jueves, 28 de mayo de 2026

El fenómeno "viral" de Angine de Poitrine: por qué el cerebro disfruta con la música que no entiende del todo

El dúo experimental de Quebec, Canadá, ganó notoriedad con máscaras de papel maché, humor surrealista y guitarras microtonales, una mezcla que primero desconcierta y luego engancha por su energía rítmica y teatralidad en escena. 

Angine de Poitrine, dúo experimental de Quebec que se ha hecho especialmente visible por su combinación de rock matemático, complicado, y un sorprendente aspecto (Foto: Reuters).

Abrimos un vídeo casi por accidente. En pantalla aparecen dos figuras enmascaradas, con una estética entre lo artesanal, lo absurdo y lo inquietante. Empiezan a tocar. La guitarra no suena como esperamos. Algunas notas parecen estar "entre" las notas que conocemos. La batería avanza con precisión, pero no siempre por los caminos previsibles. La primera reacción puede ser de desconcierto. La segunda, de curiosidad. Y, sin darnos demasiada cuenta, seguimos mirando.

Algo así explica parte del fenómeno reciente de Angine de Poitrine, dúo experimental de Quebec que se ha hecho especialmente visible por su combinación de rock complejo, matemático, máscaras de papel maché, humor surrealista y uso de guitarras microtonales. Su actuación en la emisora norteamericana KEXP ha contribuido a convertirlos en una rareza viral: no sólo por cómo suenan, sino por la dificultad de encajarlos en una categoría conocida.

Desde la psicología, el caso es muy interesante porque obliga a preguntarse algo más amplio: ¿por qué puede gustarnos una música que, al principio, no sabemos interpretar?

El cerebro no escucha: predice

Escuchar música no es recibir sonidos de forma pasiva. El cerebro anticipa. Espera que una melodía continúe en una dirección, que una tensión armónica se resuelva, que un ritmo cierre en determinado punto. Buena parte del placer musical surge de ese delicado juego entre confirmación y sorpresa.

Tapa de "Vol. II" (Foto: Pitchfork).

Cuando todo es demasiado previsible, la música puede volverse plana. Cuando todo es demasiado imprevisible, puede resultar caótica. Entre ambos extremos aparece una zona especialmente fértil: la música que desafía nuestras expectativas, pero no las destruye por completo. Estudios sobre predictibilidad, incertidumbre y placer musical han mostrado que tendemos a preferir niveles intermedios de complejidad predictiva: suficiente orden para orientarnos, suficiente sorpresa para mantenernos atentos.

Este dúo trabaja precisamente en ese territorio. Sus canciones pueden parecer extrañas, pero no son puro desorden. Hay repetición, pulso, patrones, energía corporal. La batería ofrece una estructura reconocible mientras la guitarra introduce una sensación de inestabilidad. El resultado es una mezcla psicológicamente eficaz: el oyente no entiende del todo lo que ocurre, pero tampoco se pierde por completo.

Microtonos

El uso de microtonos merece una atención especial. En la música occidental más habitual, estamos acostumbrados a dividir la octava en doce semitonos. El piano, la guitarra estándar o gran parte del pop se mueven dentro de ese marco. La música microtonal, en cambio, utiliza intervalos más pequeños o diferentes a los que ese sistema nos ha enseñado a esperar.

Por eso, para muchos oyentes, una guitarra microtonal puede sonar inicialmente "desafinada". Pero esa impresión no significa necesariamente que lo esté. Significa que el cerebro compara lo que escucha con sus esquemas previos. Si una nota cae en un lugar que nuestro sistema auditivo-cultural no espera, la interpretamos como rareza, tensión o error.

El dúo durante un show en la emisora KEXP (Foto: prensa KEXP).

La incomodidad también puede ser estética

La clave no está en que Angine de Poitrine elimine la incomodidad, sino en que la convierte en parte de la experiencia. Ésto conecta con una idea central en psicología de la música: el placer no surge únicamente de lo agradable, suave o familiar. También puede surgir de la tensión, de la ambigüedad y de la resolución parcial de una expectativa.

La música activa circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, la anticipación y la emoción. Revisiones neurocientíficas sobre placer musical y predicción han propuesto que el disfrute aparece cuando el cerebro detecta patrones, genera expectativas y experimenta desviaciones significativas respecto a ellas. No nos emociona sólo lo que suena bonito: nos emociona lo que nos obliga a reorganizar lo que esperábamos oír.

De ahí que una propuesta aparentemente difícil pueda volverse adictiva. La primera escucha produce extrañeza. La segunda permite reconocer un patrón. La tercera convierte lo raro en familiar. En ese recorrido, el cerebro obtiene una pequeña recompensa: ha domesticado parcialmente el caos.

Se puede acceder tanto al audio en alta calidad como al video del concierto de Angine de Poitrine en KEXP haciendo click aquí.

(Fuente: The Conversation / Infobae / KEXP / varios /redacción propia)