"The Name Of This Band Is R.E.M.", de Peter Ames Carlin, describe vívidamente y en detalle el ascenso de una banda de universitarios a la categoría de megaestrellas, siempre con un sello distintivo.
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miércoles, 18 de diciembre de 2024
El largo y sinuoso camino de R.E.M. se cuenta en una nueva biografía
martes, 19 de noviembre de 2024
Se publicó una biografía de Martha Argerich, la enorme pianista argentina
Escrita por Olivier Bellamy, funciona como un "mapa de vida" de la notable artista. La acompaña en sus diversas etapas y describe las particularidades de una estrella mundial que detesta las relaciones exclusivas, el estrellato, los precios prohibitivos de las entradas, la solemnidad del mundillo de la música clásica y los artificios del sistema.


jueves, 12 de septiembre de 2024
Semblanza de Horacio Quiroga, el torturado narrador uruguayo
Horacio Silvestre Quiroga Forteza nació el 31 de diciembre de 1878 en Salto, Uruguay. Era hijo del vicecónsul argentino en Salto y de la oriental Pastora Forteza. Por parte de su padre descendía del caudillo riojano Facundo Quiroga.

Siempre fue buen deportista y amante de la mecánica y la construcción, pero además a los veintidós años comenzó sus primeros tanteos poéticos. Descubrió la obra de Leopoldo Lugones y Poe, que marcaron claramente su escritura. Mientras trabajaba y estudiaba, colaboraba con las publicaciones La Revista y La Reforma. Durante el carnaval de 1898 conoció a su primer amor, una niña llamada María Esther Jurkovski, que inspiraría dos de sus obras más importantes: Las sacrificadas y Una estación de amor. Colaboró con el semanario Gil Blas de Salto, y conoció en esta época a Lugones en una escala durante un viaje fluvial, y se inició una amistad que duraría toda su vida. En 1899 Quiroga fundó en su pueblo natal la Revista de Salto, pero la revista fracasó.
En 1900 la herencia de su padre le permitió viajar a París, partió esperanzado en primera clase y vestido de frac, y allí conoció a Rubén Darío, pero volvió tras cuatro meses en tercera clase, hambriento y con la barba negra que no lo abandonaría más.
Fundó en Uruguay el Consistorio del Gay Saber una especie de laboratorio literario experimental de cariz modernista. Su primer libro de poesía Los arrecifes de coral, se publicó en 1901. Ese mismo año murieron dos de sus hermanos, Prudencio y Pastora, en el Chaco, a causa de la fiebre tifoidea. A esta desgracia le sucedió la muerte accidental de manos del propio Quiroga de su amigo Federico Ferrando, que iba a batirse en duelo, Horacio lo ayudaba a limpiar el arma cuando ésta se le disparó. Fue detenido y finalmente puesto en libertad, tras comprobar la naturaleza accidental del homicidio. La desolación por este suceso lo llevó a abandonar Uruguay. Fue a Argentina a vivir con María, otra de sus hermanas, su cuñado lo inició en la pedagogía. Fue designado profesor de castellano en el Colegio Británico de Buenos Aires en marzo de 1903. En junio de 1903 Quiroga se unió como fotógrafo a Leopoldo Lugones en una expedición a Misiones, financiada por el Ministerio de Educación, en la que planeaba investigar unas ruinas de las misiones jesuíticas. Esta experiencia marcó de manera absoluta a Horacio Quiroga que se decidió a invertir lo que le quedaba de su herencia paterna en la compra de unos campos algodoneros en Chaco. El proyecto acabó fracasando pero la experiencia fue fundamental para el escritor y provocó un cambio radical en su obra y en su vida. A partir de este momento se dedicó a cultivar la narración breve, y en su estilo.
En 1904 publicó El crimen de otro, fuertemente influido por el estilo de Edgar Allan Poe. Sus primeros cuentos fueron publicados en la revista argentina Caras y Caretas. Al año siguiente decidió volver a la selva, compró una chacra sobre la orilla del Alto Paraná y en 1908 se trasladó. Se enamoró de una de sus alumnas y consiguió convencer a sus padres no sólo de permitieran el matrimonio sino que vinieron a vivir a la selva con ellos. En 1911 nació su hija Eglé Quiroga. El escritor comenzó la explotación de sus yerbatales y al mismo tiempo fue nombrado Juez de Paz en el Registro Civil de San Ignacio. Al año siguiente nació su hijo menor, Darío. Se ocupó él personalmente de la educación de sus hijos un tanto especial adaptada a la necesidades de la vida en la selva, de modo que fueran autónomos. Su esposa cayó en una profunda depresión y se suicidó tomando veneno. Tras el suicidio de su esposa, Quiroga se trasladó con sus hijos a Buenos Aires, donde recibió un cargo de Secretario Contador en el Consulado General uruguayo en esa ciudad. Apareció en esta época uno de sus libros más famosos: Cuentos de la selva.
Su única obra teatral (Las Sacrificadas) se publicó en 1920 y se estrenó en 1921, El diario argentino La Nación comenzó también a publicar sus relatos, que a estas alturas gozaban ya de una impresionante popularidad. En 1921 apareció Anaconda. El escritor se dedicó a la crítica cinematográfica, teniendo a su cargo la sección correspondiente de la revista Atlántida, El Hogar y La Nación.
Regresó por un tiempo a Misiones, allí se construyó una barca y con ella regresó a Buenos Aires.
En 1927 se publicó Los desterrados. Se enamoró de María Elena Bravo, compañera de escuela de su hija Eglé, se casaron ese mismo año.
A partir de 1932 Quiroga se radicó por última vez en Misiones, en lo que sería su retiro definitivo, con su esposa y la hija de su segundo matrimonio. Perdió el consulado pero sus amigos consiguieron tramitarle la jubilación argentina. Empezó a sufrir una prostatitis, y su mujer lo abandonó llevándose a su hija. Se descubrió que las molestias eran en realidad de origen canceroso, tras su regreso a Buenos Aires para ser internado en el hospital, ante tal diagnóstico el 19 de febrero de 1937 Horacio Quiroga bebió un vaso de cianuro que lo mató pocos minutos después
Las desgracias siguieron a la familia y más o menos al mismo tiempo que el gran poeta, Eglé Quiroga, hija mayor de Horacio, se suicidó también. Su amigo Leopoldo Lugones se suicidó un año después por motivos amorosos. Finalmente, su hijo varón, Darío, se suicidó en un arranque de desesperación en el año 1951.
Su obra estuvo marcada por la influencia reconocida de Kipling, Conrad y, sobre todo, Edgar Allan Poe. En sus cuentos reina una atmósfera de alucinación, crimen, locura situada en la Naturaleza salvaje de la selva.
Quiroga legó a los jóvenes escritores su famoso Decálogo del perfecto cuentista que resumía de manera perfecta su propio estilo: una prosa precisa, estilizada y contundente al mismo tiempo, que lo convirtió en maestro del relato breve. Horacio Quiroga ha dejado para la posteridad algunas de las piezas más terribles, brillantes y trascendentales de la literatura hispanoamericana del siglo XX.
BIBLIOGRAFÍA
- Poesía:
Los arrecifes de coral, 1901
- Cuentos:
El crimen de otro, 1904
Cuentos de amor de locura y de muerte, 1917
Cuentos de la selva, 1918
El salvaje, 1920
Anaconda, 1921
El desierto, 1924
Los desterrados, 1926
Más allá, 1935
- Novela:
Historia de un amor turbio, 1908
Pasado amor, 1929
- Teatro:
Las sacrificadas, 1920
(Fuente: escritores.org)
jueves, 8 de agosto de 2024
Semblanza de María Elena Walsh, poeta y compositora argentina que renovó el modo de abordar la literatura infantil en lengua castellana
Nacida en Buenos Aires en 1930, poeta y compositora argentina, renovó el modo de abordar la literatura infantil en lengua castellana y cambió sus parámetros, despojándola de un propósito didáctico.
A partir de 1945 publicó poemas y notas en las revistas El Hogar, Sur y en los diarios La Nación, Clarín y La Razón. En 1948 egresó de la Escuela Nacional de Bellas Artes y fue invitada a Estados Unidos por el poeta español Juan Ramón Jiménez. Entre 1952 y 1956 residió en París, donde compuso canciones infantiles y folclóricas. Ya en Argentina realizó programas de televisión para niños y adultos, recorrió el norte del país cantando con Leda Valladares y estrenó espectáculos teatrales para niños; tales actividades le permitirían entrar en contacto con intérpretes y compositoras como Violeta Parra, Chabuca Granda y Consuelo Velázquez.

María Elena Walsh.
Poetisa precoz, con sólo diecisiete años publicó su primer libro de poemas, "Otoño imperdonable", marcado por las tendencias dominantes de la generación del cuarenta. En sus libros posteriores (Baladas con Ángel, 1952; Hecho a mano, 1965), Walsh mantuvo las características formales de su primer libro, tales como los versos medidos y las estrofas rimadas, pero fue virando la temática, confesional e intimista, hacia una más atenta al lenguaje coloquial y la realidad externa, tal como se pone de manifiesto en poemas como "Carta de recomendación", "Solicitud de empleo", "Rechazando una invitación a ir al cine o participar en cualquier otra actividad mundana" o "Eva".
Luego de una recordada experiencia televisiva a finales de la década de 1950, en la que dio a conocer sus personajes Doña Disparate y Bambuco, estrenaría en Buenos Aires el espectáculo para chicos "Canciones para mirar", compuesto por una serie de canciones, poemas y cuentos breves que luego fue publicando tanto en libros -"Tutú Marambá" (1960), "El reino del revés" (1965), "Zoo loco" (1965), "Dailan Kifki" (1966), "Cuentopos del Gulubú" (1966) y "Versos tradicionales para cebollitas" (1967)- como en discos: "Canciones para mirar" (1963), "Canciones para mí" (1963), "En el país de Nomeacuerdo" (1967), "Juguemos en el mundo" (1968) y "Cuentopos" (1968), entre otros. La pintora Norah Borges, hermana del afamado escritor Jorge Luis Borges, ilustró alguno de sus libros.
La obra para chicos de Walsh, basada en las "nursery rhymes" inglesas, pero también en las coplas españolas, en la utilización de la rima como juego y en el disparate conceptual, se encuentra en la base de la formación intelectual, cultural y afectiva de por lo menos cuatro generaciones de argentinos. Sin duda, buena parte del enorme prestigio intelectual y moral que llegaría a tener María Elena Walsh debe su origen a esta magnífica obra para chicos, que pertenece ya a la categoría de clásico indiscutible de la cultura argentina.
María Elena Walsh es también autora de un libro de memorias, "Novios de antaño", de la recopilación de artículos "País jardín de infantes"(1990) y del libro de lectura "Aire libre" (1967). Galardonada y homenajeada en reiteradas ocasiones y en distintos ámbitos, obtuvo el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC) y el Premio del Fondo Nacional de las Artes. Fue doctora honoris causa por la Universidad Nacional de Córdoba y Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires; la embajada de Polonia la condecoró con la Orden de la Sonrisa. Falleció en el año 2012.
(Fuente: Biografías y Vidas / Otros)
jueves, 1 de agosto de 2024
Semblanza de Ernesto Sábato, el escritor imprescindible que plasmó nuestras épocas más oscuras
Escritor argentino, (Rojas, Argentina, 1911 - Santos Lugares, 2011). Sólo tres novelas, espaciadas en el tiempo, componen su producción estrictamente literaria: "El túnel" (1948), "Sobre héroes y tumbas" (1961) y "Abaddón el exterminador" (1974); a pesar de ello, Ernesto Sábato figura entre los más destacados autores del "boom" de la literatura hispanoamericana de los años 60. Con ellos compartió un afán renovador manifiesto en las técnicas narrativas (la superposición de tramas y la fusión de novela y ensayo fueron patentes desde su segunda novela), mientras que en lo temático se orientó hacia una indagación de signo existencialista sobre los abismos de la naturaleza humana y la pervivencia de la barbarie en la civilización moderna.
Ernesto Sábato se doctoró en física en la Universidad de la Plata (1938) e inició una prometedora carrera como investigador científico en París, donde había ido becado para trabajar en el laboratorio que fundara la célebre Marie Curie. Allí trabó amistad con los escritores y pintores del movimiento surrealista, en especial con André Breton, quien alentó la vocación literaria de Sábato y despertó su fascinación por los arcanos del inconsciente, motivo que sería recurrente en su obra. En París comenzó a escribir su primera novela, "La fuente muda", de la que sólo publicaría un fragmento en la revista Sur.
En 1940, de regreso en Argentina, comenzó a dictar clases en la Universidad Nacional de La Plata, pero se vio obligado a abandonar la enseñanza tras perder su cátedra a causa de unos artículos que escribió contra Juan Domingo Perón. Aquel mismo año publicó su ensayo "Uno y el Universo" (1945), en el que criticaba el reduccionismo en el que desemboca el enfoque científico y la deshumanización de la ciencia; tales ideas y una honda crisis vocacional y existencial padecida dos años antes lo orientaron definitivamente a la literatura. La obra prefiguraba buena parte de los rasgos fundamentales de su producción literaria y ensayística: brillantez expositiva, introspección, psicologismo y cierta grandilocuencia retórica.
Su carrera literaria estuvo influida desde el principio por el experimentalismo y por el alto contenido intelectual de sus obras, marcadas por una problemática de raíz existencialista. Así, "El túnel" (1948) ahonda en las contradicciones e imposibilidades del amor, mientras que "Sobre héroes y tumbas" (1961) presenta una estructura más compleja; los diversos niveles de la narración enlazan vivencias personales del autor y episodios de la historia argentina en una reflexión caracterizada por un creciente pesimismo. Ambas novelas tuvieron gran repercusión y otorgaron a Sábato un puesto prominente entre los grandes autores argentinos y latinoamericanos del siglo.
Extraordinaria muestra de sus aptitudes para el relato de corte psicológico, "El túnel" fue rápidamente traducida a diversos idiomas y llevada al cine. La narración tiene indudable originalidad y valores psicológicos relevantes: la confesión de Castel, que ha cometido un crimen pasional, enfrenta al hombre de hoy con una sociedad desquiciada y resalta los contrastes con pincel agudo y lleno de color. El estilo está en consonancia con el tema, dentro de un desequilibrado equilibrio.
"Sobre héroes y tumbas" (aunque publicada en 1961, la edición definitiva es de 1966) es su obra más ambiciosa. La compleja construcción de esta novela y los diversos registros del habla rioplatense que el autor plasma en ella se alejan tanto del tecnicismo formal como de la dispersión. La pericia narrativa de Sábato consiste, justamente, en hacer pasar desapercibidas para el lector las evidentes dificultades compositivas que supone la historia de la joven Alejandra y, a través de ella, la del país.
La novela es contada a través de tramas paralelas y circulares; se presenta por un lado a los últimos miembros de una declinante familia de la oligarquía bonaerense; por otro, el funesto desenlace de la trayectoria vital del general Juan Lavalle: tras caer en combate durante una sublevación contra Juan Manuel de Rosas (1841), sus seguidores llevaron su cadáver al exilio. Pero la línea central de la obra es la atormentada pasión entre dos jóvenes contrapuestos, Martín y Alejandra. Sobre el padre de Alejandra, Fernando Vidal, pende la culpa de un incesto, y su familia está genéticamente predispuesta a la locura: el abismo personal e histórico comulgan en un mismo plano.
Fernando reconoce que su largo aprendizaje en la perversidad no tenía otro fin que situarle en posición de dar cumplimiento a esa necesaria búsqueda de lo subterráneo que cristaliza en su alucinante "Informe sobre ciegos", texto que constituye la tercera parte de la novela y que puede ser leído, como de hecho lo fue, con entera autonomía. Una vez adquirido este terrible saber vuelve a la vida para ser asesinado por su hija y amante, la cual, a su vez, busca su propia catarsis en el fuego, abrasándose entre los familiares recuerdos de la historia de su patria, en la casa natal.
Además de obtener un éxito de público impresionante, Sobre héroes y tumbas situó a Ernesto Sábato en la primera línea del llamado Boom de la literatura hispanoamericana, fenómeno editorial que, en la década de 1960, supuso el descubrimiento internacional de los narradores del continente: sus compatriotas Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, los mexicanos Juan Rulfo y Carlos Fuentes, el colombiano Gabriel García Márquez y el peruano Mario Vargas Llosa son algunos de los grandes autores que, junto a Ernesto Sábato, arrancaron de la superación del realismo que había caracterizado la novela europea y norteamericana de entreguerras para construir, por diversos caminos, una narrativa de altísimo nivel, unánimemente aplaudida por los lectores y la crítica.
Su tercera novela, "Abaddón el exterminador" (1974), se centra en torno a consideraciones sobre la sociedad contemporánea y sobre el pueblo argentino, su condición "babilónica" y su presente, que adquieren en la novela una dimensión surreal, en que se funden realidad y ficción en una visión apocalíptica. La novela comienza con la breve reseña de "algunos acontecimientos producidos en la ciudad de Buenos Aires en los comienzos del año 1973", acontecimientos que, en buena medida, tienen que ver con la instauración de la dictadura militar que sumió en el terror a Argentina a lo largo de una década; uno de los referidos sucesos no es otro que la muerte de un estudiante, en el sótano de una comisaría, a manos de sus torturadores.
El resto de la narración pretende ayudar a comprender estos acontecimientos, si bien el método utilizado por Sábato dista de basarse en el científico; los argumentos utilizados por el novelista son "confesiones, diálogos y algunos sueños". Además, y ésta es una nueva singularidad de la novela, el propio autor es uno de los personajes, que vive y habla con sus criaturas, procedentes algunas de ellas de Sobre héroes y tumbas. El camino seguido para explicar la barbarie no pasa, al menos de forma preferente, por la sociología o la historia; es más bien un viaje al fondo de la propia noche, una búsqueda de la barbarie inconsciente, que no siempre presenta, cuando se manifiesta, un rostro sanguinario, sino también la mueca jocosa de lo grotesco o de lo insustancial.
El reconocimiento internacional acabó por convertir a Ernesto Sábato en una autoridad dentro de la sociedad argentina, una suerte de formador de opinión que, por paradójico que parezca, al asumir ese papel se fue alejando progresivamente de la actividad literaria. Desde mediados de la década de 1970, más que un escritor consagrado, Sábato representó una conciencia moral que actuaba como un llamado de alerta frente a una época que él no dudó en calificar de "sombría".
Esa identificación entre Sábato y la autoridad ética quedó muy reforzada por su labor como presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), para la que fue designado en 1983 por el entonces presidente de la República, Raúl Alfonsín. Los meses que dedicó a investigar la represión durante el anterior gobierno militar de Jorge Videla no le dejaron aliento ni espacio para la literatura; finalizados los trabajos de la comisión, resumió aquella dura experiencia con las siguientes palabras: "He estado en el infierno". La conclusiones de la comisión quedaron recogidas en las cincuenta mil páginas del llamado "Informe Sábato". En 1984 fue galardonado con el Premio Cervantes.
La obra de Sábato, que ha sido prestigiada con numerosos premios internacionales y difundida en múltiples traducciones, incluye además multitud de ensayos, como "Hombres y engranajes" (1951), "El escritor y sus fantasmas" (1963), "El otro rostro del peronismo" (1956), "Tango: discusión y clave" (1963), "La cultura en la encrucijada nacional" (1973), "Tres aproximaciones a la literatura de nuestro tiempo" (1974), "Apologías y rechazos" (1979), "Antes del fin" (1998), "La resistencia" (2000) y "España en los diarios de mi vejez" (2004). El narrador y ensayista argentino se dedicó además a la pintura, otra de sus pasiones, pero en sus últimos años se vio aquejado de un grave problema de visión.
(Fuente: Biografías y vidas)
lunes, 8 de julio de 2024
Editan "Mono. Buscando a Enrique Villegas": una biografía posible de un grande de la música argentina
El autor del libro sobre el notable pianista, cuenta en el prólogo del libro cómo encaró la tarea de contar la fascinante historia de alguien que fue mucho más que un músico de jazz.

(Foto: Editorial Vademécum).
El texto que sigue prologa el libro de Claudio Parisi, "Mono. Buscando a Enrique Villegas":
El sábado 12 de agosto de 2023 recibí un mensaje por WhatsApp. Era un audio de Roque Di Pietro, editor de Vademécum. Fue al hueso: quería un libro sobre Enrique Villegas, que funcionara como una biografía del "Mono", pero que estuviese construida en base a testimonios de un amplio abanico de personas, que el perfil del protagonista fuese apareciendo a través del relato de gente que alguna vez se vinculó con él o que fue impactado por su música. Roque me preguntó si quería hacerme cargo del proyecto y, lógicamente, acepté de inmediato.
Lo primero que hice fue armar una lista con posibles entrevistados. Luego, entre mis archivos, encontré charlas relacionadas a Villegas con personas ya fallecidas (Alfredo Radoszynski, Nano Herrera, Horacio "Chivo" Borraro y Selma Henry) que podría utilizar en el proyecto. Poco después, empecé con los mensajes y llamadas. Algunos me enviaban un audio con sus historias, otros me pedían un cuestionario para responder; hubo también numerosos encuentros en persona y comunicaciones al Uruguay (Julio Frade, que cuenta una experiencia con Enrique en Montevideo casi desconocida en Argentina) y Estados Unidos (Lalo Schifrin, Fernando Gelbard y Carlos Franzetti).
De a poco, y a través de múltiples voces, iba a emergiendo una biografía (una de las tantas posibles, quizás) de Enrique Villegas.
No conocí personalmente al protagonista de este libro y nunca presencié uno de sus conciertos. Como cualquier persona interesada en el jazz que haya vivido en este país durante el último medio siglo, conozco la música de Enrique Villegas y la mitología que lo rodea. Sin embargo, ni bien comencé con esta investigación, me encontré con un artista y un personaje que -a pesar de que ya pasaron casi cuarenta años de su muerte- todavía despierta tanto cariño y adhesiones como rechazo a su personalidad sin filtro y cierto menosprecio hacia su música. No obstante, unos y otros, en algo coincidían: Villegas era un personaje con todas las letras, alguien que trascendía el terreno de lo musical a través de sus monólogos en medio de los conciertos, su corrosivo sentido del humor y el modo totalmente incorrecto en que expresaba sus opiniones, imposible de pensarlo en el siglo XXI.

(Foto: Editorial Vademécum).
Fui descubriendo que, de alguna manera, Villegas inventó su propio marketing, algo inédito para un músico de jazz argentino (de hecho, ningún artista de nuestro jazz ha sido tan popular como él; estas páginas intentarán ser, entre otras cosas, una muestra de eso). El Mono ejerció el "stand-up" sin saberlo y mucho antes de que el concepto esté plenamente consolidado en el mundo del espectáculo.
Otra sorpresa fue ahondar en el "período norteamericano" de Villegas, gracias a un contrato con la Columbia para grabar en Estados Unidos. Un episodio -otro más- sin precedentes en el jazz argentino. Aunque a veces se intente minimizar esta historia debido a la escasa repercusión de sus discos "made in USA", el Mono estuvo ahí, involucrado en la primera línea y en la edad de oro del género, intentando hacer lo suyo en Nueva York, el lugar donde se cocinaba aquella música con resonancia planetaria. Este libro también quiere ser un testimonio documental del paso de Villegas por el corazón del negocio del jazz a mediados de los 50 en Estados Unidos.

(Foto: Editorial Vademécum).
De regreso a la Argentina, en el primer lustro de los 60, comenzaron sus presentaciones en la Avenida Corrientes. También tocó en el Colón y, ante 20 mil personas, en la cancha de Vélez ("Rhapsody in Blue" junto a la Sinfónica Nacional dirigida por Jacques Bodmer).
El Mono logró lo imposible para un músico de jazz que desarrolla su carrera en Argentina: lo seguía mucho público. Creó la necesidad de que "hay que ir a ver a Villegas". La gente lo saludaba en la avenida Corrientes o mientras viajaba en subte. Lo reconocían personas que no necesariamente estaban familiarizadas con su música.
Tenía -lo dicen los especialistas en las páginas que siguen- una sólida formación académica. Podía tocar jazz, tango, folklore o música clásica. Era cinéfilo (una película por día en una sala a oscuras) y le encantaban las mujeres (pero su vida sentimental era un misterio). Un gran bohemio abstemio que no fumaba y anotaba cada peso que gastaba. Una personalidad austera que vivía con dos pianos de cola, pilas de diarios viejos, libros y partituras.

Tres de los mejores pianistas de la historia de la música popular argentina: Horacio Salgán y Adolfo Abalos junto al "Mono" Villegas (Foto: Editorial Vademécum).
El retrato de Villegas que presenta este libro quedó conformado por una polifonía de opiniones, reflexiones y anecdotario en la voz de familiares, amigos e hijos de amigos, músicos, ingenieros de grabación y periodistas. Además, se incluyeron reproducciones facsimilares de piezas periodísticas aparecidas entre las décadas del 40 y 80: un pantallazo acerca del interés que el pianista despertó en medios gráficos musicales (Sintonía, Jazz Magazine) y generalistas (Gente, Humor) prácticamente desde el inicio de su carrera.
Por último, y a modo de apéndice, reproducimos un puñado de artículos de los principales diarios porteños publicados los días posteriores a la muerte de Villegas. La intención fue, por un lado, graficar de qué manera el Mono estaba presente en la agenda mediática del país; por otro lado, estas líneas se están escribiendo semanas después de la muerte de Santiago Giacobbe y Néstor Astarita. Causa estupor enterarse que ningún diario de Buenos Aires dedicó unos centímetros impresos a comentar el fallecimiento de estos músicos. La nostalgia por la época en que la música popular era comentada y debatida en medios masivos es inevitable.
Disfruté mucho en la realización de este libro; desde que me sumergí en su historia, esta leyenda de nuestra cultura llamada Enrique Villegas tomó una nueva dimensión para mí. Ojalá que algo de ese perfume llegue a los lectores y los conduzca a la música del Mono.
(Fuente: Infobae / Claudio Parisi)




