viernes, 27 de junio de 2025

Cuando el psicólogo es una IA: ¿puede un bot ayudar a tratar la salud mental?

Investigadores de la Universidad Nacional de San Luis entrenaron a asistentes virtuales para atender casos de consumos problemáticos. Si bien hubo escucha activa y respuestas técnicas, los bots subestimaron signos de riesgo para la salud del paciente.

(Foto: Shutterstock).

Durante el último tiempo creció significativamente el uso de los therapy bots, es decir, robots creados con Inteligencia Artificial (IA) con fines psicoterapéuticos. Sin embargo, según diversos estudios, estos bots pueden ayudar a mitigar los síntomas psicológicos de un cuadro, como la depresión, en un corto plazo, pero no logran revertir los trastornos de los usuarios de manera definitiva.

En Argentina, los doctores María Paz Hauser y Horacio Daniel García, de la Universidad Nacional de San Luis, (UNSL) realizaron una investigación donde entrenaron a distintos asistentes virtuales con varios enfoques teóricos, como el psicoanálisis, para interactuar con casos simulados de trastornos por consumo problemático. Si bien estas herramientas se mostraron con capacidad de escucha activa, coherencia y respuestas técnicas, también subestimaron signos e indicadores de riesgo para la salud del paciente.

“Muchas personas utilizan las redes como el único espacio donde, de alguna manera, expresan o muestran signos de su padecimiento. Entonces, el sistema digital debería contar con recursos para lograr identificar, en principio, situaciones de alarma en materia de salud mental y poder actuar de manera preventiva. Una de las propuestas que aparece cada vez más es la del chatbot terapéutico”, manifiesta María Paz Hauser, doctora en Psicología.

Frente a este escenario, Hauser y el doctor García llevaron adelante la investigación Adicciones en la era digital. Para ello, entrenaron varios asistentes virtuales con enfoques teóricos diferentes, como el psicoanálisis y el Modelo Cognitivo Integrativo, para que interactúen con casos simulados de trastornos por consumo problemático, como cannabis, cocaína, alcohol o juego patológico. Los seis casos fueron simulados para no exponer a pacientes con problemas reales a dialogar con un chatbot.

“Evaluamos la capacidad de interacción, intervención y pertinencia de las respuestas de cada asistente virtual. Los resultados mostraron un desempeño satisfactorio en habilidades de interacción como escucha activa, capacidad empática, ajuste ético y capacidad analítica. Sin embargo, éstas eran limitadas con respecto a la necesidad real presentada por los casos. A su vez, demostraban cierta subestimación de signos e indicadores de riesgo”, explica Hauser.

Por ejemplo, según cuenta la especialista, ante una situación de urgencia e incluso de riesgo de vida, como ideas suicidas, el chatbot se limitaba a advertir al individuo la necesidad de buscar ayuda profesional. No contaba con habilidades de contención necesarias para una situación de crisis que garanticen la integridad psicofísica de la persona.

La oferta de bots para realizar terapia en el mundo es amplia y poco regulada. Por ejemplo, existen chatbots conversacionales, como Replika, que utilizan modelos extensos de lenguaje para dar lugar a interacciones aparentemente humanas. Mientras tanto, también están aquellos especializados en salud mental, como Wysa, cuyo uso es aconsejado por el sistema público de salud del Reino Unido.

Con más de 6 millones de usuarios, esta herramienta escucha y responde a los pensamientos y emociones del usuario, a la vez que recomienda habilidades y técnicas que pueden ser útiles para la dificultad específica que esté experimentando. Sus técnicas están basadas en la terapia cognitivo-conductual, sus respuestas se generan con IA y ofrecen un servicio pago de coaching llevado adelante por humanos. 

“En conclusión, observamos que los asistentes virtuales tienen potencial como herramientas complementarias en el tratamiento de problemáticas de consumo, pero de ninguna manera pueden sustituir ni ser el único recurso de intervención. A diferencia del chatbot, un terapeuta humano entrenado evalúa un amplio abanico de estrategias preventivas y de intervención en consideración de la persona concreta que tiene enfrente, y no da propuestas genéricas como puede ofrecerlas un asistente virtual”, detalla Hauser.

El mercado siempre por detrás

A pesar de las dudas que pueda generar la aparición de bots que simulan ser terapeutas, es cierto que pueden ser una vía hacia el cuidado de la salud mental en un contexto donde ésto no es muy accesible, aunque sea como un recurso de complementación. En la actualidad, en el sistema privado, el precio de una sesión individual con un psicólogo ronda entre los 20 y 30 mil pesos. Mientras que, en el sistema público las entrevistas de admisión de pacientes suelen demorar bastante tiempo por lo que muchos deciden no tenerlo como opción.

En ese marco, los chatbots representan una alternativa de descarga simple y gratuita, aunque el mercado está siempre por detrás. Por ejemplo, en el caso de Wysa, si bien su atención es gratuita, el servicio para tratar eventualmente con un ser humano es premium y, por ende, tiene un costo adicional. Como si se tratara de un capítulo de una serie de ciencia ficción, la salud queda al servicio de los intereses del mercado.

(Fuente: Agencia de Noticias Científicas / UNQ)

Con donación de libros, las bibliotecas de Bahía Blanca comienzan su largo proceso de recuperación

Las bibliotecas populares perdieron gran parte de sus colecciones durante las inundaciones de marzo. Organizaciones culturales como la Fundación El Libro y FILBA lideran campañas de donación. 

La campaña Libros para Bahía Blanca, a cargo del FILBA, busca restaurar el acervo de las bibliotecas tras la inundación de marzo (Foto: Freepik).

La Fundación Filba lanzó la campaña Libros para Bahía Blanca con un mensaje dirigido a la comunidad: “Las bibliotecas de Bahía Blanca perdieron, tras la inundación de marzo, gran parte de sus catálogos. Libro a libro podemos repoblar las bibliotecas, pero necesitamos tu ayuda”, mientras la Fundación El Libro, junto con la CoNaBiP, enviaron alrededor de 8.000 libros de los más diversos géneros.

La campaña apela a la donación de libros estimados, que estén en buen estado, para darles una nueva vida y colaborar en la restauración del acervo de las bibliotecas de la ciudad bonaerense afectada por el temporal de marzo. Hasta el 21 de julio, se podrán entregar ejemplares en la librería Eterna Cadencia -Honduras 5582, CABA- de 10:00 a 2:00. Desde la organización señalan: “Esta es una campaña abierta, todos los aportes son bienvenidos, pero te pedimos que elijas cuidadosamente los libros que vas a donar”.

Fundación El Libro, CoNaBiP y la Secretaría de Cultura enviaron 8.000 libros a Bahía Blanca para reponer catálogos perdidos (Foto: Adrián Escandar).

Por su parte, más de 8.000 ejemplares fueron reunidos en Tecnópolis por parte de la Fundación El Libro, CoNaBiP y la Secretaría de Cultura nacional, para ser enviados a Bahía Blanca, seleccionados entre aportes de editoriales agrupadas en la Cámara Argentina de Publicaciones y la Cámara Argentina del Libro.

Entre los títulos se destacan "El chiste de leer", de Luis Pescetti, "En el recreo me divierto y leo", de Adela Basch, "De Profundis", de Oscar Wilde, "La hora de la estrella", de Clarice Lispector, "El Eternauta", de Héctor Oesterheld y Enrique Breccia, "Cuento que sube y baja", de Laura Devetach, "Embrujos", de Angeles Durini y "Cuentos difíciles", de Silvina Ocampo, entre otros de una larga lista.

El sector público y privado colaboran en la recuperación de las bibliotecas de Bahía Blanca tras el temporal (Foto: Adrián Escandar).

Junto con el presidente de la Fundación El Libro, Christian Rainone y el titular de la CoNaBiP, Raúl Escandar, el Secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, supervisó los preparativos para el envío y expresó que cree que la gestión colaborativa entre el sector público y el sector privado genera un uso más eficiente de los recursos del Estado.

Por su parte, Rainone declaró que tras lo sucedido en marzo con las bibliotecas y las librerías, desde la entidad que preside comenzaron a pensar en una acción de donación. Se pusieron a disposición de la CoNaBiP, y mientras que las cámaras “se mostraron con ganas de ayudar y con ganas de apoyar”, empezó la búsqueda del lugar para almacenar los libros, y se pensó en Tecnópolis.

Asimismo, agregó que una vez que las bibliotecas fueron reconstruidas y en pie, se procedió al envío, y esta semana comenzó la entrega.

La donación de libros en buen estado puede realizarse hasta el 21 de julio en la librería Eterna Cadencia, en CABA (Foto: prensa Eterna Cadencia).

Desde la Fundación Filba, por su parte, agregaron que también están recibiendo libros nuevos de parte de muchas editoriales que, junto con las donaciones particulares, serán entregados a las bibliotecas en el marco del próximo Festival Nacional, que será celebrado en la ciudad desde el 31 de julio al 2 de agosto, trece años después de la primera edición.

“En 2012, Bahía Blanca fue sede de nuestro primer Filba Nacional. Trece años más tarde, volvemos con un nuevo Festival, que además de sumar encuentros y actividades literarias, busca ayudar a las bibliotecas populares y comunitarias de la ciudad que perdieron sus libros en el temporal”, señalaron. Proponen aportar títulos de literatura, poesía, ensayo y narrativa para infancias y adultos “que te gusten y que te gustaría recibir a vos”.

Para más información, hacer click aquí.

(Fuente: Infobae / redacción propia)

El ya legendario Bob Dylan lanzará un nuevo libro con más de 100 dibujos

Las obras de Dylan oscilan entre lo cotidiano y lo onírico: retratos, paisajes y naturalezas muertas, siguiendo el camino de sus dos libros anteriores. Ofrecen otra mirada a su valiosa producción musical.

(Foto: producción propia).

Bob Dylan anunció el lanzamiento de "Point Blank (Quick Studies)", un nuevo libro que reúne casi 100 dibujos en blanco y negro realizados entre 2021 y 2022. Publicado por la editorial Simon & Schuster, el volumen estará disponible en librerías a partir del 18 de noviembre.

Las obras van desde "amantes en patines" y "un canal parisino" hasta una armadura medieval, un cantante de karaoke y un rollo de cinta adhesiva. Cada imagen está acompañada por viñetas en prosa de Eddie Gorodetsky y Lucy Sante entre otros, habituales colaboradores del universo Dylan.

"El libro demuestra la maestría de Dylan para contar historias, crear atmósferas y provocar sentimientos”, explicó Sean Manning, editor del proyecto. “Las imágenes son profundamente evocadoras, a la vez inocentes y hastiadas, alegres y desoladas, humorísticas y sensuales, enigmáticas y familiares”, agregó.

Bob Dylan, 2024 (Foto: Wikimedia).

Con es libro, Dylan retoma el camino iniciado con "The Drawn Blank Series" (2008) y "Retrospectrum" (2023), reafirmando una vocación plástica que lo acompaña desde la década de los años 60, cuando sus primeros dibujos aparecieron en muchas revistas y hasta en tapas de discos.

La publicación coincide con el lanzamiento del audiolibro completo de Chronicles: Volume 1, sus memorias publicadas en 2004 y narradas por el actor Sean Penn.

(Fuente: indiehoy. com / redacción propia)

jueves, 26 de junio de 2025

Presentan una aplicación móvil para generar voces con IA desde cualquier celular

La llegada de la aplicación oficial de la empresa ElevenLabs, disponible para dispositivos iOS y Android, permite a los usuarios crear audios profesionales desde cualquier lugar. 

(Foto: captura de pantalla).

ElevenLabs ha presentado su nueva aplicación para dispositivos iOS y Android, llevando sus avanzadas herramientas de voz impulsadas por inteligencia artificial directamente a los teléfonos móviles de los usuarios. Esta iniciativa marca un paso significativo para la empresa, que hasta ahora ofrecía sus servicios principalmente a través de su plataforma web.

La startup se ha consolidado en el sector tecnológico por su enfoque en la inteligencia artificial generativa aplicada a la voz. Sus servicios abarcan desde la clonación de voz hasta la conversión de texto a voz y el doblaje en varios idiomas. Estas funciones han ganado popularidad entre creadores de contenido, profesionales del marketing, educadores y locutores, quienes valoran la posibilidad de acceder a miles de voces realistas con calidad de sonido de estudio.

La empresa ha destacado que su tecnología permite obtener resultados que antes sólo estaban al alcance de grandes estudios de grabación, democratizando así el acceso a herramientas de audio profesional.

(Foto: digit.in).

Hasta la fecha, las capacidades de ElevenLabs estaban disponibles únicamente a través de su versión web. Sin embargo, la demanda de soluciones móviles ha crecido de manera constante, impulsada por la necesidad de flexibilidad y movilidad en el entorno laboral y creativo actual.

En respuesta a esta tendencia, la compañía ha desarrollado una aplicación oficial para smartphones iOS y Android, diseñada para ofrecer una experiencia optimizada y adaptada a las características de los dispositivos móviles.

Características de la aplicación

Según un comunicado publicado en el blog oficial de la empresa, la nueva aplicación permite crear voces en off ultrarrealistas utilizando los modelos de texto a voz más avanzados. Entre ellos destaca la versión Eleven v3 (alfa), que incorpora capacidades para transmitir discursos con matices, emociones realistas y la posibilidad de generar audios con múltiples oradores.

Esta tecnología representa un avance en la generación de voz sintética, ya que logra reproducir inflexiones, pausas y tonos que aportan naturalidad y credibilidad a los audios generados.


(Foto: europapress.es).

El proceso para generar un clip de audio resulta sencillo: basta con escribir o pegar el texto deseado y seleccionar una de las voces disponibles. En cuestión de segundos, la aplicación produce un archivo de audio que puede utilizarse en redes sociales, narración de vídeos o cualquier otro contexto que requiera una voz profesional.

Uno de los aspectos más destacados de la propuesta de ElevenLabs es la variedad de voces disponibles. La empresa ofrece acceso a miles de voces realistas, lo que permite a los usuarios elegir la que mejor se adapte a sus necesidades específicas.

Esta diversidad resulta especialmente útil para quienes buscan personalizar sus proyectos, ya sea en el ámbito educativo, publicitario o de entretenimiento. Además, la calidad de estudio de las voces generadas garantiza un resultado profesional sin necesidad de equipos costosos ni conocimientos técnicos avanzados.

(Foto: captura de pantalla).

La compañía ha subrayado su compromiso con la creatividad y la innovación, facilitando herramientas que permiten a los usuarios superar las limitaciones del trabajo desde un escritorio.

El acceso a las funciones básicas es gratuito, aunque existe una limitación en el plan sin costo: los usuarios pueden generar aproximadamente 10 minutos de audio. Esta restricción permite a los interesados probar las capacidades de la plataforma antes de optar por planes de pago que ofrecen mayor flexibilidad y volumen de producción.

El proceso de generación de audio se ha simplificado al máximo. Los usuarios sólo deben ingresar el texto que desean convertir en voz, seleccionar la voz preferida y, en pocos instantes, obtienen un archivo de audio listo para ser utilizado.

La estrategia de la compañía apunta a consolidar su presencia en el mercado global, facilitando el acceso a tecnologías avanzadas a un público amplio. La disponibilidad de la aplicación en las principales plataformas móviles garantiza que tanto usuarios individuales como profesionales puedan beneficiarse de las innovaciones de ElevenLabs sin depender de un ordenador de escritorio.

(Fuente: Xataka/ Infobae / redacción propia)

¿Quién decide ahora qué es "bello" y qué no lo es en tiempos de redes sociales?

¿Nos hemos planteado alguna vez cuántas veces al día decidimos qué “nos gusta” sin apenas mirarlo? ¿Cuántas bellezas fugaces se deslizan ante nuestros ojos antes de que nuestro dedo pulse “guardar” o “me gusta”? En el universo digital, lo bello ya no se busca: se recomienda. El feed, el algoritmo y la etiqueta hacen el trabajo de selección: nosotros sólo elegimos movernos en torno a lo que aparece.

(Foto: captura de pantalla de Pinterest).

En la tradición estética occidental, Immanuel Kant sostenía que lo bello es aquello que “agrada universalmente sin concepto”, es decir, que se aprecia de forma desinteresada y con una pretensión de validez universal.

Sin embargo, la crítica contemporánea ha matizado esta idea. Autores como Pierre Bourdieu han mostrado que el gusto no es innato, sino que está profundamente condicionado por estructuras sociales y culturales. En la misma línea, Susan Sontag advirtió que no sólo aprendemos qué contemplar, sino también cómo verlo y valorarlo. Así, lo bello deja de ser una categoría universal para entenderse como una construcción histórica, simbólica y mediada culturalmente.

En un presente dominado por pantallas y feeds infinitos, navegamos por museos digitales impulsados por algoritmos. De ahí el auge de las llamadas "aesthetics", que actúan como nueva taxonomía visual: microuniversos estéticos donde se agrupan colores, gestos, objetos y emociones bajo un mismo "hashtag". No elegimos una sola imagen: elegimos una constelación de referentes que configura nuestra manera de ver y de ser vistos. 

Collage de un conjunto de imágenes asociadas a la estética Light Academia (Foto: Lara López Millán)

Por ejemplo, la estética Old Money se caracteriza por una imagen asociada a la riqueza heredada: ropa clásica (pantalones de vestir, pulóveres de cachemir, mocasines), escenarios lujosos pero discretos (clubes de campo, bibliotecas privadas, yates) y una actitud que sugiere elegancia sin ostentación. En cambio, Light Academia gira en torno al gusto por la melancolía, el conocimiento y lo nostálgico: tonos neutros, luz suave, referencias a la literatura clásica y el arte europeo. Estas estéticas funcionan como “paquetes” visuales que condensan valores, aspiraciones y modos de vida.

La fuerza de esta idea radica en dos aspectos. En primer lugar, dentro de la cultura de las redes, lo bello adquiere una función práctica: se convierte en un hashtag que organiza contenidos y comunidades, o en un filtro que estandariza y codifica la percepción. En segundo lugar, su valor ya no se mide por el placer estético que genera, sino por su rendimiento en forma de clics, likes y seguidores. Es decir, funciona tanto como una marca, así como una métrica de valor. De este modo, clasificar algo como bello se vuelve un acto estratégico, una forma de posicionarse que responde a las dinámicas de consumo y visibilidad propias de las plataformas digitales.

¿Somos entonces arquitectos de nuestro propio gusto o simples habitantes de categorizaciones algorítmicas?

Pensemos: ¿qué tienen en común las etiquetas en las redes sociales? Todas funcionan como marcadores de pertenencia: al usarlas, el usuario se inscribe en una microcomunidad con códigos muy concretos (paletas de color, objetos icónicos, poses fotográficas, tipografías). Pero también operan como filtros de atención: el algoritmo detecta afinidades y refuerza la recomendación de contenidos afines, consolidando identidades digitales compartidas.

Si bien podemos pensar “yo uso Instagram y no veo que estas clasificaciones me afecten”, aunque no sigamos conscientemente una estética, los contenidos que consumimos están marcados por ellas. Un usuario que sigue cuentas de decoración minimalista probablemente esté expuesto a la estética Clean Girl sin saberlo. O quien guarda recetas caseras, fotos de jardines y flores silvestres podría estar interactuando con contenido etiquetado como Cottagecore. Así, estas estéticas moldean qué imágenes se nos muestran y, en consecuencia, influyen en lo que consideramos “bonito” o deseable.


Foto: Lara López Millán).

En Pinterest, el usuario recopila imágenes relacionadas con un tema -moda, arquitectura, ideas para bodas, etc- en un espacio denominado “tablero”. Estos tableros no son sólo archivos personales, sino también públicos, compartibles y replicables. Así, lo que una persona guarda contribuye a la visibilidad de esa estética y refuerza su circulación.

De ese modo, plataformas como Instagram, TikTok o Tumblr se convierten en auténticos museos rizomáticos, donde no hay un único curador, sino miles de usuarios repartiendo, guardando y colocando imágenes en infinitos tableros. Cada tablero es una microexposición: un espacio de exploración y, al mismo tiempo, de contribución al acervo común de la red.

Este sistema dual -curación colectiva y clasificación automática- impulsa tanto la autoexpresión como la normalización del gusto. Por un lado, ofrece un lenguaje estético predefinido para que cada persona construya su identidad digital. Por otro, homogeneiza lentamente las formas de ver y mostrar la belleza: sólo aquello que respeta las convenciones de cada estética alcanza visibilidad suficiente como para viralizarse. 

Esto ocurre porque los algoritmos priorizan contenidos que generan interacción rápida. Una imagen mal iluminada, que no se ajusta a la paleta visual dominante o que no sigue ciertas convenciones estéticas tiene menos probabilidades de aparecer en los feeds de otros usuarios. Así, aunque sea original o interesante, no se adapta al molde algorítmico que premia lo familiar, reconocible y viralizable.

En la era del scroll infinito, lo bello ya no se define por cualidades intrínsecas o singulares, sino por su potencial replicable. Entonces, ¿podríamos decir que una imagen es “bella” en la medida en que es comprensible en un vistazo, fácil de imitar y capaz de generar interacción? Si la respuesta es afirmativa, entonces estamos convirtiendo la clasificación estética en un acto tanto creativo como estratégicamente alineado con las lógicas de las redes sociales.

Conjunto de imágenes asociadas a la estética Cottagecore (Foto: Lara López Millán).

¿De quién es la decisión?

Clasificar lo bello nunca ha sido un gesto neutro: es siempre un acto cargado de ideología y poder cultural. Actualmente, las estéticas emergen como síntomas de una sociedad que, abrumada por la sobreabundancia de estímulos, busca refugio en sistemas simbólicos de pertenencia. Estas microestéticas nos ofrecen atajos visuales y afectivos, pero también actualizan viejas jerarquías de clase, procedencia y género, mediadas ahora por hashtags y algoritmos.

Pero estas estéticas no son nuevas: en el siglo XX, subculturas como los mods (ropa elegante, música soul y scooters) o los góticos (ropa negra, estética oscura y referencias literarias) ya articulaban formas de ver y ser vistos. La diferencia es que hoy las redes sociales aceleran su difusión, las codifican en hashtags y multiplican su alcance más allá del contexto local o subcultural.

Cuando adoptamos una estética, incorporamos un conjunto de valores y prácticas -desde la moda hasta los hábitos de consumo- que nos conectan con una comunidad, pero que también nos alinean con las lógicas de visibilidad y rentabilidad de las plataformas. El arte de clasificar lo bello revela quién sostiene el poder de la mirada y qué relatos quedan fuera del cuadro.

¿Qué dice de nosotros la estética que elegimos? Quizá más de lo que nos gustaría reconocer: nuestras aspiraciones, nuestras inseguridades y nuestros moldes de pertenencia. Por ello, es urgente cultivar una práctica crítica y reflexiva de la curaduría estética: no basta con deslizar el dedo, hay que cuestionar las estructuras que determinan por qué unas imágenes son bellas y otras, invisibles. Solo así podremos reclamar cierto grado de agencia en la construcción de nuestro propio gusto.

Llegados a este punto, más que anticipar el futuro conviene reconocer que ya estamos en él. En un presente atravesado por la inteligencia artificial, la realidad aumentada y los entornos inmersivos, el acto de clasificar lo bello ha dejado de ser exclusivamente humano. Las plataformas no sólo muestran estéticas: las generan, las adaptan a nuestros hábitos, las afinan según nuestras emociones y, en algunos casos, las moldean a partir de datos biométricos. En este contexto, la cuestión no es tanto qué estética elegimos, sino hasta qué punto el gusto que creemos propio sigue siéndolo. Frente a esta estetización algorítmica del “yo”, pensar críticamente sobre lo bello no es un lujo teórico: es un gesto urgente de resistencia cultural.

(Fuente: The Conversation / redacción propia)