humana

"El todo es más que la suma de sus partes", decía Aristóteles. Comprender un fenómeno requiere múltiples perspectivas. Cuantas más fuentes de información consideremos, más precisa será nuestra interpretación y mayor será nuestra capacidad de detectar patrones y relaciones ocultas.

(Foto: Mike Shots / Shutterstock).

Lo antedicho es, precisamente, lo que ocurre en el análisis electrónico de la escritura aplicado a ámbitos como la educación, la salud o la detección de firmas falsas, entre otros.

Actualmente, escribimos con bolígrafo y papel o mediante una tableta digital, por ejemplo. Sin embargo, la escritura no es sólo el rastro que deja el instrumento de escritura, sino un proceso que involucra el movimiento del brazo, el antebrazo y la muñeca. Las tabletas no pueden capturar esta información y, aunque unos sensores de captura de movimiento en el brazo puedan hacerlo, resultan invasivos y alteran la naturalidad del proceso.

Ahora bien, ¿existe una manera que nos permita estimar estos movimientos y comprender mejor el proceso de escritura sin interferir con el escribiente?

Correspondencia entre las partes de un brazo humano y un brazo robótico (Foto: Moisés Díaz / composición propia).

La clave está en la forma antropomórfica de los robots

Un brazo robótico puede reproducir la escritura con gran precisión. Al hacerlo permite fácilmente registrar la cinemática (velocidades y aceleraciones), y la dinámica (fuerzas involucradas en el movimiento de articulaciones). Al asimilar estos movimientos robóticos a los del brazo humano, se obtiene una valiosa fuente de información.

Ésto se debe a que los brazos robóticos, con sus grados de libertad y variedad de movimientos, se asemejan a la estructura y función del brazo humano. En algunos modelos, incluso es posible identificar equivalencias con partes específicas del cuerpo, como el tronco, el antebrazo, el brazo, el codo, la muñeca e, incluso, los dedos en aquellos que incorporan pinzas.

Por lo tanto, cuando un robot imita el proceso de escritura, todas sus partes se mueven de manera coordinada. Estos movimientos permiten estimar cómo se movería un brazo humano al realizar el mismo trazo, para luego incorporar esta fuente de información a los datos proporcionados por la tableta digital.

Explotando la robótica en el estudio de la escritura

Lo más interesante de estas nuevas características robóticas en el estudio de la escritura es su valor añadido en la aplicación de sistemas tecnológicos en campos como la seguridad, la salud y la educación.

Por ejemplo, es posible mejorar la detección de fraudes en firmas manuscritas. Por culpa de amenazas como los falsificadores profesionales o bots masivos, los sistemas de verificación automática de firmas se han vuelto más vulnerables. El análisis robótico del trazo ya ha demostrado su eficacia en la detección de impostores.

Por otra parte, este tipo de análisis ha resultado útil para mejorar la clasificación de dibujos o escritos realizados por pacientes con problemas neurodegenerativos.

También se ha aplicado en la detección temprana de trastornos de la escritura como la disgrafía. En la actualidad, sus resultados prometedores están en fase de revisión para ser publicados en revistas científicas.

En el terreno de la educación, verificar que la caligrafía de un niño -especialmente en las primeras etapas de la educación infantil- sea acorde a su edad es crucial para adelantarse a posibles problemas en el desarrollo de la motricidad fina y prever futuras disfunciones. En este proceso, las características robóticas pueden marcar la diferencia.

¿Y si no dispongo de un robot?

Isaac Newton y las relaciones trigonométricas avanzadas nos ofrecen una solución alternativa. A partir de un modelo robótico determinado, la llamada formulación lagrangiana (fórmula para calcular la trayectoria de un objeto teniendo en cuenta energía cinética y energía potencial invertida) permite calcular estas características robóticas desde un enfoque teórico, estimando, de manera fiable y con suficiente precisión, los valores de la cinemática y dinámica del brazo robótico para el análisis de la escritura.

Sin embargo, un modelo robótico fiel a la anatomía humana de un brazo requiere un modelo físico-matemático altamente complejo, cuyo cálculo en tiempo real representa un reto debido a su alto consumo de recursos computacionales.

Afortunadamente, estudios recientes han desarrollado inteligencia artificial capaz de estimar la cinemática y dinámica del movimiento de un brazo robótico con seis grados de libertad, es decir que el brazo robótico puede moverse de forma independiente en seis puntos distintos de su estructura. Esta IA sólo requiere los datos recogidos por una tableta para poder funcionar. Tras ser procesados por un modelo entrenado, es posible estimar casi en tiempo real las características robóticas asociadas a la escritura.

La ciencia avanza y encontrar nuevas formas de analizar un fenómeno es esencial para comprenderlo mejor y tomar decisiones más informadas.

(Fuente: The Conversation)

Conozcamos Pingelap, el atolón del Océano Pacífico donde el mundo se ve en blanco y negro

En un remoto rincón de nuestro planeta, existe una isla donde "rojo", "verde" o "azul" no son más que palabras vacías de significado para un porcentaje inusualmente elevado de la población.

Las personas con acromatopsia ven el mundo en blanco y negro (Foto: David Adam Kess / Wikimedia Commons).

A estas personas, la naturaleza se les revela en blanco, negro y gris; la selva pierde su exuberante verdor y los atardeceres, su cautivadora paleta de tonos anaranjados y rojizos. La luz del día les resulta muy molesta e incluso dolorosa, obligándolos a protegerse constantemente con gafas de sol.

En este rincón, el atolón Pingelap, parte de los Estados Federados de Micronesia, ocurrió un evento que condujo al extraordinario aumento de la prevalencia de una extraña enfermedad genética que en el resto del mundo es atípica: la acromatopsia. 

Detalle de la pista de aterrizaje norteamericana de la isla Pingelap, una de las tres islas que componen el atolón homónimo (Foto: Carlin Leslie / Wikimedia Commons).

Las claves genéticas de la acromatopsia

El conocido neurólogo y divulgador Oliver Sacks viajó a Pingelap para conocer de primera mano este singular fenómeno y entrevistar a las personas que presentaban la enfermedad. Tan fascinado quedó que escribió un libro para contar su experiencia: "La isla de los ciegos al color".

La acromatopsia es un trastorno hereditario recesivo. Esto significa que, para que se manifieste, el paciente debe heredar dos copias del gen alterado o mutado, una procedente de la madre y otra del padre.

Se han detectado seis genes vinculados con la acromatopsia. No obstante, la mayoría de los pingelapeses afectados presentan una mutación en el gen CNGB3, localizado en el cromosoma 8. La alteración de este gen provoca la pérdida de funcionalidad de los conos, las células presentes en nuestras retinas responsables de que podamos percibir el color, ya que son sensibles a las longitudes de onda del rojo, del azul y del verde. También están involucradas en la agudeza visual.

Más concretamente, el gen CNGB3 produce una proteína que forma parte de un canal que atraviesa la membrana celular de los conos, conectando el interior celular con el espacio extracelular. Cuando el canal funciona correctamente, se mantiene abierto en condiciones de oscuridad, dejando pasar iones positivos de sodio y calcio al interior de la célula.

En cambio, cuando la luz llega a los conos, estos canales se cierran, generando un cambio en el potencial de membrana de los conos. Este cambio genera una señal que recorre el nervio óptico hasta alcanzar el cerebro, que es el que interpreta dicha señal, resultando en la percepción del color. El mal funcionamiento del canal impide que esta secuencia de acontecimientos suceda.

Los síntomas de la acromatopsia comienzan a menudo a partir de los dos meses de edad y cursan con la incapacidad de percibir colores, fotofobia, escasa agudeza visual, nistagmo (movimiento involuntario de los ojos) y una elevada probabilidad de desarrollar cataratas. Sin embargo, no todo es malo, ya que estas personas poseen una visión nocturna magnificada, por lo que prefieren realizar sus actividades cotidianas, como pescar o buscar frutos, por la noche.

El fenómeno "cuello de botella" entra en acción

Aproximadamente el 10 % de los pingelapeses posee acromatopsia y un 30 % es portador del gen mutado sin manifestar la enfermedad. Son cifras inusualmente elevadas, máxime teniendo en cuenta que en el resto del mundo la prevalencia es de un caso por cada 20.000 a 50.000 habitantes según la región. Pero ¿cómo se llegó a esta situación?

Para comprenderlo, debemos retroceder tres siglos. En torno a 1775-1780, un devastador tifón de nombre Lengkieki asoló el atolón. El desastre natural combinado con las consecuentes hambrunas dejó a un grupo de tan sólo 20 supervivientes.

Entre los afortunados había un varón, probablemente el jefe de la tribu, que era portador del gen CNGB3 mutado. Tuvo tres esposas con las que contribuyó sustancialmente a la repoblación del atolón, pero también a que aumentase la frecuencia del gen mutado causante de la acromatopsia en las generaciones sucesivas. Según los estudios genéticos, la enfermedad no comenzó a aparecer entre la población hasta la cuarta generación.

Un cuello de botella puede provocar en muy poco tiempo que algunos alelos -variantes de un mismo gen- que antes eran muy frecuentes en una población disminuyan drásticamente o desaparezcan, mientras que otros, antes raros, se vuelvan más comunes (Foto: Open Stax College).

Es probable que, antes de la llegada del tifón, el gen mutado fuese muy poco frecuente en Pingelap. Sin embargo, la drástica reducción poblacional conllevó una disminución de la variabilidad genética y la supervivencia aleatoria de determinados genes, incluyendo al causante de la acromatopsia. Este fenómeno se conoce en biología evolutiva como cuello de botella.

Posteriormente, la reproducción del individuo portador aceleró la fijación del gen mutado en la población. A ello se sumó el aislamiento geográfico, ya que no fue hasta 1873 cuando unos misioneros foráneos se asentaron en el atolón, y la propia cultura pingelapense, cuya religión desalienta el matrimonio con personas extranjeras, favoreciéndose así la endogamia. La combinación de todos estos factores contribuyó a que la acromatopsia se convirtiera en un rasgo excepcionalmente frecuente en Pingelap a lo largo de las generaciones.

Actualmente se están desarrollando terapias génicas en modelos animales para revertir los efectos de los genes mutados responsables de la acromatopsia. Por tanto, es probable que, en un futuro no muy lejano, los descendientes de aquel líder pingelapense que sobrevivió al destructivo tifón puedan volver a disfrutar de los colores del mundo y de la luz del día.

(Fuente: The Conversation)

lunes, 28 de abril de 2025

Las producciones cinematográficas argentinas alcanzaron un récord histórico, pero triste: el INCAA no aprobó ni una película en todo un año

El organización Espacio Audiovisual Nacional (EAN) publicó un informe explicando la situación actual del cine argentino. En todo un año el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales no aprobó la realización de ninguna película en todo el país, hecho que ocurre por primera vez desde la creación del organismo en 1968.

(Foto: prensa INCAA).

Su documento (al que puede accederse haciendo click aquí) detalla que, desde la asignación de Carlos Pirovano como presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, se han "tomado decisiones en contra del espíritu de la Ley de Cine". A corto plazo tendrá un impacto muy grande en las funciones de todas las salas del país. Las películas argentinas representaban un 10% de la taquilla anual, mientras que, desde 2024, se redujo a un 2%.

Un claro ejemplo de esta caída es que las historias más esperadas a nivel nacional son "El Eternauta" y la película basada en la serie "Los Simuladores", proyectos que se realizan con gran parte de ayuda de productoras internacionales, Netflix y Paramount. Por otro lado, está la posición del gobierno nacional. Desde su campaña, Javier Milei y sus allegados criticaron el funcionamiento del INCAA y lo señalaron, insólita y despectivamente, como un "formador de militantes".

Vanesa Pagani, presidenta de la Asociación de Productores Independientes de Medios Audiovisuales (APIMA), durante una entrevista radial, sostuvo que "no hay cumplimiento de la Ley de Fomento hacia lo audiovisual. Creo que el año que viene va a haber cero presencia de películas en festivales, simplemente  porque no se han hecho", sentenciaba.

Por qué el INCAA no aprobó ninguna película

El EAN desarrolla tres puntos claves para entender la realidad del cine en Argentina, entre las que se encuentran las nuevas reglas para los subsidios, medida que dividía los films por "interés", concepto que nunca quedó claro cómo se trabajaría. Al mismo tiempo se modificaron los cuadros de subsidios, en donde se entrega dinero por el total del generado en taquilla, y el INCAA no puede destinar más del 5% de su presupuesto a los proyectos.

La preclasificación de proyectos fue un punto criticado, ya que impide que los productores sepan en qué momentos recibirán el dinero; el Decreto 662/2024 obliga a esperar un año para recibir otro subsidio, retrasando cualquier obra y un 50% de reconocimiento de gastos.

También señalan la falta de apoyo y financiamiento a festivales nacionales, que no sólo permitían que los títulos se conozcan y lograba llevar el cine a otras personas, y la transferencia de la plataforma Cine.ar a la Secretaría de Medios y Comunicación de la Presidencia hizo que la taquilla fuese de un 2,19% a un 60% en 2023, antes de la actual gestión.

Hubo también ausencia a nivel internacional, sostienen. Argentina ya no organizará Ventana Sur (cuya página web se encuentra desactivada), evento que permitía la llegada de productoras internacionales, y las tiras internacionales también perdieron financiación para llegar a eventos de calibre mundial. Todas son razones que explican el funcionamiento casi nulo del INCAA, según EAN.

(Fuente: Xataka Argentina / redacción propia)

Más allá del ojo humano: cinco personas vieron un color azul verdoso que nunca existió en la Tierra

Logran estimular la retina con láser para crear un nuevo color, al que denominaron "Olo". Un avance sin aplicaciones inmediatas pero con implicancias filosóficas y científicas. 

Una luz dirigida al centro del ojo: la ciencia se acerca, una vez más, a los bordes de lo real (Foto: Shutterstock).

Durante siglos, el ojo humano fue considerado una frontera: un mecanismo afinado por la evolución, capaz de captar apenas una fracción del espectro electromagnético. Pero en un laboratorio de la Universidad de California en Berkeley, esa frontera acaba de moverse. Un equipo de investigadores desarrolló un sistema óptico capaz de estimular, de manera aislada, uno de los tres tipos de conos fotorreceptores de la retina, las células responsables de convertir la luz en señales eléctricas que el cerebro interpreta como "color".

El resultado fue la percepción de un fenómeno cromático completamente nuevo. Un color que no existe en la naturaleza ni en las tecnologías actuales. Un color imposible: lo llamaron Olo. Según los cinco voluntarios que participaron del experimento, se trata de un azul verdoso de una pureza absoluta, imposible de describir con las palabras o los matices conocidos.

¿Cómo poder ver lo que nunca se vio? El estudio, publicado en Science, donde se explica este hallazgo que parece desafiar los límites mismos de la percepción. El sistema utiliza rayos láser de altísima precisión para estimular selectivamente un único tipo de cono en la retina: el M, sensible a longitudes de onda medias, es decir, al verde. En condiciones naturales, cualquier estímulo visual activa al menos dos tipos de conos. Por eso, aislar uno de ellos sin interferencias era, hasta ahora, una hazaña técnica impensable.

La lógica del experimento es simple; su ejecución, todo lo contrario. No se trató de mezclar colores -como hace una pantalla o una paleta de pintura- sino de modular microdosis de luz con tal exactitud que sólo un tipo de fotorreceptor se activara. El resultado fue quirúrgico: una estimulación controlada, sin contaminación cromática.

Los voluntarios, entrenados para mantener la mirada fija sobre un punto minúsculo de la retina -la única región donde el sistema puede operar con precisión-, describieron lo mismo: un color sin comparación posible. Lo calificaron con el máximo nivel de saturación posible (4 sobre 4). No era un verde más, no era un azul más. Era otra cosa: era Olo.

Nuevo código para un nuevo color

El nombre no es un capricho: Olo es la representación binaria de 010, un código que simboliza la activación del cono M, mientras los conos S (azul) y L (rojo) permanecen inactivos. Esa exclusividad, esa soledad del estímulo, es lo que da lugar a este fenómeno. Un color que existe solo bajo condiciones de laboratorio. Un color que no debería existir.

Desde el punto de vista técnico, algunos especialistas discuten si esto puede considerarse un "nuevo color" en términos absolutos. Pero la experiencia subjetiva de los participantes fue inequívoca: vieron algo que jamás habían visto. Algo para lo que no hay nombre.

El sistema, bautizado Oz, es por ahora una prueba de concepto. No será útil para pantallas ni para aplicaciones comerciales. Es costoso, delicado y requiere un entorno de laboratorio. Pero abre una puerta interesante: la posibilidad de diseñar experiencias visuales que no siguen las reglas conocidas de la luz. Forzar los límites de la percepción para ver lo que antes era invisible.

Además del impacto sensorial, los investigadores destacan sus posibles aplicaciones futuras en el estudio de enfermedades visuales, el desarrollo de terapias personalizadas o el análisis de la percepción en personas con daltonismo. Pero eso será más adelante. Por ahora, el hallazgo no es práctico. Es otra cosa: una fisura en la idea de que ya vimos todo.

Con todo, la visión, como toda capacidad humana, tiene límites. Se ve lo que se puede, no lo que hay. Olo -ese azul verdoso absoluto, irrepetible- es la prueba de que todavía hay mundos por descubrir. Aunque sólo estén dentro del ojo.

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ)

Feria Internacional del Libro 2025: Leila Guerriero ganó el Premio de la Crítica por una historia real durante la dictadura cívico-militar argentina

"La llamada", que reconstruye la dura experiencia de la militante Silvia Labayru, fue el más votado por quienes se dedican al comentario y crítica literaria.

(Foto: composición propia).

Una obra de no ficción, "La llamada", fue el libro más votado por los críticos argentinos que se reunieron en la Feria Internacional del Libro para elegir lo mejor de 2024.

Tras varias rondas, en las que se barajaron nombres prestigiosos, se impuso la investigación de Leila Guerriero, que se centra en Silvia Labayru, una mujer que fue secuestrada por la dictadura y llevada la Escuela de Mecánica de la Armada. Labayru era parte de la Inteligencia de Montoneros y era hija y nieta de militares. Andaba, se cuenta en el libro, "con una pistola en el pantalón y una pastilla de cianuro en el bolso".

Como explica la editorial del libro, Anagrama, en su página web: "En la ESMA, Labayru fue torturada, obligada a realizar trabajo esclavo, violada reiteradamente por un oficial y forzada a representar el papel de hermana de Alfredo Astiz, un miembro de la Armada que se había infiltrado en la organización Madres de Plaza de Mayo, un operativo que terminó con tres Madres y dos monjas francesas desaparecidas".

La historia no termina allí: en 1978, Labayru es liberada y parte hacia Madrid. "Pero el infierno -dice la editorial- no había terminado. Los argentinos en el exilio la repudiaron, acusándola de traidora a raíz de la desaparición de las Madres".

Ese es el personaje cuya historia reconstruye Guerriero, una periodista nacida en Junín, provincia de Buenos Aires, en 1967, que tiene publicados libros como "Los suicidas del fin del mundo", "Cuba en la encrucijada", "Opus Gelber" y "La dificultad del fantasma. Truman Capote en la Costa Brava".

"Una de nuestras mejores cronistas de esta época, que hace tiempo ha puesto al género en un pedestal mayor, digno de la mejor narrativa", dice Ezequiel Martínez, director de la Feria. "'La obra es un ejemplo de su capacidad de captar una historia personal, abordarla desde todas las perspectivas posibles y aún desde aquellas que el lector no imagina, tomando la distancia tan difícil de conseguir al momento de narrarla con objetividad".

El texto recibió, antes que el de la Crítica en la Feria del Libro de Buenos Aires, el Premio Zenda de Narrativa 2023-2024.

El jurado estuvo presidido por Nelly Espiño e integrado por: Verónica Abdala, Danilo Alberó, Carlos Aldazábal, Alejandro Belloti, Graciela Aráoz, Natalia Blanc, Leonor Fleming, Silvina Friera, Ignacio Iraola, Santiago Kalinowski, Patricia Kolesnicov, Agustina Larrea, Antonio Las Heras, Maxi Legnani, Cristina Mucci, Rafael Oteriño, Héctor Pavón, Flavia Pittella, Osvaldo Quiroga, Susana Reinoso, Máximo Soto, Eugenia Zicavo y Patricio Zunini.

Por esta distinción, que se entregará el 3 de mayo a las 16:00 en la Feria (sala Rodolfo Walsh), Guerriero recibirá una recompensa de 500.000 pesos.

Para comprar el libro en formato audiolibro, hacer click aquí.

(Fuente: prensa Feria Internacional del Libro de Buenos Aires)

El Teatro Colón porteño se llena de música y solidaridad para recuperar lo perdido en Bahía Blanca

El martes 6 de mayo la Orquesta Académica, dirigida por Juan Miceli, ofrecerá una función a beneficio de la Orquesta Escuela de Ingeniero White, que se quedó sin sus instrumentos luego de la reciente inundación.

La Orquesta Académica del Teatro Colón, dirigida por Juan Miceli, ofrecerá una función benéfica el martes 6 de mayo (Foto: prensa Teatro Colón).

Después del agua, el silencio. En marzo, un temporal devastador golpeó a Bahía Blanca y dejó una huella profunda en Ingeniero White, donde la Orquesta Escuela, un proyecto comunitario que desde 2008 brinda educación musical estatal y gratuita a más de cien niños, niñas y jóvenes- perdió todo: instrumentos, partituras, equipos. Lo que había llevado años construir, desapareció en apenas unas horas.

"Perder los instrumentos fue como perder una parte de nuestra historia", dice Alejandra Hall, su coordinadora. "Eran las voces de quienes encuentran en la música un lugar, una forma de expresarse".

El temporal del 7 de marzo afectó a la ciudad de Bahía Blanca y sus alrededores (Foto: Gustavo Gavotti).

Pero hay silencios que no se resignan. El próximo martes 6 de mayo a las 20:00, el Teatro Colón abrirá su Sala Principal para un concierto solidario que buscará reunir los fondos necesarios para que la Orquesta Escuela pueda volver a funcionar.

El evento contará con la participación de la Orquesta Académica del Colón, bajo la dirección de Juan Miceli, e incluirá al violinista Xavier Inchausti -concertino de la Filarmónica de Buenos Aires y al humorista y músico Agustín "Rada" Aristarán, ambos oriundos y orgullosos hijos de Bahía Blanca.

"Todavía me acuerdo de los estuches llenos de agua, las maderas hinchadas, las cuerdas oxidadas", recuerda Hall. "Había instrumentos que estaban con nosotros desde el día uno, desde que fundamos la orquesta. No eran sólo herramientas: eran parte nuestra".

La Orquesta Escuela de Bahía Blanca - Ingeniero White perdió todos sus instrumentos durante la inundación del 7 de marzo (Foto: prensa Orquesta Escuela de Ingeniero White).

La iniciativa cuenta con el impulso del Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el apoyo del Grupo DESA. Se podrá seguir por streaming y todo lo recaudado se destinará a la reposición de instrumentos.

"No sabíamos cómo seguir. ¿Cómo se enseña música sin instrumentos?", plantea Hall. "Pero la solidaridad empezó a llegar. Gente que se conmovió, medios que hicieron circular lo que nos pasaba".

La Orquesta Escuela no es sólo un espacio de formación musical: es también una red de contención, un refugio, una segunda casa para muchas infancias atravesadas por la desigualdad. "Hay chicos que lo dicen tocando. Chicos silenciosos que, cuando tocan, dicen todo", resume Hall. "Donde hubo barro, queremos volver a poner música".

El 6 de mayo, el Colón no será solo un escenario: será también un puente entre el pasado y el futuro. Entre el dolor y la reparación. Las entradas están disponibles en el sitio web del Teatro Colón, haciendo click aquí. Lo recaudado será destinado íntegramente a la compra de instrumentos para la orquesta bahiense. Porque si algo enseñó esta historia, es que la música también puede ser una forma de resistencia.

(Fuente: Infobae)

Las "alucinaciones" siguen siendo el talón de Aquiles de la IA: los últimos modelos de OpenAI inventan demasiado

Los modelos O3 y O4-mini de OpenAI alucinan más que sus predecesores, y ni el razonamiento mejorado ha conseguido erradicar por completo esta limitación.

(Foto: OpenIA).

La inteligencia artificial no está evolucionando: está despegando. En apenas dos años y medio hemos pasado de GPT-3.5 a GPT-4o, y quien haya probado ambos lo sabe: la diferencia en la experiencia de conversación es enorme. GPT-3.5 marcó un antes y un después al inaugurar la era ChatGPT, pero hoy nadie probablemente volvería a usarlo si tiene a su alcance modelos más avanzados.

Ahora bien, ¿qué significa que un modelo sea "más avanzado"? La respuesta es compleja. Hablamos de ventanas de contexto más amplias (es decir, la capacidad de leer y procesar más información a la vez), de resultados más elaborados y, en teoría, de menos errores. Pero hay un punto que sigue siendo espinoso: las alucinaciones. Y no siempre se avanza en la dirección correcta.

¿Qué son en este caso las alucinaciones? En IA, alucinar significa "inventarse cosas". Son respuestas que suenan bien, incluso convincentes, pero que son falsas. El modelo no miente porque quiera, simplemente genera texto en función de patrones. Si no tiene datos suficientes, se los imagina. Y eso puede pasar desapercibido. Ahí está el riesgo.

O3 y O4-mini: más razonamiento, más errores

En septiembre del año pasado llegaron los llamados modelos razonadores. Supusieron un salto importante: introdujeron una especie de "cadena de pensamiento" que mejoró su rendimiento en tareas complejas. Pero no eran perfectos. O1-Pro era más caro que O3-mini, y no siempre más eficaz. Aun así, toda esta línea se presentó con una promesa: reducir las alucinaciones.

El problema es que, según los propios datos de OpenAI, eso no está ocurriendo. El sitio especializado TechCrunch cita un informe técnico de la compañía donde se reconoce que O3 y O4-mini alucinan más que sus predecesores, literalmente. En las pruebas internas con PersonQA, O3 falló en el 33% de las respuestas, el doble que O1 y O3-mini. O4-mini lo hizo aún peor: 48%.

Otros análisis, como el del laboratorio independiente Transluce, muestran que O3 incluso se inventa acciones: decía haber ejecutado código en un MacBook Pro fuera de ChatGPT y luego haber copiado los resultados. Algo que, sencillamente, no puede hacer.

Un reto que sigue pendiente

La idea de tener modelos que no alucinen suena fantástica. Sería el paso definitivo para confiar plenamente en sus respuestas. Pero, mientras tanto, toca convivir con este problema. Sobre todo cuando usamos la IA para tareas delicadas: resumir documentos, consultar datos, preparar informes. En esos casos, conviene revisar todo dos veces.

Porque ya ha habido errores serios. El más sonado fue el de un abogado que presentó ante el juez documentos generados por ChatGPT. Eran convincentes, sí, pero también ficticios: el modelo se inventó varios casos legales. La IA avanzará, pero el juicio crítico, por el momento, sigue siendo cosa nuestra.

(Fuente: Xataka)

Qué es la "ecocrítica literaria", la nueva forma de leer la naturaleza en los libros

La relación entre la literatura y el medio ambiente se desarrolla a través de los libros: desde "Walden" de Henry David Thoreau hasta "Distancia de rescate" de Samanta Schweblin.

(Foto: Shutterstock).

Así como se puede estudiar la literatura desde un punto de vista feminista, poscolonial o materialista, existe la mirada ecocrítica, que es aquélla que intenta dar cuenta de la relación entre la literatura y el medio ambiente. No debe confundirse este estudio con la escritura explícita de textos que hablen de ciertos temas que están en boga.

Esos textos escritos "ad hoc" muy pocas veces pueden ser considerados literarios, ya que en su mayoría son encargados con una agenda editorial que busca captar la atención de los lectores hacia esos temas. Podemos encontrar en estos tiempos muchos textos acerca de la diversidad sexual, las nuevas (no tan nuevas) configuraciones familiares, la multiculturalidad o el bullying. Debido a su funcionalidad informativa o persuasiva, esos textos son sólo encargados para un fin didáctico y rara vez pueden ser tomados como literatura.

En ese sentido, la ecocrítica no es la excepción a la regla de la academia y aborda lecturas que difícilmente se hayan percibido como ecológicas en su época. El gran ejemplo de estudio pormenorizado de la ecocrítica es el ensayo "Walden, la vida en los bosques" escrito en 1854 por Henry David Thoreau.

(Foto: composición propia).

¿Cómo nacen los estudios ecocríticos?

En 1978, el académico norteamericano William Rueckert acuña el término "ecocrítica" en un ensayo que titula "Literatura y ecología: un experimento de ecocrítica". En este texto fundacional se sientan las bases de lo que luego dará forma a este campo de estudios. Desde sus comienzos, este lente buscó dar cuenta de la relación entre la literatura y la ecología, en el sentido de que la literatura puede pensarse como un sistema de transferencias e interacciones, tal como sucede en los ecosistemas naturales.

Entonces, Rueckert plantea un análisis de la literatura que se haga desde la aplicación de principios ecológicos. Términos como "energía" o "sustentabilidad" pueden aplicarse al estudio literario, como también la perspectiva ecológica desde aquéllos textos que representan la naturaleza y se relacionan con las preocupaciones ecológicas.

En 1989 se creó ASLE (Association for the Study of Literature and Environment) y así se institucionalizaron los estudios ecocríticos. En 1995, Lawrence Buell publicó "The Environmental Imagination" (La imaginación medioambiental), texto fundamental hasta el día de hoy.

Ya para finales de los '90, la ecocrítica pasó a integrar los departamentos de estudios culturales de las universidades más importantes del mundo bajo el mismo ala que los estudios coloniales, poscoloniales, feminismo, estudios "queer", etc. Siempre, y desde ya, formando parte de los estudios periféricos de los grandes temas de las Humanidades.

(Foto: composición propia).

En su libro "Nunca fuimos modernos" (1991), Bruno Latour sostiene que la modernidad separa falsamente la naturaleza de la cultura, cuando en realidad están profundamente entrelazadas. El ecocriticismo, especialmente en su segunda oleada, se alineó con esta idea al enfatizar que la literatura no debe reforzar una división estricta entre los humanos y el medio ambiente, sino más bien explorar sus interconexiones.

El ecocriticismo influenciado por Latour a menudo examina cómo la literatura imagina las relaciones políticas y éticas entre los humanos y el mundo más que humano. Y, sobre todo, plantea la necesidad de que la literatura retrate el cambio climático no solo como el telón de fondo para contar y narrar historias humanas sino para presentar a la naturaleza como un actor, un personaje con presencia activa que moldea de manera diferente la literatura y el pensamiento. En este sentido, principalmente la ciencia ficción y la ficción especulativa se analizan a menudo a través de una lente latouriana para explorar futuros ecológicos alternativos.

Un gran salto para los estudios ecocríticos fue también la publicación del ensayo "El clima de la historia en una era planetaria" de Dipesh Chakrabarty en 2009. Podremos decir que, junto con los trabajos de Bruno Latour, brindó un marco teórico fundamental en el desarrollo de la idea del Antropoceno. En su ensayo seminal, Chakrabarty explora el cruce entre la historia, el cambio climático y el Antropoceno y urge a repensar las perspectivas desde las que observamos la historia centradas en el humano para enfocarnos en una mirada planetaria.

De la misma manera que Latour, Chakrabarty ancla su hipótesis en la modernidad y la Ilustración y presenta algunas hipótesis clave que desafían los marcos históricos y políticos tradicionales a la luz del cambio climático, y para eso se detiene en "la era del antropoceno" y desde ese lugar enmarca su tesis: el antropoceno no es un período histórico sino una forma diferente de ver las eras geológicas, una ruptura en las formas que tenemos de concebir la historia.

La historia tradicional se centra en los humanos, en las civilizaciones, las guerras, las economías. Sin embargo, la mirada desde el antropoceno nos obliga a considerar la humanidad como una fuerza geológica que impacta en nuestro sistema terrestre y entonces requiere que los pensadores e historiadores vayan más allá de las narrativas centradas en el humano para poder pensar en una escala planetaria. Aquí es, en cierto sentido, donde une sus ideas con Bruno Latour, ya que ambos encuentran los orígenes de la disociación entre naturaleza y humanidad en la era moderna.

(Foto: composición propia).

Chakrabarty se detiene en analizar cómo la modernidad entendió la forma de contar la historia al separar a los humanos de los museos de historia natural, y distingue entre la historia humana (registrada a través de la cultura y la civilización) y la historia planetaria (las transformaciones geológicas de la Tierra). De esta manera, la historia natural se disocia de las narrativas de la historia de la humanidad.

Parte de las consecuencias de esta separación se ven reflejadas en el cambio climático ya que, según se plantea desde la ecocrítica, nuestra mirada del planeta (al que llamamos mayormente "mundo") se separa del resto de la naturaleza para observarla, analizarla, estudiarla y, sobre todo, explotarla para el beneficio de los humanos. Basta recorrer cualquier museo de ciencias naturales, muchos de los cuales se fundaron durante la época colonial, para entender a primera vista cómo reflejan a menudo una visión del mundo occidentalista y en muchos casos nacionalista.

Chakrabarty sugiere que los museos deberían ir más allá de los marcos nacionales para abordar el cambio climático global, el colapso ecológico y los futuros planetarios compartidos para evitar presentar la naturaleza como algo separado de la historia humana.

Los sistemas políticos modernos, basados en los Estados-nación, están mal equipados para abordar crisis planetarias como el cambio climático, ya que todas las estructuras, derechos, leyes y factibilidad de gobernación están centrados en el ser humano y no contemplan la gestión del clima de la Tierra.

Se necesitan acuerdos que trasciendan los intereses nacionales e incorporen las realidades ecológicas. Y este cambio es posible solo si repensamos la historia, la política y la filosofía más allá de los marcos centrados solamente en el ser humano.

(Foto: composición propia).

Uno de los libros más apasionantes para discutir la mirada ecológica de la literatura es "The Great Derangement" (El gran desvarío) de Amitav Ghosh. Es fascinante. Ghosh se pregunta por qué, si el cambio climático es tan acuciante, la literatura no está dando cuenta de ello. De esta manera, explora cómo las novelas modernas muy pocas veces incorporan catástrofes climáticas y en su lugar se centran cada vez más en narrativas personales.

Claro que podemos pensar en la ciencia ficción como la gran abanderada de las catástrofes climáticas y su interacción con los humanos, dice Ghosh. Pero la ciencia ficción rara vez ocupa las páginas de reseñas de los suplementos "serios" de los diarios que marcan la tendencia en las lecturas. Si lo pensamos, casi toda la literatura de ciencia ficción o de anticipación sucede en medio de cambios climáticos y catástrofes naturales mayormente provocadas por los humanos.

En un giro original y esclarecedor, Ghosh plantea que la literatura contemporánea ha ignorado en gran medida el cambio climático porque su extrañeza y ominosidad impiden el gesto de la ficción. En otras palabras, lo ominoso, lo extraño no se encuentra más dentro de la seguridad de las páginas de un libro sino, por el contrario, se encuentra afuera, en la realidad, al cerrar el libro. Y por eso, Ghosh se pregunta qué pasará en el futuro cuando los críticos analicen la literatura de principios del siglo XXI para encontrar que el cambio climático no fue abordado sino desde géneros muy específicos, y entonces llamarán a esta época "el gran desvarío".

El autor hace una salvedad interesante sobre la literatura poscolonial, particularmente india (él es de origen bangladesí). Su tesis es que ya que los países en desarrollo basan su economía en la explotación de la tierra, son los que paradójicamente están sufriendo en mayor medida los cambios climáticos. Atrapados en esa economía de materia prima, no encuentran más salida que la explotación abusiva de la tierra con la consecuente destrucción de los ecosistemas.

Siempre el desborde de la literatura se hace desde el centro hacia las periferias, y seguramente ni Latour, ni Ghosh ni Chakrabarty hayan leído textos de este lado del continente, donde el tema del cambio climático asociado a la economía y la explotación excesiva de la tierra aparece con todas las características de la ecoliteratura.

Aquí, los cuentos del libro "Ustedes brillan en lo oscuro" de la escritora boliviana Liliana Colanzi, o las novelas "Distancia de rescate" de Samanta Schweblin y "Hay que volver a las casas" de Ezequiel Pérez, o la "Trilogía del agua" de Claudia Aboaf -para nombrar sólo algunos- son ejemplos claros en los que la naturaleza no es sólo un telón de fondo, sino que es una fuerza con agencia: la injerencia de los humanos crea los cambios que luego nos afectan, y los paisajes tienen roles activos, y se imponen ya sea de manera benigna, amenazante o indiferente, pero presente.

Para el caso, Horacio Quiroga en "Cuentos de amor, de locura y de muerte" o "Sin rumbo", de Eugenio Cambaceres, son otras de las tantas ficciones que aceptan con gran caudal de representación la lectura ecocrítica.

(Foto: composición propia).

Seguramente, a estas alturas podríamos estar pensando en Cormac McCarthy, Philip K. Dick, Ray Bradbury, Mary Shelley, "Las uvas de la ira" de John Steinbeck o Fogwill en su grandiosa novela "Los pichiciegos", sólo para nombrar algunas de las grandes obras que hoy pueden ser resignificadas desde una lectura ecocrítica que les dé nuevas alas y vuelva a traerlas al centro de nuestras lecturas contemporáneas.

En palabras teóricas de William Rueckert: "¿Cómo podemos hacer algo más que reciclar palabras? Dejemos que la crítica experimental se enfrente a este dilema. ¿Cómo podemos pasar de la comunidad de la literatura a la comunidad biosférica más amplia a la que, según nos dice la ecología (correctamente, creo), pertenecemos, incluso cuando la estamos destruyendo?".

O, en las palabras de la poeta australiana Judith Wright, en el final de su poema "Australia, 1970":

"Alabo la sequía puntual, las tormentas de polvo,
el arroyo seco, el animal furioso,
que todavía se nos oponen;
que nos arruina aquéllo que matamos".

(Fuente: Infobae)

Cómo la película "Cónclave" se convirtió en profecía de lo que sucederá en el Vaticano debido a la sucesión papal

Estrenada antes del fallecimiento del papa Francisco, la obra de Edward Berger recobra vitalidad en vísperas de la elección del nuevo líder de la Iglesia Católica: ¿cuánto reproduce y cuánto distorsiona en realidad? 

"Cónclave", protagonizada por Ralph Fiennes (imagen), tuvo un considerable aumento en sus visualizaciones en las plataformas de streaming luego de la muerte del papa Francisco (Foto: Focus Features / AP).

La especulación que rodea a un cónclave para elegir a un papa es una tradición antiquísima. Pero para el inminente cónclave tras la muerte del papa Francisco, las filas de los expertos aficionados en el Vaticano se han multiplicado, gracias a Hollywood.

"Cónclave", la película, un sombrío thriller político, presentó a muchos espectadores laicos de todo el mundo el antiguo proceso de selección con sus reglas arcanas y ceremonias majestuosas, aunque con un giro propio del cine lleno de intrigas palaciegas y sorpresas.

Aunque tiene sus críticos, el film trata la solemnidad de una elección papal con respeto y representa con precisión muchos rituales y problemas contemporáneos a los que se enfrenta hoy la Iglesia Católica. Sin embargo, expertos del Vaticano advierten que la película no lo acierta todo. Este es un análisis de lo que la película protagonizada por Ralph Fiennes hace bien -y mal- sobre los cónclaves.

Cardenales portan sus birretes rojos de tres picos ante un consistorio en la Basílica de San Pedro del Vaticano, el sábado 19 de noviembre de 2016 (Foto: Focus Features / AP).

Escenografía y estética

La película sobresale al recrear el aspecto y la atmósfera de un cónclave. "Acierta en muchas cosas. Intentaron reproducir con precisión la mise-en-scène del Vaticano", dice William Cavanaugh, profesor de estudios católicos en la Universidad DePaul en Chicago. "Muestran que gran parte del drama se desarrolla en las conversaciones previas a la reunión de los cardenales".

No es una recreación perfecta, según el reverendo Thomas Reese, analista senior en el Religion News Service y experto en el Vaticano. Considera que los valores de producción de la película son "maravillosos", pero señala ligeras discrepancias en la vestimenta de los cardenales.

"El rojo de las vestimentas de los cardenales es un rojo intenso, mientras que en la realidad es más anaranjado. Francamente, en lo personal, me gusta más la versión de Hollywood", dijo Reese, sacerdote jesuita que escribió el libro "Dentro del Vaticano: la política y organización de la Iglesia Católica".

Protocolos papales

La película se alinea con las expectativas reales de un cónclave rápido, señala Massimo Faggioli, profesor de teología histórica en la Universidad de Villanova en Pensilvania.

"Un cónclave largo enviaría el mensaje de una Iglesia dividida y posiblemente al borde de un cisma. La historia de los cónclaves en el último siglo es realmente una historia de cónclaves cortos", afirma.

Peter Straughan, ganador del premio al mejor guion adaptado por "Cónclave", posa en la sala de prensa de los Oscar el domingo 2 de marzo de 2025 en el Teatro Dolby de Los Ángeles (Foto: Jordan Strauss / Invision / AP).

Reese señala otras discrepancias. Aunque el proceso de votación fue representado con precisión, dice que las papeletas no se queman después de cada voto, sino después de cada sesión, que típicamente consta de dos votos.

Huecos en la trama sagrada

Hay algunos errores particularmente graves que, si se corrigieran, darían lugar a una película muy diferente.

Un personaje clave en la película, el arzobispo de Kabul, Afganistán, llega justo antes del cónclave con documentación declarando que el difunto papa lo había nombrado cardenal "in pectore" -en secreto-, lo que le permitía votar por el próximo papa.

"El mayor error de la película fue la admisión de un cardenal in pectore en el cónclave", opina Reese. "Si el nombre no es anunciado públicamente por el papa en presencia del Colegio de Cardenales, no tiene derecho a participar".

El actor mexicano Carlos Diehz encarna un personaje clave en la resolución de la trama del filme (Foto: Focus Features / AP).

Cavanaugh está de acuerdo y señala que, aunque el giro de la película sobre el arzobispo de Kabul es descabellado, apunta a una cierta verdad sobre los cónclaves.

"Los cardenales no siempre saben a quién están eligiendo cuando eligen a un papa", afirma. "Si los cardenales hubieran sabido cómo sería Jorge Mario Bergoglio como el papa Francisco, muchos de ellos no habrían votado por él. Pío IX fue elegido como liberal y se convirtió en un ultraconservador. Por el contrario, Juan XXIII se suponía que sería un papa moderado y de transición, y dio lugar al Concilio Vaticano II", una serie de reformas modernizadoras.

Otra de las tramas más extravagantes de la película involucra al decano del Colegio de Cardenales, rompiendo el sello de la confesión al revelar a otro cardenal lo que una monja le confesó, dice Reese.

"Cometió un pecado mortal y sería automáticamente excomulgado. Tal acción sería atrozmente incorrecta", afirma.

La película ofrece un minucioso relato de las tensiones, intrigas y escenas cotidianos como ésta, en medio de las discusiones por la elección de un papa (Foto: Focus Features / AP).

Además de eso, un cardenal pagando por votos, como se muestra en la película, es algo inaudito en los tiempos modernos, razona Cavanaugh, y el nivel de politización está exagerado.

Juegos políticos

La película se equivoca al retratar a los cardenales como campeones liberales o conservadores, dice Kurt Martens, profesor de derecho canónico en la Universidad Católica de América en Washington.

"Esas etiquetas no nos ayudan", opina, porque los cardenales son muy cautelosos al expresar sus opiniones e "incluso alguien que pensamos que es un cardenal liberal es bastante conservador según los estándares seculares".

Y añade que incluso en un cónclave inusualmente grande como el de este año, la regla que requiere que el próximo papa obtenga al menos una mayoría de dos tercios de los votos asegura que "lo que consideremos extremo" probablemente no obtendrá suficientes votos.

Más allá de las consideraciones de los expertos, la película es un gran thriller político que mantiene al espectador con una tensión que no decae y, debido al deceso de Francisco, ya ha sido repuesta en las pantallas grandes de nuestro país en paralelo a su emisión vía "streaming".

(Fuente: Associated Press).