Con frases cortas y ritmo vertiginoso, el periodista Jorge Porta retrata un presente en que el futuro ya llegó y hay alguien que quiere hacer justicia. "Cruce peligroso" es una novela breve que no da respiro y es muy difícil de dejar sin terminar.
(Foto: composición propia).
Empieza con un motoquero de aplicación, Juan Carlos Caicedo, haciendo una entrega urgente de insulina que va a salvar una vida. Caicedo es venezolano, pero hace años vive en Buenos Aires. Todos los días ve cómo desde una central se coordinan movimientos de un montón de personas. Cuando se hace bien, las cosas funcionan. "Tal vez una ciudad podía administrarse igual que una aplicación", piensa Caicedo. Y un país, ¿por qué no?
Como si le respondieran, Caicedo va a la central -un galpón- y pasa eso que no puede pasar: las computadoras se apagan, el sistema deja de funcionar. En la vida real, los motoqueros se quedan sin instrucción, sin destino, sin el trabajo de ese día. Y mucha gente seguirá esperando cosas que a veces son pavadas y a veces necesita con urgencia.
Jorge Porta construye en "Cruce peligroso"
una red de solidaridad entre motoqueros conectados por
plataformas, teléfonos y dependencia algorítmica (Foto:
Shutterstock).
Caicedo está bien integrado a Buenos Aires, habla de "vos", toma mate. Y tiene una amiga-amante también venezolana, con la que llegó al país. Ella era profesora en Maracaibo. Pero como se sabe, pasaron cosas, ahora también maneja -en este caso, un auto- para una aplicación. "Soportaba pasajeros borrachos, tipos que intentaban tocarla y clientes que cancelaban apenas descubrían que quien manejaba era una mujer", cuenta Caicedo.
Caicedo va y viene, a veces literalmente, entre una mujer y otra. Entre la que aprieta las teclas para cambiar vidas y la que sufre las consecuencias de esas decisiones y, en general, las de los algoritmos. Además de las concretas, ya se sabe: por algo están los dos tan lejos de casa.
Jorge Porta (Foto: Radio Mitre).
Caicedo sabe que "su vida estaba hecha de velocidad, métricas y eficiencia operativa". Cree que a los países los hunde el desorden. La tentación de intervenir y hacer justicia -y en eso Andrea es la "mano santa"- es demasiado fuerte.
Porta escribió esta novela de luces, juventud, resistencia, sueños y vértigo, en el teclado de su celular, los dedos rápidos sobre la pantalla y el dispositivo siempre disponible. Las oraciones son muy cortas, los personajes se mueven rápido -en moto- y el ambiente es claramente reconocible aunque también nos muestre, a muchos, la trastienda que viven aquellos a quienes vemos a diario cruzando las calles con sus mochilas apretadas en la espalda, el cuerpo expuesto a lo que venga.
¿Será que de ellos, de esa conjunción de calle y sistemas, puede venir un futuro mejor, más equilibrado, un futuro en que, por una vez, por un rato, ganen menos los que antes ganaron más y saquen la nariz a la superficie los que vienen hundidos?
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(Fuente: Infobae / varios / redacción propia)


