Mostrando entradas con la etiqueta experimentos en humanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta experimentos en humanos. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de noviembre de 2024

MK-Ultra: el oscuro legado del programa secreto de la CIA destinado a encontrar formas de control mental

 Sello oficial de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), 1974

Hace 47 años, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) fue forzada a publicar documentos que confirmaron lo que algunos ya sospechaban: había financiado experimentos de control mental, utilizando descargas eléctricas, drogas alucinógenas y otras terribles técnicas, a menudo sin el conocimiento de las víctimas.

Por la naturaleza de los abusos cometidos, los afectados sólo empezaron a entender qué había sucedido décadas después, y el oscuro legado del ultrasecreto programa conocido como MK-Ultra sigue vigente.

Todo comenzó a principios de la década de 1950, con la Guerra Fría en pleno apogeo.

Cuando algunos prisioneros de guerra liberados en Corea regresaron a casa defendiendo la causa comunista, la comunidad de inteligencia de EE.UU. se alarmó.

Aterrorizada de que los soviéticos y los chinos hubieran desarrollado técnicas de control mental, y de que sus agentes o los prisioneros de guerra pudieran revelar información, la recién formada CIA asignó US$25 millones para experimentos psiquiátricos en seres humanos.

"La idea era tratar de descubrir cómo interrogar a las personas y debilitarlas, y también cómo proteger a su personal de esas técnicas", explicó el psiquiatra Harvey M. Weinstein, autor de "Padre, hijo y la CIA".

La agencia utilizó organizaciones como fachada para acercarse a más de 80 instituciones y científicos en EE.UU., Reino Unido y Canadá.

"Fue el programa más secreto jamás conducido por la CIA en EE.UU.", dijo el autor e historiador Tom Oneill.

"Pacientes en hospitales psiquiátricos, presos en instituciones federales e incluso las personas del público recibieron drogas y fueron parte de experimentos sin su conocimiento o consentimiento".

Acid Test

Los proyectos iniciales de MK-Ultra incluyeron la Operación Midnight Climax.

Las "pruebas de ácido" dejaron secuelas terribles.

"Establecieron lo que llamaban casas de seguridad, donde prostitutas llevaban hombres a los que, sin advertirles, les daban LSD para que los científicos de la CIA pudieran estudiarlos, generalmente detrás de un espejo bidireccional".

Otra práctica común era organizar y observar fiestas inducidas por LSD con música en vivo.

Esas fiestas se llamaban "pruebas de ácido" y la cultura que surgió de ellas jugó un papel clave en el desarrollo de los movimientos hippies y psicodélicos unos años más tarde.

Pero algunos de los experimentos más nocivos ocurrieron en el Allan Memorial Institute en Montreal, un hospital psiquiátrico de Canadá, donde las mentes de un número aún desconocido de pacientes fueron sistemáticamente destruidas.

El Allan

El hospital, conocido como "el Allan", estaba bajo la dirección del escocés-estadounidense Donald Ewen Cameron, quien era considerado como uno de los psiquiatras más eminentes del mundo.

Cameron fue presidente de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (1952-1953 y en 1963), Asociación Canadiense de Psiquiatría (1958-1959), Sociedad de Psiquiatría Biológica (1965)[4] y Asociación Mundial de Psiquiatría (1961-1966).

Es por eso que Lou, el padre del psiquiatra Harvey Weinstein, quiso que fuera él quien lo tratara cuando comenzó a sufrir ataques de pánico.

"Pasaron cosas terribles, y hasta que salieron a la luz los documentos del MK-Ultra, nunca había podido entender la transformación que sufrió".

Lou era un hombre sociable a quien le encantaba cantar y dirigía un negocio.

Emergió del Allan como una sombra; su vida y su familia destruidas.

No fue el único... fueron cientos.

"Tenía problemas con mis padres -recuerda Lana Ponting-, y decidieron internarme en el Allan. No tenían idea de lo que pasaba allí.

"Yo tenía 16 años".

"Cuando mi familia volvió a recogerme, parecía un zombi. Ni siquiera sabía quiénes eran".

El Allan, la mansión gótica con vistas a Montreal, donde Cameron dirigía su instituto.

La enfermera Esther Schrier fue ingresada al Allan embarazada pues sentía pánico de perder su bebé tras la muerte de un hijo. Su tratamiento terminó sólo cuando estaba a un mes de dar a luz.

Años más tarde, recordó cuán perdida salió.

"Tenía un nuevo bebé y no sabía qué hacer con él. Una niñera me ayudaba pero, para que te des una idea, esto es un pequeño ejemplo de lo que me escribió en un cuaderno antes de tomarse un día libre: 'Cuando escuches llorar al bebé, ve a la habitación. Recoge al bebé'... y explica paso a paso cómo alimentarlo."

"Fue muy aterrador".

El doctor Cameron

La CIA se había acercado a Cameron tres años después de lanzar MK-Ultra, a través de la Sociedad para la Investigación de la Ecología Humana, una de sus organizaciones fachada a través de la cual canalizaban dinero.

Lo alentó a solicitar una subvención, y, desde enero de 1957 hasta septiembre de 1960, la agencia le entregó al psiquiatra US$60.000 dólares, equivalente a unos US$600.000 en la actualidad.

La CIA fue creada en 1947.

Cameron era un destacado defensor de un nuevo enfoque científico del cerebro, según el cual la mente era como una computadora, que se podía reprogramar borrando memorias y reconstruyendo la psique por completo.

Para ello, había que reducir a los pacientes a un estado psicológico infantil en el que los médicos podían aprovechar la vulnerabilidad cognitiva de la persona.

Al empezar de cero, se podía reestructurar la mente y plantar ideas en la memoria de un individuo sin que éste se diera cuenta de que no eran originales.

El método

A los pacientes que llegaban al instituto por problemas menores, como trastornos de ansiedad o depresión posparto, los ingresaban al "dormitorio", donde se les inducía un coma químico durante días o meses.

Luego, eran "desestructurados" mediante terapia electroconvulsiva de una potencia y frecuencia más alta de la potencia normal, para reducirlos a un "estado vegetal", del cual se recuperarían a un estado mental más saludable", según la teoría de Cameron.

Cameron experimentó con terapia electroconvulsiva a 30 o 40 veces la potencia normal.

"Mi padre recibió 54 tratamientos de electrochoque de alto voltaje seguidos de 54 convulsiones de gran mal (pérdida de conciencia y contracciones musculares violentas)", contó Lana Sowchuk , cuyo padre era "un hombre sano y atlético de 27 años", que fue al Allan para que le trataran el asma.

"Después de 27 días de electrochoques dijeron que estaban desanimados porque aún tenía vínculos con su vida anterior, pues seguía pidiendo ver a su esposa", relata Julie Tanny, cuyo padre también fue puesto en el programa.

"Decidieron darle más tratamientos de electrochoque y ponerlo a dormir otros 30 días".

Sin su conocimiento o consentimiento, los pacientes fueron tratados a la fuerza con grandes dosis de drogas psicotomiméticas, LSD, PCP y otras.

Como parte de ese régimen de reprogramación que Cameron denominó "conducción psíquica", los obligaban a escuchar mensajes cíclicos grabados a través de auriculares, cascos o altavoces, a veces instalados dentro de la almohada del paciente a los pacientes hasta 20 horas al día, ya sea que estuvieran dormidos o despiertos.

Algunos eran negativos -como "mi madre me odia"-, otros daban instrucciones -"debes portarte mejor"-, y los registros muestran que los repetían hasta medio millón de veces por sesión.

Reporte de un paciente en su 37° día de sueño químico, quien había recibido 15 electroshocks y drogas, por resistirse al tratamiento.

La investigación de Cameron también involucró privación sensorial extrema. Suficiente, dice el psiquiatra Harvey Weinstein, para provocar psicosis en cualquiera.

"Mi padre estaba en una especie de celda con sus manos cubiertas, para que no pudiera sentir nada; en la oscuridad, para que no pudiera ver nada; y con un ruido constante, por lo que no podía escuchar nada."

"Básicamente, aislado de toda sensación normal".

Lou Weinstein llegó a estar mantenido en ese estado durante dos meses enteros.

Estado infantil

Harvey tenía 12 años cuando Lou entró por primera vez en el Allan Memorial Institute. Todavía era un adolescente cuando, en 1961, la casa familiar tuvo que ser vendida para pagar las cuentas. Durante ese terrible momento, la familia seguía creyendo que había que seguir el consejo de los médicos.

Pero ese chico que luego se convertiría en psiquiatra terminó perdiendo a su padre.

"Ese hombre dinámico salió como un vegetal. Tenía un síndrome cerebral orgánico severo. Se la pasaba acostado en el sofá, no podía orientarse, su personalidad estaba totalmente destruida, y a veces no sabía dónde estaba".

Documentos de la CIA sobre el proyecto MK-Ultra.

Otros pacientes perdieron recuerdos y detalles de su familia inmediata, o experimentaron amnesia permanente.

Muchos regresaron a sus hogares en un "estado infantil" y requirieron capacitación para recuperar la continencia y las habilidades para ir al baño.

Engañados acerca de las intenciones, objetivos y métodos del tratamiento, cargaron con las secuelas por el resto de sus vidas.

Furia

El programa MK-Ultra se redujo en 1964, pero no se detuvo finalmente hasta 1973, cuando algunas de las pruebas de sus actividades fueron sistemáticamente borradas.

"Todo fue descubierto gracias a un periodista llamado John Marks, quien escribió el primer libro (en 1979) sobre el programa, llamado 'En busca del candidato de Manchuria: La CIA y el control mental'", dice el historiador Tom Oneill.

Marks era un joven periodista cuando obligó a la CIA a entregar las pruebas.

Cuando Harvey leyó una reseña sobre ese libro, su primera reacción fue un alivio. ¡Por fin, había una explicación de lo que había sucedido con su padre!

Pero ese alivio pronto se tornó en ira.

"Rabia contra el médico que había llevado esa ignominia en la Allan. Rabia contra la CIA por experimentar con personas sin su consentimiento. Fue un sentimiento de furia profunda. Y sobre todo después de las Leyes de Nuremberg de 1946".

Y es que, disonantemente, Cameron había sido uno de los psiquiatras invitados a evaluar a los acusados nazis en los Juicios de Nuremberg, donde se declaró por primera vez el Código de Nuremberg para la ética de la investigación en experimentación humana.

En el Juicio de Médicos de los Juicios de Nuremberg, los doctores nazis fueron condenados por "realizar experimentos médicos, sin el consentimiento de los sujetos…".

Hay quienes trazan paralelos entre lo que hicieron los nazis y lo que hizo Cameron.

Sin final feliz

Tras la revelación, "hubo audiencias en el Congreso en EE.UU. a mediados de los años 70, y la CIA finalmente admitió que este programa existía, que probablemente no era lo correcto, pero fingieron inocencia", cuenta Oneill.

No obstante, afirma el historiador, "la CIA sabía que estaba rompiendo todas las leyes morales, éticas y legales al hacer estos experimentos".

A pesar de un interés marginal en el tema en la cultura popular, la mayoría de los sobrevivientes sufrieron en silencio, llevándose su trauma a la tumba.

Pero con los documentos liberados, otras víctimas que de los experimentos o de las secuelas en sus seres cercanos, como Harvey, pudieron reconstruir lo acontecido.

"Me presentaron al doctor Cameron y no lo recuerdo en absoluto", dijo Linda McDonald, quien fue internada cuando tenía 26 años y sufría de depresión.

"Me diagnosticaron esquizofrenia. Lo descubrí leyendo mi archivo 20 años después. Y me dieron todos esos tratamientos de choque electroconvulsivo y megadosis de drogas y LSD y todo eso.". "No tengo memoria de nada de eso: ni del tiempo en el Allan ni nada de mi vida anterior a eso: todo se fue".

Los afectados están luchando para que se les escuche.

Ahora, algunos sobrevivientes que no han recibido ninguna disculpa formal o compensación, presentaron una demanda colectiva contra las instituciones que consideran responsables.

"Todos estaban detrás de eso. Sabían lo que estaban haciendo. Y lo hacían por razones militares y políticas", denuncia Sowchuk.

"Sigo tomando medicamentos por lo que me sucedió cuando tenía 16 años", dice Ponting. "Quiero que todos sepan lo que pasó en ese horrible, horrible hospital".

Si bien los historiadores y sobrevivientes han expuesto lo que se sabe de lo sucedido al mundo, aún se desconoce mucho sobre su alcance y su impacto más amplio.

Dada la naturaleza altamente sensible de la actividad del programa, es probable que ese siga siendo el caso en los próximos años.

* Partes de este artículo están basadas en MK-Ultra: The CIA's secret pursuit of 'mind control' de BBC Reel y en CIA mind control experimentsde BBC Witness.

(Fuente: BBCNEWS)

viernes, 19 de abril de 2024

Telepathy: Elon Musk y sus experimentos en humanos

¿Cuán cerca estamos, científicamente, de leer los pensamientos? El 29 de enero, Elon Musk publicaba en X (ex Twitter) el éxito de la primera intervención quirúrgica implantando un dispositivo desarrollado por su start up Neuralink en un humano. El nombre del dispositivo: Telepathy (Telepatía).

En la comunidad científica estábamos atentos a lo conseguido por el equipo de Elon Musk desde que en septiembre de 2023 el organismo competente, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA), acreditó que el dispositivo podía implantarse en humanos. Tras el visto bueno de la FDA, Neuralink implantó Telephaty a una persona elegida entre un grupo de voluntarios, afectados de tetraplejia y esclerosis lateral amiotrófica.

De momento podemos decir que el implante ha sido un éxito, pero para conocer los resultados habrá que seguir los pasos de un estudio que promete ser largo.

                              El dispositivo de Neuralink transmite la actividad cerebral de forma inalámbrica.

El indiscutible avance tecnológico de Telepathy

Lo que ha conseguido el equipo de Elon Musk es muy revolucionario desde el punto de vista tecnológico. Telepathy lleva una batería que se recarga externamente y dispone de 1.024 electrodos, distribuidos en 64 hilos, que transmiten las medidas de la actividad cerebral de forma inalámbrica. Que el dispositivo lo haya aprobado la FDA avala que está hecho con rigor.

Es esperable que Telepathy consiga medir las señales cerebrales relacionadas con el movimiento en personas de movilidad reducida, y que sirvan para gobernar el movimiento de una prótesis o interactuar con un ordenador.

Pero una señal muscular no equivale en modo alguno a un pensamiento. Es lo que se conoce como interface cerebro-máquina. Pero esto no es telepatía. Lo verdaderamente revolucionario sería que el dispositivo de Neuralink funcionara reconociendo la actividad neuronal que genera el pensamiento. Y esto posiblemente no se logre nunca.


La interface cerebro-máquina permite que personas con movilidad reducida puedan recibir señales del cerebro que estimulen sus músculos.

La zona ciega

¿Cuál es el reto al que nos enfrentamos cuando tratamos de medir señales del cerebro? El reto es la oscuridad en la que se encuentra el observador después de que una neurona se activa. Esto no sucede con otro tipo de células, como por ejemplo una célula muscular del corazón (miocito).

Para medir la actividad eléctrica de una neurona y para medir la actividad eléctrica en un miocito se utiliza la misma tecnología. Pero cuando un miocito “dispara”, el observador comprueba que se contrae, esto es, puede relacionar directamente la señal eléctrica con la contracción de la célula muscular. Y así entiende el efecto de la contracción, ya que observa que la contracción de todos los miocitos del corazón producen que la sangre circule por el cuerpo.

Esto no pasa cuando observamos el disparo de una neurona. En este caso el observador no ve que haya ningún cambio significativo, porque el pensamiento generado no es visible: el disparo de la neurona se pierde en la oscuridad.


No es posible relacionar la actividad de una neurona con algún cambio visible en ella.

Los estimuladores cerebrales profundos

Ya existen dispositivos que se implantan dentro del cerebro o muy cerca del cerebro e interaccionan con él.

Un ejemplo son los implantes cocleares, dispositivos con estimuladores situados en la cóclea (estructura del oído interno). Los usan las personas que carecen de las células que se encargan de transformar las señales acústicas que llegan del exterior a las señales eléctricas que reconocemos como sonidos.

El implante recurre a pequeños micrófonos ubicados en la oreja, y envía los sonidos recogidos a electrodos que se diseminan a lo largo de la cóclea. Y ahí estamos actuando muy cerca del cerebro: estamos llegando al nervio auditivo.

Otro dispositivo que actúa, esta vez sí, dentro del cerebro –y que también está debidamente aprobado– es el estimulador cerebral profundo. Comenzó a utilizarse para tratar el párkinson y, más adelante, se extendió a otras patologías, como la obesidad mórbida o la depresión.


Los implantes cocleares son un ejemplo de dispositivos que están colocados muy cerca del cerebro.

Inutilizar neuronas sin saber realmente cómo funcionan

Con estos dispositivos se actúa en núcleos profundos del cerebro, aunque sin que se entienda bien cómo funciona el cerebro.

Por ejemplo, el dispositivo utilizado para controlar los trastornos motores en la enfermedad del párkinson (¡ojo!, que no para curar la enfermedad), se desarrolló sabiendo que era mejor inutilizar un grupo de neuronas antes que dejarlas como están.

Este dispositivo permitió que, en lugar de practicar una ablación (esto es, quemar las células), se inutilizaran las neuronas mediante la aplicación constante de pulsos eléctricos que las bloquearan. Y es posible revertir el efecto al detener el dispositivo.

Sin embargo, todavía se sigue trabajando para entender en profundidad las conexiones entre los diferentes núcleos relacionados con el movimiento y averiguar por qué un estimulador cerebral profundo funciona.


Para tratar el mal de Parkinson, se inactivan ciertas neuronas con estimulación profunda del cerebro.

Y qué hay de medir el pensamiento

En este momento estamos lejos de medir el pensamiento, las intenciones, los recuerdos o los deseos. Con este tipo de dispositivos no podemos saber en qué está pensando la gente. Incluso con dispositivos ya muy reconocidos, como pueden ser los estimuladores profundos, hay mucha oscuridad sobre por qué funcionan (no cómo funcionan) y qué efecto tienen.

Las controversias suscitadas por la implantación del chip de Elon Musk son comprensibles. Nos intriga cómo funciona el cerebro. Parece que es en este órgano donde se encuentra nuestra intimidad más profunda y queremos respetarlo.


¿Se podrán leer nuestros pensamientos más íntimos algún día?

No deseamos que otras personas nos controlen. Pero, por el momento, que nos lean la mente o puedan influir sobre nuestro pensamiento no es algo por lo que preocuparse. ¿Se conseguirá relacionar la actividad neuronal con nuestros pensamientos?

Todo indica que se conseguirán progresos en la interacción con las máquinas, pero no se basarán en la relación entre la actividad neuronal y el pensamiento. Entre otras cosas, porque ni siquiera tenemos muy claro qué es pensar. ¿Será que el pensamiento escapa a la física y no puede medirse?