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martes, 12 de agosto de 2025

En el Mes de las Infancias y Adolescencias, una invitación a donar lecturas y juguetes

La Biblioteca del Docente lanza una campaña solidaria que invita a donar libros infantiles y juguetes nuevos o en buen estado. Lo recolectado será destinado a centros que acompañan el crecimiento de chicos y chicas en situación de vulnerabilidad.

(Foto: prensa Biblioteca del Docente).

Durante todo agosto, la Biblioteca del Docente se suma a la celebración del Mes de las Infancias y Adolescencias con una propuesta solidaria que invita a la comunidad a participar activamente: la recolección de libros infantiles y juguetes nuevos o en buen estado, destinados a niñas y niños que asisten a los Centros de Acción Familiar y los Centros de Desarrollo Infantil de la Ciudad de Buenos Aires.

La campaña tiene como objetivo promover el acceso a la lectura, el juego y la imaginación en una etapa clave del desarrollo, y es una oportunidad para que bibliotecarios, docentes, estudiantes y vecinos se acerquen a donar y ser parte de esta iniciativa que une cultura, educación y afecto.

Las donaciones se pueden acercar a la sede de la biblioteca, Av. Entre Ríos 1349, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hasta el 29 de agosto. Cada libro o juguete cuenta, y puede convertirse en una puerta abierta al descubrimiento, la creatividad y el juego compartido.

(Fuente: soybibliotecario.blogspot.com)

martes, 25 de marzo de 2025

"Adolescencia": claves de una miniserie deslumbrante y una tragedia actual que los adultos elegimos no ver

Con gran despliegue técnico y actuaciones memorables, la producción británica de Netflix revela la trama de la masculinidad tóxica en los varones jóvenes y el submundo tecnológico que incita a la violencia y al crimen.

"Adolescencia" es una serie británica creada por Stephen Graham, quien también actúa en la producción (Foto: Netflix).

El operativo es arrasador. Lo primero que uno piensa cuando ve a en la pantalla a todos esos policías armados hasta los dientes entrando a patadas a una casa común, de un barrio común, es, de mínima, que se trata de una acción antiterrorista. Pero no: el objetivo es Jamie MIller, un chico de trece años que se hace pis encima cuando le dicen que se levante de la cama, que está siendo detenido porque es el principal sospechoso de haber apuñalado hasta la muerte a una chica de su clase. Son las primeras horas de una mañana cualquiera cuando se llevan a Jamie, ante la perplejidad, los ruegos y los llantos de su familia. Mientras baja las escaleras hacia la calle escoltado por los policías, Jamie insiste en que no es culpable de nada y le pide ayuda a su padre con desesperación.

Cada tanto, en el mar furioso de novedades de las plataformas aparece una joya como "Adolescencia", la miniserie británica de la que todos hablan, que deslumbra desde su producción técnica (los cuatro episodios fueron grabados en plano secuencia, las actuaciones son extraordinarias, los diálogos, reales y conmovedores) pero también a partir del tema que se anima a tratar sin eufemismos.

La historia no es un estrictamente un policial ni se detiene en los detalles morbosos del crimen; el foco de esta serie -que no para de crecer en la consideración de la crítica y también en la conversación pública de sociedades muy diferentes- no está puesto en la pregunta "¿quién es el asesino?" sino en la búsqueda de las razones que lo llevaron a matar a la chica. Falta el arma homicida pero hay un video que es prueba irrefutable y se ve ya en el primer episodio: todos elegimos no creer en lo que vemos.

La imagen de Katie, la chica asesinada de "Adolescencia". Su voz se escucha en un par de canciones en el segundo y el cuarto episodio de la serie. (Foto: Youtube / Netflix).

La pregunta no es "¿quién mató a Katie?" (ese era el nombre de la jovencita asesinada a quien sólo se verá en fotos y videos, y de quien se escuchará su voz en un par de canciones) sino "¿por qué mataron a Katie?". Y la respuesta es desoladora: es el mundo que fuimos construyendo los adultos el que permite semejante acumulación de frustración e ira en un varón tan joven, incapaz de controlar su furia y tal vez aún sin las herramientas para entender el significado último de lo que hizo. Nunca antes la televisión o el cine habían tratado de manera tan descarnada la masculinidad tóxica incentivada por el resentimiento, la misoginia y el machismo más atroz y los riesgos severos que se esconden detrás del vínculo entre los púberes y los celulares.

No es la pérdida de tiempo el mayor riesgo, no es que dejen de estudiar y elijan entretenerse antes que educarse. A diferencia del pasado, hoy los chicos no están más seguros en su habitación que en la calle y la pantalla ya no está en el centro del living o en el comedor, "perturbando" la cena familiar. La pantalla hoy es un dispositivo privado y es a través de ese dispositivo que se difunden la información y las ideas que pueden convertir a un chico de trece años -y sin que ningún adulto lo advierta- en un monstruo despiadado.

Ashely Walters, como el Detective Bascombe, en "Adolescencia" (Foto: Netflix).

De esto habla "Adolescencia" y lo hace con sensibilidad, empatía y nervio; con calidad artística y también con las palabras justas. En cada episodio, los creadores de la serie buscan respuestas posibles para la ira criminal del adolescente y para eso rastrean en la escuela, entre los amigos, entre sus hábitos y en el seno de la familia.

De este lado de la TV, la pregunta que nos hacemos es dónde estuvo la falla principal; cómo y por qué un chico que podría ser nuestro hijo, a quien cuidamos como lo más importante de nuestras vidas, a quien educamos y le legamos nuestros principios y valores puede llegar a convertirse en un femicida. Cómo y por qué en una misma casa uno de nuestros hijos puede desviarse de un camino para siempre mientras los otros, que recibieron el mismo amor y dedicación, no lo hicieron.

Los miedos son otros

El temor a las malas compañías existe desde siempre. Los miedos acerca de que alguien pueda "llenarle la cabeza" a nuestros hijos no es una novedad y en todas las épocas hubo padres y madres más o menos obsesivos y controladores de las salidas y amistades de los chicos, con la calle como centro de gravedad de las peores tentaciones y riesgos.

Dentro de ese control parental clásico, las pantallas ocupan un espacio relevante: durante décadas fue la televisión el objeto perverso que podía distraer a los chicos de una vida saludable y productiva y ya hace tiempo son las computadoras y los celulares. ¿Es posible monitorear a un hijo las 24 horas del día? ¿Es bueno hacerlo? Al mismo tiempo, y suponiendo que fuera inocuo para la crianza y para su futuro supervisar sin respiro la actividad en internet y en especial en las redes sociales de los chicos, no existe forma de controlar exhaustivamente todo lo que ven y quiénes son las personas con las que intercambian mensajes e información.

La serie se propuso instalar un debate sobre la masculinidad tóxica entre los más jóvenes y la violencia desatada sobre las mujeres (Foto: Netflix).

El gran temor de la selva informática era hasta hace poco tiempo la posibilidad de que los más chicos fueran víctimas de depredadores sexuales, un terror que no se apagó pero al que ahora se suman nuevos fantasmas: la difusión de imágenes privadas sin consentimiento, las fake news alimentadas por la inteligencia artificial, los desafíos extremos, el bullying acelerado por la tecnología, la circulación de ideas peligrosas para la salud y la vida de los adolescentes y también los espacios de acumulación de odio: por género, por raza, por religión y podríamos seguir al infinito.

Aunque se deslizan cuestiones vinculadas al universo de las chicas (el personaje de Jade, la desesperada amiga de Katie, es el ejemplo), el centro de la serie son los varones a esa edad en la que dejan de ser niños para convertirse en adultos, esa edad en la que falta todo y nada alcanza, en la que la insatisfacción con uno mismo y con el entorno es agobiante. Todo adulto lo vivió en carne propia y los que somos padres o maestros o profesionales que tratan con chicos y chicas de esa edad lo sabemos bien: la inseguridad que reina en la adolescencia es uno de los grandes riesgos, la condición que habilita la tristeza, la angustia y en algunos casos el odio a mansalva contra ellos mismos pero también contra los otros.

Es el tiempo en el que la mirada de los pares lo representa todo; cuando un rechazo amoroso puede ser el Apocalipsis, el acoso está a la vuelta de la esquina y cuando, en muchos casos, son los más débiles quienes simulan una fortaleza inexistente y la traducen en incitación a la barbarie. Es un tiempo de alarma para todos los padres.

A partir de la serie, y desde la ficción, muchos adultos entenderán por primera vez códigos reales de los más chicos hasta ahora crípticos o directamente desconocidos (Foto: Netflix).

La serie comenzó a gestarse en 2023 en la cabeza del gran actor Stephen Graham ("Boiling Point", "El irlandés", "Peaky Blinders"). Un día vio la noticia: un chico de trece años había apuñalado a una compañera. Poco después, en el otro extremo del país, otro chico había acuchillado hasta la muerte a una chica de su edad. La escena se repetía. En marzo de ese mismo año, el 18% de las causas por tenencias de arma blanca en el Reino Unido tenían por protagonistas a chicos de entre 10 y 17 años. En la última década, los asesinatos de adolescentes con armas blancas crecieron en un 240%.

"Me quedé en shock. Como padre, pensé: ‘¿Qué está pasando? ¿Qué está pasando en la sociedad para que un chico mate a una chica a puñaladas y esto se vuelva habitual? ¿Cuál es la razón? Y luego volvió a ocurrir, y volvió a ocurrir, y volvió a ocurrir. Realmente lo que quería era arrojar luz sobre esto y preguntar: '¿Por qué está ocurriendo esto hoy? ¿Qué está pasando? ¿Cómo llegamos hasta acá?'”, se preguntó Graham.

En un número significativo de estos casos, los investigadores hallaron que el asesino había sido rechazado por la chica o la mujer asesinada. Un patrón similar se había dado en varios casos de matanzas escolares, con chicos frustrados por no ser "populares" y no ser aceptados por las chicas; filas y filas de "patitos feos" sufriendo en soledad, una masa acrítica ideal para terminar radicalizados por adultos violentos, ultraconservadores y fascistas.

Stephen Graham y Christine Tremarco, los padres del protagonista en "Adolescencia". Graham es también el creador de la serie (Foto: Netflix).

Un concepto comenzó a rodar, el de "incel": los célibes involuntarios, los rechazados. De esa frondosa cantera de resentimiento surgen teorías dementes como la del "80 y el 20": según este delirio, el 80% de las mujeres se enamora del 20% de los hombres, lo que determina que el 80% de los hombres no sean deseados y se vean "obligados" a buscar otros recursos para acercarse a ellas. Un futuro tristísimo para un chico de trece años.

La escuela no sabe cómo responder a esta amenaza, tampoco las familias y mucho menos los propios chicos y chicas. Para algunos expertos, aún con los peligros que esto entraña, es tiempo de regular ciertas conductas y también el uso de los celulares por parte de los menores. Lejos de cualquier respuesta institucional o estatal, queda claro que si hay algo indispensable por parte de los adultos es ponerle freno al vértigo de la productividad y el narcisismo para poder, también nosotros, levantar la vista de la pantalla y observar con atención a los chicos. Para observarlos y para acercarnos: vivir con ellos no significa estar ligados de manera expresamente amorosa y atentos a sus necesidades y a su sufrimiento.

Owen Cooper y Erin Doherty, como la psicóloga, en el inolvidable tercer episodio de "Adolescencia" (Foto: Netflix).

La serie, tan perfecta como abrumadora, no da respuestas porque es una tarea imposible: nadie las tiene. Lo que hay, sí, y por primera vez en un producto de alcance masivo, es un diagnóstico: el camino por el que estamos transitando como humanidad solo asegura menos justicia, menos respeto, menos felicidad y más odio, violencia y desenfreno. Aunque hay nombres propios de personas que especulan con el desconocimiento del mundo adulto y se aseguran su cuota de daño sobre nuevas generaciones de varones frágiles y en crisis, no hay forma de señalar culpables plenos y la responsabilidad de este estado de cosas es compartida.

"Jamie no es un simple producto de la llamada 'manosfera'. Es producto de unos padres que no lo vieron, una escuela a la que no le importó y un cerebro que no se lo impidió", dijo Jack Thorne, el guionista de la serie. "Los padres pueden intentar regularlo, las escuelas pueden impedir el acceso a los móviles, pero hay que hacer más. Debería haber apoyo gubernamental porque las ideas que se expresan son peligrosas en las manos equivocadas y los cerebros jóvenes no están preparados para hacerles frente", dijo también.

La sensibilidad de Stephen Graham como el padre del chico acusado de matar a su compañera, encuentra su punto más alto en el capítulo final de la serie (Foto: Netflix).

"Adolescencia" se propuso hacernos ver y escuchar una tragedia colectiva de nuestra era para dar espacio a la discusión pública e incentivar a los Estados e instituciones a tomar medidas para evitar más muertes y más vidas afectadas por la tragedia. Pese a que algunas voces masculinas -generalmente anónimas- intentan minimizar y descalificar la serie en las redes sociales mientras la acusan de incurrir en un exceso de corrección política, el debate ya está instalado. Ahora que ya sabemos lo que pasa y lo que puede pasar, ¿qué hacemos con los chicos?

(Fuente: Infobae)

martes, 18 de febrero de 2025

Cómo sacar a los adolescentes de las redes sociales y llevarlos a las bibliotecas

Tal vez sea más fácil de lo que cree lograr que un adolescente deje de navegar y comience a dirigirse a las bibliotecas y lugares de cultura en general.

(Foto: Wikimedia).

Sabemos que la adicción a las redes sociales es un gran problema, especialmente entre los adolescentes. Con la tecnología desempeñando un papel cada vez más central en nuestras vidas, el problema solo ha empeorado y ahora, innumerables padres están buscando una solución.

Las desventajas de las redes sociales

Si bien no es un secreto que las redes sociales son ampliamente consideradas como algo "negativo para la sociedad" (valga la redundancia), es importante respaldar esas afirmaciones con evidencia más concreta. Para comenzar, veamos lo que los estadounidenses en general tienen para decir. Según el Pew Research Center, aproximadamente el 64% de los estadounidenses cree que las redes sociales han tenido un impacto negativo en la forma en que suceden las cosas hoy, mientras que sólo el 10% siente que han tenido un impacto positivo.

Este impacto negativo se manifiesta de muchas maneras entre los usuarios adolescentes. Algunos de los problemas más comunes son el aumento de las tasas de ansiedad y depresión, dismorfia corporal, problemas de sueño e insomnio y aislamiento social, todos los cuales pueden perjudicar gravemente el crecimiento emocional de un adolescente durante sus años de formación.

Si bien existen muchas maneras de utilizar las redes sociales de manera constructiva, una gran proporción de usuarios están haciendo exactamente lo contrario. Pasar tres o cuatro horas navegando sin rumbo fijo por día simplemente no es saludable ni sostenible, y los efectos de hacerlo ya se están notando en los adolescentes de todo Estados Unidos. Por lo tanto, los jóvenes necesitan pasar menos tiempo en las redes sociales, pero ¿cómo se puede convencerlos de que reduzcan el uso de las redes sociales?

Cómo conseguir que los adolescentes vayan a la biblioteca

Curiosamente, conseguir que los adolescentes vayan a la biblioteca puede ser más fácil de lo que parece a primera vista. Si bien algunos jóvenes disfrutan genuinamente de las redes sociales por lo que son, muchos otros las utilizan simplemente para llenar un vacío. Ya sea que ese vacío sea el aburrimiento, la falta de amigos en el mundo real con los que interactuar o algo completamente distinto, muchos supuestos adictos a las redes sociales sólo las utilizan porque sienten que es su única opción.

Por lo tanto, al presentarles otra opción, aceptarán fácilmente dejar sus teléfonos, sin necesidad de pincharlos, presionarlos, regañarlos o discutirlos.

¿Qué ofrece la biblioteca a los adolescentes?

Por supuesto, para que los adolescentes vaya a la biblioteca es necesario algo más que simplemente "presentarles" la biblioteca. Tendrá que encontrar formas de que interactúe con la comunidad bibliotecaria que capten su interés. Afortunadamente, hay un número ilimitado de formas en las que se puede hacer. Las bibliotecas no son los lugares tranquilos y austeros que se supone que son. Son lugares de reunión a los que cualquiera puede acudir para aprender cosas nuevas, descubrir nuevos pasatiempos y conocer gente nueva.

Si nuestro hijo adolescente es del tipo creativo, por ejemplo, encontrará una comunidad sólida de amigos en la vida real en el espacio de creación de la biblioteca. Estos espacios de creación suelen contener equipos coordinadores de pasatiempos que la mayoría de los adolescentes no podrían conseguir en casa, por lo que le está brindando formas de conocer gente nueva y expandir sus horizontes creativos.

Lo mismo ocurre con los adolescentes que tienen más interés en los juegos de mesa y los juegos de rol. Muchas bibliotecas tienen clubes de juegos de mesa donde los adolescentes pueden encontrar compañeros de juego, formar círculos cerrados y convertir esos círculos en amistades para toda la vida. En última instancia, esto le permitirá reducir el tiempo que pasa en las redes sociales (o incluso dejarlas por completo) mientras pasa más tiempo fuera de casa en su comunidad y mejora su salud mental.

(Fuente: soybibliotecario.blogspot.com)

viernes, 1 de noviembre de 2024

Adolescentes: entre el heroísmo, la violencia y las leyes, el narcisismo en jaque

La adolescencia es un momento de resignificación donde los apoyos externos son fundamentales. Pero en lugar de posibilitar un futuro posible, se amenaza con encarcelarlos como adultos.


(Foto: Freepik).

A pesar de que hay muchas adolescencias, en ningún caso un adolescente es un adulto. Todo adolescente está regido por pasiones, terrores y lógicas diferentes a las de los adultos y a las de los niños y confundir las lógicas, las reacciones y funcionamientos de los adolescentes con los de los adultos nos lleva por un camino complicado, de negación de diferencias. Es un modo de ataque a las y los adolescentes desconocer el momento vital por el que están pasando.

Estamos frente a un problema muy grave: muchos adolescentes se suicidan y otros se autolesionan de diferentes modos, pero en lugar de que el mundo adulto piense salidas para esto, lo que se está haciendo es plantear que el problema es la delincuencia juvenil.

En lugar de posibilitarles a los adolescentes salidas vitales, creativas y un futuro posible, se amenaza con encarcelarlos cual si fueran adultos.

La adolescencia es un momento de resignificación en el que los apoyos externos pasan a ser fundamentales. Es el mundo el que tiene que ayudar a sostener el narcisismo en jaque.

Esto hace pensar que el modo en que transiten la adolescencia dependerá en gran medida de que encuentren esos reaseguros en el mundo externo y a la vez que el contexto les ofrezca un espacio de sostén y despliegue de posibilidades. Escuela, club, grupo de amigos son los sostenes narcisistas imprescindibles.

Sabemos que lo más insoportable para un niño es no ser mirado ni atendido. Para un adolescente, el ser "ninguneado" socialmente lo deja en un lugar insufrible.

Entre el intento de un pensamiento autónomo y la adhesión incondicional a las certezas del grupo de pares, entre las sensaciones de impotencia frente a su propio cuerpo y el mundo y la omnipotencia absoluta, entre la representación de la propia muerte y su desmentida, el adolescente va andando un camino lleno de obstáculos. Y para poder ir encontrando respuestas debe apelar a la fantasía, al arte, a la escritura, a poner en juego sus posibilidades creativas. Éstas ocupan el lugar que el juego tiene en el niño, un lugar de elaboración y de apertura de nuevos trayectos.

Entonces, la realidad socio-cultural es determinante en los avatares de la adolescencia, que quizás sea la época de la vida en la que el contexto social tenga más importancia.

Si él y su familia están regidos por urgencias del orden de la necesidad y no hay lugar para el armado de deseos, si los apremios de la vida son tales que anulan posibilidades de soñar, ¿cómo armar esa capacidad de "ensoñamiento", de fantasía imprescindible para el devenir adolescente? Si los padres son considerados "deshechos" o pura fuerza de trabajo, sin lugar de reconocimiento alguno, si la propia imagen está desvalorizada, no van a ser figuras con las que se pueda pelear, a las que se intente destronar, porque ya están caídos. Por ende, esos adolescentes se enfrentan al doble problema de no poder armar sueños y tener que sostener a padres que no tienen un lugar en el mundo.

En lugar de proyectos que apunten a la felicidad en un tiempo futuro pero cercano, lo que permitiría abrir recorridos deseantes, predomina la búsqueda de un placer inmediato, en tanto no se visualiza un placer futuro. Es decir, si no hay esperanzas, ¿por qué no buscar la satisfacción inmediata?

Ésto, que lo tenemos generalmente claro con todos los adolescentes, parecería confundirse cuando se supone que hay adolescentes (los de las clases acomodadas) y "menores" para los que no se suponen ninguna de estas lógicas. Es decir, son sujetos a los que no se les reconoce su identidad como personas en transformación, en un recorrido de búsquedas y desencuentros. Se los piensa ya definidos para siempre y se los estigmatiza.

Una de las cuestiones que caracterizan al contexto actual es la cosificación del consumo. Y a la vez la urgencia, no hay tiempo de espera sino que todo tiene que ser inmediato. Se suprime la idea de futuro diferente y todo se da en un "ya, ahora". ¿No se dificulta el sostenimiento de deseos y se promueve la impulsividad con estos valores?

A la vez, tal como dijo Joyce Mac Dougall, se han creado "neonecesidades" que revelan la confusión entre la necesidad y el deseo, y que suponen una denigración del deseo mismo. Tener el mejor celular no es ya un deseo sino que aparece como necesidad y hace al ser. Esto crea una confusión importante, porque las señales de pertenencia de esta sociedad se ligan al consumo de determinados objetos.

También está el tema de la visibilidad. Si para todo adolescente es muy difícil tolerar no ser visto, hay chicos que no han sido nunca registrados como tales. Y quitarles derechos y culpabilizarlos por lo que todos generamos es una violencia social extrema.

Marcelo Viñar dice: "Prodigar y aplaudir ciertas condiciones de riesgo auto y heteroagresivas es propio de esta edad y en un mundo que prodiga el espectáculo y la exhibición, se juntan el festín y las ganas de comer".

Entonces, la cosificación del consumo, más la búsqueda del riesgo, tan habitual en la adolescencia, ligados a la omnipotencia propia de la edad ("a mí no me va a pasar nada"), dan un resultado que puede resultar trágico. Generalmente, el ideal de un adolescente es ser el héroe, el que transgrede, el que arriesga todo a cada instante.

Es por eso que no son mayores castigos los que pueden modificar la conducta de un adolescente. Es más, a veces cuanto mayor sea el peligro, más se puede trasgredir, en tanto eso lo ubica como héroe, como aquel que se anima a realizar la tarea que los otros no realizan. Afrontar riesgos suele ser convocante en la adolescencia, hacer lo que otros temen y desafiar los obstáculos puede ser un incentivo para realizar una acción.

También, muchos chicos sienten que tienen que reivindicar a los padres, a los que viven pasivizados o sumisos frente a la violencia del medio. Usar la violencia sería en esos casos un modo de salvarse pero también de salvar a sus padres y al grupo, a la vez que se posicionan como líderes.

Lo único que permite que un adolescente transite esta etapa sin que las conductas autodestructivas prevalezcan es que haya podido armar un proyecto y que éste sea viable.

Podemos afirmar que, si no hay posibilidades de construir proyectos, si se les cierran todas las puertas, si no hay ilusiones, si todo queda reducido al aquí y ahora, la única salida es la violencia.

El castigo solo podría incrementar el riesgo. Y el riesgo es lo que el adolescente busca, lo que transforma un hecho banal en un acto heroico.

Hoy vemos que los adolescentes que no tienen contención ni esperanza ni buenas posibilidades educativas, a los que se les han vedado todos los caminos que les permitirían sentirse sujetos deseantes, son rápidamente culpabilizados. Si un adolescente tiene que elegir entre ser toda la vida un simple eslabón de una máquina, si tiene que elegir entre ser explotado para beneficio de otros o realizar un acto violento de apropiación del mundo, es posible que elija esto último. Pero eso es una responsabilidad de la sociedad, no de los adolescentes ni de sus familias.

La única salida es prevenir los actos "fuera de la ley" creando espacios en que haya posibilidades de soñar y concretar un futuro. Que puedan armar proyectos realizables, en tanto la sociedad les dé las condiciones de su realización y que vayan construyendo futuro es lo que puede abrir un panorama diferente.

(Fuente: Página 12 / Beatriz Janín)