Acaba de publicarse un pintoresco trabajo acerca del que ya es un lugar que, seguramente junto con el Obelisco, representan a la capital argentina y al país entero por sí solos. Son doscientas veinticuatro páginas repletas de hechos curiosos, detalles, anécdotas y sucesos históricos.
(Foto: composición propia).
"En el barrio porteño de Retiro, este parque refleja en dos manzanas una ciudad que es muchas ciudades. La ciudad católica, la ciudad de los poetas y narradores de historias, la ciudad de la burguesía que quería un París propio, la ciudad de los soñadores como cierto jardinero que terminó arquitecto, la ciudad de los acontecimientos históricos, la ciudad cosmopolita de los huéspedes ilustres, la ciudad de las leyendas, de la historia académica y popular, de los sueños y las muertes. La ciudad del esplendor y la derrota", dice Abós.
Álvaro Abós (Foto: familia Abós).
• El hombre solo
Durante los años sesenta y setenta, en los bancos de madera verde que entonces se alineaban tras el monumento a San Martín, poco después del mediodía, podía verse a un hombre de pelo gris, muy bien vestido, tipo elegante sport, siempre con la cara hacia el sol. Era el poeta Alberto Girri, solitario y silencioso. ¿Elaboraba allí sus poemas herméticos, hipnóticos, que lo convirtieron en uno de los mayores poetas argentinos? El tostado caribe que lucía todo el año lo asemejaba a un adicto a los cruceros caribeños. No lo era. Quizás su seriedad provenía de una tragedia íntima. La muerte dudosa, seguramente por suicidio, del amor de su vida, la pintora Leonor Vassena.
• Una tumba
En los años setenta no había cementerios para mascotas. Cuando murió Bepo, el gato albino de Jorge Luis Borges, además de la tristeza, reinó en el pequeño mundo de Maipú 994, sexto B, un dilema: ¿qué hacer con Bepo? Esa noche, salió un pequeño cortejo integrado por el portero del edificio munido de una pala, la criada Fanny (Epifania Úveda) y Borges. Cruzaron la Avenida Santa Fe y en uno los canteros de la Plaza San Martín, frente al Círculo Militar, el encargado, con cuidado para dejar el césped tal como estaba antes del entierro, dio última morada morada a Bepo. La Plaza San Martín, que había sido plaza de toros, cuartel, penal, patíbulo y ahora parque, fue también cementerio.
Monumento al General San Martín y a los Ejércitos
de la Independencia, escultura de Louis-Joseph Daumas (Foto:
GCBA).
Charles Thays era un jardinero de la alcaldía de París que tenía cierto nombre como paisajista, oficio entonces muy poco conocido. Al intendente de Córdoba, en 1889, se le ocurrió contratarlo para que diseñara el Parque Sarmiento. Cuando Thays estaba por volver a París, el intendente de Buenos Aires, Francisco Bollini, le pidió que diseñara una plaza porteña. En estas idas y venidas, Thays se enamoró de una chica uruguaya. Conclusión, se casaron y Thays se quedó para siempre. Lo nombraron Director de Parques y Jardines de Buenos Aires. Tiñó de verde la ciudad, plantando él mismo 150.000 árboles.
Vivía en la casita que aún existe en el Jardín Botánico de Buenos Aires. La Sociedad Central de Arquitectos, poco antes de morir, le otorgó a Carlos Thays el título de arquitecto, a pesar de que no había pasado por aula alguna. Cuando murió, una multitud de porteños acongojados lo acompañaron a la Chacarita. Había diseñado setenta plazas en Buenos Aires, el Parque Central de Santiago de Chile, el Parque Rodó de Montevideo y parques y jardines en muchas ciudades del interior argentino además de jardines en residencia privadas. La Plaza San Martín en su conformación actual fue diseñada -soñada- por Thays. Era en un proyecto revolucionario porque desde Arenales hasta Libertador, desde Maipú hasta Florida, el terreno estaba edificado.
• Una cárcel
A fines del siglo XVII donde hoy está la plaza San Martín hubo un depósito de esclavos, luego una plaza de toros. Y no era pequeña. Tenía palcos reservados para los notables y llegaban para triunfar algunos de los más diestros matadores de las plazas españolas y mexicanas. Durante las invasiones inglesas, desde el "coso" (como se llamaba a la plaza) los porteños disparaban contra los invasores. Caía sangre sobre aquellas gradas. En 1813 se prohibió la tauromaquia en la ciudad. El lugar fue reconvertido en cuartel. Allí se entrenaron los granaderos antes de partir para conseguir la independencia.
Luego, fue cárcel y patíbulo. Allí se ejecutó a miembros de la partida que asesinó a Facundo Quiroga en Barranca Yaco. En 1865 se emplazó la estatua ecuestre de José de San Martín, realizada en Francia por el escultor Louis-Joseph Daumas y dividida en piezas, fue transportada en barco y aquí rearmada. Réplicas de esa estatua se alzan en más de cincuenta y siete ciudades del país y en diecisiete del mundo. Por ejemplo, en el Parque del Oeste de Madrid, en el Central Park de Manhattan y en la Virginia Avenue de Washington.
Vista aérea de la imponente Plaza San Martín (Foto:
GCBA).
La hazaña de Corina Kavanagh fue paradójica. Quiso hacer un gran negocio: construir un edificio de renta. En 1933 no había propiedad horizontal. De manera que quien quería vivir en un departamento tenía que alquilar o, si no, comprarse el edificio entero. El Kavanagh se inauguró en 1936, y había cola para alquilar alguno de sus cien departamentos.
Pero en 1943 se congelaron los alquileres y en 1948 se dictó la ley de propiedad horizontal. La renta se depreció porque ya había comenzado la inflación. La mayoría de los inquilinos del Kavanagh compró su unidad. Cora se quedó en el más bello, el legendario noveno piso, de amplia terraza, pero el negocio se le arruinó. En compensación, el edificio se convirtió en un mito y en un emblema urbano. Admirado por urbanistas de todo el mundo, este "eco ampliado de la barranca" como lo llama el arquitecto Mario Sabugo, conformó una imagen que se identificó con la de Buenos Aires, compitiendo con el obelisco como símbolo de la ciudad.
• Estatuas
Hay tres en la plaza. Honran al general José de San Martín, militar libertador, muerto exiliado en Boulogne sur Mer, Francia. A Esteban Echeverría, escritor, muerto exiliado en Colonia, Uruguay. A Leandro N. Alem, político, muerto por suicidio en Buenos Aires. Dos exiliados y un suicida. ¿Casualidad o radiografía?
(Fuente: Infobae / varios / redacción propia)



