La tasa de sucidios en Argentina durante 2025
superó las cifras de la dictadura y el 2001 (Foto: El
Periódico).
El documento del OPC no sólo marca un crecimiento vertiginoso respecto a años anteriores, sino que ubica a la Argentina entre las naciones sudamericanas con los registros más elevados, luego de Uruguay y Chile. En el país, el suicidio es la principal causa de muerte en jóvenes entre 15 a 34 años, desplazando a los accidentes de tránsito que históricamente fueron la principal variable de muerte en esta franja etaria.
A la hora de indagar las causas, las políticas públicas ocupan un lugar central, ya que de forma directa o indirecta inciden en la vida de las personas. Mientras las promesas electorales suelen reducir la agenda de seguridad a la prevención del delito, se omite la urgencia de construir una red de seguridad y protección en salud mental. Esto queda en evidencia cuando la tasa de suicidios cuadriplica la de homicidios dolosos.
La masculinidad en jaque
Según el sociólogo Émile Durkheim, el suicidio no es un fenómeno individual o psicológico, sino un hecho determinado por la integración y la regulación social, que se refieren al grado de pertenencia a un grupo y al marco normativo que encauza los deseos individuales de cada persona. Por eso, analizarlo resulta complejo y necesario.
Si bien el informe es contundente en cuanto a rango etario, análisis por provincias y comparación con los países sudamericanos, carece de una perspectiva de género que permita analizar qué está pasando en ese campo. De acuerdo al reporte del Ministerio de Salud de la Nación, en 2024 se registraron 2.892 suicidios de hombres y 720 de mujeres. Es decir, el 80 por ciento de las personas que se suicidaron fueron varones.
Otra vez, el mandato de la masculinidad hegemónica hace estragos. No sólo se trata de varones, sino que el mayor porcentaje se concentra entre los 20 y los 34 años. El neoliberalismo pone en jaque el modelo tradicional del "deber ser", que exige que el varón sea el principal sostén económico del hogar y quiebra el proyecto de vida en su conjunto. En este sentido, la franja etaria con mayor tasa de suicidios es la que se encuentra ligada a la promesa incumplida de progreso vinculada al esfuerzo individual y al mérito.
La realidad no es como la prometieron. El trabajo escasea, los que se consiguen son precarios, con salarios por debajo de la línea de la pobreza, y ya ni siquiera se encuentra en el imaginario la idea de la casa propia, porque poder pagar un alquiler ya presenta serias complicaciones. Otra vez, lo personal es político y lo privado se vuelve público, porque dos de cada tres suicidios ocurren dentro de domicilios particulares.
Política de la crueldad
Si bien la Ley Nacional de Salud Mental (26.657) establece que el presupuesto destinado al área debía incrementarse progresivamente hasta alcanzar un mínimo del 10 por ciento, ese objetivo nunca llegó a cumplirse. Con la asunción del gobierno de Javier Milei y su política nacional de ajuste indiscriminado, las partidas destinadas a salud mental volvieron a experimentar severas modificaciones y restricciones.
Para tomar dimensión, el Hospital Nacional en Red de Salud Mental y Adicciones "Lic. Laura Bonaparte" sufrió una reducción del gasto superior al 45 por ciento entre 2023 y 2026. A su vez, 2024 fue el año con el presupuesto más bajo desde que se tiene registro. Peor aún, el desfinanciamiento en el área se da en un contexto de suba de consultas e internaciones por cuestiones vinculadas a salud mental, aumento del consumo de psicofármacos, reducción en la cobertura de medicamentos y la sobrecarga del sistema público por la salida masiva de personas de las prepagas: sólo en 2024 alrededor de 200 mil personas renunciaron a su cobertura por el monto impagable de la cuota).
A contramano del gobierno nacional, el informe del OPC propone cinco lineas de acción: incorporar el suicidio a la agenda pública, avanzar de la reacción a la prevención, reconstruir la confianza en el Estado, interpretar la baja de homicidios sin triunfalismos, y construir una estrategia comunitaria de largo plazo. Para lograrlo, es necesario fortalecer la discusión pública sobre políticas de prevención y volver a instalar que lo personal es político.
(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ / varios / redacción propia)
