(Foto: composición propia).
A diferencia de lo que ya es nuestra costumbre de recomendar "libros para comenzar la semana", esta vez no hacemos foco ni en género ni en autor: el denominador común de estos textos es la casa editora, en este caso el Fondo de Cultura Económica: un apasionante ensayo sobre la carrera espacial desde la época de la Guerra Fría, la reedición de un trabajo fundamental de David Viñas, otra reedición que rescata un trabajo sobre el cual aún hay un halo de misterio en cuanto a su autoría y la novísima novela de Violeta Gorodischer.
• Una historia de la conquista espacial, de Irénée Régnauld y Arnaud Saint-Martin
(Foto: composición propia).
Irénée Régnauld y Arnaud Saint-Martin recorren un siglo de programas, instituciones y promesas para mostrar que, antes de despegar, hubo que convencer, conquistar imaginarios, fabricar héroes, vender un futuro, pedir sacrificios financieros y presentar al espacio como un destino inevitable. El libro recorre desde la Guerra Fría hasta la "privatización" del espacio exterior, desde los primeros satélites hasta la observación climática y las telecomunicaciones, pasando por las experiencias del Tercer Reich, la NASA, SpaceX y los vuelos privados de algunos multimillonarios.
En ese camino revela cómo la exploración del cosmos estuvo atravesada por disputas geopolíticas, intereses militares, espionaje, ambiciones económicas y decisiones científicas que inciden en la vida cotidiana. La conquista del espacio expone qué es lo que pasa más allá de la atmósfera y por qué mirar al cielo sigue siendo una forma decisiva de pensar el futuro de la humanidad.
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• Los dueños de la tierra, de David Viñas
(Foto: composición propia).
Hay novelas que llegan demasiado pronto y otras demasiado tarde. Publicada en 1958, antes de "La Patagonia rebelde", el monumental trabajo de Osvaldo Bayer, "Los dueños de la tierra" vuelve sobre los hechos que precedieron a la Patagonia Rebelde de 1921, pero discute, con décadas de anticipación, la relación entre propiedad, Estado y violencia, que el presente no ha resuelto.
Desde las primeras páginas no se impone un argumento ni una explicación, sino un clima: el viento patagónico, la lana acumulándose en los galpones, los precios cayendo, la lejanía entre las estancias, el rumor de un estallido que todavía no irrumpe pero ya está en marcha. Y cuando la propiedad se siente amenazada, el orden -que parecía civilización- revela que también, y sobre todo, es fuerza. Leída hoy, la novela vuelve sobre un problema que ha permanecido latente.
La concentración de la tierra y del capital persiste bajo formas más sofisticadas. De hecho, en el presente hay menos dueños que acumulan cada vez más. El conflicto cambia de forma, pero no de sustancia.
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• Luz era su nombre, de Silvia Moyano del Barco
(Foto: composición propia).
"En 1961, el Premio Literario organizado por el diario La Nación ofreció cien mil pesos a la 'mejor novela inédita'. Se presentaron unas ciento ochenta. El 7 de agosto dieron por fin con 'una buena novela para el concurso'; su título era 'Luz era su nombre' y una prueba de sus méritos fue que discutieron acerca de sus personajes 'como si fueran reales'. Cuando se rasgó el sobre supieron que la autora se llamaba Silvia Moyano del Barco. En agosto de 1962 la Editorial Guillermo Kraft la publicó como libro. Al año siguiente, Alicia Jurado les contó a Borges y a Bioy que Estela Canto le había confiado que los verdaderos autores eran ella y su hermano Patricio, y que habían propuesto a Moyano del Barco que presentara el original como propio. 'Luz era su nombre' no fue reeditada, hasta hoy".
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• Cruces, de Violeta Gorodischer
(Foto: composición propia).
Cuando Juanchi, un nene de ocho años internado, empieza a hablar de la muerte con una lucidez inquietante, algo se desplaza. También vuelve otra historia: la infancia en Brasil, una casa frente al cementerio, un tío que le enseñaba a convivir con los muertos, a armar altares, a no negar lo que insiste. Entre el hospital y ese pasado, Laura busca una forma de acompañar sin imponer, de cuidar sin cerrar el sentido.
En esta novela, Violeta Gorodischer narra los cruces -entre la vida y la muerte, la medicina y el ritual, la responsabilidad y el deseo- con una prosa precisa y contenida, siempre a punto de explotar. "Cruces" es el relato de una experiencia límite y, al mismo tiempo, íntima: la de alguien que intenta sostener a otros sin perderse a sí misma.
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(Fuente: Fondo de Cultura Económica / bajalibros.com / varios / redacción propia)




