viernes, 6 de marzo de 2026

Acerca de la literatura de ciencia ficción: ¿un género ya sin mucho sentido?

En un mundo en el que ya todo parece posible, la ciencia ficción es un género en el que los escritores parecen andar escasos de temas para desarrollar. Mientras que en las décadas de 1950 y 1960, la llamada "era dorada" del género, todo era imaginable, hoy ya convivimos con ese futuro. Doce lecturas recomendadas de escritores visionarios de diferentes épocas.

(Foto: composición propia).

Se han arriesgado, hasta el momento, diversas definiciones de ciencia ficción. Desde lo sintáctico, por ejemplo, se ha dicho que sus historias son "relatos del futuro puestos en pasado". A su vez, desde una perspectiva estética, algunos estudiosos han sostenido que la ciencia ficción forma parte de una literatura "pasatista", inferior en calidad a los relatos de la literatura consagrada. Se ha advertido también que la ciencia ficción trata de "algo fantástico enmascarado dentro de un cierto realismo".

Como sea, lo que sigue son doce textos recomendados que se enmarcan en el género. Algunos se pueden obtener en formato digital desde este mismo post, pero otros habrá que buscarlos en librerías, sobre todo las de ejemplares usados. También, para quienes vivan en CABA, recomendamos las ferias de Plaza Italia, Parque Chacabuco y Parque Centenario. Y desde luego, en los tiempos que corren, siempre está la compra online. Buscando se encuentra.

Más que humano, de Theodore Sturgeon

(Foto: composición propia).

Sturgeon no tuvo más formación que sus dispersas lecturas y ejerció los oficios más diversos, desde marinero hasta conductor de camiones, antes de probar suerte en las letras. 

El tema de esta novela es el "superhombre", que es tan constante en el imaginario norteamericano como esa otra clase de fantasía de omnipotencia. La originalidad está en haber imaginado a un superhombre colectivo; no un intelecto sobrehumano sino un grupo unido por el amor que funciona de manera sinérgica, sumando facultades distintas. Imaginó al "trans-humano" como una especie de familia de freaks que se encuentran y se unen en los márgenes de la sociedad civilizada.

Ciudad, de Clifford D. Simak

(Foto: composición propia).

El tiempo en el que se desarrolla este trabajo es uno en el que la raza humana ha desaparecido, y sólo sobrevivieron los perros y los robots. Simak narra en "Ciudad" -desde un punto de vista perruno- los últimos años de la epopeya humana. Los perros se reúnen en las noches de invierno y, rodeados de sus cachorros, cuentan sus historias. Hay ironía, ternura y melancolía en esas historias.  El lector ve en ellas el obituario de su raza, y advierte al mismo tiempo que, para la mente de un ser capaz de crear otra civilización, los hombres son criaturas casi inimaginables.

El texto tiene una curiosa estructura: puede leerse de corrido como una novela pero, a la vez, cada capítulo por separado como un cuento.

Rascacielos, de James G. Ballard

(Foto: composición propia).

Tras las paredes de un elegante rascacielos de cuarenta pisos a las afueras de Londres (el primero habitado de cinco edificios iguales) sus dos mil inquilinos se entregan a una orgía de destrucción. Las fiestas degeneran en ataques a los pisos "enemigos" y la tecnología va dejando de funcionar hasta que en todas partes impera la ley de la selva.

Ballard muestra en esta distopía radical el descenso a la barbarie de una comunidad cerrada de profesionales acomodados.

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Neuromante, de William Gibson

(Foto: composición propia).

La novela pionera del género "cyberpunk". Un ladronzuelo se gana la vida robando información y traspasando defensas electrónicas. Pero comete el error de traicionar a la gente equivocada y como castigo dañan su sistema nervioso con una toxina que extingue su talento lentamente.

Desterrado del ciberespacio y prisionero en la cárcel de su cuerpo físico, coquetea con la muerte en los suburbios ultratecnológicos, hasta que se ve envuelto en un peligroso plan de objetivo desconocido que le ofrece una segunda oportunidad y una cura, a cambio de un precio.

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Yo, robot, de Isaac Asimov

(Foto: composición propia).

Una colección de relatos basados en las tres leyes de la robótica que son un compendio fijo e imprescindible de moral aplicable a supuestos robots inteligentes, con las que supuestamente nunca debería haber un conflicto si se cumplieran fielmente.

Los relatos, no obstante, plantean diferentes situaciones en las que dichas tres leyes se cumplen y aun así plantean problemas, paradojas e ingeniosos ejercicios intelectuales a los que tendrán que enfrentarse distintos especialistas en robótica. En definitiva, el libro termina indagando sobre la situación del ser humano actual en el universo tecnológico.

La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares

(Foto: composición propia).

Un misterioso edificio construido en una isla en 1924, un diario escrito por un fugitivo encerrado en sí mismo que se enamora de una mujer impasible, y un comentarista que lo desautoriza en distintas notas al pie. 

Una trama con aparecidos tan adelantada a su tiempo que su lectura es capaz de resignificar, incluso, futuros episodios traumáticos de la historia de Argentina que, al momento de su publicación, ni siquiera podían sospecharse.

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Hielo, de Anna Kavan

(Foto: composición propia).

Una nueva era glaciar se extiende por el mundo congelándolo todo a su paso y provocando guerras y migraciones masivas donde aún no ha sumido la vida en su silencio helado. Avanzando a contracorriente de la muchedumbre que huye desesperadamente de la muerte, un hombre busca a la mujer que ama, una joven pálida de cabello plateado, para ponerla a salvo.

Publicada en 1967, la misteriosa e inclasificable obra maestra de Kavan crea un mundo apocalíptico, oscuro, angustioso y alegórico. Más allá de todas las interpretaciones psicológicas, medioambientales y feministas que se le han atribuido, esta novela es un viaje al mundo devastado y al asedio constante de la depresión y la adicción a la heroína que la misma autora sufría cuando la escribió.

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Las estrellas, mi destino, de Alfred Bester

(Foto: composición propia).

En un futuro lejano, cuando la humanidad se abre camino en el Sistema Solar y la teletransportación se ha convertido en un medio de transporte rutinario, un hombre de origen humilde, adquiere un secreto capaz de cambiar la historia. Pero después de sobrevivir a una situación imposible, sólo tiene un objetivo en mente: vengarse de quienes lo abandonaron a su suerte.

Ubik, de Philip K. Dick

(Foto: composición propia).

Glen Runciter está muerto. ¿O lo están todos los demás? Lo que es seguro es que alguien ha muerto en una explosión organizada por los competidores de Runciter. De hecho, sus empleados asisten a un funeral. Pero durante el duelo comienzan a recibir mensajes desconcertantes, e incluso morbosos, de su jefe.

Y el mundo a su alrededor comienza a desmoronarse de un modo que sugiere que a ellos tampoco les queda mucho tiempo.

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La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K. Le Guin

(Foto: composición propia).

Una de las obras referenciales de Le Guin. Un solitario embajador humano es enviado al planeta helado de Winter, un mundo sin prejuicios sexuales, donde el género de sus habitantes es fluido. Su objetivo es facilitar la inclusión de Winter en una creciente civilización intergaláctica.

Pero para lograrlo, debe superar la brecha entre sus propias visiones y las de la extraña e intrigante cultura que encuentra.

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Metro 2034, de Dmitry Glukhovsky

(Foto: composición propia).

Moscú se ha transformado en una ciudad fantasma. Los supervivientes se han refugiado en las profundidades de la red de metro y han creado allí una nueva civilización que no se parece en nada a las anteriores. La estación Sevastopolskaya lleva varias semanas sin poder comunicarse con el resto de la red.

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Solaris, de Stanislav Lem

(Foto: composición propia).

Chris Kelvin se dirige a una estación espacial que lleva más de cien años orbitando el planeta Solaris. Allí, es víctima de un extraño fenómeno en el que los recuerdos aparecen en forma física.

A la vez, describe sus fútiles intentos de comunicarse con una inteligencia alienígena totalmente diferente a la humana, básicamente un gigantesco océano protoplasmático (saturado de substancias químicas disueltas) en un planeta de un sistema binario de estrellas, el cual se presume tiene vida y, posiblemente, inteligencia.

(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)