lunes, 4 de mayo de 2026

Haciendo foco en un autor: comencemos mayo conociendo a Daniel Guebel

A pesar de no ser uno de los nombres que más fuerte suenan en el mundo de la literatura argentina, los textos que conforman su vasta obra suelen encontrarse con cierta facilidad en librerías. Desde este espacio, como solemos facilitar, proponemos cinco de sus trabajos para adquirir y descargar en formato digital, a un precio más que conveniente.

(Foto: composición propia).

El nombre de Daniel Guebel se instala en el campo de la literatura argentina y comienza a circular con fuerza en la década de los noventa, junto al llamado "Grupo Babel" (Martín Caparrós, Alan Pauls, Sergio Chejfec, Luis Chitarroni, entre otros). Contando con una primera novela de juventud ("Arnulfo o los infortunios de un príncipe", 1988), en 1990 obtiene el Premio Emecé por su segunda novela, "La perla del emperador", con un heterogéneo jurado integrado por César Aira, Tomás Eloy Martínez y Abel Posse.

Su escritura es inclasificable, menos por la disolución de los géneros (novela, relato, ensayo o teatro), en cuanto resultado visible en el texto (como producto concluido), que por procedimiento y forma expuestos en el proceso de la escritura en movimiento perpetuo. Procedimiento y resultado exponen sus ejes sobre el amor, la mística, la política y el arte, que privilegian el misterio como búsqueda de sentido y construcción de un universo posible, y están articulados alrededor de un narrador atento al acontecimiento, tan puntual como expansivo y al caleidoscópico perfil del personaje.

La perla del emperador (La bestia equilátera, 1990)

(Foto: composición propia).

En pleno corazón de Malasia, una bellísima mujer blanca recibe la visita de un misterioso chino que le propone apoderarse de una perla legendaria. En su búsqueda se ven envueltos, entre otros, un pescador y un opiómano, un capitán de barco, el Shah de Persia, eunucos y ballenas.

Como en "Las mil y una noches" o en la obra de Emilio Salgari, en esta novela aparecen y se desvanecen mundos donde imperan el ansia de la inmortalidad y el amor por los viajes, donde palpitan el deseo y la melancolía. Es un laberinto en el que Oriente y Occidente se confunden y se vuelven -en un nuevo espejismo- fabulosamente argentinos.

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Derrumbe (Mondadori, 2007)

(Foto: composición propia).

Una desgarradora historia de amor contada por la voz más autorizada para hacerlo. "Derrumbe" cuenta las consecuencias inmediatas de una separación conyugal. Guebel se concentra en la sucesión de emociones que dejan su huella con violencia: el desengaño, la decepción, el alivio y el dolor de un varón de mediana edad que ve cómo su vida entera se hunde y desaparece por esa grieta. En un recuento desordenado e impaciente, el autor registra el hundimiento de sus ambiciones, sueños y esperanzas, y extrae de los episodios una verdad espléndida: el amor por la hija del matrimonio, testigo discreto amenazado por la edad, por la sombra que proyecta el conflicto entre sus padres.

Escrito con una elegancia que borra la obviedad del guiño, con una inspiración romántica que se juega a decirlo todo sobre el corazón de un hombre, «Derrumbe» es un conmovedor descenso al infierno, un perfecto ejemplo de cómo deben comunicarse las experiencias y los sentimientos.

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Las mujeres que amé (Random House, 2015)

(Foto: composición propia).

Este trabajo son dos novelas en una. En una primera parte, "Una herida que no para de sangrar", Guebel narra una suerte de la antes mencionada "Derrumbe", con tintes innegablemente autobiográficos. Aquí "derrumbe" significa "demolición", y el juego con sus lectores se pone a rodar. La segunda parte, "Las mujeres que amé", está narrada como diario personal y allí se cuenta la historia amorosa con M., una mujer que genera una profunda obsesión en el narrador.

Con una destreza narrativa extraordinaria, haciéndole burla a los lugares comunes y a la literatura universal, o más bien, a todo lo que se cruce en su camino, Daniel Guebel lo hizo de vuelta y escribió un trabajo inolvidable.

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El absoluto (Random House, 2016)

(Foto: composición propia).

Este texto narra las vidas de seis generaciones de una familia de pensadores, artistas y políticos tan geniales como poco conocidos, aunque sus hechos y sus obras resulten decisivos para comprender los acontecimientos culturales y políticos de la época moderna.

Tres siglos de historia y una familia enloquecida y genial, "El absoluto" es la crónica de las seis generaciones que cambiaron el arte, la ciencia, la mística, la política y hasta el rumbo del Universo. Del Big Bang a la Revolución Rusa, de la música aleatoria a la máquina del tiempo, esta monumental novela, deslumbrante y desenfadada, sitúa a su autor, definitivamente, entre los más virtuosos de habla hispana y entre los pocos capaces de escribir una obra que desafía a la propia literatura.

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La mujer del malón (Random House, 2024)

(Foto: composición propia).

Decidido a recuperar de manos de los indios a la mujer de quien se ha enamorado, Adolfo Alsina surca la superficie de la pampa con una zanja que llevará para siempre su apellido y terminará convirtiéndose en símbolo del desencuentro nacional.

Deslumbrado por una dama enigmática, Alsina abandona la escritura de la gran novela nacional con la que planeaba seducirla cuando el cacique Pincén le anuncia que la tiene en su toldería. Para recuperarla, prepara estrategias entre geniales y delirantes, que concluyen en la excavación de una extensa trinchera: la zanja que llevará su nombre. Las autoridades le proporcionan el auxilio del ingeniero francés Alfredo Ebelot, buscando impedir los ataques al tiempo que invadir y explotar las tierras indígenas. Mientras tanto, los indios urden su contraestrategia. 

En esa disputa entre partes, el enamorado sólo piensa maneras de recuperar a la mujer perdida. En esta novela, Guebel pone en diálogo a dos hombres que, con la excusa de ejecutar una enorme empresa, terminan por honrarse mutuamente en la amistad y fracasan en lo que de veras les importa: adentrarse en los misterios del alma femenina.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

Patti Smith, Premio Princesa de Asturias: más allá de la música, su gran obra literaria sigue impactando en las nuevas generaciones

Además de su faceta como cantante y compositora, la artista ha desarrollado una intensa labor editorial que la ha acercado al público más joven.

Patti Smith, además de alcanzar el reconocimiento por su música, también se ha consolidado como una autora literaria (Foto: EFE).

La artista Patti Smith acaba de ser galardonada con el Premio Princesa de Asturias a las Artes consolidando su importancia dentro de la cultura contemporánea que trasciende los límites de la música.

Además de su faceta como cantante y compositora, como icono en general, Smith lleva años consolidando una sólida obra literaria -que entrelaza poesía, ensayo autobiográfico y artes visuales- y sigue atrayendo nuevas generaciones gracias a títulos emblemáticos como "Éramos unos niños", "Pan de ángeles" o "El libro de los días".

El primero que fue reconocido con el National Book Award en 2010. Esta autobiografía relata la relación entre Smith y el fotógrafo Robert Mapplethorpe durante los años 60 y 70 en Nueva York, conformando un testimonio directo de la escena artística y social de la época. 

Esta obra se ha convertido en el libro más fotografiado y compartido por adolescentes y jóvenes adultos en redes sociales durante el mes de enero de 2026. Este renovado impulso generacional surge porque muchos lectores encuentran en la obra una fuente de inspiración ante contextos de incertidumbre e inestabilidad, lo que lo sitúa como una lectura emblemática entre quienes buscan referentes literarios en tiempos de cambio.

(Foto: composición propia).

El camino literario de Smith parte de la necesidad de derribar barreras de género, tanto artísticas como identitarias, que tradicionalmente han condicionado los cánones culturales.

La autora levantó su carrera desde la precariedad en la Nueva York de los setenta, acompañada de Mapplethorpe. A través de su escritura, ha plasmado vivencias personales, reflexiones sobre la pérdida y el proceso creativo, y recuerdos de una infancia jalonada por mudanzas y el constante esfuerzo de construir su propia identidad en el seno de una familia trabajadora.

Su valor radica en la honestidad con la que Smith narra su inicio junto a Mapplethorpe, alejándose del mito para centrarse en episodios de dificultades materiales y búsqueda vital. La amistad y el aprendizaje emergen como ejes de la obra, lo que ha capturado la atención de un público joven que se identifica con la idea de hallarse y reinventarse antes de alcanzar el éxito.

Se puede comprar y descargar en formato e-book haciendo click aquí.

(Foto: composición propia).

"Pan de ángeles" actúa a la vez como secuela y "precuela"! de "Éramos unos niños". Aporta un enfoque confesional e introspectivo sobre la vida de Smith, desde su infancia en Chicago y Filadelfia hasta su etapa familiar en Michigan junto a Fred "Sonic" Smith y sus hijos. Cuestiones privadas como la hija que dio en adopción o dudas sobre la paternidad cobran relevancia en esta memoria desde la intimidad. Smith revisa su niñez en complejos de vivienda social, desplegando la observación de la belleza y la vulnerabilidad presentes en sus recuerdos de adolescencia.

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(Foto: composición propia).

Mientras tanto, "Devoción" articula su estructura en tres partes, alternando ensayo, exposición narrativa y pasajes de ficción. Contiene relatos de viajes, homenajes a figuras como Simone Weil, y una meditación acerca de la creación y la obsesión artística. Se puede comprar y descargar en formato e-book haciendo click aquí.

Con "El libro de los días", el diálogo entre palabra e imagen alcanza un desarrollo destacado. La obra toma como punto de partida la cuenta de Instagram de Smith, transformando un archivo fotográfico personal y reflexiones diarias en un diario público. Efemérides, aniversarios y recuerdos familiares dialogan aquí con textos poéticos y homenajes a figuras culturales y amistades -como William Burroughs, Allen Ginsberg o Sam Shepard-, en una aproximación íntima a la memoria colectiva a partir de lo cotidiano. La edición digital se puede comprar y descargar haciendo click aquí.

(Foto: composición propia).

El testimonio artístico de Patti Smith se distingue por su capacidad para narrar desde la vulnerabilidad y la transparencia. Un episodio ejemplar lo constituyó su intervención en la ceremonia de entrega del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan en 2016 (ella fue quien lo recogió), donde, al emocionarse, pidió disculpas en público, mostrando una autenticidad infrecuente en los reconocimientos oficiales. Smith mantiene una confianza constante en que la ciudad o el público la sostendrán cuando entrega su arte de forma total, un principio que ha orientado tanto su literatura como su música.

(Fuente: Infobae / bajalibros.com / Indie Hoy / Agencia Noticias Argentinas / redacción propia)

Cómo evitar que los artículos científicos parezcan hechos por una máquina

Quien ha escrito un artículo científico sabe bien lo complejo que es. La ardua -y en ocasiones tediosa- revisión de la literatura va acompañada de una investigación propia, a esto se suma una cuidadosa gestión de las citas y referencias, y todo ello debe expresarse con orden y precisión.

(Fuente: Shutterstock).

Hasta hace poco, las herramientas disponibles se limitaban a corregir la gramática y el estilo. Hoy, la inteligencia artificial generativa (abreviada como GenAI en inglés) puede reescribir párrafos completos, sintetizar resultados e interpretarlos, o sugerir párrafos que aumenten el contenido de alguna de las secciones de un manuscrito, todo en un inglés correcto y adecuado al registro académico.

Pero no es oro todo lo que reluce. Varios estudios recientes muestran que, cuando las personas saben que un texto se ha producido con ayuda de IA, tienden a confiar menos en su autor. Podría parecer que la solución es ocultar su uso, pero esto tampoco resuelve el problema: si el lector sospecha que los autores han usado IA sin declararlo abiertamente, la desconfianza puede ser igual o, incluso, mayor. Así surge un auténtico dilema ético: ¿declarar o no declarar su uso?

Por qué importa que nuestro texto no parezca de IA


Saber si un texto ha sido generado por inteligencia artificial no es tan fácil como parece. Y es que, según muestran investigaciones publicadas en Proceedings of the National Academy of Sciences, las personas nos equivocamos cuando nos guiamos por la intuición para averiguar si un texto es artificial.

Es algo que relacionamos con el lenguaje demasiado formal o complejo o con los textos impersonales o de tonos fríos. Al contrario, asumimos que los textos que incluyen experiencias personales provienen de autores humanos.

El problema radica en que muchas de estas señales son engañosas. De hecho, los grandes modelos de lenguaje (LLM por sus siglas en inglés) son perfectamente capaces de adaptar la formalidad del lenguaje que usan, imitar un tono cercano o incluir ejemplos y anécdotas en primera persona.

El resultado es sorprendente: si nos guiamos únicamente por nuestra intuición, los textos generados por IA nos pueden parecer más propios de autores humanos que aquellos realmente redactados por una persona. Peor aún: nuestra capacidad de detección está disminuyendo a medida que los modelos mejoran.

La intuición engaña


Un estudio publicado en Teaching English With Technology lo confirma: la tasa de detección de acierto cayó del 57,7 % con versiones anteriores de ChatGPT a prácticamente el 50 % con versiones más recientes. Eso equivale a lanzar una moneda al aire.

Rastros que indican el uso de GenAI

Aunque la detección perfecta no es posible, existe un conjunto de patrones lingüísticos que pueden delatar su uso:

• El exceso de construcciones antitéticas en el uso repetitivo de frases como "No sólo X, sino también Y" o "X en lugar de Y" para enfatizar un argumento sin aportar información nueva.

• La reformulación sucesiva de una misma idea con pequeñas variaciones. Este tinte de aparente profundidad se limita a alargar el texto sin añadir contenido sustancial. En los textos científicos, esta redundancia puede resultar contraproducente.

• Las listas de tres elementos, como "La técnica mejora la precisión, reduce el error y optimiza el rendimiento". La estructura tripartita es un recurso clásico de la retórica que sirve para reforzar ciertas ideas, pero su uso reiterado genera un ritmo uniforme, casi mecánico.

Expresiones innecesarias como "A continuación se resume…" o "La cuestión es…" son una especie de "tic" habitual de los sistemas de IA, que hablan sobre el texto en lugar de ir al grano.

• Los textos generados por IA suelen contener más sustantivos abstractos y menos pronombres, resultando en una prosa innecesariamente densa. Por ejemplo, en lugar de escribir: "El modelo analiza los datos y luego los compara", la GenAI podría decir: "El modelo realiza el análisis de los datos y la comparación de los resultados".

• Mientras los humanos solemos alternar frases cortas y largas de forma natural, la GenAI tiende a producir oraciones de longitud similar, generando un ritmo monótono.

• La mezcla de fragmentos generados por IA con otros escritos por humanos tiende a producir incoherencias en el uso de mayúsculas, negritas o listas que revelan la autoría mixta y proyectan una imagen de descuido.

Recomendaciones prácticas


¿Qué podemos hacer para que nuestros textos no parezcan escritos por una máquina? Algunos consejos son:

 • Limitar o eliminar las construcciones antitéticas innecesarias.

• Reducir las repeticiones que no aporten información nueva.

• Variar la longitud de frases y párrafos.

Sustituir los sustantivos repetidos por pronombres cuando no haya ambigüedad.

• Eliminar el metalenguaje superfluo y evitar las listas con títulos en negrita.

Unificar el formato y revisar cuidadosamente la coherencia final, evitando que el texto sea una "ensalada" de estilos por la mezcla de fragmentos generados por GenAI y otros por humanos.

La inteligencia artificial puede ahorrar tiempo en tareas de inteligencia mecánica y facilitar la escritura en una lengua extranjera, ayudar a estructurar ideas o mejorar la claridad gramatical. Pero no podemos usarla como sustituta de la experiencia humana para eximir la responsabilidad del investigador firmante. En la ciencia, la confianza es tan importante como la precisión.

Y esa confianza no la podemos delegar en un algoritmo, cuyo "output" consiste en generar el texto más probable posible. La IA no puede sustituir a los investigadores, pero sí puede servirles de apoyo valioso. Nuestro reto, pues, es aprender a aprovechar ese apoyo de una manera ética y profesional.

(Fuente: The Conversation / redacción propia)

jueves, 30 de abril de 2026

Lecturas para el fin de semana largo: cuatro autores argentinos, cuatro relatos apasionantes

Historias reales noveladas, entrañables o dolorosas, grandes y pequeñas pero igualmente atrapantes. De irregular presencia en librerías, desde este espacio facilitamos su compra y descarga en formato digital a un precio más que conveniente.

(Foto: composición propia).

Tres días de descanso siempre son mejores que dos, y éste fin de semana que se avecina es ideal para transcurrirlo acompañados de buen material para leer. Historias de una pasta tradicional, de locura y desesperación, de mafiosos en nuestro país durante el siglo XIX y una durísima "vida real de novela" conforman, en esta ocasión, nuestras sugerencias. 

Los sorrentinos, de Virginia Higa (Sigilo)

(Foto: composición propia).

Hace poco más de un siglo, una familia partió de Sorrento y se instaló en la ciudad argentina de Mar del Plata para abrir un hotel y luego una "trattoria" cerca de la playa. Podría tratarse de una familia cualquiera de las tantas que inmigraron por esos años, pero ésta tuvo una participación especial en la cultura argentina: inventó los sorrentinos, una pasta que hoy se come en todo el país.

La trattoria pasó de las manos de los padres a las de los hijos, y del hermano mayor al menor, el Chiche, un hombre que amaba el cine, la porcelana comprada en Europa y la buena conversación, alguien para el que el mal gusto era un rasgo imperdonable y que, apenas con una ocurrencia, podía convertir una situación banal en una anécdota que se contara por años en las sobremesas.

Virginia Higa recogió las piezas de un relato familiar para escribir una novela sobre este personaje inolvidable, y sobre mujeres y hombres de aparente sencillez que protagonizan amores eternos y soledades profundas, muertes, traiciones y canciones, anhelos de costas lejanas y profecías de videntes, mientras celebran el idioma común de un clan inquebrantable. Como en las mejores comedias -especialmente las italianas-, en "Los sorrentinos" todo se mezcla y se confunde: la risa con el llanto, el destino de una familia con el de un país y la vida bien vivida con la más afortunada de las herencias.

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Los caballeros de la noche, de Daniel Balmaceda (Sudamericana)

(Foto: composición propia).

Un grupo de inmigrantes europeos conforman una banda delictiva creativa y original en Buenos Aires a finales del siglo XIX. La aventura del belga Alphonse Kerckhove de Peñaranda y el español Florentino Muñiz es un fascinante relato de ambición, elegancia y de búsqueda de prosperidad a toda costa en la vibrante Buenos Aires de finales del siglo XIX.

Juntos, estos dos hombres de mundos diferentes tejieron una trama sin precedentes en la historia y los orígenes del hampa en la Argentina. De los primeros experimentos delictivos en Bruselas a la conformación de una banda que actuaba de noche y llegó a robar un cadáver de la familia Dorrego para pedir rescate. Son los tiempos de la presidencia de Roca, de la policía de Marcos Paz, de los palacetes en los que vivían las familias adineradas de la creciente ciudad. Una trama histórica y policial de un caso que Daniel Balmaceda investigó durante años para escribir esta historia que se lee como una novela.

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Loca, de Lorena Pronsky (Vergara)

(Foto: composición propia).

Carola Henner, psicóloga y escritora, tomó una decisión que pudo haber sido definitiva. Pero en el minuto antes de lo fatal, algo inesperado sucedió. ¿Cómo se vuelve del deseo de morir? ¿Es posible reconstruir una nueva vida? ¿Cuántas de nuestras elecciones son libres y cuántas son reactivas frente a un mundo que no deja de empujar? En esta, su primera novela, Lorena Pronsky pone el foco en la salud mental.

A través de las experiencias de Carola, llevará al lector por un camino complejo, pero de constante autoconocimiento, en el cual la protagonista se encomendará a la tarea posible de vivir bajo la aceptación de la totalidad del mundo, tanto en sus zonas luminosas como en las más oscuras. En este viaje terapéutico, aprenderá a separar aquello que atenta contra su bienestar de todo lo otro que lo favorece. Un libro descarnado por momentos que nos lleva, a través de sus relatos con humor filoso, desbordante y realista, a un universo repleto de enseñanzas donde la amistad, los lazos familiares, los vínculos sexoafectivos y el erotismo, apoyados en un trabajo introspectivo permanente, cobran especial relevancia.

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La Rey, de Reynaldo Sietecase (Alfaguara)

(Foto: composición propia).

Blanca Rosa González tenía trece años cuando la violaron por primera vez. Su padre la había enviado a vivir con la abuela Cándida y su pareja, el Recio, en Ciudad del Este. De su adolescencia se llevó dos cosas: el abuso sistemático y una piedra de obsidiana que conservaba su abuela, una suerte de amuleto mágico que la transportaba a otros mundos. Una vez instalada en la Villa 31 de la ciudad de Buenos Aires, Blanca empieza su transformación a través de la venta de droga, hasta convertirse en jefa de una banda de narcos paraguayos. Así nace La Rey.

Pero las cosas se complican y debe huir a España, donde caerá presa de una red de trata de personas y será obligada a ejercer la prostitución. Allí se verá implicada en una trama violenta que la va a relacionar con el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, en el que se conserva un valioso espejo de obsidiana que la ayudará a encontrar las claves de su pasado.

En esta nueva novela, Reynaldo Sietecase profundiza su estilo único, que mezcla thriller, policial y actualidad, para ofrecernos una historia vibrante que comienza en Ciudad del Este, pasa por Buenos Aires y termina en Madrid, con un personaje tan potente que los lectores no podrán olvidar.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

Una clave del bienestar: luz matutina y otros trucos para que la edad no nos quite el sueño

Muchas personas observan que, con el paso de los años, dormir "como un niño" se vuelve más difícil. El sueño parece menos profundo, los despertares nocturnos son más frecuentes y cualquier ruido leve o preocupación puede interrumpir el descanso.

(Foto: Shutterstock).

Esta experiencia no es una simple percepción subjetiva: la ciencia del sueño ha demostrado que el envejecimiento se asocia a cambios bien definidos en la estructura y la regulación del sueño.

La arquitectura del sueño cambia con la edad


El sueño humano se organiza en ciclos que incluyen fases de sueño no REM (N1, N2 y N3) y sueño REM. La fase N3, también conocida como "sueño de ondas lentas" o "sueño profundo", es especialmente importante para la recuperación física y cerebral.

Diversos estudios han demostrado que, a partir de la edad adulta media, se produce una reducción progresiva del sueño de ondas lentas, junto con un aumento del número de despertares y del tiempo despierto tras el inicio del sueño. En concreto, un metaanálisis clásico basado en datos de más de 65 estudios y miles de individuos sanos mostró que el porcentaje de sueño profundo disminuye de forma significativa con la edad, a la vez que el sueño se vuelve más fragmentado y menos eficiente.

Este cambio en la arquitectura del sueño explica en gran medida la sensación de "sueño ligero" que refieren muchas personas mayores.

El envejecimiento cerebral desestabiliza el sueño

Dormir no es un proceso pasivo. El cerebro mantiene activamente el estado de sueño mediante redes neuronales que inhiben la vigilia y protegen frente a estímulos externos. Con el envejecimiento, estas redes se vuelven menos eficaces.

Los cambios estructurales y funcionales del cerebro envejecido, especialmente en regiones frontales, reducen la generación de ondas lentas y disminuyen la capacidad del órgano para mantener un sueño profundo y estable. Como consecuencia, el umbral para despertarse baja, haciendo que estímulos menores provoquen microdespertares o despertares completos.

Además, con la edad se altera la microarquitectura del sueño, como los husos del sueño, que desempeñan un papel clave en la consolidación del descanso nocturno y la protección frente a interrupciones.

Estudios con actigrafía también muestran que los patrones de descanso-actividad se vuelven más fragmentados con la edad, reflejando una pérdida de continuidad del sueño. Y somos más vulnerables al insomnio.

Amanece más temprano

Otro factor clave es el envejecimiento del sistema circadiano, el "reloj interno" que regula los ciclos de sueño y vigilia. Con la edad, se produce un adelanto de fase circadiana, como si el día comenzase antes para nuestro cerebro. Eso explica por qué muchas personas mayores tienen sueño más temprano por la tarde y se despiertan muy pronto por la mañana.

Además, las señales circadianas que inducen al descanso, como la secreción de melatonina o los cambios de temperatura corporal, se reducen, haciendo que el sueño sea más vulnerable a interrupciones.

Aunque el envejecimiento biológico explica parte del fenómeno, el sueño ligero no debe atribuirse únicamente a la edad. En las personas mayores aumenta la frecuencia del dolor crónico, las enfermedades respiratorias o cardiovasculares y la nicturia (necesidad frecuente de orinar por la noche), que pueden hacernos despertar. Además, es habitual consumir alguno de los múltiples fármacos que alteran el sueño.

¿Por qué necesitamos el sueño profundo?


La pérdida de sueño de ondas lentas no sólo afecta a la sensación subjetiva de descanso. Investigaciones recientes sugieren que este tipo de sueño está implicado en procesos de limpieza metabólica cerebral y en la salud cognitiva.

Un estudio longitudinal publicado en JAMA Neurology encontró que la reducción del sueño de ondas lentas se asociaba con un mayor riesgo de desarrollar demencia en adultos mayores, lo que refuerza la importancia de preservar la calidad del sueño en el envejecimiento. Llegados a este punto, ¿qué se puede hacer para dormir "más profundo" al envejecer (sin caer en mitos)?

Aunque parte de los cambios del sueño forman parte del envejecimiento normal, existen estrategias eficaces para mejorar la continuidad y profundidad del sueño en personas mayores, basadas en mecanismos fisiológicos bien descritos.

Luz matutina: reforzar el reloj biológico

La exposición a luz por la mañana, preferentemente luz natural, es una de las intervenciones no farmacológicas mejor fundamentadas. La luz actúa como el principal sincronizador del ritmo circadiano, reforzando la señal de vigilia diurna y ayudando a que el sueño nocturno se consolide.

En adultos mayores, cuya señal circadiana suele ser más débil, la luz matutina ayuda a estabilizar los horarios de sueño y a reducir despertares nocturnos. Estudios y revisiones en cronobiología del envejecimiento subrayan que una adecuada exposición lumínica mejora la alineación circadiana y la calidad del descanso.

Regularidad de horarios: el valor de la rutina

Mantener horarios regulares de acostarse y levantarse, incluso los fines de semana, es especialmente importante con la edad. El cerebro envejecido depende más de señales externas y rutinas conductuales para mantener la estabilidad del sueño.

Trabajos clásicos demostraron que la interacción entre el ritmo circadiano y la presión homeostática del sueño se vuelve más frágil con la edad. Por ello, la regularidad actúa como un "“andamiaje externo" que compensa esta pérdida de robustez circadiana. Por el contrario, un horario irregular hace que el sueño se fragmente.

Ejercicio y actividad diurna: aumentar la presión de sueño

La actividad física regular, especialmente durante el día, contribuye a mejorar la llamada "presión homeostática del sueño", es decir, la necesidad biológica de dormir que se acumula durante la vigilia. Llegar a la noche con suficiente "hambre de sueño" facilita un inicio más rápido del sueño y una mayor continuidad nocturna.

Revisiones sistemáticas indican que el ejercicio aeróbico y de fuerza en personas mayores se asocia con mejoras en la eficiencia del sueño y reducción de despertares, además de proporcionar beneficios cardiovasculares y funcionales.

Identificar y tratar las causas de los despertares nocturnos

En cuanto a las señales de alarma, el sueño ligero merece una evaluación clínica cuando se acompaña de somnolencia diurna intensa, ronquidos habituales con pausas respiratorias, despertares por sensación de ahogo, movimientos molestos en piernas al acostarse, empeoramiento progresivo o impacto significativo en la calidad de vida.

En estos casos, la causa subyacente suele ser identificable y potencialmente tratable, lo que puede mejorar de forma sustancial el descanso nocturno y la salud global.

Un principio clave en geriatría del sueño es que despertarse con frecuencia no siempre es un problema primario del sueño. El dolor crónico, el reflujo gastroesofágico, la nicturia, la apnea obstructiva del sueño y el síndrome de piernas inquietas son causas frecuentes de sueño fragmentado en personas mayores.

La evaluación y el tratamiento dirigidos a mejorar estas condiciones pueden contribuir de forma notable a una mejor calidad del sueño sin necesidad de fármacos hipnóticos.

Precaución con los hipnóticos: priorizar intervenciones no farmacológicas

El uso de hipnóticos en personas mayores se asocia a mayor riesgo de caídas, deterioro cognitivo, confusión y dependencia, especialmente cuando se consumen benzodiacepinas y fármacos Z. Por este motivo, las guías clínicas y revisiones recomiendan evitar su uso prolongado en este grupo de edad.

La terapia cognitivo-conductual (TCC-I) es considerada el tratamiento de primera línea para el insomnio crónico en adultos mayores, con eficacia demostrada y un perfil de seguridad claramente superior al de los fármacos.

Por más que el refranero nos asegure que "A la vejez se apoca el dormir y se aumenta el gruñir", lograr que el cerebro envejecido tenga un buen descanso nocturno es posible.

(Fuente: The Conversation / varios / redacción propia)

miércoles, 29 de abril de 2026

Recomendaciones temáticas: cuatro grandes libros prohibidos por la dictadura cívico-militar argentina

El horroroso período que se autodenominó "proceso de reorganización nacional" no sólo secuestró, desapareció y asesinó ciudadanos y dejó a la Argentina en una precaria situación económica, sino que también censuró -en muchos casos no exentos de paranoia- en todas las áreas de la cultura. En el ámbito literario, éstos son cuatro trabajos que sirven de ejemplo entre los tantos que sufrieron la prohibición de las autoridades de facto. Trabajos ya considerados "clásicos", tienen gran presencia en librerías pero, como solemos facilitar, también se pueden descargar en formato digital desde este post.

(Foto: composición propia).

En este 2026 en el que se cumplen cincuenta años del comienzo de la última dictadura cívico-militar en Argentina, desde este espacio queremos recordar y recomendar cuatro importantes libros de entre los tantos prohibidos durante esos dolorosos siete años.

Aunque puedan parecer sugerencias obvias dado tanto el renombre de sus autores como los títulos de las obras, decidimos proponerlos tanto para su relectura en muchos casos como para su descubrimiento, como puede suceder en el caso de los lectores más jóvenes.

Queremos tanto a Glenda, de Julio Cortázar (1980)

(Foto: composición propia).

En estos diez relatos insuperables hay variantes para todos los paladares de lectura: rituales públicos y privados, pesadillas que surgen a plena luz del día, cruces imperceptibles entre la realidad y la imaginación, humor, violencia y melancolía.

Desde la exquisita ambigüedad de "Orientación de los gatos" a la perfecta construcción lógica de "Anillo de Moebius", desfilan los temas que Julio Cortázar ha sabido, como pocos, convertir en literatura de antología: los sueños, los gatos, los cuadros, el tiempo, la música, las infinitas trampas del lenguaje. Y ese sabor persistente e indefinible que, como en toda gran obra, está más allá de cualquier fórmula.

Esta edición en formato electrónico incluye, en exclusiva, la historia de la creación del libro contada a través de cartas de Cortázar y una guía para leer al autor.

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Mascaró, el cazador americano, de Haroldo Conti (1975)

(Foto: composición propia).

Esta última novela de Haroldo Conti ofrece llamativas continuidades y discontinuidades con su producción literaria anterior. Reaparece Oreste (conviene recordar que este nombre está ligado a la tragedia clásica, desde Esquilo en la Antigüedad hasta Racine en el siglo XVII francés), una figura que recorre diversos escritos suyos. Aquí es un joven que huye, otro "homo viator" sometido a un par de metamorfosis: cuando encuentra al Príncipe Patagón y se subordina a su proyecto de organizar un circo con artistas marginales, aunque el Circo del Arca tenga asimismo sus resonancias bíblicas; cuando se cruza con Basilio Argimón (el "homo aereus") y sobre todo con Mascaró, "tirador de fantasía" circense convertido en cabecilla de la insurgencia revolucionaria.

El relato puede ser leído siguiendo el derrotero anterior, progresivo según las acciones de Oreste, pero también es posible ordenarlo, verticalmente, según la serie de charlas -por momentos trascendentes- entre el protagonista y el Príncipe Patagón, cuya denominación alude al aventurero francés que a mediados del siglo XIX se proclamara, al frente de un puñado de aborígenes, rey de Araucania y Patagonia, súbdito de Napoleón III. Un hecho casi inverosímil, pero que se corresponde con otras transformaciones del texto: la hiperbólica del cuerpo de Maruca, la de parte del circo que se militariza o el repentino pasaje de la costa uruguaya a las montañas riojanas. El registro verbal también oscila entre lo reflexivo y lo humorístico, lo religioso y lo sexual, el lirismo y la parodia desacralizadora. Tal mutabilidad parecería indicar que casi todo es posible y conforma uno de los sentidos relevantes de esta novela, ganadora del Primer Premio de Casa de las Américas en 1975.

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El beso de la mujer araña, de Manuel Puig (1976)

(Foto: composición propia).

El esquema de esta novela es de una genial simplicidad. Se configura como una sucesión de escenas dialogadas entre dos presos recluidos en una misma celda de una prisión bonaerense. Así, Molina, un homosexual de gran imaginación, irá relatando viejos melodramas cinematográficos a Valentín,  activista político e idealista, para aliviarlo de los efectos de las sesiones de tortura a que lo somete la policía política de la dictadura.

A través de esta larga conversación, el autor lleva hasta sus últimas consecuencias uno de sus más originales procedimientos narrativos: el empleo de elementos de la cultura pop como correlato objetivo de las vivencias de los protagonistas. La confrontación entre los dos hombres los llevará a una profunda transformación interior que desembocará finalmente en un sacrificio con el que llegarán a ser ellos mismos.

Esta obra consolidó la fama de Manuel Puig en el ámbito internacional gracias al extraordinario éxito de su versión cinematográfica y teatral, y fue, también, su novela más popular.

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La pasión según Trelew, de Tomás Eloy Martínez (1973)

(Foto: composición propia).

En la madrugada del 22 de agosto de 1972, dieciséis guerrilleros fugados del penal de Rawson y detenidos en la base aeronaval Almirante Zar, de Trelew, fueron fusilados por sus carceleros. Esos disparos sobre prisioneros a disposición del Estado argentino prefiguraron el horror que desataría la represión ilegal durante la dictadura.

Un poco más tarde, esa misma madrugada, mientras revisaba los últimos detalles de la edición del semanario Panorama, Tomás Eloy Martínez oyó el repiqueteo de una teletipo. Se acercó a ver qué novedad podía emitir a esa hora la agencia de noticias oficial y encontró un texto incomprensible: "Durante un fallido intento de fuga, quince delincuentes subvers ANULAR ANULAR ANULAR". Sospechando una ejecución masiva, Martínez cambió la tapa de Panorama. Al día siguiente fue despedido, acusado de difundir una información que oficialmente era falsa. Viajó a Trelew para reconstruir los hechos, y al llegar se encontró en medio de una de las rebeliones populares más encendidas y secretas de la historia argentina.

La ciudad se había alzado contra la detención de un grupo de sus habitantes más respetados, enviados a la cárcel porteña de Villa Devoto por cooperación con los guerrilleros. El pueblo se declaró en "estado de comuna" y se movilizó día y noche exigiendo la libertad de los vecinos. Esta obra mantiene su capacidad para revelar cómo las pequeñas historias de la gente común se entrelazan con la historia mayor del país.

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(Fuente: bajalibros.com / varios / redacción propia)

Preguntas de nuestros tiempos: ¿ven las máquinas mejor que nosotros si una imagen es falsa?

La respuesta corta es que sí, y mucho mejor. La respuesta larga requeriría abundar en qué consideramos "ver", algo que va más allá de un mero acto mecánico para ser un proceso cognitivo complejo que atribuimos netamente a los seres humanos.

(Foto: Shutterstock).

Aun así, lo cierto es que nuestra visión, comparada con la de otros seres vivos, es bastante regular o mala. Aunque podemos percibir el color de una forma aceptable, poseemos una agudeza visual bastante mediocre a larga distancia, con una capacidad de distinción del detalle muy limitada.

Hay infinidad de ejemplos en otras especies que han desarrollado órganos visuales (y perceptivos en general) muchísimo mejores que los nuestros. Siendo así, hemos desarrollado estrategias tecnológicas que nos permiten trascender nuestras limitadas capacidades biológicas "de fábrica".

Máquinas tontas que ven mejor que nosotros

Resulta que las máquinas que creamos para extender nuestra visión más allá de nuestros límites "ven" muchísimo mejor que nosotros. Y eso a pesar de que nos empeñamos en considerar que siguen siendo máquinas "tontas", pues carecen de esa capacidad humana del ver, esto es, "entender".

Tenemos ejemplos muy recientes de cómo la tecnología de imagen ha avanzado en aquello que el filósofo alemán Martin Heidegger llamaba "la época de la imagen del mundo", en su ensayo del mismo título.

Desgraciadamente, esta visión extendida que nos permite ver todos los rincones del planeta como nunca antes había sido posible, también sirve, por ejemplo, a labores militares de vigilancia, monitorización por satélite y ataque de "objetivos enemigos". Un ejemplo son los recientes acontecimientos bélicos en Irán, con el uso de drones FPV (First Person View, de control remoto en primera persona). 

Somos fáciles de engañar


Al mismo tiempo, la inteligencia artificial generativa avanza a zancadas, produciendo imágenes realistas y sofisticadas que nos cuesta diferenciar de la realidad. Podemos ponernos a prueba con tests como el creado por Microsoft con el fin de determinar nuestra capacidad del "ver" qué personas realmente corresponden a gente real y cuáles han sido generadas por IA. O podemos probar con un experimento diseñado para servir de entrenamiento de detección de deepfakes a futuros alumnos de Radiología.

La evidencia empírica confirma que la capacidad humana para diferenciar qué imágenes son falsas está en torno al 62 %. Pero la tasa de aciertos es muy inferior cuando se trata de manipulaciones sofisticadas: la capacidad de detección de deepfakes -imágenes elaboradas con herramientas IA, que son además muy baratas y accesibles- se sitúa por debajo del 25 %. Se calcula que, en 2025, con este tipo de fraude, las organizaciones criminales internacionales han "facturado" más de 10.000 millones de dólares.

Pero no sólo es posible generar imágenes con IA con mucha más rapidez y eficacia de lo que lo hacemos nosotros (aunque no sean necesariamente "mejores"): los propios algoritmos de inteligencia artificial también son expertos en detectar las imágenes que han sido manipuladas o directamente generadas por la propia IA o por nosotros mismos de forma manual.

Imagen manipulada (izquierda) / Detección de manipulación copy-move (derecha) usando CNN+ViT, dataset CASIA 2.0. Proyecto SCIMFAKE (Foto: Filiberto Pla Bañon y Francisco López Cantos).

Falsificaciones en ciencia

En el ámbito de las publicaciones científicas, han proliferado los escándalos de investigadores que falsifican sus resultados manipulando imágenes. Aunque son detectados en plataformas colaborativas como PubPeer y RetractionWatch, esta mala praxis es muy frecuente. Cada vez es más fácil falsificar imágenes con software convencional, algo difícil de detectar. En este sentido, las nuevas herramientas de IA no hacen más que incrementar la magnitud del problema y acelerar su extensión.

Las investigaciones se han centrado en la detección de manipulaciones tipo "copy-move" (copia y mueve), una técnica de falsificación de imágenes digitales donde una parte de la imagen es copiada y pegada en otra zona de la misma imagen. El principal objetivo es aplicar las soluciones en el ámbito de la investigación.

Para ello, se ha desarrollado una arquitectura de Red Neuronal Convolucional (CNN) combinada con la utilización de redes basadas en Visual Transformers (ViT). Se ha probado y optimizado su efectividad en sucesivas mejoras sobre bases de datos de referencia, como CASIA y COMOFOD, empleados por grupos de investigación de todo el mundo para ensayar las más vanguardistas técnicas de detección.

Lo que "ve" nuestro sistema de IA es el resultado de un proceso de aprendizaje automatizado en el que, tras dividir el "dataset" -conjuntos de datos de entrenamiento- en tres subconjuntos de imágenes (entrenamiento, validación y test), se van obteniendo mayores tasas de aciertos. Es un proceso de aprendizaje iterativo que permite mejorar las métricas. Finalmente, la red neuronal queda entrenada para que, cuando se le proporcione una nueva imagen, ya haya aprendido lo suficientemente para detectar si contiene algún elemento que se ha clonado.

Cuando llega una nueva imagen, se realiza primero un procesamiento previo orientado a su optimización y adecuación, y luego se pasa a los procesos más críticos: el reconocimiento de patrones y su identificación.

Para el reconocimiento de patrones, se necesita un proceso de segmentación de la imagen que implica dividirla en sus partes constituyentes. Esto se puede realizar mediante la técnica clásica más sencilla de umbralización (separando objetos según su brillo) o mediante la detección de bordes. Posteriormente, en la fase de descripción, se extraen datos cuantitativos y características de tales objetos, como el área, el perímetro o la textura, como paso previo para su posterior interpretación de forma automatizada.

Finalmente, el sistema asigna una etiqueta al objeto mediante un proceso de clasificación o reconocimiento automático -es decir, si es un vehículo, un caballo, un televisor, etc.-, a partir de una base de conocimiento previo. De esa manera el sistema compara las descripciones extraídas de la imagen con una base de datos de patrones conocidos utilizados en el proceso de aprendizaje automático, y les asigna la etiqueta correspondiente.

Los datos preliminares de estos experimentos en el proyecto SCIMFAKE permiten detectar la falsificación con unas métricas de precisión en torno al 95 %, muy por encima de lo que se puede lograr a simple vista humana. Estos resultados están en línea con los de otros trabajos de vanguardia, especialmente los desarrollados por grupos de investigación asiáticos.

Así que, en definitiva, y respondiendo a la pregunta inicial, las máquinas "ven" mejor que nosotros. Muchísimo mejor. Ojalá fuera para bien, aunque desgraciadamente también para mal. Por eso, nos guste o no, la investigación y aplicación de las técnicas más vanguardistas de visión artificial hoy son imprescindibles.

(Fuente: The Conversation / redacción propia)