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miércoles, 25 de marzo de 2026

Martes 24 de marzo: Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia en Argentina

En el día después del quincuagésimo aniversario, desde este espacio brindamos una breve cronología de los hechos que desembocaron en el comienzo del espantoso período de la dictadura cívico-militar que tuvo lugar entre 1976 y 1983.

La Junta Militar que llevó adelante el golpe de Estado en 1976 (Foto: archivo DyN).

El 50° aniversario del golpe militar del 24 de marzo de 1976 recuerda los sucesos más oscuros de la historia nacional, ya que conmemora un período que se caracterizó por la secuestro, tortura, muerte y desaparición de miles de personas, por lo que resulta elemental saber qué pasó en esa fecha y contar con un resumen de ese negro fragmento histórico.

El gobierno militar condujo el país durante 2.756 días, los transcurridos hasta que se formalizó el regreso de la democracia en 1983, en una de las etapas más oscuras en la historia de la Argentina, que fue precedida por tiempos marcados por la inestabilidad política y la violencia.

Ese golpe de Estado fue el sexto que sufrió la Argentina en 47 años, en un período de alternancia entre gobiernos democráticos y militares que comenzó en 1930, con el derrocamiento de Hipólito Yrigoyen, y culminó con la asunción de Raúl Alfonsín, en 1983.

María Estela Martínez de Perón en un acto como Presidenta el 1º de octubre de 1975. A la izquierda de la imagen, Carlos Menem (Foto: archivo DyN).

Cronología del golpe de Estado de 1976

La muerte de Juan Domingo Perón agravó un escenario político que ya se mostraba inestable con el líder del Partido Justicialista en sus últimos tiempos en la Presidencia, a la que había llegado después de ganar las elecciones de septiembre de 1973, aunque ya con el peso de sus 77 años.

Eran tiempos en los que ya habían aparecido células guerrilleras agrupadas en dos líneas principales: Montoneros (peronistas) y Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP, marxistas).

Tras el fallecimiento de Perón, el gobierno recayó en su viuda, María Estela Martínez de Perón, aunque en realidad se produjo un vacío de poder que permitió el crecimiento de la influencia del Ministro de Bienestar Social, José López Rega, hombre de confianza de la presidenta y miembro de la logia anticomunista internacional Propaganda Due.

López Rega lideraba una organización terrorista parapolicial que se autodenominó Triple A (por Alianza Anticomunista Argentina), que saldría a la caza de dirigentes considerados "de izquierda" luego de la muerte de Perón. Incluso, muchos de sus efectivos se incorporaron a los grupos de tareas a partir del golpe de Estado del '76.

Postal histórica en 1973. Juan Domingo Perón, Isabel Perón y, delante, Héctor Cámpora (Foto: archivo DyN).

Antes del golpe  ya actuaban organizaciones paraestatales de extrema derecha y se registraban asesinatos y acciones represivas contra militantes políticos, sociales y sindicales. 

Era notorio, desde los meses previos, que el gobierno peronista se había quedado prácticamente sin apoyos sociales o atisbos de legitimidad política, lo que podría explicar no sólo que el acontecimiento no despertara casi sorpresas en la ciudadanía, sino también que las resistencias, si es que las hubo, fueran imperceptibles.

Hubo apenas un tibio anuncio de un paro general de actividades, dispuesto por un grupo de dirigentes sindicales de la Confederación General del Trabajo (CGT) y las 62 Organizaciones Gremiales Peronistas que se encontraban reunidos en la madrugada del golpe en el Ministerio de Trabajo, que no se confirmó ni tuvo ningún acatamiento.

Desplazar a Isabel Perón del poder obligó a una logística y una estrategia muy detallada. Detrás del movimiento de tanques hubo un llamado "plan líquido", reuniones privadas con la Iglesia y un vaticinio sombrío de los Estados Unidos que nadie quiso escuchar.

La madrugada del 24 de marzo, el plan de derrocamiento se ejecutó con precisión quirúrgica bajo el nombre clave de Operación Aries. El engaño para detener a la presidenta incluyó una puesta en escena digna de una película: se le pidió a Isabel que viajara de Casa Rosada a la Quinta Presidencial de Olivos por aire por una "cuestión de seguridad". En pleno vuelo, el piloto alegó un desperfecto técnico para aterrizar en Aeroparque y, al bajar, el general Jorge Rogelio Villarreal le comunicó que estaba destituida.

Así comenzó el autodenominado Proceso de Reaorganización Nacional, en manos de una Junta Militar conformada por Jorge Rafael Videla (Ejército), Emilio Eduardo Massera (Armada) y Orlando Ramón Agosti (Fuerza Aérea), que declararon el control total, el estado de sitio y la aplicación de la ley marcial en el país. La Junta disolvió el Congreso, intervino provincias, sindicatos y universidades, y suspendió garantías constitucionales.

A la vez, comenzó un plan de represión y exterminio sistemático de opositores y militantes políticos, que dan cuenta de miles de personas torturadas en 800 centros clandestinos de detención, en todo el territorio nacional. Las acciones militares incluyeron los llamados vuelos de la muerte, donde se calcula que hubo alrededor de 5.000 víctimas arrojadas -en muchos casos vivas- al Río de la Plata, apropiación de alrededor de 500 bebés (140 recuperados hasta 2026 por Abuelas de Plaza de Mayo, según sus registros más recientes) y exilios masivos.

Es sabido que empresas como Ford, Mercedes Benz, Ledesma, Techint, ArcorMolinos Río de La Plata, Acindar, Astilleros Río Santiago y varias otras, facilitaron predios, equipamiento y vehículos para que los grupos de tareas lleven a cabo el secuestro de muchos de sus trabajadores, sobre todo los vinculados con la actividad sindical.

Al compás de este despliegue represivo, se implantó un modelo económico liberal y desindustrializador. La dictadura militar impuso un nuevo régimen de acumulación, basado en la importación de bienes y capitales y la apertura financiera, que buscó cambiar de raíz la matriz productiva y transformó profundamente las bases materiales de la sociedad argentina.

Las madres y abuelas de Plaza de Mayo en una de sus tradicionales marchas (Foto: archivo DyN).

El salario real de los trabajadores cayó abruptamente y comenzó un proceso de concentración de la riqueza que generó un sector cada vez más enriquecido en desmedro del sector popular que vio disminuido drásticamente su ingreso. Las fábricas cerraban mientras se multiplicaban los negocios financieros y especulativos. Su contracara fue la concentración del capital en empresas trasnacionales y en los grandes grupos económicos nacionales, muchos de ellos reconvertidos en concesionarios de obras y prestadores de servicios al Estado.

Estatización de la deuda privada, el último golpe del proyecto económico


Al mismo tiempo, el proyecto económico propiciaba el endeudamiento del sector privado y público que se reflejó en un crecimiento sin pausa de la deuda externa argentina. El destino de gran parte de esta deuda no fue la inversión productiva sino la llamada "bicicleta financiera". La aventura especulativa le ganó terreno a la inversión productiva. La deuda saltó de 8.000 millones de dólares en 1975 a 46.000 millones en 1983.

El 17 de noviembre de 1982, mediante la circular A251 del Banco Central, se estatizó la deuda privada por un monto aproximado de u$s 15.000 millones. Es decir, el Estado argentino asumía las deudas en moneda extranjera que habían contraído los grandes grupos empresarios privados, convirtiendo la deuda privada en deuda pública.

Alrededor de 30 grupos económicos nacionales y algo más de 100 grandes empresas transnacionales concentraban aproximadamente el 65% de la deuda externa privada.

Tras la debacle política y social derivada de la inflación y crisis económica, la derrota de la guerra de las Malvinas en 1982, el desprestigio internacional derivado de las constantes violaciones de los derechos humanos y los múltiples casos de corrupción de jerarcas militares, la Junta Militar se vio obligada por las continuas protestas populares a convocar elecciones en octubre de 1983, de cuyos resultados fue elegido el ya mencionado radical Raúl Alfonsín, quien asumiría el 10 de diciembre de ese mismo año. 

Alfonsín ganó con el 52% de los votos frente al 40% de Ítalo Luder (PJ), provocando la primera derrota electoral peronista en elecciones libres. El retorno a la democracia no sólo representó un cambio político, sino también un renacer de la participación ciudadana, la justicia y el respeto a los derechos fundamentales.

Acto de inauguración de la señalización recordatoria en la planta de Ford en General Pachero, en el año 2021. Fue organizado de manera conjunta por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, la Subsecretaría de DDHH de la provincia de Buenos Aires, el Municipio de Tigre y la Comisión de ex Delegados de la Fábrica Ford (Foto: argentina.gob.ar).

La formación de la Conadep

La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), constituida por el gobierno del presidente Alfonsín y presidida por Ernesto Sábato, registró 8.961 desaparecidos, tal como figuran en el libro "Nunca Más". Vale aclarar que este registro sólo abarca a las denuncias por desconocimiento de paradero, pero la lista sigue abierta hasta la actualidad.

En este punto, hay que subrayar que hubo factores que impidieron documentar la totalidad de las desapariciones, por lo que el número tiene variaciones, considerando los obstáculos para denunciar que se dieron por el breve funcionamiento de la Conadep, por las leyes del perdón que se establecieron en los años posteriores, y por los gobiernos autoritarios que se mantuvieron en varias provincias, aún cuando se restableció la democracia.

La cifra de 30.000, entonces, no es un dato estadístico sino una cifra simbólica y emblemática que remite a su vez, a la figura de genocidio, que incluye los actos cometidos con la intención de destruir, de manera total o parcial, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso.

El concepto de genocidio funcionaba, durante la dictadura y en los años posteriores, como la única herramienta de los familiares para mantener vigente el reclamo y pedir por la aparición de aquellas personas de las que no se tenía ningún tipo de información sobre su estado de salud ni ubicación.

Recientemente, en este espacio publicamos un post recomendando cuatro valiosos textos acerca de este doloroso período, al que se puede acceder haciendo click aquí.

(Fuente: Clarín / La Nación / Página 12 / comisionporlamemoria.org / Centro de Estudios Legales y Sociales / varios / redacción propia)

jueves, 19 de marzo de 2026

Cerca de los cincuenta años del golpe de Estado, cuatro libros que explican el horror de la dictadura argentina

A casi medio siglo del período más oscuro de la historia reciente de nuestro país, la literatura argentina vuelve sobre él a través del testimonio, la ficción y la memoria. Los trabajos recomendados en este post se encuentran disponibles en librerías y se pueden comprar y descargar desde este post en formato digital, ya sea e-book o audiolibro.  

(Foto: composición propia).

Libros y relatos impulsan el paso del trauma colectivo al diálogo, acercando el testimonio, la ficción y la memoria. La literatura argentina abordó el golpe de Estado a través de diversos géneros y perspectivas, desde el testimonio directo hasta la autoficción y la novela contemporánea. Aquí sugerimos sólo cuatro de la enorme cantidad de textos que, en diversos tonos, intentan evitar el olvido y confirman lo que jamás debe repetirse en nuestro país.

El fin de la historia, de Liliana Heker (Alfaguara)

(Foto: composición propia).

Diana y Leonora son amigas desde la escuela primaria. Las dos aman leer y su poderoso vínculo las protege y acompaña a medida que crecen. Leonora es alta e imponente, de fuertes convicciones, audaz, decidida. Diana, más discreta y muy hábil con la palabra escrita, aspira a contar la historia de su generación, la de los movimientos revolucionarios latinoamericanos, herederos de similares luchas europeas que escupieron a su gente hasta estas tierras.

Convertida en una destacada militante y entregada a la lucha armada, Leonora empieza a vivir peligrosamente, hasta que un día pasa a integrar las listas de desaparecidos. Diana trata desesperadamente de averiguar qué pasó con Leonora. Lo que no sabe -o no quiere saber- es que la verdad es mucho más compleja y dolorosa de lo que pueda imaginar.

Novela disruptiva, provocadora y visceral, es la gran novela política de Liliana Heker, donde demuestra, a través de una estructura que integra perfectamente distintos tiempos y de una escritura tersa y profunda, porque es una de nuestras escritoras más admiradas y leídas de las últimas décadas.

Para comprar y descargar en formato e-book, hacer click aquí.

Dos veces junio, de Martín Kohan (Sudamericana)

(Foto: composición propia).

En esta novela, la realidad de una época encuentra la voz y las voces -e incluso los rumores, la resonancia y los ecos- capaces de recrearla sin autocompasión, regodeo ni misericordia. Menuda tarea, porque se trata de una época -los años de la ultima dictadura militar en la Argentina- para la que se suele adoptar un tratamiento de reclamo y de lamento ampliamente justificado, pero que se ha vuelto, acaso debido al abuso, inofensivo y convencional.

Kohan desobedece todas las reglas para contar lo que quiere contar. Un médico, un conscripto, un cuaderno con faltas de ortografía: en lo que parece un conjuro, el autor reúne nuevas evidencias de horror y las distribuye o las disimula dentro de una trama, con diferentes niveles, que actúa a la vez como coartada dramática y como sutil sistema de alarmas. Logra así poner en escena una verdadera pesadilla.

En junio de 1978, mientras la euforia del Mundial de fútbol parecía ofrecer un escenario de compañerismo y de dicha, el ocultamiento, la defección y el eufemismo, instrumentos comunes de opresores y oprimidos, claves de supervivencia o de muerte, encuentran en este texto la atmósfera perfecta.

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La llamada, de Leila Guerriero (Anagrama)

(Foto: composición propia).

A fines de los sesenta, con trece años, la argentina Silvia Labayru era una adolescente tímida, lectora, amante de los animales, entusiasta de John F. Kennedy, hija de una familia de militares que incluía a su padre, miembro de la Fuerza Aérea y piloto civil. A esa edad ingresó en el Colegio Nacional Buenos Aires, una institución pública de gran prestigio, donde entró en contacto con agrupaciones estudiantiles de izquierda y se transformó en una militante aguerrida.

En marzo de 1976 se produjo en la Argentina un golpe de Estado que dio comienzo a una dictadura militar. Para entonces, embarazada de cinco meses y con veinte años, Labayru integraba el sector de Inteligencia de la organización Montoneros, un grupo armado de extracción peronista. El 29 de diciembre de 1976 fue secuestrada por militares y trasladada a la ESMA, la Escuela de Mecánica de la Armada, donde funcionaba un centro de detención clandestino en el cual se torturó y asesinó a miles de personas. Allí tuvo a su hija que, una semana más tarde, fue entregada a los abuelos paternos.

En la ESMA, Labayru fue torturada, obligada a realizar trabajo esclavo, violada reiteradamente por un oficial y forzada a representar el papel de hermana de Alfredo Astiz, un miembro de la Armada que se había infiltrado en la organización Madres de Plaza de Mayo, un operativo que terminó con tres Madres y dos monjas francesas desaparecidas. La liberaron en junio de 1978 y en el avión rumbo a Madrid, junto a su hija de un año y medio, pensó: "Se acabó el infierno".

Pero el infierno no había terminado. Los argentinos en el exilio la repudiaron, acusándola de traidora a raíz de la desaparición de las Madres. Abominada por quienes habían sido sus compañeros de militancia, arropada por unos pocos amigos fieles exiliados en Europa, hizo una vida. Hasta que en 2018 la contactó desde Buenos Aires un hombre que había sido su pareja en los años setenta y, en una secuencia en la que se funden manipulaciones familiares que torcieron el destino, comenzó a urdirse una historia que continúa hasta hoy.

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Para hechizar a un cazador, de Luciano Lamberti (Alfaguara)

(Foto: composición propia).

Julia escucha en un bar a una anciana que la abordó en la calle y dice ser su abuela. Siempre tuvo dudas sobre su propio origen y Griselda ahora le revela su verdadera historia. Muy pronto entenderá que detrás de esa apacible anciana hay más de lo que dice.

Los lectores, con ella, empezarán una inmersión sin pausa en un territorio de horror multiforme que, en la repetición de la tortura y la muerte, replica los gestos sangrientos de la dictadura militar. Una trama labrada con excelencia que repasa los años 60 y 70 con los recursos del terror y del "gore", y que deslumbra con su maestría y agudeza.

Una novela apasionante que, retomando el horror de la última dictadura militar, nos lleva por caminos inexplorados e inesperados.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)