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viernes, 14 de agosto de 2026

Veamos las características de la inteligencia del elefante, uno de los animales más fascinantes

Los humanos vivimos en una sociedad antropocentrista, en la que generalmente nos creemos superiores al resto de seres vivos, debido a características intrínsecas de nuestra especie, como lo son la inteligencia y la capacidad de comunicación.

(Foto: revista Psicología y mente)

Sin embargo, conforme avanza la etología, la ciencia centrada en el comportamiento de todas las especies animales, más nos podemos dar cuenta de que estas habilidades no son exclusivas del ser humano. Especies como los cetáceos, ciertas aves y primates muestran rasgos inteligentes y formas propias de cultura y costumbres.

Destacan también los elefantes, uno de los animales más inteligentes del planeta Tierra. Este artículo se centra en ellos, señalando un descubrimiento muy reciente y otras muestras de inteligencia de los elefantes.

Así es la inteligencia de los elefantes

Recientemente se ha publicado un artículo científico en el que exponen evidencias de que los elefantes africanos usan nombres para llamarse los unos a los otros. Para realizar esta investigación, se analizaron 469 vocalizaciones de hembras y crías de elefantes africanos salvajes, habitantes de reservas naturales de Kenia entre 1986 y 2022.

En el estudio se distinguió diferentes vocalizaciones para llamar a distintos elefantes, es decir, cada elefante es llamado/a de una forma concreta. Este análisis se realizó mediante un modelo de aprendizaje automático (o machine learning), el cual hizo esta identificación a partir de la estructura acústica de cada llamada, a pesar de las similitudes entre ellas, capacidad que no tenemos los humanos de forma natural.

Gracias a este sistema inteligente, se pudo predecir cuál era el elefante receptor de cada llamada. Al mismo tiempo, los autores compararon las diferencias entre las reacciones de 17 elefantes salvajes al oír las vocalizaciones que se habían identificado como su nombre y las reacciones de estos mismos al oír una llamada a otro elefante.

De esta manera, se descubrió que los elefantes se acercaban más rápido a los altavoces y respondían más veces y con más fuerza a las llamadas dirigidas a ellos. Asimismo, se pudo observar que las elefantes adultas utilizan más los nombres de las crías, de lo que se puede intuir que requiere madurez este aprendizaje.

Los elefantes son más inteligentes de lo que se pensaba: también realizan rituales funerarios

Conclusiones del estudio

Se piensa que estos sonidos simbólicos surgieron por la naturaleza social de los elefantes (así como ocurrió con otras especies animales, entre ellas nosotros mismos) y la necesidad de comunicarse entre ellos a distancia. Es decir, permiten llamarse los unos a los otros y que puedan acudir y responder a la llamada.

Asimismo, se ha hipotetizado sobre una función añadida de estrechar vínculos sociales entre los elefantes. No obstante, aún queda mucho por explorar en este ámbito, ya que esta investigación es muy novedosa, es la primera que investiga este aspecto y ha dejado más preguntas que respuestas.

Por ejemplo, no se sabe toda la información que contienen las vocalizaciones ni si todos los elefantes de una misma familia utilizan el mismo nombre para referirse a un mismo individuo o si cada elefante tiene más de un nombre. ¿Y el resto de poblaciones de elefantes también utilizan nombres?

Lo que sí se puede concluir es que estos hallazgos pueden ayudar a entender nuestra propia evolución del lenguaje y las formas de comunicación de otras especies. Sin embargo, la investigación no está exenta de críticas. Hay quien piensa que inferir que esas vocalizaciones son nombres es un tanto precipitado o demasiado generoso, a pesar de que otros animales no humanos también usan sonidos a modo de nombres.

Los elefantes no son los únicos animales no humanos que lo hacen, pero sí que son los que utilizan una forma más similar, junto con algunos primates. Algunas especies de loros y delfines también se refieren los unos a los otros por un nombre, pero digamos que este nombre se lo pone cada individuo a sí mismo.

Cuando se comunican con otros de su especie, estos loros y delfines emiten un sonido concreto, a modo de firma o sello identificativo, que sirve para anunciarse a sí mismos y que los demás puedan identificarlos. Esa firma es la que les sirve de nombre, la cual imitan y utilizan el resto de su especie para llamarlos.

Los elefantes, en cambio, utilizan sonidos que no son producto de una imitación del individuo, sino que son arbitrarios. Los investigadores de este estudio creen que estos sonidos son nombres icónicos, que se crean para representar al individuo simbólicamente.

Otras muestras de inteligencia de los elefantes

Aun siendo recientes estos hallazgos, ya se sabía de antes que los elefantes son seres muy inteligentes y con múltiples habilidades cognitivas complejas. Por ejemplo, su legendaria memoria, incluso a largo plazo: pueden memorizar la ubicación de fuentes de alimento y agua, así como rutas de migración que no han recorrido desde hace años y son complejas.

De la misma manera, son capaces de utilizar herramientas, como ramas u otros objetos para espantar moscas, rascarse en partes del cuerpo a las que no llegan o alcanzar comidas. Estas habilidades demuestran su capacidad para comprender las relaciones causa y efecto. Esto también se ve reflejado en otras conductas de los elefantes, como utilizar el barro para protegerse del sol.

Es más, se han realizado directamente experimentos con elefantes en los que muestran que saben manipular sistemas para obtener recompensas. Y hablando de experimentos, en uno de ellos se descubrió que los elefantes son capaces de reconocerse a sí mismos en un espejo, evidenciando que tienen capacidad de autoconciencia y un sentido del yo.

Inteligencia emocional

Los elefantes no solo son inteligentes a nivel cognitivo, sino también a nivel emocional. Son capaces de mostrar emociones, así como identificar, entender y responder a las de otros elefantes de su familia. Por lo tanto, tienen además capacidad empática.

Asimismo, cuando un elefante es herido o se pone enfermo el resto de su grupo intenta ayudarles físicamente o, como poco, se quedan a su lado como apoyo. Estos comportamientos, además de ayudar a fomentar la cohesión social, favorecen la supervivencia de la familia.

Entre sus emociones y comportamientos complejos, se ha observado el duelo. Cuando un individuo fallece, el resto de elefantes muestran reconocimiento de la situación y dolor, a través de comportamientos como acariciar suavemente al fallecido con la trompa, quedarse a su lado durante largo tiempo y hacer sonidos suaves, como lamentos.

Incluso a veces lo trasladan hasta un punto concreto y lo cubren de tierra o de follaje, lugar donde siguen lamentándose. Esto puede dar la imagen de que le están dando sepultura, como si tuvieran un ritual de entierro.

Estructura social y cultura

Los elefantes son seres muy sociales, ya que viven en familia, como los humanos. En concreto, tienen una jerarquía social matriarcal, en la que las hembras más mayores son las más respetadas, siendo la mayor de todas la matriarca.

Las matriarcas son las encargadas de tomar decisiones en cuanto a la supervivencia del grupo. Por ejemplo, son las que dirigen a la manada en sus migraciones, y en las búsquedas de agua y alimentos cuando hay escasez.

Asimismo, las hembras son las encargadas de transmitir los conocimientos, habilidades, recursos y estrategias de supervivencia de generación en generación, de manera que transmiten la cultura por aprendizaje social. En el proceso, además, suelen mostrar paciencia a la hora de cuidar a las crías y enseñarles.

Estos pequeños se dedican a jugar entre ellos y con los adultos, imitándolos, lo que les permite aprender a sobrevivir mientras se lo pasan bien. La amplitud de comportamientos sociales también engloban los ya mencionados, como cuidar los unos a los otros, el duelo y la comunicación. Cuanto más se sabe de ellos, más claro está lo inteligentes que son.

(Fuente: Lucía Gómez. (2024, junio 17). La Inteligencia de los Elefantes. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/inteligencia/inteligencia-de-elefantes)

jueves, 18 de septiembre de 2025

Nuestros amigos peludos: así impacta en nuestro cerebro tener un gato como mascota

Los gatos suelen tener fama de independientes, pero las últimas investigaciones sugieren que compartimos una conexión única con ellos, impulsada por la química cerebral. La principal sustancia implicada es la oxitocina, apodada como la "hormona del amor". 

(Foto: Shutterstock).

Es el mismo compuesto neuroquímico que se libera cuando una madre acuna a su bebé o cuando los amigos se abrazan, fomentando la confianza y el afecto. Y ahora los estudios demuestran que este neurotransmisor también es importante para el vínculo entre gatos y humanos.

La oxitocina fomenta la confianza y la calma

La oxitocina desempeña un papel fundamental en los vínculos sociales, la confianza y la regulación del estrés en muchos animales, incluidos los seres humanos. Un experimento de 2005 demostró que hacía que los voluntarios humanos estuvieran mucho más dispuestos a confiar en los demás.

También tiene efectos calmantes en humanos y animales, ya que suprime la hormona del estrés cortisol y activa el sistema nervioso parasimpático (el sistema de descanso y digestión) para ayudar al cuerpo a relajarse.

Los científicos saben desde hace tiempo que las interacciones amistosas desencadenan la liberación de oxitocina tanto en los perros como en sus dueños, creando un círculo virtuoso de vinculación. Sin embargo, hasta hace poco no se sabía mucho sobre su efecto en los gatos.

Los efectos de acariciar un gato que ronronea

Los gatos son más sutiles a la hora de mostrar afecto. Sin embargo, sus dueños suelen referir los mismos sentimientos cálidos de compañía y alivio del estrés que los dueños de perros, y los estudios respaldan cada vez más estos testimonios. Investigadores de Japón, por ejemplo, informaron en 2021 de que las breves sesiones de caricias con sus gatos aumentaban los niveles de oxitocina en muchos propietarios.

En ese estudio, las mujeres interactuaron con sus mascotas durante unos minutos mientras los científicos medían los niveles hormonales de los propietarios. Los resultados sugirieron que el contacto amistoso (acariciar al gato, hablarle en un tono suave) estaba relacionado con un aumento de la oxitocina en la saliva de los humanos, en comparación con un período de descanso tranquilo sin su gato.

Muchas personas encuentran relajante acariciar a un felino que ronronea, y las investigaciones indican que no es sólo por su suave pelaje. El acto de acariciar e incluso el sonido del ronroneo pueden desencadenar la liberación de oxitocina en nuestro cerebro. Un estudio de 2002 descubrió que esta descarga provocada por el contacto suave con un gato ayuda, como antes mencionamos, a reducir el cortisol (nuestra hormona del estrés), lo que a su vez puede reducir la presión arterial e incluso el dolor.

¿Cuándo se libera la oxitocina entre gatos y humanos?

Las investigaciones están identificando momentos específicos que provocan la liberación de esta hormona en nuestra amistad entre especies. El contacto físico suave parece ser un desencadenante principal para los gatos.

Un estudio de febrero de 2025 descubrió que cuando los dueños acariciaban, abrazaban o mecían a sus gatos de forma relajada, la oxitocina de los dueños tendía a aumentar, al igual que la de los gatos, siempre que la interacción no fuera forzada para el animal.

Los investigadores monitorizaron los niveles de la hormona en los gatos durante 15 minutos de juego y mimos en casa con su dueño. Los felinos con un vínculo seguro que iniciaban el contacto, por ejemplo, sentándose en el regazo o empujando con el hocico, mostraban un aumento de oxitocina. Cuanto más tiempo pasaban cerca de sus humanos, mayor era el aumento. 

(Foto: Shutterstock).

¿Qué ocurre con los felinos menos cariñosos? El mismo estudio observó patrones diferentes en gatos con estilos de apego más ansiosos o distantes. Los ejemplares evasivos (los que mantenían la distancia) no mostraron cambios significativos en la oxitocina, mientras que los ansiosos (que buscaban constantemente a su dueño, pero se sentían fácilmente abrumados al ser manipulados) tenían niveles altos de oxitocina desde el principio.

Se descubrió que la oxitocina de los gatos evasivos y ansiosos descendía tras un abrazo forzado. Cuando las interacciones respetan la comodidad del animal, la hormona del vínculo fluye, pero cuando un gato se siente acorralado, es esquiva.

Quizás los humanos podrían aprender algo de sus amigos felinos sobre cómo gestionar los estilos de apego. La clave para crear un vínculo con un gato es comprender cómo se comunican.

A diferencia de los perros, los gatos no dependen del contacto visual prolongado para crear vínculos. En su lugar, utilizan señales más sutiles. La más conocida es el parpadeo lento, una sonrisa felina que transmite seguridad y confianza.

El ronroneo también desempeña un papel importante en la creación de conexiones con las personas. El ronroneo grave no sólo se ha relacionado con la curación de los propios gatos, sino también con efectos calmantes en los seres humanos. Escuchar ese peculiar sonido puede reducir la frecuencia cardíaca y la presión arterial, y la oxitocina media estos beneficios.

La compañía de un gato, reforzada por todos esos pequeños aumentos de oxitocina de las interacciones diarias, puede servir como amortiguador contra la ansiedad y la depresión, en algunos casos proporcionando un consuelo equiparable al apoyo social humano.

¿Son los gatos menos cariñosos que los perros?

Es cierto que los estudios suelen encontrar respuestas más fuertes de oxitocina en las interacciones entre perros y humanos. En un experimento muy comentado de 2016, los científicos midieron la oxitocina en mascotas y propietarios antes y después de diez minutos de juego. Los perros mostraron un aumento medio del 57 % en los niveles de oxitocina después del juego, mientras que los gatos mostraron un aumento de alrededor del 12 %.

En los seres humanos, los niveles de oxitocina aumentan durante las interacciones sociales significativas. Los estudios demuestran que el contacto con un ser querido produce respuestas de oxitocina más fuertes que el contacto con extraños. Por lo tanto, el saludo alegre de un perro es similar a la emoción que se siente al ver a un hijo o a la pareja.

Los perros, al ser animales de manada domesticados para la compañía constante de los humanos, están casi programados para buscar el contacto visual, las caricias y la aprobación de las personas, un comportamiento que estimula la liberación de oxitocina en ambas partes. Los gatos, sin embargo, evolucionaron a partir de cazadores solitarios que no necesitaban gestos sociales evidentes para sobrevivir. Por lo tanto, es posible que no muestren un comportamiento impulsado por la oxitocina con tanta facilidad o consistencia. En cambio, los gatos pueden reservar su comportamiento de liberación de esa hormona para cuando se sienten realmente seguros.

La confianza de un gato no es automática, hay que ganársela. Pero una vez concedida, se refuerza con la misma sustancia química que une a los padres, parejas y amigos humanos.

Así que, la próxima vez que nuestro gato nos mire desde el otro lado del sofá o se suba a nuestro regazo para acurrucarse y ronronear, tengamos en cuenta que también está ocurriendo algo invisible: la oxitocina está aumentando en ambos cerebros, profundizando la confianza y aliviando el estrés de la vida cotidiana. Los gatos, a su manera, han aprovechado la antigua biología del amor.

(Fuente: The Conversation)

miércoles, 23 de julio de 2025

Perros que miran la TV: lo que revela el zapping sobre su cerebro

La ciencia explica por qué el comportamiento frente a la pantalla puede exponer ansiedad, deterioro mental o carencias emocionales en los animales. Aquí, la voz de una especialista.

¿Qué ven los perros cuando miran TV? (Foto: iStockphoto).

En el sillón hay un perro. En la pantalla, un gato trepa una cortina. El perro no ladra, no salta, no se inmuta. Mira. Con esa fijeza que a veces da miedo. Como si entendiera. Como si no hubiese una pantalla, sino una ventana. Como si el gato estuviera ahí. En su territorio. El humano de la casa lo filma y lo sube a Instagram. “¡Mirá cómo se engancha con los dibujitos!” Diez mil "likes", dos mil corazones, una catarata de comentarios. Lo que nadie comenta es que ese momento, aparentemente superficial, tiene una dimensión científica.

Un trabajo, publicado en Scientific Reports, representa el primer paso de una línea de investigación que pone el ojo -literalmente- en lo que miran los perros cuando ven televisión.

Silvia Vai es veterinaria y etóloga clínica. Hace años que escucha la misma historia, repetida en consultorios de toda Argentina. Perros que gruñen a la tele, que se le tiran encima, que se quedan mirando en silencio. Lo dice sin vueltas: “Observar a un perro frente al televisor puede ser una forma nueva de conocerlo. No como entretenimiento, sino como escucha. Porque los perros, muchas veces, hablan con el cuerpo. Solo hay que saber leerlos”.

La pregunta parece salida de una sobremesa con anécdotas y tutores obsesionados: ¿qué ven los perros cuando miran la tele? ¿La entienden? ¿La procesan? ¿O sólo reaccionan a luces y sonidos? En el estudio consultado, los científicos de la Universidad de Auburn, Alabama, decidieron responderlo. Recolectaron datos de más de 1200 perros reales, en casas reales, con televisores reales. Les preguntaron a sus tutores: ¿ladra cuando aparece un animal? ¿Sigue el movimiento con la cabeza? ¿Se queda quieto? ¿Pierde interés en segundos? ¿Aguanta más que vos frente a un documental?

Y cruzaron todo eso con el C-BARQ, un cuestionario conductual que evalúa ansiedad, excitabilidad, miedos, fobias y tolerancia a ruidos. ¿El resultado? Lapidario: los perros no sólo ven televisión, sino que también la interpretan. De hecho, su forma de mirar dice mucho más de lo que parece.

La pantalla como espejo

Los datos mostraron que los perros más atentos a la televisión comparten ciertos rasgos emocionales: son más sensibles, más reactivos, más ansiosos. “La conducta frente al televisor no es anecdótica. Es un comportamiento complejo, que refleja procesos cognitivos y sensoriales”, dice el estudio. Y va más allá: ese comportamiento puede cambiar con la edad o el estado del animal, lo que abre una posibilidad inquietante: usar el televisor para monitorear su salud mental.

Vai lo ve todo el tiempo. “Muchos tutores me cuentan que sus perros miran la tele. Algunos ladran, otros se asustan. No es casual. Tiene que ver con el entorno, la edad, la historia emocional del animal”.

En perros que viven encerrados, la tele es una ventana. En los que salen seguido, no tanto. Los jóvenes miran más: reaccionan a los sonidos, se enganchan con el movimiento. Y sí, algunas razas -más activas, más exploradoras- son presa fácil de la televisión: ven un perro correr, un chico saltar, y se lanzan sobre la pantalla como si fuera un parque. “Incluso hay perros que se enganchan con los dibujos animados donde aparece otro perro. Creo que pueden leer gestos, aunque sea un dibujo. Perciben lo gestual, lo no verbal. Algo que les resulta familiar”, explica la especialista.

Pero no todo es tierno: algunos gruñen, ladran o embisten el televisor; otros se asustan con partidos de fútbol, asocian el grito del gol con el miedo. Hay perros que se excitan tanto que giran sobre sí mismos, se persiguen el rabo, gimen o tiemblan. Eso no es gracioso, sino que constituye un síntoma. “El comportamiento frente a la TV puede ser una señal de alerta. Si hay reacciones desmedidas, si cambia el interés, si hay miedo a sonidos o movimientos, hay que consultar a un veterinario especializado en etología clínica”, advierte Vai.

Diagnóstico con control remoto

Siguiendo esta línea, el trabajo consultado también revela algo más sutil: la televisión podría ser un termómetro emocional. Un perro que antes se enganchaba y ahora no, quizá no está madurando. Quizá está perdiendo capacidades sensoriales, como la vista o el oído. Tal vez, incluso, empieza a envejecer sin que nadie lo note. “He visto perros que dejaron de mirar la tele y, tiempo después, presentaron otros signos de deterioro cognitivo”, confirma la especialista. El televisor no es un instrumento médico, pero puede funcionar como una señal temprana.

¿Moraleja? La próxima vez que su perro se quede hipnotizado frente al televisor, no lo grabe para Instagram. No lo subestime. Siéntese a su lado, mire con él y pregúntese, en serio, qué está viendo su perro que usted no ve. Porque, tal vez, mientras algunos hacen zapping para tapar el vacío, ellos están intentando entender el mundo. Sin palabras. Con el hocico quieto y los ojos abiertos, como si dentro de esa pantalla hubiera algo suyo. Algo importante. Y lo hay.

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ)

lunes, 28 de abril de 2025

Entre perros y gatos: las claves científicas que ayudan a comprender el lenguaje de las mascotas

¿Cómo descifrar el abanico de expresiones corporales que poseen nuestros animales domésticos para comunicarse? La etología desde la mirada de una especialista.

Perros y gatos se comunican con posturas, con gestos de la cara y con las feromonas de organización territorial y de apaciguamiento que deposita en el ambiente (Foto: El Confidencial).

Suele pensarse que los perros y los gatos se comunican con su especie y con el resto de los mortales a través de los ladridos y maullidos. Sin embargo, es mucho más que eso: su lenguaje de comunicación gestual y corporal -más complejo que el del ser humano- habla por sí solo. Comprender este tipo de "comunicación silenciosa" puede ayudar a evitar problemas de comportamientos en las distintas especies.

"Cada especie tiene sus propias capacidades y sus respuestas de comportamiento no son iguales a las humanas. Por eso es importante ayudar  a los dueños a comprender el lenguaje de sus mascotas y evitar comportamientos indeseados", asegura Silvia Vai, veterinaria especialista en medicina comportamental y miembro de la Asociación de Etología Clínica Veterinaria Argentina (Aecva).

En los últimos años, sobre todo en tiempos de pandemia, la cercanía con las mascotas llevó casi forzosamente a humanizarlos: están tan integrados en la vida humana que muchas veces se cree que su personalidad y sus emociones son perfectamente asimilables a las humanas. Pero nada más lejos de la realidad. "Cuando los animales no obedecen, la gran mayoría de las veces es porque no nos entienden, ya que con el cuerpo les decimos algo y con las palabras les decimos otras cosas", explica Vai.

En esa línea, desde la etología, se brindan algunas claves clínicas para comprender lo que los animales quieren expresar. "Lo primero que se mira es cómo se comunica la especie y cuál es su repertorio comportamental para después, si tenemos un problema de conducta, poder enseñarle al propietario a leer ese mensaje y poder comunicarse de manera adecuada con el individuo".

Más allá del guau y del miau

¿Se puede realmente llegar a descifrar qué significa cada gesto, cada posición, cada maullido o ladrido? En los perros y en los gatos, las orejas, la cola, la boca, los ojos o los bigotes transmiten información y demuestran situaciones que les crean dudas, insatisfacción, o al contrario, felicidad.

En ese sentido, la especialista dice que a pesar de ser ambos animales domésticos, hay una diferencia entre ellos: "El perro es un animal social, por lo tanto, sus señales de comunicación tienden a comunicarse con el otro porque es una especie que vive en grupo. En el caso del gato, que es una especie territorial, muchas de sus señales de comunicación están orientadas a la organización del territorio".

El lenguaje canino tiene algunas señales que se pueden interpretar de manera más o menos exacta. Entre ellas, el ladrido. Pero los perros son increíblemente expresivos cuando se trata de sus cuerpos, aunque todas sus partes no son igualmente importantes. La cabeza, la frente, el hocico y la boca transmiten muchas señales. Otras proceden de la postura general, del pelo, de las patas y de la cola. Por ejemplo, si su cola está escondida con su cuerpo bajo, nariz arrugada, orejas hacía atrás y labios ligeramente arqueados, es signo seguro de que necesita espacio.

Pero si su cola está hacia abajo y relajada con sus orejas hacia arriba, cabeza en alto, boca abierta (mostrando un poco la lengua) y postura suelta, está muy relajado.  Es decir, la cola es como una "bandera de señales": un perro asustado la esconde entre las piernas. Uno amistoso o dominante la pone bien en alto. Y cuando un perro menea la cola, lo normal es interpretarlo como signo de simpatía, aunque en muchas ocasiones realmente es de confusión.

¿Qué pasa con los gatos?

Estas normas cambian radicalmente cuando se trata de felinos. Erróneamente, muchas veces se tiende a tratar a los gatos como si fueran "perros pequeños". Pero son animales completamente diferentes. El perro es un animal social y jerarquizado, que sigue al líder de la manada. En este caso, su dueño. Por eso se lo puede retar o dar órdenes. Pero el gato no es jerárquico, y no se le puede retar: es una auténtica máquina de cazar y es muy territorial. Esto influye en su sistema de comunicación.

"En los gatos, las pupilas son muy importantes. A través de ellas manifiestan miedo o confianza. Unas pupilas muy dilatadas expresan excitación, alerta, enfado". Los párpados son importantes también: ojos medio cerrados son signo de calma y placer, ojos muy abiertos son todo lo contrario. Y, por supuesto, los bigotes también nos dan algunas pistas: si se abren grandes y tensos hacia atrás, el gato está agresivo, en posición de caza. Si por el contrario caen hacia abajo o hacia delante, el gato está feliz.

Pero es en los movimientos de la cola donde más se diferencian los perros: "Si el gato menea la cola de un lado a otro de forma enérgica, sobre todo cuando le acariciamos, significa que se está enfadando: lo mejor es dejarle tranquilo; al contrario que los perros, que manifiestan felicidad con el mismo gesto", advierte la etóloga.

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ)