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martes, 28 de julio de 2026

¿Pueden las máquinas humanoides dudar de sí mismas? Así es la cognición robótica hoy

Para una IA conversacional, una silla puede ser una palabra, una definición o una imagen. Para un robot, una silla es un obstáculo que esquivar, un objeto que mover, una superficie en la que alguien puede sentarse. ¿En qué punto evolutivo nos encontramos?

El profesor Angelo Cangelosi, experto en aprendizaje automático y robótica cognitiva, interactúa con el robot humanoide iCub (Foto: manlitphil.ac.uk).

Analizando 40 estudios científicos publicados en los últimos diez años sobre robótica cognitiva e interacción humano-robot, y la conclusión es que todavía estamos muy lejos de que nuestra vida se parezca a la película "Ex Machina" (2014). Tal y como defienden los expertos en robótica Alessandra Sciutti, Giulio Sandini y Pietro Morasso, hemos dominado la inteligencias artificiales capaces de procesar información, pero la cognición robótica exige algo más: cuerpo, acción y experiencia situada. Los robots no entienden el mundo como nosotros; lo perciben y actúan en él de formas todavía parciales.

Para que los robots convivan con nosotros, no basta con que tengan muchos datos; necesitan entender el mundo tal y como lo experimentamos

La inteligencia múltiple

La robótica cognitiva busca desarrollar robots capaces de percibir, aprender, razonar, decidir y adaptarse en entornos cambiantes. No se trata sólo de automatizar movimientos, sino de construir sistemas que puedan interpretar información del entorno y actuar con cierta flexibilidad.

En esta revisión sistemática se analizaron 40 estudios científicos, pero conviene aclarar algo: no son 40 robots distintos. En robótica, un mismo cuerpo puede alojar distintas arquitecturas cognitivas: diferentes formas de organizar la percepción, la memoria, el aprendizaje, la toma de decisiones o la interacción.

Muestra de ello, tenemos el ejemplo del iCub, un ingenio humanoide del Instituto Italiano de Tecnología, utilizado como plataforma para estudiar cómo se desarrollan e integran capacidades cognitivas en un cuerpo robótico.

El robot humanoide iCub con la investigadora Giulia Scorza, del Instituto Italiano de Tecnología, durante un experimento sobre cómo la colaboración con robots puede modificar la atención espacial humana (Foto: cell.com).

¿Pueden saber cuándo se equivocan?

A partir de clasificaciones previas de la cognición, se organizaron esas capacidades en dos grandes grupos: habilidades cognitivas troncales y habilidades sociocognitivas. Las primeras son el motor básico de la inteligencia robótica.

La percepción les permite transformar datos de cámaras, micrófonos o sensores en información útil. Pueden decidir qué señales importan entre todo lo que ocurre gracias a la atención.

La selección de acción -el "qué hacer"- les permite elegir si moverse, esperar, frenar o cambiar de estrategia. La memoria conserva información relevante y pueden ajustar el comportamiento a partir de la experiencia porque son capaces de aprender. El razonamiento ayuda a resolver situaciones cuando algo no encaja con el plan previsto. La prospección permite anticipar futuros posibles. Y por último, la metacognición, más ambiciosa, posibilitaría al robot monitorizar sus propios procesos: detectar incertidumbre, corregirse o reconocer que puede estar equivocado.

Las habilidades cognitivas troncales permiten al robot captar información del entorno, seleccionarla, aprender de ella y decidir cómo actuar. Son la base operativa de la robótica cognitiva: percepción, atención, selección de acción, memoria, aprendizaje, razonamiento, metacognición y prospección (Foto: manlitphil.ac.uk).

La silla de ruedas inteligente

Uno de los estudios revisados no trabajaba con un robot humanoide, sino con una silla de ruedas inteligente. Su arquitectura cognitiva buscaba ayudar en la navegación sin quitar autonomía al usuario: asistir cuando hacía falta, pero sin convertir a la persona en pasajera pasiva. En ese caso, la cognición no consistía en "conversar" ni parecer humana, sino en decidir cuándo intervenir, cómo moverse y cómo preservar el control de quien la usa. En la evaluación, el tiempo de navegación bajó de 124 a unos 72 segundos para usuarios con menores capacidades cognitivas.

En cuanto a las habilidades cognitivas desarrolladas en los robots, el mapa de resultados dibuja una especie de pirámide. En la base están las capacidades más desarrolladas: percepción en 35 de los 40 estudios, atención y aprendizaje en 31, y selección de acción en 30.

Más arriba aparecen el razonamiento y la memoria, presentes en menos de la mitad de los estudios analizados. Y en la punta quedan las habilidades más sofisticadas: la prospección, con 7 estudios, y la metacognición, presente en sólo 2.

Estamos avanzando mucho en robots que perciben, aprenden y actúan, pero bastante menos en robots capaces de anticipar, dudar o revisar sus propios errores. Aunque lo conseguido es mucho, no equivale a tener robots con sentido común, comprensión social o inteligencia humana.

Jugar a "piedra papel o tijera"

Ahora nos centraremos en las habilidades sociocognitivas, las que permiten al robot funcionar en un entorno y hacerlo junto a otros. Incluyen la lectura de intenciones, es decir, inferir qué quiere hacer una persona; la comunicación, para intercambiar información de forma comprensible; el discernimiento entre uno mismo y el otro, clave para diferenciar la propia acción de la ajena; y la atención conjunta, que permite a robot y humano dirigir la atención hacia el mismo objeto o tarea.


RASA, el robot que juega a piedra, papel o tijera (Foto: Researchgate).

La lectura de intenciones puede parecer abstracta, pero se entiende muy bien con un juego. En uno de los estudios revisados, un robot social llamado RASA jugaba a "piedra papel o tijera" con personas. La cuestión no era ganar por reflejos, sino probar si el robot podía anticipar la intención humana. Cuando funcionaba en modo predictivo, obtenía mejores resultados que cuando actuaba al azar, y los participantes lo percibían como más inteligente y atractivo.

Prueba con niños con autismo

También hay ejemplos en robótica social y asistencial. Un robot social fue probado con niños con autismo para trabajar el reconocimiento y la reciprocidad emocional. En estos casos, la habilidad importante no es levantar peso ni moverse con precisión, sino leer expresiones, responder con gestos comprensibles y sostener una interacción social mínimamente legible.

Aquí aparece la brecha. La lectura de intenciones y la comunicación aparecen cada una en 13 estudios. El reconocimiento entre uno mismo y el otro, en 6. La atención conjunta, sólo en 2. Además, mientras 39 de los 40 trabajos desarrollan al menos tres habilidades troncales, sólo 8 incorporan más de una habilidad sociocognitiva.

Estamos construyendo, sobre todo, el "motor invisible" de los robots: aquello que les permite ver, calcular, aprender y actuar. Pero desarrollamos mucho menos la parte que, en nuestro imaginario, nos hace decir "ésto parece inteligente": interpretar al otro, coordinarse con él, comunicar dudas, anticipar gestos, volverse legible.

Efectos colaterales

Ésto importa porque un robot puede tener muchas habilidades cognitivas troncales y aun así ser difícil de entender para una persona. Puede percibir un objeto, calcular una trayectoria y ejecutar una acción con precisión, pero no transmitir bien qué hará después. Puede anticipar un movimiento humano en laboratorio, pero no generar necesariamente más seguridad, más confianza, menos tensión o más sensación de control.

La prospección y la lectura de intenciones suelen presentarse como habilidades clave para robots que comparten espacio con humanos. Sin embargo, en los estudios revisados, estas capacidades no siempre se traducen en mejoras de seguridad claramente medidas o reportadas.

La historia de la automatización nos recuerda que las herramientas no sólo hacen cosas por nosotros, también nos transforman. Un GPS cambia nuestra forma de orientarnos. Un corrector automático modifica nuestra relación con la escritura. Un robot cognitivo puede cambiar cómo prestamos atención, cómo tomamos decisiones y cómo sentimos nuestra presencia en el trabajo o en la vida cotidiana.

La pregunta importante ya no es sólo cuánto podrán hacer los robots, sino qué habilidades estamos priorizando y cuáles estamos dejando atrás.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

jueves, 15 de mayo de 2025

Tesla acaba de mostrar lo que Optimus puede hacer sin estar atado

Tesla publica nuevos vídeos de Optimus ejecutando pasos de baile. El robot fue entrenado en simulación y se mueve sin cables ni CGI. La compañía afirma que estos avances serán clave para tareas reales.


La robótica humanoide ha dejado de ser un campo reservado a vídeos torpes y experimentos de laboratorio. Hace cinco años, Boston Dynamics marcó un antes y un después con sus robots bailando al ritmo de ‘Do You Love Me?’. Desde entonces, otras compañías han querido demostrar que sus autómatas también pueden moverse con soltura. Ahora es Tesla quien reclama ese protagonismo con Optimus, su robot bípedo, en una serie de vídeos que, según la compañía, muestran avances reales sin efectos especiales.

En la primera de las grabaciones compartidas esta semana, Optimus ejecuta una breve secuencia de movimientos rítmicos, entrenados íntegramente mediante simulación. Milan Kovac, director de ingeniería del proyecto, explicó en X que el robot fue entrenado con aprendizaje por refuerzo y que el cable visible en la espalda no sostenía al autómata. Solo estaba ahí por seguridad, en caso de caída. “Es un resultado inicial que se volverá más estable muy pronto”, añadió.


Poco después llegó una segunda demostración, esta vez sin cables. Optimus aparece moviéndose con mayor fluidez, con pasos que remiten a la danza contemporánea. Kovac señaló que todo está en velocidad real, sin CGI, aprendido en simulación y transferido al robot físico. También detalló que para lograrlo fue necesario mejorar el modelo de simulación, aplicar técnicas como domain randomization y afinar el perfil energético del hardware. “Esto no es solo divertido, es aplicable a situaciones prácticas como el control ágil del cuerpo completo”, concluyó.

Movimientos reales, nada de CGI

Tesla afirma que estos avances no son simplemente una exhibición estética. Según Kovac, todo este trabajo en simulación tiene como objetivo mejorar la capacidad del robot para caminar con más solidez y adaptarse a tareas exigentes en el mundo físico. La coreografía, en ese sentido, es una forma de probar y mostrar el progreso.

Aunque los vídeos han generado entusiasmo, Tesla no está sola en esta carrera. Unitree Robotics, por ejemplo, lleva meses mostrando a sus robots en redes sociales, desde coreografías sincronizadas hasta combates de boxeo contra humanos. En ese contexto, Optimus se suma a una tendencia en la que el movimiento expresivo se convierte en carta de presentación para las capacidades motoras avanzadas.

Todo esto ocurre mientras Tesla sigue trabajando en su ambicioso objetivo de crear un robot autónomo de propósito general. Optimus está pensado para ejecutar tareas repetitivas, aburridas o peligrosas. Para hacerlo posible, la compañía desarrolla tecnología dedicada, pero también se apoya en los avances relacionados a sus coches. Por ahora, lo que hemos visto son demostraciones breves sin interacción compleja con el entorno, pero si se cumplen las promesas, lo de bailar será solo el comienzo.

(Fuente: Xataca)

martes, 29 de abril de 2025

Más allá del trazo: la robótica revela nuevos secretos de la escritura humana

"El todo es más que la suma de sus partes", decía Aristóteles. Comprender un fenómeno requiere múltiples perspectivas. Cuantas más fuentes de información consideremos, más precisa será nuestra interpretación y mayor será nuestra capacidad de detectar patrones y relaciones ocultas.

(Foto: Mike Shots / Shutterstock).

Lo antedicho es, precisamente, lo que ocurre en el análisis electrónico de la escritura aplicado a ámbitos como la educación, la salud o la detección de firmas falsas, entre otros.

Actualmente, escribimos con bolígrafo y papel o mediante una tableta digital, por ejemplo. Sin embargo, la escritura no es sólo el rastro que deja el instrumento de escritura, sino un proceso que involucra el movimiento del brazo, el antebrazo y la muñeca. Las tabletas no pueden capturar esta información y, aunque unos sensores de captura de movimiento en el brazo puedan hacerlo, resultan invasivos y alteran la naturalidad del proceso.

Ahora bien, ¿existe una manera que nos permita estimar estos movimientos y comprender mejor el proceso de escritura sin interferir con el escribiente?

Correspondencia entre las partes de un brazo humano y un brazo robótico (Foto: Moisés Díaz / composición propia).

La clave está en la forma antropomórfica de los robots

Un brazo robótico puede reproducir la escritura con gran precisión. Al hacerlo permite fácilmente registrar la cinemática (velocidades y aceleraciones), y la dinámica (fuerzas involucradas en el movimiento de articulaciones). Al asimilar estos movimientos robóticos a los del brazo humano, se obtiene una valiosa fuente de información.

Ésto se debe a que los brazos robóticos, con sus grados de libertad y variedad de movimientos, se asemejan a la estructura y función del brazo humano. En algunos modelos, incluso es posible identificar equivalencias con partes específicas del cuerpo, como el tronco, el antebrazo, el brazo, el codo, la muñeca e, incluso, los dedos en aquellos que incorporan pinzas.

Por lo tanto, cuando un robot imita el proceso de escritura, todas sus partes se mueven de manera coordinada. Estos movimientos permiten estimar cómo se movería un brazo humano al realizar el mismo trazo, para luego incorporar esta fuente de información a los datos proporcionados por la tableta digital.

Explotando la robótica en el estudio de la escritura

Lo más interesante de estas nuevas características robóticas en el estudio de la escritura es su valor añadido en la aplicación de sistemas tecnológicos en campos como la seguridad, la salud y la educación.

Por ejemplo, es posible mejorar la detección de fraudes en firmas manuscritas. Por culpa de amenazas como los falsificadores profesionales o bots masivos, los sistemas de verificación automática de firmas se han vuelto más vulnerables. El análisis robótico del trazo ya ha demostrado su eficacia en la detección de impostores.

Por otra parte, este tipo de análisis ha resultado útil para mejorar la clasificación de dibujos o escritos realizados por pacientes con problemas neurodegenerativos.

También se ha aplicado en la detección temprana de trastornos de la escritura como la disgrafía. En la actualidad, sus resultados prometedores están en fase de revisión para ser publicados en revistas científicas.

En el terreno de la educación, verificar que la caligrafía de un niño -especialmente en las primeras etapas de la educación infantil- sea acorde a su edad es crucial para adelantarse a posibles problemas en el desarrollo de la motricidad fina y prever futuras disfunciones. En este proceso, las características robóticas pueden marcar la diferencia.

¿Y si no dispongo de un robot?

Isaac Newton y las relaciones trigonométricas avanzadas nos ofrecen una solución alternativa. A partir de un modelo robótico determinado, la llamada formulación lagrangiana (fórmula para calcular la trayectoria de un objeto teniendo en cuenta energía cinética y energía potencial invertida) permite calcular estas características robóticas desde un enfoque teórico, estimando, de manera fiable y con suficiente precisión, los valores de la cinemática y dinámica del brazo robótico para el análisis de la escritura.

Sin embargo, un modelo robótico fiel a la anatomía humana de un brazo requiere un modelo físico-matemático altamente complejo, cuyo cálculo en tiempo real representa un reto debido a su alto consumo de recursos computacionales.

Afortunadamente, estudios recientes han desarrollado inteligencia artificial capaz de estimar la cinemática y dinámica del movimiento de un brazo robótico con seis grados de libertad, es decir que el brazo robótico puede moverse de forma independiente en seis puntos distintos de su estructura. Esta IA sólo requiere los datos recogidos por una tableta para poder funcionar. Tras ser procesados por un modelo entrenado, es posible estimar casi en tiempo real las características robóticas asociadas a la escritura.

La ciencia avanza y encontrar nuevas formas de analizar un fenómeno es esencial para comprenderlo mejor y tomar decisiones más informadas.

(Fuente: The Conversation)

martes, 11 de marzo de 2025

Los robots salen a la pista de atletismo: China prepara la media maratón del futuro

El 13 de abril, Pekín será el escenario donde robots humanoides competirán contra corredores humanos en una carrera de 21 km. El desafío de la marcha bípeda. 

Con robots participando en competencias, el debate sobre el futuro del deporte está sobre la mesa (Foto: Soy Maratonista).

El avance de la inteligencia artificial y la robótica está a punto de escribir un nuevo y sorprendente capítulo en China. El próximo 13 de abril, en las calles de Pekín, el eco de zapatillas metálicas se fundirá con el jadeo de corredores de carne y hueso en un desafío inédito: una media maratón donde humanos y robots humanoides medirán fuerzas, resistencia y velocidad.

Por primera vez, la línea de largada será testigo de una competencia que parecía reservada a la ciencia ficción. ¿Podrá la biología superar a la ingeniería? ¿El músculo vencerá al microchip? Mientras los sensores y algoritmos afinan su rendimiento, los corazones humanos laten con la incertidumbre de enfrentar a rivales hechos de cables y circuitos. Será una carrera donde el futuro corre al lado del presente, y donde cada zancada podría redefinir los límites de lo posible.

La competencia, que se desarrollará en el distrito de Daxing, reunirá a 12 mil participantes y contará con la presencia de más de 20 empresas tecnológicas e instituciones de investigación. Según los organizadores, los robots deberán cumplir ciertas condiciones para garantizar una competencia equitativa. No podrán usar ruedas ni ningún otro sistema de propulsión que no sea la marcha bípeda, y deberán tener una altura de entre 45 centímetros y 2 metros.

Pero lo más llamativo del reglamento es que se permitirá el reemplazo de baterías y la sustitución completa de un robot durante la carrera, con una penalización de 10 minutos por cada cambio. Se trata de una diferencia clave con los corredores humanos, que deberán completar los 21 kilómetros sin ninguna ventaja tecnológica.

Este evento no es una simple curiosidad tecnológica, es apenas el primer paso de una revolución en marcha. En agosto, Pekín volverá a ser el epicentro de la innovación al albergar los primeros Juegos Mundiales de Robots Humanoides, donde las máquinas competirán en atletismo, fútbol y pruebas de habilidad, demostrando que el deporte ya no es un territorio exclusivo de los humanos.

China, gigante de la inteligencia artificial y la robótica, aprovecha estas iniciativas para exhibir el poderío de su industria tecnológica y afianzar su liderazgo global. Con cada nueva competencia, la línea que separa la destreza humana de la precisión algorítmica se vuelve más delgada.

¿Qué ocurrirá cuando las máquinas entren en la arena de la gloria humana? ¿Cómo cambiará la esencia misma de la competencia, cuando lo que está en juego no es sólo la victoria, sino el enfrentamiento entre biología y bytes? ¿El esfuerzo será un mérito humano, o el futuro ya está corriendo con un chip en el pecho?

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ)

viernes, 12 de abril de 2024

Isaac Asimov, el visionario que anticipó nuestro presente tecnológico

Nació en Petróvichi, Rusia, pero a los tres años viajó a Estados Unidos con su familia, donde comenzó la escuela primaria a los 5 años, se formó y estudió hasta obtener un Doctorado en Bioquímica a los 28. Interesado por la historia, la religión y la ciencia, Isaac Asimov publicó más de 500 obras encuadradas mayormente dentro de un género a veces minimizado o bastardeado: la ciencia ficción.

Escribió prolíficamente ensayos científicos y hasta volúmenes sobre historia (publicó 15 tomos sobre las más importantes civilizaciones y períodos históricos), pero es principalmente famoso por sus relatos y novelas de ficción, en las que inventaba universos pero basados en parámetros absolutamente verosímles y en las leyes y principios que conocemos y rigen nuestro mundo.


Asimov creó el concepto de la robótica mucho antes de que hubiera robots.

El tema que nos ocupa en este post tiene que ver con, quizás, los principales protagonistas de la obra de ficción de Asimov: los robots. Al ser él mismo un científico -y en una época en la que los robots aún no existían-, decidió que el accionar y comportamiento de los mismos no podía ser anárquico, sino que, al menos, debía estar regulado por leyes báscias.

Así que en su relato "Roundabout" (1942, editado en español bajo el nombre de 'Círculo vicioso') aparecieron enunciadas por primera vez las normas que regirían su imaginario universo robótico: las llamadas Tres Leyes de la Robótica.

Son breves, dejan en claro que indefectiblemente los robots están diseñados para cumplir órdenes humanas, y son las siguientes.

Primera ley: un robot no hará daño a un ser humano, ni por inacción permitirá que un ser humano sufra daño.

Segunda ley: un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entren en conflicto con la primera ley.

Tercera ley: un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.

Estas leyes forman un principio organizador y un tema unificador para la ficción basada en robótica de Asimov, que aparece en su serie "Robot" de cuentos y novelas protagonizados por ellos, las historias vinculadas a ella y su serie "Lucky Starr" de ficción para jóvenes y niños.

En ese universo, las leyes son, según sus escritos, "formulaciones matemáticas impresas en los senderos positrónicos del cerebro de los robots" (líneas de código del programa que regula el cumplimiento de las leyes guardado en la memoria principal de éstos), y no se pueden eludir, ya que están pensadas como una característica de seguridad.

Las leyes originales han sido modificadas y desarrolladas por Asimov y otros autores. El propio Asimov hizo ligeras modificaciones a los tres primeros en varios libros e historias cortas para desarrollar aún más cómo los robots interactuarían con los humanos y entre ellos. En la ficción posterior donde los robots habían asumido la responsabilidad del gobierno de planetas enteros y civilizaciones humanas, Asimov también agregó una cuarta, o ley cero, para preceder a las demás:

Ley Cero: Un robot no puede dañar a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daños.

Las Tres Leyes y la Ley Cero han impregnado la ciencia ficción y se mencionan en muchos libros, películas y otros medios. También -y éste es el punto en el que llegan hasta nuestros días- han impactado el pensamiento sobre la ética de la inteligencia artificial.

Ésto último es algo de lo cual seguramente muchos ya estamos casi hartos de leer y escuchar hablar, y que en cierto modo nos asusta en la medida en que sea cada vez más posible que las máquinas nos reemplacen progresivamente, algo que, al menos en el campo laboral ya está sucediendo.

Estas tres leyes surgen únicamente como medida de protección para los seres humanos. Según el propio Asimov, la concepción de las leyes de la robótica quería contrarrestar un supuesto "complejo de Frankenstein", es decir, un temor que el ser humano desarrollaría frente a unas máquinas que hipotéticamente pudieran rebelarse y alzarse contra sus creadores.

Las tres leyes de la robótica representan el que podría denominarse "código moral del robot". Un robot va a actuar siempre bajo los imperativos de sus tres leyes. Para todos los efectos, un robot se comportará como un ser moralmente correcto. Sin embargo, es lícito preguntar: ¿Es posible que un robot viole alguna ley? ¿Es posible que un robot "dañe" a un ser humano? La mayor parte de las historias de robots de Asimov se basan en situaciones paradójicas en las que, a pesar de las tres leyes, podríamos responder a las anteriores preguntas con un "sí".

 
Portada de "Yo, robot" (1950), obra emblemática de Asimov y la más difundida.

Aplicaciones a la tecnología presente y futura

Los robots y las inteligencias artificiales no contienen ni obedecen inherentemente las Tres Leyes, sus creadores humanos deben programarlos. Se necesitan avances significativos en inteligencia artificial para ello, e incluso si la IA pudiera alcanzar la inteligencia a nivel humano, la complejidad ética inherente, así como la dependencia cultural o contextual de las leyes, les impide ser un buen candidato para formular restricciones de diseño robótico.

Sin embargo, a medida que ha aumentado la complejidad de los robots, también ha aumentado el interés en desarrollar directrices y salvaguardias para su funcionamiento.

En un editorial de 2007 en la revista Science sobre el tema "Ética de los robots", el autor de ciencia ficción Robert J. Sawyer sostiene que, dado que el ejército de EE. UU. es una fuente importante de financiación para la investigación robótica (y ya utiliza vehículos aéreos no tripulados armados para matar enemigos) es poco probable que tales leyes se incluyan en sus diseños:

"El desarrollo de la IA es un negocio, y las empresas son notoriamente desinteresadas en las salvaguardas fundamentales, especialmente las filosóficas. Algunos ejemplos rápidos: la industria del tabaco, la industria automotriz, la industria nuclear. Ninguno de ellos ha dicho desde el principio que las salvaguardias fundamentales son necesarias, cada uno de ellos ha resistido las salvaguardias impuestas desde el exterior y ninguno ha aceptado un edicto absoluto en contra de causar daño a los humanos", sostiene Sawyer.

Inspirados en las Tres Leyes de Asimov, fueron varias las sugerencias desde distintos lugares del tecno-academicismo para promover algo similar, pero que aplique a nuestra tecnología actual y futura.

En la edición de julio/agosto de 2009 de IEEE Intelligent Systems, Robin Murphy (profesora de Ciencias de la Computación e Ingeniería en Texas A&M) y David D. Woods (director del Laboratorio de Ingeniería de Sistemas Cognitivos en el estado de Ohio) propusieron "Las tres leyes de la robótica responsable" como una forma de estimular la discusión sobre el papel de la responsabilidad y la autoridad al diseñar no solo una plataforma robótica única sino el sistema más grande en el que opera la plataforma. Las leyes son las siguientes:

Un ser humano no puede desplegar un robot sin que el sistema de trabajo humano-robot cumpla con los más altos estándares legales y profesionales de seguridad y ética.

Un robot debe responder a los humanos según sea apropiado para sus roles.

Un robot debe estar dotado de suficiente autonomía situada para proteger su propia existencia, siempre que dicha protección proporcione una transferencia de control sin problemas que no entre en conflicto con la Primera y Segunda Leyes.

Woods dijo: "Nuestras leyes son un poco más realistas y, por lo tanto, un poco más aburridas" y que "La filosofía ha sido, 'claro, la gente comete errores, pero los robots serán mejores, una versión perfecta de nosotros mismos'. Queríamos escribir tres leyes nuevas para que la gente pensara en la relación humano-robot de formas más realistas y fundamentadas".

En octubre de 2013, Alan Winfield sugirió en una reunión de la EUCog​ cinco leyes revisadas que habían sido publicadas, con comentarios, por el grupo uno de sus grupos de trabajo en 2010:​

Los robots son herramientas de usos múltiples. Los robots no deben diseñarse única o principalmente para matar o dañar a humanos, excepto en interés de la seguridad nacional.

Los seres humanos, no los robots, son agentes responsables. Los robots deben diseñarse y operarse en la medida de lo posible para cumplir con las leyes vigentes, los derechos y libertades fundamentales, incluida la privacidad.

Los robots son productos. Deben diseñarse utilizando procesos que garanticen su seguridad y protección.

Los robots son artefactos manufacturados. No deben diseñarse de manera engañosa para explotar a los usuarios vulnerables; en cambio, su naturaleza de máquina debería ser transparente.

• Se debe atribuir a la persona con responsabilidad legal sobre un robot.

Asimov sustuvo que "no debería ser elogiado por crear las Leyes, porque son obvias desde el principio, y todo el mundo las conoce de manera subliminal. Las Leyes nunca se expresaron en frases breves hasta que logré hacer el trabajo. Las Leyes se aplican, por supuesto, a todas las herramientas que utilizan los seres humanos",  y "los análogos de las Leyes están implícitos en el diseño de casi todas las herramientas, robóticas o no", sugiriendo éstas a continuación:

Primera ley: el uso de una herramienta no debe ser peligroso. Los martillos tienen mangos y los destornilladores tienen empuñaduras para ayudar a aumentar el agarre. Por supuesto, es posible que una persona se lesione con una de estas herramientas, pero esa lesión solo se debe a su incompetencia, no al diseño de la herramienta.

Segunda ley: una herramienta debe realizar su función de manera eficiente a menos que esto perjudique al usuario. Esta es la única razón por la que existen los interruptores de circuito por falla a tierra. Cualquier herramienta en funcionamiento tendrá su corte de energía si un circuito detecta que algo de corriente no está regresando al cable neutro y, por lo tanto, podría estar fluyendo a través del usuario. La seguridad del usuario es primordial.

Tercera ley: una herramienta debe permanecer intacta durante su uso a menos que su destrucción sea necesaria para su uso o por seguridad. Por ejemplo, los discos de corte están diseñados para ser lo más resistentes posible sin romperse a menos que el trabajo requiera gastarlos. Además, están diseñados para romperse en un punto antes de que la velocidad de la metralla pueda lesionar gravemente a alguien (además de los ojos, aunque de todos modos se deben usar gafas de seguridad en todo momento).

Si a algún escritor, intelectual o científico le cabe la palabra "visionario", seguro es a Asimov, y de algún modo fue las tres cosas. Creía que, idealmente, los humanos también seguirían las Leyes.

Durante sus últimos años sostuvo: "Tengo mi respuesta lista cada vez que alguien me pregunta si creo que mis Tres Leyes de la Robótica se usarán realmente para gobernar el comportamiento de los robots, una vez que se vuelvan lo suficientemente versátiles y flexibles como para poder elegir entre diferentes cursos de acción. Mi respuesta es: sí, las Tres Leyes son la única forma en que los seres humanos racionales pueden lidiar con los robots, o con cualquier otra cosa... Pero cuando digo eso siempre recuerdo, tristemente, que los seres humanos no siempre son racionales".