Señalar imágenes y conectarlas con la vida cotidiana o usar voces distintas para cada personaje son algunas de las estrategias que favorecen el desarrollo del lenguaje. Cómo las técnicas adecuadas cambian con el crecimiento.
Leer en voz alta a los bebés desde el nacimiento les da ventajas en el desarrollo del lenguaje, la lectoescritura y la cognición, y una diferencia tan pequeña como un minuto al día puede tener consecuencias medibles: un estudio australiano encontró que los bebés a quienes se les leía 11 minutos o más al día tenían un vocabulario más amplio al inicio de la escolaridad que aquellos a quienes se les leía 10 minutos o menos. No hace falta reservar grandes bloques de tiempo en la agenda: la constancia cotidiana es lo que acumula el beneficio.
Para los bebés de entre 1 y 2 años, la hora del cuento funciona mejor cuando es individual y se centra en los intereses y las rutinas del niño. Los padres y cuidadores pueden captar la atención del bebé señalando una imagen y formulando una pregunta simple: "¿Qué es eso? ¡Es un cachorro!"; y luego conectar ese contenido con la vida cotidiana del pequeño: "¡Vos también tenés un cachorro!". Esas conexiones entre el mundo del libro y el entorno conocido del bebé contribuyen a construir comprensión del mundo.
Los bebés comunican que están involucrados de formas que no siempre se parecen a "leer": se acercan al libro, lo palmean, sonríen, ríen o emiten sonidos de alegría. A los 6 meses ya intentan agarrar y hojear las páginas; a los 9 meses pueden intentar levantar solapas y señalar imágenes; y al año, muchos ya quieren llevar el libro de un lado a otro y piden que se les lea el mismo cuento repetidamente.
A la hora de elegir libros para bebés, los más efectivos son aquellos con rimas sencillas, ritmo regular y repetición, ya que estas características enfatizan los sonidos del lenguaje y favorecen su adquisición. Los libros con colores vivos o imágenes de alto contraste -como el blanco y negro- son fáciles de enfocar para los ojos de un bebé.
Los que incluyen diferentes texturas para tocar, solapas para levantar o páginas de cartón resistente también resultan atractivos porque convierten el libro en un objeto multisensorial. Los temas más cercanos a la vida cotidiana del bebé -el baño, la comida, el sueño, el juego con hermanos- generan mayor identificación que los relatos abstractos.
Con los niños pequeños de entre 2 y 3 años, la dinámica cambia. A esa edad, permanecer quietos durante una historia puede ser difícil, y los adultos tienen varias herramientas para mantener el interés: usar voces distintas para cada personaje, incorporar gestos y efectos sonoros, o apoyarse en títeres y peluches para dar vida a los personajes.
Explicar el significado de palabras o situaciones inusuales
ayuda a los niños a comprender las emociones y acciones de los
personajes, y los anima a involucrarse emocionalmente con la
historia. Releer los libros favoritos una y otra vez
no es un signo de falta de progreso: cada relectura permite que el
niño capte nuevos detalles y amplíe su comprensión.
El libro ilustrado es también un punto de partida para el
juego simbólico. Animar a los niños pequeños a recrear
mundos imaginarios inspirados en un cuento que les guste -a
través del juego de roles, los dibujos o la dramatización- ayuda a
dar vida a las historias y profundiza la experiencia
lectora más allá de la página.
Los mejores libros ilustrados para niños pequeños apelan tanto a
los adultos como a los niños. Autores como Alison Lester,
Rosemary Wells,
Julia
Donaldson, Helen Oxenbury,
Martin Waddell
y el dúo de Janet y Allan Ahlberg
ofrecen obras que combinan humor, ternura y una mirada aguda
sobre la infancia.
La diversidad cultural en los libros también importa:
elegir títulos que representen la propia cultura del niño y la
de otras comunidades amplía su comprensión del mundo desde
muy temprano. Las bibliotecas públicas son un punto de
partida accesible: ofrecen una selección amplia de libros
ilustrados para todas las edades y muchas organizan sesiones
de cuentacuentos gratuitas para bebés y sus familias.
(Fuente: Infobae / varios / redacción propia)


