Sólo en EE.UU. se vendieron 16,3 millones de unidades en la primera
mitad de 2026, un 16% más que el año anterior. El pop coreano
empuja el repunte, pero el crecimiento sigue incluso sin tener en
cuenta esas ventas.
(Foto: Arturo Añez).
Durante años hemos dado por hecho que el formato físico tenía poco
que hacer en una industria ya acostumbrada al acceso inmediato.
Abrimos una aplicación, buscamos un artista y tenemos delante una
discografía entera sin comprar un solo disco, sin esperar a que
llegue a un comercio y sin necesitar un reproductor en casa. Esa
comodidad cambió nuestra relación con la música: dejamos de
poseer álbumes para movernos dentro de catálogos casi
infinitos. Por eso el CD parecía condenado a ocupar un lugar
cada vez más pequeño.
El giro llega ahora con un dato muy concreto: según un
informe semestral de Luminate, las
ventas de CD musicales han crecido en Estados Unidos
durante la primera mitad de 2026. No hablamos de discos para
guardar archivos, ni de videojuegos, ni de una nostalgia abstracta
por cualquier soporte físico, sino de álbumes en formato CD
dentro del mercado de la música grabada.
El auge en las ventas del CD es una realidad
La cifra que concreta ese giro es llamativa. El informe sitúa las
ventas estadounidenses en 16,3 millones de CDs durante la
primera mitad de 2026, un 16% más que en el mismo periodo
del año anterior. El dato destaca más cuando se compara con el
vinilo, que también creció, pero sólo un 2,4% en unidades.
La propia firma añade un matiz importante: si se eliminan las
ventas de "K-pop" de la
ecuación, el CD sigue creciendo un 6,7%. No estamos, por
tanto, ante un movimiento explicado únicamente por un "fenómeno
fan" concreto.
Ahora bien, lo que parece estar creciendo no es cualquier CD,
sino una forma muy concreta de vender música física. Como decimos,
el K-pop aparece como uno de los grandes motores, con lanzamientos
pensados para fans que compran, coleccionan y participan
alrededor de sus artistas favoritos. Aquí emergen varios factores:
precio accesible, construcción de colección, álbumes de gran
escala como "ARIRANG",
de BTS, y una agenda potente de lanzamientos coreanos.
Entonces podemos decir que el K-pop empuja el repunte, pero no
lo explica por completo.
(Foto: Brett Jordan).
El dato más revelador está en quién compra esos discos y para
qué los compra. Aproximadamente la mitad de los compradores
de CD de la Generación Z y
los millennials ni
siquiera tiene reproductor. Eso cambia la pregunta: si una parte
relevante de esos jóvenes no puede escuchar el álbum en ese
soporte, el valor del objeto está en otro lugar. El CD
funcionaría entonces como una pieza estética, una forma
de pertenencia y una manera relativamente accesible de
apoyar a un artista.
Fuera de Estados Unidos también aparecen señales, aunque no
dibujan una tendencia idéntica en todos los mercados. En España,
por ejemplo, los datos oficiales de Promusicae
apuntan a que el CD creció en 2025: 12,6 millones de euros en
valor industria, un 9,1% más. El vinilo, aun así, tuvo más
peso dentro del físico en valor, y el mercado siguió siendo
claramente digital, con un 87,9% frente al 12,1% del físico.
Reino Unido ofrece una lectura parecida en valor, con
ingresos de CD al alza pero de forma
moderada, mientras que Italia muestra un caso
más intenso: registró una subida del 15,1% en el formato.
Ese matiz es importante porque el centro económico de la
música grabadasigue estando en otro lugar. Según IFPI, el
streaming representó en 2025 el 69,6% de los ingresos globales
del sector, una proporción que muestra hasta qué punto el
negocio de la música grabada se ha desplazado al acceso
digital. Dentro del formato físico, además, el vinilo
conserva más peso en valor en muchos mercados por su precio
medio y por la cultura de compra que ha construido durante
años. El CD crece, sí, pero no en la dimensión de la escucha
masiva.
Cada vez más producciones basadas en famosos libros de Gabriel García Márquez, Juan Rulfo y otros autores llegan al streaming, acercando estas historias a nuevas generaciones.
Cien Años de Soledad: Primera Parte | Tráiler oficial | Netflix
Bienvenidos a Macondo, el pueblo mítico que comenzó con veinte casas de barro a la orilla de un río donde el realismo mágico cobró vida y la familia Buendía empezó su historia. Una historia sobre las adversidades de los amores imposibles, las confrontaciones con un pasado que sigue sus huellas y una maldición que los condena. Basada en la obra cumbre de Gabriel García Márquez llega la serie Cien años de soledad
Décadas después del boom de la literatura latinoamericana, que convirtió al realismo mágico en el sello distintivo de la región, varios de sus libros más notables tienen nuevo impulso en el siglo XXI con las series en las plataformas digitales.
La lluvia de flores amarillas en Macondo, el pueblo de Cien años de soledaddel colombiano Gabriel García Márquez, los climas de ensoñación de la Comala de Pedro Páramo del mexicano Juan Rulfo, o los platos que afectan sentimientos en Como agua para chocolate de su compatriota Laura Esquivel, pueden verse ahora en adaptaciones del streaming.
Disponibles en Netflix en los primeros dos casos y en Max en el último, dan nueva vida a aquel éxito que comenzó en las décadas de 1960 y 1970, con García Márquez y Rulfo entre otros, y se extendió luego en el tiempo con Esquivel y una segunda generación de autores reconocidos por su renovación estética y su mirada latinoamericana.
También llegaron o llegarán versiones deEl gallo de oro, del propio Rulfo, Travesuras de la niña mala, del peruano Mario Vargas Llosa, o La casa de los espíritus, de la chilena Isabel Allende, que desembarcará este año en Prime Video con producción de la propia Allende y de Eva Longoria.
“Se dio la casualidad de que todas coincidieron en el tiempo, con diferencia de meses”, señaló a la AFP Francisco Ramos, vicepresidente de Contenidos de Netflix para Latinoamérica.
Para el productor mexicano, lo que une a todos los títulos no es que pertenezcan a un “boom”, sino que “son muy buenas historias” que “cuentan cosas muy interesantes respecto de las culturas de esos países”.
Series como "Pedro Páramo" y "El Eternauta" incrementan la demanda de contenido regional para streaming internacional
Tras una nevada mortal que mata a millones de personas, Juan Salvo y un grupo de supervivientes luchan contra una amenaza alienígena controlada por una fuerza invisible. Basada en la icónica novela gráfica, El Eternauta se estrenará en 2025. (Crédito: Netflix)
Series como "Pedro Páramo" y "El Eternauta" incrementan la demanda de contenido regional para streaming internacional
“Un aporte distintivo”
Si en la mayoría de los casos se trata de novelas, este nuevo fenómeno incluye dos obras gráficas argentinas muy reconocidas no solo en América Latina.
Se trata de Mafalda, la tira diaria que el argentino Quino publicó entre 1964-1973 y que Netflix adaptará como serie animada de la mano del ganador del Oscar Juan José Campanella, y la historieta de ciencia ficción El Eternauta, del guionista Héctor Oesterheld y el dibujante Francisco Solano López.
“Son dos obras muy específicas, que aparte tienen recorrido internacional, entonces para nosotros también es exportar cultura”, explicó Ramos en charla en Argentina, adonde llegó para exhibir a la prensa el primer episodio de El Eternauta, que estrenará el 30 de abril con el actor Ricardo Darín como protagonista.
“Son (casos) interesantes porque forman parte de la cultura popular y a la vez no se trata solo de entretenimiento, sino que también tienen un posicionamiento político”, dijo a la AFP el doctor en comunicación argentino Leonardo Murolo, especialista en narrativas digitales.
Para el también docente e investigador, en un país “que debate política partidaria, militante o activista todo el tiempo y que tiene una mirada crítica sobre su historia y su memoria”, estos títulos constituyen “un aporte distintivo” a la oferta audiovisual.
“Historias superconocidas”
Según un reporte de la agencia especializada Digital TV Research difundido en 2024, los suscriptores a servicios de streaming en Latinoamérica crecerán un 50% hacia 2029, hasta los 165 millones de hogares. Esa demanda lleva a las compañías a buscar títulos que garanticen visualizaciones.
“Las plataformas producen en grandes volúmenes para tener estrenos constantes”, dijo Murolo. Obras como Cien años de soledad, Pedro Páramo o El Eternauta tienen “índices de colombianidad, mexicanidad y argentinidad’ que son atrayentes para generar identificación”.
Pero los proyectos de este tipo no solo deben atraer a las audiencias locales, curiosas por ver “cómo se cuentan estas historias superconocidas”, sino también tener el potencial de atravesar fronteras.
La primera temporada de la serie que adapta la obra cumbre de García Márquez, por ejemplo, funcionó entre los colombianos tras su estreno el 11 de diciembre, pero además -según Netflix- en su primera semana en el catálogo se posicionaba en el Top 3 Global entre las series de habla no inglesa y en el Top 10 de 38 países.
Las plataformas apuestan por contenido latinoamericano con potencial para cruzar fronteras
Inversión millonaria
“Hubiese sido muy difícil hace 20 o 15 años llevar a cabo producciones de esta envergadura”, aseguró Ramos.
La construcción de cuatro versiones en tamaño real de Macondo en cercanías del municipio colombiano de Ibagué o el uso de técnicas de Virtual Production con una pared LED en el rodaje en Buenos Aires de El Eternauta, son ejemplos del “desarrollo poderoso” de la industria audiovisual, agregó.
En esta línea, Netflix anunció el 20 de febrero que invertirá 1.000 millones de dólares en los próximos cuatro años para producir series y películas en México.
Sin embargo, el dinero no garantiza el éxito de toda adaptación de un clásico, advirtió Murolo.
“Se enfrenta al riesgo de los imaginarios individuales que han creado los públicos en relación con su historia favorita”, dijo. “Satisfacer a todos es imposible”.
(Fuente: AFP. Foto: Max, Netflix y Jovani Pérez, Infobae México.)