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viernes, 5 de julio de 2024

Qué son los misteriosos "desiertos genéticos" de nuestro ADN que los científicos asocian con enfermedades como el cáncer y el Crohn

Desde que el Proyecto Genoma Humano se dio por concluido en 2003, los científicos han tratado de localizar nuevas regiones entre los 3.000 millones de letras de nuestro código genético que puedan desempeñar un papel crítico en las enfermedades.

 

Con la ayuda de tecnologías que permiten analizar muestras del genoma completo de forma más rápida y barata que nunca, se ha publicado un gran número de estudios de asociación del genoma completo -denominados GWAS en inglés- que identifican variantes genéticas vinculadas a distintas enfermedades crónicas.

Para muchos genetistas, esto ha resultado ser lo más fácil. Lo difícil ha sido comprender su relevancia. Por ejemplo, aunque los GWAS han identificado segmentos de ADN asociados a la enfermedad inflamatoria intestinal en 215 sitios cromosómicos diferentes, los científicos sólo han podido determinar los mecanismos exactos implicados en cuatro de ellos.

Uno de los mayores retos es que muchos de estos fragmentos de ADN se encuentran en los llamados desiertos genéticos, franjas del genoma que parecían no contener nada relevante, "basura" genética que podía desecharse. Menos del 2% del genoma humano se dedica a codificar genes que producen proteínas, mientras que gran parte del 98% restante carece de significado o finalidad evidentes.

"Se dirá: 'Oh, aquí hay una asociación importante y aumenta el riesgo de muchas enfermedades diferentes'", afirma James Lee, un científico clínico que dirige un grupo de investigación en el Instituto Francis Crick de Londres. "Pero cuando se examina ese fragmento de ADN, no hay nada".

El proyecto del genoma humano secuenció por primera vez un genoma humano completo, pero décadas después, algunos tramos de ADN siguen siendo enigmáticos.

El responsable central de la inflamación

Durante muchos años, los desiertos genéticos han sido una de las áreas más desconcertantes de la medicina, pero los científicos están consiguiendo poco a poco acumular información sobre su aparente finalidad y sobre por qué existen.

Hace poco, Lee y sus colegas del Instituto Crick publicaron una nueva investigación sobre un desierto génico concreto conocido como chr21q22. Los genetistas conocen este desierto genético desde hace más de una década, porque está asociado con al menos cinco enfermedades inflamatorias distintas, desde la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) hasta una forma de artritis espinal conocida como espondilitis anquilosante. Sin embargo, siempre ha sido difícil descifrar su función.

Por primera vez, los científicos del Crick han podido demostrar que el chr21q22 contiene un potenciador, un segmento de ADN que puede regular genes cercanos o lejanos, siendo capaz de aumentar la cantidad de proteínas que producen.

Lee se refiere a este comportamiento como "un dial de volumen". Al profundizar en el estudio, descubrieron que este potenciador sólo está activo en los macrófagos, unos glóbulos blancos de la sangre, en los que puede aumentar la actividad de un gen poco conocido hasta ahora, el ETS2.

Aunque los macrófagos desempeñan un papel vital en la eliminación de células muertas o la lucha contra microorganismos dañinos, cuando el organismo produce demasiados pueden causar estragos en enfermedades inflamatorias o autoinmunes, inundando los tejidos afectados y segregando sustancias químicas nocivas que los atacan. El nuevo estudio ha demostrado que cuando se potencia el ETS2 en los macrófagos, se potencian casi todas sus funciones inflamatorias.

Lee lo describe como "el responsable central de la inflamación". "Hace tiempo que sabemos que debe haber algo en la cúspide de la pirámide que indique a los macrófagos que se comporten así", afirma. "Pero nunca supimos qué era. Lo más emocionante es que si podemos atacarlo de alguna manera, podríamos tener una nueva forma de tratar estas enfermedades".


Los desiertos genéticos son regiones de la llamada "basura" genética que no codifican proteínas, pero que pueden desempeñar un papel importante en las enfermedades.

Nuevos tratamientos para los pacientes

Pero si los desiertos genéticos son capaces de causarnos tanto daño, ¿por qué están en nuestro ADN?

Rastreando en el tiempo, los colegas de Lee del Laboratorio de Genómica Antigua del Crick pudieron demostrar que la mutación causante de la enfermedad en la región chr21q22 entró por primera vez en el genoma humano hace entre 500.000 y un millón de años. Este cambio concreto en el ADN es tan antiguo que incluso estaba presente en los genomas de los neandertales y de algunos antepasados del Homo sapiens.

Resulta que su función original era ayudar al organismo a combatir agentes patógenos extraños. Antes de que se inventaran los antibióticos, era muy útil poder activar una mayor respuesta inflamatoria a través del gen ETS2. "En las primeras horas tras la aparición de una bacteria, la respuesta de los macrófagos se dispara", explica Lee.

En consecuencia, bloquear por completo la ETS2 podría dejar a los pacientes con EII vulnerables a futuras infecciones. Sin embargo, Lee afirma que cuando su actividad se reduce entre un 25% y 50%, se provoca un profundo efecto antiinflamatorio, sin correr el riesgo de inmunodeprimir demasiado al paciente.

Aunque esta teoría aún no se ha puesto a prueba en ensayos clínicos, los investigadores demostraron que los inhibidores de MEK -una clase de fármacos contra el cáncer que pueden amortiguar la señalización del ETS2- eran capaces de reducir la inflamación no sólo en los macrófagos, sino también en muestras intestinales tomadas de personas con EII.

Esto parece representar una nueva vía hacia una clase de tratamientos novedosos para los pacientes con EII. "Algunos de estos fármacos inhibidores de MEK tienen efectos secundarios, y lo que intentamos ahora es hacerlos más selectivos y seguros, de modo que, en el caso de enfermedades crónicas como la EII, podamos ofrecer a los pacientes un fármaco capaz de desactivar el proceso inflamatorio y mejorar su estado de salud", afirma Lee.

Ahora los investigadores del Crick están centrando su atención en las otras cuatro enfermedades que se han relacionado con el desierto genético chr21q22, para ver si alterar la actividad del ETS2 también puede ayudar a aliviar el exceso de inflamación que parece impulsar las afecciones.

"Una de las más importantes es una enfermedad inflamatoria del hígado llamada colangitis esclerosante primaria", explica Lee. "Es una enfermedad especialmente desagradable porque puede causar insuficiencia hepática y hacer que las personas necesiten un trasplante. También puede tener un riesgo mayor de provocar cáncer de hígado en personas jóvenes. Y por el momento no hay ningún fármaco que haya demostrado su eficacia, hay muy poco que ofrecer a los pacientes", afirma.

Científicos del Instituto Francis Crick de Londres intentan descifrar los misteriosos "desiertos de genes" del genoma.

Del cáncer al lupus

Los científicos también predicen que el estudio de los desiertos genéticos aportará información vital que ayudará a mejorar nuestra comprensión de las diversas vías implicadas en el desarrollo de tumores.

Por ejemplo, los investigadores del cáncer han identificado un desierto de genes llamado 8q24.21 que se sabe que contribuye al cáncer de cuello de útero, ya que el virus del papiloma humano, principal causante de la enfermedad, se incrusta en esta parte del genoma.

Al hacerlo, el virus potencia un gen llamado Myc que es un conocido impulsor del cáncer. Los estudios sugieren que la conexión entre 8q24.21 y Myc también puede desempeñar un papel en varios tipos de cáncer de ovario, mama, próstata y colorrectal.

Richard Houlston, del Instituto de Investigación Oncológica de Londres, afirma que en los desiertos de genes se han encontrado diversas variantes genéticas que se ha determinado que contribuyen al riesgo hereditario de muchos cánceres comunes. El conocimiento de estos genes permitirá descubrir fármacos y prevenir el cáncer.

Sin embargo, Houlston señala que es más difícil traducir estos conocimientos en nuevas terapias para el cáncer que para la EII, porque los tumores no son objetivos estáticos, sino que evolucionan con el tiempo. "Este es el reto. ya que en el caso de la enfermedad de Crohn y otras afecciones intestinales no se produce esa evolución", afirma.

Lee confía en que el trabajo del Crick sobre la EII sirva de modelo para que los investigadores encuentren nuevas formas de entender las vías implicadas en todo tipo de enfermedades autoinmunes e inflamatorias.

Los científicos del instituto investigan ahora otros desiertos genéticos que se han asociado a afecciones como el lupus, enfermedad en la que el sistema inmunitario daña los tejidos del organismo, provocando síntomas como erupciones cutáneas y cansancio.

Otros centros de investigación de todo el mundo, como la Universidad de Basilea , en Suiza, también están estudiando cómo las mutaciones hereditarias aisladas en los desiertos de genes podrían provocar algunas enfermedades genéticas raras. Hace tres años, los científicos de Basilea descubrieron cómo una de estas mutaciones podía provocar que los bebés nacieran con malformaciones en las extremidades debido a sus efectos reguladores sobre un gen cercano.

Lee predice que comprender las funciones de los desiertos de genes ayudará en última instancia a mejorar el proceso de desarrollo de fármacos. "La fabricación de nuevos fármacos para estas enfermedades es infructuosa", afirma. "Sólo un 10% de los fármacos que se someten a estudios clínicos se aprueban al final, de modo que el 90% de ellos fracasan porque no mejoran la salud de los pacientes. Pero si se sabe que el fármaco que se va a desarrollar está dirigido a una vía apoyada por la genética, las probabilidades de que se apruebe son al menos entre tres y cinco veces mayores".

(Fuente: BBC) 

jueves, 30 de mayo de 2024

Descubren pistas de un tratamiento experimental contra el cáncer hecho hace 4.000 años en el Antiguo Egipto

El cráneo de un hombre de 30 años con lesiones cerebrales mostraba signos compatibles con algún tipo de intervención quirúrgica destinada a combatir la dolencia.

Los antiguos egipcios demostraron habilidades avanzadas en medicina, incluyendo posibles intervenciones quirúrgicas para tratar el cáncer 

Un cráneo de 4.000 años de antigüedad proporciona evidencias de que los antiguos egipcios podrían haber intentado tratar el cáncer, afirma un estudio reciente. La observación microscópica del cráneo reveló unas 30 lesiones dispersas por su superficie que son consistentes con el cáncer, informan los investigadores.

Se sorprendieron al encontrar también marcas de corte alrededor de estas lesiones, probablemente hechas con un objeto afilado como un instrumento médico.

"Cuando observamos por primera vez las marcas de corte bajo el microscopio, no podíamos creer lo que teníamos delante", dijo la primera autora del estudio, Tatiana Tondini, investigadora de la Universidad de Tübingen, en Alemania.

"Parece que los antiguos egipcios realizaban algún tipo de intervención quirúrgica relacionada con la presencia de células cancerosas, lo que demuestra que la medicina del antiguo Egipto también realizaba tratamientos experimentales o exploraciones médicas en relación con el cáncer", señaló el investigador, el Dr. Albert Isidro, oncólogo quirúrgico del Hospital Universitario Sagrat Cor, en España.

El cráneo pertenecía a un hombre que tenía entre 30 y 35 años cuando murió, dijeron los investigadores. Data de entre 2687 y 2345 a.C., y ahora se encuentra en una colección de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido.

Imagen del cráneo E270. Datado entre el 663 y el 343 a.C., y perteneciente a una mujer de más de 50 años. En la parte izquierda del cráneo se aprecia el fuerte traumatismo al que sobrevivió años antes de morir, y arriba a la derecha, el agujero causado por la neoplasia

Los expertos ya sabían por textos antiguos que los antiguos egipcios eran muy hábiles en medicina. Por ejemplo, los egipcios podían identificar, describir y tratar enfermedades, construir apéndices protésicos y colocar empastes dentales, anotaron los investigadores.

Este estudio más reciente, que aparece en la edición del 29 de mayo de la revista Frontiers in Medicine, muestra que los egipcios incluso intentaban aprender y tratar afecciones complejas como el cáncer, anotó el equipo de investigación.

"Este hallazgo es una evidencia única de cómo la medicina del antiguo Egipto habría intentado lidiar o explorar el cáncer hace más de 4.000 años", señaló en un comunicado de prensa de la revista el investigador principal, Edgard Camarós, paleopatólogo de la Universidad de Santiago de Compostela, en España. "Esta es una nueva perspectiva extraordinaria en nuestra comprensión de la historia de la medicina".

Otro cráneo, el de una mujer mayor de 50 años que data de entre el 663 y el 343 a.C., también mostró una gran lesión consistente con un tumor canceroso, dijeron los investigadores. El cráneo de la mujer también mostró dos lesiones curadas causadas por lesiones traumáticas, incluida una aparentemente causada por un evento violento a corta distancia con un arma afilada, informan los investigadores.

Las lesiones curadas podrían significar que la mujer recibió algún tipo de tratamiento médico y sobrevivió a sus heridas, agregaron.

Fuente: (Frontiers, comunicado de prensa, 29 de mayo de 2024 / Infobae)

jueves, 11 de abril de 2024

La herramienta de inteligencia artificial que detecta tumores que no pueden ver los médicos

Una herramienta de inteligencia de artificial (IA) que se está probando en el hospitales británicos logró identificar pequeños signos de cáncer de seno en 11 mujeres que habían pasado desapercibidos a la revisión de los médicos.

 
La herramienta conocida como MIA logró detectar tumores que los doctores pasaron por alto.

La herramienta, llamada Mia, se probó en varios centros de salud de Reino Unido y analizó cerca de 10.000 mamografías. La mayoría de ellas no mostraban signos de cáncer, pero la herramienta logró de manera exitosa identificar las que sí los presentaban, incluyendo las de 11 pacientes que no habían sido diagnosticadas por los médicos.

En sus etapas iniciales, los cánceres pueden ser extremadamente pequeños y difíciles de identificar.Esos tumores, dependiendo de su composición, pueden crecer y esparcirse de forma muy rápida.

Bárbara fue una de las once pacientes cuyo cáncer fue identificado por la herramienta pero no había sido detectado por los médicos que estudiaron sus imágenes.Gracias a esto, su tumor -de apenas 6 mm- fue detectado de forma temprana, por lo que solo necesitó una operación y seis días de radioterapia.

Pacientes de cáncer con tumores menores a 15 mm en el momento del diagnóstico tienen una tasa del 90% de supervivencia durante los siguientes cinco años.

Bárbara es una de las pacientes que recibió un diagnostico a partir de una observación de la herramienta Mia.

Bárbara confesó que estaba feliz de que el tratamiento hubiese sido mucho menos invasivo que el de su hermana y su madre, quienes también fueron diagnosticadas con la enfermedad.

El uso de la herramienta

Sin la herramienta de IA, el cáncer de Bárbara no hubiera sido detectado hasta su siguiente mamografía, o sea, tres años más tarde. En el momento del diagnóstico, ella no presentaba ningún síntoma de la enfermedad.

Debido a que funcionan de manera inmediata, herramientas de IA como Mia también tienen el potencial de reducir el tiempo de espera de los resultados de 14 días a solo 3, de acuerdo con su desarrollador, la compañía Kheiron Medical.

Ninguno de los casos en el ensayo clínico fueron únicamente analizados por la herramienta: cada uno fue revisado por varios médicos. Actualmente dos radiólogos revisan cada estudio por imágenes, pero la esperanza es que puedan ser reemplazado por la herramienta, lo que mejoraría la efectividad del trabajo de revisión.

De las 10.889 mujeres que participaron en el ensayo clínico, solo 81 no quisieron que la herramienta fuera utilizada para leer sus resultados, explicó el director del proyecto que llevó a cabo el ensayo, Gerald Lip.

Las herramientas de IA funcionan muy bien a la hora de identificar signos de una enfermedad específica, sobre todo si tienen suficiente cantidad de datos que les permitan realizar el diagnóstico.

Sarah Kerruish, directora de estrategia de Kheiron Medical.

Esto significa alimentar el programa con la mayor cantidad de imágenes que reflejen esos síntomas, de los rangos de pacientes más amplios que sea posible. Ahora, retener toda esa información puede ser difícil debido a la confidencialidad y la privacidad de los pacientes.

Sarah Kerruish, jefa de estrategia de Kheiron, señaló que les tomó seis años desarrollar a Mia, herramienta que funciona gracias a una enorme base de datos compuesta por la mamografías de millones de mujeres de todo el mundo.

"Creo que lo más importante que hemos aprendido al desarrollar una herramienta de IA dedicada a temas de salud es que tiene que ser inclusiva desde el día uno", explica Kerruish.

Los doctores dedicados al diagnóstico del cáncer de seno revisan hasta 5.000 estudios al año.

"Hay un elemento de fatiga en ese trabajo”, expica Lip, "Existen interrupciones, alguien que entra, otro que habla en el consultorio vecino. Hay muchas cosas que intervienen en tu trabajo diario. Y hay esos días en que estás distraído y es cuando puede pasar, ‘¿cómo se me pasó esto?’ Pero pasa", agrega.

Cuando se le pregunta a Lip sobre si está preocupado de que algún día esta herramienta pueda reemplazar su trabajo, él responde que ojalá esta tecnología le permita pasar más tiempo dedicado a los pacientes.

"Yo veo a Mia como amiga y como una ampliación de mi trabajo", señala Lip.

Pacientes de cáncer con tumores inferiores a los 15mm tienen una tasa del 90% de supervivencia durante los siguientes cinco años.

Las deficiencias de la herramienta

Mia, claro, no es perfecta. No tiene acceso al historial médico de los pacientes. Por ejemplo, la herramienta identifica quistes que ya han sido identificados en escáneres previos y que fueron señalados como benignos.

Además, debido a la normativa sanitaria actual, el elemento de aprendizaje automático de la herramienta de IA estuvo desactivado durante el ensayo, por lo que no podía aprender mientras hacía su trabajo. Cada vez que se actualizaba debía pasar por una nueva revisión.

Las pruebas de Mia son sólo un ensayo inicial, realizado en un solo lugar. La Universidad de Aberdeen validó de forma independiente la investigación, pero los resultados de la evaluación aún no han sido revisados por pares.

El Colegio de Radiólogos de Reino Unido dice que la tecnología tiene potencial.

"Estos resultados son alentadores y ayudan a resaltar el interesante potencial que presenta la IA para el diagnóstico. No hay duda de que los radiólogos clínicos de la vida real son esenciales e insustituibles, pero un radiólogo clínico que utilice conocimientos de herramientas de IA validadas será cada vez más una fuerza formidable en la atención al paciente", afirmó Katharine Halliday, presidenta del Colegio de Radiólogos.

Ya hay algunas herramientas de inteligencia artificial dedicadas a los temas de salud.

Julie Sharp, jefa de información sanitaria del Centro de Investigación del Cáncer de Reino Unido, dijo que, ante el creciente número de casos de cáncer diagnosticados cada año, la innovación tecnológica resultará "vital" para ayudar a mejorar la atención del Servicio de Salud de Reino Unido (NHS, por sus siglas en inglés) y reducir la presión sobre el personal de salud.

"Se necesitará más investigación para encontrar las mejores formas de utilizar esta tecnología para optimizar los resultados con los pacientes con cáncer", añadió.

Se están llevando a cabo otros ensayos de IA relacionados con la atención sanitaria en todo Reino Unido, incluida una herramienta de una empresa llamada Presymptom Health que analiza muestras de sangre en busca de signos de sepsis antes de que aparezcan los síntomas, pero muchos todavía se encuentran en las primeras etapas de desarrollo sin resultados publicados.

jueves, 29 de febrero de 2024

Un método basado en inteligencia artificial detecta el cáncer del futuro

Un grupo de investigadores logra detectar el cáncer de mama con hasta cinco años de antelación gracias a un modelo de aprendizaje creado a partir de inteligencia artificial.

Foto: Computer Science And IA Laboratory, Massachusetts General Hospital.

Un nuevo modelo de deep learning ha dado vida a una serie de algoritmos de inteligencia artificial que, aplicados a las mamografías convencionales, permite detectar el cáncer hasta cinco años antes de su desarrollo en el paciente.

Ideado por un grupo de investigadores del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial (CSAIL) y del Hospital General de Massachusetts, este nuevo método de predicción del cáncer futuro podría revolucionar los tratamientos, ya que categoriza con precisión en la categoría de mayor riesgo al 31% de todos los pacientes con cáncer, frente a un 18% de los modelos tradicionales.

A pesar de los continuos avances científicos en materia de genética, a menudo el diagnóstico del cáncer de mama llega demasiado tarde, lo que lleva a tratamientos agresivos con resultados no siempre positivos. La identificación anticipada de los pacientes en riesgo a partir de este nuevo modelo de aprendizaje profundo se vuelve vital para detectar en una mamografía si el paciente desarrollará cáncer en el futuro.

El diagnóstico tardío formará parte del pasado

Gracias a las mamografías y los resultados de más de 60.000 pacientes, los investigadores han podido desarrollar una serie de algoritmos que aprenden los sutiles patrones del tejido mamario que son precursores de un tumor maligno.

Este descubrimiento posibilita además la personalización de los tratamientos y seguimientos necesarios para cada paciente, ya que el debate sobre cuándo realizar los exámenes de detección sigue sobre la mesa. Mientras la Sociedad Americana del Cáncer recomienda realizar un chequeo cada año a partir de los 45, el grupo de trabajo preventivo de los EEUU recomienda una evaluación bianual a partir de los 50 años.

¿Qué es el cáncer? ¿Cómo empieza? Descubre el papel que desempeña la genética, qué tipos de cáncer son los más prevalentes y qué se está haciendo para luchar contra esta enfermedad.

"En lugar de adoptar un enfoque único para todos, podemos personalizar la detección del riesgo de una mujer de desarrollar cáncer", dice Barzilay , autor principal del artículo sobre el proyecto, en un comunicado de la CSAIL. "Por ejemplo, un médico podría recomendar exámenes de IRM complementarios para mujeres con alto riesgo evaluado por el modelo".

Desde el primer modelo de riesgo, en 1989, hasta hoy

La edad, los antecedentes familiares de cáncer de mama y ovario, la densidad de mama y los factores hormonales y reproductivos han sido hasta ahora los agentes sobre los que se han basado los modelos de riesgo.

"Sin embargo, la mayoría de estos marcadores están débilmente relacionados con el cáncer de mama", afirman los autores de la investigación. "Como resultado, incluso después de décadas de desarrollo, estos modelos aún no son muy precisos a nivel individual y la mayoría de las organizaciones siguen sintiendo que los programas de detección basados ​​en el riesgo no son posibles dadas esas limitaciones".

Por ello, en lugar de detectar de forma manual los patrones individuales, este modelo de aprendizaje profundo basado en la inteligencia artificial induce los patrones a partir de datos. Entrenado con más de 90.000 mamografías, este modelo detecta patrones tan sutiles que sería imposible reconocer con el ojo humano.

Un modelo con eficacia interracial

"Desde la década de 1960, los radiólogos han notado que las mujeres tienen patrones únicos y ampliamente variables de tejido mamario visibles en la mamografía. Estos patrones pueden representar la influencia de la genética, las hormonas, el embarazo, la lactancia, la dieta, la pérdida de peso y el aumento de peso. Ahora podemos aprovechar esta información detallada para ser más precisos en nuestra evaluación de riesgos a nivel de mujer individual” , afirma Lehman en la CSAIL.

Además de a nivel individual, este proyecto significa también un paso muy importante para las diferencias raciales, ya que este modelo es igualmente efectivo en mujeres blancas y negras, lo que hasta ahora no había ocurrido con modelos anteriores. "Esto es especialmente importante para las mujeres afroamericanas, que son 43% más propensas a morir de cáncer de seno que las mujeres blancas", afirma el estudio.

Ansiosos por aplicar este modelo a otras enfermedades, los investigadores siguen estudiando este método a fondo con la esperanza de que pueda algún día "permitir a los médicos usar mamografías para ver si los pacientes tienen un mayor riesgo de otros problemas de salud, como enfermedades cardiovasculares u otros tipos de cáncer".