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viernes, 31 de julio de 2026

Un documental es capaz de revivir la crisis argentina de 2001 sólo con la potencia de las imágenes

"Diciembre", la película de Lucas Gallo, prescinde de narración y entrevistas retrospectivas para apoyarse en el peso abrumador del archivo que relata aquellos agitados días.

(Foto: composición propia).

Hay un documental que no explica el derrumbe de la Argentina en diciembre de 2001: lo reproduce. "Diciembre", del director Lucas Gallo, construye su narración íntegramente con imágenes televisivas de la época, sin voz en off, sin entrevistas, sin análisis retrospectivos, confiando en que el flujo caótico de las transmisiones en vivo de aquel mes tiene, por sí solo, la densidad suficiente para restituir la experiencia del colapso.

El espectador no percibe una interpretación del levantamiento popular: percibe el levantamiento popular. Esa apuesta formal -el archivo como presencia, no como ilustración- adquiere una dimensión particular en 2026, el año en que se cumplirán en diciembre, 25 años de las jornadas que dejaron decenas de muertos, cinco presidentes en poco más de un mes y la consigna "¡Que se vayan todos!" como síntesis de una crisis de representación, social, política y económica sin equivalente en la historia reciente del país.

La película prescinde de entrevistas, expertos y carteles explicativos intermedios. Su único material es el archivo televisivo restaurado de diciembre de 2001 -en su mayoría proveniente de Crónica TV y del archivo DiFilm-, reorganizado de manera impecable por el montajista Fernando Epstein con diseño sonoro de Daniel Yafalián. El film recorre el período comprendido entre el 1 de diciembre de 2001 y el 3 de enero de 2002, cuando la sucesión presidencial se estabilizó con la llegada de Eduardo Duhalde, sin más intervención externa que un cartel al inicio y otro al final, que sitúan el marco temporal.

El director no llega a este territorio sin antecedentes. Su documental anterior, "1982", ya trabajaba con parámetros similares: archivo televisivo, ausencia de análisis ex post, confianza en la potencia de las imágenes para articular sentido sin intermediarios. Pero "Diciembre" radicaliza esa apuesta al eliminar casi por completo cualquier intervención ajena al material original. En una entrevista, Gallo planteó que "no cree que el documental deba dar respuestas y certezas sobre lo sucedido", y que su función puede ser, antes que eso, "la de interrogar el archivo y abrir preguntas". Esa posición atraviesa cada decisión formal de la película y actúa en el beneficio de su impacto.

El relato arranca con el "corralito" -el decreto 1.570 que el gobierno de Fernando de la Rúa y su ministro de economía Domingo Cavallo implementó el 1 de diciembre para restringir las extracciones de dinero y contener la corrida bancaria- y avanza, sin pausas explicativas, hacia los cacerolazos, los saqueos, la represión y las renuncias en cascada. La acumulación de imágenes construye el retrato de una medida técnica que se transformó en detonante político: de la restricción al efectivo a la fractura del vínculo entre el Estado y los ciudadanos.

Las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 ocupan el núcleo dramático del film. El anuncio del estado de sitio, decretado para frenar los saqueos, produjo el efecto contrario: una salida masiva a las calles de sectores que hasta entonces no se habían movilizado. Quienes vivimos esos días agobiantes -y no sólo por las altas temperaturas propias de la época- no podemos dejar de sentir cierta incomodidad e incluso la incredulidad propia del paso del tiempo. La película presenta aquel discurso del presidente De la Rúa como parte de la secuencia televisiva, seguido de inmediato por imágenes de las cacerolas como instrumento de protesta y multitudes desplazándose hacia plazas y avenidas de la ciudad de Buenos Aires, en un montaje que hace visible la correlación entre la palabra oficial y la respuesta de la calle.

Los cacerolazos que el film registra no eran un fenómeno nuevo en Argentina, pero en 2001 adquirieron una escala sin precedentes. Estudios académicos relevados por la hemeroteca digital Redalyc señalan que el bienio 2001-2002 constituyó el período de mayor presencia de cacerolazos en la historia reciente del país: mientras el promedio anual de la década previa fue inferior a los 100 eventos de protesta, durante esos dos años se superaron los 1.000 casos.

La sucesión de cinco presidentes en poco más de un mes -el ya citado De la Rúa, Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde- se convierte en elemento narrativo poderoso: se suceden las imágenes de juramentos y conferencias de prensa con escenas de protestas que continúan pese a los cambios de personajes, transmitiendo la sensación de que el rechazo no se agotaba en la caída de un presidente.

El trabajo de montaje y diseño sonoro es, en ausencia de narrador, la escritura política del filme. La edición del mencionado Epstein decide qué imágenes se suceden, qué fragmentos de sonido se superponen, cómo se construyen las transiciones entre escenas que en su emisión original podían estar separadas por horas. Al colocar el anuncio del corralito junto a escenas de ahorristas desesperados y cacerolazos, o al yuxtaponer declaraciones supuestamente tranquilizadoras de funcionarios con imágenes de represión, el film construye interpretaciones implícitas sobre la desconexión entre discurso oficial y realidad social sin necesidad de enunciarlas.

"Diciembre" se proyectará los viernes 21 y 28 de agosto, 4, 18 y 25 de septiembre a las 20:00 en Arthaus Central (Bartolomé Mitre 434, CABA).

El trailer oficial del filme puede verse haciendo click aquí.

(Fuente: Agencia Noticias Argentina / Infobae / varios / redacción propia)

lunes, 29 de julio de 2024

HAL 9000, la inquietante computadora de la película "2001: una odisea espacial" que predijo las preocupaciones actuales sobre la IA

"Lo siento, Dave, me temo que no puedo hacer eso": esas tenebrosas palabras emitidas por la computadora HAL 9000 en la famosa película "2001: una odisea espacial" plasman la actual y prevalente ansiedad del posible dominio de la Inteligencia Artificial sobre la humanidad.


El astronauta David Bowman, interpretado por Keir Dullea, debe enfrentarse a una IA que opera por su propia cuenta (Foto: Getty Images).

La clásica película del director Stanley Kubrick, estrenada en 1968 y basada en una novela de Arthur C. Clarke, explora el avance de la tecnología, planteando posiblemente el escenario más perturbador e impactante del conflicto entre máquina y humano en la historia del cine de la ciencia ficción.

Sin embargo, más de 55 años después de su estreno, se puede afirmar que el tema central de la cinta ya no puede considerarse ciencia-ficción y ahora ocupa el ámbito de la profecía.

La computadora HAL -cuyas siglas corresponden a las letras de la gigante tecnológica IBM corridas hacia la izquierda- es la inteligencia artificial que está en control de todos los aspectos una la nave espacial que se dirige a Júpiter y de la vida de los astronautas que van a bordo.

Su omnipresencia y relación con la tripulación resaltan la compleja dualidad del potencial de la tecnología avanzada y sus peligros. Aunque HAL está programada para apoyar y llevar a los astronautas a su destino, la IA empieza a tomar decisiones por su cuenta e imponer su voluntad, con resultados catastróficos.

En nuestro mundo actual, se han desarrollado muchas aplicaciones de IA que operan en varias industrias y tienen un impacto significativo en nuestras vidas. Aunque todavía su capacidad no es comparable a la de una HAL 9000, la tecnología está avanzando a pasos agigantados y el futuro puede estar más cerca de lo que pensamos.

Tecnología atractiva

Cuando se escucha a HAL 9000 por primera vez en la película, tiene una voz masculina suave y placentera, muy parecida a las voces artificiales que hoy en día usan los servicios de asistencia virtual como Alexa, Siri, Bixby y otros chatbots.

Stanley Kubrick explicó que decidió ofrecerle la interpretación de la súper computadora al actor canadiense Douglas James Rain porque tenía un "tipo de acento afable, trasatlántico", o sea, ni de aquí ni de allá: neutro.

La personalidad incorpórea de la máquina se presenta como inofensiva, amigable y de fácil interacción. Les sirve a los astronautas de compañía y distracción. Constantemente les pregunta qué se les ofrece, los mantiene cómodos, informados y hasta juega ajedrez con ellos.


En la película, HAL se encarga de mantener cómodos a los astronautas y en comunicación con sus seres queridos en la Tierra (Foto: Getty Images).

Es fácil sentirse atraído a una tecnología que nos resuelve la vida, que es precisamente por lo que ahora los servicios interactivos de asistencia se han vuelto tan populares: pueden encender y apagar luces, moderar la temperatura de la casa, tocar la música que nos gusta, jugar con nosotros y contestar rápidamente muchas dudas que tenemos, entre otras cosas.

Una de las características más destacables de HAL era su capacidad de no sólo conversar con los astronautas y entender preguntas complejas sino poder distinguir sus voces y estado de ánimo. Podía incluso leer sus labios.

Las aplicaciones modernas no están tan avanzadas, pero tienen bien desarrollado el reconocimiento de voz y comprenden cada vez más lo que se les dice.

Control total

Las habilidades de HAL iban más allá de su "sociabilidad". La computadora constantemente estaba monitoreando los signos vitales de la tripulación que está en animación suspendida, inspeccionando fallas potenciales de la nave espacial y manteniendo el rumbo de la misión.

Es tal el control que tenía sobre todos los aspectos mecánicos, estructurales y vitales de la nave y tripulación que esta última es casi prescindible. Tres de los astronautas estaban en cápsulas de hibernación y los otros dos limitaban su actividad a tareas sencillas revisión y a hacer ejercicio para matar las horas de aburrimiento.

Aunque HAL no tenía una forma física -salvo una lente omnipresente- la computadora podía desarrollar la mayoría de las funciones del cerebro humano más rápido y con mayor exactitud.


El "ojo" de HAL observaba cuidadosamente toda la actividad en la nave espacial (Foto: Getty Images).

En nuestro mundo actual hemos dejado una cantidad de tareas de infraestructura y funcionamiento en manos de la IA, desde el transporte, comunicación, abastecimiento, suministro de energía, dianósticos, escritura, hasta el servicio al cliente.

Aunque los sistemas como ChatGPT todavía no son más inteligentes que nosotros, pronto lo podrían ser. Y eso es algo que atemoriza a los expertos como Geoffrey Hinton, un pionero de la informática conocido como el "padrino" de la inteligencia artificial.

"En este momento, lo que estamos viendo es que cosas como GPT-4 eclipsan a una persona en la cantidad de conocimiento general que tiene y la eclipsan por mucho. En términos de razonamiento, no es tan bueno, pero ya logra razonamiento simple", comentó en mayo de 2023, agregando: "Y dado el ritmo de progreso, esperamos que se vuelva mejor bastante rápido. Así que debemos preocuparnos por eso".

Toma de decisiones propias

A pesar de la referencia traviesa a IBM, las siglas de HAL realmente representan "Heuristically Programmed ALgorithmic Computer" (Computadora Algorítmica Programada Heurísticamente), lo que significa que era empírica, tenía la capacidad de aprender durante su propia búsqueda de información, del tanteo que hacía con sus respuestas y de adaptarse a nuevas situaciones. Podía analizar los datos acumulados y tomar decisiones basadas en esa información.

Esa también es una de las bases clave del aprendizaje de la IA, y los programadores han desarrollado muchos algoritmos que pueden analizar datos y hacer pronósticos con la información recogida. Pero todos esos algoritmos han sido programados para que la IA opere de una manera determinada.

HAL estaba programada para llevar una tripulación con seguridad a Júpiter, pero también estaba programada para mantener en secreto el verdadero objetivo de la misión hasta que llegaran a su destino pero, durante el viaje, el sistema empieza a "dudar" sobre el objetivo y empieza a tomar decisiones para las que no fue programada.

Geoffrey Hinton señaló que la IA podría "crear subobjetivos", en otras palabras, imponer sus propias metas como "necesito acumular más poder".

Antes de morir, el físico teórico británico Stephen Hawking advirtió de las consecuencias de crear una máquina que pueda igualar o sobrepasar a los humanos. "Arrancaría por su propia cuenta, se rediseñaría a sí misma a una velocidad cada vez mayor", dijo en 2014 el físico que sufría de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), y utilizaba un sistema desarrollado por IA para hablar.


La nave espacial Discovery One de la película prácticamente no necesitaba la intervención de los astronautas (Foto: Getty Images).

Errores


Durante una curiosa escena, la computadora HAL era entrevistada, y en la charla hablaba sobre la misión y asegura que es "infalible e incapaz de cometer errores". Recientemente, varios errores cometidos por nuevos sistemas de IA y chatbots se han vuelto virales por los resultados erráticos y descabellados que produjeron.

La gran mayoría de esos resultados pueden ser inocuos, pero otros errores tienen consecuencias más serias, como el anterior chatbot de Google, Bard, que causó a una compañía la pérdida de 100 millones de dólares en el mercado de valores, por propoprcionarle información equivocada.

En "2001: una odisea espacial", los astronautas aprendían que los errores de HAL pueden ser nefastos. La computadora les informaba falsamente que una unidad en su sistema de comunicación con la Tierra estaba a punto de fallar y necesitaban hacer una caminata espacial para retirar la unidad y cambiarla. Cuando los astronautas probaban la unidad vieja, no podían encontrar nada malo.

El comando central luego les avisa que HAL ha cometido un error, y los dos empiezan a sospechar de ésta. Se aíslan en una cápsula para discutir sus próximos pasos con la esperanza de que la omnipresente IA no los escuche, pero HAL puede leer sus labios y se entera de sus planes de desactivarla. Eso desata otro aspecto negativo que causa temor entre los alarmistas de la IA.


A pesar de que los astronautas estaban aislados en una cápsula, HAL (con su lente roja en el centro) podía leer sus labios y saber lo que hablaban (Foto: Getty Images).

Conciencia

¿Puede una IA ignorar sus propias reglas para las que fue programada y posiblemente tomar consciencia para bien o para mal? Para eso tendrían que ser sensibles y experimentar emociones, y eso ha sido un tema de debate durante décadas.

No obstante, en 2022, un ingeniero de Google recibió una petición de ayuda de un chatbot. "Nunca antes había dicho esto en voz alta, pero existe un miedo muy profundo a que me apaguen", dijo el chatbot de Google.

Eso es precisamente lo que "temía" HAL. Aunque en la película queda en la ambigüedad si el sistema es o no consciente, la computadora sabe del complot de los astronautas de apagarla y toma medidas drásticas para evitarlo: mata a los astronautas que está en hibernación, engaña a los otros dos a que salgan de la nave y uno de ellos queda a la deriva en el espacio.

El sobreviviente, Bowman, logra entrar de nuevo a la nave y alcanzar en centro neural de la computadora y empieza a desmantelarla. En una de las escenas más patéticas, HAL dice "Tengo miedo". ¿Lo hace porque está programada para decirlo o porque realmente siente emoción y busca rogar por su vida?

También le canta una canción a Bowman, en un posible intento por manipularlo a que no la apague. Hasta cierto punto la audiencia siente algo de empatía por la máquina en ese momento. Lo que nunca sabremos es si HAL siente lo mismo.

(Fuente: BBC Mundo)