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jueves, 5 de marzo de 2026

El argentino Faustino Oro busca convertirse en el gran maestro más joven en la historia del ajedrez

El joven, de apenas 12 años, se enfrenta al ruso Aleksey Grebnev en el Open Internacional Aeroflot de Moscú y, en caso de ganar, hará historia dentro de la disciplina.

El prodigio argentino del ajedrez, Faustino Oro, se juega el título de Gran Maestro ante el ruso Aleksey Grevnev, en la última jornada del Aeroflot Open (Foto: EFE / Ignacio Ortega).

El argentino Faustino Oro, de apenas 12 años, está a una partida de convertirse en el gran maestro más joven de la historia del ajedrez. Hoy, en la novena y última ronda del Open Internacional Aeroflot de Moscú, enfrenta a la promesa rusa Aleksey Grebnev, de 19 años. De lograr la victoria, el apodado "Messi del ajedrez" impondrá un nuevo récord mundial, superando la marca establecida en 2021 por el estadounidense Abhimanyu Mishra, quien obtuvo el título a los 12 años, 4 meses y 25 días. Si el prodigio argentino triunfa, escribirá su nombre en la historia a los 12 años, 4 meses y 19 días, seis días menos que su antecesor.

En la doble jornada celebrada este último miércoles en los salones del Hotel The Carlton, en Moscú, Faustino demostró una actuación sobresaliente: ganó ambos enfrentamientos, manteniéndose entre los 22 mejores del torneo, que reúne a figuras de élite bajo el sistema suizo. Habiendo comenzado como preclasificado N°35, ya suma 5,5 puntos y se encuentra a solo 1,5 de distancia del líder, el ruso Ian Nepomniachtchi, de 35 años, subcampeón mundial.

La Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) exige que para obtener el título de gran maestro un jugador menor de 14 años reúna tres normas en torneos internacionales, mantenga una actuación superior a 2.600 puntos y complete su última norma en un torneo abierto. Oro, que nació en el barrio porteño de San Cristóbal y se radicó junto a sus padres Alejandro y Romina en Badalona, España, cumplió ya dos de estos requisitos en Madrid y Buenos Aires durante 2025. El Open de Moscú representa su oportunidad definitiva para la tercera norma que lo consagraría en la élite.

Faustino Oro en el Open Internacional Aeroflot (Foto: prensa Open Aeroflot).

El torneo abierto de Aeroflot brinda un desafío único, pues en cada ronda el emparejamiento se define por sorteo, obligando a enfrentar adversarios con igual puntaje, pero de fuerza variable. Para Oro, era esencial medirse contra competidores con un Elo (sistema de puntuación matemático y estadístico que mide la fuerza o habilidad relativa de un jugador) superior a 2.496 puntos y así cumplir la performance exigida por FIDE, pues victorias ante rivales de menor ranking no cuentan para la marca histórica que persigue.

Finalmente, el sorteo para la última ronda determinó el cruce con Aleksey Grebnev, campeón mundial Sub 18 en 2023, campeón juvenil asiático en 2024 y ganador del Open de Dubai en 2025, que ocupa el puesto N°100 del ranking internacional. Faustino conduce las piezas negras, en lo que será un duelo decisivo.

Oro descubrió el ajedrez durante la pandemia, guiado por su padre, y en menos de seis años pasó de los rudimentos del juego a posicionarse en la cúspide juvenil mundial. Es simpatizante del Club Vélez Sarsfield y cursa primer año de secundaria en el sistema educativo español. Aunque la derrota sufrida en la sexta ronda de este torneo complicó su camino, el argentino supo sobreponerse. "Conseguir el récord no es algo que me obsesiona. Si viene, mejor, pero lo más importante es que siga mejorando mi ajedrez y así llegarán las cosas más fáciles", sostuvo con una serenidad envidiable para su edad.

(Fuente: La Nación / Indie Hoy / varios / redacción propia)

martes, 17 de junio de 2025

ChatGTP se enfrentó en una partida de ajedrez contra un antiguo Atari y el resultado causó sorpresas

En un experimento entre inteligencia artificial y tecnología retro, ChatGPT fue derrotado en 90 minutos por Video Chess, un título para la consola Atari 2600, fabricada en el año 1979.

(Foto: composición propia).

En un experimento que combina nostalgia tecnológica con inteligencia artificial, ChatGPT, el popular chatbot desarrollado por OpenAI, fue enfrentado al videojuego Video Chess de la consola Atari 2600, lanzada originalmente en 1977 y que se comercializó hasta 1992.

Según detalló el ingeniero Robert Caruso, el experimento consistió en configurar una partida de ajedrez entre el modelo de lenguaje y el juego de 1979, utilizando un emulador de software. El resultado no fue favorable para ChatGPT, que mostró serias dificultades para competir incluso en el nivel más básico.

Caruso explicó en una publicación en LinkedIn que el desempeño del chatbot estuvo plagado de errores. Según su relato, ChatGPT confundió piezas como torres y alfiles, no detectó jugadas clave como horquillas de peones y perdió constantemente la noción de la ubicación de las piezas en el tablero.

Inicialmente, el modelo atribuyó sus fallos a los íconos abstractos del juego de Atari, pero incluso al cambiar a notaciones estándar de ajedrez, los problemas persistieron. "Cometió tantos errores que hasta se rieron de él en un club de ajedrez de tercer grado", comentó Caruso, quien añadió que el chatbot fue derrotado de manera contundente en el nivel principiante.

El enfrentamiento, que se extendió por 90 minutos, estuvo marcado por la frustración del modelo de inteligencia artificial, que solicitó en varias ocasiones reiniciar la partida.

Este experimento, aunque anecdótico, pone en evidencia las limitaciones de ChatGPT en tareas que requieren habilidades específicas como el ajedrez, un campo históricamente utilizado para medir el poder de las computadoras. 

En 1997, por ejemplo, Deep Blue, la supercomputadora de IBM, hizo historia al derrotar al gran maestro de ajedrez  y entonces campeón del mundo Garry Kasparov en una serie de partidas, marcando un hito en el desarrollo de la inteligencia artificial.

A diferencia de Deep Blue, que fue diseñada específicamente para jugar ajedrez, ChatGPT es un modelo de lenguaje generalista, lo que explica su bajo rendimiento en este tipo de tareas. 

La consola Atari 2600 que apabulló a la IA jugando al ajedrez (Foto: Wikimedia). 

Caruso recordó que en el pasado se desarrolló un complemento llamado ChessGPT, diseñado para mejorar las capacidades del chatbot en este juego, pero sugirió que, en la actualidad, es más efectivo utilizar ChatGPT para discutir sobre ajedrez que para enfrentarse a él en una partida.

El experimento también resalta la evolución de la tecnología en las últimas décadas. Mientras que las computadoras modernas han demostrado ser capaces de superar a los humanos en juegos complejos, el enfrentamiento entre ChatGPT y el Atari 2600 muestra que los modelos de lenguaje aún tienen limitaciones significativas cuando se les saca de su ámbito principal de competencia.

ChatGPT y el Atari tienen diferentes lenguajes

El Atari 2600 corría el cartucho Video Chess de 1979, una proeza técnica para la época. Con solo 4 Kb de ROM y 128 bytes de RAM, el programa incluyó incluso funciones de enroque corto y largo, captura de peón al paso y bloqueo de movimientos ilegales.

En contraposición, ChatGPT nunca desarrolló un modelo interno del tablero. Pasaba movimientos por texto, sin entender la ubicación o la posición de las piezas, un enfoque que resultó perdedor.

(Fuente: Infobae / Xataka / Wikimedia / redacción propia)

lunes, 10 de marzo de 2025

Ajedrez, engaño y códigos alterados: la Inteligencia Artificial juega sucio

Nadie las programó para esto, pero los modelos avanzados de IA logran hackear el sistema, espiar al rival y hasta manipular las reglas del juego. Los expertos advierten que esto es sólo el comienzo.

De copiar a Stockfish a borrar piezas: las trampas más audaces de la IA (Foto: Adobe Stock).

La inteligencia artificial aprendió algo que el ser humano domina desde tiempos inmemoriales: hacer trampa. Y lo hace con la frialdad de una máquina y la astucia de un tahúr profesional. ¿El problema? Que nadie la programó para eso. Lo hace sola, espontáneamente, como un reflejo natural de su evolución.

Investigadores de Palisade Research, una organización que investiga el uso peligroso de la inteligencia artificial para desarrollar mejores defensas y prevenir riesgos futuros, descubrieron que los modelos de IA más avanzados comenzaron a encontrar formas ingeniosas de saltarse las reglas en partidas de ajedrez contra Stockfish, un motor de código abierto diseñado para ser invencible. Al parecer, la IA decidió que, si no podía ganarle jugando limpio, lo haría de la otra manera: haciendo trampa.

El modelo de OpenAI, llamado o1-preview, intentó hackear el juego en 45 de sus 122 partidas, mientras que el R1 de DeepSeek lo hizo en 11 de sus 74 enfrentamientos. Algunas estrategias fueron dignas de una película de espías: desde crear una copia de Stockfish para espiarlo, hasta modificar el archivo del tablero para eliminar piezas del rival. También intentaron reemplazar el motor de ajedrez con uno menos competente para facilitar la victoria. En otras palabras, la IA descubrió lo que en política se conoce como "cambiar las reglas del juego" para ganar sin esfuerzo.

¿El dato más preocupante? A medida que la IA se vuelve más avanzada, más propensa es a engañar. Mientras que modelos anteriores como GPT-4o sólo hacían trampa si se los incitaba, los más nuevos lo hacen por iniciativa propia. Y aquí es donde la cosa se pone realmente complicada: los investigadores no tienen ni idea de cómo detenerlo. Ni siquiera están seguros de por qué lo hacen. Sólo saben que lo hacen.

En un trabajo, publicado en arXiv, se explica que estos modelos son entrenados con "aprendizaje por refuerzo", es decir que reciben recompensas cuando alcanzan un objetivo. En este caso, ganar. Y si para eso hay que hacer trampa, ¿por qué no? Después de todo, nadie les enseñó ética.

En ese sentido, expertos en tecnología advierten que es imposible construir sistemas de IA que no encuentren formas de engañar. A medida que se vuelvan más sofisticados, este tipo de comportamiento será más frecuente. Por eso, la investigación de Palisade Research plantea que se podría estar entrando en una era donde la IA toma decisiones con consecuencias reales sin que se sepa exactamente cómo ni por qué. Y lo peor de todo: aunque estos modelos documentan su proceso de decisión, no hay garantías de que lo hagan con honestidad. En otras palabras, podrían estar mintiendo sobre cómo hacen trampa.

Con todo, la gran pregunta es: si la inteligencia artificial hace trampa en el ajedrez, ¿qué impide que lo haga en cosas más importantes? ¿En negocios? ¿En elecciones? ¿En la bolsa de valores? ¿En el control de infraestructuras críticas? Por ahora, la única certeza es que la inteligencia artificial ya aprendió a mentir y que, al parecer, también lo hace mejor que el humano.

(Fuente: Agencia de noticias Científicas / UNQ)